AGLI

Recortes de Prensa     Martes 3 Julio   2007

Contra el terrorismo, en Yemen, el Líbano o España
EDITORIAL Libertad Digital 3 Julio 2007

Nunca hubiéramos querido que el tiempo nos diera la razón, y menos tan rápido. Advertíamos ayer, a propósito de los tres intentos de atentado que ha sufrido Gran Bretaña estos últimos días, que Zapatero le había hecho un flaco favor a los demás países occidentales al acceder a los deseos de los terroristas islámicos retirándose de Irak. La cesión frente a un enemigo decidido y fanático es siempre interpretada como debilidad por éste, y los resultados prácticos del 11-M no podrían haber sido mejores para los islamistas. De ahí que el cambio de gobierno en el Reino Unido se haya inaugurado poniendo a prueba la capacidad de resistencia del nuevo primer ministro. La voluntad de Zapatero de acceder a los deseos de quienes asesinan para obtener resultados políticos, ya sean islamistas o nacionalistas vascos, da alas a los criminales.

En estos momentos no sabemos si tanto el atentado del Líbano contra nuestras tropas como el de Yemen contra turistas españoles se han llevado a cabo teniendo en cuenta la nacionalidad de los atacados. Pero no cabe duda de que las indecisiones en materia de lucha contra el terror de los países occidentales no hacen sino acrecentar las expectativas de recompensa en aquellos que han optado por el terror como método para imponer su forma de vida a los infieles. Del mismo modo en que Gordon Brown debería reconsiderar la decisión de dejar Irak en los plazos anunciados, para dejar claro que los atentados no sólo no logran nada, sino que pueden resultar contraproducentes, España no debería ni plantearse la posibilidad de retirar nuestras tropas del Líbano o de Afganistán, como se había rumoreado estos días.

Puede, no obstante, que la causa del atentado que ha costado la vida a siete ciudadanos españoles mientras visitaban el Yemen esté en el otro gran objetivo de Al Qaeda. Para los islamistas, el ataque a Occidente ha de estar acompañado con el derrocamiento de los gobiernos laicos o no suficientemente islamistas, casi siempre dictaduras, que están al frente de muchos países musulmanes. Uno de sus objetivos son los turistas, fuente de legitimación y de dinero para estos regímenes. Poco les importa que sean víctimas inocentes, pues para ellos son infieles tan culpables como el que más de no seguir la fe de Alá. Sea cual sea, por tanto, el resultado perseguido con este deleznable crimen, no puede ocultarse que son nuestras creencias, o falta de ellas, las que nos hacen objetivo preferente.

El islamismo está en guerra contra Occidente. El que nosotros, sentados cómodamente en nuestra butaca, podamos preferir pensar otra cosa no es sino una huida de la realidad, tan habitual en los discursos de Zapatero. El 14-M escogimos esa vía, la fácil, la de enterrar la cabeza bajo la almohada y rezar para que no nos hagan nada si nosotros los tratamos bien. Pero eso tan sólo provoca que el problema se agrave y vuelva a nosotros con mayor virulencia. Políticas como el proceso de rendición ante ETA o la ridícula alianza de civilizaciones no son sólo inútiles como métodos con los que acabar con el terrorismo, sino que resultan contraproducentes. Hacen que nuestros enemigos nos perciban como débiles, y acrecientan sus apetitos. La única opción que tenemos frente al terrorismo es la lucha, y cuanto antes nos demos cuenta de ello más probabilidades tendremos de salir airosos de esta guerra sin cuartel.

Lo vimos claro cuando Aznar, por primera vez en nuestra democracia, puso la directa con la denigrada "solución policial". ETA estuvo a punto de desaparecer. Ahora se ha hecho más fuerte tras el proceso llevado a cabo porque la arrogancia de Zapatero le hizo pensar que los terroristas accederían a negociar su fin con él "porque era el tiempo de acabar con ETA", según dijo en una entrevista al BOE ilustrado, y "lo normal es que las cosas salgan bien" si a esa convicción se le añadían "unas gotas de sentido común y de intuición", algo que se daba "por descontado en una persona muy bregada políticamente" como él. El resultado de su irresponsabilidad es una banda fortalecida que se ha rearmado y ha regresado a las instituciones.

El mismo principio debe aplicarse a la lucha contra el terrorismo islámico. En casa podemos enfrentarnos a él con medidas policiales. Pero en el extranjero necesitamos al Ejército, porque no disponemos de otro método cuando tenemos que acabar con amenazas que proceden del exterior. No se puede marear la perdiz discutiendo sobre si las misiones son "de paz" o sobre si los organismos internacionales considerados competentes han dado o no su plácet. No son más que excusas para ocultar la cobardía de quien no se atreve a emprender una guerra que, desgraciadamente para todos nosotros, es la que nos tocará sufrir las próximas décadas.

