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Recortes de Prensa     Domingo 15 Abril   2007

La ruleta rusa
POR IGNACIO CAMACHO ABC 15 Abril 2007

SENTADO sobre un polvorín, a Zapatero se le está haciendo muy larga la legislatura, cuyas claves dependen de fuerzas que no controla. El presidente que llegó al poder catapultado por el mayor atentado de nuestra historia se empeñó en hacer de la pazzzzzzz su eje programático a base de políticas de apaciguamiento del terrorismo en sus diversas vertientes, pero las bestias que debían haber quedado hipnotizadas por la música de su flauta de Hamelin empiezan a rugir porque ya no les gusta la melodía. ETA, a quien el Gobierno olvidó reclamar el prometido desarme -¿qué pasó con la célebre «verificación», aquella palabra mágica del comienzo de la tregua?-, amenaza con volver a matar si no se cumplen sus progresivas exigencias, y los fanáticos de Al Qaeda y sus diversas franquicias no se conforman con la milonga de la Alianza de Civilizaciones y ponen el punto de mira en el mito de Al Andalus, que en el imaginario musulmán es España entera. Así las cosas, el Gobierno contiene el aliento a sabiendas de que una bomba puede volar por los aires el precario statu quo de una paz mendigada a los asesinos.

La lección más trágica del 11-M fue la de que en España se puede cambiar un Gobierno con una bomba. Si Zapatero se hubiese aplicado a reconstruir el quebrado edificio de la paz civil y la concordia política, tendría ahora un cuerpo social unido frente a la eventualidad de un ataque, pero en vez de eso rompió los consensos preexistentes y se dedicó a guiñarse con unos terroristas que de pronto han dejado de parpadear y le miran a los ojos con intenciones siniestras. Si es ETA la que ataca mucha gente le va a pedir responsabilidades a quien ha dado cuartel a sus pretensiones, ha ofrecido cancha política a sus esbirros y ha hecho la vista gorda ante los evidentes indicios de rearme. Si son los islamistas quienes retoman su macabra ofensiva liberticida, quedará en evidencia la falacia de que la guerra de Irak atrajo sobre nosotros la santa ira de Alá, y se desmoronará el argumento torticero con que el PSOE manipuló a la opinión pública en los tres días de plomo que antecedieron a su victoria.

Nada de eso tendría que ocurrir en un país normalizado, pero acaso sea inevitable al cabo de tres años de cizaña en los que el Gobierno ha liderado una intensa ofensiva de ruptura interna y anclado sus resortes de poder en la falacia kantiana de que iba a construir la paz perpetua. Ahora el presidente sabe mejor que nadie que su futuro depende en gran medida de que no vuelva a correr la sangre; su mayor torpeza ha sido desoír a quienes le aconsejaban que no se metiese solo en la guarida de las fieras. Pero este hombre esconde bajo su sonrisa una máscara de adánica soberbia, y ha creído de veras que le iluminaba el rayo salvífico de la Historia.

Lo peor es que de los discursos de la nomenclatura política se desprende en los últimos días un halo de inevitabilidad sobre el retorno del terror. Y es terrible esta suerte de pavorosa resignación ante la evidencia de que alguien va a morir mientras gira el tambor de la ruleta rusa.

Caza
POR JON JUARISTI ABC 15 Abril 2007

DE las tres hipótesis sobre las posibles consecuencias del «proceso de paz», se ha cumplido la segunda en la gradación de mejor a peor. Repasémoslas: la primera, sostenida por el Gobierno, era que funcionaría bien, que ETA estaba dispuesta a dar por concluida definitivamente su actividad terrorista y que bastaría ofrecer medidas generosas de reinserción a los presos y activistas de la banda para solucionar el problema. Esta hipótesis no carecía de alguna complejidad, incluso para quienes la defendían. No iba a ser tan fácil como la reinserción de los miembros de ETA político-militar en tiempos de UCD, porque ahora habría que contar con la aquiescencia de las víctimas, mucho más abundantes que entonces y encuadradas en asociaciones que, aunque divididas entre sí, se mostraban recelosas, en diverso grado, al proyecto gubernamental. La hipótesis se derrumbó con rapidez, por varias causas: el descrédito de la única garantía ofrecida por Rodríguez (la «verificación» de la voluntad de acuerdo de los terroristas); la torpeza del Gobierno en el diálogo con las asociaciones de víctimas (ilustrada por aquel desliz absurdo de Rodríguez, al presentarse a sí mismo como una víctima más, aludiendo al fusilamiento de su abuelo) y, desde luego, la actitud desafiante de los terroristas y sus secuaces respecto a aquéllas, que tuvo en Azcoitia su más sangrante expresión, con la apertura de un comercio por el etarra excarcelado Cándido Aspiazu en el mismo edificio donde residía Pilar Elías, viuda de Ramón Baglietto, al que el propio Aspiazu había asesinado.

