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Recortes de Prensa     Lunes 19 Febrero   2007

ESTATUTOS DE ESPALDAS AL PUEBLO
Editorial minutodigital 19 Febrero 2007

La baja participación en el referéndum sobre el nuevo Estatuto de Andalucía, que no ha pasado apenas del 30 %, si algo ha dejado patente es la distancia existente actualmente entre la clase política y el pueblo.

A 7 de cada 10 andaluces le importa un bledo este nuevo estatuto que se han inventado unos políticos cuya percepción de los problemas de la nación claramente no discurre por los mismos derroteros que las autenticas preocupaciones de la ciudadanía.

El pueblo español no tiene ningún interés en reformar estatutos ni en profundizar en el sistema autonómico. El pueblo andaluz lo ha dicho ayer alto y claro, pero es que incluso el polémico estatuto de Cataluña cosechó más indiferencia que interés entre los catalanes. Por mucho que nuestros políticos lo quieran disimular, nos encontramos con un claro divorcio entre las intenciones de la clase dirigente y las necesidades del pueblo. Porque esta manía que ha entrado a nuestros políticos por cambiar estatutos, obedecerá quizás a sus ansias de poder, a sus ínfulas de protagonismo, o si se quiere a su deseo de controlar más presupuesto, pero a lo que buen seguro no obedece es a ningún tipo de inquietud popular.

No sabemos por que el PP, en vez de aprovechar la ocasión para demostrar que es capaz de estar junto al sentir del pueblo y recoger el desden popular por una reforma que no habían pedido ni necesitaban, se ha prestado a colaborar con un descarriado PSOE, empeñado, junto a las minorías nacionalistas, en convertir España en una especie de confederación de naciones ibéricas con la que soñaban algunos de sus perturbados abuelos frente populistas.

Evidentemente la iniciativa de reformar los estatutos de autonomía no se realiza en defensa de los intereses del pueblo, sino de una minoría, una elite política y económica que vive de espaldas al pueblo español. La consecuencia de que nuestros dirigentes no escuchen al ciudadano medio, no hagan el menor caso al constante desprecio que la voluntad popular demuestra hacía sus reformas territoriales, es que al final lo único que consiguen es generar más problemas.

Sí el nuevo estatuto andaluz es legal, y como tal será promulgado, pero sin respaldo popular alguno, legitimidad, lo que se dice legitimidad, no tiene ninguna.

Al margen de los andaluces

EDITORIAL Libertad Digital 19 Febrero 2007

Los andaluces estaban convocados a votar por el nuevo Estatuto, y han dado su opinión mayoritaria, inapelable. Simplemente, pasan del bodrio. Los datos son espectaculares; históricos. Casi dos de cada tres no se ha molestado ni en votar, porque el asunto no le despertaba mayor interés. Uno de cada diez votos emitidos ha sido en contra y una parte lo ha hecho en blanco. Es decir, que la gran mayoría de los andaluces han evitado apoyar el nuevo Estatuto. El fracaso ha sido monumental, y sólo la costumbre de los políticos de independizar su discurso de la realidad puede permitir a la Junta decir que ha sido un éxito. Aquello de que el Estatuto ha sido aprobado con la "voluntad mayoritaria" del pueblo andaluz es un sarcasmo con poca gracia, y un insulto al verdadero sentir de los andaluces.

Que el nuevo texto era innecesario era evidente ayer, pero hoy ha quedado abrumadoramente demostrado. José Luis Rodríguez Zapatero ha impulsado la renovación de los Estatutos de varias comunidades autónomas para dar cobertura al Estatuto de Cataluña. En definitiva, para apuntalar un cambio institucional en nuestro país que debilita la realidad nacional. Un cambio de régimen que ni en Cataluña ni en Andalucía ha recibido el respaldo debido para su importancia ni siquiera entre los votantes del propio Zapatero.

La secretaria de política autonómica del Partido Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, ha invitado a "una reflexión a quienes han impulsado y promovido" el Estatuto, esto es a Zapatero y a la Junta de Andalucía. ¿Será mucho pedir que el propio Partido Popular, que se ha sumado con entusiasmo a la promoción del nuevo Estatuto, reflexione también? Cabe pensar que el PP andaluz actuara con el miedo a que le ocurriera como a la UCD cuando ésta no apoyó el primer Estatuto, pero si algo tienen en común las formaciones de centro-derecha de entonces y de ahora es que han actuado al margen de los verdaderos deseos de sus votantes.

No obstante, es cierto que quien más ha apostado por este proyecto son los socialistas, y en particular su secretario general, Rodríguez Zapatero, y su presidente, Manuel Chaves. Y es a ellos dos a quienes más cabe achacar el fiasco. Promovieron un cambio estatutario al margen de las necesidades de la gente y la respuesta mayoritaria ha sido el desprecio. Este fracaso se produce pocos meses antes de que se produzcan las elecciones autonómicas y locales, que son más importantes de lo que cabría pensar. No ya porque se renuevan las instituciones y se produce un nuevo reparto político, sino porque las autonómicas han adelantando con frecuencia lo que sucede después en las elecciones generales.

Consecuencias de la abstención
Agapito Maestre Libertad Digital 19 Febrero 2007

Estaba anunciado: Zapatero caería en Andalucía. Chaves lo ha llevado al pozo. El régimen político que los socialistas han impuesto en Andalucía durante los últimos 25 años ha iniciado su caída. Ojalá sepa aprovecharlo el PP. De momento, dejaré a Arenas entre paréntesis; quizá sea verdad que éste ha jugado en los espacios que le marcaba el PSOE, porque no tenía otra opción. Ha intentado hacer guerra de guerrillas y aún está por ver si ganará... En todo caso, hay otro dato relevante para dejarlo, hoy, fuera de este comentario crítico: en el último mitin socialista de la campaña del referéndum, Chaves o uno de los suyos dijo que si la abstención era alta, la culpa sería del PP en general, y de Arenas en particular. Terrible. Un partido que culpa de su males a los adversarios es peor que totalitario y chantajista. Es perverso.

En cualquier caso, la altísima abstención del referéndum andaluz, lejos de legitimar a nadie, manda a las cloacas a todos sus políticos. Nadie, pues, saque pecho. Los andaluces no son ni chistosos ni frívolos o, al menos, no lo son más que otros ciudadanos de España. Se han tomado el referéndum en serio y no han ido a votar. Se han vengado de sus perversos políticos. Los andaluces no han querido entrar en el juego terrible de aprobar el esperpento de un esperpento: el Estatuto de Andalucía es, sí, la deformación del deforme Estatuto de Cataluña. Lo han hecho, como todos los pueblos limpios del mundo, con alegría y diversión. Se han reído con desparpajo de Zapatero y Chaves. Se han ido tomar el sol, a disfrutar el presente, porque saben que el lunes será sombrío.

Si hubiera el más mínimo sentido democrático en los partidos de la izquierda, mañana tendrían que dimitir todos los jefes de fila, naturalmente, empezando por el presidente de Andalucía, que ha sido el principal agente de la política de Zapatero. Los andaluces han dicho claramente que Andalucía es España y que no quieren participar en el engaño de cambiar la nación española por una perversa "nación de naciones". No hay más nación que España. A partir de aquí, tres consecuencias pueden sacarse de esta altísima abstención. Primera, los socialistas andaluces no sólo son culpables de lo que está pasando en Andalucía sino en toda España. En efecto, porque la mayoría socialista andaluza en el Congreso de los Diputados, que era la única fuerza capaz de enfrentarse a la barbaridad del Estatuto de Cataluña, no quiso parar la reforma ilegal de la Constitución a través de la reforma de los Estatutos, ha sido ahora castigada con la abstención a su no menos perverso Estatuto de Andalucía. Los Guerra y compañía tragaron en el Congreso de los Diputados y, ahora, han sido vapuleados. Prefirieron seguir cobrando de la empresa socialista antes que defender la nación española.

En segundo lugar, esta abstención está dirigida no sólo contra los socialistas en el Congreso de los Diputados, sino contra Chaves que lleva tres años vendiendo el rollo de la "realidad nacional andaluza". Desprecio, silencio y abstención es lo que ha recibido Chaves. Los andaluces sólo quieren ser españoles. Por lo tanto, si Chaves tuviera un poco de vergüenza, mañana retiraría ese documento que la ejecutiva socialista andaluza pretende aprobar sobre "la identidad nacional andaluza renovada". En otras palabras, si mañana, después del estrepitoso fracaso del referéndum, el PSOE de Andalucía aprueba el infame documento que pretende darle cuerpo político a la "nación andaluza" en el conjunto de las naciones de España, entonces habrá desaparecido para siempre la posibilidad de regenerar a ese partido político en España.

