AGLI

Recortes de Prensa     Martes 26  Junio   2007

Los límites del consenso
Editorial ABC 26 Junio 2007

ENTRE apoyar al Gobierno para que derrote a ETA y exonerar a Rodríguez Zapatero de su responsabilidad política por haber faltado sistemáticamente a la verdad sobre el diálogo con los terroristas, hay un largo tramo que ni el PP ni la sociedad tienen obligación de recorrer. Al contrario, silenciar la personal e intransferible culpa política del presidente del Gobierno en este grave asunto de Estado sólo contribuye a facilitar nuevas negociaciones clandestinas con ETA y a legitimar una estrategia de fraude masivo, como la que han perpetrado el PSOE y el Ejecutivo desde 2002. Los desmentidos socialistas a las informaciones publicadas no sólo por «Gara», sino también por otros medios nada sospechosos de pertenecer al entramado etarra, carecen de crédito alguno, porque la confianza que todo Gobierno democrático recibe en las urnas la ha perdido el equipo de Zapatero en esta trama de ocultaciones con la que se construyó la primera negociación política directa entre el presidente del Gobierno de España y la banda terrorista ETA.

Es irrelevante que Zapatero siga mandando a sus portavoces en la misión suicida de negar la evidencia. Su protagonismo absorbe toda la significación política de un proceso de diálogo con ETA que ha sido escondido de las urnas, ocultado a la sociedad y negado al PP, pero que resulta ya innegable ante las pruebas que ya conoce la opinión pública. El Gobierno pretende coartar los resortes básicos del sistema democrático, porque quiere que los ciudadanos se autocensuren por el peso de un falso dilema moral que les lleve a considerar incompatible el deseo de derrotar a los terroristas con el derecho a tener un Gobierno que no mienta. Lo mismo sucede con el único partido que ha asumido la tarea de oposición, el PP, al que Zapatero quiere silenciar con la nada sutil amenaza de denunciarlo ante la opinión pública si hace lo que debe hacer, que es pedirle cuentas al Ejecutivo que más ha practicado la mendacidad con los españoles. Pero el PP ya sabe que, haga lo que haga, siempre será culpable: lo iba a ser de que ETA revocara la tregua y lo será si denuncia las mentiras del PSOE y del Gobierno.

En parte, el Ejecutivo consiguió este propósito. Rajoy actuó con generosidad patriótica ofreciendo su apoyo incondicional a Zapatero para derrotar a ETA sin hacer uso de los mecanismos constitucionales para obligar al presidente a pasar por un examen de censura parlamentaria. También los ciudadanos españoles han antepuesto su deseo de acabar con la violencia a su derecho democrático a negar la confianza a un Gobierno que ha abusado de ella hasta límites insospechados. Pero todo tiene un límite. Zapatero no ha respetado a Rajoy y sigue despreciando a la opinión pública. Los desesperados e inútiles esfuerzos por intentar hallar coincidencias con la política de Aznar en la tregua de 1998-1999 no serán suficientes para compensar el engaño y la deslealtad con la que el PSOE se ha comportado desde 2002. El Gobierno pactó con ETA hasta los «lapsus» del presidente cuando calificaba los atentados como «accidentes». También se ha confirmado que, por primera vez en la historia democrática, los etarras fueron guionistas de una declaración oficial del presidente del Gobierno y que era cierto que los delegados gubernamentales mercadearon con ETA a cuenta de las listas de Acción Nacionalista Vasca. Este proceso de «paz» ha sido un proyecto podrido, en sentido político y moral, desde su gestación en 2002. Y si finalmente no concluyó con un acuerdo político no fue debido a la falta de interés del presidente del Gobierno, sino a su insolvente costumbre de prometer lo que no está en su mano conceder.

Por eso, Mariano Rajoy y su partido no tienen ninguna deuda con el Gobierno por la que deban omitir una actividad de crítica y denuncia que es necesaria, ante todo, para mantener la democracia española en el nivel de dignidad que se merecen los españoles. Es el PP quien hace un favor al Gobierno y a Rodríguez Zapatero con su política de contención, pero se ha llegado a un punto en que el favor lo reclama el bienestar del sistema democrático. Rajoy, no Rodríguez Zapatero, es quien tiene autoridad moral y política para exigir rectificaciones y aclaraciones. Esto es lo que pasa cuando se miente a conciencia mientras se negocia con ETA en la clandestinidad.

El precio del falso pacifismo
Editorial ABC 26 Junio 2007

EL emplazamiento hecho por el PP al Gobierno para que dote a las tropas españolas en el Líbano de las medidas de autoprotección necesarias se vio reforzado ayer, después de que el ministro de Defensa, José Antonio Alonso, reconociera que el blindado atacado por los terroristas no disponía de un dispositivo de inhibición de frecuencias. Esta revelación resulta alarmante porque el despliegue de la misión de Naciones Unidas (Finul) en la zona pretendía poner fin a un brutal período de enfrentamientos entre la organización terrorista Hizbolá e Israel. Por tanto, era una misión militar con muy alto riesgo desde su comienzo y mucho más intenso desde que Al Qaida amenazara directamente a las tropas españolas y comenzara su infiltración en Beirut, a través de Fatah al Islam, el grupo terrorista que se ha enfrentado en las últimas semanas al ejército libanés. A esta organización terrorista se le atribuye el atentado contra los militares españoles. Ha habido, sin duda, un error de percepción en el nivel de peligrosidad de la misión, que coincide con el empeño ya pueril del Gobierno en presentar todos los despliegues internacionales de nuestras tropas como campañas humanitarias, exentas del más mínimo rasgo bélico. Sin embargo, no parece que el PSOE ni, especialmente, Rodríguez Zapatero estén dispuestos a rectificar. De la crítica se salva por méritos propios el ministro Alonso, quien ha reaccionado ejemplarmente tanto en el ofrecimiento de información a la opinión pública como en el respaldo a los tropas españolas con su desplazamiento inmediato al Líbano.

