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Recortes de Prensa     Domingo 11 Marzo   2007

Y ahora, a rescatar la soberanía
EDITORIAL Libertad Digital 11 Marzo 2007

La manifestación de este sábado, por históricas que resulten sus proporciones, no tendrá el menor efecto en la política antiterrorista de José Luis Rodríguez Zapatero, tal y como el presidente ha avisado, displicente, en la víspera de la convocatoria del PP. Ignacio de Juana no volverá a la cárcel a cumplir hasta el último día de su condena a tres años de prisión, y Batasuna-ETA se presentará a las próximas elecciones locales, bajo este o cualquier otro pabellón electoral, sin haber condenado el terrorismo y sin cumplir con la Ley de Partidos. Conviene dejarlo sentado, para que la potente energía de patriotismo y libertad que ha prendido en una parte de la sociedad española se mantenga con la debida tensión cívica y no decaiga en frustración ante las nuevas e inexorables cesiones que el Gobierno hará al terrorismo en los próximos meses.

Es indispensable que el foco de resistencia pacífica nacido en el seno del movimiento de las víctimas y galvanizado por el colosal potencial movilizador y pedagógico del primer partido político de España en número de afiliados conserve viva y lúcida su heróica impugnación moral de un presidente consumido por la debilidad y desbordado por el desafío de los enemigos de la libertad y de España.

Es clave que la llamada de Mariano Rajoy a “todos los españoles a los que les importe España” para que pongan “fin a esta situación” de crisis nacional llegue al último rincón del último hogar del país; y sólo la conmovedora conjura cívica confirmada este sábado por dos millones de personas en las calles de Madrid puede propagarla.

Por eso, lo más difícil y duro de este auténtico movimiento por la independencia nacional empieza ahora. Después del vibrante clamor de unidad en la ciudad más abierta y plural de España; después de un vendaval de banderas jamás visto y de un rescate popular del himno, convertido en símbolo de la libertad, llega el verdadero desafío: un Gobierno acorralado, más rehén que nunca de la voluntad de ETA, y, por lo tanto, más despótico y dispuesto a perpetrar más injusticias que nunca para satisfacer a los terroristas.

Un presidente que llegó al poder gracias a los terroristas contrae un vínculo fáustico de por vida. Sólo los terroristas deciden cuándo saldrá del poder, y hasta cuándo les servirá desde el mismo. Este otro 11 de marzo, tres años después de aquel sangriento jueves que le hizo ganar las Elecciones contra toda evidencia, Zapatero es un presidente más débil y, por lo tanto, más peligroso para España. Un gesto de ETA, un simple comunicado, una promesa renovada de paz que reanime su proceso, su único programa político, su kit de supervivencia, sólo conseguirá precipitar la política de cesiones.

Desenmascarado incluso por sus votantes, desacreditado por la fácil y cobarde humillación de las víctimas, abominado por al menos la mitad de la nación, como ningún otro mandatario desde Fernando VII, por su ensañamiento en la traición, ¿de qué no será capaz a partir de ahora, a cambio de una prórroga otorgada por un gesto de los terroristas? Por eso, la respuesta del movimiento cívico debe ser el mantenimiento de la resistencia pacífica en la calle, y la del PP, volcarse en la batalla de las autonómicas (particularmente, en Navarra, pieza clave de la estrategia conjunta de Zapatero y ETA) y, a continuación, en el objetivo de un adelanto electoral que restituya cuanto antes a los españoles una soberanía que este presidente legal, pero ya completamente ilegítimo, ha puesto en rebajas a los terroristas.

Un consenso
Luis del Pino Libertad Digital 11 Marzo 2007

La manifestación de ayer fue una rotunda demostración de la desconexión que existe, no entre el PSOE y el PP, sino entre el PSOE y la sociedad. La inmensa marea humana que abarrotaba, desde mucho antes de que el acto comenzara, todo el recorrido de la manifestación y las calles adyacentes, superó todas las expectativas. Ese triángulo que forman Colón, Cibeles y la Puerta de Alcalá estaba literalmente abarrotado, como también lo estaban las calles que desembocan en él.

¿Eran los votantes del PP los que habían salido a componer esa auténtica avalancha? Probablemente había una mayoría de votantes del PP, pero también mucha gente que el 14-M dio su voto a Zapatero o que, simplemente, se quedó en su casa aquel día en que los españoles votamos en medio de las conmoción de esos atentados del 11 de marzo de los que hoy se cumplen tres años.

Si exceptuamos a ese segmento de irreductibles que continuaría votando al PSOE (o a alguno de sus partidos satélites) aunque Zapatero se dedicara a desfilar por la Gran Vía con un gorro de Napoleón y una trompeta, y que no son más allá de tres millones de votantes, el desconcierto y la indignación entre el electorado socialista son la norma, más que la excepción. La excarcelación de De Juana no es, en modo alguno, la más grave de las cesiones de este Gobierno a la banda terrorista ETA: mucho más dañino, por ejemplo, es el hecho de que, en estos tres años, ETA ha logrado recomponer su estructura de financiación y de aprovisionamiento. ETA tiene ahora dinero fresco y armas y explosivos de reserva, ante la pasividad de un Ejecutivo para el que las consecuencias de esa recomposición de ETA (es decir, los muertos futuros) no pasan de ser un accidente dentro de un proceso político abstracto que no busca otra cosa que el mantenimiento del poder.

Sin embargo, aunque la gravedad de la excarcelación de De Juana sea menor que la de otros gestos de este Gobierno, tiene el valor de lo simbólico. Y es ese simbolismo de ver a un asesino múltiple en la calle lo que ha terminado de colmar el vaso de la paciencia de los españoles. De todos. También (y especialmente) del votante socialista medio, que no dio su voto el 14-M para que ETA triunfara, sino para que triunfara el PSOE. Que no dio su voto para que el Gobierno cediera ante ETA, sino (como decía el programa electoral socialista) para que se mantuviera "el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo hasta la derrota de ETA o su disolución efectiva". Que no dio su voto para que se persiguiera a las víctimas, sino a los verdugos.

Conozco muchos votantes socialistas irreductibles, pero conozco también a muchos indignados. Y conozco, sobre todo, a muchos que no consiguen encontrar ninguna explicación a lo que está sucediendo: es una sensación de desconcierto.

Ayer, Mariano Rajoy hizo un discurso inteligente, dirigido precisamente a la razón de esos electores que no entienden nada. Volvió a ofrecer a Zapatero un consenso que sabe que Zapatero no le va a aceptar y apeló, como alternativa, al consenso con los españoles. A un consenso para defender la nación española frente a este cúmulo de despropósitos en que parece haberse convertido la acción de Gobierno. Porque es de la Nación, efectivamente, y de su futuro de lo que estamos hablando. Es la propia Nación lo que la labor de Zapatero parece dispuesta a destruir. Sin que muchos entiendan el porqué.

Decía Mariano Rajoy ayer que todo esto era impensable hace tres años. Y así es. Hace tres años, una ETA derrotada se encaminaba paso a paso hacia su desaparición. Pero las bombas colocadas en los trenes aquel 11 de marzo hicieron que la nave del Estado cambiara su rumbo 180 grados. Y así estamos como estamos.

Hoy conmemoraremos aquellos atentados. La Asociación de Víctimas del Terrorismo, la plataforma ciudadana Peones Negros, el Foro de Ermua y otras organizaciones cívicas han convocado para hoy una serie de concentraciones a las 13:00, como parte de los actos del Día Europeo de las Víctimas. Las concentraciones se celebrarán ante los Ayuntamientos en las siguientes ciudades:

* Albacete
* Alcalá
* Alicante
* Almuñécar
* Badajoz
* Barcelona
* Bilbao
* Bruselas (Bélgica)
* Cartagena
* Ceuta
* Ciudad Real
* Córdoba
* Ferrol
* Fresnedoso de Ibor
* Granada
* Guadalajara
* Huelva
* Jaén
* La Coruña
* Las Palmas
* León
* Logroño
* Lorca
* Madrid
* Málaga
* Mallorca
* Motril
* Murcia
* Navalmoral de la Mata
* Omagh (Irlanda del Norte)
* Oviedo
* Palencia
* Pamplona
* París
* Pontevedra
* Roma
* Salamanca
* Santander
* Sevilla
* Tarragona
* Tenerife
* Toledo
* Turín (Italia)
* Valladolid
* Vigo
* Vitoria
* Zamora
* Zaragoza

Los tradicionales actos que la plataforma Peones Negros convocaba el día 11 de cada mes se trasladan hoy, por tanto, a las 13:00 y se celebrarán exclusivamente en las ciudades indicadas en la lista anterior.

Además del cambio de hora, los actos de hoy tendrán una novedad: no incluirán ningún tipo de reivindicación. Hoy es el día del recuerdo y del homenaje para todas las víctimas, incluidas aquellas que puedan no estar de acuerdo con la reivindicación de la verdad de los atentados del 11-M que hemos venido realizando. Por las víctimas, y por todos, hoy será simplemente un día para la memoria y para la reflexión. A partir de mañana, tiempo habrá de volver a hacerse preguntas.

El próximo 11 de abril volveremos a recuperar la hora tradicional de concentración a las 20:00, aunque el formato de los actos "11 de cada mes" variará, para adaptarlo a las nuevas circunstancias impuestas por la celebración del juicio.

Manifestación: ¿un antes y un después?
Pío Moa Libertad Digital 11 Marzo 2007

No estuvo mal el discurso de Rajoy, no un gran discurso, pero sí hábil, incluso para sacar partido de sus propias claudicaciones (“les hemos tendido la mano…”). No aludió a la defensa de la Constitución, clave de cualquier política de oposición a un gobierno aliado con los separatistas y los terroristas para liquidarla. Pero, en fin, pasable.

La masividad de la concentración, una de las mayores que hayan tenido lugar en la historia de España, puede marcar un antes y un después, si el PP aprende a defender unos valores que sin duda comparte la gran mayoría de los españoles. De otro modo puede quedar como la recogida de firmas contra el estatuto balcanizante de Cataluña.

Campo de minas
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 11 Marzo 2007

La protesta contra la prisión atenuada concedida por el Gobierno al miembro de ETA Ignacio de Juana y el desacuerdo con la política antiterrorista del Ejecutivo de José Luis Rodríguez congregó ayer a cientos de miles de personas en Madrid convocadas por el Partido Popular, que puso de manifiesto una importante capacidad de movilización ciudadana.

El PP sacó a sus seguidores a las calles, mientras el Gobierno hacía saber la víspera, por boca del propio presidente, que se enrocaba en la defensa numantina de la decisión adoptada. El resultado del choque de estas dos placas tectónicas es una sociedad dividida, un país que hoy se encuentra en medio de un conflicto político y social cuyo único precedente es lo que ha ocurrido en el País Vasco en los últimos años. Ya no estamos sólo ante peleas de gallos protagonizadas por las direcciones de los principales partidos, sino ante conflictos que amenazan con manifestarse entre las familias, los compañeros de trabajo, los amigos.

La respuesta social que se ha registrado tras la modificación del régimen penitenciario de Ignacio de Juana pone de manifiesto los límites a los que se enfrenta el Gobierno si pretende seguir adelante con la política de diálogo con ETA. El apoyo de todas las minorías de la Cámara a esa estrategia no sirve para conjurar el peligro de una fractura política y social como la que se está manifestando estos días en España. El caso De Juana es la espoleta que ha activado el conflicto de las dos últimas semanas, pero mañana la causa del enfrentamiento será la legalización de Batasuna, pasado los pactos en Navarra, después la reanudación de las conversaciones con la banda o que se registren más atentados. En las condiciones actuales, el futuro es un campo de minas.

Las actuaciones del Gobierno sobre ETA no pueden adoptarse mirando sólo a la banda terrorista y con la vista puesta en 'el proceso' como si se tratara de un laboratorio esterilizado. Deben tener en cuenta los efectos que se producen en el conjunto de la sociedad española y, hoy por hoy, esos efectos se manifiestan en forma de división.

Sólo el acercamiento entre los dos grandes partidos ayudaría a normalizar la vida pública, pero, en vísperas de unas elecciones y con las posiciones de partida que hay, no se advierten fuerzas capaces de rebajar el grado de enfrentamiento existente. Y cuando hayan pasado las municipales de mayo tampoco habrá mucho tiempo para actuar porque las generales están a menos de un año.

Si las direcciones de los dos grandes partidos no son capaces de rebajar la tensión, alguien, por encima o por debajo de ellas, tendrá que hacer el esfuerzo de facilitar el camino para que algún día lleguen a encontrarse porque estamos al borde de una crisis en la que lo importante no es quién tiene más culpa, sino como salir de ella.

f.dominguez@diario-elcorreo.com

CRÓNICA DEL 10-M
HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO
por Fernando Díaz Villanueva Libertad Digital 11 Marzo 2007

Ni los más viejos del lugar recuerdan una como la que este sábado se ha montado en Cibeles, plaza de Colón y aledaños. Y se montó desde bien pronto porque en plena sobremesa, cuando el tibio sol de marzo aun calienta, las calles y callejas que van a morir a Recoletos eran un ir y venir de banderas, pancartas y bufandas con los colores de España, como las que la sufrida afición española lleva a los partidos de fútbol cuando juega la selección.

Pero lo de esta tarde no era un partido de fútbol, era un clamor. Un clamor nacional, se entiende. De los cuatro puntos cardinales de nuestra piel de toro han llegado tantos autobuses que ciertas calles, más que avenidas de una ciudad respetable, parecían estaciones improvisadas. Mil, dicen los periódicos, aunque al madrileño de a pie, poco habituado a ver tanto autocar junto fuera de la Estación Sur, nos han parecido muchos más.

De ahí que la bandera de España, la nuestra, la única que tenemos, haya estado tan bien cortejada en esta tarde de sol a las cinco en punto. No ha faltado una sola autonomía y escudos, banderines y estandartes de la más variada procedencia han aliñado la ensalada multicolor. El recolmo de la pluralidad lo he encontrado en una señora que tomaba la española con una mano, la señera catalana con la otra y había puesto una ikurriña en el carrito del niño. Sospecho que esta buena mujer no es de las que se amilanan cuando los socialistas vienen con eso de la España plural. Ella lo practica, y tan contenta.

Todos parece que quieren decirle a Zapatero que hasta aquí han llegado, que están hartos, que no se puede ser tan incapaz durante tanto tiempo y a costa de tanta gente. No me cabe ninguna duda de que esto dará que hablar, aunque a estas horas desconozco lo que dirán y cómo lo dirán. Sea lo que sea, tal cantidad de gente no puede dejar indiferente a nadie. Los que se agolpan en las vallas azules que ha dispuesto el ayuntamiento parece que son de mi opinión porque, en toda la tarde, no han parado de corear consignas. Algunas antiguas y otras inventadas para la ocasión. En esto se notan los dos años largos que esta gente sale a la calle a practicar el saludable ejercicio de decir lo que se piensa. No sería de extrañar que más de un sindicalista se haya colado de incógnito con su libreta de notas para ver si sus bases recuperan el entusiasmo perdido.

Las manifestaciones que convoca el Partido Popular, el Foro de Ermua o la Asociación del Víctimas del Terrorismo tienen fama de ser muy coloridas, algo menos ruidosas y extremadamente corteses con el mobiliario urbano. No es un mito, es una realidad que sólo quien se haya acercado a una puede constatar en primera persona. La de hoy no ha sido una excepción. Da igual que asistan 50.000 o millón y medio, los papeles terminan en las papeleras y las paredes de los edificios pueden respirar tranquilas. Quizá se deba a aquello que dicen de que la gente de derechas es gente de orden y puntual.

Rajoy lo ha sido. A las cinco ha llegado a la cabecera de la manifestación y dos horas exactas después ha comenzado una intervención tan afortunada como suelen serlo las del presidente del Partido Popular, florido parlamentario y mitinero de lujo. Rajoy es un orador en vías de extinción. Es de esos que cuando habla no lee, y eso se nota, lo notan los que escuchan, algo que los políticos de hoy, empeñados en escucharse a sí mismos, parecen haber olvidado. Tampoco gesticula robóticamente al estilo de Pepiño Blanco, y bien que lo aprecian los que están delante. Ha sabido desgranar una a una las razones por las que todos, él antes que nadie, estaban allí. Como guinda dos vivas calcadas a las que cierto prohombre de la patria pronunció en Cádiz, hace casi 200 años. ¡Viva la Libertad! y ¡Viva España! Ahí queda eso.

El PP, un gran partido al servicio de España
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 11 Marzo 2007

Habrá tiempo para comentar el discurso de Rajoy; habrá tiempo también para constatar la vileza desinformativa de las seis grandes cadenas encadenadas de telebasuración, que no televisión; habrá tiempo de sobra para contrastar la insobornable apuesta nacional de la Derecha con la mísera apuesta antinacional de la izquierda. Pero lo único urgente pensando en el mañana es subrayar lo imperecedero de un ayer al que, por seguir la convención, debemos poner el nombre y el número de un día: sábado, 10 de Marzo de 2007. Ese día, este día de ayer que sigue siendo hoy y será mañana, nuestra nación, la nación española, resucitada por sus muertos, renacida de las cenizas de la traición y los complejos, renovada por tantos niños que, a hombros de sus mayores, dan emocionante fe de vida, convocada por el único gran partido nacional que nos queda, dio un recital, un espectáculo de voz, de luz y sonido, de color y calor como nunca en su milenaria historia. Nunca tantos españoles se juntaron para renovar sus votos de seguir juntos hasta que la muerte de cada uno lo separe del vivir de los otros. Del vivir y del revivir, porque la crónica del glorioso sábado 10 de marzo es la crónica de un renacer, de una resurrección con la que muchos soñaban pero en la que pocos confiaban.

Sin embargo, ahí está. Por debajo y por encima del mar de banderas rojigualdas, detrás y delante de quienes la han convocado, triste y festiva, inquieta y tranquila, febrilmente pacífica, insobornablemente junta, entera y verdadera. Ahí está nuestra España. Y es de justicia que, embargados aún por la emoción, rindamos tributo a un partido político que ha sabido servir el mandato profundo que congregaba a los dos millones de asistentes a la mayor concentración humana, nacional, democrática y pacífica de nuestra Historia. Justo es reconocer al PP que, en lo esencial, ha sabido estar al servicio de España y no servirse de ella. Justo es reseñar que, por encima de algún error de organización –la música, sobre todos- y de las inveteradas, reiteradas, patológicas vacilaciones de un discurso político más pendiente de los contrarios que de los propios, de qué dirán que de lo que se dice, el Partido Popular ha sabido estar a la altura que esta tragedia nacional nos demanda y que el amor a España nos prescribe. Viendo a la nación en pie, como una inmensa bandera al viento de marzo, será necesario y resulta obligado hacer el análisis crítico de lo que pudo pasar y no pasó o pudo decirse y no se dijo. Pero ha sido el PP el que ha sido capaz de reunir a la Nación. Ha sido el PP el que ha prescindido de sus banderolas de partido para sumergirse en un mar de banderas nacionales. Ha sido un partido político el que, con todas sus limitaciones, ha conseguido que la nación pueda mirarse en el espejo y ver que tiene mucha vida atrás, mucha vida dentro y toda nuestra vida por delante para cumplir la difícil tarea cotidiana de la libertad. Por la Libertad, sí, y por España, más sí, justo es rendir tributo al Partido Popular. Incluso antes de votarle.

"ESPAÑA POR LA LIBERTAD. NO MÁS CESIONES A ETA"
Mariano Rajoy Libertad Digital 11 Marzo 2007

A continuación se reproduce íntegramente la intervención del presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, al término de la manifestación celebrada este sábado en Madrid.

Gracias a todos por venir, y por pensar que este esfuerzo merecía la pena.

Gracias por creer que las cosas no se arreglan solas, que sois necesarios y que España es responsabilidad de todos y de cada uno de nosotros. Nos ha movilizado la torpeza de un Gobierno que se ha dejado coaccionar por un asesino y ha cedido. Nos ha traído aquí la injusticia cometida —contra todos los españoles— con un terrorista que no pide perdón, que no se arrepiente, que nos desprecia y, para colmo, se ríe de nosotros con sus parodias de hospital.

Nos ha traído aquí la falta de gallardía de un Gobierno que pretende disfrazar la humillación con razones de política inteligente y la indignidad con excusas humanitarias. Hemos venido para proclamar que la mayoría de los españoles no estamos conformes; para que nadie pueda beneficiarse de nuestro silencio; para que nadie cuente con nuestra resignación. Hemos venido a decir NO a esa burla de la ambulancia y NO a todo lo que se oculta tras esta claudicación.

Porque este gesto ha desenmascarado todos los disimulos. Ha dejado todas las intenciones a la vista. Ya no es posible ocultar lo que resulta evidente. Ahora sabemos por qué se nos humilla ante los terroristas; por qué el Gobierno es tan complaciente con sus portavoces; por qué Batasuna —que es ilegal— recibe mejor trato que quienes respetamos las leyes. Ahora sabemos por qué había que retorcer las normas, trampear los procedimientos y engañar a los españoles para excarcelar a un terrorista insaciable.

