AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 1 Abril   2007

ETA aún no ha vencido
EDITORIAL Libertad Digital 1 Abril 2007

Batasuna-ETA ha vuelto a hacerlo. Su mitin de este sábado en Baracaldo ha vuelto a reducir a papel mojado el Estado de Derecho. Como en anteriores desafíos, ha contado con diligentes colaboradores. El juez Baltasar Garzón ha dictado una prohibición que no prohibía, el Gobierno ha vuelto a prometer una firmeza que nada reafirma y, mucho menos, la Ley frente al chantaje. El PSOE ni siquiera se ha atrevido esta vez a plantar cara, si quiera retóricamente. Cuando el Grupo Popular le propuso el pasado martes en el Congreso compartir la resolución de interceptar los planes de exhibición de la organización terrorista, los socialistas volvieron a esconderse en las faldas del "todos contra el PP", el único argumento que les queda después de haber dilapidado el consenso del pasado y la confianza en el futuro, según delata de manera alarmante el último Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, correspondiente a febrero de 2007.

La iniciativa de ETA es ya aplastante, y puede ser definitiva, si el electorado de Navarra no impide el próximo 27 de mayo la inexorable coalición del PSOE con el frente anexionista de Batasuna y el PNV, dispuesto a impulsar el mal llamado "proceso de paz" hacia el objetivo terrorista de una absorción de Navarra por el País Vasco.

Nunca, como ahora, se ha percibido la sensación de impunidad del Mal, el vacío de autoridad con la que hacerle frente, el bloqueo de nuestra forma de vida por quienes (Fiscal del Estado, algunos jueces-estrella, mandos policiales corruptos) tomaron el juramento o la promesa de defenderla frente a sus enemigos.

El descaro con el que el que un portavoz terrorista como Arnaldo Otegi ha anunciado regresarán a las instituciones "sin disfraces ni disimulos", sin condenar la violencia ni acatar la Ley de Partidos, o su jactancia por haber conseguido "dividir a las fuerzas el Estado" buscan la desmoralización de los demócratas y una solución de punto final que satisfaga todas sus exigencias y termine de doblegar a una sociedad harta de ser humillada. Sin duda, es la solución en la que piensa el presidente del Gobierno cuando imagina una salida a la ¿irreparable? crisis nacional que su cizañera política ha desencadenado.

Pero ni ETA ni su compañero de fatigas, Zapatero, contaban con la resistencia que está oponiendo la sociedad civil a su programa de liquidación de España y derribo de la libertad. Hoy, la esperanza de continuidad de una España de personas iguales y libres, tal y como la conocemos desde la Constitución de 1978, se atrinchera en esa minoría contagiosa que se ha echado a la calle una y otra vez en los últimos tres años porque no se resigna a entregar la sangre de tantas víctimas y el dolor de tantas familias. Una minoría, sí, porque, no nos engañemos, las mentiras del Gobierno sobre sus tratos con ETA han resultado una eficaz adormidera de masas; pero también contagiosa, porque el bien, la libertad y la razón siempre lo son.

El movimiento cívico de resistencia se ha convertido en la amenaza más poderosa a los planes del Gobierno con la organización terrorista. Demostraciones de fuerza como las de este sábado en Baracaldo no se dirigen tanto al Estado, al que Batasuna-ETA considera virtualmente vencido, sino a la intimidación y el hastío de los demócratas. Que no lo consigan, aún está en nuestras manos.

El terrorismo como amenaza
Editorial ABC 1 Abril 2007

LA percepción de la amenaza es uno de los recursos que utilizan las sociedades para defenderse del peligro, y aunque las visiones colectivas puedan pecar de inexactitud, lo cierto es que, en los momentos críticos, los individuos suelen coincidir en gran medida con la corriente del grupo. Por ello tiene tanto interés el estudio que acaba de presentar el Real Instituto Elcano sobre las reacciones de los españoles frente al terrorismo. En la última oleada se puede apreciar, en efecto, que tenemos la impresión de vivir en un mundo cada vez más inseguro y en el que cualquier actitud -activa o pasiva- parece aumentar nuestra vulnerabilidad frente al terrorismo de origen islámico.

Se aprecia una tendencia a la amalgama entre las distintas amenazas terroristas -etarras o islamistas-, fenómeno que resulta comprensible, puesto que ambas comparten un mecanismo común de coacción por la fuerza a toda la sociedad. En un caso, esa sensación de amenaza no desaparece, a pesar de los intentos del Gobierno por banalizar las actividades de ETA desde que la banda proclamó su «cese de actividades», mientras que, en el segundo, la encuesta pone de manifiesto que la sociedad no entiende bien el alcance y las implicaciones de lo que se percibe como una actitud de amenaza por parte de una nebulosa en la que prácticamente sólo se ven las connotaciones islámicas. Por un lado, una gran mayoría está dispuesta a que se dediquen mayores esfuerzos a las medidas de protección, y más de la mitad de los encuestados aceptaría renunciar a una parte de sus libertades en aras de la seguridad. Este último factor ha de ser una poderosa llamada de atención para todos, puesto que podría ser interpretado como una especie de claudicación preventiva frente al chantaje, antes incluso de que se produzca. Es decir, que sin que exista una amenaza concreta contra un colectivo determinado, hay quienes están dispuestos a pagar una especie de impuesto moral frente a una amenaza terrorista cuyas raíces le son extremadamente difíciles de comprender.

En estas circunstancias, y teniendo en cuenta que la encuesta indica que las tendencias hacia la adopción de estas «actitudes preventivas» son más acusadas entre los votantes de partidos de izquierda, es previsible que el Gobierno se encuentre -tarde o temprano- bajo la presión de sus propios votantes en casos como el de nuestra presencia militar en Afganistán. Frente a ello, la obligación del Ejecutivo es explicar claramente a los ciudadanos las razones por las que España ha decidido participar junto a sus aliados en operaciones militares en el exterior y en defensa de determinados valores. Insistir en la desafortunada fórmula de la «Alianza de Civilizaciones» como un modelo de apaciguamiento del entorno político-religioso, que en la actualidad percibimos claramente como amenaza, no hace sino sembrar la confusión y predisponer al miedo social.

Los posos del café de 80
Por ANTONIO BURGOS ABC 1 Abril 2007

NO sé si se recuerdan a la cubana Emiliana, la que cantaba Carlos Puebla: «Si no fuera por Emiliana/ nos quedaríamos con las ganas/ de tomar café». El programa televisivo del formato francés parece que lo presentaba Emiliana. No nos hemos quedado con las ganas de tomar café. Nos hemos hartado. A ZP le hicieron la pregunta clásica del cordobés:

-Rafaé, ¿quiés café?
Y en vez de responder: «No, gracias, generoso, que lo tomé en denantes», salió por peteneras con los 80 céntimos. ZP hizo una Alianza de Civilizaciones de a perra gorda, y un Proceso de Paz que no vale un duro, pero la rebaja a la realidad ha sido drástica. Y acto seguido se fue al Congreso de los Diputados, si no quieres café, dos tazas, a tomarse su cortado subvencionado. En la España de la agricultura subvencionada, del teatro subvencionado, del cine subvencionado, hasta los cafés de los padres de la patria están subvencionados. Con lo mal que le sienta el café a la Historia. El café le sube la tensión a España. Trae muy malos recuerdos. A estribor, los malos recuerdos de la II República y de la guerra civil: vamos, la memoria histórica del café. CAFÉ en mayúsculas era el acrónimo de los falangistas tras las elecciones ganadas por el Frente Popular. CAFÉ era «Camarada, Arriba Falange Española». Camaradas que hablaban de tú a todo el mundo, por cierto, como ZP a quienes le preguntaban en el programa de Emiliana, digo, del Mienmano de Mercedes Milá. Y «café», ojú, fue sinónimo de matarile, de asesinato de cuneta en la guerra civil. Cuentan que a García Lorca lo mataron porque consultada la autoridad, militar naturalmente, respondieron: «Que le den café».

