AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 23  Junio   2007

Institucionalizar la mentira y la deshonra
GEES Libertad Digital 23 Junio 2007

La cuestión antiterrorista de la mano del Gobierno de Zapatero ha sumido a España en un paisaje impensable hasta ahora. Cada día se hace más evidente la dependencia de un Gobierno occidental de las declaraciones, filtraciones y comunicados de una banda terrorista. Y cada vez se hace más evidente el uso del engaño y la mentira con el que ambos, ZP y ETA, han buscado manipular durante años a la opinión pública vasca y española.

Desde que inició el proceso de negociación –política, no lo olvidemos– con ETA, Zapatero ha colocado a nuestro país a rebufo de las decisiones y acciones de una banda de mafiosos y terroristas, en la que Otegi señala y Txeroki pega el tiro. Algo así tiene consecuencias, aunque Zapatero sea incapaz de verlas. Un Gobierno de un país democrático no puede mentir e ir a remolque de las revelaciones de un grupo terrorista y criminal, por lo menos si quiere seguir siendo ambas cosas, Gobierno y democrático.

En relación con lo primero, España se va hundiendo cada vez más rápido en un desgobierno progresivo; en la cada vez más intensa sensación de que los destinos de la nación no son regidos por sus gobernantes, sino por cualquiera capaz de chantajearles, con sus votos o con sus bombas. El espectáculo del ultimatum de Nafarroa Bai para acabar con el estatus de Navarra o del silencio acobardado del Gobierno ante las revelaciones etarras, ponen de manifiesto un hecho gravísimo; España se encuentra, por obra y gracia de ZP, a la deriva institucional y política que le dejan sus enemigos. Ha hecho de la deshonra nacional su actividad política principal.

En relación con lo segundo, cada vez son menos asombrosas, por repetidas, las noticias de engaño a los ciudadanos, de pactos políticos, jurídicos y penales con los terroristas. A espaldas del PP, del Congreso y de los medios de comunicación, Zapatero negocia con los asesinos de casi mil españoles. Y mientras lo hace, niega, miente, oculta y engaña. Y lo hace sin demasiado entusiasmo, y con cierta desgana. Incluso reivindica la mentira y el engaño como forma legítima de hacer política. Corrompe el sistema democrático hasta el límite, y hunde la práctica democrática en la inmoralidad absoluta cuando usa la mentira en relación con el futuro de los españoles y sus libertades.

¿Cuánto más puede aguantar una democracia a un Gobierno así? Hasta las próximas elecciones generales, tal y como se están acelerando los acontecimientos, el desgaste moral e institucional de España se acentuará cada día. El Gobierno de Zapatero surgió de las mentiras y la manipulación del 14-M, y desde entonces ha acelerado y profundizado en el engaño y la falsedad, la falacia y la ocultación, hasta límites insoportables para una nación democráticamente sana. Y a reufo de unos terroristas. Ha institucionalizado la mentira y la deshonra. De esta miseria habrá que levantarse en la era post-ZP.

La marioneta del ventrílocuo
JUAN MANUEL DE PRADA ABC 23 Junio 2007

FUE uno de los momentos más bochornosos del llamado «proceso de paz». Zapatero había proclamado con solemnidad que sólo iniciaría contactos con los etarras cuando se hubiera comprobado que habían desistido de sus propósitos criminales; también proclamó que el anuncio de esos contactos se haría en sede parlamentaria. Mintió alevosamente. Los etarras demostraron que no estaban dispuestos a desistir de sus propósitos criminales -siguieron extorsionando a empresarios, aprovisionándose de armas, incluso montaron un aquelarre en una campa en el que volvieron a vindicar la «lucha armada»- y Zapatero anunció el inicio del «diálogo»... en los pasillos del Congreso. Fue la suya una declaración fraudulenta, en la forma y en el fondo. Rehuyó la tribuna de oradores para evitarse la vergüenza de un debate en el que la oposición le habría recordado que no se daban las circunstancias exigibles para iniciar el «diálogo»; y creyó, con ese cinismo pueril de quien se aferra a la literalidad de la palabra dada para traicionar su espíritu, que la añagaza salvaba su promesa de anunciar dicho «diálogo» en sede parlamentaria. Pero más indecoroso que la forma elegida, medio de tapadillo o matute, fue el tono de su declaración, con expresiones en las que se aludía al «respeto a las decisiones de los ciudadanos vascos» y menciones constantes a las «cuestiones políticas», a las «las formaciones políticas de Euskadi», a la «la pluralidad política» y no sé cuántas politiquerías más, como si lo que se fuese a discutir en tales negociaciones tuviera una naturaleza «política», y no estrictamente criminal. Todo ello, por supuesto, aderezado con invocaciones a la «democracia», para que la pobrecita quedase bien rebozada de mierda.

La declaración era, en efecto, indecente. De su tenor se desprendía que las actividades delictivas de una banda de asesinos eran, a la postre, consecuencia de un conflicto político en cuya resolución el Gobierno respetaría un inexistente ámbito vasco de decisión. A una banda de asesinos se le castiga penalmente; y, en el caso de que el Gobierno considere que su disolución procurará beneficios tales a la sociedad que aconsejan una cierta magnanimidad en el castigo, se decretan medidas de gracia. Todo lo que exceda estas consideraciones es farfolla retórica; pero la farfolla retórica siempre esconde intenciones aviesas. A nadie en su sano juicio se le ocurriría afrontar la disolución de -pongamos por caso- una banda de pederastas invocando principios de pluralidad política o ámbitos decisorios de voluntad popular; en cambio, Zapatero, al afrontar la disolución de la banda etarra, introducía en su discurso tales elementos. Muchos pensamos entonces que tan incongruentes interpolaciones, así como el tono muy calculadamente ambiguo de la declaración, obedecían a un intento de no soliviantar a los nacionalistas, empeñados en dar solución a un fenómeno estrictamente criminal mediante vías políticas.

Pero nos quedamos cortos. Ahora nos enteramos de que aquellas indecorosas palabras de Zapatero habían sido en realidad pactadas con los etarras. El presidente del Gobierno se convierte así en la marioneta de un ventrílocuo criminal. Estábamos acostumbrados a que las declaraciones institucionales de Zapatero se resumiesen en un flatus voci; esta nueva revelación incorpora ribetes acongojantes a la certeza. ¿Es legítimo que las declaraciones institucionales de un presidente del Gobierno, en las que se compromete la voluntad popular, estén «consensuadas» con una banda de criminales? ¿Es legítimo que el presidente del Gobierno de un Estado soberano actúe como papagayo de un texto en cuya redacción ha participado una banda de criminales? No se cuestiona aquí la legitimidad de Zapatero para dialogar con criminales, sino para que el asunto de ese «diálogo» sea consensuado con ellos. A esto antaño se le llamaba alta traición. Da mucho miedo pensar que la voluntad popular esta representada por un individuo que pacta sus declaraciones institucionales con asesinos.

Recordaba el otro día con Rosa Díez la frase que Rutger Hauer le dirige a Harrison Ford, hacia el final de Blade Runner: «Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo».

ZP no sabe por dónde le da el aire
Ignacio Villa Libertad Digital 23 Junio 2007

Después del hallazgo este jueves de un coche de ETA con cien kilos de explosivos en Huelva, en las cercanías de la frontera portuguesa, nos quedamos con una certeza: al Gobierno español no sabe por dónde la da el aire. Es decir, nos encontramos ante un Ejecutivo desbordado por los acontecimientos. Ha ocurrido con el proceso de rendición, con el chantaje de De Juana Chaos, con la vuelta de Acción Nacionalista Vasca a los ayuntamientos, con el final real del alto el fuego etarra, con todas las revelaciones que los terroristas están haciendo desde su portavoz Gara y ahora con lo que puede ser el primer atentado de ETA después de estos meses de cesiones, concesiones y cobardías del Gobierno socialista con la banda terrorista.