El desmoronamiento de la hipótesis más optimista dio paso a la convicción generalizada de que el «proceso» iba a tener un coste político; es decir, que, como los más pesimistas vaticinaban, ni los terroristas de ETA ni el nacionalismo vasco en su conjunto iban a admitir la disolución de la banda sin contrapartidas, que podrían ir desde la legalización de Batasuna hasta la negociación del plan Ibarreche en una mesa extraparlamentaria de partidos, pasando por la incorporación de Navarra a la Comunidad Autónoma Vasca. Ésta era, sin duda, la peor de las hipótesis, porque desembocaría en la antesala de la secesión. Sorprendentemente para muchos, no es la que ETA deseaba, porque ETA no está interesada en procesos secesionistas que no pueda controlar y dirigir. Lo que obliga a preguntarse, una vez más, para qué utiliza ETA sus treguas o, dicho de otra manera, cómo encajan éstas en la estrategia de la organización terrorista.

ETA no inicia tregua alguna sin poner en marcha simultáneamente el proceso de ruptura de la misma. Y entiéndase bien: no se trata de ningún plan de seguridad para garantizar la continuidad del terrorismo en el caso de que las negociaciones fracasen, sino la finalidad absoluta de la tregua, que sólo persigue debilitar al Estado y desconcertar y amedrentar a la sociedad. Como los propios terroristas han afirmado, la tregua forma parte de la «lucha armada». Las treguas de ETA han apuntado siempre a la ruptura como culminación de un cambio en la relación de fuerzas. La ingenuidad de los socialistas consistió en tomar como un dato absoluto la innegable postración de la banda a finales de la segunda legislatura del PP, situación a la que se había llegado gracias a un implacable acoso policial y judicial de la banda y de sus tramas políticas y financieras. En vez de proseguir dicho acoso, el Gobierno de Rodríguez cedió a los cantos de sirena aparentemente pacifistas del complejo etarra, con el resultado que hoy conocemos. La responsabilidad de la vuelta de ETA a la actividad terrorista, con el consiguiente retorno de la situación de angustia y miedo de quienes tienen razones poderosas para sentirse amenazados por aquélla (o sea, todos los ciudadanos), corresponde exclusivamente a la banda. La responsabilidad del grave enfrentamiento político que el «proceso de paz» ha producido en la sociedad española pertenece por entero al Gobierno, y no demuestra demasiada inteligencia apantallarla tras una nueva caza de brujas contra Aznar y sus ministros, tomando el juicio del 11-M como pretexto. Lejos de borrarla, la agravará en breve.

Terrorismo islamista en España
Editorial ABC 15 Abril 2007

LAS Fuerzas de Seguridad del Estado y el Centro Nacional de Inteligencia están investigando a cerca de doscientos islamistas, sospechosos de planificar la creación de grupos terroristas o de realizar actos de financiación, captación y apoyo logístico a redes integristas. Esta información demuestra que España se ha consolidado como base privilegiada de la yihad internacional y, en particular, de las tramas dedicadas al reclutamiento y envío de terroristas a Irak. La importancia estratégica de España en el mapa de Al Qaida no es nueva, pero resulta preocupante que, a pesar de esta certeza -acrecentada tras la ofensiva terrorista en el Magreb-, el ritmo de la expansión integrista en las comunidades musulmanes radicadas en nuestro país sea creciente. Según los datos que manejan las autoridades policiales y el servicio de inteligencia, los sospechosos proceden fundamentalmente de Marruecos, Argelia y Paquistán y están instalados en Madrid, Cataluña, el área del Levante y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. También existe constancia de una intensa actividad de proselitismo radical que se practica en las cárceles y que produce la «conversión» al integrismo de delincuentes comunes de fe musulmana.

Si, por un lado, el hecho de que las Fuerzas de Seguridad del Estado se encuentren en la pista de estos sospechosos resulta, en principio, tranquilizador, por otro, las graves denuncias de los sindicatos policiales por la insuficiencia de medios materiales para los seguimientos de los integristas inevitablemente provocan el efecto contrario. Como se ha demostrado en el juicio del 11-M, el desmantelamiento de redes terroristas exige a los cuerpos policiales estar en posesión de medios técnicos adecuados para el seguimiento de las comunicaciones mediante teléfonos móviles, o contar con intérpretes en número suficiente que permita disponer, de forma inmediata, de la traducción de las conversaciones interceptadas. A ello se une la complejidad propia del terrorismo islamista y su capacidad para esconder sus circuitos tras apariencias de normalidad y legalidad. Las redes integristas actúan en diversos frentes y de forma fragmentada, lo que dificulta la labor policial. Tienen presencia en las mezquitas, en instituciones culturales y en grupos benéficos. Además, sus integrantes se distribuyen las tareas de captación y adoctrinamiento, de financiación mediante actos de delincuencia común, de apoyo logístico (falsedad de documentos de identidad, tarjetas de residencia) y de ejecución material. Las investigaciones policiales sobre el terrorismo islamista sólo son eficaces cuando conjugan todos esos elementos y sacan a la luz la estructura tentacular de estas organizaciones terroristas.

