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Recortes de Prensa     Miércoles 30 Mayo   2007
 

La encrucijada de los nacionalismos
Editorial ABC 30 Mayo 2007

LOS resultados de las elecciones locales del 27-M tienen también una lectura propia para el Partido Nacionalista Vasco y Convergencia y Unión, porque el balance electoral los sitúa en una encrucijada sobre la estrategia que deben seguir hasta los próximos comicios generales y para los pactos posteriores de gobierno. En general, ni el PNV ni CiU pueden estar satisfechos por los resultados. Los nacionalistas vascos han bajado en votos y porcentaje de apoyo, a pesar de estar en el Gobierno y ejercerlo con el método hegemónico que los caracteriza. Por su parte, CiU también pierde votos, lo que debe obligarle a replantearse su estrategia como principal partido de la oposición a un inestable tripartito que, además, ganó las últimas elecciones autonómicas. Los convergentes pierden poder municipal y local en un retroceso que hace aún más dura la pérdida del gobierno autonómico.

En efecto, a ambos partidos, PNV y CiU, les pasan factura, en primer lugar, sus propias estrategias de los últimos tiempos, que corren en paralelo y con puntos en común. Uno y otro se embarcaron en propuestas soberanistas radicales. El PNV lo hizo, primero, de la mano de ETA y Batasuna en el pacto de Estella; luego, con el «plan Ibarretxe», como apuesta para suplantar a los proetarras en el discurso más extremista y liderar a todo el frente nacionalista. Los convergentes promovieron una radicalización de su mensaje ante el temor de que Esquerra Republicana de Cataluña le ganara terreno entre el electorado nacionalista y apoyaron una propuesta de Estatuto que, en lo político, desbordaba claramente el pragmatismo tradicional de CiU, y, en lo social, aceptaba un modelo basado en valores incompatibles con su orientación democristiana. Ambas formaciones, en suma, se despojaron del sentido práctico y ambiguo con el que procuraban tener un pie en cada orilla, y que les permitía ser una pieza fundamental para la política de pactos de los partidos nacionales, cuando éstos no alcanzaban la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. El segundo error de PNV y CiU ha sido fiarse de Rodríguez Zapatero. Para los nacionalistas vascos, el presidente del Gobierno ha aprovechado el proceso de diálogo con ETA para afianzar a medio plazo unas condiciones políticas que permitieran la importación del tripartito catalán al País Vasco, reflejado en una hipotética coalición del socialismo con nacionalistas radicales de izquierda. Navarra puede ser la preocupante confirmación de esta posibilidad. A CiU, Rodríguez Zapatero la utilizó como comodín de su necesidad apremiante de sacar adelante el estatuto catalán. El jefe del Ejecutivo llegó a pactar el proyecto estatutario con Artur Mas, líder de la oposición a su propio partido en Cataluña, culminando un ejercicio inédito de utilitarismo político, sin reparo alguno sobre el coste que habría de provocar esta decisión en Pasqual Maragall. Pero aquel acuerdo no benefició a Artur Mas, que sigue en la oposición pese a haber vuelto a ganar las elecciones autonómicas al Partido Socialista de Cataluña.

Para estos partidos nacionalistas, el PSOE y Rodríguez Zapatero representan opciones de pacto poco fiables. Hasta el momento, los apoyos que han prestado a los socialistas han revertido a favor del propio PSOE y de los nacionalismos más radicales, tanto en el País Vasco como en Cataluña. Tampoco sus apuestas soberanistas constituyen ofertas sostenibles para un electorado más asentado en una forma ambigua y pragmática de hacer política. El Partido Popular, como es obvio, no debe ser indiferente a esta situación de los partidos nacionalistas. Ahora bien, cualquier posibilidad de diálogo -más aún de pacto- está condicionada a que estas formaciones asuman el fracaso de su colaboración con el PSOE, a una declinación clara y nítida de la estrategia soberanista seguida hasta el momento y a un encauzamiento de sus objetivos en el marco constitucional, y no fuera de él.

Proceso de rendición
Bay, bay Nafarroa
José García Domínguez Libertad Digital 30 Mayo 2007

Curioso purista del sufragio universal nos ha salido el tal Puras, exigiendo la Presidencia de Navarra para la fuerza menos votada por los navarros. Pues, salvo que algún humorista pretenda afrentar la memoria de Nebrija tildando de "fuerza" al par de kleenex que aportará Izquierda Hundida al "proceso", el PSOE ya es el último de la fila en Pamplona. Y, sin embargo, tan inasequible al desaliento como al sentido común, resulta que ese Puras se nos ha despertado un barojiano furibundo. "O César o nada", pontifica desde ayer a quien gaste la santa paciencia de escucharle. Empecinamiento presidencial que, descartada la enajenación mental transitoria, sólo puede obedecer a dos razones lógicas. A saber. O un renacido Puras aprovechó la jornada de reflexión para leer la Biblia y tomarse al pie de la letra el precepto de que los últimos serán los primeros. O, segunda alternativa, el sábado entretuvo su ocio memorizando la Ley Orgánica de Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra.