La realidad es que después de escuchar estas últimas horas, después del hallazgo de Huelva, a los mandos de la lucha contra el terrorismo sólo se perciben maneras artificiales y socorridas para salir del paso. Pero por encima de todo lo que transmiten es desconcierto. Los cargos políticos no hablan de derrotar a ETA, no mencionan la clave de acabar con el terrorismo, no entran en el fondo de la cuestión. ¿Están satisfechos por lo ocurrido? ¿Les ha desconcertado? ¿Tienen ciertamente información sobre los planes de ETA? ¿Qué razones les lleva a decir que la trama terrorista no es tan fuerte como parece? En fin, en este caso preocupan tantas preguntas sin respuesta, pero especialmente preocupa ver cómo estamos ante un Ejecutivo que lleva tantos años cediendo ante los terroristas, que ha desmontado todo discurso político sobre la banda terrorista, que ha desactivado los diques que la democracia se había dado para frenar a ETA y que ha trabajado para destruir el trabajo que durante décadas habían realizado socialistas y populares en el País Vasco.

Han transcurrido veinte días desde el anuncio oficial del alto el fuego etarra, y desde entonces hemos visto a un presidente ambiguo y huidizo, a un Gobierno dialéctico pero que no responde al fondo de la cuestión y ahora a un Ejecutivo desbordado por las circunstancias. Están por todas partes superados. Los terroristas desvelando los pactos con el Gobierno, sin alto el fuego, al mismo tiempo manteniendo con ambigüedad que el proceso de rendición no ha concluido. Y ahora sin consistencia política ante la evidencia de que la banda terrorista ETA ha utilizado el alto el fuego para rearmarse y reorganizarse, para volver a las instituciones democráticas para sacar todo el dinero posible y especialmente han conseguido colocar al Gobierno entre la espada y la pared.

Zapatero está atado de pies y de manos. No sabe la que le puede venir encima y sigue con sus banalidades indefinidas e inconcretas. El presidente del Gobierno ofrece la imagen de un político bloqueado; como decía antes, no sabe por dónde le da el aire. Y eso en la lucha contra el terrorismo es lo más peligroso que puede ocurrir. Ciertamente los españoles nos sentimos más desprotegidos, más abandonados, más arrumbados que nunca por un Ejecutivo y por un presidente en fase terminal y que están pagando y lo van a seguir haciendo por una actitud cobarde y demoledora con la democracia como son los pactos con los terroristas.

Negociar con Bermúdez
Luis del Pino Libertad Digital 23 Junio 2007

"¿Es que vamos a tener que negociar con Gómez Bermúdez?"

Eso es lo que los representantes de ETA preguntaron a sus interlocutores del Gobierno Zapatero, reprochándoles a éstos la tímida actitud gubernamental en el tema De Juana.

De nuevo el olor del chantaje, siempre insinuado pero nunca explícito. Y, de fondo, el proceso de entrega de las estructuras del estado a la estrategia de ETA: desvela Gara que los representantes de Zapatero se comprometieron a que la cuestión navarra no fuera un problema y realizaron el ofrecimiento de adelantar las elecciones generales a octubre, después de lo cual la Ley de Partidos sería sustituida por otra nueva, a la medida de los asesinos encargados de sacudir el nogal del que Zapatero espera que caiga la nuez de una nueva mayoría. Conseguir cuatro años más. Como sea. Los cuatro años que ETA y su testaferro en la Moncloa necesitan para culminar el "proceso".

Un proceso en el que, como también revelan las conversaciones descritas por Gara, los únicos obstáculos son el PP y la AVT. En cuanto al PP, los movimientos ya están en marcha para neutralizar a los sectores que se oponen a la voladura controlada del Estado con esa carga de Goma2-ECO denominada "proceso de paz". Y por lo que respecta a la AVT, al menos nos cabe el honor, a los que decidimos apoyar la rebelión cívica puesta en marcha por Francisco José Alcaraz, de ver cómo esa rebelión ha logrado entorpecer la operación puesta en marcha el 1-M, hasta forzar a los actores implicados a variar su estrategia para los próximos meses. Sin esa rebelión cívica, a estas horas no habría ya posibilidad alguna de evitar que ETA, cautivo y desarmado el Gobierno Zapatero, consiguiera sus últimos objetivos militares. La movilización callejera ha servido, por tanto, para algo.

¿Es la ruptura de la tregua un movimiento táctico más, destinado precisamente a desactivar esa rebelión cívica? Con toda rotundidad, sí. Tal vez dentro de un tiempo tengamos oportunidad de ver transcritas, según como vayan los reajustes de fuerzas en el frente promotor del "proceso", las actas donde se acordó el texto de ruptura, igual que hemos conocido los tiras y aflojas vividos durante la redacción del texto de anuncio de la tregua.

ZP ante la UE y los etarras
Masoquismo
José María Marco Libertad Digital 23 Junio 2007

La semana política ha venido marcada por dos grandes cuestiones. Una, el serial de Gara, que sigue revelando la amplitud, la profundidad y la intensidad de las relaciones existentes entre el Gobierno de Rodríguez Zapatero y los etarras. Otra, la presencia y la actitud del mismo gobierno en el Consejo Europeo que pretende decidir el futuro Tratado de la Unión y por tanto la importancia de cada uno de los países en las instituciones europeas.

En cuanto a lo último, si a Rodríguez Zapatero le quedara un ápice de dignidad como español, es obvio que estaría peleando con los polacos por conseguir una mayor cuota de poder para los países de tamaño medio, como Polonia y España. No es así. Los socialistas, y en particular Rodríguez Zapatero, no soportan la idea de aliarse con lo que deben considerar despreciables ultraderechistas, como son los hermanos Kaczyński. Gentuza sin clase. Pero hay algo más que sectarismo ideológico y pijoprogresismo. Es la actitud de reverencia rendida de Zapatero y su gobierno ante los intereses de Francia y Alemania.

En la sumisión se adivina el pavor a contradecir a los amos. De hecho, a Rodríguez Zapatero lo han utilizado para que haga una parte del trabajo sucio en Polonia y ahora para que aplauda intereses contrarios a los de los españoles.

En cuanto a los etarras, ocurre algo parecido, aunque con connotaciones más siniestras. Rodríguez Zapatero abandona cualquier defensa del bien común y de los intereses de la nación para prestar su voz a los etarras. Eso es lo que hizo al exponer como propia una declaración previamente pactada con los terroristas. Una banda terrorista domina ahora la política española. Y va soltando una narración compuesta de verdades y verdades a medias ante las que el gobierno de España está indefenso, sin capacidad de maniobra. Pero con gusto, se adivina. Otro amo al que rendir pleitesía.

En los dos casos debe de haber un proyecto que justifique, para Zapatero, esta clase de acciones. En cuanto a Europa, se trata probablemente de seguir punto por punto la línea contraria a la mantenida por Aznar. En el segundo, se intenta derrotar para siempre a la derecha mediante una refundación de España que respalde la violencia política como instrumento legítimo.

Pero en el fondo de los dos asuntos late un masoquismo muy particular. Rodríguez Zapatero, como en general los progresistas españoles, tiene cuentas que saldar con su propio pasado. El acoso a la derecha es el signo principal de esta patología. Al parecer, resulta imposible de aliviar como no sea a costa de los intereses de España, o destrozando la convivencia pacífica y libre entre españoles. ¿Qué problema personal intentan resolver con este odio a su país? ¿Qué figura paterna se está buscando destruir con esta interminable sumisión a todo lo que sea contrario a España?

Por cierto que la oposición no tiene por qué postularse de médico o sanador del enfermo. Más bien está en la obligación de quitarnos de encima esta pesadilla.

La derrota de ETA
ROGELIO ALONSO/PROFESOR DE CIENCIA POLÍTICA EN LA UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS El Correo 23 Junio 2007

Fue quizá mi hijo quien me ha ayudado muchísimo en estos años. Pero ha sido desde luego la personita que en primer lugar me ha ayudado a enfrentarme a la realidad. Y lo más importante ha sido, y es, su mirada. Su mirada que interroga. Su mirada que pregunta. Y lo más importante ha sido, y es, saber responder a sus preguntas. Javier fue creciendo y me iba preguntando: dónde está papá, cómo ha muerto mi padre, quién ha matado a mi padre, dónde está el asesino de mi padre. Es difícil contestar a estas preguntas. He aprendido a hacerlo y desde luego la respuesta sigue estando pendiente en muchos casos. Pendiente como quedan muchos temas pendientes en esta sociedad por solucionarse. Y ojalá que un día, cuando Javier sea todavía un poco más mayor -Javier tiene ahora 11 años- y me vuelva a preguntar, yo sea capaz, y la sociedad sea capaz, de darle la respuesta a Javier que se merece. A Javier y a tantos huérfanos como ha dejado el terrorismo de ETA en este país».

