AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 12 Marzo   2007
Fuera máscaras
EDITORIAL Libertad Digital 12 Marzo 2007

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero muestra dos caras completamente distintas, irreconciliables la una con la otra. Toda la consideración, la ternura, la pusilanimidad que muestra ante la banda asesina ETA, toda su prestancia a cumplir sus objetivos, toda su genuflexión moral y política ante ellos se torna inflexibilidad, dureza a cara de perro y sectarismo hacia a las víctimas y frente a la oposición democrática. Zapatero cortó la mano tendida que le ofrecieron en su momento las víctimas del terrorismo, como lo ha hecho de forma repetida con los ofrecimientos reiterados de Mariano Rajoy para que Zapatero reconduzca su trayectoria radical y rupturista.

Por eso adquieren tanto significado las palabras, extraídas del discurso de este sábado, en las que hablaba de la necesidad de "recuperar el consenso"; pero, dado que "no es posible alcanzarlo con el Gobierno, yo quiero establecerlo con la gente, con los españoles". Rajoy quiere llegar a un acuerdo con la mayoría de los españoles que, desde diversas tendencias ideológicas, sencillamente se oponen a la deriva que está tomando el gabinete de Rodríguez Zapatero, en el poder.

Los socialistas saben de la fuerza que el movimiento cívico contra la rendición, y calculan el efecto electoral que puede tener. Pero en lugar de rectificar, huyen hacia delante y profundizan en su estrategia de deslegitimación del centro derecha a existir, a manifestarse en la calle o en cualquier medio, a presentarse a las elecciones, a participar en la democracia. Es el cordón sanitario, que se empezó a hilar con la misma llegada de Zapatero a la Moncloa, y que no ha hecho sino estrecharse desde entonces.

El País dio rienda suelta a su filosofía totalitaria, identificando el ejercicio de un derecho individual con el ataque a las instituciones. Ya sabemos qué clase de "instituciones" tiene El País en mente para España. Saramago, que dijo de la democracia "la debemos cuestionar a cada oportunidad", y sin perder esta que se le acaba de presentar, ha advertido al PP que "va a pagar muy caro" haber convocado la manifestación. Doscientas personas, acaso doscientas mil según la delegación del Gobierno, se han manifestado en Madrid exigiendo la ilegalización del PP. Reaparece, con burda manipulación, el fantasma de la ultraderecha. Estos días se le ha acusado nada menos que de dar un golpe de Estado.

Cuanto más cerca de la victoria señalen las encuestas y el resto de indicios a los populares, más vamos a contemplar el espectáculo de numerosos socialistas quitándose la máscara de demócratas y dejando ver sus más íntimas convicciones, según las cuales un partido de corte liberal conservador no es más que un estorbo. Sólo una reacción cívica y ciudadana como la que está en marcha podrá refrenar los planes más radicales de Rodríguez Zapatero.

Manifestación del PP
Ahora, Rajoy
Isabel Durán Libertad Digital 12 Marzo 2007

José Ignacio de Juana Chaos (Iñaki para Zapatero, Rubalcaba y sus medios) disfruta de las atenciones dispensadas "con todo cariño" por un equipo médico al mando de José Artetxe, manifestante habitual a favor de la excarcelación de etarras. Dispone de dos habitaciones con vistas a la capital donostiarra bloqueadas para él y sus visitantes de la "izquierda abertzale", un amplio cuarto de baño y, según la versión gubernamental, un estupendo sofá y una televisión. Una semana de victoria terrorista ha bastado para que el líder del Partido Popular catalizara la tristeza y la desolación de todas las personas que sienten como propio el dolor y el desgarro de las víctimas. Y con ellas, la esperanza en el futuro.

Mariano Rajoy Brey ha dado en el clavo. Una marea humana ha inundado el centro de Madrid el 10 de marzo, en una jornada serena, emocionada, con la sensibilidad a flor de piel de más de dos millones de españoles conscientes de que debían ofrecer una respuesta cívica ante un desafío histórico. Con la victoria del criminal en serie, José Luis Rodríguez Zapatero ha cavado su tumba política. Y además no puede, no debe ser de otra manera.

Vanos resultan los múltiples y feroces ataques al Partido Popular. Ni siquiera el diario polanquista pudo tragar con los burdos y mezquinos argumentos esgrimidos por el presidente ante el Senado para distorsionar la realidad de la primera cesión ante la banda terrorista ETA. No cuela el sucio ventilador puesto en marcha por La Moncloa y Ferraz por potentes que sean sus aspas.

El gallego ha sabido capitanear y situarse al frente de un sentimiento gigantesco que excede el color político de las papeletas ante las urnas. Una auténtica oleada histórica de resistencia y dignidad española. Un sentimiento que crece cada día por encima de partidos y que engrandece a los españoles, personas de todas las edades, ideologías y sexos, unidas ante la colosal cesión infringida por un débil y traidor Gobierno para garantizarse su continuidad en el poder. Porque ésta es sólo la primera claudicación ante el chantaje terrorista; las demás ya están en marcha.

Quedan poco más de dos meses para que las urnas hablen en cada municipio y en casi todas las comunidades autónomas. El ensayo general de unas legislativas en las que Zapatero cuenta con el apoyo de ETA, con la que jugará su baza electoral. Pero la elección de su socio, de su compañero de viaje, le ha erigido ya su cenotafio impreso en letras manchadas con sangre en la historia de la nación española. Es la hora de Rajoy, de la sensatez, de la honradez política, del interés general, en definitiva, la hora de las víctimas, de la dignidad y de la justicia; la hora de España.

Manifestación del PP
La irrupción de la libertad
Agapito Maestre Libertad Digital 12 Marzo 2007

Don Quijote volvió a salir a la calle el sábado e inspiró a Rajoy su pensamiento más certero: "Somos una voluntad en marcha." Pase lo que pase seguiremos como el junco en la ribera. No nos moverán. No nos expulsarán del espacio común de todos los españoles: España. Sin embargo, el Gobierno de Zapatero volverá a despreciar a millones de ciudadanos porque exigen libertad e igualdad para todos los españoles. Sí, volverá hacerlo, primero, porque no tiene otro objetivo que no sea enfrentar a los ciudadanos para desmembrar España; segundo, porque su "política de exclusión" y marginación de media España, siempre acompañada de imágenes tan arbitrarias como unitarias de la sociedad, así se lo exige.

El Gobierno seguirá, pues, mintiendo sobre el único proceso democrático existente hoy en España: la lucha por el reconocimiento de que todos los españoles sean libres e iguales ante la ley, que iniciado el 22 de enero de 2005, la primera gran cita de los españoles en el espacio público para que De Juana Chaos no fuera excarcelado, tuvo en el acontecimiento del sábado una de sus máximas representaciones. Mentirá, sí, pero no podrá parar esta rebelión cívica, esta revolución democrática, para que España siga siendo España. Es una lucha quijotesca, desde abajo, desde la sociedad civil más desarrollada representada por las asociaciones de víctimas del terrorismo, que ha ido ascendiendo hasta las elites políticas del PP sin que ya nadie pueda detenerla. Rajoy no es todavía un gran hombre de Estado, pero el sábado dio el primer gran paso para serlo, porque recogió con precisión, inteligencia y sentimiento el grito quijotesco de los españoles: queremos ser libres. Nadie nos excluirá del suelo de la libertad: España.

Don Quijote, el pueblo español, ha irrumpido, ha entrado festiva e intempestivamente en el mundo cerrado y excluyente de Zapatero y los suyos movido por un sentimiento de libertad, de rebelión, que ya nadie puede parar. Por lo tanto, más que aprendido y pensado, Rajoy ha hecho suyo el discurso quijotesco, la filosofía más grande de España, el pensamiento de un loco genial, y repitió en la plaza de Colón: "Somos una voluntad en marcha". En realidad, las palabras de Rajoy son el eco político de las de Don Quijote a Sancho: "La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos." Contra ese don, casi un asunto divino, no podrán las mentiras, los engaños, los dosieres, las calumnias y los enjuagues "políticos" del gobierno de Zapatero con los terroristas. Los socialistas volverán a negar la libertad de los españoles, pero éstos no cesarán de luchar por su reconocimiento, porque quien ha disfrutado de la libertad no está dispuesto a perderla.

La lucha continuará, obvio, y será cada vez más dura. He ahí el otro gran mensaje de quienes estuvieron presencial o espiritualmente el sábado en Madrid: la libertad es conquista y supuesto, lucha y disfrute, acción y pensamiento. La manifestación del sábado es una escuela de aprendizaje democrático que nos trae siempre más y mejor libertad. Posiblemente, el Gobierno mañana mirará para otro lado, pero el mundo entero ya lo está juzgando por ser el más antidemocrático, sectario y excluyente de los gobiernos de Europa. La manifestación del sábado es un parte-agua en la política española, y quizá también en la europea, porque nadie en Europa conoce tales movilizaciones democráticas.

Esperemos que, por fin, el PP se crea que representa uno de los partidos más importantes de la sociedad europea. Sí, pocas, quizá ninguna, formaciones políticas en Europa serían capaces de organizar un acontecimiento político de la importancia del vivido el sábado en Madrid. Los periodistas extranjeros y los observadores imparciales asistente estaban entusiasmados ante el espectáculo democrático de miles de personas exigiendo no derechos, sino algo más importante: el derecho a tener derecho de no ser excluido de su suelo común, de su nación, de su patria.

Desde la cofa
A la caza del aguilucho
José Carlos Rodríguez Libertad Digital 12 Marzo 2007

El sábado estuve en la histórica manifestación convocada por Mariano Rajoy. Fue una reunión ciudadana espectacular, tanto por el número de quienes coincidimos en ella como por el civismo con el que se comportó la gente. Nos convocaba una decisión de Zapatero de una iniquidad superlativa; nos unía el recuerdo y la consideración por las víctimas; nos llamaba la indignación de ver cómo Zapatero sólo se inquieta por el estado de ánimo de los asesinos, mientras que muestra un desprecio desnudo y genuino por las exigencias más justas de las víctimas. La indignación de la gente parecía engalanarse en este ambiente festivo. Todos los sentimientos que nos concurrían daban todo el sentido a la canción de Jarcha "Libertad sin ira", cuya letra adquirió más sentido que nunca. Libertad, que junto a España es el grito más opuesto a la banda ETA. Sin ira, porque su lugar lo debe ocupar la Justicia. Esa misma Justicia que Zapatero se ha saltado para excarcelar a Ignacio de Juana.