Son compromisos previos, son exigencias que los terroristas imponen para que el Gobierno demuestre su buena voluntad hacia ellos. Es el peaje que paga el Gobierno para poder negociar. Se ha pretendido embaucarnos con el pretexto de una paz engañosa. Esa paz que lleva escrita en el rostro De Juana Chaos. La paz de Otegui. La paz de los canallas que colocaron la bomba en Barajas.

ETA no nos dejará en paz. No se arrepiente de nada. No renuncia a nada. Quiere Navarra, quiere la amnistía, quiere la independencia. Nunca se conformará con menos. Mientras se le consienta, seguirá y seguirá hasta lograr su propósito, hasta que renunciemos a la razón, a la justicia, a la dignidad, en definitiva, hasta que nos rindamos. Tampoco renunciará jamás a su capacidad de coacción, de chantaje, de intimidación.

Todo esto lo sabe el Gobierno. Pese a ello, siendo evidente que ETA no pensaba dejar las armas, buscó su trato. Siendo evidente que ETA pretendía obtener con el alto el fuego los mismos beneficios que reclamaba con las armas, buscó su trato. Siendo evidente que ETA se reservaba el derecho de dialogar con bombas, buscó su trato.

Un trato delirante porque pretender que los criminales se apacigüen mediante concesiones es tan absurdo como apagar un incendio con leña. Cuanto más echemos, más nos pedirá. Cuanto más obtengan, más querrán. No se detendrán hasta obtener todo lo que piden.

ETA no quiere la paz. Busca la victoria. Ha descubierto un Gobierno débil y quiere aprovechar la ocasión.

Quien cede una vez ante ellos se condena a seguir cediendo o a tener que combatirlos cuando sea demasiado tarde. Por eso es preferible tener el coraje de hacerles frente desde el principio, sin debilitar nuestra fuerza, sin fortalecer al principal enemigo de nuestra libertad.

El Gobierno está cogido en una trampa en la que él mismo se ha metido y de la que no sabe salir. Por eso se asusta cuando un terrorista no come. Y se asusta cuando se le piden explicaciones. Y se asusta cuando los españoles sacamos nuestra indignación, serena y democrática, a la calle.

Se ha equivocado. Está en un callejón sin salida y debe rectificar, pero no se atreve porque lo que más le asusta es tener que reconocer su error. Millones de personas le han pedido en la calle que rectifique, pero no hace caso. Le hemos tendido la mano muchas veces y se nos ha rechazado siempre. Hemos querido ayudar y se ha despreciado nuestra ayuda.

Por eso estamos aquí. Es hora de que los españoles hablen. Tenemos que impedir que las cosas continúen por este camino delirante. Necesitamos una política antiterrorista seria. Una política diseñada para perseguir a los terroristas, no para poner zancadillas a los españoles que no aplauden al Gobierno.

Quiero que este acto quede como testimonio de un pueblo que sabe que sólo siendo fiel a sus valores podrá construir el mejor futuro. De un pueblo que sabe que entre el terrorismo y la democracia no hay caminos de encuentro y que uno de los dos debe prevalecer a costa del otro. Y que, desde luego, quiere que prevalezca la democracia. De un pueblo que no quiere tener que contar un día que el terrorismo ganó una batalla en su país.

Este es un acto de afirmación y de esperanza. De afirmación de lo que nos une a todos los que aquí estamos y a muchos que no han podido estar: la democracia, la convivencia pacífica, el aislamiento de los violentos, las ganas de construir juntos el futuro. Todo el mundo sabe que hay otra manera de hacer las cosas, más digna, más justa, más eficaz. Hemos conocido mejores días en la lucha contra el terror.

Queremos recuperar la España que no se rendía ante los terroristas, que no se humillaba ante el chantaje, que no premiaba a los asesinos, que no menospreciaba a las víctimas. La España que consiguió que ETA no matara porque no podía matar, porque la estábamos derrotando. La España que acabó con el terrorismo callejero. ¡Claro que hay otra manera de hacer las cosas! Y tenemos derecho a reclamarla. Queremos que la democracia gane y que ETA pierda.

Queremos que Batasuna desaparezca de nuestras calles, de nuestros telediarios y que ni sueñe con volver a los ayuntamientos. Queremos que los terroristas sepan que no tienen nada que reclamarnos, que su único destino es la cárcel y que nosotros todavía sabemos distinguir con nitidez quiénes son las personas decentes y quiénes son los indeseables. Los distinguimos muy bien. Por eso no nos olvidamos de las víctimas. A nosotros no nos estorban. Al contrario:

Son el mejor estandarte de nuestros valores; el testimonio vivo de nuestra fe en la democracia; representan el precio que hemos pagado por nuestra libertad; expresan nuestra respuesta al terrorismo; hacen saber que, ni con uno ni con mil muertos, logrará nadie doblegar nuestros principios. Dos personas, entre tantas otras que permanecen en nuestro recuerdo, simbolizan de forma eminente la voluntad de este pueblo de decir que NO al chantaje y al terror.

Una de ellas, Miguel Ángel Blanco, no puede estar hoy con nosotros. Pero aún esta plaza de Colón se estremece con el recuerdo del grito de más de un millón de gargantas que clamaron “¡Basta ya!” tras su cruel asesinato. Y aún nos estremece a todos el coraje cívico de sus familiares ofreciendo su sacrificio por la derrota final del terrorismo. La otra persona, José Antonio Ortega Lara, sí está hoy entre nosotros y su ejemplo de valor y sacrificio siguen siendo el mejor estímulo para la resistencia cívica de un pueblo.

El mejor camino para honrar a las víctimas es que volvamos a hacer las cosas como se hacían cuando se hacían bien. Las flores y los aplausos nunca sobran, pero como de verdad se les honra es defendiendo la razón que da sentido a su muerte. Se les honra defendiendo las ideas que sus asesinos condenan. Se les honra persiguiendo a sus perseguidores. Se les honra haciendo justicia. Nosotros les haremos justicia. Esto es lo que queremos y esto es lo que nos ha traído aquí: que el Gobierno rectifique, que se imponga la razón, que se aplique la ley y que sea el Gobierno el primero en respetarla.

No se si se nos escuchará o nos responderán con la arrogancia habitual , pero esta es nuestra posición y a ella convocamos a los españoles. Esta es nuestra tarea. Un empeño que está por encima de diferencias ideológicas; por encima de partidos, por encima de rivalidades políticas, porque afecta al interés común. Una tarea que exige el esfuerzo de todos y merece el apoyo de todos. Porque no estamos hablando solamente del terrorismo. Ni siquiera principalmente. Estamos hablando de España, que es lo que nos ocultan detrás de eso que llaman negociaciones.

¿Con quién discute el Gobierno el futuro de Navarra, del País Vasco, de España? ¿Con los Navarros? No. ¿Con los españoles? No. ¡Lo discute con Batasuna, a escondidas, en secreto! ¿Con qué derecho? No lo vamos a consentir. España nos pertenece a todos y nadie tiene derecho a modificarla para dar gusto a ETA. No lo vamos a consentir.

Hasta hace tres años, esto era impensable porque las cosas importantes para todos los españoles estaban amparadas por un consenso. Esas cosas no se tocaban. Ese consenso que el señor Rodríguez Zapatero se apresuró a quebrar para tener las manos libres. Necesitamos recuperar el consenso. Si no es posible alcanzarlo con el Gobierno yo quiero establecerlo con la gente, con los españoles. En ese espíritu, convoco solemnemente a todos los españoles, a los que les importe España a poner fin a esta situación. Les convoco a defender la nación española y a sumar esfuerzos para recuperar nuestra autoestima como un pueblo que ha sabido dar ejemplo al mundo con su entereza frente al terrorismo.

Si alguien piensa que esta es una empresa que requiere mucho esfuerzo y mucha constancia y mucha voluntad, piensa bien. Pero si alguien piensa que vamos a cansarnos, se equivoca. Se equivoca de medio a medio y basta con venir aquí para comprobarlo.

Somos una voluntad en marcha. No nos vamos a resignar. No nos cansaremos de combatir por nuestros principios. No renunciaremos a conquistar lo que es justo. No nos rendiremos jamás. Volved a vuestras casas y contad a todo el mundo lo que ha pasado aquí, lo que habéis hecho, lo que habéis sentido. Que os vean en pie, con la cabeza alta y fuertes como yunques. Orgullosos de ser españoles que no se resignan.

Decid que estamos reclamando una deuda que el Gobierno quiere cancelar. Decid que reclamamos la libertad que nos han robado y que solamente podremos recuperar cuando se haga justicia, cuando podamos respirar hondo, cuando los terroristas no ejerzan ninguna influencia en nuestra vida, cuando ETA sea derrotada y desaparezca.

Este es nuestro empeño, esto es posible y esto, con la ayuda de todos, lo haremos realidad. Gracias otra vez por vuestra presencia, por vuestro calor y por vuestro gran ejemplo de civismo.

Y ahora, si todavía no estáis roncos, gritad conmigo:

¡Viva la libertad!
¡Viva España!

Sola o con leche
PEDRO CHARRO AYESTARÁN/PROFESOR DE LA FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS Y SOCIALES, UNIVERSIDAD PÚBLICA DE NAVARRA El Correo 11 Marzo 2007

Navarra sola o con leche. Dentro o fuera de Euskadi. He aquí la cuestión tal como se planteaba de forma candente en 1977, cuando Navarra se jugaba el ser o no ser. Treinta años después, de pronto, lo que parecía ser una especie de residuo del programa máximo nacionalista se pone en primer plano con el 'proceso de paz' y aparece como un asunto central en las elecciones de mayo. ¿Vuelve pues el dilema? ¿Hay razones para pensar que existe una operación en marcha para lograr ahora lo que no se pudo entonces?

Lo cierto es que los socialistas navarros, bajo mínimos desde la época de Gabriel Urralburu (once escaños sobre cincuenta), sólo podrían desalojar por fin al gobierno de Unión del Pueblo Navarro mediante un pacto con los nacionalistas, unificados en la comunidad foral (salvo Batasuna, a la espera de marca) bajo la sigla de Nafarroa Bai. UPN denuncia este posible acuerdo y advierte al electorado de que votar socialista es votar un acuerdo con el nacionalismo que abriría las puertas a una incorporación ya pactada.

El caso es que este asunto vuelve a enviciar toda la política de Navarra, ocultando cuestiones más importantes, y sobre todo condiciona el voto y lo contamina, porque el elector tiene que hacer un descarte previo: si quiere el café solo y no sorpresas, ya sabe a quién votar. Sin embargo, los dos grandes partidos que con el CDN representan casi al 80% de los votantes, apuestan por una Navarra sola, y están satisfechos de los logros de estos treinta años, que la han llevado a cotas impensables de autogobierno y prosperidad.

¿Dónde está, pues, el momento crítico, la incertidumbre, el pesimismo que parece aquejarnos? Estamos en 2007, no en 1977, y salir de esta situación no precisaría sino de un acuerdo de mínimos entre UPN y PSN para sacar este asunto del debate, rechazar cualquier acuerdo con los nacionalistas y garantizar una fórmula entre ambos para la gobernabilidad de Navarra.

Puede que alguien piense que eso es eternizar a UPN en el poder. Se confunde. El PSN nunca levantará el vuelo si no aclara de una vez por todas este punto y las elecciones se planteen en términos de derecha e izquierda, de cambio o continuidad. Si no es así, todo seguirá contaminado por el asunto identitario.

Pero este entendimiento choca con la política de José Luis Rodríguez Zapatero en el resto de España, no muy proclive, me temo, a entenderse con el Partido Popular y experto en ir haciéndonos tragar lo que parecía intragable, sea la aprobación del Estatut catalán, o la libertad de Iñaki De Juana Chaos. Mas allá de los intachables propósitos de sus compañeros en Navarra, quién sabe si al final, por razones del guión, no acabaremos tragando lo que sea con una nube de leche.

Rajoy y la prueba del algodón
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 11 Marzo 2007

Habrá que agradecerle al menos, desde la puntillosa izquierda, una cosa a la manifestación del PP de ayer: haber desterrado de su simbología y de manera contundente los símbolos y nostalgias franquistas. Tan solo apareció una señora –entre tan inmensa marea y gentío- con una bandera preconstitucional y se le echaron encima todos quienes la rodeaban . No hubo manera de hacer un foto a un símbolo franquista. Y mira que se buscó. Sonaron el himno de España y el “Libertad sin ira”. Rajoy gritó ¡Viva España!. Al periodista de El País, el grito le pareció “ inaudito”.

El Partido Popular pasó pues esa prueba del “algodón”.
La otra , la de su capacidad de movilización estaba descontada. La superó con creces, diga Moraleda lo que obviamente tiene el portavoz del gobierno que decir : no va a salir a afirmar que la oposición ha logrado un éxito de precedentes.

Pero lo importante era el mensaje. Lo esencial había de hacerlo y decirlo Rajoy. Ahí me parece que está la clave. En un discurso trascendental . Medido, muy medido. Duro, firme, pero desde la sensatez, desde la moderación, desde la posición de quien aspira y se presenta como candidato a presidir España. Está por ver si los ciudadanos se lo compran. Él que cree que si , que con ese gana y de ahí su nuevo órdago: “¡Que hablen los españoles!”. Reto a las urnas y a la decisión soberana del pueblo, como último y definitivo argumento.

Y este órdago ahora si que no se lo van a querer.

Ahora menos que nunca. Si algo necesita Zapatero es ganar tiempo. Confía en sus tiempos y en que –lo escribí aquí hace unos días -sus esperanzas de negociación ETA se reabran y entren en una etapa definitiva de abandono de la violencia . Entonces todo le sería perdonado por el electorado. Confía. Pero eso es también y ante todo tener que confiar en Batasuna y en ETA.

Por lo pronto pasara a la cotraofensiva el martes, a través de Alfredo Peréz Rubalcaba-su mejor orador y valedor- y en sede Parlamentaria. Lo adelanta desde las paginas de ABC un profundo conocedor y amigo de Zapatero, hizo un libro importante sobre él, Gonzalo López Alba informaba muy precisamente sobre las intenciones de Zapatero: “aguantar el tirón” sin rectificar ni la decisión concreta de excarcelar a De Juana ni el conjunto de la estrategia y mantener el propósito de agotar la lagislatura.

Lopez Alba, al igual que otros periodistas con fuentes directas con el presidente, como Raúl del Pozo de “El Mundo”, trasmitían hoy también ,cada uno a su manera, la sensación de alivio monclovita porque la manifestación “había pinchado”. Un “no ha sido para tanto” que curiosamente, aunque no era su intención venía casi a coincidir con el argumento esencial del diario “El Pais” para criticar la movilización. “No era para tanto, no era para ponerse así”

Porque eso viene a decir la surrealista editorial de El Pais” del día de hoy que no era para tanto, que se han enfadado demasiado por tan poca cosa. La poca cosa es la excarcelación de De Juana aunque ellos ponen prisión atenuada. Claro que resulta sorprendente que el concepto "prisión atenuada" se lo revienten a si mismos tan solo unas paginas más allá en un espléndido reportaje de Mabel Galaz donde se retrata la vida del etarra en el hostpital, donde vive día y noche con su novia en una especie de duplex con vistas, atendido por una “cuadrilla” (textual) de médicos afines seleccionados ad hoc , que decide el mismo quien lo visita y quien no, o sea concede audiencia y cuyo último filtro es su querida Iratí.

Pues bien para El País el gran argumento es que "no había para tanto". “La manifestación de ayer es, por supuesto, legítima (anteayer era en titulares de portada“agitación”) . Pero parece desmesurada en relación con el hecho que la motiva, que no es otro que modificar la situación penitenciaria de De Juana. Es muy problable que esa modificación no se habría producido sin el chantaje de la huelga de hambre...”

O sea, ha habido chantaje, el gobierno ha cedido a el, ha excarcelado al etarra chantajista pero ....la manifestación contra ello es desproporcionada. "No es para ponerse así".

Como argumento solo tiene un calificativo : penoso

Aunque otro ribete en su información, un pequeño calificativo describe mejor que nada el estado de ánimo de la publicación y del periodista que cubrió el acto Carlos E. Cue . El grito final de la manifestación ¡Viva España! Lo califica de “Inaudito" : “Un inaudito grito de “Viva España” de Rajoy!”.

¿Qué el lo inaudito? . ¿Gritar Viva España? ¿O que Rajoy gritara?.

Aunque en la reacciones quien en esta ocasión se ha llevado la palma ha sido la vicepresidenta Maria Teresa Fernández de la Vega, quien está perdiendo enteros por esta fase de destemplanza un tanto desencajada en la que está adentrándose. Quizás se reparta los papeles con Zapatero que ayer se puso en conciliador que es lo que más le gusta y vende pero acusar a Rajoy por la manifestación de ayer de “romper el juego democrático” es pura consigna de consumo parroquial.

.- ¿Es acaso la manifestación un acto antidemocrático?.
.- ¿Es criticar al Gobierno un acto antidemocrático?
.- ¿Es pedir como ultimo argumento que hablen los ciudadanos y las urnas algo antidemocrático? ¿Son las elecciones antidemocráticas?.

Si algo tuvo el acto de ayer fue de ser produda y radicalmente un acto democrático. De la derecha, de lo que se quiera, pero democrático. Manifestación crítica al poder y apelación a las urnas. ¿Hay algo más democrático que eso?

Muy otra debe ser en realidad la pregunta, fuera de estos spot publicitarios de agitación prensa y propaganda, que hoy unos y otros se están haciendo.

La pregunta del millón de votos que valen un Gobierno.

El centro derecha y la derecha están plenamente movilizadas. Algunos dicen que esa movilización traerá como consecuencia la reacción contraria de la izquierda.

Pero hoy no es eso. Hoy la clave está en saber, y eso no lo sabe nadie, si el mensaje trasmitido por el PP ha ido y calado más allá de su parroquia, si entre esos cientos de miles de manifestantes los había sin carné en la boca o aunque estos fueran pocos si muchos otros en sus casas estaban de acuerdo con ellos aunque no se hubieran ido a la marcha. Esa es la pregunta que hoy se hacen en Moncloa y se hacen en Ferraz. Cada uno quiere contentarse con una respuesta favorable a sus intereses pero en realidad ninguno de los dos la tiene.

Y esa respuesta , esa que no se conoce, que no pronuncia y calla es donde se encierra hoy la llave de las urnas.

Esa es la verdadera y definitiva prueba del algodón que Rajoy debe pasar ante las urnas. La única que, al final, es la que vale. No tiene sucedáneo alguno. Ni el de ayer.Porque la prueba del algodón no es otra que el voto.

10-m, la democracia en la calle
POR JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 11 Marzo 2007

LAS grandes concentraciones políticas de los ciudadanos, como la celebrada ayer en Madrid -de enormes proporciones-, lejos de implicar un desprecio al sistema institucional, coadyuvan a ajustarlo y corregirlo, de ahí que el derecho de manifestación esté expresamente contemplado en el artículo 21.2 de la Constitución. Quienes aducen que ejercer ese derecho es una forma de «revuelta callejera» o de «agitación» -así se ha escrito sobre la exitosa convocatoria del PP- muestran una endogámica y burocratizada concepción del sistema democrático y, lo que es peor, incurren en una apropiación indebida de expresiones democráticas que sólo corresponderían, desde su punto de vista, a la izquierda política.

Dicho lo cual, es cierto que las concentraciones ciudadanas en señal de censura, reproche o protesta por decisiones de los poderes públicos suelen delatar graves disfunciones en el correcto desenvolvimiento institucional. En España, y de la mano del Gobierno de Rodríguez Zapatero, se ha venido desarrollando un proceso sostenido de expulsión del sistema de la derecha democrática sometida a una inmisericorde pinza entre el PSOE y determinados partidos nacionalistas con el propósito de revisar y alterar el pacto constitucional de 1978.

Este giro radical de la política gubernamental tiene su expresión más explícita en el llamado «proceso de paz» con la banda terrorista ETA -en el que se inserta la arbitraria excarcelación del terrorista Ignacio De Juana- y se complementa con el impulso de un nuevo modelo territorial -en especial, mediante el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006 y la previsión de una «mesa extraparlamentaria» en el País Vasco que diseñaría un diferente marco político para aquella comunidad- que contradice la letra y el espíritu de la Constitución de 1978, rompe el consenso con el otro gran partido político nacional y clausura la transversalidad de los valores jurídicos y políticos en los que hace casi treinta años acordamos reconocernos todos sin acepción de ideologías.

La percepción de que la política del Gobierno, urdida con organizaciones políticas nacionalistas como el PNV o ERC, persigue la exclusión del Partido Popular como legítima alternativa de poder ha terminado por calar en millones y millones de ciudadanos que consideran -y lo hacen con acierto en muchos casos- que en esta legislatura se está desmantelando la estructura del Estado para migrar a un modelo distinto del actual pero ignoto aún -aunque en ningún caso nacional- en el que la derecha sería considerada poco más que una mera excrecencia.