Así concluía Ana Iribar el documental de homenaje a su esposo realizado diez años después de que ETA asesinara a Gregorio Ordoñez. Sus certeras reflexiones reflejan con sencillez las consecuencias sociales y políticas del terrorismo y cómo la consideración de éstas debe guiar siempre los esfuerzos de gobernantes y ciudadanos por la erradicación de la violencia. Oportuno resulta rescatarlas en el décimo aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, cuando muchas víctimas del terrorismo no están recibiendo las respuestas que merecen. A menudo se eleva retóricamente la categoría de las víctimas del terrorismo equiparándolas con héroes, recurso que, sin embargo, es utilizado para reclamar injustas renuncias de seres humanos particularmente vulnerables y necesitados de protección. Ese heroísmo con el que se destaca su comportamiento ensombrece derechos y justas reivindicaciones de quienes han sido victimizados por criminales que persiguen unos determinados objetivos políticos, minimizándose por tanto la dimensión política de las víctimas del terrorismo.

Del ineludible carácter político de las víctimas se derivan lógicas y necesarias reclamaciones que constituyen incómodas exigencias para quienes desean aplicar una impunidad inherente al 'proceso de paz'. Con esta engañosa terminología se ha buscado cobertura ideológica y social para la negociación entre el Estado y ETA en condiciones contrarias a las exigidas por el Congreso, irresponsable iniciativa cuyo éxito reclamaba la neutralización de uno de los frentes fundamentales en la lucha contra la banda, como es el de la movilización ciudadana.

Fue el asesinato de Miguel Ángel Blanco el detonante de un contundente desafío desde la sociedad civil que serviría para complementar una eficaz política antiterrorista basada en la firme aplicación de instrumentos políticos, policiales, sociales y judiciales contra ETA. La combinación de estas variables en torno al Pacto por las Libertades se tradujo en la más eficaz respuesta de nuestra democracia contra el terror, resquebrajando el mito de la imbatibilidad de ETA. Tan relevante victoria se logró a pesar de los esfuerzos del nacionalismo institucional por consolidar una narrativa en la que la derrota etarra era presentada como imposible con el fin de legitimar la negociación con terroristas. La desmotivación que dicho modelo generaba en una sociedad amenazada y forzada a negociar con quienes la coaccionaban fue contrarrestada por el sólido respaldo que la ciudadanía intimidada recibió desde un Estado obligado a presentarse como implacable. Los perversos efectos de la violencia sobre el tejido político y social hacían imprescindible ese posicionamiento que erigiera al Estado en modélico referente de aquéllos a los que injustamente se les reclamaban heroicidades.

Pero ni eran ni son héroes, sino seres humanos que a pesar del sufrimiento y la provocación siempre han eludido la venganza, confiando al Estado su seguridad y su derecho a la justicia, como recuerda Maite Pagazaurtundua: «Imaginemos lo que pasaría si en plena adolescencia los huérfanos de los asesinados por ETA que siguen viviendo en el País Vasco dejaran de asumir la regla no escrita del silencio y el disimulo. O si lo hubieran hecho los que quedaron huérfanos de niños y ya son adultos. Si no se hubieran contenido, estos jóvenes harían frente a los jóvenes rabiosos y violentos, en cualquier calle, porque los cachorros de ETA ponen carteles a la luz del día, se manifiestan y muestran sus emblemas de forma arrogante. Nos habríamos asimilado, entonces sí, a los estándares de los expertos internacionales en conflictos».

El 'proceso de paz' ignora tan determinantes factores que deben condicionar la respuesta antiterrorista de una sociedad democrática como la nuestra, en la que las violaciones de derechos humanos son responsabilidad de una organización terrorista y no del Estado, como ocurre en otros escenarios instrumentalizados con el fin de aportar coartadas a la negociación con ETA. Esa negociación todavía alentada por ciertos sectores se apoya en la marginación de las víctimas del terrorismo mediante la tergiversación de sus reivindicaciones para así limitar su relevancia. Con esa intención se defiende que las víctimas no deben condicionar la política antiterrorista de un gobierno, si bien no son éstas las interesadas en ejercer condicionamientos, sino más bien quienes les acusan de ello, pues las reclamaciones de aquéllas aluden simplemente al cumplimiento de la legalidad, exigiendo tan sólo que ésta no quede supeditada a cambiantes voluntades políticas.

En consecuencia, y como escribía Reyes Mate para la Fundación Alternativas, «la justicia a las víctimas pasadas es la condición necesaria para una política futura sin violencia», pues «la justicia a las víctimas no es sólo un problema moral, sino también político». Sin embargo, los partidarios del 'proceso de paz' niegan esa justicia a las víctimas propugnando su doble victimización al anteponer a los criterios jurídicos decisiones políticas arbitrarias. Enaltecen además a los victimarios sobre las víctimas, negándoles a éstas un papel activo en el 'proceso de paz' a la vez que se reclama todo lo contrario para terroristas legitimados como 'interlocutores necesarios'.

No es ése un mecanismo eficaz de resolución de conflictos, sino un método de instaurar gradualmente el olvido en una sociedad para la cual la memoria constituye un arma fundamental en su combate contra ETA. La negociación al margen de las instituciones democráticas propugnada por el Gobierno español y el nacionalismo vasco transforma sutilmente la realidad del terror, pues el terrorista logra finalmente lo que persiguió mediante el asesinato de Gregorio Ordóñez, Fernando Buesa y otros representantes políticos, esto es, la deslegitimación del sistema democrático. Por ello, la enorme injusticia que define la negociación con ETA alienta irremediablemente la perpetuación de una coacción convertida en eficaz por quienes son responsables de su contención, como revela la vuelta de ETA a las instituciones.

En esas circunstancias, imposible resulta la «erosión mediante la deslegitimación social» del «discurso totalitario» de ETA que Josu Jon Imaz reclamaba recientemente. Así es porque, si bien el presidente del PNV aseguraba que «nunca» aceptará «el más mínimo avance del autogobierno vinculado a la presión de la violencia», la negociación expone lo contrario: quienes han desafiado violentamente el autogobierno son eximidos del respeto a los procedimientos democráticos, deslegitimándose así a quienes fueron asesinados por defenderlos, favoreciéndose por tanto el desistimiento de la sociedad. Vacía de contenido queda esa aparente firmeza cuando la coacción obtiene el rédito de la cesión fruto del miedo, como corrobora la reciente actuación del nacionalismo al constituirse los ayuntamientos.

Ante el temor a convertirse en objetivo terrorista, algunos nacionalistas han reconocido la injusticia padecida por quienes vienen sufriendo durante décadas una intolerable privación de derechos y libertades precisamente por no compartir su ideología. No obstante, ante la amenaza contrasta la resistencia de unos con la sumisión de otros. Semejante desigualdad, que fortalece al totalitarismo debilitando seriamente la democracia, debería llevar al nacionalismo y a quienes desde el socialismo han mimetizado su fallido modelo de negociación a comprender que el diálogo con ETA es incompatible con la indispensable contestación social en la que debe sustentarse una derrota del terrorismo posible e irrenunciable.

Próximo ya el décimo aniversario del espíritu de Ermua, puede recordarse que, durante unos días, la unidad frente al terror trascendió ideologías antes de que el nacionalismo sucumbiera a la tentación de una contraproducente negociación con ETA luego replicada por el socialismo. En aquellos días la imprescindible derrota de ETA que las víctimas merecen y que la sociedad necesita dejó de ser especulación.

