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Recortes de Prensa     Domingo 24  Junio   2007

Mentira de Estado y despotismo
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 24 Junio 2007

HUBO un tiempo felizmente superado en el que la denominada «razón» de Estado permitía la impunidad de políticas subterráneas cuyo conocimiento se hurtaba a la opinión pública en función de una suerte de despotismo ilustrado según el cual los gobernantes trabajaban «para el pueblo pero sin el pueblo». Ya no hay «razones» de Estado que valgan para justificar la opacidad gubernamental cuando ésta encubre la negociación con los terroristas en la que se ven afectados los derechos individuales y colectivos de los ciudadanos y de la sociedad. En democracia ningún Gobierno tiene legitimidad para transigir en interlocuciones políticas con delincuentes, por más que se apele a la necesidad de hacerlo para así terminar con las acciones criminales.

Las reglas en democracia son muy claras: a los que infringen el Código penal -lo hagan invocando razones políticas o de cualquier otra naturaleza- se les detiene y se les juzga como mandan la Constitución y las leyes. El Ejecutivo carece de facultades para eludir la vigencia de las normas o distorsionar el funcionamiento del Estado de Derecho, y si lo intenta -como lo está haciendo Rodríguez Zapatero en el que llama «proceso de paz» con la banda terrorista ETA- está incurriendo en una gravísima responsabilidad política, moral y, acaso, también jurídica.

Y siendo grave -extremadamente grave- esa responsabilidad, lo es aún más la instalación en el sistema político español de la mentira de Estado, es decir, de la persistente, arraigada y torpe decisión gubernamental de ocultar a la opinión pública la puntual información de su comportamiento en el proceso de negociación con la banda terrorista del que el órgano oficioso de los delincuentes está dando cuenta, confirmando informaciones publicadas por este y otros medios y de las que se deduce una alarmante extralimitación gubernamental en la disposición de sus facultades, a tal punto de incurrir en una clara desviación de poder.

El Gobierno no ostenta -tampoco su presidente- el derecho a mentir; ni el de eludir la verdad con el silencio, ni mucho menos el de escudarse en desmentidos genéricos y rutinarios desdeñando con una prepotencia impropia de un régimen de libertades la función que corresponde al entero sistema mediático. Ningún otro gobierno en democracia ha mostrado tanto desprecio al derecho colectivo de la sociedad a saber la verdad sobre una cuestión capital para su convivencia. Ningún otro gobierno ha mostrado tanta altivez en su relación -en su ausencia de relación- con los medios de comunicación. Ningún otro gobierno ha blasonado de una actitud más desafiante y soberbia hacia los profesionales de la información que éste presidido por Rodríguez Zapatero.

Cuando la banda terrorista, el pasado 5 de junio, dijo que rompía el «alto el fuego permanente» declarado en marzo del pasado año, avisó de la apertura de «todos los frentes». Semejante expresión no se refería sólo a la comisión de atentados; se refería también a otra forma de intentar destruir al Estado, mediante las revelaciones del comportamiento de un presidente inmaduro y éticamente indigente que ha quedado atrapado en la tela de araña de unas negociaciones de naturaleza política -ya no hay duda de ello- en las que estaba dispuesto a pagar precio político -y lo ha venido abonando-, hasta que las exigencias de los delincuentes han escapado del ámbito de sus facultades.

El encarcelamiento político de Rodríguez Zapatero en sus compromisos con la banda terrorista ha llegado a tal extremo que ha quedado a merced de sus revelaciones, cada una de la cuales va dibujando la personalidad de un presidente entre incauto y visionario, entre ingenuo y banal, que -atenazado por una iluminación cesarista- ha interiorizado que el «proceso de paz» dispone de una vida propia, de una inercia imparable, y al que los «accidentes» -es decir, los atentados- y la mismísima ruptura de la tregua no le impedirán alcanzar el mágico objetivo de una paz que debe llegar «como sea».

Cuando un dirigente como nuestro presidente queda poseído por la convicción de su misión redentora llega a arrogarse el derecho a mentir. Y en esa tesitura estamos, sin que valga el paliativo de ampararse en la naturaleza siempre repugnante de un medio de comunicación cuya misión esencial consiste en la portavocía de la banda terrorista. El tal diario no puede ser creíble cuando ETA anuncia una tregua o cuando la rompe y dejar de serlo cuando relata con pelos y señales la negociación de sus patrones con el Ejecutivo español, más aún cuando el periódico de ETA ratifica versiones informativas obtenidas por medios dignos, rigurosos y contrastadamente creíbles -próximos o alejados del Gobierno, que de todo ha habido- y que la hierática vicepresidenta primera o el atolondrado secretario de Estado de Comunicación se dedican a desmentir con más voluntad que acierto.

Rodríguez Zapatero es -políticamente hablando- un déspota, es decir, una persona que abusa de su autoridad y cultiva una concepción democrática cínica en la que -como en una moneda- una faz muestra su adanismo y la otra su determinación irresponsable de alcanzar sus propósitos arteramente. A los déspotas les falta fondo cívico y ético, del que presumen con frecuencia justamente porque carecen de él. La vaciedad de criterios solventes -y éste es el caso- conduce siempre a la arbitrariedad, que es la forma de expresión política de los déspotas y que consiste en «el proceder contrario a la justicia, la razón o las leyes, dictado sólo por la voluntad o el capricho», según precisa definición del DRAE.

De tal manera es así que puede contrastarse en la cuestión terrorista, pero siendo la arbitrariedad presidencial común en los demás asuntos de la gobernación, desde la también cuestión territorial («Zapatero nos engañó a todos los catalanes». Jordi Pujol. ABC 17/06/07) a la política exterior, pasando por las viscosas iniciativas atinentes a la «memoria histórica» o las descaradas intervenciones en operaciones empresariales, sin olvidar la innoble manera de usar y tirar a correligionarios y colaboradores que interesan mientras son utilizados y a los que no se les rescata -todo lo contrario- del fracaso al que él con frecuencia les conduce.

Los déspotas creen, en su arbitrariedad, que pueden disponer a su criterio de la modulación del sistema democrático y, además, hacerlo taimadamente, con nocturnidad y alevosía, sin explicaciones ni dación de cuentas a la ciudadanía, que es tratada -en una regresión histórica sin precedentes- como un conjunto de súbditos a los que no correspondería el derecho a la libertad de expresión que se traduce en el derecho a conocer lo que sus gobernantes hacen y deciden. Los déspotas, además, se adjudican aduladores académicos como el mediocre politólogo Philip Pettit, que ha venido a nuestro país para «evaluar» a Rodríguez Zapatero, al que ha otorgado un sobresaliente no sin apostillar que con él España «es un modelo para las democracias avanzadas». No sabíamos que la teoría del «republicanismo» de este escritor incluyese como mérito, precisamente, la mentira de Estado que practica su aventajado alumno.

La ETA, concha del apuntador
ANTONIO BURGOS ABC 24 Junio 2007

DISPONGO de la exclusiva mundial de una información de la agencia Morancos Press sobre los intríngulis del abandono del coche del triquitraque de la ETA en Ayamonte. Pueden ustedes tener por más que cierto lo que sigue: estos mamones no iban precisamente a comprar toallas a Vila Real de San Antonio.

Los corifeos de las feísimas nekanes suelen mitificar la estética de los que no tienen más ética que el tiro en la nuca. Como no sea la estética de lo cutre... Lo hallado por la Guardia Civil en las bolsas de ropa que llevaban los etarras en el Ford Focus debe de ser tan sudado y guarro como lo hacinado por un pobre viejo solitario con síndrome de Diógenes en la mugre de su piso. Todo lo perteneciente o relativo a la ETA está en el polo opuesto de cualquier grandeza. ¿Pues no que aseguran que estos asesinos de los comandos estivales, Canción del Verano de la Muerte, se van a instalar o se han instalado ya en el Algarve...porque allí los pisos francos les salen más baratitos? ¿A que después de tantos paños calientes por parte del Gobierno, de tanta tregua del Estado de Derecho y de tanto trincar la tela de la ANV en los ayuntamientos va a resultar que estamos ante la ETA de los Veinte Duros, ante los asesinos del Todo a Cien?