La abstención también ha golpeado duramente al resto de la "sociedad" que trabaja sólo y exclusivamente para el PSOE, para la Administración socialista. Las universidades, casi todos los periódicos y medios de comunicación, cientos de asociaciones patrocinadas por la Junta de Andalucía y un largo etcétera también han sido vapuleadas por la abstención, porque todos pidieron el sí para sus jefes políticos, los socialistas... En fin, la alta abstención no sólo pone en cuestión la política de destrucción de España de Zapatero, sino que es el primer castigo serio que recibe el régimen político, casi totalitario, impuesto por los socialistas en Andalucía.

Zapatero
Olvidar el terror
Isabel Durán Libertad Digital 19 Febrero 2007

Disfrazado con jersey de cuello alto negro y traje de chaqueta negro, al uso de sus socios de la extrema izquierda, con el rostro y ademanes tensos, severos y nerviosos, el presidente del Gobierno ha reaparecido en el País Vasco once meses después de anunciar en Vitoria que iniciaría un proceso de diálogo con la ETA. Si entonces aseguró también que cambiaría "el libro de la convivencia" (sic), o sea, la Constitución, para incluir una mención expresa a las víctimas del terrorismo, Zapatero se saca ahora cinco principios de la manga para que Otegi y sus hombres de paz obtengan su tajada el 27-M. Esto es lo que la televisión pública denomina "la hoja de ruta para alcanzar la paz".

El primero de los principios supone un regalo más a los terroristas que resulta injusto y tramposo con las víctimas: "para hablar de paz hay que olvidar completamente y para siempre la violencia en el País Vasco y en el conjunto de España". ¿Por qué tiene Zapatero tanto interés en el olvido del terror que todavía actúa y, por contra, se afana con ahínco en la recuperación de la memoria sesgada y sectaria de la guerra civil? Zapatero ha reescrito el guión de la memoria histórica pero pretende imponer el silencio y el olvido para con los asesinos de casi un millar de personas en democracia. Dicho queda.

Con la holgura intelectual y la credibilidad que le caracteriza, el presidente ha expuesto su segundo principio. Véase: para concurrir a las elecciones hay que respetar las leyes y, por tanto, la Ley de Partidos. Seguro que Fernández Bermejo y Conde Cumplido ya están apuntalando un extenso dossier para que se cumpla la ley empezando por la expulsión del Parlamento vasco a las nekanes del PCTV, es decir, a la formación con la que burlan la ley día a día los etarras de Batasuna en las instituciones. Y por supuesto que no habrá más actos de la ilegalizada Batasuna.

"El futuro de Euskadi se construirá a partir de un acuerdo plural", conforma el tercer principio presidencial. Nítido. Acuerdo con ETA-Batasuna y el resto de formaciones pero sin el PP. Todavía quedan dos más que no merece la pena ni comentarlos. Pero Zetapé ha olvidado decir que no habrá precio político, que no se plegará al chantaje etarra y que los terroristas cumplirán íntegramente sus condenas. La memoria y los olvidos del camaleón de La Moncloa hablan por sí solos.

11-M
Salvavidas mortales
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 19 Febrero 2007

"ETA está escribiendo sus últimas páginas, terribles, desgraciadas, pero sus últimas páginas", vaticinó Ibarretxe el 11 de marzo de 2004 a las 9.30 de la mañana. También sostuvo que los autores de la carnicería no eran vascos sino asesinos. Aparte de la ligera molestia que la disyuntiva subyacente ocasionó a la lógica aristotélica, las palabras de don Juan José sólo significaban una cosa: estaba convencido de que los asesinos eran vascos.

En cuestión de minutos, Otegi dio una rueda de prensa y dudó de la autoría etarra. Estaba lanzando dos salvavidas. Uno, pequeño y suficiente, para la ETA. Otro, más grande, para el llamado nacionalismo moderado y la izquierda española, que lo alcanzó tras varias horas de angustioso nado.

Otegi era el único que entonces dudaba (negar no era posible: habría sido tanto como hablar en nombre de la ETA). Aducía el carácter indiscriminado de los atentados y su "modus operandi". Es decir, mentía al fundar sus dudas. Mentía porque la ETA había realizado antes atentados indiscriminados. Mentía porque el "modus operandi" de la reciente masacre resultaba familiar. Así, las mochilas en la nieve de Baqueira. Así, el traslado etarra de centenares de kilos de explosivos para un gran atentado, operación en la que Rodríguez Ibarra no creía. Qué curioso, hay dudas que encajan con asombrosa perfección. Hablamos del mismo Rodríguez Ibarra que, según el diario El Mundo, inmediatamente después de la masacre dispuso un despachito para que el delincuente Vera gestionara algo. Con urgencia.

Otegi no sólo fue el primero en dudar de la autoría etarra. También fue pionero en la tesis islamista: apuntó, por usar sus propias palabras, a "la resistencia árabe". Los salvavidas de Otegi eran de buena calidad y venían con todas las garantías. Merece más atención de la que se le ha dedicado aquella comparecencia del jefe batasuno. Se la despacha así: No es raro que fuera el primero y que acertara, ¿quién más informado que él? Sin embargo, entonces nadie le dio crédito. A pesar de que estaba condenando los atentados. La obviedad, por tanto, es a toro pasado.

Puede que Rodríguez sólo viera el formidable salvavidas después de otras señales: las cintas de la furgoneta, las pistas de la mochila, etc. O puede que lo viera desde el primer momento. O que unos cuantos socorristas, desde oscuros despachos, evitaran su ahogamiento fabricando las señales ad hoc. Entonces se trataría de pruebas falsas, construidas y, por su función inequívoca, golpistas.

No hace falta insistir en que las pruebas troncales del 11-M no soportan el rigor analítico, y mucho menos el procesal. No hace falta porque el juicio ya está en marcha. Y ninguna campaña mediática, por agresiva que sea, va a alterar una lógica demasiado fría y demasiado rígida como para ser modelada por efecto del calor. No se pongan nerviosos, es inútil. Todo se sabrá tarde o temprano. Hay infamias posibles en cualquier lugar, como una matanza. Y hay infamias imposibles en una sociedad abierta.

Andalucía, otro fracaso de Zapatero
Pablo Sebastián Estrella Digital 19 Febrero 2007

El resultado de las elecciones andaluzas, aunque valida el Estatuto, constituye un sonoro fracaso de la política de reformas autonómicas de Zapatero, que se han hecho con un alto coste para todos los españoles porque esta reforma que, como está demostrado, carecía de demanda social se ha hecho sólo para contentar a los nacionalistas catalanes y vascos y para preparar el posible desembarco de ETA en la política, cosa que no parece que va a ser fácil visto lo que ocurre en el País Vasco y lo que pasó recientemente en Barajas.

Pero como en España no se asumen responsabilidades políticas no pasara nada y todo seguirá igual. Zapatero, con su eterna sonrisa y presumiendo en Vitoria de que todavía tiene ganas de continuar con el proceso negociador, y Manuel Chaves, en su sillón sin que se le caiga la cara de vergüenza o tenga la dignidad de dimitir por llevar al pueblo de Andalucía a una reforma autonómica que no interesa a nadie. Y con él le acompañan en el duelo Arenas y el PP, que se subieron al carro de la realidad andaluza para nada, mientras los andalucistas tampoco están para tirar cohetes porque a fin de cuentas han perdido el referéndum y sólo podrán presumir de contar con el 10 por ciento de los votos emitidos.

Así va y así discurre la política española camino de una gigantesca abstención con la que los ciudadanos están castigando los disparates y las ocurrencias del presidente, que lejos de cohesionar a los españoles, e incluso de reforzar sus apetencias identitarias o de más autogobierno, se están alejando un poco de todo, de la política en general y también de esta clase política y estos partidos que parecen tan agotados como el régimen nacido de la transición y que en vez de abrir horizontes nuevos, por ejemplo el de la revolución autonómica y la modernidad, están abriendo —como ocurre con la memoria histórica— a los problemas del pasado y la búsqueda más de lo que nos separa que de lo que nos une y nos proyecta hacia el futuro.

La culpa principal de todo lo que ocurre es sin lugar a dudas del liderazgo vacío y débil de Zapatero, a quien su partido, descapitalizado de dirigentes de primer nivel —sólo les queda José Blanco como gran estrella nacional y Montilla y Chaves en lo territorial—, se lo consiente todo, hasta que tope con la mayoría de los españoles, lo que tampoco se puede descartar. Pero imaginar una derrota electoral del PSOE, por mal que lo haga, es mucho pedir mientras Acebes y Zaplana sean las cabezas visibles del Partido Popular, donde su líder Rajoy deambula de aquí para allá, metido en la ambigüedad sobre la conspiración del 11M, que es como regresar a los días de marzo del 2004 en los que él fue derrotado y su partido perdió el poder y le abrió paso a Zapatero, un regalo llegado de los errores de Aznar.

