AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 18 Febrero   2007
El síntoma y la enfermedad
JUAN ANTONIO RODRÍGUEZ TOUS El Correo 18 Febrero 2007

Por enésima vez en la breve historia de la democracia española la vida política está crispada. La crispación se ha convertido en una especie de estilo verbal que acompaña dudosas acciones de gobierno, o errores, o torpezas y bellaquerías diversas. Es cierto que España nunca ha sido un paraíso para políticos de discurso fino y bien construido. El estilo retórico hispánico es o rudo o manierista, o chulesco o chalanesco. Parece que quien aquí no grita desaforadamente ni tiene razón ni existe.

En España se aprecia mucho más la tertulia que el diálogo; cuesta menos esfuerzo neuronal y es más divertida. Muchos de los ejemplos, tropos y formulismos que se usan para crispar al adversario proceden del género tertuliano. El diálogo de verdad es lo que hacen más arriba de los Pirineos. En Europa no hay crispación política, sino tensión política, que es cosa bien distinta. El discurso político francés, por ejemplo, es tenso porque graves e importantes son los asuntos que se tratan: la decadencia del modelo social francés, el deterioro de la enseñanza pública, el auge del integrismo antirrepublicano, las dificultades inherentes al proceso de unificación política europea... Lo mismo ocurre en Alemania, donde se debaten tensamente profundas reformas estructurales del Estado federal. La tensión política, de hecho, es consustancial a cualquier gran debate en el seno de una democracia seria. Sin conflicto ni tensión no hay vida, ni tampoco democracia. La crispación, en cambio, es propia de democracias un poco cutres, como la nuestra.

Puede haber -y debe haber- tensión cuando los asuntos tratados sean de extremo interés público. Estos asuntos, de hecho, son casi los mismos en todas las democracias europeas porque, sencillamente, los europeos tenemos ya problemas comunes. Diferimos en el grado de complejidad de estos problemas y en la urgencia con la que deben acometerse las soluciones en cada caso nacional. Por eso dan envidia esos conciudadanos europeos preocupados (y democráticamente enfrentados) por la reforma de la UE, o por la viabilidad del Estado de Bienestar. Dan envidia y dan qué pensar. Nosotros no hablamos de estas cosas tan aburridas y tan europeas; nosotros desayunamos cada día con De Juana Chaos y su mediática anorexia, o con las excrecencias verbales del sectario mindundi que han nombrado ministro de Justicia (en lugar, ay, de uno de los pocos ministros discursivos y claripensantes de este Gabinete grouchomarxista).

¿Por qué estamos crispados? Muy sencillo: porque todavía no hemos logrado un acuerdo sobre lo que no puede haber desacuerdo. La democracia española se parece cada vez más al juego de la oca pero sin ocas, sólo con pozos y laberintos. Cuando creemos que hemos llegado a grandes acuerdos (esos que fundamentan la vida pública y permiten proponer grandes soluciones a grandes problemas colectivos), zas, aparece un nuevo Dulcamara vendiendo la pócima de la democracia perfecta. Y volvemos al principio. Cada vez más desalentados. Y más crispados.

La crispación es inevitable si volvemos una y otra vez al principio, como si no hubiera ocurrido nada en los últimos treinta años. Crispa el retorno retórico al guerracivilismo, crispa el desprecio a la Constitución del 78, crispa el regreso a la caverna de la pretransición. Volvemos una y otra vez al memorial de agravios, a la ristra de amenazas, al estilo perdonavidas no sólo exclusivo de los presos etarras. Volvemos al exabrupto, a la falacia y a la tontuna solemne.

La crispación es, en realidad, un síntoma de la enfermedad que aqueja a este país desde hace no sé cuánto tiempo. Se trata de una especie de 'peterpanismo' político alentado, sobre todo, por nuestros estupendos nacionalismos periféricos, que siguen aferrados a la infancia de la democracia española. Nos estábamos haciendo mayores en estos últimos años, y hasta nos permitíamos el lujo de hacer política internacional de envergadura o de cantar por ahí las excelencias del Estado autonómico. Ha durado poco. En una España mayor de edad la reivindicación nacionalista sería como un viejo juguete arrumbado en el trastero. Algo, sin duda, intolerable para un nacionalista convencido de su cosa nacional.

España, digámoslo de modo deliberadamente crispante, es inviable con nuestros nacionalismos autóctonos. Y nuestros nacionalismos, de modo consecuente, son inviables en una España mayor de edad. De mayores podemos ser tirios o troyanos, gatos o perros, pero no tiriotroyanos o gatoperros. La ilusión buenista de que aquí no pasa nada porque somos todos demócratas convencidos sólo puede sostenerse negando puerilmente una inquietante evidencia: cuanto más se afianza la democracia en España más se debilita la Constitución, que es su cimiento. Nuestros nacionalistas se han acostumbrado a la democracia y, consecuentemente, desean más que nunca ejercerla en su propia casa o cosa nacional. No hay estatuto, reforma o reformilla constitucional que satisfaga esta pretensión de fondo. Es decir, no hay solución constitucional al problema nacional. Nos toca crispar al nacionalismo o que el nacionalismo nos crispe a nosotros. Alternativamente. 'Ad infinitum'.

Estamos muy crispados y volveremos a estar muy crispados. Con lo mismo y por lo mismo. Es otra anomalía más en la ya anómala democracia española. Menos mal que la política interesa poco al respetable. Será porque todo tiene un aire de 'déjà vu'. O porque la política no respeta al respetable, ni se interesa por él. Pero esto último, que también es crispante, es otra historia.

Hablemos con propiedad: lengua propia y libertad
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 18 Febrero 2007

MI PRIMER contacto con el conflicto lingüístico en Galicia se produjo en los últimos años del franquismo, cuando participé en mi pueblo en una manifestación para apoyar a un maestro de la zona que iba a ser sancionado por enseñar en gallego a los niños gallegoparlantes de su escuela. Yo era entonces apenas un chaval, pero supongo que no tuve mucha dificultad en intuir lo que resulta meridianamente claro: que constituye una cruel estupidez alfabetizar a los alumnos en una lengua distinta de la suya.

Desde aquellos lúgubres años hemos hecho un largo viaje hacia la libertad como para que alguien nos venga ahora con lo mismo: con que todos los niños de Galicia, al margen de cual sea su lengua materna, deben aprender a leer y a escribir en lo que ha dado en llamarse, con evidente abuso, la «lengua propia» del país. Una exigencia esa que, de aceptarse, supondría restituir una práctica franquista, sólo que al revés.

La teoría con la que pretende justificarse ese atentado al sentido común, a la pedagogía y a la libertad es tan falaz como su directa consecuencia: la de que son los países, y no sus habitantes, los que tienen lengua propia. Sólo hay que darse una vuelta por Galicia para constatar que no es así y que el gallego es tan propio para quienes hablan en gallego como lo es el castellano para quienes hablan en castellano. Y para constatar, también, que una y otra lenguas son percibidas como igualmente propias por esa mayoría de gallegos que las manejamos con toda normalidad, sin que surjan por ello más conflictos que los que plantean los vigilantes de la playa.

Sólo la insaciable presión de esos vigilantes permite explicar, de hecho, que nuestra Consellería de Educación haya pensado en cambiar el sistema ahora vigente, que garantiza que los niños se alfabetizarán en su lengua propia, es decir, en la materna. Un sistema que, por sensato y respetuoso con la libertad, no ha provocado protesta alguna de padres gallegoparlantes que pudieran haber sentido violados sus derechos.

Esa violación sería masiva, sin embargo, si la Consellería aceptara la exigencia que, tras una sabia rectificación, ha anunciado que será finalmente rechazada: la de que todos los niños de Galicia -también los castellanoparlantes- sean alfabetizados en gallego. Masiva, sí, según lo demuestra uno de los datos contenidos en el libro Lingua inicial e competencia lingüística en Galicia publicado en 1994 por la Real Academia Galega: que en el grupo de edad de los más jóvenes (16 a 24 años), los castellanohablantes iniciales eran ya entonces el 46% del país y los gallegohablantes sólo el 34% del total.

La Educación de los niños en Cataluña
Xoán Xulio Alfaya Periodista Digital 18 Febrero 2007

Inmersión Lingüística Extrema, Discriminación Institucionalizada y Vulneración de los Tratados Internacionales sobre el Derecho a la Educación en la Lengua Materna.

Catalanización en la Educación Primaria
(Niños mayores de 8 años):
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-HORARIO LECTIVO ESTÁNDAR (*):
Tiempo Lectivo en el centro escolar (6 horas / día) = 30 horas / semana.

En Lengua Española: 2 horas / semana (7%)
En Lengua Inglesa: 3 horas / semana (10%)
En Lengua Catalana: 25 horas / semana (83%)
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-HORARIO PARA LOS NIÑOS QUE SE QUEDAN A COMER EN EL CENTRO ESCOLAR (*):
Tiempo Lectivo (6 horas / día) + Horas de Comedor (2 horas / día) = 40 horas / semana.

En Lengua Española: 2 horas / semana (5%)
En Lengua Inglesa: 3 horas / semana (7,5%)
En Lengua Catalana: 35 horas / semana (87,5%)
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-HORARIO PARA LOS NIÑOS QUE SE QUEDAN A COMER EN EL CENTRO ESCOLAR Y QUE ADEMÁS SE QUEDAN A LAS HORAS DE GUARDERÍA (**):
Tiempo Lectivo (6 horas/día) + Horas de Comedor (2 horas / día)
+ Horas de Guardería (2 horas / día) = 50 horas / semana.

En Lengua Española: 2 horas / semana (4%)
En Lengua Inglesa: 3 horas / semana (6%)
En Lengua Catalana: 45 horas / semana (90%)
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(*) Las instrucciones impartidas por la Generalidad obligan a los Centros a controlar que los niños se expresen en catalán también fuera del horario lectivo.

(**) Las horas de Guardería son organizadas por las AMPAS (Asociaciones de Padres), las cuales reciben una subvención a cambio del compromiso de que el idioma de las mismas sea únicamente el catalán.
Enlace permanente

El 21 de febrero de cada año la UNESCO celebra el "Día Internacional de la Lengua Materna".
Asociación por la Tolerancia  18 Febrero 2007

La Asociación por la Tolerancia os invita a todos a a una Concentración en la Plaza Sant Jaume el próximo miércoles 21 de febrero a las 19:15 horas.

El acto durará media hora e incluirá la lectura de un manifiesto en favor de la enseñanza en castellano como lengua oficial y materna de más de la mitad de la población estudiantil de Cataluña. Una copia del manifiesto será entregada en el Palau de la Generalitat.

Entre los deseos y la realidad
GONZALO LARRUZEA /MIEMBRO COMISIÓN PERMANENTE DEL CONSEJO ESCOLAR DE EUSKADI EN REPRESENTACIÓN DE CC OO El Correo 18 Febrero 2007

Pasados casi 25 años desde la implantación del actual sistema de modelos lingüísticos, el Departamento de Educación, por mandato del Parlamento vasco y por tratarse de algo que se venía desde hace tiempo reclamando desde distintas y variadas voces del sistema educativo, se encuentra inmerso en la difícil tarea de acertar con una reforma de dichos modelos. Sin dejar de valorar las virtualidades que ha tenido el actual sistema, en la actualidad son dos las carencias que se le achacan con razón. La primera es que no logra los objetivos lingüísticos deseados y previstos por la ley, y la segunda es la falta de cohesión social y cultural. Social, porque promueve el efecto no deseado de clasificación social encubierta, con el riesgo de exclusión para el modelo A, especialmente en los centros de la enseñanza pública. Y cultural porque se mantienen según los centros educativos, e incluso dentro de un mismo centro, comunidades lingüísticas diferenciadas, cuando aspiramos a vivir en una sociedad bilingüe cohesionada.

Como normalmente el éxito en los resultados está en relación directamente proporcional con el mayor tiempo que se imparte el aprendizaje en euskera, se infiere sin más matiz que cuanto mayor tiempo de empleo del euskera como lengua vehicular de aprendizaje antes se conseguirán los deseos de su normalización. No se puede negar que el mayor o menor uso del euskera según los actuales modelos repercute directamente en el éxito de la formación bilingüe de nuestro alumnado. Sin embargo es necesario no concluir de forma demasiado rápida y voluntarista promoviendo la inmersión en euskera para todo el alumnado.

En efecto, la enseñanza bilingüe es un proceso complejo que depende, además de la intensidad y tiempo de instrucción, de muy variados factores como el estatus social de las lenguas en contacto, la atención a la lengua materna, el nivel sociocultural de los padres, el tipo y diseño del programa bilingüe, el orden de introducción de las lenguas, la formación y actitudes del profesorado, la participación y voluntariedad de los padres en el programa, las expectativas, las motivaciones y actitudes del alumnado para aprender la segunda lengua, el uso social extraescolar de las lenguas, la metodología empleada y un largo etcétera. Sin tenerlos en cuenta podemos estar dando golpes al aire, con la mejor y más tenaz de las voluntades.

En la actual sociedad vasca nos encontramos con la siguiente paradoja: El euskera goza de prestigio y apoyo institucional y conserva un alto valor simbólico que suscita adhesión, pero su vitalidad lingüística dista mucho de correlacionar con esa adhesión. Resulta prestigioso saber euskera y hasta puede abrir puertas laborales, pero su uso en la vida social no crece apenas.

Hay variadas razones para explicar esa debilidad. El número de vascófonos es pequeño, y ello hace que, en general, al mundo de la empresa no le interese su empleo porque se hace más negocio anunciándose y comerciando en otros idiomas. El capital también manda en estas cuestiones. Por otro lado está la desproporción de medios de comunicación en castellano en relación con los que hay en euskera. En las zonas castellanohablantes resulta difícil encontrar referentes cotidianos, donde se aprenda la lengua viva. Otro aspecto a trabajar y sobre lo que ha encargado un estudio la Viceconsejería de Política Lingüística, pero que no lo tiene en cuenta el Departamento de Educación, es la importancia de las actitudes, los afectos y las motivaciones en relación a las lenguas de aprendizaje y las culturas que hay detrás. Todavía un porcentaje muy significativo de nuestra sociedad no vive el euskera como algo propio o deseable. Finalmente, en cierto sentido, el aprendizaje y el uso del euskera es en muchos casos una cuestión de militancia, pero preferimos hacer declaraciones bien vistas entre las amistades o acudir a fiestas a favor del euskera y realizar otras cosas por el estilo que nos comprometen poco personalmente.