Ejercicio este último que, por cierto, hubiese servido a los editorialistas de la prensa de Madrid para no aventurar tan alegremente que Zapatero dejará gobernar en precario a UPN hasta que pasen las elecciones generales. Y es que en la amejorada letra pequeña del Fuero se esconde la única pieza que le falta a La Moncloa para completar el puzzle de la rendición. Así, quien se asome a leerla descubrirá que es el presidente de Navarra, bajo su personal y exclusiva responsabilidad, el único legitimado para acordar la disolución del Parlamento y convocar nuevas elecciones antes del término natural de la legislatura. Una prerrogativa que apenas se ve limitada por tres condicionantes externos: que reste menos de un año para el cierre del periodo de sesiones, que se encuentre en trámite una moción de censura, o que el momento elegido coincida con la convocatoria de un proceso electoral estatal.

Sucede, oh casualidad, que nada más controlando la Presidencia resultaría útil al mercadeo mil veces desmentido de su señor, el Príncipe de la Paz. He ahí el diagnóstico clínico al aparente puro delirio de Puras. Al cabo, tanto Zapatero como la ETA son sabedores de que a la fruta de la Ribera aún le falta un puntito de madurez para caer en el cesto de la Gran Euskadi. De ahí que ninguna de las partes contratantes –ni Josu Ternera ni ZP ni Nafarroa Bay, Bay– pueda tolerar hoy el riesgo de una convocatoria electoral incontrolada que devolviera la mayoría absoluta a UPN, anulando el convenio de gananciales solemnemente rubricado en la notaría de la T-4.

Vaya, que el tal Puras no está tan loco como parece. Él no.

Navarra
Lo peor sería lo mejor
Agapito Maestre Libertad Digital 30 Mayo 2007

La sonrisa de Zapatero en Alcázar de San Juan jamás la olvidaré. Anunciaba el devenir trágico de Navarra. Por eso, afirmo que lo peor sería lo mejor: ojalá que Zapatero permitiese a los socialistas navarros gobernar con el filo-terrorismo de los dirigentes de Nafarroa Bai. Así, toda España tendría claro que Zapatero desprecia a la Nación. Los españoles verían con precisión que el proyecto que ejecuta Zapatero está fundamentado en la destrucción del PP como alternativa. Sin embargo, sospecho que Zapatero no lo permitirá, porque ya lo tiene pactado con ETA, seguramente a cambio de un acuerdo secreto para que, después de las Generales, se lleve a cabo un referéndum de co-soberanía en el País Vasco y Navarra, que es la última parte del "proceso de paz".

Me explico: Zapatero tiene preso a los socialistas navarros. Hagan lo que hagan en Navarra están a su merced. Es el único que conoce todo lo pactado con ETA. Los detalles últimos de todo el plan sólo los conoce él. Ni Puras, el candidato impuesto por el partido desde Madrid, sabe de lo que va esta mala historia. Los resultados electorales de Navarra le vienen muy bien, magníficamente, a Zapatero y a ETA para controlar a los suyos. Zapatero y ETA han ganado ya en Navarra, independientemente del Gobierno que surja en esa comunidad. Zapatero y ETA han conseguido mostrarle al resto de España que el País Navarro-Vasco, o, si lo prefieren decir con el lenguaje del PNV, el País Vasco-Navarro, o simplemente Euskalerria, no sólo es viable, sino que es un hecho. Falta esperar un poco para que funcione a pleno rendimiento.

Lo prioritario ahora es, sencillamente, ralentizar el funcionamiento del mecanismo. Es necesario seguir simulando, mientras que la sociedad, las instituciones, los sindicatos, el resto de partidos y, en general, la morralla se mentalice de que Navarra y el País Vasco forman ya una "entidad" conjunta y, sobre todo, viable para el Gobierno de Zapatero, que terminaría aceptando las condiciones del Movimiento Nacional de Liberación Vasco. En estas circunstancias, UPN se convertirá, desgraciadamente, en la coartada de Zapatero hasta las próximas elecciones. Sanz tendrá que bailar al son que marque Puras-Zapatero. UPN está, sí, a merced de la letra pequeña del pacto entre Zapatero y ETA. No es una elucubración lo que digo. Es real. Las urnas han venido a ratificarlo. Navarra, pues, ya ha sido devorada por el pacto entre ETA y Zapatero. Pero aún no puede presentarse al descubierto, porque dificultaría el decisivo paso de la autodeterminación.

Por lo tanto, tienen razón quienes mantienen que todo es posible en Navarra, excepto eludir la presencia del proyecto de Zapatero de un Estado plurinacional al margen del PP. En efecto, varias son las combinaciones para alcanzar el Gobierno en Navarra, pero todas dependen de la letra pequeña de lo pactado entre ETA y Zapatero. Por desgracia, esa letra pocos la conocen y quienes la escribieron no la muestran a nadie. Ahí reside su poder para romper con el régimen de libertades nacido con la Constitución del 78. Así las cosas, tenemos que arriesgar una interpretación sin otra ayuda que la sonrisa cínica, perversamente ensayada, de Zapatero el día después de las elecciones, cuando dijo: "Me alegro de que el PP esté contento. Todos ganamos con la democracia."