¿A qué espera Rajoy para lanzar a Zaplana —que no cesa de crear problemas a Camps en Valencia y de intrigar en Madrid— y a Acebes, al que le acaban de pillar con las manos metidas en la cárcel ilegal y torturadora de Guantánamo? Sólo le faltaba al PP, en las actuales circunstancias, quedar pillados o comprometidos en el juicio del 11M como contrarios a la autoría islámica de la matanza de Madrid y favorables a la teoría de la conspiración que jalean El Mundo y la COPE sin la menor prueba o indicio, y con el solo objetivo de hacer clientela y de jalear la sospecha de los ciudadanos y votantes del PP que se resisten a reconocer la derrota electoral del 2004.

En España, las cosas de la política están mal, van mal y tienen un autor principal como es Zapatero. Pero el presidente tiene el poder, cuenta con el apoyo de grandes medios de comunicación y con la ayuda inestimable del núcleo duro —“la derecha extrema”, les llaman desde el PSOE— del PP, con Acebes, Zaplana, las apariciones de Aznar —otro que no se resigna— y el ruido de los medios afines, la COPE, El Mundo y Telemadrid, a los que nada tienen que envidiar en propaganda destructiva y manipulación otros medios del entorno del PSOE, los del Grupo Prisa, La Sexta o RTVE, que sigue esperando los cambios que merece. Ayer noche, en el informativo nacional que dio los resultados del referéndum andaluz, se habló de masiva participación (sic) y éxito de la consulta, como si no hubiera pasado nada, y sin el menor análisis sobre la gravedad de lo ocurrido.

Que sólo el 32 por ciento de los andaluces en edad de votar hayan apoyado el Estatuto, tres puntos porcentuales menos que los catalanes, que también fracasaron en el intento, es una mala noticia para Andalucía, sus gobernantes y para España y Zapatero. Ahí tiene nuestro presidente otro motivo más para sonreír y desde luego una oportunidad muy clara para reconocer el fracaso y el error de reabrir la caja de los truenos del Estado autonómico que, una vez abierta, mal veremos quién la puede cerrar, sobre todo cuando se sabe que aún le queda por delante la reforma del Estatuto vasco, que es en todo este proceso tan mal hecho como innecesario, la piedra angular. Todo se hizo para ver si subiendo las cotas de autogobierno ETA se decidía a entrar en política. Pero los etarras quieren más, quieren Navarra, autodeterminación e independencia. Y lo piden con tiros y bombas convencidos de que Zapatero se lo dará. De momento, el presidente, que ayer debería haber estado en Andalucía dando la cara por lo que pudiera pasar, se ha quitado de en medio y se ha ido, precisamente, al País Vasco para insistir en que está dispuesto a negociar.

Otro Estatuto al que la gente le da la espalda
Editorial Elsemanaldigital  19 Febrero 2007

Han sido 10.103 mesas electorales y 3.768 colegios repartidos en ocho provincias. Tales eran las cifras iniciales del referéndum celebrado ayer en Andalucía para que los ciudadanos diesen su opinión sobre el nuevo Estatuto de Autonomía. Pero la cifra realmente importante, la que será recordada en los libros de historia y debe ser analizada por los representantes de todos los partidos políticos es otra: Andalucía va a tener un nuevo y polémico régimen autonómico con un 87% de votos afirmativos sobre un escuálido 36%de participación. Demasiado poco en la Andalucía real para algo que parecía tan importante para la Andalucía oficial.

El ex vicepresidente del Gobierno de España, hoy presidente de la Comisión Constitucional del Congreso que aprobó este Estatuto, el andaluz Alfonso Guerra, ya había advertido de que la participación sería escasa y de que, en cualquier caso, debería ser comparada con el 46% de votos obtenidos por el Estatuto catalán pactado en esta misma legislatura por José Luis Rodríguez Zapatero y sus socios en Cataluña.

Desde un punto de vista legal, el resultado de ayer es suficiente para garantizar la entrada en vigor del nuevo Estatuto. Esto en sí mismo ya es un paso adelante, puesto que en 1981, cuando se propuso a los andaluces el Estatuto vigente hasta ahora, la baja participación de algunas provincias –concretamente Almería- dejó sobre la autonomía andaluza una sombra que tuvo que solventarse por un "apaño legal" entre UCD y PSOE. Nada de esto será necesario ahora: Andalucía tiene un nuevo texto estatutario, de modo enteramente conforme a las normas en vigor.

Ahora bien, cuando en una democracia los ciudadanos rehuyen mayoritariamente las urnas, hasta el punto de haber más abstenciones que votos favorables, algo debe estar sucediendo y los grandes partidos tienen que plantearse el problema sin falsos pudores. Ayer la mayoría de los andaluces no tenían interés en su nuevo Estatuto, como sucedió antes en Cataluña. Los españoles, que acuden en masa a las urnas cuando se trata de renovar las Cortes y el Gobierno de la nación, se muestran cada vez más distantes de la Administración que más influencia tiene en sus vidas, que es la autonómica. Algo se está haciendo mal si la gente no siente la importancia de votaciones como la de ayer, y corresponde a los gobernantes la responsabilidad de atender las peticiones implícitas de los electores.

Sin entrar en más consideraciones políticas, es evidente que Manuel Chaves ha fracasado en su tarea, al menos a la hora de incentivar a sus ciudadanos, a la que mayor atención ha prestado en estos años. Los andaluces han aprobado su nuevo Estatuto de Autonomía, pero a la fiesta democrática que la clase política les invitaba, desde luego, no han acudido. Por algo será.

Estatuto sin ciudadanos
Editorial ABC 19 Febrero 2007

CONFIRMANDO todas las previsiones, la participación en el referéndum sobre el estatuto andaluz ha sido muy baja: apenas el 35 por ciento de los ciudadanos llamados a las urnas ha ejercido su derecho al voto, lo que acredita un divorcio entre la clase política y la sociedad que encierra un grave peligro para la legitimidad del sistema. Algunos se llenan la boca hablando de democracia «participativa» y luego se apuntan a todo tipo de maniobras de salón para utilizar en su beneficio la voluntad popular. En rigor, el referéndum es la mejor expresión de la democracia directa. Sin embargo, se ha convertido en una fórmula para ratificar acuerdos del aparato de los partidos, que ejercen de hecho el monopolio de la representación.

La buena salud del Estado democrático exige un replanteamiento razonable de ciertas reglas del juego. En algunos países cercanos, el referéndum no surte efectos jurídicos si no viene avalado por una participación superior al 50 por ciento de los electores. Sería oportuno estudiar soluciones de este tipo, actuando bien sobre el quorum de participación o sobre el quorum de votos favorables para adecuar la voluntad popular con su expresión práctica en las urnas. Es evidente la legalidad del resultado en el caso andaluz -como lo fue hace unos meses en el estatuto catalán-, pero los niveles mínimos de interés ciudadano obligan a una seria reflexión sobre la efectividad del derecho a participar en los asuntos públicos que reconoce la Constitución y sobre la escasa influencia, a estos efectos, de los partidos sobre el ciudadano. Generar expectativas sobre asuntos que, a la vista está, generan desidia -y hasta antipatía- entre los ciudadanos es un error del que los políticos deben tomar nota. En especial, Rodríguez Zapatero, que inició de modo irresponsable un camino de reformas en el modelo territorial sin prever ni sus consecuencias ni el desdén que provoca entre la ciudadanía.

Los estatutos son la «norma institucional básica» de las autonomías y forman parte importante del «bloque de constitucionalidad». En Andalucía, el consenso de los grandes partidos ha permitido pactar un texto que, en principio, parece adaptarse a la Constitución. En Cataluña, en cambio, hay motivos para asegurar que se ha operado una mutación del modelo territorial. Carente de la mayoría necesaria para reformar la Constitución, Zapatero ha optado por degradar la norma fundamental y forzar su interpretación por medio de los estatutos. El resultado es que se ha modificado, en términos materiales, la voluntad del poder constituyente -es decir, de la nación española- con el acuerdo de bastante menos de la mitad de los ciudadanos de una sola comunidad. Sin incurrir en vicios de inconstitucionalidad, también en Andalucía se aprobó anoche una norma de máxima importancia por una exigua representación de los afectados por ella. Es cierto que más de seis millones de personas podrían haber votado, pero lo cierto es que los políticos no han sabido motivar a la opinión pública planteando debates artificiales sobre identidades imaginarias y despreciando los problemas que importan de verdad a la gente.

