AGLI

Recortes de Prensa     Martes 19  Junio   2007

Navarra y el pacto por las libertades
EDITORIAL Libertad Digital  19 Junio 2007

El último encuentro entre Zapatero y Rajoy ha envalentonado al Gobierno de tal modo que se hace más difícil sostener que los socialistas vayan a abortar en Navarra su alianza con los separatistas de Nafarroa Bai, tal y como apuntábamos que el PSOE podía hacer como medida de maquillaje –que no de rectificación de fondo– tras el comunicado de ruptura de la organización terrorista.

De hecho, el secretario de organización del PSOE, José Blanco, tras culpar a Rajoy, ya ha adelantado este lunes que el PSOE no llegará a ningún pacto con el partido de Miguel Sanz, y sólo queda por confirmar si los socialistas darán el paso activo de pactar con los separatistas de Nafarroa Bai, única forma de impedir que UPN gobierne. El propio Blanco se ha atrevido a preguntar desafiante a Rajoy si su apoyo a la política antiterrorista del Gobierno "depende de que el PP gobierne o no en Navarra".

Como la desfachatez de los socialistas es directamente proporcional a los complejos del PP, ni que decir tiene que Rajoy no ha salido a la palestra para recordar que UPN es, con gran diferencia el partido más votado en Navarra, que "dejar a un lado a PP-UPN y a la derecha fascista del Estado" era precisamente una de las exigencias que hizo públicas ETA y que un pacto entre los socialistas y los separatistas de Nafarroa Bai sería una nueva y clamorosa vulneración de la letra y el espíritu del Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo.

En lugar de ello, Ángel Acebes se ha limitado a señalar que "permitir la vuelta de Batasuna a los ayuntamientos o pactar con quienes quieren que Navarra deje de ser Navarra no es avanzar en la dirección adecuada". Está bien eso de decir que el Gobierno de Zapatero –que, por cierto, acaba de diseñar una nueva estratagema para asfixiar financieramente a la asociación más representativa de víctimas del terrorismo– no parece ir en "la dirección adecuada". Pero volviendo a lo de Navarra, no estaría de más hacer referencia también al pacto por las libertades, sobre todo a su preámbulo, así como dejarse de eufemismos sobre el separatismo y anexionismo vasco que quiere que "Navarra deje de ser Navarra" con el mismo ardor que todo nacionalista quiere que su comunidad autónoma deje de ser lo que es.

La misma oferta de UPN, el partido más votado, de apoyar para la presidencia del parlamento navarro al PSOE, la tercera fuerza en la comunidad foral, tendría sentido si es en el ámbito de un pacto constitucionalista frente a quienes, ahora como en los tiempos de Estella, persiguen los mismos objetivos anexionistas y secesionistas que ETA.

Miedo y confusión
Editorial El Correo 19 Junio 2007

La imposibilidad de constituir los ayuntamientos de Ondarroa y Mendexa, por la reiterada inasistencia a los plenos de los electos del tripartito vasco, y las irregularidades cometidas por Aralar en otros municipios, al 'ceder' sus concejales a miembros de candidaturas anuladas de ANV, han puesto de manifiesto que las coacciones de la izquierda abertzale han sido, en algunos casos, más eficaces que el imperio de la ley. Es probable que la desconcertante aplicación de la Ley de Partidos, permitiendo e impidiendo la concurrencia de ANV mediante la anulación parcial de sus listas, esté en la raíz de lo que ha ocurrido, en la medida en que el poco inteligible comportamiento de la Fiscalía General y la Abogacía del Estado ha creado notable confusión en los demás partidos. El desacuerdo con la norma y la discrepancia sobre su aplicación por parte del nacionalismo no puede justificar su desistimiento. Sólo sirven de excusa para ocultar el miedo y la cesión a la coacción bajo la apariencia del respeto a la supuestamente legítima expresión de la voluntad popular. Pero, además, la comparación de la actitud que han mantenido dichos electos con la que vienen mostrando los concejales socialistas y populares amenazados deja en mal lugar al nacionalismo gobernante.

Resulta elocuente que ningún partido haya propuesto, ni siquiera sugerido, limitar mediante un pacto entre demócratas el acceso de ANV a un apreciable número de alcaldías. Si la permisividad de la Fiscalía y la Justicia en la aplicación de la ley ha sido interpretada por la izquierda aber-tzale, de manera torticera y a conveniencia propia, como si fuera la concesión de una patente democrática, los titubeos de las fuerzas democráticas y su renuncia a hacer valer su unidad configurando posibles mayorías alternativas en los ayuntamientos han sido respondidos por la anunciada coacción de los radicales. La consecuencia más nefasta es que, al final, todo haya desembocado en la situación más conveniente para el terrorismo etarra. Una situación en la que ETA pueda simultanear los atentados que anunció con la ruptura de su alto el fuego con la presencia pública e institucional de sus disciplinados portavoces.

En Galicia se prepara otra agresión contra los derechos de los padres
Luis Miguez Macho elsemanaldigital 19 Junio 2007

Hace algunos meses, a raíz de la polémica que se originó en Galicia por la pretensión de la Consellería de Educación (en manos socialistas) de obligar a los profesores de lengua y literatura españolas a presentar la programación docente en gallego, tuve ocasión de explicar desde estas mismas páginas electrónicas la situación lingüística existente en la enseñanza no universitaria de nuestra Comunidad autónoma.

No voy a reproducir ahora todo el contenido de aquel artículo. Sólo recordaré brevemente que el PP gallego había implantado durante su largo periodo al frente de la Xunta un modelo educativo dirigido a evitar la segregación de los alumnos por razón de la lengua, que se basaba en la garantía de un mínimo de asignaturas en gallego (tres), pero que, sin embargo, no impedía que toda la docencia (menos la de lengua y literatura españolas) se pudiese llegar a impartir en ese idioma.

La aplicación práctica de este modelo nunca produjo grandes conflictos, porque se llevó a cabo con gran flexibilidad. Pues bien, los tres partidos con representación en el Parlamento de Galicia (PP, PSdeG y BNG) han pactado una modificación del mismo que eleva el mínimo de asignaturas en gallego al cincuenta por ciento, manteniendo exactamente igual la posibilidad de que toda la docencia se imparta en dicha lengua.

El proyecto del decreto por el que se introducirá este cambio ha sido objeto de un dictamen desfavorable, por considerarlo ilegal, por parte del máximo órgano consultivo de la Comunidad autónoma, el Consejo Consultivo de Galicia, según informaba la prensa la semana pasada. Además, grupos de padres, aglutinados en la plataforma "Tan gallego como el gallego", se han movilizado contra la iniciativa y han organizado una recogida de firmas que lleva acumuladas más de doce mil. Esta ruptura de la paz social que en Galicia existía en torno al modelo lingüístico aplicado en la enseñanza no universitaria obliga a replantearse la cuestión desde sus propios fundamentos.

Si se quiere mantener el sistema bilingüe sin separación de líneas educativas por razón de la lengua, la única alternativa aceptable desde el punto de vista de la efectividad de los más elementales derechos de los padres y de los alumnos, reconocidos por los tratados internacionales de derechos humanos y educativos, es que en la enseñanza pública se garantice el equilibrio perfecto entre los dos idiomas cooficiales: es decir, no el cincuenta por ciento de asignaturas en gallego como mínimo, sino como mínimo y como máximo. Por lo demás, el respeto de la libertad educativa exige que a los centros privados se les deje elegir el modelo lingüístico, puesto que a nadie se le obliga a acudir a los mismos, y la conclusión no debería ser muy distinta para los centros concertados, igual que se les permite tener ideario propio.

El que ningún partido con representación parlamentaria parezca dispuesto a asumir estos mínimos y, en cambio, pacten entre todos hacer prevalecer los inexistentes derechos de las lenguas sobre los derechos de las personas, denota que nuestro sistema político tiene un grave problema. Afortunadamente, éstos no son ya tiempos de resignación, ni siquiera en la muy resignada Galicia, sino de rebelión cívica. Si usted tiene hijos escolarizados en esta Comunidad autónoma, firme aquí. Se trata decidir si a nuestros hijos los vamos a educar nosotros o nos los van a educar ellos (http://www.elsemanaldigital.com/arts/68542.asp?tt=)

http://www.tangallegocomoelgallego.es/

La cuestión lingüística en la educación en Galicia
Luis Miguez Macho elsemanaldigital 19 Junio 2007

30 de diciembre de 2006. Acaba de saltar a la primera plana de los medios de comunicación nacionales el conflicto que está ocasionando en Galicia la pretensión de la Consellería de Educación de la Xunta (en manos, por cierto, de los socialistas y no de los nacionalistas del BNG) de obligar también a los profesores de lengua y literatura española a presentar la programación docente en gallego. La noticia ha llamado especialmente la atención porque es la primera vez que un conflicto lingüístico de cierta importancia se produce en Galicia, si exceptuamos la polémica por la denominación oficial de la ciudad de La Coruña,

Cuando el PP estaba en la Xunta, estableció que determinadas materias de la enseñanza no universitaria se impartan necesariamente en gallego, con el objetivo de que todos los alumnos reciban una educación bilingüe, frente a la alternativa de prever grupos separados por razón del idioma; alternativa mucho más acorde, por cierto, con el derecho que los tratados y declaraciones internacionales reconocen a los padres a elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos, así como con el respeto que esos mismos textos imponen por el idioma del niño, pero que, para el PP gallego, presenta el peligro de escindir la sociedad en comunidades separadas por razón de la lengua.

De esta forma, en teoría se da una situación de desequilibrio a favor del gallego, pues en cualquier centro educativo se podrían impartir todas las asignaturas (menos lengua y literatura española, claro) en gallego, pero no al revés. En la práctica, la situación real es de una anarquía consentida que, sin embargo, había evitado hasta ahora los conflictos lingüísticos. En algunos centros públicos y, desde luego, en buena parte de los privados y concertados, sólo se imparten en gallego las asignaturas mínimas, y aun con éstas hay una cierta flexibilidad; en otros centros públicos y en alguno privado, la enseñanza es casi totalmente en gallego.

La primera vuelta de tuerca para romper esta armonía basada en la autorregulación social la acaba de dar el bipartito (e insisto, ha sido el PSOE y no el Bloque), echando mano de otra disposición, especialmente desafortunada, de esa misma normativa aprobada en la época de Fraga: la que establece con carácter general que los documentos y actuaciones internas de los centros educativos se harán en gallego. En esto se basan para exigirles a los profesores de lengua y literatura española que redacten la programación docente en gallego.

