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Recortes de Prensa     Viernes 30 Marzo   2007

Proceso de rendición
Electoralismo con ETA
Jorge Vilches Libertad Digital 30 Marzo 2007

La detención de ocho etarras por la Guardia Civil, más otros dos en las carreteras francesas, lleva inevitablemente a una reflexión. ¿Qué hay que negociar con ETA cuando se puede arrestar a los miembros de la banda, y ahogar legalmente a su brazo político? Y no vale el alegato esgrimido por el mundo progre sobre el desamparo de sus votantes, ya que para defender el independentismo, desde la izquierda, ya tienen a Aralar. A lo mejor, es el momento de asumir con madurez la democracia, y atribuir a cada uno su cota de responsabilidad. Porque el que vota o quiere votar a una organización que apoya el asesinato de los que piensan de forma distinta no merece ningún tipo de respeto, y menos democrático.

A pesar de esto, denunciar los términos en los que se está produciendo el "proceso de paz" resulta, para el mundo zapaterista, nada más que "electoralismo". Esta acusación desvela una hipocresía progre sobre su concepto de la política y de la democracia, ¿o es que los partidos no deben responder y canalizar legalmente los intereses e inquietudes de la sociedad? Si cumplen con su cometido, con su deber, los ciudadanos les corresponderán con su confianza, que en democracia se traduce en el voto.

Claro que esa acusación de electoralismo esconde otro de los elementos propios de la izquierda visionaria. Para ésta, el pueblo, la clase obrera, el proletariado, la masa, está alienada o es alienable. ¿Por quién? Por la derecha. Porque el ciudadano español del siglo XXI, correctamente informado y dirigido por la progresía, sería, qué duda cabe, un perfecto izquierdista. La derecha perturba, hace crujir la convivencia, y abusa de la ingenuidad del pueblo español (perdón, de la ciudadanía, quería decir).

Los españoles, por tanto, no debemos saber nada del "proceso de paz". Silencio y discreción siguen pidiendo para negociar con ETA-Batasuna la autodeterminación, Navarra y los presos. Y presentan las críticas y las protestas, o las dudas cuando se hacen públicamente, como "estrategias peligrosísimas para la convivencia y las instituciones". Porque estos que defienden la libertad de expresión cuando se rompe con PRISA, erupcionan si se pide ese mismo derecho en lo que se refiere a las conversaciones con los etarras.

Pero los españoles tampoco debemos discernir con exactitud las razones para votar, y somos presa fácil del electoralismo ladino del PP. Pero es que se trata de la izquierda que se cree portadora de una moral, legitimidad, cultura y humanidad superiores y, por tanto, con la obligación histórica de tutelarnos. Y entramos en el apartado de las contradicciones. ¿Cómo sostener la debilidad de la opinión pública ante "el electoralismo del PP" y ensoñar con la "democracia participativa"?

En esto, la izquierda tutora todavía tiene el descaro de equiparar a la derecha liberal con los batasunos, o la crítica con la patada en los genitales. Esos mismos que, insuflados por el espíritu de Mayo del 68, abanderaban la necesidad de una conciencia crítica, alerta frente a los engaños del poder (siempre capitalista, y siempre de derechas), hoy abogan por la autocensura y el relativismo. Claro, es mucho mejor dedicarle minutos y páginas a los ochenta céntimos del café de Zapatero.

El país de las patadas en los huevos: esto se pone irrespirable
José Javier Esparza elsemanaldigital 30 Marzo 2007

Los de Ibarretxe patean los testículos del Foro de Ermua. Polanco declara la "yihad". Batasuna y Esquerra se frotan las manos. El 11-M hiede. El Rey, invocado y ausente. España en niebla.

30 de marzo de 2007. Hombre, es que a quién se le ocurre gritar Viva la libertad en un patio lleno de militantes del PNV. Cuando uno hace esas cosas, lo menos que puede esperar es una patada en los huevos, como le ha pasado a ese ciudadano del Foro de Ermua. Ermua: nos suena de algo, ¿verdad? Ya está dicho todo. Y es eso, por cierto, lo que convierte esta patada en algo que va mucho más allá de la anécdota.

¿Qué le pasa al PNV? Dos cosas: una, que lleva demasiados años caciqueando, lo cual crea malos hábitos; dos, que ve con temor el protagonismo conquistado por Batasuna, que va a arrebatar a la vieja casa sabiniana el liderazgo del independentismo. Hay un juicio melancólico del pícnico Azaña, ya durante la guerra, que tiene su interés: al ver el paisaje en Cataluña, el alguacil alguacilado constata que los revolucionarios funcionan insurrectos contra la Generalitat, y que la Generalitat funciona insurreccionada contra la República. La situación actual en el País Vasco, gracias a Zapatero y al Fiscal General del Estado, es bastante parecida: las hordas batasunas funcionan insurrectas contra el sistema de poder del PNV, cuya autoridad no reconocen, y el gobierno vasco funciona a su vez insurreccionado contra el Estado, en cuya legitimidad orina cada vez que tiene ocasión. Orina o le patea los huevos, que para el caso es lo mismo. Pero lo importante es que esa patada ha levantado la cortina; tras ella aparecen cosas muy interesantes.

Mientras unos patean con los pies, otros patean con la boca, que es lo que ha hecho Polanco al condenar a las tinieblas exteriores a "la derecha", entre reproches de "franquismo" –Dios, qué cuajo tienen algunos- y amenazas preventivas contra el "revanchismo" del PP. El episodio puede reconstruirse del siguiente modo: el hombre más poderoso de España, forrado con el franquismo y multiplicado con la democracia, elevado por el PSOE y confirmado por el PP; hombre cuyos periódicos tienen una responsabilidad directa en la destrucción de los consensos constitucionales y en la resurrección de la guerra civil, ese hombre viene ahora a declarar la guerra a una "derecha" cuyo delito fundamental es subirse a la ola de las banderas de España. ¿No es un poco extraño todo esto?

Hasta aquí, el fuero. Ahora veamos el huevo, y nunca mejor dicho: el sistema entero ha empezado a temblar. Tiembla porque se le está cuarteando la base, que no es otra que la sumisión del público. Hasta ahora hemos vivido en un sistema extraño: un pacto no escrito que consistía en abandonar Cataluña y el País Vasco a los nacionalistas respectivos, mantener la economía capitalista y entregar la cultura y los medios a la izquierda, todo ello bajo la benevolente mirada de unos partidos que copaban la vida pública. En un momento determinado, eso empezó a cambiar. Cuando se reconstruya el camino, pasado mañana, veremos que el cambio se produjo a raíz del asesinato de Miguel Ángel Blanco, que puso a los nacionalismos frente a la cruda realidad del crimen. El hecho es que desde entonces, poco a poco, el consenso se rompió. La ruta se abre con el editorial de El País contra el pacto constitucionalista, sigue a través de Perpiñán y el Pacto del Tinell, y desemboca en la Polancada testamentaria y la patada en los huevos del espíritu de Ermua. La derecha, expulsada del sistema. Es verdad que, al cruzar una ciénaga demasiado apestosa, parte del país se ha bajado de la caravana y ha empezado a protestar (con las banderas); con eso no contaban. Pero éste ha sido el camino. En algún punto del trayecto hay que colocar el 11-M.

No se hace ningún favor a nadie ocultando lo que media España –y parte de la otra media- tiene en la cabeza, a saber: que esta espesa situación es inseparable de los atentados del 11-M, quizás el crimen fundador de la segunda transición. Cualquier ciudadano que siga el juicio tiene la evidente percepción de que esto huele que apesta. ¿A qué? Nadie podría decirlo exactamente, pero es uno de esos hedores que un siglo después siguen adheridos a las columnas del Estado, preferentemente en su estancias inferiores. No seamos ingenuos: en el Eliseo todavía huele el cadáver del Príncipe De Broglie, por poner un ejemplo distinto y distante. Estas cosas pasan y todos lo sabemos, aunque nunca lleguemos a conocer el detalle exacto de los hechos. El caso es que los atentados del 11-M son, en este momento, como la cima de una colina que descuella sobre un paisaje envuelto en nieblas –el paisaje es España.

Las nieblas tienen la particularidad de hacer que el caminante extravíe la ruta. Los únicos puntos de referencia que te quedan son los que ya conocías antes de que la neblina lo invadiera todo. ¿Cuáles? Perpiñán, el Tinell, la "tregua", todo eso. Lo difícil es conectar esos puntos con un trazo que haga el camino reconocible. En la niebla no se ve nada. Ni siquiera sirven de gran cosa los bocinazos; ayudan, eso sí, a saber que todavía queda alguien por los alrededores. Aplíquese el tropo al bocinazo que Sabino Fernández Campo y, vicariamente, Jiménez de Parga acaban de lanzar en dirección al Rey. En cuanto a éste, "ni está ni se le espera", por utilizar una expresión que hizo fortuna años atrás.

¿Luces en la niebla? No hay. En la actual situación de España, tan posible es un recrudecimiento del sectarismo gubernamental –y entonces se pasará a mayores, quizás a través de la policía- como un crecimiento exponencial de la disidencia –pero eso sólo estallará en las urnas. La opción más probable, con todo, no es ninguna de esas dos, sino esta otra: una multiplicación de la indiferencia ciudadana, en la línea de lo que hemos visto en los referendos catalán y andaluz.

