AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 27 Abril   2007

¿Independencia, para qué?
MANUEL MONTERO El País 27 Abril 2007

Dice el nacionalismo que el problema vasco consiste en que un pueblo milenario dotado de una identidad propia está enfrentado a España (al Estado español, por usar su jerga), pues quiere volver a ser independiente, a lo que tiene pleno derecho constitutivo. Del planteamiento se derivan algunas consecuencias que pueden hacer estragos, en un país harto de la cuestión vasca y quizás predispuesto al síndrome de Estocolmo, a los diálogos y a lo que sea para quitarse de encima la pesadilla. Se deduce la idea nacionalista de que todo se arreglaría si el "Estado español" diera la independencia al pueblo vasco; y si de momento no se reclama tanto -hay mucha tela que cortar-, se reivindica algún punto intermedio, "dialogado" y "negociado", atendiendo no al peso de los votos, sino al de la voluntad nacionalista. O sea, que si se eternizan los problemas se debe a la cerrazón de España, pues se niega a buscar la "solución democrática" (en tal esquema el reconocimiento de los "derechos nacionales" que imagina el nacionalismo constituye la esencia de la democracia).

Todo reside en la pugna entre el pueblo vasco y España, de creer al nacionalismo. De modo que lo nuestro tiene una solución sencilla. Si persisten conflictos, violencias, tensiones... es sólo por las ínfulas españolas, uniformistas, opresoras e incapaces de reconocer a un pueblo vasco con identidad propia, una evidencia histórica, política, antropológica, lingüística, cultural, biológica... un hecho objetivo. ¿No termina la violencia en el País Vasco y perdura la agitación nacionalista? Se debe al empecinamiento de España por no restituir el natural orden de las cosas.

Las argumentaciones expuestas son de raigambre nacionalista e innegable éxito social, pero sin pies ni cabeza. No entro en las figuraciones milenaristas o en esas pintorescas visiones de los vascos sosteniendo contra viento y marea su identidad desde hace 7.000 años, que ya ha llovido, pues cada cual es libre de soñar lo que quiera (otra cuestión es que haga la pascua a los demás por sus alucinaciones). Tampoco en la costumbre nacionalista de imaginar que sus reivindicaciones son derechos, incluso derechos democráticos. Sí me refiero a su corolario, argumentalmente, el punto de partida, la idea de que la conquista de algún soberanismo relajaría al nacionalismo y eliminaría la violencia. Hasta donde podemos colegir es un supuesto falso.

Imaginemos que algún proceso de negociación, infernal o placentera, lleva a la conclusión de que nuestro destino idóneo es convertirnos en el Estado Libre Asociado que proponía el fracasado plan Ibarretxe y, llenos de alborozo, a él nos encaminamos. ¿De verdad cree alguien que en tan dichoso momento ETA, emocionada, decidiría dejarlo y desaparecer? ¿Por qué iba a hacerlo, tras comprobar que la extorsión resulta rentable? Más bien le serviría de estímulo para perseguir más prometedoras metas. Y lo que se da en llamar nacionalismo moderado, ¿rebajaría su agresividad contra la parte de la sociedad vasca que no es nacionalista, o agudizaría sus planes de euskalduni-zación compulsiva y de excluir de la función pública a quienes no se ajustan a sus criterios lingüísticos, en la línea emprendida ya hace años, o alguna nueva ocurrencia para seguir rebajando los derechos de quienes no son de la tribu, o convirtiéndolos a ésta?

Tampoco se piense que llegados a la dicha de la independencia, el día de la paz y de la gloria, se habría acabado todo, una vez que se izaran las ikurriñas más alto si cabe y se quemara la última bandera española y demás símbolos opresores. No se habría acabado nada y todo -la agresividad nacionalista y el gusto por el terror, cada uno en lo suyo- seguiría como estaba, bien que en un peldaño superior de la escala, reconfortados porque se sube la escalera cada vez más rápido. El nacionalismo no es sólo un proyecto político, que se consumaría con la independencia y con ella quedaría plenamente satisfecho. Constituye sobre todo un proyecto de transformación de la sociedad vasca, por la vía de terminar con las pluralidades actuales. ¿Independencia, para qué? ¿Llevamos estas décadas de enloquecimiento sólo para mandar embajadores por doquier y dotarnos de los escasos símbolos de soberanía que quedan? No resulta creíble.

Sucede que para el nacionalismo el enfrentamiento pueblo vasco-España es sólo uno de los aspectos del problema vasco, y no el fundamental. Su principal objetivo no consiste en la independencia y la autodeterminación, que en sentido estricto son sólo instrumentos para conseguir el fin ansiado. ¿En qué consiste éste? En algo aparentemente inocuo, pero demoledor. El nacionalismo vasco busca la construcción nacional, es su finalidad última. "Euzkadi necesita hoy la autonomía para su propia reconstrucción nacional", explicaba el PNV cuando se ponía en marcha el proceso que desembocaría en el Estatuto de Gernika. Lo corroboraba el Parlamento vasco en 1990: "El ejercicio del derecho a la autodeterminación tiene como finalidad la construcción nacional de Euskadi". Para el nacionalismo, la autonomía y la autodeterminación constituyen el medio. El fin es la construcción nacional.

"¿Libertad, para qué?", se preguntaba en una ocasión la dirección del PNV, casi como Lenin a Fernando de los Ríos. Y su respuesta no era "libertad para ser libres". Era (es) para algo más. "Libertad para restaurar nuestra personalidad colectiva a partir de valores creados a lo largo de una historia de milenios, (...) para restaurar la vigencia de nuestra lengua y de nuestra cultura a todos los niveles de la vida y en toda la extensión de la geografía vasca. Libertad para ordenar nuestra sociedad según nuestra propia y responsable voluntad (...)". Libertad (nacional) para la construcción nacional. En otras palabras, para amoldar la sociedad conforme a los esquemas que según los criterios nacionalistas son los propios de la identidad vasca. Suenan placenteros, pero no son planteamientos amables. Implican una notable agresividad. "Restaurar nuestra personalidad colectiva" constituye un proyecto de actuación social, que pasa por eliminar pluralidades e identidades, hasta que quede tan sólo la "personalidad colectiva" del gusto del nacionalismo.

En esta lógica, a los vascos que no son nacionalistas les toca construirse nacionalmente. El nacionalismo combate sobre todo contra ellos -más que contra España-, como responsables inmediatos de que la identidad (nacionalista) vasca no sea completa. Lucha por su conversión nacional, que no es sólo mudanza política, sino también metamorfosis identitaria. Construcción nacional no quiere decir sólo hegemonía nacionalista, que por supuesto va implícita. Significa sobre todo nacionalización plena de la sociedad vasca. Por eso el mundo feliz al que aspira el nacionalismo no es sólo el de la autodeterminación o independencia. Por eso su modelo político no está formado por ciudadanos en el sentido propio del término, sino por vascos con identidad (nacional vasca). Por eso no hay ninguna razón para imaginar que el logro de aspiraciones políticas redujese la agresividad nacionalista o los modos coercitivos. No tendría por qué relajarlos, mientras no se consumase la construcción identitaria de la nación vasca. Reeducación, se decía en otros sitios. La de quienes no se ajusten a los auténticos criterios nacionales.

Manuel Montero es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco.

NAVARRA, EL PRECIO DE LA TRAICIÓN
El yo acuso de Jaime Ignacio del Burgo
Por Óscar Elía Mañú GEES 27 Abril 2007

A ninguna persona dedica el nacionalismo más artículos, programas de televisión y declaraciones como al veterano político navarro. La actitud que llevan decenios manteniendo Arzallus, Otegi, Barkos o Barrena hacia el autor de este libro es ya motivo suficiente como para pensar que algo muy bueno sale de la pluma de Del Burgo también en esta ocasión.

Pero, en una encrucijada histórica, hay algo más. En un proceso a oscuras, donde el Gobierno declara sin inmutarse que pactará con ETA a escondidas, el implacable marcaje de Del Burgo ha logrado despertar también la hostilidad de buena parte de la izquierda política y mediática española: el "Sr. Del Burgo, no enrede" de Jordi Sevilla es la muestra más clara de la actitud de Rodríguez Zapatero, El País y el resto del Frente de la Paz hacia quien(es) exige(n) conocer de qué están hablando los enviados del PSOE con los asesinos de Miguel Ángel Blanco. Y Navarra, el precio de la traición tiene todos los componentes para que unos y otros se escandalicen aún más.