Como es habitual en trances trágicos, el presidente del Gobierno está brillando por su ausencia, aunque no le servirá de mucho si pretende evitar que esta brutal realidad desmonte su inmaculado discurso pacifista. Todo lo presente que se hizo Rodríguez Zapatero para propalar su propuesta de Alianza de Civilizaciones -y para decir cosas como que «la igualdad entre los sexos es más eficaz contra el terrorismo que la fuerza militar»- ahora ha quedado en nada. En treinta y seis horas, y en pleno duelo nacional, la presencia del jefe del Ejecutivo ha sido mínima, quizá para eludir una imagen que habría desmentido sus superficiales análisis sobre el terrorismo «internacional» -eufemismo empleado para no llamarlo islamista- y la confusión sembrada en la opinión pública sobre el papel de España en las misiones militares en el extranjero. Por supuesto, el PSOE no podía mantener Irak al margen y, con más necesidad que convicción, fue el único argumento que ayer empleó José Blanco contra el PP, ignorando que en el Líbano, Afganistán e Irak la fuerza multinacional está avalada por resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas -la de Irak fue apoyada por el Gobierno socialista en junio de 2004- y que los terroristas que han matado a nuestros soldados en el Líbano son los mismos que atacan a los aliados en suelo afgano o en las calles de Bagdag.

Atentado en El Líbano
Las huidas se pagan
Cristina Losada Libertad Digital 26 Junio 2007

Vamos a coincidir por una vez, y sin que sirva de precedente, con la cáfila del noalaguerra. Ni ellos ni yo vamos a pedir la retirada de las tropas españolas del Líbano después del asesinato de seis soldados. Pero por razones radicalmente distintas. Las suyas son razones de obediencia. El Gobierno de Zapatero ha enviado a esas tropas y las decisiones de su Gobierno, pues suyo es en gran medida, no se discuten. Se apoyan. No es imprescindible justificarlas, pero si es posible hacerlo, ayuda. De manera que ahí tenemos de nuevo, como cada vez que han muerto soldados en Afganistán, la pretensión de distinguir esos despliegues del que se hizo en Irak. La cosa está difícil y ello porque la principal diferencia reside no en el carácter de esas tres misiones, sino en que una fue enviada por el PP y las otras dos por el PSOE. A Irak se fue a ayudar en la pacificación y para Irak se disponía del paraguas de la ONU. Cierto que Zapatero ordenó la retirada antes de que Koffi terminara de abrirlo. Incumplió así ZP, como es en él habitual, un compromiso adquirido.

Cuando no importa cómo se hace sino quién lo hace, no se atiende a la sustancia. Los seguidores de ZP apoyaron la misión en El Líbano plenamente inconscientes o totalmente indiferentes a las condiciones que presagiaban su dificultad, sus peligros y hasta su inutilidad. Pero ninguno de los que criticaron las características de la misión de los cascos azules va a reclamar el regreso de las tropas. Y ello por un motivo: los soldados han sido víctimas de un atentado terrorista. Cuando los terroristas atacan, una retirada los refuerza. Salir de naja tras un ataque o ante una amenaza, es lo peor que puede hacerse. Es lo que hizo Zapatero en Irak. Una fuga por la que no él, sino España, y en particular, su ejército, han debido pagar con el envío extra de soldados a Afganistán, Líbano y otros lugares. Las huidas tienen un precio. La libertad también, pero ése no están dispuestos a pagarlo los apaciguadores. Aunque hoy los medios que demonizaron la misión en Irak lanzaran emotivas oleadas de “sangre, sudor y lágrimas” para convencernos de que hay que saber pagar el tributo.

Si coincidiéramos aquí con la doctrina que ha sentado para estos casos el noalaguerra, hoy estaríamos achacando a Zapatero la responsabilidad de estas seis muertes, como se echó sobre Aznar la culpa de otras. En lugar de recrear esa inmoral traslación, pedimos responsabilidades por no dotar a las tropas del equipamiento adecuado para actuar en una zona donde, como el ministro de Defensa reconoció, los atentados eran previsibles. No hay razón de Estado ni de ninguna otra clase que impida exigirlas. Ni siquiera es preciso recordar el caso del Yak; está en la memoria de todos. Pero no es éste que ha surgido en El Líbano con tan dolorosas consecuencias, el primer indicio de que el Gobierno no cuida el equipo de los soldados que manda a zonas de guerra cuya auténtica condición oculta bajo la enseña pacifista. Y no hay que descartar que haya caído en ese extremo de la necedad que es creerse su propia propaganda. Como, según proclamaban, al Líbano no íbamos a una guerra ni a un avispero de milicias terroristas, no vieron necesidad de equipar a los vehículos con inhibidores.

Falso pacifismo
Las guerras de Zapatero
Ignacio Villa Libertad Digital 26 Junio 2007

La muerte de seis soldados españoles en el Libano, este domingo, ha vuelto a dejar claras las cosas para un Gobierno que huye de la realidad como de la peste. El área donde están desplegados los militares españoles en Afganistan y en el Libano, es –sin duda alguna– una zona de guerra. Es un despliegue de alto riesgo, de máxima alerta y extremo peligro. El Ejercito español no está en esas zonas bélicas repartiendo bocadillos y botellas de agua mineral; su despliegue tiene como objetivo intervenir en una zona donde la guerra forma parte del pulso social y político cotidiano.

Una certeza que Rodríguez Zapatero oculta y esconde. Lo hace en el Congreso, lo hace ante la opinión pública y lo encubre al propio Ejercito no reconociendo ni política, ni militarmente que los soldados españoles están sobre el terreno en una misión de guerra real. Pero claro, tanta evidencia contradice en su misma raiz las políticas demagogas y electoralistas de este Gobierno. Zapatero, que fundamentó su discurso de oposición en la guerra de Irak, y que ahora en el poder jugó irresponsablemente con la salida humillante del Ejercito español de aquel país, no puede ahora aceptar que los militares españoles estén desplegados en territorios de guerra como en Afganistan y en el Libano.