En definitiva, aunque la reforma de los modelos es necesaria, ella por sí sola no va a producir milagros, si no va acompañada por la apuesta decidida del conjunto de la sociedad. Chomsky recordaba que en Gales la lengua autóctona no es oficial y sin embargo tiene más vitalidad que el gaélico de Irlanda, a pesar de su oficialidad. Si los actuales modelos no han euskaldunizado más, la causa no hay que buscarla sólo en el diseño de los modelos, sino también en la apuesta conjunta que hace o está dejando de hacer toda nuestra sociedad. La escuela por sí sola no va a traer la normalización del euskera.

Sin duda ha llegado el momento de modificar el actual sistema de modelos y de aparcar lo que se va mostrando obsoleto y segregador. Pero que no sea a costa de pensar ingenuamente que ahí radica la clave de bóveda de la cuestión. Ni de pretender obviar lo que la terca realidad nos va devolviendo, intentando someterla a toda costa a deseos legítimos, pero excesivamente ideologizados. No se trata de renunciar a los objetivos de bilingüismo que plantean nuestras leyes, pero sí de ensanchar el horizonte de nuestro análisis y de conocer la multifactorialidad de un proceso complejo y de reconocer con humildad que caminamos hacia el objetivo más despacio de lo que nos gustaría y que se va a seguir necesitando tiempo.

En este sentido la propuesta del Consejo Escolar de Euskadi de ir hacia un modelo único que no segrega al alumnado, que va a emplear el euskera como lengua vehicular y que iguala a todos los centros en los mínimos exigibles pero que es a la vez flexible porque parte de la propia realidad lingüística de cada centro y establece los ritmos de adaptación de cada uno para alcanzar los objetivos, parece que es la propuesta más sensata de cuantas está barajando el Departamento de Educación. Las posibles dificultades legales debieran ser superables, pues la propuesta parte del cumplimiento de los objetivos que marcan las leyes básicas para las dos lenguas oficiales. Por otro lado, la propuesta va a poner a prueba la capacidad de los centros y de la Administración dado que supone un verdadero avance en la línea tantas veces reclamada y nunca concretada de la autonomía de los centros, una autonomía que debe ser adecuadamente regulada, coordinada, financiada y evaluada por la Administración para evitar abusos.

La propuesta del Consejo Escolar de Euskadi, si se ejecutara bien y con consenso, puede ser una buena herramienta para la consecución progresiva del bilingüismo. Ésta es una tarea de paciencia histórica, que requiere el arte de saber insistir para avanzar lo justo y necesario pero sin provocar rupturas, ni exacerbar las posturas refractarias, sino ganando las complicidades necesarias para la sociedad multilingüe y cohesionada a la que todos aspiramos.

Y dale con el bilingüismo
Nota del Editor  18 Febrero 2007

La aberrante e anticonstitucional imposición de cualquier lengua regional es intolerable. Así que, ciudadano, despierta de una vez.

La ruptura de la ruptura con ETA lleva a ZP a la ruptura con el PP.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 18 Febrero 2007

Zapatero miente cuando miente, miente cuando dice la verdad, miente cuando calla, miente cuando se sale por la tangente, miente cuando se desmiente, miente cuando niega que ha mentido. Solo en una cosa no mintió una vez, un día que dijo a las 18 horas que eran las seis de la tarde. Tras el atentado de Barajas dijo que se suspendería el proceso de paz y mintió porque días después dijo que se había roto el proceso de paz y mintió porque en ningún momento dejó de trabajar a favor de ETA desde el mismo momento del atentado que calificó de accidente hasta la grandiosa batalla por la liberación del gran asesino etarra.

El camino a la legalización de ETA Batasuna para que se presente a las elecciones es imparable y a la vista de todos está, incluido el intento de borrar a ETA Batasuna de la lista de organizaciones terroristas.

Hasta después de las elecciones municipales no se hablará del proceso de paz perpetuo a ratos y con accidentes y en su lugar se hablará profusamente de un tema de suma actualidad, la maldad de Aznar metiéndonos en la guerra de Irak, pero el que no se hable no significa que se deje de trabajar a favor de ETA.

Así que ya tenemos al escenario electoral en el que tocará hablar del Prestige, de la Guerra de Irak y la foto de las Azores, de la participación del PP, de Aznar y de Rajoy junto con Acebes en el atentado del 11M, de las labores de ocultación de pruebas de dicho atentado realizada por el PP como ya ha adelantado Pilar Manjón.

De lo que no tocará hablar es de la responsabilidad del PSOE en la ocultación y manipulación de pruebas del 11M, de la participación del PSOE en el asesinato de mas de 20 personas por los GAL, del robo masivo de dineros públicos por gentes del PSOE bajo el gobierno de Felipe González. Tampoco tocará hablar de la denigrante y genuflexa actitud de Zapatero y sus subordinados ante ETA, ni de la entrega de las llaves del reino a los nacionalistas ni por supuesto del desmadre que se traen con el tema de la inmigración.

Eso si, tocará hablar de la influencia perversa que sobre el PP actual ejerce la figura de Viriato y la trasnochada apelación de la extrema derecha a la política de los Reyes católicos.

Rota la ruptura con ETA ya solo falta llevar a término la ruptura con el PP.

¿Llegarán las víctimas a clase?
VICENTE CARRIÓN ARREGUI /PROFESOR DE FILOSOFÍA El Correo 18 Febrero 2007

Es loable que el Gobierno vasco esté elaborando un Plan de Educación en Derechos Humanos y por la Paz, pero los que trabajamos en la enseñanza sabemos que hay una proporcionalidad directa entre la ambición de sus dimensiones -diferentes departamentos implicados, centros de recursos, diputaciones, ayuntamientos, asociaciones y hasta organismos internacionales- y su inoperancia. En tales casos, el dinero se suele agotar en los altos cargos. Recuerdo el despliegue mediático del Plan de Educación Afectivo-Sexual entre la UPV y las consejerías de Educación y Sanidad. Un plan, y tantos otros, que se desintegra en el día a día por falta de trabajo de base, por exceso de parafernalia burocrática. La demora en los plazos de este nuevo proyecto, así como tanta presencia de expertos, comisionados, parlamentarios y evaluadores en su planificación, me hacen temer lo peor.

También me alarma mucho que Jon Landa, director de Derechos Humanos, dependiente de la Consejería de Justicia, haya interpretado la legítima alarma social ante la bárbara profanación de la tumba de Gregorio Ordóñez como una crítica al sistema educativo vasco que, según él, «soporta todos los estándares internacionales». No parece tarea de un defensor de los Derechos Humanos encastillarse en una cerrada defensa del Gobierno que le paga; más bien, se debería esperar de él una disposición a preocuparse antes que nadie del menor fallo de las instituciones sociales en la prevención de la violencia, y se diría que no es ésa su actitud. Quienes llevamos años en el sistema educativo vasco hemos visto a equipos directivos organizando charlas de Jarrai, hemos soportado amenazas de todo tipo y sabemos qué poco apoyo ha brindado la Administración vasca a quienes se han enfrentado contra la simbología etarra, han contrariado la 'libertad de expresión' de los filoterroristas o han intentado promover debates u otras iniciativas de protesta contra el terrorismo.

Ojalá que las cosas empiecen a cambiar en los próximos tiempos pero para ello, más que de las iniciativas del director de Derechos Humanos, dependemos de la voluntad política de quienes dirigen la Consejería de Educación del Gobierno vasco: Eusko Alkartasuna desde hace muchos años. Ahí tampoco veo gestos esperanzadores. Los esfuerzos del Área de Innovación Pedagógica están concentrados en la modificación de los modelos lingüísticos, la configuración del Mapa Escolar y el Currículo Vasco, o sea, en nosotros mismos, nuestra identidad y la manera de seguir ensimismándonos. Lo que se refiere a 'los otros', al daño provocado en nombre de nuestra dichosa identidad, a las víctimas de ETA, en suma, no aparece por ningún lado en el primer proyecto de currículo, como no aparece la obvia inserción de la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV) en España, porque se habla de una Euskal Herria presente en Europa por arte de magia, sin la mediación del Estado español.

Puede que las propuestas recién presentadas hayan enmendado sus carencias y excesos, y quizás a ello se refieran sus autores cuando tildan al nuevo currículo de «invulnerable a las críticas». Ojalá. Aunque convendrán es que ya es criticable tamaña expresión en quienes orientan su tarea precisamente a aprender a pensar. Sutilezas aparte, en la propuesta de currículo que yo conozco, en el área de 'Visiones del mundo y religiones', apartados 4 y 5, 'sociedad vasca, identidad y derechos humanos', páginas 308 y 309, se habla de todo sin mencionar ni a ETA, ni al terrorismo ni a las víctimas, y algo parecido ocurre en la de 'Ciencias Sociales', en donde sólo una línea, «La respuesta violenta de ETA» -la mar de aséptica, por cierto- parece aludir al impacto que ha tenido la violencia terrorista en nuestra sociedad.

En fin, no nos pongamos pesimistas. Pese a la prevenciones expuestas, hay una propuesta concreta, un proyecto piloto a desarrollar entre marzo y abril en seis centros de ESO, con una unidad didáctica que culminará en la escucha y puesta en común de un testimonio escrito de una víctima de ETA. Es una excelente noticia que los esfuerzos promovidos por Bakeaz, la Universidad de Deusto y Gesto por la Paz, apoyados por la Dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco, hayan posibilitado que el trabajo de Galo Bilbao y Xabier Etxeberria, 'La presencia de las víctimas del terrorismo en la educación para la paz en el País Vasco', editado por Bakeaz, empiece, por fin, a encarnarse.

Han sido años de trabajo silencioso, convencidos de la importancia de educar los sentimientos éticos, de educar en la sensibilidad ante el dolor ajeno desde la perspectiva de las víctimas, fomentando el encuentro entre éstas y los alumnos para deslegitimar la violencia y cultivar la empatía hacia quienes la padecen. Los autores del citado trabajo, a la hora de concretar de qué modo podría hacerse efectiva la presencia de las víctimas en las aulas, ya distinguían entre la presencia directa y la presencia textual, analizaban las ventajas y los inconvenientes de ambas y se mostraban partidarios de recurrir a «todos los modos de presencialidad» (pág. 58). Al decir de Jon Landa, en la puesta en marcha de esta experiencia piloto han considerado 'abrupto' fomentar la presencia directa de las víctimas y han optado por su presencia textual.

Es delicado juzgar dicha expresión porque recuerda demasiado a la incomodidad que las víctimas del terrorismo desatan en tantos otros ámbitos, pero también hay que entender las enormes dificultades que supone crear las condiciones para que el testimonio directo de muchas víctimas -¿cuántas estarías dispuestas?- pueda llegar al conjunto de nuestros centros escolares. Ahora bien, teniendo como tenemos magníficos testimonios audiovisuales -pienso en 'Trece entre mil' o 'Días de febrero', por citar los que más me impactaron- , me pregunto si el formato audiovisual no sería un camino intermedio entre la presencia directa y el testimonio textual que, sabidas las dificultades de comprensión lectora en la ESO, tendría que ser oído y perdería buena parte de su consistencia. Si Al Gore ha convencido a Zapatero para que promueva la visión de su documental 'Una verdad incómoda' entre los escolares, no veo qué dificultades habría en fomentar a través de imágenes y testimonios documentales ese necesario conocimiento del drama que ETA sigue provocando.

Nuestros jóvenes han de atreverse cada día un poco más a repudiar la violencia que desde tantas otras instancias, por acción u omisión, se ha venido legitimando en nuestra desdichada sociedad. Con Xabier Etxeberria, diría que necesitamos educar la indignación.

Los lotófagos y la bulimia de la memoria histórica
Por Alejandro Diz ABC 18 Febrero 2007

Homero cuenta el mito de los lotófagos, unos pueblos que se alimentaban con la flor de loto, lo que les hacía perder la memoria. Pérdida de memoria que haría inviable cualquier proceso de civilización. Desde la Antigüedad clásica, ha sido una constante de la civilización occidental el contemplar la Historia como maestra de enseñanzas, como «ejemplo y aviso de lo presente y advertencia de lo porvenir», por decirlo con palabras de Cervantes. También, como posible instrumento de moralidad en las conductas, si acordamos con Tácito que el principal contenido de la Historia es «impedir que las acciones virtuosas caigan en el olvido y conseguir que las conductas malignas teman pasar a la posteridad con una reputación infame». Pero una de las enseñanzas paradójicas que nos proporciona la Historia es que ella misma es utilizada, no con poca frecuencia, de forma sesgada y espuria. Mucho de eso hay en lo que, en nuestro país en los últimos tiempos, se ha venido en llamar «recuperación de la memoria histórica».

Término ambiguo además porque, como es sabido, la memoria sólo es individual y subjetiva. El ejercicio de rigor intelectual que en este terreno hay que llevar a cabo es el de distinguir entre lo que es Historia (cuya tarea recae especialmente en los historiadores, en su interpretación lo más objetiva posible de los hechos estudiados), memoria individual y representación que una sociedad tiene de su propio pasado, que se conforma a través de variados espacios de búsqueda, entre los cuales no es de importancia despreciable el que juega la interiorización más o menos socializada que se tiene del pasado histórico de una nación o de una civilización en concreto. Y de ahí la importancia de ser rigurosos en depurar la veracidad de la Historia y no manipularla con bastardos intereses ideológicos o de política coyuntural.

Pero esa distinción no es lo que se propone llevar a cabo, en lo fundamental, con la llamada «recuperación de la memoria histórica». Si lo que se pretendía era profundizar en el restañar heridas o en restituir el recuerdo de los injustamente asesinados o represaliados durante la República, la guerra civil en ambos bandos (ese tipo de guerra que es peor que las demás porque, como escribió Montaigne, «nos pone en guardia a todos en nuestra propia casa»), y la dictadura franquista, se podrían haber utilizado los modos de actuación ya trazados desde el inicio del actual período democrático que, sin rehuir la verdad de los hechos históricos, por dramáticos que fuesen, habían demostrado su validez como reforzadores de la cohesión social.

La obsesión por la Historia puede llevar al desgaste de energía cívica necesaria para afrontar importantes tareas y retos colectivos. Mas, con la «recuperación de la memoria histórica» se trata de saturar con «memoria» retrospectiva el imaginario social -para cambiarlo- que ya había codificado en lo esencial, desde un punto de vista de cohesión democrática, aquella época ya lejana; saturación hasta el punto de haberse convertido, para algunos sectores, en una patología de bulimia memorialista («demasiada historia mata al hombre», escribió Nietzsche), olvidando un principio muy estudiado tanto de la psicología individual como de la colectiva, consistente en que, como escribió Joseph Brodsky, «la historia de una nación, como la de un individuo, consiste más en lo que se olvida que en lo que se recuerda», y que «como proceso, la historia implica pérdida más que acumulación». Algunos estudiosos han utilizado el término de olvido colectivo, en el sentido de que no se olvidan los hechos pero tampoco -y según para qué- se ajustan las deudas (lo que, en cualquier caso, se debería conjugar siempre con la función del historiador como «recordador»).

