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Recortes de Prensa     Lunes 1 Mayo   2007

Proceso de rendición
Cuando la mentira se confunde con la realidad
Ignacio Villa Libertad Digital 1 Mayo 2007

El desenlace estaba cantado. El sábado del puente de mayo, con media España muy apropiadamente de vacaciones, el juez Garzón le dio el plácet y este lunes el Fiscal General del Estado se ha negado a ponerle trabas. Batasuna estará en las próximas elecciones municipales. El brazo político de ETA se presentará con su nueva franquicia, Acción Nacionalista Vasca. El Gobierno lleva semanas mareando la perdiz. Es más, este sábado decía Rodríguez Zapatero en Pamplona, con esa ambigüedad y esa ramplonería que le caracteriza, que el 27 de mayo se va a cumplir la ley de partidos. En tal caso debería explicarnos las razones por las que el Fiscal General del Estado nos ha asegurado que no van a llegar a tiempo para examinar las candidaturas de la nueva franquicia de Batasuna antes de las elecciones. ¿A qué juegan? ¿A quién pretenden engañar? ¿Piensan que los españoles somos tontos?

Es evidente que este Gobierno está embarcado en un proceso de rendición de resultados imprevisibles. Se pongan como se pongan y digan lo que digan, Zapatero va aceptando sin rechistar las imposiciones y las exigencias de los terroristas. Si el presidente ha aguantado como ha podido el desgaste político de la excarcelación del etarra De Juana Chaos, no va a cambiar ahora de opinión en esta nueva cesión. Es seguro que Batasuna estará en las urnas el 27 de mayo.

Zapatero nos está intentando engañar de una forma completamente tosca. Por un lado mantiene públicamente que el Gobierno va a hacer cumplir la ley de partidos, pero por otro es evidente que está dejando todas las puertas abiertas para que se puedan presentar con otro formato, con otras siglas, pero con los mismos objetivos. Zapatero que ya recibió a Batasuna en el Parlamento de Estrasburgo a Batasuna y ahora va a abrirle las puertas de los ayuntamientos en el País Vasco. Y además lo va a hacer intentando justificar lo injustificable.

Como injustificable es el lamentable espectáculo que está ofreciendo el etarra De Juana Chaos en el hospital de San Sebastián en que dicen que está ingresado. El sanguinario asesino sigue paseando junto a su novia por los alrededores del centro sanitario, lo que supone una nueva humillación para las víctimas y otro verdadero insulto al Estado de Derecho. Zapatero, mientras tanto, no menciona la situación de libertad del asesino en serie que él mismo ha propiciado, en una actitud impresentable en un presidente del Gobierno.

Nos encontramos en una situación límite gracias a un Zapatero que se ha embarcado en una ofensiva de mentiras. Ya no mira hacia atrás, ya no acepta ninguna posible rectificación, ya no admite ninguna equivocación. Está entregado a las decisiones de los terroristas y, por lo tanto, ha convertido nuestro futuro en un trágico interrogante. Cuando la mentira se confunde con la realidad es que ya vale todo.

Listas de Batasuna
El espíritu y la letra del coladero
Cristina Losada Libertad Digital 1 Mayo 2007

Algunos han llegado a pensar que Zapatero tiene ideas. Yo pienso, sin embargo, que sólo tiene principios. Los de Marx, rama Groucho: "Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros". Únicamente a la luz de esa sentencia adquiere coherencia su trayectoria entera, desde que fuera tocado por la varita mágica en un Congreso del PSOE, hasta ahora. Hasta ayer mismo inclusive, cuando afirmaba en Pamplona que la Ley de Partidos se aplicará "en su letra y en su espíritu". Pues una cosa es que ZP se rija por la máxima grouchiana y otra distinta que lo reconozca. En eso se diferencia del maestro. Permitió que las Nekanes se colaran en el parlamento regional vasco para hacer de brazo matronal de ETA cuando la banda terrorista aún no había derramado el falso almíbar de la tregua, y ahí tuvimos, como seguimos teniendo, a él y a sus ministros proclamando que el grupúsculo terrícola en absoluto puede tomarse como un tentáculo de la ilegalizada –es un decir– Batasuna, o sea, de la misma ETA.

