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Recortes de Prensa     Jueves 12 Abril   2007

Proceso de rendición
El locuaz mutismo ante la ETA
Cristina Losada Libertad Digital 12 Abril 2007

Siempre he echado de menos en los políticos españoles el uso de esa expresión, tan breve en inglés, tan lacónica: no comment. Un "sin comentarios" dicho a tiempo y cuánto tiempo nos hubiéramos ahorrado. Aquí, sin embargo, se lleva más lo que Shakespeare llamaba "esa charla de locos que sólo viene de la lengua y no del cerebro". Por eso es notable que, sin renunciar a la charlatanería, el Gobierno zapaterino haya puesto en circulación aquella fórmula anglosajona. En apariencia. Pues hay que consignar que sólo la utiliza en un caso y con una finalidad: escurrir el bulto ante ciertas comunicaciones de la ETA. Las que no son de su gusto. Las que colisionan con la visión que transmitió en su día ZP, de unos terroristas prestos a colgar armas y bombas a cambio de un pirulí y dos barquillos. Un cuadro enternecedor que le permitió inaugurar con toda pompa un "proceso de paz" fantasmagórico. Aún hace poco, ante los testigos de su ignorancia sobre el precio del café, reafirmaba su esperanza en la sustanciación del fin del terrorismo, sin ofrecer, como es habitual en él, ninguna prueba. El presidente necesita un país de crédulos. Y en parte, lo tiene. Pero esa es otra historia.

En un Gobierno y un partido con tendencia a la verborragia, y si no, ahí está Pepiño con sus ruedas de prensa y su blog heterodoso, el mutismo ante las bravatas y amenazas de la ETA resultaría ya de por sí digno de estudio. Pero es que de mutismo, nada. Bien mirado, lo que ofrece el Gobierno, y ha vuelto a ofrecer tras la entrevista a unos encapuchados en Gara, no es un no comment. Es la promesa de comentar. La esperanza de hacerlo algún día. Al decir que sólo comentará la declaración de la banda terrorista de que renuncia definitivamente a la violencia, trata de mantener viva la loca ilusión de que tal cosa puede llegar a ocurrir. Un indicio que revela, aún si no hubiera otros datos, que se niega a enterrar a la criatura fruto de sus secretas componendas. Que es un entierro al que le obligarían la letra de los bodrios que perpetra la banda y el ruido de su actividad creciente, la suya y la de sus tentáculos.

Comentar todo eso, llevaría al Gobierno adonde no quiere ir, de manera que calla. Y otorga. Yo, dice el Gobierno, sólo quiero oír una cosa. Y esa aparente firmeza –ahora, con las urnas en lontananza, toca firmeza– es pura debilidad. ETA repite una y otra vez lo contrario de lo que el Gobierno había dicho que diría y éste se niega a plantarle cara a una realidad que choca con sus deseos, dibujando de nuevo en el horizonte el espejismo del "comunicado final". Mientras los terroristas le hacen añicos el discurso de "la paz", Zapatero lo mantiene. Y sigue enviándole regalitos a la banda para ver si así le escribe lo que quiere leer, el panfleto que por fin podrá comentar.

El no comment del Gobierno ante la ETA no es tal, sino todo lo contrario. Pero, además, el Gobierno que comentó, y de qué manera, aquella declaración de "alto el fuego permanente" de la banda terrorista, el que la celebró como una oportunidad histórica, el que anunció una negociación basándose en ella, ha perdido el derecho a no comentar las siguientes.

El Foro Ermua tenía razón
POR LUIS DE LA CORTE IBÁÑEZ ABC 12 Abril 2007

COMO todos ustedes saben, durante las últimas semanas los miembros del Foro Ermua han sido hostigados por diversos medios entre los que se incluyen incontables injurias, cierta resolución municipal tan penosa como absurda y una patada en los testículos legitimada por todo un Gobierno autonómico, con la misma clase de justificaciones que los violadores dan a sus actuaciones más canallescas. Pero no deja de ser paradójico que, precisamente en el mismo momento en que el Foro está siendo atacado con más vehemencia y descaro que nunca, los sucesos e informaciones acumulados en los últimos meses parezcan confirmar la mayoría de los argumentos aducidos por aquel movimiento cívico para oponerse al mal llamado proceso de paz. Aunque sólo sea por rendir homenaje a sus valientes miembros en estos difíciles momentos, no está de más repasar algunos de sus juicios más acertados.

La violencia que no cesa
Según se indicaba en la resolución que el Congreso aprobó en mayo de 2005, el Gobierno de España sólo exploraría la vía de una solución dialogada al problema de ETA en el caso de que dicha organización terrorista diera muestras inequívocas de su voluntad de renunciar a la violencia. Pero ETA nunca ha dado tales pruebas ni tampoco ha dejado de practicar la violencia en formas diversas, ni siquiera a partir del momento en que anunció su contradictorio «alto el fuego permanente», el 22 de marzo de 2006. Precisamente en un reciente artículo publicado en ABC (31/3/2007), el profesor Rogelio Alonso revisaba minuciosamente los constantes esfuerzos desarrollados por la banda terrorista para practicar atentados mortales durante los años 2005 y 2006 hasta producirse los dos asesinatos de la T-4, en diciembre del pasado año. Lo cierto es que los miembros del Foro siempre tuvieron muy claro que ETA no albergaba intención alguna de interrumpir sus habituales pautas de violencia, coacción y delito durante esta nueva tregua-trampa, tal y como su presidente Mikel Buesa iría demostrando con hechos y datos en sucesivos informes de verificación (disponibles en http://www.foroermua.com).

ETA no se rinde
Ya en los prolegómenos que precedieron a la declaración de tregua, el Gobierno y otras voces partidarias de una posible negociación con ETA comenzaron a reiterar la idea de que dicha organización se reconocía derrotada y que su pretendida disposición a «dialogar» ponía de relieve el deseo de sus dirigentes y miembros de reintegrarse a la vida social y política ordinarias. Aunque los mensajes de los terroristas mantuvieran casi todos los ingredientes de su tradicional retórica belicista, sus términos más graves sólo pretendían dar apariencia de desenlace honroso a lo que sencillamente constituía una rendición pactada a cambio de amnistías más o menos amplias u otras medidas de gracia, como la reducción de penas o el traslado de presos. Por el contrario, otros interpretes, entre los que se incluiría el Foro Ermua, se mantuvieron escépticos ante la hipótesis de una ETA claudicante. Algunos analistas pensaron que ese pesimismo no era razonable, pues subestimaba la situación de precariedad en la que vivían los terroristas desde hace años, y que la oposición al nuevo «proceso» era fruto de los prejuicios alimentados por «la derecha» y sus medios afines, así como de un resentimiento comprensible pero carente de cualquier sentido práctico. Sin embargo, a medida que avanzara el tiempo de la tregua los sucesivos mensajes enviados por ETA al Gobierno comenzarían a dar la razón. Finalmente, la explosión de la T-4 arrojaría una luz definitiva sobre las intenciones de los asesinos. Como estos afirmarían pocos días después, las muertes de Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate pretendían demostrar que los objetivos políticos reiterados por la banda terrorista en los meses anteriores no debían seguir siendo interpretados por el Gobierno español como simples recursos retóricos, sino como condiciones de cumplimiento indispensable para «resolver su conflicto» con Euskal Herría.

La ruptura del pacto antiterrorista con el PP debilita al Gobierno y favorece a ETA Desde que el Gobierno comenzó a preparar a la opinión pública para un proceso de negociación con ETA, el Foro Ermua lideró junto a otros opositores ciudadanos la reivindicación de respetar el «Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo», suscrito en la anterior legislatura por el PSOE y el PP. Uno de los principales argumentos con los que se apoyó ese reclamo consistía en destacar los riesgos que entrañaba la posibilidad de que la estrategia antiterrorista se politizara en exceso a lo largo del actual periodo de gobierno, creando tensiones que perjudicarán la lucha contra ETA. Asimismo, diversos análisis elaborados por miembros del Foro señalaron tempranamente que la apuesta del Gobierno por una «solución dialogada» del problema terrorista implicaría una inevitable ruptura del pacto de Estado que acabo de mencionar y que dicha ruptura debía interpretarse como parte de un plan político basado en el aislamiento del primer partido de la oposición y destinado a aplicarse a lo largo de toda la legislatura.