El símbolo oficial de la manifestación era el lazo azul, pero el verdadero, el que eligió la gente para expresarse, fue la bandera de España. El País y demás grupos de Prisa, en su desaforado afán por distorsionar la realidad, se lanzó a la búsqueda del aguilucho. Es cierto que son varios en El País los que tienen un olfato único, una predisposición genética, una inclinación atávica para cazar aguiluchos, porque forman parte de su muestrario sentimental desde la más tierna infancia. Que se lo cuenten a Pradera o Cebrián. Pero la búsqueda, parece, ha resultado en fracaso. Miles y miles de banderas, y ninguna les sirvió para su reportaje, preescrito: "Los fachas del PP se arrejuntan para desestabilizar las instituciones democráticas". Pero seguía faltando la imagen del pajarraco.

Pues ElPaís.com la han sacado, solo que han tenido que recurrir, una vez más, a la manipulación; es decir, a su lenguaje. Han tirado de hemeroteca, rescatando una fotografía de la manifestación del 3 de febrero, y presentándola a sus lectores como si se tomara este sábado. Su manipulación ha llegado por Internet a las pantallas de sus lectores el 11 de marzo, acaso para conmemorar sus grandes éxitos de hace tres años.

Hoy las mentiras de los medios tienen las patas muy cortas, porque el periodismo disperso no les da tregua. Como en el caso del Rathergate, ha sido un comentarista el que ha levantado la liebre; en este caso, desde la bitácora de los lectores de Libertad Digital. Las nubes de la foto ni se acercaron por el cielo de Madrid este sábado. Nadie lleva en la imagen el lazo azul que la mayoría llevamos en la última manifestación. Otro comentarista cae en la cuenta de que es la misma bandera que un blogger recoge de la manifestación del 3 de febrero. Y Libertad Digital ha comprobado que los de El País, que son unos ases, han eliminado la breve autobiografía que acompaña toda imagen, "metadatos" lo llaman los técnicos, y que nos diría la fecha exacta de su nacimiento. Han borrado las huellas, como hacen los profesionales, ya saben de qué. En definitiva, un ejercicio de periodismo canalla; un breve ensayo de "memoria histórica", tal como se entiende desde Prisa. Por un asunto similar, Reuters pidió perdón a sus clientes y a los lectores en general. ¿Hará lo mismo El País?

Decía Dan Rather lo siguiente: "Creo que se puede ser una persona honesta y mentir sobre una serie de cosas". Porque para Rather, la verdad está en la propia ideología. Y mentir sobre la realidad no es ser deshonesto si todo ello se hace al servicio de "la verdad", es decir, de la ideología. Esa es la clave para entender, por desgracia, una parte no desdeñable del periodismo; el español como el mundial. Es la clave para aguilucho fantasma de El País. Lo es para que El Periódico quiera pasar un simple saludo por un gesto fascista. Recuerdo que en una ocasión de le preguntó a los estudiantes de periodismo de la Complutense, en Madrid, por qué habían elegido esa carrera. La respuesta más repetida fue: "para cambiar el mundo". No creo que se acordaran de la oncena tesis de Marx sobre Feuerbach, pero la labor del periodismo es mucho más sencilla y mucho más humilde que todo eso. Consiste, simplemente, en contar lo que ocurre.

Manifestación del PP
Orwell "desestructurado"
José Vilas Nogueira Libertad Digital 12 Marzo 2007

Una multitud se manifestó este sábado, día 10, para protestar contra la complicidad del Gobierno Zapatero con los criminales de la ETA. ¿Cuán multitudinaria fue esa multitud? Según el Partido Popular, convocante, fueron 2.500.000 personas; según la Comunidad de Madrid, 2.125.000; según la Delegación del Gobierno, 342.655. Ni 342.654 ni 342.656. Exactamente, 342.655 (el rigor aritmético de este organismo no tiene parangón en el mundo). Según cualquiera que haya asistido a la manifestación o visto sus imágenes, fueren los que fueren, atestaban todo el espacio entre la Puerta de Alcalá y la Plaza de Colón. Una barbaridad de gente.

Esta manifestación mostró, una vez más y más categóricamente que nunca, que son muchísimos los españoles a los que repugna el compadreo de la banda zapatética con la banda etarra. Pero no servirá, como era previsible, para que el Gobierno rectifique. No rectificará porque el despotismo es ajeno a razones y la abyección, insensible a la decencia. "Sólo las urnas podrán ya obligar a rectificar a Zapatero", titula su editorial El Mundo. Un oxímoron: Zapatero no rectificará nunca, por tanto el compadreo con la ETA sólo cesará si las urnas lo expulsan del Gobierno.

Los burócratas zapatéticos se han apresurado a confirmarlo. Como el despotismo que nos azota está menos racionalizado que los históricos soviético o nacionalsocialista y que los literario Un mundo feliz o 1984, la "verdad oficial" no es una mentira única, sino una "desestructurada" colección de mentiras. Depende de la exigencia del momento, la "realidad nacional" en que se formule, el gusto del portavoz, etc. Desgracia adicional porque a una "verdad oficial" se puede oponer la verdad, pero cuando la mentira es hidra de cien cabezas la verdad se fatiga en inacabable combate.

López Garrido ha sido el primero en reaccionar. Según él, la convocatoria tuvo poco éxito, a pesar de que según las cifras de la Delegación de su propio Gobierno ha sido la más numerosa de todas las celebradas desde que su cuate Zapatero llegase, infaustamente, al poder. El Partido Popular esperaba mucha más gente (¿cómo sabe él cuánta gente esperaba el PP?).

La "verdad" de Pepiño Blanco es más original. A Rajoy le parecen muchos los manifestantes, pero son "sólo la mitad de los que han muerto en Irak". Aunque fuese verdad, ¿qué tendrá que ver una cosa con otra? Tomemos, a efectos retóricos, por buena la cifra oficial: la opinión de 342.655 personas carecería de relevancia porque en la guerra de Irak habrían muerto el doble. Con la misma lógica, la significación del genocidio camboyano, del "holocausto" nacional-socialista o de los genocidios estalinistas, o de los votos que llevaron a Zapatero al poder, derivaría de su comparación con el número de muertos provocado por una guerra precedente. Se comprende, así, la simpatía de la banda zapatética por De Juana: el pobre ha matado (y eso a lo largo de varios años) menos que cualquier terrorista iraquí en un solo día. Ni Goebbels habría osado tamaña impudicia.

La "verdad" oficial del Fiscal General también tiene su intríngulis: ya apenas quedan víctimas, ha dicho. ¿Serán las tres que aun no se han enfriado del todo? Pero, ¿qué ha sido de las otras? ¿Hasta Pilar Manjón ha desaparecido? ¿Qué instancia las ha suprimido? Ordene usted, buen hombre, una investigación urgente. Y comuníquelo a los Reyes, evitándoles el ridículo de asistir a actos por víctimas inexistentes. La vicepresidenta, entre modelito y modelito, entre sarao y sarao con las damas de la alta sociedad africana, también ha emitido su "verdad", no menos mendaz que las anteriores. Todo miembro cualificado de la banda ha echado su cuarto a espadas.

Pero lo peor está por venir. El jefe Zapatero quiere imprimirle amor a la cosa. Sólo nos faltaba un Ministerio del Amor. Echémonos a temblar: lean o relean 1984 (como para preocuparse por el calentamiento del planeta).

José Vilas Nogueira es profesor emérito de la Universidad de Santiago de Compostela

Manifestación contra la guerra
El Irak de Zapatero
GEES Libertad Digital 12 Marzo 2007

Irak ha sido una bendición del cielo para Zapatero, todo un record como vaca proveedora de toda suerte de leches políticas, pero en un mundo finito, y en otro él no parece creer, contamos con que todo se acabe. Con o sin su estímulo, sus admiradores y partidarios deben pensar que no ha llegado todavía el momento y han decidido probar una vez más a ver si la ubérrima ubre del conflicto iraquí mana todavía algún nutriente izquierdista y convocan a los suyos para tapar la malhadada excarcelación del etarra (¿no podía Otegi haber pedido el valle de Arán, que lleva un nombre tan vasco como el del fundador Arana?) a costa de abandonar a los pobres iraquíes que son asesinados a mansalva, no como las víctimas de De Juana, que nunca pasaron de doce de una vez.

Lo de abandonar no es más que un decir, porque jamás se preocuparon por ellos sino por quienes los sacrifican cual corderillos en pascua islámica. Optaron siempre, y ahora lo ratifican, por los matarifes a quienes siempre han exaltado como a heroicos resistentes que luchan contra los invasores que vienen a robarles las arenas del desierto, porque lo del petróleo cuesta cada vez más venderlo, gasolineras aparte, y ya sólo se lo creen los que lo creen todo, como eso de que después del atentado de la T-4, perdón, accidente, el gran jefe cortaba con ETA o como eso otro de que el retorno al dulce hogar y patria querida del famélico huelguista es un acto humanitario. Igual cuando se recupere dice que a año por muerte no le importa otros dos más de Chirona pero que le va otro par de actuaciones patrióticas.

Así que manifestación por la paz en Irak, que no consiste en acabar con los que guerrean contra civiles desarmados sino en facilitarles el camino de la victoria. No deja de estar mal visto. También de ese modo se puede conseguir la paz. Y vuelta a empezar. Los que hacen la convocatoria en Sevilla se han dejado arrastrar por el arrebato y piden la retirada de todo lo retirable también de Afganistán, Palestina, Líbano y, por si acaso, dejan en suspensión tres puntos bien marcados.