Ahora que el atentado de Barajas y otros sucesos les han quitado la miel de los labios, los tenemos deshojando la margarita ante el millar de listas que presenta el entramado terrorista a las municipales y forales. A ver cómo las encajan. El Gobierno ha recurrido a declararse poco menos que impotente, lo que deja al Estado de Derecho malparado y en ridículo. En 2003, recién aprobada la Ley de Partidos y sin tanta alharaca de espíritu y letra, se las arreglaron para cortarles el acceso a las candidaturas con bicho. Cuatro años después, sin embargo, no hay quien pueda con ellas. "Esta gente –dice Bermejo por los batasunos– tiene mucho tiempo para pensar por dónde se va a colar". Interesante confesión. Está afirmando el ministro que quién no ha tenido tiempo para pensar cómo impedir tal fraude es el Gobierno del que forma parte. No será porque la ETA no anunciara –con tiempo– su intención de concurrir a las urnas y así volver a financiarse con los impuestos del contribuyente, además de ejercer su poder con mayor impunidad. No. La excusa de la falta de tiempo, tan coloquial, tan vulgar, resulta igual de inverosímil que las proclamas legalistas de su jefe.

El Gobierno, piensan algunos, quiere comprar un tiempo sin atentados con la cesión que se avecina, como lo ha hecho con otras. Y que, como suele, la camufla. Sí, pero más. La ilegalización de Batasuna, hoy derogada de facto, la aceptó el PSOE zapaterino con la boca pequeña. Ya había defenestrado entonces al inspirador del pacto antiterrorista, que era Redondo Terreros. Muchos no querían, algunos de los que hoy portan carteras ministeriales no querían, oiga. Pero se subieron a la ola para no ser arrollados. Predecían, los contrarios, tumultos, hogueras, PNVs echados al monte, legiones de jóvenes engrosando los escuadrones de la muerte etarras. Nada de eso ocurriría, sino todo lo contrario. Al fin, se había dado con el procedimiento más eficaz para reducir el poder de la ETA: echarla de las instituciones. Asfixiarla financiera y políticamente. En efecto: la acción policial no era suficiente. Había que dar un paso más. Pero un paso inconveniente para todos aquellos a quienes perjudicaría su efecto a medio plazo: la desaparición de la banda terrorista como factor político influyente.

Ante las 782 listas electorales que el Fiscal General conceptúa como sospechosas, la pregunta a estas alturas no es si pasarán o no el filtro, sino cuán amplios serán los agujeros del cedazo. Cuántas se colarán. Y dónde. Con especial atención a Navarra, que es la estación siguiente. El Gobierno se refugiará, como ya anticipan sus voceros, en que nada se pudo hacer. Que la ley es así. La ley, no: ellos.

En el Hostal de San Marcos
XAVIER PERICAY ABC 1 Mayo 2007

HABRÁ ocupado la legislatura de cabo a cabo, como una pesadilla. Y eso que ni siquiera figuraba en el programa electoral del partido. El recuerdo de aquel abuelo y de aquella última voluntad -«que cuando sea oportuno se vindique su nombre y se proclame que no fue traidor a su Patria»- pudieron más que cualquier asomo de raciocinio o sensatez. A comienzos de 2004, en este país casi nadie estaba por la labor de recuperar la mal llamada memoria histórica. Como mucho, un par o tres de asociaciones creadas «ad hoc»; algunos historiadores comprometidos más con la causa que con la historia; determinadas formaciones políticas que tuvieron arte y parte en la guerra, como el Partido Comunista de España o Esquerra Republicana de Catalunya, y algunos ciudadanos de a pie con familiares asesinados y cuyos restos jamás habían sido hallados. Nadie más. No, a comienzos de 2004 casi todos los españoles consideraban cerrado ese trágico periodo de nuestra historia. Cerrado, y para bien. Al fin y al cabo, por entonces la Constitución había cumplido ya el cuarto de siglo, y, con la Constitución, aquella transición benemérita, aquel ejercicio catártico de reconciliación nacional que había traído a España, con el voto de la inmensa mayoría de los ciudadanos y el firme apoyo de la Corona, la democracia y la libertad.