Minucioso, Del Burgo recorre el origen del incendio constitucional y estatutario desde las primeras cenizas. Cuando España dormía plácidamente el sueño del Pacto Antiterrorista, las propuestas de José María Benegas y de Jesús Eguiguren señalaban ya la senda que habría de seguir el socialismo vasco; en relación con Navarra, cualquier ingenuidad sobra: parte del PSE llevaba años negociando con ETA y dando por buena la inclusión de Navarra en el negociado vasco.

Bastó la llegada de Rodríguez Zapatero a la dirección del PSOE para que a la caza política de Redondo Terreros siguiera su sustitución por los mismos que daban por hecho, junto con ETA, que Navarra entraría en el corral de la paz. "Para Eguiguren –corrobora Del Burgo–, Navarra forma parte del conglomerado vasco". (pág. 40). A estas alturas no vale engañarse: los mismos enviados por Rodríguez Zapatero a negociar con ETA coinciden con ésta en la solución a la cuestión navarra.

En abril de 2005, "¿A dónde nos llevas, presidente?" fue la respuesta en Libertad Digital de un Del Burgo que ya intuía que Rodríguez Zapatero había cruzado el límite. Y el libro pivota precisamente sobre el capítulo quinto, titulado "Y Rodríguez Zapatero pasó el Rubicón". Ni una sola de las declaraciones, entrevistas o comentarios de Zapatero pasa inadvertida al autor, que desata las iras del panvasquismo de siempre tanto como las de la izquierda de hoy. Si el lector quiere una secuencia ordenada y detallada de los tratos de Rodríguez Zapatero con ETA, no lo dude: éste es su libro, y éste su capítulo.

En la obra, un dolido Del Burgo se resiente del trato despreciativo del Gobierno hacia el presidente de Navarra, hacia UPN, hacia los mismos navarros que salieron a la calle el 17 de marzo como jamás en la historia. Vana esperanza: en el socialismo actual, el talante es selectivo. "No hay en las hemerotecas ni una sola declaración de Rodríguez Zapatero que revele un compromiso inequívoco con la Comunidad Foral" (pág.248); en cambio, sí se puede leer que el jefe del Ejecutivo ha calificado a Otegi de "hombre de paz" (pág. 55). Con el nacionalismo vasco pactando con el PSOE, la fórmula es evidente: el trato de Rodríguez Zapatero hacia el mundo abertzale es inversamente proporcional al maltrato a que somete al pueblo navarro y sus instituciones.

¿Y el PSOE en Navarra?, se preguntan analistas y ciudadanos. ¿Sacrificará la estabilidad política y el bienestar económico al Pacto del Tinell? Del Burgo no se hace ilusiones: la suerte está echada,en forma de un candidato dócil a Madrid y aceptado por el nacionalismo, lo cual, en lo que nos ocupa, no conlleva ni una mala palabra ni una buena acción.

Entre tanto, los diputados del PSN se suman en Madrid a los de ERC, PNV y el frente nacional vasco en Navarra –Nafarroa Bai– para votar no al rechazo al órgano común, la dieta vasco-navarra soñada tanto por Eguiguren como por Arzallus y Josu Ternera. De electorado socialista y navarrista, el PSN fue forzado, violado y humillado por Rodríguez Zapatero y José Blanco, que sin demasiados escrúpulos anularon el resultado de unas primarias que no satisfacían a la Batasuna que ofrecía paz a cambio del entierro de la Constitución y el Amejoramiento.

Hoy es el día en que, apoyados por el PP, los diputados de UPN se baten en solitario con la coalición gubernamental, socialistas, nacionalistas, nacionalsocialistas que, junto a la galaxia mediática progresista, celebran alborozados la posibilidad de expulsar a los regionalistas del Palacio de Navarra. La narración que Del Burgo hace del debate del 19 de diciembre de 2006 no deja lugar a dudas: hoy, el nacionalismo vasco cabalga a galope tendido sobre la grupa de la izquierda española; la negociación con ETA ha sido posible porque la izquierda española, el Frente de la Paz surgido de los hierros retorcidos del 11-M, ha decidido sacrificar Navarra.

Tras leer esta obra, sólo al ingenuo o al despistado le quedará alguna duda: Navarra está en la mesa de negociación desde el principio, desde antes aún de marzo de 2006, desde antes aún de marzo de 2004. La traición a Navarra no es improvisada ni obligada. Responde a una convicción ideológica profunda de quienes controlan los designios del Partido Socialista, que coinciden con ETA en expulsar a la derecha y abrir las puertas del Viejo Reino al Anschluss vasco, de la mano de su frente nacional.

Ante la actitud del presidente de la nación, el nacionalismo vasco se frota las manos, toma las medidas a los despachos y ultima sus planes para la aniquilación cultural e institucional de Navarra. Entre el panvasquismo escondido tras Nafarroa Bai –PNV, EA, Aralar–, jaleado por la izquierda española, y las instituciones navarras se interpone la derecha liberal navarra y los rescoldos constitucionalistas del PSN. El 27 de mayo, como afirma Stanley Payne, "Navarra será la región más importante del Occidente europeo".

En clave española, el Viejo Reino amenaza convertirse en la tumba política de Rodríguez Zapatero. Quizá por eso la caza de UPN y CDN ya ha empezado en la galaxia mediática que jalea enfervorizada el ansia infinita de paz. Jaime Ignacio del Burgo es una de las piezas más preciadas, pues su figura se recorta en los paisajes más molestos para el Gobierno: las ocultaciones y mentiras sobre el 11-M y las ocultaciones y mentiras sobre ETA y Navarra. En relación con esto último, para cualquiera que quiera saber qué está en juego el 27 de mayo, y, sobre todo, en qué equipo juega cada uno, Navarra, el precio de la traición es una lectura imprescindible.

ÓSCAR ELÍA MAÑÚ, analista del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES).
JAIME IGNACIO DEL BURGO: NAVARRA, EL PRECIO DE LA TRAICIÓN. Encuentro (Madrid), 2007, 348 páginas

¿Debe España pedir perdón?

LÍNEA EDITORIAL minutodigital 27 Abril 2007

El Gobierno de Ibarreche ha vuelto a tensar la cuerda. Ahora pretende que Gobierno y Parlamento pidan perdón por los crímenes cometidos en nombre de España.
El Gobierno de Ibarreche debiera ser más prudente en sus apreciaciones. De otra manera, alguien podría escupirle a la cara sus mentiras y recordarle su proverbial deslealtad a España, su ausencia de respeto hacia el estado de derecho, o la ignominiosa dejación en su deber de asegurar las vidas de todos los vascos, inclusive las de quienes no son nacionalistas. Llegados a este punto cabe hacerse una pregunta ¿Quién pedirá perdón por los más de mil crímenes perpetrados en nombre de su Euskalherría?
Tan delirante exigencia se produce tras aprobar una declaración institucional con motivo del aniversario del bombardeo de Guernica, ocurrido un día como ayer hace setenta años y que el Ejecutivo vasco evocó como una acción “de índole ejemplarizante contra el pueblo vasco por su resistencia al fascismo”.

La circunstancia de que este hecho luctuoso sucediera en el transcurso de una cruenta guerra civil, no ha sido impedimento para que el Gobierno vasco, en un intento de manipular con fines políticos un acontecimiento que no debiera ya trascender de su contexto histórico, haya vuelto a identificar nacionalismo con el pueblo vasco. Bajo una aparente pretensión pacifista, tan pretenciosa en la forma, como vacua en su significación, la mencionada declaración, que nace al socaire de la Ley de Memoria Histórica, recientemente aprobada por el Ejecutivo socialista, difícilmente logra ocultar su verdadera intención, que no es otra que devolverle a Ibarreche el protagonismo que el momento político actual le niega.