Luego vuelven a la carga. "Ninguna acción militar contra Irán", que un caprichito nuclear para los ayatolas no va a ninguna parte, y menos, a lo que parece, contra los principios y sensibilidades del pacifismo integral. Al fin y al cabo los misiles islámicos ya casi nos alcanzan y no conviene contrariarlos, que Ahmadinejad es uno de los pocos amigos que le quedan a Zapatero por ahí afuera. Redondean su desiderata los seráficos sevillanos con la disolución de la OTAN. La moderación salta a la vista, no piden la de los ejércitos.

Zapatero no promete su comparecencia. Si la cosa no enardece los ánimos de los corazones izquierdistas espera que su oculta mano se salve de la quema, como se salvó, y de qué modo, cuando prometió que retiraría las tropas de Irak si llegaba al poder. Si sabía que nuestra presencia nos ponía en peligro alguien podía interpretar la promesa como una petición de ayuda. Luego, claro está, no lo sabía, porque de haberlo sabido no la hubiera hecho. De sabios es equivocarse.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Mayorías políticas y consensos nacionales
José Javaloyes  Estrella Digital 12 Marzo 2007

¿Qué importa que fueran dos millones largos de españoles los que se manifestaron el sábado en Madrid, como sostiene desde la Comunidad Autónoma, o que sólo hubiera poco más de trescientos mil, tal como dice la Delegación del Gobierno en su ritual rebaja de las estimaciones contables para cuando las manifestaciones en la calle son adversas? Lo que importa, lo relevante, es el orden de magnitud de la protesta y la sostenibilidad de las reclamaciones mostradas por quienes la convocan.

Y tanto como esto último resulta de la mayor significación el conjunto de circunstancias que han precedido al suceso de tan gran protesta nacional. La más relevante de todas, la formada por el doble exilio interior en que se encuentra el Partido Popular, derivado del Pacto del Tinell y del bloqueo sistémico que le aplica la coalición parlamentaria sostenedora de José Luis Rodríguez. El vaciado de las instituciones de representación democrática como el que se aplica al PP, transfiere a la calle la función representativa de quienes, excluidos, no encuentran otra forma de expresar aquello que creen necesario.

Concurren al vaciado institucional, manifiestamente, las prácticas de gobierno que se sustraen al conocimiento y control de las Cámaras de representación, como resultan en este caso, palmariamente, los tratos bajo cuerda que el Gobierno mantiene con el núcleo terrorista del nacionalismo vasco. ¿Qué van a hacer las grandes mayorías nacionales, disconformes y ofendidas con lo que se practica viciosamente en este sentido, de espaldas y a escondidas? No cabe pedir desde el poder de esta Moncloa que el silencio de los corderos desplace la expresión y ahogue la manifestación de los grandes consensos nacionales.

Las mayorías políticas no se corresponden en este caso, desgraciadamente, con la gráfica expresada por las mayorías parlamentarias. Éstas, las mayorías parlamentarias, por vía de pactos que contradicen el espíritu constitucional, vivaquean en la función representativa de espaldas al sentir de aquéllas, las mayorías políticas.

Instalada tras de las paredes de la opacidad y del secreto que amurallan la negociación con el terrorismo, la mayoría parlamentaria ha recibido con todo merecimiento un baño de repulsa clamorosa desde ese consenso y ese sentir nacional que va mucho más allá del Partido Popular, por más que fuera éste el convocante de la manifestación. Y al que en modo alguno se le puede acusar de romper el juego democrático, llevando al asfalto la política. Descentrándola y apartándola de las instituciones.

Si por alguna parte se ha perdido el centro político ha sido por la izquierda y los nacionalistas aliados con ella. Es certeza tan palmaria como certificada por las descalificaciones de “derecha extrema” que, desde la práctica gobernante, se aplican a la única oposición existente. Se trata de la dialéctica del “tú eres más”, propio de la bronca entre pupilas de mancebía.

No crispa quien lleva la protesta política a la calle porque en el Parlamento no cabe esa protesta que hace algo más de media España. Crispa quien hace que la protesta y la fiscalización democrática no quepan en el cauce parlamentario. Ambas se dirigen contra una materia —el estraperlo constituyente y la negociación con el terrorismo nacionalista— que tampoco caben en el Parlamento ni en la Ley Fundamental.

Entre lo mucho para lo que ha servido la manifestación del sábado ha sido para evidenciar que, en términos de opinión nacional expresada —más allá y en contra de la mayormente publicada—, ha crujido la “era ZP”. Y lo ha hecho mucho más de cuanto pudo hacerlo la carga etarra contra la T-4.

El atentado de Barajas correspondía a la situación en que se estaba y se ha venido estando hasta el 10 de marzo. El día después ha sido otro 11M.     jose@javaloyes.net

Esto de España ya sólo tiene un arreglo: elecciones generales cuanto antes
Jesús Cacho  El Confidencial 12 Marzo 2007

El sábado 10, pasadas las 6 de la tarde, realicé una rápida incursión por la manifa del PP con la intención de catar el ambiente: calle Génova abajo desde la plaza de Alonso Martínez, desvío por Marqués de la Ensenada para desembocar en Bárbara de Braganza, y lateral de Castellana hasta Cibeles. Un mar de banderas españolas. Uno, que asistió a la impresionante manifestación celebrada tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, no vio “la mayor manifestación de la democracia” de que hablaba ayer aquí mismo Federico Quevedo, aunque eso poco importa. Muchísima gente, sí, fundamentalmente gente de edad. Escasa proporción de jóvenes. Y un gran espíritu cívico, muy alejado de esa “violencia, encono e indiferencia a la realidad” de que ayer hablaba algún moderno pasado de rosca.

Porque, ¿habrá en Europa sociedad más adherida a la realidad que la española? ¿Son la hipoteca, el coche, y la escapada de Semana Santa una realidad o un ente de razón? Ocurre, sin embargo, que incluso una sociedad tan pancista como la española actual, tan hedonista, tan reacia a aceptar sacrificios de cualquier tipo, es capaz de salir a la calle a protestar cuando de forma reiterada se le provoca desde el Poder. Las clases medias, columna vertebral del Sistema desde los años sesenta, se echaron el sábado a la calle para manifestar su rechazo frontal a esa realidad impostada que Zapatero pretende hacer pasar por mercancía ideológica al gusto del español medio.

Al margen de la habitual clasificación entre izquierda y derecha (“dos formas de la hemiplejía moral”, que decía Ortega y Gasset), el sábado se pusieron de manifiesto algunas realidades inquietantes. Por la Castellana marchó media España. La otra media se quedó en casa, tomando el sol y preparándose para ver el Barça-Madrid. Las dos Españas dándose brutalmente la espalda. Otra vez la España partida en dos mitades. No hay en el panorama del mundo occidental una situación parecida a la española: la de una democracia parlamentaria que es a la vez una notable potencia industrial, una sociedad rica y desarrollada, donde se registre esta abrupta y dramática división en dos grandes bloques, aparentemente irreconciliables. Es la paradoja de la España rica y rota.

Y aunque sería injusto cargar todas las culpas de la situación en el debe de Rodríguez Zapatero, es evidente que la realidad reencarnada de “las dos Españas”, aparentemente enterradas tras la muerte de Franco, en el fruto de una legislatura y un hombre instalado en el delirio de quien, desde la presidencia del Gobierno, pretende reinventar nuestra historia reciente, edificando una supuesta paz sobre una guerra inexistente, reflejo de otra Guerra –aquélla sí, tan cruel como real- que le obsesiona, sobre la base de la claudicación del Estado de Derecho ante el terrorismo vasco.

Esta es la ideología que una gran parte de los españoles, incluida mucha gente de izquierdas, se niega a comprar a Zapatero. Porque el del terrorismo etarra no es un problema de guerra y paz, sino un problema de libertad. Por eso, llegados a esta encrucijada, con la vieja España desgajada en dos mitades, no hay más solución que las urnas. Esto ya no lo resuelven más que unas elecciones generales adelantadas. A mi modesto entender, estamos ante una legislatura agotada, una legislatura de un solo proyecto (Stefan Zweig decía en La curación por el espíritu que “el hombre más fuerte es siempre el hombre de una sola idea”), un proyecto personal, el del señor Rodríguez Zapatero, que ha decidido jugarse la reelección a un nuevo mandato en la ruleta rusa de un acuerdo político con el nacionalismo radical vasco, pero apostando con el dinero –la dignidad- de todos los españoles.

Elecciones generales cuanto antes y que sean los españoles quienes decidan si están dispuestos a avalar un nuevo mandato del señor Zapatero, con los riesgos que ello implica incluso para el bienestar material de todos, porque las gestas de los iluminati que de vez en cuando, en situaciones tan dramáticas como la del 11-M, algunos países entronizan en el Poder, nunca resultan gratis para nadie a medio y largo plazo. Eso, o que un nuevo líder y un nuevo partido se encargue de restaurar el clima de convivencia propio de toda sociedad desarrollada, un terreno en el que España parece haber retrocedido décadas de golpe.

Por desgracia, y con un PP que sigue sin romper el cordón umbilical que le une al más nefasto aznarismo, el panorama no es muy alentador. Porque esas elecciones generales deberían dar paso a un amplio consenso mediante el cual los dos grandes partidos nacionales se sentaran de una vez a suturar la puñetera herida de décadas, tal vez de siglos, llegando a un acuerdo definitivo con el nacionalismo moderado capaz de, muy grosso modo, devolver al Estado las competencias que son suyas, cerrar el mapa autonómico, y democratizar las instituciones. Que es el drama que seguimos soportando con estoicismo madrileños, catalanes y vascos: la ausencia de una democracia digna de tal nombre.

El éxito de la manifestación ha dejado fuera de juego al Gobierno
Editorial Elsemanaldigital  12 Marzo 2007

Con casi total unanimidad, los medios de comunicación reflejaban ayer el innegable éxito de la manifestación convocada por el PP contra la política de cesiones y negociación con ETA del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Éxito, por supuesto, por la masiva participación en la concentración, algo evidente más allá de las habituales guerras de cifras, pero éxito, también, por el ambiente de serenidad en el que se desarrolló.