Y a babor, en los más recientes años del autotitulado socialismo obrero y español, ni te cuento. El felipismo no cayó por el GAL, ni por la corrupción: cayó a causa del café. González perdió todo su poder y gloria cuando se supo que, en la Delegación del Gobierno en Sevilla, el Mienmano de Alfonso Guerra se dedicaba a dar cafelitos a los empresarios, y no precisamente a 80 céntimos el pelotazo. Al que le dieron café realmente con aquellos cafelitos fue al felipismo, a pesar de que era socialismo descafeinado.

Si no el médico, sus asesores electorales deben prohibir, pues, terminantemente el café a ZP. Todo su proyecto se ha quedado en una taza de café de 80. Yo ahora, haciendo la competencia ilícita a Rappel, miro los posos de ese café, e interpretando los dibujos que han hecho caprichosamente sus zurrapas en el fondo de la taza comprendo perfectamente lo que ocurrió en el programa de marras, por qué Zapatero quedó bastante peor que Cagancho en Almagro, y encima con una audiencia como de partido de La Roja. El bla,bla del chau,chau inocuo de su discurso-placebo antes solamente lo conocían los diputados de la oposición, los tertulianos y los columnistas. Ahora se ha enterado España entera de lo torpón que es.
No falló el formato a la francesa. Falló la elección de los cien preguntantes. No eran representativos de la España de ZP.

Unos señores que se preocupan por la subida de las hipotecas, por el colegio de los niños, por la inseguridad del barrio, por la cantidad de inmigrantes que están entrando, por la depreciación galopante del billete de 50 euros, por la manga ancha con la ETA, por la rendición del Estado ante los asesinos y por las listas de espera en los hospitales no son la España de ZP. La muestra no era nada representativa. Esa es la España real, contante y cada vez menos sonante, la que desprecia ZP. Tenían que haber llevado a los suyos, a las minorías para las que gobierna. ZP hubiera triunfado si le hubiesen preguntado un homosexual que se ha casado con su novio, un titirimundi del «No a la guerra», un separatista catalán, un filoetarra, una feminista contentísima con la paridad, un ateo que ha quitado el crucifijo en la escuela, uno de la antiglobalización y el anti-Bush, un progre orgánico con carné y un empresario adicto al régimen, encantado de haberse conocido como agente social subvencionado. Pero ante la España real que no tiene ni para café, ZP hizo lo suyo de siempre: dar zapatetas al aire, como Don Quijote en Sierra Morena.

Tarde
Por JON JUARISTI ABC 1 Abril 2007

«UNA política totalitaria tiende a

1) que los miembros de un partido determinado encuentren sólo en este partido todas las satisfacciones que antes encontraban en una multiplicidad de organizaciones; es decir, a romper todos los vínculos con organismos culturales ajenos;

2) a destruir todas las demás organizaciones o a incorporarlas a un sistema en el cual el partido sea el único regulador» (Gramsci).

La primera de estas tendencias afecta hoy, en mayor o menor grado, a todos los partidos que pueden ofrecer empleo a una alta proporción de su militancia. La segunda requiere como condición previa el control del poder. Gramsci era demasiado optimista. Los partidos totalitarios, como supo ver Hannah Arendt, no aspiran a regular el sistema, sino a sustituirlo. A poner el partido en el lugar del sistema o, lo que es lo mismo, a convertir el partido en Estado. Las instituciones legislativas y judiciales perviven a veces como mera prótesis del partido hecho Estado, pero la representatividad de las primeras y la independencia de las segundas van desapareciendo a medida que el régimen se acerca al modelo totalitario ideal.

Sin duda, la tentación totalitaria es visible en el Gobierno actual, presidido por un iluminado sin experiencia laboral externa a su partido y, como las divinidades platónicas de Borges, incapaz de percibir lo individual, según demostró el reality show de la Primera el pasado martes. Con todo, el partido gobernante en la Comunidad autónoma vasca constituye todavía el único caso de totalitarismo de manual en el seno de España y de la Unión Europea. Las formas democráticas bajo el gobierno de Juan José Ibarreche son una cáscara que no disimula siquiera la práctica de la intimidación social violenta a los discrepantes, complementaria de la presión terrorista a cargo de ETA.

Admiro sinceramente a mis amigos del Foro Ermua, de Basta ya! o del PP que persisten en vivir en Bilbao, San Sebastián e incluso en Hernani o Urnieta. Yo no podría hacerlo, y no sólo por el temor a la bomba lapa o a la coz en la entrepierna, sino por lo absurdo e inútil del esfuerzo. La gran chapuza inicial de la democracia española restaurada en 1978 fue entregar el país vasco a los nacionalistas, y eso tiene difícil arreglo, en el improbable caso de tenerlo. Las mismas fuerzas políticas que recobraron las libertades democráticas para España sentaron alegremente las bases para el totalitarismo nacionalista en eso que ahora llamamos Euskadi, con el mismo nombre que inventó para su proyecto de regeneración racial Sabino Arana Goiri.

Confiaron al Partido Nacionalista Vasco la tarea de construir la comunidad autónoma, lo que equivale a poner una gasolinera al cuidado de un pirómano. Ya no es hora de lamentarse. Esta semana hemos descubierto que las honradas bases del partido de Imaz y de Ibarreche son una masa de linchadores. Para que les crezcan las pezuñas basta con ponerles a la vista un pequeño grupo de kamikazes armados solamente con la bandera española. Pero no es cosa de quejarse, a estas alturas. Lo hemos sabido siempre, aunque fingiéramos no enterarnos, y ahora sólo nos queda el horror de comprobar cómo aflora una certeza negada y reprimida. La agresión a Antonio Aguirre fue obra de un único matón de batzoki, cierto, pero éste no se habría atrevido ni a acercarse a los del Foro Ermua de no haber tenido detrás, empujándole físicamente, a la comunidad nacionalista sedienta de sangre. Toda España ha podido verlo. Nadie tiene ya excusa alguna para ignorar la situación infernal en la que sobreviven los españoles que no quieren dejar de serlo en el feudo abertzale.

Euskadi: un enclave totalitario en la Europa democrática. No se le dé más vueltas. El PNV y sus prótesis jamás admitirán que los vascos no nacionalistas gocen de libertad. En Euskadi, proyecto logrado de Sabino Arana Goiri, se pisotea impunemente el rostro sagrado del hombre. No es cuestión sólo de terrorismo, sino de una regeneración racial y por ende racista que hemos consentido y alentado. Ahora quizá sea demasiado tarde para todo, salvo para el horror.

Nacionalismo frente a derechos y libertades
ROGELIO ALONSO /PROFESOR DE CIENCIA POLÍTICA EN LA UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS El Correo 1 Abril 2007

La violenta historia del conflicto norirlandés ha sido inmortalizada a través de miles de fotogramas. En uno de ellos, filmado a finales de los sesenta, puede verse a un policía golpeando a un manifestante mientras éste se retuerce de dolor ante la brutalidad de quien debía velar por su seguridad. El oficial pertenecía a un cuerpo integrado mayoritariamente por protestantes unionistas, esto es, partidarios de mantener Irlanda del Norte dentro del Reino Unido. La víctima de la agresión era un ciudadano que pacíficamente reclamaba igualdad de derechos civiles para la minoría católica. En esa época, el reverendo Ian Paisley lideraba multitudinarias contramanifestaciones organizadas para neutralizar a quienes denunciaban las desigualdades de un sistema político dominado exclusivamente por los unionistas norirlandeses. En unos pocos años, Gerry Adams se convertiría en un joven líder del IRA, una organización terrorista que aprovecharía ese volátil contexto político y social para incrementar su violencia nacionalista destinada a lograr que los seis condados de Irlanda del Norte abandonasen la jurisdicción británica unificándose con el resto de Irlanda en un solo Estado.