¿Y lo de la camiseta de la selección española de fútbol? ¿Dónde me dejan que entre lo abandonado en el Juannaja de Levante esté una camiseta de la selección española? ¡Qué falta de confianza en lo propio! Así que en Venezuela están los jugadores internacionales de fútbol que trincan de la Federación Española divirtiéndose con la Selección Vascongada de la Señorita Pepis, con sus camisetas verdes y su pancarta de «Somos una nación. ¡Oficialidad!», y van estos tiparracos y se enfundan en la gloriosa elástica roja de Zarra, de Panizo y de Piru Gainza. Menos oficialidad y más seriedad. Como lo de las gafas de bucear que les han encontrado. ¿Usted se cree que es serio que unos etarras asesinos vayan por ahí con gafas de bucear y bañadores de las rebajas? ¿Llevaban también palitas y cubitos para jugar en la arena estos mamones? La de películas de Alfredo Landa ligando suecas en Benidorm que han tenido que ver estos tiparracos, como para creerse que vamos todavía a la playa como en tiempos de la canción del verano de Los Payos: coge tu sombrero y póntelo, vamos a la playa calienta el sol, chiribiribí, pompompompóm.

Bueno, pues estos tíos tan cutres, esta ETA de los Veinte Duros, estos horteras de las gafas de bucear y la camiseta de La Roja, esta ETA modelo Gran Hermano, es la que tiene Zapatero en la concha del apuntador, para que sepan ustedes con quién nos estamos jugando los cuartos del Estado. Gracias al aire que le ha dado el Gobierno con su Tolerancia 100 a los asesinos de la T-4, lo que era la ETA de los Veinte Duros se ha puesto por lo menos de Elena Benarroch, que es de la cuerda. Y éstos son los que hemos tenido como guionistas de los últimos discursos de Zapatero. No me extrañaría que en los próximos Goya (sin premio, no me trinques nada), como son de los actores amiguetes, les den a los etarras del «accidente» y de «la decisión de los ciudadanos vascos» el premio al mejor guión. Al mejor guión de bajada de pantalones del Gobierno, que esto de la bajada de pantalones es también muy de toda esta estética cutre, muy Santiago Segura, muy Postfary. Y tampoco me extrañaría que a Zapatero le cayera un premio Mayte de teatro, por su contribución al mantenimiento de las más arraigadas tradiciones, usos y costumbres del arte de Talía. En ningún teatro de España hay ya concha del apuntador. Mal que bien, los actores se saben su papel y no tiene que estar allí el apuntador en su venera para irles soplando los pies de entrada. Menos en el gran teatro del mundo de la sala de prensa de La Moncloa o en la sala de los Pasos Perdidos del Congreso, donde, a la vista está, hay concha del apuntador. Dentro de esa concha del apuntador hemos tenido meses y meses a la ETA, dictando el monólogo de Hamlet del ser o no ser de España. No con una sola calavera en la mano, como Hamlet: con mil calaveras de asesinados en la mano. No me extrañaría, pues, que en el ordenata portátil de los etarras de Ayamonte estuvieran los discursos completos del tío que hizo el ridículo del siglo con «la Espagne vote güí, la Franse vote güí» y que nos metió para nada en el gastazo del referéndum de la Constitución europea.

La contraseña
IGNACIO CAMACHO ABC 24 Junio 2007

NO eran lapsus. Cuando Zapatero llamaba -una, dos, tres, hasta cuatro veces- «accidentes» a los atentados, no lo hacía bajo una traición del subconsciente. Si se trataba de alguna clase de traición, no provenía del ámbito neurolingüístico. Ahora lo hemos sabido, bajo el bochorno humillante de la vergüenza ajena, que en realidad es propia en la medida en que el presidente nos representa a todos. La palabra «accidente» era una contraseña, un macabro guiño de complicidad aquiescente con los verdugos que redactaban el guión del discurso presidencial y se lo daban a leer en el siniestro teleprompter con el que dirigían incluso sus intervenciones en el Congreso. Jamás habíamos visto cosa igual: el primer ministro de una nación democrática leyendo en la sede de la soberanía popular un texto escrito por amanuenses terroristas. No existe mayor ofensa posible a la dignidad colectiva de una sociedad y, sobre todo, a la memoria de sus víctimas, revolcada en el fango de un apaciguamiento estéril de sus asesinos, pisoteada por la mansedumbre pactista del miedo.

Para borrar esa mancha oceánica de infamia no basta el vago desmentido genérico y desganado de una comparecencia de rutina. Lo más pavoroso, lo más triste, lo más desolador de estas circunstancias es que el Gobierno carece ya de toda credibilidad para bracear contra las evidencias como un náufrago en medio del oleaje. Arrodillado ante los terroristas, el presidente encaja en silencio los golpes de revelación con que éstos demuelen las vigas carcomidas de su implorante debilidad. Y poco a poco se dibuja ante los ojos de una ciudadanía atónita el cuadro vergonzante de un Estado que impetró una tregua a sus enemigos y pactó con ellos, a cuatro manos, los textos de un compromiso innoble. Lo grave no es ya que Zapatero se dejase engañar por los etarras creyendo que sería él quien al final lograra darles gato por liebre; lo abyecto, lo deshonroso, lo inicuo, es que también tratase de engañarnos a nosotros pasándonos como suyas las palabras escritas por manos ajenas manchadas de sangre.

Ante eso no valen compromisos de honor ni pactos de responsabilidad. No hay consenso que prevalezca ante un bochorno de esta especie. No hay cautela ni prudencia que justifique el silencio ante tamaña claudicación. La oposición tiene la obligación moral de alzarse contra esta afrenta, de exigir en nombre de los españoles de bien una reparación de este ignominioso fraude contra su dignidad, de este subterfugio que contamina el decoro de las normas de conducta pública.
 Porque ya no basta con pedir explicaciones inútiles -que tampoco han sido siquiera demandadas-, ni con esperar una tardía contrición que de todos modos no va a producirse. Cuando un presidente democrático habla con la voz prestada de los asesinos, como un títere sin albedrío ni voluntad, sólo cuenta el imperativo de la conciencia para denunciar la quiebra de las mínimas reglas de la decencia política. Pase lo que pase, que de todos modos va a pasar.

Republicanismo
JON JUARISTI ABC 24 Junio 2007

ETA se está cargando lo poquísimo que quedaba de libertad en el País Vasco mediante una aplicación coherente de la memoria republicana. Quienes ocupan las casas consistoriales y boicotean la constitución de ayuntamientos se presentan como seguidores de un partido democrático fundado en los democráticos años treinta. ¿Captan ustedes la ironía? Yo, sí: para la banda, se trata de administrar a Rodríguez una dosis inopinada de su propia medicina.

Hace algo más de veinte años, en México, pasé por mi primera inmersión en el mundo del exilio español de segunda generación. Niños de la guerra, del Morelia, del colegio Madrid y del Vives. Vástagos de dirigentes socialistas, comunistas o, como mis parientes, de nacionalistas de ANV. Tenían entonces, más o menos, mi edad presente e hijos de mi hornada, la del 68, la de Tlaltelolco allí y la del Proceso de Burgos acá. Yo iba a su encuentro con verdadera emoción, porque eran leyenda viva intrafamiliar y un ingrediente esencial de mi cultura antifranquista. Volví convencido de que nada tenía que ver con ellos, ni con su idealización de la República ni con su interpretación mítica del franquismo. Pero lo que más radicalmente nos separaba era su incomprensión del terrorismo etarra. No es que lo valoraran como algo positivo, nada de eso. No se les ocultaba su carácter criminal y lo consideraban peligrosamente desestabilizador para un gobierno de izquierdas y, en general, para la democracia, porque -decían- terminaría provocando una nueva sublevación militar (prisioneros de la memoria del destierro, equiparaban el 23-F a la sanjurjada y temían un segundo levantamiento más organizado).