La salida en masa de miles y miles de ciudadanos a las calles de Madrid para reprochar al Gobierno la excarcelación de un terrorista que se sometió a una huelga de hambre para lograrla es la manifestación de una muy profunda indignación popular ante sus recidivantes muestras de fragilidad en la afirmación de los principios de la libertad -en tanto que destilación última de la convivencia democrática- y ante el despilfarro del patrimonio moral de la sociedad española frente al embate del terrorismo de ETA. De un terrorismo nacionalista y, por lo tanto, separatista, que, en comunidad de fines con alguna de las fuerzas políticas aliadas con el Gobierno socialista, persigue, ni más ni menos, que una victoria política sobre el Estado democrático de 1978. Tal propósito sólo es posible si la derecha española es excluida del mismo sistema -como parece pretender Rodríguez Zapatero- mediante técnicas de aislamiento o de descalificación de su legitimidad democrática.

La excarcelación del terrorista -ni legal, ni moral, ni humanitaria, ni inteligente, como se ha escrito desde territorios mediáticos muy cercanos al Gobierno- ha actuado como precipitante de una energía social muy crítica pero contenida en amplios sectores que el presidente y su partido han despreciado -y siguen haciéndolo- de una forma espectacularmente irresponsable. La colisión con la cuestión terrorista, sin embargo, ha dañado la credibilidad de Rodríguez Zapatero y su testaruda decisión de -en virtud de razones casi esotéricas- persistir en el «proceso» con ETA está exasperando unos ánimos que han soportado demasiada sangre, sudor y lágrimas durante décadas como para, ahora y en función de iluminaciones presidenciales, arrumbarlos en el trastero de los esfuerzos inútiles.

La cesión ante las pretensiones de la banda terrorista -sea con la excarcelación de De Juana, sea con la pretendida negociación política con los delincuentes- es tanto como la culminación de un proceso de liquidación de los fundamentos de este Estado que encuentran en la unidad nacional y en la soberanía residenciada en el pueblo español la quintaesencia del propio sistema constitucional. No es legítimo -y ni el presidente, ni el Gobierno pueden hacerlo- alterar por vía de hecho o mediante subterfugios el pacto de 1978. Pueden hacerlo, pero ha de ser conforme a un procedimiento que nos conduce directamente a un tránsito -otra vez- constituyente en el que la derecha democrática española -la que ayer estuvo masivamente en las calles de Madrid- seguirá reivindicando la vigencia de la unidad nacional que es la que los terroristas pretenden destruir.

Los intelectuales de la izquierda liberal que han pasado por las páginas de este periódico en las últimas semanas -desde Lamo de Espinosa a Joaquín Leguina y Víctor Pérez Díaz, desde Félix Ovejero Lucas a Antonio Muñoz Molina, y los adscritos al moderantismo como Carmen Iglesias, José Varela Ortega, Andrés de la Oliva Santos o Santiago Muñoz Machado- muestran -antes que otras reflexiones- su perplejidad ante el sesgo que están tomando los acontecimientos, enfatizando las responsabilidades del presidente y del Partido Socialista en esta grave deriva, de tal manera que -sin perjuicio de las contraídas por determinadas y graves torpezas del PP- el Gobierno carece de un sostén teórico, lo que connota su política con percepciones negativas tales como las de la improvisación, la banalidad, la inconsistencia y el sectarismo.

En estas circunstancias no puede extrañar que el Partido Popular haya lanzado -y con gran éxito- la convocatoria de ayer, de la que habría que extraer algunas conclusiones, sin que la soberbia o el ensimismamiento nublen a Rodríguez Zapatero la lucidez que debe requerirse a un presidente que tiene que anteponer el sentido estadista a sus tacticismos políticos. La manifestación del 10-M es una muesca en la historia de la democracia española. Se ha rubricado de manera definitiva que un sector sustancial de la sociedad no está dispuesto a compartir políticas de dilución nacional ni renuncias éticas en la lucha contra el terrorismo de ETA.

El dilema ahora no está en la oposición sino en el Gobierno y en su presidente. Y consiste en algo tan sencillo como decidirse por el improbable camino de una negociación con la banda terrorista con el interesado y temporal apoyo de las fuerzas nacionalistas que vienen pretendiendo la destrucción de la soberanía nacional, o el regreso al consenso de la transición que se sustentó en la unidad de España y la autonomía de sus regiones y nacionalidades, la forma monárquica del Estado y un modelo de valores cívicos en los que unos y otros reconocíamos un territorio común y compartido. Rodríguez Zapatero ha podido eludir hasta ahora sus propias contradicciones. Desde ayer, la democracia ciudadana -también institucional en el régimen constitucional- le obliga, ya sin más demoras, a optar entre seguir aumentando la incisión entre españoles o emplearse en la sutura de la herida abierta en nuestra sociedad que hace unas horas sangró a borbotones sobre el asfalto madrileño.
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS
Director de ABC

Zapatero, en el lado oscuro
Francisco Rubiales Periodista Digital 11 Marzo 2007

La masiva manifestación de ayer en Madrid no puede interpretarse sólo como la toma de la calle por los partidarios del PP, sino que constituyó, además, una importante victoria etica para el Partido Popular, que está logrando vincularse con la parte más sana de la sociedad española y empuja a Zapatero hacia el lado oscuro.

Para Zapatero, cuya torpeza política ha querido retrotaer la sociedad española hacia un mundo de "buenos" y "malos" que parecía superado, lo de ayer fue una derrota en toda regla, no por el número de manifestantes en la calle sino porque la manifestación trastocó la iconografía política de la España actual y dejó claro quien ocupa el espacio de los "buenos" y quien el de los "malos".

La manifestación, por su tamaño, por su civismo, por sus mensajes y, sobre todo, por su vinculación intensa a los símbolos de la patria y a las victimas del terrorismo, parecía una concentración "de los buenos" y dio la sensación de que la batalla política y moral está siendo ganada por la derecha.

Zapatero, quizás ha conseguido, como pretendía, aislar políticamente al PP en las instituciones, acosándolo y cerrándole toda posibilidad de alianzas en el Parlamento, pero no habia previsto que el PP iba a aislarle a él de la calle y de gran parte de la sociedad, empujándole hacia el papel de "malo".

Parece claro que el más contundente efecto de la manifestación de ayer fue que Zapatero y su política se vieron empujados hacia el lado oscuro y derrotados moralmente ante una opinión pública cada día más convencida de que existen pactos inconfesables con el terrorismo, que el gobierno ha sellado alianzas "contra natura" con los nacionalistas extremos vascos y catalanes, sólo a cambio de poder, que desde el socialismo gobernante se margina y desprecia a ese "nucleo moral" de España que son las victimas del terrorismo y que el presidente del gobierno, escandalosamente, desoye el grito del pueblo en la calle, a pesar de que antes de ocupar el poder había prometido "sensibilidad" ante ese tipo de manifestaciones.

El políticamente acosado PP, sagazmente y con acierto, se está escapando de la trampa de Zapatero, ocupando el lado positivo de la sociedad y rearmandose moralmente a través de su acertada vinculación con las víctimas del terrorismo, con el concepto de nación, con la bandera, con el himno, con su apelación a la calle, con el grito de "libertad" y con el comportamiento cívico de sus partidarios.

Zapatero y los suyos pueden argumentar que el PP no merece ocupar el espacio de "los buenos", que su política frente al terrorismo, cuando estuvo en el poder, fue laxa, que no cambió el código penal ni eliminó los beneficios carcelarios cuando pudo hacerlo, o que fue arrogante y manipulador, pero deberán reconocer que es la estrategia torpe de Zapatero la que está colocando a la derecha, lo merezca o no, en el lado positivo de España.

Los aliados de Zapatero que salieron ayer a "cazar" brazos alzados, aguiluchos y símbolos inconstitucionales por las calles de Madrid, no los encontraron; las cámaras y micrófonos de medios de comunicación afines que salieron para desacreditar la manifestación grabando insultos y demencias, quedaron frustrados.

Zapatero, que cometió el error de reaccionar a la manifestación el día antes, sin ni siquiera escuchar sus mensajes, mostrando así un comportamiento poco democrático, debería sentirse preocupado porque, aunque ha logrado aislar al PP en el Parlamento, él está siendo aislado de la etica y de la regeneración de una nación que muestra más vitalidad de la que sus asesores habían previsto.

Muchos periodistas políticos hemos escuchado a los asesores y colaboradores de Zapatero decir que los españoles estaban dispuestos a ceder mucho a cambio de la paz con ETA. A algunos les hemos escuchado decir que, incluso, estábamos dispuestos a ceder la independencia del pais vasco a cambio de la paz, pero la manifestación de ayer demuestra que estaban equivocados, que muchos los españoles están vivos y que la resurrección se extiende como la pólvora por una sociedsad a la que repugna e indigna la fea imagen del asesino De Juana Chaos, vinculada a Zapatero y a su política.

www.VotoenBlanco.com

Las claves de ZP
Manuel Molares do Val Periodista Digital 11 Marzo 2007

En el verano de 2003, cuando le faltaban siete meses para las elecciones generales que lo llevaron al poder, Rodríguez Zapatero dijo que se aliaría con el diablo para desalojar del Gobierno al Partido Popular.

Aunque no usó exactamente esas palabras, tal fue la idea. La expresó en El Escorial, en el curso sobre “Las consecuencias sociales de la globalización” dirigido por el sabio politólogo polaco, Zygmunt Bauman.

El creador de nuevas teorías sobre socialismo y globalización se escandalizó cuando Zapatero dijo que para desalojar a la derecha era válido el apoyo de cualquier grupo, cual fuera su ideario, aunque hubiera que pagar un alto precio por ello.

Bauman le advirtió que eso llevaba a una radicalización incontrolable. Apoyarse en quienes quieren destruir el sistema hace inviable el Estado a medio plazo.

Zapatero no escuchó al anciano. Ganó las elecciones y se alió con quienes fueran anti-PP, incluyendo a estalinistas, fidelistas, secesionistas y defensores racistas de pequeñas patrias y tradiciones.

En cuanto a cómo resolver el problema de ETA, antes de llegar al poder y mientras verbalmente apoyada la lucha antiterrorista, tenía ya a importantes socialistas vascos dialigando con Batasuna y, quizás, con ETA.

Como hace política según las encuestas –su democracia deliberativa--, ZP creyó saber que los españoles estaban tan cansados del terrorismo que negociarían incluso la casi independencia del País Vasco adornándola con promesas de paz.

Preveía un arreglo fácil y pacífico, con cesiones lentas y medidas para que los españoles fueran acostumbrándose a la nueva situación.

Pero, o encuestas o españoles, fallaron. Consecuencia: ruptura del consenso constitucional, desigualdad de los ciudadanos según su origen y despertar de la ultraderecha, hasta entonces aletargada.

La gente no es como creía ZP, y para su desconcierto, parte de ella está rebelándose.

Navarra
EDITORIAL El Correo 11 Marzo 2007

La Comunidad Foral de Navarra es la única entre las Comunidades Autónomas que 'amejoró' su estatus jurídico-político sin pasar por los trámites comunes de todas las demás. Siguiendo su propia tradición, Navarra se incorporó al proceso autonómico por una ley propia -la llamada Ley de Amejoramiento- y no por los procedimientos generales establecidos en los artículos 143 y 151 de la Constitución. Esta singularidad tuvo, aparte sus muchas ventajas, el inconveniente de no zanjar, mediante referéndum, la relación que la Comunidad Foral de Navarra había de tener con la Comunidad Autónoma del País Vasco. Tal relación quedó, quiérase o no, pendiente en razón de las menciones que de ella se hacen tanto en la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución como en el artículo segundo del Estatuto de Gernika. Ahora, la cuestión está llamada a ocupar un lugar destacado en el debate de las próximas elecciones de mayo.

El sobrentendido de no modificar el 'statu quo', que se había mantenido hasta el momento entre los dos grandes partidos de la Comunidad -UPN y PSN-, ha quedado roto a causa de tres factores sobrevenidos e interrelacionados. La introducción, por parte de la izquierda abertzale, del asunto de la 'territorialidad' dentro del llamado 'proceso de paz'; la demanda expresa de UPN de que se suprima la citada Disposición Transitoria de la Constitución; y la irrupción de una nueva fuerza -Nafarroa Bai- con posibilidades, al menos, de influir de manera decisiva en la composición del Gobierno foral que salga de las urnas van a hacer inevitable que la cuestión pendiente desde la Transición polarice las posiciones de partidos y electores. En esta polarización, quien más incómodo va a sentirse es, sin duda, el PSN, teniendo como tienen los otros dos partidos mencionados -UPN y NB- sus posturas muy claras al respecto.

Sería de desear que esta previsible polarización del debate no se viera aún más exacerbada por la interferencia en él de fuerzas ajenas. En tal sentido, convendría que se hiciera efectivo en la política práctica lo que ya es un tópico en el discurso retórico: que sólo a los navarros corresponde decidir cómo organizar sus instituciones de autogobierno.

Modelos lingüísticos
Eduardo Inclán Gil/Vitoria-Gasteiz CARTAS AL DIRECTOR El Correo 11 Marzo 2007

Quiero expresar mi sorpresa e indignación por lo que he conocido esta semana a través de los medios de comunicación que el Gobierno Vasco va a finiquitar los modelos lingüísticos actuales para instaurar un modelo único con la base del euskera. Esto es una nueva vuelta de tuerca en esa imposición de la lengua vasca que tanto les gusta a algunos.

Yo escribo esta carta para reivindicar la libertad de los padres para elegir la lengua que prefieran para que estudien sus hijos, algo que, mal que bien, algunos pueden hacer. Aunque difícil, en algunos casos ahora es posible. Con esta modificación será ya imposible. Somos muchos los que no entendemos por qué se va a exigir el mismo nivel de conocimiento de euskera que de castellano, sobre todo en zonas no vascohablantes. No es equiparable el nivel de castellano con el nivel de euskera en Vitoria o en Ondarroa.

Eso se llama imposición y no respetar la personalidad propia de cada territorio, de cada comarca. ¿Y qué va a pasar con los estudiantes que vengan de Burgos, Cantabria o Madrid a vivir al País Vasco? ¿Cómo van a poder aclimatarse a este sistema que les exige el mismo nivel de euskera que de castellano? ¿Pretenden aislarnos aún más y convertir a nuestra Comunidad en una isla? Para eso no se construye la Unión Europea, que se basa en los principios contrarios a esta ley. ¿Nuestros gobernantes saben algo de lo que pasa en Educación más allá de Bayona o Tudela?

Dos millones de voces, contra las cesiones
Los españoles responden en masa al llamamiento del PP en rechazo a la política antiterrorista del Gobierno tras el «caso De Juana»
D. Mazón La Razón 11 Marzo 2007

Madrid- Una bandada de gaviotas sobrevoló la Plaza de Colón en el momento en el que Rajoy cerraba su discurso al grito de «¡Viva la libertad! ¡Viva España!». Quizá una casualidad, o tal vez un signo. Sea lo que sea lo que empujó a las aves a «unirse» a la marcha convocada por el PP, lo cierto es que nadie miraba al cielo. Los más de dos millones de españoles, según la Comunidad de Madrid, que acudieron a la llamada de los populares contra la excarcelación de De Juana Chaos y la política antiterrorista del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero tenían la mirada puesta en el escenario, en el que el presidente del principal partido de la oposición se dio un auténtico baño de masas.
«Escoltado» por la más grande de los cientos de miles de banderas de España que tiñeron la céntrica plaza madrileña y las calles adyacentes, recibió el apoyo y el calor de los manifestantes que lo aclamaban al grito de «¡presidente, presidente!» a cada dos párrafos de su discurso.
Todas las miradas estaban puestas en la antítesis de aquel de quien pedían a pleno pulmón la dimisión, del protagonista de muchos carteles, que con lemas como «Zapatero, mentiroso», «Zapatero, traidor», se intercalaban con las banderas.
Órdago ganado
El órdago del PP, el gran reto de sacar a la calle a más gente que nunca lo ganó, y con creces. Ignorando la pertinente guerra de cifras de cada manifestación, lo cierto es que el Paseo de la Castellana recordaba, y mucho, a la gran protesta que sucedió al vil asesinato de Miguel Ángel Blanco. La maquinaria popular funcionó a la perfección, movilizó a todos sus afiliados y simpatizantes, fletó autobuses desde todos los puntos de España y vigiló porque las cosas fueran serenas y respondieran al espíritu que presidía la protesta, de rebelión cívica, democrática y contra el terrorismo. Los encargados de velar por el orden de la misma lo tenían muy claro y por ello se cuidaron mucho las consignas y los símbolos, hasta el punto de controlar que no se colara ninguna bandera de épocas anteriores.
A las cinco de la tarde, en la Plaza de la Cibeles, se dieron cita todos los líderes populares, todos. No faltó ni uno. Aclamados, vitoreados y elevados casi a la categoría de salvadores, no podían ocultar su satisfacción por la respuesta que logró la convocatoria. La llegada de Rajoy desató al público, sus ansias de acercarse al líder popular, y dio el pistoletazo de salida a una manifestación «antológica», como no dudaron en calificarla los más entusiastas. Hasta el tiempo acompañó. Amaneció soleado, un día propicio para que nadie se quedara en casa, y reclamara cosas como que no se cediera «al chantaje», que no se fuera «cobarde», que «España, unida, jamás será vencida» y que ya es hora, en opinión de un nutrido grupo de jóvenes, de que se convoquen elecciones generales.
«España por la libertad»
El paso lo abrió un gran lazo azul, portado por las Nuevas Generaciones del PP, los más «cañeros», los más imaginativos a la hora de inventar cánticos. Tras ellos, la pancarta, con el lema «España por la libertad, no más cesiones a ETA». En el centro, Mariano Rajoy, que a cada paso saludaba a derecha e izquierda ante la insistente llamada del público. A su lado, dos mujeres que se han convertido en símbolos: María San Gil y Pilar Elías. Y tras él se dejaban ver Pío García Escudero, Alberto Ruiz Gallardón, Soraya Sáenz de Santamaría, Carlos Iturgáiz... Un poco más allá asomaban Eduardo Zaplana, Ángel Acebes, Esperanza Aguirre, Ignacio Astarloa, Francisco Camps, Rita Barberá. El ex presidente José María Aznar prefirió un segundo plano tras su propio baño de masas a la llegada, igual que el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Francisco José Alcaraz, que fue el acompañante de quienes en otras ocasiones se han volcado en sus convocatorias. Pero la primera fila de la protesta, la que sujetaba la pancarta, estaba reservada para los concejales del País Vasco, los verdaderos sufridores de la lacra terrorista.
La apuesta del PP era clara: hacer ver al Gobierno, convocando a una masa ingente, que se equivoca con su política contra el terrorismo, que se ha equivocado con su decisión sobre el sanguinario De Juana Chaos, y hacer ver que hay otro camino, que hay una alternativa al hartazgo de, al menos, los que ayer se congregaron en el centro de Madrid. Y éstos, entregados a la causa, hartos de la situación actual a juzgar por algunos lemas que coreaban («¡Si tienes cojones, convoca elecciones!», «Zapatero, dimisión»), animaban el paso de Mariano Rajoy al grito de «¡España merece otro presidente!», intercalado por una adaptación espontánea del grito de guerra durante el pasado Mundial de Alemania, el ya clásico «A por ellos, oé», alterado por un contundente «¡A por ETA, oé!», confiando seguro en que en este caso, el grito conduzca a un resultado diferente del que logró su predecesor.
El recuerdo de Ermua
El espíritu de la manifestación pretendía también recuperar el de Ermua, aquel que inició la mayor rebelión social contra el terrorismo, aquel que unió a todos los españoles con un solo grito. Y los congregados también lo sacaron del mismo armario que las banderas, para arropar a la hermana de Miguel Ángel Blanco y para mostrar la foto de éste como símbolo de lo que fueron las ganas de vencer al terrorismo.
Empujados por los manifestantes y sus vítores, los populares llegaron a la Plaza de Colón en el momento en el que sonaba una de esas canciones que supusieron la banda sonora de la «era Ermua», el «libertad, libertad, sin ira libertad», todo un himno para una ocasión como la de ayer. En ese momento, además, un viento ausente toda la tarde vino a agitar no sólo las banderas de los concurrentes, que formaban una marea roja y amarilla impresionante, sino la enseña que preside la Plaza de Colón, la más grande de España.
Previo paso al discurso de Mariano Rajoy, tomaron el escenario los concejales vascos, con María San Gil a la cabeza. Su aparición en la pantalla gigante levantó una de las mayores ovaciones de la tarde, correspondida por la popular con una amplia sonrisa. Acto seguido, un vídeo de homenaje a las víctimas del terrorismo, cuyo hilo conductor era una agradecimiento expresado, uno tras otro, por jóvenes y mayores, en ocasiones simplemente «gracias», en otras «gracias por no rendiros» o «gracias por no ceder al chantaje». El vídeo había arrancado con la imagen de Ortega Lara hablando de su secuestro. Su rostro, su nombre, otro símbolo. El ex funcionario de prisiones recordaba que cuando le rescataron, le dijo a Mayor Oreja que entendía que no hubieran cedido ante los terroristas. Un mensaje que ayer era clave.
El discurso del líder popular fue interrumpido constantemente, por vítores, silbidos cuando Zapatero era mencionado, y agitar de banderas cuando correspondía.
Sus palabras terminaron con el «¡Viva la libertad! ¡Viva España!», con el sobrevuelo de la bandada de gaviotas y con el himno nacional. La gente enfilaba hacia sus casas con el soniquete tan versátil de «Color esperanza», con el «libertad, libertad» en la cabeza, y con la sensación de haber hecho algo grande, la misma que se llevaban los líderes del PP en la cara mientras abandonaban la tribuna.