En todo caso, es importante que la respuesta del Gobierno se sitúe a la altura de la amenaza. Ayer mismo, dos terroristas se suicidaban en Casablanca, en una nueva muestra de la determinación de Al Qaida de desestabilizar el norte de África. Pero, lamentablemente, parece que aún hay que preguntarse si realmente se ha aprendido algo de los trágicos atentados del 11-M.

La amenaza que hoy mismo pende sobre España es la única y verdadera continuación de aquellos criminales actos terroristas cometidos en Madrid, no la trifulca partidista que el Gobierno de Rodríguez Zapatero y el PSOE han reeditado para imputar al PP la responsabilidad política -e incluso, en el colmo del despropósito, la legal- por los 192 muertos. Más que hurgar en el pasado para seguir manipulándolo, mejor haría el Ejecutivo en preguntarse cómo se puede explicar que las cifras de islamistas detenidos desde 2004 -la mayoría de ellas, relacionada con el 11-M- esté descendiendo año tras año (92 en 2005; 49 en 2006; y 12 hasta marzo de este año, según datos de Interior), a pesar de que los principales servicios de inteligencia europeos ratifican la progresiva implantación integrista en España. El 11-M no fue una represalia por la política exterior de Aznar, y la insistencia socialista en el argumento contrario obligaría a preguntarse inmediatamente cuál es la culpa de Rodríguez Zapatero por las amenazas explícitas de Al Qaida contra España. La dialéctica política sobre el terrorismo en España no puede seguir encerrada en esta falta de responsabilidad y sentido de Estado.

Provocación y transversalidad
JOSEBA ARREGI El Correo 15 Abril 2007

La palabra provocación ha estado presente al describir y valorar lo sucedido en la última comparecencia del lehendakari Ibarretxe en el TSJPV. No es mi intención entrar en ese debate. En todo caso, nadie debiera olvidar que en nuestra historia el argumento de que lo que sucedía de violencia y terror se debía a la provocación de los Estados francés y español tiene demasiada tradición.

Pero ese pequeño debate me ha traído a la memoria otro tipo de provocaciones que han jalonado la historia estatutaria de Euskadi y que han conformado tanto el panorama político como la sociología conceptual de la sociedad vasca. Se pueda ilustrar lo que quiero decir con un ejemplo: ya hace bastantes años que un articulista de un medio de comunicación de Euskadi se expresaba sorprendidamente diciendo que los no nacionalistas estaban perdiendo la vergüenza, se estaban convirtiendo en desvergonzados por hacer patente su no nacionalismo, por confesar sin pudor su no nacionalismo.

La sorpresa le venía del hecho de que, aunque hubiera voto no nacionalista, y su porcentaje haya estado presente de una manera u otra desde el inicio de la historia estatutaria, el contenido ideológico, conceptual y sentimental de dicho voto no era algo que se pudiera poner de manifiesto tan tranquilamente, no era algo que se pudiera expresar de forma explícita. Hacerlo le suponía, pues, al articulista una provocación.

De la misma forma que en el debate reciente sobre los modelos lingüísticos y la lengua vehicular en la escuela vasca nadie se atreve a poner en duda manifiestamente el pluralismo lingüístico que caracteriza a la sociedad vasca, pero lo oficialmente correcto es reconducir esa pluralidad a la integración en el euskera como única o principal lengua vehicular en la escuela, de la misma manera aunque hubiera pluralidad de voto, lo oficialmente correcto ha sido durante mucho tiempo la integración en la simbología pública, en las manifestaciones públicas, del nacionalismo vehicular. Todo lo demás era una provocación.

Así se puede llegar a que el nacionalismo oficial que define lo políticamente correcto en Euskadi perciba la presencia de la bandera española en sedes institucionales en las que el residente es un político nacionalista como una provocación, mientras que su ausencia es manifestación de la identificación exclusiva con la nación vasca y algo positivo y normal sin más.

Una muestra de esta percepción de provocación que va en contra de la supuesta aceptación del pluralismo de la sociedad vasca es la caracterización del acuerdo preelectoral para formar un gobierno de cambio en Euskadi entre el PP y el PSE, hace algunos años, como un frente. ¿Cuántas veces no se habrá hecho referencia a ese frentismo, que respondía al frentismo real del acuerdo excluyente nacionalista de Estella-Lizarra, en comentarios y análisis políticos en Euskadi y en toda España como algo indebido, como una provocación, como algo que ocasionó la reacción natural de los nacionalistas que se sintieron perseguidos y cuyo grito de 'vienen a por nosotros' tanta comprensión provocaron! Y soy consciente de que en aquel entonces no pocas cosas se hicieron mal por parte de los constitucionalistas.