La aldea oficial
Laura Campmany ABC 23 Junio 2007

Nos dicen, como a Jordi, que tranquilos, con expresión profunda y tono equilibrado. Si España se despliega y emulsiona en un largo menú de identidades, si los que nos escriben la Historia a trompicones -Roviras, Ibarretxes y aledaños- la meten en su máquina del tiempo, que lava, aclara, escurre y centrifuga, tampoco es para tanto. Si ella misma se da por liquidada, ni el sol sale de noche, ni se caen las paredes, ni llueven sanguijuelas, ni el tiempo se bifurca. Sólo ocurre que graznan y se citan los cuervos. Cuando un país no tiene alma para quererse, la vida no le sirve para nada.

Eso opinan algunos. Que, como nada somos, podemos reinventarnos. Y creen que en ese viaje les sobra una palabra. Creen que ser numerosos y tener un legado que abarca varios siglos de intercambio y memoria no es más que un tosco fardo, retórica, hojarasca. Se piensan que saldrán de su agujero, desde su conseguida aldea oficializada, y hallarán una sombra de embajada por cada encrucijada de su pueblo. Que estarán a la par que otras naciones en cultura, comercio, desarrollo y potencia, y que en las camas donde vibra el mundo el tamaño es lo último que cuenta.

Después de cuatro lustros de didáctico exilio, ni se me pasa ya por la cabeza decirle a un extranjero que no soy española, sino más bien murciana o madrileña. Soy todas esas cosas, pero procuro serlo de forma que lo poco no adelgace lo mucho, ni lo grande se burle de lo menos. Cuando alguien se me acerca con su pelo de aldea y me explica que España lo subyuga y asfixia, yo ya ni me molesto en llamarle insensato. Hago como que es cierto y me encojo de hombros. ¿Cómo explicarle a un burro que dos y dos son cuatro?

ZP y las Juventudes hitlerianas
Federico Quevedo El Confidencial 23 Junio 2007

Hace unos días un importante cargo del ministerio de Educación afirmaba, sin pudor alguno, que no pasaba nada porque la educación en valores, que hasta ahora estaba en manos de la Iglesia, pasase a depender directamente del Estado y que, es más, era aconsejable que así fuera. Hombre, yo no se en que mundo viven la ministra Cabrera y su segundo, Alejandro Tiana, pero que yo sepa los tiempos en los que el Estado encargaba a la Iglesia la educación de los niños y adolescentes, es decir, la dictadura, quedaron atrás hace más de treinta años y ahora, gracias a Dios, tenemos una Constitución que establece en su artículo 16.1 que “se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley”, y en su artículo 27.3 afirma que “los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

Es decir, hasta ahora –porque a partir de ahora esto vuelve a cambiar-, la educación en valores dependía de los padres, que son los que deciden qué principios morales quieren transmitir a sus hijos. Y digo que a partir de ahora, o a partir del mes de septiembre, esto vuelve a cambiar, porque por arte de la injerencia política en la vida de las familias ahora resulta que el Estado se arroga el derecho y la obligación de educar en valores a nuestros hijos. ¿En qué valores? Este es el problema, pues aunque algunos de los voceros mediáticos de Rodríguez se empeñen en decir que Educación para la Ciudadanía es una asignatura en la que sólo se va a estudiar la Constitución, el propio Ministerio se ha encargado de desmentir semejante estupidez con una propuesta curricular que incluye mucho más que el simple estudio e interpretación de nuestra Carta Magna y que, incluso, la desborda en la interpretación de nuestra propia cultura y modelo de convivencia. Y la desborda hasta el punto de evidenciar con absoluto descaro el verdadero objetivo de esta asignatura, que no es otro que el de formar jóvenes en la nueva ‘religión’ oficial, al más puro estilo de los peores totalitarismos.

La propuesta, que nace de la confluencia de opiniones expresadas por educadores de la Carlos III y la Fundación CIVES dirigida por el diputado socialista Victorino Mayoral, la persona que está ‘formando’ –por llamarlo de alguna manera- a nada menos que 600 profesores para impartir esta asignatura, se fundamenta en la idea, expresada ya por Rodríguez Zapatero en muchas ocasiones, del patriotismo constitucional, un baúl de sastre en el que cabe todo a partir de las teorías del filósofo alemán Jürgen Habermas, y que viene a definir la patria no como una demarcación geográfica vinculada al origen familiar, sino como el acuerdo de “unos valores cívicos y las normas de comportamiento y convivencia para vivir en paz y respeto a los valores diferentes, siempre que no entren en contradicción con los comunes”. Esto no es más que puro multiculturalismo, un proyecto de nueva sociedad basado en la negación del pluralismo y el reconocimiento de cualquier tipo de anomalía social como algo que debe elevarse a la categoría de obligada aceptación general. El origen intelectual de esta nueva filosofía social está en el marxismo, y desde ese punto de vista resulta del todo aborrecible, y pretender imponerlo a los padres y a los alumnos como obligatorio es absolutamente antidemocrático.

De lo que estamos hablando aquí es de algo muy grave, porque afecta a las libertades fundamentales de los individuos –la libertad de conciencia, de pensamiento, de elección, de religión... etcétera-, que se van a ver mermadas y coartadas por un Gobierno decidido a convertir a los jóvenes y adolescentes en adultos uniformados por el pensamiento único. El modo en que la ministra Cabrera y su segundo, Alejandro Tiana, han amenazado a los padres que se están acogiendo al derecho de objeción de conciencia raya con las actitudes más dictatoriales, propias de dirigentes políticos que demuestran un absoluto desprecio por la democracia y por la libertad de los individuos. No exagero nada, es más, me quedo corto en mis apreciaciones, porque es tan sutil y subrepticio el modo en que se pretende el control de las conciencias, que incluso se admite que se pretende hacer esto bajo el eslogan de “formar conciencias libres”. Pero, perdónenme señor Mayoral, y señor Tiana, y señora Cabrera y, sobre todo, señor Zapatero, ¿quién les otorga a ustedes categoría de formadores de conciencias? No serán los padres quienes se la otorgan, o al menos no todos los padres. Tendrán ustedes la obligación constitucional de permitir a los progenitores que decidan si quieren o no poner a sus hijos en manos de sus educadores para que los formen en su concepto de libertad.

Con esto no quiero decir que haya que oponerse a que a lo largo de toda la etapa escolar los alumnos deban aprender determinados valores cívicos, que van desde el comportamiento adecuado, a las normas de circulación, hasta el aprendizaje de los derechos y deberes que la Constitución reconoce para todos los ciudadanos de este país. Pero esa es una materia transversal, sobre la que debería hacerse más hincapié a lo largo de toda la trayectoria escolar en distintas asignaturas, principalmente aquellas de Humanidades a las que, curiosamente, este Gobierno ha restado importancia en los nuevos currículos adaptados a la LOE. La prueba de que la nueva asignatura va más allá y pretende convertirse en un vehículo de adoctrinamiento es que el PSOE ha hecho desaparecer del campo de la Humanidades otras como Filosofía o Ética, esenciales si se quería que nuestros jóvenes tuvieran una formación adecuada en la historia del pensamiento. Filosofía y Ética se han concebido siempre como un ejercicio de reflexión sobre lo justo y lo bueno, lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal... Mientras que el fundamento moral de la nueva asignatura es el de la aceptación de todo con la única limitación negativa de la violencia. Y eso es un principio tan amoral como el de la propia violencia utilizada para conseguir fines políticos, ideológicos, sociales o económicos. Por eso la única alternativa es la objeción de conciencia, y el Estado tiene la obligación moral –y legal- de reconocerla.

Yo sí creo a Gara y a ETA
Alejandro Campoy Periodista Digital 23 Junio 2007

Estoy cansado, y mucho, de la eterna cantinela de Pepito, López Garrido, Fernández de la Vega y demás según la cual no se puede dar crédito a lo que publica el diario Gara en nombre de ETA, simplemente porque ellos son terroristas y el Gobierno de la nación es inmaculado y sin pecado concebido. Estoy tan cansado que ya no les puedo creer ni una sola declaración más.