Y esa negación de la verdad, además de la mentira que supone para la sociedad española, significa también una clara humillación para los militares allí destacados. El Gobierno español no acepta el peligro real que están corriendo las tropas españolas. Es verdad que forma parte de su trabajo; es verdad que lo hacen con una gran profesionalidad; es cierto que están allí sabiendo que se incluye en su responsabilidad. Pero lo que nadie duda es que el Ejercito español no se merece este ocultamiento de su trabajo, de sus obligaciones y de sus riesgos. En este sentido, esta vez el Gobierno no debería condecorar a los militares muertos en el Libano con medallas de segunda. Ya lo ha hecho en Afganistan en varias ocasiones. Eso es lo que debería hacer el Ejecutivo, aunque lo que va a hacer ya lo sabemos. Intentará ocultar al máximo ese trabajo, esa entrega de sus vidas en acto de servicio y desde luego insistirá en el rango humanitario del despliegue militar.

A esta actitud rastrera en las actitudes y en los mensajes hay que unir otra cuestión más, muy grave por la negligencia que supone. El ministro Alonso ha reconocido que los blindados españoles en los que viajaban los soldados españoles carecían de inhibidores por lo que no pudieron detectar las bombas preparadas para la explosión. Esa falta de los apoyos técnicos y de seguridad mínimos para desarrollar el trabajo no admite justificación alguna. Si el Gobierno, desde su miseria, quiere mantener un discurso pacifista, que lo haga. Pero al menos deberán dotar de todos los medios al Ejercito para desarrollar el trabajo en una zona de guerra.

Estas son, en definitiva, las guerras de Zapatero. Las guerras que no quiere reconocer. Las guerras en las que se encuentran los soldados españoles y el presidente no quiere aceptar para que no se rompa su dialectica pacifista. Zapatero sigue enfrascado en el engaño y en la mentira. Por ello, no va a dar la cara en el Congreso, al igual que hace con todo lo que le molesta. Lo estamos viendo con el proceso de rendición con ETA y lo hemos vuelto a sufrir este domingo con la muerte de seis soldados en el Libano. Es el presidente de la mentira y del engaño. Así es la realidad.

Soldados, no boy scouts
IGNACIO CAMACHO ABC 26 Junio 2007

ESTE Gobierno es muy libre de hacer pacifismo de salón, retórica buenista, flower power, alianza de civilizaciones, ansia infinita de pazzzzzzz y demás mantras de la ética indolora. Pero que no se lo crea cuando toma decisiones que afectan a las Fuerzas Armadas, porque en ellas hay gente que se juega la vida, y a veces la pierde, en una ruleta donde las apuestas ajenas se pagan con sangre propia.

Una cosa es engañarse a uno mismo, o intentarlo, y otra engañar a los demás. Cuando para reclutar soldados se ponen en la tele anuncios en los que no sale ni un fusil, todo sonrisas y ejercicios de boy scouts en la tirolina, se está tratando de engatusar al personal con una falacia que oculta y trivializa la verdadera condición de la milicia, sus riesgos, sus deberes y su compromiso de combate. Como estrategia publicitaria puede valer, pero como estrategia política es deshonesta. Y lo malo es que esa barata filosofía de abrazafarolas se aplica luego a la política real, obviando la responsabilidad de las decisiones bajo la cobertura fantástica del «pensamiento Alicia». Y se manda gente a guerras de verdad, donde se mata y se muere, bajo un discurso de buen rollito solidario, sonrisas contra las bombas y al paso alegre de la paz. Como si fueran misioneros combonianos, con el clavel en la punta del fusil y cajas de tiritas en vez de munición. Legionarios sin fronteras.

El resultado es que de vez en cuando vuelven en una caja cubierta con la bandera unos muchachos casi adolescentes reventados por unos cabrones muy aviesos a los que la alianza de civilizaciones les resbala por salva sea la parte, y entonces el discurso de las misiones de paz cruje por todas las costuras porque ha faltado coraje para explicar y aceptar que estaban en una guerra que el Gobierno no quiere admitir porque le estropea el discurso. Una misión digna, solidaria y constructiva, pero en una guerra a la que vamos como monjas de la madre Teresa, a pecho descubierto y con el talante como chaleco antibalas. Ahora hay que poner medallas sobre los féretros, que son muy merecidas pero que los chicos habrían cambiado sin duda por algún inhibidor de frecuencias en su carro blindado. Lo que pasa es que eso cuesta dinero, muchos euros, y sobre todo cuesta el coraje político de pedir pasta en el Congreso para pertrechar a unas Fuerzas Armadas a las que se pretende aliviar conceptualmente de su propia, intrínseca y honorable condición de organización militar para transformarlas en una especie de socorro de afligidos, como la Cruz Roja.

No es pintar como querer, dice la copla. Y no se puede gobernar sin un ejercicio de responsabilidad que empieza por aceptar las realidades sin disfrazarlas. Y entender que los terroristas son terroristas, no pacifistas; que los enemigos son enemigos, no hermanos separados; que las bombas son bombas, no accidentes; que los soldados son soldados, no enfermeros, y que la paz no es una flor que se riega con brindis de sonriente voluntarismo demagógico.

Mari Paz Janer
Alejandro Campoy Periodista Digital 26 Junio 2007

Mari Paz Janer ha decidido renunciar a su acta de diputada en el Parlamento de Baleares, lo cual no tiene nada de extraño ni supone ninguna incoherencia, pues ya desde el momento en que se anunció su presencia en las listas de Matas ella misma se encargó de dejar claro como el agua que no comulgaba con las ideas del PP, que ella seguía estando cercana a CIU y que en cualquier caso su aceptación del puesto estaba en relación a un apoyo personal al proyecto de Jaime Matas. Una vez que él ha salido corriendo, es lógico que Mari Paz no sepa muy bién que leches pinta ella como diputada del PP balear.

Nada que objetar, por tanto, a las decisión de Mari Paz. Pero el episodio que ha protagonizado es sintomático de una tendencia en el seno del Partido Popular que hay que seguir denunciando sin desfallecer hasta donde sea necesario. El precedente más cercano en el tiempo y en el espacio fué el de Montserrat Nebrera en el PP catalán de José Piqué, y el fenómeno que ponen de manifiesto ambos episodios no es más que la renuncia de los dirigentes populares a su propia identidad.