Dos millones de españoles claman contra la cesión de un sordo ZP
Editorial Elsemanaldigital

La manifestación de ayer fue impresionante. Y quizá lo más impresionante es la constancia con la que cientos de miles de madrileños y españoles llegados de todo el país vienen respondiendo a cuantas concentraciones se celebran para protestar contra la política de negociación y cesiones a ETA del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Esto debería resultar suficiente para demostrar a cualquier gobernante consciente que nos hallamos ante una barrera que una parte más que considerable del pueblo español no está dispuesta a tolerar que se traspase.

Pero la manifestación de ayer tiene un elemento que la hace diferente a las anteriores: la convocó el PP, con lo que trasciende la mera expresión de un malestar social para adquirir un significado inequívocamente político. El PP, dejado solo por las demás fuerzas políticas, aislado de manera premeditada por un "cordón sanitario", ha asumido, también en la calle, la alta responsabilidad de ser el portavoz no sólo de sus votantes, sino de todos los españoles que rechazan el chantaje etarra.

El discurso pronunciado por Mariano Rajoy al término de la concentración merece ser considerado con atención. En él encontramos reflejados uno por uno, cual si de una manifiesto se tratara, los puntos esenciales de la profundísima discrepancia en materia antiterrorista que en estos momentos divide a la sociedad española como ningún otro asunto lo había hecho en el actual periodo democrático.

La excarcelación del asesino múltiple De Juana Chaos forma parte del "peaje que paga el Gobierno para poder negociar". Pero esa negociación con los terroristas es inaceptable porque ETA "no se arrepiente de nada. No renuncia a nada. Quiere Navarra, quiere la amnistía, quiere la independencia. Nunca se conformará con menos".

El presidente del PP, asimismo, pone de relieve la cuestión esencial que plantea la negociación con los terroristas desde el punto de vista de los fundamentos últimos de legitimidad de un sistema democrático: "¿con quién discute el Gobierno el futuro de Navarra, del País Vasco, de España? ¿Con los Navarros? No. ¿Con los españoles? No. ¡Lo discute con Batasuna, a escondidas, en secreto! ¿Con qué derecho? No lo vamos a consentir. España nos pertenece a todos y nadie tiene derecho a modificarla para dar gusto a ETA".

Mariano Rajoy termina sus palabras llamando a recuperar el consenso. Pero, sabedor de que en la actual situación no es posible alcanzarlo con el Gobierno, se propone "establecerlo con la gente, con los españoles" y, en ese espíritu, convoca solemnemente "a todos los españoles, a los que les importe España a poner fin a esta situación" y a "defender la nación española".

Hoy es 11 de marzo. Tres años después de aquel día trágico, España es el único país donde unos atentados terroristas, en lugar de fortalecer la determinación de los gobernantes de derrotar a los criminales con el apoyo de la gente, han provocado un cambio político que ha convertido a los asesinos en interlocutores válidos. Es hora más que sobrada de recuperar la dignidad y la cordura.

Clamor cívico contra Zapatero
Federico Quevedo EC

El rostro de María San Gil aparecía en la pantalla gigante que los organizadores, es decir, el PP, habían puesto en un lateral de la Plaza de Colón, desencajado por la emoción, al borde de un llanto ajeno a la tristeza. El propio Rajoy sintió como su voz se entrecortaba varias veces durante la lectura de la intervención que cerraba la marcha. “Están a punto de llorar”, decía la gente que lograba atisbar algo entre el mar de banderas constitucionales que inundaban la Plaza de Colón. Nunca nadie había conseguido reunir a tanta gente; nunca en la historia reciente.

El trayecto que iba desde la Puerta de Alcalá hasta la Plaza de Colón, atravesando Cibeles, a lo que había que añadir Serrano, Génova, la Castellana en ambos sentidos, la calle de Alcalá y adyacentes, y casi hasta la Gran Vía, estaban abarrotadas de personas, y decir abarrotadas es decir que no cabía un alfiler. De hecho, al término de la manifestación, por cada una de las vías de salida podían contabilizarse nuevas manifestaciones de miles de personas. Y en un ambiente sorprendentemente festivo y ajeno por completo a cualquier síntoma de visceralidad.

Era difícil saber lo que pasaba en cada punto de la manifestación, pero en el mar de banderas rojigualdas con el escudo constitucional y de carteles alusivos a ETA y a la cesión del Gobierno a su chantaje, no se encontraban símbolos de otros tiempos ni expresiones malsonantes que pudieran hacer pensar en una actitud hostil o visceral. Es más, una mujer que se atrevió a enarbolar una bandera con el antiguo escudo del águila de San Andrés sufrió los abucheos del público que le recriminó lo que la mayoría de la gente consideró una “provocación”.

De hecho, y según ha podido constatar El Confidencial al término de la manifestación, los servicios de orden del PP, es decir, los militantes de Nuevas Generaciones, sólo tuvieron que emplearse en intentar evitar que la multitud provocara avalanchas en las que alguna persona pudiera resultar afectada, sobre todo al paso de los principales líderes del PP y las víctimas del terrorismo. Insultos, casi ninguno, pero sin una petición unánime a Zapatero para que dimita y, sobre todo, para que nunca más vuelva a ceder al chantaje de la banda terrorista.

¡De Juana, 'mamón'...!

El terrorista De Juana, al que el Gobierno ha concedido el segundo grado penitenciario y disfrutará del resto de su condena en su casa, si se llevó más de una imprecación: “¡De Juana, mamón, no comas más jamón!” fue, sin duda, la más coreada. “Se ha pretendido embaucarnos con el pretexto de una paz engañosa -diría Rajoy-. Esa paz que lleva escrita en el rostro De Juana Chaos. La paz de Otegui. La paz de los canallas que colocaron la bomba en Barajas”. Era un lenguaje que la gente allí reunida entendía a la perfección y coreaban eso de “¡a ETA se la vence, no se la convence!”.

La magnitud de la respuesta, al margen de la guerra de cifras –más de dos millones según la Comunidad de Madrid, cerca de 400.000 según la Delegación del Gobierno-, hace pensar en un antes y un después, y la pregunta inevitables es si Mariano Rajoy será capaz de capitalizar semejante expresión de descontento popular. De entrada, el líder del PP convocó a los manifestantes a una misión “solemne”, la de la “defensa de la nación española” frente a un Gobierno que se rinde a los terroristas. A la marcha no ha faltado nadie del PP, al menos de entre sus líderes.

Cerca de Rajoy, que encabezaba la manifestación junto a familiares de víctimas y el funcionario secuestrado por ETA y liberado por la Guardia Civil José Antonio Ortega Lara –él y Miguel Ángel Blanco tuvieron una mención especial en el discurso del líder del PP- podía verse a Mayor Oreja, Acebes, Piqué, Ruiz-Gallardón, Esperanza Aguirre, Camps, Valcarcel... Un poco más atrás Aznar y su mujer, Ana Botella, escuchaban a su paso aquello de “¡este sí es un presidente!”. Alcaraz, Mikel Buesa y las principales plataformas cívicas de apoyo a las víctimas también estuvieron presentes.

Que gane la democracia
“Quiero que este acto quede como testimonio de un pueblo que sabe que sólo siendo fiel a sus valores podrá construir el mejor futuro. De un pueblo que sabe que entre el terrorismo y la democracia no hay caminos de encuentro y que uno de los dos debe prevalecer a costa del otro. Y que, desde luego, quiere que prevalezca la democracia. De un pueblo que no quiere tener que contar un día que el terrorismo ganó una batalla en su país”, afirmaría un Rajoy visiblemente emocionado ante una convocatoria que rompía todas las previsiones del PP.

Las palabras de Rajoy conectaban con el sentir general de los manifestantes: “Queremos que la democracia gane y que ETA pierda. Queremos que Batasuna desaparezca de nuestras calles, de nuestros telediarios y que ni sueñe con volver a los ayuntamientos. Queremos que los terroristas sepan que no tienen nada que reclamarnos, que su único destino es la cárcel y que nosotros todavía sabemos distinguir con nitidez quiénes son las personas decentes y quiénes son los indeseables”. Al término de sus palabras, sonó el himno nacional, una constante ya en todos los actos de víctimas.

No fueron, sin embargo, las únicas notas que pudieron escucharse y corearse, Antes de que el propio Rajoy subiera a la Tribuna, la mítica canción de Jarcha, Libertad sin ira, rompió la tranquilidad de una manifestación en la que se coreaban los eslóganes precisos y oportunos para que nadie pudiera decir que hubo expresiones insultantes. La libertad fue, de hecho, un nexo de toda la intervención de Rajoy quién, al final de su discurso, pidió al público que le acompañara en un “¡viva la libertad!” que antepuso al definitivo “¡viva España!”. Rajoy conquistó la calle. Ahora le falta conquistar las urnas.

TREINTA AÑOS DE CHANTAJE
Javier orrico Periodista Digital 11 Marzo 2007

Acabaréis ahogados en vuestra propia marea de cinismo y mentiras. Oír hablar de humanitarismo a quien sabemos prisionero de una negociación mantenida contra la voluntad de los españoles, a pesar de los muertos que la banda le puso sobre la mesa, produce una mezcla de desazón y risa amarga, una sensación de hartazgo, de estar en manos de un grupo de inmorales en los que no se sabe que predomina, si la condición grotesca o la ruindad. Porque no estamos dirigidos por Gandhi, no jodamos, sino por un mequetrefe venenoso y sectario (capaz hasta de amenazar con revelar secretos de Estado), que trata implacablemente a quienes se le oponen, y ofrece sonrisas y prebendas a quienes necesita o le adulan. Y que ha hecho de esa negociación el eje de un proyecto neototalitario para España, de un auténtico nuevo Régimen para que los nazionalistas antiespañoles le mantengan en el poder a cambio de una parte del botín.

La moral política de ZP es bivalva, ambizurda, deliberativa según le convenga. De Juana no era sino una prueba más de lo que los terroristas vascos llaman “muestras de la voluntad inequívoca del Estado para encontrar una salida al conflicto”. O sea, de que les vamos a dar lo que piden como único modo de que dejen de matarnos. O, al menos, que maten poquito y sólo a ecuatorianos, que es lo que al Fiscal General del Estado le parece que es “casi” no matar. Hemos perdido diez años de apretar los dientes y enterrar a los muertos, populares y socialistas –y son cada vez más, sobre todo vascos, los socialistas que abandonan a este ZP-, mientras acorralábamos a los asesinos y los con-vencíamos (sic) de que no tenían más salida que entregar las armas y escribir sus memorias.

Hoy, ese socialismo que se dice de los derechos arroja toneladas de basura sobre los españoles que han decidido manifestarse para no tener que vomitar. Para defender la democracia y la libertad que este presidente barbie-maquiavélico, ambicioso y sin escrúpulos, ha entregado a una organización terrorista como culminación a tantos años de chantaje, de extorsión, de asesinatos, pero también de resistencia y un heroísmo que habrán sido inútiles si se confirma esta agonía final. España fue demasiado generosa con quienes sólo querían destrurila. Se les concedió un estatuto con privilegios inconcebibles, un Concierto económico por el que la autonomía vasca no sólo se convertía prácticamente en un Estado, sino que ese Estado lo pagábamos los demás: los pobres manteníamos a los ricos, poníamos los muertos y la pasta. Defendimos sus ventajismos fiscales ante Europa, mantuvimos -hasta la mayoría absoluta de Aznar en el 2000- unos beneficios penitenciarios inconcebibles en cualquier democracia verdadera frente a sus enemigos, asunto que hoy esconde este PSOE que se opuso hasta diez veces en las Cortes a cambiar el código penal para evitar ese escándalo, mientras arramblaban con los millones de los fondos reservados para sus fincas y sus putas y para pagar mercenarios chapuza y gastos de casino.

Y cuando el pueblo, el pueblo, sí, que se os ha olvidado en los chaletes de ‘disseny’, el pueblo se echó a la calle con sus manos pintadas de blanco para decir basta a los asesinos de un muchacho de 27 años que tocaba la batería, un hijo de inmigrantes gallegos en Ermua que había querido ser concejal de su pueblo, entonces acudieron los amigos del PNV, esos demócratas, y los chicos de Izquierda Unida -que no se nos olviden, para mi vergüenza, que los voté durante muchos años-, y firmaron el Pacto de Estella para salvar a la ETA, para dar el golpe de mano definitivo contra una España que se los comía. Esos mismos son hoy algunos de los sostenes principales de ZP.

Aquel espíritu de las manos blancas -del que salieron Basta ya y El foro de Ermua- supuso un maravilloso movimiento democrático que empujó al PP, como ha hecho ahora, contra todo lo que Zapatero ha vuelto a traer: la claudicación ante el terror, la dignificación de los asesinos, la entrega de España a los nazis regionales. Allí se inició lo que ayer brotó otra vez de las calles: un grito de decencia, el estallido de una nación que no está dispuesta a desaparecer. Es decir, todo lo contrario a una extrema derecha, neutralizada y residual desde el 23-F, con cuyo espantajo pretende este PSOE asustar en una nueva reedición del doberman.

La que ayer acudió fue la España democrática, la que defiende la igualdad ante la ley, el fin de los privilegios y las cesiones ante los treinta años de chantajes de las auténticas extremas derechas con boina con las que el zetapismo de los progres ha construido su alianza de hierro: ERC, CiU, Nafarroa Bai, BNG, la Chunta, y el resto de la corte independentista de los que ya han comenzado a despìezar el Estado gracias a ZP. Ellos son la reacción y la caverna, los enemigos de esta libertad que nos dimos, y de una Constitución que la encarna y a la que los nazional-socialistas del líder sonriente le quiebran el cuello cada día.

Lo que ayer vimos fue a millones de españoles afirmando que queremos seguir siéndolo, que no estamos dispuestos a que nadie, nunca más, nos imponga el destino con una pistola.

El orgullo de sentirse español
Vicente A. C. M. PC 11 Marzo 2007

No importa la guerra de números, ni las descalificaciones que vienen de esa izquierda, impotente ante la avalancha humana que se ha manifestado en este fin de semana en las calles de toda España. No importa que sus gritos de desprecio y falsedades pretendan desligitimar a quienes fueron los auténticos protagonistas y promotores de esta rebelión cívica. No importa nada que unos sectarios líderes saquen todo su revanchismo y envidia ante la respuesta contundente del pueblo. Porque lo que importa es que el pueblo español ayer se expresó con civismo y con firmeza rechazando la política entreguista y de rendición de España al terrorismo de ETA.

Dijo Rajoy que existe otro modo de hacer la lucha anti terrorista y no es el que está haciendo este Gobierno. Porque lo que hace Zapatero es favorecer las pretensiones de los terroristas. Lo que hace Zapatero es ceder ante el chantaje terrorista, disfrazándolo de humanitarismo. Lo que hace Zapatero es ordenar que den todas las facilidades para que los representantes de ETA puedan acudir a las elecciones con total impunidad, permitiendo sus actos previos electorales y dándoles carta de legalidad con sus nuevas siglas. Lo que hace Zapatero es despreciar a las víctimas del terrorismo y condenarlas a aceptar sumisamente y perdonar a los asesinos. Lo que hace Zapatero es despreciar la opinión del pueblo español. No le interesa nada lo que este fin de semana se dijo,. No le interesaron nada las manifestaciones de la AVT o del Foro de Ermua, que son la expresión viva de la conciencia de los españoles.

Ya se sabe que aquél Gobierno que desprecia la opinión del pueblo, está condenado a que el pueblo le desprecie y y le derribe de su pedestal de orgullo. España salió este fin de semana a decir NO a la Política de Zapatero contra ETA. NO a la rendición al chantaje. NO a la libertad de de Juana Chaos. NO al olvido de las víctimas y de su dignidad. NO a premiar el terrorismo, permutando paz por concesiones políticas o territoriales. NO a traficar con la Soberanía Nacional. No al engaño y a la manipulación de la información. No al encubrimiento de delitos.

Se le ha dicho un NO rotundo a Zapatero, a este Gobierno cautivo de ETA y de sus inasumibles e incumplibles compromisos. No hay peor sordo que el que no quiere oír. Pero por mucho que quieran negar lo que este fin de semana pasó, por mucho que se esforzaron en ocultar al País el verdadero alcance de las concentraciones y manifestación en Madrid, no podrán reducirlo a "otra algarada activista del PP" como la calificó la Vicepresidenta. Porque aquí, los únicos activistas expertos se encuentran ahora en el Gobierno. Los únicos que acosaron y acusaron aprovechando accidentes marítimos o la guerra contra la dictadura de Sadam Hussein fueron los que ahora se asombran de que el pueblo español ahora siga al PP en las calles tan mayoritariamente.

Ahora ya empieza la contra programación desde Ferraz. Todo sea por querer seguir tapando la ignominia de la liberación del etarra. Todo sea por querer acallar los gritos de la manifestación de ayer. En breves días la farándula con sus palmeros, secundados por la izquierda mas radical, saldrán a la calle a manifestarse contra la Guerra de Irak. Falsarios, Fariseos e hipócritas que defienden la guerra en Afganistán. Hora será para ver si son capaces de mover más allá de sus afiliados, pero en realidad, lo que hagan o dejen de hacer es algo que ahora carece de importancia.

La recuperación de la soberanía
Sancho Michell de Diego Periodista Digital 11 Marzo 2007

El Presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, dio voz este pasado fin de semana a millones de españoles que colapsamos la columna vertebral de la capital del Reino, en la mayor manifestación que ha tenido lugar nunca en nuestro País.

Quienes nos dimos cita desde Alcalá hasta Colón pudimos escuchar gritos como «ETA, escucha, ésta es mi lucha», «Zapatero, en mi nombre, no», «Zapatero, embustero. Zapatero, dimisión», «Matar a la gente no es un accidente», «Zapatero, échale cojones y convoca elecciones», «11-M, queremos saber», «España unida jamás será vencida», «Qué barbaridad, dejan de comer pero no dejan de matar», «Cobarde, gallina, la ETA te domina», «Ahora, ahora, Mariano a La Moncloa. Rajoy, amigo, España está contigo», o «No nos da la gana que liberen a De Juana».

Y es que, tal como aseveró el líder popular en su alocución final, no sólo estamos hablando de terrorismo, sino de España, moneda de cambio para los socialistas en sus negociaciones con la ETA. España es de todos los españoles, Rodríguez, y ni tan siquiera el Presidente del Gobierno tiene derecho a quebrarla en un evidente alarde de cesión al chantaje de los terroristas.

Para desgracia de todos, esta manifestación no modificará los planes de Zapatero en materia antiterrorista, tal y como él ya puso de manifiesto horas antes de la misma. El asesino De Juana no retornará a prisión ni de coña, vamos. Lo digo más que nada para que nadie baje la guardia en tan delicados momentos.

La llamada de Rajoy a “todos los españoles a los que les importe España” para que pongan “fin a esta situación” de crisis nacional llegue al último rincón del último hogar del país es clave; ahora el resto de los ciudadanos tenemos que tomar cartas en el asunto.

Zapatero debería de recordar muy de vez en cuando que, a pesar de la legalidad que le llevó a La Moncloa (no sabemos si para el Ministro Bermejo habría legitimidad), todo fue consecuencia de los atentados del 11 de marzo de hace tres años en Madrid, y es que, claro, con ese panorama no es de extrañar que se siga sintiendo atado de pies y manos por los terroristas, islámicos o etarras, lo mismo da. Zapatero nunca dejará de sentirse vinculado a los designios de esa gentuza.

Allí tuve la oportunidad de encontrarme con personas llegadas desde todos los puntos de España, de distintas nacionalidades, y también, por qué no decirlo, aunque los Pepiños de turno les pese, de muy distinto signo político; principalmente socialistas de bien, cabreados con este indigente intelectual que nos gobierna, a quien muchos de ellos ya han tenido a bien desacreditar y desenmascarar tres años después.

A partir de este momento, los españoles de bien no tenemos otra que resistir las veces que haga falta en la calle de forma pacífica y controlada, como lo hemos venido haciendo en numerosas ocasiones; la misión del PP es la de involucrarse al máximo en la batalla electoral del próximo 27 de mayo. En Cantabria, con Ignacio Diego e Iñigo de la Serna a la cabeza, provocando un pronto adelanto electoral de las elecciones generales que nos permita recuperar la soberanía.