En efecto, este desinterés generalizado supone un fracaso sin paliativos de la clase política. Ante todo, el proyecto del Gobierno de impulsar reformas estatutarias está demostrando que sólo importa a ciertos políticos ávidos de repartirse cuotas de poder. Manuel Chaves, presidente andaluz y presidente también del PSOE, ha fracasado personalmente al apadrinar un texto que ha tenido muy escasa aceptación. No tiene sentido que pretenda culpar al PP, que ha sabido ser flexible para evitar una división en la sociedad andaluza que habría generado efectos muy negativos. Es hora de tomarse en serio la voz del pueblo, que se manifiesta cuando habla, pero también cuando calla. A nadie le importan las reformas estatutarias hechas a la medida de los intereses partidistas. En la calle, la gente habla de problemas laborales, de vivienda, de inmigración, de salud o de la educación. Fuera de los salones reservados a quienes ostentan el poder, nadie discute sobre competencias, financiación o definiciones más o menos «nacionales». Aunque el estatuto andaluz entrará en vigor con todos los requisitos legales, lo hará a costa de un notorio desafecto social hacia la clase política.

El referéndum andaluz:
La impostura representativa
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 19 Febrero 2007

El resultado del referéndum para la ratificación del nuevo Estatuto de Autonomía de Andalucía —una participación total de poco más de un tercio del censo electoral (6.185.664 personas)— acredita, por si hiciera falta, el creciente divorcio que separa en la España de hoy los intereses y la actividad ciudadanos de los que, ellos sabrán por qué, centran la atención de quienes dicen ser nuestros representantes.

El chusco sistema electoral sobre el que se edifica la democracia a partir de la Constitución del 78, especialmente la imposición de listas cerradas y bloqueadas, ha degenerado la que debió ser una España representativa y parlamentaria en una apariencia en la que los partidos políticos, sus cúspides, tienen secuestrada la voluntad colectiva.

Cuando, por ejemplo, Manuel Chaves fue, en el 2001, el primer presidente en anunciar una reforma del Estatuto de su Autonomía, puso en marcha un movimiento, de espaldas a la demanda social, que pronto animó a Cataluña y el País Vasco. Ibarretxe y Maragall fueron los primeros en ordeñar la idea del andaluz. ¿En beneficio de quién? De ellos mismos. Sacándose de la manga una “imperiosa necesidad”, según el modelo de los prestidigitadores clásicos, desviaron la atención de los ciudadanos y la centraron en algo inútil que, además, arrastra y seguirá arrastrando un rosario de perniciosos efectos secundarios. De momento, ya tiene la Nación española hecha unos zorros.

Una abrumadora mayoría de los que acudieron a las urnas —algo irrelevante en sus valores absolutos— le han dicho “sí” a una pregunta que nunca había surgido de sus conciencias cívicas, a una cuestión forzada por el interés socialista y torpemente, sólo por no perder el tren electoral, secundada por el PP. El PSOE tiene que vestir el santo que define su “política territorial” entre el soberanismo y el centralismo, y nada mejor que Andalucía para disimular el estrago que han generado en Cataluña, perpetran en el País Vasco y que, camino de la federalización de un Estado secularmente unitario, constituye el ideario de esa fantasmagoría que responde al nombre de José Luis Rodríguez Zapatero y reside en la Moncloa.

Andalucía, como Extremadura, es el gran vivero electoral de los grandes partidos nacionales cuando llega el momento de las comicios legislativos; pero, curiosamente, Andalucía, que no ha conocido más gobiernos estatutarios que los socialistas, continúa entre los furgones de cola de la riqueza nacional. ¿Es un nuevo Estatuto lo que precisa Andalucía o le sería más útil un marco gubernamental que, verdaderamente, fuera capaz de propiciar el desarrollo económico del territorio y el bienestar duradero de sus habitantes?

En Cataluña fue una participación de 48,8 por ciento la que dio vía libre al Estatut. En el caso andaluz estamos sensiblemente por debajo; pero, en lo fundamental, no hay grandes diferencias. En ambos casos la legitimidad del resultado, no su legalidad, queda en entredicho y, sobre todo, pone en evidencia la escasa representatividad de quienes ocupan los escaños del Parlamento de Sevilla con respecto a quienes votaron a un lote con sigla para que defendieran sus intereses. No los de la sigla y, menos aún, los que, con respecto a la sigla, tienen sentido en ámbitos más amplios que el andaluz.

El PSOE se dispone hoy para que su ejecutiva federal apruebe una nueva idea territorial de España, la que viene acunando Zapatero en sus sueños de grandeza. ¿Un camino hacia un nuevo modelo de Estado? Hay que recordar que en una democracia que vaya más allá de sus formalismos litúrgicos, nada es válido sin el respaldo de la voluntad colectiva y que esa voluntad se expresa a través de los representantes populares. ¿Alguien conoce el nombre, no el partido, de su representante?

Se llama ridículo
POR IGNACIO CAMACHO ABC 19 Febrero 2007

EL álgebra estatutario depara ecuaciones inversas: a mayor autonomía, menor respaldo. El estatuto que nos convierte a los andaluces en una nacioncita de pitiminí, un miniestado de la señorita Pepis, ha suscitado un entusiasmo perfectamente descriptible entre el pueblo en cuyo nombre se ha redactado. Tan descriptible como escaso. Exiguo, sucinto, corto, rácano. Casi ridículo. Más cercano al desplante que a la simple indiferencia. No era «muy nuestro», sino muy suyo. De ellos. De los de siempre. De los que llevan 25 años subidos en el mismo coche oficial, con las ventanillas oscuras para no ver la calle.

En el 81, cuando el autogobierno era un sueño compartido y nadie quería quedarse atrás en la nueva España que nacía al compás del anhelo democrático, el estatuto de Carmona convocó al 53 por ciento de los andaluces. Un año y medio antes, con la sociedad dividida por el incomprensible frenazo que la derecha intentó darle a la autonomía andaluza para instalarla en los furgones traseros del Estado, el pueblo saltó a piola el listón del 50 por cien ...¡de síes en cada provincia!, pese a que el partido en el Gobierno promovía la abstención. Un cuarto de siglo después, el acuerdo del 90 por ciento de la clase dirigente apenas ha logrado convocar a más de un tercio de los ciudadanos en el refrendo a un texto que se proclamaba fundamental para el futuro colectivo. Ahí hay un mensaje, y no parece demasiado difícil de entender. Se llama fracaso.

En democracia, un proyecto fracasa cuando no logra interesar al pueblo. Cuando éste se desentiende de las propuestas de sus dirigentes. Cuando la política se convierte en alquimia ideológica lejana al pálpito de la calle. Cuando los representantes públicos se muestran incapaces de hacerse entender por los ciudadanos. Cuando confunden sus intereses de casta con los de una sociedad preocupada por otras motivaciones. Cuando elaboran programas artificiales divorciados de la prioridad de la gente.

Pero claro, entender esto, asumirlo, implica rectificar, cambiar la agenda, aceptar la autocrítica, admitir que se gobierna al margen de la opinión pública. Así que es mejor buscar excusas. Que el adversario ha quitado el hombro, que la gente vive muy bien y está muy tranquila, que el electorado sólo se motiva en la confrontación o, todo lo más, que ha habido algún error en la comunicación del mensaje.

No pasa nada, pues. Que no vaya a dimitir nadie, por favor. Lo que ha ocurrido en realidad es que esta excelsa clase política, esta dirigencia iluminada que vela por nuestro futuro con celo clarividente, va tan por delante y alcanza tan lejos que su designio privilegiado escapa al entendimiento de las gentes comunes. Chaves puede seguir instalado en su cómodo virreinato, cesáreo, pastueño, inmóvil. Trámite cumplido. ¿Fracaso? Será de otros; el sí ha logrado su objetivo. Ya tiene mucho más poder del que necesita.

Contra el Estado de las Autonomías
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 19 Febrero 2007

(Alegato contra una supuesta maravilla que ningún político quiere cuestionar)

Las autonomías , el celebrado Estado de las autonomías es el cáncer de la democracia española, la carcoma de su economía, la hemorragia por la que se desangra la Constitución y el pozo negro por el que día tras día se precipitan los elementos de cohesión , el concepto de ciudadanía , los principios de solidaridad y hasta el sentimiento de formar parte de una misma Nación. El Estado de las Autonomias ha supuesto el más absoluto fracaso y lejos de resolver el problema para el que fue “inventado”lo ha exacerbado hasta límites que nadie de sus “fundadores” hubiera ni siquiera sospechado.