En realidad, de no ser por el empecinamiento del actual presidente del Gobierno, es muy probable que a estas alturas siguiéramos como entonces. Es decir, mirando hacia el futuro. Que las cosas hayan tomado otro rumbo y las miradas se hayan vuelto retroactivas cabe atribuirlo, en gran parte, a su irresponsabilidad -cuando no a su malevolencia-. En cualquier país del mundo civilizado, un asunto de esta naturaleza se habría abordado con suma cautela. Eso es, sólo en el supuesto de que fuera absolutamente imprescindible y tras haberse asegurado el propio presidente el mayor consenso posible. No ha sido éste el caso. Aquí, como en tantos otros temas «de Estado» -la reforma del modelo territorial, la lucha contra el terrorismo-, José Luis Rodríguez Zapatero no ha buscado en ningún momento el mayor consenso posible, en la medida en que siempre ha preferido alcanzar un pacto con la izquierda comunista o independentista antes que con el Partido Popular. Ésta ha sido la prelación durante toda la legislatura y a ella se ha atenido, parece que gustoso, el presidente.

Ahora bien, lo mismo en este asunto que en los demás, el proceso de gestación ha sufrido numerosos vaivenes. Ni la prudencia ni la previsión caracterizan a Rodríguez Zapatero. Lo suyo, más que los pasos contados, son los pasos en falso. Y este proyecto de ley de nombre interminable y que los medios y la clase política han convenido en denominar «de memoria histórica» ya nació, conviene recordarlo, con un sesgo muy marcado, tanto en la forma como en el fondo. En cuanto a lo primero, baste decir que vio la luz el 23 de julio de 2004 en un Consejo de Ministros celebrado excepcionalmente en León, en el Hostal de San Marcos -o sea, en el mismísimo lugar donde el abuelo del presidente del Gobierno, el capitán Juan Rodríguez Lozano, había redactado sus últimas voluntades antes de ser fusilado por negarse a secundar el golpe de Estado del 18 de julio de 1936-. Y en cuanto a lo segundo, la propia formulación del objetivo de la Comisión creada entonces no dejaba lugar a dudas: «Reparar la dignidad y restituir la memoria de las víctimas y los represaliados que, desde el inicio de la Guerra Civil y hasta la recuperación de las libertades, sufrieron cárcel, represión o muerte por defender esas mismas libertades y asumir esa defensa como objetivo fundamental de su compromiso ciudadano».

En efecto, es esa continuidad entre Guerra Civil y dictadura lo que definía ya en aquel momento, según el Gobierno, la condición de víctima. En otras palabras: quienes defendieron esas libertades y fueron por ello represaliados, ésos cuya dignidad la Comisión se proponía reparar y cuya memoria se proponía restituir, sólo podían pertenecer a uno de los bandos en liza. No es que no hubiera víctimas en el otro, españoles que hubieran sufrido cárcel, represión o muerte; los había, claro. Pero no eran iguales a los demás, puesto que no habían luchado, a juicio de quienes ahora emprendían la urgente tarea de revisar el pasado, por las libertades. La democracia, en suma, no era cosa de todos; sólo de una parte. Y a esa parte, en la que figuraba por derecho propio aquel capitán del Ejército de la República fusilado 68 años antes en las afueras de León, iba destinada la iniciativa gubernamental.

Esa visión maniquea y falsaria de la historia de España, esa división entre víctimas de primera y víctimas de segunda, ha estado presente a lo largo de toda la legislatura cada vez que las vicisitudes ejecutivas o legislativas han devuelto el proyecto de ley a un primer plano. Es verdad que la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, a quien el presidente encargó desde el primer día la gestión del proyecto, ha echado el freno en más de una ocasión, ante la indignación de sus socios parlamentarios. Como también lo es que, de tarde en tarde, ha aludido al carácter inclusivo de la ley que se estaba gestando, a la voluntad de no hacer distingos entre las víctimas. Pero el acuerdo alcanzado en abril por PSOE e Izquierda Unida, por el que se prevé declarar ilegítimos los tribunales constituidos durante la Guerra Civil y las condenas y sentencias dictadas durante el franquismo, ha eliminado de un plumazo cualquier atisbo de rectificación. Sí, decididamente, seguimos en el Hostal de San Marcos.