La indiferencia es el arma de las masas en la era posmoderna, como sabemos desde Baudrillard. Hoy la gente ya no coge el fusil, como hacía antaño para sublevarse, sino que ahora su sublevación consiste en no coger el fusil que los poderosos nos tienden. Crecen así sistemas políticos vacíos, democracias sin demos, alimentadas tanto por la demente irresponsabilidad de unas elites indignas como por el propio egoísmo de los individuos, dispuestos a abrirle a Atila las puertas de la ciudad con tal de que no les toquen la pensión. Entre el hastío y el canguelo, la imagen de la verdadera crisis en el mundo actual no es la de las masas en la calle, sino la de las calles vacías. Es entonces cuando algunas minorías especialmente conscientes podrán intentar reconstruir, desde abajo, la democracia que se ha deshecho desde arriba.

Eso es lo que debería preocupar al poder, y no las banderas de España. Pero el poder vive hoy tan encerrado en sí mismo que ya no ve España; sólo se asusta por las banderas. Mientras tanto, bajo la niebla irrespirable, los matones de los caciques seguirán dando patadas en los huevos.

ETA manda en la política
Pablo Sebastián Estrella Digital 30 Marzo 2007

No es de extrañar que el presidente Zapatero estuviera, el pasado martes, tenso y a la defensiva en el programa de TVE que le enfrentó a las preguntas de 100 ciudadanos, a los que no supo contestar porque acudió al programa como si fuera a un debate con Rajoy. Y también se le nota en la cara —ha perdido la sonrisa—, porque está inmerso, por voluntad propia, en un callejón sin salida en el que su presente y futuro está en manos de ETA y de los nacionalismos minoritarios, a los que ha dado unas alas que ahora no controla. Se acaba de comprobar en el Parlamento catalán, donde sus socios de ERC y CiU han presentado sendas mociones sobre el derecho de autodeterminación y la independencia de Cataluña, en línea con lo que dicen ETA, Batasuna y el PNV.

Son muchos los españoles —dirigentes, votantes y militantes del PSOE, entre ellos— que se preguntan cómo hemos podido llegar a esta situación en la que ETA no sólo mantiene su amenaza sobre la vida y la hacienda de muchos ciudadanos, sino que además y, por primera vez en mucho tiempo, tiene capacidad ilimitada para influir de una manera determinante en la vida política española. Y aquí incluidas las elecciones municipales y generales de nuestro país si, por ejemplo, decidiera llevar a cabo un nuevo atentado terrorista como el de Barajas del pasado mes de diciembre antes de los comicios locales y autonómicos de mayo, o de los generales de marzo del 2008. De ahí que el Gobierno esté prácticamente implorando a Batasuna y ETA que hagan un gesto en su favor para derrotar electoralmente al PP.

Esto nunca había ocurrido en España, desde el inicio de la transición, porque existía, contra el terrorismo, un gran consenso nacional del PSOE y del PP que fue destrozado por el presidente Zapatero, al empeñarse en acudir a las negociaciones con ETA de la mano de los partidos nacionalistas minoritarios, al margen de las víctimas del terrorismo etarra y del Partido Popular. Uniendo, además, a todo ello una temeraria reforma de los Estatutos de Autonomía hacia un incierto modelo confederal del Estado, que todavía está pendiente de las decisiones del Tribunal Constitucional. Y todo con el objetivo a aislar al PP, pasar a la Historia como “Zapatero el pacificador” —¡quiere el Nobel de la Paz!— y mantenerse en el poder por mucho tiempo con la ayuda de los nacionalistas. Una vulgar ambición personal por encima de los intereses de España.

Pero el presidente ha contraído una enfermedad como consecuencia de su propia medicina: la debilidad obsequiosa ante ETA y el nacionalismo. De la misma manera que, y no contaba con ello, se ha topado con los tribunales ordinarios, que se han convertido en un permanente obstáculo para la pretensión de Zapatero de lograr la paz con ETA como sea y pagando un precio político a la banda terrorista. Precio sobre el que el Gobierno y el PSOE ya han adelantado unos pagos fraccionados: el encuentro del PSE con Batasuna; al aceptar una mesa de partidos, con Batasuna incluida, para debatir el futuro Estatuto del País Vasco al margen de las instituciones; excarcelando al etarra De Juana; e impidiendo que Otegi sea juzgado gracias a las ayudas premeditadas del fiscal general del Estado.

Zapatero se ha equivocado y le ha entregado a ETA —a pesar de que han conseguido, por fin, desarticular uno de sus comandos— un inmenso poder político porque sabe que si la banda terrorista decidiera volver a matar antes de las citas electorales en curso una mayoría de ciudadanos acabaría votando al PP, por más que les repugnen sus teorías sobre la conspiración del 11M, su silencio sobre la guerra de Iraq y la agresividad radical y ultraconservadora de dirigentes como Aznar, Zaplana, Acebes y Aguirre, que están a favor de la permanente crispación y confrontación política.

Al presidente, en realidad, sólo le queda como aliado objetivo la bonanza económica, y ésta tampoco depende de él sino de la coyuntura, y como dicen los analistas españoles y extranjeros, esa coyuntura, en el caso español, pende del negocio de la construcción que, por supuesto, tiene un límite y techo que parece ya próximo. De manera que todas las conquistas sociales de su Gobierno —leyes de igualdad, dependencia y discapacitados, etc.— no son, ni van a ser, determinantes en la vida política española y menos aún en los procesos electorales que ya están a la vista, y donde ETA tiene la sartén por el mango o la pistola asida por la culata, y con una capacidad de matar y de alterar el mapa político español que no había tenido nunca desde que se creó la banda, ni en el franquismo ni en la transición.

Y si esto es grave, peor aún es que el Gobierno, el PSOE y sus medios afines, que saben que esto es cierto, se pasen el día intentando culpar al PP de sus propios errores por no apoyar una política democráticamente tan indecente y legalmente tan inaceptable que ni siquiera puede llamarse antiterrorista, porque lo que hace el Gobierno es otra cosa. Una política pactista con ETA y además sobre la base de unas expectativas que han resultado ser falsas, como se pudo comprobar el 30 de diciembre en Barajas. Lo que significa que, a los errores cometidos por Zapatero, se les añade una dosis importante de incapacidad a la hora de gestionar tan complicado proceso. Ya demostraron todas esas carencias —en las que, por supuesto, se incluye un desprecio a la nación española y también al interés y sentimiento general de los ciudadanos— con el Estatuto de Cataluña. Y ahora han dado prueba de ello en la negociación con ETA, que ha convertido a la banda terrorista en un factor decisivo de la vida nacional.

Los 80 céntimos
Un café con subvención
Matías Jove Libertad Digital 30 Marzo 2007

Zapatero se gustó. Los "improvisados" entrevistadores asentían ante el canto de su legendaria verborrea y ya, sólo quedaba ponerle la guinda al pastel para ser merecedor de la admiración de propios y extraños: el presidente improvisando.

No le salió. Decir que un café cuesta 80 céntimos es un error monumental pero, si uno lo mira con buenos ojos, no tiene nada de particular que Zapatero no conozca el precio del popular agua manchada con unos granos de semilla tostada.

Lo que realmente nos debería preocupar es su reacción. Su rápida respuesta convocando a casi medio centenar de periodistas en el Congreso, invitarles a un café por 70 céntimos y el aplauso de los medios de comunicación es alarmante. ¿Por qué cuesta menos un café en el Congreso de los Diputados? ¿Por qué los españoles tenemos que subvencionarle el café a nuestros representantes?

El hecho de que un café cueste menos en el Congreso de los Diputados que en la calle debería ser de por sí un tema de escándalo y demuestra que, una vez más, la sociedad civil española no es consciente de que estamos metidos en un espiral de subvenciones que nos ha llevado a ver como normal una barbaridad como estar subvencionando los cafés a nuestros representantes. Hay quienes necesitan una importante dosis de cafeína para agudizar su ingenio pero de ahí, a justificar una subvención para quienes tienen una retribución que oscila entre los 3.000 euros a los 13.000 euros mensuales, se me antoja exagerado.

Muy probablemente el gobierno está utilizando el café para no hablar de otros temas, pero la repercusión que está tomando la anécdota del café se puede convertir en una oportunidad para el líder de la oposición. Rajoy, que también responderá a las preguntas de los ciudadanos en unos días, puede ir al programa y comenzar a hablar claro.

¿Por qué no contarle a los españoles que, además del café de los diputados, estamos sufragando la expansión de unos nacionalismos construidos y financiados con el dinero de todos los españoles creando unas redes de dependencia muy difíciles de romper? El líder de la oposición podría contarle a los españoles que, además del café, los españoles seguimos sufragando una televisión pública que, en aras del derecho a la información, se ha convertido en un grosero homenaje a la manipulación; podía contar que, además del café, los españoles estamos pagando la producción de un cine que es utilizado para hacer y conservar amigos que propaguen las ideas de quien les amamanta.

En definitiva, Rajoy tiene una oportunidad inmejorable para, además de hacer promesas, explicar que las pagaremos todos los españoles. Como los cafés de ZP.

Los veinticinco años que han durado ¡nueve meses!
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 30 Marzo 2007

LA DIFERENCIA entre que enreden con la autodeterminación los dirigentes de ERC y lo hagan los de CiU viene a ser comparable a la que existe entre ver representada La corte del faraón y El rey Lear. Es decir, a la que todos podemos apreciar entre un vodevil y una tragedia.