Pero, nadie se engañe, Zapatero es el hombre más feliz, porque esos resultados le permiten dar el golpe mortal a España cuando le venga en gana. El tránsito de la España nacional a la plurinacional, o sea, a la desaparición de España, está a tiro. No creo que caiga en el error de la impaciencia, sobre todo si admitimos que Zapatero es el único que conoce perfectamente los tiempos para romper la columna vertebral de sus adversarios políticos. Sólo él puede permitir un Gobierno de conveniencia, presidido por UPN, hasta después de las elecciones generales. Sólo él dará el visto bueno para una gran coalición entre UPN y PSN. Nadie podrá negar que Zapatero es, independientemente del Gobierno que salga, el único que controlará su ejecutoria.

La sonrisa de Zapatero era rotunda. Por ella hablaba su oscura alma. Sí, Zapatero se reserva la posibilidad de cambiar el Gobierno de Navarra, cuando le apetezca impulsar el fin del proceso de independencia del País Navarro-Vasco. ETA está encantada con el asunto, porque ha tenido siempre claro, a diferencia del PNV, que el País Vasco es una prolongación de Navarra. Por lo tanto, le da lo mismo que el centro esté en Vitoria que en Pamplona. ETA y Zapatero son poco sutiles. Nunca les importarán los nombres, si el resultado es la escisión de unas cuantas provincias del resto de España. Aconsejo, pues, a los analistas especializados en Navarra y el resto de provincias vascas que no pierdan el tiempo con disputas semánticas y vayan directamente al asunto central: la independencia de las antiguas cuatro provincias españolas es lo determinante.

¡Vivan los pactos!
POR M. MARTÍN FERRAND ABC 30 Mayo 2007

EL hecho de que, el pasado domingo, fueran muchos más quienes no acudieron a las urnas que cuantos votaron al PP o al PSOE es un dato que los partidos tratan de olvidar y muchos de los analistas más lúcidos consideran como menor e, incluso, como una faceta más del poliedro que define la «normalidad». No hay nada más inquietante que esa normalidad, el sobrenombre que disimula casi siempre la rutina y las malas costumbres. Esa abstención pasiva, muy diferente de la poco respetada abstención activa, es, antes que una muestra de desapego de las formaciones políticas presentes, un distanciamiento del sistema, de sus principales supuestos y hasta de su liturgia.

Son muchos los españoles que, sin caer en tentaciones totalitarias -de las que, creo, estamos vacunados para varias generaciones-, menosprecian el sistema que, con la Constitución como marco, nos hemos dado. Están en su derecho, pero debieran saber que, al obrar y/o sentir en esa dirección, están colaborando con quienes se benefician de él para dinamitarlo, tal que los grupos nacionalistas que, con distintas intensidades separatistas, tanta perturbación generan desde su irrelevancia numérica relativa. Si a eso se añade la falta de solidez de criterios y principios que manifiestan los grandes -mucha el PSOE y algo menos el PP- tendremos un retrato muy aproximado de la realidad de la que, pedaleando o dejándonos llevar, formamos parte. La realidad que podemos modificar, con un voto y una actitud, para que nos resulte más grata.

Ahora, con la resaca electoral, vienen los pactos. Los precisan para gobernar quienes no han obtenido mayorías absolutas en los Ayuntamientos y Asambleas a las que aspiran. Aunque tienen mala prensa, ¡vivan los pactos! Son una muestra de salud democrática y seguramente, el mayor de los defectos que exhibe el ahora triunfal PP de Mariano Rajoy es su tremenda dificultad para entenderse con los demás. Cuando el pueblo se expresa, aunque sea con la torpeza que imponen las listas cerradas y bloqueadas, la manera de acatar su mandato por parte de los partidos es completar su perfil con el de otros hasta conjuntar un todo provisional, pero compacto que refleje, en lo posible, la voluntad común.

En este orden de los pactos postelectorales, el PSOE le va a ganar otra vez la partida al PP. La suerte ya está echada por lo que respecta a estos comicios; pero, pensando en los venideros, Rajoy debiera seguir las enseñanzas del precursor de los libros de autoayuda, Dale Carnegie. En Cómo hacer amigos e influir sobre las personas, con setenta años de vida en las librerías, enseña que es posible cambiar la conducta de los demás cambiando nuestro comportamiento hacia ellos. Sólo así podrá pactar con quien le convenga y necesite para llegar a La Moncloa antes de un año.

Las elecciones de ETA
POR CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 30 Mayo 2007

No había que esperar a los resultados electorales: el mal ya estaba hecho, ETA había sido legalizada. El aviso de Barajas había sido suficiente para recordar las cláusulas, ya pactadas. En realidad, el Gobierno y ETA siguen viéndose por gusto. Porque Zapatero está con el proyecto de ETA hasta el punto de que la inventaría si no existiera. Quiero decir que las gentes que, como «nuestro» presidente, piensan que España ha sido un error histórico necesitan instrumentos que puedan llevar a cabo la obra destructora. Por eso también las simpatías de ciertos progresistas en el pasado se dirigieron a aquellos personajes que estaban en contra de la personalidad histórica de España.

Los resultados de Navarra son motivo de satisfacción para Zapatero. Le desagradan las espléndidas victorias de Aguirre, Gallardón y Barberá... pero se siente compensado por Navarra, Baleares y Canarias. El cerco a España debe seguir viniendo de la periferia, como decía mi viejo amigo Vázquez Montalbán. Una «corona» de naciones en trance de ruptura.