Digo desafortunada porque nada justifica que se imponga a los funcionarios y a los órganos administrativos que utilicen una lengua cooficial y no la otra en las relaciones administrativas internas, no con los ciudadanos: en un sistema democrático, el único fundamento jurídico que permitiría forzar la libertad individual de los funcionarios para utilizar cualquiera de las lenguas cooficiales es la necesidad de atender a los ciudadanos en el idioma de su elección. Por eso, como profesor de Derecho administrativo, ofrezco desde aquí mi asesoramiento gratuito a cualquier afectado que quiera defender su libertad frente a esa intolerable imposición lingüística.

Pero no es en los tribunales donde se va a ganar esta batalla, sino mediante la rebelión cívica. Toda norma que injustificadamente pretenda forzar la libertad individual de utilizar cualquiera de las lenguas cooficiales debe considerarse no vinculante para quien no sea nacionalista y no comparta esa concepción de la eufemísticamente llamada "normalización lingüística". Que se sancionen entre ellos, si eso les divierte.

Veinte años después, ETA no cambia
Editorial ABC 19 Junio 2007

EL 19 de junio de 1987, ETA hizo estallar en el aparcamiento del Hipercor de Barcelona un coche bomba que causó la muerte a veintiuna personas, todas civiles, y heridas a medio centenar. Fue, hasta los atentados del 11 de marzo de 2004, el crimen terrorista más sangriento cometido en España y sigue siendo el más brutal de la banda etarra, que repitió ese mismo año otra matanza en la Comandancia de la Guardia Civil de Zaragoza, donde asesinó a once personas, entre ellas cinco niños. Veinte años después de la masacre de Hipercor, ETA es aún la mayor amenaza para la libertad y la vida de los ciudadanos españoles. Su vocación terrorista no se ha modificado un ápice, sino todo lo contrario, porque en este tiempo ha perseverado en el asesinato y la extorsión, a pesar del rechazo social, el aislamiento internacional y la eficacia de la acción policial y judicial. La memoria de aquel brutal atentado no sólo resulta obligada para que sus víctimas -todas las víctimas de ETA y del terrorismo- sean recordadas permanentemente por una sociedad que ha de aspirar a la derrota de sus enemigos; también lo es para no olvidar qué es ETA, qué pretende y a qué está dispuesta para conseguirlo. ETA sí es capaz de matar indiscriminadamente, sí es capaz de asesinar a niños y a civiles. Los etarras no representan una categoría menor de terroristas, por más que los atentados del 11-M hayan sido reiteradamente manipulados en este sentido.

En ETA sólo cambian las tácticas, no la estrategia del terror, ni los objetivos netamente nacionalistas y de extrema izquierda. No entender esta realidad de la organización etarra equivale a no conocerla y, por tanto, a asumir el riesgo de hacer análisis erróneos sobre su voluntad de seguir o no con el empleo del terror. También en 1987 se dijo que ETA había ido demasiado lejos con el atentado de Hipercor, y que esta masacre se haría insoportable a la izquierda abertzale. Entonces, Herri Batasuna era un partido legal -¿para qué sirve la legalización de un partido proetarra?- y siguió sometida al dictado de ETA, como todo su entramado seudopolítico, sin que se produjeran críticas que no acabaran silenciadas por orden de los pistoleros.

El actual presidente del Gobierno y sus asesores en la materia debieron creer que la ETA de 2004 era distinta de la de 1987 simplemente porque pensaban que los terroristas iban a dejarse seducir por una oferta de diálogo que evitara su derrota. Ciertamente, ETA estaba muy reducida en su capacidad operativa, logística y financiera, pero no estaba vencida aún. Faltaba poco y hoy falta mucho más. Veinte años después, el mayor error no lo ha cometido ETA al seguir con el terrorismo, sino el Gobierno de Rodríguez Zapatero, que creyó que ETA había cambiado lo suficiente como para interiorizar su derrota y dejarse encantar por el discurso de la paz. A los terroristas nunca les han importado mucho los análisis psicológicos ni sociológicos sobre el rechazo a la violencia. Y, menos aún, un presidente de Gobierno con exceso de autoestima y defecto de prudencia. Le ha importado sobre todo la unidad del grupo social que la apoya con o sin asesinatos, el abastecimiento puntual de medios y terroristas y la continua discusión sobre la existencia del «conflicto político» vasco en el que legitima su violencia terrorista, para lo que es imprescindible colonizar las instituciones vascas con testaferros que actúan al dictado de la propaganda etarra. A pesar de lo que opina el Gobierno, ETA ha logrado estos objetivos en estos tres años de falso alto el fuego.

El mayor beneficio de los terroristas es la ignorancia de los responsables políticos sobre su verdadera naturaleza de organización criminal. ETA gana en cuanto un gobierno la convierte en interlocutora política, como ha sucedido en esta legislatura. Por eso es imprescindible traer a la actualidad trágicos recuerdos como el de Hipercor, porque la desmemoria de algunos pone en peligro a todos y porque ningún gobierno tiene derecho a poner el contador de la historia a cero para disculpar errores evitables -que, más que errores, son apuestas fracasadas-, ni a justificar el logro de la paz a cualquier precio, cuando este objetivo se pretenda con medios políticos y moralmente ilícitos.

En viernes y en el supermercado
ABC 19 Junio 2007

¿Quién va en viernes a llenar el carro de la compra en el supermercado de la gran ciudad? Van familias de trabajadores, mujeres sobre todo, madres con su hija, también van hermana y hermano. ¿En qué piensa un terrorista vasco cuando coloca una bomba en viernes para que estalle el supermercado? Ese terrorista patea la zona, fuma cigarrillos distendido para estudiar a la gente y la escucha hablar y, si la maldice, porque todos hablan español, entonces piensa que son unos putos españoles y que se merecen una bomba. Y la prepara y la coloca. ¿Qué siente un terrorista vasco cuando su bomba asesina a 21 personas y deja a otras 45 gravemente heridas en un supermercado en viernes? Siente una gran alegría, como nos han informado expertos asesinos, como De Juana.

Los asesinados de ese día en un supermercado de Barcelona se llamaban Carmen, Rafael, Teresa, Jorge, Silvia, María Carmen, Susana, Sonia, Luis Enrique, Maria Emilia, Milagros, Matilde, Mercedes, José, Luisa, Felipe, Consuelo, Mercedes, María Rosa, Bárbara, Maria Paz y Javier. Apenas un solo nombre catalán. Estas personas tampoco llevaron apellidos catalanes mientras vivieron. Eran de Murcia y de Andalucía, apellidados Pascual, Carrillo, Morales, Ocaña, Daza, Vicente, Manzanares, Cabrerizo, Mármol, Salto, Viñuelas, Diéguez, Amez, Franco, Martínez, Domínguez, Valero, Caparrós, o Moreno. Pero ahora son cadáveres y ya no necesitan ser llamados. ETA lo determinó así para que a los vascos nacionalistas les dejaran autodeterminarse.

Lo dejó claro un terrorista que mataba en esa época de Hipercor pero que en 1996 vivía tranquilo en su casa, cuando le aseguraba a una antropóloga vasca que hacía la tesis doctoral en mi universidad: «Sí, lo triste de este mundo es que haya que matar, eso es lo triste, que haya que matar para que la gente se dé cuenta de que hay que resolver un problema. Joder, mañana me apunto yo a una autodeterminación de forma pacífica; tú me vas a respetar... maravilloso, todos contentos. Pero si tú no me garantizas eso ¿qué voy a hacer yo? Es una guerra. Al fin y al cabo el estado de vivir en guerra es un estado que se te impone, tú no lo eliges, a ti se te impone una situación...».

Ocho años antes de esa bomba en Hipercor, ETA voló el hotel Corona de Aragón, en Zaragoza: 78 asesinados. Y cinco años antes ETA había volado una cafetería madrileña asesinando a 12 personas. Durante estas últimas fiestas de Navidad, ETA voló la T-4 de Barajas, asesinando a dos inmigrantes que esperaban en sus coches. Pese a estos crueles atentados, la seña de identidad del terrorismo vasco es que apenas ha asesinado como el resto de los terrorismos. Su estilo ha sido más bien el tiro en la nuca, a ser posible con la víctima de espaldas o de rodillas. Y la víctima ha sido minuciosamente seleccionada Primero entre los defensores del orden público y la legalidad, y luego entre los que más combatían a ETA: dirigentes políticos, magistrados, periodistas, profesores, empleados de prisiones, de teléfonos o de cualquier ámbito que entorpeciera la actividad terrorista. El objetivo fijado por el terrorismo vasco ha sido siempre intimidar y aterrorizar a la ciudadanía descabezándole sus líderes, sus defensores y sus pensadores hasta que España se canse y le haga las concesiones políticas que demanda.

El único terrorismo europeo sobrevive en nuestro país, pertenece a los nacionalistas vascos y todavía ningún partido nacionalista vasco ha desvinculado sus propios objetivos de los fundamentos de ETA. Hasta el PNV comparte sus fines con ETA y asegura que los crímenes del terrorismo reflejan el contencioso entre los vascos y España. Ese nacionalismo vasco jamás ha condenado el nexo entre asesinato y objetivo político, jamás ha llamado verdugo a ETA y siempre ha llamado víctimas a los terroristas muertos a causa de su propia bomba o al atacar a las fuerzas del orden. Los socialistas han terminado amando más a los nacionalistas de cualquier pelaje que a los que no lo somos y han suscrito que a los terroristas les asisten razones políticas. Nosotros seguiremos sosteniendo que las víctimas fueron inocentes y que exigen una justicia política: la persecución política de los objetivos por los que se asesinó.

Política antiETA

ANDRÉS MONTERO GÓMEZ /DIRECTOR DEL INSTITUTO DE PSICOLOGÍA DE LA VIOLENCIA El Correo 19 Junio 2007

La mejor política contra el terrorismo etarra de la democracia se aplicó durante el Gobierno Aznar. No es que el entonces presidente del Ejecutivo tuviera más capacidad que otros, o que nos caiga mejor o peor el personaje y creamos que sus políticas son excelsas. Es que objetivamente fue la mejor porque perjudicó a ETA más que ninguna otra. Tampoco fue mérito exclusivo de Aznar, sino que para ser la mejor política dispuso del marco, absolutamente necesario, de un acuerdo global con la oposición socialista del momento, liderada por Zapatero. Y ese acuerdo no se limitó a un asentimiento pasivo a lo que el Gobierno pudiera hacer en política antiterrorista, sino que el apoyo se definió a modo de una acción proactiva desde el socialismo, que propuso un pacto que ahora con la perspectiva está claro que funcionaba frente a ETA, muchísimo mejor que la dañina confrontación partidista.