Pero, por otra parte, veían en ETA a la única fuerza de oposición al régimen de Franco que no había traicionado a la legalidad republicana; la única, en fin, que se había negado a transigir con la Constitución «monárquica» de 1978. Resultaba difícil convencerles de que la II República nunca había sido una referencia para ETA, que la despreciaba tanto como al franquismo o a la monarquía constitucional. Empeñados en encontrar alguna continuidad en lo que se les había vendido por sus progenitores como republicanismo innato del pueblo español, iban a buscarla en los enemigos declarados de todo lo que oliese a España. Sobra decir que tal actitud desembocaba en la confusión y el desconcierto, salvo en un pequeño sector muy crítico con las ideas recibidas.

En la España del franquismo, venir de familia de vencedores o de familia de vencidos suponía también prejuicios heredados respecto a cualquier proyecto de reconciliación democrática, pero a la altura de 1985, cuando viajé a México por vez primera, los tópicos del resentimiento habían descendido al nivel suficiente para que la mayoría advirtiera que la democracia instituida siete años atrás no emanaba de la legalidad republicana ni de la franquista -aunque la hubieran hecho posible antiguos republicanos y antiguos franquistas- y que ETA no tenía otro objetivo que acabar a tiros con cualquier legalidad. Veinte años después, la izquierda española en su conjunto padece una suerte de distorsión perceptiva semejante a la del exilio republicano de los ochenta pero mucho menos justificable, porque en éste derivaba de la única memoria que había recibido de la generación anterior y, en aquélla, de la destrucción deliberada de la memoria de la transición y su sustitución, igualmente voluntaria, por el mito de una legalidad republicana indeleble.

La consecuencia de todo ello -la más palpable- no es otra que la confusión y el desconcierto de la izquierda ante ETA, que se permite el lujo de destruir los restos de legalidad democrática en el País Vasco bajo las siglas de un viejo partido republicano (y nacionalista), lo que al menos debería entrañar una enseñanza clara para el gobierno de Rodríguez: que toda tentativa de vincular nuestro actual sistema democrático con la extinta legalidad republicana abre vías imprevistas a los enemigos del mismo y resulta a la postre deletérea para la única legalidad realmente existente. ETA ha demostrado esta semana que también puede convertir en un arma a su favor la insensata apelación socialista a la memoria histórica.

Las bombas del diálogo
Teresa Jiménez-Becerril ABC 24 Junio 2007

Mientras Ibarretxe insiste tras su reunión con Zapatero en que hay que buscar soluciones dialogadas, ETA las encuentra. Las bombas que hubieran estallado en nuestras tranquilas playas andaluzas eran la respuesta razonada de la banda a los desvelos de quienes más por interés que por bondad siguen hablando de paz. ¿Pero se puede soportar que el lendakari siga diciendo que la ley de Partidos y la política penitenciaria no ayudan a la normalización política? ¿Qué debemos hacer? ¿Liberar a los presos de ETA y sentarlos en los ayuntamientos mientras sus compañeros deciden como nos matarán? Las condiciones del presidente del Gobierno vasco han sido casi siempre inaceptables pero hoy, con una ETA fortalecida y lista para atentar, son además de irresponsables un insulto a los españoles, que piden a gritos ser protegidos sin ser humillados.

No creo que este señor defienda los intereses del pueblo vasco, sino aquellos de la parte nacionalista y excluyente, y lo que está claro es que no defiende los de España. Zapatero debe tenerlo muy en cuenta y aceptar que los intentos han fracasado. No son momentos para plegarse a la voluntad de las minorías aunque cuenten como mayorías, pues ya lo ha hecho bastante y sin éxito. Desgraciadamente, esa frase de «aceptaré lo que los vascos y vascas decidan», al parecer dictada por los terroristas, fue y sigue siendo un abuso de poder. Usted no tenía ni tiene derecho a negociar políticamente en nuestro nombre con quienes seguían armados. No era y no es un problema vasco, y a quien lo olvide le recomiendo informarse sobre las ciudades donde nacieron y murieron las víctimas de ETA. Andalucía, por ejemplo, está muy lejos del País Vasco y no por eso estamos a salvo. Yo lo sé bien y le agradecería que usted no lo olvidase cuando tenga que poner en su sitio a Ibarretxe o a quien se permita faltarle el respeto al país que usted gobierna que es el nuestro.

¿Por qué le cuesta tanto señor Zapatero indignarse ante todo aquello que ha derivado en el terrorismo vasco? Ese exceso de España que se ha visto en muchas de las manifestaciones de las víctimas del terrorismo no era sino una defensa natural contra el nacionalismo que ha permitido que un monstruo como ETA se desarrollase en su seno. Favoreciendo el nacionalismo ha sacado usted lo más radical que había en la conciencia española, por pura supervivencia. Ha subestimado a un pueblo que ha sufrido y sufre por causa de quienes han hecho de la raza y la tierra un motivo para matar. No se trata de silenciar a las víctimas. No se trata de pedir unidad cuando se difumina la ruta y la meta. Se trata de convencer a quienes nunca se han arrodillado ante ETA y que a pesar del miedo espero que sigan como hasta hoy, defendiendo su libertad.
Sólo usted es capaz de recuperar la credibilidad que ha perdido en el falso camino de la paz. No es Rajoy su salvador, ni lo son las víctimas, ni los terroristas; no lo serán sus ministros, ni sus políticos afines. Será sólo usted, Rodríguez Zapatero, el que logre que vuelvan a creerle los que han dejado de hacerlo.

Mareando la perdiz
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 24 Junio 2007

Continúa imparable el dramón informativo, o lo que fuere, que por entregas nos está sirviendo ETA. No improbablemente, la serie rematará en un clímax -¿reproducción de un documento? ¿Desvelamiento de algo sensacional dentro de lo sensacional?- sobre cuyo contenido caben toda suerte de conjeturas. ¿Qué se replica desde el cuadrante del Gobierno o del PSOE? Nos han llegado, en esencia, tres respuestas, la primera de las cuales consiste en no decir nada. Si usted es obispo o notario, y se le acerca un mamarracho y le suelta cuatro frescas, lo natural es que se refugie en un silencio augusto. Usted no puede enzarzarse en una disputa con el mamarracho, ya que el mamarracho es eso, un mamarracho, y usted es una persona respetable. Se ha tocado, es inevitable que se hiciera, ese registro, que podríamos llamar «el registro de la dignidad». A la vez se ha dicho, hasta hace dos días, que lo verdaderamente escandaloso era la falta de apoyo de la oposición, reproche rectificado después de que ésta decidiera no salirse de los límites de una circunspección voluntariosa y quizá difícil de mantener a medio plazo. Y por último, se ha pegado la hebra a través de terminales periodísticas que intentan desactivar los mensajes de ETA con noticias que recorren el mismo itinerario pero que alteran, por así expresarlo, los énfasis y la impresión de conjunto. En este mundo de oscuridades, al ciudadano no le queda más remedio que juntar datos y hacerse su propia composición de lugar. La primera pregunta es si ETA es creíble. A esto podemos responder con una fórmula paradójica: ETA no es, ¡faltaba más!, creíble. Pero lo que cuenta es profundamente verosímil.

Para empezar, se están precisando hechos que ya se conocían, aunque no se hayan reconocido. Me explico: por no reconocer, el Gobierno no ha reconocido siquiera, según recordaba este diario a mediados de semana, los encuentros secretos de Suiza o de Noruega. Ahora bien, nadie, absolutamente nadie, ni aun los portavoces oficiales, cuyas declaraciones serían ininteligibles en caso contrario, ponen en duda que semejantes encuentros hayan tenido lugar. Ocurre otro tanto con la noticia de que los términos del alto el fuego fueron consensuados entre el Gobierno y la banda. No es tal noticia: medios próximos al Gobierno señalaron ese extremo tiempo ha. Según se acostumbra a decir, las hemerotecas no mienten. No hace falta, además, echar instancias para consultar los archivos de las redacciones. Los datos están en la Web, al alcance de quien quiera verlos.

