AGLI

Recortes de Prensa    Miércoles 17 Enero  2007

Fin de la legislatura, pero no de Zapatero
Manuel Muela El Confidencial17 Enero 2007

El último debate en el Congreso de los Diputados ha puesto de manifiesto que España está sin jefe de gobierno, es decir, sin gobierno, aunque éste no vaya a ser sustituido y el país tenga que transitar lo que resta de legislatura con el cadáver de su gobierno. La rigidez del actual orden constitucional y la escasa exigencia democrática de muchos de sus componentes impedirán algo absolutamente normal en cualquier régimen democrático y parlamentario; pero no sólo eso, sino que, dadas las circunstancias y con el sistema electoral vigente, el jefe del gobierno tiene bastantes posibilidades de formar uno nuevo, tras las elecciones, aunque no las gane. A medio plazo, se puede prever un desapego mayor de los ciudadanos del poder público y una hostilidad creciente entre los integrantes del orden constitucional de 1978.

Para nadie es un secreto que el terrorismo, como expresión violenta del nacionalismo, es uno de los graves problemas que aquejan a España hasta el punto de que todos y cada uno de los gobiernos españoles de los últimos treinta años han sido decapitados por él. Repásese la historia para constatar lo que digo, desde Suárez y su patético y abrupto final hasta Aznar, pasando por Felipe González. Zapatero parece ser el siguiente de la lista, aunque podrá resistir algún tiempo más, gracias a la benevolencia de las minorías nacionalistas.

Es verdad que otros jefes de gobierno fracasaron en su empeño de acabar con el terrorismo, pero el fracaso de Rodríguez Zapatero tiene mayor relevancia porque se produce en un momento en el que está denunciada y acreditada la crisis constitucional, con la ruptura de los dos principales garantes de la Constitución de 1978, el PSOE y el PP, y el fortalecimiento del mensaje político y cultural del nacionalismo que impregna la mayoría de los comportamientos públicos. Si eso va unido al hecho de que uno de los dos partidos nacionales, en este caso el PSOE, pacta con las minorías nacionalistas la revisión, de facto, de la Constitución, resultará francamente difícil enhebrar la unidad frente a la amenaza terrorista. Porque, no cabe engañarse, el terrorismo es la punta del iceberg de un magma ideológico nacionalista que, como bien saben los que lo sufren, tiene un sentido totalitario de la política y de la educación.

El escaso vigor democrático del poder público en España se comprueba, además, cuando se pide a los ciudadanos que se manifiesten contra los terroristas y sus sostenedores. Los ciudadanos pagan sus impuestos y eligen a sus representantes para que cumplan con sus obligaciones, entre las que se encuentra garantizar el orden y la seguridad de la sociedad. Y si no cumplen, porque no saben o no pueden, deben ceder el paso a otros. Por eso, las manifestaciones de tirios o de troyanos, lo único que ponen en claro es la lóbrega orfandad de nuestro país en materia de gestores públicos.

Al igual que se pide de los ciudadanos algo que no les corresponde, cuando se supone que existen las instituciones democráticas, no se puede ir al Parlamento a hacer una proclamación de buenas intenciones y apelaciones a la unidad para tratar de diluir las consecuencias de un fracaso gubernamental. Eso no es propio de una democracia parlamentaria, más bien es un viejo rescoldo del franquismo que todavía vive entre nosotros. Las responsabilidades del gobierno y de la oposición no se pueden confundir: cada uno tiene las suyas y debe asumirlas en su integridad. Lo demás es mercancía poco democrática.

Este final de legislatura y la apariencia mediocre de muchos de nuestros dirigentes puede llevar a la desesperanza. Y es verdad que los próximos tres o cuatro años se presentan inestables desde el punto de vista político; pero no me cabe duda de que el instinto de supervivencia del país estimulará la ejecución de proyectos de revisión constitucional y de régimen electoral, que pongan las bases de la recuperación de la integridad democrática de España.

*Manuel Muela es economista.

Zapatero en el Congreso
Los terroristas no sólo ven la televisión
Francisco José Alcaraz Libertad Digital 17 Enero 2007

Bla, bla, bla, bla, bla; esto es lo que con seguridad los terroristas perciben de la intervención del presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero en el Congreso de los Diputados. A ETA se le vence, no se le convence, y esto es algo que hasta el presidente ha reconocido, pero ahora me vienen a la mente las palabras de José Blanco: "Lo importante no es lo que diga ETA, sino lo que hace o mejor dicho, lo que no hace". Y qué bien casan esas palabras con la intervención del presidente pues, digo yo, lo importante, señor Rodríguez Zapatero, no es lo que usted dice, sino lo que hace o deja de hacer. ¿Qué deja de hacer usted?

No ha exigido la condena inequívoca del atentado al Partido Comunista de las Tierras Vascas. No ha instado a la ilegalización de esta formación proetarra y hay pruebas más que suficientes de su connivencia con los asesinos. Usted y su Gobierno, como interlocutores del mal llamado proceso de paz, no ponen a disposición judicial y policial los datos e informaciones que permitan la detención de los terroristas con los que se han sentado a hablar, como Josu Ternera. Usted aún deja la puerta abierta a la negociación con ETA, lo que evidencia que esto es un paréntesis con el que trata de obtener beneficios electorales en las próximas fechas.

Usted, señor Rodríguez Zapatero, no ordena la persecución de Otegi como portavoz de la banda terrorista Batasuna-ETA, pues se pasea de rueda de prensa en rueda de prensa y el fiscal general del Estado mira a otro lado.

Usted, señor Rodríguez Zapatero, aún no ha exigido al portavoz parlamentario del PSOE, López Garrido, ni al secretario de Organización de su partido, José Blanco, que se disculpen ante el ciudadano con problemas físicos que asistió a la manifestación de la AVT en Sevilla. Tampoco lo ha hecho con la AVT. Y ya han pasado 31 días.

Usted, señor Rodríguez Zapatero, mantiene una campaña de acoso y derribo contra la mayor asociación de víctimas del terrorismo como es, pese a quien pese, la AVT. Usted, señor Rodríguez Zapatero, ha nombrado al frente de la oficina de atención a las víctimas del terrorismo a la mano derecha del señor Peces Barba. El señor Rodríguez Uribes, desde el poder que le ha otorgado, se ha reunido con víctimas de toda España recabando apoyos para ir contra la AVT y así tratar de apoyarse en una minoría de las víctimas para servirle de apoyo al Gobierno en el proceso de negociación.

Señor Rodríguez Zapatero: dígale a ETA que va a ser derrotada, que no va a obtener ninguno de sus objetivos, que no va a negociar con ellos. Dígale a ETA que España no se rinde. Aún más. Permítame que le pida que no sólo se lo diga a ETA, sino que ratifique con sus acciones esta petición.

Engañó a algunos españoles con la palabra "paz" propuesta por los terroristas. No nos engañe y se esconda ahora detrás de la palabra "unidad" para respaldar la negociación. Le propongo tres palabras que no solo son bonitas, sino que además no encierran estrategia de engaño alguna. Memoria, dignidad y justicia.

Sin estas palabras, ni la paz, ni la unidad tienen razón de ser.

Francisco José Alcaraz es presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo.

El día más triste de Papá Paz
POR IGNACIO RUIZ QUINTANO ABC 17 Enero 2007

DESPUÉS de conocer, y contado por él mismo, lo que hizo Rodríguez (en adelante, Papá Paz) en Doñana durante la jornada de Barajas, si los españoles no salimos corriendo hacia el aeropuerto a tomar el primer avión que vuele al extranjero es porque no sabemos en qué terminal va a estallar la próxima bomba de la paz.

Parece ser que, luego de desayunarse con la noticia de la bomba que podía hacer de Barajas su Waterloo electoral, Papá Paz echó la mañana en hablar con mandatarios extranjeros («Wade, de Senegal...») y tuvo una intuición: los ecuatorianos desaparecidos bajo los escombros seguramente habían formado parte del proceso de regularización de su Gobierno. Para entendernos: no eran los Albertos.

-Las víctimas eran de familias humildes. Eso dejará una huella en mí para toda la vida.

Lloran los ojos con el irrespirable tufo progresista de la frase, típica de quien viaja mucho en avión, donde se pueden soltar sin miedo porque, a mano, en el asiento, el oyente siempre tiene una bolsa para vomitar. Es precisamente esta propensión suya a la ignorancia vanidosa -la ignorancia que no estriba tanto en ignorar cuanto en el ignorar que se ignora- lo que hace de Papá Paz un tipo popular, para desesperación de la gente seria. ¿Fractura social? ¡Quia! Ya decía Pérez de Ayala que el pueblo español, cuya psicología política es ni más ni menos que un producto de las plazas de toros, está acostumbrado a ver los toros desde la barrera, a camorrear en los tendidos, y de aquí no pasa. Lo que pasa es que va costar una generación limpiar la palabra «paz» del churre que le viene echando encima esta generación de Papá Paz.

Con dos muertos calientes y un grande dispendio de cartelería a cuenta del contribuyente, la sinvergonzonería progre marchó el otro día hasta la Puerta de Alcalá para pedir «paz» (?) y, de paso, gritar contra Alcaraz, ese «tarado mental» al que le «tocó la lotería» cuando unos «hombres de paz» volaron en un «trágico accidente» la casa cuartel de Zaragoza, llevándose por delante a su hermano y dos sobrinas. (Pido perdón, si me he olvidado de algún latiguillo de progreso entre las comillas.) Su obstinación en exigir que los asesinos de su familia sean detenidos, juzgados, condenados y encarcelados han hecho de Alcaraz lo que en el Estado de Derecho Español se llama un fascista de cuidado.

-Eta sólo tiene un camino -dice, poniéndose, ya saben, solemne, Papá Paz-: el fin.

¡El fin! En eso parecen de acuerdo todos, sólo que unos, la derecha, quieren que la Eta llegue a su fin derrotada, y otros -los nacionalistas y la izquierda-, quieren que llegue victoriosa (Independencia más Navarra): los nacionalistas, para mantener vivo el negocio, y la izquierda, para consumar su venganza histórica. «Batasuna y PP: queremos paz», pancarteaban dos pacifistas de los de la Puerta de Alcalá. Es decir, para que lo entienda incluso el pequeño Tim (Robbins): «Chapote y Miguel Ángel Blanco: queremos paz.» La paz del «trágico accidente» y del chivatazo policial. Por eso en el circo de la Puerta de Alcalá no hubo número excepcional. No apareció, ay, la Mujer del Año vestida de Bárbara Rey, la domadora, tirando de Josu Ternera, el macho alfa de la manada etarra, en una jaula (como el senderista Guzmán) y cargado de cadenas por los asesinatos de Barajas. En su lugar, apareció la Mujer de las Letras blablablabeando aleluyas de la paz con palabras de Octavio Paz, cuyo nombre le salió en el Google al escribir la palabra «paz»: «Dales la vuelta, / cógelas del rabo (chillen, putas), / azótalas...»

Al fondo:
-Las víctimas eran de familias humildes. Eso dejará una huella en mí para toda la vida.