A mí me da exactamente igual que gobiernen socialistas o populares en lo que respecta a política antiterrorista. Del mismo modo, estoy a favor de la negociación siempre que sea para debilitar a ETA. Lo que demando, en tanto ciudadano y supongo que en sintonía con la mayoría de la población, es que se diseñe y se aplique la mejor estrategia contra ETA de las posibles. En cualquiera de ellas, de las estrategias, lo que parece inadmisible es que el enfrentamiento partidario o las políticas parciales afecten nocivamente a la vida, real, de ciudadanos y ciudadanas en la diana asesina de ETA.

El diálogo o la negociación son opciones estratégicas en la política contra ETA que han intentado todos los presidentes de la democracia, porque es su obligación. Lo hizo González, Aznar detrás de él y ahora Zapatero. La ciudadanía debería tener claro que intentar desactivar a ETA por medio de una negociación es una maniobra en la que todo gobierno se va a involucrar, en versión sirimiri como Aznar o en profundidad como González. La negociación es una estrategia en el marco de una política antiterrorista y esa política siempre ha de hacerse en contra de ETA. La negociación no se articula para otra cosa que no sea desmantelar a ETA. Eso debería saberlo la ciudadanía, tenerlo claro el Gobierno, asumirlo los partidos y considerarlo ETA en su justa medida, aunque esto es mucho pedir quizás.

Lo que no ha sabido transmitir Zapatero e hizo mejor Aznar es la diferencia entre opción estratégica y política antiterrorista. Con Aznar, aunque sabíamos de sus operaciones exploratorias con ETA por medio de intermediarios que iban y venían a fin de sentar las bases para una eventual negociación, la ciudadanía tenía casi meridianamente claro que lo que quería aquel hombre de bigote era derrotar a la banda terrorista. Obviamente, Aznar tenía mucho a su favor para lograr que en la población germinara la percepción de que, aunque acercara presos y los llamara movimiento de liberación, cabían pocas dudas de que perseguía acabar con ETA. Uno de esos elementos a favor, el más relevante, es que tenía a Zapatero a su lado para secundarle; otro, que el propio Aznar había sido víctima de un atentado; otro, su propia manera hosca, desabrida, de plantear las cosas. Aunque parezcan factores irrelevantes, le ayudaron a transmitir la percepción de que cualquier medida que impulsara desde su Gobierno sobre ETA estaba dirigida 'contra' ETA. Eso le ha faltado a Zapatero.

Cuando Zapatero ha tratado de explicar en algún caso que su estrategia de negociación con ETA estaba subordinada a una política antiterrorista en 'contra' de ETA nadie se lo ha creído. El descrédito proviene, de entrada, de que nunca lo ha explicado así. Ninguno de los asesores de Zapatero ha sabido convencerle para que transmitiera un mensaje que diferenciara entre la política antiterrorista contra ETA y la estrategia antiterrorista para un momento y una coyuntura concretos. De seguido, contando ya con esta raíz deficiente, tampoco le ha ayudado mucho, sino todo lo contrario, que el Partido Popular le haya machacado un día sí y otro también con el dosier antiterrorista, ligándolo además al capítulo del 11-M. Finalmente, le ha perjudicado bastante la vinculación entre la negociación con ETA y la política territorial, que por supuesto ha sido aprovechada y azuzada por el PP pero que también (y no sé hasta qué punto, principalmente) ha sido instrumentada por el sector histórico, menos Zapaterista, del propio Partido Socialista.

La negociación es una ruta estratégica más en la política de desmantelamiento de ETA. A mi parecer, es adecuada siempre que se propicie por el Gobierno con las herramientas más afinadas y que no se pierda de vista el horizonte de la política antiterrorista, de una política en 'contra' de ETA. En el momento en que se confunden los objetivos políticos, que en una democracia siempre deberían ser acabar con el terrorismo, con los objetivos estratégicos, que dependen del momento y la coyuntura pero que en todo caso siempre deben estar al servicio de la política antiterrorista, entonces aparecen las disfuncionalidades. La ejecutoria de Aznar contra ETA fue la mejor porque tuvo muy claro, tal vez incluso visceralmente, que a pesar de las medidas de negociación que pudiera implementar, su política era desmantelar a ETA. También, porque al margen de la estrategia elegida, su política contra ETA fue integral. Zapatero también quiere acabar con ETA, no me cabe duda, pero tampoco me cabe la duda de que buena parte de la población no lo ha entendido así, porque él no ha sabido explicarlo por encima del ruido de fondo.

En el quinquenio previo a 2004 se articuló una política antiETA que desplegaba medidas casi en todos los frentes. Quien continúe pensando que ETA únicamente son los comandos asesinos es que o vive en otro mundo o no se ha enterado de nada. La política más eficaz contra el terrorismo de ETA en España es aquella que combina la acción policial y de inteligencia con una decisiva respuesta de aprovisionamiento legislativo que sea promovida por fiscales y de aplicación por jueces, tanto penal como administrativamente; que concierta una frontal determinación contra siglas políticas al servicio del terrorismo, con la misma capacidad incisiva para desarticular el virus empresarial, de comunicaciones y social que el terrorismo etarra ha infiltrado para contaminar durante décadas el tejido de la sociedad vasca; que, en definitiva, logra integrar todas las actuaciones del Estado en una respuesta integral y coordinada. Ésa es la mejor política.

La colaboración de Francia en el exterior y la unidad política en el interior son las otras dos columnas de la política antiterrorista contra ETA. En la medida en que todos esos factores se manifiesten juntos y armonizados, podrá administrarse una estrategia de negociación, en contra de ETA, si las circunstancias son favorables. En la medida en que se actúe contra los comandos, pero no contra las empresas pantalla de financiación terrorista; en la medida en que se ilegalicen unas siglas pero se mantengan otras; en la medida en que un partido político vaya por un lado y otro por otro haremos daño a ETA pero será como herir a un jabalí y asegurar su supervivencia.

Zapatero no se ha equivocado en su política antiterrorista, pero la ha confundido con la estrategia coyuntural y, además, ha estado sometido a un contexto totalmente desfavorable para la aplicación de esa estrategia. Aun así, ha arriesgado y le ha salido mal. Todavía puede reconducir estratégicamente y perfilar mejor una política en contra de ETA. A veces todavía hay analistas que se sorprenden, no sé si interesadamente, de que en la política del Estado contra una amenaza terrorista parezca que haya concertación entre policías, fiscales, jueces, unidad de inteligencia financiera, Gobierno y Parlamento pero ¿acaso no son todos aparatos de un mismo Estado en contra de una amenaza a nuestra convivencia, a nuestro bienestar y a nuestras vidas? ¿No deben hacer todos los aparatos y poderes del Estado, por mucho que conserven su independencia, todo lo posible por concertarse y converger en contra de ETA? ¿Por qué el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista está en el Ministerio de Interior y en él sólo hay policías y agentes de inteligencia, y no fiscales, jueces, ertzainas, inspectores de finanzas y abogados del Estado dependiendo, en el plano funcional, de Presidencia del Gobierno?

Transición
Cuando los crímenes de ETA no importaban
Cristina Losada Libertad Digital 19 Junio 2007

Con el 15-J y, en general, con toda la Transición, a mí me pasa como al soldado de Stendhal. Siendo un pequeño peón, y clandestino, de aquella gran batalla, sólo tiempo después me fue dado saber de qué había ido la cosa. Aunque, naturalmente, fui testigo incrédulo y pasmado de los cambios y, en especial, de los de chaqueta o camisa que tanto abundaron entonces. Una veloz renovación de guardarropa que con Zapatero y su memoria para peces muertos ha tenido estos años una especie de revival. El antifranquismo retrospectivo que comenzó en aquella época estalla ahora en rebrote senil. En fin. Dada mi ignorancia de la alta cocina política transitoria y mi gusto por los "comentarios hacia atrás", por usar una reciente expresión del Gobierno que está a caballo entre el analfabetismo y el spanglish, he leído con interés las crónicas y columnas sobre los treinta años y tal.

Como dice Girauta, ¡azúcar! Se han repartido nubes de azúcar de color rosa cual en las tardes de circo y tómbola. Y un revenido temblor de aventura se adivinaba en las letras de los testimonios. Ha sido la entronización de los lugares comunes, y ni los que vienen asegurando que la Transición fue mala por amnésica con los desmanes del franquismo se han apartado de los demás tópicos. Uno de ellos, al menos, merece comentarse. Cuando se refieren los peligros que se cernían sobre la naciente democracia, es norma señalar al ejército y a la extrema derecha, pero no se habla de la ETA. Circulan por las crónicas los de Cristo Rey, los asesinos de los abogados de Atocha y los militares con el sable a punto, pero los que mataban a diecisiete personas en 1976 y a doce en 1977, se las arreglan para desaparecer. Como entonces. O sea, como cuando poco importaban esos crímenes, o poco nos importaban, a los que en aquellos años formábamos en la izquierda, que era un rebaño escaso pero a punto de colgar el cartel de no hay entradas. A la vista está que siguen pesando poco. Nada.

La exclusión del terrorismo nacionalista vasco del relato convencional de la Transición es un lapsus significativo. Retrata la comprensión y el respaldo hacia la ETA que entonces prevalecía en la izquierda. Era el momento en que se gritaba "Vosotros, fascistas, sois los terroristas"; léase que los de ETA no lo eran. Pero también refleja la prolongada resistencia a reconocer que en la familia gauchista o progre había –y hay– criminales. Una negativa que, pese a los esfuerzos de izquierdistas notables, sigue dando sus frutos tóxicos e inanes. Ahí el "dialoguen", la "negociación, único camino", los "más descerebrados" y otras gaitas. O ese latiguillo que en el propio aniversario repetía De la Vogue: "Lo único que queda de la dictadura es ETA, que es la última pesadilla del franquismo". No, mire. La banda ha asesinado a la mayor parte de sus víctimas en democracia. Ni las negociaciones ni la amnistía parcial de marzo del 77 ni la general de octubre de aquel año detuvieron a los delincuentes. Al contrario. En 1978, con un gobierno democrático, la ETA mataba a 66 personas. Como dicen mis mayores, el grupo terrorista no es el último residuo de la dictadura, sino del antifranquismo. Este 15-J tan dulcemente falso se ha perdido una nueva ocasión para proclamarlo de una vez por todas.