Comencemos el repaso. Sr. Pérez Rubalcaba: ¿no fué usted uno de los primeros en otorgar credibilidad al Sr. D. Arnaldo Otegui cuando la misma mañana del 11 de Marzo de 2004 convocó a los medios para declarar que no contemplaba "ni como hipótesis" una autoría etarra de la masacre de Atocha? ¿Resulta que entonces el "hombre de paz" decía la verdad, no, canalla? ¿No fué usted el que pomposamente proclamó que "los españoles merecíamos un gobierno que no nos mienta, que nos diga siempre la verdad", el 13 de marzo de 2004?. ¿Cuando va a ingresar usted en prisión, Sr. Farsante?

Sr. López Garrido: no ya falta de verguenza, de dignidad y de la más mímima ética y moralidad es lo que pone usted de manifiesto, sino una caradura y una mendacidad que hacen imprescindible que sea usted retirado lo antes posible de la vida pública, pues el daño y el mal que continúa haciendo es tan terrible que ya se trata de una cuestión sanitaria, en la que el cuerpo necesita la extirpación de algunos quistes que amenazan con infectarlo por completo. Verá usted: resulta que como estoy en mi perfecto derecho de hacerlo, yo creo lo que afirma ETA y publica Gara totalmente, y en cambio no le creo a usted ni una sola palabra. Y usted no puede tocarme mi sacrosanto derecho a creerme lo que me de la real gana.

Sra. Fernández de la Vega: lo mismo que al señor de los bigotes. Ni usted, ni el Santo Padre de Roma pueden impedir que yo me crea lo que se me antoje, y por esa simple razón no me creo ni una sola palabra de las que salen de su boca, mientras resulta que tengo por completamente ciertas las publicaciones del diario Gara. Si son falsas, ¿a qué esperan para adoptar medidas penales inmediatas y cerrar ese diario?. Está usted "presuntamente" complicada en una trama criminal de alta traición.

Sr. Pepito: lo suyo no tiene nombre ya, y casi prefiero ignorarle por completo. Sólo le indicaré como sugerencia que se busque un retiro tranquilo, donde pueda acabar su existencia lejos de este "presunto" crimen de estado en el que usted ha sido cómplice, el cómplice estúpido para más inri, y sepa que el papel de tonto en todas las tragedias es el más miserable y el que más caro se paga.

Sr. Fernandez Bermejo: ¿realmente le sale tan a cuenta subirse a última hora en un barco que se hunde o es que es usted tan rematadamente estúpido como su colega Pepito?

Sres. Conde Pumpido y Garzón: repito lo dicho; creo a pies juntillas todo lo que está manifestando ETA a través del diario Gara, por lo que de demostrarse en el correpondiente juicio la veracidad de todo ello, entiendo que ustedes deberían acabar "presuntamente" en prisión, que es donde deseo verles lo antes posible.

Y por último y más importante: Sr. Rodriguez Zapatero: empiece a repasar el final de la carrera política y de paso, el final de la biografía vital de su ex-colega italiano Cretino Craxi, porque seguramente encontrará allí muchos elementos a considerar sobre su inmediato futuro. Y como muy bien le sugirió en una ocasión D. Luis del Pino en un artículo, empiece a informarse de la lista de países con lo que España no mantiene tratados de extradición. Pero cuente en cualquier caso con que terminará rindiendo cuentas a la justicia, no sé aún de qué manera, pero lo hará tarde o temprano.

Unidad... ¿para qué?
Fernando Savater, www.bastaya.org 23 Junio 2007

Que la unidad básica de los principales partidos constitucionalistas (es decir, los que representan a la inmensa mayoría de la ciudadanía española) resulta fundamental para llevar a buen término la derrota del terrorismo es algo de lo que bastantes hemos estado convencido desde hace mucho. O sea, que no necesitamos ahora que nos lo griten al oído como si fuésemos sordos quienes hasta hace poco predicaban contra el indeseable “seguidismo” que uncía al PSOE con el PP en el siempre fastidioso camino de la sensatez. Pero claro, una cosa es la unidad democrática y otra que los ciudadanos de este país debamos imitar en sus hábitos suicidarios a los lemmings, esos unánimes roedores que por mor de la armonía social se tiran todos a una desde un acantilado al mar. Vayamos todos juntos, y yo el primero, por la senda constitucional pero siempre que no se utilice esa conjunción de voluntades para ocultar los errores políticos cometidos en el pasado –de cuya responsabilidad política no disculpa la buena intención, que sólo tiene efectos morales- y sobre todo para enredar a todo el mundo en nuevas equivocaciones que confirmen, prolonguen y agraven las cometidas en el pasado que aún no se han reconocido. No se trata de pedirle a Zapatero que se haga el hara-kiri, como pretenden los extremistas (en caso de apuro, con la dimisión basta), sólo sencillamente que admita la necesidad de rectificar si no el pasado –eso lo dejaremos para la próxima Ley de Memoria Histórica- al menos los pasos futuros en la lucha antiterrorista. Porque ese debe ser el objetivo y no ningún otro: acabar con el terrorismo liquidando a ETA. En cuanto ésto se logre vendrá la paz, no la de los cementerios ni la de la rendición a ideas inconstitucionales, sino la de la polémica política, incómoda y a veces agria pero incruenta. Afortunadamente, parece que ahora todo el mundo se apunta ya a la idea de que debe haber vencedores y vencidos, siendo ETA la que ha de perder para que todos ganemos la libertad. Algo vamos progresando…

Los hinchas mediáticos progubernamentales tratan de convencernos de que la ruptura por ETA de la tregua que nunca existió demuestra que el Gobierno no hizo concesiones políticas a la banda. Hombre, es cierto que las truculentas acusaciones de “alta traición”, “rendición” y otras semejantes resultan exageradas, hasta el punto de que a veces –sobre todo cuando se hicieron de modo anticipado a los acontecimientos- terminaron minando bastante la credibilidad de los críticos. Pero que hubo concesiones, imprudentes concesiones, indebidas concesiones, resulta evidente: lo único que demuestra la ruptura de la tregua es que no fueron suficientes para lo que deseaba el equipo terrorista. ETA es como otras fieras de mejor índole: se la puede rendir por hambre, pero si se la alimenta a poquitos se le despierta a cada bocado un apetito más voraz. La fundamental concesión política fue admitir (al principio en cuanto acabase la violencia y después ya aunque no acabase del todo) que habría una segunda mesa para reinventar junto a los demás partidos pero fuera del parlamento la nueva hegemonía nacionalista en el País Vasco. En esa mesa es obvio que debía hablarse de política, es decir, de la política que conviene al nacionalismo radical porque de la otra, de la que nos conviene al resto de los ciudadanos ya se habla en el parlamento. Y a lo largo del verano de 2006 se mantuvieron contactos con los portavoces etarras (uno de ellos público, la célebre entrevista de los líderes socialistas con Otegi y sus comisarios de armas tomar: ¿acaso ese reconocimiento como interlocutores “normalizados” no es una concesión política?). Por lo que ahora se ha sabido y publicado (pero ¿desde cuando se sabía todo esto? y ¿por qué si se sabía no se publicaba?), estos encuentros culminaron en una reunión en Loyola, durante el mes de septiembre, en la que se acordó un borrador de trabajo político entre los socialistas, Batasuna y un reticente Josu Jon Imaz llegado a última hora. Después ETA subió la apuesta –ya se sabe, el apetito de la fiera- y todo se fue al traste. Pues bien: ¿por qué no se publica ese borrador? Si no se hicieron ni se pensaban hacer concesiones políticas, ese documento es la mejor forma de demostrarlo. A ver, que aparezca el borrador y que sepamos de una vez de qué iba a ir la mesa de partidos… Por cierto, en ese mismo mes de septiembre tuvo lugar el akelarre encapuchado de Oiartzun, con cientos de convocados vitoreando a ETA,cuyo video educativo hemos podido conocer hace poco. Y a pocos kilómetros, San Sebastián en pleno festival de cine lleno de periodistas que por lo visto acababan su período de vacaciones…