A estas alturas, nada nos puede escandalizar de un partido, el PNV, que si algo ha acreditado a lo largo de su dilatada historia es una hipocresía intelectual solamente equiparable a su bajeza moral. Es bien sabido que el Gobierno de Ibarreche es digno heredero de aquel de José Antonio Aguirre que, en los estertores de la República no dudó en llamar a las puertas de Mussolini en busca de ayuda. Pocos desconocen que el PNV, en la mejor tradición nacionalista, protagonizó otros sonados episodios en connivencia con el fascismo que, sin embargo, parece haber olvidado. Con estos precedentes causa sonrojo, cuanto menos, que sea precisamente el Gobierno vasco quien, en una desesperada tentativa por tamizar su pasado, ose ahora autoproclamar su “resistencia al fascismo”

El PNV arrastra una historia lastrada de infamia. Cada día le desagrada más mirarse en un espejo que insiste en recordarle un pasado tan totalitario y anacrónico como lo es su presente. De ahí que no conforme con revisar su historia, se muestre tan tendencioso en negarla. El Gobierno de Ibarreche debiera ser más prudente en sus apreciaciones. De otra manera, alguien podría escupirle a la cara sus mentiras y recordarle su proverbial deslealtad a España, su ausencia de respeto hacia el estado de derecho, o la ignominiosa dejación en su deber de asegurar las vidas de todos los vascos, inclusive las de quienes no son nacionalistas. Llegados a este punto cabe hacerse una pregunta ¿Quién pedirá perdón por los más de mil crímenes perpetrados en nombre de su Euskalherría?

La reflexión de Maragall
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 27 Abril 2007

PASQUAL Maragall es un político estrafalario y excéntrico que, como suele suceder con los de su perfil -pocos, desgraciadamente-, interesa mucho más cuando habla distante del poder que desde la servidumbre de su ejercicio. Después de haber sido la cabeza del socialismo catalán, brillante alcalde de Barcelona y president de la Generalitat, el líder, que no ha perdido entre sus extravagancias la costumbre de pensar, analiza el pasado inmediato y lo valora sin tentación triunfalista alguna, como corresponde a una tarea intelectual mejor que a una devoción política. Con ejemplar sinceridad, el hombre que promovió la reforma estatutaria como precio para establecer un Govern tripartito les ha dicho a unos colegas italianos que «cometimos el error de proyectar la reforma del Estatut en vez de la reforma de la Constitución». Lúcido y brillante.

Como es natural, sus compañeros en el PSC, con José Montilla a la cabeza, se han distanciado de la postura de Maragall. Cada lechón a su teta, que, como enseña Martín Fierro, es el modo de mamar. La partitocracia ha convertido el trabajo político, con perjuicio para la representatividad que lo justifica, en un modo de vida -un empleo- para muchos millares de personas y, sobre ello, la fragmentación autonómica sirve para revitalizar la indeseable existencia de los viejos caciques. ¿Qué podría decir Montilla en respuesta a la observación de su mentor? Ha recurrido a la vulgaridad: el Estatut ha sido aprobado, está en vigor y «obliga a todos».

No es éste el momento, en pleno furor electoral, para que los dos grandes partidos nacionales se distraigan un minuto de la promoción y jaleo de sus candidaturas para Autonomías y Ayuntamientos, pero los dos grandes líderes debieran anotar en sus agendas el denso contenido que acompaña la reflexión de Maragall. La insensata carrera de reformas estatutarias en la que estamos enfrascados, que hasta los gatos quieren zapatos, no lleva a más puerto que al del desguace constitucional. Lo sensato sería, desde el consenso, efectuar las reformas que requiere el texto del 78 para acotar con certezas sus cauces y sus límites. Perfeccionar lo que entonces fue posible para garantizar, con el respeto debido a todos las sensibilidades nacionales habidas y por haber, un Estado robusto y próspero.

Escolta, Espanya, la veu d´un fill -como arranca la «Oda a España» de Joan Maragall-... que, después de una larga y difícil experiencia política, se siente insatisfecho, como catalán, de su propio Estatut y, como español, de una Constitución que, abierta e imprecisa, exige su desmoronamiento para alcanzar, no sólo en lo autonómico, su proyección de progreso. Son textos nacidos del consenso y la oportunidad y como enseñó Nietzche, maligno en algunas de sus dimensiones, «el mal es todo cuanto surge de la debilidad».

¿Amnistía o memoria?
Por César Alonso de los Ríos ABC 27 Abril 2007

Hay quienes erróneamente piensan que amnistía equivale a perdón, cuando lo que significa es olvido, que es lo que reivindicó la oposición en los primeros momentos de la transición. ¿Por qué entonces piden ahora memoria histórica quienes salieron a la calle ayer pidiendo olvido? Es tan llamativa la contradicción que merece la pena reflexionar sobre ella.
En alguna ocasión he recordado que quizá el único caso en el que los vencidos han solicitado del Poder el ejercicio del olvido ha sido el de España. No así en Chile, por ejemplo.

En España, socialistas, comunistas, anarquistas... reclamaron el olvido no sólo referido a las responsabilidades personales, sino a las causas generales e incluso a los hechos históricos: se olvidaba Paracuellos a cambio de Gernika. Se tenía sentido de culpabilidad y miedo a las responsabilidades políticas. Se sabía que los dos bandos habían querido ganar la guerra y que en cualquiera de las hipótesis habría habido persecución del enemigo. Todo el mundo era consciente de que los grandes valedores del diálogo y de la reconciliación (Laín, Areilza, Ruiz Giménez, Ridruejo, Aranguren, Maravall, Tovar...) habían estado con Franco el 18 de julio y que nunca habían abjurado de aquel compromiso aun cuando hubiesen ido tomando distancias a partir de mediados de los cincuenta. Por supuesto, todos eran conscientes de que en los dos bandos se habían cometido monstruosidades, y no sólo a partir del Levantamiento militar, sino que éste había sido la respuesta a la terrible experiencia republicana. Carrillo envió a Grimau al «interior» a comienzos de los sesenta como quien mete el dedo en el agua (Semprún dixit).

Por todo ello, yo soy partidario de la memoria histórica completa, total, no de la memoria selectiva de Zapatero, Carod Rovira e Ibarretxe. Yo soy partidario de que los medios de comunicación publiquen las manifestaciones en las que pedíamos la amnistía. Yo pido ahora el rescate del pasado. Entero. Verdadero. La plaza de Badajoz y Paracuellos. Gernika y Santoña. La toma de «El Sol» y la fundación de «Destino». El nuevo «Triunfo» fue posible gracias al dinero de un ex nazi llamado Jo Linten que aterrizó en la Concha de San Sebastián poco antes de que Alemania fuera derrotada... Yo estoy por la memoria y sólo concibo la amnistía en función de la piedad.

Ibiza y CNMV
Corrupción y socialismo
Agapito Maestre Libertad Digital 27 Abril 2007

Ningún partido político está libre de la corrupción. Se diría que la honradez política es un lujo, una excepcionalidad, de demócratas con capacidad para autolimitarse en el ejercicio del poder. "Un político pobre es, según dijera un alto dirigente del PRI, un pobre político". En algunos países, cómo no reconocerlo, es una excepcionalidad. La "política", según han reconocido grandes politólogos, se ha convertido en el principal ámbito para observar las formas perversas que puede adoptar la corrupción, generalmente incentivadas por su jugosa rentabilidad monetaria. En España, y esto ya es historia en los manuales del bachillerato, corrupción y socialismo son palabras fuertemente imbricadas. Por eso, no resulta extraño que vuelva esta "tradición" odiosa, o sea, vuelve el socialismo al poder, en 2004, y la corrupción es denunciada en las primeras páginas de la prensa en 2007. Esto no ha hecho más que empezar.

Pero, en verdad, ¿vuelve la corrupción a España? Quizá nunca se había ido. Fue "institucionalizada" por el trecenario socialista y el nacionalismo ha hecho de ella su mejor aliado. El PP la detuvo, pero desgraciadamente no hizo todo lo necesario para desmantelarla. La corrupción sigue aquí más viva que nunca. Los laberintos de la corrupción tienen que ser nuevamente recorridos por la prensa. Es su cruz y su gloria. La justicia todavía tendrá que esperar mucho, sobre todo si tenemos en cuenta que, hoy por hoy, el poder judicial está en manos del ejecutivo; además, necesita de una clase política y una opinión pública muy desarrolladas para que activen los resortes jurídicos siempre dispuestos a pactar con el poderoso, o peor, el poder judicial en España es temeroso del poder político, por eso, precisamente, tiende a no intervenir incluso ante flagrantes delitos.