Desgraciadamente, la liquidación de la antigua alianza antiterrorista entre los dos grandes partidos, la exclusión política del PP y las ventajas que ambos hechos podían proporcionar a ETA se han hecho particularmente evidentes en los últimos meses, desde finales de 2006 hasta el día de hoy. El propio atentado de Barajas haría avanzar el «proceso» a una nueva fase en la que la organización terrorista contaría con una capacidad de chantaje superior a la de la etapa anterior. La estrategia general de aislamiento al PP había colocado al PSOE en una situación capaz de acelerar el final de su gobierno si se producían más muertes o ataques espectaculares que, casi con toda seguridad, provocaría el rechazo definitivo de la sociedad española a los planes de «diálogo» con los asesinos. En consecuencia, o se reconstruía la alianza con el PP en materia antiterrorista (como pedía insistentemente el Foro Ermua y otras asociaciones, incluyendo a la mayoría de las víctimas) o se optaba por intensificar la dinámica de estigmatizar a la oposición de la derecha y los movimientos sociales críticos mientras se procuraba apaciguar a ETA para evitar nuevos atentados mortales, que es lo que realmente se hizo a través de diversos gestos y actuaciones como la excarcelación de De Juana o la retirada de cargos a Otegui. Para ser justos, habrá que reconocer al Gobierno (y, sobre todo, a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado) el golpe recientemente infligido a ETA con la operación que ha desmantelado el nuevo comando Donosti. Pero a nadie se le oculta que las averiguaciones derivadas de esa operación constatan el callejón sin salida al que nos han conducido la última tentativa de negociar con ETA.

Los seres humanos nos equivocamos sin parar y, en relación al proceso de negociación con ETA casi todo el mundo ha cometido errores de previsión y cálculo (aunque los del Gobierno parecen especialmente flagrantes). Por eso mismo, es seguro que en su actividad crítica los miembros del Foro Ermua habrán caído en alguna que otra equivocación. Sin embargo, creo que este movimiento ha acertado en lo fundamental: ETA no ha abandonado la violencia, tampoco ha decidido conformarse con una rendición ventajosa o impune (cuya legitimidad seguiría siendo muy discutible). Asimismo, la traición al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo da oxígeno a ETA y debilita al Estado. En definitiva, el mayor acierto del Foro ha sido no olvidar sus orígenes, como sí parece haberle ocurrido al alcalde de Ermua. Porque la cosa empezó, o se consolidó, en Ermua. ¿Lo recuerdan? Corría el mes de julio de 1997. De repente, y por efecto de un nuevo asesinato de ETA, millones de ciudadanos se dieron cuenta de lo evidente: los terroristas sólo merecen la derrota y sólo se rendirán cuando la sociedad se convenza de ese extremo. En esto el Foro Ermua siempre ha tenido razón, o al menos somos muchos los que así lo creemos.       Profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.

Un "avestruz" frente al rearme de ETA
EDITORIAL Libertad Digital 12 Abril 2007

La alianza de la mentira y el crimen, tal y como bautizamos la "paz de ZP" meses antes del chantajista comunicado de "alto el fuego" de ETA, nos acaba de proporcionar un nuevo y delirante capitulo por boca de la mano derecha de Rubalcaba y secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, para quien el "discurso del rearme de ETA es difícilmente compatible con la realidad".

Si bien el Gobierno del 14-M ha mentido desde el primer momento para maquillar las reales, chantajistas y confesas intenciones por las que ETA accedió al prenegociado comunicado de "alto el fuego", la negación de la realidad llevada a cabo ayer por el secretario de Estado es aún más notoria, al coincidir con un alarmante informe de Europol en el que textualmente se advierte de que "ETA ha reconstruido sus capacidades para golpear contra objetivos de perfil alto con atentados bien preparados, organizados y coordinados". ¿También considera nuestro secretario de estado de Seguridad que el informe de Europol es "difícilmente compatible con la realidad"?

El propio Ministerio del Interior colocaba hace unos días escoltas a los miembros de la Junta Directiva del Foro Ermua, poco después de que socialistas y separatistas los pusieran en la diana con su infame campaña de desprestigio perpetrada desde el mismo Ayuntamiento del que fuera edil Miguel Ángel Blanco.

Asimismo, Rajoy acaba de hacer público que Rubalcaba le ofreció personalmente, también hace unos días, reforzar la seguridad de los cargos del PP ante el riesgo de atentados, por no hablar de los robos de explosivos y pistolas perpetrados durante esta tregua o –más aun– por no hablar de la inmensa capacidad de destrucción que ETA demostró en el reciente atentado de Barajas, limitados deliberadamente como "advertencia", no por ello menos criminal.

Si bien es cierto que los terroristas reprochan al Gobierno de Zapatero no haber cumplido en su totalidad "sus compromisos de tregua" del Estado de Derecho, no es menos cierto que las detenciones de etarras, hasta hace bien poco, eran cinco veces menores que antes de la tregua terrorista, o que la mayoría de ellas se habían producido en Francia, o que nadie ha asumido las responsabilidades, ni políticas ni penales, por el chivatazo policial con el que se trató de desbaratar una operación antiterrorista, como la lideraba por el juez Marlaska contra el aparato de extorsión de ETA. Una extorsión económica contra empresarios vascos y navarros que, dicho sea de paso, también desde el Gobierno de Zapatero se nos quiso presentar como "difícilmente compatible con la realidad".

Con todo, y siendo evidente la capacidad chantajista y operativa de ETA, aun es peor el rearme "moral" y la recuperación de las esperanzas que este Gobierno le ha brindado a los terroristas, con tal de sustentar su frente anti-PP por razones electorales.

Ahora es tal la obsesión de los socialistas de que no se hable de la amenaza que supone ETA, que la niegan con la misma desfachatez con la que niegan que el terrorismo vuelve a ser en los sondeos la principal preocupación para los españoles.

ETA y los oráculos
Lorenzo Contreras Estrella Digital 12 Abril 2007

La entrevista-amenaza de ETA en las páginas de Gara sigue produciendo efectos inquietantes. La banda se ha jactado de ocupar, como así ha sido y sigue siendo, espacios preferentes en los comentarios políticos y periodísticos. Su mensaje ha llegado, como no podía ser menos. No hacía falta su advertencia de tener “muy en cuenta” el caso omiso que se hiciera a sus principales reivindicaciones, empezando con carácter inmediato por el supuesto derecho a participar en los próximos procesos electorales pese a la prohibición impuesta por la Ley de Partidos. Lo esencial de lo demás ya se conoce: derecho de autodeterminación y cuestión de territorialidad, referido esto último a Navarra como territorio anexionable a Euskal Herria. Es su programa de mínimos. A partir de ahí ya se sabe: soberanismo, que es la forma eufemística de invocar el concepto de independencia.

Pero ahora, ya de manera inminente, lo que se perfila, según los temores circulantes, es un atentado de gran magnitud o repercusión. El aviso ha llegado desde Europol o policía comunitaria europea. Se comunica que la banda se ha fortalecido en sus efectivos y arsenales. De sus intenciones todo es sólo adivinable. Únicamente hace falta reparar en lo que declaran sus miembros, el desafío constante de sus procesados y presos, sin olvidar la continua apelación de sus dirigentes más notorios y visibles respecto a lo que dicen no estar dispuestos a tolerar. De todo lo cual se deduce que Zapatero, pese a sus diálogos y aproximaciones más o menos confesadas a la organización terrorista, ha logrado que su famoso “proceso” de pacificación esté, como los propios etarras afirman, bloqueado. Pero precisamente en esta coyuntura, Fernando Vallespín, máxima autoridad del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que es tanto como decir el oráculo oficial, ha manifestado que Zapatero ganará las próximas elecciones del 2008, salvo que ese destino se vea interferido por una especial violencia de ETA. No es este pronóstico favorable a la repetición del mandato zapateril lo que se deduce de las encuestas últimamente publicadas, en las cuales los valores en cifras están muy empatados. De todos modos los sondeos no son dogma de fe ni merecen gran fiabilidad porque sus datos suelen responder a la intención previa de quienes los organizan y orientan.

Si la banda ataca ahora, en plena vecindad de los procesos electorales, y lo hace con ferocidad, lo normal es llegar a la conclusión de que quiere romper definitivamente la baraja. Una campaña de violencia en las fronteras de las urnas, con subsiguiente derrota electoral de Zapatero, sería una mala noticia para el PSOE, naturalmente, pero también para ETA. Nunca como hasta ahora la organización terrorista ha tenido tan cerca el avance hacia sus principales objetivos. Será difícil, si el naufragio de las “relaciones” ETA-Gobierno se consuma, otro ZP, actualmente frustrado en sus famosas predicciones optimistas cuando estaba apunto de producirse el brutal atentado de Barajas.