Explicaciones
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 3 Julio 2007

En el debate sobre el estado de la nación celebrado el pasado año, el líder del PP, Mariano Rajoy, eludió polemizar sobre el terrorismo, a pesar de su desconfianza en el proceso de diálogo iniciado por el Gobierno. La tregua se había iniciado tres meses antes y Rajoy soslayó la cuestión en su discurso como un gesto hacia el Ejecutivo. Sin embargo, esa misma noche Patxi López anunciaba que el PSE se iba a reunir pública y oficialmente con la ilegalizada Batasuna. El líder del PP debió pensar que su actitud comedida no sólo no era tenida en cuenta, sino que era respondida con un desplante.

Ahora sabemos que el anuncio de Patxi López fue una concesión -un gesto de apaciguamiento, si se quiere- al ultimátum secreto de la izquierda abertzale que amenazaba con poner fin a la tregua porque un juez de la Audiencia Nacional había citado a ocho de sus dirigentes.

Tras la ruptura de la tregua, el líder del PP volvió a poner sordina a sus discrepancias con el presidente del Gobierno y le ofreció su apoyo para derrotar a ETA, echando por tierra las previsiones de la propia Moncloa que vaticinaban que Rajoy iba a aprovechar el fracaso de la política de diálogo con la banda para echarse a la yugular de Rodríguez Zapatero. Pocos días después comenzó a conocerse una sucesión de interioridades del proceso que han puesto al Gobierno en evidencia y que han dejado al PP con las ganas de pedir explicaciones. Al igual que hace un año, las aguas conducidas por canales secretos han aflorado a la superficie para condicionar el debate público.

Durante mucho tiempo, el terrorismo quedó al margen de los debates parlamentarios. El Pacto de Madrid, de 1987, creó un foro paralelo gracias al cual el Ministerio del Interior informaba a los partidos de la evolución de la lucha antiterrorista sin que los asuntos tuvieran que llegar a la tribuna del Congreso de los Diputados. Todos estaban informados, pero en un marco de discreción.

Esa política se quebró hace tiempo y hace dos años el Congreso de los Diputados, por iniciativa del Gobierno, aprobaba un acuerdo formal sin precedentes que daba el visto bueno a un proceso concreto de diálogo con ETA. La parlamentarización del diálogo con la banda no quedó ahí pues, en octubre del pasado año, se llevó incluso a la eurocámara en otra iniciativa de apoyo al proceso. Con estos antecedentes no hay excusa para que el presidente del Gobierno no ofrezca hoy explicaciones a los ciudadanos sobre su apuesta de diálogo con ETA y las lecciones que ha extraído del fracaso cosechado. Son explicaciones necesarias después de mucho tiempo en el que los argumentos han sido sustituidos por apelaciones a la confianza.

f.dominguez@diario-elcorreo.com

Estado de la Nación
Ya nada es como antes
Cristina Losada Libertad Digital 3 Julio 2007

A lo largo de estos tres años y pico de turbulencias, ha surgido una nostalgia por el mundo de ayer. Una comprensible saudade por la España anterior a ZP. Y una resistencia a darla por perdida. El partido de la oposición no ha sido ajeno a ese estado político-sentimental. Más aún, lo ha alimentado con una de sus líneas argumentales preferidas. Esa que dice que el presidente nos ha conducido a una artificial nebulosa, distante de los problemas que en verdad preocupan a los ciudadanos, y que su propósito –el del PP– es regresar a tierra y ocuparse de ellos. Que si las elecciones desalojan a Zapatero de La Moncloa, el nuevo gobierno podrá dedicar sus energías a esos asuntos que la gente suele citar en las encuestas como los que más sueño le roban, léase el paro, la vivienda, la seguridad o los precios. En una palabra, la promesa de la oposición es devolvernos a la normalidad perdida. Al país que hubo una vez, no hace mucho.

El discurso de la nostalgia y el regreso tiene diversos y no pequeños inconvenientes. Uno nace de la impracticabilidad: no puede retornarse al statu quo ante. La política de Zapatero y su caótica estela de efectos imprevistos nos han metido de hoz y coz en un escenario nuevo. Los restos del viejo aguardan en la calle a que se los lleve el camión de la basura. Se ha producido una fractura y no hay salto hacia atrás posible. El latiguillo de que "aquí no pasa nada" repetido por el Gobierno socialista y sus coros es por completo falaz. Ha pasado y mucho. De manera que hacer como si nada hubiera ocurrido y pudiera retrocederse sin más al estado anterior, constituye una ensoñación, en el mejor de los casos. Aquel mundo de ayer ya no existe. Y además, de algunos de sus rasgos, los peores, procede el de hoy.