Eso fue, en cierta manera, lo que se hizo en España en la Transición, no tanto como total «supresión de recuerdos» -muy al contrario-, sino como consecuencia de un amplio consenso racionalizado y consciente: voluntarios actos de olvido colectivo, que no de negación de hechos históricos, en aras de asegurar el ejercicio de la libertad, no sólo de la paz, y de asentar las bases de una sociedad democrática. Y esto es lo que los diferencia de otros actos de olvido respecto a la actividad terrorista del nacionalismo vasco que actualmente se pretenden llevar a cabo.

En la «recuperación de la memoria histórica», alentada fundamentalmente desde ámbitos políticos, hay rasgos a veces muy evidentes de selección sectaria de los hechos analizados y de interpretación sesgada, cuando no de clara manipulación, lo que desvirtúa el rigor del análisis histórico (Octavio Paz ya señaló que «no se puede reducir la historia al tamaño de nuestros rencores»).

Hay que tener en cuenta, asimismo, que en las sociedades democráticas liberales no hay verdades históricas oficiales. Como escribió Hannah Arendt, «los modernos manipuladores de los hechos obstaculizan la tarea del historiador; porque la misma historia es destruida y su comprensión se encuentra en peligro siempre que los hechos ya no sean considerados como parte del mundo pasado y del actual y se manipulen para demostrar esta o aquella opinión». Seguramente podríamos aplicar este enunciado al ejercicio de anacronismo histórico, aparte de mendaz, de pretender identificar a la actual Oposición política del reformismo liberal con la ideología franquista, con el más que sospechoso intento de acabar con el consenso que dio basamento a la Transición, y así forjar otro distinto, fundamentalmente entre fuerzas de izquierda y nacionalistas de diferente gradación, lo que llevaría inevitablemente a un nuevo período constituyente, de imprevisibles consecuencias.

Todo esto formaría parte de ese tipo de historiografía que ha criticado Koselleck: en lugar de la «historia encontrada» se introduce la «historia inventada», además de «una historia retrospectiva, impartida presuntuosamente desde el observatorio actual».

Ante estos fenómenos puede surgir la sospecha de que se quiera desviar la atención de problemas actuales como el de la negociación, con o sin concesiones políticas, en la derrota del terrorismo vasco hacia problemas retrospectivos de hace más de medio siglo. Y, además, afecta profundamente a la actividad del historiador ya que, como ha escrito Paul Ricoeur, «la dificultad es precisamente ejercer el juicio histórico con un espíritu de imparcialidad bajo el signo de la condena moral».
En definitiva, y como planteara Montesquieu: «¡Quién lo diría!: hasta la virtud tiene la necesidad de límites». El exceso de la virtud del recuerdo de la Historia es el defecto de la bulimia de recuerdos rompedora de la cohesión social; el exceso de la virtud de los actos generosos de olvido es la caída en la pérdida de memoria de los pueblos lotófagos. Así pues, en el complejo juego de memoria y olvido seguramente en el justo medio estaría la virtud, siempre que sirva para una convivencia en libertad, no sólo en paz, yen democracia.
Profesor de Historia de las Ideas.
Universidad Rey Juan Carlos

Cacania ibérica
Por Álvaro Delgado Gal ABC 18 Febrero 2007

La Fontaine escribió una fábula protagonizada por una liebre y una tortuga. Pero la liebre es mucho más que una liebre, y la tortuga, mucho más que una tortuga. Por ejemplo: un aficionado a los clásicos se inclinaría a identificar a la liebre con el vertiginoso e imprudente Alcibíades, o a la tortuga con Quinto Fabio Máximo, pesado y dilatorio, aunque, a la postre, precioso para la causa de Roma contra Cartago. Y es que hay que leer las fábulas de La Fontaine al bies: detrás de cada animal se esconde una fisonomía moral, y por debajo de la peripecia zoológica, se dibuja una reflexión edificante.
En esa clave hay que aproximarse al libro interesantísimo que mano a mano han redactado Francisco Sosa Wagner y su hijo Igor. Lleva por título «El Estado fragmentado», y trata, aparentemente, del proceso de descomposición de la Monarquía austro-húngara. Al enfilar, sin embargo, el último cuarto del volumen, descubrimos, sin demasiada extrañeza, que el sujeto real del libro es el Estado de las Autonomías. A esto, en poesía, se le llama un «hipérbaton».

El sentido de un verso está subordinado al que inmediatamente le sigue, el cual aclara un mensaje antes incompleto, o mejor, provisional. Veamos, obedeciendo a la lógica del hipérbaton, en qué sazón se encontraba la Monarquía autro-húngara a principios del siglo pasado. Puede servir, como botón de muestra, la Bucovina, una región situada en el riñón noreste de los Cárpatos. En la Bucovina convivían seis nacionalidades: alemanes, judíos, rutenos, polacos, magiares y rumanos, armada cada una de un idioma propio -es lícito considerar como tal al yidish, la variedad del alemán que hablaban los hebreos-. Todas ellas estaban representadas en el parlamento, y no según un mismo esquema sino conforme a fórmulas inspiradas unas veces en el sufragio universal, y otras, en los modelos estamentales del Antiguo Régimen. Era evidente que esto no podía funcionar. Y no funcionó. Tras la derrota de Austria, Cacania se desparramó en cachos pequeñitos, que continúan desparramándose en otros más pequeños todavía -recuérdese la partición indolora de Checoslovaquia, o la pulverización sangrienta de Yugoslavia-.

Tres fuerzas convergentes coadyuvaron a la eventración del Imperio: la noción romántica de que la lengua es el vehículo del espíritu nacional, la democracia, y los mecanismos de racionalización administrativa alrededor de los cuales cobró forma el Estado moderno. Todos sabemos que el patriotismo lingüístico aloja efectos explosivos. Ahora bien, ¿por qué fueron también deletéreas las otras dos fuerzas? La respuesta reside en el factor de escala. Cuando la lengua circunscribe el territorio nacional, y éste quiere dotarse a su vez de un poder monopolístico análogo al de los estados modernos y democráticos, el todo se deshace en miniestados que aspiran a ser homogéneos por dentro. Austrohungría era infinitamente más diversa que Alemania, y no había experimentado la acción centralizadora que en Francia impulsaron los monarcas absolutos y que acentuó la Revolución. La estatalización, aplicada a un cuerpo cuyo metabolismo obedecía aún a pautas antiguas, provocó que el tinglado saltara por los aires.

El caso de España es más misterioso. Lo es, por cuanto el proceso disgregador se ha incoado a trasmano. No somos un país que se desvencija por causa de una adaptación imperfecta al modelo moderno de Estado, sino que somos un Estado moderno que está inaugurando en su interior las desigualdades y complicaciones del protoestado antiguo. Sosa Wagner, catedrático de Derecho Administrativo, mira el presente, y me temo que el futuro, con pesimismo. Estima que hemos entrado en una deriva confederalizadora, alimentada por la mutua emulación, los intereses de las oligarquías locales, y el juego de los partidos, incluidos los nacionales.

Sosa Wagner se consuela pensando por elevación. La era clásica de la nación/estado ha concluido, y lo que se precisa en el nuevo orden son estados que, pese a haber renunciado a muchas de sus funciones anteriores, se reserven la importantísima de redistribuir la riqueza y garantizar la ley, una ley que con frecuencia se genera en instancias supranacionales. Las subpartes de España carecen, por las trazas, del tamaño necesario para desempeñar con garantía estas labores. Un poder público menguado no serviría para contener la avidez arrolladora de las grandes multinacionales, y convertiría a los miniestados que se perfilan en el horizonte en presa fácil de los tiburones apátridas de la industria y las finanzas.

Las páginas económicas del «Estado fragmentado» son un punto precarias. Sosa Wagner, cuya especialidad es el Derecho, comprende peor el mercado, y acusa cierta tendencia a imaginar que los ricos de Wall Street traman conspiraciones abominables, un poco en la línea de los hombres malos que Chesterton pintó en «El hombre que fue jueves». Una última observación: precisamente porque en España existe, todavía, un Estado moderno con enormes capacidades redistributivas, la metástasis tropezará con más dificultades que en Austrohungría. Y si al final se verifica, será, también, infinitamente más traumática. ¿Se imaginan lo que ocurriría en Andalucía o Asturias si, por efecto de las veleidades de la clase política, se registrara un descenso brusco en las expectativas materiales de la población? Vale más, en fin, no seguir tentando al demonio.

La legislatura del laberinto
POR ÁNGEL COLLADO MADRID. ABC 18 Febrero 2007

Las originalidades políticas de Rodríguez Zapatero, sus planes de reforma general del Estado por la vía de la «barra libre» en los estatutos de autonomía, negociaciones con ETA y revisión de los consensos de la Transición, han acabado por colocar a las Cortes en este último tramo de la legislatura en un auténtico laberinto. La Comisión Constitucional sufre un atasco de origen estatutario que retrasa leyes de calado como la de financiación de los partidos, la reforma de Tribunal Constitucional o la del Régimen Electoral General. Además, la apuesta del jefe del Ejecutivo por mantener el diálogo con ETA amenaza con monopolizar los debates en el Congreso, con la Cámara dividida en dos bloques: la oposición que reclama la vuelta al Pacto Antiterrorista frente al PSOE, IU y nacionalistas que prefieren la búsqueda del «final dialogado» con ETA.

Entre esas dos grandes cuestiones que afectan al modelo de Estado se incrusta la falta de acuerdo entre el Gobierno y sus socios sobre el grado o medida en que cuestionan la Transición con la, en origen, llamada «ley de Memoria Histórica» (ahora calificada de «ley de reconocimiento de derechos a las víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura»). El proyecto suma prórrogas al trámite de enmiendas a petición de la mayoría y se extiende en medios parlamentarios el creciente desinterés de muchos socialistas por aprobar dicho proyecto salvo que IU y ERC cedan en sus exigencias. De momento, las negociaciones con los republicanos no acaban de cuajar y en Izquierda Unida ven con desconfianza las conversaciones que se celebran a sus espaldas.

En la Comisión Constitucional, en un atasco sin precedentes por la cantidad y variedad de las reformas estatutarias, que en anteriores legislaturas llegaban precedidas de un amplio consenso entre los dos grandes partidos, tanto en los ámbitos autonómicos como en el nacional, están los textos remitidos desde Baleares, Aragón y Canarias y van a llegar los de Castilla-La Mancha y Castilla y León. Todos son prolijos, de dudosa constitucionalidad, invaden competencias de la Administración central y tocan asuntos vitales para otras regiones, como el agua, con lo que requieren arduos trabajos de enmienda y pactos a varias bandas. Tienen máxima prioridad por las prisas de los proponentes y del propio grupo mayoritario, que tiene puesto en este tipo de reformas sumo interés para ofrecer un buen balance de legislatura.

El «atasco estatutario» afecta a varios proyectos de ley, media docena de proposiciones de ley y más de veinte proposiciones no de ley, todas ellas de rango menor comparadas con la reforma de la ley Electoral, la de financiación de partidos o los cambios previstos por el Gobierno para la composición del Tribunal Constitucional con miembros elegidos por vía autonómica, vieja reivindicación nacionalista rechazada durante 30 años por los dos partidos de ámbito nacional, hasta cuando han estado en minoría.

Al presente periodo de sesiones le quedan menos de doce semanas efectivas de Pleno antes del verano. Después de las vacaciones, el trámite de los Presupuestos Generales del Estado casi monopoliza los trabajos de ambas Cámaras y la legislatura termina en Navidad si es que Zapatero no se decanta por adelantar las elecciones generales al otoño. El tiempo se acaba y el Gobierno tiene el máximo interés en otros proyectos más «vendibles» ante la opinión pública que los estatutos de Autonomía, como el de la ley «de igualdad», que fijará cuotas de mujeres en las listas de los partidos o la dirección de las empresas.

Ante ese ambiente de «fin de ciclo», legislatura bloqueada y precampaña electoral de aquí hasta el final -porque en mayo se pone en juego el poder autonómico y local y después quedarán pocos meses para las generales-, igual que se han puesto casi todos los ministros a quemar los últimos cartuchos, en el Congreso su presidente, Manuel Marín, se ha propuesto acometer su propia reforma a fondo de la Cámara. Como con los nuevos estatutos, se multiplican funcionarios, cuerpos y altos cargos.

Los planes del presidente del Congreso de ampliar plantillas, crear nuevos estamentos funcionariales equiparándolos al cuerpo de letrados y ampliar el número de asesores han chocado con el Senado. Su presidente, Javier Rojo, se opone ante el dispendio presupuestario que supondría y también por una cuestión de imagen, porque habría que explicar a la opinión pública un gran incremento del gasto. La decisión al respecto corresponde a Las Cortes como tal y Marín intenta estos días alcanzar un acuerdo con la Mesa del Senado sobre la ampliación de plantillas que, según fuentes parlamentarias, se presenta muy difícil.

Viajes y ordenadores
El presidente de la Cámara Baja discrepa, en privado, de los gastos del Senado en viajes por todo el mundo, en especial por Iberoamérica. El presidente de la Cámara Alta critica las inversiones de Marín en tecnologías de última generación. Los diputados tienen hasta tres ordenadores -en el escaño, en el despacho y portátil-, agenda electrónica o PDA y teléfono móvil con cargo al Congreso.

Para culminar tan laberíntico fin de legislatura, la próxima semana el debate sobre la lucha antiterrorista se trasladará a la Cámara para quedarse hasta la disolución de las Cortes. El empeño de Zapatero en dejar la puerta abierta a la negociación con ETA y la decisión del PP de denunciarlo en el Parlamento prometen un choque sin precedentes en la vida parlamentaria que oscurecerá todo lo demás, pero que puede dejar claros cuáles serán los próximos pasos del presidente del Gobierno con respecto a la banda terrorista.

Entre el martes y el miércoles está previsto que la mayoría socialista y sus socios rechacen la propuesta de la oposición para instar la ilegalización de la marca con que el Ejecutivo permitió que la banda estuviera presente en las autonómicas vascas, el PCTV, y también a comprometerse a impedir que concurra a las municipales con otras siglas genéricas («izquierda abertzale»), o como plataformas locales.