El no nacionalismo es tolerado en Euskadi, en la sociedad vasca, pero no es asumido como elemento conformador de la identidad vasca. La identidad vasca se conforma sólo de elementos propios, diferenciados. Y los comunes con otros territorios y con el resto de España son, como el pluralismo, un añadido más o menos engorroso que hay que saber sobrellevar con un mínimo de elegancia. Y a ese sobrellevar se le llama pragmatismo y moderación, si es que se manifiesta con suficiente elegancia.

Analicemos con más detenimiento la comparación entre los dos frentes, el nacionalista de Estella-Lizarra, y el constitucionalista como respuesta. El frente de Estella-Lizarra era un frente dirigido a la definición institucional de Euskadi sólo desde el nacionalismo, era un frente de unidad de acción nacionalista con vistas a la definición institucional de Euskadi, de la sociedad vasca como un todo exclusivamente nacionalista.

El llamado frente constitucionalista no pretendía en absoluto definir el todo de la sociedad vasca desde ninguna exclusividad, sino que trataba de cambiar de gobierno. Y cambiar de gobierno no tiene por qué ser frentista. El frentismo peligroso es el que afecta al momento definitorio, institucional-jurídico-político de una sociedad. Eso era el Pacto de Estella. El acuerdo PP-PSE sólo trataba de formar un gobierno que no fuera nacionalista. Si no se entiende la diferencia, seguimos reforzando la idea de que la manifestación pública del no nacionalismo, la expresión pública sin cortapisas del constitucionalismo es simple provocación del nacionalismo oficial y políticamente correcto.

Y todo esto me lleva a repasar lo que puede significar la transversalidad en Euskadi. Se ha acuñado la expresión de que los ocho años de gobierno de coalición PNV-PSE fueron años de gobierno transversal, años en los que la institución Gobierno vasco reflejó el pluralismo que caracteriza a la sociedad vasca. Y no cabe duda de que fueron gobiernos de coalición, y que la coalición se daba entre un partido de confesión nacionalista y otro no nacionalista.

Pero plantear la transversalidad que necesita la sociedad vasca en el plano institucional por ser una sociedad plural y compleja en el plano de los partidos que conforman el gobierno es equivocar radicalmente la cuestión. La verdadera trasnversalidad que necesita la sociedad vasca es la que se debe dar en su definición institucional. Y entiendo por institución la fundamental de cualquier sociedad, aquélla que recoge su acuerdo básico, en nuestro caso el Estatuto de Gernika, que tiene como marco la Constitución de 1978.

El Estatuto de Gernika fue fruto y expresión de un acuerdo transversal. Los nacionalistas y los no nacionalistas se reconocieron mutuamente en su legitimidad. Tanto los unos como los otros se reconocieron como igualmente vascos, en sus diferentes maneras de concebir ser vasco, de imaginar Euskadi, de sentir la sociedad vasca.

Es en ese fundamento institucional de la sociedad vasca en el que debe seguir existiendo transversalidad si no se quiere dañar radicalmente, de raíz, el pluralismo y la complejidad de la sociedad vasca. Si la transversalidad está asegurada en ese nivel fundamental, ya no es necesario que vuelva a aparecer en los niveles más superficiales. Una vez asegurada la transversalidad en el nivel fundamental, los gobiernos que se asienten en ella pueden ser monocolores nacionalistas o monocolores no nacionalistas. Ninguno de ellos pone en peligro el pluralismo y la complejidad de la sociedad vasca, pues ésta está asegurada donde corresponde, en la propia definición básica de la misma sociedad.

Grave sería que se busque la conformación de gobiernos de coalición transversal como sustitutos de la necesaria transversalidad en el nivel necesario de la definición jurídica y política de Euskadi. Ningún gobierno de coalición de nacionalistas y no nacionalistas podría escamotear la incapacidad de reformar transversalmente el Estatuto de Gernika, ni ocultar el intento de reconducir la interpretación del Estatuto vigente hacia una hegemonía conceptual, lingüística y simbólica nacionalista del conjunto de la sociedad vasca en cuyo contexto cualquier expresión normal de no nacionalismo, de constitucionalismo, fuera percibida como provocación.