Hace unos días, cuatro décadas después de aquellos turbulentos comienzos de un conflicto que se ha cobrado más de tres mil víctimas mortales, Paisley y Adams aceptaban constituir un gobierno que administrará una limitada autonomía para Irlanda del Norte. Esto sucedía el mismo día en que Antonio Aguirre, militante socialista del Foro Ermua, era insultado por una turba nacionalista al entrar al Palacio de Justicia de Bilbao. Este ciudadano, golpeado por un activista nacionalista de rostro iracundo, fue intimidado y amenazado mientras acudía a escuchar la declaración del jefe del Gobierno vasco por reunirse con una organización ilegalizada. Un ciudadano respetuoso con la ley era agredido por militantes de un partido que se dice democrático tras haberse reunido uno de sus máximos representantes con quienes la legislación vigente ha situado fuera de la legalidad por su apoyo y vinculación a una organización terrorista. Tras la herida llegó el insulto de la portavoz del Gobierno vasco manipulando la realidad al transferir a la propia víctima la culpa por la agresión sufrida. Todo el episodio confirma cómo el nacionalismo institucional que ha administrado la autonomía vasca desde su origen no tiene reparo en deslegitimar las instituciones democráticas que escapan al control de los dirigentes nacionalistas, incumpliendo además su obligación de garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos vascos con independencia de su ideología.

La indefensión que Aguirre y muchos otros ciudadanos no nacionalistas sienten ante la incapacidad de poder ejercer sus derechos civiles en plena libertad recuerda esa desprotección que hace más de cuarenta años parte de la sociedad norirlandesa padecía ante la hegemonía unionista. Este paralelismo sirve para enmarcar de manera adecuada las instrumentalizaciones que del conflicto norirlandés suelen hacerse desde nuestro país, tal y como los recientes acontecimientos en Irlanda del Norte han vuelto a demostrar. La impunidad del agresor de Aguirre y el vergonzoso victimismo de un líder populista como el lehendakari, jaleado por quienes continúan ignorando las consecuencias que la intimidación del terrorismo etarra tiene sobre quienes son blanco de dicha coacción, evoca la falta de garantías soportada por aquellos ciudadanos de Irlanda del Norte que no compartían la ideología nacionalista pro británica que define al unionismo norirlandés. ¿Qué otra opción que la justicia a la que ha recurrido el Foro Ermua tiene un ciudadano obediente con la ley que desea denunciar la insistencia de la principal autoridad vasca en legitimar al portavoz político de una organización terrorista que continúa amenazando a la sociedad? En lugar de aceptar respetuosamente ese legítimo recurso de quienes sufren la violencia, el nacionalismo prefiere apelar al sentimiento tribal, exponiendo la falsa empatía con las víctimas del terrorismo etarra que dice perseguir a través de otros gestos que se demuestran así hipócritas.

La impostura del nacionalismo institucional, definiéndose como víctima de sucesivas injusticias al tiempo que se presenta como un desinteresado actor que busca con denuedo una paz que, insiste, sólo se alcanzará mediante ese genérico diálogo por el que abogan sus responsables, también encuentra un referente en el personaje de Gerry Adams. Al contrario de esa imagen que cuidadosamente ha alimentado el presidente de Sinn Fein, éste jamás formó parte del movimiento por los derechos civiles que durante los años sesenta denunció las injusticias contra la minoría católica, optando en cambio, y en contra del criterio de quienes lideraron esas históricas y valientes protestas, por el terrorismo como método de conseguir sus aspiraciones nacionalistas. Oportuno resulta destacarlo, pues quienes ahora vitorean el reciente acuerdo entre Paisley y Adams ignoran que bajo esa escenificación se esconde un terrible drama.

El apoyo de Sinn Fein al gobierno compartido que liderará el unionismo de Paisley confirma el fracaso de una violencia terrorista que ha sido incapaz de alcanzar sus objetivos nacionalistas mediante el terrorismo. No resulta extraño que, tras conocer el respaldo de Sinn Fein a la policía y a la judicatura en Irlanda del Norte, paso previo a la formación del gobierno ahora anunciada, la madre de un policía asesinado por el IRA formulara una pregunta devastadora para los asesinos de su hijo: «¿Para qué les ha servido tanta violencia?». En esas condiciones muchos han sido quienes han prostituido la historia para favorecer la rehabilitación de un cruento criminal como Gerry Adams, que, en su intento por legitimar sus acciones, ha justificado como necesario el terrorismo ante la supuesta ineficacia de los métodos pacíficos. Es totalmente falso que Adams desempeñara protagonismo alguno en un movimiento por los derechos civiles que sí fue eficaz. En 1968 Séamus Rodgers, representante de Sinn Fein en Donegal, reconoció que en unos meses el movimiento por los derechos civiles, a través de sus manifestaciones pacíficas, había conseguido mucho más que el IRA en toda su existencia.

Esta variable arroja otra interesante comparación con nuestro propio ámbito, donde el modelo norirlandés es utilizado por algunos para exigir concesiones que refuercen a quienes apoyan el terrorismo. A este respecto es revelador el testimonio de Séamus Mallon, dirigente del que hasta 2001 fue el partido nacionalista más votado en Irlanda del Norte, el SDLP (Social Democratic and Labour Party), liderado durante décadas por John Hume. En su opinión, había «otra vía» para alcanzar «esta paz». Tanto Mallon como Hume formaron parte de ese movimiento por los derechos civiles que aglutinó a católicos y protestantes reclamando «derechos civiles para ciudadanos británicos», anteponiendo así la igualdad de derechos a un nacionalismo dogmático e identitario. Sin embargo, estas figuras que representaron la voz mayoritaria de una comunidad contraria al terrorismo, se han visto perjudicados en los últimos años por la política del Gobierno británico, profusa en simbólicas concesiones hacia los violentos que inevitablemente han debilitado a quienes optaron siempre por los métodos pacíficos. Como destacados políticos y funcionarios británicos e irlandeses ahora reconocen, esa política ha destrozado electoralmente a los moderados fortaleciendo a los extremos y con ellos a una peligrosa narrativa histórica que no hace justicia a quienes siempre se opusieron a un terrorismo que aspiraba a unir territorios en vez de personas. De ese modo se ha desmoralizado a quienes han respetado la ley, logrando desactivar a una formación como el SDLP, cuyo origen y filosofía difieren notablemente de un nacionalismo étnico y excluyente como el que ejerce el poder en el País Vasco. La propia denominación de las formaciones reconocidas como nacionalistas en uno y otro contexto expone significativas diferencias. Repárese en cómo, frente a los valores «socialdemócratas y laboristas» que enfatiza el partido norirlandés con su designación, el PNV subraya su condición de «nacionalista vasco».

Como han confirmado las desoladoras imágenes de la rabia nacionalista agrediendo a un ciudadano indefenso, el odio alimentado durante cuarenta años de la hegemonía ejercida por el nacionalismo vasco no surge de la exclusión de su ideología, sino del desprecio hacia una identidad cívica que simplemente aboga por la igualdad de derechos y libertades. Un siglo atrás, un sector de la sociedad norirlandesa reivindicaba también esa equiparación de derechos y libertades que el unionismo les negaba. Por ello la reciente fotografía de la interesada reconciliación de los extremos norirlandeses acordando gestionar esa limitada autonomía que el IRA se negó a aceptar antes, cobrándose en consecuencia ese obsceno coste de miles de vidas humanas, revela otro fracaso. No es sino el de un nacionalismo vasco que desde el poder ha renunciado a construir un país en el que también sean respetados los derechos de quienes son incapaces de ejercerlos en plena libertad como consecuencia, fundamental pero no exclusivamente, de una amenaza etarra que, no se olvide, persigue unos objetivos nacionalistas.

