AGLI

Recortes de Prensa    Domingo 28 Enero  2007
Mercado fragmentado
Editorial ABC 28 Enero 2007

LA vuelta de tornillo que traen los nuevos Estatutos de Autonomía vacía de contenido las competencias del Estado más descentralizado de Europa, y amplia la capacidad regulatoria e intervencionista de ese neocaciquismo que acampa en muchos de los gobiernos autonómicos que aspiran a revestirse de las facultades de un Estado soberano. La superposición de competencias y normas europeas, estatales y autonómicas, especialmente estas últimas- que no quieren perder ni una sola oportunidad de pedir cuentas a los agentes económicos y sociales- va creando año tras año obstáculos sucesivos y exigencias innecesarias a cuantos ciudadanos quieren desplegar nuevas iniciativas. Construir mercados abiertos y libres no es sencillo, aunque está comprobado que es una de las condiciones necesarias para el progreso y la prosperidad. La idea central de una Europa unida discurre precisamente por el cauce del Acta Única, por la libertad de movimientos para mercancías, capitales, servicios y personas. Ésa fue también la apuesta de la nueva democracia española, simultánea a una amplia descentralización de la gestión pública y a un reconocimiento de las peculiaridades territoriales.

La construcción autonómica, la que ampara el título VIII de la Constitución no está reñida con mercados abiertos y amplios que propicien la competencia. Sin embargo, la codicia en el uso y abuso de competencias y la obsesión por lo peculiar y lo diferente, como señas de identidad, han ido fragmentando el mercado y creando para cada territorio un marco diferente de referencia. Espacios naturales, lógicos, incluso óptimos de mercado, quedan mediatizados y coartados por exigencias políticas y administrativas que priman lo local en perjuicio de la eficacia y del propio interés general. El comercio está regulado de forma diferente en cada territorio, las empresas de servicios tienen que reforzar su carácter local si quieren tener oportunidades en los concursos de adjudicación, las crecientes competencias fiscales autonómicas se usan al servicio de estrategias políticas de beneficios a unos u otros intereses con manifiesta competencia desleal (ayudas públicas apenas disimuladas) entre territorios.

Las empresas e iniciativas con vocación nacional y multinacional tropiezan con las peculiaridades y especificidades de cada legislación autonómica, que funciona como fielato que protege intereses locales. Lo que debía ser un mercado se convierte en 19 , más ineficientes y con menos capacidades que un mercado nacional y europeo liberalizado y abierto. La obsesión estéril de las balanzas fiscales que no tienen en cuenta que para el propio desarrollo se precisan condiciones equivalentes y alto potencial en las zonas vecinas, es un buen ejemplo de una visión parcial y pacata de los problemas, típica en personas que cuando señalan el futuro solo ven el dedo que apunta. La ampliación de las competencias autonómicas, especialmente en materia normativa y regulatoria, siembra el mejor caldo de cultivo de un neocaciquismo político que propicia el clientelismo. Es urgente replantear el perímetro de las competencias territoriales y no confundir descentralización con fragmentación.

Derrotar a ETA": suena bien, pero es mentira
EDITORIAL Libertad Digital 28 Enero 2007

Por primera vez en casi tres años de mandato, un miembro del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha hablado de “derrotar a ETA”. Ha sido el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, quien, en una de sus excursiones de fin de semana a Canarias para hacerse campaña como candidato socialista a la Presidencia autonómica, ha roto uno de los tabúes más contumaces de la política de apaciguamiento aplicada por el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero. El ministro ha asegurado en una emisora local que “el espíritu que anima al Gobierno es el de derrotar a ETA”.

Hasta hoy, tanto el presidente como sus ministros y los dirigentes del PSOE han evitado cuidadosamente identificar el fin del terrorismo con su derrota. No cuentan los melodramáticos golpes de pecho del ex ministro José Bono por la firmeza del Estado ante ETA. Nunca ha sido una voz autorizada en el partido de Zapatero, Blanco y Pachi López; más bien, una cuota excéntrica con la que guardar las formas de un partido nacional y moderado, mientras se desmonta el legado de la Transición y se desguaza la nación para los nacionalistas. Ni siquiera el mismo Bono ha dado nunca el paso de hablar menos y trabajar más por frenar la negociación con los terroristas, que tanto dice repudiar. Por eso, las declaraciones del ministro de Justicia cobran un significado más relevante.

Si alguien ha colaborado de manera entusiasta en que el Estado deponga sus armas contra el terrorismo, ése alguien es López Aguilar. Desde la designación de Cándido Conde-Pumpido como el fiscal general el Estado más gubernamental, partidista y útil a los intereses etarras de toda la etapa constitucional, hasta la sucia destitución de Eduardo Fungairiño como fiscal jefe de la Audiencia Nacional, por no mencionar las recientes declaraciones del propio ministro criticando la decisión judicial de mantener en prisión a Ignacio de Juana Chaos, el hecho es que López Aguilar ha sido uno de los actores más serviciales con los que ha contado el llamado “proceso de paz”.

Si el Gobierno ha proscrito la idea de “derrotar a ETA” ha sido, en buena medida, gracias al abyecto y eficaz sometimiento de la Fiscalía a los intereses de Rodríguez Zapatero, coincidentes con los de ETA en que tanto el político socialista como los asesinos han puesto cada uno su supervivencia en manos del otro. No parece que la invocación de la “derrota de ETA” sea mucho más que un gesto electoralista del ministro-candidato, para consumo interno del electorado ultraperiférico al que le pedirá el voto. Lo que demuestra, por otra parte, que el PSOE conoce perfectamente lo que piensa la Opinión Pública sobre el final de ETA y sabe qué clase de mensajes debe dirigir al electorado si quiere recuperar la sintonía con él.

Los hechos del Gobierno y el Partido a los que pertenece López Aguilar desmienten tozudamente su repentino ataque de firmeza. El PSOE ha sido capaz de romper la unidad con el PP en materia anti-terrorista, sólo por no tener que comprometerse a derrotar a ETA, una meta inaceptable para la continuidad de la negociación en la que Rodríguez Zapatero se juega su poder presente y futuro. La sola iniciativa del PP de rehabilitar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, cuya esencia es la conjura de los demócratas para derrotar a ETA, ha provocado una de las operaciones de frentismo político contra un partido, el PP, más anti-democráticas e indecentes que se recuerdan.

Si el compromiso del ministro-candidato fuera sincero, y “el espíritu del Gobierno” fuese, en efecto, “derrotar a ETA”, el PP podría anunciar mañana mismo su apoyo incondicional a la política anti-terrorista de Zapatero. Cesaría la ambigüedad y la especulación sobre la “paz”, que pasaría a tener un significado muy concreto y fácilmente identificable por todos: vencer al Mal para preservar la Libertad.

“Derrotar a ETA” implicaría que la banda asesina “no tendrá nunca ninguna oportunidad de salirse con la suya” ­[en palabras del propio ministro para su audiencia local] y la negociación se desmoronaría como un castillo de arena. “Derrotar a ETA” es lo único que el PP le ha pedido a Zapatero que diga para estar junto al Gobierno y darle todo su apoyo en este crucial desafío. ¿Es creíble que López Aguilar hable en nombre del Gobierno cuando habla de “derrotar a ETA? El PP tiene una ocasión de preguntárselo antes de que lo destituyan para desautorizarle o le desautoricen para poder destituirlo y enviarlo, de una vez por todas, a su cruzada ultraperiférica.

Agresión nacionalista a la Justicia
Editorial ABC 28 Enero 2007

LA actitud hostil del nacionalismo vasco hacia la Justicia es un obstáculo insalvable para aceptar la posibilidad de que el PNV esté realmente dispuesto a participar en un sincero consenso antiterrorista. La derrota de ETA -pues sólo este objetivo permitiría calificar un acuerdo como antiterrorista- implica la defensa activa del orden constitucional y del sistema legal que los terroristas quieren destruir. Mientras el PNV organice campañas de protesta callejera contra las leyes y los jueces, al mismo tiempo que ETA exige impunidad y sus aprendices de terroristas atacan las sedes judiciales, el nacionalismo gobernante debe asumir la responsabilidad de estar actuando como un amplificador de la coacción etarra contra la Justicia y de obstaculizar la derrota incondicional de esta banda.

En este sentido, la «declaración institucional» que ayer hizo pública el Gobierno vasco constituye la más grave agresión contra la Justicia cometida desde una instancia del Estado. El grosor de las acusaciones y la intensidad del ataque no pueden ser pasados por alto por el Gobierno de la nación, salvo que esté de acuerdo o lo considere un factor nutriente de otras estrategias en las que el PNV le resulta necesario. En dicha declaración, los nacionalistas «moderados», a los que se quiere asociar Rodríguez Zapatero, denuncian sentencias «susceptibles de vaciar y socavar el ejercicio de derechos fundamentales»; atribuyen a la Ley de Partidos el carácter de «legislación de excepción que condenaba a una parte muy significativa de la ciudadanía vasca a la invisibilidad política»; deslegitiman el juicio que celebra la Audiencia Nacional contra el entramado batasuno; recuerdan el cierre de medios de comunicación, y, en el más cruel de los sarcasmos, se atreven a sentenciar que «el respeto a la ley no es la paz del miedo», y lo dicen quienes, sin escrúpulo moral alguno, se han opuesto sistemáticamente a toda reforma legal que pretendiera acelerar la derrota de ETA. Miedo sin paz es, precisamente, lo que ha impuesto en el País Vasco el incumplimiento de la ley y de la Constitución.