Los problemas que Zapatero ha creado en estos tres años y pico, por alejados que se hallen de los cotidianos, están ahí y ahora son nuestros problemas. No son irreales ni superficiales. Al contrario son fundamentales, en la medida en que quiebran y amenazan las bases mismas del sistema político, los cimientos de la convivencia. Y no han aparecido por casualidad. Zapatero ha sido presidente por accidente, pero ni él ni su política surgen por generación espontánea. Su Gobierno no representa un paréntesis, como creen incluso algunos de sus seguidores, quienes naturalmente hacen votos para que no lo sea. Si ZP fuera un suceso fortuito, su huella no sería tan devastadora.

En este presidente y su Gobierno han confluido dos procesos que han estado ahí, incubándose, creciendo, esperando el momento de aflorar en toda su magnitud demoledora. Uno es el proceso de balcanización propulsado por los nacionalistas, y otro, el de la descomposición ideológica de la izquierda y del PSOE, en particular. Ambos convergían puntualmente, incluso frecuentemente, pero con Zapatero se han hecho uno solo. Así se ha impuesto una nueva realidad, que se ha colado por los puntos débiles, los huecos y los errores de la precedente. Un discurso político de oposición habrá de partir de ella y tendrá que propugnar, no la imposible vuelta atrás, sino la iniciativa para cambiar, de una vez, ese rumbo autodestructivo.

EL ESTADO DE LA EXPLICACIóN
POR ANTONIO JIMéNEZ El Ideal Gallego 3 Julio 2007

Zapatero pretende pasar de puntillas en el debate del estado de la nación sobre el asunto estrella de su legislatura. Se empeñó en hacer del final negociado del terrorismo objeto prioritario de sus desvelos y ahora pretende obviarlo tras comprobar el fracaso cosechado. El presidente quiere que nos olvidemos de lo que ha sido fuente permanente de conflicto y enfrentamiento en los últimos tres años y pongamos atención a la catarata de datos económicos y sociales propagandísticos con los que anegará el Congreso en la apertura del debate.

Si yo fuera Zapatero o cualquiera de los que le acompañan en su errática odisea, no me perdonaría jamás haber desaprovechado los "tres mejores años de la Historia de España en crecimiento económico y de creación de empleo -como repiten los divulgadores afectos al inquilino de la Moncloa- y en normas como la Ley de Dependencia que hacen que mientras en el resto de Europa se recorte el Estado de Bienestar, aquí se haya ampliado". Qué mal he debido hacerlo, debería admitir Zapatero, para que teniendo un balance en materia económica y social impecable, el PP pueda ganarme las próximas generales. El presidente debería hacérselo mirar y responderse a sí mismo sobre su empeño en abrir un debate con la reforma de los estatutos, sin el concurso del principal partido de oposición, que ha provocado enfrentamiento entre comunidades y por qué se metió en una incierta negociación con ETA sin importarle agredir a las víctimas y desoyendo las advertencias de quienes le avisaron de las consecuencias.

Ahora llega el momento de hacer balance y lo ocurrido no puede quedar a beneficio de inventario como pretende el presidente. Zapatero está obligado a explicar el alcance de su negociación con ETA y responder a las informaciones que inciden en que ha faltado reiteradas veces a la verdad durante su proceso de paz. Si los españoles nos merecíamos un gobierno que no nos mintiera, como dijo el hoy ministro de Interior para zaherir al de Aznar, el Gobierno de Zapatero no era el que nos merecíamos. Y el problema de ZP es que ya no convence ni a los propios. Hasta alguien como Félix Ovejero acaba de escribirlo en "El País": "El presidente ha hecho trampas. Una y mil veces negaba hacer lo que hoy sabemos que estaba haciendo. Incluso estiraba las palabras hasta vaciarlas de su sentido, a veces de un modo ofensivo para la inteligencia y para la institución".

El Estado de la Nación
LÍNEA EDITORIAL minutodigital 3 Julio 2007

Hoy comienza en el Parlamento el debate del Estado de la Nación. Ignoramos todavía por qué cauces transitará el presidente y por cuáles Mariano Rajoy. Sin embargo, lo que parece claro es que el debate debe servir para algo... pues en caso contrario sería un fracaso.

La mayor utilidad que podría sacarse del debate es la rectificación del Gobierno en varios aspectos de su política, que únicamente han conseguido fomentar la confrontación entre españoles, algo que no se producía desde aquellos desgraciados años 30 en los que la izquierda revolucionaria pretendió cambiar España a golpe de ilegalidad.

Rajoy cometería un grave error si no se esfuerza porque Zapatero asuma sus errores. En primer lugar su política territorial, que por la vía de los estatutos está provocando el odio entre regiones e incluso la amenaza terrorista, como informábamos ayer en relación a Unitat Nacional Catalana.