El Estado de las Autonomías es el peor desastre en que se ha podido meter España pero nadie se atreve a decirlo. Al contrario no hay discurso en que no se pregone su excelencia y todos asistimos complacidos al espectáculo clamando enfervorecidos lo maravillosamente bien que funciona sin querer ni siquiera ver la evidencia de su auténtico fiasco y de la bomba de relojería en la tripas de la Nación en que se ha convertido. Descuiden, no habrá un solo político que ose decir tal cosa ni que deje de cantar loas al sistema. La razón de mayor peso es que a ellos les va muy bien como clase y como casta. En todo suelen estar muy enfrentados. Los Estatutos es lo que mas pactan. La Constitución puede reformarse. El Estado de las Autonomías es intocable. Aún más: irrefutable.

El Estado de las Autonomías tuvo como esencial función propiciar que determinados territorios con “hechos diferenciales” tuvieran un mejor encaje y pudieran desarrollarlos en la normalidad de una Nación . El disparate del “café para todos” inició la senda del desastre. Porque habrá que considerar desde luego como el más atroz de los fracasos que lejos de sentirse integrados hoy las voces de secesión e independencia son cada vez mas claras y mas potentes. Y nadie negará, en su sano juicio ese hecho. Aunque haya quienes pretendan convencernos y a algunos convencen de que la mejor manera de unir es separándolo todo y que como mejor se vertebra es deshaciendo y desvertebrando. El Estado es residual en Cataluña proclamó Maragall. Los que sabían que era así o que le faltaba muy poco se lo tomaron a broma para que nadie se lo tomara en serio. Pero es serio.

Pero no es la cuestión ahora las peculiaridades del caso catalán o las sangrientas del asunto vasco, la reflexión es en conjunto , es al dislate general y viene a cuento siempre pero hoy tiene la percha de que ayer, por lo visto, hubo un referéndum en Andalucía

Para aprobar un nuevo estatuto que lo mismo que todos los otros nadie desde la sociedad ha pedido(el catalán cuando empezaron con el lio no interesaba ni a un 5 por 100), ni nadie siente como necesidad, ni en realidad necesita nadie excepto los políticos. Dos de cada tres andaluces no fueron a votar. No hace mucho en el catalán tampoco acudió a las urnas, a pesar del enorme revuelo, el 52 por ciento y al final fue aprobado con un exiguo 33 por 100 del censo electoral.

Los Estatutos, las apetencias de poder autónomo de los políticos, las proclamas de identidad nacionalista, los blindajes de competencias y el largo ecetera de deseos de la clase política , no tienen nada que ver y así lo percibe la mayoría de la ciudadanía con las verdaderas necesidades de la población, ni con sus problemas reales.

Pero las autonomías son el gran, inmenso, total, indescriptible, maravilloso e inagotable pesebre de la clase política.

Las autonomías no han vertebrado la Nación española. La están desvertebrando cada día más, y no lo digo solo por casos de evidente síntoma de separación y ruptura que pretenden los nacionalistas radicales y no tan radicales, sino por el disparate que alcanza a todos y da igual que se trate de agua, de fuego, de sanidad o hasta de geografia. Ya no digamos si es de historia lo que se habla o de lengua lo que se discute.

Las autonomias, amen de romper y hacer añicos los conceptos de ciudadanía compartida, de bien publico común de todos los españoles, de volvernos al territorio, a la tribu y enaltecer como señas identitarias en muchas ocasiones al patetismo mas atroz, pero eso si tremendamente subvencionado , han convertido el Estado en 17 taifas, con boato de reyezuelos (este es el país de las dos decenas de presidentes), con pléyades de visires (hay más ministrillos que hormigas) , miríadas de funcionarios y constelaciones de “clientes” fijados a las ubres. Y todo con un estado que, encima, sonríe bobaliconamente , cada vez mas raquítico, solo gestiona ya el 19 por 100 mientras que las insaciables criaturas exigen “más, más y más” y cuando llega el problema , sea fuego, agua, luz, chapapote o la última carretera no dudan en quitarse el muerto de encima y echárselo encima al que han dejado sin resortes ni recursos.

Diecisiete sistemas sanitarios diferentes, diecisiete sistemas educativos contradictorios y todo casi por igual de malos, peleas entre territorios por que el “agua es mía”, disputas por ver quien no acude a apagar los incendios y , a un paso estamos, diecisiete fiscalidades, diecisiete justicias . Pero eso si, algo unificador: ¿cuántos centenares de miles de cargos públicos? ¿Cuántos?. ¿Se atreve alguien a contarlos y a contárnoslo?.

El Estado de las Autonomías, dicen los políticos, no tiene marcha atrás. Ese parece ser nuestro sino y nuestra sima. Pero ¿por qué no ha de tenerla?. Será solo si al pueblo soberano no le da un día la real gana de cambiarlo. Y porque no puede el pueblo español un día parar y corregir ese camino que por mucho que nos digan que nos lleva a no se sabe que paraíso donde nos esta acercando cada vez más es a un callejón de muy malas salidas.

11-M
IÑAKI EZKERRA i.ezkerra@diario-elcorreo.com El Correo 19 Febrero 2007

Hay quienes han querido usar los atentados del 11-M para desactivar la lucha contra ETA, quienes usaron la condena y las víctimas del 11-M para negar las víctimas y la condena de ese otro terrorismo. Hay hasta quien de buena fe ha llegado a creer que el juicio y el enjuiciamiento del terrorismo islámico de algún modo podían servir al terrorismo etarra y puso el grito en el cielo cuando Izquierda Unida propuso un nuevo Pacto por las Libertades que abarcara a ambos. No sé qué tipo de propósitos guiarían a Izquierda Unida para hacer tal propuesta, que a uno no le parece nada desestimable porque venga de quien viene y porque uno ignore las intenciones que la animaron. No me parece una idea desestimable sino una excelente idea porque la permisividad de la sociedad española hacia el terrorismo integrista es mucho menor que la que le inspira el otro de signo autóctono. El 11-M pondría, en definitiva, en ese nuevo pacto el listón mucho más alto de los recursos y de la eficacia contra el terrorismo que el que pusieron los cientos de atentados de ETA en el Pacto por las Libertades que ya conocemos. Una revisión que presentara igual de inaceptables y punibles esas 'dos violencias' sería muy esclarecedora.

Ambos fanatismos políticos nos servirían de mutua referencia. Lo que Pilar Manjón no tolera en el integrismo islamista no lo toleraríamos los demás en el fundamentalismo independentista. No nos equivoquemos con ella y caigamos en un partidismo cortito de miras. Qué más da si Pilar Manjón odia al PP o lo ama. Esa mujer y sus demandas de Justicia para los asesinos de su hijo constituyen una impagable referencia. Porque lo importante, lo reivindicable, lo salvable, lo 'extrapolable' como dicen los políticos, lo sustancial, en fin, de Pilar Manjón no es su carné de sindicato o partido o secta sino su condición de víctima. Pilar Manjón pide lo que pide la inmensa mayoría de esas víctimas de las que ella pretende desmarcarse o han pretendido desmarcarla. Pide Justicia.

El 11-M como referencia, sí, ya que no lo han sido las 819 víctimas de ETA. El 11-M para 'extrapolar' las demandas de Justicia que nos exigen aquellos atentados de los trenes de la muerte a todos los atentados. Un ejemplo: la singularidad del juicio del 11-M es que todos los acusados condenan los crímenes de los cuales se les acusa. Este hecho nos invita a dos reflexiones. La primera de ellas es que 'no es tanto pedir' la condena del asesinato. La segunda es que no por condenar el asesinato el asesino se libraría de ser condenado él ni se borraría su historial antidemocrático. Los implicados del 11-M están más dentro de la Ley de Partidos que Batasuna, pero no parece que por eso podrán presentarse a las próximas municipales.

Principios
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 19 Febrero 2007

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, formuló ayer cuatro principios -el quinto no es ningún principio, sino únicamente la manifestación de una disposición personal del jefe del Ejecutivo- que, se supone, van a regir la actuación gubernamental a la hora de conseguir el final del terrorismo.

La afirmación de que «para hablar de paz hay que olvidar completamente y para siempre la violencia», puede dejar indiferente a ETA porque la organización terrorista no ha querido hablar de paz en ningún momento. ETA y su entorno no han hablado de «proceso de paz», como se hacía desde el Gobierno y otros partidos, sino de «proceso democrático», expresión con la que se referían a la negociación del cambio de marco político sin renuncia previa de la violencia.