Y es que una declaración semejante, elevada a rango de ley, lejos de restañar la herida en aquellos casos en que la herida permanecía abierta, no hará sino reabrir lo que el tiempo y la convicción de la inmensa mayoría de los españoles habían ya cerrado para siempre. En la medida en que la justicia deba tratar en adelante cuantas peticiones de revisión le sean planteadas, esto puede convertirse en un no parar. Oiremos hablar de asesinatos y de barbarie. Reviviremos las circunstancias que dieron pie a sentencias que en muchas ocasiones fueron injustas. Crecerá el odio y el rencor. El simplismo ideológico, el encono partidista, se adueñarán del espacio público -mucho más de lo que pueden haberse adueñado ya de él-. Será inevitable ver ennoblecidas figuras que difícilmente pasarían un mínimo examen de probidad. Se desatarán las pasiones más encontradas, hasta el punto de que la guerra de las esquelas a la que asistimos entre julio y diciembre de 2006 dará risa. En una palabra, volveremos, si nada lo remedia, a los años ásperos de la Transición, cuando nadie sabía a ciencia cierta cómo iba a acabar aquello.

Y todo por no querer asumir que los honores y los reconocimientos pasados, pasados son; que esta democracia nuestra es heredera de un bando y de otro, del de los vencedores y del de los vencidos, de lo bueno y de lo malo que sin duda hubo en cada uno; y que, en definitiva, resulta de todo punto inconveniente, por injusto, honrar a un bando en bloque y no hacer lo propio con el otro.       XAVIER PERICAY     Escritor

ETA y ZP
No hay dos sin tres
GEES Libertad Digital 1 Mayo 2007

Como decía Oscar Wilde, "el hombre puede creer en lo imposible, pero no creerá nunca en lo improbable". Desde marzo de 2004, ZP nos hace creer en algo tan imposible como la paz perpetua, mientras nos lleva a galope tendido hacia lo que antes parecía improbable. Hasta ahora, de dos exigencias etarras, dos cesiones de Zapatero. "Mentirosos", decían cuando anunciábamos que soltarían a De Juana y legalizarían Batasuna. Sí, sí, mentirosos. "Metéis miedo", cuando denunciábamos los privilegios del etarra y la legalización proetarra. Sí, sí, miedo. Hoy, De Juana está en la calle y Batasuna sacando pecho y en precampaña. De dos, dos. Y como no hay dos sin tres, ahora la tercera.

Las noticias que llegan de Navarra apuntan a un pacto total. El candidato socialista, Fernando Puras, impuesto por ZP, presidiría un Gobierno de Navarra en el que los nacionalistas ocuparían cultura, lengua y educación. Un Gobierno "a la catalana" donde el poder formal y a corto plazo sería socialista, pero a largo plazo y en el fondo, nacionalista y anexionista; un Gobierno sujetado férreamente desde Moncloa y Ferraz, con el terrorismo etarra de garante del proceso de anexión.

Por otro lado, el PSOE daría el Ayuntamiento de Pamplona a la peneuvista Uxúe Barkos, para desalojar a Yolanda Barcina (UPN). De hecho, Barkos –entusiasta defensora en Madrid del pacto con ETA– es ya la candidata de Zapatero en Pamplona. El PSN no tiene ni intención de luchar por Pamplona; presenta como candidato a un perfecto desconocido, de un perfil bajísimo y nulas apariciones, algo inaudito en el PSN desde la Transición, pero real con ZP. Hoy la propia Barkos da por hecho que ella y sólo ella será alcaldesa, ante el silencio socialista.

Repartirse a medias Navarra y Pamplona es la solución que han ingeniado socialistas y anexionistas. Y atención, porque Batasuna está anunciando su propósito de ayudar a desalojar "a la derecha" de las instituciones navarras apoyando al PSN si éste apuesta "por la paz". O sea, tutela pura y dura.