De momento, ojalá no me equivoque, estamos, otra vez, en los comienzos de la reconstrucción del círculo virtuoso formado por la prensa-opinión pública-poder judicial-clase política democrática, que logró detener por algún tiempo la corrupción montada por los socialistas en los años ochenta y noventa. En efecto, frente a la corrupción inducida por la crisis económica y las políticas de adecuación estructural y desregulación de los años ochenta, que fue acompañada de una nueva clase política enriquecida rápidamente por el contubernio con los empresarios de éxito, surgieron unas fuerzas sociales e ideológicas dispuestas a denunciar la soberbia y la corrupción de las elites políticas vinculadas a la socialdemocracia negra. La primera de esas fuerzas, sin duda alguna, fue la prensa que recurrió al periodismo de investigación como primera fuente de choque contra los corruptores de la democracia. Y, otra vez, ha sido la prensa, por fortuna, quien está descubriendo la corrupción, aunque esta vez seguida con diligencia por el PP.

Ahí están los titulares de la prensa de estos días para hacernos cargo del problema. Son espectaculares. Tres son suficientes para saber que el Gobierno tiene que salir rápidamente a dar explicaciones de lo que está sucediendo o, de lo contrario, tendremos que pensar que está ocultado algo. Primero, el PP pide que desaparezca la Oficina Económica del Gobierno, a la que ha denunciado ante la Fiscalía Anticorrupción por prevaricación, cohecho y tráfico de influencias. Segundo, una empresa de Arenillas, vicepresidente de la CNMV y esposo de la ministra de Educación, no pagó a Hacienda casi 3 millones de euros. Tercero, el PSOE de Ibiza pactó con el presidente de una promotora el cobro de 1,5 millones de euros por adjudicar un proyecto de obra. O el Gobierno aclara estos sucesos o diremos que está potenciando el intercambio clandestino entre dos "mercados", el político-administrativo y el económico-social, que no es mala manera de definir la corrupción.

Muchas son las explicaciones de este resurgimiento de la corrupción en España, pero una, sin duda alguna, tiene que ver con la falta de un concepto claro de unidad nacional del Gobierno socialista. La preservación de ese bien común fue siempre un freno a la corrupción política y económica. Aron lo vio bien hace muchos años con claridad: "La corrupción de la democracia es probable, pues para resistir a la extralimitación de la mentalidad de facción, de disolución de la autoridad, es preciso que haya, tanto en los gobernantes como en los gobernados, un sentido suficiente de la unidad nacional."

Maragall confiesa el error de Zapatero a costa de los catalanes
Editorial Elsemanaldigital 27 Abril 2007

El ex presidente de la Generalitat catalana, Pasqual Maragall, ha reconocido que promover el nuevo Estatut de autonomía fue un error, porque habría sido preferible plantear directamente la reforma de la Constitución española de 1978. En declaraciones a un diario italiano Maragall ha confesado que pueden pasar años antes de que terminen los recursos contra el Estatut, y admite que éste puede quedar esencialmente modificado.

Las confesiones de Maragall se producen en un momento de máxima tensión política, con la maquinaria de los partidos poniéndose a punto para la inminente campaña electoral de cara a los comicios municipales y autonómicos del 27 de mayo. Precisamente el Estatut, que el veterano líder socialista ve en serio peligro, fue el primer paso en la política de reformas autonómicas que promueve el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con sus aliados nacionalistas y republicanos. Los ciudadanos van a tener que pronunciarse sobre esa política que ahora Maragall ve sin fundamento.

El razonamiento de Maragall ha sorprendido especialmente en las filas del PSOE y del Gobierno. El que fue durante muchos años candidato del socialismo catalán encuentra que el proceso autonómico en las regiones españolas está estancado porque normas como el Estatut no encajan bien en la Constitución, hasta el punto de considerar que antes "hubiera sido mejor concentrarse en la modificación del artículo 2 de la Constitución". Como se recordará, en sus primeros artículos el texto de 1978 permite las autonomías, pero después de afirmar que la soberanía reside de manera indivisible en el pueblo español, de cuyos ciudadanos se afirma la igualdad. Precisamente contra esa soberanía única y contra la igualdad de los ciudadanos de todas las regiones topan, en opinión de muchos juristas, las competencias que el Estatut pretende atribuir a Cataluña.

Maragall inició su reforma autonómica asegurando ante la opinión pública que cabía en la Constitución. Sólo el Partido Popular de Mariano Rajoy y Josep Piqué denunció que no era así, y que en el fondo y en la forma las pretensiones de Maragall pactadas con el líder de Esquerra Republicana, Josep Lluís Carod-Rovira, eran inconstitucionales. Para los populares el Estatut siguió siendo inconstitucional después de los retoques aportados por el pacto del PSC con CiU y Artur Mas, y de hecho el PP ha llevado el caso al Tribunal Constitucional.

Maragall ha confesado ser el protagonista de una burla al pueblo catalán, porque reconoce ahora lo que negaba hace dos años. El PSOE, que gobierna en España y que a través del ex ministro José Montilla preside hoy la Generalitat, deberá explicar qué razones tuvo entonces para no decir la verdad y qué razones tiene ahora para no renunciar a una norma que saben inconstitucional. Naturalmente, mientras que el PP no era necesario para cambiar el Estatut sí habría sido imprescindible para cambiar el marco constitucional. Zapatero y Maragall quisieron adulterar la información y hoy empiezan a admitir que lo llevado adelante no es legal.

Lo de Astroc como crisis de expectativas de una España, la de ZP, que anuncia su bancarrota
Astroc, crisis, ZP, bancarrota
Federico Quevedo El Confidencial 27 Abril 2007

Lo malo de los optimistas antropológicos, como el presidente Rodríguez, es que no son capaces de ver más allá de la distancia que separa la punta de su nariz de la retina de sus ojos. Lo peor no es que vaya por ahí alardeando de una situación económica que, si es buena, que lo es, no es el resultado favorable de su gestión, sino que por creérselo y pretender que los demás aplaudamos con las orejas, Rodríguez está ciego ante la verdadera dimensión de lo que esta ocurriendo, y puede ser que cuando quiera darse cuenta nos encontremos al borde de un batacazo descomunal, y entonces sea demasiado tarde.

Claro que, en cualquier caso, pedirle a este hombre que, además de pavonearse, haga algo positivo, es como pedirle peras a un alcornoque. Unos días después de que Rodríguez hiciera el paripé del España va bien, mejor que bien, reinventando el eslogan que popularizó Aznar –claro que él tenía razones-, la economía real, que va por otros derroteros que la oficial, le ha dicho que tu tía, y lo ha hecho de la mano de uno de los valores estrella de la bolsa, ejemplo nítido de la España del enriquecimiento rápido y el pelotazo financiero que tanto les gusta a estos sociatas. Lo de Astroc ha sido como darnos de bruces con la realidad, todo un ejemplo para quienes confían en la economía especulativa.

Porque lo que ha ocurrido esta semana en la bolsa tiene mucho que ver con el estado real de nuestra economía. No con las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística, que esas van bien, muy bien, sino con lo que de verdad está pasando en nuestra estructura económica, y que tiene mucho que ver con una crisis de expectativas sin precedentes.

Pero, ¿qué podíamos esperar en esta España de zambomba y pandereta a la que nos ha llevado un Gobierno que igual negocia con terroristas y sucumbe a sus chantajes, que trata con populistas nacionalizadores, rompe los consensos, practica el intervencionismo, aniquila la Constitución, fomenta el sectarismo y se rodea de una panda de amiguetes a los que llenar las alforjas de sustanciosos beneficios? Pues lo que ha pasado, que empresas y consumidores han entrado en un declive de proporciones que, hoy por hoy, no podemos aventurar, pero habrá que estar atentos en los próximos meses a algunos indicadores económicos para saber realmente cual es el alcance de la crisis. Una crisis que se refleja en tres aspectos que hay que tener en cuenta para analizar el medio plazo de la evolución de los mercados financieros.

Veamos. Lo de Astroc y el crash bursátil del sector del ladrillo tiene mucho que ver, de entrada, con la ralentización del mercado inmobiliario. Y es que, aunque la ministra Trujillo se congratule de que se haya frenado la tendencia al alza de los precios de los pisos, lo cierto es que este hecho tiene consecuencias en el sector de la construcción, y muchas empresas empiezan a ver a medio plazo problemas en sus cifras de negocio.

Algo parecido les ocurre a los consumidores, sobre todo a los propietarios de vivienda quienes, por un lado, sufren el encarecimiento de su hipoteca por el efecto al alza de los tipos de interés y, por otro, observan como sus propiedades no se revalorizan a la misma velocidad que antes, y eso tiene un efecto sobre el consumo desde el momento en el que enfría las expectativas.