El «no» quedará registrado con pocas o nulas explicaciones. El objetivo es ganar tiempo para convencer a todos los ciudadanos que puedan con el mensaje contenido en la «enmienda Yánez» retirada en Estrasburgo esta semana porque se aireó a tiempo: en las organizaciones terroristas hay que distinguir entre «rama militar» y «política» para facilitar «el diálogo».

La humareda
Por Ignacio Camacho ABC 18 Febrero 2007

ES como una maldición. Al PP se le ha vuelto a atravesar el 11-M como un camión en medio de una autopista. Desde aquel endemoniado día, cada vez que existe una expectativa de remontar el vuelo para la derecha española, cada vez que mengua el crédito del Gobierno o se atisba el despertar de una alternativa, alguien o algo cruza la memoria del atentado en mitad de la escena y todo vuelve a enfangarse en una ciénaga tramposa de sangre, dolor, dudas, odio, rencores y confusión de la que siempre saca rédito el Partido Socialista. No sólo porque le pone sordina a sus desatinos, sino porque vuelve a colocar en el centro del debate la palabra maldita: Irak. La que devuelve a la mitad del electorado a los días ciegos de la ira, las trampas, las asonadas, la zozobra y el miedo. El paisaje convulso en el que ganó Zapatero y al que trata de retornar cada vez que se ve en apuros.

Si nadie consigue que se aplaque la tensión, que se apacigüen los cazafantasmas, que se esperen los pescadores de ríos revueltos y se deje trabajar a la justicia, la vista oral del proceso puede volver a descarrilar al PP cuando por fin ha conseguido darle la vuelta a las encuestas y ponerse en cabeza de la carrera. El PSOE tiene probado magisterio en la agitación de aguas turbias, en ensuciar los debates, en envenenar el ambiente social. Ha sido abrirse el juicio y salir otra vez a flote los demonios de Irak, Guantánamo y las Azores. Cada islamista que sale en la televisión, aunque aparezca con cara de no romper un plato, pone delante de media España la corbata negra de Acebes, la mirada gélida de Aznar, las hileras de cadáveres tapados, las fotos de los trenes reventados, los gritos de los agitadores socialistas en la jornada de reflexión. Aquellos días en que España fue una víscera irreflexiva reventando de miedo y de cólera. Aquellas malditas horas en que se hundió la razón colectiva.

Mientras el debate nacional vuelva a centrarse en la mochila de Vallecas, la furgoneta de Alcalá, el dinitrotolueno de las bombas o los suicidas de Leganés, Zapatero habrá logrado eludir el abismo al que ya estaba peligrosamente asomado. El humo de los explosivos de Atocha tapa el olor a podrido de las negociaciones con ETA, la inminente reaparición electoral de Batasuna, la pronta libertad de De Juana Chaos, la diáspora de los estatutos, la manipulación asfixiante de la justicia, el drama de los inmigrantes, el chuleo de Mauritania, el cabreo de los productores vinícolas, la sensación creciente de que al presidente se le ha ido de las manos el país. Entonces los estrategas de Moncloa sacan Irak de la chistera y se enchufan la botella de oxígeno bajo la espesa humareda.

El juicio no ha podido llegar en peor momento. Y se va a prolongar durante meses, con sus versiones alternativas, sus coartadas dudosas, sus pruebas en entredicho, sus testimonios cruzados. Una polémica emponzoñada crepitando hasta el otoño, hasta el límite mismo del horizonte electoral. Ni el propio Zapatero habría soñado con la posibilidad de ganar dos veces... con las mismas armas.

¿FUE EL 11-M UN ÓRDAGO LANZADO A LA CARA DE ZAPATERO?
El nuevo Pacto de Estella
Por Luis del Pino Libertad Digital 18 Febrero 2007

Hace más de un año, Jaime Mayor Oreja, quizá el único político español que jamás se ha equivocado en lo que a ETA se refiere, avisaba de que el escenario se iba aproximando cada vez más al de un nuevo Pacto de Estella (...) La realidad demuestra que estamos, en efecto, ante una reedición del Pacto de Estella. La pregunta fundamental es: ¿por qué se ha producido ese pacto?
Todo el mundo considera que el asesinato de Miguel Ángel Blanco fue un enorme error por parte de ETA, error que hizo que surgieran los movimientos cívicos de resistencia al terrorismo. Nada más lejos de la realidad: aquel vil asesinato no fue ningún error, sino un inteligente movimiento estratégico. Los dirigentes de ETA son unos miserables asesinos, pero conocen bien a la sociedad española y saben explotar las debilidades de su clase política. Especialmente su falta de constancia y sus querellas intestinas.

El asesinato de Miguel Ángel Blanco hizo, en efecto, que la sociedad reaccionara y plantara cara, por primera vez, a la banda etarra. Como consecuencia, ETA comenzó a sufrir un acoso social como nunca antes había experimentado, lo que la situó en trance de desaparición. Entonces, el PNV acudió al rescate y se abrazó a ETA para salvarla de morir ahogada. El resultado fue la declaración de una tregua y la firma del Pacto de Estella, que certificó la adopción de objetivos y tiempos comunes entre el nacionalismo asesino y el mal llamado nacionalismo moderado.

El asesinato de Miguel Ángel Blanco no fue un error, sino un órdago lanzado a la cara del PNV. Y el PNV acudió al rescate de ETA porque sabía que la desaparición de ETA comportaba su propia desaparición a medio plazo. ETA era consciente de que se produciría una reacción social en su contra, pero también contaba con que la clase política española no sería capaz de mantener viva esa reacción y con que el PNV terminaría por tenderle la mano salvadora.

A medida que vamos viendo la evolución de los acontecimientos desde los atentados del 11 de Marzo, con un PSOE embarcado en un pacto con ETA que no estaba en su programa electoral; a medida que el análisis de los datos del sumario nos muestra cómo se han falsificado datos para apuntalar la tesis de la autoría islamista y cómo se han obviado todas las pistas que condujeran hacia ETA, no podemos evitar hacernos la pregunta: ¿fue el 11-M un órdago lanzado a la cara de Zapatero?

Lo malo de esa pregunta es que resulta enormemente pertinente. Enfrentado a una masacre de ETA (con o sin colaboración de otras instancias), ¿cómo reaccionaría el PSOE aquel 11 de marzo? ¿Se encogería de hombros y daría por perdido el poder para muchas legislaturas, en las que los españoles veríamos sucesivamente la desaparición de ETA y la de los partidos nacionalistas en los que el PSOE había comenzado a apoyarse? ¿O aceptaría el órdago y tendería la mano salvadora a ETA, aferrándose a la única posible solución: un golpe de estado mediático que expulsara al PP del poder y que permitiera al PSOE intentar un final dialogado de la violencia?

Dicho de otro modo: el rosario de mentiras y cortinas de humo que inunda el sumario del 11-M, ¿estaba preparado de antemano, o fue improvisado sobre la marcha para responder al órdago de ETA?

Lo chapucero de muchas de las pruebas falsas, las inmensas contradicciones y lagunas de la versión oficial del 11-M apuntan a que hubo una gran dosis de improvisación en aquellos tres días de marzo. ¿Movilizó el PSOE a sus terminales en las fuerzas de seguridad para construir a toda prisa una tesis islamista y tapar, al precio que fuera, una posible participación de la banda terrorista ETA en la masacre? Situado entre la espada y la pared, ¿decidió Zapatero ligar su suerte a la de ETA? Es una de las hipótesis que se barajan. No es la única, ni tampoco la más inquietante, pero permite explicar a la perfección por qué estamos inmersos en una nueva edición de los Pactos de Estella.

Enigmas paralelos
Ni en sus sueños más delirantes podría haber imaginado el curso de los acontecimientos ninguna de las personas que dieron su voto a Zapatero el 14-M. Yo no fui una de esas personas, pero creo que todos intuimos con bastante claridad qué fue lo que movió a mucha gente a votar de buena fe por el Partido Socialista aquel 14 de marzo: la convicción de que el Gobierno del PP se había equivocado en su política exterior, apoyando una intervención que buena parte de la opinión pública consideraba injusta; la convicción de que esa política exterior nos había situado en el punto de mira del terrorismo islámico; la convicción de que habíamos sido golpeados salvajemente por ese terrorismo islámico; la percepción de que el Gobierno del PP había tratado arrogantemente de capitalizar primero el atentado y engañar después a la opinión pública; y el miedo a que pudiéramos volver a ser golpeados.

En consecuencia, votaron a una alternativa que creían que representaba lo contrario de aquello que desaprobaban: un Gobierno que cesara en el apoyo a Estados Unidos, alejando así la amenaza de nosotros, y que no cayera en la arrogancia ni en la mentira.

Realmente, Zapatero lo tenía muy sencillo para haber satisfecho las expectativas de quienes le votaron el 14 de marzo. Le bastaba con variar diplomáticamente la política exterior sin necesidad de ningún desplante; por ejemplo, pactando discretamente con Estados Unidos una salida consensuada de Irak. Le bastaba con haber realizado una serie controlada de concesiones puntuales a sus socios nacionalistas, para garantizarse su apoyo, mezclada con gestos simbólicos de mano tendida hacia una oposición absolutamente desarbolada, gestos simbólicos que le hubieran consolidado ante la opinión pública como un presidente de "talante", adueñándose así del voto moderado. Resulta curioso que los mismos que recomiendan al PP las virtudes de la moderación eviten señalar lo incomprensible que resulta que el PSOE no haya practicado esa misma moderación, que le hubiera sido enormemente más rentable desde el punto de vista electoral.

Zapatero tenía todas las cartas en su mano para asegurar una hegemonía del PSOE durante tres legislaturas, el tiempo que hubiera requerido el PP para recomponerse tras el varapalo. Y, sin embargo, renunció a jugar esas cartas.

Que Zapatero optara en Irak por una retirada ostentosa e inmediata, en lugar de pactada y prudente, puede explicarse por su escaso sentido de la diplomacia y de las relaciones internacionales. Que Zapatero decidiera prescindir de los gestos de mano tendida hacia la oposición, aunque fueran simbólicos, puede ser explicable por su arrogancia o su sectarismo. Pero para lo que no existe explicación ninguna desde la perspectiva de un votante del 14-M es para el frenesí de claudicación ante el nacionalismo catalán, primero, y ante ETA, después. Nada de eso estaba en el guión ni era necesario.

La gente no votó el 14 de marzo para que se iniciara un proceso de desintegración nacional, ni para que se concedieran a ETA todas y cada una de sus reivindicaciones, desde la salida de presos hasta la anexión de Navarra. En consecuencia, si eso no estaba en el guión y si Zapatero tenía otras opciones más rentables electoralmente, ¿por qué opta Zapatero por iniciar ese camino? Esa es la pregunta que cada vez más gente se hace.

¿Qué razón puede haber tan poderosa para que todo un Partido Socialista Obrero Español inicie un camino de depuración interna en sus filas (Gotzone Mora, Rosa Díez, Francisco Vázquez, José Bono, Juan Carlos Rodríguez Ibarra), apoye un Estatuto catalán claramente favorecedor de la casta político-financiera que gobierna Cataluña o acepte todas y cada una de las condiciones impuestas por sus socios nacionalistas y por una banda terrorista, negándose incluso a interrumpir el diálogo después de que los terroristas pongan dos muertos en la mesa de la negociación?

Todo eso era innecesario... a menos que existan factores que la opinión pública desconocía aquel 14 de marzo. Factores que justifican cosas inasumibles desde una óptica socialista, como expulsar de la vida pública al sector españolista de su propio partido, como garantizar que reciban más financiación las regiones más ricas o como aceptar la primacía de los derechos étnicos sobre los derechos individuales.

Quienes pretendían enterrar el 11-M bajo un manto de olvido y silencio están sorprendidos de que las dudas en la sociedad crezcan a un ritmo acelerado. Pues no sé de qué se sorprenden. Es precisamente lo inexplicable de la actuación del Gobierno lo que induce a la gente a buscar explicaciones. Y, al echar la vista atrás, lo que ven en el origen de esa serie de decisiones incomprensibles es una sola imagen: la de unos trenes reventados. Una imagen que el Gobierno se niega a aclarar después de tres años. Igual que tampoco nos aclara cuál es la poderosa razón que existe para destruir un sistema de convivencia que nadie, salvo ETA, estaba poniendo en cuestión.

Lo que temen aquellos votantes del 14-M es que el silencio del Gobierno signifique que esos dos enigmas están relacionados.

A paso de carga
Si Zapatero y el PSOE son prisioneros de ETA desde el mismo 11 de Marzo, todo lo que ha sucedido en España en estos últimos tres años resulta comprensible... y previsible. Zapatero no podía hacer nada para actuar de forma distinta a como lo ha hecho. Como no puede hacer nada en el futuro para evitar actuar como va a tener que hacerlo.

Si partimos de esa hipótesis del chantaje, era previsible que Zapatero se negara sistemáticamente a condenar los atentados de ETA. Era previsible que se permitiera a Batasuna volver a las instituciones, reencarnada en un PCTV que no oculta su condición de franquicia. Era previsible que fuera el mismo Zapatero quien hiciera lo posible para desbloquear un Estatuto catalán que ha de actuar como preludio del vasco, y que las chiquilladas de los maragalles, los carods y los mases estaban haciendo peligrar. Era previsible que Zapatero doblara la mano a su propio partido, para que hasta Alfonso Guerra avalara con su voto ese estatuto de semiindependencia para Cataluña.

Era previsible que se movilizaran todos los recursos financieros y de presión para desactivar cualquier oposición en los medios y, especialmente, en aquellos que más predicamento puedan tener entre los lectores, los oyentes y los espectadores de la derecha. Era previsible que se recurriera a cualquier cosa para evitar que la investigación del 11-M se saliera del guión. Era previsible que se utilizara cualquier procedimiento, por abyecto que fuese, para dividir, silenciar o marginar a las víctimas del terrorismo. Era previsible que se redoblara la presión sobre jueces, fiscales e instituciones penitenciarias, para ir allanando el camino a las medidas que tienen que venir. Era previsible que Zapatero tratara de vendernos la tregua de ETA como un luminoso sendero hacia la paz. Era previsible que Zapatero no pudiera romper las negociaciones con los asesinos ni siquiera después de que volvieran a asesinar...

Juan José Ibarretxe.Zapatero no tiene otra salida, y eso es lo que lo hace previsible: todas y cada una de las condiciones de ETA han sido aceptadas. El brazo político de los asesinos volverá a las instituciones, esta vez de manera abierta; veremos incluso una coalición electoral entre ese brazo político y aquellos miembros del PSE que no sean depurados por el camino.