Sacar ahora a relucir estos trapos sucios no es afán de enturbiar las felices aguas de concordia entre Gobierno y oposición. Pero la necesaria unidad no consiste en que la oposición renuncie solemnemente a “obstruir” la política del Gobierno (como parecen creer la SER e Iñaki Gabilondo), sino en que el ejecutivo se replantee los errores de una trayectoria que ha fracasado en sus objetivos y ha tenido por efecto indeseado revigorizar a ETA. Y a tal fin es imprescindible replantearse el escenario político de la lucha antiterrorista, como hacía el Pacto por las Libertades. Todavía se siguen repitiendo tranquilamente sobre este documento fundamental dos mentiras: que en su redacción original estaba cerrado a la adhesión de los otros partidos y que en él hay aspectos que obligan a renuncias ideológicas a los nacionalistas democráticos. Ni lo uno ni lo otro: y si no, que nos señalen el párrafo rechazable (recientemente, un necio citaba la mención a no utilizar la lucha antiterrorista como arma política –en la que más o menos todo el mundo está de acuerdo- como argumento en contra del pacto, con el pretexto de que no se ha cumplido…¡viva la lógica!). Porque no sólo hay que derrotar a ETA, sino también a las falsas hegemonías y al nacionalismo obligatorio impuesto a su resguardo. El final de ETA debe significar una oportunidad igualitaria para todas las opciones políticas, no un blindaje compensatorio del nacionalismo reinante. El cual ya vuelve a torcer el gesto ante el acercamiento PSOE-PP, como siempre ha hecho y a protestar por que se retorne a “fórmulas del pasado”, es decir, a la insumisión ante lo para ellos inevitable de su eterno predominio. Lo de siempre: repudio de la violencia pero miramientos y resguardo interesado a los violentos. ¿Hasta cuándo seguiremos así? Menos mal que los prebostes insisten en decirnos que “la sociedad vasca” luchará a pecho descubierto contra ETA, como luchó contra otras tiranías del pasado, por ejemplo la dictadura de Franco. Pues vaya, sin duda bastantes vascos se han enfrentado a la opresión, pero la sociedad, lo que se dice la sociedad…si la sociedad vasca muestra la misma fiereza contra ETA que mostró contra Franco, tenemos terrorismo para el próximo siglo y medio.

De modo que está muy requetebién que Zapatero y Rajoy cierren filas cuando amenaza tormenta contra el crimen organizado y sus legitimadores políticos. Repito: contra los criminales y sus legitimadores, porque con luchar sólo contra los primeros y tratar de complacer políticamente a los segundos no se consigue nada. En cuanto a los demás, que no tenemos responsabilidades directas con los asuntos públicos, nos costará un poco volver a hacer manitas con quienes tantos cuentos y tantas falsas razones han repartido durante la no menos falsa tregua: en las radios, en las columnas de los periódicos, en las televisiones. Pero de eso hablaremos despacio y sin tapujos otro día.

Los fraudes del PSN
AURELIO ARTETA, www.bastaya.org 23 Junio 2007

Seguramente nada ayuda tanto a pervertir la democracia, nada que fomente más el creciente escepticismo de la ciudadanía hacia la vida pública, como el comportamiento de los partidos políticos. Antes y después de las recientes elecciones, la deplorable conducta del Partido Socialista de Navarra podría ser prueba de ello.

Esa obcecada negativa a despejar la incógnita sobre la coalición de gobierno en la que su partido entraría, esa oscuridad nunca aclarada sobre los pactos futuros..., ha resultado una enorme burla. Fue lo que alimentó esas sospechas ante las que luego fingieron escandalizarse y que, al fin, a lo mejor se cumplen... El aludido se defendía diciendo que a él le bastaba con explicar su propio programa, sin dar pábulo a otras cábalas. Pero ni el más tonto ignoraba que, dada la improbable mayoría suficiente del ganador, lo que se estaba dilucidando era la coalición gubernamental en ciernes y que sólo el PSN podía imprimirle un signo u otro. Y las razones para esto o aquello es lo que se ha hurtado a la deliberación pública. En cuanto llenaron su bolsa de votos, los partidos se convirtieron en traficantes secretos en busca de otros traficantes.

A muchos, a todos cuantos identifican democracia como un mero mercado político, les parecerá un modo inteligente y hábil de comportarse por parte de un candidato a presidente de gobierno. Así lo haría el tendero deseoso de no perder o de ampliar su clientela, el empresario que no enseñara sus cartas por miedo al posible provecho de los competidores. ¿Por qué no ha de ser eso “perfectamente legítimo” también en el caso de un político? Pues no, mire usted, a ver si empleamos bien las palabras. Eso es sólo legal, porque no constituye un delito; pero es ilegítimo desde un punto de vista democrático, porque así se traiciona la misión primera de los partidos: la de contribuir a formar la voluntad popular, no a engañarla.

Es que ni la democracia debe ser un mercado ni los candidatos unos vendedores de mercancías políticas, aunque hagan todo lo posible por parecerlo. Los candidatos son aspirantes a representar a los ciudadanos, no a sus propios partidos. Y mal pueden elegirse representantes si los electores no están informados de las intenciones de gobierno de sus candidatos. La virtuosa protesta de respeto por parte del Sr. Puras, como si ocultar sus planes respondiera al deseo de no condicionar el voto popular, sólo podía dirigirse a una ciudadanía disminuida. No está bien que quien pretende encabezar el gobierno comience con un burdo engaño a los gobernados.

La perversión de este pilar del proceso democrático, a saber, la elección de representantes, se verifica ya en el cómputo de puestos públicos obtenidos. ¿Cómo sabremos cuántas papeletas se depositaron el día 27-M gracias a la confusión a que se indujo a tantos ciudadanos? Conviene preguntar cuántos sufragios habría ganado el PSN en caso de haber dejado claro que su propósito, si fuera preciso, era el de apoyar a UPN para formar una mayoría gubernamental. Y, al contrario, cuántos habrían perdido si hubieran anticipado esas veleidades de constituir un gobierno de progreso con los ardientes defensores de ANV, o sea, de los cómplices de ETA. (Háganse las mismas preguntas a propósito de Nafarroa-Bai y a ver qué responden).

En realidad, esos políticos nos solicitaron un cheque en blanco, un voto de confianza a ciegas que demostraban no merecer. En estas condiciones, ¿quién les puede pedir cuentas de su conducta posterior?, ¿acaso se les podrá reprochar algo? Ellos han renunciado por adelantado a su principal cometido en un régimen representativo: el de responder de sus actos ante sus conciudadanos. Hagan lo que hagan durante su mandato, bien hecho estará, porque tampoco se comprometieron a nada ante sus electores. De suerte que, más que defraudarnos a nosotros, están defraudando de raíz el sentido de la función que van a desempeñar.

Pero antes de las elecciones y después. No hay que aguardar a que el PSN se incline en una u otra dirección para que nos defraude más cada día. El mero hecho de que lleven tanto tiempo (desde Urralburu hasta nuestros días) oscilando en esa perplejidad, ya es un signo penoso de falta de principios. Que ahora sean muchos los partidarios de un arreglo con el conglomerado nacionalista, revela su contumaz ignorancia de la naturaleza del nacionalismo vasco. Ya que no otra cosa, que procuren al menos ser un poco congruentes: no parece el mejor modo de preservar el estatus institucional de Navarra -capítulo central de su programa- aliarse con la coalición que se propone expresamente (Zabaleta dixit) modificar ese estatus a partir del primer año. Y si se encaminan hacia la alianza contraria, como tantos les pedimos, que recapaciten antes de exigir nada menos que la presidencia de gobierno. Pues en tal caso tendrían que transformar el viejo lema “un hombre, un voto” en otro nuevo que dijera “el voto al PSN vale por dos”. Sería demasiado.

De la quema al ahogamiento de libros
EDITORIAL Libertad Digital 23 Junio 2007

La primera víctima de la falta de libertad suele ser un simple e inocente libro. Todos los que la cercenan o han tenido la intención de hacerlo a lo largo de la Historia la han emprendido con el papel impreso. La lógica es tan sencilla como siniestra: destruyendo el libro cree el censor que destruirá al autor y, lo que es más importante, a las ideas que defiende. Los que utilizando tan sólo la palabra escrita se oponen pacíficamente a un estado de cosas determinado, saben a lo que se atienen cuando el dedo de la intolerancia les señala. En el pasado, y no sólo en la Alemania nazi, muchos fueron los libros que terminaron en la hoguera por las más peregrinas razones, y en algunos casos los pirómanos consiguieron en su delirio llevar a la pira a los autores de los mismos, que es, a fin de cuentas, de lo que trataba toda la ceremonia.