Dirán que Rajoy («para ser presidente del Gobierno, deberían exigir algo más que ser español y mayor de dieciocho años») es duro con Papá Paz, pero, como sufrido lector de Borges, cuyos párrafos oscuros ya se encarga de aclararle en cenas culturales la peletera Benarroch, Papá Paz sabe que lo de Rajoy no es sino la cólera de la inteligencia ante la ineptitud aclamada.

Rajoy no hace política
POR CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 17 Enero 2007

El señor Rajoy tiene una concepción discursiva de la política. Una visión puramente parlamentaria y retórica. Por ahí se le van los esfuerzos... y los éxitos. Entretanto, va perdiendo las batallas «reales». Y si siempre es un tremendo error reducir la acción política a unos cuantos debates, ¿qué decir cuando la nación pasa por una circunstancia tan difícil como es la de su desmontaje por parte del partido en el Gobierno y sus socios?

Así que para Rajoy la política son unas horas al año, brillantes, quizá, pero tan fugaces que, al fin, quedan condenadas a la melancolía.

El debate del lunes fue «ejemplar». Para Rajoy era definitivo; para Zapatero, un obstáculo. Llegaba con demasiado retraso. Del 30 de diciembre al 15 de enero. Un siglo. Con la voladura del «proceso de paz» ZP, parecían condenados, él y su política. Había hecho de las negociaciones con ETA su gran activo estratégico y ETA lo había hecho saltar por el aire. Y en esas, ¿qué se le ocurre a Rajoy? Pedir la cita del lunes y esperar. Mientras, ZP consigue ponerse de pie. ¿Sonado? Sale de entre los miles de toneladas de escombros y convoca una manifestación, recurre al «agip prop», pide ayuda a los partidos del Tinell y a los nacionalistas vascos. Castigado por ETA, ¿acaso él no es la única garantía del diálogo y de la paz, o sea, del fin del terrorismo y del funcionamiento, en definitiva, del nuevo Estado plurinacional? Prácticamente noqueado, ZP se incorpora hace política, propone pactos... Mientras, Rajoy espera. Al desquite del lunes. Al debate que comenzó el lunes y terminó el mismo lunes.

Roto el «proceso de paz», ¿pudo hacer más Zapatero y menos Rajoy? Se estuvo en un tris de ello. Algunos piensan que pudo ser peor. La dirección del PP estuvo a punto de sumarse a la manifestación en defensa de ZP. No sólo habían renunciado a hacer una propia, sino que estuvieron a punto de secundar la manifestación en defensa del Gobierno. Le asustó el espectro de Rosa Regás y el anuncio de Luppi sobre la creación de un «cordón sanitario» en torno a la derecha más «gótica» del mundo.
Queda en el aire una pregunta: ¿por qué renunció Rajoy a utilizar la información que dio «Gara» la víspera y que recogía ABC el mismo día del debate?

Adiós definitivo al Pacto Antiterrorista
POR CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 17 Enero 2007

EL presidente Rodríguez Zapatero ofreció en su comparecencia parlamentaria del pasado lunes un nuevo pacto contra el terrorismo que, de hecho y de palabra, sustituya al efímero, difunto y añorado Pacto por las Libertades, sin cuya eficacia su Gobierno ni siquiera habría podido tantear las posibilidades de un «proceso de paz». En sus propias palabras, es «hora de abrir a consenso más amplio no sólo de 20 millones de votantes (PSOE y PP), sino de 44 millones de ciudadanos, no sólo políticas, también cívicas». Lo que significa que invita a las asociaciones cívicas -conjunto que en sentido lato incluiría a sindicatos, patronales, grupos culturales, vecinales, deportivos y colectivos de todo tipo- para que suscriban ese nuevo pacto.

Pero, ¿para qué ampliar de ese modo el Pacto Antiterrorista formalmente vigente, y qué efectos tendría esa firma masiva, abierta a los millares de asociaciones de todo tipo -incluyendo las fantasmales- registradas en España? Sólo para una cosa cierta: convertir un Pacto de Estado contra ETA en una especie de carta por la paz... dirigida quizás a los Reyes Magos (y al Olentzero, en la prevista versión vasca). Sin embargo, hay que insistir en que ningún pacto contra ETA que no tenga carácter de pacto de Estado sirve ni servirá para nada útil, y la consecuencia de este principio evidente es que sólo deben firmarlo los partidos políticos capacitados para gobernar el Estado por su apoyo electoral. De momento, esos partidos son dos: PSOE y PP. Puede gustar más o menos, pero así son las cosas y a eso debemos atenernos.

La clave de la eficacia del Pacto por las Libertades radicaba en que comprometía a los dos partidos con probabilidades reales de gobernar a mantener la misma estrategia antiterrorista, compremetiéndose a elaborar un diagnóstico común sobre la situación en materia de terrorismo, y por consiguiente a acordar una forma común de combatirlo. Naturalmente, el desarrollo del Pacto conlleva que el Gobierno ejecute esa política común, y que en ese caso la oposición debe apoyar al Gobierno. Lo que el Pacto anterior no dice en ninguna parte es que el Gobierno pueda incumplir el compromiso con la oposición, como ha ocurrido en el fracasado «proceso de paz», y que sin embargo la oposición tenga la obligación de apoyarle en cualquier caso, como se ha sostenido falazmente.

¿Quién dio el primer golpe al Pacto? Esto ya es más complicado. Aznar se equivocó al no convocar la comisión de seguimiento del Pacto tras el atentado islamista del 11-M, decisión que, además de ponérselo en bandeja a un PSOE liberado de apoyar al Gobierno, disparando la campaña difamatoria del «Gobierno mentiroso» que precipitó el conocido desenlace electoral, dejó muy tocado del ala el futuro del Pacto. En cualquier caso, eso ya es agua pasada y da igual para lo que nos ocupa: que Zapatero ha propuesto sustituir el Pacto Antiterrorista por otra versión de amplísimo espectro que incluya no sólo a los partidos nacionalistas -incluso a los que sólo hacen una política contra el Estado, como EA, ERC y el PNV mientras mantenga su programa soberanista-, sino que pueda ser suscrito hasta por la Federación de Boy-Scouts, la Academia de las Ciencias y Artes Cinematográficas de la farándula o el colectivo Ahotsak, ya puestos.

Es un disparate y una completa vacuidad, y sólo se explica en el contexto del relativismo democrático que también se ha empleado para justificar la injustificable «mesa de partidos» exigida por ETA. Ninguna «asociación cívica» tiene mandato parlamentario para representar a los ciudadanos, ni en éste ni en ningún otro asunto de carácter parlamentario, ni mucho menos la responsabilidad de dirigir el Gobierno. Ésta recae en los grandes partidos, tampoco en las formaciones como IU o Coalición Canaria. Es absurdo, por tanto, que se les requiera para comprometerse en la ejecución de políticas que escapan a sus competencias y responsabilidad. Otra cosa completamente distinta es que esos mismos partidos apoyen luego ese Pacto de Estado, reforzándolo y mejorándolo, pero aquí tampoco pintan nada ni los boy-scouts ni las asociaciones de inmigrantes, exactamente por las mismas razones por las que ni el Gobierno ni la oposición tienen derecho a dictarles a éstas sus decisiones y acuerdos.

Por eso la última propuesta de Zapatero extiende el certificado de defunción del Pacto Antiterrorista. Sustituirlo por algo mucho más lábil, elástico y vaporoso, incapaz por su misma naturaleza de hacer y ser otra cosa que una declaración sentimental de principios sin ninguna consecuencia práctica, nos deja sencillamente desprovistos de una política de Estado. Para eso, mejor no tener pacto alguno, y que sean los partidos los que, como de hecho ya está pasando, ofrezcan al electorado sus diferentes programas antiterroristas con toda claridad y con el compromiso de llevarlos a la práctica si ganan las elecciones. Que el PSOE asuma, si quiere, la negociación política con ETA, a la que no renuncia Zapatero -ni menos el PNV, de ahí los amores de los últimos meses-, y que el PP y quien quiera defienda el enfrentamiento y la derrota legal del terrorismo. Los votantes y los ciudadanos en general tenemos el derecho de saber exactamente con qué podemos encontrarnos según quién gane las elecciones. Implicar en esta decisión a las asociaciones cívicas, que no representarán a los ciudadanos ni estarán en el gobierno del Estado, equivale a manipularlas, a usarlas como una cortina de humo que redondee la confusión en aumento en la que nos han instalado, tan cómoda para quienes evaden su responsabilidad en todo lo que ha pasado y lo que irá pasando.

Además de a Carlos Palate y Diego Estacio -y da lo mismo que fueran trabajadores emigrantes que rentistas nacionales-, este desagraciado «proceso de paz» ha matado otras cosas: una de ellas, la posibilidad de una «unidad democrática contra el terrorismo» que no sea ratificada o desdeñada por el electorado. Solamente las elecciones pondrán a cada cual en su sitio y permitirán conocer qué estrategia demanda la ciudadanía. Zapatero, sencillamente, se ha escabullido por esa tangente de los buenos deseos que tanto le complace, y que hasta ahora tan bien le había ido. Pero lo que propone es, de nuevo, otra insensatez como lo fue el «proceso de paz». Eso sí, de prosperar quizá tendría la virtud de aislar de nuevo al PP y a su esfera de influencia, dejando al Gobierno las manos libres para reiniciar el diálogo con ETA en cuanto la ocasión se presente. O mucho antes, porque personalmente no me creo que ese «diálogo» se haya suspendido ni un solo minuto.

Los recursos del “zombi”
Lorenzo Contreras Estrella Digital 17 Enero 2007

La Iglesia católica suele o solía recordar a los fieles que los santos tienen octava, queriendo indicar que las celebraciones correspondientes a algunos especialmente significados disfrutan de una prolongación litúrgica. Es lo que a escala profana puede ocurrir con la magna celebración de la catástrofe parlamentaria de Zapatero en el debate sobre la reanudación del terrorismo etarra y su gran atentado en el aeropuerto de Barajas. En este caso el “santo” ha sido Mariano Rajoy, que sorprendió a Zapatero, argumentalmente, en una de sus situaciones más críticas, más pobre de recursos dialécticos y, por tanto, como suele decirse de algunos enfermos, con las defensas muy disminuidas. Parece que los asesores de ZP estaban también en horas bajas y no prepararon a su ídolo convenientemente para la gran prueba de tener que refutar a quien venía con toda la munición dialéctica preparada y, por tanto, con todas las ventajas aseguradas. El presidente hizo lo que pudo, pero no fue bastante. Reconoció algunos de sus pecados, pero le sirvió de poco esta penitencia política que, sin embargo, algún sector de la opinión ha podido valorar compasivamente como un gran acto de virtud. La verdad es que Rajoy se ensañó, sobre todo cuando sacó a relucir la preparada frase que más o menos decía: “Si usted no cumple (con las exigencias de ETA) le pondrán bombas, y si no se las ponen será porque ha cedido (o claudicado)”. Zapatero pudo responder que el hecho de que ETA haya vuelto a las andadas de las bombas será porque él no ha cedido ante las exigencias de la banda, al menos de las principales, pero no lo hizo. Guardó un silencio acobardado y se limitó a pedir que esas palabras fueran retiradas, objetivo que no logró. Tampoco Rajoy, quizá por falta de reflejos frente a la imagen de un Zapatero desinformado en sus relaciones con el mundo etarra, olvidó las palabras de José Blanco (Pepiño) cuando desautorizó a un portavoz del PSE sobre una cuestión delicada: “Hay mucha gente que no sabe de lo que habla, y los que sabemos, no hablamos”.