El siguiente motivo para no desechar los recados de «Gara» como una mera intoxicación, es que infunden sentido a cosas que en una primera aproximación no parecían tenerlo. Un ejemplo: en su irregular alocución de junio del 2006 en el Congreso, Zapatero afirmó: «El Gobierno respetará las decisiones de los ciudadanos vascos que (sic) adopten libremente». La manera más sencilla de interpretar esto, es suponer que se está reconociendo implícitamente el derecho de autodeterminación. Inmediatamente después, el presidente añadió: «respetando las normas y procedimientos legales». Este añadido no matiza, sino que anula la aseveración anterior: no es posible que los vascos se autodeterminen si están sujetos a las normas y procedimientos legales. La única manera de salvar la incongruencia es entender que los vascos, en la medida en que disponen del voto en las generales o autonómicas, ejercen la autodeterminación en cada acto electoral ordinario. Pero esto vale igualmente para los castellano-manchegos o los riojanos. La introducción del equívoco ominoso se explica mucho mejor bajo el supuesto de una tensión no declarada, y saldada con un compromiso verbal próximo a los actos fallidos que estudia Freud. «Gara» enumera enunciaciones intermedias que presuntamente circularon entre las dos partes y que ayudan a comprender la génesis del texto ininteligible. Es posible que ETA se las haya sacado de la manga, o si se prefiere, que haya fabricado pruebas para incriminar al Gobierno. Pero estaríamos mucho más tranquilos si el último nos hubiera ayudado a reposar en su versión sin maltratar la inteligencia. No lo ha hecho, y nos ha puesto por tanto en el brete de emular a Tertuliano: «creo, porque es absurdo». Somos demócratas corrientes, no iluminados hombres de fe, y necesitamos que se nos eche una mano.

Lo último ha sido sólo una cala, o si se quiere, una cata. El llamado «proceso de paz» no se ha expuesto nunca de modo convincente. El culebrón de «Gara» contiene un dato en extremo interesante: ETA quería que el Gobierno le diera garantías de que el proceso sobreviviría a la propia figura política de Zapatero. La pretensión es absurda, y al tiempo coherente. Revela lo que el proceso significaba para ETA, y también cómo fue usado por el Gobierno: como un señuelo para seducir a los terroristas. ¿Hasta qué punto el señuelo sedujo a los seductores? ¿Cómo saber en qué medida se mintió a los terroristas, y en cuál a la nación? Son cuestiones muy serias que no se pueden eludir sin dañar a la democracia.

¿A quién le importan esos 77?
. M. RUIZ SOROA EL Correo 24 Junio 2007

La democracia es especialmente frágil en el ámbito reducido de los pueblos y barrios, en los que las 'relaciones cara a cara' predominan en lugar de las relaciones abstractas y despersonalizadas de las ciudades o de los Estados. En esos sitios humanos mínimos, el ejercicio de la democracia es especialmente satisfactorio por lo que tiene de participación activa de una comunidad que convive diariamente, pero al mismo tiempo, y por esas mismas razones, es muy fácil de romper o perturbar. Porque no hay mayor tiranía que la que puede ejercer un vecindario sobre uno de sus convecinos. Por algo la libertad personal, como ya observó Ferdinand Tönnies, nació en la sociedad ampliada, lejos de las comunidades tradicionales, de las 'gemeinschaften'.

Esta reflexión viene a cuento por los sucesos que se están produciendo en pueblos como Ondarroa o Mendexa (por no salir de Vizcaya), en los que muchas personas electas no se atreven a tomar posesión de sus cargos por la presión matonista de sus convecinos. Unos sucesos que, a primera vista, pueden parecer de menor importancia, pero en los que todos nos jugamos mucho más de lo que parece. Y por eso, precisamente, sorprende la sequedad burocrática con la que tanto las autoridades vascas competentes como los partidos políticos a los que pertenecen los electos desaparecidos parecen afrontar la situación.

Sorprende que el lehendakari, máximo representante en Euskadi de la legalidad institucional, se limite a aconsejar a ANV una actitud de condena de la violencia «para no perder el crédito», lo que es tanto como mantenérselo intacto a pesar de los incidentes en los pueblos. Sorprende que se adopte la táctica de mirar para otro lado cuando los matones exhiben con ufanía su particular contabilidad de cargos electos que han cedido a la presión: ¿Son ya 77! Es asombroso que nuestras instituciones asistan impertérritas a este siniestro cómputo, en el que cada número no es un mero guarismo, sino un cargo democráticamente electo que cede ante la presión y el miedo. Quizás no son plenamente conscientes de que los hechos les interpelan precisamente a ellos, y les interpelan en su línea de flotación democrática (¿qué están dispuestos a arriesgar, e incluso a perder, los ciudadanos nacionalistas por defender el Estado de Derecho?), así como de que los demás ciudadanos les estamos observando con atención en este trance.

Sería fácil evadirse del desagradable escenario diciendo: ¿Al fin y al cabo son cuatro pueblos perdidos, qué importa lo que suceda en ellos! Importa, e importa mucho, como saben muy bien los radicales. Porque se trata de crear escenarios, por pequeños que sean, en los que la caliente ley de la intimidación personal pueda imponerse al amparo frío y lejano del Derecho. Porque se trata de hacer surgir mínimos 'hamastanes' con los que probar que 'el pueblo' está realmente con ellos. Demostrar que, como sucedía con aquellos regímenes coloniales en retirada, las autoridades van cediendo poco a poco a las guerrillas insurgentes el control de las aldeas, de los pueblos, de lo pequeño y profundo, y sólo son capaces de sostenerse en el anonimato de las urbes. Ésa es la lección que los matones radicales intentan darnos a todos, pero sobre todo a los integrantes de la familia nacionalista: en el cara a cara, en las relaciones directas, somos capaces de venceros, simplemente porque poseemos una capacidad de intensidad y amedrentamiento personal que nunca podréis igualar.

Pero es que, además, ceder al chantaje en cualquiera de esos sitios es tanto como abrir una puerta de dimensiones históricas al ejercicio del mismo método sobre otros concejales de decenas y decenas de pueblos, que se verán interpelados por una similar turba de entre sus convecinos para que les 'devuelvan sus escaños'. O para que 'atiendan la voz del pueblo' en asuntos como el TAV. ¿Resistirán ellos solos, viendo el ejemplo que se está dando y la ausencia de reacción institucional?

A los nacionalistas democráticos les ha llegado un momento especialmente duro, y de la respuesta que sean capaces de dar va a depender grandemente el futuro de todos. Por eso es por lo que todos tenemos derecho a exigirles que se impliquen activamente en la defensa del Estado de Derecho, que hagan algo más que unas frías declaraciones en las que parecen limitarse a 'tomar nota' de lo sucedido. Lo más fácil es el escapismo barato («a nadie se le puede exigir ser valiente o héroe»), desmentido por un incómodo pasado: muchos concejales de humildes municipios arrostraron la muerte antes que ceder. También es fácil la huida por elevación del punto de mira («nosotros ya dijimos que era un error no dejarles presentarse»), pero no resulta de recibo: el Estado de Derecho no puede ser defendido por las autoridades con carácter selectivo, esto sí y aquello no, con esto hay acuerdo pero aquello lo impugno. Eso es tanto como volver a situaciones que todos creíamos superadas. Cuando se ha participado en unas elecciones no se pueden luego impugnar sus reglas, pues para que la impugnación tenga credibilidad hay que demostrarla previamente negándose a participar.

En este pequeño país nuestro ha habido unas casi anónimas personas pueblerinas que durante años han demostrado que la democracia y el Estado de Derecho no eran sólo conceptos, sino realidades vitales importantes para ellos. Ahora les toca demostrarlo a los nacionalistas, personas para las que resulta una experiencia sin duda altamente perturbadora el estar en la mira de los violentos. Puede verse como un problema de la familia nacionalista, como una pelea entre sus diversas ramas. Hace años, en situación parecida, una máxima autoridad adoptó este enfoque y lo resolvió diciendo: «No conseguirán que los vascos nos partamos la cara entre nosotros». Pero no, no es un problema de familia, sino de la sociedad vasca. Y si no lo atienden con eficacia, empezaremos a temer, en el fondo de nuestra alma, que la Euskadi que nos proponen no es sino como Ondarroa, pero en grande. Y eso sería terrible.