A determinado nacionalismo todavía le cuesta entender que si es necesario pactar hacia fuera lo es porque existe la necesidad de pactar primero dentro de la propia sociedad vasca. Llama poderosamente la atención lo dispuestos que parecemos a interpretar las palabras de la necesidad de cautivar y seducir a España que proclama el PNV actualmente como prueba de moderación y pragmatismo, cuando en realidad lo que se debiera exigir es el reconocimiento de que España y lo español es elemento integrante de la identidad vasca, que de otra manera dejaría de ser plural y pasaría a ser homogénea. No se trata de cautivar al de fuera. Se trata de reconocer al de dentro, y no sentirlo como provocación.

El carné de Marichu
POR ANTONIO BURGOS ABC 15 Abril 2007

SABÍA que Marichu era vasca. Más concretamente vasco-andaluza, como la cocina del Achuri de Cádiz o como los barcos de la casa Ybarra que en su chimenea llevaban como escudo la V de Vasconia entrelazada con la A de Andalucía, que campeaba por los siete mares en los transatlánticos con nombres de cabos, el «Cabo San Roque» o el «Cabo San Vicente». Marichu se casó con un caballero sevillano y, sin renunciar a sus raíces vascas, adoptó como propia esta tierra meridional. Y si bien sabía que Marichu era vasca, por el amor con el que siempre me habla de todos los asuntos de aquella española tierra, desconocía en qué ciudad había nacido. Ahora he sabido que es de San Sebastián. Como demuestra su hermoso acento easonense, que no ha perdido. Es de la españolísima San Sebastián. De la ciudad cuya belleza he evocado en artículos de Alfonso Ussía, en prosas de Agustín de Foxá, en los familiares recuerdos españoles de tantos veraneos de yolas, traineras y Semana Grande. Marichu es de la ciudad que he podido gozar en el encanto de su barandilla de la playa de La Concha, que tengo puesta en mi antología de mares urbanos españoles con los mismos honores que mi Caleta gaditana.

Pero a Marichu, ay, no la dejan que sea oficialmente de la ciudad donde nació. De esa San Sebastián españolísima que tantos recordamos y amamos en su hermosura. Marichu me ha contado atribulada su historia, y la acompaño en el sentimiento. En el sentimiento español por la hispana San Sebastián. Por la latina Easo.

Marichu fue el otro día a hacer un mandado en Madrid. Y gracias a nuestra generosa y tradicional hospitalidad con los inmigrantes de las bandas de delincuentes internacionales, le robaron el bolso. Ya se imaginan la complicación: el miedo por las llaves de la casa perdidas, la inquietud por los cargos a las tarjetas de crédito, los documentos personales que hay que volver a sacar. Lo de menos en estos casos es el dinero. Y en su calvario de anulación de tarjetas y de petición de documentos robados, fue Marichu a la comisaría de Policía de su barrio para sacarse la copia del carné de identidad que se habían llevado con el bolso. Ese DNI como una tarjeta de crédito que ahora expiden, donde, por cierto, parece que les da vergüenza poner la bandera y el escudo de España, como antes tenía. Rellenó Marichu el impreso, y cuál no sería su sorpresa cuando el funcionario le dijo que estaba mal:

-¿Cómo mal?
-Sí, señora: que ha puesto usted «Nació en San Sebastián» y eso ya no se puede poner. Hay que poner «Donosti».
-Pero si yo no he nacido en Donosti, ¡si yo nací en San Sebastián de toda la vida!
-Pues ésas son las órdenes, señora: los nombres de las ciudades hay que ponerlos en las distintas lenguas, tiene que ser Lleida, A Coruña, Girona y Donosti.

-Ah, no - dijo resuelta Marichu-, eso no puede ser. ¿Cómo no voy a llevar el nombre de mi San Sebastián en el carné? ¡Pero si yo estoy sacando el carné aquí en Sevilla, y aquí en Sevilla, San Sebastián es San Sebastián y no Donosti!

No hubo forma. Marichu piensa incluso interponer recurso. Yo lo plantearía no ante el Ministerio del Interior, sino ante la Real Academia Española, como en tiempo y forma es este artículo, que envío respetuosamente a don Víctor García de la Concha, denunciando el maltrato a los topónimos y gentilicios castellanos en nuestra nación, fuera de los territorios de las otras lenguas peninsulares. Porque Marichu no es de Donosti: es de San Sebastián, oé. Y no es donostiarra, es easonense, oé.

Estamos en una España tan avergonzada de serlo, que yo hasta ahora conocía a señoras que se quitaban años en el carné de identidad, pero Marichu es la primera amiga que conozco a la que, contra su voluntad, le han quitado su propia patria en el DNI. Porque Donosti será todo lo vascuence que quieran, pero es lo que me dice Marichu:

-Chico, es que aquí en Sevilla, lo de Donosti suena a nombre de comando desarticulado de la ETA, no a la ciudad donde yo nací, que es el San Sebastián de toda la vida...