Era como para partirse de risa si no fuese para llorar. Los grandes informados confesaban a la luz de lo declarado por ZP su ignorancia sobre lo que ETA les reservaba. Y es que este asunto de la desinformación sobre la banda terrorista guarda mucha relación con la incompetencia personal del político de turno, por ejemplo, un tal José Luis Rodríguez Zapatero.

Es difícil negar que ETA ha salido triunfante de un debate que le afectaba y parecía destinado a ajustarle las cuentas ante el futuro por la vía de la unidad de todos los demócratas. Pero el guirigay fue monumental y la división de sus potenciales enemigos completamente deplorable. Lo que en el Parlamento se ventilaba tenía tintes electoralistas, y la destrucción política de ZP, más que del PSOE, era lo que el PP no estaba dispuesto a dejar para otra ocasión. Las elecciones generales están ya demasiado próximas como para despreciar las ocasiones de ir haciendo camino. Al final, el presidente, con cara de zombi, propuso algo parecido a la alianza de civilizaciones: el acuerdo democrático de todas las fuerzas que en España se mueven, frente al enemigo común. El problema es que no todas esas fuerzas son reclutables para tal alianza o misión. Y, desde luego, la fuerza que menos dispuesta se perfila para esa gran operación, que convertiría a ZP en el gran conseguidor de las grandes avenencias nacionales (si es que cabe llamarlas así), sería el PP de Mariano Rajoy. Un Rajoy que tiene tras sí la presión política y estimulante de Aznar desde FAES, además de Acebes, de Zaplana y de todo el estado mayor que vela sus armas en Génova 13.

Mientras tanto, ZP tiene que presentir la repercusión de su debilitamiento político en Teresa Fernández de la Vega, en Rubalcaba y en el grado de examen de conciencia que seguramente están haciendo los antiguos felipistas de Gobelas y los todavía guerristas de la antigua Federación Socialista Madrileña.

Utilización política del terrorismo
Juan Francisco Martín Seco Estrella Digital 17 Enero 2007

Entre los tópicos que se han instalado en el imaginario político se encuentra la idea de que la problemática que rodea el terrorismo debe estar al margen de los enfrentamientos partidistas. De lo contrario, dicen, se hace el juego a los terroristas. Nunca he entendido tal tabú. Es como si, por criticar o discutir la política de seguridad del Gobierno, se pudiera afirmar que se hace el juego a los delincuentes. La coincidencia en combatir el terrorismo y desear el fin de la violencia no implica estar de acuerdo en los medios, la táctica y la estrategia para conseguirlo.

Resulta difícil de entender por qué no se puede estar en desacuerdo con la política antiterrorista, al igual que se puede discrepar de la política económica, fiscal o industrial del Gobierno de turno. De hecho, fuimos muchos los que contemplamos con recelo la política de los gobiernos del PP en esta materia, y más de una formación política la criticó abiertamente. El Pacto Antiterrorista fue suscrito únicamente por el PP y el PSOE, señal de que los otros partidos no estaban de acuerdo y tampoco se privaban de manifestarlo.

En esto como en otros muchos aspectos, la hipocresía informa el lenguaje político, porque no solamente es que en la lucha antiterrorista quepan posturas distintas, sino que también, se pretenda o no, el terrorismo y todo lo que lo rodea puede tener influencia en los resultados electorales. Siempre consideré que en la mayoría absoluta conseguida por Aznar en el año 2000 tuvo mucho que ver la política antiterrorista, incluso antinacionalista, que el Gobierno había seguido en la anterior legislatura. Es más, creo también que si el PSOE desde la oposición propuso y suscribió el Pacto Antiterrorista fue debido al intento de que el PP no se despegase más en el apoyo popular.

El 11M constituye la prueba más palpable de que el terrorismo puede influir en el proceso electoral. Al principio de la mañana y ante las primeras noticias del atentado, en el supuesto entonces generalizado de que había sido obra de ETA, creo que fuimos muchos los que pensamos que el PP se había garantizado la mayoría absoluta. De igual modo que, cuando poco a poco fue trascendiendo la información de que la autoría era del terrorismo islámico, surgió el convencimiento de que a Rajoy se le escapaba la mayoría absoluta, y posiblemente el triunfo, como así sucedió.

Sin duda, no se puede identificar nacionalismo con terrorismo (esta identificación fue uno de los aspectos más polémicos en la actuación antiterrorista del Gobierno Aznar); sin embargo, no se debe olvidar que, aun cuando discrepen en los medios, ETA y el PNV coinciden en los fines, y al margen de intenciones y por la simple dinámica interna de los hechos, determinados pasos dados por la banda terrorista pueden ayudar a las pretensiones de los partidos nacionalistas en Euskadi. De ahí que por ejemplo el lehendakari Ibarretxe, aunque después rectificara, convocase una manifestación con un lema tan ambiguo como paz y diálogo, que puede suscribir hasta Batasuna. Y es que Ibarretxe, antes que nada, lo que quiere es un diálogo con ETA y un diálogo político porque si, como se dice, se pagase un precio político, el beneficiario no sólo sería la izquierda abertzale, sino también el PNV. Arzalluz, con cierto descaro, lo supo plasmar perfectamente en una imagen: “ETA sacude el nogal y nosotros recogemos las nueces”.

Esta realidad bifronte es la que entre otras cosas hace diferente la situación en Euskadi de otros fenómenos parecidos. Ahora que hay tanto interés en dirigir la mirada hacia Irlanda convendría considerar la reacción del Gobierno británico ante el atentado del IRA sucedido durante la tregua. Tony Blair no dudó en suspender la autonomía de Irlanda. Aquí, ciertamente sería impensable que después de la ruptura de la tregua por ETA con el atentado de Barajas se hubiese podido suspender la autonomía del País Vasco. En nuestro país toda negociación sobre cuestiones territoriales resulta difícil porque siempre se negocia a más y nunca a menos.

El enfrentamiento que el PP y el PSOE vienen manteniendo en esta materia puede obedecer, qué duda cabe, a posturas ideológicas, pero en tanta o mayor medida también a intereses electorales. Ninguna de estas dos formaciones tiene demasiados reparos en atacar a la opuesta, utilizando como pretexto la lucha antiterrorista. El PP en su oposición al Gobierno está utilizando con frecuencia a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, especialmente para que convoque manifestaciones, en teoría contra el terrorismo, pero en la práctica contra la política antiterrorista de Zapatero. A su vez, el Gobierno tras el último atentado de ETA no ha dudado en utilizar a la UGT, convertida últimamente en correa de transmisión del PSOE, y a una asociación de ecuatorianos para convocar una manifestación de apoyo a Zapatero y a su fracasado proceso de paz. No hay duda de que ésta era la finalidad de muchos de los convocantes, tan sólo es preciso reparar en los SMS que después del atentado se cruzaron entre todas aquellas personas próximas al PSOE: “Manifiéstate en apoyo de Zapatero”. Pero tampoco hay duda de que el PP ha cometido un enorme error al no asistir a la manifestación de Madrid, y dejar tal baza en manos del PSOE.

Siempre me he preguntado por la utilidad de las manifestaciones en contra del terrorismo. Dudo que a quienes están dispuestos a poner bombas o defender dogmáticamente sus ideas a través de la violencia les importen lo más mínimo las manifestaciones populares. Me temo que otros son los resultados que se esperan, dependiendo siempre de los intereses de los convocantes.

Desde hace algún tiempo va tomando cuerpo la sospecha de que Zapatero puede estar cediendo a la tentación de utilizar la política antiterrorista, incluso la política territorial, con fines electorales. La deriva nacionalista adoptada últimamente por el PSOE, dada la tipología del arco electoral y parlamentario, significa dejar al PP en solitario la defensa de la unidad del Estado; pero, por lo mismo, representa también aislarle y hacer imposible su gobierno, como no sea con mayoría absoluta. Bien es verdad que en esa estrategia puede estar contando con un colaborador de excepción, el propio PP, que aun cuando pueda tener razón en algunos planteamientos la pierde por lo extremo y exagerado de sus posturas.

Se han prodigado últimamente algunos artículos que, aunque diferentes, tienen un punto en común: advierten de que la posición cerril y montaraz adoptada por la dirección actual del PP podría conducir a que, al igual que el 14M, muchos ciudadanos habitualmente abstencionistas o incluso votantes de centro se inclinasen por el PSOE con la única finalidad de que el PP no llegase al poder. Puede ser que este análisis sea correcto, y la dirección del PP debería tenerlo en cuenta. Pero también es posible que se produzca el fenómeno contrario, que muchos ciudadanos, considerando que el problema más grave que afecta hoy a la sociedad española es el del debilitamiento del Estado central y su disgregación, opten por votar al PP aun cuando estén en desacuerdo con su ideología y con muchos de sus planteamientos. Y ello por el simple motivo de considerar que en las circunstancias actuales es la única formación política que se opone al desmadre territorial. Esta hipótesis también debería tenerla en cuenta la dirección del PSOE.

www.telefonica.net/web2/martin-seco

Reflexiones tras el debate
José Luis Manzanares Estrella Digital 17 Enero 2007

La comparecencia del presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados ha dejado las cosas como estaban, pero con matices. No habrá proceso de paz mientras que no cese la violencia. Y queda al gusto del consumidor escoger entre la suspensión del diálogo, las negociaciones o lo que sea, o su ruptura hasta que las circunstancias permitan probar fortuna de nuevo. A lo peor, aprovechando el esquema ya conocido de dos mesas paralelas, una con ETA para hablar de su desarme y del destino de sus miembros, y otra de políticos —con participación de los batasunos— en la que, sin embargo, se excluiría de antemano cualquier concesión política al brazo político de la banda que, naturalmente, sólo participaría con un objetivo político.

Pero ha sido la propia ETA quien ha dado el salto definitivo de la confusión a la contradicción. La postguerra nos trajo el kilo de pan de ochocientos gramos y las sartenes que freían sin aceite. Ahora, los terroristas nos aportan el macabro invento del alto el fuego con fuego a discreción. Tras haber experimentado con el precedente del fuego para calcinar autobuses e incendiar inmuebles, y comprobar que aquello funcionaba, han puesto en práctica el alto el fuego con centenares de kilos de explosivos para causar estragos y asesinar en el más concurrido aeropuerto de España. Alegra comprobar que en esta ocasión —a la fuerza ahorcan— los demócratas hemos cambiado la timorata tolerancia por la indignación. Se acabó —ojalá que para siempre— el comulgar con las ruedas de molino de ese gatuperio lingüístico que tan bien ha servido a los intereses de ETA durante estos últimos meses. Eso hemos avanzado. Los terroristas pueden extorsionar, amenazar, apoderarse de la calle, robar pistolas o preparar zulos para mantener la coacción según aconsejen las circunstancias, pero si asesinan serán sometidos a cuarentena. Algo es algo. Todo tiene un límite, aunque sólo sea temporal.