Veamos: ¿es cierto que a día de hoy existe un estado, que se corresponde con una nación con una personalidad muy clara y definida que se llama España? ¿sí o no?. Bien, pues si esto es cierto (al menos admítase la primera parte del enunciado, la que se refiere a la existencia del Estado llamado España), lo que no tiene ningún tipo de justificación es negarse a proclamar abiertamente lo que hoy todavía es un hecho. No debe constituir ningún problema decir tranquilamente "Baleares es una parte de España", puesto que tal afirmación no es más que una deixis, un señalar un hecho inapelable.

Por supuesto, si en un foro público catalán, pongamos en un pleno del Parlamento, me subo a la tribuna y proclamo que "Cataluña es España", inmediatamente un griterío infame y un maremagnum histérico resonará en todo el recinto, y no faltará quien, cual Carod justiciero, me diga que no admite ningún tipo de provocación de ese estilo. Y sin embargo decir "Cataluña es España" es igual que decir "el Sol sale por el Este". No imagino una sucesión de crisis catatónicas en el Parlemnto catalán porque alguien suba a la tribuna, tome la palabra y proclame con toda la solemnidad que la ocasión requiere que "¡dos y dos son cuatro!".

Pues bien, es tal el grado de mentecatez, de acomplejamiento, de renuncia a lo propio y de cesión a lo hegemónico en el discurso correcto y ortodoxo de las minorías carroñeras y del socialismo descompuesto, que ni siquiera los datos del constante retroceso en votos del Partido Popular en todos aquellos sitios en los que el discurso acomplejado les lleva a disfrazarse de catalanistas, balearistas, galleguistas o andalucistas les hacen reaccionar y poner coto de una vez a tanta majadería institucionalizada.

El pasado 3 de Febrero el Foro Ermua tuvo el genial acierto de rematar una larga batalla por la recuperación de los símbolos nacionales, bandera, himno, escudo, España. Estos símbolos ya no tienen nada que ver con el pasado reciente hispano, con el franquismo, salvo en la imaginación de algunas mentes enfermas o lobotomizadas prematuramente en las factorías de clonación juvenil de los partidos nacionalistas y socialistas. Son los símbolos que nos representan a millones de españoles, a la inmensa mayoría, y no sólo son válidos en Cataluña, el País Vasco y el resto del territorio, sino obligatorios.

¿Significa esto un desprecio hacia las identidades locales y regionales? ¡En absoluto!. Significa, simplemente, que la reivindicación de esas identidades se ha venido realizando desde hace treinta años a costa de machacar, proscribir, menospreciar y disolver la identidad colectiva española como marco común de convivencia en paz para toda esa rica diversidad de identidades locales, regionales y nacionales, y significa que ese proceso toca a su fin. Lo que millones de ciudadanos queremos ahora es más España, menos imbecilidades autonomistas y menos depredadores en torno al reparto del pastel autonómico, menos fichajes estrella en las listas electorales y más compromiso con España de todas y cada una de las regiones que la integran.

Y en el PP, lúcidos ellos, todavía van en dirección contraria. Con esto es muy previsible que ni Nuñez Feijoo recupere Galicia, ni Piqué se acerque jamás al techo marcado por Vidal Cuadras, ni el PP recupere Baleares, ni Cantabria, ni Asturias, ni Aragón ni nada de nada. La razón última, como siempre, es que priman los intereses de partido sobre los intereses generales de España, y todo se diseña en función de los correspondientes cálculos electorales. Pues bién: ni con los resultados electorales en la mano se justifica esa política mediocre, pusilánime y claudicante. De nuevo, pierde España.

Líbano: el fracaso multicultural
Por SERAFÍN FANJUL, Catedrático de la UAM ABC 26 Junio 2007

QUIENES se extasían ante los supuestos efectos benéficos que la multiplicidad de religiones, etnias y culturas acarrean a los países así favorecidos por la mano del Señor, suelen obviar las incomodísimas -u horribles- realidades que sufren las poblaciones implicadas: no van a permitir que un conjunto de hechos, por testarudos que sean, les estropeen un bonito discurso. Y, sin embargo, los acontecimientos y sus consecuencias sociales y políticas ahí permanecen, obstinados y desagradables, desmintiendo los buenos deseos y las ficciones que políticos o dirigentes religiosos -a veces, hasta de buena fe- repiten como loros: un día se afirma que al-Andalus gozó de una armonía interreligiosa perfecta (tesis ventajista por tratarse del pasado) y otro que el imperio otomano fue modelo de convivencia, aunque los restos de su naufragio, hace más de ochenta años, hayan producido hecatombes como la del Kurdistán, el estallido de Yugoslavia (con especiales horrores en Bosnia o Kosovo) y ... el Líbano. Podríamos estirar la lista de ejemplos lamentables en la India, Paquistán o la misma Europa hasta tiempos relativamente recientes (la Paz de Westfalia, de 1648, sólo detuvo las hostilidades, pero no modificó los comportamientos y prejuicios, proceso que requirió siglos). En alguna ocasión hemos sugerido -con escándalo del gallinero- que la unificación de nuestra sociedad española iniciada por los Reyes Católicos y culminada por Felipe III, no sólo tuvo consecuencias negativas (que las tuvo, sobre todo en el plano ético), también ahorró a España soportar las tensiones inevitables, fijas, seguras, entre comunidades, como en todas las latitudes. Dicho sea de modo harto esquemático y, por tanto, fácil de atacar.

Pero la cuestión no es si gusta más o menos una u otra vía en el devenir histórico, sino que los sucesos y sus resultados son los que son y nos limitamos a levantar acta de ellos, más allá de la opinión propia. Tras la conquista árabe-islámica del siglo VII, el Líbano, como otras tierras del Oriente Próximo, mantuvo parte de su población cristiana, reforzada por la emigración de los árabes cristianos Tanuj impelidos a salir de Alepo al pretender los Abbasíes (780 d. C.) obligarles a islamizarse. La llegada de los cruzados francos engrosa la presencia cristiana en el país y se consolida tras la toma de Antioquía (1098) y el dominio de la llanura libanesa (1110), pero después de la pérdida de Acre y el fin de las Cruzadas, la persecución de los cristianos maronitas sólo se vio mitigada por el mucho mayor entusiasmo con que los mamelucos egipcios se cebaron en los chiíes que en los mismos cristianos. Ibn Battuta, viajero por el Líbano en el siglo XIV, refleja muy crudas historias, a veces bordeando lo bufo, sobre el enfrentamiento entre chiíes y sunníes, modelo de convivencia, según los actuales apologetas del islam.