Es imposible penetrar en los secretos de la estrategia etarra. Los más duchos expertos se vienen equivocando en sus cálculos. Sólo cuando el pesimismo se vuelve extremado por conveniencia política es cuando, por lo común, el acierto profético se ofrece como fruto natural. José Antonio Ardanza, ex lehendakari, ha irrumpido con otro talante en el escenario de las adivinaciones con una entrevista radiofónica en la que predice, o tal vez sólo desea, una nueva fase en el llamado “proceso de pacificación”, tras los sucesivos fiascos posteriores a la famosa declaración etarra de Anoeta, que fue en realidad una comparecencia camuflada a través de Batasuna.

Lo positivo de las declaraciones de Ardanza es que reflejan en el fondo y en la forma un cansancio de la sociedad vasca, también la nacionalista, ante la ilimitada prolongación del denominado “conflicto”, en el que el único verdadero agente determinante es ETA en lo radical.

Más que terror
POR SERAFÍN FANJUL ABC 12 Abril 2007

A veces envidio las circunstancias, más que el tiempo, en que don Emilio García Gómez y esta página Tercera se honraban mutuamente con sus estupendos escritos sobre poesía árabe, historia de al-Andalus o reflexiones varias de Humanismo. Por entonces, los árabes no constituían amenaza alguna y sí un apasionante campo de estudio y difusión cultural. Por otra parte, algún sector del arabismo no había derivado todavía hacia el activismo político en beneficio de dictadores, reyezuelos o extremistas musulmanes y el interés se centraba en las cosas mismas, no en utilitarios objetivos de designación directa. Pero ya no hay sitio para el sosiego. La demografía galopante, la posesión y uso del petróleo como arma de presión (por las implicaciones energéticas, comerciales o financieras en Occidente), la explosión del islam en busca de un imaginario pasado de perfecciones, paralela al repliegue sobre sí misma de una Europa que no cree en nada si no es en lejanas ballenas o histerias climáticas de fundamento dudoso, han cambiado tanto el paisaje que difícilmente lo reconocerían los maestros de don Emilio, Asín Palacios o Julián Ribera.

Hoy nuestra tarea es otra y por más que prefiriese hablar de las ocres casbahs del sur, o de niñas que cargaban cántaros y pastoreaban a sus hermanillos, no podemos cerrar los ojos ante lo que está sucediendo en Marruecos: el fanatismo y sus bombas han aventado las sonrisas amables y el escapismo turístico. Pero también ponen en entredicho la supuesta democratización del régimen y prueban la existencia de un sólido sustrato irracional que de modo intermitente reaparece año tras año. Y van más de veinte desde el ataque al restaurante El Descanso, en la carretera de Barcelona; cuatro desde el atentado contra la Casa de España en Casablanca; tres desde la matanza de Atocha, perpetrada, al parecer, por marroquíes, al menos como autores materiales; y sólo unos días desde la bomba contra un cibercafé. Cuatro terroristas han perecido anteayer víctimas de sus propios explosivos o de las expeditivas acciones de la policía marroquí: si no han estado nunca en Marruecos y quieren hacerse una idea, vean la película Babel y presenciarán una muestra fidedigna de sus procedimientos, sin mezcla de exageraciones de espectáculo. Ayer, en Argelia, los secuaces del F.I.S. nos recuerdan que siguen vivos y sin la menor intención de limitarse a la acción política con dos nuevos atentados y muchas víctimas nuevas.

El axioma del origen económico -la pobreza- del terrorismo islámico es un lugar común de elementalidad sonrojante cuando lo esgrimen impertérritos autotitulados intelectuales: no explican la procedencia acomodada de muchos de los asesinos, ni los ingentes recursos de que disponen para fines nada santos países como Arabia Saudí, Kuwait, etc., ni por qué en otras latitudes no menos depauperadas no asoman movimientos similares, con proyección sobre el Globo entero, de manera análoga a los crímenes que comete el denominado, más por cobardía que por eufemismo, «terrorismo internacional». ¿Quién se imagina a los colombianos, martirizados desde el lejano 1948, tras la muerte de Eliezer Gaitán, por el ciclo insurrección-represión, colocando bombas justicieras en el Metro neoyorquino? ¿Es pensable siquiera que los alemanes expulsados de Prusia, Pomerania y Silesia se hubieran dedicado a partir de 1945 a gimotear, mientras derribaban en vuelo aviones neozelandeses o surafricanos con el argumento de que les habían arrebatado su patria? El terror a escala planetaria desencadenado por musulmanes responde a resentimientos y frustraciones de orden ideológico mezcladas con la religión, sin que ésta, originariamente, haya cumplido otra función que la de alacena de donde extraer recuerdos para recubrir de santidad la barbarie. El desdén absoluto de los musulmanes por otras culturas -fuera de la instrumentación de la tecnología-, la convicción (a todas luces absurda) de la superioridad de su fe y de su sociedad, la conciencia de su inferioridad material y política, confrontados con una realidad tan subsidiaria que termina empujando a millones de personas a vivir entre los odiados occidentales, han cristalizado en rencor implacable, que unas veces arremete contra otros musulmanes a quienes se acusa de apostasía (takfir, recordamos que en el islam se castiga con la muerte) y otras se vierte contra los investidos como culpables por los mismos criminales, ya se trate de un jefe del Pentágono o de una alcalaína que viajaba en tren a su trabajo.

Todos culpables.
Pero un movimiento de tales proporciones, de psicología de masas que se consideran agraviadas, con razón o sin ella, no surge y se multiplica desde la nada o sobre la única base de ensoñaciones siniestras de unos pocos orates visionarios, requiere un basamento social amplio proclive a escuchar y jalear semejantes mensajes. En las últimas pseudoelecciones marroquíes el partido Justicia y Desarrollo, de islamistas «moderados» -seguimos sin oír cuál es la diferencia entre moderados y extremistas- no llegó a alcanzar el 5 por ciento de los votos y desconocemos cuántos obtendría el ilegal, por ahora, Justicia y Caridad del jeque Yasin, pero repitamos el secreto a voces: si en algún país musulmán se dieran elecciones libres, los integristas islámicos ganarían de calle. Y así ha sucedido en las contadas ocasiones en que los comicios fueron relativamente limpios, caso de Argelia y Turquía. Marruecos no es una excepción, pese a las apariencias de modernidad en algunas ciudades o de los papeles de ciertos escritores que adoptan la sabia precaución de vivir en Francia. En las metástasis terroristas del islam no hay necesariamente difusión, aunque unos y otros grupos se conecten, sino poligénesis, es decir, identidad común de intolerancia y fanatismo en los mecanismos de pensamiento. La persecución de pastores evangélicos que pretenden difundir su credo, la imposición, incluso violenta e incluso en Europa, de usos «islámicos» (vestimenta, tabúes alimentarios), o el mero lema de la Gendarmería marroquí («Dios-Rey-Patria»: ¿les suena?) forman parte de un universo donde la sola mención de conceptos blanditos como la Alianza de Civilizaciones no más incitan a la risa y el desprecio.

A lo más que podemos aspirar -de parte de significados dirigentes musulmanes- es a declaraciones retóricas que menudean y entreveran con amenazas y muestras de incomparable desvergüenza. Nada menos que el Secretario del Congreso Mundial de Fes, Abduljalil Sajid (sic) contestaba (ABC, 19-2-06) a la pregunta de la justificación de la violencia en el islam: «No. Lo que hay son agravios. El colonialismo robó en nuestros países. Luego lo que se ha producido son reacciones a esas situaciones de injusticia, como ocurrió en su día en Suráfrica y ahora pasa en Chechenia, Cachemira o Palestina. Quienes se levantan contra la ocupación no necesitan la sanción de las autoridades religiosas, actúan por agravio, por odio. (...) El islam condena la violencia y predica la resistencia y la paciencia. El islam ya es la segunda religión de Europa y los europeos no tienen nada que temer». Es lícito preguntarse por la credibilidad de tales palabras, teniendo en cuenta que continuamente se detectan células islamistas en España (incluidas Ceuta y Melilla), que en nuestro país entran a la cañona cuantos marroquíes quieren, o que nosotros somos considerados por personajes como el precitado injustos ocupantes de al-Andalus, que debe retornar a sus auténticos dueños. En este contexto tampoco parece razonable tomar en serio ingenuidades (en caso de que lo sean) como la de Saad Eddin Ibrahim (ABC, 17-2-06): «Hay que procurar ampliar el espacio público de los demócratas del mundo musulmán, de modo que hay que impulsar los medios de comunicación libres y los sistemas judiciales independientes que protejan la libertad de prensa (...) se debe entablar y mantener un diálogo activo que implique a los islamistas». O informamos adecuadamente y con claridad a nuestra gente de lo que está ocurriendo en el país fronterizo, o en la calle donde residimos, o las próximas generaciones van a pasar momentos muy amargos.
SERAFÍN FANJUL Catedrático de la UAM