Pocos españoles dudan de la buena voluntad del Gobierno cuando confió en la disolución de ETA por la vía del diálogo. Por desgracia, la banda únicamente aspiraba a lograr sus objetivos básicos, la autodeterminación del País Vasco y la anexión de Navarra, mediante acuerdos disimulados con el socorrido truco de la ambigüedad. En todo caso, con esta experiencia terminada o suspendida, conviene reflexionar sobre las secuelas del fallido intento. Hay, naturalmente, desilusión generalizada, a la que se une la constatación de que el Pacto que tan buenos resultados produjo en la lucha contra el terror no tiene compostura. Y hay el dato objetivo de que la ETA, que llevaba meses sin matar por el acoso del Estado de Derecho, ha podido asesinar de nuevo.

El atentado de ETA con pérdida de vidas humanas sólo se explica por dos razones. La primera, dicho sea a favor del Gobierno, es que no se satisfacían sus demandas. Y la segunda, la más preocupante, que ese sería —o será— también su comportamiento en cualquier negociación futura. Por lo demás, a mí personalmente —y respeto las opiniones del prójimo— me molesta la continua apelación a la paz. A los criminales, de la clase que sean, les resbalan las bellas palabras. Ellos optaron por el crimen. En las guerras —y ahí está la Historia— quienes más levantan la voz pidiendo la paz suelen ser quienes van perdiendo. En España no hay dos bandos en guerra sino un fenómeno terrorista, pero si de guerra hablamos, recuérdese que los aliados combatieron hasta la rendición incondicional de la Alemania nacionalsocialista. Nunca les ofrecieron o les pidieron la paz.

ESPAÑA Y LIBERTAD PARTICIPARÁ EN LA MANIFESTACIÓN DEL DÍA 3 EN MADRID
Prensa España y Libertad Bilbao 17 Enero 2007

España y Libertad se adhiere a la manifestación convocada por Foro de Ermua a la vez que invita a todos sus simpatizantes a acudir a la concentración que se celebrará en Madrid el próximo día 3 de febrero.

España y Libertad siempre ha defendido la derrota de ETA por la vía de la aplicación del Estado de Derecho y de la persecución implacable, no solo de los asesinos materiales, sino de aquellos que constituyen el sostén político de los terroristas. Por ello no podíamos estar más de acuerdo con una convocatoria que tiene como lema la “defensa de la libertad, por la derrota de ETA y contra toda estrategia de diálogo y de cesión”.

España y Libertad entiende que, dejando de lado eufemismos e hipocresías en torno a la unidad de los demócratas, se han instalado en España dos formulas perfectamente diferenciadas e incompatibles a la hora de definir la política antiterrorista:

Una, la defendida por el PSOE y los partidos nacionalistas que aspiran a solucionar el problema del terrorismo por la vía del pacto con los asesinos y su brazo político.

Otra, la defendida por el PP, la AVT y demás colectivos cívicos que pretendemos la completa derrota de ETA sin necesidad de cesión alguna y dialogo que vaya más allá de determinar donde y cuando se van a entregar las armas y los asesinos.

La manifestación del pasado sábado agrupó a aquellos que están a favor del pacto con ETA. Por tanto los españoles que apoyamos la otra opción, la opción de la derrota de ETA, acudiremos a la manifestación del 3 de febrero.

Desde luego España y Libertad lamenta esta división en la sociedad española, provocada por el cambio de rumbo de la política antiterrorista introducido por el gobierno Zapatero, y por ello quiere invitar a todos aquellos socialistas que siempre han querido derrotar a ETA, como la absoluta mayoría de españoles, para que acudan a la manifestación y demanden del líder de su partido la rectificación de su error.

España y Libertad considera que esta división de la sociedad española en torno a la política antiterrorista solo fortalece a ETA y paraliza la eficacia del estado contra el terrorismo, por tanto la única salida satisfactoria, antes que la situación se deteriore aún más pasa por la convocatoria de elecciones anticipadas

La manifestación del 3 de febrero
Luis del Pino Libertad Digital 17 Enero 2007

NOTA DE PRENSA DE LOS PEONES NEGROS CON RESPECTO A LA MANIFESTACIÓN DEL 3 DE FEBRERO

La Plataforma Ciudadana Peones Negros se adhiere a la Manifestación que, con el lema “En defensa de la libertad, por la derrota de ETA y contra la estrategia de la negociación” tendrá lugar en Madrid el próximo día 3 de febrero, convocada por el Foro de Ermua y apoyada por la AVT y por otras organizaciones ciudadanas.

Desde su nacimiento como Plataforma Ciudadana, Peones Negros ha apoyado, y seguirá apoyando, aquellas iniciativas que respalden de manera inequívoca a las víctimas del terrorismo y rechacen, de forma clara y tajante, las medidas de cesión ante las pretensiones de los criminales, sean éstas del tipo que fueren.

Peones Negros respaldará siempre a las víctimas del terrorismo porque son ellas las que han pagado el precio más alto de la sinrazón, al ser utilizadas por los asesinos como meros objetos con los que infundir temor en el resto de la población y conseguir sus objetivos.

Como Plataforma Ciudadana que trabaja para conocer toda la verdad de los atentados del 11 de marzo de 2004, Peones Negros exige un juicio justo para sus autores y encubridores, quienes quiera que estos sean, y el cumplimiento estricto de sus condenas, pero nunca un diálogo o negociación con estos asesinos. Rechazamos, por tanto, cualquier medida que pueda suponer un reconocimiento, sea este explícito o velado, de las organizaciones terroristas como interlocutores del Estado, y denunciamos a todos aquellos que, al proponerlas, ponen en grave peligro el Estado de Derecho.

Consideramos que no hay solución negociada o política al terrorismo, pues las causas de éste no residen en etéreos conflictos políticos ni en imaginarias injusticias sociales, como sus autores pretenden, sino en la estrategia calculada de unos grupos que deciden acometer una serie de crímenes para conseguir unas ventajas que no podrían obtener limpiamente, en la creencia de que a través del terror pueden torcer la voluntad de los ciudadanos obligándoles a doblegarse. Ante este
fenómeno, no hay peor estrategia que la cesión, pues anima a los terroristas a redoblar sus acciones de secuestro y asesinato.

Sólo cabe exigir la actuación eficaz de las fuerzas de seguridad para detener a los delincuentes, la acción firme de los jueces para imponer la pena que a cada uno de los culpables pudiera corresponder y el cumplimiento estricto de las condenas en el entendimiento de que la ley se aplicará siempre.

Por todo ello, Peones Negros llama a todos los ciudadanos de bien a acudir a Madrid el 3 de febrero para manifestar su apoyo a las víctimas del terrorismo, oponerse a la cesión del Gobierno ante el terror y exigir el mantenimiento del Estado de Derecho.

Negociación con ETA
La piel del terrorista
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 17 Enero 2007

Unos pocos profesionales y unos muchos aprendices matan, destruyen, extorsionan y, asunto no menor, distorsionan. Distorsionan principalmente –pero no sólo– el normal funcionamiento de la democracia, al punto de desvirtuarla en un trozo de España. La octava potencia industrial del mundo, en plena Europa occidental y a principios de siglo XXI. Este contexto espacio-temporal convierte el fenómeno en una triste rareza, por cuanto los objetivos de la banda son la implantación de un régimen marxista en un territorio definido por dudosos e inservibles parámetros étnicos.

La zona de excepción democrática alcanza al País Vasco y, paulatinamente, a Navarra. Pero su influjo sesga la visión de otras clases políticas locales, como la catalana, uno de cuyos prohombres inició la reanimación de la banda y pactó un protectorado que la sociedad civil rechazó de boquilla pero agradeció íntimamente.

La cotidianeidad antidemocrática vasca, inaceptable sin anteojeras esencialistas, premodernas y antiliberales, ha empujado a Fernando Savater –una vez agotada su fe en Rodríguez– a postular la suspensión de la autonomía hasta que concurran las mínimas condiciones de libertad. De libertad real: la posibilidad de ejercer las libertades constitucionales de las que goza el resto de la Nación.

Lo siento, no creo en la buena fe de Rodríguez. Pero sí en la de muchos de los movilizados por su mantra del diálogo y la paz. Que se pongan en la piel de los etarras. Ello exige, naturalmente, alguna información sobre la historia de la ETA, sobre las pautas que exhibe su trayectoria. ¿Qué supone entrar en la banda, consagrarse a ella? Si su información es fiable y su ejercicio sincero, necesariamente concluirán que los etarras no han escogido ese tipo de vida para obtener una asociación de municipios vasco-navarros. Ni cejarán porque se les prometa o conceda generosidad en su tratamiento penitenciario.

A diferencia del abotargado establishment español, el terrorismo independentista está resuelto a luchar hasta el final. Sólo transitará la senda del todo o nada, siendo sus treguas operaciones tácticas, logros propagandísticos amplificados por un Gobierno sin sentido de Estado y unos medios sin sentido de Nación. Los únicos finales que contempla la ETA son la victoria o la derrota. Lo que no deja al gobernante más opción que conducirla a lo segundo, una derrota inapelable e incondicional.

La parte de la sociedad que cree posible un entendimiento dialogado simplemente desconoce la naturaleza del interlocutor. Cree que, en el fondo, los etarras son como ellos, que responden a impulsos similares. Urge anunciar que no es así. ETA sólo ganará o perderá, y por eso tiene que perder. Perder mediante la aplicación de la ley, descartando los atajos y los bandazos de un PSOE que ayer patrocinaba el GAL y hoy acepta la lógica del enemigo.

Tras el 30-D
El resurgimiento de Zapatero
Agapito Maestre Libertad Digital 17 Enero 2007

El día 30 de Diciembre Zapatero estaba noqueado. No existía. Hoy, no nos engañemos, está repuesto. Vivito y coleando. Nadie consigue pararlo. Al contrario, él para en seco a quien osa decirle la verdad: el proceso de paz es un proceso terrorista. Él ha vuelto del revés con indecencia y eficacia el sentido de la frase: el proceso terrorista es un proceso de paz. Sus palmeras terroristas han llegado a jalearlo, después de su comparecencia en el Parlamento, con un lema terrorista: "Las bombas de ETA no deben romper los puentes del diálogo". ¿Descaro? No, es persistencia en la consigna "pacifista" e inmoral de Zapatero en el Congreso. Zapatero sigue encharcando todos los terrenos de juego para secar a sus rivales con su comportamiento rastrero. ¿Quién habla de elegancia? Repartir improperios y mentiras es todo para este político sin escrúpulos. Zapatero está, sí, más firme hoy que ayer; pero hay gente que, escondida detrás del buen discurso de Rajoy en el Parlamento, no quiere reconocerlo. Hacen mal. Se engañan y ocultan la verdad a los españoles.