"Quieren meter miedo", dicen ZP y los nacionalistas vascos. Sí, sí miedo. El mismo que con el caso De Juana y el caso ANV, uno tomando hoy el sol y los otros ya en precampaña. Y es que con Zapatero, pensar mal es el mejor camino hacia el pleno acierto. En nombre de lo imposible, nos está colando lo improbable. Está cumpliendo las exigencias etarras paso a paso. Y ahora van a por la tercera, que por cierto es la más importante para ETA. ZP lo está haciendo, pero mientras tanto la izquierda sigue con lo del "quieren meter miedo". Sí, sí, miedo: de dos, dos. Y no hay dos sin tres. Al tiempo.

Podría ser vileza
M. Martín Ferrand ABC 1 Mayo 2007

Aquí, entre nosotros, las costumbres tienden a tener más fuerza que las leyes. Convendría averiguar si ello arranca de la debilidad de las unas o de las otras; pero es un hecho, nada feliz, que de ahí surgen las incertidumbres que tanto nos perjudican en muchos de los aspectos, no solo políticos, de la actividad nacional. Ahora, al servicio de la costumbre, estamos enfrascados en un nuevo debate estéril para interpretar la naturaleza de Acción Nacionalista Vasca, la ANV, un partido que, después de tres cuartos de siglo de letargo, despierta y actúa con sospechosa vivacidad. Baltasar Garzón, con apariencias de muñeco de los que usan los ventrílocuos, repite la voz del Gobierno y no encuentra pruebas «suficientes» que vinculen a Batasuna con ANV y permitan impedirle la concurrencia a las elecciones del próximo día 27. En la esquina de enfrente, Ángel Acebes asegura que hay pruebas «de sobra» para saber que ANV es lo mismo que Batasuna».

En esas estábamos cuando José Luis Rodríguez Zapatero, el líder que aspiraba a la taumaturgia y se quedó en la tautología, declara con gran solemnidad que «el Gobierno aplicará en su letra y en su espíritu, en todos sus términos, la Ley de Partidos para que concurran a las elecciones solamente aquellos que respeten las reglas y el contenido de la ley». ¿Cabe algo más hueco y alarmante? Cuando el jefe del Ejecutivo se pone de puntillas, eleva la voz y saca pecho para decir que su Gobierno aplicará una ley hay que echarse a temblar. Aparte de que no podría decirnos lo contrario, ¿qué quiere decir eso? Salvo que el Gobierno no tenga por costumbre cumplir todas las leyes, ¿tiene sentido el anuncio del cumplimiento de una ley concreta?

Ya sabemos que Zapatero es un artista de la mixtificación y tiende a presentar como singulares lo que sólo son verdades mostrencas; pero en este caso, grave en contenido y trascendencia, todo parece indicar que de lo que se trata es de cumplir lo acordado en un «proceso de paz» que, según el día, existió, no existió, ya ha caducado o todavía promete frutos. Aunque solo Pasqual Maragall se lamente en público de la vocación de Zapatero por el engaño y la traición, algo que conoce por experiencia, el líder socialista no se concede descanso en afirmaciones tan rotundas como confusas, el imprescindible preámbulo para un engaño en perspectiva. Algo que los próximos interpretan como debilidad y los observadores más distantes, dada la reiteración de la práctica, entendemos ya como vileza.

En tal día como hoy, viene a cuento recordar lo que, en 1908, dijo Antonio Maura -un antecedente que la derecha debiera recordar con mas interés- en ocasión de la inauguración del monumento que el pueblo de Madrid consagró a los Héroes del Dos de Mayo: «Las naciones no mueren por débiles, sino por viles». Oído al parche.

Por el quiasmo al marasmo
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 1 Mayo 2007

Nunca es tarde para sacudirnos de encima el lastre de los prejuicios, presidente. Un servidor nunca había llegado a concebir que un partido pudiera ser una confederación de organismos distintos en cuanto a sus principios ideológicos, su naturaleza jurídica o su imputabilidad penal, como parece suceder con ANV en opinión de su ministro de Justicia y del fiscal general del Estado, que no es de su Gobierno, pero que es como si lo fuese.

Uno no puede imaginarse un Partido Comunista marxista-leninista en Albacete, socialdemócrata en Segovia y democristiano en Orense o un PNV independentista en Guipúzcoa, autonomista en Alava y jacobino en Vizcaya, por más que el federalismo de su partido se tornasole nacionalista en Cataluña, mientras en Extremadura se hace españolista y en Euskadi, mediopensionista. La España plural y diversa, en fin.