Y, en tercer lugar, en los próximos meses vamos a asistir a un freno importante en la concesión de créditos, sobre todo a las rentas medias y bajas, los llamados mileuristas que hasta ahora conseguían dinero rápido y fácil en cualquier sucursal bancaria. La combinación de las tres facetas es lo que lleva a pensar a algunos analistas que la economía puede estar a las puertas de lo que he llamado al principio batacazo.

Y es que este Gobierno, en lugar de trabajar activamente a favor de la consolidación de un sistema económico serio y competitivo, ha vuelto a caer en algunos errores del pasado, los mismos que llevaron a Felipe González a rodearse de kios, condes, rubios, etcétera, y que con este Ejecutivo se llaman sebastianes y arenillas. Es la misma cultura del dinero fácil y del enriquecimiento rápido que llevó a España a la crisis del 92.

La cultura de los amiguetes que no son capaces de separar su responsabilidad como empleados públicos, por ejemplo, como vicepresidentes de la CNMV, de su actividad privada, y así ocurre que todo un señor número dos del principal órgano que regula los mercados financieros acepta cenas de a 1.400 euros que, aunque no sean constitutivas de un delito, cuando menos son éticamente reprochables y reprobables, porque afean su conducta y hacen dudar muy seriamente de la independencia, que debe ser la virtud esencial de un cargo de semejante responsabilidad. Pero estos señores del PSOE y sus amigos tienen la mala costumbre de creerse que las instituciones para las que trabajan son cortijos en los que pueden hacer de su capa un sayo, y así nos va.

Por eso lo de Astroc hay que verlo como lo que es, la punta del iceberg de una sociedad que, arrastrada por una apatía favorecida desde el poder, ha entrado en una dramática crisis de expectativas, que es la consecuencia inevitable de una crisis de valores que nos lleva a aceptar como inevitables muchas de las barbaridades que están haciendo estos señores del Gobierno, que no dudan en mentir a destajo e insultar sin contemplaciones para esconder las verdaderas intenciones que ocultan detrás de decisiones como las de la OPA de Endesa, las permisividad con ETA-Batasuna, etcétera.

Ya se que decir esto me costará que muchos me acusen de ser un mal profeta y un pesimista... pero eso mismo le dijo Rodríguez a Rajoy la semana pasada recordándole al líder del PP lo bien que iba la bolsa, y ya saben ustedes lo que pasó unos días después. Claro que, a lo mejor, eso también tiene que ver con la fama que se está ganando Rodríguez... Ya saben, mejor que no les desee buena suerte, porque el efecto suele ser justo el contrario. El problema es que, si fuera eso, al menos nos lo podríamos tomar con cierta sorna, pero todo apunta a que en el fondo, la base de iceberg es enorme.

Las cosas de comer
Alfonso Basallo Periodista Digital 27 Abril 2007

Si algo define a Zapatero es el adanismo: creerse más listo que todos sus antecesores y pensar que él lo ha inventado todo. Pero la comparación con el felipismo demuestra que, conforme crece, Bambi cada vez se parece más al jefe de la manada.

Uno llegó ofreciendo el elixir del cambio (1982); el cachorro vendió el crecepelo del talante (2004). Los dos iban de guays, de robinhoods socialdemócratas… pero el espejismo duró lo que tardaron en cogerle el gusto al sillón.

Casi todo lo demás ha sido un calco.

Bambi ha copado los resortes de control de las instituciones del Estado -con el fiscal general bien sujeto-
politizado la justicia y blindado el Parlamento con “cordones sanitarios”; controlado la educación –consciente del formidable poder manipulador que entraña-, y tratado de pasar a la Historia por la puerta falsa de la negociación con ETA –como el felipismo lo intentó por el atajo del GAL-.

También ha recurrido a los golpes de efecto de la demagogia sexual, para contentar a la cla, y al panyciro televisivo como somnífero social, del mismo modo que el felipismo privó de resortes intelectuales a los españoles o no dudó en sacar tajada electoral a los agradecidos y bronceados jubilados.

Sólo faltaba la corrupción que llega, de forma automática siempre que se cruza el límite que separa lo público de lo privado.

Los primeros indicios asoman tras el escándalo de la CNMV, que el zapaterismo (y su comando económico de Moncloa) han utilizado como si fuera su cortijo. Con el culebrón de la opa, se ha vulnerado la ley, perjudicado los intereses nacionales, desprotegido al inversor y roto los reglas del juego con un intervencionismo propio del Tercer Mundo.

Carlos Arenillas, submarino de Zapatero en la Comisión, parece un trasunto de aquella biutiful de nefasta memoria que medró a la sombra de González. El catálogo de incompatibilidades que le convierten en juez y parte, las sospechas de tráfico de influencias y la supuesta utilización del cargo para sus intereses particulares… nos retrotraen a los años noventa y a casos como Ibercorp, en el que estaba implicado Mariano Rubio, gobernador del Banco de España.

La célebre cena a la que fue invitado Arenillas, por el presidente de un fondo que luego contrató a su hermano, resulta tremendamente elocuente. El festín, la factura y sus circunstancias, destapados gracias a la exclusiva de Intereconomía, vulneran los principios más elementales del Código de Buen Gobierno y hacen saltar las alarmas éticas de una democracia.

¿En qué clase de Estado vivimos? ¿En manos de quiénes hemos caído? La astracanada CNMV –cuyo último acto está aún por vergenera una inquietante inseguridad jurídica y deja el prestigio de España por los suelos. Lo ratifica la prensa internacional, cada vez más severa y mordaz con Zapatero, y las sacudidas de la Bolsa, del mismo modo que (otra vez los paralelismos) la corrupción y la mala fama de la España tardofelipista se tradujo en cinco devaluaciones seguidas de la peseta.

Las anchas espaldas del pueblo español tienen aguante para casi todo… menos para que le tomen el pelo jugando con las cosas de comer. Por esa razón, soportó toda suerte de desmanes de González, incluidos los crímenes y chapuzas de los GAL, excepto una: que metieran la mano en la caja. Por la misma regla de tres, puede que el principio del fin del zapaterismo no sean los atentados de ETA las reformas estatutarias, sino un Borgoña de 654 euros.

El País lo aclara, ETA se presentará a pesar del denodado esfuerzo de Zapatero por no impedirlo.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 27 Abril 2007

Entre los innumerables méritos acumulados por El País en su historia uno de los más fantásticos es su habilidad para justificar lo injustificable. Hoy logra con su editorial titulado “Listas para burlar” dejar meridianamente claro que hay que luchar con uñas y dientes para impedir que ETA se presente a las elecciones y de paso explicar el porque ETA se va a presentar a pesar de todo a las elecciones. Con sus artificiosos argumentos de siempre da la sensación a quien lea el editorial de que Zapatero está haciendo ímprobos esfuerzos para bloquearle el paso a ETA a los ayuntamientos aunque probablemente y a su pesar lograrán pasar y presentarse.

El mencionado editorial es de un cinismo rayano en la desfachatez más mendaz.

“ ¿Tiene interés Batasuna en participar en las elecciones del 27 de mayo? Seguramente sí, pero sólo si consigue hacerlo burlando la ley. Para Batasuna, más importante que el fin es cómo alcanzarlo: no sometiéndose a las normas comunes; imponiendo su legalidad por vía de hecho, incluso mediante la amenaza. Esa característica heredada de ETA explica el embrollo que han montado, cuando tenían la posibilidad de participar legalmente con una condición tan sencilla (y tan lógica) como expresar un rechazo claro al terrorismo.”

Primer párrafo y primeras dos mentiras.

1ª mentira..- Nos quieren hacer creer que Batasuna no es ETA, solo heredera de algunos modos y maneras de la banda como imponer su legalidad con amenazas. Siendo Batasuna la mismísima ETA ¿cómo va a heredar nada ETA de ETA?

2ª mentira.- Aunque rechace la violencia Batasuna no puede ser legalizada porque la Ley de Partidos prohíbe la legalización de todo partido que sea continuación de otro ilegalizado, sea como sea el nuevo partido. Otegi mismo se ha cansado de repetirlo y todos lo saben, eso si, saben que si lo hacen Zapatero intentaría saltarse la ley de Partidos.

Sin embargo en el segundo párrafo ya nos dicen que Batasuna no es ETA pero forma parte del entramado de ETA, algo es algo.

“La decisión corresponde a los tribunales, pero la iniciativa de la impugnación, al Gobierno y a la Fiscalía General. Así lo hicieron en el caso del partido ASB, con nombre nuevo pero los mismos promotores. También es lógico que recurran las agrupaciones electorales locales presentadas con el mismo fin de esquivar la prohibición. Para que la impugnación prospere bastaría, de acuerdo con la Ley Electoral, con demostrar que existe una intención de dar continuidad al partido ilegalizado; lo cual no parece difícil.”