El PP ha dejado pasar una oportunidad única. Se ha pasado tanto de elegante que estamos ante un partido centradito y sin principios. La mayoría de sus dirigentes son incapaces de comprender que la política limita a un lado con la paz y a otro con la guerra. Ellos prefieren los "discursitos" en el Parlamento y esperar tranquilamente en los despachos una nueva oportunidad. ¿Ingenuos o bobos?.. Lo siento decir tan crudamente, pero es la verdad. Han bastado cuatro retales de la vieja tienda del totalitarismo comunista para hacer un traje a la medida de un político con una "idea" fija e implacable: terminar con España como nación y crear un Estado plurinacional. Sabe que es su hora, porque se enfrenta a políticos con complejos de inferioridad y debilidades de carácter, buenas gentes, sin duda, que confunden frecuentemente prudencia con pusilanimidad. Zapatero sabe, por desgracia, que enfrente tiene gente un tanto pasota.

Sí, sí, pasota o es que acaso no es un pasota quien es incapaz de contestar, o mejor, destrozar el traje de harapos que la gente de la manifestación del sábado ha hecho a Zapatero. Las declaraciones de un viejo y cruel montonero, hoy residente en España, han servido para que Zapatero fuera al Congreso de los Diputados creyéndose alguien. Por cierto, el PP aún no ha respondido, ni ha denunciado ante un juez de guardia, las vilezas del viejo montonero contra un partido democrático. ¿Quién del PP se ha enfrentado al apoyo que unos malos actores, presumiendo de conocimientos políticos, le han dado a Zapatero para que asistiera al Congreso sacando pecho? ¿Quién del PP ha respondido al actor gangoso y presumido que va dando lecciones de política terrorista? ¿Quién del PP le ha dicho las verdades del barquero a un sindicalista obscuro y torpe, amortizado hace ya tiempo para un sindicalismo moderno, incapaz de juntar a unos pocos de sus afiliados el día 1 de mayo? Nadie...

En ese contexto de silencios y dudas, de falta de principios y candor político, es una equivocación, un autoengaño, refugiarse en el discurso del líder que, afortunadamente, estuvo bien. Es una exageración, una petulancia a la que el político sensato no tiene derecho, resaltar que Rajoy vapuleó a Zapatero. ¡Sólo faltaba que hubiera sido al contrario! Por favor, sean realistas. Inteligentes. Ajustar las palabras a los hechos nunca es sencillo, pero, por favor, esfuércense por buscar las palabras que reflejen de verdad el hecho político más relevante desde el 30 de Diciembre: Zapatero se recupera lentamente pero, por desgracia, con calculada seguridad del zarpazo que nos lanzó a todos los ciudadanos la banda criminal ETA.

Sé que no es fácil, más aún, no está al alcance de cualquiera describir la realidad con fidelidad y sin autoengaños, pero es menester que lo intentemos por la memoria de la sangre derramada de dos seres humanos. No basta con decir que Rajoy ganó en el Congreso de los Diputados a un Zapatero hundido. Falso. La política, hacer política, es otra cosa bastante más seria. Entre tanta autosatisfacción por el discurso de Rajoy en el Congreso de los Diputados, intentemos eludir la frivolidad levantado acta de la única pregunta que recorre la mente de los ciudadanos más inteligentes de España: ¿Conseguirá el PP, más allá del Parlamento, vencer la endiablada estrategia "política" de Zapatero?

El trágala de la nación
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 17 Enero 2007

QUE GALICIA se definiera como nación en su Estatuto tendría el mismo valor jurídico que si lo hiciera como bonsái atlántico o patria de los celtas: ninguno. La razón es muy sencilla: una definición es jurídicamente relevante sólo si de ella se siguen consecuencias normativas. Y, por más vueltas que le demos al asunto, el término nación aplicado a Galicia carecería de cualquier efecto en el mundo del derecho: ni Galicia tendría por ello una posición constitucional particular, ni podría reclamar derechos diferentes, ni pretender un trato distinto por parte del Estado español o de los Estados extranjeros.

Esa posición, esos derechos y ese trato dependen exclusivamente de lo que establece la Constitución en la materia y, por tanto, la gresca sobre la validez jurídica del término nación es un engañabobos con el que los partidos pretenden hurtarnos el auténtico debate que se deriva del uso de tal término: el debate sobre la conveniencia política de utilizar una definición identitaria que la inmensa mayoría de los gallegos no comparten.

Porque esa, y no otra, es la cuestión. La definición nacional es jurídicamente irrelevante, pero tiene una significación política innegable. Su aceptación, con la fórmula que fuera, y en el lugar en que estuviera (el articulado o el preámbulo) serviría a los defensores de la independencia de Galicia de estribo con que encaramarse, antes o después, al caballo de la reivindicación soberanista. Resulta, por ello, perfectamente coherente que quien -el BNG- ha reivindicado desde siempre la independencia de Galicia defienda ahora el término nación y haga de ello cuestión de vida o muerte estatutaria.

Tan coherente como inexplicable que acepten esa minoritaria pretensión dos partidos que nunca han admitido que Galicia fuera una nación. Es, desde luego, el caso del PP, que dice ahora estar dispuesto a avenirse a una fórmula simbólica. Para constatar cuál sería el resultado de su ingenua ambigüedad no tienen los populares más que mirar a Cataluña, donde se da por ya aceptado que esa comunidad se define como nación en su Estatuto.

En cuanto al Partido Socialista, Touriño debe explicar por qué él, que jamás habló de Galicia como nación, se ha caído del caballo camino del Gobierno. Y por qué cree, además, que tiene derecho a imponer su conversión al Estado plurinacional a un partido que no lo ha acompañado en esa viaje y a unos votantes que rechazan explícitamente definir a Galicia con un término que sólo sirve para que la inmensa mayoría de los votantes del país (el 78%) tengan que tragarse lo que defiende la activa minoría (el 19%) que vota al BNG.

PP: indicios de cambio
Pío Moa Libertad Digital 17 Enero 2007

Por fin Rajoy ha dicho unas cuantas cosas claras a Zapo. Su discurso, con dos salvedades menores, debiera movilizar al PP para difundirlo a todos los ciudadanos, para que lo recuerden, ya que el dominio mediático de la Infame Alianza lo sumirá en breve en el olvido.

Las dos salvedades: Zapo no ha cometido ningún error con la ETA. Es un colaborador de la ETA, el mayor y más efectivo colaborador que la ETA ha tenido en su historia. La idea queda implícita en el discurso de Rajoy, pero debiera haber sido más explícita; y más resaltado el contraste con la política de Aznar y sus excelentes resultados. Tal colaboración no es casual, procede de un fondo común de ideas entre el PSOE y la ETA, al margen de la mayor o menor simpatía o habilidad de los dirigentes socialistas. El error de Zapo ha consistido, en todo caso, en subestimar la reacción ciudadana, que va en aumento; y, quizá, ojalá, la reacción del propio PP, si finalmente esta ocurre. Pero de momento la Infame Alianza ha logrado ya grandes éxitos: ha comenzado la carrera de los estatutos balcanizantes, ha desprestigiado en buena medida al poder judicial, ha crispado y dividido a la sociedad, ha atacado con éxito mediano, pero no desdeñable, a las víctimas, etc. Y todo eso no tiene fácil recomposición.

La segunda objeción, a mi juicio, es la oferta de estar con Zapo al final, cuando todo el tinglado se hunda y el Iluminado de la Moncloa rectifique. Esperar una rectificación de ese personaje y su gobierno equivale a esperar el desarme de la ETA. La oferta de Rajoy suena rara, puramente sentimental y nada política.

En estos años la respuesta pepeísta “de bajo perfil” dejaba una impresión de falta de convicciones y energía. Por ello, si alguien podía echar abajo el montaje era la propia ETA, eran las querellas entre los dos socios: el grupo terrorista y el gobierno anticonstitucional. En parte ya ha ocurrido así, pero para que ello no conduzca a una mayor descomposición política, sino a la recomposición constitucional, hace falta que el PP reaccione por fin. Su postura parece mejorar, el mensaje de Rajoy ha sido de los que llegan a los ciudadanos, y eso es una excelente noticia. Pues está en juego la unidad de España y la democracia.

Zapatero se aproxima al PNV
Editorial ABC 17 Enero 2007

LA expectativa de que el presidente del Gobierno ofreciera el pasado lunes una auténtica propuesta de lucha antiterrorista que «ningún demócrata podría rechazar», según anunció la vicepresidenta primera, quedó reducida a la confirmación de que Rodríguez Zapatero quiere pactar con el PNV un nuevo consenso. El empalagoso ensalzamiento que dedicó al presidente de este partido, Josu Jon Imaz, selló su voluntad de eludir una rectificación a fondo que diera la razón al Partido Popular y de optar por una alternativa que intente salvar del fracaso del «proceso de paz» el diálogo y la negociación con los terroristas, disponibles para mejor ocasión. Si el PNV acepta el maridaje coyuntural que le propone Zapatero, éste se hallará en puertas de cometer otro error de magnitud, basado en su desconocimiento del carácter doctrinario y tribal de los fundamentos del PNV -esté hoy Imaz o ayer Arzalluz- y de la capacidad camaleónica del nacionalismo gobernante para simular en cada momento la actitud política más adecuada para la conservación del poder en el País Vasco.

Si el nuevo pacto sobre terrorismo que ofrece Zapatero debe incluir necesariamente al PNV, el presidente no está pensando lealmente en la integración del PP ni en hacer un consenso cuyo objetivo sea la derrota de ETA. Simplemente, porque el PNV nunca ha aceptado que ésta sea el fin del terrorismo. Los hechos lo demuestran con creces -y de la prueba histórica no se libra ni Imaz - y están en las hemerotecas. Y ahí aparece el PNV, que llevó la Ley de Partidos Políticos al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que se querelló contra el juez Garzón por ilegalizar a Batasuna y que se opuso a todas las reformas legales de la anterior legislatura -porque en ésta no se ha aprobado ni una- que pusieron a ETA contra las cuerdas. Zapatero tendrá que ser más convincente a la hora de justificar su arrebatada apología del PNV.

El nacionalismo gobernante se encuentra así con una nueva ocasión para asegurarse la enésima impunidad política de la relación de beneficios recíprocos que, desde hace décadas, ha establecido con la izquierda proetarra y ETA. Zapatero está ofreciendo al PNV la amnistía política por el Pacto de Lizarra -aquel que convinieron PNV y ETA para echar de las instituciones democráticas vascas a populares y socialistas- y el indulto por el plan soberanista del lendakari, secuela fiel del acuerdo con los terroristas. Medidas de gracia justificadas por una rectificación que el PNV nunca ha hecho y que sólo Zapatero, o su imaginación, dicen que se ha hecho.

Por desgracia, el escenario al que puede abocar este cambio táctico de Zapatero no es novedoso ni ilusionante, sino rancio y preocupante, porque retrotrae la situación a los tiempos en que el socialismo vasco cumplía el alienante papel de apuntalar la hegemonía que el PNV reclamaba para sí como dique frente a una ETA que no dejaba de matar. El guión del nuevo consenso con el PNV está escrito desde hace mucho tiempo, tanto como el de su fracaso histórico, que fue certificado por aquellos socialistas vascos -algunos hoy desmemoriados- que rompieron en 1998 el gobierno de coalición con los nacionalistas porque estos estaban ya pactando con ETA.