Un partido político no es, desde el punto de vista jurídico, una yuxtaposición de plataformas electorales. Por eso no se entiende bien, mi señor Zapatero, que la Fiscalía y la Abogacía del Estado traten de convencernos ahora de que la legalidad va por barrios y que la lista electoral pueda ser ilegal en Salvatierra y vaya a misa en Rentería, formar parte de una estrategia terrorista en Oiartzun y ser un partido democrático en Andoain.

No me atrevo a pensar que vaya a quedar ilegalizada precisamente la lista que ANV-Batasuna presenta en Navarra, con el fin de que su partido y Nafarroa Bai puedan hacerse con el Gobierno autonómico en el caso, no improbable, de que la coalición UPN-PDN perdiera la mayoría absoluta.

«Navarra está muy bien donde está», decía usted el domingo con una de esas frases llamadas al cincel y al mármol, para que las futuras generaciones puedan admirar el pragmatismo geográfico de este presidente. Poca gente, en efecto, se atrevería a proponer para el viejo Reino un emplazamiento distinto del actual, al sur de Despeñaperros, pongamos por caso. Si la hubiera, también tendría una frase adecuada suya, como la tuvo Carles Francino hace ahora un año en la SER, a propósito, precisamente, de Navarra: «Sin ETA, toda opción política es posible. Esa es la grandeza de la democracia. Mi proyecto político es hacer avanzar la democracia. La voluntad popular y reglas del juego son los dos grandes principios de la democracia».

Sostiene Arcadi Espada que está usted «enfermo de literatura». Ya quisiera yo gozar de la mitad de la salud que rebosan sus metáforas, ya sea cuando escribe a sus poetas preferidos, ya cuando se dirige a los gentiles; aunque a veces, como le digo una cosa le digo la otra, sea usted difícil de entender. A lo más que uno ha llegado al oírle, presidente, es a interiorizar el ejemplo canónico de 'quiasmo' (una de sus figuras de dicción más recurrentes) que reproduce el DRAE: «cuando quiero llorar no lloro, y a veces lloro sin querer».

Por el quiasmo al marasmo, presidente. O al orgasmo, que viene a ser otro estadio de la confusión, pero más grato.

s.gonzalez@diario-elcorreo.com

¿Quién tiene que pedir perdón?
Paco Sande Periodista Digital 1 Mayo 2007

El Gobierno vasco reclama a Madrid que pida perdón por "los crímenes cometidos en nombre de España"
La declaración institucional también incluye la petición al Ejecutivo central y al Congreso para que condenen la dictadura franquista

El Gobierno vasco ha aprobado hoy una declaración con motivo del 70 aniversario del bombardeo de Gernika en la que ha emplazado al Ejecutivo y al Parlamento español a "condenar la dictadura franquista" y a "pedir perdón por los crímenes cometidos en nombre de España".

La portavoz del Ejecutivo autonómico, Miren Azkarate, que leyó el texto tras el Consejo de Gobierno, ha recordado que pasado mañana se cumplen 70 años desde que "los aviones de la Legión Condor a las órdenes de Franco, sembraran de muerte y destrucción Gernika". "Por si eso fuera poco, quisieron arrasar moralmente Gernika y Euskadi , por medio de la mentira, los mismos que lanzaron las bombas y la metralla sobre Gernika", ha criticado.

En ese sentido, ha denunciado el ataque que supuso contra la población civil y ha recordado que los motivos del bombardeo "fueron de índole ejemplarizante y experimental, contra Gernika y el pueblo vasco por su resistencia al fascismo".
¿…?

Ya hay que ser acémila, o sea burro e ignorante, para, a estas alturas de la película, seguir creyendo que los del lado nacional, franquistas o como se quiera llamarlos, fueron unos asesinos sin escrúpulos y los del otro lado, (todos) un pueblo inocente que se defendió de un dictador. Fueron las izquierdas en Casas Viejas, fueron las izquierdas en la revolución del 34, y fueron las izquierdas las que siempre se saltaron la ley y todos los derechos a la torera, una y otra vez, fueron las izquierdas las que empezaron a asesinar sin tregua por el mero hecho ser religioso, de ir a misa, o simplemente de no pensar como ellos, y fueron las izquierdas que nunca aceptaron el pronostico de las urnas las que acabaron con toda legitimidad que pudiera tener aquella republica. Y por culpa de las izquierdas empezó aquella maldita guerra.