Este ataque frontal a la Justicia, especialmente intolerable porque proviene de una parte del Estado mismo, es el umbral de una manifestación convocada por los nacionalistas que culminará la campaña de intimidación a los jueces que tomarán declaración al lendakari Ibarretxe la próxima semana. Nada es casual. El nacionalismo siempre ha deslegitimado la Justicia en el País Vasco como una sucursal del poder central. En esto también coincide con el diagnóstico de ETA y por eso, cuando el nacionalismo juzga y condena a los desafectos al régimen nacionalista, lo hace a sabiendas de que está prefabricando la culpa que privará de inocencia a futuras posibles víctimas de los terroristas. Por eso el PNV nunca se comprometerá en un pacto por la derrota de ETA. La declaración institucional de Lakua podía estar firmada por Batasuna.

El silencio del Gobierno de Rodríguez Zapatero cualifica la estrategia nacionalista contra los jueces. No basta con decir que respeta las decisiones judiciales. También hay que defender el sistema institucional en el que se dictan y el orden legal que aplican. Y el Gobierno socialista -con un ministro de Justicia fuera de lugar- parece satisfecho con dejar a los jueces abandonados a su suerte y a la escasa capacidad del Consejo General del Poder Judicial para enmendar la situación. Sólo en este escenario de soledad se explica que cuatro magistrados, los presidentes de las tres audiencias vascas y un presidente de Sala del TSJ hayan ejercido su -épica- autodefensa con un comunicado que denuncia explícitamente la gravedad del ataque nacionalista, e implícitamente la soledad en la que se hallan frente a la coacción. Todas las resoluciones judiciales deben ser acatadas. No queda otro remedio si se quiere mantener la convivencia sobre bases sólidas y sería bueno poner fin, por parte de todos los grupos políticos, al aplauso o rechazo de graderío con el que se reciben los autos y sentencias de los jueces, lo que no quiere decir que estas decisiones no puedan ser criticadas. Pueden y deben serlo. Pero la Justicia no está viviendo un momento de polémica racional y democrática. La situación es mucho más grave porque el nacionalismo está socavando las bases del Estado de Derecho. Se trata de un crisis cuya causa inmediata -pero no única- está en un cálculo equivocado: el que hizo quien creyó que los jueces, es decir, el Estado de Derecho, se harían invisibles -o mudos, en todo caso- durante un proceso de negociación con ETA y se apartarían ante el avance imparable de una segunda transición a la que le sobra la independencia judicial.

El nacionalismo contra los jueces
POR CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC

El último encontronazo del nacionalismo vasco con la Justicia es el último episodio de una lucha que durará mientras los nacionalistas sigan siéndolo y exista la separación de poderes. Porque uno de los rasgos constitutivos del nacionalismo, evidente en el vasco pero característico de todas sus variedades, es que su relación con cualquier administración de Justicia independiente será no ya conflictiva -que, como todos sabemos, es lo habitual-, sino de abierto antagonismo.

El nacionalismo rechaza cualquier sistema de poderes que no controle en todos sus resortes fundamentales, Justicia incluida, porque acaba frenando sus apetitos de poder ilimitado. Precisamente en eso pensaba Montesquieu: en poner coto a la arbitrariedad y la tiranía. Pero como el gran ilustrado no es plato de gusto abertzale, la sumisión de la Justicia a su proyecto no es algo coyuntural, sino necesario. Incluso un ex rector de la Universidad del País Vasco, Pello Salaburu, nacionalista moderado, ha recordado a los jueces del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que Ibarretxe también es su lendakari, y advertido que al juzgarle humillan a sus votantes. Pero no ve necesario recordar que el lendakari no está por encima de la Justicia, precisamente porque su primera obligación es cumplir y hacer cumplir las leyes, no inventárselas a su medida. Si queremos entender el pensamiento nacionalista en esta materia basta con observar esa manifestación que han convocado contra la justicia -un ataque directo a la democracia-, basada en la pretensión de que el lendakari, como guía y pastor de su Pueblo hacia la Tierra prometida de la Soberanía, está por encima del control judicial: no se le puede juzgar, porque todo lo que hace es (su) Patria (y no se puede juzgar a las Patrias).

Crítica machacona
La asimilación del lendakari a los monarcas absolutos y a los dictadores vitalicios como Francisco Franco o Fidel Castro (dos notorios nacionalistas, también) está profundamente asociada al nacionalismo. Su crítica constante y machacona al sistema judicial como un sistema español impuesto que funcionaría inimaginablemente mejor si fuera un sistema vasco -una de las previsiones centrales del Plan Ibarretxe, compartida por los nacionalistas catalanes-, apenas enmascara la intención de convertir ese «sistema judicial vasco», de existir, en otra red clientelar y de control social.

«Sí, pero el nacionalismo moderado está contra la violencia», alegarán algunos. Lo cierto es que la diferencia con el nacionalismo violento es, de nuevo, de medios más que de fines. ETA y sus satélites no están muy lejos de la demolición sistemática de los principios jurídicos democráticos en que se luce el consejero Azkarraga, aunque en su caso recurran directamente al crimen en vez de a la verborrea y la injusticia. De ahí que el nuevo ataque nacionalista a la Justicia venga provocado por la confluencia de dos conflictos distintos pero de origen común y confluencia obligada: la lucha contra ETA.

El enjuiciamiento de Ibarretxe por sus reiteradas y públicas entrevistas con Batasuna es la cara de una moneda cuya cruz es la reciente resolución de la Audiencia Nacional en el caso de Juana Chaos. La posición de fondo es la misma: que el nacionalismo vasco rechaza la jurisdicción de los tribunales y el imperio igualitario de las leyes, ya se trate de ilegalizar a Batasuna o Segi, ya de tratar a un terrorista en huelga de hambre como lo que es, y no como una falsa víctima del sistema. Porque el nacionalismo se niega a acatar otra ley constituyente que la de imponer su dominación, también rechaza la derrota jurídica de ETA. De consumarse ésta, sería el fin de la impunidad de la violencia política y de la violación del derecho, el comienzo de la real obligatoriedad de las leyes, sin excusas, en una sociedad de ciudadanos iguales. Que es lo que el nacionalismo combate a toda costa.

La tragedia de la ETA
Pío Moa Libertad Digital 28 Enero 2007

Véase a López Aguilar, miembro del gobierno que más ha hecho en favor de los asesinos en toda la historia de la ETA, organizador de la putrefacción de la Fiscalía general del estado para apoyar los tratos (la colaboración) con los pistoleros, contándonos ahora que la banda "no tendrá nunca ninguna oportunidad de salirse con la suya". Tal como Zapo, en su perversión ya casi inconsciente del lenguaje ha catalogado los atentados como "trágicos accidentes", este personaje ha olvidado la palabra "mejor" entre "oportunidad" y "de". Me sorprende el titular de LD: "López Aguilar compromete al Gobierno por primera vez en la derrota de ETA". ¡Qué engañabobos! No lo compromete en lo más mínimo. "El espíritu que anima al Gobierno es el de derrotar a ETA, ha dicho con toda claridad el ministro en una emisora de la SER de Canarias, donde hace campaña electoral los fines de semana". ¿Con toda claridad? Con el más desvergonzado embuste. Hace campaña electoral, entiéndase, y ahí todo vale.

La tragedia de la ETA ha consistido en el sinnúmero de colaboraciones que ha obtenido desde que cometió su primer asesinato. La mayor y más persistente, aquella promovida por PRISA, el PNV, el PSOE y parte de la derecha, según la cual el TNV (Terrorismo Nacionalista Vasco) "no tenía salida exclusivamente policial, sino política". El TNV siempre cayó muy bien a aquella gente, dispuesta a doblegar la ley en su favor y privilegio. De esa "política" ha vivido la banda tantos años. Y de ella han muerto tantas personas. Simplemente por no haberse aplicado consecuentemente la ley al asesinato con pretensiones políticas. Pero nunca hasta el gobierno de Zapo se había premiado de tal modo a los criminales. Ni nunca se habían retratado de tal modo los colaboradores.

Carta original, de la que El Mundo publicó una parte el pasado 19 de enero.
Hace 24 años, como consecuencia de un requerimiento del gobierno español, el catalán procedió a modificar su Decreto 362/1983, del 30 de agosto, y la orden del 8 de septiembre, promulgando en su lugar el Decreto 576/1983, del 6 de septiembre y una orden de fecha idéntica, respectivamente. La modificación solicitada por el Ministerio de Educación consistía en el hecho de que, además de clases de y en catalán, se tenía que profesar a partir de aquel año, a la par de la asignatura de castellano, un área en esta lengua. Estas modificaciones marcaban el límite que había que respetar en la progresiva extensión del catalán como lengua vehicular.

Puesto que aquel requerimiento del Ministerio nos recuerda al aprobado el 7 de diciembre de 2006, por el Consejo de Ministros, pretendemos examinar ahora el cumplimiento del primero. La conclusión a la que llegamos es que nada indica que tal requerimiento fuera satisfecho, a pesar de haber sido plasmado en un Decreto de la Generalidad en 1983. Fue más bien olvidado o sobreseído. Cabe pues, ahora, estudiar cuándo y cómo se llevó a cabo este cambio, o si, de alguna forma, fue derogado. Además de manejar mis propios ordenadores, he visitado a los directores de las bibliotecas de los siguientes centros: Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, Departamento de Educación de la Generalidad, Política Lingüística, Instituto de Estadística de Cataluña, Instituto de Estudios Catalanes, cuya sincera colaboración es muy de agradecer.

Después de penosos esfuerzos, no hemos dado con la respuesta buscada. Tal vez esta hora extra de enseñanza en castellano, como ocurre con cierta frecuencia con el gobierno catalán, fuera contradictoria con normas inferiores que no se habían modificado ni derogado, para ajustarla al Decreto de 1983, y que sin embargo se seguían aplicando. De todas formas, las normativas o informaciones al respecto no fueron impresas hasta 1993 ni aparecen en base de datos alguna.