Navarra, la definitiva raya roja para Rajoy y Zapatero
Editorial Elsemanaldigital  19 Junio 2007

El PSOE navarro de Fernando Puras ha pactado con Nafarroa Bai en todos los Ayuntamientos navarros donde ha sido posible. Por primera vez, y con los votos del partido de José Luis Rodríguez Zapatero, Patxi Zabaleta, independentista, ex miembro de la Mesa Nacional de Herri Batasuna, consigue gobernar grandes municipios en la Comunidad Foral, a pesar de que en todos ellos la fuerza más votada fue UPN. El siguiente paso, técnicamente ya decidido y a falta de una confirmación desde la calle Ferraz, será que el PSN-PSOE, la testimonial IU y la coalición independentista NaBai se hagan con el Gobierno de Navarra. Lo que tendrá consecuencias. Sin duda.

El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, ha tratado de comparar el pacto navarro contra UPN, que ganó las elecciones por gran diferencia, con la situación en Canarias, donde nacionalistas canarios y PP podrían unirse contra el socialista Juan Fernando López Aguilar. Pero los pactos en sí mismos, aunque incómodos y antiestéticos –y si PSOE y PP lo ven así, podrían cambiar la Ley de Régimen Electoral- son legales; el problema de Navarra es diferente por su trasfondo, y debe ser considerado por separado.

El PSOE no ha ganado unas elecciones en Navarra desde 1987. Para eso hizo falta que el centroderecha se presentase dividido en cuatro candidaturas; y los socialistas no han tocado poder en Navarra desde que en 1996 la corrupción los arrojó a la oposición. Es lógico que Fernando Puras, como su presidente Román Felones y su secretario general Carlos Chivite, quieran ya "pisar moqueta". Pero si su meta fuese sólo ésa no necesitaría a los independentistas vascos. No.

UPN se ha mostrado dispuesta a cualquier tipo de acuerdo con el PSOE, ya que ambos teóricamente comparten la defensa de Navarra dentro de España, es decir, el estatus actual. Ayer lunes, el Comité Ejecutivo de UPN para evitar que la presidencia del Parlamento foral pueda pasar a Nafarroa Bai el próximo miércoles, garantizó sus votos al PSOE sin contrapartidas. Hasta tal punto se llega. Miguel Sanz se ha mostrado dispuesto a retirarse de la vida política si él es personalmente obstáculo para un acuerdo, y los regionalistas han ofrecido al PSN cualquier cargo o puesto que deseen siempre que Navarra esté a salvo. Teniendo en cuenta que UPN tiene el doble de votos que el PSN es una indudable generosidad.

Generoso, pero insuficiente. El PSOE ha rechazado esa mano tendida porque su meta no es sólo el poder, y en este sentido las peores sospechas del PP se ven cada día confirmadas. El PSOE quiere el poder pero además desea acorralar a UPN, expulsarla de las instituciones y condenarla, si es posible, casi a la marginalidad. Si la meta es reducir UPN, partido mayoritario y gobernante hace varias legislaturas, a la situación valiente y firme pero a menudo testimonial del PP vasco, se entiende la alianza con NaBai, fuerza abertzale radical, partidaria de la autodeterminación y en parte procedente de ETA y Herri Batasuna.

En su última visita a La Moncloa Mariano Rajoy tendió una mano a Zapatero "para derrotar a ETA". Ese consenso no tendría sentido si el PSOE se aliase con los socios políticos de ETA en el Pacto de Estella para hacer que UPN, vencedora en las urnas, pierda el poder así. Menos sentido tendría si, como muchos analistas afirman, se tratase de una maniobra para hacer posible a medio plazo, en una o dos legislaturas, la integración de Navarra en Euskal Herria. Puras aún no ha hecho pública su decisión, pero si opta por Zabaleta ésta será su "hoja de ruta". En consecuencia, la de Rajoy sólo puede ser una: la oposición frontal a este juego antidemocrático con enemigos de la unidad constitucional de España, y la ruptura de todo consenso con Zapatero ante este nuevo juego disparatado con enemigos de la unidad constitucional de España. Las urnas, después, dilucidarán.

El tercer hombre
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 19 Junio 2007

Aquí llamamos coherencia a llamar a las cosas siempre con los mismos nombres, aunque usemos para ello los nombres que no son. Los ciudadanos canarios, un suponer, han votado generosamente a los socialistas, que han obtenido 26 escaños, frente a los 17 de CC y los 15 del PP. El candidato López Aguilar dice razonablemente que el electorado ha expresado voluntad de cambio. Lo sorprendente es que el tercer hombre de la política navarra también sostenga desde la breve peana de sus 12 escaños, que sus paisanos han votado por el cambio y haya deducido que le han ungido a él por delante de Sanz, (22 escaños) y Zabaleta, (12 escaños, con más votos que el PSN).

Es lo que tienen las elecciones, que en los días siguientes los ciudadanos parecemos gilipollas cuando los electos nos explican lo que hemos votado. Tras las autonómicas de 1986, Euskadiko Ezkerra (9 escaños), propuso a Bandrés como lehendakari: Benegas (19) no podía ser porque «éstos le consideran maketo»; el PNV (17) y EA (13), tampoco, porque acababan de escindirse y no podían votar al candidato del otro; HB (13) no, por razones obvias, o sea que lo más sensato era hacer al quinto lehendakari. Ya se sabe que no hay quinto malo, según el argot taurino.

Durante la campaña y antes, el candidato Puras se había negado a definir preferencias en materia de alianzas, negó de manera categórica que fuese a crear un órgano común entre el País Vasco y Navarra y dijo que no contasen con él si los votos le convertían en el tercer hombre.

Bueno, pues ahí está el tercero, negociándose la presidencia con Patxi Zabaleta, que fue el segundo. Si Puras no anunció sus intenciones no fue porque encuentre un especial placer en ocultarlas, sino porque una parte de sus votantes habrían dejado de serlo. Por eso optó por el disimulo, para poder hacer con esos votos lo que sus propietarios no querían que se hiciera.

Si finalmente es investido presidente, no va a tener una legislatura fácil. Se equivoca si cree que los cuatro partidos nacionalistas integrados en Na-Bai van a sostenerle cuatro años sin contrapartidas en lo único que les une: el acercamiento institucional de Navarra a Euskal Herria. Los nacionalistas trabajan a largo plazo, pero son como los carneros de Panurgo para según qué cosas. En cuanto alguien saca a relucir la identidad, todos gritan «maricón el último», no importa que el primero haya saltado por la borda. Ahí está el Estatut de Cataluña, con Maragall y Pujol renegando del error. Tres veces estuvo a punto de descarrilar y tres veces lo salvó la voluntad de Zapatero.

Si los socialistas piensan que un Gobierno con Na-Bai les permitiría comprar más tiempo a ETA, es que no saben lo que es el terrorismo. ¿Por qué va a premiar ETA un pacto que deja fuera a los suyos? La presidencia de Puras no es una de sus aspiraciones inmediatas. Y si Zabaleta es el consejero de la Presidencia, menos aún.

s.gonzalez@diario-elcorreo.com

Encrucijada navarra
SANTIAGO DE PABLO /CATEDRÁTICO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA UPV-EHU El Correo 19 Junio 2007

Precisamente en un momento en que la cuestión de Navarra -pendiente de la decisión final del Partido Socialista sobre un posible pacto con Nafarroa Bai para desbancar a UPN del Gobierno foral- ha vuelto a ponerse en un primer plano, se cumplen hoy 75 años de la decisiva asamblea de ayuntamientos en la que Navarra resolvió, durante la II República, no integrarse en el Estatuto vasco. La decisión tomada por la mayoría de los ayuntamientos navarros el 19 de junio de 1932 tuvo una gran trascendencia histórica, pues, en contra de lo que hoy pueda pensarse, no siempre la relación entre la derecha navarra, el navarrismo y el vasquismo ha sido la misma a lo largo de la época contemporánea.

La proclamación de la II República, el 14 de abril de 1931, era una oportunidad para solucionar la 'cuestión regional', que la monarquía había sido incapaz de resolver. Sin embargo, en el País Vasco, el PNV seguía siendo, a la altura de 1931, un partido católico tradicional, que, si por un lado recibió el cambio de régimen con la esperanza de ver aprobado un Estatuto vasco, por otro observaba con temor la previsible política anticlerical republicana. De ahí que en junio de 1931, el PNV, la Comunión Tradicionalista carlista y el resto de la derecha católica vasco-navarra se aliaran en torno al proyecto de Estatuto de Estella, inadmisible para la izquierda, al reservar para el futuro 'Estado Vasco' (formado por las cuatro provincias) las competencias en materia religiosa. De hecho, muchos carlistas apoyaron el proyecto de Estella no tanto por el autogobierno que concedía a Euskadi sino porque podía servir de freno a la política laicista de la República. Fracasado el Estatuto de Estella, al ser incompatible con la Constitución de diciembre de 1931, el Gobierno republicano-socialista puso en marcha un nuevo proceso autonómico vasco-navarro, ajustado a la legalidad constitucional. En enero de 1932, asambleas provinciales de ayuntamientos debían decidir si cada territorio quería un Estatuto provincial o único para Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra. En las tres provincias vascas el voto a favor del Estatuto único fue casi unánime, pero en Navarra la opinión contraria comenzó a hacerse sentir (160 municipios a favor frente a 57 en contra).

Elaborado el proyecto de 'Estatuto Vasco-Navarro', la asamblea definitiva de municipios de las cuatro provincias tuvo lugar en el Teatro Gayarre de Pamplona el 19 de junio de 1932. Ante esta decisiva cita estatutaria, los partidos políticos navarros -con la excepción de los nacionalistas, que obviamente apoyaron con entusiasmo el Estatuto, pero que eran claramente minoritarios- se mostraron divididos: la poderosa Comunión Tradicionalista dejó libertad de voto a sus afiliados y varios partidos republicanos y la mayoría del Partido Socialista pidieron el voto negativo, aunque personalidades aisladas de la derecha y de la izquierda reclamaron que se votara a favor. Fruto de esta división, mientras las otras tres provincias aprobaban el Estatuto en la asamblea por abrumadora mayoría, sólo 109 de los 267 municipios navarros votaron a favor del proyecto. Es cierto que varios representantes municipales incumplieron el mandato favorable de sus respectivos ayuntamientos, pero, en cualquier caso, la opción vasquista no habría sido suficiente como para integrar en el Estatuto a Navarra, que quedaba así definitivamente excluida de la autonomía vasca.