Preciosa ciudad, Marichu, preciosa ciudad, que tantos españoles consideramos tan nuestra...

"TENEMOS GENTE DENTRO" DE LA POLICÍA, LE CONFIÓ EL ENTONCES CANDIDATO DEL PSOE A PEDRO J. RAMÍREZ
Felipe González sostuvo que el 11-M fue un "trabajo por encargo de ETA", según Zapatero
El ex presidente Felipe González sostuvo que el 11-M fue "un trabajo por encargo de ETA", según contó José Luis Rodríguez Zapatero al director de El Mundo el mismo día de los atentados. Lo revela este domingo Pedro J. Ramírez en su Carta del Director, titulada La joint venture. "Es lo que dice Felipe, que ha sido un trabajo por encargo de ETA. Sería la primera vez que pasa algo así", le transmitió el entonces candidato, Zapatero, al periodista durante una conversación telefónica a las 10 de la noche, que Ramírez reconstruye en su ensayo dominical, a partir de las notas que, "con bastante detalle", tomó "sobre la marcha" y que ha decidido hacer públicas al darse cuenta de "su enorme relevancia informativa" tras el último comunicado de ETA, en el que la banda terrorista reconoce el papel del 11-M como una de las condiciones que propiciaron el llamado "proceso de paz".
Libertad Digital 15 Abril 2007

El presidente del Gobierno –entonces, el 11 de marzo de 2004, candidato a la Presidencia por el PSOE– y el director de El Mundo mantuvieron una conversación telefónica –la tercera, en aquella jornada– a las 10 de la noche del día de los atentados de Madrid.

José Luis Rodríguez Zapatero sostuvo ante Pedro J. Ramírez que había terroristas suicidas en los trenes y que la información procedía "de dentro".

"Oye, hemos gobernado durante 13 años y tenemos gente dentro", subrayó el entonces candidato socialista, probablemente intentando conferir credibilidad a sus palabras, según se desprende del contexto del diálogo reconstruido por el director de El Mundo.

Zapatero también presumió ante Ramírez de contar con fuentes de la Casa Blanca por intercesión del entonces candidato Demócrata John Kerry. "Tienen topos en la Casa Blanca", intrigó. De esos supuestos "topos" procedía, según confió entonces Zapatero a Ramírez, la certeza de la Casa Blanca, contraída la misma tarde del 11-M, de que había sido Al Qaeda la autora de los atentados.

El periodista le interrogó sobre "una faena a medias, una especie de joint venture" con ETA.

La respuesta de Zapatero fue: "Eso es lo que dice Felipe, que ha sido un trabajo por encargo de ETA. Sería la primera vez que pasa algo así".

Pedro J. Ramírez reconstruye este diálogo en su Carta del Director de este domingo, titulada La joint venture, al considerar "su enorme relevancia informativa" a la luz del último desafío de ETA, reconociendo el pasado 8 de abril en Gara que el 11-M lanzó –entre otras condiciones favorables– el llamado "proceso de paz".

La intoxicación de la existencia de terroristas suicidas en los trenes –una información difundida por la SER y que se ha demostrado falsa– y la atribución del origen de ese bulo a fuentes "de dentro" de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, según las identificó el entonces candidato socialista en esa versión lleva al periodista a deducir que "alguien en el seno de las Fuerzas de Seguridad conocía un guión según el cual entre la furgoneta de Alcalá y la mochila de Vallecas debía aparecer los restos de terroristas suicidas como definitiva marca de la casa del integrismo islamista. Mi única duda es si, además de conocer el guión, ese alguien había contribuido también a pergeñarlo".

Ramírez explica, en su artículo que "lo que de verdad me ha impulsado" a publicar su conversación telefónica con Zapatero "ha sido la parte final de la charla, puesta en combinación con las referencias que ETA hizo al 11-M el pasado fin de semana en la entrevista publicada en Gara y con los últimos avatares de la vista oral por la matanza".

"La del domingo", subraya Pedro J. Ramírez, "fue la primera vez que ETA estableció una relación de causa a efecto entre la masacre –dice que fue uno de los "factores" desencadenantes– y lo que define como proceso para la resolución del conflicto vasco".

El periodista concluye su pieza dominical con la conjetura de una broma del destino: "Tendría gracia –si no se tratara de algo tan trágico– que un día se comprobara que las dos primeras personas en intuir lo sucedido, o al menos en contárselo a Zapatero, hubiéramos sido Felipe González y yo", escribe el director de El Mundo.