Cierto es que muchas actuaciones de la Generalidad presentan aspectos chapuceros. Además, a veces, contienen errores generados por el intercambio del sujeto y predicado de una oración, lo cual modifica totalmente el contenido conceptual de las mismas. Y así, la Ley de Normalización Lingüística (7/1983 del 18 de abril) comienza afirmando que la lengua catalana, no definida en esta Ley, es elemento fundamental de la formación de Cataluña. Esto no es cierto. La Ley debería decir algo parecido a «el pueblo de Cataluña es el creador de la lengua catalana», poniendo siempre el acento en el pueblo, que es el sujeto de la acción. Las consecuencias de redactar de ambas susodichas maneras son totalmente distintas.

Un enemigo del pueblo
POR IGNACIO CAMACHO ABC 28 Enero 2007

«El hombre más fuerte es el que más solo está»
(Henrik Ibsen)

COMO aquel doctor Thomas Stockmann de Ibsen, corajudamente enfrentado a la ceguera voluntaria de un vecindario envilecido por el egoísmo, el ex presidente Aznar ha denunciado en San Sebastián que el agua del balneario de la «pazzzzzzz» está contaminada de engaño y de miseria moral, infectada por una bacteria contagiosa de desesperanza y de renuncia. Su intenso, profundo, emotivo alegato en el Memorial Gregorio Ordóñez ha resonado en la escena pública española como la denuncia a contracorriente del «enemigo del pueblo» que Gerardo Vera acaba de reponer sobre las tablas del Centro Dramático Nacional. Una verdad odiosa e hiriente, antipática e hirsuta, que sitúa a la conciencia colectiva ante un incómodo desafío de autocrítica frente a la tentación de la ética indolora y del apaciguamiento táctico.

Al percutir sobre la sugestión de anestesia moral que envuelve la retórica pactista con el disfraz de un «acuerdo de mínimos» y sustituye el objetivo de la derrota del terrorismo por un evanescente «final dialogado de la violencia», Aznar no sólo ha interpelado de forma genérica a la ciudadanía española, sino que se dirige a su partido para enviarle, desde su indiscutible influencia, un mensaje de resistencia y aliento en un momento crítico de duda estratégica. Rodeado por las vestales de la memoria de las víctimas y en un escenario de gran carga simbólica, el ex presidente ha instado a los suyos a reafirmarse en la convicción de la firmeza antiterrorista como un compromiso ético antes que como una necesidad pragmática.

Descargado de responsabilidades electorales, puede permitirse concitar sobre sí la ira de una dirigencia política que, como en el drama de Ibsen, no está dispuesta a abandonar su ventajismo de conveniencia. Y levantar acta de las engorrosas certezas que subyacen detrás del «proceso» y sus avatares. Recordar las traiciones del nacionalismo vasco, la esencia criminal de ETA, el dolor soportado para mantener la lealtad a los valores democráticos, el éxito afanoso de las medidas adoptadas desde el abandonado Pacto de las Libertades. Bárbaras, terribles, amorosas verdades (Celaya) enterradas ahora bajo el manto de las vías blandas, de los paliativos casuísticos, de la reescritura oportunista de una voluntad común de entereza relegada por maniobras narcóticas y frágiles experimentos de aprendices de brujo.

Este discurso seco, rocoso, adusto, de una severidad ceñuda y grave, supone un reto de suma complejidad y alto coste político en medio de una sociedad acolchada por su propio confort y permeable a los mantras moralmente confortables del pensamiento débil. Y no es Aznar, sino la actual dirección del PP, quien debe administrar ante las urnas el capital cuya plusvalía moral reivindica el ex jefe del Gobierno. Como un doctor Stockmann colegiado, el partido de la oposición ha de decidir si arrostra el riesgo impopular de una soledad anclada en sus convicciones y se lanza a sí mismo el pulso de defender a contraviento el patrimonio de su coherencia.

Las puñaladas contra Montesquieu vienen por los dos lados
Alfonso Basallo elsemanaldigitall 28 Enero 2007

El Gobierno vasco está muy preocupado por las actuaciones judiciales contra sus políticos. Generan "convulsión permanente", aseguran. Que se tomen una tila.

28 de enero de 2007. Ocurre siempre. Cuando el Estado de Derecho aprieta las clavijas a los gangsters y a sus cómplices políticos, éstos se rasgan las vestiduras con aire farisaico y se ponen muy dignos advirtiendo que los jueces no deben extralimitarse.

Lo hacían los senadores y funcionarios untados en el Chicago de los años 30, cuando aquello, y lo hacen los peneuvistas de 2007, cuando esto…

El semáforo rojo que acaba de encenderle el Gobierno vasco a los jueces es un caso diáfano. La declaración institucional es asaz elocuente. Por el contexto… y por el texto.

Contexto. Sacan la encíclica a los tres días de que el juez Alfonso Guevara haya salvado la dignidad el Estado de Derecho (y metido en un serio aprieto a Zapatero y al PNV), al poner a De Juana Chaos en su sitio: esto es pudriéndose en prisión, con tranquilidad y buenos alimentos. Y a la semana de que la Justicia llame a las cosas por su nombre (Jarrai no es la OJE sino una banda de terroristas).

Y en vísperas de que Ibarretxe declare ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, como imputado por reunirse con Batasuna. Ahí le han dado.

No menos significativo es el texto. Van y dicen estos viejos cómplices del miedo, que parten "de la defensa leal de la división de poderes" ¿Ah si? Excusatio non petita… Porque a la vez , señalan que determinadas decisiones judiciales generan "convulsión permanente" y terminan diciendo que siembran "la sospecha" de que "el lehendakari de todos los vascos comete un delito por reunirse a dialogar". Acabáramos.

Mucho se les ve el plumero a quienes han gobernado y medrado durante más de treinta años en Eusko-Chicago, gracias a su connivencia con los reventadores de nucas, los secuestradores de funcionarios de prisiones, y los fabricantes de viudas.

Tiene toda la razón Aznar al apuntar al PNV como "parte del problema" y al afirmar que "nunca ha querido, ni querrá derrotar a ETA". ¿Cómo va a querer si la banda de la muerte es su seguro de vida político?

Aunque habría que recordarle al iracundo ex presidente que el PNV tampoco estaba por la labor de derrotar a ETA cuando fue el aliado parlamentario del PP, hace diez años. Te han pillado Josemari.

La culpa no es exclusivamente de Aznar sino del sistema alumbrado en la Transición, cuando se cedió a los nacionalismos la llave de los pactos y de la gobernabilidad y, en definitiva, la sartén por el mango.

La crítica del Gobierno vasco a la Ley de Partidos resulta no menos esclarecedora. Es una forma más de encubrir al entramado gangsteril, puesto contra las cuerdas con la ilegalización de Batasuna o el desenmascaramiento de Jarrai.

En este sentido, rindió un gran servicio al Estado de derecho el juez Garzón con el sumario 18/98 al dictaminar que Batasuna y ETA eran una misma cosa y que la hidra terrorista tiene ramificaciones en diversos ámbitos pero con un mismo objetivo.

Claro que eso era antes de perder el norte y contradecirse a sí mismo, al dejar que Otegi se vaya de rositas y no citarle como imputado por hablar en nombre de Batasuna. Garzón se refugia en la ambigüedad de que las alusiones del ex secuestrador de Javier Rupérez a Batasuna son "una referencia aislada". Lo cierto es que Otegi habló en siete ocasiones siete en nombre de la Cosa en la rueda de prensa tras el atentado de Barajas.

Claro que Arnaldo, el ex secuestrador, es "un hombre de paz" y además ETA se encuentra ya en su "fase final", como sabe muy bien el juez metido a imitador de Gabilondo, con esa modalidad de entrevista-vaselina que le hizo a Zapatero.

Como ven, las puñaladas traperas contra el pobre Montesquieu vienen de todos los lados: de los cómplices de los gángsters y de algún que otro magistrado que se ha arrimado demasiado al poder Ejecutivo.

Por la dignidad de las víctimas
Antonio Jiménez Periodista Digital 28 Enero 2007

Con su resolución, doce de los dieciséis magistrados de la Audiencia Nacional que decidieron que De Juana Chaos continúe como está, o sea, en prisión provisional y hospitalizado, no solo no se plegaron al chantaje del etarra en huelga de hambre sino que defendieron, por encima incluso del Estado de Derecho, la dignidad de los 25 españoles inocentes que asesinó en sus tiempos de violentas correrías al frente del sanguinario "Comando Madrid".

Ellos, sus familias y las de todas las víctimas insultadas y agredidas por el fanatismo y la vehemencia del terrorista convicto y confeso, que nunca se arrepintió ni pidió perdón, son los que se han sentido más reconfortados, sin duda, por la plausible decisión adoptada.

Los doce miembros de la sala de lo Penal que no sucumbieron a la coacción y al desafío planteado por De Juana con su segunda huelga de hambre, han ratificado nuestra confianza en la Justicia frente a las veleidades coyunturales y oportunistas de quienes miden su tiempo en función del interés político.

De Juana podrá "ser un hombre que está en el proceso de paz", como dijo Zapatero, pero las victimas del terrorismo y la mayoría de los españoles que nunca confiaron en ese camino incierto y aventurado que concluyó temporalmente en la T 4 de Barajas, prefieren que siga en prisión y no en su casa como se ha intentado.

Teresa Becerril y sus hijos, Francisco y Teresa, no tendrán que lamentar el agravio y el desprecio que por su condición de víctimas habría supuesto el hecho de que alguien que escribió "me encanta ver las caras desencajadas de los familiares en los funerales. Aquí, en la cárcel, sus lloros (los de ellos y los tres huérfanos que dejaron Alberto y Ascen Jiménez Becerril) son nuestras sonrisas y acabaremos a carcajada limpia.