Los cuentos van tocando a su fin
José Antonio Portero Molina La Opinión 1 Abril 2007

Otegui ha dicho, por fin, una verdad: que no queda margen ya para seguir con engaños. El que Batasuna puso en circulación, que estaban por la vía política, tenía, en principio, vida para rato porque contaba con mucho público dispuesto a creérselo. Tantas ganas había de que el engaño no lo fuera que se llegó, incluso, a pensar que era posible la cuadratura del círculo: que si Otegui renunciaba a la violencia, condenarla era demasiado y pedir perdón era provocarle, ETA, ya sin apoyo social, acabaría sucumbiendo. Durante estos años, Otegui ha ganado una imagen de paciente y sufrido encajador de los insultos de las víctimas y del PP, y de las acciones judiciales y policiales. Ha llegado a desistir de exigir la derogación de la Ley de Partidos y de su empeño en que Batasuna se presentaría, tal cual, a las elecciones. Pero, con sus penúltimas declaraciones en las que vinculaba el logro de su proyecto independentista a la voluntad democráticamente expresada por los vascos y afirmaba que el Estado no tenía por qué hacer concesiones especiales a la izquierda nacionalista, Otegui ha llegado al límite de lo que puede dar. Otegui no tiene más conejos en la chistera y el auditorio ya sabe que, detrás del telón, ETA sigue a lo suyo sin ceder un milímetro, y que es ETA quien maneja a Otegui y no al revés. Destripado el cuento, descubierto el engaño, el público ya sabe que, aunque Otegui renunciase a sus vínculos con ETA, aunque la condenase y pidiese perdón, lo que nunca podría garantizar es que ETA no va a volver a atentar. Desde la barbaridad de Barajas da lo mismo que Otegui regale duros a cuatro pesetas porque son más falsos que un duro sevillano. ¿Cuánto vale hoy para lograr la disolución de ETA que el nuevo partido de Otegui pueda concurrir a las elecciones? La respuesta la ha dado quien únicamente puede darla, que es ETA, y la respuesta es: nada. Y como el Gobierno ya lo sabe no va a facilitar su legalización, sino todo lo contrario.

El Gobierno acudió al engaño pero engañando también. Y su engaño quiso creérselo Otegui porque era hermoso imaginar una mesa de negociación política, un organismo mixto con Navarra, una votación favorable al proceso en el Parlamento europeo, un cese de hostilidades policiales y judiciales y una concurrencia a las elecciones de mayo. Pero los cuentos del Gobierno ya no pueden durar más, y Otegui ya sabe que de lo dicho no hay nada porque tampoco al Gobierno le quedan conejos que sacar de la chistera. Mientras ETA no ceda, Zapatero no puede dar un paso más porque la sociedad española, su electorado incluido, no se lo consentiría.

Otegui ha querido engañar al Gobierno haciéndole creer que controlaba a ETA. Y el Gobierno ha querido engañar a Otegui haciéndole creer que controlaba a la sociedad española como controla a la mayoría de los grupos en el Parlamento. Pero el tiempo de los cuentos y de los cuentistas ha pasado y, rematado el proceso, sólo quedan tres verdades en pié: que ETA sigue donde siempre estuvo; que sólo la eficacia policial, la firmeza judicial y la colaboración francesa pueden arrinconarla e, incluso, hacerla desaparecer un día, y que la sociedad española no está dispuesta a comulgar con ruedas de molino. Esa es la triple realidad que los cuentistas se han empeñado en ignorar durante tres años pero la realidad, ya se sabe, es tozuda como ella sola.

Y un segundo cuento les ha estallado en las manos a otros cuentistas que conspiran a voz en grito y en algunos despachos del PP. A Díaz Mera, a Aznar, a Ramírez, a Jiménez, a Acebes y a algún otro se les acaba de romper el cántaro de la fabulación como a la lechera del cuento. El proceso judicial comienza a dar sus frutos y Rajoy no puede seguir en la duda, exigiendo más luz cuando el sol está en todo lo alto. Ahora no tiene disculpa para mandar callar a Aznar y a su partido y para romper rotundamente con los fabuladores de prensa y radio. ¡Ya debería haberle exigido a Díaz Mera la devolución del euroescaño!

José Antonio Portero Molina es Catedrático de Derecho Constitucional de la Univ. de A Coruña

Punto cero
f.dominguez@diario-elcorreo.com FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 1 Abril 2007

Arnaldo Otegi sostiene que o se acepta el nuevo partido que ha creado Batasuna o no hay proceso. Pernando Barrena afirma que no aceptarán nada por debajo de la territorialidad y la autodeterminación. El mensaje que queda después de oír a los que decían que no había que pagar un precio político es que o se aceptan sus condiciones o continuará la violencia, que no han renunciado a sacar un rendimiento de las armas de ETA.

Vuelven a traer ahora la propuesta de autonomía con Navarra y autodeterminación, la misma que presentaron en 1976, como si no hubiera pasado el tiempo, como si los ciudadanos en ese tiempo no hubieran elegido y votado una configuración institucional reflejada en el Estatuto de Gernika y en el Amejoramiento Foral de Navarra.

El discurso de ayer en el BEC, el de todos estos días, lleva el mismo pecado original que ha arrastrado ETA desde el inicio de la democracia: la pretensión de volver a un punto cero, a antes de la transición, para cambiar todo lo que se ha hecho desde entonces, para que se reconozca que ellos han tenido razón durante todo este tiempo y que su violencia tenía motivos justificados. Por eso hablan de la transición, no de una segunda transición, como dicen algunos en el campo de los demócratas, sino de la primera.

Los dirigentes de Batasuna parecen encerrados en la rueda del tiempo e intentan imponer esa visión de la historia cada vez que tienen una oportunidad. Lo quiso hacer Eugenio Etxebeste, 'Antxon', en Argel y lo volvió a intentar 'Mikel Antza' en el comunicado de la tregua de 1998. Las mismas claves se vieron en el discurso de ayer: el modelo político actual está en crisis gracias a la violencia etarra y los demócratas deben reconocer sus errores y volver al punto cero.

El discurso de Barrena atribuyendo los supuestos éxitos políticos a «la lucha de la izquierda abertzale», es decir a ETA, es el menos adecuado para persuadir a los miembros de la organización terrorista y a sus simpatizantes de la necesidad de abandonar la violencia. ¿Quién renuncia a un instrumento de tanto provecho para la causa? Cuantas más justificaciones históricas le busquen más ayudan a perpetuar el terrorismo.

Los dirigentes de la izquierda abertzale retaban ayer al PSOE a «entablar la batalla de las ideas», el mismo día que la Guardia Civil descubría que los integrantes del 'comando Donosti' de ETA tenían en su poder casi doscientos kilos de explosivo. Tal vez deberían comenzar explicando qué clase de debate puede celebrarse bajo la amenaza de la dinamita y de la violencia de ETA.

Gracias a Garzón, los pro-etarras se jactan de la crisis del Estado
Editorial Elsemanaldigital  1 Abril 2007

Aprovechando el resquicio que les ofrecía el auto emitido el viernes por el magistrado Baltasar Garzón, los pro-etarras consiguieron finalmente celebrar el acto que habían convocado en Baracaldo. Por el simple expediente de omitir las referencias directas a la nueva marca de Batasuna, Abertzalen Sozialisten Batasuna (ASB), lo que era una patente vulneración de la Ley de Partidos Políticos se trasmutó sin cambiar en absoluto su contenido ni sus protagonistas en una convocatoria perfectamente legal. Al menos, a los ojos de Garzón.