El resultado de esta asamblea ha sido objeto de una polémica que comenzó ya en 1932 y continuó incluso en la Transición. Para el nacionalismo vasco, la defección de Navarra fue consecuencia de la 'traición' del carlismo, que en 1931 había apoyado el Estatuto de Estella y que ahora habría dado la espalda a la integración de Navarra en Euskadi. En efecto, junto a sectores carlistas navarros que seguían siendo sinceramente vasquistas, el peso del navarrismo foralista conservador, fuertemente españolista y antinacionalista vasco, se había ido imponiendo en el conjunto de la derecha navarra.

Sin embargo, la oposición navarra al Estatuto no se identificaba con una ideología política determinada. Incluso la oposición de la izquierda fue, proporcionalmente, superior a la de la derecha. Así, de los 196 ayuntamientos derechistas navarros, 85 votaron a favor, 85 en contra y 26 se abstuvieron. Por el contrario, de los 70 ayuntamientos navarros de izquierdas, 23 votaron a favor, 38 en contra y 9 se abstuvieron. Así, es cierto que el entusiasmo carlista por la autonomía vasca disminuyó drásticamente, sobre todo en Navarra, cuando aquélla se separó del problema religioso, pero el navarrismo, clave para entender la postura de Navarra en esa coyuntura, afectaba por igual a derechas e izquierdas. Además, hay que tener en cuenta que la izquierda tenía más fuerza en la Ribera, la zona más castellanizada de Navarra y más opuesta al Estatuto. Por último, el proyecto de 1932 era menos respetuoso con la autonomía interna de cada provincia que el de 1931, lo que contribuyó a poner en guardia a los navarristas frente al posible centralismo vizcaíno.

El resultado de esta asamblea marcó en buena medida la posterior relación de Navarra con los proyectos autonómicos vascos y su eco puede seguirse hasta la actualidad. No obstante, quizás la gran diferencia de 1932 con la situación actual es que ahora sólo los nacionalistas defienden en Navarra su incorporación a Euskadi, que en aquella época también era apoyada por sectores de izquierda y derecha no nacionalistas. En este sentido, el principal líder del PNV en Navarra en la II República, Manuel Irujo, solía decir que el nacionalismo había errado al no empeñarse en convencer a los navarros, antes de la asamblea de 1932, de que entrar en el Estatuto sería, ante todo, bueno para Navarra. Por ello, no es de extrañar que la violencia de ETA haya sido una rémora para que la posible integración navarra en Euskadi sea discutida con normalidad democrática.

En resumen, el resultado de la asamblea de junio de 1932 no fue consecuencia sólo de la coyuntura política ni de la traición carlista sino de la particular identidad navarra, cuyas relaciones con el vasquismo han sido a veces contradictorias. De hecho, lo vasco siempre ha formado parte de esa compleja identidad navarra, por lo que no tiene mucho sentido que los sectores navarristas conservadores interpreten la posible incorporación de Nafarroa Bai al Gobierno navarro como si ello significara poco menos que el fin del mundo. Por su parte, el nacionalismo cometería también un grave error si pensara que su avance electoral le permite obviar la realidad política e identitaria de Navarra, que las últimas elecciones, aun con matices, no han hecho sino confirmar.

A vueltas con Matrix
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 19 Junio 2007

El neocomunista y/o verde Joan Herrera propone en el Congreso que se devuelva a los indígenas todo tesoro recuperado del mar en navíos españoles. En Frankfurt se presenta una literatura catalana monolingüe, es decir, parcial, es decir, falsa. El Gobierno catalán, presidido por un señor de Iznájar gracias a los votos de cientos de miles de castellanohablantes, celebra la desaparición de la tercera hora de castellano en las escuelas. No de la vigésimo tercera, no de la trigésimo tercera; de la tercera.

Las juventudes de Convergència, partido que representa supuestamente al nacionalismo moderado, se manifiesta con vehemencia en Barcelona contra una ministra... por ir a los toros. Diversos miembros del Gobierno tripartito auguran graves problemas –es decir, vuelven a la simpática práctica de la amenaza, que tan buenos resultados dio al Gobierno Maragall– en caso de que el Tribunal Constitucional modifique el estatuto. Permanece ignota la instancia a la que ellos reservan el papel de máximo intérprete de la Carta Magna (¿su capricho?).

La prensa catalana sigue sin darse por enterada de la presencia en altos estamentos públicos de ex miembros de Terra Lliure, que cometió 160 atentados. Uno de los aquí llamados "activistas" llegó a ocupar la conselleria de Gobernación. María del Carmen Pérez Buj, víctima de Terra Lliure que aún sufre las secuelas del atentado, refiere cómo sus victimarios –condenados a 70 años de cárcel y pronto liberados por "la normalización de la vida política en Cataluña"– la instaron durante el juicio a "sentirse orgullosa" porque lo suyo "había sido por la independencia de Cataluña".

En la televisión pública catalana se ha ensalzado a Terra Lliure, a la que jamás se aplica el obvio calificativo de terrorista. Es la misma televisión que muestra a diario mapas meteorológicos de una fantasmagoría: los Països Catalans. La misma en que un indeseable se cagó en la puta España entre aplausos del público y aprobaciones del presentador: "Molt bé", sonreía.

Un reciente libro incluye un listado de "quintacolumnistas" catalanes, con sus nombres y apellidos. Parece que algunos siguen buscando a los que se libraron del tratamiento de las checas más espantosas que hubo en España, como la de la calle Vallmajor, como la de la calle Zaragoza, diseñadas por Laurencic para romper física, psíquica y moralmente a los de detenidos antes de asesinarlos.

Pero la memoria histórica en Cataluña, donde las checas arrojaron ocho mil muertos, va por otro lado: se crea por ley un organismo público estable dedicado a "conmemorar, recuperar y difundir la lucha antifranquista, por las libertades y la democracia". En su jerga, esto significa que van a honrar en régimen permanente al Frente Popular.

El cuadro alucinante que resulta de los últimos excesos abunda en la idea de Matrix. Sólo que esto es bastante menos divertido que la película de los hermanos Wachowski.

Los argumentos de Zapatero
Pablo Sebastián Estrella Digital 19 Junio 2007

Pongámonos en el lado más optimista del espejo que refleja la imagen del presidente Zapatero para intentar adivinar o comprender lo que hace en este final de legislatura y lo que hizo en los largos tres años de su mandato. Demos por buenas sus intenciones y justificadas sus legítimas ambiciones, de seguir en el poder, y veremos que su convicción —palabra que adora— progresista, y su anhelo pacifista le han llevado a concebir un proyecto político en el que unió las circunstancias de la salida de Aznar del poder —marcadas por la soberbia, el belicismo (iraquí), el autoritarismo y el renacer de un viejo nacionalismo español, la cruel masacre del fundamentalismo islámico del 11M en Madrid—, la ruptura de los puentes que el PP había establecido con el nacionalismo moderado de CiU y PNV en la legislatura 1996/2000 y la oportunidad que le ofrecía ETA (nada más asumir la presidencia, en mayo y agosto del 2004) de negociar el fin de la violencia. Convencidos entonces los jefes de la banda terrorista vasca de que la irrupción de Al Qaeda en España y en la escena internacional —más la desaparición del IRA— no les dejaba margen para sobrevivir en el ámbito de la Unión Europea disfrazada de movimiento de liberación aguerrido y criminal.

Con esos mimbres, sobre esa realidad, Zapatero fue tejiendo el cesto en el que ha querido meter toda el agua de la vida nacional. Pensó, en primer lugar, que necesitaba los apoyos parlamentarios de los nacionalistas para gobernar, en Cataluña y en España, y retomó aquella promesa electoral de “apoyaré en Madrid el Estatuto que apruebe el Parlamento catalán”, como la base de una reforma estatutaria y autonómica que, poco a poco, se iba convirtiendo en un pilar de un nuevo modelo de Estado, distinto y superior al de la Autonomías plasmado en la Constitución, de corte federado o más bien confederal. Y cuando la palabra nación apareció en el preámbulo del Estatuto catalán, anunciando la deriva soberanista e insolidaria que venía por detrás, dijo sobre la nación española que era “discutida y discutible”, un gravísimo error, político, histórico y semántico, que nos descubrió, a partir de ese mismo momento, que los sentimientos nacionales, la propia historia de España y sus signos de identidad y la legalidad Constitucional carecían de valor en el ideario y convicciones del presidente, porque todo ello podría ser o despreciado o burlado en aras de un fin superior, la paz con ETA, que justificaría los desafueros de su mandato. Convencido de que su dominio de los medios de comunicación, la crisis del PP y el bienestar económico amortiguaría —como en cierta manera ocurre— los efectos de tan arriesgada cabalgada por la boca del volcán.

Su plan era muy sencillo y acababa de llegar a la Moncloa con un pan de oro bajo el brazo: la retirada de las tropas españolas de Iraq, dándole una sonora bofetada en el rostro al emperador Bush. El pequeño Bambi, con semejante audacia, se volvió fiero y se dotó dentro y fuera de España de una aureola de audacia y decisión, a la que él mismo añadió la teoría de su proverbial talante y de su inagotable buena suerte. Y con esas armas urdió su plan: pactar con los nacionalistas en Cataluña un Estatuto modélico para los nacionalistas del País Vasco, que enseñara a ETA la posibilidad de abrir en Euskadi una pista soberanista similar, con un nuevo Estatuto, para su aterrizaje en la vida democrática y con otras compensaciones añadidas —indultos, salida de presos, dinero, etc.— y, a partir de ahí, poner en marcha un Estado federal o confederal (¡lo que salga!), esa segunda transición, sin vigilancia franquista, de la que hablaba Otegi. Y todo ello burlando el marco legal y constitucional por vía de leyes orgánicas y pasando el cedazo del Tribunal Constitucional con la ayuda de magistrados afines al PSOE que con una “prevaricación de bolillo” darían luz verde al Estatuto catalán, al que ya habían recortado, algo, las alas en el pacto con el que Zapatero engañó a Artur Mas y a CiU en el fatídico sofá de la Moncloa, donde tantas veces se desmayó Rajoy.