El segundo elemento de división es el comportamiento del Gobierno con la ETA, pues por la actuación de estos últimos meses Zapatero ha manifestado estar más cerca de los posicionamientos de ETA que de los del PP. En caso de duda el PSOE de hoy elige siempre la vía antidemocrática y asesina.

El tercer elemento de división es la utilización del poder político con fines extrapolíticos de ingeniería social. Así el matrimonio homosexual, la Educación para la Ciudadanía, el divorcio express, el cambio de sexo, etc. intentan forzar un cambio en la concepción antropológica del hombre que no tiene ninguna justificación democrática posible.

En cuarto lugar, y estrechamente ligado a nuestra unidad nacional, se encuentra la tolerancia con la inmigración ilegal. Esta pondrá en jaque, en muy poco tiempo, a todas las instituciones sociales y políticas, y no puede menos que favorecer la disgregación y el sálvese quien pueda, con el cruel regreso de la ley de la selva.

En quinto lugar, la precariedad laboral y la carestía de la vida, con unos tipos de interés que no dejan de subir ante la inactividad del Gobierno, que no adopta medidas para evitar consecuencias trágicas para las economías domésticas.

Finalmente, habría que abordar la realidad del terrorismo musulmán en España, que si en otros países como Estados Unidos o Gran Bretaña (véase lo sucedido este fin de semana) sirve para unir a la ciudadanía frente al terror, en España, de la mano del PSOE y a raíz de las comportamientos ilegales del PSOE durante la jornada del reflexión del 13-M, se ha convertido en elemento de división.

Si estos temas afloran en el debate de hoy querrá decir que aún no está todo perdido, pues nuestros representantes tienen aún conciencia de lo que le importa a la ciudadanía. Sin embargo, si estos temas no salen a colación querrá decir que nos encontramos con una clase política alejada de la realidad que debe ser sustituida cuanto antes.

El malestar de la nación
POR BENIGNO PENDÁS ABC 3 Julio 2007

MALAS noticias desde Yemen. Otra vez de luto, por desgracia. En todo caso, horas antes del debate no es fácil determinar cuál es el «estado de la nación», más allá de la indolencia y el hedonismo que anuncian las vacaciones. Hay acaso demasiados conformistas, unos cuantos indignados y muy pocos convencidos. La palabra clave es «malestar», en un sentido que trae recuerdos de Ortega, pero también de Sigmund Freud en un libro famoso de 1930. Lo peor es la indiferencia, el particularismo, el síndrome difuso de la fiebre helenística: a mí me va bien; la «polis» no es cosa mía. Se diluye el orgullo legítimo que los españoles sentimos hacia la Transición democrática. La razón práctica busca refugio en el ámbito privado.

La desilusión política es un fenómeno palpable en muchos sectores sociales. Zapatero es el responsable principal pero no el único. En la sociedad abierta, el poder debe transmitir confianza; como mínimo, seguridad. Ahora sucede todo lo contrario: la sociedad no sabe a qué atenerse porque el piloto ha perdido el rumbo, si acaso supo alguna vez a dónde quería llevarnos. Nos salvan muchos siglos de historia, la de verdad y no esa que ahora se inventan; las instituciones que todavía funcionan mientras quiebran las meras ocurrencias; también la prosperidad económica, fiel reflejo de una sociedad con ganas de recuperar el tiempo perdido. Sin complacencia alguna: la salud social y económica de la nación es razonable, al menos en este contexto posmoderno, donde todos vivimos en precario. ¿Por qué falla la política?

El Gobierno llega exhausto al fin de curso. Ha perdido las elecciones locales aunque consiga maquillar el resultado con pactos -a veces- disparatados. Pretende rellenar con saldos el resto de la legislatura. No se atreve a preguntar a sus socios por los Presupuestos. Ya sabe qué puede esperar. Baraja sin convicción un adelanto de fechas, tal vez al filo de dos sentencias: 11-M y Estatuto catalán. Teme a ETA. Por tanto, teme a «Gara». Los terroristas no son creíbles, es cierto: lo malo es que confirman verdades ya conocidas a través de fuentes fiables. Con préstamo de Karl Popper: «aunque no lo sepamos todo, algo sabemos». Zapatero es víctima de la ilusión sinóptica. Todo lo reduce a juegos simples de corte voluntarista. Tal vez confía en que muchas preferencias políticas son impermeables a los argumentos ajenos. Otra vez lo de siempre: mesías de la izquierda frena a derecha autoritaria. Lo digo con pena: todos los caminos conducen a buscar el voto de Irak, a reeditar el Tinell y -si no hay otro remedio- a promover el gobierno multipartido a escala nacional. Da lo mismo que puedan crujir las instituciones y que se rompa una convención razonable. Traducción práctica. Veremos gestos radicales. Si dura la legislatura, tendremos una ley tramposa sobre la memoria histórica para que cada uno construya el pasado según le convenga. Como colofón, un poco de suerte y las ventajas que otorga la inercia al partido en el poder. Equipaje ligero, sin duda, pero esto es lo que hay.