Esta facilidad para burlar las reglas del Estado de Derecho, con un Gobierno entregado y la cooperación de quienes desde las instituciones siguen apoyando el "proceso de paz" emprendido por José Luis Rodríguez Zapatero, no podía menos que reafirmar a los pro-etarras en sus posiciones tradicionales. Así, Pernando Barrena dejó otra vez meridianamente claro que "no va a haber nada por debajo de la territorialidad y la autodeterminación".

Tampoco Arnaldo Otegi tuvo necesidad de disimular. Como cabía esperar a la vista de que la nueva marca pro-etarra incluye expresamente la palabra "Batasuna", advirtió que "la izquierda abertzale estará en las próximas elecciones tal y como es, sin subterfugios y sin disfraces".

Con ello encontramos expuestos los tres requisitos para la negociación que ETA siempre ha planteado, que son al mismo tiempo condiciones y objetivos de dicha negociación, y que según los propios batasunos forman parte de compromisos ya adquiridos por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con los terroristas: el reconocimiento del derecho a la autodeterminación, la territorialidad, es decir, la anexión de Navarra al País Vasco, y la legalización de Batasuna, para luego formar una "mesa de partidos" que incluya a la organización pro-etarra y que de facto sustituya a las instituciones parlamentarias y democráticas.

Nada de esto es novedoso. Sin embargo, resulta estremecedora la jactancia con que los dirigentes del brazo político de ETA ayer se enorgullecían públicamente de que "la lucha mantenida por la izquierda abertzale ha provocado la actual crisis del Estado español".

Esa "lucha" no es otra cosa que una actividad criminal que ha provocado más de ochocientos muertos y miles de heridos y damnificados. Pues bien, a día de hoy, los responsables de tanto sufrimiento sienten que han ganado y que han logrado doblegar al Estado. Semejante percepción algo debería preocupar al Gobierno.

Además, los terroristas y quienes les apoyan se equivocan. Las instituciones públicas no son propiedad de quienes las ocupan de manera temporal. Aun en el caso de que éstos, abusando del poder que el pueblo les ha conferido, intentasen rendir el Estado a los criminales, hay una sociedad viva y despierta que ya ha demostrado, movilizándose en la calle pacífica y democráticamente, que no está dispuesta a tolerarlo en silencio.

No va a haber nada sin Navarra.
Vicente A.C.M. Periodista Digital 1 Abril 2007

Parece ya el estribillo de una canción. Lo malo es que se trata de una canción fúnebre y macabra que quiere acabar con la Unidad de España. Así, con el chantaje, con las amenazas de volver a lo de antes, es decir a los asesinatos, a las bombas lapa, a los coches bomba. Bueno, realmente a eso ya volvieron el 30D en Barajas. Como era de prever, ayer se cometió otro fraude de Ley, con la estudiada ambigüedad del Auto del juez Garzón. Ayer ETA se volvió a reunir sin que nadie lo impidiera. Y creo que el Gobierno esperaba oír algo, algún zutabe de esos en el que la banda terrorista siga concediendo su falsa tregua, a cambio de que se cumplan todas sus exigencias.

Lo que quizás no se contaba es con la eficaz labor de la Guardia Civil, que demuestra su profesionalidad y su oídos sordos a las recomendaciones de no violentar a los etarras. Las detenciones del comando Donostia y la localización de zulos con armamento y explosivos, es un rayo de luz, una brizna de esperanza que nos conforta a los que creemos en que la lucha anti terrorista no debe ralentizarse por cuestiones de conveniencia política. Este golpe a ETA y su estructura de comandos terroristas, dirán que no es el mejor camino para el proceso de Zapatero. Y la verdad, me alegro de que así sea, porque sí es el mejor camino para acabar con todos estos asesinos en la cárcel.

Sin Navarra no va a haber nada. Dan por descontado que Navarra es una pieza ya capturada, aún sin haberse realizado lo que dice la Constitución. Su seguridad es proporcional al miedo del Gobierno porque vuelvan los atentados. El desafío de BATASUNA-ETA es rotundo, repetitivo y consciente de que al final, obtendrá su fruto. Los hechos han demostrado que es así, casos de Juana Chaos y Otegi. Ayer el espectáculo de los etarras fue una bofetada en la cara de los demócratas y un insulto al Estado de Derecho y la Justicia. No hay variación en las posturas abertzales, solo esperan que Zapatero y este Gobierno acobardado, actúe sin componendas, ni disimulos. Ayer ETA comenzó la campaña electoral sabiéndose inmune e inviolable por la protección de este Gobierno.

Sin Navarra sí habría algo y es la mezquina traición de un Gobierno a su País. Sin Navarra, España quedará hecha pedazos por culpa de unos gobernantes cuya labor deberá ser juzgada y sometida a la condena moral y penal que merecerían.

La agonía de una patraña
Luis del Pino Libertad Digital 1 Abril 2007

La película de los hechos se va completando. Aquella mañana del 11 de marzo, estalló en los trenes un explosivo que tenía nitrato amónico, nitroglicol, nitroglicerina y dinitrotolueno. Los análisis realizados a primera hora habrían arrojado la presencia de esos componentes, pero alguien tomó la decisión de ocultar aquellos datos que apuntaban a ETA (porque esos cuatro componentes forman parte, entre otras dinamitas, de la Titadyne) y volcar las elecciones sacando las pruebas falsas necesarias para poder responsabilizar a algún cabeza de turco con perfil islamista.

Esa labor de intoxicación masiva de la opinión pública tenía dos caras: de un lado, era necesario llevar a cabo la propia maniobra de ocultación. Para ello, hubo que romper el protocolo y evitar que las muestras de los trenes fueran analizadas por la Policía Científica, con el fin de que no quedara constancia de los análisis. Se hizo necesario no incorporar al sumario la lista de muestras recogidas en los trenes. Se hizo necesario mantener a buen recaudo, dentro del laboratorio de los Tedax, esas mismas muestras. Se hizo necesario no enviar al juez Del Olmo los resultados de los análisis realizados por los propios tedax a mediodía de aquel 11-M.

Esa tarea de ocultación tenía que complementarse con la aparición de las pruebas falsas que permitieran presentar a la opinión pública una hipótesis creible alternativa, para conseguir el efecto deseado. Y esas pruebas falsas debían incluir:

* una teoría sobre cuál era el explosivo de los trenes
* una explicación del lugar de donde dicho explosivo podría haber salido
* un grupo de pretendidos islamistas a los que poder responsabilizar de la colocación de las bombas.

Para evitar el razonamiento mortal (si ha explotado Titadyne, el autor más probable es ETA), era preciso convencer a la opinión pública de que había estallado otro explosivo. De ahí la aparición de Goma2-ECO en la furgoneta Kangoo, de ahí la aparición de Goma2-ECO en la mochila de Vallecas. Había entonces que explicar de dónde había salido esa Goma2-ECO, y nada mejor que utilizar para ello a una trama de confidentes controlados que operaban en las minas de Asturias. Y había, finalmente, que encontrar algún "moro" al que poder responsabilizar de los atentados, y al que poder responsabilizarle rápidamente, para poder llegar a tiempo de volcar las elecciones y garantizarse un nuevo Gobierno dispuesto a sostener la gran patraña. El teléfono y la tarjeta encontrados en la mochila de Vallecas permitieron empezar a detener rápidamente a los presuntos (y falsos) islamistas.

La aparición de esos cuatro componentes en la muestra de polvo de extintor de la estación de El Pozo se suma a la aparición de dinitrotolueno en las muestras restantes. Y esos datos permiten afirmar, ya sin ningún género de dudas, que la versión oficial es una gran mentira. Pero estos datos permiten, además, hacer un importante ejercicio de retrospección, para calibrar la verdadera naturaleza de lo que ha pasado en España desde el 11-M: si el día 11 de marzo se hubieran hecho públicos los análisis que demostraban la presencia de esos cuatro componentes de la Titadyne en los trenes, ¿hubiera sido posible la campaña de agitación que tuvo lugar entre el 11 y el 14 de marzo? ¿Hubiera ganado Zapatero las elecciones? ¿Habríamos visto lo que hemos visto en estos tres años? ¿Estaría la banda terrorista ETA a punto de lograr sus objetivos máximos?