SE DESVELAN LOS CONTACTOS ENTRE TERRA LLIURE Y ETA
Un ex miembro de Terra Lliure justifica en TV3 el atentado contra Jiménez Losantos
Un ex miembro de la banda terrorista Terra Lliure, Josep Serra, justificó en TV3 el atentado contra el periodista y escritor, Federico Jiménez Losantos, perpetrado en 1981. La acción terrorista se produjo después de que Jiménez Losantos suscribiera el Manifiesto de los 2.300, firmado por intelectuales y profesionales, en el que se denunciaba la situación de los castellanohablantes en Cataluña. Serra defendió, en el documental emitido por la televisión autonómica catalana, que "la violencia" era el único instrumento que "entendían" en aquellos momentos.
Libertad Digital 15 Abril 2007

Según cuenta el diario El Mundo, a causa del secuestro y del tiro en la pierna que sufrió entonces, Jiménez Losantos abandonó Cataluña y , con ello, su intención de liderar un proyecto político españolista que tenía como objetivo estar presente en el Parlamento autonómico.

En el espacio emitido este sábado por la noche en TV3, el ex presidente de la Generalidad de Cataluña, Jordi Pujol, subraya en todo momento la condena a los atentados de la banda y asevera que, desde un punto de vista político, "podría haber sido utilizado contra nosotros", en referencia al autogobierno de la Comunidad Autónoma catalana.

El documental también desvela como los contactos existentes entre la organización terrorista catalana y ETA y relata cómo destacados miembros de la banda vasca ayudaron a formar a los primeros terroristas de la organización catalana y, cómo, se produjeron, después, intercambios de armas entre ambas formaciones terroristas.

La emisión en la televisión pública recoge la historia de Terra Lliure, que actuó en Cataluña entre 1979 y 1995, y que cometió más de 200 atentados, que se cobraron una víctima mortal y varias decenas de heridos, la muerte de cuatro terroristas – uno por tiros de la Policía y otros tres más mientras manipulaban explosivos antes de colocarlos-. Las Fuerzas de Seguridad del Estado llegaron a detener a 300 personas vinculadas a la banda terrorista. Todos ellos fueron puestos en libertad en 1996 tras la amnistía decretada durante el último Gobierno de Felipe González.

POLÍTICA
Entre la denuncia y el consuelo
Los afectados por la violencia muestran puntos de vista opuestos, desde los reproches al lehendakari a la defensa de la convocatoria institucional
I. MEDRANO/BILBAO El Correo 15 Abril 2007

Ninguna víctima del terrorismo discute la necesidad de que se celebre un acto de reconocimiento y homenaje para que las instituciones y la sociedad vasca en general intenten saldar la deuda histórica que contrajeron con ellas durante tantos años de abandono. Sin embargo, los damnificados por la violencia de ETA discrepan sobre las formas y el fondo: el momento elegido, la sinceridad del Gobierno vasco al llevar a cabo esta convocatoria o la idoneidad de Juan José Ibarretxe para encabezarla.

CONSUELO ORDÓÑEZ
«Es una farsa, un acto electoralista»
«Ni la figura de Ibarretxe ni el Gobierno vasco nos dan ninguna confianza, porque, año tras año se nos ha insultado y no se ha hecho caso a nuestras reivindicaciones». Consuelo Ordóñez, miembro de Covite, entiende que este homenaje debía haber sido el colofón «a una política de auténtica deslegitimación del terrorismo, no sólo de condena». En cambio, añade, «día a día vemos que nuestro lehendakari desprecia la Justicia, se jacta de que va a incumplir la ley y se reúne con los inductores y los que legitiman los asesinatos de nuestros familiares, porque Batasuna es ETA». Con estos antecedentes, la hermana del dirigente guipuzcoano del PP asesinado por ETA mientras comía en un bar de la Parte Vieja donostiarra, en enero de 1995, no duda en proclamar que el acto institucional del próximo domingo «es una farsa y un acto totalmente electoralista, que se han empeñado en montar precisamente ahora», a escasas semanas de los comicios municipales y forales. En opinión de Consuelo Ordóñez, «lo único que les interesa es la foto. Qué ocurre, que esto es lo único que quieren cumplir de los trece famosos puntos de la proposición no de ley aprobada por el Parlamento vasco» en apoyo a las víctimas del terrorismo.