A la atomización religiosa y cultural del país se añade la poderosa influencia de los clanes (chiíes de Akkar, Hermel y Líbano Sur; drusos del Chuf y Beirut; maronitas de Zghorta) cuyas lealtades y praxis no siempre obedecen a motivaciones de fe. Pero de modo general -según el censo de 1964- los libaneses se dividían en 29 por ciento de maronitas, 10 por ciento de griegos ortodoxos, 6,3 por ciento de griegos católicos, 6,2 por ciento de armenios, un 20,8 por ciento de sunníes, un 18 por ciento de chiíes y un 6,3 por ciento de drusos. Es decir, 52,7 por ciento de cristianos y un 45,3 por ciento de musulmanes y drusos. Una ensalada nada idílica, porque la pertenencia a uno u otro grupo en ocasiones entrañaba -y entraña- diferencias de orden económico y social, salpimentado todo con matanzas esporádicas de cristianos, como la de 1860, perpetrada por los drusos con la connivencia del poder otomano por entonces vigente y que tuvo como colofón la intervención francesa, la cual salvó un tanto la situación para los cristianos. Tras la retirada turca del término de la Primera Guerra Mundial, los Aliados, en los tratados de S_vres y San Remo (1920) acuerdan con Turquía desgajar Siria y su costa libanesa del imperio vencido y dan paso a un mandato francés garante de una forma de independencia reducida, tal como Clemenceau había prometido a Monseñor Hayek, patriarca maronita, y frente a las pretensiones anexionistas del jerife Faisal desde Damasco.

De esta época data la primera Constitución (1926), en que se recoge la representación proporcional de las comunidades en el Parlamento, en los empleos públicos y en la composición ministerial. Las elecciones de 1943 trajeron la «República Libanesa» el llamado Pacto Nacional entre cristianos y musulmanes, viniendo a constituir así un punto de arranque más firme para la independencia efectiva del país.

La defenestración de los primeros presidentes (Bishara el-Juri y Camille Chamoun), así como el asesinato del primer ministro Riad Solh, entre inestabilidad y crisis continuas, nos acercan ya al conflicto del 58, cuando algunos políticos denunciaban el confesionalismo, cuyos inconvenientes había demostrado el régimen vigente y pedían la unificación del estatuto personal. Era evidente que el confesionalismo favorecía a los musulmanes porque su comunidad disfrutaba de peor preparación técnica y profesional que la cristiana y el sistema de cuotas atribuidas por adscripción religiosa obraba en su favor. Al respecto recordamos que el régimen de cuotas en función del sexo impuesto por el PSOE, o el también confesional (en todos los estamentos y cuerpos de funcionarios del Estado) que pretenden los musulmanes recién sobrevenidos en España, es quintaesencia de arbitrariedad y promoción de incompetentes. Obviaremos aducir ejemplos de la España actual.

Pero en el Líbano de aquel tiempo, la unificación del estatuto personal (es decir, igualdad total ante la ley y el Estado) significaba una laicización y neutralidad objetiva de las instituciones difícil de compaginar con los principios del islam, siempre dispuesto a pedir, e imponer si puede, el sistema de cuotas de poder en función de la confesión religiosa.

La hostilidad de los musulmanes ante la idea de igualdad empezó a manifestarse violentamente con la aparición de un panfleto de gran virulencia (Moslem Lebanon today) obra de Mustafa Jaldi en que acusaba a los maronitas de buscar la expulsión de los musulmanes del Líbano desde hacía treinta años, texto contestado por el cristiano Georges Shaker en Révolution et Contrainte, considerado injurioso para el islam. Ambos autores fueron desautorizados por sus comunidades respectivas pero la tensión siguió creciendo. El resto es ya historia reciente y, por tanto, bien sabida: Fuad Shehab en el 58 pretendió lograr un equilibrio aglutinando a Rashid Karame y Pierre Gemayel, jefes de las facciones enfrentadas; la prosperidad de la llamada «Suiza de Oriente Próximo» acabó estallando en una horrenda guerra civil (1975-1980) aprovechada por la OLP palestina para afianzarse en el país -lo que provocó la invasión israelí en 1982, con su salida definitiva en 2000- mientras grupos terroristas como el chií Hizb Allah (El Partido de Dios), de obediencia iraní, se desarrollaban y armaban poniendo en jaque continuo al débil y contradictorio gobierno libanés. Incapaz el ejército nacional de desarmar a los terroristas en cumplimiento de la resolución 1559 del Consejo de Seguridad de la ONU, para garantizar la seguridad en la frontera Sur, Israel desencadena el ataque de 2006 para forzar al Estado libanés a cumplir sus compromisos.

Aunque la Constitución fue revisada en 1990, no debe ser fácil vivir en un país donde el Presidente es, por ley, cristiano; el Primer Ministro, sunní; y el Presidente del Senado, chií. Muchos factores no podemos analizar aquí: la larga ocupación siria, el intervencionismo permanente de este vecino (hasta con asesinatos selectivos de sus enemigos), la emigración endémica (en especial de cristianos), la demografía galopante de los musulmanes, la presión violenta de facciones terroristas que ganan terreno entre la población musulmana, como en otros lugares, por sus labores asistenciales frente a la inoperancia de las instituciones oficiales. No es un panorama grato y, sin embargo, es el que hay y al cual deben responder los libaneses con acuerdos nacionales (y su cumplimiento), en vez de culpar a las siempre malignas fuerzas del Satán exterior. Un panorama que difícilmente alguien con patriotismo, o al menos sensatez, puede querer para España al favorecer el multiculturalismo, el fraccionamiento del Estado y la pérdida del sentido de unidad de los ciudadanos. Esos ciudadanos de quienes tanto hablan en abstracto.