Rajoy, liderazgo y alternativa real
Editorial ABC 11 Marzo 2007

AYER se produjo en Madrid algo mucho más trascendente que una manifestación multitudinaria contra el Gobierno o que un evidente éxito de organización del Partido Popular. Ayer, el PSOE vio agotadas definitivamente las posibilidades de alcanzar el principal objetivo político de este mandato: la reclusión del PP al silencio, la expulsión de la derecha española de la vida democrática, la anulación de las víctimas del terrorismo de ETA y la alienación de la sociedad con mensajes maniqueos sobre la paz. Además, el fracaso del Gobierno ha sido doble. Por un lado, su implacable maquinaria propagandística no ha podido con la voluntad de cientos de miles de españoles. Por otro, Zapatero tiene enfrente a un auténtico y consolidado líder nacional, Mariano Rajoy, quien presentó sus credenciales en el momento oportuno, en un escenario sobrecogedor y con un discurso en clave «nacional», vibrante y motivador. Habló de ETA, por supuesto, pero también de España. Y por esto mismo, el acto fue la eclosión de un patriotismo liberado de cualquier complejo. Rajoy ha disipado las dudas, dentro y fuera de su partido, sobre su aptitud para dirigir la alternativa real a Rodríguez Zapatero, asumiendo que es el momento de encabezar una demanda tranquila, fuerte y constante de cambio en el rumbo del país. En adelante, Rajoy debe imprimir a su discurso y a su gestión los rasgos del liderazgo nacional, sólido y convincente, que ayer demostró tener.

En los últimos días, el PSOE y el Gobierno lanzaron brutales acusaciones contra el PP y los ciudadanos que han secundado su llamamiento. Calificaron la manifestación como un «golpe de Estado», acto de «extrema derecha» y agresión a las instituciones democráticas. Incluso, en el colmo de la desesperación, sacaron al fiscal general del Estado para criticar la manifestación, lo que no sólo hizo en flagrante violación de la imparcialidad institucional a la que debe someterse por mandato constitucional, sino utilizando además el mismo temerario argumento que empleó Zapatero el día antes de que ETA asesinara a dos ciudadanos ecuatorianos: que ya no hay víctimas del terrorismo. Pero en la Plaza de Colón no hubo golpe de Estado, ni extrema derecha, ni ataque a la democracia. Hubo libertad, civismo, ejemplaridad y, sobre todo, una profunda emoción por España y por las víctimas de ETA. Las infamias socialistas sólo han conseguido dar más valor al acto de ayer -pese a los inútiles intentos del secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, por rebajar el éxito de la convocatoria- y sacar a la luz pública el empeño baldío del PSOE de seguir queriendo asustar a los españoles con el espantajo de la derecha extrema. La manifestación fue un ejemplar acto colectivo de respeto, un ejercicio modélico de las libertades de expresión y reunión, que nuevamente demuestra la sincera adhesión de la derecha española a los valores constitucionales y democráticos. Si a esto se le llama golpismo, quienes lo afirman deben asumir que son ellos los que desconocen el verdadero significado de las libertades políticas y los derechos individuales proclamados en la Constitución de 1978. El objetivo de empañar a toda costa lo que el PSOE temía que iba a ser un éxito sin paliativos, ha fracasado. Y ahora corresponde al PSOE interpretar el claro mensaje de la sociedad española. Lamentablemente, Zapatero descartó desde Bruselas cualquier rectificación en la situación de De Juana Chaos, que es tanto como reconocer que no va a cambiar una política que ya no es antiterrorista y que va a perseverar en su huida hacia ninguna parte.

Y en esta contumaz resistencia de Rodríguez Zapatero a reconocer su fracaso radica la crisis de la legislatura socialista, porque el único aval que el presidente del Gobierno tuvo al llegar al poder -legítimamente, pero también de forma imprevista- fue su teórica sintonía con la sociedad española, puesta en práctica con la guerra de Irak y el desastre del «Prestige». Zapatero se coronó a sí mismo como el mejor intérprete de los sentimientos de los españoles, frente al autismo de Aznar, y el que iba a hacer de la española una democracia de ciudadanos. Toda esta aparatosa propaganda del socialismo destinada a mitificar a Rodríguez Zapatero como el hombre providencial que iba a rescatar una democracia defectuosa y una sociedad vulgar, se ha venido abajo, pero no por la presión de la manifestación de ayer, sino por la trayectoria de una legislatura marcada por un Gobierno superficial, mediocre y claramente inadaptado a la gestión de dirigir un país que, con todos sus defectos, tenía en 2004 unas expectativas muy por encima de la ramplonería de este equipo gubernamental. La situación política que atraviesa España es de esas que la historia de las democracias enseña que sólo se resuelve en las urnas, dando la oportunidad a los ciudadanos de decidir y proponiéndoles directamente todo aquello que Zapatero ocultó en su programa y ha ejecutado contra la opinión a los españoles, como la quiebra del Estado autonómico, la negociación política con ETA y el revisionismo revanchista del pasado.

Hay, además, un fracaso especialmente grave para Zapatero. Los ciudadanos ya saben que él ofrece una paz con ETA. El presidente no debe hacer esfuerzos por seguir convenciendo a una opinión pública que está al tanto de que es posible un cese de la violencia terrorista. Lo que sucede es que los ciudadanos, en su gran mayoría, no quieren la paz que les ofrece Zapatero, ni sus medios para alcanzarla. No aceptan chantaje, precio político, impunidad judicial, el trueque de Navarra ni la quiebra de la soberanía nacional. El reclamo electoral de la alternativa «o Zapatero, o muertos» ya no conmueve. Primero, porque ha habido ya tres muertos; y, segundo, porque la paz que propone Zapatero no se basa en la derrota, la disolución y el desarme de ETA, que son las únicas garantías de que los etarras no volverán a matar.

¿Qué le queda a Zapatero? El PP se ha sobrepuesto a la derrota electoral, ha soltado lastres del pasado y ha recuperado la iniciativa política con un discurso firme, moderado y nacional. Ahora, Mariano Rajoy está obligado a canalizar sin reservas y con acierto, sin excesos pero con pulso firme, el liderazgo que cientos de miles de españoles le están confiando. Las víctimas de ETA no se han dividido, ni se han callado, ratificándose como el gran patrimonio ético de España. La opinión pública ha roto los espejismos del talante de Zapatero y se ha topado con un político vacío de ideas y proyectos. Buena parte de la legislatura -en lo social, en lo territorial- está en manos del Tribunal Constitucional. Y sólo conserva el presidente del Gobierno el aire que le pueda dar un comunicado de una banda terrorista que jamás soñó con que su mayor debilidad operativa se encontraría compensada con el premio de una clase política dividida y un Estado al que el Ejecutivo hace declinar su deber de derrotarla sin condiciones. Entre los etarras y los ciudadanos, es preferible que Zapatero se someta a la voluntad de los ciudadanos expresada en las urnas. Y ahí debe estar Rajoy para ofrecer la alternativa necesaria.

Romance de las banderas
POR ANTONIO BURGOS ABC 11 Marzo 2007

YA era hora, ya era hora que la bandera ondeara sin jugar la selección, sin partido frente a Irlanda, sin marcar los doce goles de aquella noche de Malta, sin la camiseta roja a la que llamaba elástica el maestro Matías Prats cantando aquel gol de Zarra. Ya era hora, ya era hora que la bandera ondeara con orgullo, sin vergüenza, como la llevan en Francia; como los americanos, que a su ventana la sacan en cada 4 de julio o el Día de Acción de Gracias.

Ya era hora, ya era hora que las banderas votaran por la paz, la libertad, dignamente, en democracia. Que no me dirán ahora que eran cuatro o cinco fachas que por los tiempos pasados se han puesto a sentir nostalgia del fuego de campamento y de montañas nevadas, de las rutas imperiales, de aquello del camarada, de Gibraltar español y del escudo del águila. Por la Puerta de Alcalá, míralas ya cómo bajan, ya vienen nuestras banderas, banderita roja y gualda, bandera de libertades, banderas del Rey de España, la bandera que juramos defender una mañana cuando éramos tan jóvenes como ahora es la esperanza.

Ya era hora, ya era hora que las banderas cambiaran: que, izada la dignidad, la rendición arriaran. Que alguno ya estaba harto de tanta bandera blanca en manos de un presidente con los huevos por corbata, rindiéndose al asesino que quiere romper España con sus manos asesinas, manos de sangre manchadas, declarar la independencia, y quedarse con Navarra, y que se borre esa sangre, tanta sangre derramada, y que pongan en la calle y que manden a su casa al que mató a veinticinco, al asesino del Juana, el chantajista mayor con foto en prensa británica.

Ahora ya son las de todos, las banderas rojigualdas, las que olvidar nos hicieron aquellas banderas blancas del Proceso de la leche, de una Paz que era la nada, motes de la rendición del Estado ante una banda, ante los de las pistolas y los de la bomba lapa, rendido ante el asesino que en la explosión de Barajas siguió matando inocentes sin abandonar las armas.
Me acordaba de Palate, y de Estacio me acordaba, y de Antonio Cariñanos, y también de Ortega Lara, de aquellos guardias civiles cazados con tanta saña, y del barbero de Armilla, y del concejal de Málaga, del coronel que mataron, de su viuda enlutada, de la caja que una tarde a un aeródromo en Granada en un avión traían y a una madre la entregaban, camino de un camposanto por la alta Sierra Nevada, aquel ataúd cubierto con esta enseña de España.

Y ondean estas banderas subiendo hacia Castellana, que Recoletos ya inundan en riada, en oleada, y en esta hora me acuerdo, que me acuerdo al contemplarlas, de Ermua y de Miguel Ángel cuando murió por su patria, por nuestra patria española y por nuestra patria vasca, cuando el Gobierno mantuvo la autoridad que les falta a estos que ahora han cedido sacando bandera blanca y claudicando el Estado a una banda de canallas.

Qué orgullo de estas banderas, qué vergüenza de las blancas, banderas de rendición cediendo a la charranada del chantaje terrorista de tan asesina banda, claudica que te claudica, pacta que pacta que pacta.

Hasta el viento madrileño que viene del Guadarrama, el que en cuadros de infantitos Diego Velázquez pintara, hoy se está manifestando y diciendo que ya basta, pues agita las banderas como él sabe ondearlas: poniendo orgullo de Historia a su hermosísima estampa. Que agitadas por el viento son las mejores pancartas que reclaman la vergüenza, que la dignidad reclaman, que el Estado no se rinda y que haga lo que hace falta, en vez de a los asesinos mandarlos para su casa y renunciar para siempre a aquella parte de España tan nuestra como de ellos, que llamamos Vascongadas.

Ahora llegan, ahora llegan, ya rodea su oleada en la Plaza de Colón a la enseña solitaria que alza al cielo nuestro orgullo, al que llamamos España: rodeada está de miles de banderas solidarias. Ya era hora, ya era hora que nadie se avergonzara de un tremolar de banderas de España, digna y honrada, que han unido para siempre la Libertad y la Patria, cuando al final suena el himno y hasta Colón en su estatua grita con todos nosotros el honor del «¡Viva España!».

Moción de censura
POR IGNACIO CAMACHO ABC 11 Marzo 2007

ES muy sencillo de entender, no hace falta leer a Phillip Petit ni a Hannah Arendt: el Gobierno se equivoca y los ciudadanos se cabrean. El cabreo se genera al principio como un rumor sordo, un desasosiego silencioso que va creciendo en pequeñas convulsiones de queja, y cuando el poder extravía la bitácora y se convierte en un impulso errático, la protesta aumenta de forma exponencial hasta derivar en una ola de descontento que se derrama por las calles y rompe contra los acantilados de la política. En ocasiones, la oleada acaba en un tsunami y provoca un vuelco electoral. A juzgar por los indicios más recientes, en el mar revuelto de la opinión pública está formándose un maremoto.

A veces pasan esas cosas; la gente va malencajando los disgustos, acumulando un malestar soterrado, un remover de tripas, y de repente rebosa de rabia por un detalle, un símbolo, un gesto. La excarcelación de De Juana no habría bastado por sí misma para generar esta sacudida histórica, pero de algún modo ha sido el chispazo que ha prendido una hoguera sobre un montón de paja seca que el Gobierno había ido apilando con una tenacidad temeraria. Zapatero ha convertido en un rastrojal los consensos que articulaban la política española, y luego, con total imprudencia, ha prendido la cerilla del «caso De Juana» y la ha tirado al suelo sin apagar. Ahora no va a encontrar cortafuegos ni bomberos bastantes para sofocar este incendio.

Durante los tres últimos años, el Gobierno se ha empeñado en desatar los nudos de convivencia que habían estructurado la Transición. Ha marginado, tratando de aislarla socialmente y aniquilarla políticamente, a una oposición que representa a casi medio país. Ha provocado una diáspora autonómica que centrifuga el Estado y desarma a las instituciones nacionales. Ha reabierto las heridas de la memoria y convocado a los fantasmas del enfrentamiento civil. Y ha puesto patas arriba el pacto antiterrorista que sujetaba la memoria de las víctimas y la resistencia ciudadana frente al chantaje de la violencia y de la sangre.

Todo eso venía incubando un desasosiego colectivo, una inquietud popular, una zozobra ciudadana, y de repente ha hecho crisis con la provocación de sacar de la cárcel a un asesino arrogante que, lejos de arrepentirse, se ha puesto chulo y ha desafiado al Estado. Mucha gente lo ha entendido como un punto de no retorno, ha dicho hasta aquí hemos llegado y ha abierto los armarios del hastío, la indignación y la rebeldía. La caja de Pandora donde ardían los demonios de una paciencia mal contenida.

La movilización de este fin de semana no se puede explicar como un simple frente de política partidaria. Es la expresión de hartazgo de una ciudadanía que se considera ninguneada, desoída, maltratada y humillada, y que siente en serio riesgo de fractura la médula de la conciencia nacional. Es un movimiento social, una moción de censura extraparlamentaria, un puñetazo del pueblo en la mesa del poder. El próximo, si no cambian las cosas, puede retumbar dentro de las urnas. Tiempo al tiempo.

El peor Gobierno
POR M. MARTÍN FERRAND ABC 11 Marzo 2007

ESPAÑA, dijo Baura, es una Nación en la que el peor Gobierno es el de cada momento. Así viene siendo, con mínimos desfases, desde hace un par de siglos. En un día en que conmemoramos uno de nuestros muchos y dolorosos fracasos colectivos, el del 11-M, sería bueno pensar -sin pasarse, naturalmente- hasta dónde llega nuestra cooperación personal a la síntesis mordaz que exhibe el pensamiento de Baura. En ocasiones, ha sido nuestra perezosa y generalizada aceptación de las formas totalitarias la que ha permitido el mantenimiento de «el peor Gobierno» y, en otras, la calamidad ha surgido de la voluntad mayoritaria expresada en las urnas; pero así, de oasis democráticos en secarrales dictatoriales, hemos ido cubriendo las casillas de la Historia.

Ahora, cuando tocaba democracia, el iluminado empecinamiento de José Luis Rodríguez Zapatero ha polarizado el (escaso) pálpito de la Nación en un diálogo asimétrico entre el Estado y los delincuentes que, con el asesinato como herramienta, tratan de imponer el separatismo vasco. Se ha vuelto a producir, por ello y entre otros efectos negativos, el enfrentamiento de las dos Españas que, de tiempo en tiempo, sirve para anular el progreso, la prosperidad, el sosiego y el brillo que, en las cortas temporadas de bonanza, genera con prodigalidad esta tierra nuestra.

Los muchos cientos de miles de personas que ayer salieron a la calle en Madrid para protestar, en concreto, por el trato de favor concedido por Zapatero al etarra De Juana Chaos y, en general, por la política antiterrorista del Gobierno no eran, ni de lejos, gentes de la extrema derecha. (¿Existe, aquí y ahora, la extrema derecha?). Ni tan siquiera eran en su totalidad votantes específicos del PP. Se trataba del grito de la media España que no acepta el fraccionamiento de la Nación, clama por la seguridad jurídica y exige el orden. Esa exigencia convierte nuestro problema bipolar en algo de solución imposible porque, en una tortuosa espiral, la otra media España no reclama lo contrario. Salvo unos pocos grupos separatistas, artificialmente alimentados, las dos Españas tienen -¡gran paradoja!- una idea unitaria del Estado, conjunta de la Nación y, aunque la palabra esté en desuso, integradora de la Patria.

Si tuviéramos unas Cortes cabalmente representativas, verdaderamente parlamentarias y centro vivo de la política y el debate nacionales, no serían posibles ni necesarias manifestaciones tan brillantes como la de ayer; pero cuando las minorías, como vienen propiciando el PSOE y sus franquicias regionales, imponen su voluntad sobre la mayoría y una trampa aritmética -sustentada en una absurda ley electoral- la anula y disminuye, la calle trata de denunciar el entuerto. Cabe pensar que si Zapatero es una causa y no un efecto, «el peor Gobierno», el del momento, tome nota y actúe en consecuencia.

Apoteosis de la bandera
POR JUAN MANUEL DE PRADA ABC 11 Marzo 2007

Había muchas banderas, miles de banderas ondeando en la tarde clara. Y una muchedumbre orgullosa de enarbolarlas, orgullosa de airear los valores que esas banderas proclama. Entre los errores retóricos más gruesos del Gobierno deberá contarse el intento de estigmatizar a quienes se atreven a mostrar sin rebozo la bandera nacional en las manifestaciones, acusándolos de utilización partidaria de un símbolo que representa la unidad de los españoles. En la manifestación de ayer, las banderas rojigualdas hablaban con una elocuencia más nítida que la de cualquier eslogan o consigna; eran la expresión de una pasión desinhibida, por fin salida del armario de los complejos y las pusilanimidades, por fin dispuesta a mostrarse con naturalidad y fervor. La gente ha descubierto que el patriotismo puede ser una pasión tranquila, honrada, nunca más sometida a vigilancia recelosa: a partir de ahora ya no habrá que dar explicaciones por ondear una bandera española; más bien tendrán que darlas quienes no se atreven a ondearla, o quienes prefieren ondear otras banderas alternativas. Se ha invertido por fin la carga de la prueba; y esto, que pudiera parecer tan sólo una victoria retórica, es también una victoria de la dignidad. Ya nunca más se podrá tildar a nadie de facha por enorgullecerse de portar una bandera española; la normalización de la democracia ha dado un paso de gigante en la manifestación de ayer.

Fue la bandera española la protagonista de una manifestación sin altercados, sin desabrimiento ni efusiones energúmenas. No hubo aguiluchos desmandados revoloteando en la confusión; en realidad, no hubo confusión alguna, porque la gente tenía muy claro que su presencia allí no obedecía a intereses partidarios, no se trataba de vindicar a las derechas frente a las izquierdas ni parecidas zarandajas. La gente sabía que lo que allí se expresaba era un estado anímico colectivo, híbrido de perplejidad y desasosiego, indignación y apabullado horror ante la ignominia. Por un lateral del Paseo de Recoletos, confundido entre la multitud, se abría paso Ortega Lara; su figura tímida despertaba a su paso ovaciones espontáneas. La gente quería tocarlo, quería estrechar su mano, abrazarlo agradecida; en la estampa menuda de aquel hombre que fue sepultado en vida durante casi dos años se compendiaba el dolor de una sociedad que se resiste a claudicar, que ha resistido numantinamente durante décadas y que ahora asiste estupefacta a la demolición de una fortaleza que no quiere abandonar, que nunca abandonará, aunque desista quien tendría que estar encabezando la resistencia. A mi lado la gente contenía a duras penas las lágrimas; y el apellido del héroe a la fuerza -¡Or-te-ga! ¡Or-te-ga!-, coreado por miles de gargantas, resonaba en la tarde como una plaza de luz y golondrinas alborotadas.

Faltó en la manifestación quizá algo de alegría; pero la austeridad en la expresión de los sentimientos era quizá el mejor modo de conmemorar la memoria de quienes cayeron abatidos por el plomo. Tampoco la alocución de Rajoy fue de las que enardecen a las multitudes con proclamas demagógicas y apóstrofes viscerales; hubo en sus palabras un rescoldo de emoción que se hizo llama al evocar el sacrificio de Miguel Ángel Blanco, pero sobre todo hubo serenidad, una hermosa y contundente serenidad que alcanzó su cenit hacia el final de su discurso, cuando exhortó a los asistentes a volver a casa y contar lo que allí habían visto, lo que allí habían sentido, con la cabeza alta y el ánimo enhiesto. El «¡Viva la libertad!, ¡Viva España!» final, antes de que sonaran los acordes del himno nacional, fue respondido con la misma pasión honrada y tranquila que la gente había mostrado antes, enarbolando sus banderas. Era una manifestación de gente decente y normal, sublevada pacíficamente ante la anormalidad y la indecencia. Nada más y nada menos.

Las notas del himno nacional incendiaron el crepúsculo de entusiasmo. Y un viento sigiloso hizo tremolar las banderas, que de repente adquirieron el prestigio de gallardetes. Hay una sociedad dispuesta a batallar por los valores en los que cree, dispuesta a no ceder ni un palmo de terreno, dispuesta a proclamar sin rebozo que se siente y se sabe española, y que la más limpia manera de ser español consiste en repudiar la claudicación. La manifestación se disolvió con la misma orgullosa quietud con que se había iniciado, unas horas antes. La noche ya se avecindaba a lo lejos; y en el aire se olía, casi se palpaba, la primavera, como un grato desperezamiento, como un temblor rojo y amarillo exorcizando las sombras.