En Cataluña y País Vasco han dejado de votar los hijos de charnegos y maketos. Nunca han vivido tan de prestado como ahora. Así que vota únicamente el cuarenta por ciento más vinculado a las Administraciones. Dicen algunos que Zapatero carece de proyecto. ¿Qué sería de nosotros si lo tuviese? Dicen otros que el proceso de paz es un fracaso y me pregunto qué no habría sucedido ya en este «país» si hubiera triunfado. Parece que Pamplona quedará al fin en buenas manos. Recemos para que los socialistas que han legalizado a ETA no consigan la presidencia para ser ellos quienes lideren la construcción de Euskal Herría. En todo caso, el mal está hecho. ETA está en las instituciones y cobrará por ello. Del mismo presupuesto que Conde Pumpido y Bermejo.

Y habida cuenta de que las cosas están como están en la sede de Génova, algunos recomiendan un cambio en la estrategia del PP y una política de pactos con Imaz y Mas. Tan moderadamente independentistas. Porque si es inevitable romper España, ¿por qué no hacerlo con delicadeza?

Algo pasa: no es suficiente
Editorial Minuto Digital 30 Mayo 2007

A nadie con un mínimo de espíritu crítico se le escapa que estamos en un momento histórico de ruptura. El PSOE ha roto los grandes consensos de la Transición, que afectaban, entre otras cosas, a la guerra civil, al reparto territorial del poder y al respeto de las creencias religiosas sin apoyar oficialmente a ninguna religión.

En primer lugar, se ha dedicado a agitar el fantasma de una pretendida memoria histórica que no es más que la burda falsificación de nuestro pasado. Por otra parte, se ha atrevido a iniciar un proceso de reformas estatutarias que rompen con el equilibrio territorial de España, favoreciendo descaradamente el egoísmo territorial de aquellas regiones que cuentan con partidos políticos nacionalistas. Y por último, no ha dudado en buscar la ofensa gratuita a los católicos, bien a través de cuestiones de hondo calado social, como pudiera ser la “educación para la ciudadanía”; bien a través de pequeños gestos poco respetuosos, como la tímida reacción oficial del Gobierno ante la muerte de Juan Pablo II (hasta Cuba decretó más días oficiales de duelo que España).

Pues bien, a pesar de todo esto los españoles parecen no despertar, pues las elecciones del Domingo contaron sólo con la participación del 63,83 % del electorado. Esta baja participación es clara muestra del éxito socialista, que ha logrado que la ruptura de la legalidad pase desapercibida.

Por eso el PP, si de verdad quiere servir a España, debe iniciar hoy mismo una gran ofensiva en previsión de las elecciones generales próximas. Debe conseguir transmitir a la ciudadanía la importancia de la ruptura legal que el PSOE está llevando a cabo. Además, debe ser capaz de ilusionar a su electorado y a aquel del PSOE más crítico y, sobre todo, al 36,17 % del cuerpo electoral que se ha abstenido. Para ello no debe olvidar que gobernar es, entre otras cosas, administrar ideas y decisiones, y al PP se le ve falto de ambas. En los años 90 Aznar supo acompañarse de un equipo que sabía transmitir proyectos. Ese era el caso de Rato, que dio confianza a los españoles aún antes de llegar al poder. Sin embargo, hoy le falta esto al PP, y es que parece no haberse dado cuenta que en las próximas elecciones además de defender la unidad de España debe defender proyectos concretos: económicos, sociales y políticos. Un proyecto insoslayable a este respecto será la reforma de la Ley Electoral, que debe imposibilitar que partidos minoritarios tengan las riendas de la gobernabilidad. Además deberá garantizar el gobierno de la lista más votada.

Otra de las reformas que necesariamente se habrá de emprender es la de la Ley de Partidos, que debe facilitar a la ciudadanía la posible denuncia de aquellos partidos que amparen o sirvan de cobertura a los terroristas. Sólo así se evitará que futuros gobiernos (como pasa actualmente) se decidan a amparar a los terroristas para sacar beneficios electorales.

Además, si el PP quiere ilusionar al electorado que se abstuvo en estas elecciones, que será el que le garantizará el futuro gobierno, no debe olvidar centrar su atención en un política educativa estable e independiente de colores políticos; en la despolitización de los medios públicos de comunicación (con preferencia su privatización); en una política económica dirigida a la familia (especialmente facilitando el acceso a la vivienda y la consecución de trabajo estable); y en la devolución a la sociedad de la iniciativa económica y asociativa, reduciendo las ayudas gubernamentales a sindicatos, asociaciones, partidos políticos y ONGs, así como reduciendo el peso de las administraciones públicas y el personal funcionario, pues todos ellos se han convertido en una carga fiscal insoportable para los ciudadanos “que pagan impuestos” y estas c

Rajoy necesitará algo más que aprovechar los errores de ZP para ganar en 2008

Zapatero, Elecciones 2008
Jesús Cacho El Confidencial 30 Mayo 2007

Ya han visto cómo ha reaccionado el chiguito, que dicen en mi tierra palentina y seguramente también en León. Al contrario que Felipe González, que en 1993 dijo haber “entendido el mensaje” de los electores, este no se ha dado por enterado. A lo suyo. Cómico, si al mismo tiempo no fuera trágico. Si en Cádiz se comprometió a recolocar a los trabajadores de Delphi, anteayer prometió un barrio nuevo a los vecinos de un pueblo manchego. Alicia en el país de los Reyes Magos. Pero de modificar su estrategia política tras el batacazo –personal e intransferible, más que del PSOE- del 27-M, nanai del Paraguay.