De hecho, es fácil imaginar a Carod y al tal Vendrell cantando a dúo aquello de «¡Ay, Ba!... ¡Ay, Ba!... Ay, Babilonio que marea», pero no recitando, como Lear, «¿Nadie conmigo? ¿Sólo? Razón hay para hacer de sal a un hombre, y usar sus ojos como regaderas de jardín, y abatir el polvo del otoño».

Por lo mismo, si las bravuconadas de los dirigentes de ERC sobre hacer a Artur Mas presidente de la Generalitat en el caso de que su partido se apuntase a un referendo sobre la autodeterminación, como quien se apunta a un picnic, corresponden al genero circense de las payasadas, la propuesta presentada ayer por CiU en el Parlamento catalán a favor de la autodeterminación de Cataluña entra dentro de otro negociado y debe ser tomada muy en serio.

Es cierto, por supuesto, que lo de ERC pone a José Montilla en un ridículo espantoso, que es mayor, si cabe, porque el jefe del Ejecutivo catalán no puede, para su desgracia, hacer lo único que restauraría la dignidad de un presidente al que ERC ha dejado al pie de los caballos: expulsar de inmediato del Gobierno a un socio tan frívolo como desleal e irresponsable. Pero, más allá de las consecuencias políticas internas para un nuevo tripartito en el que el PSC no podrá volver a fiarse de ERC, la propuesta delirante de los republicanos no le quita el sueño a nadie. La de CiU podría quitárnoslo a todos si Mas y su partido se empeñasen en insistir en tocar la misma tecla.

Frente a ello, es un consuelo sólo para tontos el argüido por el portavoz del PSC. Las propuestas de CiU y de ERC -se nos dice con aire de falsa tranquilidad desde las filas socialistas- tienen un inconfundible aroma electoral y sólo se explican por la cercanía de las municipales. El argumento es pintoresco, pues lo que habría que explicar es justamente por qué el olor a elecciones excita el celo independentista de algunos partidos catalanes.

¿Alguien se imagina que cada vez que se convocan comicios en Estados Unidos se pidiera la independencia de Nebraska, o cada vez que los hay en Alemania se exigiera la autodeterminación de Baden-Wurtemberg?

Menos mal que con su ya legendario optimismo antropológico el presidente Zapatero nos anunció en su día que la aprobación del nuevo Estatut había dejado solucionado, ¡para los próximos veinticinco años!, el problema territorial de Cataluña. ¡Qué ojo clínico!

Se busca un Zack Snyder (o 300) para detener a Zapatero
Pascual Tamburri elsemanaldigital 30 Marzo 2007

Vivimos tiempos crispados, en los que nuestra vida en común corre peligro. ETA es sólo un enemigo menor de la nación, pero el sectarismo gubernamental es más dañino que el peor enemigo armado. Sin embargo hay fundadas esperanzas de que surja en el pueblo una respuesta a la descomposición, siempre que no confundamos las formas modernas de la resistencia con una simple indiferencia.

La película de Zack Snyder sobre la batalla de las Termópilas es, en mi opinión, el mayor acontecimiento cultural en lo que llevamos de año. Llevar a la pantalla el hecho histórico de aquella batalla, atreverse a hacerlo con el lenguaje visual moderno de Frank Miller y tener éxito es ya algo excepcional. Pero además en el trasfondo hay una implicación actual de la máxima importancia.

Uno. Los hechos. En agosto de 480 a.C. un mínimo ejército griego, encabezado por el rey de Esparta Leónidas I y trescientos de sus hoplitas, detuvo en el paso de las Termópilas al inmenso ejército del rey de Persia Jerjes I. Contra toda esperanza resistieron. Rodeados por la traición y abrumados por el número de sus oponentes, sólo los espartanos y algunos de sus aliados resistieron hasta el final. Murieron hasta el último hombre, pero hicieron fracasar la ofensiva asiática. Sin el sacrificio ejemplar de los lacedemonios la historia helénica se habría visto truncada y la cultura europea habría muerto en su cuna. Lo que se decidió en las Termópilas es lo que hemos vivido en los 2500 años posteriores.

Dos. Cómo lo contamos. Los hechos ocurrieron así; pero ¿cómo explicarlos a la actual generación y, más aún, cómo hacerlos vivos y operativos? De modo voluntarista podríamos obstinarnos en la pedagogía tradicional, en la memorización de versos hexámetros o en la traducción erudita de Heródoto de Halicarnaso. Ya. Y siempre sería verdad el contenido, qué duda cabe. Pero si se trata de llevar la verdad a la mayoría, y especialmente a la parte más joven de nuestro pueblo, la novela gráfica (cómic) de Miller, y su magnifica versión cinematográfica, exalta y extrema la acción y los personajes. No debemos ver en esto una degradación del mensaje, sino al contrario, una explicación humana de las realidades permanentes de aquella hazaña. Desdeñar las formas vivas con suficiencia intelectual es tanto como condenar a muerte nuestra cultura.

Tres. España y Occidente, 2007. Todo lo que fue posible gracias a la derrota heroica de los 300 está hoy en peligro. La jerarquía y disciplina de razón, voluntad y sentimiento. La libertad. La comunidad. La democracia. La supremacía de la verdad objetiva sobre el fanatismo. Todo eso, que es Europa, peligra. Y peligra más en España, donde una conjunción de factores hace que los bárbaros avancen libremente por el corazón del país. Hace falta una resistencia, por una parte ejemplar –es decir, provista de lecciones útiles- y por otro lado eficaz –capaz primero de retrasar y después de debelar el ejército enemigo-.

Cuatro. Qué hacer. Podemos huir de la realidad y refugiarnos en el pasado, tanto en lo que efectivamente fue como en cualquier ensoñación falaz. Podemos rebatir los avances de los enemigos de la libertad con formas a nuestro gusto y conveniencia, y podemos hasta autoconvencernos de que es eso lo que hay que hacer. Pero con eso la realidad no cambiará: el proceso de descomposición social y nacional que preside Zapatero será, incluso, ayudado por la ausencia de quienes conocen la naturaleza del problema y recuerdan la esencia de las respuestas dadas en la historia. No basta conocer la verdad: hacen falta un Zack Snyder y un Frank Miller que lo cuenten a los pacíficos hoplitas de hoy, "porque no todo empeora, y ahora toca construir, dejando atrás las ruinas y quienes se aferren a ellas. Toca superar, y no negar evidencias, porque estamos más que sobrados de miedos y de ignorancia".

Lexatin para la democracia
Alfonso Basallo Periodista Digital 30 Marzo 2007

NO es normal que una escritora diga que, cada mañana, fusilaría a tres o cuatro voces de la derecha española.

No es normal que militantes del PNV (no de Batasuna) agredan a miembros del Foro de Ermua al grito de “que os pongan una bomba” e “hijos de puta, iros de España”.

No es normal que el editor más importante del país (el Murdoch ibérico) desentierre las herrumbrosas lanzas del cainismo y acuse al primer partido de la oposición de “franquista” y de buscar la guerra civil. Tampoco es normal que un partido se vea obligado a no acudir a la casa donde le insultan.

Ni que haya medios de comunicación -como los que integramos el Grupo Intereconomía- que desde hace años vienen sufriendo el boicot (informativo y publicitario) del Gobierno de Zapatero, siguiendo consignas muy concretas de Pepiño Blanco, quien ha forzado la deserción de colaboradores de Intereconomía que eran militantes y dirigentes socialistas.

Enrarece una democracia hasta extremos tercermundistas esta mordaza contra el derecho de la información y contra la crítica legítima al poder.

Tampoco es muy normal que digamos la prisa con la que el grupo del mismo nombre se rasga las vestiduras por la reacción del PP. Tiene gracia que se pongan ahora tan dignos quienes siempre han estado a la sombra del poder: desde la noche de los tiempos predemocráticos hasta el siglo XXI. Presumen de independientes pero han ido medrando en el regazo de los que mandan: en el franquismo (uno), en la Transición (dos), en el felipismo y el aznarismo (tres), y en el zapaterismo (Cuatro).

Tanto ellos como los socialistas han coincidido en jugar al “tapar la calle, que no pase nadie” (versión política), copando el centro y expeliendo extramuros del sistema a sus rivales. Ellos son la moderación, los demás son el extremismo. Con una mano reclaman el consenso y el sentido común, pero con la otra atizan la hoguera de la crispación.

¿Quién, sino Zapatero, está mentando todo el santo día la Guerra Civil? ¿Quién, sino Polanco, desentierra el franquismo? ¿Quién acaba de echar más madera al decir que estamos en “un debate prebélico” sino González, cruce de destinos y algo más que destinos entre Prisa y PSOE?

Puede que este irresponsable juego les resulte rentable, pero resulta desleal y peligroso. El nerviosismo generado en la cocina del imperio de papel no les autoriza a sembrar la cizaña ni a deslizar la corrosiva duda de que un cambio en las urnas puede significar un cambio de régimen.

El principal activo de la Transición fue la normalidad. Un oasis de Lexatin político después de dos siglos de infarto. Desde el 2 de mayo al 20-N, pasando por el 18 de julio, guerras civiles, golpes y desastres varios.