El País Vasco tendrá un estatuto mucho más ambicioso que el rechazado Plan Ibarreche, un estatuto que le garantice un Estado dentro del Estado, lo que tiene –como en Cataluña– todas las ventajas de la independencia y ninguna de sus desventajas, ya que será el resto de España el que pague las facturas. Las competencias penitenciarias serán transferidas al Gobierno vasco, lo que garantiza la salida escalonada de los presos, independientemente de los delitos que tengan en su haber. El acoso a las víctimas continuará, para tratar de neutralizar cualquier oposición a esas medidas. La depuración interna en las filas del PSOE dará cuenta de cualquier discrepante que se atreva a levantar la voz. Y Navarra quedará, primero, como entidad subordinada a un órgano de coordinación con el País Vasco, y luego como una parte más de una Euskalherría que nunca existió, pero que Zapatero se encargará de crear. Así se lo mandan los pactos con ETA a Zapatero, y así se hará.

Durante estos tres años hemos podido ver en los medios de comunicación a todo tipo de comentaristas retirando paso a paso esas líneas rojas que creían que no se podrían traspasar. A los mismos que te espetaban un: "¡Cómo va a aceptar Zapatero que se defina Cataluña como nación!" no les quedaba más remedio unos meses después que recurrir al: "¡Hombre! El partido no le va a permitir a Zapatero que se apruebe un Estatuto inconstitucional". A los mismos que afirmaban con rotundidad que conocían los nombres de los cuarenta diputados del PSOE que se negarían a avalar con su firma la desintegración de España no les quedaba más salida, al cabo de unas semanas, que tratar de tapar el debate sobre el Estatuto con la "buena nueva" de la falsa tregua de ETA. A los mismos que anunciaban a bombo y platillo que ETA había decidido convertirse en una ONG no les quedaban más narices, anteayer, que quitar hierro a las evidencias de que ETA continúa aprovisionándose y discutir la corrección de los matasellos de las cartas de extorsión a empresarios. Pasito a pasito, pero retrocediendo siempre en la dirección que fue marcada el 11-M. Incluso después del atentado de Barajas, sigue habiendo analistas que justifican la actitud de claudicación total de Zapatero.

Entre los escombros
Sin embargo, algo ha cambiado en estos últimos meses. Si el atentado de Barajas no hubiera provocado víctimas, quizá el plan hubiera podido seguir adelante sin modificaciones. Pero los dos muertos les han cogido con el paso cambiado. Por supuesto que esperaban un atentado, pero no de esta magnitud, ni con víctimas mortales. ETA no buscaba tampoco esas víctimas, pero tampoco le preocupa que se hayan producido: sabe que es el PSOE quien va a tener que cargar con el coste de opinión pública de cualquier víctima que se produzca. Incluso, con una siniestra frialdad, los asesinos de ETA saben que esas víctimas acentúan la presión sobre un Zapatero que no tiene otra salida que huir hacia adelante.

Zapatero es consciente de que, abierta la veda de los muertos, ETA dispone aún de más poder de coacción sobre el Gobierno, poder que no dudará en utilizar con el fin de que éste respete el calendario de pagos. Pero, en el banco de la opinión pública, esos dos muertos han hecho que el índice de solvencia de Zapatero se reduzca hasta extremos alarmantes. ¿En manos de qué usureros tendrá que ponerse Zapatero para conseguir el crédito con el que pagar y del que ahora carece?

Zapatero.Preparémonos para lo peor. No habrá vuelta al Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo: ya lo anunció López-Garrido. Se cerrará de nuevo filas en un frente anti PP: ya lo sugirió Rubalcaba. Se continuará el proceso de cesiones a ETA-Batasuna: ya lo dejó traslucir Zapatero y lo está confirmando día a día el PSE. Y para compensar el coste que esa posición va a tener, la campaña contra el PP y contra los medios de comunicación independientes está siendo feroz.

Zapatero no va a detener su carrera hacia el abismo, y arrastrará con él a su partido. Y al propio régimen. Y la factura, como de costumbre, la pagaremos a escote entre todos los españoles.

A menos que la sociedad civil sea capaz de reaccionar y de decir de forma cívica y pacífica, pero firme y clara, que se acabó. Que se acabaron las mentiras. Que se acabaron las manipulaciones. Que se terminó lo de que la ley no se respete. Que ya no hay barra libre para ningún asesino. Que tenemos derecho a saber la verdad sobre todo lo que ha ocurrido en España desde las 7.37 del día 11 de marzo de 2004. Que el hecho de que en España haga falta un Partido Socialista fuerte no quiere decir que haga falta este Partido Socialista. Que los españoles no nos merecemos este presidente de Gobierno.

Y, sobre todo, que no estamos dispuestos a seguir siendo la carne de cañón dentro de un proceso "duro y difícil" que no busca conseguir la libertad, ni siquiera la paz, sino simplemente garantizar el poder a un individuo capaz de largarse a tomar las uvas rodeado de patos en Doñana mientras, entre los escombros de la T-4, los equipos de rescate seguían tratando de encontrar a los muertos.

Este texto forma parte de 11-M. GOLPE DE RÉGIMEN, el más reciente libro de LUIS DEL PINO. Editado por La Esfera, saldrá a la venta el próximo martes, 20 de febrero.

Sin consuelo, veinte años después
Víctimas de De Juana lamentan el protagonismo del etarra, que les obliga a revivir su dolor, e inciden en que no se ha hecho justicia porque «no ha cumplido ni un año por cada asesinato»
OLATZ BARRIUSO o.barriuso@diario-elcorreo.com/BILBAO El Correo 18 Febrero 2007

Las tres historias de estas páginas son las de tres jóvenes guardias civiles. Dos de ellos, asesinados por el 'comando Madrid' de ETA a mediados de los ochenta. Un tercero, superviviente de uno de los atentados más sangrientos de aquella célula terrorista, el que acabó con la vida de doce agentes en prácticas de tráfico. No es casualidad porque, de las veinticinco asesinatos que Iñaki De Juana Chaos cometió antes de cumplir los 32 años -por los que fue condenado a casi 3.000 años de cárcel-, diecisiete fueron agentes del instituto armado. Otros seis miembros del Ejército y dos más, civiles: un conductor y un ciudadano norteamericano alcanzado por la onda expansiva de uno de los coches bomba que el 'talde' acostumbraba a cargar con abundante metralla «para hacer más daño». Hoy, veinte años después, son pocos los familiares de aquellas víctimas que alzan la voz, pocos los que sobrevivieron y tienen ganas de hablar. «No queremos removerlo más, bastante estamos pasando». Ésa es la respuesta más común.

Dos de ellos han hablado con este periódico. La madre de otra de las víctimas lo ha hecho a través de una carta enviada a la AVT. Los tres coinciden en que el ayuno de Iñaki De Juana, la discusión política y jurídica que ha suscitado y su constante presencia en el debate público han reabierto las heridas. No quieren fotos. Quieren «que se haga justicia».

MANUEL GONZÁLEZ BERMÚDEZ
Ex guardia civil herido en el atentado de la Plaza de la República Dominicana

«El país anda mal si un terrorista es el personaje más popular del momento»

Manuel González Bermúdez tenía 21 años cuando un semáforo en ámbar le salvó la vida. Como buen agente de tráfico en prácticas, aquella mañana de julio iba con la cara pegada al cristal del autobús, atento a la endiablada circulación de Madrid en hora punta. Eran casi las ocho de la mañana. Cuando el vehículo giró a la derecha en la Plaza de la República Dominicana para enfilar la calle Costa Rica, el chófer vio el disco verde cambiar a amarillo y no se lo pensó dos veces.

Aceleró. Apostados en una calle cercana, Iñaki De Juana Chaos y sus compañeros del sanguinario 'comando Madrid' de los ochenta tampoco pestañearon. Hicieron estallar una furgoneta bomba cargada de explosivos, conectados a su vez a cinco ollas a presión repletas de tuercas, tornillos y eslabones de cadena. Como se encargó de aclarar uno de los procesados, Esteban Esteban Nieto, durante el juicio, se trataba de causar «el mayor número de bajas posible». De los 54 alumnos de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil que habían subido al vehículo en el parque automovilístico de Príncipe de Vergara aquel 14 de julio de 1986, los etarras asesinaron a doce. La explosión se cebó con los que viajaban en la parte trasera. Los mayores de la promoción tenían veintincinco años. Los más jóvenes, diecinueve.

«Tenían pensado hacer explotar la bomba cuando el autobús se parase en el semáforo. Gracias a que el conductor aceleró hoy estoy vivo, porque iba sentado justo detrás de él», recuerda González Bermúdez. Aguantó diez años más sobre la motocicleta, 'cazando' a infractores y asistiendo a accidentados. Hasta que se «rompió». En 1996 le dieron la baja permanente por incapacidad. Le esperaban años de tratamiento psicológico, pesadillas y antidepresivos. «Llegó un día en que no podía más, no dormía por las noches, las comidas no me sentaban bien. Y en mi trabajo tenía que llevar una moto y un arma. No estaba en condiciones».

Hoy, Manuel explica que se ha mantenido a flote «porque he intentado no odiar» y por la pasión que siente por su nuevo 'trabajo' -así lo llama él-, que consiste en cuidar a tiempo completo a sus dos hijos, llevarles al colegio, recogerles, dejarles en clase de inglés, volverles a buscar. Cuenta que ha logrado prescindir por completo de las píldoras, aunque el lunes por la noche tuvo que recurrir a un relajante muscular -«las pastillas para dormir no quería ni tocarlas»- para poder descansar. Los telediarios decían que el Supremo había rebajado de doce a tres años la condena por amenazas a De Juana, uno de los ejecutores condenados por el atentado del que Manuel salió herido de metralla en el brazo derecho y con un compañero agonizante en los brazos. Murió allí mismo, camino del hospital de La Paz.

«Mientras De Juana y los suyos huían a su madriguera, un hombre valiente se acercó para ayudarnos y prestarnos su furgoneta. Lo normal era salir corriendo de allí. Llevamos al compañero al hospital, pero murió en mis brazos», recuerda el ex agente, que «dos días después» del atentado tuvo que subir a otro autobús para hacer sus prácticas, sin tiempo material para empezar siquiera a digerir el trauma. «Miraba a todas partes y pensaba que me iban a matar. Los mandos no tuvieron ninguna sensibilidad. Fue una época horrible, de decadencia. De Juana y los suyos nos mataban. Roldán, nuestro director general, nos robaba los pocos fondos que había para el colegio de huérfanos. Uno ya está en tercer grado y el otro ».

Manuel quiere aclarar que no es el preso de ETA en huelga de hambre quien le quita el sueño -«No pido venganza. No estoy a favor de la pena de muerte. Las víctimas, aun con tristeza, llevamos cuarenta años acatando las decisiones judiciales y no seré el primero que no lo haga»-, sino «un Gobierno que nos da dado la espalda». Así lo siente, y por eso, dice, se ha decidido a dar su testimonio, «como Ortega Lara». Algo se le «revuelve» por dentro cuando Manuel Chaves, el mismo que le condecoró con una medalla, dice ver «razonable» que se atenúe la condena de De Juana. No concibe que un hombre que no ha cumplido «ni ocho meses» por cada uno de los 25 asesinatos por los que fue condenado, «ni se ha arrepentido de sus crímenes», pueda salir en libertad en breve. «Los jueces deberían haber tenido en cuenta eso», reprocha Manuel, convencido de que «algo anda mal en un país en el que un terrorista como De Juana es portada de periódicos y telediarios y se ha convertido en el personaje más popular del momento».

MANUELA LANCHARRO REYES
Hermana de Antonio Lancharro Reyes, guardia civil asesinado en la Plaza de República Dominicana
«Para mí no es más que un asesino en serie con privilegios»

Antonio Lancharro Reyes aprobó el examen de tráfico para guardias civiles. Pero él nunca lo supo. Algunos días después de su muerte, compañeros del instituto armado visitaron a su familia y les llevaron los resultados de las pruebas de ingreso y una figurita de adorno. Representaba a un agente patrullando sobre su moto. A eso habría dedicado su vida Antonio si ETA no se la hubiera arrebatado con 21 años. También se había preparado para integrar el grupo de montaña del cuerpo. Viajaba en el convoy que el 'comando Madrid' hizo volar por los aires en la Plaza de la República Dominicana en julio de 1986.

Hoy, su hermana Manuela ya no es aquella adolescente «desorientada» que, con 17 años, perdió a su «hermano, amigo y confidente» y, con él, el norte de su vida. «Dése cuenta, con esa edad yo no salía a ninguna parte si no era con él. Íbamos siempre juntos y, si le gustaba alguna chica, recuerdo que me lo contaba para que le echara una mano». Manuela es hoy madre de familia. Ha logrado levantar cabeza, después de largos años sin poder hablar con nadie de lo que le pasó a su hermano mayor. Los años de plomo. «En aquel entonces las cosas no eran como ahora. No teníamos psicólogos a nuestra disposición. No podía hablar con nadie, y menos con mis padres. Lo único que quería es que mi madre no llorara más».

-Gracias, Manuela
-Gracias a usted. Por lo menos me he desahogado.

Pero todavía en estos días a veces se siente «perdida» e «impotente». Por ejemplo, cuando no sabe qué contarle a su hija de 14 años del tal De Juana Chaos que sale a todas horas en televisión. «Tengo miedo de que llegue, lo vea y pregunte. Ella sabe que es uno de los asesinos de su tío, pero, ¿cómo le explico lo que pasa? ¿Cómo le digo que no ha cumplido ni un año de cárcel por cada uno de los veinticinco que mató, que no ha demostrado arrepentimiento ninguno y que así y todo es posible que quede libre? Va a pensar mi hija que la vida es muy injusta».

De hecho, Manuela Lancharro clama, sobre todo, contra la Justicia. Y «su único consuelo», dice, «es que la haya en la otra vida, y que si no se hace aquí, se haga justicia divina». «Van a poner en la calle a un asesino frío y calculador y ni mucho menos reinsertado en la sociedad, van a soltar a una bomba andante», advierte. Y pide a los políticos y a los jueces empatía con las víctimas. «Que se pongan en nuestro pellejo». «A los que dicen que es justa la rebaja de la pena, yo les pregunto: ¿qué Justicia ha tenido mi hermano? ¿Se imaginan que mataran al suyo y el asesino no estuviera ni un año en la cárcel? ¿Es que nos vamos a tener que poner en huelga de hambre las víctimas para que se nos escuche un poquito?».