Esta última acción de Sevilla ha sido perfecta; con ella ya he comido para todo el mes", hubiera conseguido la rendición del Estado con su chantaje.

De Juana ya no podrá brindar por "el que habría supuesto su último atentado", gracias a que unos jueces de la Audiencia Nacional, con Alfonso Guevara a la cabeza, han antepuesto razones de dignidad y justicia, en las que han depositado las víctimas su última esperanza, a otras supuestamente humanitarias como las argumentadas para evitar la muerte del etarra, por los mismos que, sin embargo, defienden la libertad de las personas para elegir entre vivir y morir y eligen libremente la suave y dulce muerte, que según ellos, procura la eutanasia. A De Juana, sin embargo, había que salvarle sin dejarle elegir, ¿por razones humanitarias o de conveniencia política?

Zapatero: de viles crímenes a fatales accidentes
Sancho Michell de Diego Periodista Digital 28 Enero 2007

Hacía tiempo que no escuchábamos a José María Aznar; por fin ha roto su silencio arremetiendo contra el Gobierno de Rodríguez Zapatero en materia de lucha antiterrorista, calificando los proyectos del Ejecutivo como «sectarios y excluyentes» en el curso de la entrega en San Sebastián de un premio al ex Presidente del Gobierno, el cual lleva el nombre de Gregorio Ordóñez.

Es indudable que la estrategia puesta en práctica por estos socialistas -por éstos y no por otros, a quienes no se les hubiese ni tan siquiera pasado por la cabeza llevar a término una política de mínimos en esta materia-, no hace sino fomentar a los terroristas a volver al tiro en la nuca, al chantaje, y a la permanente coacción y provocación a España, a los españoles y al conjunto de sus instituciones democráticas, todo ello en connivencia y con el visto bueno de Rodríguez, para quien, a la vista está, lo que antes eran viles crímenes, ahora han pasado a ser fatales accidentes.

Dar por finalizado el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo ha sido un error que Zapatero y sus adláteres arrastrarán hasta el final de sus días en este desgobierno que nos desgobierna; la ilegalización de Batasuna, el endurecimiento del Código Penal y la ofensiva internacional fueron iniciativas que permitieron que el Gobierno de Aznar arrinconara a la ETA y a su entorno abertzale hasta estrangularla casi por completo en todos los órdenes (político, económico, callejero, mediático, policial, judicial, etc.). Pero ya se ha encargado don José Luis de que cambiase la situación por completo, y de qué forma!

Zapatero asegura que el Ejecutivo no pagará, en ningún caso, un precio político por la paz, dando por roto el diálogo con los asesinos; ahora sólo hace falta que ponga en práctica todas esas solemnidades con las cuales se le llena la boca. ¿Qué pensará entonces de Patxi López, discrepante a más no poder con fallo de la Audiencia Nacional que mantendrá a esa basura de De Juana Chaos enchironado? Sí, es una basura humana, ¿y qué?

Acierta de pleno Aznar cuando afirma que jamás se debe unir el final del terrorismo con una negociación política bajo ningún nombre. La única solución para la ETA es entregar sus armas y cumplir todas y cada una de las penas que la Justicia les imponga de manera íntegra, y punto, porque este pacto Zapateril, lo único que va a hacer es alentar a la ETA a negociar y a seguir matando.

Transparencia democrática y libertad de expresión
Pilar Aizpún Bobadilla Periodista Digital 28 Enero 2007

Una democracia no consiste solo en unos señores que votan para elegir el Gobierno que ha de regir sus destinos en los años venideros. Esto puede ser el camino hacia la dictadura. Una democracia es mucho más que eso. La democracia verdadera exige muchas cosas:

-Exige un Estado de Derecho, en el que se garantice que todos los ciudadanos son iguales ante la Ley. Eso exige a su vez un poder judicial independiente, como ya estableció el genial Montesquieu en su “Espíritu de las leyes”.

-Exige unas leyes justas, elaboradas con participación directa o indirecta de la ciudadanía. Aunque para facilitar el funcionamiento cotidiano de un país, las leyes se suelen elaborar y votar en el Parlamento, sería más democrático que los ciudadanos también pudieran presentar de alguna manera iniciativas legislativas en el parlamento. Y que las leyes y las líneas de actuación más importantes de los Gobiernos pudieran ser sancionadas por los ciudadanos en referendum. En España, por desgracia, tenemos partidos políticos rígidos, un sistema que facilita el chantaje de las minorías parlamentarias, y muy poca democracia directa. ¡Qué se le va a hacer!

-Exige libertad de pensamiento, de información y de expresión. Sin eso, la manipulación de las masas sería inevitable, por parte de un poder al que siempre hay que poner coto, porque de suyo, intenta controlar más de lo que debe y eternizarse. La verdadera información exige el derecho a ejercer la crítica del poder ejecutivo, aunque eso duela al poder ejecutivo y a sus admiradores. Eso es la libertad de expresión.

-Exige poder poner límite al poder ejecutivo, con sistemas legislativos pactados que no se puedan modificar así como así, y que contengan el espíritu del modo de convivencia y de los valores que unos ciudadanos quieren darse a sí mismos: la constitución.

-Exige transparencia en la gestión del ejecutivo, para que no se pueda engañar al ciudadano, que es a quién ha de rendir cuentas. Para eso es necesario que se pueda controlar la gestión del Gobierno en el Parlamento, con dos objetivos: oponerse a los errores o a los abusos de poder, informar a la ciudadanía –no solo a los partidos- y votar en contra, si las mayorías lo hacen posible. El que manda ha de ser siempre limitado en el ejercicio de su mandato. Si no, corre el riesgo de convertirse en un tirano solapado, y de cambiar las reglas de juego para perpetuarse en el poder.

-Exige una sociedad civil fuerte, informada y activa, que pueda hacer frente a los abusos del poder, influir en los partidos políticos, abrir diferentes cauces de participación ciudadana.

Por eso, en una democracia no caben mesas de partidos al margen del Parlamento. No existen foros más adecuados que el Parlamento. No caben partitocracias ni bloqueos del Parlamento para evitar debates. No caben negociaciones ocultas sobre ningún tema. No caben secretismos ni ocultismos para “no alarmar a la población”. La población es adulta. No pasa nada por alarmarla. No caben silencios ni censuras informativas sobre asuntos que a todos nos incumben.

Tenemos derecho a saber. No somos tontos. El Gobierno puede tener hombres y mujeres más o menos preparados. Pero los demás somos tan listos o más que ellos, y estamos perfectamente preparados para intervenir en la vida pública siempre que sea necesario o así lo consideremos. Porque eso es la democracia. Ése es mi derecho de ciudadano.Y me da igual si en el pasado otros lo hicieron bien o mal. Lo que yo exijo es que hoy y mañana, la democracia sea más democracia, y que cada día funcione mejor. Y tengo derecho a ello...aunque nadie me haga caso.

Estado de delirio
ANTONIO MUÑOZ MOLINA El País 27 Enero 2007

La política española resulta tan difícil de explicar al extranjero porque está toda entera contaminada de delirios, algunos de ellos tan difundidos, tan arraigados, que casi todo el mundo ya los confunde con la realidad. El delirio ha sustituido a la racionalidad o al sentido común en casi todos los discursos políticos, y los personajes públicos atrapados en él lo difunden entre la ciudadanía y se alimentan a su vez de los delirios verbales y escritos de unos medios informativos que en vez de informar alientan una incesante palabrería opinativa. La actualidad no trata de las cosas que ocurren, sino de las palabras que dicen los políticos, de los cuales no se conoce apenas otra cosa que sus exabruptos verbales. En ningún país que yo conozca los titulares están tan hechos casi exclusivamente de declaraciones entrecomilladas. El que llega de fuera se ve asaltado, nada más subir al taxi en el aeropuerto, por un zumbido perpetuo de opinadores que someten a escrutinio las declaraciones y contradeclaraciones previamente enunciadas por los charlistas de la política. Da la sensación de haber entrado en un bar de barra pringosa en el que el humo de la palabrería fuera más denso que el del tabaco, y en el que un número considerable de afirmaciones tajantes parece dictado por la ofuscación de una copa matinal de coñac.

El delirio contamina todos los saberes y con frecuencia termina por sustituirlos del todo. Hay una geografía delirante, que se manifiesta, por ejemplo, en los textos escolares y en los mapas de las noticias sobre el tiempo, y en virtud de la cual cada comunidad autónoma es una isla rodeada de un gran espacio en blanco y sin nombre o se dilata para abarcar territorios soñados. Casi cualquier delirio es un delirio de grandeza. El País Vasco abarca en los mapas Navarra y una parte de Francia: Cataluña se extiende hacia el norte y a lo largo del Levante y por las islas del Mediterráneo, en un ejercicio de megalomanía geográfica que se parece bastante al de los reinos que don Quijote imaginaba que conquistaría con su bravura de caballero andante. Galicia se agranda por las anchuras atlánticas de la lusofonía y por los confines de niebla de los reinos celtas. Y no quiero pensar qué ocurrirá cuando los cerebros políticos de mi tierra natal descubran por azar algún libro en el que se muestre que hubo una época en la que el territorio de Al-Andalus cubrió casi entera la península Ibérica y una parte del norte de África.