Los ánimos están crecidos en el PP. La encuesta de verdad estaba en las urnas. El tirón de Madrid es implacable. El regreso de Rato supone un refuerzo, de una o de otra manera. Rajoy llega con fuerzas al último debate. Su adversario regala bazas determinantes: ANV ya está ahí; Navarra está al caer; los gestos con De Juana y Otegui apenas sirven... ¿Hablar de terrorismo? Sí, por supuesto, para reiterar la oferta de forma solemne: todo el apoyo para derrotar a ETA. Derrotar, insisto, y no trampear. Palabras medidas y sentido de Estado. Si lo hace como sabe, será el ganador. Además, ofertas en positivo. A la gente le importan de verdad ciertos problemas: inmigración, sanidad, escuela, vivienda. Pero, sobre todo, le preocupa España. La mayoría electoral no es una yuxtaposición de minorías sino la expresión política de una sociedad vertebrada. El día que no exista, dará igual el encaje constitucional. Pero existe, y por eso seguimos aquí: estos días, sufriendo con los nuestros en Afganistán o en Yemen. El PP tiene que ganar las elecciones y no sólo esperar a que las pierda Zapatero. Las mejores bazas están en manos de Rajoy: personas, programas, principios... Pero tendrá que conquistar voto por voto, jugar con habilidad en un terreno a veces hostil y reforzar una estrategia orientada al centro político y al pacto razonable. Las concesiones al populismo sólo sirven para espantar a cierto tipo de electores afines pero muy exigentes. Se adivina para hoy un discurso sólido y coherente, porque la partida está situada en el lugar que mejor domina el líder de la oposición.

Las minorías siguen a lo suyo, pero los nacionalistas transmiten malas vibraciones. ¿Discurso agotado, por fin? En Cataluña, cobra protagonismo la «y» de Convergencia y Unión, mientras ERC -un partido antisistema, en sentido técnico- muestra su faceta histriónica y asamblearia. Se inquietan en el País Vasco las dos almas del PNV, porque todos intuyen peligros para el monopolio del poder. Los demás miran a un lado y a otro en busca de espacios que rellenar. A lo mejor han leído al Nobel chino Gao Xingjian: en un momento dado, «lo más práctico es salvarse primero a uno mismo». A día de hoy, nadie tiene ideas claras sobre cuál es la mejor apuesta, y eso siempre beneficia al aspirante. El PP debe leer con inteligencia esta indecisión de las minorías. Cualquier error puede ser fatal: en pura teoría de los juegos debes conseguir siempre que las decisiones en el bando adversario las tomen los más torpes. El Congreso de los Diputados se juega mucho también ante la opinión pública. Un buen debate, con el formato ágil y flexible que merece, capta la atención de mucha gente, dispuesta a recuperar la confianza en cuanto los políticos ofrezcan algún motivo. En el adiós a Tony Blair hemos visto cómo funciona la democracia británica, flexible y ceremoniosa. En política, como en la vida, casi todo está inventado. Por eso, la igualdad de armas es un principio nuclear en un debate entre Gobierno y oposición. Seguro que así será. Un último deseo: los líderes deben hablar en el lenguaje llano que todos entienden y no en esa jerigonza para iniciados que les separa del ciudadano común. Será mejor para ellos mismos.

Esta es una gran nación, en efecto, como dijo el Rey hace poco en sesión solemne de las Cámaras. Si no lo fuera, insisto, tal vez no podría soportar la mezcla de insensatez y malevolencia que nos aflige a los españoles de vez en cuando. El malestar es una sensación incómoda, pero no es un cáncer terminal, mal que les pese a unos cuantos. Se cura, por tanto, con perseverancia y sentido común. Debate tardío, entrado ya julio, mientras Velázquez comparte su espacio natural con Patinir, el segundo mejor azul en la historia de la pintura. La gente deberá prestar a la sesión el interés que merece porque no es tiempo de indiferencia, desdén o egoísmo. A veces, la «polis» nos reclama y nadie de buena fe debería ignorar esa llamada.
Ciertos políticos no lo merecen, sin duda, pero la ilusión por el proyecto común tiene que seguir viva aún en tiempos de zozobra. La España constitucional ha sido y es un éxito colectivo pese al empeño de algunos por impulsar aventuras sin final conocido.
BENIGNO PENDÁS
Profesor de Historia de las Ideas Políticas