Alarmante señal desde el Magreb
Editorial ABC 12 Abril 2007

LA sacudida de graves ataques terroristas en Marruecos y Argelia está reavivando con intensidad una pesadilla a la que erróneamente empezábamos a dejar de lado. A apenas unos cuantos kilómetros de la Península se está abriendo de nuevo el frente de una guerra atroz e implacable cuyos ecos llegan claramente hasta nosotros. Marruecos, que parecía inmune a este cáncer terrible del integrismo, aparece ahora como un escenario de violencia en el que la policía apenas logra contener las oleadas de terroristas suicidas que tratan sucesivamente de reeditar los sangrientos atentados de Casablanca. Y en Argelia, donde se creía que la ley de olvido y perdón promulgada por el presidente Abdelaziz Buteflica había supuesto el final de casi una década de violencia, los terroristas han reanudado su actividad en pleno centro de Argel, atacando nada menos que la sede de la presidencia del Gobierno un 11-A. Los expertos confirman que los primeros obedecen órdenes de los dirigentes internacionales de Al Qaida y en el segundo caso la multinacional del terror islámico se ha encargado de asumir directamente la autoría de las bombas de ayer, certificando los anuncios hechos a primeros de año sobre el desarrollo de un creciente frente terrorista en el Magreb.

Nuestra perplejidad ante esta efervescencia criminal viene dada por el hecho de que el objetivo de estos terroristas suicidas no obedece a ninguna de las consideraciones que España puede suponer. No luchan contra una dictadura opresiva; más bien al contrario, intentan instaurar un régimen implacable regido por reglas religiosas medievales. No quieren la democracia más que para utilizarla como medio para aniquilar las influencias del mundo occidental, ni desean vivir mejor, sino que están dispuestos a inmolarse en el camino de un paraíso prometido por las enseñanzas coránicas a los que ofrecen su vida en esta extraña guerra que se atreven a calificar de «santa». España, donde la salvajada del 11-M pesa aún mucho en el ánimo de la ciudadanía y donde, por tanto, la preocupación es creciente, no tiene más remedio que seguir ofreciendo a nuestros vecinos toda la ayuda posible para su desarrollo económico y apertura política, aun sabiendo que el grueso del problema forma parte de una discusión en el interior del mundo islámico en la que prácticamente no tenemos ninguna capacidad de influir.

Sin embargo, la frecuencia creciente de los atentados terroristas en Argelia y Marruecos pone ante nosotros una situación sobre la que es razonable pensar que puede empeorar a corto plazo. Somos vulnerables, por la proximidad geográfica, pero sobre todo por la permeabilidad de las fronteras. El creciente número de ciudadanos de origen magrebí que vive entre nosotros, en España y en otros países europeos, constituye un medio de penetración y camuflaje para terroristas, con el agravante de que ya sabemos que ahora forman parte orgánica de la siniestra estructura de Al Qaida, que por su parte lleva mucho tiempo demostrando que tiene objetivos planetarios y que no ha dejado de tener a España en su macabra diana.

No hace tanto que el Gobierno prometió redoblar los medios dedicados a la lucha contra esta amenaza. Sin embargo, pocos datos hay que indiquen que se está prestando la atención que merece a un problema del que puede depender nuestra percepción de la seguridad. Las invocaciones huecas a la famosa «alianza de civilizaciones» han sido la bandera de enganche de una política equivocada que en sus aspectos concretos ha hecho poco por consolidar nuestros intereses geoestratégicos en la zona ni por ayudar a la aproximación entre los Gobiernos de Marruecos y Argelia, que comparten una misma amenaza pero no han aprendido a luchar conjuntamente para derrotarla. La preocupación suscitada por estos atentados es comprensible y legítima. Son una terrible señal de alarma que debemos atender sin vacilar. Hace menos de una década, en Argelia murieron unas 80.000 personas en una guerra civil que se reactiva ahora y que se convierte en un espejo de lo que puede suceder en Marruecos. Es el momento de que el Gobierno español asuma su responsabilidad. Antes de que vuelva a ser demasiado tarde.

Un riesgo confirmado
POR ROGELIO ALONSO ABC 12 Abril 2007

Los recientes atentados terroristas en Argelia y Marruecos confirman los riesgos sobre los que diversos servicios de inteligencia han venido advirtiendo a lo largo de los últimos meses. El anuncio en enero de este año de la formación de la denominada Organización de Al Qaida en el Magreb Islámico, en la que quedaba integrada la organización terrorista de origen argelino conocida como Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, hacía presagiar un perfeccionamiento de la cohesión ideológica y operativa de activistas en la zona que se tradujera en violencia como la que acaba de perpetrarse.
En los últimos meses, otras acciones terroristas coordinadas se habían cobrado ya en Argelia decenas de víctimas aportando indicadores claros de lo que podía llegar a suceder. Asimismo, la preocupante materialización de la amenaza ha ido precedida de constantes detenciones en los dos países magrebíes que en ocasiones sirvieron para abortar otros atentados.
A comienzos de esta misma semana tres terroristas se suicidaron en Casablanca al detonar sus cargas explosivas con el fin de evitar su detención por parte de la policía. El desenlace se produjo durante una redada en el marco de las investigaciones abiertas tras el suicido de otro terrorista el pasado 11 de marzo.

En el verano de 2006 una importante célula terrorista fue desmantelada, siendo el objetivo de la misma la comisión de atentados suicidas que no habían llegado a materializarse desde mayo de 2003, cuando 45 personas murieron en Casablanca tras la explosión coordinada de varias bombas en cinco escenarios.

Si bien con anterioridad la violencia de inspiración islamista había sido frecuente en el país, fue aquel el primer atentado suicida relacionado con la oleada de terrorismo internacional en la que también puede inscribirse la masacre del 11-M en Madrid. De hecho, varias de las personas acusadas de vinculación con los atentados de Casablanca mantuvieron estrecho contacto con algunos de los sospechosos de haber organizado y perpetrado los atentados de Atocha.

En respuesta a los ataques suicidas de Casablanca, el régimen marroquí procedió al encarcelamiento de varios miles de personas, siendo acusados unos novecientos de ellos de estar relacionados con dichos atentados. Tan drástica iniciativa, acompañada de otras medidas antiterroristas coactivas, dificultó la preparación de atentados evitando nuevas acciones terroristas. No obstante, la reacción gubernamental puede haber facilitado la radicalización de individuos mediante su contacto en prisión con extremistas islamistas que habrían podido así adoctrinar a personas agraviadas que, probablemente, en muchos casos carecían de conexión alguna con la violencia de la que se les acusaba.

Es posible también que esa experiencia haya coadyuvado a la consolidación de un movimiento islamista mejor organizado, aumentándose así el desafío que Al Qaida desea, sin duda, plantear a un Estado al que califica de apóstata, considerándolo, por tanto, como un legítimo blanco de su violencia.

Los peligros de desestabilización para la región que se derivarían de la reactivación del terrorismo en el Magreb plantean, por supuesto, muy relevantes implicaciones para España. De hecho, se cree que la referida respuesta gubernamental en Marruecos incentivó a numerosos activistas islamistas a dirigirse a Europa en busca de refugio ante la posiblidad de su detención. Una tendencia similar se apreció en el pasado en relación con naciones como Siria y Argelia, país este último en el que acaba de producirse una masiva amnistía de islamistas. Por ello, estos factores, junto al constante señalamiento de nuestro país como objetivo del terrorismo propugnado por Al Qaida y grupos afiliados, han dificultado la compleja tarea de contener la amenaza del terrorismo internacional en nuestra sociedad.

Asimismo, las garantías de sistemas democráticos como el nuestro impiden determinadas iniciativas antiterroristas que sí son aplicadas con menor resistencia en regímenes carentes de una plena democracia, cual es el caso de Argelia y Marruecos.
Tampoco debe olvidarse que la mayor parte de las personas detenidas en España a lo largo de los últimos años por su vinculación con el terrorismo yihadista provienen de países como Argelia y Marruecos en los que no han dejado de desarrollarse redes neosalafistas con la intención de extender la violencia de inspiración islamista que acaba de reaparecer. La interrelación de sus integrantes, desbordando fronteras, ha sido constante e intensa, demostrando que las amenazas en zonas vecinas como éstas repercuten directamente sobre nuestra seguridad.