La objeción educativa
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 26 Junio 2007

SI ALGO hemos podido aprender de la experiencia histórica es que casi nada que dependa de los servicios del Estado es garantía de calidad, sino todo lo contrario, justificada presunción de ineficiencia y mediocridad. Es lógico, el Estado en concreto tangible no existe; pero sí los gobernantes, personas que viven de los impuestos sacados coactivamente a los demás ciudadanos y que administran para la maximización de sus prioridades políticas, electorales y personales. Siempre hay que estar controlándolos, tal es la esencia de una democracia realista, el disponer de contrapoderes.

En España, en esa red de autonomías, municipios y provincias, los gobernantes mandan mucho. Pero aun quieren más; ahora pretenden marcar el canon de buen ciudadano para los hijos de los contribuyentes; tal es el proyecto de la nueva asignatura obligatoria denominada eufemísticamente Educación para la Ciudadanía. Hay fundamento ético y legal, jurisprudencia y simple sentido común, para calificar esta iniciativa como una extralimitación, una invasión de la más intocable libertad de las personas. Nadie debe regularle a los demás cómo debe ser; si sumiso u osado; conformista o rebelde; cómplice o valiente; corrupto o solidario. Incluso media tinta de ocasión. Ya elegirá su camino. Hay cientos de formas de estar en la sociedad; que nadie toque la libertad de los demás para ser en el mundo. Si incurre en delito, que sea castigado; no hace falta una asignatura para saber del bien y el mal; la conciencia moral es instintiva, se desarrolla con la maduración física y se advierte en el primer encuentro con los demás.

En este país se hizo un cambio contra la dictadura, pese a una educación ciudadana autoritaria e impuesta. De nada sirvieron los adoctrinamientos; meras pérdidas de tiempo y oportunidades para que profesores y alumnos hicieran el ridículo al menos una vez por semana. Mas el poder es ciego y vanidoso; insiste en configurar almas y voluntades, en convertir las escuelas en fábricas de jóvenes cívicamente correctos. Cuando aún no ha conseguido una escolarización literaria para enorgullecerse de Cervantes, ni una educación científica para saber apreciar a Cajal, introduce una nueva materia coactiva y banal que hará todavía más odiosa la obligatoriedad del estudio sin rigor ni horizontes. Y amenaza a padres y alumnos disidentes con quebrar la carrera de quienes no pasen por el aro.

Quedamos a expensas de la conciencia cívica de familias y adolescentes lúcidos, al buen criterio ciudadano y a la responsabilidad de los docentes; que bien saben lo que se puede y no se puede enseñar sin arbitrismo manipulador. Para que hagan valer su reflexiva objeción de conciencia ante las injerencias educativas. Porque sólo las personas libres pueden ser verdaderamente competentes y útiles para el resto de la ciudadanía.

Llamamiento a la calma
Luis del Pino Libertad Digital 26 Junio 2007

Seis soldados españoles han muerto al ser atacado su vehículo en el Líbano. El ataque ha sido realizado haciendo estallar un coche bomba al paso del convoy.

Desde aquí quiero hacer un llamamiento a la calma e insto expresamente a Pilar Bardem y a los demás "intelectuales" del Hay Motivo a que no se manifiesten delante de las sedes del PSOE en contra de nuestra misión en el Líbano. Manifestarse delante de las sedes de un partido es un acto muy poco democrático. Además, nuestra misión en el Líbano está avalada por la ONU, como lo estaba la de Irak, y el Gobierno del PSOE está en su perfecto derecho de enviar al Líbano tropas como parte de la contribución que España hace al intento de llevar la paz, la libertad y la democracia a todos los rincones del planeta.

Ya, ya sé que tenemos un gobierno mentiroso e irresponsable, que ha hecho demagogia en otros casos similares cuando estaba en la oposición y que ha sido tan bellaco como para engañar a los españoles, intentando hacer pasar por un accidente el ataque al helicóptero en el que otros 17 soldados españoles perdieron la vida en Afganistán. Pero yo pido expresamente a los miembros de la plataforma del No a la Guerra que no llamen asesino a Zapatero, ni a su Gobierno, ni a su partido, ni a los votantes socialistas. Porque ni Zapatero, ni el Gobierno, ni el PSOE, ni sus votantes son asesinos porque unos terroristas islámicos hayan atacado a los soldados españoles. Los asesinos son quienes han matado a esos soldados.

Por supuesto que comprendo la indignación que debe de inundar a ese amigo de dictadores llamado Llamazares, rememorando ahora las palabras de ese ministro Bono capaz de decir la idiotez de que es preferible morir a matar. Claro que entiendo también que los periodistas de la secta se vean tentados de arremeter contra este Gobierno que trata de practicar con la ciudadanía el tocomocho de que la misión en el Líbano es una misión humanitaria, cuando en realidad es una misión de guerra para el establecimiento de la libertad y la paz. Pero les pido que refrenen sus ímpetus justicieros. Ahora no es momento de críticas, sino de tratar a nuestros caídos como lo que son: como héroes que han muerto llevando la libertad y la democracia a zonas del planeta donde, por desgracia, aún no imperan.

Eso es lo que son esos seis militares muertos en acto de servicio: héroes de la libertad, de los que todos los españoles nos sentimos orgullosos. No eran monjas, ni cooperantes, ni miembros de ninguna ONG. Eran hombres y mujeres que eligieron voluntariamente la carrera militar sabiendo que les podía costar la vida, y que fueron a una misión bélica sabiendo que tendrían que hacer uso de las armas y que alguien haría uso de las armas contra ellos. Eran soldados. Nada más y nada menos.

Descansen en paz esos seis héroes, entre los que merecen mención especial los tres que han muerto vistiendo el uniforme de su patria de adopción. Esa patria que tanto se conduele hoy con sus familias y que tan orgullosa está de ellos.

Porque estoy seguro de que hasta Zapatero se siente orgulloso de esos seis militares españoles. Aunque hayan pasado más de 24 horas y todavía no se haya dignado a hacer ninguna declaración.