Indignados y serenos
POR GERMÁN YANKE ABC 11 Marzo 2007

MADRID. Ya desde el mediodía, Madrid era atravesado por cientos de autobuses (Valladolid 11, Murcia 4, Sevilla 6, leo en la parte delantera de alguno de ellos) que no podían llegar donde deseaban, lo más cerca posible de la Puerta de Alcalá, porque las calles comenzaron pronto a ser cortadas. Había que hacer esfuerzos y largos trayectos para atravesar la Castellana. Madrid se llenaba de manifestantes.

Les observo. No puedo ver a todos, claro, pero sí a algunos de los que se acercan por Chamberí hacia la Plaza de la Independencia -o hacia donde puedan, porque el gentío hace difícil el paso- y no soy capaz de hacerme con la imagen tipo del manifestante de ayer. Los hay de todas clases (sin segunda intención lo de clases): jóvenes y mayores, allí la señora con diadema que se envuelve en la bandera de España, una chica con más «piercings» a la vista que lo que se diría razonable, matrimonios con hijos, grupos de chavales. Visten de modo dispar: los hay elegantemente desenfadados y otros que no parecen cuidar mucho su aspecto. Unos van de prisa y otros lentamente. Hay rostros compungidos, como si quisieran mostrar el dolor causado por el terrorismo, y otros risueños, como si se reflejara en ellos el sentirse tan acompañados.
Si se me permite la licencia, no dispongo de los instrumentos necesarios para saber si todos los que van llenando las calles son de derechas o si el PP, convocante de la marcha, ha logrado que se sumen ciudadanos de izquierdas o votantes de otros partidos, como sus dirigentes dijeron pretender. La presencia de esos «otros», al menos, no es visible, aunque no hay modo, como digo, de meterse en la conciencia y en la cabeza de cada uno. Pero si damos por bueno que es la derecha, y sólo ella, la que estaba en la calle, habrá que concluir que es variada.

La derecha en la calle. Otra vez, además. Hay una cierta izquierda a la que esto, más que molestarle, le parece imposible. Deben pensar que la calle es suya, porque suyas son las «reivindicaciones» y la conexión con la gente de a pie, y que la derecha tiene su espacio natural en los despachos o en los salones de té. Sólo pensando así se puede asegurar que aquellas manifestaciones -también multitudinarias- contra el apoyo de España a la guerra de Irak eran una muestra del compromiso con unas ideas, y esta de ayer, como se ha dicho estos días, un modo de sacar de las instituciones un tema como la política antiterrorista. Hay, por cierto, una distinción clásica entre «lo político», que haría referencia al poder y a las instituciones del Estado, y «la política», que es la discusión social y abierta sobre las cuestiones que interesan a los ciudadanos, y también sobre «lo político». El PSOE debería tener cuidado si ve, o si quiere ver, «agitación» en esta marcha porque, en una sociedad democrática, no existe «lo» político sin «la» política. Al fin y al cabo, el PP y los manifestantes no hacen sino ejercer un derecho constitucional.

El señuelo
Creo que no hay que olvidar tampoco que el Gobierno, lo vista como lo vista retóricamente, no quiere el apoyo del PP en la nueva política antiterrorista enmarcada en el señuelo del «final dialogado». Implica un plan más amplio e interesa pactarlo, por sus especiales características (porque se quiere desplegar una política concreta, como ha dicho el propio presidente, junto a o paralelamente a la firmeza del Estado de Derecho), con nacionalistas y otros partidos de la izquierda. La exclusión del PP es un instrumento declarado, a veces incluso la discusión parlamentaria con él, de esta estrategia hasta llegar a la paradoja de criticar agriamente que la derecha quiera levantar la cabeza, como ha hecho en las calles de Madrid, y defender, apelando a los «derechos individuales», que Batasuna, organización ilegal, celebrara un congreso en Baracaldo. Tampoco debe olvidarse, en este contexto, que si estuviese en vigor el Pacto por las Libertades, el Gobierno habría tenido que consultar con el PP la excarcelación de De Juana. No está en vigor para no hacerlo y, al no estar vigente, tiene el PP derecho a manifestarse.

Seguramente la calle no es de la izquierda ni de la derecha, sino de los indignados. Y no es extraño que las dimensiones de la protesta de ayer sean el resultado de una indignación acumulada y espoleada por los beneficios penitenciarios al terrorista De Juana en unas circunstancias de abierto chantaje al Estado. En un relato de Jean Lorrain le preguntan a un personaje zaherido, no parece exaltado, si está «serenamente indignado». «No -responde- estoy indignado de verdad y sereno». Podría haber estado en la marcha.

Es una pista, al mismo tiempo, sobre el efecto que ha producido socialmente el laberinto del «proceso» en el que se ha metido Zapatero y del que no quiso salir ni cuando ETA hizo estallar, asesinando a dos personas, el aparcamiento de la nueva terminal de Barajas. Los beneficios concedidos al criminal chantajista, lo quiera o no el Gobierno, hacen visibles los vericuetos de la ingeniería del apaciguamiento con que se ha sustituido el empeño por la derrota de ETA, y han convertido a un asesino en el símbolo del proceso. A nadie se le oculta que, aunque no se haya hecho visible la izquierda en esta protesta (que tenía indudablemente un componente de apoyo al PP), la decisión del Gobierno supone una quiebra soterrada en el propio PSOE y entre sus votantes.

Cuando, bien pasadas las 7 de la tarde, Mariano Rajoy tomó la palabra en la Plaza de Colón, el tono de su discurso, duro contra el Gobierno, no perdió la serenidad necesaria. No sé si, en alguna esquina de la marcha, ha habido una bandera preconstitucional o un fascista vociferando encaramado a un poste. No lo he visto. Y si lo ha habido creo sinceramente que el asunto mollar de la protesta no iba con él, ya que era el Estado de Derecho y la libertad. Sí he visto una bandera de España en la que se leía «Ynestrillas presente», y lo anoto por dos motivos: porque Ynestrillas se ha convertido en un ritornello de algunos socialistas asustados por la indignación ciudadana, como si la aparición fantasmal de ese nombre invalidara cualquier protesta y, también, porque Ynestrillas fue asesinado por De Juana, algo que, para este propósito de desprestigio, no se quiere recordar.

Le pregunto a uno de los manifestantes, cuando ya todos se alejan, si cree que van a lograr que el Gobierno rectifique. «No creo -dice-, pero no por eso voy a dejar de decir lo que pienso». No me lo imagino asaltando oficinas públicas. Se diría que distingue bien entre «lo» político y «la» política. Ya votará, pero no por eso va a dejar hasta entonces lo que considera suyo.

Dignidad y Justicia
POR DANIEL PORTERO DE LA TORRE ABC 11 Marzo 2007

Dignidad y Justicia son los dos conceptos que muchísimos españoles defendemos a diario para que todos nuestros familiares asesinados y heridos por el terrorismo de ETA sepan que siempre estarán en nuestra memoria. Ayer, Madrid fue el escenario de la mayor respuesta cívica para defender y pedir a un Gobierno débil que se cumplan estos dos valores esenciales para las víctimas del terrorismo. Madrid fue el corazón de un clamor popular para reivindicar que la dignidad de mi padre y otros cientos de asesinados no sea mancillada por las risas de terroristas y por un Gobierno liderado por una persona que está creando tanta división. El débil carácter de Zapatero ha forjado una frágil personalidad en España, actualmente un país a la cola de Europa en la defensa de los derechos humanos.

Esta debilidad del presidente del Gobierno y su incapaz voluntad de llegar a una política común en la lucha antiterrorista con el Partido Popular parece proyectar un más que probable destino incierto en los grandes acuerdos de Estado, como el terrorismo. Ante una ceguera y sordera tan profunda como la del Gobierno de Zapatero, si que es lógica tanta crispación provocada por decisiones como la excarcelación de De Juana Chaos por falsas causas humanitarias. Dado que parece que el presidente del Gobierno sigue sin ver ni escuchar a la sociedad ni a las víctimas, lo mejor será escribirle lo que pude leer en una de las pancartas de la manifestación de ayer en Madrid: «Por razones humanitarias, Zapatero dimisión».

La derrota del pensamiento mágico zapaterista
POR CARLOS MARTÑINEZ GORRIARÁN ABC 11 Marzo 2007

A Zapatero, como buen aprendiz de brujo, los hechizos le salen fatal. Si algo demuestra la manifestación de ayer, es que su estrategia de aislamiento del PP ha provocado un efecto contrario al previsto. Sus primeros movimientos, una vez en La Moncloa, apuntaron la dirección que los hechos posteriores han confirmado: lograr una carambola de históricas proporciones, pero absolutamente irreal (e indecente) y carente de sentido de Estado. Primero, cerrar con los nacionalistas una alianza estratégica mediante reformas estatutarias que vacían la Constitución; después, y en su huella, negociar con ETA su conversión en partido político legal; coronando la obra, trabajar el aislamiento del PP hasta expulsarlo del sistema.
Sin embargo, el Estatut catalán nació mal y es probable que acabe peor; es ETA quien impone condiciones al Gobierno, que acepta el chantaje; y el PP, lejos de resignarse a encarnar esa fantasmal «derecha extrema», consigue movilizar a cientos de miles de personas, y no sólo afiliados y votantes incondicionales. ¿Por qué? Porque se extiende la percepción de que el zapaterismo carece de otro proyecto que no sea gratificar al nacionalismo y destruir a la oposición, poniendo en peligro la democracia.

La excarcelación de De Juana sólo ha sido la gota que colma el vaso. La relación entre los dos partidos de Gobierno españoles es de puro y feroz enfrentamiento, un enfrentamiento por el modelo de Estado y de sistema. El PSOE puede tratar de reaccionar con movilizaciones de signo contrario, pero ni parecerá igual, ni nada será ya lo mismo. Se ha entregado de pies y manos a Zapatero, que ha perdido totalmente la iniciativa a pesar de su baraka y su varita mágica. Y es que la realidad es verdad, la magia es mentira, y la charlatanería, completamente inútil: incluso provocadora.

Cambio de fase
POR ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 11 Marzo 2007

De incalculablemente grande se puede calificar la manifestación de ayer. ¿Un millón de personas? ¿La mitad? ¿Más de un millón? Los expertos en despistar nos volverán a despistar de nuevo. De manera que es mejor dejar la aritmética a un lado. La concurrencia fue enorme, y basta.

Ello se explica por tres razones. Por supuesto, la implicación del PP, que no podía convocar a las multitudes y permitirse el lujo de reunir sobre el asfalto a unos cuantos amigos. Pero ésta no ha sido la única razón del asombroso llenazo. Ha contribuido también lo suyo la desastrosa estrategia propagandística del Gobierno.

El último ha hecho algo peor que divulgar mensajes ineficaces: y es conseguir que los unos neutralizaran a los otros. No tiene sentido apretar el resorte del humanitarismo, y decir a la vez que Aznar ha sido, a su manera, un pusilánime. Es absurdo sostener, mendazmente, que no se ha hecho otra cosa que aplicar los algoritmos penitenciarios, e invocar la prudencia política para defender la excarcelación de De Juana. Fue también un error de bulto y una fealdad que el ministro del Interior intentase cubrir al presidente asumiendo la responsabilidad de la excarcelación. Nadie se lo ha creído, ni siquiera los militantes del Partido Socialista. Todo esto, al agregarse, ha aumentado la sensación de estafa. De resultas, se ha logrado movilizar a ciudadanos que acaso habrían preferido quedarse en casa.

La tercera razón, estimo que la principal, es que a los españoles les disgusta profundamente que se trate con miramientos a un asesino en serie. Las encuestas reflejan de modo unánime que el ciudadano es todavía más reacio a las medidas de gracia, que a las concesiones políticas, la autodeterminación del País Vasco incluida.

Esto es infeliz, ya que invierte el orden de los factores y enturbia el propio significado de la macromanifestación de ayer. El lema esgrimido por los convocantes -«España por la libertad, no más cesiones a ETA»- era técnicamente correcto. Aludía al hecho no descartable de que puedan estar negociándose los derechos individuales en una parte de España, y al incontrovertible de que se ha claudicado frente a un chantaje. Pero las emociones predominantes eran más confusas. La idea de que es nefasto aliviar el tiempo de prisión de un tipo aborrecible niega de oficio a un Gobierno, del signo que fuere, la prerrogativa de apelar a la clemencia para facilitar el fin del terror. Ningún político sincero puede asumir esta idea. Cualquier partido responsable estaría dispuesto a aplicar medidas de gracia llegado el instante oportuno.

Lo peor no ha sido la respuesta débil a De Juana, sino el carácter equívoco de la lenidad y el contexto en que se aloja. Por desgracia, la excarcelación se sitúa en una línea de desfallecimientos que no ha hecho más que empezar. Que una porción considerable de los españoles no acierte a hacer las distinciones precisas, es imputable, en primer lugar, al Partido Socialista. Un Estado fuerte, con proyectos claramente explicados, podría permitirse muchas más libertades que este Gobierno vacilante cuyas palabras esconden, desde hace tiempo, un sistemático doble sentido.

Es también claro que comienza a pasar factura la marginación a que se ha sometido al PP, así como la política de derribo que los socialistas inauguraron con el Prestige. El que rompe la baraja obtiene una ventaja inicial. Al cabo de un rato, el gesto se contagia al que está al otro lado de la mesa, y lo que ocurre entonces no es sólo que la ventaja primitiva se reduce, sino, lo que es mucho más grave, que se acaban las reglas de juego.

Estamos asistiendo, en efecto, a un naufragio de las cautelas que garantizan la moderación civil. El viernes pasado, en una intervención exactísima por la radio, Nicolás Redondo Terreros aseveró que las manifestaciones, legítimas siempre, son más comprensibles cuando están encabezadas por un partido pequeño o una plataforma cívica. ¿El motivo? Ni el partido pequeño, ni la plataforma, pueden juntar una mayoría en el Parlamento. Es normal que, acogiéndose al derecho de libertad de expresión, elijan la alternativa de la calle.

Resulta anómalo, por el contrario, que el principal partido de la oposición haga lo mismo. Sobre todo en un régimen parlamentario, el cual, precisamente porque está diseñado para que se formen mayorías acudiendo a pactismos varios, es contrario por naturaleza a que el candidato a ganar unas elecciones se convierta en rehén de las apuestas unipolares en que se apoya la movilización popular.

En un país serio, se habrían evitado estas paradojas colocando ciertas cuestiones más allá de la lucha partidaria. Para eso sirvió, recordémoslo, el Pacto Antiterrorista, suscitado y después enterrado por José Luis Rodríguez Zapatero. Ahora estamos, por así decirlo, en caída libre. Es notorio que el Gobierno, empeñado en una operación esencialmente imprudente, se dedica sobre todo a trastabillar, y pone el pie, no donde quiere, sino donde le obliga a posarlo la inercia adquirida.
Y si no notorio, sí es conjeturable que la oposición tendrá dificultades crecientes para elegir una estrategia. Lo coherente, es que planteara pronto una moción de censura. ¿Lo hará? La pregunta es interesante. Máxime porque, de momento, carece de respuesta.

Conquistando la libertad
POR MIKEL BUESA ABC 11 Marzo 2007

EL llamamiento del PP a los ciudadanos de todas las clases para defender una vez más la libertad ha sido un éxito. La participación multitudinaria en la manifestación convocada por Mariano Rajoy con motivo de la cesión gubernamental al chantaje planteado por ETA para impedir que De Juana Chaos cumpliera íntegramente la exigua pena a la que fue condenado ha expresado el hartazgo de la sociedad española con una política antiterrorista cuyos logros son inexistentes y cuyos fracasos se acumulan en peligrosa progresión.

Una mayoría de los ciudadanos rechaza que el Gobierno negocie asuntos políticos o privilegios penitenciarios con ETA. De esta manera, entre seis y siete de cada diez españoles no quieren que se hable con los terroristas acerca de la independencia de Euskadi, o el derecho de autodeterminación, o de la unificación de Navarra y el País Vasco en la Euskal Herria anhelada por el delirio nacionalista. E igual proporción repudia cualquier pretensión de acortar la penas a las que, por sus gravísimos delitos, han sido condenados los terroristas de ETA, o de acordar amnistías de cualquier naturaleza que supongan el establecimiento de un «estado de injusticia» para las víctimas.

Somos esos mismos ciudadanos los que hemos salido a la calle este viernes y este sábado, secundando la iniciativa adoptada por el PP. Lo hicimos también en los meses y en las semanas pasadas cada vez que el Gobierno sumaba otra agresión a nuestro sentido de la justicia, a nuestro reconocimiento y solidaridad con los que personalmente han sufrido el embate de la violencia terrorista y a nuestro orgullo de sabernos españoles capaces de resistir a cualquier chantaje de ETA. En este proceso de oposición a un Gobierno que, en menos de dos años, ha sido capaz de traicionar todo aquello en lo que firmemente creíamos, los ciudadanos hemos ido reconociéndonos como nación. Somos la nación mártir que, por no querer doblegarse ante las pretensiones secesionistas de ETA, ha sufrido la violencia asesina, la extorsión y el temor, sin que, sin embargo, el miedo nos haya llevado a la cobardía. Somos la nación solidaria que ha sabido albergar un genuino sentimiento de empatía con las víctimas del terrorismo, y les ha ofrecido su abrazo y su llanto. Somos la nación ciudadana que reconoce y afirma su pluralismo, que suma identidades de origen, de raza, de ideología y de creencias religiosas, que añade y no resta, que acoge y no excluye. Y, por ello, cada vez que nos hemos reunido nos hemos reclamado partícipes de nuestra Constitución de concordia y reconciliación.

Somos, en fin, la nación española que, como tantas otras veces en su historia, se pone en marcha por la libertad. La nación de los españoles con futuro que, portando sus banderas y al son de sus himnos, proclaman su voluntad firme de derrotar al terrorismo. Hemos ido todos juntos a esta manifestación del 10 de marzo, en esa Villa de Madrid que es síntesis y expresión de España, porque sabemos que, como advirtió Marc Bloch poco tiempo antes de ser fusilado por los nazis, «no existe salvación sin una parte de sacrificio, ni libertad que pueda ser plena si no se ha esforzado uno mismo en conquistarla».

La segunda derrota de 'Pakito'
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 11 Marzo 2007

El episodio es conocido. En agosto de 2004, Francisco Múgica Garmendia, alias 'Pakito', y otros cinco de esos que se llaman 'históricos' dirigentes de ETA hacían llegar a la dirección de la banda un llamamiento perentorio a la rendición. En una larga carta, estos presos etarras, que protagonizaron -junto a 'Josu Ternera'- años de brutalidad indecible, confesaban sentirse «morir a fuego lento». Declaraban caducada la «lucha armada», carente de apoyo social, privada de la épica perversa que convertía a sociópatas asesinos en valerosos combatientes por las libertades seculares de los vascos.

Múgica instaba a la dirección etarra a «coger el toro por los cuernos». Y el toro, admitía 'Pakito', era que «el día a día nos está enseñando que no tenemos la capacidad y los medios (por mil razones, técnicas y no técnicas) de desplegar y desarrollar una lucha armada eficiente, constante y con capacidad de disuasión» y concluía preguntándose: «¿Qué lucha armada? ¿La que se desarrolla ahora? ¿La que esbozamos en un plan teórico y no podemos llevar a la praxis? ¿Qué consecuencias políticas acarrea proseguir como estamos ahora, en la dinámica actual? ¿Qué previsiones de futuro se vislumbran insertados en la dinámica actual?».

Múgica Garmendia formulaba preguntas acertadas. Efectivamente, para ETA-Batasuna las previsiones de futuro en agosto de 2004 eran muy negras. Todavía entonces creíamos que Rodríguez Zapatero cumpliría en el poder lo que había comprometido en la oposición, esto es, que el Pacto por las Libertades era el mensaje inequívoco a ETA de que, gobernase quien gobernase, la política antiterrorista no cambiaría hasta la derrota de la banda.

Y ese mensaje que el Gobierno de España -a estos efectos el propio pacto hacia irrelevante quién lo ocupase-, el Partido Popular y el Partido Socialista mandamos a ETA con la fuerza de nuestra unidad demostró ser poderoso, eficaz y creíble. 'Pakito' desde luego se lo creyó y, junto a él, muchos otros, que pronto se dieron cuenta de que era mejor no ponerse en el camino del Estado de Derecho cuando éste es apoyado por un propósito cívico y democrático que comparten los ciudadanos y las fuerzas políticas dispuestas a hacer efectiva su libertad en vez de perseguir el espejismo de una paz otorgada por los asesinos.

'Pakito' y compañía no abjuraban de la lucha armada. Simplemente se reconocían vencidos. Demostraban comprender la lógica de la lucha a la que el Estado democrático se ve abocado con las armas de la Ley y del Derecho cuando una banda terrorista le desafía e intenta disputarle el monopolio de la utilización de la fuerza. El Estado había ganado y ETA había perdido. 'Pakito' no hacía arabescos, ni diseños de estrategias consociativas, reconocía que el juego era de suma cero, que había acabado y que no había empate, mucho menos infinito.