Sostuvo ayer el presidente del Gobierno, como no podía ser de otra manera, que para presentarse a las elecciones hay que respetar todas las leyes, incluida la Ley de Partidos. Pero no sabemos -porque de lo dicho ayer no se deduce- cuál será la actitud del Gobierno si Batasuna, que no se ha desmarcado de la violencia ni la ha rechazado, presenta listas con alguna denominación de conveniencia. No sabemos si el Ejecutivo se quedará de brazos cruzados, como ocurrió cuando el PCTV-EHAK se presentó, o pondrá en marcha todos los mecanismos a su alcance -FSE, Fiscalía, Abogacía del Estado- para impugnar las listas ante la Justicia, que, en último término, es la que decide si se cumple o no la ley.

También abogó Rodríguez Zapatero por un acuerdo plural para Euskadi, aunque advirtió de que el PSOE no dará un paso mientras subsista la violencia y la amenaza. Podría pensarse que está cerrando el paso a cualquier negociación política, mientras se mantenga el terrorismo, pero esta interpretación sólo será válida si los hechos lo corroboran.

Durante la pasada tregua, el Gobierno acudió a dialogar con ETA sobre el abandono de las armas -tal como había autorizado el Congreso de los Diputados-, pero al ver que la banda no quería andar ese camino aceptó entrar en una negociación política con Batasuna. Arnaldo Otegi, durante su reciente viaje a Irlanda, reconoció este cambio del Gobierno cuando señaló que el Ejecutivo, en una primera fase, «intentó dictar una vía de paz por presos», pero acabó entrando en «una segunda (fase) en la que se avanzaba hacia el diálogo político» (El Correo 13-2-07).

Las palabras de ayer, por tanto, se formularon con tal nivel de abstracción que habrá que esperar a ver cuáles son las políticas concretas que se aplican en cada caso para ver si se avanza en una dirección o la contraria.

f.dominguez@diario-elcorreo.com

Zapatero mintió, su punto y final al diálogo solo dura un mes.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 19 Febrero 2007

Comenzar un comentario sobre nuestra realidad diciendo que Zapatero mintió, miente y mentirá es algo que Zapatero se empeña en demostrar como una verdad absoluta e irrefutable. El pasado día 15 de enero en su comparecencia en el Congreso tras el accidente de Barajas que produjo dos muertos y cuantiosos estragos, Zapatero dijo “En los hechos, ETA ha roto el alto el fuego declarado por ella misma. Ha puesto punto y final al proceso de diálogo. Ha clausurado la oportunidad abierta”.

Ayer en Vitoria nuestro presidente le dijo a ETA las condiciones para seguir con el proceso de paz con accidentes y sin violencia. Un mes le ha durado a Zapatero el dolor por la sangre derramada, ha pasado un mes y ya ha puesto punto y final al punto y final al diálogo. Resumiendo Zapatero mintió cuando dijo que el dialogo con ETA se había acabado.

He trascrito las palabras de Zapatero en el mitin de Vitoria ayer, con lo que dice no dice nada nuevo, solo reitera sus deseos de rendirse a ETA y volver a meterse en la cama con ella.

Para hablar de paz hay que olvidar completamente y para siempre la violencia en esta tierra y en el conjunto de España.

Vean el detalle, no pide que ETA desaparezca y entregue las armas y explosivos antes de hablar de nada, hoy se lo pone más fácil, basta olvidar la violencia, la frase es fantástica, porque permite seguir el guión, ETA declara una tregua de pacotilla con violencia, ETA se cabrea y mata a dos personas con violencia, Zapatero dice que para seguir el proceso hay que olvidar la violencia y la olvida la que mató a esas dos personas y una vez olvidada completamente no ha ocurrido y se puede seguir el proceso de paz con violencia y accidentes, que cada vez que ocurra ya se encargará Zapatero de olvidarla.

Para concurrir a las elecciones hay que respetar la leyes, todas las leyes y por tanto la ley de Partidos.

Zapatero se ha olvidado que hay una Ley o igual hay más que penaliza la posesión de armas y explosivos o el pertenecer a una banda armada, ¿Ese incumplimiento de la ley impedirá que concurra ETA Batasuna a las elecciones?, ustedes y yo sabemos que eso no lo impedirá, sabemos que Zapatero está mintiendo. Además sabe que la ley de Partidos dice taxativamente que ETA Batasuna no puede bajo ningún aspecto volver a ser legalizada al ser la continuación de un partido ilegalizado, pero eso se lo salta también.

Para respetar la Ley de Partidos hay que aceptar que en política solo valen los métodos democráticos y rechazar la violencia, la coacción o cualquier tipo de amenaza para estar en las representación institucional.

Veamos, Batasuna es ETA, para que Batasuna vuelva a ser legalizada Zapatero no exige que dejen de matar, de violentar y amenazar y de poseer armas y explosivos, para Zapatero el facilón basta que ETA rechace la violencia aunque siga con la violencia, que rechace las coacciones aunque sigan coaccionando y que rechacen las amenazas aunque sigan amenazando. A esto se le llama en mi pueblo ponérselo a huevo a ETA.

El futuro de esta tierra ha de ser un acuerdo plural entre partidos, decidido por los ciudadanos en el marco de la constitución y de las leyes.

Traducido, habrá paz a cambio de hacer concesiones políticas, lo del marco de la Constitución ya sabemos lo que le constriñe a Zapatero que es capaz de hacer Constitucional la voladura de la Constitución.

El Partido socialista siempre apostará por ese acuerdo plural, pero no dará un paso adelante mientras subsista la violencia o la amenaza de violencia

Aquí tenemos la clave del fin del punto y final del diálogo. Dado que no hubo violencia sino puros y meros accidentes no necesita más Zapatero para hacer de nuestra capa el sayo de ETA. Es lo que ha hace tiempo llamé la puesta a cero del contador de la violencia. ETA mata, Zapatero pone a cero el detector de la subsistencia de la violencia, comienza el conteo, pasado un mes desde la fecha de dos asesinatos no hay violencia, luego se puede seguir, si ocurre otro accidente se vuelve a poner a cero el contador, se dejan pasar 12 días sin violencia y ya tenemos un contexto sin violencia y se puede seguir y así indefinidamente. Es la paz sin violencia pero con accidentes. La gran tomadura de pelo.

Y quinto, mantengo intacta mi determinación por alcanzar la paz, por ver el fin de la violencia uniendo a todos los vascos, a todos los partidos vascos y unidos todos los ciudadanos de España, solo así trabajo como presidente de Gobierno.

Recuerden que Zapatero habla en zapaterés donde las palabras significan lo contrario de lo que dicen, por tanto la frase “ver el fin de la violencia uniendo a todos los ciudadanos vasos, a todos los partidos vascos” significa, todos menos los ciudadanos constitucionalistas y del PP. Vean lo que ha propuesto el PSE en el parlamento vasco de aislar al PP y no discutir ninguna de sus propuestas. Así es como lleva Zapatero a la practica sus cantos de unidad.

Extracto de la declaración de Zapatero en el Congreso el pasado 15-1-07

En los hechos, ETA ha roto el alto el fuego declarado por ella misma. Ha puesto punto y final al proceso de diálogo. Ha clausurado la oportunidad abierta. En los propósitos, ETA trata de amedrentar a los ciudadanos por medio del terror, de condicionar el comportamiento de las instituciones, de torcer la voluntad de los demócratas.

Pero, tal como les señalaba al principio de mi intervención, un objetivo prioritario de esta comparecencia es, para el Gobierno, tratar de conseguir la unidad y el apoyo de todas, repito, de todas las fuerzas políticas parlamentarias en la lucha de la democracia contra el terrorismo.

Señor Presidente, Señorías quiero concluir mi intervención mirando hacia el futuro. El intento que se abrió a partir del pasado 22 de marzo no ha fructificado. ETA le ha puesto sangrientamente su punto final. No cabe ahora sino enfrentarnos a las consecuencias que se derivan de ello. El Gobierno, con el apoyo que he solicitado a sus Señorías, las afrontará con todo rigor, firmeza y determinación. Porque es la respuesta adecuada. Porque es su obligación democrática. Porque también es eso lo que desean hoy los ciudadanos. De acuerdo con todo ello, el Gobierno expresa, una vez más, su máxima firmeza en combatir y perseguir la violencia y el terror. Manifiesta su plena voluntad de lograr la mayor y mejor unidad democrática de los Partidos políticos en esa tarea. Y quiero afirmar ante Sus Señorías que nunca habrá dialogo con violencia, ni con intentos de perpetuar la violencia. Nunca. Nunca. Y como todo Gobierno democrático, quiero reafirmar ahora, al término de mi intervención, y como Presidente del Gobierno, el valor y la vigencia de un principio que se ha consolidado ya en nuestra historia democrática: “Mi gobierno ha hecho, hace y hará todo cuanto esté en su mano para buscar los caminos de una paz definitiva”.