Pasado y futuro de las lenguas
Adolfo Gil Gómez La Opinión 26 Junio 2007

Recordad lo del caballo, se le puede obligar a ir a la fuente, pero es imposible obligarle a beber.

De mutuo acuerdo las tres fuerzas políticas apoyaron sin dudar el Decreto que regulará el uso del gallego en la enseñanza. Sí, ya sé que aquí se comentó ya, pero es que hay novedades desde entonces. Una de ellas es que el Consello Consultivo de la Xunta ha hablado y le ha dado un revolcón, dejando en entredicho la legalidad del tal proyecto que prescribía lindezas disciplinarias contra los agentes o los pacientes de la enseñanza que no lo acatasen sin rechistar.

A continuación habrán observado los gritos de rigor de los capitostes de la Mesa de Normalización, que si el Consello Consultivo es un residuo de Fraga -cuando sus letrados lo son por oposición-, de que todos sus dictámenes son puramente informativos, sin ánimo de lucro y además son incómodos y no están axeitados a la realidad del país.

Viene esto a cuento porque estos días cayeron en mis manos dos escritos muy divergentes, uno de ellos es el artículo del profesor Monteagudo: Existe o dereito de ignorar o idioma galego? (El País 15 de junio). Aquí el sociolingüista de pro, no sólo se limita a reponer negro sobre blanco lo tópicos más manidos sobre las opresiones pasadas, que nadie pone en cuestión, sino que avanza describiendo las presentes, que alguna habrá -no lo dudo- pero que son escasas y, además, destaca como indefectiblemente venideros los males futuros sobre la lengua propia del país. Para conjurar pasado, paliar presente y evitar futuro, propone y "esixe unha presenza maciza do galego no sistema educativo", incluso se podrían hacer chistes a cargo de la expresión, pero allá cada cual. Evidentemente el autor no hace más que una pregunta retórica, su respuesta está clara, no existe este derecho y el que no lo entienda así lleva a Galicia a la desfeita tal y como hacen los que conspiran contra el país.

No sé muy bien dónde están las quintacolumnas espías, al margen de alguna recogida de firmas testimonial, más bien el pueblo soberano ejerce como tal y punto.

Por otro lado el libro que quiero recordarles es del reconocido y admirado periodista Alex Grijelmo, Defensa apasionada del idioma español, un ensayo ya consolidado casi como manual de referencia, que en su momento causó cierto revuelo y sensación. Creo que se reedita con frecuencia, que no es mala señal. Los ignorantes y mal pensados estarán cavilando sobra las maldades de la obra que tanto gusta a este jacobino arriba firmante, pero no se trata de ningún panfleto concebido por la FAES, sino la obra de un trabajador de la lengua que se preocupa de su mal uso, partiendo siempre de la base de que, como dice textualmente su autor: "El lenguaje representa lo más democrático que la civilización humana se ha dado. Hablamos como el pueblo ha querido que hablemos. Las lenguas han evolucionado por decisión de sus propios dueños, sin interferencias unilaterales de los poderes; aún más: en un principio han impuesto los pueblos su lengua a los poderes".

No sé si servirá de reflexión para saber qué son derechos y deberes, individuales y colectivos, pero se puede intentar.

Sistema educativo envidiable
Cartas al Director ABC 26 Junio 2007
El conseller Ernest Maragall ha visitado Finlandia -cuyo sistema educativo es el que arroja mejores resultados a escala internacional- y se ha entrevistado con el ministro y otros responsables del sistema educativo para tomar nota de las claves del éxito y aplicarlas aquí.

Ahora, para empezar, propone que los canales públicos catalanes emitan películas en versión original, subtituladas en catalán, para que todos los alumnos hablen y escriban bien en catalán, castellano e inglés al terminar la etapa escolar obligatoria. Una se pregunta cómo, si ven escrito sólo el catalán, van a aprender a escribir castellano e inglés, y cómo, sin emitir películas en castellano, van a aprender a hablar este idioma.

Podría una pensar que en la escuela harán la labor principal y compensatoria en ese sentido para alcanzar el loable objetivo del trilingüismo. Pues resulta que su sistema de compensación consiste en más de lo mismo: catalán, única lengua vehicular. El castellano debe de ser tan fácil de dominar por todos los escolares que pisan Cataluña que con dos horas semanales tienen más que suficiente.

Dice que el éxito de Finlandia se basa en «la implicación de la familia y la sociedad junto con la escuela en el logro de sus grandes objetivos educativos», pero omite la existencia de una legislación respetuosa con las familias, que es clave del buen aprendizaje y de una buenísima cohesión social. Finlandia, que sólo tiene como única lengua oficial el finlandés, ofrece escuelas monolingües en finlandés, monolingües en sueco y las escrupulosamente bilingües, dependiendo de la composición ligüística de los municipios. Ya ven: el país con mejores resultados académicos antepone los derechos de sus ciudadanos y la calidad de su educación a cuestiones identitarias.

La verdad es que, en mi modesta opinión, el conseller debe volver y tomar mejor nota.

Marita Rodríguez

EL BLOQUE ADVIERTE AL PSOE DE QUE EL GOBIERNO LOCAL DEBE RENUNCIAR A LA VÍA JUDICIAL PARA DEFENDER LA CORUÑA
El Ayuntamiento mantiene el recurso del topónimo en contra del criterio del BNG
El pleito contra la sentencia que dio la razón a la Xunta y declaró A Coruña único nombre oficial de la ciudad sigue su curso lE "Con nosotros en el Gobierno local, no habrá más recursos", dice Tello.
Marcos Mosquera. A Coruña La Opinión 26 Junio 2007

El Ayuntamiento mantiene un frente abierto en su batalla judicial en defensa del topónimo La Coruña a pesar de que la alianza de gobierno entre PSOE y BNG especifica que el Gobierno local atenderá "lo dispuesto en la Lei de Normalización Lingüística", que fija A Coruña como única denominación oficial de la ciudad. En contra del criterio aceptado en el pacto con su socio de gobierno, el alcalde, Javier Losada, mantiene el recurso interpuesto por el Ayuntamiento contra la sentencia que dio la razón a la Xunta y anuló el acuerdo de la Corporación local para hacer cooficiales A Coruña y La Coruña.