Lo que seguramente todavía hoy no entiende 'Pakito' es haber quedado como un liquidacionista mentecato, de esos que pierden una oportunidad de oro para callarse, no porque le desmintiera la dirección de ETA -a la que precisamente quería convencer-, sino que eran los deseos negociadores del presidente del Gobierno lo que le dejaban en evidencia por partida doble. En efecto, dos eran las mesas, una 'técnica' y otra política, en las que el Gobierno aceptaría derrotar la estrategia de la derrota de ETA.

Ante lo que ha venido ocurriendo desde entonces uno se imagina a 'Pakito' comiéndose palabra por palabra sus reflexiones, especialmente aquélla en la que, recurriendo a una imagen más bien cutre aunque expresiva, se esforzaba para que le entendiera hasta 'Txeroki': «Utilizando un símil, aquí no se trata de saber si el retrovisor del coche está mal o si una rueda está pinchada. Lo que falla es el motor. Falla la estrategia político militar sustentada en la potencialidad de la actividad armada». Conocedor de cómo se las gasta la banda que él mandó con los disidentes que, como 'Yoyes', él ordenó asesinar, y afectado por la paranoia tan común en los etarras, 'Pakito' debe de haberse creído objeto de una conspiración para hundirle cuando, encima, se le cuenta que si el Gobierno con sus actos derrota a los que dentro de ETA admiten la derrota, en realidad es para reforzar a los 'moderados'. La verdad es que el éxito de esta estrategia, que hay quien sigue considerando muy prometedora, parece todavía limitado. 'Pakito' y sus compañeros de correspondencia han sido expulsados por derrotistas; como en los peores tiempos, la imposibilidad de derrotar a ETA ha vuelto al discurso hoy dominante para justificar la negociación; Carod y Llamazares son los improbables arietes frente a la banda, mientras se diluye el recuerdo de dos jóvenes ecuatorianos que se toparon con la explosiva moderación de aquéllos a los que 'Pakito' recomendaba dedicarse a la política.

Es simplemente una conjetura pero, tal vez, 'Pakito' cuando abogaba por abandonar la 'lucha armada' tuviera en la cabeza el punto 9º del Pacto de Ajuria Enea, recuperado selectivamente en mayo de 2005 para legitimar el 'proceso de paz'. Al fin y al cabo, el abandono que proponía Múgica Garmendia era real, sin reservas, consecuencia de la interiorización de que ya no había nada que hacer con las armas contra un Estado democrático que había trazado firmemente una frontera infranqueable para el chantaje y la agresión. Parece que lo de 'Pakito' era lo que preveía Ajuria Enea, no un sucedáneo tramposo por más que se llamara 'permanente' y estuviera avalado por un Gobierno incomprensiblemente erigido en fiador de la veracidad del alto el fuego. Y en ese pacto los partidos decían apoyar «las vías de reinserción para aquellas personas que decidan o hayan decidido abandonar la violencia con el propósito de defender sus ideas por cauces democráticos, respetando en cada caso la decisión que adopten las instituciones competentes del Estado». Alguien en las cárceles podía pensar que, si se recuperaba el mito del final dialogado ¿por qué no habría de volverse sobre la reinserción, si se producía la renuncia no fingida sino real a la violencia? Pues tampoco.

Tuvo suerte 'Pakito' de no habérsele ocurrido hacer referencias explícitas a la reinserción, de no haber cedido a la tentación liquidacionista de hacer una mención a sus víctimas, de no haberse parado a rebañar los restos de humanidad que le pudieran quedar, para sugerir una petición de perdón por el inmenso daño causado. No había que esperarlo en un oficiante del terror cuya única lucidez es la que procede de su derrota. En cualquier caso, le habría dado igual. De haberlo hecho, habría significado su segunda derrota, esta vez ante Ignacio De Juana Chaos, un sujeto del que el presidente del Gobierno dice que «está por el proceso» -lo que eso signifique es otra cuestión- pero que, desde luego, no está por el abandono del terrorismo.

Tacita a tacita, los abanderados del final dialogado han destruido la escasa credibilidad de un eventual proceso como el que podía desprenderse del pacto de Ajuria Enea y de la propia resolución parlamentaria del 17 de mayo de 2005. ¿Abandono de la violencia? ¿Reinserción creíble? Que se lo pregunten a 'Josu Ternera', a De Juana y, sobre todo, a Múgica Garmendia. Suma y sigue. Al error le siguen el disparate, la simulación o la inconsistencia. Las cosas van así: a los moderados se les refuerza derrotando a los que piden rendirse; la Ley de Partidos se aplica dejando que Otegi y compañía campen a sus anchas; como la salud de De Juana preocupa tanto, del hospital se irá a su casa; como primero es la paz y luego la política, Batasuna se dispone a volver a las instituciones sin condenar el terrorismo. En eso consiste el proceso, en que 'Pakito' siga acumulando derrotas.

El PP estrecha el cerco sobre Zapatero con una gigantesca manifestación
La manifestación contra la prisión atenuada a De Juana derivó en una crítica constante al Gobierno y en la exigencia de dimisión del presidente El líder popular y 23 cargos vascos amenazados abrieron la marcha
CÉSAR CALVAR/COLPISA. MADRID El Correo

Una marea humana secundó ayer la primera manifestación convocada por el Partido Popular contra la política antiterrorista del Gobierno de Rodríguez Zapatero. Una multitud, que colapsó el centro de Madrid durante buena parte del día, protestó contra la decisión de suavizar el régimen penitenciario del etarra Iñaki de Juana Chaos, aunque la mayoría de las proclamas tuvieron como objetivo la crítica al Ejecutivo y la exigencia de que su presidente dimita, tal y como ya ocurriera en las anteriores siete grandes marchas de la AVT y del Foro de Ermua.

La protesta discurrió sin incidentes, protegida por un estricto cordón de seguridad integrado por cientos de voluntarios, bajo el lema 'España por la libertad, no más cesiones a ETA'. Los convocados recorrieron el trayecto entre la Puerta de Alcalá y la Plaza de Colón sin cesar en sus lemas. Al término del acto, el líder conservador Mariano Rajoy leyó ante la muchedumbre un manifiesto en el que acusó al presidente de haber «humillado» a la ciudadanía ante los terroristas para poder negociar con ETA y le conminó a poner fin a su «política de cesiones» ante la banda.

Desde horas antes del comienzo de la protesta, miles de simpatizantes ya se agolpaban a lo largo del casi kilómetro y medio del recorrido. Centenares de banderas españolas constitucionales con crespones negros y enseñas autonómicas (entre ellas numerosas ikurriñas) se dejaron ver mucho antes de que, a las cinco de la tarde, la marcha diera comienzo. La comitiva arrancó tras un inmenso lazo azul de 150 metros cuadrados portado por miembros de las juventudes del PP.

Rajoy, recibido con gritos de «¿Presidente, presidente!» y aplausos, se situó a la cabeza de la marcha. Junto al presidente del partido y sosteniendo la pancarta principal, caminaron 23 cargos públicos del PP en Euskadi amenazados por ETA, entre ellos Pilar Elías y María San Gil. Inmediatamente después, marchaban decenas de responsables populares como Ángel Acebes, Eduardo Zaplana, Esperanza Aguirre, Alberto Ruiz Gallardón, Pío García Escudero o Javier Arenas, entre otros.

La canción de la discordia
Detrás de la cúpula conservadora, iban los miembros de las más de 200 plataformas y asociaciones de víctimas que se adhirieron a la protesta, entre ellas el Foro Ermua y la AVT, que portó su propia pancarta con el lema 'Memoria, Dignidad y Justicia' y cuya representación encabezó su presidente, Francisco José Alcaraz. José Antonio Ortega Lara tampoco faltó a la cita. Significativamente, los mayores gritos contra la organización etarra y la excarcelación de De Juana surgieron del grupo formado por las víctimas. El resto de los manifestantes se decantó más bien por las proclamas contra el Gobierno.

Los ex presidentes José María Aznar y Leopoldo Calvo Sotelo secundaron el acto mezclados entre el resto de altos cargos, entre los que estuvieron asimismo los responsables autonómicos y alcaldes de las capitales de provincia del Partido Popular.

A los vecinos de la villa se unieron más de 40.000 simpatizantes del PP llegados a Madrid en los más de 700 autobuses fletados por el partido. Durante la marcha se sucedieron algunas canciones e himnos, como el de España, con el que se cerró la movilización. También sóno por megafonía -al igual que ocurriera en la última concentración de la AVT- el tema 'Libertad sin ira'. Y surgió la polémica. El uso del que se convirtió en himno ciudadano de la Transición obtuvo el reproche de uno de los fundadores del grupo que lo compuso, Jarcha, quien mostró anoche su malestar porque el PP empleara «de modo partidista» una canción destinada a «la concordia y la superación de los odios» para «los fines contrarios». La canción, por lo menos ayer, enloqueció a los jóvenes de Nuevas Generaciones, que también corearon uno de los éxitos de Diego Torres.

«Traidor y embustero»
Sin embargo, ninguna canción pudo más que los gritos, repetidos durante más de dos horas sin descanso, contra la política del Gobierno. A diferencia de otras manifestaciones anteriores convocadas por la AVT y el Foro Ermua, en ésta hubo menos pancartas, menos consignas y casi ningún símbolo preconstitucional. Los atentados del 11-M, cuyo tercer aniversario se cumple hoy, tampoco fueron objeto de mención destacada, aunque sí fue posible apreciar unas cuantas pancartas alusivas a la 'teoría de la conspiración' (desmantelada por el tribunal que juzga la masacre de Madrid) y la 'verdad sobre el 11-M'. Las banderas constitucionales predominaron hasta crear una marea de enseñas sobre el recorrido.

Lemas como «Zapatero, embustero», «Zapatero, traidor», «Menos chantaje y más coraje», «Si tienes cojones, convoca elecciones» o «España merece otro presidente» fueron casi constantes en las gargantas de los manifestantes y se mezclaron con las proclamas que teóricamente eran las 'oficiales' de la protesta: «Libertad», «No al chantaje», «Por la libertad, derrotemos a ETA» o «Rendición, en mi nombre no». Éstas tuvieron su mayor respaldo en el sector de las víctimas del terrorismo.

Los más de 20.000 lazos azules facilitados por el PP a los asistentes también se dejaron ver a lo largo del recorrido. Fueron igualmente bien visibles centenares de banderas populares y carteles repartidos por el partido y el Foro Ermua, en los que se podía leer 'Negociar es claudicar' o 'Nunca más. Traidornegociar con ETA'. Junto a ellos, las ya habituales pancartas de las manifestaciones de la AVT ('Queremos la verdad sobre el 11-M') y algunos carteles artesanales con gruesas descalificaciones al presidente del Gobierno.

No faltaron tampoco las fotografías de víctimas mortales de ETA y, en particular, imágenes de los asesinados por De Juana. La marcha se cerró con la alocución del líder popular, Mariano Rajoy, y un vídeo en torno a las víctimas retransmitido por tres grandes pantallas. Una hora más tarde, todavía era posible seguir el recorrido de la marcha a través de sus vestigios, con el eje Puerta de Alcala-Plaza de Colón sembrado de banderines y carteles arrugados donde se pedía la dimisión de Zapatero.

Breve historia de la resistencia ante el chantaje terrorista
Ningún Gobierno había cedido antes en los pulsos de ETA y Grapo
Redacción La Razón 11 Marzo 2007

MADRID- Los distintos gobiernos de la democracia bajo las Presidencias de Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar en algún momento determinado tropezaron de bruces con el chantaje y la presión de las organizaciones terroristas Grapo y ETA. En aquellos instantes, Suárez, González y Aznar no cedieron ante estas bandas terroristas, al contrario que el Ejecutivo de Zapatero con el preso etarra Iñaki de Juana Chaos, al que concedió hace unos días la prisión atenuada, después de 115 jornadas en huelga de hambre. Como botón de muestra los siguientes seis ejemplos:

Secuestro del ingeniero José María Ryan el 29 de enero de 1981. La escalada de las acciones de la banda terrorista ETA culminó el 29 de enero de 1981 con el secuestro del ingeniero jefe de la central, el bilbaíno José María Ryan. ETA concedió un plazo de una semana para que la central nuclear de Lemoniz fuese demolida, amenazando con asesinar al secuestrado. A pesar de que una gran manifestación recorrió Bilbao solicitando la liberación del ingeniero, una vez transcurrido el plazo del ultimátum, la organización terrorista ETA acabó con su vida. Este asesinato causó una fuerte conmoción e indignación social y la primera huelga contra los terroristas. El asesinato de Ryan supuso, sin embargo, la paralización de facto de las obras de la central. Iberduero las paralizó a la espera de que el Parlamento vasco apoyara explícitamente la continuidad de las mismas.

El grapo Juan José Crespo Galende murió el 19 de junio de 1981, tras cien días de huelga de hambre en el Hospital La Paz, de Madrid, para protestar por la dispersión de presos. Llevaba esos cien días sin comer ni beber y algunas semanas recibiendo alimentación parenteral en el centro sanitario, cuando una bronconeumonía le provocó una «insuficiencia respiratoria y una coagulación intravascular diseminada», según los médicos que certificaron su fallecimiento.

ETA asesinó al capitán Martín Barrios en otoño de 1983. La banda etarra asesinó al capitán Barrios ante la negativa del primer Gobierno socialista, presidido por Felipe González, a leer un comunicado de la organización terrorista en RNE. Los terroristas querían reivindicar la farsa que para ellos supuso un juicio de la época contra etarras.

El grapo José Manuel Sevillano Martín falleció el 25 de mayo de 1990, tras una huelga de hambre en protesta por la dispersión de los presos de la banda. En ningún momento se planteó la posibilidad de otorgarle la libertad condicional o la prisión atenuada.

José Antonio Ortega Lara, secuestrado por ETA en 1996. El funcionario de prisiones permaneció en un zulo húmedo de tres metros de largo y 2,5 de ancho, durante 532 largos días y noches. Ortega Lara, liberado en junio de 1997, perdió durante su cautiverio 23 kilos, masa muscular y densidad ósea.

La banda etarra asesinó a Miguel Ángel Blanco en junio de 1997. Tenía 29 años cuando ETA lo secuestró el 10 de julio de 1997. Cuarenta y ocho horas después apareció herido de muerte con dos tiros en la cabeza en la localidad guipuzcoana de Lasarte. Era el secuestro número 78 de la banda desde 1970. La organización terrorista lo secuestró nueve días después de la liberación de Ortega Lara por la Guardia Civil. Un comunicado anónimo en llamada a «Egin» informó de que se había secuestrado a un concejal del PP en Ermua y que el coste de su libertad era la vuelta de todos los presos de ETA al País Vasco antes de las 16 horas del sábado 12 de julio. A partir de ese momento el pueblo de Ermua empezó a salir a la calle exigiendo su libertad. Ermua se convirtió en un referente social en la lucha contra ETA.

«Aquí se respira libertad»
Militantes del PP vasco comparan el ambiente de la marcha con los problemas de acoso que sufren a diario en Euskadi
I. M./MADRID El Correo 11 Marzo 2007

«Me siento muy bien. Veo que una cosa que está 'prohibida' en San Sebastián, como es la bandera española, aquí se puede llevar con total libertad, y que, al mismo tiempo, te aplauden cuando te ven con la ikurriña». Ramón es un donostiarra de pro. Tiene todo el aspecto del comensal que sale satisfecho de una sociedad gastronómica tras pegarse un homenaje colosal. Y desde luego, acaba de comer, pero se lo ha hecho en plan campestre, rodeado de correligionarios políticos que pululan a miles por el madrileño parque del Retiro. Le acompañan medio centenar de guipuzcoanos que dicen sentirse emocionados por los gritos de 'Vascos sí, ETA no' que les acaban de obsequiar varios grupos de personas. «Aquí se respira un ambiente de libertad», asiente Elena cuando escucha a Enrique. «En el País Vasco vivimos una dictadura y da gusto venir aquí».

Cristina Pradera, Henar Resines y Pilar Hernández se expresan en términos muy parecidos apoyadas en las vallas del paseo de Recoletos, mientras aguardan el arranque de la marcha. Las dos primeras militan en el PP vasco. Las tres vienen de Vitoria y regresarán nada más finalizar la marcha. Calculan que estarán en casa a la una de la madrugada. Habrá merecido la pena «aunque sea sólo por ver tantas banderas nacionales», afirma Pilar. «Y, sobre todo, porque esto es un homenaje a las víctimas», apostilla Henar.

Parte de la concurrencia se entretiene al paso de Ana Querejeta. Es una joven donostiarra de 20 años con un físico muy llamativo que realza con una versión escueta de tela de un atuendo reivindicativo. Pasea arriba y abajo con aires de top model, enfundada en una camiseta que lleva impresa la imagen de Miguel Ángel Blanco y la leyenda 'Justicia=Paz. Negociación, no'. Lleva la ikurriña en una mano y la bandera española en la otra. Estudiante de Derecho y Administración y Dirección de Empresas, es sobrina de un ex concejal guipuzcoano y trabaja en las oficinas del PP de la calle Génova. «Siento un gran orgullo por estar aquí», proclama.

Son militantes y simpatizantes de base. Hay muchos más, algunos instalados en la cabecera de la manifestación. Veintinco concejales portan la pancarta junto a María San Gil y Mariano Rajoy. Uno de ellos es el edil por Laukiz Fernando Lecumberri: «Estoy impresionado por la afluencia de gente. Es apabullante y ha puesto de manifiesto nuestra gran capacidad de convocatoria. Los ciudadanos han dejado claro que exigen al Gobierno que no ceda ante ETA», afirma.


SILENCIOSO ACTO PRESIDIDO POR LOS REYES
Un monumento de cristal recuerda en Atocha a las víctimas del 11-M tres años después
Los Príncipes de Asturias, cuya asistencia no se esperaba, han acudido al homenaje
El presidente del Gobierno y el líder de la oposición, juntos en el recuerdo a los ausentes
No hubo discursos y sólo se ha escuchado la composición musical 'El Canto de los Pájaros'
AGENCIAS | EL MUNDO  11 Marzo 2007

MADRID.- Los reyes Juan Carlos y Sofía han presidido, coincidiendo con el tercer aniversario de los atentados terroristas que se produjeron en Madrid el 11 de marzo de 2004, la inauguración del Monumento a las Víctimas del 11-M, que se ha construido frente a la Estación de Atocha con las piezas de vidrio macizo más grandes del mundo.

Los Príncipes de Asturias, cuya asistencia no se esperaba, también han acudido al homenaje y han descendido con los Reyes a la cúpula que protagoniza el monumento y a la que se accede desde la estación.

La composición musical 'El Canto de los Pájaros', de Pau Casals, interpretada por el violonchelista Antonio Martín Acevedo, ha protagonizado junto a tres minutos de silencio el acto de homenaje, en el que no ha habido discursos.

Al concluir el evento, los Reyes se han saltado el protocolo para saludar a las víctimas de los atentados. A diferencia de lo que ocurrió en la inauguración de 'El bosque de los ausentes' en el primer aniversario del 11-M, cuando prefirieron vivir su dolor en la intimidad, en esta ocasión alrededor de un millar de víctimas han acudido al acto.

Han estado presentes el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, el vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, y los ministros de Asuntos Exteriores y Cooperación y de Fomento, Miguel Ángel Moratinos y Magdalena Álvarez, respectivamente, así como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y el alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón.

Además, a la inauguración del monumento acudieron los presidentes del Congreso de los Diputados, el Senado y la Asamblea de Madrid, Manuel Marín, Javier Marín y Concepción Dancausa, respectivamente, entre otras personalidades.
Los Reyes, los Príncipes y el alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, contemplan el interior del monumento. (Foto: EFE)

Once metros de altura
La escultura está formada por una cúpula cilíndrica de vidrio de 11 metros de altura, que se está construyendo con unas piezas especiales de 30x20x7 centímetros, las medidas más grandes que este material permite, según indicó Esaú Acosta, arquitecto del estudio Fascinante Aroma a Manzana (FAM), ganador del concurso para diseñar el monumento en homenaje a las víctimas.

El monumento se erige frente a la entrada del AVE de la Estación de Atocha, en la confluencia del paseo de la Infanta Isabel, la avenida de Ciudad de Barcelona y la calle Alfonso XII.

Mauro Gil-Fournier, otro de los componentes de FAM junto a Esaú Acosta, Raquel Buj, Pedro Colón de Carvajal y Miguel Jaenicke, explicó que la escultura deberá ser visitada "desde abajo" para apreciar "el aire y la atmósfera que se respira desde la sala interior" y entender así su significado.

Gil-Fournier aseguró que sólo desde el interior de esta sala, que han denominado 'Vacío Azul', se hace "visible" y se puede entender el sentido del monumento, a pesar de que la parte de arriba del mismo, compuesta por una cúpula de vidrio, es "la que mejor se va a ver".
Agradecimiento a quienes trabajaron desinteresadamente

Previamente, la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre y los portavoces del PSOE e IU en la Asamblea regional, Rafael Simancas y Fernando Marín, depositaron una corona de laurel en la fachada de la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol con motivo del tercer aniversario de los atentados.