El diablo deja a Zapatero con las vergüenzas al aire
Alfonso Basallo elsemanaldigitall 24 Junio 2007

¡Qué duro debe ser hacer de María Teresa Fernández de la Vega! Salir un viernes sí y otro también a negar lo evidente, a dar la cara por el Boss, sin sonrojarse, sin pestañear, cargando con la pesada cruz del engaño y el paripé. ¡Qué gran actriz es esta Margarita Xirgu de la simulación!

Hace falta muchas tablas para desmentir el serial que están dando los medios abertzales sobre los contactos secretos Gobierno – ETA. Y ser una Katharine Hepburn –en hortera, claro- para descalificar esa cantidad de datos, alegando que el mensajero es mentiroso por definición.

En esa misma línea va el propio Zapatero al señalar que lo publicado por Gara no son sino "especulaciones" y "propaganda".

Vale que ETA no es la Associated Press, ni Gara el Wall Street Journal… pero tampoco el Gobierno es el oráculo de Delfos. Tan poca credibilidad tiene la Moncloa como ETA: la prueba es que en el trienio necio le hemos pillado en varias mentiras de libro en asuntos de tanta gravedad… como la propia negociación con la banda terrorista.

Pero, además, lo que ha sido soltando Gara tiene una lógica aplastante y los hechos encajan: desde que la legalización de Batasuna era uno de los requisitos de la "hoja de ruta" para la falsa paz… hasta que después del atentado de Barajas, socialistas y revientanucas se siguieron sentando a negociar como si fueran Solana y un diplomático del mundo árabe.

Incluso algunas de esas revelaciones ya las hizo la prensa normal… o sea que el diario abertzale no nos venga ahora presumiendo de "scoops".

Es obvio que Gara utiliza la información como instrumento para presionar, (ya se sabe ETA lo metaboliza todo y todo lo convierte en misil de su lucha armada). Pero eso no quiere decir que lo que dice no sea cierto. Es más, según los expertos en terrorismo, cuanta más rigurosa sea la información, más eficaz resultará el chantaje…

¡Es que son terroristas! ¡Es que mienten! ¡Es que no te puedes fiar de ellos!

¿Por qué? ¿Sólo porque cuentan los hechos, contemplados desde su punto de vista?

Cuando la infanta Cristina se casó con Iñaki Urdangarin, Egin dio la noticia… ¡en la página de deportes! Hablaba de una señorita de Madrid desposándose con una estrella del balonmano. Era una forma de verlo, harto peculiar… pero no se puede decir que mintiera.

Lo mismo ocurre ahora con las actas secretas que dejan al zapaterismo con las vergüenzas al aire, como esa carta de ETA dirigida al presidente, que parece la misiva de un director comercial al ejecutivo de otra firma. Sólo falta el "estimado colega" o el "muy señor mío" y el "atentamente…"

C.S. Lewis demostró que el punto de vista del Mal puede ayudar a entender las complejidades de la vida humana. En Cartas del diablo a su sobrino, un librito sorprendente que recomiendo a quienes no han tenido la suerte de catarlo, te muestra la Verdad vista desde el Lado Oscuro. Dios, el amor, el dolor, la ambición, la libertad… pero con los prismáticos del Tentador. Lo que para el Todopoderoso es cielo, para Satanás es infierno y viceversa. Es la Verdad al revés, la realidad invertida… pero da en el clavo porque basta con ponerla del derecho para tener el cuadro completo.

¿Por qué no pensar que -como Escrutopo, el diabólico personaje de C.S. Lewis-, ETA y el diario Gara revelan la verdad cuando publican las negociaciones secretas con el zapaterismo?

¡Pobre Maria Teresa! No le pagan lo suficiente…

No me creo que Zapatero sea tan burro como aparenta.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 24 Junio 2007

Desde que ETA es ETA viene pidiendo para “desactivar la lucha armada y desmantelar sus estructuras militares” la independencia, la anexión de Navarra a la República Socialista de Euskalherría, la suelta de presos y últimamente la legalización previa de su sucursal política Batasuna. Cuando declaró la tregua dijo que lo hacia a cambio de eso, cuando conversaba hace años con Zapatero le decían que pedían eso, siempre lo mismo, nunca ha cambiado un ápice, pues bien, las personas no demasiado despejadas mentalmente le suelen tocar los huevos al burro y tras el tocamiento dicen que es macho, pero ¿cómo llamaríamos a quienes tienen que tocar los huevos al burro 123 veces para terminar diciendo que es macho?.

En principio el hecho nos da a entender que Zapatero es demasiado burro, yo creo que lo es pero no por eso, aunque se pase de listo queriendo cabalgar al tigre de ETA sin que le pase nada, solo susurrándole bonitas palabras con talante.

Hay quien dice que esta ruptura, como todo lo ocurrido con ETA de cinco años a esta parte está pactado con Zapatero, yo estoy convencido de ello.

Hay quien dice que esta ruptura es un balón de oxigeno para que Zapatero pueda presentarse a las elecciones como un heroico luchador contra la barbarie etarra caso de que ETA no hubiese conseguido sus objetivos antes de las elecciones y yo estoy convencido de ello.

Hay quien dice que ETA atentará y probablemente lo haga contra algún miembro del PSOE para poder echarle el muerto al PP por su recalcitrante actitud contra la paz y yo estoy convencido de ello.

Hay quien dice que con ruptura o sin ruptura jamás nunca Zapatero ha dejado de negociar con ETA y a las pruebas de las intensas negociaciones con los asesinos de la T4 y a pesar del anuncio jeremiaco de Zapatero de darlo todo por finiquitado me remito, y yo estoy convencido de ello.

No me creo que Zapatero haya roto con ETA y menos porque pida, como dice Gara

“Como bases para el consenso, ETA cita dos: la unidad territorial de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa con un único marco jurídico-político que debe ser refrendado por el pueblo, y el derecho de la ciudadanía vasca a decidir su futuro.”

Repito, que una persona que le ha tocado los huevos al burro etarra más de cien veces y tras esta última nos dice que ha descubierto que ETA pide la independencia y la anexión de Navarra no es burro, aunque insisto en puede que lo sea por otras cosas, significa únicamente que ahora toca aparentar que se combate a ETA, pero ya verán como a pesar de simular un combate amañado con ETA siguen dándoles oxigeno a punta pala.

Vean las declaraciones de Rubalcaba quitándole hierro a los ciento y pico kilos de explosivos hallados en el coche abandonado por ETA en Huelva.

El miedo al abismo detiene a Zapatero con ETA
Vicente A.C.M. Periodista Digital 24 Junio 2007

Las revelaciones del penúltimo capítulo de esta macabra historia de traiciones y de apaños políticos con terroristas, solo sirven para confirmar que a Zapatero solo le ha detenido el miedo al abismo. Sí porque ya ha llegado el borde del precipicio donde su camino le llevaba y ETA le conminaba a un órdago en el que debería traicionar la Constitución y hacer efectivas las promesas de los años anteriores.

No se puede negar que Zapatero como dice el Sr. Iturgaiz, ha acabado siendo un pelele en manos de los terroristas. Un hombre que llegó a dejarse dictar los discursos y emplear un lenguaje mezquino, como el de llamar accidentes a los asesinatos terroristas y a los atentados. Un muñeco de guiñol manejado por los encapuchados a su antojo y que no ha dudado en voluntariamente favorecer la vuelta de ETA a las Instituciones con la legalización de ANV.

Lo que el GARA pone hoy no sorprende, pero reafirma la convicción de que Zapatero ha mentido siempre y lo sigue haciendo, sobre la más indigna negociación llevada a cabo por un Gobierno democrático en aras de lograr la desaparición de ETA de la vida pública española.