Vean que fácil nos ponen que es parar los pies a dos jugadores de ETA, el partido ASB y las agrupaciones electorales y eso es lo que hace Zapatero y Pumpido con arte y maestría propias de los defensores de la patria y del estado de derecho, pero....

“El problema se plantea con las listas de ANV, un partido legal desde 1977 y en cuyos estatutos se rechaza la violencia. Siendo legal, para ilegalizarlo no bastaría con demostrar que intenta dar continuidad a Batasuna, sino que está vinculado a ETA: esto no es fácil. Pero no es el mismo caso de EHAK, el partido para el que pidió el voto Batasuna en 2005. ANV formó parte de Herri Batasuna cuando funcionó como coalición, por lo que tal vez podría considerarse que la prohibición del todo le afecta como parte. Pero tampoco está suficientemente claro, puesto que luego se desvinculó de Batasuna.”

Mientras que detener las jugadas que realiza ETA por medio del ASB y las agrupaciones electorales está chupao, El País ya nos previene que hacerlo con el delantero centro del equipo electoral de ETA, el ANV va a ser muy, pero que muy difícil, tanto que igual no se puede conseguir y van a meter el gol que por supuesto nadie desea ni el mismo Zapatero.

El que dispongan de más pruebas sobre la dependencia del ANV de ETA que las que disponen en los otros dos casos, eso no se tiene en cuenta pues el objetivo es simple, dejar claro a los españoles que Zapatero ha hecho todo lo humanamente posible por impedir que ETA se presente aunque no haya hecho lo que es de cajón, coger el documento de puño y letra de Antza, el jefe de ETA donde decía que el ANV era una franquicia más de ETA y con eso solo es suficiente si quiere, pero claro el problema real es que Zapatero no quiere.

Resumiendo ETA se presentará a las elecciones a pesar del denodado esfuerzo de El País y Zapatero por no impedirlo.

Zapatero es un hombre de palabra y dio su palabra a ETA de que les dejaría presentarse a las elecciones y el cumplirá como el hombre de honor que es.

Disculpas por la historia
La moda del perdonismo
Jorge Vilches Libertad Digital 27 Abril 2007

Se ha instalado en España, con toda comodidad y para regocijo de algunos, la moda del perdonismo. Consiste en exigir a un partido, Estado, sociedad o persona el perdón por un acontecimiento del pasado. Es, sin duda, una utilización partidista de la historia. Una historia que se revisa de forma limitada, pues nunca afecta al peticionario ni toca temas políticamente incorrectos. El objetivo es atribuirse una supuesta superioridad moral, tapar la ausencia de un programa de gobierno, y canalizar el ansia revanchista.

Ya ha sucedido en Gran Bretaña, donde la comunidad negra ha presionado al Gobierno Blair para que pida perdón por la esclavitud de hace doscientos años. Y no contentos con que Blair lo condenara por escrito, ahora exigen reparaciones económicas, educacionales, familiares y culturales. Ahí está el negocio. Sin embargo, omiten que los proveedores de esclavos negros eran árabes y musulmanes, de los cuales no se dice ni una palabra.

En España se ha convertido en obligatorio en esta legislatura pedir perdón por el régimen de Franco. Y los zapateristas se afanan por vincular al PP con el franquismo, al tiempo que exigen que los populares condenen el régimen de Franco y, de forma indirecta, pidan perdón por la represión franquista. El complejo de la superioridad moral de la izquierda combina así, perfectamente, con lo políticamente correcto.

Los nacionalistas vascos, en la misma sintonía, piden perdón a las víctimas de ETA calculando que, tres días después, van a exigirlo al Estado Español por el bombardeo de Guernica. Es más, el Gobierno de Ibarretxe reclama "a Madrid" que pida perdón por "los crímenes cometidos en nombre de España". Y, ya de paso, que el Guernica de Picasso vaya al museo Guggenheim. Acabáramos; era un momento más de la expresión del victimismo y apropiación nacionalistas. Vale; pero todavía estamos esperando ver a Azkarate, portavoz del Lehendakari, que exija a ETA-Batasuna pedir perdón por los crímenes que comete en nombre de Euskadi.

Los zapateristas, que hay que distinguir de los buenos socialistas, van más allá en el perdonismo. López Garrido y Llamazares, comunistas graciosamente en activo, instan a Aznar a que pida perdón por una guerra, la de Irak, que "sólo tuvo objetivos petroleros". ¿Usted cree, querido lector, que merece la pena recordar todos los episodios históricos y presentes por los que deberían pedir perdón estos personajes? ¿Los millones de muertos por el comunismo en todo el mundo, o los crímenes durante la guerra civil? ¿El apoyo que hoy dan a dictaduras y regímenes autocráticos, incluso a movimientos, partidos, organizaciones y creencias religiosas que desprecian los derechos humanos? ¿Y por la corrupción masiva durante los gobiernos de González y la que está aflorando ahora? Y por el terrorismo de los GAL, ¿quién debe pedir perdón? ¿Y por la LOGSE?

Y en cuanto a la Iglesia católica, a la que se somete a ofensas y mofas diariamente, el mecanismo es muy similar. Debe pedir perdón por no haber sido... comunista ni atea. Aunque nada se dice de la expansión por España y Europa del islamismo wahabista, sostén del yihadismo y enemigo de la libertad y la democracia, ni de la violación del principio de reciprocidad, o el desprecio a los derechos de la mujer en el Islam.

Nos acecha el perdonismo, esa faceta cursi de la dictadura de lo políticamente correcto. Está a la vuelta de la esquina electoral, vestida de gris, a la moda del manual socialista.

Estatuto catalán
Contrición (y advertencia) de Maragall
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 27 Abril 2007

El estatut fue un error que no valió la pena, he ahí la almendra (amarga) de don Pasqual. Observen el alcance del reconocimiento cuando acaben de llamarle valiente y de darle la razón como han hecho el PP, Ciutadans y la Esquerra, o de quitársela, como su ingrato y amontillado PSC. Profundicen cuando terminen de falsear la hemeroteca con esa cantinela de que "muchos" ya lo dijimos. En Cataluña lo dijimos muy pocos. Puedo contarlos (contarnos) con los dedos de una mano. Y aún me sobran el índice expurgatorio del "espacio catalán de comunicación" y el corazón desbocado de los nacionalistas. ¿Muchos? A ver si habrá que sacarles las pruebas, a ver si habrá que sacarles los colores.

El estatut fue un error que no valió la pena. Porque, a ver si lo vamos entendiendo, el error pudo haber valido la pena. ¿O acaso desconocen la historia de la construcción nacional de Cataluña? Una historia de errores que han valido la pena. Una sucesión de plantes, "acciones", presiones, riesgos calculados y quebrantamientos de la ley. Por no hablar de los estiramientos, torsiones y maquillajes de la historia (errores, objetivamente errores) que para varias generaciones de maragalls y otras aves nacionalistas han valido, sin duda, la pena.

Concluye ahora el nieto del poeta que ese no es el caso del estatut. No es que vea la luz, no es que lo hayan sacado del error juristas cabales, no es que haya comprendido las incontables ilegalidades que personalmente quiso imponer a España bajo amenaza: si no lo aceptan, el drama está servido. ¿Recuerdan? No y mil veces no. Maragall simplemente reconoce que no evaluó bien los mecanismos de seguridad del sistema, más difícil de violentar de lo que el tripartito y CiU hubieran deseado.

Esfuerzo baldío, ilusiones marchitas y cansancio. Sabe ya que no bastaba con izar a un maniquí a la Secretaría General del PSOE y pasarle factura por los votos del XXXV Congreso Federal. Empezó midiendo mal a Rodríguez, que pronto barrería a todos sus acreedores, balbases, guerristas o maragalianos. Continuó confundiendo el papel de las instituciones, para descubrir demasiado tarde que este TC quizá no fuese el de Rumasa, que Rajoy quizá no fuese Fraga y que el cambalache lerdo y sentimental del zapaterismo quizá no fuese el orden de la orden felipista.