Los análisis de las muestras de los trenes han acabado con la versión oficial, pero no sólo con ella: también han terminado con la falsa legitimidad de un Gobierno que accedió al poder merced a una gigantesca maniobra de manipulación de la opinión pública y que ha estado haciendo lo posible, durante estos tres años, por obstaculizar las investigaciones, al mismo tiempo que pactaba el futuro del pais con quienes hubieran sido los primeros sospechosos en caso de haberse hecho públicos los análisis de los explosivos inmediatamente después de la masacre.

Fernando Savater: «Con una Batasuna legal volvemos a financiar las armas con las que van a matarnos»
POR ANTONIO ASTORGA. ABC 1 Abril 2007

Cuando Fernando Savater era aún barbilampiño —a la edad de 20 años, vísperas de mayo del 68—, la pasión absorbente y tiránica de su generación era la política. Discutían sobre cómo acabar con el Poder y establecer la libertad, se rebelaban contra la guerra de Vietnam, contra la dictadura de Franco, contra la tiranía de la burocracia estalinista en Praga o Varsovia.

Preveían y anhelaban —y así lo cuenta en «La vida eterna» (Ariel), su nuevo libro— grandes batallas contra el imperialismo, el capitalismo, la burocracia. Pero las únicas luchas para las que no estaban preparados ni predispuestos eran las guerras de religión: «Pensábamos lo que dijo Marx de que la religión era el opio del pueblo, una especie de adormecedor, pero luego la religión se ha revelado como una cocaína del pueblo, porque es un estimulante, una cosa que pone en marcha a mucha gente a veces para bien —hay personas que son capaces de hacer actos de devoción, cuidar leprosos o cosas que probablemente otros no haríamos—, pero desgraciadamente, en cambio, sirve para justificar enfrentamientos, terrorismo». Hoy, los nacionalistas, los terroristas, sus acólitos y quienes aplauden y justifican ese terror tienen enfrente a Fernando Savater, voz y bastión inquebrantable contra el fanatismo y la falta de libertades.

—¿El nacionalismo es una religión de fanáticos?
—Sí, y ha sido el sustituto de fanatismos religiosos. Ahora coexiste: tenemos fanáticos religiosos y fanáticos nacionalistas. Pero el nacionalismo se ha ido haciendo fanático cuando se ha ido haciendo innecesario. Una vez que las naciones se han hecho modernas, y se basan en la Constitución y en los derechos humanos, el nacionalismo es innecesario, porque lo que trata de afirmar es ese narcisismo de las pequeñas diferencias, que es el fondo del etnicismo, la xenofobia, y se va haciendo cada vez más radical porque es insostenible desde el punto de vista racional.

—¿Vive Savater en estado de cabreo?
—A ratos. A veces estoy cabreado, y otras melancólico. Me duelen las ocasiones perdidas, me duele y entristece ver cómo tanta gente se ha revelado mucho más sectaria y vendida al Gobierno de lo que creía, y mucho más dispuesta a decir lo que sea con tal de que no vuelvan «los otros». Son personas a las que tengo afecto, y la tristeza me impide dar nombres.

—Una de las ocasiones fue cuando se pudo derrotar al terrorismo.
—El único momento en que el nacionalismo ha temblado fue en 2001, cuando vio que se juntaban los socialistas y el Partido Popular. Ese fue el instante, que causó que 70.000 votantes de Batasuna se pasaran a toda velocidad al PNV para salvar los muebles, en el que el régimen nacionalista —porque lo que hay en el País Vasco no es simplemente un sistema democrático sino un régimen— estuvo a punto de tambalearse. Si hubiéramos seguido por esa vía no habría habido rebrote de la violencia y ETA habría terminado por ceder. Pero esa vía no se siguió. Todo el mundo prefirió alejarse de ella, y así estamos.

—Y Zapatero, entretanto, instalado en las calendas del abuelo Pachi, sin saber lo que cuesta un café.
—Eso parece muy prometedor, menos mal que me gusta el té.

—¿Cómo le intentó conquistar el nieto del capitán Lozano hace dos años para su «proceso de paz»?
—No es que me cortejara, es que coincidimos en una reunión en casa de unos amigos comunes y se habló del tema. Y como algo sabe uno —no por sabio, sino por padecerlo— le expresé mis opiniones, y Zapatero me mostró las esperanzas que tenía. Había esa idea de que ETA estaba buscando una salida y quería ponerse en contacto con el Gobierno porque ya consideraba que la cosa se había acabado, y a mí me pareció muy bien. Si ETA realmente ha llegado a la conclusión de que ya se había pegado con la pared, pues hablar con ellos para ver cómo se arregla la cosa de las cárceles, de la gente que está fuera, cuáles son las responsabilidades penales que se piden... todo eso me parecía perfecto, y así lo dije. Pero había una alarma —y a los cuatro días de esa reunión escribí un artículo titulado «La segunda mesa»—, que era: vamos a confiar en esa primera mesa, Gobierno-ETA, pero el problema es la segunda mesa, en la que los nacionalistas, bajo el pretexto del cese de la violencia de ETA, van a cobrarse los réditos. Hasta nueve meses después la gente no se dio cuenta de lo que quería decir. Ahora parece que sí, y que no estaba tan desacertado.

—Otegi dice ahora que el nuevo collar para el mismo perro —o sea, «Abertzale Sozialisten Batasuna»— cumple «escrupulosamente» la ley de Partidos.
—Ese es un grupo trampa. Ellos ya saben que les van a decir que no y dejarán así que quede bien el Ministerio del Interior ilegalizándoles, porque va a parecer que se ha puesto firme. Y de otra manera, van a intentar meterse en las instituciones vía Las Tierras Vascas o las asociaciones de esas listas de votantes. El ministro de Justicia y el fiscal general han dicho que van a estar muy atentos, que van a vigilarse mucho, y que no se va a dejar. Esperemos que lo hagan así, ojalá, eso es importante. Porque si no, volvemos otra vez a financiar las armas con las que van a matarnos. No olvidemos que eso es volver a financiar el terrorismo.

—¿El diálogo que patrocinan los nacionalistas es el de «la patada en los cojones», tras la brutal, incomprensible, injustificable agresión de un asesor del PNV a Antonio Aguirre, del Foro Ermua?
—Vivimos en el País Vasco de la patada en los cojones y en el País Vasco donde el Gobierno culpa al que ha recibido esa patada de provocación. ¡O sea, resulta que cuatro o cinco personas que estaban allí provocaban a mil quinientas! ¿Y si un psicópata le pega la patada a un señor es que ese señor se había interpuesto delante del pie del psicópata? Esa es la vía habitual en el País Vasco y la reacción habitual del Gobierno vasco y del contubernio tripartito que gobierna allí. Es decir, la violencia está muy mal, pero si usted no hiciera lo que no debe no le pasaría nada.