Lo que el GARA nos ha desvelado toda esta semana ha sido hasta dónde estaba dispuesto a conceder Zapatero, incluso saltándose la Ley o prostituyéndola , con la inestimable colaboración de la Fiscalía General del Estado, para dar todas las facilidades a la banda terrorista y sus portavoces. Solo el miedo a ese abismo, el vértigo de que la caída era inminente, le ha hecho dar un paso hacia atrás y en una patética actitud de maquillaje de aplomo, cargar contra los eslabones más débiles, Arnaldo Otegi y de Juana Chaos, cuando ya sabía que ETA se había levantado de la mesa.

No es solo que el engaño haya sido la tónica general de este Presidente, cuando dijo lo de "primero las armas y después la política", sino que su grado de implicación política está claramente fuera de la Ley. Aún queda por saberse si, a pesar de todo, consentirá otro fraude si al final el PSN apoya a Nafarroa-Bai en la pinza de echar a UPN y dirigir Navarra para dejarla en manos de los separatistas vascos.

Es hora de que el PP deje los rodeos en la calificación de estos infames y mezquinos actos y exija con mayor firmeza la comparecencia de Zapatero en el Congreso y la presentación de una moción de censura y petición de elecciones generales. España no se merece un Presidente que miente.

El plan de Zapatero
GERMÁN YANKE ABC 24 Junio 2007

MADRID. La doctrina oficial es que cualquier referencia a lo que ha pasado durante la vigencia del «proceso de paz» (convertido ya en un esperpento), cualquier pregunta o petición de aclaración sobre lo que en realidad se hizo, es un modo más de torpedear la política antiterrorista del Gobierno. El consenso, la buena voluntad y la aceptación del principio de que la dirección de esa política corresponde al Gobierno significa, según esa doctrina, el silencio en las críticas y el desistimiento de las propuestas alternativas.

Sin embargo, lo que vamos conociendo, las esperadas explicaciones de la propia banda (que en muchos de sus extremos no hacen sino confirmar revelaciones periodísticas, a menudo de ABC), las mentiras oficiales, etc. abonan lo contrario: que no se podía permanecer en silencio, que se estaban desbordando todas las previsiones, incluso las del sentido común.
Entre las cosas más pasmosas de lo que vamos sabiendo de ese periodo, más grave aún que las reuniones posteriores al atentado de Barajas (que el presidente llama «especulaciones», lo que no es mucho negar) está la negociación con ETA de los términos de su declaración de tregua e incluso de la del propio presidente al anunciar ante los periodistas en el Congreso el comienzo del diálogo con ETA. En aquella ocasión, el presidente Zapatero relacionó este diálogo con el compromiso de respetar «las decisiones de los ciudadanos vascos que adopten libremente». Este tipo de palabras pertenecen a las que un presidente debería evitar en todo caso, incluso haciendo referencia -como hizo- a la legalidad y a la ausencia de precio político.

La soberanía
En todo caso, digo, porque los vascos, como el resto de los españoles, deben saber que la soberanía con la que se puede establecer el status constitucional corresponde a todos los españoles y porque, como es sabido, el nacionalismo disfraza retóricamente el inexistente derecho de autodeterminación como la defensa de un hipotético «ámbito vasco de decisión». Más aún, como se puso de manifiesto entonces, teniendo en cuenta que la declaración de «alto el fuego» de la banda decía expresamente, y en este sentido, que «al final de ese proceso los ciudadanos vascos deben tener la palabra y la decisión sobre su futuro».

Sabiendo que todo ello estaba de algún modo negociado y pactado, el «proceso» y la búsqueda de una sintonía en estas expresiones y en significado -por mucho que después se quiere acudir a su ambigüedad- resulta una prueba más que grave de la imprudencia estratégica y la falta de principios (es decir, de límites) con los que el presidente y sus negociadores abordaron esta cuestión. Pero, atendiendo a las palabras, que es lo que podemos analizar, ya pueden ir desilusionándose quienes piensen que todo ello era posible en unas circunstancias especiales que ya no se dan. Y callando pudorosamente los que aseguran que subrayarlo ahora es un ejercicio de furor antigubernamental que, anclándose en el pasado, trata de impedir una consensuada política para derrotar a ETA.

Lo anoto porque el mismo presidente Zapatero, en su declaración tras conocer que la banda daba por formalmente terminado el ya inexistente «alto el fuego», dijo que los vascos debían saber que su futuro «depende y dependerá de ellos mismos en el marco de la ley y de la democracia» contraponiéndolo al que podría proporcionar la violencia. Otra vez la misma frase. Es más, añadió que él, hasta ese momento, había pretendido «abrir» (sic) un espacio de convivencia en el que pudieran defenderse todas las ideas sin violencia.

«Déficit democrático» La breve declaración era ya un engendro intelectual. De un lado, una suerte de reconocimiento del viejo análisis etarra: padecemos un «déficit democrático», el espacio para defender todas las ideas no está aún abierto. De otro, la referencia, también nacionalista, a la solución del «ámbito vasco de decisión». Este entusiasmo presidencial en el «final dialogado» iba, ciertamente, más allá que, por ejemplo, el del ex lehendakari Ardanza que, en su viejo Plan, reconocía, al menos, que no había tal déficit de democracia y derechos, que si se proponía la negociación era, aunque resulte impresentable para muchos, porque había que resolver un problema.

Insistiendo el presidente en su tesis tras la ruptura, incluso formal, de la tregua -y sabiendo como se prepararon anteriores declaraciones sobre lo mismo-, se diría que Zapatero lanza a la banda, en vez de la contundencia del Estado de Derecho, otro mensaje contemporizador, como si lo hablado, negociado o pactado fuera todavía posible. El absurdo de insistir en que ETA se había equivocado (en vez de demostrar su barbarie de siempre) tiene, desgraciadamente, más sentido en este escenario que en el del sentido común.

Hay que cortarle los suministros a la izquierda
Enrique de Diego Periodista Digital 24 Junio 2007

Hoy, nosotros, hombres y mujeres libres de España, damos un paso adelante en la rebelión cívica. Somos rebeldes con causa, hartos de que se combata nuestra Patria y nuestro modelo de vida y nuestros valores y nuestros principios con nuestro dinero.

Nos hemos cansado de la nueva forma de esclavitud que han impuesto las minorías radicales y que se ha establecido como el consenso de la clase política.

Las clases medias, las gentes laboriosas, no sólo están siendo expoliadas y esquilmadas en nombre de principios pseudomorales, también se ha declarado su proceso de extinción. Toda una generación está siendo sacrificada al esquema depredador.

Los vástagos de las clases medias no van a poder capitalizarse en la sociedad de los mileuristas, no van a poder desarrollar un proyecto familiar. De hecho, venimos funcionando como una sociedad de rentistas en la que se transfiere la herencia en vida.

Vivimos bajo un Estado que nos obliga a contratar con él servicios ineficientes o que penaliza la libertad mediante la doble imposición.

He de reconocer que estoy muy orgulloso de ‘El manifiesto de las clases medias’. Antes que de su contenido, de haberme atrevido a escribirlo. Detrás de sus páginas de contenido extractado, hay años de lecturas, de reflexión y de experiencias.

Esperé mucho tiempo a que alguien diera la voz de alarma respecto a una civilización que se tambalea y hube de hacer acopio de reservas de coraje para ponerme ante el ordenador.

Durante dos años he llevado el manuscrito de editorial en editorial recibiendo negativas constantes, a veces con argumentos peregrinos. Me he atrevido también a publicarlo. Estoy dispuesto a sortear los obstáculos para su distribución perfecta, para que llegue a todos los puntos de venta.

Tengo ya la satisfacción de que varios miles se han atrevido a leerlo. De contar con el apoyo de buenos amigos en esta rebelión, intensa y profunda, que propone ‘El manifiesto’.

Buenos amigos que me acompañan, que me han ayudado a poner en marcha una web, elmanifiestodelasclasesmedias.com, donde se recopila toda la información del libro. Necesito la ayuda de todos y cada uno, y la solicito humildemente, porque se trata de un libro de combate, para la acción.