Por una vez, Maragall se adelanta a los acontecimientos y prevé los daños que supondrá para el gran nacionalismo transversal la huida hacia delante, es decir, el no acatamiento al TC. Es hombre leído; habrá recordado la llei de contractes de conreu. No así sus exégetas. Una de las tragedias de esta España del Tengo una pregunta para usted es que los periodistas andan demasiado ocupados con el precio de un café. Como si esto fuera Kenia o el Brasil, que todo se andará.

La derrota de América

Por Rafael L. Bardají ABC 27 Abril 2007

La batalla por Irak no se está librando en Bagdad. Se está decidiendo esencialmente en Washington. En la lucha entre el Capitolio y la Casa Blanca. Al igual que en Vietnam, será en suelo norteamericano donde se gane o se pierda esta guerra. Pero ahí acaban todas las comparaciones entre Irak y Vietnam.

El general Petreus, el militar nombrado por Bush para hacer realidad su nueva estrategia para Irak, acaba de comparecer ante los congresistas norteamericanos.

Como buen militar les ha dicho lo que necesita: más tiempo, más hombres y más dinero. Justo lo que preconiza el presidente Bush y justo lo que le niegan sus opositores. Los demócratas creen que Irak les puede servir para ganar las presidenciales del 2008. Y prefieren tomar la Casa Blanca aunque el precio sea la derrota de América en Irak.

Muchos piensan que el país se recuperaría de ese trauma tal y como superó el síndrome de Vietnam tras su deshonrosa salida de Saigón.

Sin embargo, una derrota en Irak no sería como la de Vietnam sino que se parecería mucho más a la que sufrieron los rusos en Afganistán y de la que Bin Laden y el yihadismo se vanaglorian.

Una huida de Irak sería vista por el islamismo como un paso más en su paciente marcha por imponer su orden teocrático y fundamentalista. Primero en el Golfo, luego en tierras del Islam (Al Andalus, por ejemplo) y finalmente en el mundo entero.

Ganar en Irak no es una misión imposible. Sólo requiere contar con la voluntad de vencer, que es lo que les falla a los demócratas. Petreus se lo ha dicho bien a las claras: con un despliegue aún sin completar, han bajado los atentados, las bajas civiles y los soldados americanos caídos por fuego enemigo. Maliki está cumpliendo con sus obligaciones y el radical chií Al Sadr no ha levantado ninguna rebelión.

No se trata de esperanzas, sino de realidades. Y lo que ahora se necesita es completar los medios para que la nueva estrategia dé todos sus frutos. Pero Petreus es un buen militar que no entiende a los políticos.

La Xunta adecuará las «galescolas» para que los niños jueguen a los bolos celtas
ÉRIKA MONTAÑÉS ABC 27 Abril 2007

SANTIAGO. Al rebufo de los «pelotari» vascos, correrán los jóvenes gallegos de entre 0 a 3 años cuando la Vicepresidencia de la Xunta acondicione perfectamente las instalaciones de su red de 121 «galescolas» o escuelas infantiles para la práctica de los juegos tradicionales gallegos.

Que prácticas como los «bolos celtas» forman parte del acervo regional más arraigado es obvio, pero la secretaría general de Igualdad, que dirige la nacionalista Carme Adán, va más allá y piensa que, junto a las lecciones sobre lengua gallega y al uso de mandilones propios que caractericen a los «usuarios» de esos centros infantiles -con las críticas que se granjearon los nacionalistas por abrir el concurso público para su diseño-, será necesario «socializar» a los niños acondicionando los patios, las ludotecas y los parques infantiles para la «puesta en valor» y «difusión» en idóneas infraestructuras del patrimonio lúdico tradicional gallego.

«Xogos tradicionais»
En respuesta a una pregunta formulada por el BNG en la Comisión quinta del Parlamento gallego, Adán informó ayer de que esta misma semana la Secretaría de Igualdad ha rubricado un convenio con la asociación Brinquedia, que agrupa en la Comunidad a las organizaciones que fomentan el uso de los juegos tradicionales gallegos. En virtud de ese acuerdo, ambas instituciones se han fijado como meta la promoción en las «galescolas» de las cuatro provincias del uso de los «xogos tradicionais».

Según la secretaria general, la consecuencia inmediata del fomento y conocimiento de los juegos tradicionales será el auspicio de los «valores colectivos, la relación social y la cooperación» entre los más pequeños. Más «galleguizados», más «cooperadores», es la ecuación que se plantea el Ejecutivo autonómico.

Asimismo, Carme Adán anunció en el órgano parlamentario que su departamento apoyará el próximo día 29 de mayo una jornada organizada con el mismo objetivo de difundir los juegos tradicionales gallegos. A raíz de esa jornada, la Vicepresidencia de la Xunta financiará la elaboración de material didáctico para la pertinente instrucción en la red de escuelas infantiles. De este modo, alumnos y profesores lograrán ponerse al día de los juegos regionales con un material «adaptado» por tramos de edad y que asegure su «correcta utilización», esgrimió la secretaria de Igualdad.

Por último, Adán avaló su propuesta recurriendo a los ejemplos de comunidades autónomas como Navarra y Euskadi, que a su juicio han sido «pioneras» en la defensa de sus juegos propios y en el impulso consiguiente de este tipo de acciones educativas. Justificó Adán que ellas, y como comienzan a hacerlo también Aragón y Cataluña, entienden sus juegos tradicionales como un «elemento cultural socializador». A través de la iniciativa nacionalista, Galicia se sumará pronto a ese listado.

terrorismo
ETA exige 300.000 euros en sus últimas cartas de extorsión a empresarios vascos
La banda aumenta de forma sensible la cuantía que pedía hasta ahora El temor a atentados hace que los industriales recuperen sus escoltas
O. B. DE OTÁLORA / D. GUADILLA o.b.otalora@diario-elcorreo.com El Correo 27 Abril 2007

Empresarios vascos han recibido esta misma semana cartas de extorsión de ETA en las que la organización terrorista les exige entre 180.000 y 300.000 euros, una cantidad sensiblemente mayor de la que venía reclamando hasta la fecha. La reactivación de la campaña de cobro del 'impuesto revolucionario' por parte de la banda y el temor a que vuelva a cometer atentados ha hecho que algunos destacados industriales y representantes de las patronales vascas hayan optado por recuperar sus escoltas.

Según desveló EL CORREO el pasado 17 de marzo, varios empresarios vascos habían denunciado ante la Ertzaintza la llegada de una nueva remesa de misivas amenazantes. El tono empleado por ETA era muy similar al que venía utilizando desde que decretó el alto el fuego el 22 de marzo de 2006: evitaba terminología 'agresiva' y reclamaba una «aportación» voluntaria para la «construcción nacional». Además, enviaba a los chantajeados un «respetuoso y cálido abrazo revolucionario».

A pesar de ese estilo 'amable', la banda terrorista dejaba claras sus pretensiones y exigía cantidades que oscilaban entre los 60.000 y 70.000 euros. Los terroristas añadían que «agradecerían» que estas «ayudas económicas» se realizasen en billetes de 20, 50 y 100 euros.

Sin embargo, las fuerzas de Seguridad tenían la certeza de que el número de cartas era más abultado del que trascendió en un primer momento -algunos empresarios habrían optado por no denunciarlo- y de que, en determinados casos, el dinero reclamado era mucho mayor.

Esta hipótesis se ha confirmado esta misma semana. Este periódico ha podido saber que algunos industriales han recibido durante los últimos días misivas en las que se les exige entre 180.000 y 300.000 euros. Estas cartas pertenecerían a la misma remesa de marzo, aunque por diferentes motivos habrían llegado a sus destinatarios un mes más tarde. Su existencia ha sido puesta en conocimiento de la consejería de Interior, que ha certificado su autenticidad.

ETA no ha abandonado en ningún momento su campaña de chantaje a pesar de la declaración de tregua. El presidente de la patronal navarra, José Manuel Ayesa, desveló en varias ocasiones, en pleno alto el fuego, la llegada de cartas amenazantes a industriales de la comunidad foral, hecho que fue minusvalorado por el Gobierno de Zapatero. De igual manera, las principales organizaciones empresariales vascas eludieron confirmar la existencia de misivas de este tipo. Sólo en diciembre, el presidente de Confebask, Miguel Lazpiur, puntualizaba que «puede haberlas».

El atentado del 30 de diciembre en Barajas hizo temer a los responsables de la lucha antiterrorista que la banda armada aprovechase el miedo generado por esta acción para intentar recaudar más dinero para unas arcas que, al parecer, se encuentran cerca de los 'números rojos'. Una crisis acrecentada tras ser desmantelada el pasado mes de julio la red más antigua que ETA tenía dedicada al cobro del 'impuesto revolucionario'. Por orden del juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska fueron detenidas varias personas pertenecientes a esta trama que, presuntamente, era dirigida por Imanol Elosúa desde el bar 'El Faisán' de Irún.