El sábado no se vio por ninguna parte a la ultraderecha, la extrema derecha o la "derecha extrema" que supuestamente se habría adueñado del PP, según ciertos políticos y creadores de opinión afines al poder. Por eso, la primera reacción frente a la manifestación de un exponente socialista, el secretario de Organización del partido José Blanco, ha consistido en criticar la marcha, a falta de otros argumentos, por no haber recordado a las víctimas del 11-M y por reunir la mitad de participantes que muertos se han producido en esos atentados y en la guerra de Irak.

Si esta valoración, que casi parece un desvarío, fuese la del Gobierno, habría que llegar a la conclusión de que el Ejecutivo ha quedado políticamente fuera de juego por la masiva protesta del sábado. En realidad, las palabras pronunciadas ayer en Huesca por Blanco únicamente sirven para añadir un motivo más al desprestigio que este dirigente socialista ha adquirido con sus declaraciones extemporáneas y atrabiliarias no sólo ante la opinión pública en general, sino también entre muchos partidarios del PSOE.

La única conclusión cabal a la que cabe llegar es que la manifestación refleja realmente la "opinión mayoritaria" de los españoles, por lo que el presidente del Gobierno haría bien en "librarse de prejuicios y escuchar a los ciudadanos", como ha dicho la eurodiputada socialista Rosa Díez. Sin embargo, aquél ya anunció que no piensa rectificar ni la excarcelación del asesino múltiple y chantajista Ignacio de Juana Chaos, ni su política en relación con la banda terrorista ETA.

De esta forma, en el alero del partido que preside Mariano Rajoy se plantea ahora la cuestión de cómo seguir liderando la reacción de la mayoría de la opinión pública frente a la cerrazón de José Luis Rodríguez Zapatero. Hay un aspecto en el que a las declaraciones de los dirigentes socialistas de los últimos días no se les puede negar la razón y que convendría que el PP tuviese en cuenta: en un sistema democrático, sólo las urnas pueden decir la última palabra sobre la gestión gubernamental, por contestada que sea en la calle.

Es, precisamente, en las urnas donde cada vez se aproxima más un desafío en el que se decidirá de manera quizá definitiva la continuidad de la negociación del Ejecutivo con los terroristas. Éstos llevan algún tiempo dejando claro cuál es su siguiente condición para el diálogo: Navarra. Lo que ocurra después de las elecciones de mayo con el gobierno de la Comunidad Foral adquiere así una trascendencia vital, y de ahí la importancia de la nueva manifestación convocada para el sábado próximo, día 17, en Pamplona.

La "gloriosa resaca" anula dudas en UPN y complejos en el PP
Pascual Tamburri  elsemanaldigital 12 Marzo 2007

Nada puede ser igual después de lo que pasó en Madrid el sábado. No se trata de entrar en la guerra de cifras, sino de comprender cómo y por qué españoles incontables de todas las regiones, clases e ideas han sido capaces de salir juntos a la calle para parar los pies al Gobierno.

Miren ustedes a la cara a la gente: verán hoy sonrisas en muchos de sus conocidos, y son los que acudieron a manifestarse o se sintieron regocijados por el éxito de la manifestación. Son los mismos que el viernes llevaban diez días huraños y enfadados, convencidos de que Zapatero ya había logrado descuartizar el país para ETA: hoy están resacosos del triunfo, felices de haber aportado su presencia a la gran victoria, convencidos de que el pueblo puede parar en las calles la rendición.

Tienen razón. El PP ha acertado al culminar con su manifestación tres años de creciente descontento popular, uniendo con una sola bandera a todos los españoles que no quieren dejar a sus hijos un país amputado, destruido o dividido, peor del que recibieron. A eso, a una cuestión de actitud ante la historia, se reduce todo. Zapatero quiere construir una entelequia revolucionaria paralela a la de los marxistas de ETA. Sus adversarios, sencillamente, queremos proseguir una historia milenaria. Y de esa contradicción ha nacido una fuente de legitimidad de incalculable potencia para Mariano Rajoy.

El siguiente y más importante asalto de esta batalla se va a librar en y por Navarra. Como el 3 de diciembre de 1977, el gobierno de Navarra ha convocado a los ciudadanos para defender en las calles de Pamplona la identidad y libertad del viejo reino. Miguel Sanz asume sobre sus hombros este sábado, 17 de marzo, la misma responsabilidad que hace treinta años tenía Amadeo Marco Ilincheta, vicepresidente de la Diputación Foral. De aquel trance Navarra salió con sus Fueros y España siguió unida, aunque con algunas puertas falsas en las instituciones que –como la Transitoria Cuarta de la Constitución- han demostrado sus peligros.

Navarra pide a todos sus hijos y a sus amigos del resto de España que prosigan, tras el éxito del día 10, la obra iniciada. Si socialistas, nacionalistas y comunistas tienen en mayo una mayoría aunque sea de un voto, con o sin Batasuna, Navarra será el precio del "proceso de paz". Zapatero ha hecho posible que hoy el PP y UPN hayan vencido la inercia tecnocrática de algunos dirigentes, porque el centro social de la nación ha impuesto su voz y su estilo en las calles. Pamplona debe llenarse el próximo sábado de españoles sonrientes, en nombre de la patria común, sin exabruptos y sin etiquetas sectarias, pero sobre todo sin miedos y sin complejos.

Yo no defiendo la "Nación Española" de Rajoy
Pedro de Hoyos  Periodista Digital 12 Marzo 2007

Lo malo de la situación actual es que parece que estás obligado a ser del PP o del PSOE. Rajoyano o zapateril, caramba. Como si no hubiese otro remedio, otras alternativas, en esta España polimórfica que ser necesariamente del Real Madrid o del Barcelona, como si yo no pudiese ser del equipo de mi pueblo, pongo por caso. Como si no hubiese otras posibilidades a las que apuntarse. Guatemala o Guatepeor, escoja usté.

Lo malo está en que si criticas lo más mínimo la política del Gobierno, como si no hubiese razones para ello, automáticamente quedas identificado con el PP. ¿Pero qué política es ésta? Lo malo está en que si apoyas cualquier aspecto mínimo de la política del PSOE automáticamente pasas a ser un miembro más de la izquierda. Lo malo está en que todos quieren no sólo tener razón, sino tener toda la razón, despojar de la más mínima posibilidad de acierto al contrincante. Nos están pintando una España en blanco y negro, negando el arco iris, negando el resto de posibilidades de la paleta del pintor, negando la gama de posibilidades que presenta la naturaleza en esta primavera que ya se huele.

Yo no defiendo la España zapateril, la España desequilibrada, la España del embudo, la parte ancha para las autonomías más ricas y prósperas, la parte estrecha para los más atrasados, despoblados y desindustrializados. No defiendo una España para cuyos políticos es tan extremadamente grave, definitivamente preocupante y radical un estatuto de autonomía al que luego los votantes dan la espalda. Pero tampoco defiendo la España del PP, no me gusta la España que habla catalán en la intimidad cuando el Gobierno de turno necesita determinados votos, prefiero la España que hable catalán cuando le da la gana, en la intimidad o en público, pero sin depender de lo que decida un gobierno regional de una esquina de España.

El caso es que parece necesariamente que ambos partidos quieren tener siempre la razón y toda la razón, y para ello tienen organizadas y distribuidas sus influencias económicas y mediáticas, que les ríen las gracias, les bailan el agua y les hacen los coros, siempre carentes de neutralidad, lejos de la independencia y de la asepsia. Y el españolito, algún españolito, se cree que está obligado a defender contra viento y marea todos y cada uno de los diferentes aspectos que conforman la política del momento. Imposible para un conservador admitir que el PP pudo haberse equivocado en no sé qué decisión, no digamos ya si la decisión la hubiese tomado el endiosado Aznar. Imposible para alguien que se tiene como progresista admitir el más mínimo error en la gestión de Zapatero, inmarcesible líder supremo. Mecagüen la España polarizada que nos quieren vender unos y otros.

Hay otras posibilidades, hay otras elecciones, hay otra España, que no pertenece a ninguno de los dos partidos, que admite que unos y otros se pueden equivocar un día y acertar al siguiente, que la verdad, la razón y el acierto no son patrimonio permanente e inamovible de ninguna opción política, otra España que se niega al dualismo, al “conmigo o contra mí”, una España que no admite los desaciertos de Zapatero sin arrojarse sumisa en los brazos del PP; una España que piensa por cuenta propia sin dejarse comer el coco por los cantos de sirena que le niegan el pan y la sal al Gobierno, una España que puede ir a la manifestación del sábado sin creer que la salvación de España depende de Rajoy, el único profeta que puede salvarnos de la desaparición de España. O que puede quedarse en casa, criticar al PP, sin bendecir cada palabra y cada acto que sale del Consejo de Ministros.

El panorama español está lleno de opciones políticas minoritarias y dignísimas y bien preparadas, sólo postergadas por el poder económico y mediático de los dos grandes partidos depredadores.

Hijos ilegítimos de la democracia
JOSEBA ARREGI El Correo 12 Marzo 2007

Me refiero, cuando hablo de hijos ilegítimos de la democracia, a los ciudadanos vascos. Aquéllos para los que su territorio político, su ámbito de decisión cercano, Euskadi como comunidad autónoma, no ha terminado de completar la transición democrática que en el conjunto de España sí ha sido completada, a pesar de quienes se esfuerzan en afirmar lo contrario. Decir que la transición no ha terminado en Euskadi significa lo mismo que decir que los ciudadanos vascos no han terminado de llegar del todo a la democracia como meta de esa transición. Pero como tampoco nos encontramos en tiempos de dictadura, en tiempos de la dictadura franquista, los ciudadanos vascos se encuentran en un limbo político y jurídico, sin saber si de verdad han llegado al estatus reconocido de ciudadanos de un Estado.

Muchos en Euskadi se han negado, nos hemos negado, a reconocer esta situación de incapacidad de cerrar la transición a la democracia. O hemos pensado que era peligroso describir la situación que vive la sociedad vasca en esos términos, pues por cierto que fuera, podía parecer que daba la razón a los que ponían en duda la legitimidad democrática de la situación estatutaria que caracterizaba, y caracteriza aún hoy, a Euskadi.