Al acto, que apenas duró diez minutos, asistieron el presidente del PP, Mariano Rajoy; los miembros del Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid, así como diputados regionales y representantes sindicales.

También estuvieron presentes la concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, Paz González; el portavoz del PSOE en el Consistorio, Óscar Iglesias, y el Defensor del Menor, Arturo Canalda, entre otros.

Con las notas del 'Réquiem de Mozart', se inició el sencillo homenaje mientras dos alumnos de la Academia regional de Policía portaban una corona de laurel con las cintas de la bandera de España y de la Comunidad de Madrid.

Ambos entregaron la corona a la presidenta regional que, junto a los portavoces del PSOE e IU, Rafael Simancas y Fernando Marín, respectivamente, la depositaron en la placa conmemorativa de agradecimiento a las personas que trabajaron desinteresadamente para ayudar a las víctimas del 11-M.

Junto a ellos también estuvieron el vicepresidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Gabriel Moris, y la presidenta de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, María Ángeles Domínguez.

Tras el 'Réquiem de Mozart', sonó el himno de España, seguido de los aplausos de los ciudadanos que se congregaron en la Puerta del Sol para sumarse a este homenaje.

El acto estuvo supervisado por un dispositivo sanitario y de seguridad compuesto por 300 policías municipales, 12 bomberos de la Comunidad de Madrid, 310 agentes de las BESCAM y efectivos del Summa.

Durante todo el día de hoy las banderas de la Unión Europea, España y de la Comunidad de Madrid de la Puerta del Sol ondearán a media asta en señal de luto por las víctimas del 11-M.

La AVT exige a Conde Pumpido que rectifique y dimita de inmediato
Xoán Xulio Alfaya Periodista Digital 11 Marzo 2007

Tras las declaraciones hechas esta mañana por el Fiscal General del Estado, Cándido Conde Pumpido, en las que critica que la sociedad se manifieste cuando ya no hay prácticamente víctimas del terrorismo, la AVT le exige que rectifique y deje su cargo de manera inmediata.

Es vergonzoso que el señor Conde Pumpido ignore a los más de mil muertos que ha provocado el terrorismo en nuestro país durante los últimos cuarenta años y a sus familias. Es vergonzoso que ignore a los centenares de heridos que, como los del asesino De Juana Chaos, están exigiendo en los últimos días que no se ceda al chantaje del terrorista. Es vergonzoso que haya olvidado a los dos ciudadanos ecuatorianos asesinados en Barajas hace tan sólo dos meses. Y es vergonzoso que el señor Conde Pumpido de la espalda a todas aquellas personas que hoy día están siendo amenazados y viven sin libertad, víctimas del terrorismo, de manera especial en el País Vasco.

Una sola víctima del terrorismo ya bastaría para que una sociedad sana y demócrata saliera a la calle. Hace unos días murió Ambrosio Fernández después de que varios proetarras incendiaran una sucursal bancaria en los bajos de su edificio, inhalara humo y tuviera que ser ingresado.

Para la AVT, estas son razones más que suficientes para que el Fiscal General del Estado rectifique y, por la gravedad de sus palabras, dimita de manera inmediata. Es preocupante que el señor Conde Pumpido tenga este criterio que tanto daño hace a las víctimas del terrorismo y a la sociedad española y que, por otra parte, explica que Arnaldo Otegui esté haciendo lo que le venga en gana y no se ilegalice el Partido Comunista de las Tierras Vascas.

gallegoshispanohablantes@yahoo.es

Jon Juaristi: «En su delirio, Zapatero trata de ser un Franco de izquierdas en un intento de ganar la Guerra Civil»
ANTONIO ASTORGA ABC 11 Marzo 2007

—«Los socialistas usan la legalidad para deslegitimar al Estado porque lo perciben como una monstruosidad franquista —escribía usted en ABC—. De ahí que la sola idea de que se les muera De Juana les resulte insoportable, pues se verían a sí mismos como una reedición de Franco firmando sentencias de muerte». ¿Qué papel juega ese Franco en un presidente del Gobierno firmando la excarcelación de un criminal convicto, confeso, amenazador, y no arrepentido?
—Dentro del delirio de Zapatero Franco juega un papel, sin duda, como modelo negativo, y como rival al que trata de arrebatar la legitimidad de la paz. Esto plantea serios problemas, y sobre todo, dudas acerca de la posibilidad de que Zapatero pueda adquirir una visión mínimamente racional de lo que está sucediendo. Zapatero trata de ser desesperadamente una especie de Franco al revés, un Franco de izquierdas que termine definitivamente una Guerra Civil que obviamente para él concluyó mal.

—¿Cree usted que el presidente del Gobierno quiere pasar a la posteridad cual «César visionario»?
—Hay algo de visionario, y fundamentalmente de delirio. Desde luego es una visión que no se compadece en absoluto con la naturaleza del nacionalismo vasco y terrorista de ETA. Hay un desconocimiento profundo y verdaderamente preo-cupante de lo que ha sido, es e intenta seguir siendo ETA.

—Parafraseando a Rajoy, ¿Zapatero sería un «hooligan» del nacionalismo?
—Esta dinámica lo ha apartado cada vez más de las víctimas del terrorismo, y lo ha acercado al mundo del radicalismo. Y el mundo del radicalismo tiene muchos aspectos de salvajismo, de «hooligan» que, por cierto, es una palabra islandesa: se refiere a una familia de nacionalistas islandeses que eran muy brutos.

—¿En qué «país de locos» —según acuñación de Ibarretxe— un jefe de Gobierno excarcela a un asesino de 25 personas?
—Ahí el lendakari iba sobre seguro. Cuando él habla de un país de locos se refiere a su entorno inmediato, el entorno vasco en definitiva, donde la política no parece ser el campo más propicio para conservar la salud mental. La excarcelación de De Juana es algo en principio gratuito, que podría haberse evitado, donde las razones humanitarias alegadas no encajan, y que ha tenido un efecto inmediato, al margen de suscitar una gran indignación entre la población: el incremento de la altanería, la chulería de Batasuna y del mundo de ETA. Y correlativamente un efecto de depresión entre los vascos que no son nacionalistas y que están intentado resistir a ese nacionalismo invasivo y agresivo. La medida en sí ha resultado una de las más lamentables que se han producido en la España de la democracia, y ha sido percibida con claridad como una cesión al terrorismo y al nacionalismo.

—Miguel Ángel Blanco ingresó agonizando, descerrajado con dos disparos asesinos, hace una década por la misma puerta del hospital que traspasó a pie De Juana tras chantajear a Zapatero. ¿Vale más la vida de De Juana que la de Miguel Ángel Blanco?
—La figura que presentaba José Antonio Zarzalejos en su Tercera «Cuando supimos resistir» tenía ahí una gran fuerza. El hospital de San Sebastián ha visto entrar a Miguel Ángel Blanco y a otras víctimas en estado agónico o muertas ya, de hecho. Y De Juana Chaos ha tenido una entrada triunfal. Creo que eso incrementa la sensación de indignación, y de fraude, que están viviendo en estos momentos gran parte de los españoles.

—¿Qué pensarán del «humanitarismo» de Zapatero las víctimas de los 25 seres humanos a los que De Juana no les aplicó su «política de razones humanitarias» cuando les asesinaba?
—Como mínimo, lo que deben estar sintiendo es una amargura muy grande, dejando al margen los sentimientos de irritación y de escándalo.

—En su afán de vengar al capitán Lozano, su nieto está dividiendo España, dejando unos muertos a un lado de la trinchera y otros en territorio comanche.
—Pero todo forma parte del mismo delirio. Es un intento de ganar la Guerra Civil. Es decir, de no admitir que hubo una Guerra Civil que la izquierda perdió, y que hubo después una paz. Una paz discutible, una paz bajo una dictadura, una paz con unos aspectos que no gustaron a toda la población, pero esa situación de guerra fue seguida por una situación de paz. Él intenta terminar una Guerra Civil que ya concluyó hace tiempo, y alcanzar una paz que ya se logró en su tiempo. El hecho de plantear el problema del terrorismo como un asunto de falta de paz supone que en su delirio personal estamos librando, viviendo, una guerra, que no es cierta. El problema del terrorismo, como ha dicho claramente María San Gil en ABC, no es un problema de paz, es un problema de libertad. El terrorismo lo que hace es limitar, recortar las libertades prácticas de los ciudadanos. Plantear el terrorismo como un problema de paz y de guerra es distorsionarlo.

—Zapatero le «recordó» esta semana al PP que sus Gobiernos realizaron 306 excarcelaciones anticipadas de presos de ETA. ¿Usted cree que ZP se da cuenta de lo que ha hecho con De Juana —permitir el primer chantaje terrorista a un Estado de Derecho—, o flota en su nirvana?
—Yo creo que Zapatero está metido en un verdadero carajal. Tener que recurrir a ese tipo de argucias insidiosas me parece absolutamente lamentable. Está ejerciendo como jefe de la oposición de una oposición, que no es el papel de un presidente de Gobierno. Pero lo que me temo es que a este paso, si seguimos retrotayendo en el tiempo las ofensas, llegaremos a la insurrección de octubre del 34 sin haber avanzado nada en el otro sentido. Si eso le divierte, allá él. Las cosas se están poniendo francamente preocupantes y estas pequeñas insidias retóricas de Zapatero son lamentables y ridículas.

—¿Es moral y políticamente adecuado excarcelar a un delincuente para que no fallezca en un desafío al Estado y no lo sería, entonces, resistirse a ceder y acarrear con esa negativa la muerte de un inocente como ocurrió en el verano de 1997 con Miguel Ángel Blanco, cuando supimos resistir?
—Claro, ese es el problema (como se preguntaba en voz alta el director de ABC en su Tercera). El gran flanco débil de la izquierda gobernante es su negativa a arrostrar los deberes que supone la defensa del Estado de Derecho, y que suponen a veces adoptar actitudes rigurosas y duras. No, lo que está haciendo es rendirse antes de plantear batalla continuamente. Cuando Chaves habló de los problemas que podían crearse en el País Vasco de haber muerto De Juana yo creo que estaba traduciendo realmente lo que es el temor íntimo de los socialistas en el Gobierno: enfrentarse a una situación que no puedan contrarrestar, entre otras cosas, porque no tienen ninguna gana de hacerlo. Las ofensivas de ETA han sido respondidas desde el Gobierno con gestos de indignación, pero sin ninguna medida práctica. Desde el 30 de diciembre estamos metidos en una situación marciana. En todo país que se precie donde hay un Estado que asegura las libertades, y que hay que defender, los gobernantes defienden el Estado, y no se rinden sin pelear.

—¿Por qué el Gobierno está denigrando, entonces, la naturaleza del Estado de Derecho?
—En el fondo hay una desconfianza en el Estado. Ellos ven el Estado como el producto de una España que no les gusta en absoluto, de una España que consideran retrógrada, dictatorial, franquista, y entonces piensan que el Estado actual es el resultado de aquella España, y por tanto lleva el estigma del franquismo. Claro, es una verdadera locura gobernar un Estado en el que no crees, cuyo destino único y legítimo es ser desmantelado para ser montado de nuevo, cual mecano. Absurdo.

—¿Hubiera sido relevante que De Juana —de fallecer en su chantaje de hambre— alcanzara el estatus de «mártir» o «héroe» para aquellos que exhiben su sórdida admiración por criminales, chantajistas, secuestradores?
—ETA tiene millones de mártires de los que se olvida al día siguiente. El nacionalismo es muy implacable y poco piadoso con sus propios adictos. No es un mundo que rinda culto a la personalidad. Es un mundo muy gregario donde quienes mandan son las bases, y por tanto lo que sucede en ETA en este sentido no es muy distinto de lo que sucede en el Partido Nacionalista Vasco. Ni los líderes ni los «mártires» dejan memoria de ningún tipo. El nacionalismo es una máquina de guerra contra el pasado. No tiene ningún tipo de piedad por el pasado, ni por supuesto por los muertos. Por los ajenos desde luego que no, pero tampoco por los propios. El fuerte del nacionalismo nunca ha sido la memoria de sus gentes ni la memoria de su historia o partido.

—«Nada hay más parecido al delirio de Rodríguez Zapatero que el de tres hermanos etarras presos, los Gallastegui, que heredaron de su abuelo, el precursor histórico de ETA, otro deseo asimismo insaciable», escribió usted. ¿Cuál?
—El deseo y las ansias infinitas de guerra. Los Gallastegui son etarras de una clase media alta bilbaína, con una raíz fuerte en el nacionalismo vasco —su abuelo fue el líder radical más conocido del nacionalismo vasco en la época republicana, y que ETA ha considerado siempre como su precursor—. En ese sentido, hay una cierta simetría entre el delirio de Zapatero con su abuelo fusilado, y el delirio de los Gallastegui con su abuelo derrotado, aunque él se negó a participar en la guerra en defensa de la República porque decía que era una guerra entre españoles. Esta especie de melancolía se transmite por las historias familiares, y siempre hay alguno que se la cree, y que trata de poner en obra lo que para sus abuelos era ansia, deseo.

—¿Por qué los terroristas primero ponen la bomba y luego «se ponen líricos»?
—Ese es un elemento fundamental de todo nacionalismo, es decir la manipulación de los buenos sentimientos de la gente. El victimario haciéndose pasar por ETA, pero esto es parte de la estrategia de todo grupo nacionalista: desatar la represión con atentados, y después quejarse de que la represión se abate sobre ellos, de presentarse a sí mismos como víctimas de un estado de cosas. Pero yo creía percibir este deje victimista también en las explicaciones de Rubalcaba con respecto a la excarcelación de De Juana: «Sabemos que es una medida impopular, no hemos tenido otro remedio que tomarla, hemos sido víctimas de las circunstancias...». Ahí me parecía que existía una peligrosa similitud entre los argumentos de Rubalcaba y los argumentos habituales de los terroristas: «Somos víctimas de las circunstancias».

—¿Se puede vencer al terror?
—Yo creo que sí, y se estaba haciendo, aplicando estrictamente la legalidad, sin moverse un centímetro de lo establecido en la ley. Y de repente, lo que supone el cambio de alianzas con los nacionalismos trastoca todo esto y se pone en circulación esa idea de que al terrorismo no se le vence con ideas policiales. Hay casos en otros países que sí demuestran que al terrorismo sí se le vence con medidas policiales. Por ejemplo, en Italia, en Alemania, donde hubo un terrorismo mortífero. Había un terrorismo que fracasó por la resistencia del Estado de Derecho. Aquí lo que pasa es que el Gobierno que está al frente del Estado cree que no merece la pena resistir.

—¿Freud entendería ese delirio de Zapatero, que pelea con un muerto —su abuelo, el capitán Lozano— para desposeerle de su objeto mítico, o sea, la paz entre los muertos?
—Quizá Freud no, pero a lo mejor algunos otros psicoanalistas y antropólogos sí lo entenderían. En el delirio de Zapatero no hay otro pacificador posible que él mismo. Él va a traer la paz a los españoles, y se ha comprometido en ello, pero uno se pregunta ¿qué paz? Yo creía que vivíamos en paz, con unos problemas obvios, pero esto no es un estado de guerra.

—¿Un estado de miedo?
—Un miedo que inhibe, y que impide disfrutar de las libertades. Es lo que en el País Vasco desde hace mucho tiempo se está implantando, y que se había relajado considerablemente hace tres o cuatro años, un estado de inquietud y miedo. Pero ha vuelto otra vez con los mismos elementos que caracterizaban el miedo anterior —kale borrokas, amenazas...—

—Usted abrió muchos ojos descubriendo que los elementos míticos y legendarios de la identidad vasca que se creían seculares no eran sino invenciones literarias...
—Invenciones de ayer por la tarde. Hay una frase magnífica de Baroja que dice que los vascos son tan tradicionalistas que algunas veces se acuerdan de lo que hicieron sus padres, pero nunca de lo que hicieron sus abuelos, y por tanto tienden a improvisar invenciones del pasado. Bueno, no sé si eso es justo referido a la totalidad de los vascos, pero obviamente a los nacionalistas sí.

El islam y la destrucción de Europa
JOSÉ GRAU. MADRID. ABC 11 Marzo 2007

Golo Mann, historiador, hijo del Nobel de literatura Thomas Mann, escribió una vez, en sus Erinnerungen (Recuerdos), lo siguiente: «Todos fuimos mucho más listos después».

Se refería ese estudioso a su pueblo, que se dejó embaucar por las tretas de Hitler y que sólo tras la Segunda Guerra Mundial, muchas veces a la vista de los horrores del Holocausto, tomó conciencia plena de las monstruosidades que había propiciado.

Bruce Bawer ha escrito «Mientras Europa duerme. De cómo el islamismo radical está destruyendo Occidente desde dentro». Lo edita ahora en castellano la Fundación FAES. En esta obra, Bawer establece un paralelismo entre lo que ocurrió en Europa con Hitler, y lo que en estos momentos sucede en Europa con el islamismo. Este periodista y ensayista estadounidense, que reside en Oslo y antes vivió en Ámsterdam, quiere hacernos recapacitar, a nosotros, los europeos, para que al final no tengamos que pronunciar la sentencia de Golo Mann, una vez el fundamentalismo musulmán haya ganado la partida.

La pugna por el alma de Europa -advierte Bawer- es hoy tan dramática como lo fue en la década de 1930, cuando cayó la República de Weimar y con ella los principios de la civilización occidental. Europa se halla en un nuevo «momento Weimar», desatado por la amenaza del islam.

El hilo conductor de su libro es que numerosas comunidades mahometanas dentro de Europa amparan y extienden la amenaza yihadista, y promueven un orden político y social incompatible con las democracias occidentales. Pero como en la Europa que quiso apaciguar a Hitler, son pocos los políticos, los intelectuales y los medios de comunicación que no cierran los ojos ante la gravedad del envite.

Clase dirigente aburguesada
Bawer denuncia a las elites europeas por su reacción tras los atentados del 11-S, de Madrid y de Londres. Y alerta al Viejo Continente sobre el suicidio cultural al que se precipitará si persevera en disculpar a quienes exhiben su militancia antioccidental y su desprecio a los derechos y a los valores occidentales.

En su análisis del 11-M, Bawer destaca que fue obra de los islamistas. Previamente recuerda que se había dicho una y otra vez que Estados Unidos se había ganado a pulso el 11-S, por su «militarismo, neocolonialismo, explotación capitalista y apoyo a Israel». Se había repetido hasta la saciedad que «Europa occidental era esencialmente distinta de Estados Unidos..., más tolerante, más pacífica, más respetuosa con las demás naciones, más sensible al problema de la pobreza en el mundo islámico y más dispuesta a apoyar la causa palestina».

Pero con el 11-M, por fin algunos europeos entendieron que «los enemigos de la civilización estaban atacando la democracia» y que «Estados Unidos tenía razón desde el principio».

Aunque luego, los votantes españoles cedieron al chantaje: «Aquel día -el de las elecciones en España del 14 de marzo de 2004-, el mensaje que se transmitió a todo el mundo fue que, en Europa occidental, el terrorismo logra sus objetivos». Bawer subraya que «era sencillamente irracional» culpar a Aznar de lo ocurrido por su apoyo a Estados Unidos en Irak. «Para muchos resultaba más fácil creer esas mentiras que asimilar la verdad, y la verdad era que España tenía enemigos, cuyas motivaciones no eran únicamente el despliegue de tropas en Irak ordenado por Aznar, sino también un odio profundo por la democracia y por rencillas de hacía siglos».

El libro de Bawer ataca por activa y por pasiva los topicazos que, según él, día sí y día también, nos lanzan sobre todo los socialdemócratas, especialmente los socialdemócratas al estilo Zapatero. E insiste de forma incansable en que el enemigo no son los Estados Unidos, como según Bawer quieren sugerirnos también tozudamente las elites de la izquierda aburguesada.
El libro de Bawer pretende que los europeos nos replanteemos la inmigración, el multiculturalismo, la tolerancia («la tolerancia a la intolerancia no es tolerancia en absoluto», dice), la diversidad y lo políticamente correcto, todo ello frente al islamismo.

El núcleo de su obra, sin embargo, es la denuncia de la religión islámica. «¿Qué se puede esperar de jóvenes a los que se ha enseñado durante toda su infancia que los infieles no merecen respeto, que las mujeres occidentales son todas unas putas y que la única respuesta honorable a la corrupción y a la ausencia de Dios en occidente es el furor de la yihad?», se pregunta. El peligro del fanatismo religioso es total, puesto que el objetivo final de sus dirigentes «va mucho más allá que limitarse a prohibir el aborto o el matrimonio entre homosexuales», una condición, la de homosexual, que no oculta el mismo Bawer.
Bruce Bawer nos alerta en «Mientras Europa duerme», libro editado por FAES, del islamismo radical, que socava los cimientos de nuestra cultura con el consentimiento de las elites
AP

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