—¿El PNV culpa como Franco?
—Exactamente lo mismo que en el franquismo: si tú no te metes en nada, no te van a llevar a la cárcel. Franco sólo metía en la cárcel a los que le llevaban la contraria, y los que no se la llevaban, tan contentos, campando por sus respetos, de fiesta los domingos... Mire, publica el «Gara» unas fotos muy significativas sobre la korrica, que es una especie de carrera que se hace en pro del euskera, no porque el euskera esté perseguido, sino más bien todo lo contrario. Y en esa korrica se exhiben las pancartas con las fotos de todos los presos, lemas a favor de Batasuna, etcétera... Y se va extendiendo. El otro día estuvo aquí en Madrid, delante del Parlamento, aparte de que la korrica está financiada por el dinero de las autoridades. Porque allí toda la subversión se hace con dinero público. Entonces, algunos socialistas han decidido correr algunos tramos de la korrica en pro «de la reconciliación y del amor entre los seres humanos». Y así tenemos esta imagen ridícula: delante corren los señores del PSOE, y detrás van otros con las pancartas y con las fotografías de los que han asesinado a los compañeros de los del PSOE. A eso es a lo que se llama en el País Vasco reconciliación.

—¿La religión fanático-nacionalista ha secuestrado la libertad en el País Vasco?
—Claro, hay una especie de limpieza étnica incruenta que es hacerle la vida imposible a la gente, o aburrirla para que se marche a otro lado. Nosotros padecemos un nacionalismo fanático siempre, y violento a veces, porque hay que distinguir: el nacionalismo de mucha gente del PNV, como hemos visto, es fanático. Son más fanáticos, retrógrados, xenófobos y elitistas los del PNV que la gente de Batasuna, que, mal que bien, son más jóvenes y modernos, y tienen una visión, digamos, más guerrillera y tercermundista del nacionalismo. El verdadero y aborrecible fanatismo, la verdadera imagen nacionalista aborrecible es la del PNV y la del nacionalismo tradicional vasco. El aranismo es lo verdaderamente aborrecible dentro del nacionalismo. Lo que pasa es que esos a veces no matan, y entonces son detestables ideológicamente, pero soportables como ciudadanos. En cambio, hay otros fanáticos que matan, y que imponen gracias a esa coacción sus ideas sobre la sociedad: son, naturalmente, el mundo de ETA-Batasuna.

—¿Por qué medio País Vasco mira a un lado mientras los terroristas asesinan, extorsionan...?
—Claro, ahora que se está hablando, con esperanzas, del proceso que está ocurriendo en Irlanda se ve que hay una diferencia fundamental entre los países en que mataban los dos bandos y donde sólo mata uno. Porque cuando matan los dos bandos es relativamente fácil ponerse de acuerdo: tú no me matas a mí, yo no te mato a ti. Los partidarios del diálogo debían de pensar que ese es el tipo de diálogo —que en el fondo no es diálogo, sino negociación— que se puede mantener. Pero es que en el País Vasco sólo tenemos miedo unos, los otros no tienen miedo. Los nacionalistas quieren en el País Vasco que acabe la violencia para disfrutar tranquilos de lo que han obtenido por medio de la violencia: la hegemonía decidida del País Vasco. Obtenida esa hegemonía, asentado su control allí, desaparecidos en combate los no nacionalistas o porque se han ido o los han matado o no se atreven a hablar, es verdad que la violencia sobra, porque atrae una atención indeseable de las autoridades del Estado y otros países sobre el País Vasco. Lo que les inquieta es que algunos digamos que queremos que acabe la violencia, pero también queremos que se replantee esa hegemonía.

—Y el nacionalismo mira al otro lado, y no se replantea la pérdida de libertades en el País Vasco.
—El nacionalismo en todo este tiempo no ha hecho ni una concesión a los no nacionalistas. Cuando se habla de que se vive mejor, ¡vivirán mejor Patxi López y Egiguren!, aunque ninguno ha prescindido de escolta, pero la gente, los escritores vascos no afectos al régimen, sigue y seguimos sin aparecer jamás en la Euskal Telebista, en la Euskal Irratia, etcétera... Los actos públicos, la escuela vasca, todo está dominado por el nacionalismo. La única forma de ser soportado allí es no tratar de reivindicar ninguna seña de identidad que no sea la nacionalista. Ahora se quiere trasladar a la Educación y se quiere convertir en un monopolio también de la misión identitaria nacionalista, con el currículum vasco, con la exclusividad del euskera...

En Euskadi cuando se habla de lengua materna siempre es el euskera, y los demás no tenemos lengua materna. La gente ve el muerto, y yo comprendo que si mañana ETA dice que deja de matar a todo el mundo, España respira porque piensan que a ellos les podía tocar, pero lo que pasa es que en el País Vasco nos quedamos con ese monopolio absoluto establecido, por supuesto. gracias a la violencia de ETA en todos los campos y todos los sitios. En «El Plan de Educación para la Paz» se habla del conflicto, del problema vasco, y no de la Constitución, de la democracia, de lo que es ETA... Lo que denunciamos es que no nos gusta el País Vasco conseguido por medio de la violencia en que tenemos que vivir.

—El último Euskobarómetro señala que la temperatura del odio en la sociedad vasca está «muy arraigada y es asimétrica».
—Fíjese en la cara del tipo que le pegó la patada a Aguirre.

—Ese tipo es del Neandertal.
—Yo creo que en la próxima Enciclopedia la voz y la imagen de «fanático-psicópata» se puede ilustrar con la foto de ese tipo, que será su única forma de contribuir a la ciencia.

—Antonio Aguirre dice que lo que más le dolió, aparte de la patada del energúmeno nacionalista, es que le llamaran «fascista, falangista», y que los corifeos de Ibarretxe prorrumpieran en amenazas: «Ojalá os pongan una bomba», «que os maten». ¿No es eso provocación?
—Eso nos está sucediendo a todos. A mí, porque publiqué un artículo en «El Diario Vasco» en el que disentía sobre la sentencia del caso De Juana y hacía un poco de humor sobre lo que dijo Miguel Buen en el sentido de que estaba más tranquilo en Rentería que en Madrid, Buen mandó un artículo diciendo que yo era el teórico de la extrema derecha en el País Vasco. Buen es uno de los altos dirigentes del Partido Socialista en Guipúzcoa. Que gente así esté ocupando puestos en el Partido Socialista justifica la desconfianza que todos tenemos de que los socialistas vayan a servir para salvarnos de lo que ocurre en el País Vasco. Prefiero a Josu Jon Imaz que a Buen. Parece que tiene un desarrollo cerebral un poco más avanzado.

—Es admirable la dignidad del Foro Ermua, Covite y Basta Ya!
—Ahora mismo, después de la patada en los cojones a Antonio Aguirre me parece que si hay algo brutal, injustificado y vergonzoso es la concentración de los nacionalistas en apoyo del lendakari. El hecho de que a un señor, en la aplicación de la ley y al que no iban a fusilar, le pidan una declaración y tenga que ir todo el Gobierno vasco, un grupo de corifeos delirantes, que luego se le ponga una tribuna y salga y hable en un teatro sin cabezas ni pies es ya vergonzoso. ¿Cómo puede uno pagar impuestos en un país para que el tripartito esté presionando a los jueces de esa manera vergonzosa, haciendo ese número indecente ante la Audiencia de Bilbao? Es injustificable. Los únicos que mantienen un poco de dignidad son los que se indignan y que en uso de sus libertades dicen que les parece muy mal que estén haciéndose las presiones sobre los jueces que se están ejerciendo, y que van a mantener su querella contra el lendakari. Y en el Parlamento los socialistas no quisieron firmar la condena de una patada dada a un señor que era uno de los responsables socialistas hasta ayer, sólo porque ya como se ha caído de la ortodoxia no les gusta. Vergonzoso.

