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Recortes de Prensa     Domingo 22 Julio   2007

Adoctrinamiento en euskera
Editorial La Razón  22 Julio 2007

El Gobierno vasco ultima estos días una profunda reforma de su sistema educativo que, de salir adelante en los términos en los que está redactada, supondrá un duro golpe a la presencia del castellano en las aulas y ahondará aún más en el abismo que separa el plan de estudios de esta comunidad y el del resto de España.
.... (artículo de pago)

El Gobierno vasco impondrá más euskera e historia de Euskal Herria en las escuelas
Aprobará en verano un decreto que redefinirá el contenido del programa educativo hasta los 16 años y que se implantará en el curso 2008-2009 ? Pretende reforzar la «normalización» de su cultura y lengua
Iker Moneo La Razón 22 Julio 2007

Vitoria- El guión de las materias que deben aprender los alumnos en la red pública y privada de escuelas del País Vasco hasta los 16 años, la etapa de enseñanza obligatoria, cambiará a partir del curso 2008-2009. El nuevo programa situará al euskera como la «lengua principal», a la que se dedicarán más horas lectivas con el objetivo de «impulsar su normalización», hasta llegar a equipararla con el castellano, y reforzará la cultura y la historia específica de Euskal Herria -una aspiración nacionalista que no tiene reflejo geopolítico-, para que todos los estudiantes tomen conciencia de la «identidad vasca».

El Gobierno de Vitoria está a punto de aprobar un decreto mediante el cual establece lo que ha optado por denominar como currículum vasco. Un documento que en lugar de haber sido elaborado en el seno del Departamento de Educación se ha creado a partir de las aportaciones de algunos agentes del sector de la enseñanza. En especial, de la Confederación de Ikastolas, un grupo privado de ámbito nacionalista que reúne al 17 por ciento de los centros de pago, y de la Federación de Colegios Cristianos-Kristau Eskola, también privado que, por cierto, han recibido subvenciones para poder realizar el informe.

«Un mal comienzo»
Este hecho es «un mal comienzo», según asegura el parlamentario del Partido Popular y responsable de Educación de su grupo, Iñaki Oyarzabal, quien denuncia que se va a dar «un corte muy sesgado a todo el trabajo». Después de haber examinado detenidamente el borrador del decreto, su diagnóstico es más que tajante: «con el nuevo currículum se pretende adoctrinar políticamente».

En el texto se conjugan de manera confusa los términos de Euskal Herria y Comunidad Autónoma de Euskadi, y se menciona que la puesta en práctica del nuevo programa lingüístico conllevará «una serie de cambios de envergadura en el pensamiento y formación del profesorado».

Iñaki Oyarzabal sospecha, además, que su aprobación se realizará a lo largo del próximo mes de agosto, para que «no haya capacidad de reacción -las instituciones ya se encuentran de vacaciones- y pase desapercibido».

La implantación del nuevo currículum afectará a aproximadamente un 45 por ciento del programa educativo, que es, concretamente, la cuota de libre designación que tienen las distintas comunidades autónomas con lengua propia. El resto, lo fija de manera obligatoria el Ministerio de Educación y Ciencia en todas y cada una de las comunidades.

El año que transcurrirá desde que el Consejo de Gobierno vasco dé luz verde al decreto hasta el día en el que se implante definitivamente se dedicará a preparar tanto los materiales didácticos como al profesorado, aunque el borrador también menciona la posibilidad de introducirse en algunos ciclos del próximo curso escolar.

«Utilidad»
En la presentación que hizo hace algunos meses el consejero vasco de Educación, Tontxu Campos, éste mostró su deseo de que el nuevo documento sea útil para las escuelas de Navarra y del País Vasco francés, los otros territorios que junto a la comunidad autónoma del País Vasco conformarían Euskal Herria.

También explicó que se otorgará una gran autonomía a los centros educativos para que adapten el currículum a «la especificidad cultural de su entorno».

En este punto, el propio Oyarzabal alerta sobre el denominado «currículum oculto», el que determinan en muchos centros educativos los propios docentes, «en muchos casos nacionalistas». Su principal conclusión después de estudiar exhaustivamente el borrador del decreto es que el Departamento de Educación «tratará de que los libros de texto reflejen que el euskera ha ido retrocediendo por una imposición del Estado y además planteará una dicotomía entre lo vasco y lo español».