Si Zapatero consuma este nuevo error, nadie deberá llamarse a engaño sobre sus consecuencias. Supondrá renovar la vieja fórmula -radicalmente falsa- de creer que la amenaza de los terroristas se reduce con más nacionalismo, aunque la historia demuestre que la presión sobre ETA sólo multiplicó su eficacia cuando el consenso de PP y PSOE incluyó la deslegitimación del soberanismo. Dará paso a la pérdida de las instituciones alavesas -Diputación y Ayuntamiento de Vitoria- para la causa constitucionalista. Abrirá un proceso de derogación del Estatuto de Guernica para implantar un modelo confederal que sólo satisfaga a los nacionalistas, anime a ETA a seguir golpeando y condene a la marginación a quienes asuman la defensa de la nación española, que es tanto como defender el régimen de libertades y derechos constitucionales. Porque este PNV, a cuyos encantos políticos se rinde Zapatero, no cederá un ápice en sus objetivos soberanistas. Sólo los administrará en tiempos y formas. Son los mismos objetivos que llevaron a Batasuna -es decir, a ETA- a apoyar el Plan Ibarretxe y la investidura de los últimos gobiernos nacionalistas.

Fábula del Doctor Liendre
POR ANTONIO BURGOS ABC 17 Enero 2007

A los enfermos que no les dan con la tecla de su mal, nada les inquieta y preocupa más que el médico les cambie inesperadamente el tratamiento. Les hace pensar que hacen experimentos con ellos, que soplan flautas terapéuticas, a ver si suenan por casualidad. Eso más o menos le ha pasado a España con la ETA. Con una diferencia: el tratamiento que España le estaba aplicando a la ETA le iba divinamente. Era el que Roberto Alcázar y Pedrín llamaban jarabe de palo. Nada había más efectivo que el tradicional y clásico Jarabe de Palo, ora Forte, ora Retard, que prescribía un médico infalible, el Estado de Derecho, y que se dispensaba en cualquier juzgado o comisaría de guardia, con receta del seguro. Del seguro fin de la ETA.

Pero llegó un mediquito joven, recién salido del cascarón del MIR de las primarias de su partido, y dijo que la sabia eminencia que había recetado el Jarabe de Palo no sabía nada de Medicina. Que lo que necesitaba la enfermedad de toda malignidad que aquejaba a la nación era un cambio radical e inmediato de medicación. Que el Jarabe de Palo no conducía a nada, y que había que sustituirlo inmediatamente por un tratamiento de diálogo, en dosis de caballo. De caballo del Apocalipsis, naturalmente. Que la enfermedad sólo podía curarse mediante el Proceso de Salud.

Así se explica todo lo sucedido y ahí tienen las claves secretas del Debate del Paripé del lunes. Lo que está pasando con la ETA y con los paños calientes a la ETA es como si usted estuviera malísimo, con un calenturón, afectado por un virus letal, y llegara un mediquito que le dijera que lo que hay es que dialogar con el virus para que se avenga a razones, en vez de pegarle chutes de medicinas. Que hay que abrir inmediatamente un Proceso de Salud. Estoy oyendo a ese médico tarambana, que va de sanador milagroso, en la cabecera del enfermo gravísimo:

-Espere usted, buen hombre, no se preocupe, que esto que tiene es que a los virus no se les puede hacer la puñeta de la forma que el otro médico se la venía haciendo, inflándolos a jarabe de palo. A este virus que usted tiene hay que darle mucha charlita y mucha vitamina T: talante, tenacidad, temple. Y mucho diálogo. Si usted me autoriza a dialogar con este virus en cuanto deje de producirle el fiebrón que tiene ahora, verá cómo yo consigo curarle, mediante el Proceso de Salud. ¿Con qué medicina, dice usted? Ah, no, con ninguna medicina. Hay que olvidarse del Jarabe de Palo para siempre. La curación como se consigue bien es con el Proceso de Salud, con el diálogo, «hablando se entiende la gente». Hay que pactar con los virus, negociar con ellos. Diálogo para la Salud, no se olvide usted. Ya verá cómo logramos el fin de la enfermedad.

Y suelta el médico, ante la perplejidad del enfermo, iniciando el Proceso de Salud, al entablar negociaciones con el virus:
-¿Virus, estás ahí? Mira, virus, bonito, escúchame, sé bueno. No me hagas subir la fiebre de este enfermo, que voy a darte todo lo que tú quieres, pero con talante y con diálogo. Sí, ya sé, quieres destrozarle el hígado, encharcarle los pulmones y paralizarle la función renal. Tranquilo, que con tal de que no haya fiebre ni ningún síntoma escandaloso, con tal de que el enfermo ni me tosa, yo te voy a dar todo lo que reclamas, tus pulmones, tu hígado, tus riñones, todo lo que me pidas. Para eso, te prometo que desde hoy mismo queda suspendido el tratamiento de Jarabe de Palo que iba a acabar contigo. Nada, nada, todo sea por el Proceso de Salud. Lo que pide esta familia atribulada es la Salud, a cualquier precio. ¿De qué nos sirve tener hígado, riñones o pulmones si no tenemos la ansiada Salud?

El enfermo, claro, pese a tanta charlita, siguió enfermísimo. Se le presentó una complicación circulatoria en una pierna. Se la tuvieron que amputar. El médico no se inmutó. Dijo en su optimista persistencia en el error:

-La amputación de una pierna no es suficiente para que no continuemos en nuestro esfuerzo tenaz en el diálogo con el virus por el Proceso de Salud.

En ésas estamos. En manos de un Doctor Liendre que de nada sabe y de todo entiende.

Noticias del desencanto
POR IGNACIO CAMACHO ABC 17 Enero 2007

SE cayó del caballo nacionalista cuando el PNV se encabritó en Estella, y desde entonces es un «outsider», un habitante de la yerta tierra de nadie de la política vasca, bajo cuyo cielo gris ha encontrado el privilegio de ser sólo fiel a sí mismo. Elegante, racional, discreto, irónico, suelta la gabardina que trae de Bilbao y despliega una sonrisa para contar la paradoja cotidiana de su trabajo: da clases en euskera a un alumnado que apenas le entiende.

«Mira, yo la mayor decepción por el fracaso del Proceso la he encontrado en esa izquierda que apoyó el Pacto Antiterrorista, la operación de Mayor y Redondo, y ahora se había llegado a ilusionar con la posibilidad de un final pactado. Quizá por eso algunos se resisten a aceptar la evidencia y confían en que se trate tan sólo de un contratiempo. Diría que Eguiguren, o sea, Zapatero, va por ahí. ¿En Batasuna? No tanto. Más bien te diría lo contrario, en los últimos tiempos se detectaba por ese mundo una cierta zozobra, un miedo latente a quedarse sin la protección del Primo de Zumosol y tener que jugar en la política convencional a cara descubierta. Hay quien sostiene que ha sido Batasuna la que ha forzado el descarrile. Ya sabes que ahí arriba hay mucha gente que piensa que los que de verdad mandan en ETA son unos tipos que pasean muy bien trajeados por la Concha...».

«Lo del PNV es más confuso, o más ambiguo. Hombre, no cabe duda de que Imaz es de otra pasta que Arzallus, y además tiene buena sintonía con Zapatero, pero en ese partido hay una mentalidad que sólo se puede comprender desde dentro. Fíjate que hubo un momento, en el 98, que teníamos pacto con Aznar en Madrid, con el PSOE en Vitoria... y nos fuimos a buscar a ETA-Batasuna en Estella. Nadie se planteaba que eso era un círculo cuadrado. El PNV quiere estar a todas, en todas partes, y hay que saberlo. No sé si el presidente es consciente o cree que podrá manejarlo como a los catalanes, con regates a corto plazo».

«Para el nacionalismo sociológico, el final soñado, el utópico, sería llegar a un momento en que no sólo desapareciese ETA, sino que se pudiese llegar a creer que no ha existido nunca. Es un asunto psicológico, freudiano, de borrar el pasado. El nacionalista desea eliminar de su subconsciente a ETA, para no tener que preguntarse dónde estaba él mientras la gente moría a su lado. Y entretanto, actúa como si no existiese. Porque esto es lo dramático, que en el País Vasco el problema del terrorismo no impide una vida cotidiana feliz. Está asumido, interiorizado, absorbido. Bueno, hay gente que sufre, que lleva escolta, pero son dos o tres mil... recuerdo que una vez hubo un atentado en el centro de Bilbao y había gente que decía, asombrada: ¿pero es que ahora van a venir a por nosotros? Ésa es la cuestión, que hemos aprendido a convivir con la exclusión, de espaldas a la tragedia, y algunos se sienten cómodos y no tienen prisa. Ninguna prisa, entiéndelo, ninguna prisa...».

ES DIFÍCIL EL RETORNO
Editorial minutodigital 17 Enero 2007

Con la perspectiva que da el paso de los días desde el sábado hasta hoy, la conclusión que sacamos tras la manifestación por la paz y el diálogo es que el retorno a una situación de unidad contra el terrorismo de ETA es harto complicada.
“ Visto lo visto, los terroristas son los grandes beneficiados. Son los que permanecen unidos y los que marcan las pautas del juego. ”
El espíritu de Ermua se nos antoja algo lejanísimo en el tiempo y el pensar ver manifestarse, unidos, a militantes o simpatizantes del PP y del PSOE exigirá una larguísima jornada de reflexión a la espera de que las aguas vuelvan a su cauce. Ver banderas ecuatorianas (lógicas), cubanas, uruguayas, argentinas, brasileñas o de la II República y no ver ninguna rojigualda establece una clara división en la sociedad española que, por el contrario y de la otra parte, poblará de banderas nacionales la manifestación del próximo 3 de Febrero. Desde el baúl de los recuerdos más añejos y tenebrosos, la política de ZP ha desempolvado la España y la anti España más cavernícola que pudiéramos imaginar.

El Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo se antoja más necesario que nunca pero, eso sí, entre los dos partidos mayoritarios y el Gobierno, tal como nació. Añadir al mismo al resto de los partidos no certificaría sino su prematura defunción, casi del mismo modo en el que agoniza un Parlamento principalmente preocupado por el aislamiento y el cerco a la media España que votó a Rajoy. La democracia es un régimen de mayorías y, por ello, los dos diputados de IU no pueden tener el mismo valor que tienen todos los del PP. Y, en este caso, aún más.

Pero no es la única división que apreciamos, aunque sí la más grave. El sí o el no a la manifestación ha dividido a los poderes mediáticos de la derecha sobre la idoneidad o no de la decisión tomada por los dirigentes populares. Y entre estos, con la boca pequeña, las discrepancias también son notorias según sus necesidades cara a los próximos comicios que se avecinan. En el PSOE no es difícil entrever las graves disensiones que se producen día sí, día también e, incluso en el PNV, parece que las posturas de Imaz y de Ibarreche se encuentran en un permanente desencuentro. Incluso un apelmazado Otegui reconoce que sus bases están desorientadas al considerar que el atentado y las posteriores amenazas de ETA no cuadran con lo que se entiende por un alto el fuego.