La geografía fantástica se corresponde con el delirio lingüístico: en esos mundos virtuales el español es un idioma molesto y residual que sólo hablan guardias civiles, emigrantes y criadas, y que por lo tanto no merece más de dos horas de enseñanza semanal en las escuelas, aparte de comentarios despectivos sobre su rusticidad y su patético provincianismo. Al fin y al cabo sólo se habla en tres continentes. Cuando no hay modo de prescindir de este idioma al parecer extranjero que sin embargo es el único de verdad común de toda la ciudadanía, se le desfigura en lo posible con una ortografía delirante, que debe de ser un enigma para la inmensa mayoría de los cientos de millones de hablantes que lo tienen como propio. Y cuando los jerarcas de tales patrias viajan por el mundo se convencen a sí mismos en su delirio de que hablan inglés, para no rebajarse a la indignidad de hablar español: pero con raras excepciones hablan inglés tan mal y con un acento español tan inconfundible que sólo los entienden los españoles diseminados entre el público, que constituyen, por otra parte, la mayoría de éste. Los dignatarios -da igual el partido o el territorio al que pertenezcan- cultivan un delirio grandioso de política internacional, y viajan por el mundo con séquitos más propios de sátrapas que de gobernantes democráticos, con jefes de prensa y de protocolo, con asesores, con periodistas, con fotógrafo de corte y cámaras de televisión, incluso con pensadores áulicos, en algún caso muy selecto. Se alojan en los mejores hoteles y gastan el dinero público con una magnanimidad de jeques petrolíferos. Viajan con el pasaporte de un país cuya existencia niegan y utilizan los servicios diplomáticos y consulares de un Estado al que no se consideran vinculados por ninguna obligación de lealtad, y aseguran que el motivo de tales viajes es la promoción internacional de sus respectivas patrias, provincias, principados, o reinos: obtienen, es verdad, una gran cobertura mediática, si bien no en los periódicos del país que han visitado, sino en los de la comunidad o comarca de origen, en la que todo el mundo parece aceptar sin sospecha el delirio de los resultados provechosos del viaje, así como la cuantiosa inversión necesaria para que sus excelencias celebren en Nueva York o en Melbourne una mariscada suculenta de la que habrían disfrutado lo mismo sin marcharse tan lejos, o hagan unas declaraciones a la televisión autonómica o al diario local a seis mil kilómetros de distancia.

El delirio afecta lo mismo al pasado que al presente, por no hablar del porvenir. Jovenzuelos malcriados que disfrutan de uno de los niveles de vida más altos del mundo se adornan de un corte de pelo carcelario y de un pañuelo palestino y se imaginan que participan en una intifada o en un motín kurdo o irlandés quemando los cajeros automáticos de sus opulentas instituciones bancarias y los autobuses de un servicio municipal de transportes lujosamente subvencionado, sin correr más peligro que el de un siempre desagradable enfriamiento después de la carrera delante de los paternales policías. En la escuela les han enseñado geografía fantástica y una historia mitológica inspirada en folletines truculentos del siglo XIX. Los tebeos de Astérix y las columnas de astrología de las revistas del corazón son más rigurosos que la mayor parte de sus libros de texto, pero tienen efectos menos tóxicos sobre las conciencias.

El delirio no sólo determina las historias que se cuentan en la escuela. Una editorial de prestigio le encarga a un escritor un libro sobre la caída de Barcelona al final de la guerra. Al escritor no le cuesta confirmar lo que sabe o sabía todo el mundo: que las tropas de Franco fueron recibidas en Barcelona por una muchedumbre entusiasta -ya observó Napoleón que en cualquier gran ciudad hay siempre cien mil personas dispuestas a vitorear a quien sea- y que en el ejército vencedor y entre la nueva clase dirigente había un número considerable de catalanes. Al escritor le dicen que el libro no puede publicarse, sin embargo: no porque cuente mentiras, sino porque las verdades que cuenta no se ajustan al delirio oficial sobre el pasado, según el cual la Guerra Civil española fue una guerra de España contra Cataluña, y ningún catalán fue cómplice de los zafios invasores, igual que ningún vasco llevó la boina roja de los requetés en el ejército de Franco.

El delirio niega la realidad pero puede tener efectos devastadores sobre ella. En España no queda nadie o casi nadie que simpatice de verdad con el fascismo o con el comunismo, y sin embargo se oye con frecuencia creciente que al adversario se le califica de facha o de rojo, con una insensatez verbal que hiela la sangre, y que revela una voluntad de ruptura de la concordia civil copiada de lo peor de los años treinta. Cuando a uno lo pueden llamar rojo por creer que el atentado del 11 de marzo lo cometieron terroristas islámicos o fascista por no eludir siempre la palabra "España" o defender la Constitución de 1978 está claro que el debate político ha caído en un extremo irreparable de delirio.

Por culpa del delirio de José María Aznar nos vimos involucrados en una guerra de Irak que ya era en sí misma otro delirio y en la que no contábamos militarmente para nada, pero que enconó el clima político del país y nos hizo más vulnerables a la amenaza del terrorismo integrista. Poseído por un delirio en el que ya vería a sí mismo coronado por los laureles de la Paz, esa bella palabra, el actual presidente no consideró oportuno prestar atención a los muchos indicios que venían avisando de que su negociación con los pistoleros y con los socios y beneficiarios de éstos no iba por buen camino. Tratar con gánsteres puede ser a veces tristemente necesario, pero conlleva el peligro de que los gánsteres tomen por blandura la benevolencia cautelosa del interlocutor y al menor contratiempo vuelquen la mesa de póquer y se líen a tiros. Que los servicios secretos no hubieran advertido lo que se aproximaba no tiene mucho de extraño, ya que tales servicios, casi en cualquier parte del mundo, se caracterizan por no enterarse de nada, contra lo que sugiere una extendida superstición literaria y cinematográfica: lo asombroso es que nadie en el entorno presidencial leyera los periódicos. La insolencia creciente de las hordas vándalas del norte, las cartas de chantaje y amenaza, los robos de pistolas y de explosivos, el descaro con que los terroristas presos amenazaban de muerte a los magistrados que los juzgaban (ante el apocado retraimiento, por cierto, de los policías encargados de reducirlos, quizás temerosos de provocarles una luxación si les ponían las esposas desconsideradamente ): es increíble la cantidad de cosas que uno puede no ver cuando se empeña en cerrar los ojos.

También es llamativa la complacencia con que tantas personas de izquierda han resuelto en los últimos años abolir toda actitud que no sea de inquebrantable adhesión al Gobierno. He leído textos conmovidos sobre la felicidad de estar "al lado de mi presidente", y escuché hace poco en la radio a un entusiasta que llevaba su fervor hasta un extremo de marcialidad, asegurando que él, en estas circunstancias, se ponía "detrás de nuestro capitán, en primer tiempo de saludo", tal vez no el tipo de incondicionalidad más adecuado para el primer ministro de una democracia. Quizás uno, como va cumpliendo años -enfermedad política que denunciaba hace poco en estas mismas páginas Suso de Toro, a quien cabe suponer venturosamente libre de ella- conserva el recuerdo de otra época en la que las personas de izquierdas podíamos ser muy críticas y hasta en ocasiones hostiles hacia otro gobierno socialista, o por lo menos no incondicionales hasta la genuflexión, hasta las lágrimas. No digo que no haya motivos para oponerse a una deplorable Oposición, avinagrada y sombría, que no parece capaz de desprenderse de su propio delirio de conspiraciones, y en la que todo el talento de sus dirigentes da la impresión de estar puesto al servicio, sin duda generoso, de favorecer a sus adversarios. Lo que me sorprende es este nuevo concepto de la rebeldía y de disidencia, que consiste en rebelarse contra los que no están en el poder y en disentir de casi todo salvo de las doctrinas y las directrices oficiales. El delirio perfecto, sin duda: disfrutar de todas las ventajas de lo establecido imaginando confortablemente que uno vuelve a vivir en una rejuvenecedora rebeldía, inconformista y a la vez enchufado, obsequioso con el que manda y sin remordimientos de conciencia, gritando las viejas y queridas consignas, como si el tiempo no hubiera pasado, en la zona VIP de las manifestaciones, enaltecido a estas alturas de la edad por una cápsula de Viagra ideológica.

Antonio Muñoz Molina es escritor.

Los historiadores exigen al Gobierno que defienda una educación común en España
«El Ministerio elude su responsabilidad y ha abdicado en la defensa del conocimiento», denuncia Rodríguez Adrados - Seco Serrano advierte: «No se puede enseñar la Historia reciente cuando se prescinde de la anterior»
J. Ors La Razón 28 Enero 2007

MADRID- La tendencia del siglo XX se ha convertido en un hecho en el siglo XXI. George Steiner lo explicó con claridad en «Elogio de la transmisión» (Siruela): «Nuestra escolaridad, hoy, es amnesia planificada». Y el viejo maestro parece que no se equivocaba. Lo había advertido con anterioridad en otras obras suyas y había mostrado su preocupacion por la pérdida del legado cultural europeo y el paulatino deterioro de la educación. «Hablar mal viene a significar que se trata de alguien que dice la verdad... Y al revés: hablar demasiado bien es un síntoma claro de falta de honradez», comenta. La pérdida de horas lectivas en los colegios de asignaturas como la Historia, Lengua y Literatura, y la falta de un consenso común -serán las comunidades autónomas las que determinen cuáles son los contenidos de estas disciplinas y si se estudia o no, por ejemplo, a Carlos V o si se leerá a Cervantes o Calderón- pueden dejar un importante vacío intelectual en los alumnos. Steiner, una vez más, explicó qué relevantes son las humanidades: «En griego antiguo se definía al hombre como “animal que habla”, no como “animal que construye, que calcula, que hace la guerra”».