Recuerdo el día que murió Franco y durante los días siguientes a su muerte, como miles de españoles desfilaron ante su féretro, españoles a los que nadie obligaba a hacer tal cosa. Sin embargo durante estos últimos treinta años mucha gente parece haber cambiado de opinión, los antifranquistas se han multiplicado por cien o mas, y suelen mostrar una notable combatividad cuando acaso no haga ya tanta falta luchar contra el. Podría pensarse que ese fenómeno revela una profunda devoción por las libertades y una firme decisión de defenderlas a ultranza, pero mucho me temo que no sea así. En caso de sobrevenir otra dictadura, seguramente veríamos a esos furibundos antifranquistas acomodarse y hacer carrera en ella.

Y en cuanto a defensores de las libertades: podemos empezar con los separatistas y racistas vascos en su versión etarra y no etarra (pero la última, complaciente con el terrorismo) todos ellos comparten un odio ferviente a Franco, no por haber sido un dictador, sino por “españolista”. Esos nacionalistas han hecho retroceder las libertades en Vascongadas, han extendido el miedo en la mitad de la población y fanatizado a miles de vascos. No existe nada parecido a una democracia en aquella región, donde la falsificación de la historia ha adquirido rasgos desvergonzados, más aún que en el resto.

También los nacionalistas catalanes distinguen a Franco con una aversión radical. Desde hace mucho tiempo instruyen a los jóvenes –usando el dinero publico- con el mito de que la Guerra Civil no fue allí tal, sino una agresión del fascismo español contra Cataluña, la realidad se manifiesta en la caída de Barcelona: La población rehusó movilizarse contra los fascistas, no hubo la menor resistencia, y si bien es verdad que unas 400.000 personas huyeron hacia la frontera, otras tantas recibían con alborozo al “invasor”.

En cuanto al PSOE, -por ya ni mencionar al PCE- hábil constructor de leyendas como la de los “cien años de honradez”. El PSOE fue marxista, es decir, antidemócrata por definición. Su doctrina le llevo a planificar y poner en marcha la Guerra Civil, a enviar a Rusia las reservas de oro españolas, -y lo que quedo se lo llevo Prieto a Méjico en el buque Vita- a expoliar todo tipo de bienes públicos y privados y a intentar enlazar la guerra española con la mundial, como si la primera no hubiera causado bastante desolación.

Si miramos la situación con sentido crítico percibimos fácilmente que el mayor peligro para la democracia, como el terrorismo, el separatismo, la corrupción masiva o la degradación demagógica de las libertades, provienen de los antifranquistas. Y sin embargo a estas gentes no se les caen de la boca las palabras sagradas de libertad y democracia, pero otro tanto ocurría en la Segunda Republica: Quienes enarbolaban con mayor brío la bandera de la libertad eran los mismos que agredían sin tregua los sentimientos y creencias mayoritarios, practicaban el pistolerismo o se compinchaban con el, pretendían ignorar la herencia cultural e histórica del país, utilizaban el erario o saqueaban bienes privados en su propio beneficio y procuraban reducir a la impotencia a la oposición.

Si alguien tiene que pedir perdón, son los que se sientan herederos de aquellos “héroes”.

El vecino miserable
Época Navarra Periodista Digital 1 Mayo 2007

ETA parece no tomarse muy en serio la tregua de Zapatero. Al menos, no tiene todas sus esperanzas puestas en un final dialogado cuando almacena 170 kilos de explosivos en dos locales, uno de ellos en Pamplona. El nuevo comando Donosti estaba preparándose para atentar, recabando información y almacenando material dispuesto a ser utilizado. Una vez más, los navarros tenemos la desgracia de compartir vecindad con un sujeto repugnante y despreciable como José Ángel Lerín Sánchez (por cierto, con nombre y apellidos cien por cien vascos), acusado de ser el cabecilla de este nuevo comando criminal.