Tenemos un Presidente de palabra en el que la firmeza en sus posiciones es tan escasa que le dura solo unos días. Ya estaba previsto en su hoja de ruta al infierno que caso de haber violencia serían solo accidentes en el proceso de paz de pega. Estamos donde estábamos antes de lo de Barajas pero peor, porque sabemos que haga lo que haga ETA, mate lo que mate, igual dos que 12 o 22 siempre estará Zapatero al quite.

El PSOE no tiene claro que es el terrorismo islamista.
Doctor Shelanu Periodista Digital 19 Febrero 2007

El PSOE ha querido proponer en el Parlamento Europeo que la lista de organizaciones terrorista fuese divida. En una de ellas figurarían los grupos armados y en la otra el brazo político de la banda.

El “cerebro” que presentaba esta propuesta es el eurodiputado socialista Luís Yánez bajo el título de "Dimensión externa de la lucha contra el terrorismo". En ella se pedía que se separase en la lista de organizaciones terroristas a las bandas armadas que cometen atentados de su brazo político.

Fuentes del Parlamento Europeo informaron que la inclusión de esta enmienda crearía problemas con ETA y otras organizaciones terroristas como Hamas o las FARC por lo que tendría pocas posibilidades de salir adelante.

Tras las quejas de la COPE, de Libertad Digital y otros medios, en los que se comentaba que se trataba de un nuevo paso para lograr la legalización de ETA-Batasuna y que saliera de la lista de organizaciones terroristas de la UE.

Después de las críticas se produjo súbitamente en el cerebro de Luís Yañez las conexiones interneuronales, el cual ha dicho textualmente: "Enseguida me di cuenta de que podía producir una mala interpretación". y continuó exponiendo que: "el establecimiento de listas antiterroristas es a veces contraproducente", en particular "en los casos en los que las organizaciones distinguen entre un ala militar y otra política". La inclusión en la lista de estas organizaciones y la prohibición de reunirse con ellas "se opone a una estrategia de apertura y diálogo", pese a que éstas "tienen un papel que jugar para contribuir a soluciones pacíficas en muchas partes del mundo".

El PSOE ha frenado su propia iniciativa para excluir a los brazos políticos de la lista europea de grupos terroristas

Luís Yáñez explicó que el texto fue redactado por el socialista holandés Jan Marinus Wiersma y la belga Véronique de Keyser, especialistas en las cuestiones de Oriente Próximo, y se refería a los casos de Hesbulláh en el Líbano y Hamas en los territorios palestinos, aunque no nombra a ninguna organización en concreto.

El eurodiputado del PSOE aseguró que, cuando tuvo conocimiento de la misma, se dio cuenta de que era una cuestión "muy espinosa que en España se puede interpretar como una referencia a Batasuna y ETA". Por ello, como ponente del informe sobre terrorismo internacional la retiró el martes por la mañana, decisión que fue aceptada por el grupo socialista europeo anoche, por lo cual no se sometió a votación el jueves 15.02.07, explicó Yáñez.

El PSOE, y su diputado en el Parlamento Europeo, Luís Yañez, proponen una propuesta que consideran positiva y buena, pero cuando ven, aunque sea posteriormente a las críticas de algunos sectores de la Media, que esta medida es contraproducente para la paz en España, la retiran.

El pobre L. Yáñez se escuda en que otros diputados socialistas –Jan Marinus Wiersma y Verónique de Keyser, tan inteligentes y con tan poca ética como él, la hayan propuesto, pero sólo para los terroristas que matan a israelíes, los grupos Hesbulá y Hamas.

¿El PSOE no tiene cordura?
Su Señoría, el eurodiputado socialista Luís Yánez propone una propuesta que si resulta aprobada perjudicaría la vida de ciudadanos israelíes, pues Hesbulláh y Hamas dispondrían de mayor cobertura y medios, pero dicha propuesta también perjudicaría la paz en España y la vida de los españoles.

Ese es el único argumento válido para las Señorías del PSOE, que muriesen ciudadanos españoles, pero que dicha medida posibilitase mayores matanzas entre la población israelí, esto no les hizo frenar.

Hay una regla ética, que los diputados del PSOE ignoran, que dice: que lo no quieras para ti, no lo quieras para el prójimo.

Hay que añadir a la falta de ética de estas Señorías, la falta de inteligencia, pues las organizaciones islamistas a las que pretendían ayudar, tienen el punto de mira en España, que junto a Portugal, constituyen Al-Andalus en el ideario islamista, la península ibérica es parte de las tierras del Islam que tienen que ser reislamizadas. El Yihad repite explícitamente estas tesis, pero los socialistas del PSOE no se han enterado. Los islamistas reclaman Israel con el mismo argumento que reclaman España.

La ofensiva terrorista del Yihad no tiene parecido con el terrorismo de ETA. Ésta última organización asesina es insignificante con el terror que puede llevar a cabo las organizaciones islamistas.

El “dialogo” que Carod mantuvo con ETA en Francia fue criticado en la Media española como un pacto con los terroristas para no actuar en Cataluña, lo que motivó a que cayese de su cargo.

¿Es esta propuesta del PSOE y su vocero, Luís Yánez , el dialogo carodiano con los islamistas? para mantener “provisionalmente” la paz en España, con el coste de que pudiesen matar a más número de israelíes. Este coste lo pagaban los judíos. Para Luís Yánez no es importante que maten israelíes, ya que son judíos.

Si esto no es así, ¿porqué retiran una propuesta que consideran que es buena y "tienen un papel que jugar para contribuir a soluciones pacíficas en muchas partes del mundo", según él mismo Yañez declara?

El PSOE asume la tradición antisemita que durante muchos siglos dominó en Europa.

El PSOE se declara progresista. ¿Qué clase de progresismo es el que le importa un bledo la vida de los otros? Que no mira frente al terrorismo y lo confunde con accidentes, que intenta pactar chamberlainamente con los terroristas yihadistas, que envía su ex máximo representante –Felipe González- a parlotear con Ahmadineyad, mientras en su propio país se muestra orgulloso de denostar la tradición cristiana y que Zapatero, su presidente de partido y actual del gobierno español, considera que “El cristianismo ha sido uno de los grandes problemas de la humanidad. Históricamente no ha hecho más que recortar libertades…”

mientras, paradójicamente, muestra y siente una gran atracción –fatal- por la extrema derecha religiosa del Islam.
Y cree posible una Alianza de Civilizaciones, cuando lo que hay es una civilización humana, que tiene como pilar la defensa de la vida y el bienestar de sus pueblos, y por otra parte, unos asesinos que matan en nombre de su religión, que atemorizan a sus propios habitantes y conciudadanos, con el objetivo de imponer su credo en todo el orbe.

Personalmente pienso que Zapatero no se cree su propia “Alianza de Civilizaciones”.
¿No defiende Zapatero y el PSOE las acciones bélicas de la República en contra del dictador Franco?
¿Realmente Zapatero cree que hubiese sido lógico y de buen proceder por parte de los Aliados haber intentado una Alianza de Civilizaciones con los nazis en lugar de presentar batalla, tal como hicieron los Aliados?

Si Zapatero verdaderamente se cree su “Alianza de Civilizaciones” es realmente cándido e ignora la realidad humana y la historia de la humanidad.

Si Zapatero no se cree realmente su “Alianza de Civilizaciones” es de un gran cinismo presentar esa propuesta –nacida en el islamista Irán teocrático- como propia y buena.

El Partido Nazi Británico y los nazis británicos pedían una alianza y no un enfrentamiento con los alemanes.

Nadie tiene la solución inmediata y definitiva en el conflicto entre el Islamofascismo y la Civilización, pero hay varios puntos seguros: se tiene que mostrar firmeza ante el terrorismo y no pactar con los asesinos. Y que esta guerra va a ser va a ser muy costosa, pues los yihadistas desprecian su propia vida.

Y que lo no se quiere para uno –legalizar grupos terroristas-, no se puede pretender que es bueno para otros.

Zapatero, Yánez et al. tienen que elevar el nivel ético e intelectual de sus propuestas.
La vida y la seguridad de sus conciudadanos y del mundo libre lo exigen.

El Estatuto de la realidad nacional
A. Muriel La Razón 19 Febrero 2007

sevilla- La fórmula «realidad nacional», contenida en el preámbulo del Estatuto andaluz, abrió las puertas de la polémica y mantuvo en vilo el consenso con el PP hasta el último momento. A la postre, y pese a que esta fórmula se haya soslayado en los intensos quince días de campaña, ha sido la que ha acabado dando un apellido al nuevo articulado andaluz.
El ex ministro de la UCD, Manuel Clavero, fue el que propuso la redacción, emulando el preámbulo del Estatuto catalán. El presidente de la Junta, Manuel Chaves, recogió el guante y lanzó la iniciativa como una fórmula intermedia que lograra contentar a los andalucistas, que pedían la denominación de nación; y al PP, que prefería no modificar la redacción hasta ahora vigente de nacionalidad histórica.