ETA canta la gallina
Antonio Jiménez Periodista Digital 12 Abril 2007

Después de Semana Santa parece adecuado preguntarse si aún sigue Zapatero a lomos del caballo al que se subió tras llegar a la Moncloa, con el propósito de transitar caminos de negociación y paz con los facinerosos de ETA o, por el contrario, se ha caído definitivamente del jamelgo, como San Pablo, después de que la banda le haya liberado definitivamente de su ceguera política.

La reciente entrevista-comunicado de ETA pone negro sobre blanco las firmes intenciones de los terroristas que nunca evaluaron la posibilidad de abandonar la actividad criminal y menos renunciando a todo aquello con que la han justificado. O sea, que estamos en el mismo sitio del que nunca nos movimos por más que desde el Gobierno y sus terminales mediáticas se difundiera la especie, para apoyar la negociación, de que empezaban a vislumbrarse en ETA y su entorno político serios indicios de superación de una estrategia terrorista que ya no tenía sentido mantener.

Se movió, eso sí, Zapatero con unas ansias infinitas de paz que cada vez que las mencionaba daba la impresión de ser el único portador de tan loables y nobles propósitos.

No se movieron un milímetro las victimas del terrorismo, las organizaciones cívicas vascas y el PP que en todo este tiempo transcurrido no han dejado de recordarle al presidente, en el Parlamento y en la calle, su errática y contraproducente apuesta.

En Moncloa se albergaba la esperanza de un comunicado de la banda que valorara con algún signo positivo, los gestos y decisiones que permitieron el traslado del pistolero De Juana de Madrid a San Sebastián o impidieron que Otegi fuera condenado por exaltar a una terrorista y se han encontrado en su lugar con la cruel evidencia de que la banda se reafirma en sus planteamientos asesinos para conseguir los mismos fines independistas y anexionistas de Navarra, además de un chantaje al Gobierno si no deja a Batasuna concurrir a los comicios del 27-M y la humillación de atribuirse el "éxito" de "llevar a De Juana a Euskal Herria".

Quienes hemos sostenido que el proceso de Zapatero se encontraría mas pronto que tarde con la dura realidad de las exigencias irrenunciables de la banda, no nos ha sorprendido que ETA "cantara la gallina", dejando claras sus condiciones.

Hay que lamentarse, sin embargo, de que el engañoso "proceso de paz" haya permitido a ETA reorganizarse, rearmarse y encontrar motivos de justificación para nuevos atentados con la excusa de que la negociación no llegó a ningún puerto porque el Gobierno "incumplió sus compromisos".

Este es el momento, sin embargo, de que Zapatero recupere la unidad con el principal partido de la oposición para combatir desde la firmeza policial y legal el nuevo desafío etarra e impida que los batasunos puedan colarse en los ayuntamientos vascos y navarros en las próximas elecciones municipales.

Fernando Puras lo ha dejado muy claro
Alejandro Campoy Periodista Digital 12 Abril 2007

Hay ocasiones en las que las intenciones de una persona se adivinan mucho mejor por lo que calla que por lo que dice. Los silencios tienen su propio lenguaje y sus propias claves, y es suficiente con tener unas nociones básicas sobre ellas para poder leer el silencio con la misma claridad con que se lee el texto. Tanto uno como otro (silencio y texto) tienen que remitirse de forma imperativa al con-texto, que es el verdadero lenguaje que permite la interpretación de ambos momentos comunicativos (el silencio es también una forma de comunicación). Y Fernando Puras acaba de despejar cualquier duda sobre sus intenciones futuras en el supuesto de que el PSOE obtenga resultados válidos para sus cuentas en las próximas elecciones en la Comunidad Foral.

La gran incógnita, la gran pregunta que se le viene haciendo al candidato socialista desde que el "proceso de zap" se puso en marcha (y desde que sustituyó por "dedazo pepiñesco" a Chivite en el cargo) es precisamente si tiene intención de pactar con Nafarroa Bai para conseguir el sillón presidencial si la aritmética electoral así se lo permite. Y por fin ha dado la respuesta: silencio, de eso no se habla, lo que interpretado según las claves que proporciona el contexto, significa literalmente: POR SUPUESTO QUE SÍ pactaré con Nafarroa Bai, con IU y con la mismísima ETA si hace falta con tal de pillar sillón.

¿Y cual es ese contexto que permite leer ese "silencio" tan elocuente y descrifrar ese monumental SÍ, QUIERO que Puras va a dar a Ibarretxe por medio de Nafarroa Bai?. Precisamente el "proceso de zap". Si no estuviéramos en ese contexto, cualquier cosa dicha por Puras resultaría creíble, pero el proceso es el que marca el guión, por lo que nada de lo que diga el recadero de ZP puede ser creído de ninguna forma. Y ese contexto, mediante hechos, insisto, HECHOS, nos dice que el Gobierno de ZP y ETA adquirieron en algún momento una serie de compromisos previos al "alto el fuego". Parece ser que hay en ciertas dependencias judiciales francesas pruebas materiales de los mismos.

Ese contexto nos dice que ETA quiere Navarra, y que sin Navarra no hay nada, y esto lo han dicho por activa y por pasiva demasiadas veces ya. Ese contexto nos dice, como ha quedado demostrado, que el Gobierno va cediendo más o menos como puede y cumpliendo esos compromisos, como lo demuestra el "caso de Juana", el "caso Otegui" y una lista interminable de "casos". Ese contexto nos dice también que el procedimineto que se vaya a utilizar para cumplir este compromiso concreto sobre Navarra, ya acordado entre el Gobierno y ETA puede ser cualquiera, y no necesariamente inmediato. Será completamente legal y legítimo, será completamente vendible a la sociedad navarra y española, convenientemente empaquetado en celofán de paz, fraternidad, prosperidad, alegría, fiesta y amor sin límites para todos los navarros (y vascos) de buena voluntad sobre la tierra. Será de un modo u otro, pero necesita como condición imprescindible poner al Sr. Puras en el sillón presidencial navarro. Y para eso ahora hay que engañar, y el engaño pasa por que ocurra todo lo contrario a lo que hemos descrito. Y eso es preocupante, y mucho.

Que ocurra lo contrario de lo que hemos descrito implica que el PSOE tiene que demostrar que está luchando contra ETA con enorme firmeza: detenciones, desarticulaciones, ilegalización de ASB, etc. Implica que la gente vea de forma palpable que no hay ningún "proceso de zap" ya, que está definitivamente roto, lo cual hace sospechar en un posible atentado de ETA antes de las elecciones y con seguridad, un aumento en la intesidad de la "kale borroka", e implica entonces que aparezca Puras como la "única solución posible al nuevo escenario de violencia, terror e infamia" propiciado por la "pinza" UPN-ETA. Esa es la estrategia, y así hay que denunciarla desde ahora mismo, pues es una estrategia mortal: la criminalización tanto de ETA (¡Pero Grullo, si eran "hombres de zap"!) como de UPN y PP para hacer ver al ciudadano navarro y español que no hay salvación posible fuera del PSOE. Todo esto, ni más ni menos, es lo que nos acaba de dejar clarísimo el Sr. Puras en su comparecencia de hoy.

Por supuesto, la respuesta que recibiremos será la de siempre: ¡alarmismo!, ¡paranoias!, ¡mentiras!, blablablablas pepiñescos diversos y el "Gaudeamus igitur" en euskera. Muy bien, que venga la respuesta. Los hechos darán y quitarán razones, pero hoy por hoy conviene seguir previniendo al votante navarro: es mejor jugar sobre seguro, es mejor pájaro en mano que ciento volando, y siempre, los experimentos son mejores con gaseosa. Estén muy atentos a las motos que les quieran vender estos dos meses cortos que quedan para la cita con las urnas, y sobre todo, estemos todos muy atentos a los acontecimientos que puedan producirse. Todo tendrá su porqué y su finalidad.

El terrorismo islamista rodea España
Editorial Elsemanaldigital  12 Abril 2007

El terrorismo organizado dejó ayer dos docenas de muertos y casi dos centenares de heridos en las calles de Argel. Tres explosiones rompieron la relativa paz de la que disfrutaba el régimen argelino, después más de una década de práctica guerra civil contra el integrismo islámico. Pocos días antes numerosos islamistas habían sido detenidos en Marruecos, desde donde preparaban nuevos atentados en el Magreb y en Europa. El islamismo radical está en las fronteras de España.

Los servicios secretos y de seguridad marroquíes están en máxima alerta, mientras que el Ejército argelino rastrea la Cabilia, las montañas en las que el FLN inventó el terrorismo moderno en la década de 1960 y en las que los integristas tienen ahora sus grupos militantes más peligrosos. Las ideas islamistas más radicales tienen en el Norte de África bases seguras, capaces de poner en peligro la seguridad del Sur de Europa.