De la necesidad de apoyos nacionalistas para Gobernar Zapatero hizo virtud, contra natura y legalidad, de un presunto Estado confederal para favorecer el final de la violencia etarra —ofreciendo paz por soberanía territorial, como en Palestina e Israel—, de lo que se desprendería su gran e histórico logro del fin de ETA, y un pacto de hierro con los nacionalistas, que dejaría arramblado al PP en su rincón, rumiando su rancio modelo español y al borde de la ruptura. Y, como la guinda de tan preciosa tarta nupcial entre PSOE y los nacionalistas, aprobaría la Ley de la Memoria Histórica, que enterraba los pactos de la Transición y hacía una nueva y justa lectura de lo ocurrido en la Guerra Civil.

Entierro de la Transición en todos los órdenes, en el de la convivencia histórica y el pacto territorial y autonómico de la Constitución, pero eso sí, salvaguardando el modelo partitocrático y parlamentario proporcional, que niega la verdadera democracia y prima el poder del aparato del partido, la suprema legitimidad de Zapatero. Quien, a sabiendas de las reticencias históricas, políticas y constitucionales de muchos dirigentes del PSOE, fue urdiendo la liquidación de los órganos de dirección del Partido Socialista y de los poderes locales y autonómicos de los barones de la Transición, Guerra, González, Ibarra, Bono, Vázquez, Leguina, Redondo, Simancas, etc.

Y éste es el proyecto y el plan que Zapatero quería llevar a cabo en sólo cuatro años: fin de la transición, reforma confederal del Estado, final de la violencia de ETA, pacto de hierro con los nacionalistas, y nuevo liderazgo populista en el PSOE. Y para llevar a cabo todo ello sabía que no podía contar con el PP, de manera que primero lo arrinconó con el Pacto del Tinell, y luego lo acusó de utilizar el terrorismo como arma política, que fue lo que hizo él en las elecciones del 2004 tras el atentado de Madrid, a sabiendas de que el PP no podría participar en una negociación con ETA en la que se iban a incluir concesiones de soberanía y territoriales, como la que ahora se perfila en Navarra de cara a la futura unión de esta comunidad foral con el País Vasco, para su posterior y conjunta independencia de España, tal y como lo pretenden los socios de Nafarroa Bai, que, a su vez, han pactado en Navarra con ANV/Batasuna, es decir, ETA.

La ETA que visto está no nació para luchar contra Franco sino contra la unidad de España, y que ha visto en la disposición plena de Zapatero la oportunidad de vestir su final de gran triunfo político presentándose ante los ciudadanos vascos como el artífice del nuevo Estatuto, del acercamiento de Navarra al País Vasco y la apertura de la puerta hacia la independencia de Euskadi, lo que supondría justificar su lucha armada, sus 800 crímenes —¡por la liberación de la patria vasca!—, y les permitiría llevar a los alteres de la política a sus dirigentes, como ha ocurrido en Irlanda del Norte con el Sinn Fein.

Una operación en algo parecida, pero marcando las importantes diferencias, como la que le ha permitido a la Esquerra en Cataluña ocupar poder y, a la vez, poner en valor su opción independentista, a costa de CiU. Motivo por el cual el PNV teme que, a medio plazo y si se alcanzan todos los objetivos de Zapatero, en el País Vasco también se podría articular un gobierno de PSE-Batasuna, similar al del PSC-ERC en Cataluña, que dejaría al PNV en la misma soledad en la que está CiU, y fuera del Gobierno e instituciones vascas.

El plan, que Zapatero ha querido cerrar a toda velocidad —y todavía insiste en ello— en la presente legislatura, para lograr en el 2008 la mayoría absoluta con el impulso del anuncio del fin de ETA, sigue en vigor a pesar del fin de la tregua y de la bomba de Barajas. Y, a lo más, quedará pendiente para la próxima legislatura, por lo que el PSOE debería ganar las elecciones que se acercan —adelantadas al otoño, o para marzo del 2008— con una mayoría suficiente sobre el PP, con el que ahora parece mantener un empate técnico, visto lo ocurrido en las elecciones municipales y lo que dicen los sondeos. A sabiendas Zapatero de que los populares no tienen hoy capacidad para pactar con los nacionalistas, sobre todo si no se avienen a admitir las cotas de soberanía que ya están plasmadas en el Estatuto catalán.

Y especialmente porque el Partido Popular, que ha vivido estos años sólo de los errores de Zapatero, ha sido incapaz de rehacer su electorado del centro, empeñado en permanecer en las teorías conspirativas del 11M, sin renovar los equipos de las mentiras y las guerras de Iraq y sin ofrecer a los ciudadanos una lectura inteligente y moderada de la alteración del orden constitucional que plantea Zapatero. De manera que el PP, al final, espera que los ciudadanos les den la confianza sólo porque Zapatero representa el mal nacional, y no porque el PP lidere un discurso democrático, centrado y moderado. Y para colmo de su posición, que no ha sabido ni ha querido renovar en estos tres años, los populares creen que ETA con más muertes les van a ayudar a conseguir un triunfo electoral, como les ayudó la bomba de Barajas en las municipales, lo que es una manera bastante fatalista por no decir macabra de esperar un triunfo electoral.

En el proyecto y discurso político de Zapatero abunda la de idea de que “nunca pasa nada”, y que los cambios constitucionales —por la puerta de atrás de leyes orgánicas—, la nueva forma confederal del Estado, y el pacto de hierro con los nacionalistas, o la revisión de la memoria histórica, no tienen importancia ni alterarán la vida ciudadana, sobre todo mientras la economía vaya moderadamente bien, como aún ocurre. Para el presidente, las ideas, las palabras, las leyes, los signos de identidad nacional son tabúes que fácilmente se pueden desmontar o alterar, y que todo lo demás es fruto del inmovilismo rancio de una derecha nacionalista e integrista que no está a la altura de la circunstancias, porque lo que prima y lo importante es la paz con ETA por encima de todo lo demás. Ésa es su apuesta y éstos son los argumentos que han defendido a ciegas sus fanáticos publicistas sin que nadie haya querido reconocer que lo importante no era la paz con ETA sino el precio del Estado confederal que se paga por ella, algo que ni siquiera ha sabido explicar el PP.

Puras no es más que el caballo de Troya del nacionalismo
ENRIQUE DE DIEGO minutodigital 19 Junio 2007

El gobierno y Zapatero son responsables de que ETA haya vuelto a las instituciones. Son responsables de que en Ondarroa los concejales electos no puedan tomar posesión por la coacción de los totalitarios.

Este gobierno ha consumido cualquier resto de credibilidad. Sólo se comunica con los ciudadanos mediante la mentira o a través de estrategias cortoplacistas de pura manipulación. Algunas tan toscas como las vulgares y desproporcionadas chorradas del ministro de injusticia.

Por supuesto, que el gobierno cedió ante ETA y, como sospechábamos y ahora sabemos, prometió entregar Navarra. Esa operación está en marcha. Fernando Puras no es otra cosa que el caballo de Troya del nacionalismo anexionista. Eso es una manifiesta obviedad, aunque Prisa lo vista de seda.

Así que cuando esa lumbrera política de Pepiño Blanco pregunta al PP si el apoyo al gobierno en la lucha contra ETA depende de si se deja gobernar a UPN, la respuesta debería ser sencilla. En mi opinión: por supuesto. Porque Navarra es la llave, porque Navarra es la clave de la ensoñación totalitaria, porque el PSOE no puede seguir jugando al todos contra el PP y luego pedir apoyo, porque el acuerdo más mínimo es que o UPN gobierne Navarra en minoría o que UPN y PSN formen un gobierno de coalición.

Ya dije que Zapatero no hacía otra cosa que, con la foto con Rajoy, buscar ganar tiempo y recibir un balón de oxígeno. Zapatero no es sabio, no es capaz de corregir errores, no varía el rumbo, lo suyo es una constante huida hacia delante. Hay tres líneas de las que no sale: aislar al PP, ceder a los nacionalistas y negociar con ETA. Y, como corolario, dividir a los españoles.

Otrosí: Un grupo de buenos amigos ha recopilado toda la información sobre mi libro ‘El manifiesto de las clases medias’ en la web el manifiesto de las clases medias.com

Enrique de Diego
Director del programa A Fondo que se emite todos los días de 8 de la tarde a 10 de la noche en Radio Intereconomía

Por los toros, contra el odio
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 19 Junio 2007

Hace un año, en las fiestas de Guadalajara me prometí a mí mismo no volver a una corrida de toros. Al escribirlo aquí también señalaba que jamás me convertiría en un antitaurino. Era una decisión íntima y personal, de alguien que ha sido un regular aficionado, apasionado en algunos tramos y, hasta que las piernas le dieron, entusiasta corredor de encierros en su Alcarria natal.

La reacción a aquello fue muy curiosa. Lo primero fue el respeto con que los “taurinos” la aceptaron. Lo segundo la campaña que me montaron, confundiendo mis intenciones y creyéndolo una especie de conversión , algunas asociaciones que me inundaron el correo de la misma misiva babosuela, con olor a secta integrista de “Niños de Dios” o algo así y con el manido argumentario de todos estos prohibicionistas de todo: de la caza con galgo, de la caza con halcón, de la caza a secas, de la pesca, de fumar, de rotular en castellano, de beber vino, de vender bailarinas gitanas en las ramblas y ahora en un tris de prohibir ser del Real Madrid y hasta ser simplemente de Madrid.

A pesar de ellos y a día de hoy sigo sin ir a una corrida . Pero después de lo de Barcelona me lo estoy pensando.

Hay gentes que son la nueva inquisición . Que pretenden imponer al resto una especie de integrismo progre, una especie de libro rojo de lo políticamente correcto, una verdadera dictadura en cuanto a usos, costumbres y forma de vida. Son como el cardenal Segura, allá en la Sevilla de post guerra que prohibía bailar agarrado.
Advierto en muchos de ellos que el interés máximo está muy claramente definido : lo que quieren prohibir es España.

Prohibir primero el idioma universal, luego Cervantes, después Quevedo, toda la historia común, devolver la Alambra a Al Quaeda , pedir perdón por Lepanto, hacer penitencia ante Chavez, Morales y Castro por haber llegado a América y, por supuesto, avergonzarse de la perseguida bandera nacional (lo de esos críos en Letonia tiene algo que ver con ese desprecio a la propia) y de cualquier cosa que pueda significar una identidad compartida desde Viriato pasando por Hernan Cortes, los Tercios, el Empecinado, Manuela Malasaña y todo aquel que ose mentarlos.