La nueva remesa de cartas -que ya en marzo fue definida por Confebask como «mafiosa»- no ha hecho sino acrecentar la sensación de inseguridad que reina en el entramado empresarial vasco. A la inquietud general creada por el atentado de la T4 y por los recientes comunicados de ETA, se añade que entre la documentación intervenida al 'comando Donosti', desarticulado hace varias semanas, había información sobre diferentes industriales de Euskadi y del resto de España.

Datos básicos
Aunque se trataba de datos muy básicos -detalles recogidos en Internet, recortes de Prensa e imágenes captadas de televisión-, el desasosiego ha vuelto a cundir en un colectivo que había rebajado sus niveles de seguridad durante los meses que duró la tregua ante la esperanza de que el proceso abierto en ese momento desembocase en un cese definitivo de la violencia.

Sin embargo, la explosión en el aeropuerto madrileño de Barajas que acabó con la vida de dos personas -dos ciudadanos ecuatorianos- encendió de nuevo todas las alarmas. Ante el temor de que ETA retome de forma definitiva su actividad, ya que la banda afirma en sus comunicados que el alto el fuego sigue en vigor a pesar de la bomba de Barajas, varios empresarios han optado por recuperar sus escoltas. Algunos lo han hecho esta misma semana ante el temor de ser víctima de un atentado o de un secuestro.

Alud de objetores contra Educación para la Ciudadanía
La dirección de un centro, el claustro y el 70% de los padres se niegan a que se imparta la materia
Celia Maza La Razón 27 Abril 2007

Madrid- Hasta ahora se contaban con cuentagotas, pero ya ha tenido lugar la primera objeción de conciencia masiva contra Educación para la Ciudadanía. Según ha podido saber este periódico, la dirección del colegio madrileño Monte Tabor, todo el claustro de profesores y el 70 por ciento de los padres del alumnado se han acogido a este derecho para no tener que impartir ni cursar la polémica asignatura.

El lunes pasado, la asociación de padres del centro -asesorada por el Foro de la Familia, Profesionales por la Ética y los centros concertados de CECE - comenzó una campaña que ya ha recogido 500 solicitudes. Esperan llegar al 90 por ciento del alumnado antes del mes de mayo. No van a ser los únicos. Fuentes consultadas por este periódico afirman que antes de que finalice este curso, centros de toda España preparan objeciones masivas de entre 500 y 700 solicitudes por colegio.
Juan Antonio Perteguer, director de Monte Tabor, asegura que si el Ministerio tiene «la mínima sensibilidad» se tienen que convencer de que la materia no «puede impartirse tal y como está actualmente planteada». Perteguer, que aún no sabe qué va a hacer si el Gobierno no retira la asignatura, tiene claro que no quiere suspender a nadie por no cursarla. «Lo único que me preocupa, de momento, es que se vulnere el derecho a educar de los padres», reitera.

El Foro de la Familia, Concapa y Profesionales por la Ética anunciaron precisamente ayer los recursos en los tribunales y movilizaciones en caso de «sanciones o represalias» de las administraciones por objetar contra la nueva asignatura. «Quiero transmitir un mensaje de tranquilidad democrática: en un Estado de Derecho es inadmisible pensar, ni siquiera, en la hipótesis de que por ejercer un derecho constitucional alguien pueda sufrir una represalia», dijo el presidente del Foro de la Familia, Benigno Blanco.

Por su parte, el presidente de la Confederación Nacional Católica de Padres (Concapa), Luis Carbonel, señaló que sería cuestión de convocar a los españoles a manifestarse pues el Gobierno estaría «manipulando» la educación y «metiéndose en cada casa».

«Gracias a Tomás y Valiente un vil asesino como usted ha tenido un proceso justo»
El emocionado relato del fiscal y los testigos sobrecoge a la sala que enjuicia al etarra Bienzobas por matar al ex presidente del Constitucional
MELCHOR SÁIZ-PARDO/COLPISA. MADRID El Correo 27 Abril 2007

El fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, y los testigos del asesinato del ex presidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente consiguieron sobrecoger ayer con sus testimonios a la sala donde se enjuicia el atentado, ocurrido el 14 de febrero de 1996 en la Universidad Autónoma de Madrid. En un emocionante alegato, el fiscal acusó al etarra Jon Bienzobas Arretxe, 'Karaka', de cometer un crimen «cobarde, vil, ruin, alevoso y premeditado» y exigió al tribunal que le aplique el «máximo rigor» en su sentencia, que el propio Ministerio Público pidió elevar de 52 a 72 años de prisión.

Testigos, médicos y peritos rememoraron durante tres horas aquel atentado, que conmovió a la sociedad española y supuso el inicio del movimiento ciudadano de las 'manos blancas'. Sólo Bienzobas se mostró ajeno, paseando continuamente de un lado a otro del habitáculo blindado. Al comienzo de la vista, admitió ser «militante» de ETA y anunció que no pensaba contestar a pregunta alguna por «no reconocer a ningún juez». Luego, ni una palabra, ni un gesto más allá de los saludos a sus allegados y a su abogada.

Javier Zaragoza destacó la «extrema gravedad» del asesinato de quien entre 1986 y 1992 fue el «primer guardián de la Constitución española». «Gracias al esfuerzo de su víctima por defender las libertades, los derechos y las garantías, un abyecto y vil asesino como Bienzobas ha tenido un proceso justo», espetó el fiscal al acusado durante su alegato, ante la mirada atenta de uno de los hijos del profesor, Quico Tomás y Valiente; el rector de la Autónoma, Ángel Gabilondo, y el ex presidente del Constitucional Pedro Cruz Villalón. Los actuales magistrados del alto tribunal no acudieron a la Audiencia Nacional para evitar «contaminarse» en el caso de que este sumario llegue a sus manos si el etarra decide recurrirlo.

El relato de cinco estudiantes de Derecho, que vieron salir al terrorista del despacho de Tomas y Valiente con la pistola «aún humeante» -tal y como recordó un alumno de segundo curso que se topó de bruces con el pistolero-, devolvió a la sala a los despiadados y cuajados de miedo años del plomo. «¿Si me miráis, os mato!», amenazó el etarra a la decena de estudiantes que deambulaba por los pasillos y que, sobre las diez y media de la mañana, escucharon las «tres detonaciones secas» que segaron la vida del catedrático.

Uno de ellos narró cómo entró en el despacho y vio al ex presidente del Constitucional todavía sentado en su silla, pero con el cuerpo casi horizontal. Agonizaba. En un acto reflejo, la víctima había llegado a colocar la mano derecha delante de su cabeza para intentar detener las balas. Entre cuatro personas tomaron al profesor en volandas con el fin de trasladarle a un hospital. En el garaje se percataron, sin embargo, de que su pulso se había extinguido.

Tres testigos identificaron a 'Karaka' «sin ningún género de dudas» como el pistolero «joven, moreno, alto, con gafas y vestido con una cazadora negra» que trataba de cubrirse el rostro mientras huía escaleras abajo. Uno de ellos explicó que no intentó perseguirle porque «me quedé paralizado al ver que iba armado».

Un hijo, enfermo
Aparte de un aumento de la pena de prisión, el fiscal solicitó al tribunal que eleve a 400.000 los 150.000 euros pedidos inicialmente como indemnización. La razón hizo aflorar de nuevo el dolor entre los asistentes, quienes pudieron escuchar a un médico informar de cómo un trauma psíquico por la muerte de su padre provocó la enfermedad de Parkinson a uno de los hijos de Tomás y Valiente, que ahora tiene 43 años. «Un estrés psíquico importante puede incrementar la predisposición de la enfermedad», apuntó el médico. «Antes de que llegue el final de su vida alcanzará la invalidez».

El fiscal también se apartó ligeramente del habitual alegato final y leyó un fragmento del último artículo escrito por el magistrado asesinado, en el que lamentaba la división de los partidos frente al terrorismo. Zaragoza recordó que el atentado contra Tomás y Valiente volvió a suponer un gran avance en la unidad de los demócratas frente a ETA y que, ahora, sin embargo, «se ha desandado casi todo el trecho recorrido».

Recortes de Prensa   Página Inicial