Porque el núcleo de la recusación violenta por parte de ETA de la situación estatutaria, de la solución estatutaria a los problemas heredados de la Historia por la sociedad vasca -problemas históricos que son de relación 'ad extra' porque lo son de integración 'ad intra'-, consiste precisamente en afirmar que la situación estatutaria no supone una situación democrática. Sería precisamente la falta de suficiente democracia la que legitimaría el rechazo violento de ETA-Batasuna a las instituciones estatutarias y al corpus constitucional del que derivan. Tampoco para ETA-Batasuna ha habido transición democrática en Euskadi.

Pero superando el riesgo de ser malinterpretados si aceptamos hablar de que la transición democrática no se ha completado en Euskadi, superando el riesgo de que ETA-Batasuna crea que le damos la razón en su crítica de falta de legitimidad democrática de la Euskadi estatutaria, o precisamente por la existencia de ese riesgo, es preciso recurrir a esa forma de describir la realidad política vasca y hacerlo de forma analítica para que pueda ser claramente diferenciada del discurso de ETA-Batasuna. Afirmar que la transición a la democracia no se ha completado no implica asumir que la Euskadi estatutaria sufra un déficit democrático. Afirmar que la transición a la democracia no ha terminado en Euskadi no significa renegar de las instituciones estatutarias. Significa, por el contrario, reconocer la legitimidad de origen del pacto estatutario, y, por lo tanto, de las instituciones derivadas de dicho pacto. Y por eso afirmar la inconclusión de la transición democrática en Euskadi significa negar legitimidad alguna a la violencia y al terror de ETA, legitimidad reconocida por quienes escriben que el olvido de la transición española explica la reacción violenta de esa organización terrorista.

Lo que se quiere decir cuando se afirma que en Euskadi no ha acabado aún la transición a la democracia es que la legitimidad democrática inherente al pacto estatutario y por derivación a sus instituciones políticas no termina de consolidarse y de manifestarse en su plenitud legítima porque existen actores políticos, algunos de ellos asentados desde el inicio en el poder, que confieren esas instituciones estatutarias, que lo impiden.

Es evidente que ETA-Batasuna ha buscado minar la legitimidad del pacto estatutario y de las instituciones estatutarias desde el mismo comienzo. Procuraron que no se pusieran en marcha. Trataron de desestabilizarlas desde el inicio: parece que nos hemos olvidado ya de que el PNV pudo gobernar en Euskadi desde el principio porque la representación de la izquierda nacionalista radical, entonces Herri Batasuna, boicoteaba el Parlamento vasco. Trataron de dinamitar el desarrollo del Estatuto. Buscaron crear instituciones paralelas, un estatuto paralelo.

No tan evidente, pero a la larga tan dramático, ha sido que el partido que ha gobernado ininterrumpidamente desde las instituciones estatutarias, que ha ejercido el poder que confieren esas instituciones estatutarias, nunca haya desarrollado un discurso de legitimación del poder que estaba ejerciendo, un discurso de legitimación de las instituciones que le conferían el poder, de las leyes constitucionales de las que derivaba el poder que ejercía. En lugar de ello fue creando una atmósfera de duda acerca de la validez de esas mismas instituciones, les fue dando un valor meramente transicional, hurtándoles el valor de definitividad que necesitan -especialmente si se ven rechazadas desde una violencia ilegítima-. La realidad, decía el partido gobernante, no era lo que realmente se quería, sino un remedo de lo perseguido. Un sustituto. En el mejor de los casos un peldaño en el camino a otra situación. Pero sin validez real.

La puesta en suspenso de la legitimidad de las instituciones desde las que se gobernaba y ejercía poder por parte del partido que las ocupaba, además de crear un vacío en el que fue tomando fuerza el huracán de su deslegitimación abierta por parte del nacionalismo radical antisistema, fue dando paso a un discurso de rechazo claro de la legitimidad del pacto estatutario: el Estatuto ha muerto, proclama el sindicato ELA en un acto con asistencia de miembros del Euskadi buru batzar del PNV, o el discurso reclamando un marco nuevo como única salida para alcanzar la paz, discurso que logra su culmen con la reclamación de la necesidad de la normalización, una normalización como parte necesaria del binomio pacificación-normalización, discurso que desemboca en el pacto de Estella.

Si esta andadura del PNV ha sido dramática en la medida en que ha contribuido a crear una atmósfera de legitimación indirecta del discurso deslegitimador violento del pacto estatutario, -aunque en los últimos tiempos su presidente se esmere en afirmar que el discurso de la necesaria normalización de la política vasca no implica negar la legitimidad y el valor del Estatuto de Gernika, no parece que ésa sea la doctrina consolidada del conjunto del partido-, algo más ha sucedido en los últimos tiempos que obliga a pensar que los ciudadanos vascos son hijos ilegítimos de la democracia española.

Porque es el mismo presidente de Gobierno el que asume el binomio normalización-pacificación. Porque asumiendo ese binomio -uno de los cinco principios proclamados por él en el acto del PSE en Vitoria en febrero-, asumiendo que se trata de llegar a un acuerdo plural para la definición del futuro político vasco, un acuerdo plural en el que participe Batasuna, la izquierda nacionalista radical antisistema, y asumiendo que mientras no se produzca ese acuerdo plural con inclusión de ETA-Batasuna, la sociedad vasca y su política no estarán normalizadas, de la misma forma que no contará con paz por la presencia violenta de ETA, proclama involuntariamente que los ciudadanos vascos somos hijos ilegítimos de la democracia española, porque todavía no hemos alcanzado la verdadera legitimidad, aquélla que existirá cuando se incorpore ETA-Batasuna.

He escrito que el presidente de Gobierno proclama involuntariamente que los ciudadanos vascos somos hijos ilegítimos de la democracia española porque estoy convencido de que no lo piensa. Pero, aunque involuntariamente, su discurso lleva a esa consecuencia. Por lo que es preciso llamar la atención sobre las consecuencias no queridas de una forma de buscar la desaparición de ETA perseguida con todo el derecho del mundo: siempre que la desaparición de ETA aparece vinculada a la normalización de Euskadi, siempre que el método de las dos mesas se imponga sin diferenciar radicalmente entre las dos, temporal y lógicamente, se está declarando que los vascos son hijos ilegítimos de la democracia.

Si la transición a la democracia es aún incompleta en Euskadi lo es a causa del terror de ETA, que deslegitima así su propia deslegitimación del pacto estatutario, y porque el nacionalismo democrático no acaba de extraer todas las consecuencias políticas del reconocimiento del pluralismo y de la complejidad vascos que obligan a reconocer el corpus constitucional. Es necesario que los esfuerzos por conseguir la desaparición de ETA vayan acompañados de un discurso que evidencie que la futura incorporación de ETA-Batasuna al juego político democrático no añade nada a la legitimidad de las instituciones estatutarias y constitucionales.

Bien, Sr. Rajoy, pero...
Alejandro Campoy  Periodista Digital 12 Marzo 2007

No puedo sino felicitarme por el tremendo éxito de la manifestación del 10-M. De igual modo, no puedo sino felicitar al PP y al Sr. Rajoy por evitar con éxito que este acto se convirtiera en un acto de partido. Si hubo banderas del PP, que las hubo, éstas pasaron tan inadvertidas como las posibles banderas del águila de San Juan. Sólo se vió un inmenso y muy constitucional océano rojigualda. Y el discurso no fué para consumo interno de los militantes, sino para todos los españoles. Muy bien. Pero...

Esto no debe hacer olvidar el gran problema de fondo: hoy vivimos, por causa de un gobierno que quizás consume demasiados ácidos holandeses, una crisis institucional sin precedentes desde la transición, por la sencilla razón de que un "fumeta" iluminado pretende rediseñar el orden constitucional vigente "por la puerta de atrás", sin pasar por el mecanismo ya previsto para ello en la propia Constitución Española. ¿Es legítimo ser republicano?. Por supuesto. ¿Es legítimo querer la independecia del País Vasco o Cataluña?. Faltaría más (pero sin bombas ni tiros, claro). Prácticamente todo, menos el delito, es legítimo. Y por eso el mecanismo para que se realice un cambio constitucional en el que se rediseñe España entera es tan simple como convocar elecciones a Asamblea Constituyente (es decir, una asamblea cuya única misión es elaborar una nueva Constitución) y poner manos a la obra.

En esas elecciones cada partido concurrente debe especificar muy clarito qué idea tiene de lo que deba reflejarse en la nueva Constitución para España. El que quiera una república presidencialista, que lo diga a las claras, así como el que quiera la independencia de Euskal Herría (sic), o bien el que desee un estado federado con Marruecos o el que prefiera un régimen bolchevique. La única condición es que el ciudadano tenga muy claro, pero clarísimo, a qué se atiene con cada cual. Y que hablen las urnas. Así de simple.

Ahora bien, el actual Gobierno de España está pretendiendo cambiar ese marco por la puerta de atrás, sin haber pedido opinión a los españoles, sin la legitimidad de un mandato popular, toda vez que los once millones de votantes que le dieron su confianza el 14 de marzo de 2004 raramente votaron nada de lo que actualmente está ocurriendo. Y con toda la razón del mundo, el ciudadano sea votante de lo que sea, se cabrea, y cada vez se cabrea más. La Historia está plagada de movimientos pendulares, y parece que ese ciclo en que decir España o portar su bandera eran sinónimo de "facha" o "franquista" está llegando a su fin. Y esto no tiene nada que ver con el PP o el PSOE.

Se trata de que los españolitos medios estamos hasta los cojones de tanta "Catalunya lliure", "Gora Euskadi", "Galiza ceibe" o la madre que los parió a todos. Se trata de que hasta aquí hemos llegado, toca cambio de ciclo. Se trata de que en esto los que llevamos la voz cantante somos los españoles, y caería en un gravísimo error Rajoy (parece que ayer lo evitó) si creyera que esa rabia contenida es patrimonio del PP. No lo es y debe hilar muy fino si no quierer espantar a todos aquellos que hoy por hoy desean que acabe la "pesadilla ZP" simplemente por recuperar la normalidad de sus vidas y de su país, no para hacerle un favor al PP ni a Rajoy (otro asunto es que con el actual estado de cosas sea el único medio de recuperar esa normalidad, pero nada es eterno). Se trata de que el problema de fondo, no el de urgente inmediatez, es el de la reforma del propio sistema de partidos, que es la verdadera causa de que hayamos llegado a este punto de alucinación colectiva.