El fenómeno es general , porque si es difícil comprender que haya independentistas catalanes o vascos acérrimos nacidos ellos o sus padres en Murcia o en Salamanca, es aún más incomprensible que ello se produzca con igual virulencia en Sevilla, en otro de Zaragoza o Alcorcón. Pero se produce. El talibanismo progre se reproduce muy bien

Pero sin duda sus mejores caldos de cultivo son los lugares donde la mano del nacionalismo todo lo que signifique español significa algo odioso.

Porque esa es la clave del nacionalismo y lo que diferencia de quienes aman a su tierra. El nacionalismo no es amor sino odio. Así que lo que significa amar a Cataluña no es otra cosa que odiar al otro, a España. Amar al catalán significa extirpar al castellano, desterrar de Franfurk , que paletería , que manera de empobrecerse , a los escritores catalanes que escriben en castellano. Pero es que un día lo dijo muy clarito Carod: “Odio a Madrid”.
¿Se imaginan una expresión contraria?. Pero el nacionalismo tiene bula para el odio entre los progres. Es normal que nos odien.

Y soy español , pero no soy nacionalista, amo a mi tierra propia Castilla y a España pero lejos de odiar ni a Cataluña, ni a Galicia, ni a Euskadi tengo allí admiraciones y devociones. Ahora tristezas porque muchos de sus valores los están enfangando.

Lo de Barcelona el otro día tiene que ver tanto con todo esto como con los toros.
Se trata de arrancar de cuajo las señas de identidad que se suponen contrarias , pero resulta que para ellos hay que descuajar las propias racies , talar los propios mitos y hasta escupir sobre las canciones que se han cantado y con las cuales se ha amado y nos han amado.

Que eso paso cuando la nueva inquisición destruía con furia los discos de Serrat y de sabina por haber cometido el pecado de haber asistido a la corrida y haber aplaudido a José Tomas.

Porque eso les rompe un cliché que aparece más falso que un duro de madera. Los taurinos son unos “fachas” de la derecha extrema que se dice ahora. Y resulta que no. Que el mundo taurino esta desde siempre muy vinculado a la izquierda y hay tendido por san Isidro que son una cofradía de rojos . Toreros zocatos los hay a espuertas . Y de los mejores. Y en los tendidos aun se siente el aliento de Lorca, los pinceles de Goya o los trazos de Picasso. Todos unos “fachas” claro para estos nuevos torquemadas trufados de nacionalismo que tiene como seña máxima de identidad el odio por nosotros y todo cuanto nos representa .

INCLUSO EN LAS REUNIONES POSTERIORES AL ATENTADO DE LA T-4
Bernardino León fue uno de los interlocutores del Gobierno en la negociación con ETA
El Secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León, fue uno de los interlocutores que eligió el Gobierno para negociar con los terroristas de ETA, según revelan este martes los diarios El Mundo y ABC. La información señala que el número dos del ministro Miguel Ángel Moratinos participó en las reuniones de Ginebra, incluso en aquellas celebradas después del atentado cometido por ETA en el aparcamiento de la T-4 de Barajas y durante la pasada campaña electoral.
Agencias Libertad Digital 19 Junio 2007

Ambos diarios informan de que León participó en reuniones celebradas incluso después del atentado de la T4 de Barajas a fines de diciembre, en especial en algunas durante la campaña electoral de las pasadas elecciones. Según algunas fuentes citadas por El Mundo, León tenía una labor más bien técnica, centrada en garantizar las reuniones en otros países. Sin embargo, otras fuentes apuntan a una participación más activa, sobre todo en los momentos más críticos de la negociación.

También apuntan a que León habría informado directamente a Zapatero del resultado de los encuentros, mientras que Moratinos también estaría al corriente de los mismos. Según ABC, el número dos de Exteriores representó al Ejecutivo en un reunión con ETA celebrada en abril y en la que se abordó, entre otras cuestiones, la presencia de Acción Nacionalista Vasca (ANV) en las pasadas elecciones del 27 de mayo.

Horas antes de que apareciera la información en ambos diarios, el propio Bernardino León señaló a última hora de este lunes que él no participó en reuniones del Gobierno con ETA. En declaraciones a Europa Press, León negó "rotunda y tajantemente" que se reuniera, en nombre del Gobierno, con responsables de ETA, una información que, según dijo, es "una absoluta falsedad".

EN EL HIPERCOR DE bARCELONA
Se cumplen 20 años del atentado más mortífero de ETA
Una bomba colocada en el aparcamiento del centro comercial mató a 21 personas e hirió a más de 40
AGENCIAS | BARCELONA El Correo 19 Junio 2007

Hoy se cumplen 20 años del atentado más sangriento de la historia de ETA. El atentado del edificio Hipercor, situado en la Avenida Meridiana de Barcelona, supuso un giro radical en la forma de actuar de la organización terrorista ya que por primera vez todas sus víctimas fueron civiles y además fue indiscriminado.

ETA había colocado u treinta kilos de amonal y cien litros de líquido inflamable en unos bidones escondidos en el maletero de un Ford Sierra previamente robado, que estacionaron en la primera planta del aparcamiento de Hipercor. El coche bomba estalló a las 16.12 horas con un resultado de 21 muertos, entre ellas cuatro niños, y más de 40 heridos.

Fue en viernes, 19 de junio de 1987, poco después de las cuatro de la tarde, en el hipermercado Hipercor de Barcelona. En el establecimiento se hallaban un centenar de empleados y medio millar de clientes.

La mano negra de ETA
Sobre las tres de la tarde, uno de los miembros del comando hizo tres llamadas desde cabinas telefónicas, comunicando en nombre de ETA que tendría lugar una explosión en Hipercor entre las 15.30 y las 15.40 horas.

Miembros de las fuerzas de seguridad, junto a los vigilantes jurados del centro comercial efectuaron una inspección ocular pero no encontraron nada, por lo que decidieron no desalojar el edificio, al estimar que se trataba de una falsa alarma.
Sin embargo, hacia las 16.10 horas se produjo el estallido, que abrió un cráter en el suelo y un agujero en el techo, por los que pasó una ola de fuego que abrasó y asfixió a empleados y clientes.

Por este atentado fueron condenados Domingo Troitiño y Josefina Ernaga a penas que sumaban más de 1.600 años de cárcel. El ex dirigente etarra Santiago Arróspide Santi Potros y al antiguo miembro del Comando Barcelona, Rafael Caride Simón, fueron condenados a 790 años de cárcel por ordenar y ejecutar, respectivamente, la matanza.

Cataluña homenajea a las víctimas
Las víctimas del atentado de Hipercor afrontan el veinte aniversario de la mayor masacre de ETA como una oportunidad para agradecer el apoyo ciudadano y con la frustración de comprobar cómo la organización terrorista se ha quedado "estancada en el tiempo" y se mantiene activa dos décadas después.

Con motivo del 20 aniversario del atentado, la Generalitat catalana homenajeará por primera vez a todas las víctimas del terrorismo en un acto que contará con la presencia del presidente catalán, José Montilla, el presidente de la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT), Santos Santamaría, el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, y el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Veinte años perseguidos por el infierno
Las víctimas del atentado del Hipercor de Barcelona, que causó 21 muertos y más de 40 heridos, celebran hoy el vigésimo aniversario entre el dolor y el reproche a las instituciones por su desatención
MIGUEL PÉREZ/BILBAO EL Correo 19 Junio 2007

Hoy, a las 16.10 horas, hará veinte años que el infierno se abrió paso entre botellas de leche y bolsas de pan. Surgió, como un cuchillo vertical, desde el aparcamiento subterráneo del Hipercor barcelonés situado en la avenida Meridiana. Decenas de kilos de amonal y cien litros de líquido inflamable. Un coche-bomba de ETA. Uno de tantos. Una hoja de fuego. Partió el suelo. Partió el techo. Devastó la planta de alimentación. Barrió el parking. Se llevó los sueños de Silvia, de 13 años. También los de su hermano Jordi, de 9, al que siempre llevaba asido de la mano. Y los de su tía y otras 18 personas. Todos muertos. Silvia y Jordi soñaban esa tarde con el mar. Tía Mercé les acababa de comprar los bañadores que ese verano vestirían en la playa. Un bañador, durante la infancia, es el símbolo de la felicidad. Una escena tan ilusionante e inocente que resulta indecente mezclarla con amonal.

Antonio vivía cerca del centro comercial donde la banda terrorista cometió el atentado más cruento de su historia: 21 fallecidos y más de 40 heridos. Un día se marchó. Veía cada mañana el humo saliendo por las puertas del edificio, las víctimas ensangrentadas en las aceras. No lo soportó. Ayer se acercó hasta su antiguo barrio bajo la tormenta. Quería estar cerca de los damnificados de aquella barbarie del 'comando Barcelona', por la que fueron condenados Santiago Arróspide, 'Santi Potros', Rafael Caride Simón, Domingo Troitiño y Josefina Ernaga. «Todos los años, por estas fechas, vengo, paseo por la calle, me siento a tomar un café y pienso en quienes murieron y sus familias. Es mi manera de luchar contra el terrorismo como una simple noticia para convertirlo en un conflicto humano», subraya emocionado este asesor empresarial.

Como es su costumbre, la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT) celebró una misa ayer, de víspera. Fue el prólogo al tributo que hoy rendirá la Generalitat, con la colaboración del Ayuntamiento barcelonés y la propia ACVOT, al pie del monumento a las víctimas. El presidente catalán, José Montilla; el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba; el alcalde, Jordi Hereu, y el responsable de la asociación, Santos Santamaría, leerán los mensajes. El Govern pedirá unión contra el terrorismo y la ACVOT, además de agradecer el apoyo de los ciudadanos, reclamará «no bajar la guardia» ante ETA.

19 de junio de 1987. 16.10. «Las paredes se vinieron abajo, el techo, las estanterías Tirados en el suelo, cogí a mi mujer, a mi hijo y a una chica que era como una antorcha humana y empecé a tirar de ellos. Atrás oía gritos y lloros. A oscuras subimos a la planta textil, a nivel de calle. Al ver la claridad me derrumbé. La siguiente imagen que recuerdo es la de estar sentados en una placita, revisándole al niño para ver que no tenía heridas. Luego me di cuenta de que mi esposa tenía una y yo estaba lleno de cortes. A la muchacha se la habían llevado». José Vargas. 56 años. En los últimos veinte sólo ha entrado una vez en el parking del Hipercor, «y lo hice para llevar a un cámara de televisión. Es tan angustioso. Mi mujer, como buena 'navarrica', es dura, pero tampoco ha podido volver».