Manuela no siente compasión ninguna por el De Juana de las fotografías recientes, el preso postrado en la cama del Doce de Octubre. «Está así porque él lo ha decidido. Pena me da mi madre». Tampoco odio. «La primera vez que le vi la cara sí. Mentiría si no dijera que no sentí deseos de venganza. Pero luego te das cuenta de que no lleva a ningún sitio». El dolor de ser testigo de sus «privilegios» le recuerda vivamente al que sintió el día en que una mala noticia, aún confusa y sin confirmar, cambió su vida cuando estaba con su madre en una tienda de Sevilla. Viaje apresurado de vuelta a Madrid. Incertidumbre. El mazazo. Pastillas. «Mi madre se quedó casi ciega de tantas que tomó». «Duele verle todo el día. Revives todo de nuevo. Y encima ves que puede dar una entrevista, seguir amenazando, ves que su novia duerme con él todas las noches Para mí no es más que un asesino en serie con privilegios. Y mi hermano era bueno y tenía la vida por delante».

HORTENSIA GÓMEZ
Madre de Alberto Alonso Gómez, guardia civil asesinado en el atentado de la calle Príncipe de Vergara
«He recordado con amargura todo el dolor que sentí cuando mataron a mi hijo»

Hace seis años, en un homenaje institucional tributado a las víctimas del terrorismo en el Congreso de los Diputados, Hortensia Gómez deambulaba por los pasillos del hemiciclo conteniendo a duras penas las lágrimas. «No lloro por la emoción de este acto, lloro todos los días desde que hace catorce años perdí a mi hijo», declaró entonces. Hoy, Hortensia sigue llorando. Lloró «doce horas seguidas» cuando supo por los medios de comunicación la «trágica noticia» de que el Tribunal Supremo había rebajado la condena a De Juana Chaos. «Una pena que le deja en manos del Gobierno para salir más pronto que tarde», lamenta.

Hortensia «está muy mal», la disculpan desde la Asociación de Víctimas del Terrorismo, y no quiere hablar con nadie. Pasa las noches en vela. Pero ha enviado una carta a la AVT para hacer saber a quien quiera escucharla que la mañana fría y lluviosa de abril de 1986 en que ETA asesinó a su hijo Alberto y a otros cuatro compañeros de la Guardia Civil ha vuelto a su vida con intensidad directamente proporcional a la del 'caso De Juana'. Fueron 25 kilos de 'goma dos' y metralla en un Seat 124, activados al paso de un Land Rover en el que viajaban nueve guardias civiles con misiones de vigilancia en las embajadas del madrileño barrio de Salamanca. En la confluencia de Juan Bravo con Príncipe de Vergara, muy cerca de una clínica de maternidad, el coche bomba estalló. Tres agentes murieron en el acto. Otros dos, entre ellos Alberto, en el trayecto al hospital.

«He recordado con amargura todo el dolor que sentí aquel día. El peor día de mi vida ha llenado mi casa y mi mente otra vez», escribe ahora su madre. Hortensia hace responsables no sólo al hoy recluso en huelga de hambre y a sus compañeros de comando, sino también «a quienes están permitiendo que la muerte de mi hijo vuelva a mi vida de esta forma tan descarnada». Señala al Gobierno, a su presidente y a los jueces. «No voy a renunciar, no me voy a rendir, no voy a traicionar a mi hijo. ¿Ustedes qué van a hacer? Exijo firmeza contra el terror y lealtad a las víctimas», concluye Hortensia.

Víctimas de nuevo
ÁNGEL ALTUNA/PSICÓLOGO Y VÍCTIMA DEL TERRORISMO El Correo 18 Febrero 2007

EL AUTOR
Ángel Altuna nació en 1963 en Vitoria. Es licenciado en Psicología.
A los 17 años, un comando de ETA asesinó en Álava a su padre, Basilio Altuna.
Es miembro del Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (COVITE).
Ha publicado, en colaboración con Enrique Echeburúa y Javier Urquizu, la obra 'Orientación psicoeducativa para víctimas del terrorismo de segunda y tercera generación'.

El 11 de marzo de 2004 todos los ciudadanos vimos tambalearse los fundamentos de nuestra existencia personal y colectiva. Sentimos en el dolor de las víctimas nuestros miedos más profundos y primarios, y reconocimos, esta vez hasta el extremo, las más horribles capacidades de la condición humana para poder generar exterminio, dolor y sufrimiento. Quizá transcurridos tres años podamos hacer una labor de introspección y comprobar que sentimos un cierto vértigo al contemplarnos a nosotros mismos realizando diferentes análisis sociopolíticos sobre lo ocurrido, siempre desde una posición supuestamente 'objetiva' como simples observadores externos. Incluso nos atrevemos a dar explicaciones acerca de las causas últimas del atentado, convirtiéndonos así en expertos historicistas. Todo este proceso de intelectualización viene irremediablemente acompañado de la capacidad de alejarnos, casi sin darnos cuenta, de los efectos producidos. Y, en consecuencia, de las víctimas.

Tras el golpe atroz del atentado, el inestimable arropamiento emocional y la asistencia humana a los supervivientes y a los familiares de los fallecidos posibilitaron en algunos casos que las destrozadas referencias psicológicas pudieran reconstruirse desde un basamento más sólido. Frente al terror, la infamia brutal y la deshumanización, algunas víctimas encontraron en aquellos primeros momentos el calor del desconocido, del profesional sanitario, del voluntario, del funcionario que le ayudó, del vecino que le abrazaba, del minuto de silencio en un estadio. Todo esto significó mucho, pero, paradójicamente, también poco.

Las víctimas afirman hoy que aquel colchón inicial ofrecido por la comunidad supuso un primer paso inestimable, pero a la vez insuficiente, para encarar las sucesivas etapas que les ha tocado vivir y sufrir: la realidad insondable de la ausencia, la soledad más solitaria, las incapacidades adquiridas, la rabia y el resentimiento, la propia culpabilización del superviviente y lo que podríamos definir como una 'deconstrucción forzada'; es decir, lo que antes constituía el eje central de la existencia personal y ya no lo es.

En todo ese proceso posterior que afronta la víctima, el componente social resulta fundamental. Incluyo en lo social el apoyo de la Administración, el tratamiento de los medios de comunicación y la actuación de la Justicia. La víctima superviviente y el familiar del asesinado se sitúan indeseadamente desde entonces en un desagradable escenario, como es el terrorismo, sobre el que todo el mundo opina, discute y parece tener una explicación.

Ahora que arranca el juicio, la rememoración de las vivencias sufridas va a suponer un impacto emocional inevitable. Y es en este momento cuando se pondrán en juego las capacidades y los recursos actuales con que cuentan los afectados. Habrá personas que quizá tuvieran una mayor vulnerabilidad previa ante posibles situaciones traumáticas. Habrá otras a las que el apoyo recibido no les haya hecho recuperar todavía eventos y objetivos vitales positivos. También las habrá que, ante el trance judicial, hagan frente a estos duros momentos de una manera ejemplarizante por lo sobrehumano. Se producirán respuestas psicológicas tan distintas como personas afectadas existen. Incluso en una misma unidad familiar habrá quien desee estar absolutamente informado; quien se duela ante cualquier referencia y opte por desconectarse; quien procure transmitir sensaciones y desahogos de forma explícita y pública; y quien prefiera digerir los pensamientos y vivencias privadamente.

Estas víctimas específicas de 'macroatentados colectivos' corren el peligro de que su historia personal quede solapada y diluida por el gran número de damnificados o por la reducción de todo lo sucedido a una pequeña sigla: 11-M. Muchos de los que van a rodear en el futuro al superviviente o al familiar tendrán a su vez a un conocido, o a un conocido de un conocido, que también sufrió los efectos del golpe de una o de otra manera. En otras ocasiones, las reacciones del entorno pueden provocar una desviación de lo sufrido como algo más cercano a una catástrofe natural no intencionada que a un atentado terrorista, lo que puede debilitar la transmisión de las terribles vivencias personales.

Ante el hecho indudable de que la verdadera 'cojera vital' sólo la van a sufrir los propios afectados y los familiares más directos, quienes les acompañen pueden dar por sobreentendido y, por lo tanto no vivenciado, el dolor real de la víctima. Es, pues, imprescindible que se continúe personalizando a cada afectado en la divulgación de la información, en la atención social, en las ayudas comunitarias y en las tramitaciones administrativas. Y los medios deben seguir intentando humanizar y dar nombre a cada uno de los 192 asesinados.

Los factores psicológicos previos situarán a cada superviviente y familiar en una tesitura determinada, mientras el transcurso del tiempo va jugando sus bazas; muchas veces para bien y otras no tanto. Es cierto que la vivencia de un superviviente herido difiere de la del viudo, ésta será diferente a la vivencia del hijo y ésta, a su vez, a la de una madre. Todos ellos discurrirán, irremediablemente aunque con muchas dificultades, por otras etapas de 'reconstrucción' en la que puedan llegar a recuperar metas vitales, socialicen lo ocurrido y logren luchar si lo desean por la Justicia y la búsqueda de la verdad.

Verdad reparadora
Esta verdad, aunque produzca dolor momentáneo, tiene por norma general un efecto reparador en la víctima, como también las acciones policiales y judiciales ajustadas a Derecho. En la mano de todos está que el doloroso proceso de los damnificados hacia una nueva vida, que ya nunca será la misma, pueda ser un poco mejor. Las instancias judiciales deben tenerlo en cuenta. Las víctimas saben que nunca habrá proporcionalidad entre el daño recibido y la condena y el resarcimiento.

Magistrados de la Audiencia Nacional han sido conscientes, y se han hecho eco incluso en público, de que muchos de los procedimientos judiciales victimizan aún más a las víctimas; lo que los expertos han denominado 'doble victimación'. Cuidado con ello. Las víctimas delegan siempre en el Estado su pleito con los asesinos, a través de los tribunales. Nunca el Estado podrá hacer dejación de este contrato social que le obliga a administrar estos pleitos y a velar por sus consecuencias. Por ello, seamos ciudadanos absolutamente vigilantes ante la actuación judicial, seamos exigentes con los procedimientos; la gravedad de los hechos lo merecen. Y tampoco confundamos las peticiones de Justicia y las posiciones de firmeza de las víctimas con la venganza; es un insulto que nos vuelve a victimizar doblemente.

En definitiva, caigamos en la cuenta de que nunca nuestra democracia podrá agradecer del todo la respuesta ajustada a Derecho de todas y cada una de las víctimas del terrorismo en este país durante casi cuarenta años. También en estos momentos conviene no olvidarlo.

Memoria de un superviviente de De Juana Chaos
POR MIKEL AZURMENDI ABC 18 Febrero 2007

Con la imperturbabilidad del péndulo en sus entrañas los asesinos estipulan el día y la hora. Y la munición. Tic tac, tic tac. Día 12 de junio del año 1985. Madrid amanece claro y con un resto de la brisa de una noche en la que cuatro asesinos han dispuesto que el amanecer sea rojo. Que se expanda por España el calor de Euskadi, ese tinte de fondo rojo para «representar el llamamiento a guerra contra el extranjero» que Sabino Arana imprimió a su bandera al inventar el nacionalismo vasco. A las ocho y cuarto esperan los cuatro el paso de un coronel del ejército. Fuego cruzado contra el coche y asesinato del coronel Vicente Romero y de su chofer particular, Juan García, un asalariado que se ganaba la vida conduciendo. Dos menos, piensan los asesinos. Más rojo en esa bandera donde la cruz blanca significa Dios y la verde de brazos oblicuos, la independencia. Cuanto más rojo más cercano será el resplandor del nuevo dios, la independencia. Más muertos, más cerca del poder. De Juana Chaos y sus tres conmilitones han pensado retirarse preparando una bomba trampa en su propio coche. Por si arde Madrid en el aparcamiento de El Corte Inglés, avenida de Felipe II. «No teníamos dónde aparcarlo», dirá cínicamente más tarde De Juana ante el juez.

Un día señalado
Es un día importante para España pues concurren en Madrid los ministros de Asuntos Exteriores europeos para firmar, en el Senado, nuestro ingreso en las instituciones europeas. Por eso ETA debe sacar a pasear su bandera de sangre, con el nuevo dios de la serpiente enroscándose en el hacha. La ikurriña bicrucífera de los nuevos nazis. Por eso dos policías se pasan la mañana inspeccionando los sótanos del Senado. Son los especialistas en desactivación de artefactos explosivos Esteban y Gerardo.

Como la policía antiterrorista localiza el coche en el aparcamiento de El Corte Inglés y sospecha de él ante la presencia de varios cartuchos bien visibles, llaman a los tedax. Y acuden los más próximos, Esteban y Gerardo: «Enseguida vimos que uno de los cartuchos de las balas que había en los asientos de atrás tenía un hilito atado que se escondía por medio». Y como en las películas de malos, se acordona la zona pues entraban y salían coches de manera constante. «Mi compañero fue por una puerta, yo me fui por otra para poder tirar de los asientos traseros y ver algo, entonces nos fuimos cada uno por un lado para que el movimiento fuera lo más mínimo. Si te vas por un lado tienes que pegar un tironcillo más fuerte, entonces nos fuimos cada uno por un lado y conseguimos moverlo, moverlo un poquito. Metimos la linterna y ya vimos que había unos cuatro o cinco chorizos de goma dos, chorizos de dos kilos y una serie de metros de cordón detonante bastante pronunciado. También vimos que uno de los cordones detonantes se introducía dentro del maletero pero había allí unas cajas o algo, intentábamos meter la linterna para ver si había más explosivos en los maleteros, pero no conseguíamos ver nada... entonces en esa zona no quisimos, bueno, de hecho no se tocó nada al principio pero tampoco quisimos tocar..., no sé lo que era, si era como panel o cartón, no lo llegué a distinguir bien por la oscuridad que había y con la linterna, pues no se veía bien».

Maletero letal
Goma dos a la vista, cordones detonantes a la vista pero, oculto, un maletero impredecible que podía contener hasta 300 kilos de material para matar. Esteban y Gerardo deciden que se impone un desalojo completo pues a veinticinco metros seguía entrando y saliendo gente de la puerta del garaje. Se desaloja el conjunto de las galerías comerciales hacia las calles Alcalá y Goya y se desaloja también la zona de Felipe II. «Y volvimos a entrar otra vez en el coche. Que hay que tener un par de cojones... No había sitio para poder trabajar ni para intentar meter un robot».