No se me escapa que en primer lugar hay que atender las urgencias inmediatas, y estas pasan por la única solución viable, que es desalojar lo antes posible a ZP de La Moncloa y de la Secretaría General del PSOE. Esa es una urgencia nacional. Pero una vez se ¿consiga? tocará rehacer este gigantesco despropósito, y en este punto es donde habrá que ir a una reforma de la Constitución que incluya una reforma en profundidad del actual sistema de partidos, pues son los partidos los que han secuestrado el principio de representatividad, y con él mantienen como rehén de sus respectivas direcciones nacionales a la soberanía popular. No nos representan aquellos a quien votamos, sino aquellos que deciden los partidos. No existe margen para la discrepancia en el seno de estas estructuras tiránicas y dictatoriales que son los partidos, no es posible una rebelión en el seno de PSOE que resuelva un relevo en la Presidencia del Gobierno por incapacidad transitoria (seamos benévolos) del actual titular, no hay quien se mueva, no hay, no hay...

Y por supuesto esto afecta también al Partido Popular, y afecta a las leyes electorales, y afecta al papel de las minorías nacionalsocialistas que han permitido esta deriva hacia el abismo de toda una nación, y a todo eso habrá que meter mano en su momento.

Por lo tanto, felicidades provisionales al PP y a D. Mariano Rajoy, pero no olvide tomar en consideración para su próximo programa electoral una ambiciosa estrategia para meter mano a los auténticos problemas de fondo, o si es usted el próximo Presidente del Gobierno, su mandato será más breve que el de ZP. Se lo aseguro.

O con Navarra, o …
José Javier Solabre Heras Periodista Digital 12 Marzo 2007

O con Navarra, o …

En la manifestación del sábado día 17 de marzo, o se está o no si quiere asumir un compromiso con Navarra y por Navarra; “no valen excusas” dice Miguel Sanz, pero no lo dice sino como Presidente de Navarra, y como navarro, no como militante de un partido.

Y realmente es así, el sábado, no se trata de posicionamientos partidistas, se trata de defender nuestra tierra, y tiene que ser al margen de compromisos que socialistas de Madrid quieran hacer valer vendiendo esta tierra.

Los actuales, colocados por Rodríguez Zapatero, para claudicar a los compromisos con la banda ETA, no tienen la capacidad para demostrar a sus vecinos que lo importante es seguir manteniendo la identidad propia de esta tierra.

Hay muchos otros, que disfrutan de la “pasión por Navarra”, que quieren defender los Fueros, la libertad, la identidad diferenciada de este reyno, hay muchos socialistas, que primero son navarros, y esos van a estar el sábado en Pamplona, para hacer ver que no se cambia por nada.

Al Sr. Chivite, desde Madrid le dieron NO, porque él dijo NO se vende, vinieron otros que de la mano de ZP, ya hablan con Nabai de cómo empezar a conquistar; ustedes “compañeros” navarros, ¿que quieren ser gobernados por un lendakari, o mantener Navarra foral y española?

No se trata de defender ideologías de partidos, se trata de salvar lo nuestro, y que el color rojo sea distintivo navarro, y después el Partido Socialista de “Navarra”, pueda hacerlo suyo, compartirlo con unos u otros, pero no sea disposición de Madrid y escondido detrás del verde y el blanco, siendo el rojo una minucia sin identidad.

Quizás sea el momento, de romper con un partido que desde Madrid no os entiende, socialistas navarros, haceros un hueco en vuestra tierra, que es la nuestra, que es la de todos. No dejéis que por pleitesía mal debida nos arranquen eso de lo que unos y otros estamos orgullosos, eso que a unos y a otros, nos une el sábado día 17 de marzo, “Navarra”.

Entrevista: Antonio Basagoiti y Alberto Fernández, candidatos del PP a las alcaldías de Bilbao y Barcelona
«España está en riesgo de quiebra. O cedes en todo con ETA o volverán los muertos»
Los dos políticos comparten su preocupación por la negociación con la banda terrorista y por la deriva territorial en vísperas de las elecciones de mayo - Observan con distancia algunas cosas de la política de Madrid
C. Morodo / P. Planas La Razón 12 Marzo 2007

Madrid- La entrevista se desarrolla en la sede de LA RAZÓN varios días antes de la importante manifestación convocada por el presidente del PP el pasado sábado en Madrid. Los dos políticos estaban seguros de que la marcha iba a ser un éxito porque la sociedad española «sabe que lo que está en juego es la victoria de ETA sobre el Estado de Derecho». Cuesta mucho cuadrar la cita; como candidatos que se la juegan en las elecciones de mayo sus agendas están ya controladas por la frenética precampaña que se vive en todas las comunidades autónomas y municipios.

-¿Cómo se ve España desde el País Vasco y desde Cataluña en un año tan decisivo electoralmente como éste?
-A. Fernández (A. F.): España está en riesgo de quiebra por la actitud de un Gobierno y de un tripartito que están dispuestos a todo con tal de gobernar en España y en Cataluña. Mi preocupación viene provocada por la pérdida de todos los referentes de España en nuestra comunidad, desde los símbolos hasta el idioma común, que son entendidos como anomalías a corregir por parte del nacionalismo.
-A. Basagoiti (A. B.): Yo también observo el escenario con preocupación porque noto que cada vez hay menos España. Se ponen en duda los marcos de convivencia, parece que nunca ha existido la Transición, aquello que exigía ETA en solitario desde los años 80 se plantea ahora como solución a los problemas de España. Es decir, se prefiere saciar a algunos nacionalismos, aunque sean muy radicales, a costa de la España constitucional y autonómica.

-Pero a esa menos España de la que hablan también ha podido contribuir el proceso de reformas estatutarias, en el que se ha implicado el PP. Quizás, ustedes dirán, por pánico electoral a la cita electoral de mayo.
-A. B.: El PP no ha apoyado ningún cambio estatutario que ponga en riesgo los cimientos de España. Es verdad que se entra en un debate que no hemos provocado nosotros, es verdad que picamos, a veces, un anzuelo que no es el nuestro... Lo que se ha hecho puede ser innecesario, porque no supone una demanda ciudadana, pero no es una amenaza para España.

-Aunque sí les ha generado un debate interno.
-A. F.: Ninguno de los Estatutos aprobados es comparable con el catalán. Más allá de cuestiones competenciales, el verdadero riesgo para la unidad de España viene de una doble ofensiva nacionalista dirigida a debilitar lo que representa el Estado, con la perspectiva de que más Cataluña tiene que ser menos España, y a impulsar un proceso de descreencia en los valores que compartimos para plantear también en Cataluña un referéndum sobre la independencia.

-¿Creen que Zapatero impulsó el proceso de reformas estatutarias como coartada para luego promover un cambio institucional que satisficiera a ETA?
-A. B.: Al PP vasco le preocupó la posición de nuestro partido dentro de las reformas de estatutos precisamente por el peligro de que sólo se intentase saciar a algunos nacionalismos que son insaciables. Pero la postura, aunque no nos haya gustado al principio, se ha ajustado siempre a los límites democráticos.

-En el escenario actual, que no tiene nada que ver con el de 1996, ¿el PP puede aún llegar a algún tipo de pacto postelectoral con los nacionalistas?
-A. F.: En Cataluña podemos llegar a acuerdos concretos de gestión con CiU en el ámbito municipal, pero nunca en base a cuestiones identitarias o de modelo de Estado. El nacionalismo nunca retrocede y los acuerdos nunca son para ellos un punto de encuentro, sino un punto de partida para la siguiente reivindicación. Por tanto, el diálogo no puede ser en clave nacionalista, sino sobre el desarrollo, por ejemplo, de la Ley de Dependencia, de la financiación autonómica, de las políticas de seguridad o de inmigración.
-A. B.: Evidentemente que sería deseable poder llegar a acuerdos con el nacionalismo democrático en aspectos sociales, económicos..., pero tal y como está hoy, sobre todo el vasco, yo lo veo imposible. Si hubiese un cambio de Gobierno a nivel nacional, podría ser distinto, pero es muy difícil en un escenario marcado por la competencia entre el PSOE y los partidos nacionalistas para ver quién llega antes a la cima del monte.

-El tripartito fue una experiencia pionera en el plano local de la colaboración del PSOE con los nacionalistas. ¿Ven realmente factible la gestación de un acuerdo del socialismo con Batasuna?
-A. B.: Sin duda que ese modelo lo contemplan dirigentes socialistas y de Batasuna. De hecho, ya se han producido pseudoexperimentos en algunos municipios vascos mediante acuerdos en temas concretos, como los presupuestos, pese a que Batasuna sigue siendo un partido ilegal. La primera formulación la vamos a tener después de las elecciones de mayo, ya que la colaboración se va a extender a más municipios y, para ello, lógicamente, necesitan que ETA siga en tregua y blanquear a eso que llaman la «izquierda abertzale».

-¿Por qué será que al final ninguno de los principales partidos se atreve a promover un cambio en la configuración institucional que coloque al nacionalismo en el lugar que le corresponde por su porcentaje de voto y que favorezca los acuerdos de Estado entre las dos únicas fuerzas que pueden gobernar el país?
-A. B.: Claro que sería deseable y conveniente el acuerdo PP-PSOE, pero el problema es que éste no es el campo de juego, sino que el escenario de operaciones viene marcado por un PSOE que quiere tener siempre abierta la opción de un pacto con los nacionalistas para excluir al PP. Los socialistas prefieren un nacionalismo fuerte a uno débil porque creen que así impiden una alternativa democrática.