Normalidad es que se puedan defender todas las ideas, que no importe quién esté en el poder, sea del signo que sea.

Normalidad es alternancia de los partidos, descongelación de Montesquieu, aplicación de la ley sin incurrir en el relativismo político (¡el contexto, estúpidos!), cintura para conciliar el consenso con los principios y valores, y libertad de los medios de comunicación para ejercer de contrapesos del poder, sin mordazas ni apagones.

Normalidad es que cuando alguien llame a tu casa a las seis de la mañana, sea el lechero y no el jovencito Frankenstein armado de pico y pala para desenterrar cadáveres de hace 70 años.

Nos ha costado mucho conquistar el valor más preciado de la política (y de la vida): la libertad. Jugar con ella es suicida. Lo dijo Thomas Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos: “El precio de la libertad es la eterna vigilancia”.

Tormenta sobre el falso oasis
Editorial ABC 30

PARECÍA difícil empeorar la legislatura del primer tripartito, pero la clase política catalana está dispuesta a intentarlo, a juzgar por los episodios absurdos de los últimos días. En rigor, la noticia no es el rechazo a las proposiciones sobre autodeterminación presentadas por ERC, sino el mero hecho de su planteamiento. El desbarajuste sobre el modelo territorial que ha creado Rodríguez Zapatero es el caldo de cultivo para este tipo de propuestas, insensatas y contrarias no sólo a la Constitución y a la opinión pública, sino también al más elemental sentido común. El segundo tripartito empezó con aparentes mejores maneras que su antecesor y con la promesa de dar prioridad a la política social sobre las disparatadas cuestiones identitarias. Sin embargo, los buenos propósitos han durado poco tiempo. La distancia creciente que separa a los políticos de las preocupaciones reales de los ciudadanos catalanes quedó reflejada en la mínima participación en el referéndum estatutario, consecuencia lógica de una etapa marcada por El Carmelo y el «tres por ciento». Otra vez el imaginario oasis catalán se ha convertido en un patio de vecinos mal avenidos, donde todos riñen contra todos y ofrecen un espectáculo impropio de una sociedad moderna y desarrollada.

La tormenta está ya desatada. José Montilla es incapaz de afrontar la insumisión de sus socios y el incumplimiento flagrante del protocolo suscrito con ellos. ERC es un partido antisistema respecto de la forma de Estado y de gobierno, incapaz de actuar como una formación política rigurosa: las banderías internas han convertido a Carod Rovira en un «moderado» que defiende como puede su cuota de poder frente a las exigencias de los «radicales». En cuanto a CiU, Artur Mas ha vuelto a dar la medida de su escasa dimensión política: seducido por el señuelo que le tendió Esquerra, ha desempeñado otra vez el papel de un nacionalista de corto alcance. Sus bandazos a la hora de enfocar un asunto que debería tener muy claro han llevado a la coalición que dirige a votar a favor de un referéndum de autodeterminación. Día tras día, Mas demuestra su incapacidad para presentar una alternativa coherente en Cataluña y para desempeñar un papel destacado en el conjunto de la política española, a pesar del contexto favorable. El caso es que el Gobierno autonómico está en crisis y que no se trata de un episodio aislado, sino del síntoma de una enfermedad grave. Todo apunta a que estamos de nuevo ante una legislatura perdida. En la etapa de Maragall la excusa era la elaboración del nuevo estatuto, pero ahora vale el mismo pretexto en forma de presión intolerable hacia el TC para anticipar las consecuencias de una eventual declaración de inconstitucionalidad. La actuación de la Generalitat respecto de la recusación de magistrados es una prueba del chantaje irresponsable que parecen dispuestos a practicar sus responsables.

Para reconducir la situación, Montilla tendría que decir muy alto y muy claro que -como no puede ser de otro modo- el Ejecutivo autonómico respetará y cumplirá íntegramente la sentencia que dicte en su día el intérprete supremo de la Constitución. Presionar al árbitro en una cuestión tan delicada es inaceptable en términos políticos, y refleja una sorprendente deslealtad hacia el sistema constitucional. De ahí que cunda el desánimo entre los sectores moderados y sensatos de la política y la sociedad catalana: después de unos pocos meses, el tripartito está ya amortizado y depende de maniobras partidistas que no anticipan nada bueno. Todo es posible cuando los protagonistas de la tragicomedia son un presidente sin autoridad, un partido radical que funciona en régimen asambleario y una coalición incapaz de superar el síndrome de la pérdida de poder. Zapatero debería sacar alguna conclusión de las consecuencias que acarrea actuar como un aprendiz de brujo. Después de proclamar que la nueva organización territorial era la panacea de todos los supuestos males, ahora resulta que el edificio no se tiene en pie. Así están las cosas, en espera de que el TC cumpla su función en defensa objetiva de la Constitución, sin dejarse influir por las maniobras ilegales e ilegítimas que algunos han puesto en marcha, en particular por esa intolerable amenaza de reclamar el derecho de autodeterminación si no les gusta la sentencia.

¿Se puede gobernar con gente así?
Por CARLOS HERRERA ABC 30

MONTILLA quiere dedicar su tiempo político al frente de la Generalitat a gestionar las cosas y hacer poco ruido, lo cual es una apuesta sensata y digna de agradecimiento. Pero no toda la felicidad es posible teniendo al lado a cuatro tipos desleales, pelmas y políticamente indeseables disfrazados de antisistema y encantados de haber visto el horizonte de independencia a las pocas horas de haberse dado un atracón de «calçots». La última proeza de los chicos asamblearios de ERC ha consistido en desestabilizar el Gobierno del que ellos forman parte mediante la oferta formal de coalición al partido que ocupa la acera de enfrente, cosa inusitada en la política europea y que si se produjese en cualquier sociedad políticamente normal provocaría una crisis sin precedentes. Aquí, afortunadamente, nadie les ha tomado en serio. Montilla, el impávido vladimir de la política española, ha suspirado melancólicamente y ha vuelto la mirada a los papeles que tenía en ese momento encima de la mesa. Los nenes han vuelto al redil no sin antes dejar un poco más estropeado el perfil de los políticos catalanes. ¿En qué ha quedado todo, pues? En que el Gobierno catalán es un edificio algo resquebrajado y en que ese tipo de rajas nunca se sabe cuándo se acaban de abrir y se llevan por delante la consistencia de la obra. Todo por ganar posiciones de cara a las elecciones municipales.

Si ERC quería explicitar severamente sus posiciones independentistas de cara a ampliar su electorado no necesitaba poner boca abajo un gobierno con pocos meses de vida que sustituye a otro gobierno al que también lanceó en dos ocasiones. Sin embargo, les puede el ruido, la necesidad de recordar que son lo que son y que vienen de lo que vienen. Dicen que les importa la proyección de la Cataluña moderna y no tienen reparo en ensuciar el ambiente político de su comunidad, en insultar a los ciudadanos alterando su tranquilidad. Dicen que trabajan por el futuro independiente de Cataluña y con una sola de sus iniciativas logran concitar toda la antipatía de los sectores bizcochables. Dicen que gobernar para los ciudadanos es lo primero y olvidan a las primeras de cambio los problemas cotidianos de los catalanes para someterles a una tensión permanente e innecesaria. ¿Cómo se puede gobernar con gente así?

La independencia de Cataluña es un nirvana absurdo en el que no creen ni sus propios propagandistas. Confeccionaron un estatuto innecesario en el que todos adoptaron las posturas políticamente correctas y se llevaron el revolcón de una ciudadanía que les dio la espalda en un referéndum al que acudieron a votar menos de la mitad de los catalanes. Tan preocupados no estarían. Los mismos que ahora esgrimen ese estatuto como joya intocable del imaginario catalán votaron que «no» en el Parlamento y pidieron el voto negativo al electorado. Ahora, sin embargo, entienden como una cuestión de honor histórico que no les toquen ni una línea. Qué disparate.

Por si fuera poco, a las primeras de cambio, consideran las elecciones municipales venideras como una suerte de refrendo histórico sobre algo tan trascendental como la independencia de un territorio y plantean la sustitución de un gobierno por otro a cuenta de una consulta popular que ni pueden hacer ni tampoco pueden ganar. Con individuos semejantes se tiene que establecer la política diaria de las cosas, se tiene que decidir qué carreteras construir, qué hospitales edificar, qué educación impartir y qué impuestos determinar. ¿Alguien en su sano juicio cree que se puede gobernar en condiciones como esas y con sujetos de ese jaez?

La maldición de la política catalana cae como una losa sobre una población asombrada y timorata. Saben que están haciendo el ridículo, lamentan su suerte y, sin embargo, se sienten acogotados para reaccionar ante una parte de la clase política que pone en solfa su prestigio de pueblo sensato. El sainete vivido en Cataluña puede haber ilusionado a cuatro cuentistas de espíritu gaseoso, pero difícilmente habrá convencido a un pueblo con otras prioridades que preguntarse constantemente quiénes son y adónde van. Y nadie, sin embargo, hace ningún gesto por poner las cosas en su sitio. Qué hartura de política. Qué mediocridad de destino.

La Tarraconense
Por César Alonso de los Ríos ABC 30

Entre Tarragona y Madrid hay tres horas de AVE; entre las exigencias autodeterministas de Esquerra Republicana y la racionalidad que se respira aquí hay tres cuartos de siglo. Llegan desde el Parlamento catalán efluvios espesos, sofocantes, antiguos...