Se consultan mutuamente e infieren, sugieren y deciden. «Había una típica pincita que era una de las primeras trampas que tenía, una pincita con el cablecito a sus lados. Creo que estaba más bien atado al cartucho. No se veía muy bien. Eso no lo tocamos para que no pasara absolutamente nada. La parte derecha del coche no tenía ningún artefacto, más que nada era explosivo y todo el cordón detonante, y la parte izquierda es donde estaba casi todo. Esteban y yo nos fuimos al lado de la izquierda, allí no había sitio para trabajar los dos, claro. Tomamos apuntes, tomamos notas mentalmente y comentábamos lo que veíamos. Una de las veces, estaba él mirando por la parte de delante, a ver si había algo en los asientos de delante y me quedé yo mirando atrás. Teníamos casi medio cuerpo dentro del coche, sin tocar nada, mirando él en el asiento de delante y me dijo: «¡Gerardo, quítate un momento que he visto algo!». No sé lo que vio. Yo me echo para atrás, porque no había espacio para poder trabajar dentro del coche, y entonces él se pone delante de mí. Yo me agacho un poquito para ver por debajo de sus piernas pero no veo, no se veía nada porque tenía la linterna por un lado y entonces no me enfocaba a mí, y como no veía nada me levanto. Conforme me estoy levantando me quedo ciego. No vi la explosión y sentirla, menos. Allí no se escucha nada, yo no oí absolutamente nada pero sí me quedé ciego, me pegó un resplandor, como si te tiras mirando al sol un par de minutos».

Fuego y miedo
Son las once de la mañana roja de la serpiente y el hacha. Gerardo, 31 años, sólo recuerda que salió como volando. Al recuperar el sentido, nota que se encuentra en el suelo, de lado, quemándosele toda la espalda. «Veo fuego por el parque, por las tuberías, veo que está ardiendo todo y me da miedo, me da miedo. Entonces es cuando yo noto que ha pasado lo que ha pasado. Me da mucho miedo». Por la experiencia que tiene en explosivos, Gerardo sabe que se descerrajan las articulaciones de muñecas, brazos, rodillas y tobillos, y tiene miedo de no sentir esas articulaciones y rehúsa levantarse y se acuerda de su Virgen de la Angustia, la patrona de Granada y le reza. No hay más remedio cuando truena. «Entonces me veo el brazo. Me miro y me veo el brazo todo en hueso, veo todos los tendones. Lo veo allí a mi lado. Yo no sabía si el brazo era mío o ya se había quedado allí, no sabía si lo tenía pegado todavía. Del mismo miedo que me da, lo cojo me lo pego al cuerpo y no me miro más por si me falta algo o no me falta. Y del mismo miedo me levanto y salgo corriendo». El coche arde y es un amasijo de fuego expansivo.

Mirado desde fuera de la moralidad, un cuerpo humano es un gran hueco revestido de un sutil caparazón. La mirada del artificiero añade que ese hueco es capaz de absorber una enorme onda expansiva. El compañero Esteban del Amo García le ha salvado la vida a Gerardo recibiendo aquél la onda expansiva, pero yace despanzurrado en pedazos. «Hay una familia que se ha criado sin padre y una viuda, y yo estoy vivo gracias a él», dice Gerardo y añade que salió «corriendo por el garaje. Todo estaba negro, negro, nose veía nada, no era un humo, parecía una pared, todo oscuro, todo negro. Pero yo veo una luz y salgo corriendo». Al emerger a la luz le hicieron una fotografía que ganó el premio periodístico del año. En un coche de la policía lo llevan y no recuerda si al Gregorio Marañón o al Provincial. Recuerda que un camillero lo coge y evitando el colapso de los ascensores lo conduce hasta quirófanos. Alguien le pregunta si puede abrir los ojos. Su cuerpo, quemado al 75 por ciento, consigue abrir los ojos. Y dice que le van a sedar. Gerardo sólo recuerda que estaba evacuando por todos sus orificios, cagándose, meándose, echando agua y sangre. A la tarde, despertó en otro hospital, en el de La Paz, sección de quemados. Recuerda que en la ambulancia escuchaba ecos de voces diciendo éste se nos va, éste se nos va. Siete operaciones en quince días para transplantarle piel sintética traída en vuelo especial de los Estados Unidos. En una de esas jornadas es cuando le dicen que Esteban murió. Hasta entonces le habían dicho que se hallaba en otro hospital. Su mujer lo aguanta todo. En casa tiene dos hijas, de nueve y ocho años, y un chaval de siete. Van a casa de los abuelos. Son el futuro al que hay que mirar pero Gerardo queda embarrancado en el aparcamiento de El Corte Inglés.

Resentimiento
Al daño físico se le une entonces el daño psíquico que le repliega hostilmente a uno dentro de sí generando el resentimiento para consigo mismo. Esteban ha muerto y él, ¿por qué él sigue vivo? Le visita el ministro Barrionuevo pero el gran quemado le manda a tomar por el culo. Asimismo. Gerardo no está para ministros ni para nadie. Tampoco hay sitio para él en su interior. Sus compañeros dejan de visitarlo, no quieren ser hostilizados, seguramente también se hallan culpabilizados. Lo abandonan. A Gerardo le llega el comentario de que había abandonado a su compañero para salvarse él. Gerardo teniendo que justificar su pasado. Esteban ya no existe pero Gerardo va muriendo a diario a manos de su propio rencor. Posiblemente se trata de la misma sintomatología que descubrió dentro de sí Jean Améry, un superviviente de Auschwitz: «En las mazmorras y campos de concentración del Tercer Reich, todos nosotros, debido a nuestra indefensión y fragilidad absoluta, tendíamos a despreciarnos antes que a compadecernos. No creíamos en las lágrimas... El resentimiento nos clava a la cruz de nuestro pasado destruido». («Más allá de la culpa y la expiación. Tentativas de superación de una víctima de la violencia», Pre-textos, 2001: 148-149).

Sin saber que se es víctima
Gerardo desconoce que él es una víctima del terrorismo. Cree que lo suyo era un acto de servicio. Nadie le avisa de que a los pocos años se celebra el juicio contra los terroristas, contra De Juana especialmente. Gerardo, solo con su hijo, siempre en casa porque su piel no tolera el sol, apagando la televisión cuando se informa de atentados terroristas. Durante cuatro años, Gerardo haciendo rehabilitación de su brazo izquierdo en el que le queda algún dedo pero sin sensibilidad. Jubilación a los cinco años del atentado sin indemnización monetaria alguna. «Me sentí humillado, ni una indemnización de cinco millones de pesetas por un destrozo de hombre, destrozada mi carrera de policía. Me gustaba mucho a mí la policía, me gustaba mi trabajo de tedax, y me la destrozaron por completo, destrozaron mi casa... Si venía alguna visita se la recibía en el rellano de la escalera, yo le decía a la mujer que no pasaran, que yo se lo agradecía un montón pero que estaba dormido y que no me molestaran. La verdad es que a mí no me apetecía hablar con nadie, ni que vinieran a verme, estaba vegetal, mi sensación era que no quería saber nada de nadie».

Luego surgen los problemas con el alcohol que multiplican los problemas familiares. Hasta que decide emprender una vida personal y deja el alcohol y busca trabajos para salir de sí mismo, barman con una mano, vendedor de extintores con una mano, guarda de seguridad con una mano. Y deja Madrid, y con su mujer emprende una nueva vida en Granada donde da con una persona, víctima como él del terrorismo, que le transforma la vida. Cobra sentido. Gerardo ahora ayuda a otros: «Conozco víctimas que lo han pasado muchísimo peor que yo... Mi problema, mi atentado, lo empiezo a poner en un segundo término».

Gerardo se apega a la vida, a la vida digna que exige verdad, justicia y dignidad. Y entrega parte de su fuerza a la Asociación de Víctimas del Terrorismo y altera su visión de ETA. Los terroristas no son ya para él el asunto personal de su pasado sino un problema de la democracia. Y piensa en la Ciudad política, que no debe serles entregada.

Además de dos docenas de muertos, la serpiente y el hacha de De Juana Chaos han dejado tullidos a múltiples Gerardo, vidas truncadas por las que el verdugo no ha sido nunca juzgado. Sin embargo un azar favorable ha vuelto más humanas esas vidas y el relato de su reinserción cívica nos vuelve más seguros de lo que es el Estado de Derecho y más determinados a defenderlo. Tic tac, tic tac. El péndulo imperturbable de las cosas de la verdad y de la justicia y de la dignidad. El montón de cadáveres de la ikurriña en su macabra danza hacia la independencia. El montón de tullidos y truncados...

Carmen Iglesias: «No comprendo la relación de la izquierda con los nacionalismos»

POR GERMÁN YANKE. MADRID. ABC 18 Febrero 2007

Acaba de recibir el premio Julián Marías de Humanidades de la Comunidad de Madrid, un galardón que se suma a una larga lista de distinciones. Carmen Iglesias es catedrática de Historia de las Ideas, miembro de la Real Academia Española y de la de Historia, y fue directora del Centro de Estudios Políticos y consejera de Estado. Pero más que sus títulos, cuando comienza la conversación, impresiona su mirada, franca, profunda, como si en sus ojos se comprobara que todo le interesa...

-¿Le gusta a usted Goya?, me pregunta en cuanto nos sentamos en un despacho de la Academia de la Historia.
Y como le digo que sí, me lleva a la sala de reuniones de los académicos a ver los cuadros, sobre todo el impresionante retrato de un fraile cuyo nombre no recuerdo. Más que mirar el cuadro miro cómo lo mira Carmen Iglesias, como si fuese la primera vez que lo ve. De vuelta al despacho, le pregunto:

-¿Cómo es la mirada de una historiadora sobre el presente?
-En primer lugar, es la mirada de alguien que se siente implicada y, como historiadora, con la óptica de una lente de distancia, comparando este momento con otras épocas. Saber lo que ha pasado en situaciones precedentes puede servir como aviso de navegantes.

-¿Y es cierto aquello de que si no aprendemos de la Historia estamos condenados a repetir los errores? [Carmen Iglesias sonríe a lo largo de todo el encuentro y, de vez en cuando, ríe levemente, como ahora]:
-Es en parte verdad, porque ya sabemos que hay gente que por no pensar es capaz de cualquier cosa. En la vida personal también se habla de compulsión repetitiva cuando se actúa de la misma manera aunque se sabe que no sale bien. Las pasiones siempre están presentes, y el conocimiento de la Historia, la lógica y la razón nos ayudan a modularlas. Pero si cometemos los mismos errores que en el pasado los efectos suelen ser distintos porque, con el paso del tiempo, lo son las condiciones.

-Usted ha estudiado con profundidad el siglo XVIII, cuando parecía que la razón lo podía todo. Ahora también hay poderes públicos que creen que pueden resolverlo todo y se habla de «ingeniería social»...
-Pero los ilustrados de verdad nunca creyeron que con la simple razón se podía organizar el mundo. Lo razonable, entonces y ahora, es desplegar un cierto optimismo porque, con el progreso material evidente -en el XVIII estábamos en plena revolución científica, como ahora-, algunos males pueden ser paliados. Y el progreso material tiene que ir acompañado de un proyecto moral. Se suceden y se repiten los horrores que acompañan a la Historia, pero se van creando focos de conciencia y de responsabilidad. Tenga usted en cuenta, por ejemplo, que el valor de la vida humana, cualquier vida individual, es un valor de anteayer. Montesquieu decía que el desarrollo de un país está en razón de su libertad.

-Ya sé que tiene usted, personalmente y como historiadora, una inclinación especial hacia Montesquieu, que, por cierto, algunos dicen hoy que está muerto.
-Es la ambición desmesurada de poder de algunos grupos políticos la que quiere enterrarle, pero espero que siga vivo entre nosotros. La formulación del Poder Judicial como un poder neutro es fundamental para el buen funcionamiento del Estado de Derecho, sobre todo teniendo en cuenta que todo ser humano tiende a aumentar el poder que tiene. La separación de poderes y la independencia de los jueces son mecanismos que, en una democracia, sirven para controlar el poder del Gobierno.
-Pero no me negará que, ahora, aquí, entre nosotros, abundan quienes piensan que el Parlamento, como sede de la soberanía nacional de la que emanan todos los poderes, debe controlar al Poder Judicial.

-Eso es falta de educación cívica.
-¿Por qué?
-Porque sabemos por experiencia que si tenemos un Gobierno y un Parlamento con mayoría absoluta sin el control de un Poder Judicial que no pueda ser removido, estamos ante un poder absoluto y totalitario. Hay procedimientos para recurrir las sentencias, pero sería gravísimo negar el principio de legalidad y la legitimidad del Poder Judicial. Son las reglas de juego, y en reglas de juego como éstas nos va la vida.

-Insiste usted, por un lado, en el individuo, en el ciudadano, y por otro, en la razón. Dígame ahora si la nación es un concepto discutible y discutido. [Ahora Carmen Iglesias se pone seria y responde con contundencia, como si le hubiera planteado una cuestión en la que ha meditado mucho]:
-En absoluto. Me escandalizó oír eso de una persona con responsabilidades serias . La nación tiene distintas acepciones desde el punto de vista lingüístico o histórico, pero tenemos la Constitución y, por lo tanto, un claro concepto jurídico de la nación: la reunión de los ciudadanos españoles, todos ellos iguales ante la ley. Y es el concepto moderno de nación, porque, en el momento en que se quiebra esa igualdad, volvemos a lo peor del Antiguo Régimen.

-Pero los nacionalismos siguen teniendo fuerza. E influencia.
-Y producen un efecto disgregador, contrario a la igualdad. Por eso no logro comprender el entendimiento de la izquierda con los nacionalismos más allá de las cuestiones puntuales, es decir, en el fondo de la acción política. Los llamados «derechos históricos» no responden en absoluto al desarrollo de la Historia, la mayoría son mitos inventados. Poner el grupo por encima del individuo acrecienta la desigualdad, es un retroceso.

-Sin embargo, da la impresión de que el nacionalismo llega más hondo que la Constitución, que a ésta le cuesta más, por decirlo de alguna manera, emocionar.
-Los nacionalismos se han investido de un aura romántica y explotan emocionalmente el sentimiento de pertenencia que tenemos todos. El patriotismo constitucional pertenece al campo de la lógica, no trata de explotar emocionalmente nada, pero está en el campo de las cosas que más valoramos en el mundo moderno: la libertad, la igualdad de oportunidades, el mérito personal. Todo lo que precisamente desaparece cuando se colocan el territorio, el grupo y el criterio del nacimiento por encima del mérito personal.

-Permítame que insista desde otra perspectiva. ¿Piensa usted que está en declive el sentimiento de lo español?
-Yo creo que estos años de democracia han sido un éxito, pero, lamentablemente, hemos padecido una suerte de efecto de péndulo: del secuestro de los símbolos españoles por el franquismo se ha pasado al extremo contrario, a identificarlos con la dictadura y rechazarlos y ponerlos en sordina...