Las fronteras de los países han dejado de ser compartimentos estancos, y en las últimas décadas la seguridad ha pasado a ser un problema superior a la soberanía de los Estados. Marruecos y Argelia, por ejemplo, son naciones independientes y soberanas, pero comparten con todo el mundo islámico el problema del integrismo –de raíces comunes y remotas- y extienden las consecuencias de su problema interno a todos sus vecinos. España, como viejo objetivo del expansionismo musulmán, como antigua potencia colonizadora en África, como país del Mediterráneo, como nación occidental y como país receptor de millones de inmigrantes, está afectada por el problema que en estos días por desgracia sacude a sus vecinos.

Nuestro país tiene un interés directo en que vecinos como Argelia y Marruecos disfruten de regímenes estables, eficientes y justos. La corrupción y la falta de libertad ligada a la pobreza por un lado generan inmigración masiva e ilegal que a nadie conviene, y por otro sientan las bases del integrismo y del terrorismo. Países jóvenes en los que la única perspectiva de una vida mejor es la emigración, y en los que la occidentalización va unida a las desigualdades y la corrupción, son una bomba de relojería en nuestras fronteras.

La doctrina europea de seguridad ya ha superado el viejo tabú de la no injerencia en asuntos internos de terceros. Europa, y directamente España, tiene el deber de colaborar en los esfuerzos de marroquíes y argelinos en la lucha contra el terrorismo. Es su propio interés además. Por la misma razón tiene también derecho a pedir de los actuales gobernantes de esos países que combatan las causas del mal. Todos los medios empleados hoy en la información y la prevención del problema son pocos, si con ellos es posible impedir una nueva oleada islamista que, en África del Norte, obligaría a nuestro Gobierno a un enorme esfuerzo en seguridad. Los ciudadanos españoles deben ser protegidos de esa amenaza.

El día después del 27 de mayo
POR VALENTÍ PUIG ABC 12 Abril 2007

LOS lectores ya suponen que al querer imaginar un capítulo cualquiera de la vida política por venir no se pretende la profecía sino alumbrar lo que esté ocurriendo a la luz hipotética de lo que pudiera ocurrir. Supongamos así el día posterior al recuento que el calendario electoral sitúa en la noche del 27 de mayo. Como rasgo general, la no muy abultada ventaja del PP sobre el PSOE ha quedado bien realzada por las victorias notorias de Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. Después de las elecciones municipales y autonómicas, no se divisa un corrimiento de votos sino un efecto o trama de objetivos focalizados que beneficiará visiblemente a Mariano Rajoy en el mapa electoral y dificultará tanto la prosperidad del liderato de Zapatero como los asomos de vitalidad que los socialistas quisieran dar a una legislatura en pleno ocaso. En el alero está el recuento en las Islas Baleares, aunque al final la presidencia de Matas quedaría sometida a la silla eléctrica del «do ut des» con la minúscula Unió Mallorquina. Barcelona capital ha permanecido en manos del tripartito para satisfacción colateral de «okupas» y saltimbanquis, con un declive de CiU en toda Cataluña: pérdida de Tarragona y de una diputación.

«El zapaterismo pierde capacidad de arrastre pero no se derrumba», dicen los titulares pro-gubernamentales. «Rajoy saca pecho y el PSOE pierde grandes ciudades», titulará de la prensa crítica. Ambos titulares serían ciertos. La política-ficción tiene sus carencias y sus licencias. En realidad, el PP ha ganado en Sevilla pero el PSOE conserva Zaragoza. En las comunidades autonómicas, el PP alcanza el poder en Extremadura y el PSOE se quedará con Castilla-La Mancha. En Canarias, el bajón de Coalición Canaria favorece a los socialistas. El mismo reparto se da en Asturias y Cantabria: para el partido de Rajoy, Asturias; Cantabria, para las huestes de Zapatero, pagando altos diezmos al grupúsculo de Revilla.
Por contraste con el fuerte efecto simbólico del afianzamiento de las mayorías absolutas de Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre en la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, los resultados municipales y autonómicos en Navarra y los municipales en el País Vasco estarán magnificando todo el proceso de confusión y riesgo iniciado con la estrategia de mano tendida de Zapatero hacia ETA.

En el conjunto de España, del mismo modo que la posición del Gobierno de Aznar en la guerra de Irak no alteró mucho las elecciones municipales de 2003, los continuos desplantes de ETA y su entorno a la obsequiosidad de La Moncloa no habrán generado un efecto devastador. Es en Navarra y en el País Vasco donde la presencia electoral de listas «abertzales» pro ETA camufladas va a dislocar cualquier política de estabilidad. Aun sin haber podido presentarse en todos los ayuntamientos, las candidaturas del «abertzalismo» cómplice con la violencia ya dibujan sobre el mapa vasco un herpes de grave espesor, después de una campaña salpicada de homenajes clamorosos a ETA.

Jamás una estrategia de agrupaciones electorales como pantalla de ETA y del mundo «abertzale» radical había hecho avances tan pronunciados, incluso en municipios de clara estirpe y hegemonía peneuvista. El vuelco en la política municipal vasca en pocas horas se ha escenificado en la calle, con un efecto convulsivo que prenuncia de forma sombría la fractura de una sociedad, con un panorama de alianzas de mucho peligro. Desde el primer instante, la identificación entre ETA y el logro electoral «abertzale» es total y ostentosa. A partir de ahora, los herederos de HB son un poder fáctico, nutrido de las arcas municipales y por tácticas de amedrentamiento social.

En la vieja Navarra foral, el recuento abre un gran socavón del que parten numerosas grietas políticas e institucionales. Varios escaños autonómicos quedan pendientes de litigio pero el efectismo territorial es innegable aunque UPN resiste. La bola de nieve «abertzale» seduce las contradicciones socialistas y al conglomerado Nafarroa Bai. Al menos a pocas horas del recuento electoral, la situación aparece como muy frágil y precaria. No poco depende de la consistencia interna que demuestre tener la sociedad navarra. En Madrid, por lo demás, a mediodía del día después comenzó a especularse sobre elecciones generales para otoño. El aperitivo sí que es buena hora para las profecías.
vpuig@abc.es

El reconocimiento de las víctimas
DANIEL INNERARITY/PROFESOR DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA El Correo 12 Abril 2007

Si dentro de un tiempo, al explicar a nuestros hijos lo que ha pasado en el País Vasco durante estos años, tuvieran dificultades para entender que aquí se mató por ideas políticas, que hubo asesinatos, torturas y estrategias deliberadas de imposición y exclusión, si aquello les resultara literalmente algo increíble, eso significaría que las cosas han ido bien, que se ha asentado en nuestra sociedad el principio de que ningún proyecto político justifica el asesinato de personas inocentes. Una sociedad no supera la violencia ni mediante el olvido ni mediante la memoria, sino cuando la violencia se le ha vuelto literalmente incomprensible. Puede que ésa sea la clave de deslegitimación social del terrorismo: cuando en una sociedad se agota la credibilidad del discurso que vinculaba la violencia con algún esquema justificatorio, los actos de violencia quedan mudos, sin sentido, incomprensibles. Y en el final del proceso se convierten en algo inaudito, difícil incluso de creer. Pero no estamos en ese momento, sino en otro mucho más cercano a unos acontecimientos que nos interpelan desde un pasado reciente y todavía se ciernen sobre nosotros como una posible amenaza. Porque conviene no desdramatizar los acontecimientos, ni quitarse de encima una responsabilidad que afecta, aunque sea de diversa manera, a todos. Quienes hemos asistido a esta tragedia no podemos echarla al olvido sin plantearnos qué pudimos hacer mejor y, sobre todo, cómo debemos recordarla para evitar que se repita en el futuro.

En la película 'Ararat', de Atom Egoyan, en la que se narra el genocidio del pueblo armenio a manos del Estado turco (algo que sigue siendo negado por Turquía), se recoge el relato de una mujer alemana que ha visto cómo los soldados turcos cometían actos de una crueldad innombrable contra mujeres armenias. La testigo termina su narración con esta frase: «Ahora, ¿qué voy a hacer con mis ojos?». Ésa es efectivamente la pregunta ética fundamental después de la violencia. A partir de ahora, ¿cómo hemos de mirar, recordar, contar de tal manera que se reconozca a las víctimas, se deslegitime la violencia y se pueda divisar un horizonte de reconciliación? La paz nos exige otra forma de mirar al pasado, al presente y al futuro. Y es que cuando se ha alcanzado la paz queda todavía lo más difícil: superar el odio y el sectarismo, construir la confianza y eliminar el miedo, reconstruir el respeto a la ley y su no instrumentalización. Queda, sobre todo, el problema de la «memoria justa» (Ricoeur), cómo digerir las atrocidades del pasado y cómo ayudar a las víctimas a recuperar la esperanza.