Dar en Cataluña con un espacio exento de imposiciones es un milagro, y Tarragona lo es en buena medida. Hay un teniente alcalde que es capaz de rivalizar con nuestro Rodríguez Brown en escrúpulos liberales y sentido del humor. ¡Viva Stuart Mill! ¿Estaré soñando? Alejandro Fernández era, hasta hace muy poco, una rara «avis» en Cataluña, pero en estos momentos es el rostro más conocido de esa nueva especie que son los liberales jóvenes. Cosa nada fácil todavía porque ¿quién que es alguien en Cataluña no es intervencionista? La izquierda lo es por naturaleza, y la derecha por exigencias del guión nacionalista. El Estatut es un monumento al intervencionismo. No suficiente para Esquerra, que no lo votó, y excesivo para el PP, que tampoco lo votó.

En Tarragona se nota que el teniente de alcalde sacó el 17 por ciento en las últimas municipales: el ambiente es distendido y lo español es, para una buena parte de la sociedad, el canon, no la excepción. Si vas de Madrid, estás cómodo. Aquí, en esta ciudad que los gustos de hoy tratan de abrir aún más al mar, la retórica nacionalista se dobla y se desmaya, como los relojes de Dalí.

La reivindicación del Estat Catalá -de tan triste y trágica memoria- que ERC ha planteado en el Parlamento catalán por si el Tribunal Constitucional rebajara los privilegios del Estatuto, suena ya extemporánea: a rabieta de bulímico peligroso y desestabilizador. Traje gris, camisa parda, invisible correaje negro, los Vendrell, Carod y Tardá están a muchos años de distancia de las sociedades abiertas, y concretamente de la de esta ciudad, que lucha por serlo.

¿Puedo decir que, en este par de días, he leído los periódicos en Tarragona con la sensación de que me estaban hablando de un Parlamento trasnochado, a la contra de la Historia? He tenido la sensación de que en esta ciudad -y con el tiempo en toda Cataluña- terminará por producirse un deshielo o una revancha. O uno de esos pendulazos históricos, tan hispánicos. Tardará, sin duda. Pero cabe pensar que Tarragona es una promesa de esa futura liberación. Entonces deberemos llamar de nuevo a esta tierra oriental y norteña La Tarraconense.

Testículos e independencia
ABC 30 Marzo 2007

Antonio Aguirre, miembro del Foro de Ermua, tiene testículos provocadores, fachas y picajosos. Van por ahí contramanifestándose de forma ilegal, atentando contra el pacífico desenvolvimiento del nacionalismo vasco. Son testículos chulescos, agresivos y peligrosos. Tanto, que a la mínima atacan una pierna de un nacionalista a poco que se descuide.
Aguirre, el pasado martes, no sufrió una patada en los huevos. Aguirre golpeó con su atrevido escroto la pierna de un pacífico manifestante que acudía a las puertas del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco para dar su calor calmo, cercano y fiel al lendakari por haber sido llamado -insultante atrevimiento- por un tribunal claramente tendencioso.

No se puede tolerar. Tiene razón la consejera de Justicia, Miren Azcárate, que ha demostrado ser extraordinaria para el cargo. Dibujan a la Justicia con una venda en los ojos por su ecuanimidad y Azcárate ha dejado claro que no tiene ojos ni para la televisión. Porque toda España vio la patada en la entrepierna de Aguirre, pero no la consejera. Porque es justa y por eso es ciega. Por eso no se ha querido pronunciar por la presunta agresión que esgrime este miembro del Foro de Ermua, esa plataforma calificada con acierto por la órbita abertzale como ultra. Se retorcía Aguirre después de que sus huevos atacaran la pierna del nacionalista. Se retorcía Aguirre porque sus testículos son ultras, pero no ultra-testículos, estos los tienen otros.

Además, Miren Azcárate ha demostrado otra cualidad: la mesura. Ha sido prudente, porque a Aguirre, además de calificarlo como contramanifestante provocador, justamente podía haberlo tildado también de suicida peligroso. Porque atizar la paz defendiendo la libertad, la vida, la Democracia y la Constitución, puede ser suicida en el País Vasco. En fin, que Aguirre es un puro sincerebro y sin aguante en el escroto.

Ironías aparte, recorre un escalofrío que alguien como Azcárate, con esta postura, sea consejera de Justicia. Pero eleva a la expresión de realidad el eslogan turístico de su gobierno: Euskadi, un país increíble.

Gente corriente
Por Rosa Díez_ Diputada socialista en el Parlamento Europeo ABC 30

«Los verdaderamente malos son pocos; lo más peligroso es la gente corriente»
Primo Levi

ESTA sentencia de Primo Levi podría haber sido escrita a la luz de lo que ocurre en el País Vasco. Pero él pensaba en los campos de exterminio nazis cuando hizo esa reflexión. Levi hablaba para estudiantes, en el transcurso del periplo universitario que organizó una vez concluido su libro «Si esto es un hombre». Respondía así a la pregunta de unos alumnos sobre la maldad. Levi describía con esas palabras la falta de piedad de los alemanes corrientes, esa inmensa mayoría que veía cómo desaparecían sus vecinos sin preguntarse qué había sido de ellos. Pensaba en la «gente de orden» que veía el humo de los crematorios y se limitaba a taparse la nariz. Pensaba en las «buenas gentes» que cruzaban de acera para no saludar a un judío con el que habían compartido celebraciones familiares unos días antes de que fueran señalados por los nazis como enemigos de la raza aria. Pensaba en todos aquellos que prohibieron a sus hijos jugar con los hijos de los «malditos judíos». Levi pensaba en la buena gente que, de repente, perdió hasta la piedad.

Si Levi hubiera vivido en Euskadi y en nuestro tiempo podría haber hecho la misma afirmación refiriéndose a los nacionalistas. En el País Vasco no hay limpieza étnica porque resultaría imposible: estamos tan mezclados, es tan mestiza nuestra sociedad, que tendrían que matarse entre ellos. Por eso aquí se puso en marcha la limpieza ideológica. Somos tan «iguales» que tuvieron que empezar a matarnos para hacernos diferentes. Ahora ya somos diferentes. A los judíos los distinguían por su «estrella de David»; a nosotros, «los vascos diferentes», nos distinguen porque nunca vamos solos. Nosotros, «los vascos diferentes», somos los que tenemos la capacidad de movimiento restringida; ellos son los que disfrutan de todos los derechos que la Constitución española nos reconoce como ciudadanos. Nosotros, «los vascos diferentes», somos los que vivimos amenazados; ellos son los que viven en libertad.

Antonio Aguirre fue agredido por un genuino representante de la «gente corriente», de la «buena gente», de esa «gente de orden» que milita en el partido que gobierna Euskadi desde que hay democracia en España. Los dirigentes del PNV han exculpado inmediatamente al agresor: «perdió los papeles», «está apesadumbrado por la imagen del partido que ha dado, llevado por la tensión del momento», «se sintió acosado», «no quiere ensuciar el buen nombre del partido». Ni una sola palabra de disculpa hacia el agredido. El agredido es culpable; el agresor, una pobre víctima que «perdió los papeles».

Buena gente.
Nada más peligroso que una situación en la que los dirigentes de un partido político de gobierno disculpan la agresión a un militante de un movimiento cívico, embozándose en la mentira y en la superioridad moral del agresor: «le conocemos de siempre...», «les provocaron...». Los «provocadores» eran siete. Los provocados, mil. Y, según se puede escuchar en los diferentes videos colgados en internet, «los mil provocados» consideraban «españoles de mierda» a esos siete magníficos que osaban enfrentarse a la «pacífica» manifestación. Bueno, también les llamaban «asesinos», y «cerdos», y «asquerosos». Pero lo que sin duda pasará a los anales de los batzoquis será cómo fue posible que siete «españoles de mierda» consiguieran acorralar a mil vascos de pura cepa...

Da miedo. Sobre todo después de escuchar a la portavoz del Gobierno vasco decir que «están planteándose denunciar al Foro Ermua por la contramanifestación (¿?)». Tiene razón Antonio Aguirre cuando dice en la entrevista publicada en El Correo que el problema ya no es que el Gobierno no te defienda; lo grave es que es el propio Gobierno el que te pone en la diana. Aunque Aguirre nos recuerda a todos que «... los primeros que nos empezaron a llamar fachas y extrema derecha fueron Odón Elorza y José Antonio Pastor. Entonces les solicité que no pusieran al Foro en el punto de mira de ETA».

Da miedo la impunidad que algunos dirigentes de los partidos democráticos prestan a la violencia y a los violentos. Da miedo porque conocemos y recordamos la historia. El «ciudadano corriente» que el lunes agredió a Aguirre no sólo no ha sido amonestado, sino que ha sido públicamente disculpado por su propia formación política y por el Gobierno vasco. El «ciudadano corriente» trabajó para el Departamento de Interior del Gobierno vasco, vamos, para la autoridad. Si lo que él hizo es comprendido y exculpado por el Gobierno vasco y por el partido que sustenta al Gobierno de España, ¿por qué razón un chaval vasco, educado en el odio y en la mentira, no va a coger primero un spray, después un cóctel molotov y finalmente, cuando se la den, una pistola para abatir a esos «españoles de mierda», «asesinos», «asquerosos», que hay que dejar morir en el suelo?