-Bueno, pero también Rajoy ha dicho que está dispuesto a intentar llegar a acuerdos con todo el mundo, incluidos los nacionalistas, si gana las elecciones generales.
-A. B.: Bien, pero si hubiera posibilidad de llegar a un pacto con el PSOE sobre el cambio de la Ley Electoral para que los nacionalistas no tuviesen una influencia que no se corresponde con sus votos, el PP lo promovería.
-A. F.: Yo por eso pienso que es tan importante obtener unos buenos resultados en estas elecciones. Si el PP es el partido más votado, CiU, por ejemplo, será sensible porque sabe que sólo con nosotros puede derrotar al tripartito.
-A. B.: También puede ocurrir que en los próximos meses el PNV necesite al PP para evitar que Batasuna y el PSOE le quiten el poder. Pero si el PNV no renuncia a las propuestas actuales, no habría posibilidad de llegar a ningún acuerdo.

-En cualquier caso, las direcciones de sus respectivos partidos, Piqué y San Gil, representan dos modelo distintos de política con los nacionalistas: el de la búsqueda de la cohabitación y el del choque frontal.
-A. B.: Tenemos los mismos principios y, tal vez, lo que hay es una diferencia de estrategia. Nosotros creemos que para ser útil en política debes tener una posición absolutamente definida y tienes que ser una alternativa, y quizás en Cataluña siguen otra táctica.
-A. F.: Para nosotros, la cohabitación es el techo, la casa común que queremos construir desde el necesario respeto a la Constitución y con un compromiso común con lo que representa España. Pero eso no quiere decir que el PP catalán no sea consciente de que la vuelta a la racionalidad de CiU depende básicamente de nuestra propia fortaleza.

-Desde Madrid, donde se practica mucho la política del coche oficial, resulta complicado entender qué les lleva a resistir, tanto en el País Vasco como en Cataluña, elección tras elección, cuando está tan difícil la posibilidad de tocar poder.
-A. B.: En muy buena parte es por un motivo estrictamente vocacional, porque no se gana dinero ni merece la pena en notoriedad pública ni en el plano familiar ni de la seguridad. Si a los políticos del PP vasco nos interesara el poder o ser más o menos conocidos en nuestro pueblo, militaríamos en el PNV o en otro partido. Aquí prima otro tipo de principios distinto. Nuestra gente en el País Vasco, y no tengo complejo en decirlo, es de lo mejor que hay en el PP, no porque sean más altos o más listos o más guapos, sino porque si se atreven a dar el paso al frente es porque realmente creen en la causa de la libertad. También tenemos obstáculos que no existen para los compañeros de otras comunidades autónomas, como el de que quizás no disponemos de una base tan amplia para poder elegir a los candidatos..., pero yo siempre digo que somos como el Atletic de Bilbao, con un mercado reducido, pero esos pocos le ponen más ganas, más dedicación, tienen mayores principios y hacen mayores esfuerzos.

-¿Y eso es lo que les lleva a resistir?
-A. F.: A mí no me gusta el término «resistencia». Estamos donde estamos por la convicción en nuestros principios, porque creemos que nuestro proyecto político es el mejor para el bien común y para el de los ciudadanos de nuestras autonomías, por el sentimiento de amor a nuestro país... Justamente eso, el creer en España, es la razón que explica que muchos militemos en el PP de Cataluña y no en CiU.
-A. B.: Evidentemente que no somos sólo resistencia. Tanto en Cataluña como en el País Vasco tocamos poder. El PP debe aspirar a gobernar las principales instituciones vascas porque sólo desde el gobierno podremos promover el cambio que hace falta. Yo agradezco todos los apoyos externos, esa consideración especial que provoca la difícil situación en la que tenemos que hacer política, pero que quede claro que entre resistir y rebelarse, optamos por rebelarnos.

-La política antiterrorista puede acabar siendo el Irak de Zapatero. Incluso han empezado a aparecer noticias de sedes del PSOE atacadas y de altercados provocados por el clima de tensión social. ¿Qué piensan de esta situación?
A. F.: Cualquier ejercicio de violencia es reprobable porque no se ajusta a las normas básicas de la convivencia democrática. Ahora bien, cuidado con los paralelismos que no se corresponden con la realidad y con los indignos intentos de echarnos la culpa de todo lo que ocurre. A nosotros nos han amenazado en actos públicos, hemos sufrido agresiones físicas, se nos ha llamado «asesinos», se han cercado nuestras sedes..., y no sólo cuando la guerra de Irak, porque ahí está la presión antidemocrática que soportamos durante la campaña del referéndum del Estatut. ¿Y dónde estaban muchos que callaron y no sólo no condenaron, sino que alentaron a los violentos?
A. B.: Ésa es la diferencia radical entre PP y PSOE: nosotros condenamos de inmediato cualquier hecho que vulnere las condiciones de libertad y de igualdad en las que todos debemos ejercer la política, pero no vemos las mismas palabras ni las mismas actitudes no ya en los nacionalistas, sino en el PSOE.

-ETA gana o mata. ¿Comparten esta visión tan pesimista?
-A. B.: En la estrategia actual sólo hay dos posibilidades: ceder en todo o una ETA mucho peor de lo que era antes del «proceso», porque cuando uno decide un día pagar a la mafia, ya sólo te queda pagar todos los meses si no quieres que te maten. El camino elegido por el Gobierno es imposible que traiga la paz y la libertad, porque una vez que aceptas el chantaje, siempre te van a seguir pidiendo más. Ahora es la liberación del etarra De Juana Chaos, pero dentro de unas semanas será otra cosa, vendrá Batasuna, vendrá Navarra...
El problema ya no es siquiera que la política de Zapatero haya supuesto una pérdida de tiempo. El problema es que implica un paso atrás, es tanto como volver a los años 80, cuando se creía que ETA, si se le daba una serie de cosas, podía dejar de matar. Y eso es olvidar que existió Ermua, que hubo una rebelión social y que conseguimos ponerla contra las cuerdas. No es agradable oírlo, ojalá pudiésemos estar hablando del final del terrorismo, pero hoy en día sólo hay dos salidas: o convertirnos todos a la independencia o que vuelvan los muertos de cinco en cinco, como en los ochenta.

-¿En qué puede influir en las elecciones de finales de mayo la situación que atraviesa el «proceso»?
-A. F.: Nunca es bueno, y menos en un año electoral, tener un Gobierno con miedo a los terroristas. La prueba del diez será Batasuna.
-A. B.: Por eso a nosotros nos preocupa el día después de las elecciones, no el hoy, cuando los de Batasuna necesitan presentarse y juegan a disfrazazarse de corderos. El problema será cuando los tengamos sentados otra vez al lado, controlándonos, en los Ayuntamientos.

-¿Les da miedo la etiqueta de «extrema derecha» que les intenta colgar el PSOE por defender determinadas posiciones políticas?
-A. F.: Hace ya una década del vídeo del doberman y parece que el PSOE sigue empeñado en la misma estrategia, la de difamar al contrario para ocultar sus errores y sus propias responsabilidades. Ahora hablan de extrema derecha o de derecha extrema, antes se inventaron lo de herederos sociológicos del franquismo... Mientras defendamos una posición política honesta, basada en una defensa nítida de principios como la libertad o la firmeza ante el terrorismo, no debemos dejarnos intimidar por las mentiras de los socialistas.
A. B.: Están extremadamente nerviosos porque, por ejemplo con el caso de la política antiterrorista, se están dando cuenta de que no sólo el PP, sino la sociedad española en su conjunto no está dispuesta a someterse a ETA a cambio de una falsa paz. Hablan de extrema derecha cuando ellos, en su radicalización, han llegado hasta a copiar algunos de los términos en los que se manifiestan los terroristas. Lo que nosotros tenemos que tener claro, sobre todo en Madrid, es que no debemos picar en ese tipo de anzuelos y dedicarnos, únicamente, a trabajar por España.

-El debate, al menos en Madrid, parece que a veces gira sobre si hacer más o menos oposición puede alejarles del centro.
-A. B.: Ya he dicho que sería un error que dirigentes del PP a nivel nacional cayesen en una estrategia y en unos complejos que sólo servirían para ayudar a la victoria del socialismo. Ni Pepiño Blanco ni los medios de comunicación más próximos al PSOE van a aconsejarnos nunca nada que nos venga bien.
Yo soy un liberal, siempre lo he sido como buen bilbaíno, y a mí no me preocupa el extremismo del PP porque no existe. Sí me preocupa que porque algún imbécil intente colgarnos falsas etiquetas, alguien en mi partido se lo crea. A veces noto, no lo digo ya sólo por el PP, sino también por sectores mediáticos próximos a nosotros, que se entra en los juegos del PSOE para debilitarnos. A ver si alguien es capaz de decirme una propuesta que haya presentado el PP en el Congreso o en el foro que sea y que pueda ser tachada de política radical o extremista. No hay ninguna. Así que no confundamos las cosas: el problema de España no es la extrema derecha, sino la estupidez extrema que hay en el Gobierno.
-A. F.: Al PP, además, no debe preocuparle estar solo con sus siglas, pese a esa otra campaña sobre nuestra supuesta soledad que patrocinan los socialistas. No debe preocuparnos porque no estamos solos, sino que tenemos detrás a millones de españoles que justifican que perseveremos en nuestro proyecto político.

- ¿Pero, según ustedes, qué es el centro?
-A. B.: Sobre eso hay mucho marketing electoral. En mi opinión, la posición correcta de un partido es el liberalismo, entendido no en un estricto sentido económico sino como una forma de hacer política basada en la defensa de tus principios, pero siendo capaz de escuchar las razones del contrario.
-A. F.: Yo creo que el centro lo representan ese conjunto de ciudadanos que están dispuestos a cambiar su voto o a respaldar a un partido en base a una oferta programática concreta. El PP, con su defensa de la libertad y del Estado de Derecho, su firmeza contra el terrorismo y el carácter social de sus propuestas representa perfectamente ese centro que, posiblemente, no viene en los manuales políticos, pero que sí existe en la calle.
-A. B.: Pero ser de centro no significa ser tonto, porque hay gente que equivoca los términos y para hacerse de centro renuncia a principios y políticas fundamentales para España. Hay que ser inteligente y distinguir entre ser una persona moderada y sensata o actuar como un idiota que se traga todo lo que ofrecen los socialistas.
-A. F.: Evidentemente, no se es más centrista sólo por la capacidad de llegar a acuerdos si esos acuerdos no tienen contenido.