Para reconocer adecuadamente a las víctimas, para entender en qué debe consistir ese reconocimiento, lo primero que ha de hacerse es tener en cuenta qué tipo de daño se les ha hecho. Hacer justicia a las víctimas es reparar un triple daño: reparación del daño personal en la medida en que sea posible, reconocimiento de la ciudadanía de las víctimas y reconciliación, que no quiere decir que todos estemos de acuerdo, sino que la convivencia política esté construida, sin perjuicio del normal antagonismo democrático, desde los principios de igualdad, pluralidad e inclusión.

La idea de reconocimiento es fundamental cuando se trata de reconstruir el carácter de sujetos políticos activos a quienes se había despojado violentamente de esta capacidad. La experiencia de ser víctima es, ciertamente, un sufrimiento físico, pero también el signo de un desprecio injustificado que consiste en una reducción o aniquilación de la capacidad de actuar; la violencia despoja a la víctima de su carácter de sujeto político. Ser víctima no sólo es haber sido dañado en su integridad física sino haber sido expoliado de su pertenencia cívica y de su condición de actor político. Es ésta la situación que es preciso superar. Reconocer es restituir a otros el carácter de sujetos políticos. No estamos por tanto ante un problema de redistribución entre personas cuya cualidad de miembros de una sociedad con pleno derecho está asegurada. De lo que se trata es de devolver a determinadas personas la cualidad de co-protagonistas de nuestro destino colectivo.

Desde esta perspectiva cabe entender en qué puede consistir una de las formas de desprecio que se ciernen sobre las víctimas en los momentos de resolución de un conflicto. Y tal vez nos ayude a comprender por qué las víctimas suelen sentirse entonces nuevamente amenazadas y cómo disipar ese temor. Podríamos llamarlo 'la amenaza de la simetría'. El filósofo Hans Jonas lo formulaba como el temor a que la bondad y la infamia terminen ex aequo en la inmortalidad. Lo que puede resultar más indignante para una víctima, lo contrario del reconocimiento, es la simetría que algunos pretendan establecer entre ellas y sus agresores. Una guerra o un conflicto entre comunidades puede acabar así, pero en Euskadi no ha habido ni lo uno ni lo otro. Ni siquiera los infames episodios de violencia de Estado pueden justificar un esquema de simetría, de tal manera que la culpabilidad estuviera repartida a partes iguales. La violencia no ha sido nunca inevitable, ni cabe justificarla como respuesta adecuada a otra violencia anterior.

Por supuesto que en los conflictos hay sufrimiento en todas partes, pero no todo el que sufre es víctima, según advierte Reyes Mate. Por supuesto que hasta el agresor más despiadado tiene unos derechos que son inalienables. Y además, por exigencia de humanidad estamos obligados a paliar todos los sufrimientos, en la medida en que nos sea posible, pero sin olvidar que no es lo mismo una víctima inocente que un verdugo que sufre. Son dos realidades incomparables, aunque ambas requieran atención. Como afirma Claudio Magris, la igualdad de las víctimas -todas son dignas de memoria y piedad- no es igualdad de las causas por las que han muerto. No se puede invocar el sufrimiento general para diluir las responsabilidades y disolver la inocencia en una culpabilidad igualmente repartida. Sería radicalmente injusto llevar a cabo un reconocimiento indiferenciado a las víctimas, que no distinga el sufrimiento de las víctimas y el de los victimarios. Un error de este estilo fue el que cometió hace unos años el presidente de Italia al equiparar a los fascistas con sus víctimas, error que se ha repetido muchas veces en otros sitios. Esa indiferenciación entre unos y otros parte del cómodo prejuicio de pensar que, rindiendo homenaje a la memoria de todos los que han sufrido en uno u otro lado de un conflicto, las instituciones no debieran pronunciarse acerca de los valores y las motivaciones de sus actos.

El próximo homenaje del Gobierno vasco será sin duda una excelente ocasión para volver a incidir en aquellos valores en virtud de los cuales, al mismo tiempo que se reconoce a las víctimas, se establece que la violencia carece absolutamente de justificación.

Reflexiones desde la cima del Pagasarri de un liberal fuerista sobre el actual nacionalismo vasco
Javier Ybarra Ybarra El Confidencial 12 Abril 2007

El domingo pasado por la mañana, los Aguirre Solarte -abuelos, sus siete hijos y veinte nietos-, cargados con provisiones y botas de vino, se subieron hasta el Pagasarri para festejar con galerna y viento del Cantábrico el cumpleaños del aitite (abuelo), y comentar la situación política del país con la perspectiva que ofrecen 671 metros de altitud.

Tras una larga y animada sobremesa, en la que se habló del probable descenso del Athletic a segunda división y de cómo tan triste suceso no cambiará en nada la fidelidad de la familia a los colores rojiblancos, se levantó el abuelo, don Jose Ventura, para cantar, primero, el himno de San Ignacio en euskera y, luego, pronunciar estas palabras:

“Quisiera que no olvidaseis nunca que nosotros, los Aguirre Solarte, fuimos liberales fueristas mucho antes de que existiera el nacionalismo vasco, y defendimos el régimen foral como contrapoder frente al poder absoluto de los reyes. Pero ahora, ese poder despótico lo ejercen nuestros paisanos más violentos, que se alzan más como jefes de tribus o clanes que como demócratas, por mucho que el otro día en Barakaldo apelasen a la democracia para poder participar en las elecciones sin condenar la violencia”.

Mientras el abuelo hablaba, su mujer, doña Ceferina, le contemplaba embelesada espiando la impresión que sus palabras producían entre sus nietos. Los veintiocho miembros de la familia Aguirre Solarte escuchaban al abuelo con la misma atención con que los intérpretes de Banderas de nuestros padres atendían las instrucciones de Clint Eastwood durante el rodaje de la película.

Cuando, en medio de una brisa vivificante, el abuelo terminó su disertación, el primero en levantarse fue Eneko, el benjamín de los nietos, ‘el chispas’ como le llaman sus amigos, para decir con brevedad y rotundidad que “los que no tienen nada que perder, tienen todo que ganar y ésta es la regla de nuestros energúmenos”.

Doña Ceferina, la abuela, no comprendió muy bien la breve disertación de su nieto, pero su marido, inclinándose levemente hacia ella, le explicó que lo que había querido decir es que si ETA dejara las armas, perdería un proyecto existencial que considera heroico, por una alternativa que para los chicos de la pistola no tiene nada de emocionante, en tanto en cuanto supondría incorporarse a un mundo que les resulta hostil, un mundo sin armas ni explosivos y en igualdad de condiciones, algo que no encaja en sus esquemas –trabajar como cargadores en los muelles de Santurtzi, por ejemplo-, porque para ellos no puede haber felicidad donde sólo hay el sudor de su frente.

Doña Ceferina pidió a su marido que repitiese estas palabras en voz alta para conocimiento general de la familia, lo que don José Ventura cumplió a rajatabla, añadiendo luego esta reflexión:

“El presidente ZP, con su ley de la memoria histórica, su política unilateral y sus guiños al mundo radical, ha echado por la borda treinta años de consenso y ha dividido a los españoles en dos bandos, como si estuviéramos asistiendo a un combate de boxeo. Probablemente, el presidente, de naturaleza escurridiza, se adentró en ese peligroso viaje subterráneo pensando que en el particular momento político que vivimos es la audacia el decisivo común denominador de todo cálculo. Sin embargo, parece que ha confundido la flecha que apunta al cielo con la que señala el infierno, y en esa tarea el PP también ha tenido su parte de responsabilidad. Así es como el terreno de juego ha quedado enfangado por completo”.

* Javier Ybarra Ybarra es escritor y autor de Nosotros, los Ybarra.

«En España estamos barriendo nuestras señas de identidad»
García Cárcel reivindica en «El sueño de la nación indomable» la Guerra de la Independencia
Juan Carlos Rodríguez La Razón 12 Abril 2007

Madrid- En «El sueño de la nación indomable» (Temas de Hoy), Ricardo García Cárcel, catedrático de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Barcelona, destapa un temor histórico: que se pase de puntillas por el bicentenario de la Guerra de la Independencia, un levantamiento que hay quien lo confunde como «no políticamente correcto» y pretenden incluso usurparle el nombre...