Les contaré una cosa que me sucedió hace unos cuantos años, concretamente a finales de 1998 o principios de 1999. Fue en Guernica, en el acto de juramento de Ibarretxe como lendakari, tras las elecciones de la tregua. Los socialistas habíamos abandonado el Gobierno en junio de ese mismo año; la tregua se declaró en septiembre; las elecciones se celebraron en octubre. Tal y como tenían pactado en Lizarra con ETA, los nacionalistas del PNV y EA, con la adherencia de Madrazo, constituyeron un gobierno apoyado por Ternera y los suyos. Les recuerdo que el PSE había gobernado con el PNV doce años.

Pues bien, a la entrada de la Casa de Juntas se arremolinaban los simpatizantes de las formaciones políticas nacionalistas, claramente diferenciados en bandos: los que iban a jalear a los borrokas y la «buena gente» que iba enfervorizada a aplaudir a sus líderes del PNV. Pasamos por delante de los borrokas sin ningún tipo de problema; el gesto adusto; la mirada huidiza y cobarde; el aspecto de no haberse duchado en una semana... Vamos, vestidos para ejercer de lo que son. Unos metros por delante de mí iba Ardanza. A la entrada justo de la finca, en la verja, unas enfervorizadas emakumes le besaban y aplaudían; él les correspondía sonriente y amable. Llegamos nosotros cuando aquellas mujeres vestidas de domingo, con aspecto de madres y abuelas de familia bien, todavía estaban saboreando la emoción. Se giraron y nos vieron. Yo acababa de dejar de ser consejera, tras siete años de gobierno con Ardanza. Las miré con normalidad, diría que sonriente, y seguí hablando con mi compañero. Hasta que empezamos a pasar entre ellas: «Ala, fastídiate, se os acabó lo bueno, por fin os vais, ya estamos con los nuestros...» «Huy, que pena tendrás, eh, maja?» «Pues os fastidiáis, ya estamos juntos, que bastante habéis estado en el Gobierno...». «Ala, españoles, iros por ahí...». No nos lo podíamos creer.

Recuerdo haberme acercado a Ardanza a contárselo:
-«Oye, lendakari, tu gente nos está insultando; es como si creyeran que os hemos robado algo durante estos doce años que hemos compartido gobierno; parece que aquí no ha cambiado nada de fondo, queos habéis vuelto a asilvestrar, que estábais locos por echarnos...».
-Pero Rosa, ¿cómo dices eso? Serán de los otros...
-No lendakari, no; son de los tuyos.
-¿Pero por qué lo sabes?, ¿les conoces?
-No, pero hay signos externos inconfundibles: peinadas de peluquería, las joyas de los domingos... y los besos que te han dado. Salvo que me digas que las que te han besado eran de Batasuna...
-(...)

Esa es la gente corriente, la que se aprovecha de nuestra falta de libertad para medrar en política, y en la vida. La que nos «tolera», sin considerarnos nunca «de los suyos». La que no mueve un dedo por protegernos. La que llama presos políticos a los asesinos y clama por sus «derechos» mientras permite que nos excluyan y persigan por reivindicar los derechos fundamentales que la Constitución nos reconoce.

Levi explica en el citado libro cómo la despersonalización, la deshumanización del individuo o colectivo declarado enemigo, era vital para llegar a la solución final sin ningún tipo de remordimiento. Los judíos, los gitanos, los comunistas, los homosexuales... no eran humanos para los nazis: eran sólo enemigos de la raza aria, una amenaza para la pureza de su sangre. Estaban «obligados» a eliminarlos si querían conservar un bien mayor, la raza pura, el ideal humano. Pero al lado de esos fanáticos que teorizaban y diseñaban los planes de exterminio estaba la gente corriente. Esa «buena gente» comprendió enseguida hasta qué punto podían beneficiarse de la desaparición de tantos alemanes, o polacos..., de tantos compatriotas mejor cualificados que ellos mismos; y dejaron aflorar sus más bajos instintos. Tardaron poco en sentirse cómodos, aceptando que los nuevos excluidos, en el fondo, nunca habían sido de los suyos, que siempre les habían tenido envidia de los judíos, que llegaron de otros lugares y fueron capaces de progresar y llegar más lejos que ellos, que siempre habían temido al diferente, al de otra cultura, al de otra condición sexual... Los ideólogos de la solución final fueron pocos; los ejecutores, bastantes más, pero nada hubiera sido posible si millones de «buenos alemanes» no se hubieran comportado como los buenos vascos que siguen en Euskadi las consignas del «partido guía». Ese «partido guía» liderado por ese ejemplo de moderación, esa perla blanca llamada Josu Jon Imaz.

Tiene razón Aguirre: es el PNV quien nos pone en la diana, y nuestros dirigentes del PSE, quienes asienten con la cabeza o callan. Si a quienes discrepamos -seamos socialistas o no- nos llaman crispadores o nos invitan a irnos al PP -al que previamente han calificado como «derecha extrema»-; si el lendakari le dijo hace nada en el Parlamento vasco a María San Gil: «Ustedes representan lo peor de este país» -de un país en el que hay terroristas-, ante el silencio cómplice del PSE; si Diego López Garrido dijo hace dos días en el Congreso de los Diputados que «el PP es un arma de destrucción masiva», ¿qué pueden pensar los que tienen las pistolas y la costumbre de actuar poniendo la teoría en práctica? ¿Puede alguien extrañarse de que muchos de nosotros nos sintamos más abandonados, más solos que nunca?

No es éste un artículo optimista. No hay motivos. Llamar a las cosas por su nombre es la mejor contribución que se puede hacer para intentar que las cosas cambien. Como dijo Hanna Arendt a su vuelta del exilio norteamericano, indignada por la pasividad e indiferencia de sus compatriotas ante su responsabilidad histórica, «describir los campos de exterminio sin ira no es ser objetivo, sino indultarlos».

Valga esta reflexión y esta denuncia para que si nuestros nietos nos preguntan algún día: «¿tú qué hiciste cuando pasaba eso?», podamos darles una respuesta mirándoles a los ojos.
Por Rosa Díez_ Diputada socialista en el Parlamento Europeo

Utilización nazi de la cultura.
Sancho el Fuerte Periodista Digital  30 Marzo 2007

Durante muchos años los no nacionalistas en Navarra y en el País Vasco, hemos dejado que los nacionalistas utilizaran todo lo que sonara a lengua y cultura vasca como les viniera en gana, criamos que así conseguiríamos aplacar el hambre de la Bestia, pero nos equivocamos por que la Bestia es insaciable. Fruto de esa dejadez por nuestra parte han surgido fiestas que han sido utilizadas por la Bestia, para el lavado de cerebros de los más pequeños.

Una de estas fiestas es “La Korrika”, una fiesta que consiste en correr durante unas semanas con un testigo, por las calles, carreteras, barrios y plazas de los pueblos y ciudades de lo que la Bestia llama Euskal Herria, una carrera que en principio es para animar a la gente en el aprendizaje y conocimiento del vasco por parte de los habitantes de Navarra, País Vasco y “País Vasco”-Francés, una fiestas organizada por la Coordinadora de Alfabetización de Adultos –AEK, uno de los muchos nombres que en esto de la cultura utiliza la Bestia, no olvidemos que los responsables de esta coordinadora de alfabetización, esperan la sentencia de la Audiencia Nacional, por el sumario 18/98 que se sigue en la Audiencia Nacional contra la cabeza, corazón y estomago de la Bestia-, sirve para el lavado de los cerebros, además de para recordar a los “valientes” gudaris que están presos de dos estados opresores en su cárceles –España y Francia-, no hay mas que darse una vuelta por los pueblos y ciudades por donde pasa esta peculiar carrera ¿cultural? Para ver como se sacan las fotos de los asesinos que forman parte de la Bestia, como si de héroes locales se tratará, sin que la organización ni participantes hagan nada para impedirlo, se organizan a su paso manifestaciones independentistas y en las que se pide la amnistía para los seguidores de la Bestia que están presos. Sin que los organizadores tan siquiera muestren su desencanto.

Otras de las fiestas, son aquellas que se organizan en primavera y al comienzo del otoño a favor de las ikastolas, fiestas que tienen nombres como , “Nafarroa Oinez”, “Ibialde”, “Herri Urratz” (lago de Sempere-Francia)… fiestas que se celebran cada año en pueblos distintos, fiestas que una vez más, sirven para el lavado de cerebro de los más pequeños, fiestas donde corre el alcohol entre los menores de edad –todos los años son muchos los menores de 18 años que son atendidos en esta fiesta por embriaguez, por los servicios médicos- y donde en torno a conciertos y juegos se intenta convencer a los más jóvenes de que la Bestia no es tan mala, además la Bestia usa estas fiestas para hacerse publicidad sin que los organizadores hagan nada por evitarlo. Recuerdo una de las últimas veces que el Nafarroa, se celebró en la proximidades de Pamplona, concretamente en Cizur, recuerdo la pancarta que los amigos de la Bestia colgaron a la altura de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, en esa pancarta se podía leer: “ETA, os da la bienvenida al Nafarroa Oinez”, esa pancarta que en cualquier lugar del mundo hubiera sido retirada por la organización de manera inmediata permaneció hay colgada hasta que la Guardia Civil procedió a su retirada.