-¿Qué riesgos tienen los comicios de primavera?
-A. B.: Que si el PP no consigue un respaldo contundente en el País Vasco, el proceso de negociación con ETA y de cesión se acelere. Por eso hago un llamamiento a que se respalde a mi partido, no sólo porque creemos que lo que planteamos es la mejor política para Bilbao, Vitoria o San Sebastián, sino porque supone que la negociación con ETA no triunfe.

-Como candidatos que se la juegan en mayo, ¿creen que Rajoy debería reforzar su alternativa con un cambio de equipo?
-A. F.: Rajoy es el mejor presidente de un partido que no es monolítico, en el que no sobra nadie y en el que deben integrarse todas las sensibilidades. No debemos asumir, eso sí, la estrategia del adversario de etiquetar a algunos de nuestros dirigentes para debilitarnos.

-¿Como a Acebes y Zaplana? Pero también lo hacen algunos compañeros suyos. ¿La ambición personal es un problema interno en esta etapa ya preelectoral?
-A. B.: El mejor regalo que podríamos hacer al PSOE es abrir una pugna de liderazgos sobre si falta o sobra alguien, sobre si somos duros o blandos, o sobre si hacemos caso a un medio de comunicación o a otro. Lo que hace falta es que todos nos dediquemos a conseguir la sustitución democrática del PSOE porque eso es lo que conviene al interés general. El problema de España no es Acebes ni Zaplana, sino que gobierna un partido que se ha vendido al nacionalismo más radical.

-¿Las elecciones de mayo serán una primera vuelta de las generales?
-A. F.: Son unas elecciones municipales y autonómicas, pero está demostrado que cuando nos van bien, también nos van bien las generales.
-A. B.: Deben servir para apuntar el cambio. Yo las comparo con las del 91 y las del 95, cuando antes de llegar el PP al Palacio de La Moncloa, empezamos a gobernar en las principales ciudades.

Dos «hijos» de la política de los «principios»
Los dos candidatos están baqueteados en enfrentarse al nacionalismo con el arma de los principios que ya desenfundó José María Aznar. Uno en Bilbao, el otro en Barcelona, son veteranos en la pelea de la oposición consistorial y, una vez más, volverán a competir por el bastón municipal en estas elecciones de finales de mayo. Alberto Fernández mide más los términos; Antonio Basagoiti prefiere dejar al compañero que hable, que lleve la iniciativa, si quiere, pero cuando pilla turno se expresa con desenfado, sin esas prevenciones tan del gusto de la política más de salón. Los dos, en cualquier caso, representan una forma de hacer política que no quieren que se califique de «resistencia», pero que sí que es cierto que se desarrolla en un clima poco fácil. También comparten la desagradable experiencia de saberse en la diana de la banda terrorista ETA y una visión de una España amenazada por una pelea del PSOE con los nacionalistas para ver, dicen, quién llega antes a la cima del monte. No son de los que frecuentan los cenáculos madrileños, aún a costa de quedarse fuera de las intrigas y de los repartos de componendas.

Educación
Isabel Celaá: «No vamos a permitir que se expulse la lengua castellana de las aulas»
La parlamentaria del PSE censura que sólo los euskaldunes tendrán derecho a estudiar en su lengua materna
MARTA FDEZ. VALLEJO/BILBAO El Correo 12 Marzo 2007

Los socialistas vascos creen que Educación se ha reservado la pieza clave del rompecabezas al presentar la reforma de los modelos lingüísticos. «El Departamento debe detallar cuáles van a ser los mínimos del horario lectivo que se dedicará a cada lengua en la escuela. Tienen que enseñar esas cartas antes de empezar a hablar. No vamos a hacer un pacto a ciegas», advierte la parlamentaria Isabel Celaá. De los objetivos generales que marca el nuevo sistema educativo, Celaá rechaza que se sitúe «tan alto» el nivel de euskera y se convierta a la lengua vasca en mayoritaria para impartir asignaturas. «No vamos a aceptar que se expulse el castellano de las aulas», afirma.

-El proyecto reclama que todos los alumnos alcancen un nivel de conocimientos B2, cercano al certificado de inglés 'First'.
-Es un objetivo nada realista pretender implantar esa prueba con carácter general. Las últimas evaluaciones al sistema educativo vasco demostraron que sólo un tercio de los alumnos del modelo B -bilingüe- y dos tercios del D -enseñanza íntegra en euskera- alcanzaron ese listón. ¿Cómo vamos a extender un nivel de semejante altura? ¿Cómo vamos a tratar de generalizar lo que ni siquiera es posible para los estudiantes del modelo D?

-El proyecto se apoya en que hay que cumplir las leyes que exigen igual capacitación para los estudiantes en ambas lenguas oficiales.
-La ley hay que cumplirla siempre. Pero alcanzar un nivel B2 en euskera no está en la ley. El proyecto nos ha llegado ya muy avanzado. Quizá tendríamos que haber discutido antes por qué hay que poner una prueba de nivel a final de Primaria y Secundaria para las lenguas oficiales y no en otras materias, como Matemáticas o Física. Cuando un niño se examina de una asignatura en euskera o castellano ya está superando la prueba del idioma.

-El consejero le diría que se evalúa para comprobar si alcanzan el objetivo que fija el nuevo marco de enseñanza, con el que se garantiza la igualdad de las dos lenguas.
-Es un objetivo discriminatorio en una doble dirección, porque si la lengua vehicular principal será el euskera sólo los euskaldunes tendrán garantizado el derecho a estudiar en su idioma materno. Y la meta que se propone: superar la prueba B2, es incomparablemente más sencillo para euskaldunes que para castellanohablantes.

Pensar en el alumno
-Una vez puestos a plantear una meta para las lenguas oficiales ¿Cuál sería la justa?
-Quizá habría que pedir un B2 para la lengua materna y un B1 para la que no es la familiar. Pero, en todo caso, no ocurre nada porque haya escolares que acaben la enseñanza obligatoria sabiendo más euskera que otros. Es lógico que los jóvenes de Ataun dominen más el euskera que otros alumnos de áreas castellanoparlantes. No podemos desenfocar la perspectiva y dirigirnos a la lengua y no al alumno.

-El PSE se muestra de acuerdo con la filosofía de la reforma de lograr la competencia en las dos lenguas oficiales y crear un sistema trilingüe, ¿podrían llegar a un acuerdo?.
-Es un asunto serio y grave, y el consejero no ha enseñado todas las cartas. No vamos a darles un cheque en blanco. Tenemos que conocer la pieza completa. No vamos a pactar a ciegas sin saber qué presencia de las tres lenguas va a haber en el sistema educativo. No aceptaremos que se expulse al castellano de las aulas. Apostamos por un sistema trilingüe, con presencia del euskera, castellano e inglés en todas las etapas.

-El Departamento de Educación ya cuenta con el visto bueno de PNV, EA, EB, Aralar y EHAK. Tienen mayoría para aprobar la ley.
-Sin los socialistas vascos no habrá pacto que valga, porque un acuerdo lingüístico sólo entre nacionalistas no aporta valor añadido. No se puede rebajar los consensos obtenidos en torno a la ley de normalización del uso del euskera de 1982, al decreto de modelos de 1983, al pacto escolar de 1992, y a la ley de la Escuela Pública Vasca, de 1993. Para avanzar en materia lingüística es preciso acordar entre diferentes, máxime en una sociedad en la que, como la vasca, el 80% de las personas tiene el castellano como lengua materna.

OPOSICIONES
El gallego, único idioma que no puntúa para ser interventor municipal
El catalán y el vasco son indispensables para optar a funcionario de habilitación nacional
Domingos Sampedro, Santiago, La Voz 12 Marzo 2007

Para ser secretario municipal, interventor o depositario en Cataluña es obligado acreditar un conocimiento notable del catalán. En Baleares y Valencia también puntúa la lengua propia, mientras en el País Vasco es indispensable dominar el euskera. El gallego, en cambio, no computa como mérito en las plazas de habilitación nacional publicadas por Administraciones Públicas para los ayuntamientos.

Los municipios de Azpeitia, Basauri, Durango o Mondragón, todos ellos en el País Vasco, son algunos de lo que sacaron vacantes a concurso para dotarse de secretario o interventor, según una resolución dictada el 18 de mayo del 2006 por el Ministerio de Administraciones Públicas. Para concursar en todos ellos era imprescindible acreditar el dominio del euskera y un conocimiento de las leyes propias, como el Estatuto, el régimen foral o el concierto económico vasco.

La misma resolución del Estado detalla los méritos que se valorarán para las vacantes en Galicia, entre los que figura el conocimiento de la organización territorial, las leyes propias, cursos, publicaciones y experiencia docente, pero nada sobre la conveniencia de saber gallego, lo que facilita que titulados de otras comunidades puedan concursar en Galicia, mientras que los gallegos se topan de entrada con la barrera del idioma en Cataluña, País Vasco, Comunidad Valenciana e Islas Baleares, ya que en las dos últimas la lengua propia también puntúa como un mérito.

El Parlamento gallego abordará esta cuestión en el próximo pleno, con una iniciativa del BNG que pide el apoyo de los grupos para reclamar a la Xunta que la lengua gallega sea un «mérito computable» para las plazas autonómicas con concurso en el territorio estatal. El portavoz de Cultura de los nacionalistas, Xosé Ramón Paz Antón, alude en su iniciativa al artículo de la Lei da Administración Local de Galicia, que detalla que el gallego es la lengua propia de los concellos.

Al margen de lo que dicte el Estado, los concellos gallegos sí disponen de un mecanismo para valorar el conocimiento del gallego en las plazas que convocan, con los denominados «méritos específicos». Pero ni siquiera en el municipio ourensano de Rairiz de Veiga, con alcalde del BNG, puntúa el conocimiento del gallego para acceder a la secretaría municipal. Sí valoran méritos como haber ejercido en un ayuntamiento con taller de empleo. En cambio, concellos como Oleiros, Culleredo y Cambre aprovecharon los méritos específicos para exigir el conocimiento del gallego, que puntúa con un máximo de 1,5 puntos sobre los 7,5 exigibles para presentarse a la convocatoria.

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