Tiene treinta y seis años y ya ha estado en prisión. Cuáles son las causas que llevan a una persona joven a dedicar su vida al terrorismo, cuál es el nivel de podredumbre moral del personaje, quien o quienes son los responsables de haberle inculcado tal fanatismo y, en definitiva, como alguien está dispuesto a lanzar toda su vida por la borda matando a personas inocentes por defender un sueño, un proyecto, una idea política, son cuestiones difíciles de entender para cualquier hombre de bien.

Naturalmente, para buscar las causas deberíamos orientar nuestra mirada al nacionalismo vasco en general, que ha ido alimentando en la sociedad (y desde el Gobierno vasco en todos los ámbitos ejecutivos) la idea de que Euskal Herria es un estado oprimido por los represores españoles y franceses, y que o bien confías en el señor Ibarreche para lograr la libertad y autodeterminación (que por el momento no les ha ido muy bien), o bien te lanzas al monte y luchas por ella.

Pero volviendo a la realidad, las detenciones de estos últimos días son una prueba palmaria de que ETA sólo recurre a la estrategia de la tregua cuando está en un momento desesperado y necesita un tiempo, bien para rearmarse, bien para terminar de convencer a jóvenes miserables como Lerín para que lideren comandos y den el paso definitivo del cóctel molotov a la pistola del calibre 45. Una vez declarada la tregua y entusiasmado el gobierno ante la expectativa de convertirse en el primer ejecutivo que acaba con ETA, cuanto más tiempo los terroristas consigan marear y enredar al gobierno de turno mejor que mejor. Con el Partido Popular no les duró mucho, pues cuando los terroristas pretendieron llevar las negociaciones a la vía política quedaron suspendidas de manera inmediata. Sin embargo, con el Gobierno de Zapatero han encontrado todo un remanso de diálogo y paz. Han llegado a matar a dos personas en pleno proceso y ni tan siquiera se han roto las conversaciones. Este sí que es un presidente de verdad.

Afortunadamente para los ciudadanos, contamos en España con un cuerpo policial que ha sido y es un ejemplo en la lucha contra el terrorismo etarra, con personas dispuestas a jugarse la vida por defender los valores de libertad y democracia que juraron proteger, con una Guardia Civil que es la esperanza en la lucha contra los criminales de ETA.

LO COMUNICÓ A SUS MILITANTES EN AGOSTO
ETA afirma que el Gobierno aceptó que Batasuna hiciera política 'de facto'
EL MUNDO 1 Mayo 2007

MADRID.- ETA informó a sus militantes el pasado mes de agosto de que había cerrado con el Gobierno central compromisos "concretos": por una parte, los destinados a "desactivar la represión dentro del acuerdo convenido" y, por otra, el de "aceptar de facto la actividad política de la izquierda abertzale", según informa EL MUNDO.

Sin embargo, al mismo tiempo que les comunicaba este dato, advertía a los suyos que el Gobierno había incumplido estos pactos, que el proceso había entrado en crisis y que tenía la intención de atentar si no se reconducía la situación.

Según informa Ángeles Escrivá en EL MUNDO, ETA defiende en ese escrito la tesis de que la negociación y los atentados son compatibles, y que la izquierda abertzale ha de ir asumiendo este principio para después justificarlo públicamente con los menores costes posibles.

"La base principal del proceso de liberación es la lucha; también en tiempo de negociación", afirma.

Según estos parámetros, la banda terrorista cree estar en estos momentos en el escenario que previó: aspirando a administrar cualquier situación negociadora que pueda surgir con la amenaza de la violencia, a pesar de haber cometido un atentado.

En el documento, la organización distinguía entre "compromisos relativos a las garantías acordados con ETA" y "los compromisos políticos del acuerdo establecido con ETA".

En cualquier caso, deja bien claro que un escenario de diálogo y el otro, el operativo y el político, no se pueden separar y que es ella la que los administra: "Son dos mesas de negociación pero no son dos procesos. El proceso es uno y único, y los dos se alimentan mutuamente", e insiste al asegurar que "se darán nuevos pasos en el ámbito de la Organización, en la medida en que se den en el primer ámbito y en proporción".

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