VICENTE CHOUSA
«Sé que es un cuento, pero a mí me vale»
Miembro de la AVT y de la asociación autonómica gallega, Vicente estaría en Bilbao «si los médicos me lo permitieran y alguien me pudiera llevar». Es víctima del terrorismo desde que, a comienzos de la década de los ochenta, ETA atacó a su patrulla en San Sebastián. Sufrió lesiones neurológicas que le privaron de la visión durante seis largos meses; recuperado a duras penas, tuvo que volver a trabajar, con la inmensa mala suerte de sufrir otro atentado, en El Ferrol, perpetrado en 1987 por el Exercito Guerrilleiro do Pobo Galego Ceibe. De aquella segunda agresión terrorista salió físicamente ileso, pero ya no volvió a ser el mismo. Ahora, agradece cualquier intento de reparación moral. «Sé que este homenaje es política, que es un cuento, pero el lehendakari va a pedir perdón, será la segunda vez que lo hace y a mí me vale». La segunda vez, dice Vicente, porque este ex policía gallego ya estuvo presente el pasado mes de noviembre en Córdoba, donde Ibarretxe leyó un histórico discurso de petición de disculpas a las víctimas en nombre de las instituciones y el pueblo vasco. Aunque, finalmente, los médicos le aconsejan que no viaje a la capital vizcaína, «allí estarán otros compañeros. Yo ya me doy por satisfecho». Vicente pasa por alto las críticas de Francisco José Alcaraz a las víctimas que participen en el homenaje: «Si no va la AVT, sus motivos tendrá, pero ellos me representan a mí para otras cosas; en este tema, sólo yo me represento a mí mismo»

DANIEL PORTERO
«Consideran víctimas a familiares de presos»
Ningún miembro de la familia de Luis Portero, el fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia andaluz que fue asesinado por ETA en Granada en octubre de 2000, acudirá el próximo domingo al Palacio Euskalduna de la capital vizcaína. Su hijo Daniel, presidente de la asociación Dignidad y Justicia, considera «muy tardío este acto» y cree que el Gobierno de Juan José Ibarretxe carece de autoridad moral para organizarlo. En este sentido, denuncia que el Ejecutivo «siempre ha considerado víctimas, al mismo tiempo, a las víctimas de los asesinatos y a los familiares de los asesinos». Daniel Portero sabe que para este homenaje «sólo se va a llevar a víctimas de ETA», pero lo considera «una hipocresía». «Porque luego -reitera- a la hora de conceder las subvenciones, se limita mucho la ayuda a las víctimas del terrorismo y se apoya a los familiares de los presos», en referencia a la contribución económica para los desplazamientos a las cárceles.

GORKA LANDABURU
«Es triste estar divididos a este nivel»
«Apruebo totalmente toda iniciativa encaminada al reconocimiento de las víctimas del terrorismo, que es la gran asignatura pendiente de las instituciones de este país». El periodista vasco Gorka Landaburu, que perdió dos dedos de la mano derecha por la potente explosión del paquete bomba que ETA le envió en mayo de 2001, considera que este homenaje debería haberse celebrado hace mucho tiempo, pero, subraya, «más vale tarde que nunca». «Este acto se ha retrasado hasta ahora por falta de acuerdo político», recuerda. Simpatizante del PSE-EE, Landaburu lamenta que la convocatoria no haya obtenido un respaldo unánime: «Es un poco triste que también estemos divididos a este nivel». El periodista no comparte las críticas sobre el supuesto protagonismo del lehendakari Ibarretxe en esta iniciativa institucional: «es el presidente del Gobierno vasco, nos representa a todos y hay que dejar las polémicas a un lado para hacer algo que tendríamos que haber hecho mucho tiempo atrás», insiste.

CATI ROMERO
«Este Gobierno no me ha ayudado nunca»
«En otras ocasiones puede quedarme alguna duda, pero, desde luego, con el Gobierno vasco lo tengo muy claro. Lo que va a hacer este lehendakari es de cara a la galería, pura hipocresía». La viuda de Alfonso Morcillo, sargento de la Guardia Municipal de San Sebastián asesinado por ETA a escasos metros de su domicilio de Lasarte, en diciembre de 1994, se muestra taxativa: «No se puede estar al mismo tiempo con los victimarios y con las víctimas». Miembro destacado de Covite, Cati Romero reprocha también a Juan José Ibarretxe que «nunca nos ha llamado. Somos la asociación mayoritaria y no se nos ha tenido mucho en cuenta». No le importa el homenaje del día 22, sino «el día 23. Cuando se acabe ese acto, ¿va a tener verdaderamente en cuenta a las víctimas?». «Lo dudo -añade-; a mí, el Gobierno vasco nunca me ha apoyado en nada».

JOAQUÍN VIDAL
«Tienen la dignidad de pedir perdón»
El presidente de la Asociación Andaluza de Víctimas del Terrorismo no quiere entrar en el debate político. Ex funcionario de prisiones herido de gravedad en el atentado con paquete bomba que acabó con la vida de cuatro personas en junio de 1991, en el centro penitenciario Sevilla I, Joaquín Vidal da por bueno el intento institucional de pedir disculpas: «Por encima de cualquier lectura política, tienen la dignidad de pedir perdón, de reconocer públicamente que no han sido capaces de dar la talla, y eso me parece muy importante». Vidal, que actuó de anfitrión de Ibarretxe durante la visita del lehendakari a Córdoba, habría querido estar el domingo en Bilbao, pero un compromiso familiar le impedirá viajar.

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