Resultado contrario
El resultado fue el contrario. Tanto el PA como el PP se alejaron mucho más del consenso y la propuesta les sirvió a cada uno de los grupos para enrocarse en sus reclamaciones.

En la Comisión Con stitucional el consenso pendió casi en exclusiva de esta fórmula, y la vía del acuerdo entre PSOE y PP la alumbró una redacción vinculada a un aspecto historicista, además del refuerzo a una alusión a la «unidad indisoluble de la nación Española». La redacción final fue «el Manifiesto andalucista de Córdoba describió a Andalucía como realidad nacional en 1919, cuyo espíritu los andaluces encauzaron a través del proceso de autogobierno recogido en la Carta Magna».
El texto contiene 250 artículos, frente a los 75 del todavía vigente. Incluye una batería de nuevos derechos, al que todos los grupos han dado su aprobación. Además, el articulado recoge el compromiso de que la denominada como «deuda histórica», que se refleja en el texto actual en la disposición adicional segunda, se pague en un plazo máximo de tres años.

La gestión en exclusiva del flamenco, así como de la Cuenca Hidrográfica del Guadalquivir, generó fricciones con otras comunidades. Finalmente, el PSOE tuvo que dar marcha atrás y, el Estatuto recoge que Andalucía ostenta competencias exclusivas sobre las aguas de la cuenca que transcurren únicamente «por su territorio y no afectan a otra comunidad».

Otro de los puntales del texto es la disposición adicional que vinculas inversiones a la población: «la inversión destinada a Andalucía será equivalente al peso de la población andaluza sobre el conjunto del Estado para un periodo de siete años». Tanto el PSOE como IU defendieron desde el primer momento esta redacción, aunque el PP puso alguna objección, ya que puede perjudicar a la comunidad a largo plazo. Cataluña, a diferencia, vinculó en su Estatuto las inversiones al Producto Interior Bruto.

... y veinte cócteles molotov
Un grupo de radicales ataca la sede de la subdelegación del Gobierno en Vitoria ? El PP exige al presidente que escuche «el clamor de la calle» y vuelva al Pacto Antiterrorista
Redacción La Razón 19 Febrero 2007

El ataque en la subdelegación del Gobierno en Vitoria dejó varios daños

Vitoria- Faltaban unas horas para que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero pusiera pie en tierras vascas pero un grupo de radicales quiso darle su particular «bienvenida» por adelantado. La violencia callejera tampoco descansó ayer. Una docena de encapuchados atacaron la Subdelegación del Gobierno en Vitoria con unos 20 cócteles molotov.

Los hechos tuvieron lugar al rondar la medianoche, cuando los radicales, que llevaban los rostros cubiertos, se dirigieron a la calle Olagibel de la capital alavesa, donde se encuentra la subdelegación del Gobierno, y lanzaron los artefactos incendiarios contra la fachada lateral. El ataque provocó daños en algunas persianas y marcos de las ventanas, así como el ennegrecimiento de la fachada. Esta no es la primera vez que desconocidos atacan este edificio institucional.

El portavoz parlamentario del PP vasco, Leopoldo Barreda, condenó este último ataque de «kale borroka» que, a su entender, se enmarca dentro de un aumento en «progresión geométrica» de la violencia callejera, por lo que exigió una actuación «decidida» de las Fuerzas de Seguridad, «especialmente de la Ertzaintza».

Desde las filas populares también se pronunció ayer el secretario ejecutivo de Libertades Públicas, Seguridad y Justicia, Ignacio Astarloa, quien exigió a Zapatero que escuche el clamor de la sociedad que le pide que vuelva al Pacto Antiterrorista y a la unidad de los demócratas en la lucha antiterrorista. «Es un clamor de la sociedad española el que le pide al presidente del Gobierno que deje de actuar solo y unilateralmente en la lucha contra el terrorismo», añadió.

Asimism pidió al presidente del Gobierno que «no aniquile» el instrumento que permitió llevar a ETA a la situación de máxima debilidad de su historia. «Zapatero, desde el mismo día en que tomó posesión, rompió el Pacto Antiterrorista y cambió unilateralmente la política antiterrorista que estaba acabando con ETA», lamentó.

«Tolerancia cero»
Astarloa reclamó a Zapatero «que se deje de palabras y que actúe con firmeza» para acabar con el terrorismo. Exigió «tolerancia cero» con el etarra De Juana y con «sucedáneos de Batasuna». «En este momento se requiere que el Gobierno, con toda claridad, deje establecido que De Juana va a cumplir íntegramente la pena que finalmente le ha impuesto el Tribunal Supremo. Esa decisión está íntegramente en manos del Gobierno, es de la responsabilidad de Zapatero. Si se concede el más mínimo beneficio penitenciario, el responsable ante toda España es Zapatero», aseguró. Ignacio Astarloa también acusó al jefe del Ejecutivo de fomentar la máxima confrontación con el PP en materia de terrorismo y afirmó que esa es «la regla de conducta» del presidente.

REFERÉNDUM ANDALUZ CON LA PARTICIPACIÓN MÁS BAJA DE SU HISTORIA
El PP descarga su responsabilidad en Chaves: "Esto no era necesario"
La participación electoral en el referéndum de Andalucía ha sido la más baja de la historia de esta comunidad autónoma. Sólo el 36,2 por ciento de los andaluces acudió a votar. Ganó el sí aunque la elevada abstención ha eclipsado el resultado de las urnas. En La Mañana de la COPE, Antonio Sanz, número dos de los populares andaluces, ha eludido cualquier responsabilidad de su partido, promotor del sí: "La campaña de la Junta ha sido un cúmulo de despropósitos, se quería fomentar la participación y Chaves ha aparecido". Pese a que el PP es coautor del texto estatutario, Sanz ha insistido en que "esto no era necesario".
Europa Press Libertad Digital 19 Febrero 2007

Tres de cada cuatro electores andaluces no ha respaldado el nuevo Estatuto de Autonomía en el referéndum celebrado este domingo. Con el 100% del censo escrutado, el 63,72% de los andaluces ni siquiera ha ido a votar; otro 9,48% ha votado que no, y un 3,07% lo ha hecho en blanco.

Los andaluces le han dado la espalda a la oferta de reforma presentada conjuntamente por PSOE y PP; una ley marco que define a Andalucía como "realidad nacional", basándose en viejas proclamas del independentismo andaluz de principios del siglo pasado, y que emula instituciones de ingeniería social del Estatuto soberanista catalán, como el Comité Audiovisual, cuestionado por el Comité Mundial de Libertad de Prensa por sus prácticas contra la libertad de información y opinión.

Entre la minoría votante –un 36,27%–, el sí se ha impuesto por un 87,45% de los votos, frente a un 9,48% de noes y un 3,07% de votos en blanco.

El secretario general del PSOE-A y presidente de la Junta, Manuel Chaves, no ha dudado en calificar de "éxito" el referéndum de ratificación del nuevo Estatuto de Autonomía de Andalucía, a la vez que achacó la baja participación a un "exceso de confianza" por parte del electorado. Así, Chaves aseguró que la decisión de abordar la reforma fue "acertada" y que, por su puesto, "la volvería a adoptar".

En rueda de prensa tras conocer los resultados, Chaves anunció que "desde mañana comenzaremos a trabajar" para desarrollar el nuevo Estatuto, celebrando lo antes posible una reunión con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para hablar del nuevo texto y abordar las cuestiones que competen a Gobierno central y a Junta de Andalucía

La Ciudad Condal pierde cien mil españoles nacidos fuera de Cataluña
ABC 19 Febrero 2007

Mientras el número de extranjeros que reside en Barcelona se ha quintuplicado en la última década, al pasar de 58.385 a 252.690 personas; el colectivo de españoles nacidos fuera de Cataluña se ha reducido en un 22 por ciento, al pasar de 416.535 a 362.560 ciudadanos. Muchos jubilados deciden volver a sus lugares de origen. Entre 1996 y 2006, la población de origen andaluz, el mayor colectivo que reside en Barcelona, se ha reducido en 25.000 personas, y se sitúa en 102.338 habitantes. La comunidad aragonesa, con 44.055 personas, también pierde más de diez mil miembros. En la misma situación están el resto de comunidades, como Castilla-León (7.500 personas menos), Castilla-La Mancha (6.100) o Valencia (5.000). En cuanto al número de inmigrantes, los ecuatorianos son el mayor colectivo con 30.417 personas. Peruanos, con 14.457, y marroquíes, con 13.522, se sitúan por detrás.

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