Hay más fiestas que han sido y que son utilizadas por la Bestia y por quienes comparten con la Bestia objetivos políticos, para el lavado de cerebro, fiestas que comentaré en otra ocasión. Incluso comentaré fiestas que la Bestia y los Nacionalistas han acabado “prostituyendo” para conseguir sus fines políticos.

Guerra y Paz del español con las otras lenguas
MANUEL M. CASCANTE. ENVIADO ESPECIAL CARTAGENA DE INDIAS. ABC  30 Marzo 2007

La convivencia del idioma español con el vasco, el catalán y el gallego y con las lenguas indígenas de América centró dos de los paneles con mayores visos de polémica en este IV Congreso Internacional de la Lengua Española. Sin embargo, y haciendo honor al lema del encuentro, «unidad en la diversidad», el tono de los debates fue de respeto a la singularidad y la apuesta por la convivencia y el conocimiento mutuo.

El escritor guipuzcoano Bernardo Atxaga y el barcelonés Miquel de Palol defendieron la importancia de que el poder central proteja las lenguas minoritarias del Estado español para garantizar su supervivencia. «El euskera siempre ha estado en crisis; la preocupación por el idioma es un rasgo de la sociedad vasca. Si una lengua no cuenta con apoyo directo, no puede sobrevivir; no basta con el voluntarismo. La convivencia con el español nunca ha sido fácil; no lo es ahora ni lo será en un futuro próximo mientras los nacionalismos sigan en sus trece, porque éstos viven de sus filias a lo que nos distingue y de sus fobias a lo que nos une». Miquel De Palol fue rotundo: El poder central «debe ser protector de las minorías en extinción», como, a su juicio, son las lenguas catalana, gallega y vasca. «Por una extraña y nefasta combinación entre la ineptitud de los políticos catalanes y la resistencia de los españoles, la situación actual de lo catalán en general, y del idioma en particular, es en más de un aspecto peor ahora de lo que era hace 40 años bajo la bota franquista», sentenció.

Según el autor de «El jardín de los siete crepúsculos», «el paso de la cultura de la resistencia a la incultura de las leyes del mercado le ha sentado fatal a la difusión y presencia de la literatura catalana». Para denunciar que «la política de mayor difusión del catalán no se lleva a cabo con mucha solvencia; diría que con escaso éxito. Los niños aprenden en catalán en las escuelas, pero juegan en castellano en el patio. Que nadie se engañe en ningún sentido, sea de la tendencia que sea: El castellano no está perseguido ni prohibido; el idioma en estado de supervivencia precario que debe ser protegido, y con gran diferencia, continúa siendo el catalán». Por ello, reclamó que «el catalán no tenga que arrancarse de Madrid, sino que Madrid lo proteja y comprenda, en una iniciativa de amor y tolerancia».

La ponencia sobre las lenguas originarias de América tuvo mayor contenido lingüístico que sociopolítico, y en ella se destacaron las influencias de las lenguas mayas, el aimará, el quechua, el guaraní..., en el vocabulario y la sintaxis del español del Nuevo Continente. Algo más rompedor fue el jesuita paraguayo Bartomeu Meliá, quien ironizó: «La escuela es la gran amenaza. ¡Ay, del que enseña a escribir al que no sabe!».

Inoculación
Nota del Editor 30 Marzo 2007

La forma normal de proteger un jardín es mediante la colocación de algún artilugio que impida a los presuntos
atacantes acercarse y estropearlo.

La forma normal de proteger una lengua regional sería efectuar una recopilación y gardarla con mucho cuidado en una caja,
pero esto no les permitiría a muchos vivir opíparamente del cuento, así que su artilugio protector consiste en inocular
el lenguaje a todo ser viviente que no pueda defenderse.

ERC y Terra Lliure
60.000 euros
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 30 Marzo 2007

De Wikipedia: Joan Puigcercós –hoy conseller de Governació y líder fáctico de ERC– militó en la formación Independentistes dels Països Catalans (IPC). El dirigente de IPC (y luego del MDT-IPC) Carles Castellanos, fue acusado, según El País (20-5-92), "de entregar la pólvora empleada en los atentados de Igualada y Les Borges Blanques (...) Ese material permaneció durante varios meses en la sede del partido."

En la misma página se recoge que Marcel.li Canet –que encabezaría la lista de ERC en las municipales de 2003 por Navarcles, resultando concejal, y en cuya web se recuerda su procedencia del IPC–, recibía instrucciones, según su propia declaración ante el juez Bueren, de Pere Bascompte y Carlos Benítez, por entonces "líderes de Terra Lliure", según la policía. Sigue El País: Bascompte "fue condenado en España como autor del secuestro y posterior disparo en la pierna del escritor Federico Jiménez Losantos."

Según el Diccionari dels Partits Polítics de Catalunya, segle XX (Isidre Molas, ed.), IPC era una "organización socialista y revolucionaria [que] mantuvo relaciones políticas con Herri Batasuna y sufrió frecuentes detenciones. En 1982 inició un acercamiento al PSAN, que acabó en 1985 con la incorporación del IPC al Moviment de Defensa de la Terra (...) En las elecciones europeas de 1987 y 1989 [MDT-IPC] dio su apoyo a Herri Batasuna."

La figura más próxima a Joan Puigcercós es Xavier Vendrell, fugaz ex conseller de governació de Maragall por imposición de aquel. Dice el diario El Punt (Vilaweb, 22-4-2006): "Vendrell es la mano derecha de (...) Puigcercós. Entró en Esquerra en 1991 procedente de los independentistas MDT y Catalunya Lliure (...) Fue nombrado secretario del conseller primer a propuesta de Puigcercós."

"Xavier Vendrell (...) fabricó y colocó dos explosivos en atentados de la desaparecida banda terrorista Terra Lliure", informó el diario 20 Minutos el 11 de mayo de 2006. Y también que el propio Vendrell lo "reconoció en 1992 ante el juez de la Audiencia Nacional Carlos Bueren". Concretamente, "participó en los atentados contra la oficina del INEM de la localidad barcelonesa de Hospitalet de Llobregat, el 7 de abril de 1990, y contra la compañía Hidroeléctricas del Segre en Olesa de Montserrat. [Él] escogió los objetivos, pues la única orden que había recibido de Terra Lliure era la de atentar en la comarca del Bajo Llobregat, área donde Vendrell era responsable de la banda terrorista. Vendrell añadió en su declaración ante el juez Bueren que los explosivos en ambos atentados fueron fabricados y colocados por él mismo."

Según el diario digital e-noticies, Josep M. Cervelló –concejal del ayuntamiento de Sant Boi del Llobregat que encabezó la lista de ERC en las últimas municipales– "fue detenido y encarcelado en los años 90 por su participación en las actividades de Terra Lliure (...) Asimismo, el concejal y número 2, Enric García Gallego, fue miembro de los grupos de apoyo de la misma banda armada". De ambos ex terroristas miembros de ERC nos informa Oriol Malló en su libro De las armas a las urnas (cosas que quería saber sobre ERC y no se atrevía a preguntar) que el uno no renuncia a su pasado y que el otro no renuncia a ejercer de "portavoz sentimental de aquella generación".

Según El Debat (26-2-07), el confidencial Busot, "muy próximo a ERC y, sobre todo, a su secretario general Joan Puigcercós, se dirigió a sus lectores con una retórica que recuerda un grupo armado (...) El último texto de Busot va acompañado de una fotografía de una rueda de prensa de Terra Lliure."

Manuel Cerdán escribió en elmundo.es que, con motivo de la comparecencia del juez Garzón en el Congreso por el 11-M, "los diputados de ERC Agustí Cerdà y Joan Puigcercós se ausentaron (...) en señal de protesta por la gran redada que dirigió el magistrado en 1992 contra Terra Lliure."

CiU alcanza su cima soberanista al plantear el Estado catalán
El pulso entre nacionalistas culmina con una resolución de Mas que contempla la secesión - El PSC acatará el fallo del TC «aunque no guste»
Marcos Pardeiro La Razón 30 Marzo 2007

Barcelona- Convergència i Unió escaló ayer un peldaño en su ideario nacionalista hasta confundirse con una formación independentista. La puja soberanista que ha mantenido los últimos días con ERC culminó con una propuesta de resolución de CiU en que apostó por «contemplar» el derecho de autodeterminación «para poder hacer efectivo el derecho democrático a decidir sobre la constitución de un Estado propio». Según los de Artur Mas, tal demanda responde a la «involución autonómica» llevada a cabo por el PSOE y debe enmarcarse en un contexto en que peligra la integridad del Estatut debido a su estudio en el Tribunal Constitucional.

Lo cierto es que la propuesta de CiU no puede considerarse ajena al intento de hacer saltar por los aires al Gobierno de Cataluña. Dirigentes de Unió y de ERC mantuvieron durante la mañana de ayer conversaciones para lograr un acuerdo parlamentario, pero, finalmente, no fue posible, ya que Esquerra evitó un pacto que hubiera profundizado demasiado las contradicciones de la Entesa (suma de PSC, ERC e ICV).

La propuesta independentista de CiU tuvo una explicación táctica -provocar a Esquerra y animar sus instintos más primarios-, pero también comportó un coste para unos nacionalistas que suelen presumir de moderados. A José Montilla y a Josep Piqué no se les escapó y ambos incidieron en que la federación de Artur Mas se alejó de la centralidad política.