«Es dar una vuelta de tuerca más a la hora de poner el acento en lo que nos separa frente a lo que nos une», añade el parlamentario.

El nuevo programa lingüístico incluye un retroceso en la exención del euskera, ahora solamente se aplicará si la escolarización del alumno en el País Vasco no sobrepasa un curso. Algo que, unido al incremento del tiempo dedicado al aprendizaje de esta lengua, hará muy complicado el paso académico de un estudiante de otra comunidad autónoma por la red educativa vasca.

Un único modelo lingüístico
Otro de los grandes cambios educativos que ha emprendido el Gobierno vasco es el de los modelos lingüísticos. Desde el año 1982 existen en la comunidad autónoma vasca un total de tres opciones disponibles: el modelo A (en castellano con el euskera como asignatura), el B (bilingüe) y el modelo C (en euskera con el castellano como asignatura).

Con el argumento de que este sistema no consigue dotar a los alumnos de un nivel suficiente de euskera al finalizar el ciclo de enseñanza obligatoria, el consejero vasco de Educación, Tontxu Campos, ha propuesto la creación de un único modelo lingüístico en el que el euskera sea «la lengua vehicular» en la que se impartirán el mayor número de asignaturas en las escuelas. Algo que requiere la contratación de cerca de 4.000 nuevos profesores euskaldunes.

La transición ha de pasar primero por que el Parlamento vasco apruebe la Ley que regula este nuevo marco educativo, que también se introduciría en el próximo curso escolar 2008-2009 en Educación Primaria y de manera progresiva a lo largo de los siguientes diez años. El PSE muestra algún recelo y el Partido Popular se opone de plano a esta medida, ya que considera que el nuevo modelo lingüístico anula la libre elección de los padres que se ven abocados a un solo sistema dominado por el euskera, sin que puedan elegir otra posibilidad para sus hijos.

Los candidatos de la libertad
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 22 Julio 2007

ESPAÑA es la única democracia del planeta en la que existe una región donde presentarse a las elecciones puede significar jugarse el tipo. Esa es la razón por la que en el País Vasco algunos partidos no nacionalistas -sobre todo el Popular- conforman parte de sus listas municipales recurriendo a personas afincadas en otras zonas del territorio nacional: porque para los vecinos del lugar el riesgo de concurrir a los comicios puede llegar a ser insoportable.

Por eso, el ejemplar coraje cívico de muchos de esos candidatos por solidaridad no puede merecer sino el apoyo activo de todos los españoles que sabemos cómo se las gastan en las tres provincias vascas y en Navarra los ahora autodenominados «defensores de la paz».

Uno de ellos, Joseba Álvarez, portavoz de la Batasuna, dirigía el jueves pasado toda su sucia artillería dialéctica contra Regina Otaola, alcaldesa de Lizarza, pequeño pueblo guipuzcoano donde sólo el PP se ha atrevido a concurrir a las últimas locales, con una lista solidaria de personas que no son de la localidad.

Allí ganó el PP, por exclusión, las elecciones: los violentos no pudieron presentarse porque la ley se lo impidió y los partidos democráticos decidieron no concurrir visto el calvario que había tenido que sufrir durante la anterior legislatura el dirigente peneuvista y regidor Joseba Egibar, tratado de usurpador por los mismos batasunos con los que Egibar quiere construir en el futuro una Euskal Herria independiente.

Batasuna, que no dudó ni en minuto en hacer la vida imposible a un nacionalista que comparte muchos de sus postulados ideológicos, no está dispuesta ahora a tolerar, dice el tal Álvarez refiriéndose a Otaola, a «los que se basan en la violencia para imponer su credo». ¡Eso afirma tan tranquilo quien nunca ha condenado los horrendos crímenes de ETA!

Otaola y todos los que, como ella, han decidido abandonar la tranquilidad de sus hogares para mantener erguida la bandera de la democracia y la decencia en medio de la barbarie etarra-batasuna, estarán, como lo estamos todos, atónitos e indignados ante las noticias aparecidas estos días sobre ciudadanos que han resultado ser candidatos solidarios sin saberlo, varios de ellos en Galicia.