Civilizados al fin en el viejo continente de tan bárbara costumbre, la práctica de destruir libros sigue siendo habitual en nuestro mundo. No es extraño que ciertos países islámicos algunos libros considerados impíos compartan lumbre con las banderas de Estados Unidos o Israel, y muchas dictaduras del tercer mundo, sorprendidas por lo ineficaz de su censura, tomen el camino de en medio ordenando la destrucción de títulos improcedentes, desobedientes o, simplemente, demasiado incorrectos para el gusto del autócrata. Nos consuela pensar que esto sólo sucede donde la civilización occidental termina y que aquí vivimos a salvo de una tentación tan humana como la de querer callar al disidente.

Sin embargo, no hemos de irnos muy lejos ni en el tiempo ni en el espacio. En Barcelona, esta misma semana, en la televisión que financia el ayuntamiento de la ciudad, asistimos a un obsceno espectáculo en el que el presentador, Joan Barril, un periodista muy de izquierdas, se regodeaba ante un libro que habían metido en un cubo de agua a modo de escarnio para el autor. El libro es “El camino hacia la cultura”, el último de César Vidal, historiador y colaborador de Libertad Digital, que está cosechando en las librerías de toda España un gran éxito de ventas y, por lo tanto, de lectores. Quizá por eso el director del programa, el mismo Joan Barril, decidió “ahogar” el libro. O quizá porque su autor, el polifacético Vidal, hombre de múltiples saberes, cuente con la aceptación de un público masivo. O quizá porque ni el autor ni el libro en cuestión sean del agrado de Joan Barril.

O quizá por una mezcla de todo lo anterior, a lo que habría que sumar la impotencia del mediocre ante la merecida celebridad de un escritor con talento que no está, bajo ningún concepto, dispuesto a pasar por el aro. César Vidal y su fecunda obra escuecen a los políticamente correctos, envenenados por el hecho de que alguien les lleve la contraria y, para colmo, tenga éxito. Por ahora todo lo que pueden hacer es ahogar un libro suyo en un cubo de agua para regocijo de la audiencia y de los propios integrantes de un programa que se dice cultural. Tan cultural, tal vez, como la revolución de Mao, en la que, parafraseando a Heinrich Heine, se empezó liquidando libros y se terminó liquidando a los que los habían escrito.

ETA humilla a ZP
Xoán Xulio Alfaya Periodista Digital 23 Junio 2007

Hispanidad
Viernes, 22 de junio de 2007

Los terroristas consideraron que el presidente del Gobierno no cumplía sus promesas y decidieron romper la tregua. La policía sospecha que el coche con los 100 fue una demostración de fuerza y que la banda atentará ahora desde Portugal. La preocupación de Moncloa es doble: que ETA asesine o que, al menos, consiga expandir por España que ZP es un mentiroso. Un reportaje de A-3 TV hunde la moral del PSOE. El mundo económico le da la espalda al presidente del Gobierno, y la figura del presidente comienza a verse como represiva. Sin embargo, los Migueles insisten en que ETA está obligada a pactar con ZP, pues no pueden hacerlo con el PP.

Durante la mañana del viernes, el tema de conversación en ambientes socialistas no era la edición del jueves del periódico pro-etarra Gara, sino el reportaje que sobre el mismo realizó A-3 TV en el telediario que presentó Matías Prats en la tarde-noche de ese mismo día. El canal de Planeta fue alternando las informaciones del diario vasco y demostrando dichas aseveraciones con imágenes del propio presidente del Gobierno.

Por ejemplo, el canal afirmaba que una de las peticiones de los negociadores etarras era que el propio presidente afirmara en público que el pueblo vasco tenía derecho a decidir su futuro. De inmediato, aparece en pantalla el presidente para “obedecer” los requerimientos acordados… incluso antes de vencer el plazo exigido.

La banca, a cambio de no atentar, incluso llegó a exigir que ZP hablara de “accidentes mortales”. Pues bien, aunque luego advirtió que fue un lapsus, ZP habló de “accidentes mortales”, en lugar de atentados.

En definitiva, la preocupación en el Gobierno y en el que Partido que le sustenta es que ETA está humillando a su líder y/o le está haciendo quedar como un embustero… y no se sabe lo que es peor.

De postre, la banda afirma, siempre a través del mismo diario, que existen actas de las reuniones en manos de intermediarios internacionales. Sólo faltaba que los representantes del Gobierno las hubiesen firmado.

Y es que ETA rompe la tregua cuando se convence de que el Gobierno está jugando con ellos. ZP está muy acostumbrado a hacer promesas que luego no cumple. Pro ejemplo, el prometió a Artur Mas que sería presidente de Cataluña y luego resultó que Montilla le hizo incumplir su promesa. Además, con unos asesinos, mentalmente inestables, como son los etarras, el juego de la ambigüedad se vuelve más peligroso. Es más, los dos grandes asesores de ZP, Miguel Barroso y José Miguel Contreras, especialmente el primero, tienen convencido al presidente de la siguiente idea: “ETA sabe que tiene que negociar contigo, porque con el PP no llegaría a ningún sitio”. Pero aún intentando razonar el análisis de unos seres tan poco razonables como los terroristas, lo cierto es que en ETA han vuelto el argumento por pasiva: “Nosotros tenemos que negociar contigo y tu tienes que negociar con nosotros. Y si no, te hundiremos”.

Eso es, justamente, lo que está haciendo ahora la banca: dejar a ZP como un mentiroso y situarle en el escalón más bajo, en cuanto a prestigio público, de toda la legislatura. ETA está humillando a ZP y le está situando al borde del abismo.

Algunos en el PSOE, por ejemplo el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se han dado cuneta de ello, peor otros, como los Migueles o el propio ZP, siguen creyendo que ETA está obligada a negociar con ellos, al igual que CiU o el PNV están obligados a entenderse con el PSOE.

Por otra parte, la policía sospechar que ETA está ya preparada para atentar desde Portugal en lugar de hacerlo desde Francia. Es más, en la policía sospechan que el coche cargado con 100 kilos de explosivos en el fronterizo de Ayamonte no era más que una demostración de fuerza.

Otro asunto que preocupa en el PSOE es el alejamiento de la clase empresarial respecto a ZP. A pesar de las cifras de crecimiento y de creación de empleo, a pesar de que el cuadro macroeconómico funciona, los empresarios se alejan cada vez más de un presidente en quien no confían.

Y todavía existe un punto más peligroso para la imagen socialista. La sociedad empieza a percibir en el Gobierno socialista una obsesión por prohibir que roza el ridículo. Por ejemplo, la vicepresidenta primera del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, ha pedido a los directores de medios informativos un Protocolo para informaciones sobre violencia de género.

Cómo se debe informar acerca de la violencia de género. Por ejemplo, a la representante más relevante del lobby feminista le molesta mucho que salgan testimonios de personas que alaban la actitud habitual de un maltratador. El maltratador, a no ser que sea mujer, es, antes que nada, el mayor de los miserables, y los medios informativos deben dejarlo muy claro. Naturalmente, en el futuro protocolo no se hablará ni una sola palabra sobre los abusos constantes contra los varones provocados por la ley contra la Violencia de Género, y en especial las denuncias falsas sobre violencia contra la mujer, para conseguir una situación de ventaja en separaciones y divorcios.

El protocolo anunciado el vienes 22 es una muestra más de esta política represiva: del vino, el tabaco, la conducción etc. Con la guerra de Iraq se hundió la figura de José María Aznar, que empezó a verse como un belicista. Ahora, el ZP del diálogo y el talante corre el peligro de comenzar a ser visto como una legislatura represiva. Por ejemplo, el mundo empresarial sigue resistiéndose ala imposición del número de consejeras que deben entra en una empresa, y los partidos políticos reniegan, aunque por no ser políticamente correcto lo hacen en privado, de la paridad en las listas electorales. Prohibir y ordenar, ordenar y prohibir.