-... Por cierto, cuando usted dirigía el Centro de Estudios Políticos se publicó un amplio trabajo sobre la historia de esos símbolos...
-Sí, y al parecer no se ha querido reeditar, aduciendo que era un libro reaccionario. Eso es lo absurdo, la manifestación de un complejo sin sentido, porque la identificación de lo español con la dictadura está fuera de la realidad y es prueba de un gravísimo desconocimiento de nuestra historia y del sano orgullo que debe producirnos ser españoles y haber avanzado como hemos avanzado. Claro que los símbolos tienen significado, y ahí están, por ejemplo, en el escudo de España Aragón y Cataluña...

-Permítame que se lo diga ahora con ironía: ¿puede ayudar el empeño actual por la «memoria histórica»? [Ahora ríe, pero enseguida contesta con seriedad]:
-Pero si se utiliza como un pedrusco... Mire, la memoria es individual. La Historia es una elaboración en la que no se puede decir cualquier cosa, que cabría en la memoria subjetiva, porque hay datos objetivos que se van ampliando con la investigación y el oficio. Y tengo que decirle que, aunque todo se puede ampliar y completar, es una falacia que haya espacios ocultos y olvidados en nuestra historia reciente. Son ingentes los estudios, las publicaciones, los seminarios, etc. sobre la Guerra Civil y la posguerra.

-Aunque algunas polémicas entre historiadores son sonadas.
-Ocurre en todas las profesiones y, a veces, también entre historiadores -responde con un deje de tristeza-. Nuestra profesión no es algo dogmático y cerrado, pero es una ciencia social y la ciencia, que siempre es matizada, acaba imponiéndose.

-Usted acaba de presentar un ciclo de conferencias sobre el siglo XIX siguiendo el rastro del liberalismo y el tradicionalismo en el reinado de Isabel II. ¿Fue esa una época de batalla entre la libertad y la reacción?
-Y también del modo en que se luchaba por los objetivos de ambos, porque se trata de un periodo lleno de golpes de Estado, de intentar imponer la hegemonía por métodos no democráticos. Y, por ello, de gran inestabilidad.

-¿La referencia al moderantismo tiene algo de aviso para los navegantes de hoy?
-España es hoy un gran país, que ha crecido en todos los aspectos y en el que se ha asentado la libertad, las mujeres toman conciencia de su ciudadanía, iguales a los hombres. Es un país con un pluralismo tan rico como nuestra propia historia.

-¿Y los problemas?
-El terrorismo, sin duda, y tendría que hablarle de nuevo de los nacionalismos. Y los intentos de reformar la Constitución por la puerta de atrás. Establecer en el seno de España relaciones bilaterales con un territorio determinado rompe la igualdad y es un paso atrás, hacia el Antiguo Régimen, que resulta preocupante. Todo ello en un ambiente de politización excesiva y con un grave déficit de nuestro sistema educativo, que es un campo en el que no hemos sabido aportar soluciones razonables y eficaces en estos últimos treinta años.

-Déjeme que le diga que, hablando de las relaciones con los nacionalismos, de la «memoria histórica», de lo que se ha dado en llamar «modelo territorial», etcétera. la veo un poco recelosa con el Gobierno actual.
-Me preocupa sobre todo el terrorismo. ETA mata. Es una diferencia radical, y en el País Vasco se vive la amenaza y el chantaje en la política y en la sociedad. Yo quiero que mi Gobierno lo haga bien y creo que hacerlo bien es no pasar por encima de eso buscando una solución que implique cesiones o que suponga alejarse de la igualdad y de la libertad de los ciudadanos. Hacerlo bien es estar del lado de la ley y de los amenazados y extorsionados.

-A pesar de esas críticas, y si me lo permite, no la veo yo como una mujer típicamente de derechas...
-Yo tampoco me veo así.
- ... Sino más bien, no se cómo decirlo, como la conciencia liberal de un grupo de intelectuales -sus amigos- más bien de izquierdas. [Ríe, aparentemente complacida]:
-Me gusta esa definición. [Pero inmediatamente añade...] Aunque, hoy, la diferencia entre la izquierda y la derecha tiene un sentido en el ámbito de la política, pero no se extiende más allá porque muchas de las conquistas de la libertad son ya patrimonio de todos, y así debe ser además. Hay un texto con esta tesis de Francisco de Ayala que debería ser de lectura obligatoria. Hemos hablado antes, por ejemplo, del principio del mérito personal, que, en su origen, pudo ser una proposición de la izquierda, pero hoy lo es de la izquierda y de la derecha, como tantas otras cosas que son ya valores intercambiables. A lo que me opongo, precisamente, es a lo que niega esas conquistas, a los nacionalismos que anteponen un nacimiento azaroso al mérito y a los derechos individuales.

-¿Conciencia liberal también como historiadora?
-Sí, claro, tanto desde el punto de vista de los temas en los que he trabajado como del de mis maestros: Díez del Corral, Maravall, etcétera. Con esa herencia, la conciencia liberal es evidente, pero también la conciencia que defiende el Estado de Derecho, un Estado que no es intervencionista pero sí fuerte para asegurar, con las leyes adecuadas, los derechos individuales.

-Y eso en un ambiente a veces crispado...
-¿Sabe? Recuerdo una ocasión en la que me quejé a don Luis Díez del Corral de recibir golpes de un lado y de otro. Me dijo que eso, que podía parecer una debilidad, era en realidad mi fortaleza: la independencia. Me gusta la independencia y no sabría actuar, además, de otra manera.

-Tengo una curiosidad, para terminar. Usted forma parte de las academias de la Historia y de la Lengua. ¿Le pasa a usted aquello de lo que se quejaba con humor Caro Baroja, que decía que los historiadores le consideraban en realidad un académico de la Lengua y en ésta le consideraban un historiador?
-Me siento muy a gusto en las dos. En la Academia Española estoy como historiadora, esa es mi aportación. ¿Se da cuenta de lo importante que es utilizar las palabras adecuadas y evitar las distorsiones y manipulaciones del lenguaje? Las palabras crean realidad, aunque no sea la realidad que quiere el que las usa...
[Me doy cuenta. Pero esa sería otra conversación que, al término de esta, se desea que comience cuanto antes].

El delirio irlandés
La visita de Arnaldo Otegi a Irlanda refuerza el eco vasco del proceso irlandés de paz Gerry Adams recicló su lenguaje de 1996, pero las diferencias son notables
ÍÑIGO GURRUCHAGA i.gurruchaga@diario-elcorreo.com/DUBLÍN EL Correo 18 Febrero 2007

El Gobierno anuncia un diálogo exploratorio con la organización político-terrorista que asola una región desde hace treinta años. Se celebran varios encuentros. Los representantes del Gobierno dicen a los dirigentes del grupo que, antes de participar en un diálogo político multilateral, la rama militar debe desarmarse, mostrar que su alto el fuego es permanente.

Los dirigentes de la rama política dicen que eso no era lo pactado antes del cese el fuego y el grupo terrorista de nuevo da señales de vida. El diálogo continúa. El Gobierno insiste y los dirigentes del brazo político dicen que el proceso está en crisis, que ha sido destruido por el Gobierno.

Intermediarios sugieren que la solución a la crisis es la puesta en marcha de dos carriles, una mesa política y una negociación para el desarme. El Gobierno no lo acepta; hay dificultades, pero el proceso sigue adelante. El ministro responsable comparece confiado ante la prensa.

Pero, al día siguiente, una bomba de espectacular potencia revienta una de las más nuevas infraestructuras de la capital. Mueren dos personas, que no pudieron ser evacuadas a tiempo.

¿Un resumen de lo ocurrido hasta la bomba en la termina T-4 del aeropuerto de Madrid? No. Un resumen de lo ocurrido en el proceso de paz en Irlanda del Norte hasta la bomba del IRA en Canary Wharf, el 9 de febrero de 1996.

El jefe de Gobierno era John Major. El ministro optimista en la víspera del atentado era sir Patrick Mayhew. La Policía y los servicios de inteligencia que no advirtieron la amenaza eran Scotland Yard y MI5. Inan Bashir y John Jefferies fueron los muertos accidentales. Tenían un quiosco frente al lugar donde explotó la bomba.

El IRA logró lo que buscaba. El 28 de febrero, John Major y el primer ministro irlandés, John Bruton, anunciaron el comienzo de la negociación política. El IRA tenía que reanudar el alto el fuego para que el Sinn Fein pudiese participar en la mesa política.

Reciclajes
Un periodista francés radicado en Irlanda que entrevistó esta semana a Arnaldo Otegi -en un correcto francés- y a Pernando Barrena -en correcto inglés- se asombraba ante los paralelismos: «¿Es como oír de nuevo lo que decía Martin McGuinness!».

Los irlandeses que simpatizan con ETA recordaron, durante la visita de Otegi, a Bobby Sands con la imagen de Iñaki de Juana.

Y Gerry Adams rebobinó su lenguaje de 1996 cuando, al comparecer con Otegi en el exterior de la sede de su partido, en Belfast, dijo, sobre la coyuntura vasca, que «todos los protagonistas tienen que hacer todo lo que está en su mano para encarrilar de nuevo el proceso».

Declaraciones de Otegi recordando que él ha leído, en las memorias de Adams, su conducta tras la bomba en Canary Wharf o artículos de autores simpatizantes con la izquierda abertzale, que han recordado el modelo irlandés tras la bomba en la T-4, refuerzan el eco.

Las relaciones de republicanos y abertzales son históricas y fuertes, «en todas las circunstancias», como dijo Otegi a una asamblea de republicanos en la noche del lunes en Belfast Oeste. Aunque el catolicismo vasco haya sido históricamente más protestante que el irlandés, por su acento en el valor del texto y la palabra frente a la imaginería religiosa, en la conducta individual y el valor de la comunidad frente al rito y la jerarquía.

Y el nacionalismo vasco tiene trazos comunes con el unionismo irlandés. Desde la idea de predisposición a la democracia de los vascos frente a una tendencia española a la dictadura, hasta la política sexual, que une los derrotes sabinianos contra el desorden moral de los sureños con Ian Paisley más que con John Hume.

Otro horizonte
A las enormes diferencias añadidas entre la geografía social de Irlanda del Norte y la del País Vasco, y al equívoco histórico, compensado en la alianza entre republicanos y abertzales con la idea del pueblo pequeño que se enfrenta al gran Estado, se añaden divergencias notables en la coyuntura.

El viaje de Otegi a Irlanda tenía como objetivo, según su propia declaración, presentar a los irlandeses su reciente propuesta de autonomía vasco-navarra con autodeterminación. En Irlanda del Norte, el problema es el reverso. A la autoderminación unionista de la región en 1920 se enfrenta el afán nacionalista de autodeterminación de toda la isla. Y, como consecuencia de la crisis del régimen regional autodeterminista, en 1996, la autonomía fue disuelta. Todo estaba por reconstruir. Los gobiernos de Londres y Dublín adelantaron propuestas institucionales para que unionistas y nacionalistas se hicieran una idea de dónde iba a desembocar la negociación. Adams presenta finalmente la autonomía compartida como un logro, aunque el IRA intentó destruir esa propuesta durante treinta años.

Los dirigentes abertzales han explicado a sus aliados irlandeses que, si en dos meses no hay respuesta positiva del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, el proceso hiberna. ETA, como el IRA en 1996, reanudaría sus atentados. Pero el horizonte norirlandés eran unos comicios y la predecible victoria del más maleable Gobierno laborista de Mo Mowlam y Tony Blair.

Nueva oleada de ataques radicales en Amorebieta y San Sebastián
Los violentos intentaron quemar una estación de tren en la localidad vizcaína y calcinaron dos vehículos de Telefónica en la capital donostiarra
AGENCIAS/BILBAO El Correo 18 Febrero 2007

Un grupo de radicales intentó ayer repetir el atentado que el pasado 5 de febrero inutilizó la estación de Renfe en Lutxana-Barakaldo al incendiar un apeadero de la empresa Euskotren en Amorebieta. El ataque se produjo de madrugada y formó parte de una oleada de actos de kale borroka, que dejó también un cajero automático y varios coches destrozados en la misma localidad vizcaína y en San Sebastián.

Los primeros altercados ocurrieron sobre la 1.20 horas, cuando varios individuos prendieron fuego a dos contenedores en la calle Txiki Otaegi, en Amorebieta. A continuación arrojaron varias botellas incendiarias contra un cajero de la BBK situado en la misma arteria, que causó varios desperfectos en la puerta de la oficina. Los radicales también intentaron quemar una cabina telefónica sin conseguirlo.

Según informó el departamento vasco de Interior, los jóvenes, todos ellos encapuchados, se dirigieron entonces a la calle San Pedro, donde lanzaron 'cócteles molotov' contra el apeadero después de rociar con líquido inflamable la cabina de mando de la estación y una máquina expendedora de billetes. La rápida intervención de los bomberos evitó que el incendio provocara daños tan elevados como en el atentado ocurrido en Barakaldo, aunque los destrozos fueron también considerables.

Por otra parte, en San Sebastián, varios encapuchados quemaron dos furgonetas de la compañía Telefónica estacionadas en el interior de un aparcamiento subterráneo en la plaza Pío XII del barrio de Amara. Los hechos ocurrieron poco después de la cinco de la tarde y los vehículos quedaron calcinados. Otros dos coches particulares resultaron afectados por el fuego, aunque los desperfectos fueron menores.

Condenas
El alcalde de Amorebieta, el peneuvista David Latxaga, se refirió ayer a la cadena de sabotajes y señaló que estas acciones «no aportan nada» y sólo «entorpecen el camino de la paz y la convivencia». Pese a que los incendios en la estación y la sucursal bancaria no causaron daños personales, el primer edil aclaró que sí ocasionaron «cierta alarma» entre los vecinos que estaban «tranquilamente durmiendo». Latxaga también lamentó que los daños materiales finalmente «tendrán que ser sufragados por los ciudadanos de Euskadi».

Desde el PP, María San Gil denunció «la impunidad» con que actúa ETA-Batasuna y recordó que los actos de kale borroka «se han multiplicado» desde la llegada del PSOE al poder.

Por su parte Begoña Errazti, presidenta de Eusko Alkartasuna, instó a los violentos y, especialmente a su entorno, a que tomen «una decisión firme» frente a estos ataques, puesto que «no es posible pedir que se respeten los derechos humanos, pedir respeto a los presos y defender esas tesis con ejercicios violentos». En la misma línea, el parlamentario de EB Oskar Matute reclamó a la izquierda abertzale una condena porque «sus deseos de paz se hacen menos creíbles cuando callan» ante este tipo de acciones.
 

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