Nos declaramos en estado de rebeldía, queremos cambiar la deriva actual de nuestra Patria y de nuestra civilización. Estamos en un periodo de concienciación y difusión de ideas. Sabemos que hay sentimientos y convicciones latentes en la sociedad. Hay muchos síntomas en esa dirección.

Ha llegado el momento de pasar a la ofensiva. Las estrategias a la defensiva llevan a la retirada y la retirada constante hiela el alma. El objetivo estratégico es bien sencillo.

Hay que cortarle los suministros a la izquierda. Nadie que pueda valerse por sí mismo ha de aspirar a vivir de los demás. Nadie ha de utilizar coartadas morales para vivir del cuento. No es justo estar financiando a quienes nos denigran, a quienes de continuo difunden complejos de culpa y odio hacia nuestros valores.

En ‘El manifiesto de las clases medias’ se incluye un programa básico:

1. Erradicación del totalitarismo educativo mediante la puesta inmediata del cheque escolar a las familias.
2. Prohibición legal de todo impuesto progresivo.
3. Abolición de toda penalización al derecho de herencia.
4. Supresión de la financiación estatal a partidos, sindicatos, patronales y cualquier otra organización social.
5. Supresión de toda subvención a fundaciones y las llamadas organizaciones no gubernamentales.
6. Supresión de toda subvención al cine y a cualquier actividad de las denominadas culturales.
7. Constitucionalización del equilibro cero, sin excepción, para cualquier institución política de ámbito local, regional o nacional.
8. Drástica reducción a la mitad del sector político y eliminación de cualquier privilegio de carácter funcionarial.
9. Privatización de las empresas estatales y persecución de los oligopolios.
10. Supresión de las ayudas a agricultura, pesca y ganadería.
11. Supresión de los trasvases de fondos de gobierno a gobierno: las ayudas denominadas de cooperación al desarrollo
12. Eliminación del sistema de concesión administrativa en el ámbito de los medios de comunicación.

Somos gentes sencillas, que lo mejor que sabemos es trabajar. Ha llegado el momento de que nos organicemos y actuemos, porque no nos han dejado otra alternativa, porque en vez de solucionar nuestros problemas no hacen otra cosa nuestros representantes –y nunca dejaremos de decir que un objetivo imprescindible es cambiar la ley electoral- que agravarlos y crear otros nuevos.

La rebelión cívica está en marcha y será imparable. No será el fruto de ningún caudillismo, ni de ningún liderazgo, sino de que cada uno sea caudillo y líder de su propio destino.

El Gobierno prometió a ETA «distensión bilateral» tres meses después de la T-4
A. M. / J. P. MADRID. ABC 24 Junio 2007

Tres meses después de que ETA colocara sobre la mesa de negociación dos muertos -los ecuatorianos asesinados en Barajas-, el Gobierno reanudó a finales de marzo sus encuentros con la banda para pedirle que renunciara a los atentados, y a cambio Zapatero se comprometía a hacer una declaración «en términos de distensión bilateral». Antes, en febrero, ETA envió -según «Gara» una carta al presidente del Gobierno en la que le reprocha el bloqueo del proceso y le propone una estrategia común para asentar un acuerdo político, «eso sí marginando al PP».

Como en su día adelantó ABC, con la reanudación de los contactos, que habían quedado suspendidos tras la salvajada de la T-4, el Ejecutivo quería sondear las intenciones de ETA, con las municipales como horizonte más próximo, y pedirle que no cometiera atentados. En su enésima entrega, «Gara» confirma la recuperación del diálogo, que lo sitúa en los últimos días de marzo.

Todas las reuniones entre ETA y el Ejecutivo de Zapatero han tenido una constante: cada vez que el Gobierno ha pedido a la banda un gesto que demostrara su intención de abandonar las armas, los etarras han esgrimido que para ello hay que cumplir los acuerdos políticos. Esto es, siempre ha puesto como condición el compromiso de que el País Vasco y Navarra se convertirán en un «estado independiente».

En esta nueva cita, la representación del Gobierno quedó reducida a una persona, de las tres que habían intervenido en las reuniones anteriores. El emisario de Zapatero argumentó «razones de seguridad», en el afán de mantener estos nuevos encuentros rodeados de un mayor secreto, si cabe, ya que tras el atentado de la T-4 el Gobierno había dicho públicamente que el proceso estaba roto. «Gara» especifica que en la representación etarra también había una «baja», la de Jon Iurrebaso, que había sido detenido en Francia. Este etarra esgrimió en el momento de su detención que formaba parte del aparato negociador de ETA y facilitó el número de teléfono de un alto cargo de la seguridad francesa que, según declaró el propio Iurrebaso, estaría al tanto de su misión

En la cita de marzo, el objetivo del representante de Moncloa era que ETA difundiera un comunicado que reflejara «un compromiso firme y claro de renuncia a los atentados». Argumentó que el coche bomba de Barajas había cercenado el margen de acción del Ejecutivo. Los representantes de la banda, por su parte, desefundaron su guión, del que no se salen, e insistieron en que ya existen unos «acuerdos de base», esto es, los supuestos compromisos adquiridos en 2005. Por tanto, para los etarras, la cuestión no era buscar otros acuerdos, sino cumplir los ya suscritos.

En este punto, según la versión «Gara», el emisario de Zapatero planteó un «trueque»: Si ETA difundía un comunicado con nuevos compromisos, que dejaran claro su renuncia a cometer crímenes, el presidente haría una declaración «en términos de distensión bilateral». Pero, a esas alturas, la banda planteó que el termómetro para confirmar si el Gobierno tenía voluntad de avanzar en el «proceso» era su respeto al «acuerdo político».

Acuciado por las elecciones
El representante del Ejecutivo, acuciado por la proximidad de las elecciones, insistió, como gesto inaplazable, en la necesidad de que la banda hiciera público un nuevo comunicado. Tan agobiado debía estar por la proximidad de la cita que llegó a conformarse ante los terroristas con un paréntesis en la «lucha armada», lejos del mandato del Congresso en el que se ponía como condición para dialogar con ETA que la banda diera muestras inequívocas de abandonar para siempre el coche bomba y el tiro en la nuca. «No se pide un desarme, no -venía a pedir el representante de Moncloa-. Pero sí seguir sin atentados» que pudieran repercutir negativamente en los resultados electorales del PSOE. Además, el Gobierno se comprometía a legalizar a la «izquierda abertzale» si el nuevo partido ASB adecuaba sus estatutos a la Ley de Partidos. Así pues, sin atentados y con la nueva marca legalizada, según el emisario de Moncloa, se encauzaría la negociación «en los dos carriles» que plantea la «hoja de ruta» de Anoeta, esto es, la «mesa de partidos» -para abordar la autodeterminación- y la «técnica», para negociar «paz por presos».

Sorprende que, según la versión de ETA-Batasuna recogida por «Gara», a estas alturas del «proceso», el representante de Zapatero reprochara a los etarras que hubieran modificado la «hoja de ruta» condicionando los avances en la negociación «paz por presos» al acuerdo sobre autodeterminación, cuando, según el diseño inicial, había que diferenciar la «vía política» de la «vía técnica». Los expertos antiterroristas advirtieron desde el primer momento, también al Gobierno, que la trampa de «Anoeta» estaba en que ETA siempre iba a exigir que ambas mesas trabajaran con vasos comunicantes, ya que nunca firmaría su renuncia definitiva a la «lucha armada» hasta no tener garantías, en «tiempo real», de que a través de Batasuna ha impuesto en la mesa de partidos la autodeterminación.

A pesar de estas advertencias, el emisario de Zapatero comentó que la pretensión de ETA de encuadrar las dos mesas en una negociación global no era un problema insalvable, ya que «se puede hablar de modificar el esquema». Y se modificó porque en las reuniones de mediados de mayo, Gobierno-ETA y PSOE-Batasuna se reunieron de forma paralela y en el mismo lugar.