Visto lo visto, los terroristas son los grandes beneficiados. Son los que permanecen unidos y los que marcan las pautas del juego. La teoría de divide y vencerás les proporciona pingües beneficios políticos y se permiten azuzarlos amenazando, mediante el diario Gara, con hacer públicos los acuerdos firmados con el PSOE desde que éste era partido en la oposición. Se antoja difícil el retorno a la situación anterior al 14 de Marzo pero más miedo da pensar hacia donde nos puede llevar una huida hacia delante de cualquiera de los dos grandes partidos del panorama político español.

Un Rajoy crecido y un Zapatero noqueado: esto huele a adelanto electoral
Jesús Cacho El Confidencial 17 Enero 2007

Estaba claro que el debate parlamentario del lunes iba a resultar calentito. Venía el presidente a examinarse ante la representación popular tras el fracaso de su gran –y quizá único- proyecto político de la legislatura, proyecto que ha saltado por los aires con la Terminal 4 de Barajas en el atentado más espectacular cometido por ETA en mucho tiempo, con dos muertos de por medio, y todo ello aderezado con los silencios, el secretismo y la falta total de explicaciones a los ciudadanos con que el señor presidente ha conducido el fallido proceso negociador con ETA.

Y llegaba el líder de la oposición francamente quemado por el curso reciente de los acontecimientos. El error de no haber estado a la altura de la trampa que le tendieron los convocantes de la manifa del sábado, y la espina clavada, remachada con saña en cada una de las visitas que el gallego ha realizado a Moncloa para nada, bueno, sí, para ser víctima de las reiteradas tomaduras de pelo de Zapatero, con el consiguiente desgaste para su liderazgo entre las filas populares, víctima de ese “Mariano, que éste te toma el pelo” tantas veces oído por los pasillos de Génova. Ganas, pues, de sacarse la espina, y cantarle al vendedor de peines las verdades del barquero.

Y eso fue lo que determinó el tono del debate. Un presidente a la defensiva, que tras suspender el examen se presenta ante el tribunal popular para recoger la nota, y un líder de la oposición al ataque, como mandan los cánones, como ocurre en todos los Parlamentos que en el mundo democrático son, no en el español, ciertamente, donde la pusilánime gente llana se rasga las vestiduras por discursos que serían moneda de curso legal en Los Comunes británicos, por ejemplo.

El presidente leyó un buen discurso salido de pluma ajena, con reconocimiento del error cometido al intentar meterse en la cama con ETA y sin pijama, para, en las réplicas, evidenciar todas las lagunas que hacen del leonés el océano de mediocridad más exuberante –y no es que hayamos tenido premios Nobel en la presidencia del Gobierno- que ha conocido la democracia española. Una desgracia para este país en momento político tan crítico. Su apelación a la unidad, ese reclamo elemental que tanto gusta a la gente en democracias a medio cocinar como la española, resultó, además de falto de fuerza y vacío de contenido, una ofensa intelectual a la conciencia de cualquier verdadero demócrata. Su segunda réplica fue simplemente un horror, una calcomanía de la primera, con un ZP sin ideas, abatido, noqueado. Acabado.

Zapatero dio el lunes la real medida de sus posibilidades, algo que debería hacernos reflexionar sobre la desgracia que, en una democracia tan ayuna de liderazgos sólidos como la española, supuso la crisis que para el PSOE significó la retirada de Felipe González y la salida que se le dio a la misma. Tras los fiascos de Borrell y Almunia, bajo la chistera socialista surgió el conejo de Zapatero como podía haber aparecido la gallina Caponata, un error por el que los españoles estamos pagando un alto precio.

En frente, un Rajoy dispuesto a ejercer el liderazgo que Zapatero le cedió en bandeja, y que se despachó con el discurso más duro que se le recuerda. El que reclamaba la ocasión. El que tocaba. No estaban las cosas el lunes para juegos florales. Engañado demasiadas veces, al líder del PP se le presentó por fin la oportunidad de cobrarse ante un fracasado Zapatero no pocas letras vencidas, y con él a millones de españoles que se han sentido marginados y casi echados a la cuneta de la vida pública en esta legislatura.

Frente a esa etérea, delicuescente, inane apelación a la “unidad” de Zapatero, como si fuera posible un atisbo de unidad de acción y de criterio entre quienes tienen una idea de España y quienes sencillamente quieren acabar con ella, Rajoy sí hizo propuestas concretas para recuperar la unidad de los dos grandes partidos en la vital cuestión de la lucha contra el terrorismo. Frente a quienes sólo vieron dureza, y dureza exagerada, en el discurso del líder del PP se deslizaron mensajes que un presidente menos sectario que Zapatero no desaprovecharía: “En el cumplimiento de su deber, siempre podrá contar con el apoyo del PP. Otros le faltarán. El PP, no. Yo estaré a su lado”. Para terminar con el premonitorio “a la hora de la verdad, su único aliado fiable seré yo”.

Rajoy ganó el debate con claridad, pero eso es una cuestión menor, y desde luego será una anécdota si no es capaz de rematar la faena parlamentaria del lunes como conviene a los intereses de España. Si anteayer tocaba echar leña a la hoguera y hacer arder en ella el diletantismo suicida de un ZP que se creyó capaz de cabalgar a lomos del tigre y conducirlo mansamente al redil, ahora toca apagar los rescoldos de ese fuego y preparar el futuro, lo que quiere decir que, a partir de ahora, el líder de la oposición tendrá que tender alguna mano al presidente del Gobierno, anteponiendo los intereses del país a los de partido, un asunto, me malicio, más difícil para Rajoy que batirse con éxito en duelo verbal con Zapatero.

En política resulta fundamental tomar la iniciativa y tal vez sea llegado el momento para el PP de dejar de ir a remolque de las locuras negociadoras de ZP con propuestas que vayan un paso más allá del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. ¿Cabe algún tipo de acercamiento, por ejemplo, al sector del PNV que hoy lidera Josu Jon Imaz? Es apenas una idea que apunta a la necesidad que tiene el PP, en mi modesta opinión, de salir de la hura, evitar el enroque y convertirse en actor esencial capaz de sacar el país del atolladero político en que se encuentra.

Si esa posibilidad de acercamiento entre Gobierno y oposición no fuera posible, el adelanto electoral sería inevitable, por mucho que el leonés intente recomponer la situación con el batiburrillo de partidos que le apoyan. El leonés tiene ante sí un problema inmediato cuya dimensión, de nuevo, le rebasa: me refiero a la presentación o no de Batasuna a las próximas elecciones municipales, algo en lo que la izquierda abertzale se juega mucho. Si la respuesta del Estado de Derecho es que no, tendremos que estar preparados para nuevos episodios de sangre, sudor y lágrimas por culpa de la violencia etarra. A resultas de lo que ocurra el cuarto domingo de mayo próximo, la disolución de las Cámaras se produciría en agosto y en Marivent, y los españoles serían llamados a las urnas a primeros de octubre próximo. Esto no da más de sí.

CREE QUE EL GOBIERNO VOLVERÁ A NEGOCIAR CON ETA
Ezkerra lamenta que la manifestación del sábado fuera un "patético acto de apoyo a Zapatero"
Uno de los vicepresidentes y miembro fundador del Foro de Ermua, Iñaki Ezquerra, ha lamentado que la marcha sindical del pasado sábado en Madrid sirviera para que el PSOE mostrara "su verdadera cara" y terminara convertida en un "patético acto de apoyo al Gobierno de Zapatero". Frente a ese acto, Ezquerra defiende la manifestación convocada por su colectivo para el próximo 3 de febrero. Ha hecho el llamamiento en Libertad Digital: "Tenemos que salir en una manifestación que plantee el asesinato y el chantaje en sus justos términos".
Libertad Digital 17 Enero 2007

Entrevistado para Libertad Digital por Marta Gómez de Castro, el vicepresidente del Foro de Ermua ha denunciado la "cultura del todo vale" del PSOE. También ha puesto sobre la mesa que "los que todavía quieren seguir dialogando con ETA después de dos asesinatos no son capaces de dialogar con el Foro Ermua". En la manifestación del sábado, como ha recordado Ezquerra, se vieron pancartas en las que se leía "Alcaraz asesino", "algo bochornoso de lo que no deberían estar tan orgullosos. Parecía una manifestación de ETA".

El miembro fundador del Foro de Ermua se ha preguntado por qué nadie retiró esas pancartas. "Llamar asesino a Zapatero, como llamárselo a Aznar, es una estupidez, pero llamárselo a una víctima del terrorismo es un ejemplo de la irracionalidad, la bajeza y la poca consistencia de esta gente", se lamentaba. Por eso insiste en que nunca se habría perdonado estar en esa manifestación. La decisión, al final, fue la correcta. "La mejor forma de no equivocarse es estar con las víctimas porque aún cuando se equivocan en aspectos formales y superficiales aciertan en lo esencial", apuntaba.

El "acto patético" y la "apoteosis del cinismo"
En la marcha del sábado la consigna era, a su juicio, "hay que estar con Zapatero aunque se equivoque". Y vuelve a lanzarse preguntas: "¿Pero por qué? ¿Quién es Zapatero? ¿Alguien que va de rechazar la Navidad cristiana porque se cree él mismo el Mesías? ¿En base a qué? ¿Qué milagro ha hecho? ¿En qué ha acertado? ¿De dónde le viene esa pretendida autoridad moral para exigir el apoyo ciudadano hasta en sus errores y sobre todo en sus errores? ¿Quién es Zapatero al lado de las víctimas?"

Peor concepto tiene el miembro del Foro de Ermua de la manifestación del mismo día en Bilbao, "la apoteosis del cinismo". De Juan José Ibarretxe y Patxi López sostiene que "son gente que está ya tan desacreditada que no merecen ni la crítica". Además, cree que la respuesta a una "manifestación tan institucional", con 80.000 asistentes, fue escasa "porque era un acto nacionalista y a los nacionalistas la propia paz les pone del hígado, no les interesa aunque sea una paz ominosa como la que ellos reclamaban, una paz sin libertad".

"Zapatero está intentando cargarse el Pacto"
Ezkerra se ha referido también al debate de este lunes en el Congreso. A su juicio, Rajoy "dejó K.O. a Zapatero cantándole las verdades del barquero (...) Daba pena ver su inconsistencia declarada y su arrogancia vencida (...) Se escenificó la oquedad, la frivolidad, la banalidad y la simplonería que hay detrás del estereotipado discurso del mal llamado proceso de paz". Al PP le reprocha que "reacciona con lentitud" aunque coincide con Mayor Oreja en que es hora del "Zapatero, váyase".

Lejos de esa vuelta al Pacto por las Libertades que reclaman los populares, Ezkerra cree que Zapatero "está intentando cargarse" ese acuerdo. "La famosa, traída y llevada unidad de los demócratas es el eufemismo que usa el Gobierno para denominar al finiquito del Pacto por las Libertades". Lo que ahora persiguen los socialistas es un pacto "que excluya al PP, a diez millones de españoles en nombre de la unidad".