-¿Cuál es su principal recuerdo de aquel día?
-Mi hijo. Tenía dos años y yo pensaba: 'De aquí no salimos. Qué vida tan corta ha tenido el chaval'. Nunca hemos hablado del atentado, incluso a día de hoy. Nos superó.

-¿Y después?
-La indiferencia. De la Administración y de parte de la sociedad, aunque esto ha ido cambiando. Es muy duro escuchar de personas cercanas que prefieren no montarse ya en el coche contigo o no ir a comer a tu casa. A alguno yo le dije: '¿Qué piensas? ¿Qué la bomba de Hipercor me la colocaron a mí?'.

Buscados por detectives
De indiferencias saben bastante las víctimas. Rafael Güell, jubilado y padre de dos hijos, todavía no ha recibido las indemnizaciones correspondientes, aunque a diario recuerda aquellos cinco malditos minutos en que dejó a su esposa, Milagros Amés, introduciendo las compras en el coche mientras él subía a abrir la puerta de su oficina, justo al lado del supermercado. «Bajé en el ascensor y no pude ver nada. Oscuridad, tuberías rotas Me enviaron al hospital San Pablo y allí me dijeron que Milagros había muerto. Asfixiada, estaba cerca de la bomba». Recibió un telegrama de la Generalitat y otro del Ayuntamiento. «Desde entonces, ni una carta ni una llamada de una institución», musita.

Más de una treintena de afectados todavía pleitean con el Gobierno porque se niega a indemnizarles (en su día, fue condenado ya que una inspección ocular de la Policía, alertada por tres llamadas anónimas de ETA, no logró dar con el coche-bomba), mientras otros siete damnificados tampoco han obtenido las ayudas porque ninguna autoridad se ha encargado de buscarles. Ahora, el Ministerio del Interior se ha comprometido a realizar esa búsqueda.

Gracias a la colaboración desinteresada del gremio catalán de detectives privados, la ACVOT localizó en 2000 a 80 víctimas de atentados que no habían sido informadas de que una sentencia judicial les otorgaba una compensanción. Cuando el vicepresidente, Robert Manrique, llamó a una de ellas, una vecina de Huelva cuyo hijo resultó herido en la explosión de 1987, la mujer le espetó: «Usted es un hijo de puta. Usted no puede ser el carnicero del Hipercor porque el carnicero del Hipercor está muerto». Manrique le tuvo que enviar una foto. Luego, volvió a hablar con ella. Y la mujer, con sinceridad aplastante, le dijo: «A nosotros no nos falta un brazo ni una pierna. ¿Somos víctimas?».

El galeguismo de Vázquez en Roma
El ex alcalde de A Coruña y embajador de España ante la Santa Sede apoya una jornada del Instituto Cervantes en Roma para difundir y promocionar la literatura gallega.
MARCOS MOSQUERA La Opinión 19 Junio 2007

El ex alcalde y actual embajador de España ante el Vaticano, Francisco Vázquez, promociona la lengua y la literatura gallegas en Italia, a miles de kilómetros de A Coruña, donde proclamó orgulloso que prefería que sus hijos aprendieran inglés antes que gallego y donde lideró una infructuosa campaña judicial en defensa del topónimo de la ciudad en castellano. Vázquez inauguró ayer el Día de las Letras Gallegas en Roma, organizado por el Instituto Cervantes, que dirige su amigo y también coruñés César Antonio Molina.

El respaldo de Vázquez a esta iniciativa coincide con la firma del acuerdo de gobierno entre PSOE y BNG en A Coruña, que el embajador ha rechazado. Ese pacto recoge expresamente que el Ejecutivo local cumplirá escrupulosamente la Lei de Normalización Lingüística y creará el Servizo de Normalización Lingüística, dos demandas del Bloque aceptadas ahora por los socialistas.

Francisco Vázquez, que como regidor no convocaba actos institucionales con motivo del Día das Letras Galegas cada 17 de mayo, aceptó la invitación de la delegación romana del Instituto Cervantes para abrir la jornada en la Universidad La Sapienza de Roma. Por la tarde, en la iglesia nacional española de Santiago y Montserrat, Vázquez y el embajador de España en Italia, José Luis Dicenta, presidieron la lectura de fragmentos de obras de la poetisa Luisa Castro y de la escritora Marina Mayoral a cargo de las propias autoras. Después, como clausura, el cantautor Amancio Prada interpretó poemas de San Juan de la Cruz con la música con la que él mismo los acompaña.

Durante todo el día, la Universidad La Sapienza funcionó como una delegación de Galicia en Italia. Tras la presentación de la jornada presidida por el ex alcalde y embajador, se celebraron una conferencia sobre Rosalía de Castro, una mesa redonda sobre la lengua y la literatura gallegas, y la presentación de la traducción al italiano del libro Recóndita Armonia, de Marina Mayoral.

Como introducción a este Día de las Letras Gallegas en Roma, el Instituto Cervantes había organizado el día anterior un concierto de Amancio Prada titulado Galicia en el corazón en la iglesia San Pietro in Montorio. Al recital asistieron el embajador de España en el Vaticano y su esposa, María del Carmen de la Iglesia.

Con todos estos actos, el Instituto Cervantes en Roma pretende "presentarle al público romano un panorama de la lengua, la literatura y la cultura gallegas desde sus creadores clásicos hasta los contemporáneos" dentro de su objetivo de "difundir las lenguas cooficiales de España y su cultura", indicó la institución que divulga la cultura española en el mundo.

El «número dos» de Moratinos representa a Zapatero en las negociaciones con ETA
J. PAGOLA. MADRID. ABC 19 Junio 2007

El secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León, un diplomático forjado en el conflicto entre israelíes y palestinos, es el interlocutor que ha representado al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero en las reuniones mantenidas con ETA durante el «proceso de paz», al menos, en las celebradas los pasados días 14, 15 y 16 de mayo, que tuvieron como escenario Ginebra, según aseguran a ABC fuentes de la máxima solvencia.

Su condición de «número dos» de la Diplomacia española otorga a León una justificada razón para desplazarse en cualquier momento por el extranjero. Así, entre el 14 y el 16 de mayo estuvo en Ginebra sin llamar la atención, pese a que pidió a la representación española apoyo logístico para moverse con el suficiente margen de maniobra. La ciudad suiza ya acogió en 2005 los encuentros preliminares entre Eguiguren y «Ternera», trasladados después a Oslo. Precisamente Eguiguren fue uno de los representantes del PSOE que esos mismos días de mayo, y también en Ginebra, se reunieron entorno a la «mesa política» con una delegación de Batasuna encabezada por Otegi.

Enviado de la UE
Bernardino León Grosso es, desde hace al menos diez años, la mano derecha del actual ministro de Asuntos Exteriores. Cuando Miguel Ángel Moratinos -tras su breve paso por la Embajada de España en Israel en 1996- fue nombrado Enviado Especial de la Unión Europea para el proceso de paz en Oriente Próximo, lo primero que hizo fue ficharle como consejero personal. Ambos tuvieron un papel destacado en las negociaciones que palestinos e israelíes mantuvieron a finales de los años noventa a partir de la vía abierta en Oslo, bajo el auspicio de la UE.

Se da la circunstancia de que por aquel entonces ETA había relegado como referencia para su estrategia negociadora el modelo irlandés, por su estancamiento, y prefería imitar el ejemplo noruego, que había suscitado una euforia poco después frustrada. Hasta el punto de que desde HB se proclamaba a los cuatro vientos que «la izquierda abertzale tiene su Arafat -en alusión al equipo de interlocución de ETA- y ahora hace falta que el Gobierno encuentre su Isaac Rabin -en referencia al entonces primer ministro de Israel-».

La etapa de Moratinos como Enviado Especial para Oriente Próximo concluyó en 2003. Pero una vez nombrado por Zapatero máximo responsable de la Política Exterior española, rescató a Bernardino León de la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo para convertirlo en «número dos» del Ministerio. De 42 años de edad, y natural de Málaga, en junio de 1990 ingresó en la Carrera Diplomática tras licenciarse en Derecho. Antes de realizar labores de mediación en el conflicto de Oriente Próximo, estuvo destinado en las representaciones diplomáticas españolas en Liberia, Argelia, Grecia.

Bernardino León es considerado un diplomático ponderado, discreto, paciente y con cintura. Probablemente, el presidente del Gobierno se fijó en estas cualidades, pero sobre todo, en su condición de mano derecha de Moratinos y en su experiencia en el conflicto entre israelíes y palestinos, para designarle como su representante secreto en la «mesa técnica», la que, según la «hoja de ruta» propuesta en Anoeta, debe negociar «paz por presos». El «número dos» de Exteriores despacha personalmente con Zapatero para darle cuenta por vía directa de sus encuentros con ETA, aunque Moratinos está al corriente. A ello ayuda el hecho de que su esposa trabaja en La Moncloa, en el equipo de colaboradores formado por Sonsoles Espinosa. Al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se le supone puntualmente informado, aunque, como responsable de las Fuerzas de Seguridad, encargadas de combatir a los terroristas, queda estratégicamente al margen.

Pero con independencia de las virtudes negociadoras que ha podido observar en la persona de Bernardino León, también es cierto que desde un primer momento José Luis Rodríguez Zapatero ha querido dar al proceso de negociación con ETA un carácter internacional. De hecho, ha conseguido implicar a varios países de Europa, que se han prestado a blindar los encuentros entre el Gobierno y la banda, no sólo en lo referente a la logística, sino también en cuanto a aportación de «mediadores internacionales». Destaca el papel desempeñado por el Centro Henry Dunant de Suiza. custodio del único documento que recoge los compromisos a los que habrían llegado el Ejecutivo y la organización criminal, y que dieron paso a la declaración del «alto el fuego permanente».

Internacionalizar el conflicto
En ese afán de Zapatero por implicar a terceros países cobraría especial significado la labor encomendada a un diplomático del perfil de Bernardino León, que ha acumulado cualificados contactos en Europa. El deseo del presidente del Gobierno de implicar a terceros países encuentra receptividad en ETA, que desde siempre ha buscado la «internacionalización del conflicto vasco», con la pretensión de atraerse «observadores extranjeros», y escenificar así una negociación entre dos iguales.

Los tres encuentros de mayo se llevaron a cabo a instancias de la banda y a ellos acudieron precisamente «observadores internacionales». Al parecer, León también representó a Zapatero en la reunión mantenida con ETA en abril, que fue adelantada por ABC, en la que se abordó la presencia de ANV en las elecciones municipales.

Recortes de Prensa   Página Inicial