UN ESQUEMA SIN PRECEDENTES, SIEMPRE RECLAMADO POR LA BANDA
Gobierno y ETA negociaron en dos mesas durante la campaña electoral del 27-M
Gobierno-ETA y PSOE-Batasuna, la mesa técnica y la política, tal y como querían los terroristas. Aunque no llegó a buen puerto, el Gobierno siguió negociando con promesas de legalización hasta seis días antes de las elecciones de mayo de 2007. Según Gara, ETA había ofrecido “desmantelar sus estructuras militares”. Los planes propuestos por la banda y algunos encajes del Gobierno se situaron en la legislatura 2008-2012 con leyes a medida.
Libertad Digital 24 Junio 2007

Gara publica este domingo lo que denomina “desenlace” de su serie sobre la negociación ETA-Gobierno. El diario altavoz de los terroristas lanza así los últimos detalles del proceso de Zapatero mientras Policía y Guardia Civil trabajan por adelantarse a los asesinos y evitar el atentado que selle el anuncio de que seguirán matando.

Las principales novedades de esta nueva entrega son que se llegó a lo que tanto han reclamado los terroristas –la negociación en dos mesas– y que la banda llegó a proponer el desmantelamiento de lo que llaman “estructura militar”, eso sí, sin especificar en profundidad en qué consistiría ni avalar la decisión con hecho alguno. El 21 de mayo, sólo seis días antes de que se celebraran las elecciones municipales y autonómicas con la presencia de la nueva marca electoral de ETA (ANV), se reunieron PSOE y Batasuna. El Ejecutivo y la banda terrorista, según Gara, ya habían adquirido el compromiso de “aceptar el acuerdo político que alcanzaran los partidos vascos”.

Según el diario, el PSOE rechazó el acuerdo siguiendo la estela de la negativa del Gobierno a aceptar un programa de máximos que le hizo llegar ETA y que suponía la asunción de la rendición absoluta (legislación a medida, anexión de Navarra y medidas a favor de presos) a cambio de “desactivar la lucha armada y desmantelar sus estructuras militares”. Dice Gara que el Gobierno se negó a recoger el texto para no evidenciar siquiera que lo negociaba. Pero parece que el Ejecutivo decía no con la boca pequeña. El negociador de Zapatero –ya en esta fase una sola persona– muestra una actitud tibia si fuera verdad lo que relata Gara: “(...) sin embargo, y pese a negarse a recogerla, al final de la cita admite que la propuesta de ETA abre opciones de reactivar un proceso, ‘esperemos que con más solidez que en la etapa anterior’”.
Según recoge Europa Press, la propuesta de la banda terrorista, que incluía nueve puntos y concretaba la que había efectuado en diciembre de 2006, fue realizada en los primeros días del mes de mayo, estando entonces el Gobierno en la mesa de negociación y en medio de la polémica suscitada por la impugnación de las listas electorales de la izquierda abertzale.

En dicha propuesta, ETA pedía la unidad territorial de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra y el derecho de la ciudadanía vasca a decidir su futuro, reclamaba la liberación de presos políticos con enfermedades graves y el acercamiento del resto de presos al País Vasco, y exigía la legalización de Abertzale Sozialisten Batasuna (ASB) y la derogación de la Ley de Partidos. Reclamaba también la "disminución palpable' de la presencia policial, urgía a garantizar la actividad política de las organizaciones proetarras y pedía que no se realizaran detenciones por parte de la Guardia Civil, la Policía Nacional, la Ertzaintza y las fuerzas de seguridad francesas.

El diario altavoz de los etarras también indica que el Gobierno español "no logró que ETA" entrara a negociar el número de listas electorales de la izquierda abertzale que "pudieran pasar por el filtro". El enviado de Zapatero pone encima de la mesa que se ha conseguido pasar a ANV en muchos sitios. Además, sostiene que, como no daba tiempo a cambiar las cosas antes del 27-M, el Ejecutivo sí podía garantizar la presencia de los partidos proetarras en las elecciones generales de 2008 y en las del País Vasco de 2009.

Asimismo, el periódico da cuenta de la presencia de observadores internacionales tanto en las reuniones de Gobierno y ETA como en las de PSOE y Batasuna. Dichos observadores, así como partidos vascos -cuyos nombres no especifica el diario- se dirigieron al Palacio de La Moncloa para que tomara iniciativas favorables al proceso, como la de no actuar contra las listas electorales de la izquierda abertzale.

DICE QUE EL PSOE SE NEGÓ A LLEGAR A ESE PACTO
Gara: ETA aseguró que se 'desmantelaría' a cambio de un acuerdo político
EUROPA PRESS El Mundo 24 Junio 2007

MADRID.- El pasado 21 de mayo se celebró en una ciudad europea la última reunión entre las delegaciones de PSOE y Batasuna. Los socialistas rechazaron el acuerdo político que le propusieron los 'abertzales', según recoge el diario Gara en su página web, que cita fuentes "absolutamente ciertas y documentadas".

Días antes, ETA se había comprometido ante mediadores y observadores internacionales, a "desactivar la lucha armada y desmantelar sus estructuras militares" si se lograba un compromiso global y el proceso se llevaba hasta el final. El Gobierno se negó a recoger ese texto. Tras el 'no' al acuerdo político, la banda terrorista dio por terminada la negociación y anunció el fin de la tregua.

Antes, en una ronda realizada a primeros de mayo, el diario dice que "ETA puso sobre la mesa una propuesta global". Por entonces estaba en el candelero la impugnación de las listas electorales de las formaciones 'abertzales'.

Según Gara, a este primer contacto desde marzo entre ambas partes, el representante del Ejecutivo -a esa cita sólo acudió uno- se negó a recoger el documento, y lo dejó en manos de los mediadores, argumentando que para el Gobierno el proceso estaba roto y que recibirlo podría evidenciar lo contrario.

El periódico se refiere también a que, en las reuniones celebradas entre el 14 y el 21 de mayo, a las que asistieron cinco observadores internacionales, la banda terrorista planteó los compromisos que estaba dispuesta a asumir. Los representantes del Gobierno respondieron entonces, sólo de modo verbal y a través de los mediadores, que daban por bueno este planteamiento y que ofrecía posibilidades reales de avanzar en la mesa técnica.

Sin embargo, apunta, el PSOE rechaza finalmente "el acuerdo político" y, con ello, el proyecto de "las dos mesas (Gobierno-ETA y PSOE-Batasuna)" se venía abajo.
El contenido de la propuesta

En dicha propuesta, asegura Gara, ETA prometía desmantelar sus estructuras militares y desactivar la lucha armada, pedía la unidad territorial de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra y el derecho de la ciudadanía vasca a decidir su futuro, reclamaba la liberación de presos políticos con enfermedades graves y el acercamiento del resto de presos al País Vasco, y exigía la legalización de Abertzale Sozialisten Batasuna (ASB) y la derogación de la Ley de Partidos.

Asimismo, la banda terrorista solicitaba una "disminución palpable" de la presencia policial, urgía a garantizar la actividad política de las organizaciones de la izquierda 'abertzale' y pedía que no se realizaran detenciones por parte de la Guardia Civil, la Policía Nacional, la Ertzaintza y las fuerzas de seguridad francesas.

El texto presentado por la banda terrorista incidía en que el acuerdo político propiciaría que el conflicto fuera superado y planteaba incluso un calendario definido para desarrollar los cambios necesarios: de 2008 a 2012, siendo éste el año que debía marcar el fin del camino trazado en su propuesta.
El fracaso de las mesas

La mesa que reunía al Gobierno y ETA dejó de funcionar ante las discrepancias entre ambas partes. La banda daba prioridad al acuerdo político y el Gobierno, a la ausencia de la lucha armada.

En su información, el diario vasco también subraya que el Gobierno español "no logró que ETA" entrara a negociar el número de listas electorales de la izquierda abertzale que "pudieran pasar por el filtro".

Además, sostiene que, como no daba tiempo a cambiar las cosas antes del 27-M, el Ejecutivo sí creía posible garantizar la presencia de la izquierda abertzale en las elecciones generales de 2008 y en las del País Vasco de 2009.

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