Responsabilidad nacional
Francisco Rodríguez Adrados, catedrático de la Universidad Complutense y académico de la Real Academia Española y de la Historia, ha expresado más de una vez su disconformidad con las iniciativas orientadas a reducir el peso de las letras, como los reales decretos de enseñanzas mínimas que se han aprobado el pasado mes de diciembre. «No entiendo que el conocimiento de Matemáticas o de Griego de un estudiante de Madrid, Santander o Andalucía sean diferentes». El profesor argumenta: «Estoy contra todo esto, porque pienso que tiene que haber una responsabilidad nacional y un contenido también común para todos». El historiador Julio Valdeón comparte la opinión anterior: «La Historia es un rasgo de los hombres.

Biológicamente no hemos cambiado en muchos años, pero sí nuestras circunstancias. Ahí es donde quedan patentes los progresos que hemos conseguido los hombres». Para él, es un poco «fuerte» la descompensación que existiría ahora entre los contenidos dedicados Atapuerca y el siglo XIX respecto al XX (sobre todo II República y Franquismo). «No se puede olvidar la Historia de España de la Edad Moderna o la Edad Media, que es cuando nace nuestro idioma, se forman las universidades y las cortes, entre otras muchas cosas». Y añade, con sorpresa, lo que puede suponer que no se incluya en la instrucción de un alumno el descubrimiento de América , que se produjo en el siglo XV. Por eso aboga por una posición distinta: «Se está marginando mucho a las Humanidades y no debería suceder. Tendríamos que converger a un bachillerato europeo, a una historia común de Europa y luego, también, de los países que lo forman».

El catedrático y miembro de la Real Academia de Historia, Carlos Seco Serrano, también se adhiere a estas críticas: «Con franqueza, creo que se rehúye el conocimiento auténtico, el que nos interesa a todos y que es el nuestro, el común». Está de acuerdo en que se enseñe en las aulas los acontecimientos cercanos a nuestros días, pero subraya que «está bien que se contemple la II República. Hay que conocer la Historia próxima. Pero no se puede prescindir de la anterior».

Degradante
Rodríguez Adrados ve en estas medidas «un verdadero problema», sobre todo por las tensiones territoriales, y explica: «Esperanza Aguirre intentó unificar la Historia de España y tuvo un choque muy fuerte con algunas fuerzas políticas. Lo cierto es que es muy degradante que no figuren los Reyes Católicos o que las lenguas clásicas queden relegadas como opcionales en la ESO y no se mencionen en bachillerato». Después aduce: «Es un problema que se ha dejado a las comunidades autónomas. A lo mejor, algunas de ellas mejoran esa carestía, pero de lo que no cabe duda es que el Gobierno está eludiendo su responsabilidad en esta materia. El Ministerio de Educación ha abdicado de la defensa del conocimiento en España».

Julio Valdeón muestra sus dudas sobre la efectividad de este proyecto. Por eso comenta: «En un libro de texto en Cataluña había referencias a la provincia tarraconense, pero no a la Hispania romana. No deja de ser curioso cuando fueron los propios catalanes los que denominaron al Conde de Barcelona el primer Conde de España». Para evitar estas contradicciones, Valdeón aboga por la existencia de unos temas troncales para todo el país, lo que no implica renunciar a un temario específico ligado a cada región». El historiador es partidiario de unos porcentajes que garanticen la presencia de un temario común que no pierda presencia ante el empuje de los específicos.

Antecedentes
Carlos Seco Serrano estuvo en la comisión para la Ley de Humanidades cuando Esperanza Aguirre ocupaba la cartera de Educación, y advierte de los riesgos que conllevan estas medidas: «Ya me topé con ciertas posturas entonces que pretendían primar lo local sobre los conocimientos generales que afectan a todos. Pero lo primero para mí, y es lo que defendí en aquella ocasión, es la historia general y que después se profundice en lo parcial o en lo local. En ellos, en cambio, pesaba, ante todo, lo particular, menospreciando lo que nos interesa y es importante para la mayoría».

Seco Serrano señala que hace falta una reflexión porque «la enseñanza media está por los suelos y a este problema se suma ahora la desaparición de la disciplina en las aulas españolas. Lo que era el orden. Habría que restablecer muchas cosas hoy en día que se han tirado por la borda en el pasado». Las consecuencias de esta ley son difíciles de calcular y dependerá de cómo se aplica en las diferentes comunidades, pero Seco Serrano ya plantea una pregunta para ir pensando y que despierta cierta inquietud: «¿A dónde nos puede conducir todo esto?»

Silenciar las materias importantes
La presión educativa no recae sólo sobre los alumnos. Los profesores también asumen parte. «Son víctimas de muchas presiones», comenta Rodríguez Adrados. «En la actualidad tienen que estar muy pendientes de las reuniones, los programas pedagógicos... el profesor está desmoralizado. Por eso, muchos de ellos se jubilan y otros se intentan defender como pueden». El descenso en el nivel de enseñanza entre los estudiantes ha pasado, para él, de ser un riesgo a una realidad tangible. «No sólo ocurre en nuestro país. También sucede en todo el mundo. La diferencia es que en España este bajón es hasta oficial». Para Rodríguez Adrados, los problemas comenzaron con la Logse y lo que viene después no son «más que parches». «Cuando se defendió que la educación debería llegar a todos, los profesores estábamos de acuerdo, pero creíamos que esta idea se llevaría a cabo manteniendo los niveles de la enseñanza, jamás reduciéndolos, como ha sucedido en España».

Para Rodríguez Adrados, tanto en Literatura, como en Historia y Lengua y lenguas clásicas, lo vital es mantenerlas como materias comunes y, por supuesto, «no rebajar» su contenido. Por eso apunta: «Se han creado mil facilidades para que los alumnos prosigan con sus estudios a pesar de que no tengan los conocimientos pedidos. Ahora se pretende con materias nuevas silenciar los temas importantes. Es irregular, inadecuado y estamos completamente indefensos ante ésto».

«La Literatura prácticamente desaparece»
M. Carbonell La Razón 28 Enero 2007

Madrid- La enseñanza en los institutos, anterior a la universitaria y base de la formación de cada estudiante, corre también el riesgo, con la reforma del Gobierno, de vaciar de contenido las humanidades. Así lo explica la presidenta de la Asociación de Catedráticos de Instituto (Ancaba), Pilar Cavero. «Mi valoración personal de la ley es negativa, y la deriva que toma con este nuevo decreto tampoco es buena», dice. ¿El motivo? «Los nuevos planes de estudio están mal estructurados y no van a ayudar en nada a mejorar una situación que ya es bastante mala de por sí. En el caso de mi especialidad, los denominados bloques (la distribución de la asignatura), quedan muy difuminados, porque se mezclan contenidos de Geografía e Historia, lo que ralentiza el aprendizaje», explica.

«Tergiversan la Historia»
La controversia que se ha generado en los últimos años con la diferente historia que se estudia dependiendo de la región en laq ue se viva es otra de las críticas que Cavero hace a la nueva norma. «En tercero y cuarto de Secundaria debería estudiarse la Historia a fondo, con pinceladas de Arte, porque, de otra forma, el alumno no adquiere una visión global, una cronología de los acontecimientos. Como la Historia tiene una parte subjetiva, resulta muy manipulable».

En este punto incide la catedrática y explica que «algunos gobiernos autonómicos de corte nacionalista tergiversan los hechos según su propio punto de vista. Cada uno enseñará su propia historia como si fuera el ombligo del mundo. Hay una clara manipulación de la Historia, porque se destacan hechos sacados de contexto».

La Literatura es, a juicio de Cavero, otra de las grandes sacrificadas. «La barren, prácticamente desaparece», denuncia. El problema es que se hace una mezcla de Lengua y Literatura, en la que la segunda sale muy perjudicada.

Crece mucho, sin embargo, la importancia de materias como Informática e Inglés. «Sí, puede que los niños sepan ahora más informática e inglés que antes, porque lo necesitarán en el mundo laboral, pero, ¿y la cultura general?

Cavero critica también la formación que tienen muchos maestros. «Las nuevas generaciones de profesores, que son “hijos” de la Logse, tienen vacíos, ellos mismos tienen carencias, lo puedes ver hoy en día. Para más “inri”, las carreras universitarias son cada vez más específicas, más especializadas, porque lo reclama el mercado. Una cosa va sobre la otra y, al final, la ignorancia. Y lo peor es que no son conscientes de ella, porque la primera premisa es el “sólo sé que no sé nada”, pero ya, ni eso».

Por último, Cavero responsabiliza al Ministerio de Educación de esta situación. «Tiene toda la responsabilidad. Los alumnos salen de colegios e institutos muy mal preparados, algunos parece que sólo sepan escribir sms (mensajes cortos de teléfono)».

La enseñanza en los institutos, anterior a la universitaria y base de la formación de cada estudiante, corre también el riesgo, con la reforma del Gobierno, de vaciar de contenido las humanidades. Así lo explica la presidenta de la Asociación de Catedráticos de Instituto (Ancaba), Pilar Cavero. «Mi valoración personal de la ley es negativa, y la deriva que toma con este nuevo decreto tampoco es buena», dice. ¿El motivo? «Los nuevos planes de estudio están mal estructurados y no van a ayudar en nada a mejorar una situación que ya es bastante mala de por sí. En el caso de mi especialidad, los denominados bloques (la distribución de la asignatura), quedan muy difuminados, porque se mezclan contenidos de Geografía e Historia, lo que ralentiza el aprendizaje», explica.