Y es que seguramente tampoco puede. Llegar a algún tipo de acuerdo de gobernabilidad con el Partido Popular supondría reconocer el fracaso de su política en la legislatura, basada en la voluntad de gobernar para media España sobre la base de aliarse con grupos y partidos que directamente quieren cargarse la Constitución del 78, marginando al tiempo de la vida pública al centro derecha como si de un apestado se tratara, ecuación imposible de imaginar dentro de parámetros de una democracia occidental.

En el plano de lo concreto, tender la mano a los populares le supondría afrontar el riesgo de perder el Gobierno de regiones como Galicia, o bien dar el poder al PP en Álava y Navarra. Cualquiera de esos escenarios parece inimaginable en un Zapatero atrapado en su propia dinámica política, carente tanto de la voluntad como de la presión interna desde las filas del PSOE para romperla. He aquí un hombre encadenado a sus errores, incapacitado para plantear siquiera un cambio de rumbo a meses de las generales.

Cuando el presidente del Gobierno de un país de la UE-15 apuesta por ponerse al frente del batallón de derribos del Sistema, es obvio que ha decidido prescindir del voto de centro, condenado en su gran mayoría a votar PP o a refugiarse en la abstención. En los comicios del 14-M, el leonés extrajo de ese caladero entre 500.00 y 700.000 de los 1.900.000 de votos que recogió de más el partido socialista. La evidencia indica que el PSOE necesitará “todos” los votos del 2004 para mantenerse en el poder, en un escenario, es de suponer, carente del dramatismo del 11-M, y en el que resulta una entelequia combinar votos “radicales” con centristas. En el viaje a ninguna parte emprendido, ZP podrá seguir pescando en la izquierda pura y dura, pero le resultará muy complicado volver a contar con el voto de centro.

Enajenarse definitivamente ese voto dependerá de cómo nuestro gran Zapatero hinque el diente al endiablado panorama que estas elecciones han dejado sobre la mesa de su Gobierno en Navarra. El PSN sólo podrá gobernar en la región si acepta un doble desafío: pactar con Nafarroa Bai, formación independentista que propugna la incorporación de Navarra a Euskal Herria, en la comunidad foral, y hacerlo con los batasunos de ANV en el ayuntamiento de Pamplona. Dos opciones igualmente costosas para el PSOE, que en el segundo caso se torna simplemente suicida.

En realidad, y a expensas de la baza ganadora que supondría algún tipo de acuerdo con ETA –asunto que se antoja ahora mismo una entelequia, teniendo en frente a unos maestros en el manejo de los tiempos como los señores de las pistolas-, Zapatero está condenado a movilizar a su electorado más radical, más izquierdoso, tradicionalmente proclive a la abstención. Esa necesidad le va a obligar a mantener un discurso muy agresivo hacia el PP y, en consecuencia, a radicalizar su mensaje contra la derecha, lo cual nos avoca a unos meses de infarto de aquí a los comicios nacionales. Zapatero solo podrá volver a ganar si consigue movilizar a quienes le dieron su voto el 14 de marzo de 2004.

Es evidente que las elecciones del pasado domingo confirman una suave tendencia al alza del centro-derecha y una moderada caída del sufragio en la izquierda, sin duda el dato político más relevante de cara al futuro. De alguna manera, se han restaurado los parámetros de comportamiento electoral de los españoles previos al drama del 11-M: el PP sube ligeramente, pero es el PSOE el que pierde apoyo electoral, seguramente a cuenta de la composición sociológica de su electorado potencial.

¿Le será suficiente a Mariano Rajoy este tímido avance para ganar las generales de 2008, que a pesar de los desmentidos tienen todos los visos de adelantarse al próximo octubre? Personalmente pienso que no, y que el líder popular necesitará hacer algo más, bastante más, para ocupar La Moncloa que aprovechar los clamorosos errores de nuestro Zapatero remendón. Un tema que por lo extenso reclama pieza aparte, pero que debería empezar por la movilización inmediata del PP en varias direcciones.

Naturalmente poniéndose de inmediato a la tarea de tender los puentes con el nacionalismo moderado que de forma tan irresponsable dinamitó Aznar en su lamentable segunda legislatura, teniendo en cuenta que solo con los votos de la derecha será muy difícil poder gobernar. Naturalmente ofreciendo al electorado de centro algún atisbo, al menos, de los cambios de caras que reclama una nomenklatura en Génova que pertenece al pasado, pertenece a Aznar, cuyo tiempo político pasó. Naturalmente, y más importante aún, afilando un discurso distinto, ilusionante, liberal, que se comprometa a abordar sin tapujos los cambios que reclama una democracia enferma como la nuestra. Como rezaba el título de cierta novela negra: ¿Demasiado para Gálvez...?