-¿Fue una guerra sin nombre?
-El concepto de «independencia» nunca se han consensuado cuando se hace referencia a la guerra de 1808. Ni los franceses ni los ingleses lo llaman así. De hecho, hasta 1930 no se comenzó a denominar así. En Cataluña, por ejemplo, jamás se ha usado, ni tan siquiera hoy. El término independencia no les gusta porque no se identifican con él. Sin embargo, ya en 1808 sale constantemente reflejado en las publicaciones de la época el término «independencia nacional». Al margen de que el concepto no se institucionalizara, la idea de independencia nacional caló rápidamente en la sociedad.

-¿Por qué reivindicar los mitos de la Guerra de 1808?
-En los últimos años se ha hecho un deconstruccionismo salvaje de todos los mitos que en el franquismo se habían repetido. Y muchos afectan a la Guerra de la Independencia: Daoíz y Velarde, Gerona, Zaragoza, Agustina de Aragón... que se habían ciertamente exagerado durante la dictadura. Pero la respuesta ha sido una completa laminación. De acuerdo con la desmitificación, pero el problema es que tampoco podemos enterrar toda nuestra mitología sentimental porque enterramos nuestra identidad. Estamos acabando con las señas de identidad que han marcado nuestro pasado.

-¿Cuál ha sido el error?
-No hemos sido capaces de crear una historia de España alternativa a esa épica, con referencias simbólicas con las que los españoles se identifiquen. Mientras que los nacionalismos periféricos alimentan el jardín de sus mitos y su referencias simbólicas, nosotros nos sonrojamos ante Agustina de Aragón o el General Castaño. Esta relectura histórica no se puede hacer a costa de barrer nuestra identidad española.

-¿Qué podemos hacer?
-No exagerarlos, pero tampoco eliminarlos. Hay que ponerlos en su justa medida. Cierto que la realidad es mucho más mediocre que los mitos. Es obvio. Eso ocurre en todos los países. Pero no hay que sonrojarse. Todos los países tienen sus demonios escondidos en los armarios. Todos tienen héroes y heroínas en los altares. Hay que desacomplejarse. En la Guerra de la Independencia hubo hechos gloriosos épicos y, al mismo tiempo, miserias morales. Pero debemos contar ambos, la historia debe ser global, pero no sectárea.

-Alude usted a tres tipos de mitos existentes durante este levantamiento: los que explican la guerra, los de la batalla, y, por último, los que describen el nacimiento de la nación española...
-Analizo e intento demostrar que la concreción en términos constitucionales de la soberanía nacional hay que situarla en la Constitución de 1812. Soberanía que parte de la efusión emocional, patriótica, que va ligada al 2 de mayo. Sin embargo, los hombres que hicieron esa Constitución la dictaron con la memoria histórica, término tan sectáreamente usado hoy día. El concepto de España no se inventa de la noche al día en Cádiz, sino que se fue sedimentando a lo largo de los siglos.

-El bicentenario que se cumple el año que viene servirá para reivindicar todo esto, ¿no?
-Una de las incógnitas que nos planteamos muchos historiadores es cómo se va asumir la memoria histórica de 1808 por parte del Gobierno central. De los gobiernos autonómicos ya sabemos que con la ignorancia, porque al vasco y al catalán no les gusta. Entre otras cosas, porque vascos y catalanes contribuyeron decisivamente entonces a la construcción de España. El afrancesamiento fue mínimo en el País Vasco y Cataluña , como demuestro en el libro. Y después de 1808, ambos territorios quedaron aún más integrados y consolidaron su identidad española. Por eso se ha barrido su memoria en el País Vasco y en Cataluña.

-Sin embargo...
-Una cosa quiero añadir. Quienes glosaron más la memoria histórica de la Guerra de la Independencia fueron los liberales del siglo XIX, mucho más que los conservadores. Antonio Maura, que era presidente hace un siglo, pensó que su conmemoración podía ofender a Francia, y prefirió ser discreto y favorecer más los actos de Jaime I el Conquistador. Los liberales la reivindicaron, con Pérez Galdós como abanderado.

Niños se niegan a salir a jugar al fútbol mientras suena el himno
 Periodista Digital 12 Abril 2007

Que la política se traslade a otros campos resulta grotesco, pero cuando se trata de involucrar a niños para los intereses partidistas de unos pocos, más todavía. En un torneo de fútbol, jugadores benjamines del Barcelona se negaron a salir al campo mientras sonase el himno nacional.

Sucedió en El Algarve, donde las categorías inferiores del Valencia y Barcelona se disputaban la Final del Mundialito Benjamín. Justo antes de entrar en el campo, comienza a sonar el himno nacional; entonces, los jugadores del equipo catalán se niegan a saltar al césped.


Según publica El Mundo, mientras sonó el himno español, tan sólo los jugadores del Valencia y el cuadro arbitral se encontraban en el campo y sólo salieron los barcelonistas cuando comenzó a sonar el himno portugués ante la mirada de los organizadores y los equipos participantes en el torneo como Real Madrid, Betis y Sevilla.

"Órdenes del club"
En declaraciones al citado diario, el entrenador del Valencia se sorprendió ante esta actitud por lo que preguntó a su homólogo en el Barcelona.

Como habíamos saltado solos, le pregunté a su entrenador por qué no habían salido. Me dijo que eran órdenes de su club. Hasta mis jugadores me preguntaron por qué estaban solos. No supe qué decirles, estaba claro que era una decisión política que no iban a entender niños de apenas ocho años. Sólo les dije que disfrutaran del partido.

Lo lamentable ya no es sólo que niños de ocho años se vean obligados a participar en paripés. Las imágenes han creado su polémica después de haber sido emitodas en Canal Nou, lo que lleva a pensar que estos hechos probablemente se hayan repetido quizá sin tanta publicidad.

Claro que mientras desde las Federaciones deportivas autonómicas se fomenta este tipo de actos, poco queda ya por hacer. El polémico anuncio de "Una nació, una selecció" mostraba a niños como "represores".

POLÍTICA
Piqué critica a Telemadrid por afirmar que el castellano está perseguido en Cataluña
Para el líder de CiU, Artur Mas, el reportaje emitido el lunes produce «pena y asco»
P. SOTO/COLPISA. BARCELONA El Correo 12 Abril 2007

El presidente del PP catalán, Josep Piqué, criticó ayer a Telemadrid por la difusión de un reportaje que a su juicio no se corresponde con la realidad. En el trabajo, emitido el lunes, se denunciaba una supuesta persecución del castellano en Cataluña y se acusaba a las instituciones de querer imponer el monolingüismo en esta comunidad.

Piqué aseguró que, en contra de lo que afirmaba el documental de Telemadrid 'Ciudadanos de segunda', no existe un conflicto «esencial» con el castellano en Cataluña, aunque no negó que pueda haber algún «problema puntual». El líder popular abogó por rebajar la tensión creada por el reportaje de la televisión autonómica madrileña, controlada por el Gobierno de la popular Esperanza Aguirre, y evitar las «polémicas inexistentes» porque es «poco sensato» afirmar que hay una «supuesta confrontación» lingüística en Cataluña.

Así las cosas, Piqué cuestionó la imparcialidad de TV3 (la televisión pública catalana), y aseguró que algunos de sus programa «no resistirían la comparación» con el reportaje de Telemadrid porque, en su opinión, difunden «muchos tópicos» sobre la actual realidad española.

Modificación de la realidad
Por su parte, el líder de CiU, Artur Mas, afirmó que el reportaje producía «pena y asco», y lo calificó de «burda modificación de la realidad con intereses estrictamente partidistas». Josep Pelegrí, diputado de este partido, reclamó «un pronunciamiento» del presidente de la Generalitat, José Montilla, respecto al programa.

En una línea opuesta, Albert Rivera, presidente de Ciutadans, afirmó que «la realidad es que no se puede inscribir en castellano a ningún niño en ninguna escuela catalana» porque no existe esta posibilidad legal.

Lengua y Patria
Miguel Barrachina Periodista Digital 12 Abril 2007

Algunos amigos me han pedido datos sobre los artículos de opinión de contenido lingüístico que he colgado, y me permito hacer la recomendación genérica de leer cualquiera de las obras de Juan Ramón Lodares (El paraíso políglota, Gente de Cervantes o el más reciente El porvenir del español) y singularmente Lengua y Patria que hace una revisión histórica de lo que ha sido el uso, tanto real como político, del castellano y del resto de lenguas españolas.

Es especialmente interesante la parte que dedica a idagar sobre el uso político de las lenguas en España y sus consecuencias.

Juan Ramón Lodares, fallecido desgraciadamente en accidente de tráfico en 2005 con sólo 46 años fue profesor de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Madrid, autor y traductor.

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