Raúl Guerra Garrido, escritor y Premio Nacional de Literatura:
«Si no se tiene en cuenta el miedo en el País Vasco, todo lo que se negocie será falso»

El escritor, que publicará «La soledad del ángel de la guarda», una novela sobre un escolta, es un testigo de los primeros años de la resistencia civil contra el terrorismo
Manuel Calderón La Razón 28 Enero 2007

«Un nacionalista entiende sólo la negociación dándole la razón; en cuanto no se la das, eres un intolerante», dice el escritor

Madrid- Siento pudor al oír hablar a Raúl Guerra Garrido: es como ver a alguien desnudo, mejor dicho, despojado de su ropa a la fuerza. El dolor, por más sangrante, es íntimo, y la literatura le protege. Hace años que quiere escribir una novela «posterrorista». Cree que no llegará ese momento. Guerra Garrido es un testigo incómodo de una crónica negra de la política: la exclusión de una parte de la sociedad vasca por su desapego inquebrantable al nacionalismo hegemónico. Su testimonio viene de la prehistoria de la resistencia civil al terrorismo. Muy a pesar suyo, fue el primer escritor que trató en una novela el terrorismo vasco en «Lectura insólita de “El capital”». Era 1976 y la lista de este macabro género sigue siendo muy escasa. Estudió la carrera de Farmacia en Madrid, donde nació, y llegó a Guipúzcoa a trabajar en la industria en los primeros años sesenta. «Esa epopeya individual pero a la vez muy colectiva es lo que me sedujo del País Vasco y por lo que probablemente me quedé y es lo que siempre me ha interesado escribir. Pero literariamente, la aparición de la violencia me ató del todo», dice.

-Cuando en 1970 escribió «Cacereño», su primera novela, no podía imaginar que casi cuarenta años después seguiría hablando del País Vasco y no precisamente desde el costumbrismo.
-Nadie imaginó lo que nos esperaba, incluso a pesar de que el atentado de Carrero Blanco me produjo un enorme enfado, porque sabía que se iba a pagar un precio por ese asesinato, porque la izquierda se iba a creer que ETA era de los nuestros.

Hablar para poder vivir
-¿Cómo es posible que en uno de los lugares más desarrollados de Europa y del mundo, impere la irracionalidad política?
-Creo que en todas las sociedades donde existe un diferenciación, de tipo racial, religiosa o lingüística, siempre hay alguien que se aprovecha y levanta la bandera del «nosotros» contra los «otros». Es una maldición. En una sociedad como la vasca, industrializada, muy compleja y con un gran nivel económico, no puedes aspirar a crear un país unívoco, aunque se ha conseguido transmitir esa unidimensionalidad: vasco es igual a nacionalista y esto lo hemos asumido todos. En nuestro Parlamento hay un Grupo Vasco, que es el del Partido Nacionalista Vasco. Y el resto de los vascos que hay en el Parlamento, ¿qué son? Por cierto, hay bastantes más que en el Grupo Vasco. Esa situación podemos trasladarla a todo, así de sencillo, y cuando se produce esa diferencia entre «nosotros» y los «otros» es cuando surge la irracionalidad más terrible.

-¿Cuál es su estado de ánimo después del atentado en el aeropuerto de Barajas y de la ruptura de la tregua?
-Pues el mismo que antes: malo y pesimista. Es un aburrimiento infinito. Alguien dijo que no hay nada más agotador que explicar lo obvio. Si alguien quiere entender la situación vasca sólo tiene que ver la televisión vasca o irse al Goyerri. Nada de eso se entiende si no es a través del miedo. Si eliminas el factor miedo, todo lo que hagas, discutas o negocies estará sobre unas bases falsas. Son terroristas y por lo tanto han impuesto el terror. Si me piden un artículo sobre la situación de hoy, a unas semanas de romper la supuesta tregua de ETA, daría una fotocopia de un artículo de hace diez, veinte, incluso treinta años. Lo que está sucediendo es una repetición «ad nauseam».

-¿No estamos mejor entonces que hace una año, como ha dicho el presidente del Gobierno?
-Yo estoy hablando de decenas de años y llevo mucho escribiendo sobre el terrorismo en mis novelas. A mí me interesan las situaciones individuales, ese miedo que no aparece nunca y que no es objeto de artículos de fondo pero que he visto en amigos, en vecinos, en gente anónima. Un miedo que forma parte de mi próxima novela, «La soledad del ángel de la guarda». Los escoltas existen en el País Vasco y no son seres arcangélicos de los que nadie habla, ni el terrorista es tampoco otro ser arcangélico. Todos hemos nacido en un sitio, de un padre y una madre y la gente te conoce.

-Creo que no le gusta hablar de esto.
-Soy escritor, he escrito libros donde expongo con dureza lo que pienso sobre el terrorismo vasco, en «La carta» o en «La costumbre de morir», incluso en «Lectura insólita de “El capital”», que publiqué en 1976 y donde narraba el secuestro de un industrial y sus lecturas en el zulo del libro de Marx para pasar el tiempo. Con ella gané el Premio Nadal y algunos dijeron que era una novela oportunista... Es decir, me ha tocado hablar cuando he tenido que defender la vida. Soy como aquel chiste sobre la guerra de Vietnam que decía «mi capitán, han llegado los voluntarios; pues que los desaten». Pues algo parecido soy yo. He querido mantener la dignidad, entendiendo por dignidad querer ser uno mismo cuando te ponen muy difícil ser uno mismo.

Cumplir la penitencia
-Nunca se ha querido hablar abiertamente de ETA, como si ocultando su nombre borrásemos su existencia o, lo que es más absurdo, para evitar darle publicidad, y se han escrito pocas novelas y se ha hecho un escasísimo cine. Usted es de los pocos novelistas que lo ha hecho.

-Eso es miedo. La gente tiene miedo a hablar, así de sencillo. Hubo una época tremenda, en los primeros ochenta, cuando asesinaban a gente todos los días, que lo horrendo y lo que te echaban en cara no era el asesinato, sino que hablases de ello. De ahí viene esa desidia. La primera edición de «La carta», la más dura de mis novelas, es de 1990, y no se atrevieron a publicarla y tuve que editarla en otra editorial y acabó descatalogada. Los hermanos Cela, que eran dueños de Alfaguara, no consintieron que en «Cacereños» apareciera la palabra ETA. Habría que preguntar algo básico para comprender este problema y el momento que vivimos: ¿cuántos miembros de tu familia o amigos ha matado ETA? Yo he visto a un amigo íntimo tirado en el suelo con dos tiros en el pecho y dos en la cabeza y luego viene la Policía y te dice que podías haber sido tú. Su delito era haber escrito un artículo. Eso sucedió en este siglo, hace muy poco. Es decir, el miedo está extendido, el terror ha triunfado. Si a uno no le gusta el terrorismo -como, por ejemplo, tampoco que bombardeasen con napalm en Vietnam-, no comprenderá de qué va este problema. Reconozco que sigo impresionado con la muerte de José Luis López de la Calle.

-Antes que miedo, ¿no existe una incomprensión de lo que está sucediendo?
-Me acuerdo de una larga conversación en un curso de verano de El Escorial donde estaba Mario Benedetti. Hubo una charla muy larga sobre el País Vasco y además con gente que se creía esa idea romántica del mundo «abertzal». Al final, Benedetti me dijo: «Te puedes creer que no entiendo nada». Pues vas bien, le dije, si después de dos horas no entiendes nada, vas por el buen camino. ¿Es compatible la extrema izquierda con el nacionalsocialismo? ¿Desde cuándo los oprimidos son los que mandan? ¿Desde cuándo en un Parlamento los que necesitan llevar escolta son la oposición, no el Gobierno?

-¿Usted cree que algún día se podrá llegar a la reconciliación...?
-... nunca me ha gustado la palabra reconciliación.

-La utilizo intencionadamente porque está en la cultura política de la transición española y sabemos lo que quiere decir.
-Yo no me he salido jamás del concilio, quien se haya salido del concilio democrático, que vuelva. Pero ellos, que son muy católicos, saben muy bien cómo la iglesia concede el perdón. Si se lo concede Dios, por qué no se lo vamos a conceder nosotros, pero hay un sistema: propósito de la enmienda, dolor de corazón, decir los pecados al confesor y, lo más interesante, la penitencia.

-¿Cree que puede desarrollarse, como suele decirse en los últimos meses, un «escenario de paz»?
-Se puede convivir con una úlcera de estómago y hay personas que conviven con un cáncer. Es verdad que en la sociedad civil no se da la ferocidad antagónica que existe en el mundo político, pero se han creado dos comunidades. Sólo hace falta ver un par de días ETB para comprender qué quiere decir que hay dos comunidades. Por ejemplo, es una televisión que no puede dar la noticia de un Premio Nacional de Literatura, como fue mi caso, pero que tampoco dio el fallecimiento de Julio Caro Baroja y donde tampoco se hablará de un libro de Savater...

-Precisamente Savater escribía en un reciente artículo después de la bomba de Barajas que este «proceso de paz» se había montado bajo la ilusión de que los perseguidos en el País Vasco habían dejado de serlo.
-Hace tiempo, creo que en 1984, montamos el Colectivo Miguel de Unamuno y una revista, «Cuaderno de Alzate», luego el Foro Ermua, ¡Basta ya! ... El resultado es el mismo: no saben no contestan. Efectivamente, no estábamos tan bien como lo pintaban. Reconozco que soy pesimista porque sólo nosotros estamos dispuestos a buscar un término medio. Defendimos el Estatuto de Autonomía, la universidad vasca y no sé cuántas cosas más y firmé centenares de manifiestos... ¿qué más tengo que firmar ahora? Un nacionalista entiende una negociación sólo dándole la razón, en cuanto no se la das, eres un intolerante.