Según confirmaron ayer fuentes municipales, este pleito, emprendido en la etapa de Francisco Vázquez como alcalde, es el único que sigue su curso. "Está próximo a que salga la sentencia", señalan estas fuentes, que consideran que "lo más probable" es que se mantenga este recurso, aunque indicaron que todo dependerá del informe jurídico que elaborarán los letrados municipales.

El pacto entre socialistas y nacionalistas para gobernar la ciudad en coalición establece como uno de sus trece "compromisos programáticos" que "se atenderá a lo dispuesto en la Lei de Normalización Lingüística". También recoge el impulso a la promoción de "la extensión del idioma gallego" y la creación de un Servizo de Normalización Lingüística.

Ayer, el primer teniente de alcalde y portavoz municipal del BNG, Henrique Tello, desconocía si el Ayuntamiento ya había retirado este recurso, interpuesto contra la sentencia emitida por el juzgado de lo Contencioso-Administrativo número tres de A Coruña en septiembre de 2005. Sí garantizó que, con el BNG en el Ejecutivo local, acabará el conflicto judicial del topónimo. "Es obvio que el Gobierno local, estando nosotros en él, no va a presentar ningún recurso. Y los que están presentados supongo que no surtirán ningún efecto", afirmó Tello.

El primer teniente de alcalde, en su primera comparecencia pública tras su entrada en el Gobierno local, se comprometió a impulsar tres actuaciones para dejar el sello del BNG en el Ejecutivo: un espacio de referencia en el conocimiento y la información ubicado en el parque ofimático, una factoría cultural para potenciar los "valores identitarios" de la ciudad y Galicia, y la construcción de un "modelo de bienestar". En tres meses, dijo Tello, se notará "lo positivo" de la presencia del BNG en el Gobierno. "Tenemos que evidenciar que nuestra entrada en el Gobierno local significa algo, pero somos conscientes de que no solucionaremos en un día problemas que se arrastran a lo largo de muchos años", argumentó.

Los seis ediles del BNG se acogerán al régimen de dedicación exclusiva en el Ayuntamiento, que les reportará a cada uno de ellos un sueldo de 60.000 euros brutos anuales. La nacionalista Margarida Vázquez, que asume la Concejalía de Igualdad y Participación Ciudadana, renovará como diputada provincial, aunque, a diferencia de la anterior legislatura, no asumirá competencias dentro del gobierno de la Diputación.

Aragón exige a la Generalitat que acate la ley para devolver los bienes de la Franja
ROBERTO PÉREZ ABC 26 Junio 2007

ZARAGOZA. La Generalitat catalana se resiste a que se devuelvan a Aragón los «bienes de la Franja». Dice que estaría dispuesta a acudir incluso a la jurisdicción civil, una vez que la eclesiástica no le ha dado la razón tras diez años de litigio. Y el Gobierno aragonés le exige que, lejos de entorpecer más el proceso, acate y vele por el cumplimiento de la ley, y no entorpezca el cumplimiento de una sentencia de plena validez.

El conflicto de los «bienes de la Franja», las 113 obras de arte que pertenecen a Aragón pero que siguen en poder del Museo Diocesano de Lérida, parece no tener fin. Más de diez años de litigio se arrastran, se acumulan un buen número de pronunciamientos de la jurisdicción eclesiástica -la competente para entender este asunto cuando, en su día, así lo acordaron las dos partes en conflicto, las diócesis de Barbastro-Monzón y de Lérida- ordenando que esas piezas vuelvan a Aragón. Pero Cataluña sigue evitando el cumplimiento de esos pronunciamientos jurídicos.

En octubre se cumplirán dos años de la sentencia vaticana que ordenaba a Lérida entregar esas 113 obras de arte a la diócesis oscense de Barbastro-Monzón. Hace semanas, la Santa Sede insistió en que no ha lugar nuevos recursos y reiteraba esa orden que dictó en el otoño de 2005. Así las cosas, el obispo administrador apostólico de Lérida, Xavier Salinas, mostró hace unos días a resolver de una vez por todas este asunto. Pero, de inmediato, la Generalitat ha salido en contra de que esas obras de arte salgan de Lérida.

La Generalitat se resiste
El pasado domingo aparecían en la prensa leridana unas declaraciones del consejero catalán de Cultura, Joan Manuel Tresserras, dejando claro que no estaba dispuesto a ver salir esas obras de arte. Las sentencias eclesiásticas no le sirven. Dice que aún queda la vía de la jurisdicción civil, agotada ya la de la jurisdicción eclesiástica. La postura de la Generalitat no es asunto menor. Es cierto que el litigio de los «bienes de la Franja» es entre las dos diócesis en conflicto. Pero también es cierto que esas obras de arte están en el Museo Diocesano de Lérida, que forman parte de sus fondos y que dicho museo se gestiona a través de un patronato del que forma parte destacada la Generalitat.

La vía civil, cuestionable
La posibilidad de recurrir a la jurisdicción civil una vez agotada la eclesiástica es algo de dudosa legalidad. Fuentes consultadas indican que, en su día, cuando comenzó el contencioso, las partes optaron por la jurisdicción eclesiástica y que, por tanto, ahora no ha lugar buscar la vuelta al asunto yendo a la jurisdicción civil porque en la otra vía no se ha obtenido lo que se quería.

Entre tanto, el Gobierno aragonés emitió ayer una declaración institucional en la que recuerda que la legislación en materia de patrimonio cultural establece que es el derecho canónico el que debe aplicarse en los conflictos sobre los bienes que son propiedad de la Iglesia. Añadió que, durante más de una década, todos los pronunciamientos eclesiásticos han reconocido al Obispado de Barbastro-Monzón como legítimo propietario de estas obras de arte.

Y, en la misma declaración institucional, el Ejecutivo aragonés recuerda a la Generalitat que esas sentencias «deben ser aceptadas y acatadas por todas las instituciones y administraciones públicas, sin excepción», sin «violentar la voluntad» del «legítimo propietario» de estas obras de arte.
 

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