En cualquier caso, a hora lo que más importa en Moncloa, aunque el CIS asegure que el terrorismo no el asunto que más preocupa a los españoles, es que ETA no humille más al presidente y de que, en resumen, no está ETA quien decida las próximas elecciones Barroso es muy conciente de que si un acto terrorista, el 11-M. les dio la victoria electoral en 2004, otro acto terrorista, esta vez no islámico, sino etarra, se la puede arrebatar.

AVISÓ A LA BANDA DE QUE FRANCIA NO ERA "SEGURA"
El Gobierno ofreció a ETA la legalización de Batasuna después de la T-4
Un representante de Zapatero se reunió con ETA en el mes de marzo, tres meses después del atentado de la T-4, según revela Gara. En el encuentro el Gobierno habría ofrecido a la banda terrorista la legalización de Batasuna-ETA y una declaración de Zapatero de "distensión bilateral" a cambio de un comunicado en el que "no se pide un desarme", sólo "seguir sin atentados". El Gobierno dijo a ETA que estaba haciendo gestiones para que Francia liberase a un negociador etarra detenido días antes y les advirtió que este país "ya no es seguro". Gara reproduce la carta que envió ETA a Zapatero en febrero.
Libertad Digital

El diario proetarra Gara sigue desvelando los detalles de las negociaciones del Gobierno con la banda terrorista durante el proceso de Zapatero. Las últimas revelaciones se refieren al encuentro mantenido en marzo, justo tres meses después del brutal atentado de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas en el que la banda asesinó a Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate.

Pese a que la declaración de Zapatero en la que decía suspender los contactos con los terroristas, las negociaciones siguieron. En esta ocasión el Gobierno redujo a una sola persona la delegación, que según Gara reconoció a los etarras que se debía a "razones de seguridad relacionadas con la necesidad de mantener discreción absoluta después de la declaración pública de ruptura del proceso". Dice el periódico que la reunión tuvo lugar "en un país cercano a Euskal Herria" y con presencia de un "moderador internacional".

Según esta información el Gobierno acudió a la reunión con un solo objetivo: "lograr un nuevo comunicado de ETA que suponga un compromiso firme y claro de renuncia a los atentados". El principal reproche del Gobierno a los terroristas es que el atentado no se lo esperaban y cercenaba "el margen de acción de La Moncloa". Tal era el interés en conseguir ese comunicado que su enviado llegó a aclarar textualmente a los terroristas que "no se pide un desarme, pero sí seguir sin atentados". A cambio ofrece una declaración de Zapatero "en términos de distensión bilateral, legalizar a la izquierda abertzale y reactivar la búsqueda del acuerdo político".

Además, de acuerdo con lo publicado con Gara, el Gobierno lleva una segunda oferta a los terroristas: "si la izquierda abertzale corrige los estatutos del nuevo partido inscrito (Abertzale Sozialisten Batasuna) para adecuarlos más a la Ley de Partidos, y si garantiza además que no habrá atentados, el Gobierno dice que abrirá negociaciones en los dos carriles: político y militar".

En todo momento, dice Gara, los terroristas recuerdan al delegado del Gobierno "los compromisos consensuados en 2005", en las negociaciones en las que se pactó el falso alto el fuego y en los que se acordaba "un acuerdo político" como base del proceso. En este sentido, resulta muy significativo como Gara destaca que cuando el representante del Gobierno dice que éste "tenía un diseño para recorrer el proceso, y que el primer criterio era someterse siempre a la Constitución y la ley" y ETA le recuerda que esto no entraba en lo acordado, desde el enviado de Zapatero "no hay réplica". Es más, al exigir ETA que el "acuerdo político" sea el "punto cero" del "proceso", según Gara desde el Gobierno se dice que "se puede modificar el esquema" y que esta no "será una dificultad insalvable".

El Gobierno se queja ante los terroristas por el atentado de la T-4 y estos le reprochan las detenciones de varios etarras los días previos a la reunión. Pero dice Gara que "el tiempo consumido en reproches mutuos no es mucho" y "en la recta final de la reunión, ambas partes parecen coincidir en que se puede volver a intentarlo, y en que para ello es necesario lo que el moderador define como acuerdo de no agresión. No hay consensos más allá de estas dos cuestiones asumidas desde ambos lados de la mesa. La reunión ha servido para retomar el contacto y poner en marcha un nuevo intento que se llevaría a la práctica pocas semanas después, en el mes de mayo".

Un día antes de la reunión fue detenido en Francia el etarra Jon Iurrebaso, que formaba parte de la delegación terrorista en las negociaciones. Esta fue la principal queja de los terroristas al Gobierno y la respuesta no deja de ser sorprendente: En primer lugar el interlocutor de Zapatero admitió "en tono preocupado" que la detención "no allanaba el camino del proceso", además, añade Gara, calificó las detenciones de "accidente, según la terminología establecida en el acuerdo entre ambas partes de 2005". Pero lo más significativo es que "asegura que Madrid ha hecho gestiones ante París para liberar al delegado".

Por si fuera poco, el Gobierno avisa a ETA de que Francia ya no es seguro. "Al contrario de lo que ha ocurrido en las reuniones celebradas tras el alto el fuego permanente, en setiembre o en diciembre de 2006, el Ejecutivo del PSOE asegura ahora que Francia no garantiza seguridad".

Por último, según Gara, al final de su internveción el enviado de Zapatero se sincera con los terroristas, "quiero hablar claro" les dice, y reconoce que la detenciones que se habían producido en Guipuzcoa, días antes de la reunión, en las que se desarticuló a un grupo de terroristas, que sengún informó el propio Gobierno estaban listos para matar, eran "consecuencia de la T-4".

CARMEN GURRUCHAGA EN LOS DEBATES DE PERIODISTA DIGITAL
«Por estar en contra de este proceso nos dijeron fachas»
La periodista Carmen Gurruchaga publicó hace un año “El fin de ETA”, donde "contaba ya todo esto que está pasando. A mí me da rabia que Gara tenga más credibilidad que el Gobierno, pero en este momento la tiene".
“MARÍA ANTONIA IGLESIAS UTILIZA EL ATAQUE AD HOMINEM”
Periodista Digital  23 Junio 2007

Carmen Gurruchaga publicó hace un año “El fin de ETA”, donde “contaba ya todo esto que está pasando. A mí me da rabia que Gara tenga más credibilidad que el Gobierno, pero en este momento la tiene”.

Según la periodista vasca, “si el Gobierno saliera ahora en el Congreso a desmentir lo que ha publicado Gara no le creería nadie. Al presidente lo que le conviene es agacharse, ponerse una gabardina y que pase el chaparrón”. Se queja la analista política de que “por estar en contra de todo este proceso éramos unos fachas”.

Una vez pasado ya este oasis conocido como alto el fuego de ETA, Gurruchaga desvela a Periodista Digital que “había gente dentro del propio partido, como Ramón Jáuregui, que no estaban de acuerdo cómo se estaba haciendo esto. Otro, Txiqui Benegas. Pero Zapatero prefirió escuchar a un personajillo como es Eguiguren”.

La columnista de La Razón, que sigue en el punto de mira de la banda terrorista ETA, asegura que “el hecho de que a mí me hayan puesto una bomba no me inhabilita a mí para hablar de ETA”. Además, Carmen Gurruchaga afirma que en el tiempo que duró la tregua no modificó sus medidas de seguridad, “porque Interior nos aconsejó que no lo hiciéramos”.

No me queda otro remedio que confiar en el Gobierno y en la Fuerzas de Seguridad del Estado.

“LOS PERIODISTAS DEL PAÍS VASCO SON AUTÉNTICOS HÉROES”
Así de contundente, y sin temor a caer en tópicos, la periodista vasca analiza la labor que están desarrollando sus compañeros en el País Vasco. Ella, a consecuencia de los contínuos ataques y la presión ejercida por los terroristas y su entorno, tuvo que abandonar su tierra en compañía de sus dos hijos, adolescentes entonces.

Los periodistas del País Vasco son auténticos héroes.
En el caso de que esta pesadilla terminase mañana, Gurruchaga declara que "sin lugar a dudas volvería al País Vasco a vivir, porque yo vine aquí ya mayor y dejé todos mis afectos allí. Es muy complicado porque toda tu vida afectiva la tienes allí."

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