Al término del debate en el Parlamento de Cataluña, CiU y ERC se acusaron mutuamente de hacer fracasar la propuesta de autodeterminación. Para Esquerra, el planteamiento de sus máximos adversarios fue insuficiente porque tan sólo recogían la posibilidad de «contemplar» el Estado catalán. «Lo que no haremos es un brindis al sol, ni reiterar antiguos pronunciamientos del Parlament que, en estos momentos, ya están vacíos de contenido porque la situación actual ya es muy delicada», dijo el portavoz parlamentario de ERC para justificar su rechazo.

Los republicanos, además, no aceptaron que CiU quisiera suprimir las alusiones al pacto Mas-Zapatero. «Tampoco queríamos renunciar a una parte sustancial de nuestro análisis de la situación porque supone el pecado original del Estatut», añadió Ridao. Con este ardid, Esquerra quiso complicar el visto bueno de los nacionalistas a su resolución, la cual fue rechazada por el conjunto de la Cámara a excepción del grupo de ERC. Los convergentes, por su lado, optaron por retirar la suya -tal y como advirtió Mas- porque consideraron que no podían perder una votación con características tan esencialistas.

Ocupar las sillas del poder
A decir verdad, CiU le puso en bandeja el apoyo a ERC porque su propuesta fue propia del maximalismo de los republicanos. «Ustedes, señores de Esquerra Republicana, ¿están en condiciones de rechazar por cuestiones puramente personalistas nuestra propuesta? ¿Sólo por ocupar y continuar ocupando las sillas que tienen en estos momentos en el Gobierno, ustedes están en condiciones, de verdad, de rechazarla?», se preguntó el diputado de CiU Quico Homs.
A los interrogantes planteados por Homs se añadieron otros comentarios de destacados dirigentes de CiU. Felip Puig acusó a Esquerra de «desprestigiar y ridiculizar todo el espacio de catalanista» y de «frivolizar con las ilusiones de la gente que ha venido manteniendo la supervivencia de esta nación». Estas palabras demostraron aquello que siempre han dicho históricos de la formación de Jordi Pujol: «la cúpula de CiU es más nacionalista que sus electores». Ayer, no hubo máscaras. Fue tal cual.

La lluvia de ideas independentistas hizo que más de uno abriera el paraguas para no empaparse. Tal fue el caso de los sonrojados socialistas. «Esto de la autodeterminación es un debate que tenemos en la despensa y que cuando conviene lo sacamos y a ver cual es más soberanista», reflexionó el portavoz adjunto del PSC, Joan Ferran. Los socialistas votaron en contra de una resolución del PP que pedía respeto a la sentencia del TC sobre el Estatut, aunque Miquel Iceta garantizó que la acatarán.

Diputados del PP asentían con la cabeza dando a entender que compartían el análisis del veterano líder socialista, que todavía tenía otros apuntes que añadir. «Seguramente continuarán con ella (con la defensa de la autodeterminación) cuando ya se hayan difuminado las fronteras del mundo», espetó a nacionalistas y republicanos.

Luego, los líderes del PP de Cataluña abundaron en estas ideas, aunque se dirigieron directamente a CiU y constataron que la formación ha pasado de «nacionalista a independentista». Así lo advirtieron Josep Piqué y Francesc Vendrell, perplejos por la invocación del «Estado catalán» hecha por un grupo que jamás ha renegado de colaborar con la gobernabilidad de España.

Por lo que parece, Unió no reniega de contemplar el Estado catalán. ¿Están enfadados los socios? «Cero, en absoluto», aseguran fuentes de Convergència. En realidad, los dirigentes de UDC Toni Castellà y Núria de Gispert estuvieron en la negociación interna para proponer una resolución y, de hecho, Artur Mas y Josep Antoni Duran Lleida trataron el asunto sin que se llegaran a producir lamentos por la parte socialcristiana. En cualquier caso, cabe la pregunta de si CiU ha llegado alguna vez tan lejos.

Muchos líderes de la federación niegan que el salto sea tan grande, aunque, poco a poco, se van imponiendo los planteamientos de la cúpula dirigente postpujolista.

Guerra y Paz del español con las otras lenguas
MANUEL M. CASCANTE. ENVIADO ESPECIAL CARTAGENA DE INDIAS. ABC  30 Marzo 2007

La convivencia del idioma español con el vasco, el catalán y el gallego y con las lenguas indígenas de América centró dos de los paneles con mayores visos de polémica en este IV Congreso Internacional de la Lengua Española. Sin embargo, y haciendo honor al lema del encuentro, «unidad en la diversidad», el tono de los debates fue de respeto a la singularidad y la apuesta por la convivencia y el conocimiento mutuo.

El escritor guipuzcoano Bernardo Atxaga y el barcelonés Miquel de Palol defendieron la importancia de que el poder central proteja las lenguas minoritarias del Estado español para garantizar su supervivencia. «El euskera siempre ha estado en crisis; la preocupación por el idioma es un rasgo de la sociedad vasca. Si una lengua no cuenta con apoyo directo, no puede sobrevivir; no basta con el voluntarismo. La convivencia con el español nunca ha sido fácil; no lo es ahora ni lo será en un futuro próximo mientras los nacionalismos sigan en sus trece, porque éstos viven de sus filias a lo que nos distingue y de sus fobias a lo que nos une». Miquel De Palol fue rotundo: El poder central «debe ser protector de las minorías en extinción», como, a su juicio, son las lenguas catalana, gallega y vasca. «Por una extraña y nefasta combinación entre la ineptitud de los políticos catalanes y la resistencia de los españoles, la situación actual de lo catalán en general, y del idioma en particular, es en más de un aspecto peor ahora de lo que era hace 40 años bajo la bota franquista», sentenció.

Según el autor de «El jardín de los siete crepúsculos», «el paso de la cultura de la resistencia a la incultura de las leyes del mercado le ha sentado fatal a la difusión y presencia de la literatura catalana». Para denunciar que «la política de mayor difusión del catalán no se lleva a cabo con mucha solvencia; diría que con escaso éxito. Los niños aprenden en catalán en las escuelas, pero juegan en castellano en el patio. Que nadie se engañe en ningún sentido, sea de la tendencia que sea: El castellano no está perseguido ni prohibido; el idioma en estado de supervivencia precario que debe ser protegido, y con gran diferencia, continúa siendo el catalán». Por ello, reclamó que «el catalán no tenga que arrancarse de Madrid, sino que Madrid lo proteja y comprenda, en una iniciativa de amor y tolerancia».

La ponencia sobre las lenguas originarias de América tuvo mayor contenido lingüístico que sociopolítico, y en ella se destacaron las influencias de las lenguas mayas, el aimará, el quechua, el guaraní..., en el vocabulario y la sintaxis del español del Nuevo Continente. Algo más rompedor fue el jesuita paraguayo Bartomeu Meliá, quien ironizó: «La escuela es la gran amenaza. ¡Ay, del que enseña a escribir al que no sabe!».

Inoculación
Nota del Editor 30 Marzo 2007

La forma normal de proteger un jardín es mediante la colocación de algún artilugio que impida a los presuntos
atacantes acercarse y estropearlo.

La forma normal de proteger una lengua regional sería efectuar una recopilación y gardarla con mucho cuidado en una caja,
pero esto no les permitiría a muchos vivir opíparamente del cuento, así que su artilugio protector consiste en inocular
el lenguaje a todo ser viviente que no pueda defenderse.

El Instituto Cervantes y TVE crean un curso interactivo para aprender español
m. l. cartagena de indias La Voz 30 Marzo 2007

El Instituto Cervantes tiene un afortunado problema, la intensa y creciente demanda de enseñanza del español. Y está dispuesto a resolverlo con las más potentes herramientas de la era digital. La televisión e Internet serán la base de su desarrollo inmediato, en alianza con la Corporación TVE.

Con la televisión pública se ha diseñado un moderno curso de español a distancia que el director del Cervantes, César Antonio Molina (A Coruña, 1956), presentó a toda la comunidad hispana en la víspera de la clausura del congreso de la lengua de Cartagena, la cuarta cumbre del idioma, en la que repasó logros y retos de la institución. El Cervantes inicia una aventura didáctico-digital. «No existían el programa ni las directrices que ahora nos hemos dado. Crearlo era un reto del Cervantes y la Corporación de TVE para afrontar fórmulas nuevas en la era digital», reconocía su director.

El proyecto se fraguó en Argentina y es en Cartagena donde obtiene luz verde y se lanza a escala universal. «El Instituto Cervantes nació con las nuevas tecnologías hace 16 años y ha hecho de ellas su mejor herramienta. Lo vamos a aprovechar. En este campo estamos por delante del British Council, el Goethe Institute y la Alliance Française, que llevan más años, pero que quizá han tenido más dificultades con las nuevas tecnologías» aseguró Molina.

14 millones de estudiantes
El programa de español a distancia se conformará con 207 capítulos de 14 minutos «de alto valor pedagógico» grabados por TVE a los que se accederá en formato deuvedé o mediante descargas en Internet. ?Está específicamente concebido para esos 14 millones de personas que estudian español en todo el mundo y que hacen del idioma cervantino la segunda lengua más estudiada del después del inglés.

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