La izquierda abertzale es Batasuna
Germán Yanke Estrella Digital 30 Mayo 2007

Hay una estrategia —repetida, aburrida, falsa— que pretende distinguir entre Batasuna e izquierda abertzale. Se parte de una distinción: hay un importante grupo de personas (independentistas, “radicales” según la expresión al uso) que han podido votar a Batasuna pero que no son Batasuna. Hasta ahí nada que oponer, aunque sí algo que añadir: si vota a Batasuna ese importante grupo de personas, tienen una ideología totalitaria y aceptan la violencia y el terrorismo. Es una evidencia, pero conviene, para no olvidarla, subrayarla.

Al parecer son de izquierdas (lo que debería, si así lo aceptan, dar vergüenza a las izquierdas) y abertzales (que también es un término degradado, porque hay que tener un concepto totalitario del patriotismo si se les quiere tener como tales). Pero no son la izquierda abertzale, que es un concepto político claro, acuñado por Batasuna para definirse a sí misma, sus organizaciones afines y la misma ETA.

La distinción estrafalaria y falsa pretende taparse los ojos. Es una disculpa tonta. El PSE, por ejemplo, no se reunió con Batasuna sino con la izquierda abertzale. Ahora, nos dice el ministro Bermejo, no está Batasuna en las instituciones sino la izquierda abertzale. Ridículo en exceso. Si se reunieron con la izquierda abertzale y ésta está ahora en muchos municipios vascos y navarros, está Batasuna y ETA.

El absurdo se ha planteado en los tribunales, en la política y en algunas iglesias. Si quienes lo utilizan quieren engañarse a sí mismos, allá ellos, pero espanta que quieran engañarnos a los demás.

La enfermedad moral del nacionalismo vasco se ha vuelto a hacer presente con la exigencia de Nafarroa Bai de que el pacto en Navarra entre nacionalistas y socialistas incluya Pamplona, lo que implica necesariamente contar con ANV, que es el único modo de desplazar a UPN. Ya tiene bemoles que el “nacionalismo moderado” quiera incluir en sus pactos el fascismo de ANV, careta más que triste de Batasuna. Ya los tenía antes, aunque de otra índole, que el PSOE hubiera hablado, cuando pensaban que no iban a necesitar a ANV, de cambiar cromos con los nacionalistas: yo te apoyo en Pamplona, tú me apoyas en el Gobierno foral. La bofetada que han dado las urnas a los socialistas navarros acrecienta el ridículo de estos planes.

Pero habrá ahora quien diga que la oferta debe pensarse, porque ANV no es Batasuna, sino la izquierda abertzale.

Voto urbano y voto rural
Xoán Xulio Alfaya Periodista Digital 30 Mayo 2007

[Ciudad] El PP está perdiendo prácticamente todas las ciudades gallegas que, curiosamente, concentran la mayoría de gallegos hispanohablantes. Es evidente que los que pertenecemos a este menospreciado colectivo no tenemos partido político que nos defienda y al que votar. Nuestra soledad cívica es absoluta. El PP, con la Ley de Normalización Lingüística de 1983, trazó la autopista por la que ahora avanzan -¡y le adelantan!- el PSOE y el BNG.

Paradójicamente los populares siguen teniendo mayor representación en las zonas rurales que concentran el mayor número de galegofalantes. Lo lógico sería que el rural fuese el feudo del BNG, pero los que hablan gallego "de seu" -no la neolengua inventada por Antón Santamarina y el Instituto da Lingua Galega-, votan mayoritariamente a los populares y no parecen tener la menor afinidad con los nacionalistas a quienes ven como unos señoritos de ciudad que predican en un gallego que les resulta cuando menos cursi. Quizás prevén -o temen- para sus hijos un futuro de emigración en el que el idioma gallego no les servirá de mucho.

En las ciudades, aunque la administración y ciertas entidades bancarias y empresas subvencionadas tratan de imponer el gallego con ejemplar machaconería, los ciudadanos de la calle pensamos, hablamos y escribimos en nuestra lengua propia: el español o castellano. Es nuestra lengua materna, la que hablamos en la familia, con los amigos y en el trabajo. Eso no implica que algunos no hablemos en gallego con quienes lo hablan "de seu", con naturalidad y sin ideología adosada.

Sería el PP el partido que por lógica debería tener en cuenta este hecho, pero no. Siguen en sus trece, yendo de nacional-galleguistas y cosechando fracasos. De momento se han quedado sin el voto urbano, en el futuro se quedarán también sin el voto rural.

Y si no, al tiempo.

© Xoán Xulio Alfaya, 2007

Sobre el partido de Savater
Alejandro Campoy Periodista Digital 30 Mayo 2007

Yo no creo en los partidos políticos. No sólo no son el medio adecuado para solucionar los problemas que aquejan a España, sino que son una parte muy importante de esos problemas, si no el mayor de ellos. Por lo tanto, no saludo la iniciativa de crear un nuevo partido político, si bien las líneas generales sobre las que se está planteando esa iniciativa son altamente recomendables.