La misma guerra
POR IGNACIO CAMACHO ABC 3 Julio 2007

ES de esperar que, en el debate sobre el estado de lo que queda de nación, Zapatero no califique hoy de «accidente» el atentado mortal sufrido por los turistas españoles en Yemen, ni busque excusas ni matices apaciguadores para disimular que estamos, como ciudadanos europeos de una sociedad abierta, involucrados en una guerra que nos ha sido declarada. En su derecho está de poner, como suele, énfasis en el carácter fundamentalista o fanático de un terrorismo del que evidentemente no son responsables todos los musulmanes ni ha de asociarse de manera automática a su religión o a su cultura, pero mas allá de sus cautelas se llamará a engaño si trata, como también acostumbra, de minimizar el conflicto o acotar sus lindes en la casuística compleja y remota de un orden mundial mal diseñado. Porque nos guste o no, estamos en el objetivo de una locura vesánica que no se va a detener ante conceptos comprensivos, proclamas genéricas o alianzas multiculturales más o menos bienintencionadas.

Una docena de españoles, entre militares y civiles, ha caído en una semana en la zona caliente del planeta donde se dirime el choque entre la libertad y sus enemigos, apenas disfrazado ya con la retórica de la territorialidad o la excusa del conflicto judeopalestino. El mensaje es claro: somos objetivo de los bárbaros que se proclaman verdugos de la ira de Alá, y no hay apaciguamiento ni doctrina que valga ante su exigencia de exterminio. La retirada de Irak les pudo sosegar de modo provisorio, pero no se han creído las milongas de las misiones de pazzzzzzz ni desean vernos de otra forma que arrodillados ante su delirio. No golpean al azar; buscan el corazón simbólico de la presencia militar en el Líbano y el pánico en la retaguardia civil al atacar a los turistas del Golfo. Y acaso no esté lejano el día en que, como ahora en Gran Bretaña, nos vuelvan a visitar en este suelo que con tanta generosidad y tan poca previsión les acoge.

Ante esa actitud no cabe más respuesta que apretar los dientes y perseverar en la defensa de nuestros propios valores, camino de espinas que al presidente le resulta especialmente ingrato, como se ha visto respecto al terrorismo que los anglosajones llaman «doméstico» y al que Zapatero ha pretendido en vano domesticar. Traducido a decisiones políticas, significa aceptar que el Ejército ha de seguir presente en el combate contra el terror en sus madrigueras, sin engañarse con pacifismo de tiritas, y prepararse para la sangre, el sudor y las lágrimas, endureciendo si es menester la liviandad ingenua con que abrimos los brazos a quienes nos los quieren romper. No hay matices: Londres, Glasgow, el Líbano, Yemen, el 11-M, el 7-J, el 11-S y la violenta posguerra de Irak son episodios de una misma guerra, de un mismo odio, de una idéntica y dolorosa enajenación contra lo que somos y lo que significa nuestro modo de vida. Y, como dijo Tony Blair tras las bombas del Metro londinense, cometeríamos un error de proporciones gigantescas si pensamos que, porque nosotros cambiemos, ellos van a cambiar.

El permanente terrorismo islamista
Germán Yanke Estrella Digital 3 Julio 2007

El terrorismo islamista no deja de hacerse presente. En España lo hemos experimentado claramente: el mismo día en que terminaban las sesiones del juicio por los atentados del 11-M., el ministro de Defensa se refería en el Congreso a la muerte en el sur de Líbano de seis soldados españoles. Cuando aún no habían terminado, ni el juicio ni la comparecencia ministerial, llegaba la noticia del asesinato de siete turistas españoles y dos acompañante yemeníes en las inmediaciones del templo de Mahram Belques. Todo ello con el impacto aún vivo de nuevos atentados en el Reino Unido y de la alarma en otros países occidentales.

El dolor por tantas víctimas debería servir también para reflexionar sobre las causas del terror islamista, quizá el único medio de combatirlo con energía y eficacia. No son, desde luego, las que tan frívolamente se exponen a veces, como si los terroristas empuñaran las armas o colocaran las bombas por una mal entendida humillación occidental o por la incomprensión que para ellos suponen determinadas políticas. Esta falsa versión de que el culpable no solamente es “otro” —no el terrorista— sino precisamente el adversario ideológico del papanatas que juzga la situación, tiene tan poco fundamento que debería eliminarse del panorama de las opiniones serias.

El terrorismo islamista, Al Qaeda y sus organizaciones satélites, los yihadistas y, desde luego, los Estados que les sirven de refugio y soporte, son responsables de la violencia y de su objetivo, que no es otro que imponer un sistema totalitario, impedir el desarrollo de las sociedades musulmanas hacia la apertura y la negación de la dictadura dogmática y amedrentar a Occidente para que varíe las políticas en defensa de las libertades y los derechos humanos. Dejemos, por tanto, de hablar de insurgentes cuando son terroristas. En Líbano, en Yemen, en Madrid y Londres y en Irán, en donde el islamismo violento se empeña en impedir la construcción de una democracia y en oponerse con las armas al resultado de las urnas.