-¿No cree que la aparición de las víctimas -la parte fundamental en el drama junto al asesino- es el elemento distorsionante, incluso molesto para algunos, en este «proceso»?
-Lo que pasa es que antes el amenazado y el muerto, por definición, eran culpables. Es como el sida: si lo tienes es porque has hecho algo malo y no te queda otra que asumir el castigo. Gracias a los movimientos civiles esto ha cambiado. A mí me dicen: es que te opones a la paz. Sí, radicalmente. Hace años celebramos los 25 años de paz, lo que no querría era morirme celebrando los 75 . En las manifestaciones que hacíamos en el País Vasco no se gritaba paz, sino libertad, porque vivimos en una situación predemocrática. Todavía no han habido unas elecciones donde no haya candidatos, los de PP y los de PSE, que se jueguen la vida.

Cómodamente extranjero en todas partes
«Me siento cómodamente extranjero en todas partes». Lo dice en Madrid, donde nació en 1935. «Jugaba al futbol en el solar de Felipe II, que era mi territorio, en lo que había sido la antigua plaza de toros. Acabada la guerra, los parques de atracciones eran los descampados». Vive en San Sebastián desde los primeros años sesenta. Su farmacia, atacada en numerosas ocasiones por los grupos proetarras, fue destruida en un incendio. Decidió resistir. Ha terminado «La soledad del ángel de la guarda», una novela sobre un guardaespaldas, que no pensaba escribir, pero en la que arroja nuevas preguntas: «¿Quién vigila al vigilante?, y otra que a veces me he hecho: ¿soy todavía de los nuestros?». Es un hombre de ciencia que escribe, lo que acaba destilando un convencimiento poco dogmático, casi escepticismo. «Siempre me ha interesado el ámbito de la industria y el trabajo y creo que en algunos de mis libros queda plasmada esa impronta de la épica industrial, que prolongo en “Castilla en canal”, que es una mirada a la Ilustración, a la razón, a la manera como Goethe definió la Ilustración, la mayoría de edad del hombre donde se impone la razón y se racionaliza el trabajo. Ésa ha sido mi fe, la de un ilustrado, a pesar de que hoy hablar de las virtudes de la razón para solucionar problemas parece retógrado. Eso es lo que nos hace salir de las cuevas, aunque a veces me pregunte por qué salimos».

Álava, el otro dique nacionalista en riesgo
El PSOE despeja el camino, como en Navarra, para un cambio de alianzas que quite el poder al PP
C. Morodo La Razón 28 Enero 2007

Madrid- El «proceso» ha colocado a Navarra en el centro de la diana por su condición de moneda de cambio en la mesa de negociación que quiere ETA y por ese escenario de posible alianza de socialistas y de nacionalistas que despejaría el camino al órgano de cooperación con el País Vasco, embrión del plan anexionista. Pero en las elecciones municipales y forales de la primavera también está en juego el otro gran muro de contención del nacionalismo, la Diputación de Álava y el Ayuntamiento de Vitoria, con gobierno en minoría del PP.

En relación a esta provincia, PNV y PSE tienen desbrozado el camino para un acuerdo que nadie confirma y que tampoco nadie niega, aunque en el País Vasco se da por cerrado sin necesidad de que haya siquiera una negociación formal y explícita entre ambas formaciones, porque los «hechos» -dicen- son la prueba de que ese pacto ya existe de manera tácita. Hay muchos signos de este acercamiento, por ejemplo: los socialistas vascos han votado contra los presupuestos del PP en la Diputación alavesa, pero no les ha dolido prendas respaldar la Ley de Aportaciones del Gobierno de Ibarretxe que merma, notablemente, los recursos de la institución foral.

La provincia de Álava ha sido desde 1998 el bastión constitucionalista a preservar y en esta causa han estado comprometidos en los últimos ocho años tanto los populares como los socialistas, bien con una alianza expresa, como así ocurrió en las elecciones de 1999, bien ya en 2003 con una alianza a la que el PSE va obligado por el miedo al coste electoral en el resto de España de una «traición» al PP. Se estaba en un contexto político que aún arrastraba las secuelas de Estella y marcado por la unidad de acción entre los dos principales partidos en materia antiterrorista.

Objetivo estratégico
En esas elecciones, los nacionalistas habían hecho de la recuperación de su mayoría en Álava uno de sus objetivos estratégicos ya que era la pata coja en su campaña de presión a Madrid por el «plan Ibarretxe». Hoy, la política de Zapatero y el «proceso» han provocado un giro de 180 grados de la realidad política y social, y detrás de la luna de miel del presidente del Gobierno con Imaz -que algunos irónicamente comparan con la que en su día tuvo con Artur Mas- se esconde una estrategia de acercamiento electoral ante las municipales y forales de mayo. Alejada la posibilidad de un remedo del tripartito, a la vasca, dado que la crisis del «proceso» ha invalidado una rehabilitación higiénica de la izquierda «abertzale», peneuvistas y, sobre todo, socialistas están predispuestos a conformar mayorías que les permitan tocar poder en el mayor número posible de instituciones. Esto supondría una vuelta al escenario de los once años de coalición, roto por el Pacto de Lizarra, y que redundó en un ensanche electoral del PNV mientras que adelgazaba el granero del PSE.

El partido de Patxi López sabe que los nacionalistas siempre le han comido terreno en tiempos de componendas, pero su prioridad es recuperar cuotas de poder. En lo que afecta a estos últimos, preferirían cerrar acuerdos con otros socios menores, pero saben que con ellos pueden no sumar y los socialistas les han demostrado que no son unos coaligados incómodos. El sector de Egibar es el menos proclive a esta alianza, pero serán las urnas las que tengan la última palabra de los acuerdos postelectorales.

Estos comicios se significan porque no están predeterminados por pactos previos, ni siquiera el de PNV y EA, y ello pese a que, según la Ley D´Hont, esta decisión les perjudicará ya que pueden perder posiciones en cada provincia. Otra variable es la presencia de Batasuna, camuflada en agrupaciones electorales o en el Partido Comunista de las Tierras Vasca. Si está, todos dan por hecho que obtendrá un buen resultado.

Vuelve el estructuralismo lingüístico (es broma)
traducción de la AT del original en catalán en www.e-noticies. com 28 Enero 2007

El pasado 17 de enero, el vicepresidente de la Generalitat, Josep-Lluís Carod-Rovira, presentó ante la Comisión de Asuntos Institucionales del Parlamento sus proyectos de gobierno. Entre ellos, nos fijaremos hoy en este "gran acuerdo nacional para la competencia lingüística en Catalunya" que constituía su eje, segundos destacaba EFE en nota que reproducían la mayor parte de los diarios.

Las palabras de Carod estaban, desde este primero "titular-resumen" , llenas de calculadas (¿calculadas? ) ambigüedades. Efectivamente, "competencia lingüística" es un término que suele emplearse por designar la capacidad de los hablantes por expresarse con corrección en una lengua determinada. Como se puede entender, pues, un pacto ¿"para la competencia lingüística"? (Que sea "grande" o no, es mera cuestión de megalomania) . ¿Puede establecerse por la vía de un pacto la habilidad de los hablantes para emplear su(s) lengua(s)? Evidentemente, no. Si así fuera, el oficio de traductor se habría extinguido antes de que el de verdugo. Empezamos a sospechar, pues, que hay gato escondido. Además, en el resto de la nota bailan otras muchas lenguas: inglés, francés, occitano!... ¿Debemos temer una nueva "normalizació n" lingüística en todas ellas?

Más adelante, Carod se arremanga y entra en materia. Se trata -dice, siempre según EFE- de "fomentar el uso social del catalán desde la constatación que el castellano es también un "elemento estructural" de la realidad catalana" . ¡Vaya!, ¡como aprenden a manipular el lenguaje! ¡Qué arte inventando vocablos por decir sin decir! Una frase tan breve y luce dos magníficas perlas. La primera, no por conocida menos brillante, "fomentar el uso social del catalán", que hablando claro significa: "conseguir que los ciudadanos se sometan y decidan (¿decidan?) comunicarse en una lengua que no es la suya".

La segunda, la lengua castellana como "elemento estructural" de la realidad catalana es nueva y merece una cierta reflexión. ¿Significa que han aceptado finalmente la realidad sociolingüística tal y como es? No, ciertamente, porque de otro modo no tendría sentido continuar con la cantinela del fomento del uso social. No, no, se trata de indicar de forma velada que, mientras que el catalán es la columna vertebral y la señal de identidad de todos los catalanes, el castellano es una realidad sobrevenida que ha acabado enquistándose, superestructuralmen te, en nuestra sociedad, como un grano molesto. También dijo Carod que "el conocimiento del catalán y del castellano es un deber y un derecho". Se guardó mucho decir, sin embargo, que el uso del catalán lleva camino de convertirse en una obligación universal y que el conocimiento del español se regatea cada vez más en las escuelas dónde, ahora, deberá competir por los escasos espacios disponibles con otros lenguas "extranjeras" (como el inglés en la Primaria, próximamente) .

Con bastante cinismo, nuestro ilustre vicepresidente «ha abogado por "superar" terminologías "desfasadas" como la distinción entre "catalanohablantes y castellanoparlantes "», naturalmente, para poder hablar -con la calculada ambigüedad de siempre- solamente de "catalanes" (que, como todos ustedes saben, significa a la vez ciudadanos de Catalunya y catalanohablantes) . Nada nuevo, en realidad, el mismo juego de siempre, cada vez más osado, y este "nuevo estilo", moderado, dialogante, consistente en hablar únicamente de este recientemente asumido como "elemento estructural" de la realidad catalana en el contexto del tratamiento general de las lenguas extranjeras. Ahora entendemos la referencia a la competencia lingüística.

Hace ya muchos años que se había ensayado el truco en los medios de transporte. Para evitar verse obligados a poner los avisos en catalán y en castellano -cosa que podría verse como una amenazadora equiparación de las dos lenguas-, se escribían en catalán, en caracteres más destacados, y después en español y en inglés, en un tipo más pequeño (el adecuado para las lenguas "de fuera").
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