Los pasos de Zapatero y los de ETA
En esa dinámica, sospecha que Zapatero volverá a intentar negociar con ETA porque "sigue empeñado en vender electoralmente la mal llamada tregua y no ha dado muestras de rectificación ni de cambio de estrategia. Zapatero dice que no se ha equivocado él sino ETA, pero ETA, por mucho que le pese a Zapatero, ha acertado. La prueba es él".

De los terroristas sostiene que "desde que el fundamentalismo islámico firmó el macro atentado del 11-M, tienen pendiente la asignatura de un atentado similar. Tanto si participó como si no en aquella masacre, ETA tiene envidia de que no estuviera allí su firma clara y piensa en hacer algo similar. Es lógico y no sólo por envidia sino porque aquel gran atentado demostró que la sociedad española cede al chantaje, que es capaz de doblegarse y cambiar el voto como muestra de esa rendición. Esa es la lección que sacó ETA y la que hubiera sacado todo terrorista: Con estos las bombas son eficaces”.

RECLAMAN A LA CONSELLEIRA DE EDUCACIÓN QUE PACTE LA NORMA CON LOS SECTORES AFECTADOS
Los directores avisan a Piñón de que el gallego no se aprende por decreto
Los responsables de centros de Secundaria afirman que imponer la enseñanza de más del 50% de las clases en gallego "podría acarrear el riesgo de generar un efecto rebote".
Paula Pérez. Santiago La Opinión 17 Enero 2007

Los directores de centro advirtieron ayer a la conselleira de Educación, Laura Sánchez Piñón, que aceptarán cualquier medida que impulse su gabinete en materia lingüística siempre y cuando sea consensuada con la comunidad educativa. En este sentido, el portavoz de la Asociación de Directores de Secundaria de Galicia, José Ángel Suárez, advirtió a la Xunta que el gallego "no se aprende por decreto" y que "no se trata de organizar una inquisición" con el idioma.

El borrador de decreto que prepara la Consellería de Educación y que establece que los niños aprenderán a escribir y leer en gallego, con independencia de cúal sea su lengua materna, todavía no ha salido del ámbito de discusión de los tres grupos parlamentarios, de manera que su contenido aún es desconocido para padres, profesores, alumnos y directores de centro. Es, por este motivo, que el representante del colectivo de directores ha optado por ser cauto al referirse al borrador que prepara el departamento de Sánchez Piñón. "Lo único que digo es que lo sensato en estos casos es que el decreto se consensúe con todos lo sectores afectados", asegura.

En cuanto a que los niños aprendan a leer y escribir en gallego antes que en castellano, Suárez asegura que sería una medida aceptable siempre que "no se haga como imposición" y "contentando a todas las partes".

Según su criterio, lo "lógico" es que los padres tengan la opción de elegir en qué idioma se educan sus hijos. Por eso aboga porque en las escuelas se tenga en cuenta la lengua materna de los escolares antes de decidir si se prima el gallego o el castellano en las clases.

A juicio de los directores de Secundaria, si el gallego fuese la lengua que se usa en el 50% de las clases "ya estaría bien". "Pasar de eso podría acarrear el riesgo de un efecto rebote", alerta José Ángel Suárez.

Así, el portavoz de los directores de ESO advierte que las imposiciones pueden ser "peligrosas". "En el tema del idioma yo soy partidario de ser prudente, de ir poco a poco", aseguró.

En todo caso, los responsables de los centros educativos están a favor de que los alumnos cuando terminen la enseñanza obligatoria estén capacitados para hablar y escribir tanto en gallego como en castellano, "y si puede ser también en inglés, mejor".

Como pedagogo José Ángel Suárez aclara que el hecho de que los niños escriban y lean sus primeras palabras en gallego no tiene por qué perjudicarles en su posterior aprendizaje del castellano. "No será una traba. A esas edades los chavales están receptivos y serían capaces de aprenderse hasta seis idiomas distintos", apunta el portavoz de la Asociación de Directores de ESO.

La propuesta inicial de la Consellería de Educación ha generado división entre la comunidad educativa y cuenta con la firme oposición del PP que entiende la iniciativa de Sánchez Piñón como un intento de iniciar una guerra absurda con el idioma como ocurre en Cataluña y en el País Vasco. Tras este rechazo, Piñón ya ha anunciado que suavizará el decreto. Todos parecen coincidir, sin embargo, en la conveniencia de que los escolares dominen los dos idiomas al finalizar su educación pero consideran que los niños deben ser escolarizados en el idioma materno.

A juicio de la federación de padres de alumnos de centros públicos de A Coruña, Virgilio Gantes, primar el gallego sobre el castellano sería "una barbaridad", al tiempo que demanda una mayor atención al segundo idioma de modo que los alumnos acaben la Secundaria con un buen dominio del inglés. En parecidos términos se expresa el portavoz de la asociación de padres de alumnos de centros concertados, Constantino Iglesias. "El castellano no puede ser el segundo idioma", dice.

Méndez Romeu: "La lengua no debe ser un elemento de desunión"

La propuesta de la Consellería de Educación sobre el uso del gallego en los colegios ha generado división tanto en el ámbito político como educativo. Incluso, desde las propias filas socialistas, se muestran reticentes a las medidas planteadas por la conselleira Laura Sánchez Piñón.

La polémica sobre la presencia del gallego en las aulas coincide con la reunión cumbre de los tres líderes políticos para dar el impulso definitivo al Estatuto, cumbre en la que el estatus de la lengua será uno de los puntos más controvertidos de discusión.

En medio de este panorama el conselleiro de Presidencia, José Luis Méndez Romeu, advirtió ayer que el gallego "debe ser un vínculo de unión y no de desunión" y recordó que "aunque es necesario que todo el mundo lo estudie, cada uno debe tener derecho a utilizar en cada circunstancia la lengua que le parezca oportuno".

En declaraciones a la cadena Ser, Méndez Romeu explicó que el acuerdo lingüístico de 1983 -actualmente vigente-- ha funcionado "magníficamente", ya que, según dijo, no existen conflictos en materia de lengua. "Mantener esa situación de ausencia de conflictos me parece fundamental", apuntó Méndez Romeu. Tras la división generada por el borrador de decreto sobre el uso del gallego en los colegios, la conselleira de Educación aclaró el pasado lunes que la normativa se aplicará "progresivamente" y que se tendrá en cuenta la opinión de los padres. Laura Sánchez Piñón sólo ha recibido hasta ahora el apoyo de los nacionalistas.

Sobre este intento por suavizar las medidas planteadas por Educación en materia lingüística, el diputado del BNG Manuel Parga, que negocia la redacción del nuevo decreto en el Parlamento, prefiere no opinar. "Sólo deseo que se cumpla el plan de normalización lingüística que ya está aprobado y fija unos mínimos y a partir de ahí a trabajar", aseguró ayer.

LOS EMPRESARIOS, LOS QUE MÁS PETICIONES HAN HECHO
Más de 150 escoltas se incorporan a la labor de protección tras el atentado de Barajas
Las alrededor de 30 empresas de seguridad autorizadas para prestar servicios de escolta en toda España han destinado más de 150 nuevos profesionales a tareas de protección personal desde que ETA rompiese su alto el fuego el pasado 30 de diciembre con un atentado que costó la vida a dos personas en el aeropuerto de Madrid-Barajas, informaron a Europa Press fuentes del sector. La Asociación de Escoltas dijo recientemente que las personas que renunciaron a la escolta tras la declaración de alto el fuego la reclamaron hace unos dos meses, entre ellos políticos de los socialistas. Esta afirmación le valió duras críticas del PSOE, que exigió una rectificación, a lo que la asociación se negó.
Agencias Libertad Digital 17 Enero 2007

Las fuentes consultadas calculan que alrededor de la mitad de estos profesionales de seguridad se han incorporado a sus nuevos puestos de trabajo en País Vasco y Navarra, aunque la Comunidad de Madrid ha registrado un importante número de peticiones. Las nuevas incorporaciones han afectado al total de la treintena de empresas de seguridad autorizadas.

Los empresarios figuran en el primer lugar de sectores que han realizado peticiones de protección personal en las tres comunidades autónomas citadas desde el 30 de diciembre. Estas más de 150 nuevas incorporaciones no suponen un número igual de protegidos, ya que hay casos en los que las personas que contaban anteriormente con protección personal la han ampliado en número, como ha ocurrido en el caso de directivos de empresas destacadas en grandes sectores como, por ejemplo, el de las telecomunicaciones.

De las más de 5.000 personas que tenían asignada escolta en España antes y durante la tregua, un total de 1.200 viven en Euskadi, y la mayoría son concejales del PP y el PSOE. Este elevado número de amenazados provocó que a los policías, guardias civiles y ertzainas que prestan labores de escolta se tuvieran que sumar otros profesionales de la empresa privada.

En el País Vasco trabajaban antes del 30 de diciembre unos 1.800 escoltas privados y alrededor de otros 750 lo hacían en Navarra. Cada protegido lleva, al menos, dos escoltas. La protección de los amenazados en estas comunidades autónomas, ya corra a cargo de las Fuerzas de Seguridad del Estado, la Ertzaintza o empresas privadas está financiada a partes iguales por los Gobiernos central y vasco, aunque algunas de las últimas peticiones, identificadas con las de grandes empresarios, han corrido a título individual y la Administración no ha participado.

La Consejería de Interior del Gobierno vasco se puso en contacto tras el atentado de Madrid con miembros del PSE y la Judicatura que habían decidido prescindir del servicio de escolta durante la tregua de ETA para que regresaran a su anterior situación de protegidos durante las 24 horas.

La Confederación Española de Policía también irá a la marcha del Foro Ermua
R. L. V. La Razón 17 Enero 2007

Madrid- La Confederación Española de Policía (CEP) también asistirá a la manifestación convocada para el próximo día 3 en Madrid por el Foro Ermua y a la que se sumó ayer mismo la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). La marcha, que contará, a su vez, con el respaldo del PP, ha sido organizada «en defensa de la libertad, por la derrota de ETA y contra toda estrategia de diálogo y cesión».

Según fuentes de este sindicato, su presencia en el acto obedece a su total acuerdo con los fines de la misma. «No necesitamos dos muertos para acudir a manifestaciones contra cualquier negociación con ETA. Tenemos claro desde que se inició el “proceso” que no estamos a favor de negociar con la banda terrorista».

La CEP ha estado presente en todas las convocatorias de la AVT y seguirá respaldándolas, aunque, como en ésta, no sea la principal organizadora. «Como hemos hecho en otras ocasiones, si se nos pide, colaboraremos en la organización», remarcaron los consultados.

El colectivo que preside Francisco José Alcaraz instó al PSOE a sumarse a la convocatoria, puesto que las reivindicaciones que se plantean en esta marcha «no excluyen a ningún demócrata». A través de un comunicado, la AVT aseguró que «no se entendería la ausencia del PSOE» de esta convocatoria si es verdad que los socialistas respaldan cuestiones como la vigencia del Pacto por las Libertades y el Terrorismo. A este respecto, la AVT señaló que ya mostró hace unos días su apoyo a esta manifestación convocada por el Foro Ermua, decisión que este colectivo de víctimas dijo que se ve reforzada por la intervención que tuvo este lunes en el Congreso José Luis Rodríguez Zapatero.

Recortes de Prensa   Página Inicial