El punto de partida está recogido en el Manifiesto por la regeneración democrática, manifiesto que a título personal he firmado y que recoge de una forma espléndida todos y cada uno de los gravísimos problemas que atraviesa el país ahora mismo, planteando en una o dos líneas la solución adecuada para cada uno de ellos. El manifiesto, a modo de programa-marco, se articula en doce puntos, cada uno de los cuales merece un artículo exclusivo y así pienso hacerlo a partir de hoy.

Pero si como punto de partida dicho manifiesto es difícilmente mejorable, pues recoge planteamientos y propuestas que pueden ser asumidas plenamente por cualquier persona de la ideología que sea, salvo los extremos maximalistas, siempre que tenga una formación política básica y esté libre de sectarismos, no está tan claro en cambio cómo se concretará más adelante la propuesta programática en firme. Y sobre este punto tengo ya ciertos recelos.

En primer lugar, la ya mencionada alergia a los partidos políticos. Por mucho que en el manifiesto se proponga una verdadera "refundación" casi a un nivel constitucional de los partidos en la línea de imponer y exigir una real y total democratización de los mismos, comenzando por las eternamente reclamadas listas abiertas, un partido político siempre tendrá una estructura jerárquica y nunca dejará de ser un aparato institucional cuya finalidad es la obtención del poder, lo cual contiene en sí mismo el virus del control de los mismos por parte de unas élites dirigentes, y eso no se podrá cambiar jamás. Por lo tanto, crear un partido más no conduce a ninguna parte, al menos a medio-largo plazo.

Como alternativa cabe proponer un aumento de la fuerza y la coordinación de las plataformas y movimientos ciudadanos hasta que adquieran un peso tal que puedan realmente ser un contrapeso a los partidos políticos en cuanto a referentes de autoridad moral y de orientación del voto para la sociedad, como puede ser el caso ahora mismo del Foro Ermua o Basta Ya, dejando al margen las valoraciones sectarias que harán de esta afirmación los lacayos de Zetapé. Estos movimientos ciudadanos se convierten en referente moral de una sociedad desde el momento en que su acción es desinteresada, no persiguen la obtención de réditos políticos ni cuotas de poder, ni buscan el beneficio económico, por más que siempre haya voces injuriosas que les acusen de lo contrario. Yo he visto personalmente los "agujeros" que en sus bolsillos particulares padecen algunos de los protagonistas de estas plataformas.

Precisamente por eso el constituirse en partido político hace planear sobre cualquier movimiento ciudadano la sospecha de un beneficio, la búsqueda de una parcela de poder, el deseo de entrar en el juego, la tentación de formar parte del sistema. Y en lo que concierne a toda regeneración democrática o moral hay que quedarse siempre en la frontera de ese sistema, hay que permanecer al margen de los mecanismos e instituciones de reparto del poder, aunque esto nunca se dará en un estado puro, por supuesto.

En segundo lugar hay motivos para recelar viendo las respuestas dadas por Savater ante la propuesta del PP para sumar fuerzas. Si bien hay que afirmar categóricamente que un movimiento de regeneración como el que se propone no debe insertarse ni en el PP ni en ningún otro partido, Savater ha marcado distancias con el Partido Popular refiriéndose a sus diferencias en temas como educación, igualdad de derechos o laicismo en la sociedad. Y en esto Savater se equivoca de parte a parte.

El planteamiento "socialista" de la educación es completamente insostenible, y asumirlo como propio es un suicidio ideológico y político desde el mismo momento de la constitución del nuevo partido. Aquí hay que bajar a la realidad, y el modelo LOGSE-LOE es un fracaso tan descomunal que sólo la imbecilidad sectaria o vivir en el país de las maravillas impide verlo.

En lo que toca al laicismo, en Savater éste se transforma en un anticlericalismo público y de todos conocido, el cual es un lastre añadido más, que en lugar de aunar voluntades genera el efecto contrario, excluyendo una buena parte de las mismas. Y Zetapé es la mejor prueba de ello. Por esta razón haría bien Savater en guardar sus fobias para sí en este tema y no contaminar con las mismas el naciente proyecto.

Por lo que concierne a las políticas igualitarias y de género, deben ocupar el lugar que les corresponde, es decir, un tercer o cuarto plano en las prioridades de los ciudadanos en general, más orientadas, como es de buena lógica, hacia cuestiones como el empleo, la vivienda, la sanidad y los servicios públicos. Zapaterete ha demostrado también que hacer bandera de estas políticas marginales, residuales y periféricas no sólo es desconectar con respecto a las principales preocupaciones de la gente real de la calle, sino que además suponen forzar de un modo artificial las prioridades y demandas presentes en la sociedad.

Otro tanto cabría decir de las políticas identitarias, cuyo nefasto desarrollo a lo largo de esta legislatura, orientado hacia un incremento del modelo autonomista que deviene ya en separatista y que ha rebasado de hecho los márgenes de la Constitución y amenaza con desintegrar todo el aparato institucional del estado español, hacen que el recurso más retórico que real que los promotores del nuevo partido hacen del federalismo no sea más que otro motivo añadido de sospecha.