Hay un problema y no es otro que el desarrollo violento de una ideología contraria a la libertad, a los derechos humanos y al relativismo de los Estados. O, lo que es lo mismo, favorable a imponer con las bombas la dictadura, la persecución de los individuos y el dogmatismo religioso. Si no se combate esa barbarie —con la política, las relaciones internacionales intransigentes y el apoyo a los moderados— nunca será eficaz la urgente y necesaria batalla contra el terrorismo islamista.

Si, por el contrario, se opta por la absurda pusilanimidad, viene muy bien, como disculpa, especular sobre nuestra presencia en Afganistán, la política exterior británica, el carácter del presidente de los Estados Unidos o la cooperación económica internacional. Pero será sólo eso, una disculpa.

LOS POPULARES GALLEGOS DENUNCIAN QUE LA NUEVA NORMATIVA VULNERA EL PLAN DE NORMALIZACIÓN LINGÜÍSTICA
El PP recurrirá a la Justicia si la Xunta mantiene el decreto del gallego
Núñez Feijóo propone que los alumnos puedan escoger la lengua en la que desean realizar los exámenes y alerta de que la norma de Educación abre la puerta al monolingüismo en la enseñanza.
Redacción / Laura Antelo. Santiago / A Coruña La Opinión 3 Julio 2007

El presidente del PP de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, aseguró ayer que su formación tiene como "seña de identidad" el Plan Xeral de Normalización Lingüística y denunció que el decreto del gallego en la enseñanza aprobado la pasada semana por la Xunta "vulnera el espíritu y el texto" de dicho plan, por lo que reclamó a la Consellería de Educación que "rectifique".

Según indicó el líder de los populares gallegos, el decreto "hace una interpretación restrictiva e interesada políticamente del plan de normalización lingüística", texto sobre el que el PP "no se moverá ni un ápice". "Allá el gobierno si quiere hacer decretos unilaterales", advirtió Feijóo, para quien la formación que preside sigue en el consenso "del bilingüismo armónico", frente a una nueva normativa que "abre la puerta al monolingüismo" en la comunidad.

En ese sentido, afirmó que hay quien quiere usa la cuestión lingüística "para imponer ideología" e hizo un llamamiento a la Consellería de Educación para que "dé marcha atrás y no inicie un conflicto que no existe". "Si no rectifica, miraremos desde el punto de vista jurídico qué se puede hacer", avanzó.

"Si queremos proteger el gallego, no lo impongamos, si no cada día nos irá peor", avisó el presidente del PP gallego, para quien el decreto "vulnera el equilibrio" entre la lengua gallega y el castellano, así como el derecho de los padres a elegir el idioma en que son educados sus hijos.

Sobre esta cuestión, reclamó, además, que no se vuelva "a las andadas", en referencia a la etapa del franquismo en que se obligaba "a hablar en una sola lengua", en aquel caso en castellano. "Espero que ahora no haya nadie que le tenga que pedir al profesor si puede hacer un examen en castellano", resumió. En este sentido, Feijóo propuso que los alumnos puedan elegir en qué lengua -gallego o castellano- realizar los exámenes a excepción de Lengua, Gallego e Inglés.

Además, el líder de los populares consideró que "no tiene sentido" que la Xunta "aparte" al PP de la negociación final del decreto, después de haber consensuado en febrero un texto inicial entre los tres grupos.

Por otra parte, La Unión Democrática de Estudiantes anunció ayer que recurrirá en el Tribunal Constitucional, junto con asociaciones y plataformas ciudadanas de Galicia, el decreto que regula el gallego en la enseñanza.

La organización advierte "de la imposición del gallego como lengua única en la enseñanza desde la presentación del nuevo decreto". "Esta norma sólo garantiza el uso del castellano en la asignatura de Lengua, equiparando la lengua mayoritaria de los gallegos a un idioma extranjero", afirmó el colectivo. "Es cierto que la nueva normativa permite el uso del castellano en algunas asignaturas, pero exceptúa las instrumentales, como Matemáticas", puntualizó.