—¿Cree usted que hoy se ha perdido la decencia política humillando a las víctimas del terrorismo?
—No quiero caer en exageraciones del tipo: «¡El Partido Popular es la extrema derecha!», que como toda exageración me parece insignificante, ni tampoco que «¡El Gobierno es Goebbels!». Yo creo que es verdad que de hecho, en este momento, las víctimas pueden sentirse humilladas por una serie de gestos gubernamentales que son muy ambiguos, como en el caso De Juana Chaos. No es justificado decir que la decisión tomada en los asuntos De Juana y Otegi es legal; muy bien, pero había otras alternativas tan legales como esa que quizá habrían tenido un impacto diferente en la opinión pública y no hubieran humillado a las víctimas... La sociedad se puede sentir preocupada por una determinada deriva. En el volumen del país, ¿cuánto ocupan los partidos nacionalistas? Por un 8 por ciento de ciudadanos que tienen unas ideas disparatadas sobre etnicismo, ¿estamos condenados el resto a estar hablando de eso, limitando una serie de proyectos o libertades, y a que se cree cizaña permanente?

—¿Navarra se salvará del sueño terrorista «euskalérrico»?
—Los navarros no se van a dejar mangonear. Que la cosa ha estado discutiéndose está ahí, y que los abertzales no ceden, siempre. En todos los planteamientos radicales de ETA, Navarra era lo primero. Navarra es lo que certifica que su imperio ha triunfado. Desde un principio está la batalla por Navarra y por la anexión de una u otra forma. Lo que no se puede hacer, a raíz del quid de la violencia, es decir que «en el País Vasco no hay democracia, hay que empezar de nuevo porque esto no nos gusta y porque los nacionalistas todavía queremos todo lo que tenemos y el doble».

—¿El milenarismo mesiánico está incardinado al PSOE?
—No, no, el PSOE es puro oportunismo. El caciquismo tradicional en España era que unos cuantos señores en las regiones se encargaban de controlar la provincia, de manipularla e incluso de pegarle una paliza de vez en cuando al que disentía, y luego para que les dejaran tranquilos en su cotarro apoyaban al Gobierno de turno en Madrid, con sus dos o tres delegados. Y ese Gobierno de turno hacía como si no supiera lo que pasaba, y el cacique gobernaba en su circunscripción. El nacionalismo actual en España es el caciquismo con banda de música y bandera. Es la misma mentalidad. El PSOE lo que dice es que «a estos señores les dejamos que manden en lo suyo con tal de que a nosotros nos apoyen en Madrid, y gracias a eso nos perpetuamos en el Gobierno de aquí ad calendas graecas». No hay un verdadero conocimiento en España de lo que está ocurriendo en el País Vasco, y de la falta de libertades en el País Vasco.

—¿Hasta qué límite puede llegar la desesperación de los vascos no nacionalistas abandonados a su suerte frente a un fascismo abertzale que se sabe impune?
—Los no nacionalistas vascos no nos vamos a resignar a la hegemonía impuesta del nacionalismo. Estamos acostumbrados a que se nos diga que somos crispadores. Hay algún listillo ideólogo al servicio del Gobierno que dice que Basta Ya! es un apoyo del PP... Nos lo han dicho toda la vida: o éramos «submarinos socialistas», o «arma del PP» o «crispadores de la extrema derecha», pero gracias a eso la gente ha salido a la calle, ha habido una ley de Partidos, un pacto antiterrorista, y a ETA se le ha puesto contra las cuerdas. ETA es una herramienta para imponer un nacionalismo obligatorio. ETA es una violencia instrumental para conseguir unos objetivos determinados: y es que todo lo que no sea nacionalista sea excluido del País Vasco.

ETA ocultaba en Navarra 170 kilos de explosivos para coches bomba y bombas lapa
BEGOÑA LÓPEZ. PAMPLONA. ABC 1 Abril 2007

Mientras Arnaldo Otegi asegura que ETA está en «tregua», la Guardia Civil descubre en Navarra un auténtico arsenal de la banda terrorista con explosivo y artilugios para confeccionar coches bomba y bombas lapa. En total, el «comando Donosti», del que era responsable José Ángel Lerín Sánchez, almacenaba 170 kilos de material explosivo. Esta detención y la de otros seis etarras, unido al material incautado, constituyen el golpe más importante que ha recibido ETA desde la caída de «Mikel Antza» en octubre de 2004. No obstante, cuatro individuos que podrían estar vinculado al «comando Donosti» están en la actualidad en paradero desconocido y contra ellos hay dictadas órdenes de busca y captura.

Los seis registros realizados en la madrugada del sábado por la Guardia Civil en Navarra y Guipúzcoa, así como otros tres llevados a cabo en la tarde de ayer, son consecuencia de las investigaciones abiertas tras la detención de Lerín Sánchez y otros siete etarras -uno fue puesto en libertad-. El grupo había recibido la orden de la dirección de la banda, en concreto de Garikoitz Aspiazu, «Txeroki», de estar preparado para «dar duro» en cuanto recibiera la orden. Todo dependía de la suerte electoral de Batasuna: si hubiera hayado problemas para ir a las elección, ETA estaba ya preparada para iniciar una campaña de atentados para poner contra las cuerdas al Gobierno en plena campaña electoral.

Las investigaciones de la Guardia Civil condujeron a un trastero de la calle Lekuartea, de Berriozar (Navarra), propiedad de la familia de Lerín Sánchez. Según los datos facilitados por la Benemérita, que expuso en la Comandancia de Pamplona el material incautado, se encontraron 120,7 kilos de nitrato, 23 kilos de «kaskabarro» o cloratita, otros 21 de polvo de aluminio y 2,5 kilos de azufre. En ese local también había dos bidones llenos de productos necesarios para la fabricación del explosivo.
También se encontraron cinco marmitas y ollas de gran tamaño que ETA suele emplear para fabricar artefactos de gran potencia que luego coloca en los coche bomba. El «comando Donosti» también disponía de 20 metros de cordón detonante, cartuchos de caza, dos bombonas de camping gas, tuercas para emplearlas como metralla, cable, temporizadores, detonadores y tarteras de plástico como las que siempre ha usado para la confección de bombas lapa.

Un hermano huido
También en la localidad navarra de Berriozar, la Guardia Civil acudió a una vivienda situada en la calle Esaburúa, número 17, con la intención de capturar a Ignacio Lerín Sánchez, hermano del «liberado» José Ángel . Los agentes tenían una orden de detención pero no pudieron materializarla porque el buscado no estaba. Los hermanos, junto a otras dos personas, fueron acusados el 6 de enero de 1991 de participar en la quema de diez vehículos.

A la misma hora -tres de la madrugada- que un grupo de agentes de la Guardia Civil entraba en la casa de Ignacio Lerín, otra dotación irrumpía en un domicilio de la localidad navarra de Aizarotz, donde se incautaron de un ordenador y diversos documentos. El dueño de la casa, que podría estar relacionado con la familia Lerín Sánchez, tampoco pudo ser detenido al encontrarse ausente. Por ello, contra él hay dictada una orden de busca y captura.

El operativo desplegado en Navarra estaba sincronizado con otro puesto en marcha en Guipúzcoa. Así, en Hernani, agentes de la Benemérita realizaron dos registros y un tercero en el barrio donostiarra de Igueldo. Fue en calle Cristóbal Balenciaga donde los agentes se incautaron de una pistola Browning que no pertenece al lote de armas robado en Francia. En estos domicilios tampoco hubo detenciones porque sus propietarios no estaban.

Según las investigaciones de la Guardia Civil, José Ángel lerin Sánchez llegó a Guipúzcoa hace casi un año, coincidiendo con la declaración de tregua de ETA. Su misión, por encargo del jefe de los «comandos», Garikoitz Aspiazu, era reorganizar una serie de grupos y de colaboradores que tenían que estar preparados para atentar cuando la dirección de la banda lo ordenara.

Así, en los últimos meses, el cometido del «liberado» Lerín consistió en reclutar y adiestar activistas tanto en Navarra como en Guipúzcoa . Y fue hace unas semanas cuando el servicio de Información de la Guardia Civil lo detectó. Sus movimientos fueron seguidos y, por ello, los agentes pudieron identificar a los etarras que estaban a sus órdenes.

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