Por todo lo anterior, el punto de partida que propongo es comenzar a edificar sobre lo que ya existe: un marco común de encuentro de todos los movimientos y plataformas ciudadanas que trabajan por esa regeneración democrática. Ese marco es la Plataforma Libertad, si bien ya tiene su alternativa en la Plataforma Pro, lo cual no es para mí una buena noticia. Esta agrupación de todos bajo un mismo paraguas sería posible si se prescinde de los partidos políticos dentro de cualquiera de ellas, dando salida al Partido Popular del seno de la Plataforma Libertad, y fusionando ésta y la Plataforma Pro. Y a partir de ahí, profundizar y difundir los doce puntos del manifiesto por toda la sociedad, hasta que se consiga sentar al PP y al PSOE en una misma mesa y obligarles a asumirlos en su totalidad. Pero para eso, no nos engañemos, hay que pasar la página Zetapé en el PSOE lo antes posible.

Basta Ya ve «más necesario que nunca» fundar un nuevo partido
Cree que los resultados electorales revelan «vicios» en el sistema
E. C./MADRID El Correo 30 Mayo 2007

El catedrático Carlos Martínez Gorriarán, uno de los miembros significados de Basta Ya e impulsor junto a Fernando Savater de un nuevo partido nacional, se reafirmó ayer en la necesidad de constituir una formación política que plante cara a PP y PSOE. Tras analizar los resultados electorales, se mostró convencido de que este proyecto es «más necesario que nunca» para acabar con los «vicios profundos» que evidencia el sistema de partidos en España.

Martínez Gorriarán señaló, en declaraciones a Europa Press, que el «empate técnico» que populares y socialistas mantienen tras los comicios del domingo les va a obligar a pactar con fuerzas nacionalistas en diferentes comunidades para conservar aquellos gobiernos donde no alcanzan la mayoría absoluta. Una alianza que, a su juicio, demuestra la necesidad de poner en marcha un partido que actúe como bisagra y evite esos pactos con los nacionalistas.

El profesor de la Universidad Pública Vasca explicó que «el sistema bipartidista» que se ha establecido en el país obliga «en muchos casos» a que los dos principales partidos tengan que «aliarse necesariamente» con formaciones que defienden la independencia. Una situación que, en opinión de Martínez Gorriarán «aconseja» no sólo una reforma electoral sino «un abanico más amplio» de partidos a los que poder votar. Como ejemplo puso el caso de Navarra. «Allí, PP y PSOE no se hablan, lo que hace muy complicado que haya un arreglo entre ellos para que Nafarroa Bai no condicione la política de esa comunidad», aseguró.

Kit para el prenatal en gallego
POR ÉRIKA MONTAÑÉS. SANTIAGO. ABC 30 Mayo 2007

Que las primeras palabras no sean el «ajo» o el «mama» castellanos, sino el «allo» o el «nai» gallegos. Es lo que se ha propuesto la Secretaría General de Política Lingüística de la Xunta, que repartirá a unas 15.000 gallegas embarazadas de más de tres meses unos kits muy completos para que transmitan a sus bebés la lengua de Rosalía de Castro como primera lengua. El maletín incluye un CD con nanas cantadas en gallego para dormir al bebé, además de consejos psicológicos y sanitarios a la madre para que la lengua propia no se pierda. Ah, y una felicitación al recién nacido, en la que la escritora Fina Casalderrey anima a que los primeros pasos del venido al mundo sean en «taca-taca» en lo físico, y en gallego, en lo lingüístico.

Subrayó ayer la responsable del departamento de la Xunta, Marisol López, en la presentación del kit, que la transmisión familiar del idioma propio ha decrecido ostensiblemente en las dos últimas generaciones, por lo que más de la mitad de las personas que hoy tienen entre 15 y 54 años tuvieron el castellano como primer idioma en su formación. Siempre después, colea el gallego. Invertir el orden de esos factores es la nueva meta, si bien López destacó que no alteraría el «producto» final de que el aprendizaje bilingüe sea «muy positivo, puesto que al adquirir dos lenguas se enriquecen las capacidades intelectuales y cognitivas» del muchacho. En sintonía, defendió que el conocimiento de otras lenguas no debe significar «la pérdida del propio», que tildó de «vital» para conocer mejor el entorno que rodea al joven aprendiz.

El «regalo» concebido para las madres se distribuirá, merced a la contribución del Servicio Gallego de Salud, entre las maternidades privadas y los centros sanitarios de la red pública y contiene una reflexión más elocuente sobre la idoneidad de la lengua en la que se va a hablar al recién nacido. Por si la «galleguización» quiere ser completa, se agrega una selección de nombres gallegos -Uxía y Brais son los más requeridos-. Con esa designación y la enseñanza del gallego incluso desde la barriga, se completará el augurio de la secretaria nacionalista: que el gallego «salga de dentro, de manera espontánea».

La Xunta distribuirá a 15.000 embarazadas un maletín para que impartan a sus bebés el gallego como primera lengua. También les «instruye» para que canten nanas o bauticen a sus hijos en la lengua de Rosalía

No a centros trilingües
Mientras la responsable de la Xunta, Marisol López, presentaba la iniciativa para las mujeres embarazadas, la Cámara gallega rechazaba la pretensión del PP de crear por ley centros educativos trilingües que garantizasen el dominio de tres lenguas por los alumnos al acabar la ESO. El BNG reprochó a los populares que no tengan el mismo interés en potenciar el gallego en la enseñanza que por el inglés o francés.
 

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