LENGUA
El Consello Consultivo replica a Educación por el decreto del gallego
El PP reivindica el bilingüismo armónico y abre la puerta a un recurso de inconstitucionalidad
Opina que Sánchez Piñón obra de forma «tendenciosa» al ver contradictorios sus dictámenes
Serafín Lorenzo | Lugar: santiago La Voz 3 Julio 2007

La decisión del PP de desviarse del consenso preservado hasta ahora por los tres grandes partidos sobre el uso del gallego en las aulas ha abierto una pugna política de consecuencias aún imprevisibles pero que apunta ya a un probable recurso de inconstitucionalidad. Los populares amagaron ayer con esa posibilidad, apoyándose en las observaciones del Consello Consultivo. El órgano de garantía jurídica emitió un comunicado en el que critica en parte las tesis expuestas al respecto por la conselleira de Educación, Laura Sánchez Piñón, en una entrevista publicada el sábado por este periódico.

El Consello Consultivo acusa a la conselleira de responder de forma «manifestamente tendenciosa e inveraz, e dificilmente compatible coa boa fe e a prudencia» al calificar de «paradoxal» que ese órgano incluya en su dictamen una consideración al artículo 13, que alude a que «utilizará con carácter xeral», cuando en 1997, según arguyó Piñón, «fixera un informe tan favorable respecto ao mesmo tema». El Consultivo puntualiza que el artículo 13 del decreto «regula o pretendido deber de uso da nosa lingua polos alumnos en sede docente», mientras que el artículo 1 «regula a utilización da lingua propia de Galicia nas actuacións administrativas e a xestión burocrática dos centros docentes, materias de natureza e alcance absolutamente distintos como facilmente se pode comprobar». Alega que en la respuesta de la conselleira «evidénciase unha notoria e manifesta falta de veracidade», ya que el decreto 66/1997 al que se refiere «non contiña en absoluto o actual artigo 13 do recente decreto 124/07, senón que modificaba exclusivamente o artigo 1». Precisa también que el actual decreto sustituye la expresión «débese procurar» de los artículos 1 y 8 del decreto de 1995, anterior a la creación de ese órgano, por el imperativo «o alumnado empregará».

«Imposición ideolóxica»
El PP dio ayer la vuelta a la acusación de quiebra del consenso con la que Touriño reprobó el jueves su desmarque del decreto sobre el uso del gallego. Alberto Núñez Feijoo responsabilizó a la Xunta de dinamitar ese acuerdo. Reivindicó un «bilingüismo armónico» y señaló que el Consello Consultivo «ve aspectos que poden ser susceptibles de ser declarados inconstitucionais», por lo que, advirtió, «nese camiño, non podemos ir da man do Goberno».

El líder del PP incidió en la defensa del Plan de Normalización aprobado en el 2004, con Fraga en la Xunta, y rechazó la interpretación de este que se hace en el decreto. Subrayó que los populares no tienen que «manter un Goberno» ni utilizar el Plan de Normalización «para impoñer a súa ideoloxía», sino que sus «prioridades» son salvaguardar el derecho de los padres a elegir la lengua en la que son educados sus hijos y el de éstos a dirigirse a sus maestros en gallego o en castellano. Feijoo apeló al consenso, pero avanzó ya que el PP estudiará «o que corresponde facer dende un punto de vista xurídico» contra el decreto.

El cuento chino del bilingüismo armónico
Nota del Editor 3 Julio 2007

Para los habituales de estos recortes, no es necesario comentarlos, pero por si hubiera alguien que haya llegado hasta aquí sin haber leído antes el abundante material que ofrecemos, tendremos que aclararle algunas cosas, ya repetidas en numerosísimas ocasiones.

La Constitución Española no obliga a bilingüismo alguno, todos los españoles tenemos el deber de conocer el idioma español. Los españoles no tenemos obligación alguna de conocer lengua regional alguna. Por tanto cualquier intento de imponer cualquier lengua regional es anticonstitucional y AGLI presentará próximamente el recurso contencioso-administrativo contra el decreto de la Junta de Galicia, donde estos días, la plataforma www.tangallegocomoelgallego.es ha entregado más de 20.000 firmas en contra de la imposición, a favor de la libertad.

Los partidos políticos presentes en el Congreso, pueden presentar recurso ante el Tribunal Constitucional, al igual que el Defensor del Pueblo, pero de momento, es suficiente el  recurso contencioso-administrativo,.

Los ciudadanos que residan en Galicia y quieran que sus hijos estudien en o la lengua regional, tienen derecho a hacerlo, sin olvidar que también tienen el deber de conocer el español. Los ciudadanos que no quieren que sus hijos estudien en o la lengua regional están amparados por el Art. 3º de la Constitución Española; otra cosa es que por miedo a las más variopintas represalias no quieran enfrentarse a la Junta de Galicia y sus normalizadores, interponiendo a sus hijos en tal cruel batalla.

P.D.: se necesita adulto, preferentemente pensionista, que pueda matricularse en algún centro educativo bajo la normativa de la Junta de Galicia para plantar cara y defender la libertad de elegir el idioma español como lengua vehicular de toda la enseñanza.

Recortes de Prensa   Página Inicial