Es tan grave esa manipulación, y afecta de tal modo a la limpieza de una acción democrática admirable, que los implicados deben aclarar de inmediato, y sin subterfugios, lo ocurrido. Porque lo exigen los pocos candidatos a la fuerza hasta ahora aparecidos. Pero porque lo exigen, sobre todo, los muchísimos más que decidieron voluntariamente poner su nombre en la diana en defensa de la libertad de todos.

Y en Navarra, además el ridículo
José Antonio Portero Molina La Opinión 22 Julio 2007

Lo que acaba de ocurrir en Navarra debería servir a los socialistas para decidirse de una vez por todas a desistir de alcanzar la cuadratura del círculo. Sin embargo, las contradicciones del señor Puras, la insistencia del señor Blanco en culpabilizar de todo al PP y el editorial del amigo independiente de la mañana del jueves según el cual, UPN, en la línea de crispación del PP, no sólo se bloquea cualquier alianza sino que impide a los socialistas sellarla y debilita "la estabilidad de las instituciones forales", hacen pensar que los socialistas seguirán en el empeño de cerrar, juntando sus manos con las de todos los nacionalistas, el cordón sanitario que aísle para siempre al PP.

En Navarra hubo un tiempo en que los socialistas gobernaron con el apoyo de UPN y UPN con el apoyo de los socialistas, pero ahora Moncloa ha dicho que, bajo ningún concepto y en ningún sitio, ese apoyo puede reeditarse. Donde haya un partido nacionalista dispuesto a pactar, los socialistas tienen que preferirlo antes que consentir que el PP gobierne sólo o en coalición. Esa es la consigna y la crispación del PP su fundamentación. Fiel a ella, el señor Puras se aplicó a pactar con Nafarroa Bai y la cosa marchaba hasta que los sondeos y las tensiones en la familia socialista, no las convicciones, han decidido al Presidente Zapatero a detener la negociación.

No es la primera vez que eso ocurre y siempre en asuntos centrales. Ha ocurrido con el proceso y ocurrió con el Estatuto catalán. Que un político negocie es consustancial a su profesión, y por su propensión y habilidad para negociar lo difícil, en parte, los votamos. Pero el presidente acostumbra en estas materias graves a lanzarse a negociar sin las precauciones mínimas que cualquier político serio y sensato tomaría. Conocer bien a la otra parte, fijar los límites que las propias convicciones impiden rebasar, y buscar la compañía de los que comparten esos límites, deberían ser las tres precauciones sin cuya adopción plenamente garantizada, nadie debería de lanzarse al ruedo. En los tres casos, el proceso, el Estatut y Navarra, Zapatero se ha arriesgado a negociar sin saber con quién se jugaba los cuartos, sin saber sus propios límites por carecer de convicciones sobre la materia en cuestión, y sin buscar el apoyo del PP. Y, como no podía dejar de suceder, en los tres supuestos ha cosechado un fracaso del que siempre ha culpado a otros y además al PP.

En Navarra, ¿acaso no conocía el señor Puras a sus interlocutores de Nafarroa Bai y lo que iban a exigirle? No puede ser que lo haya descubierto al cabo de cincuenta días de negociaciones y, por eso, hay que concluir que sí, que lo sabía y, pese a ello, asumió un riesgo con una temeridad y una irresponsabilidad inexplicables. Y porque no tiene explicación su pretensión de presidir el gobierno con unos socios con los que no comparte objetivos políticos de fondo, es legítimo suponer que ha negociado falto de convicciones y pendiente, tan sólo, de los sondeos y del grado de irritación de los dirigentes nacionales del partido. Finalmente, el señor Puras ha forzado la situación para evitar el gobierno de UPN el partido que casi ha doblado en votos a los socialistas.

El PSOE no puede seguir forzando las posibilidades legítimas que la democracia representativa pone en manos de los partidos tras las elecciones, como hizo en Baleares y en muchas ciudades donde su sociedad con los nacionalistas está poniendo a prueba la eficacia institucional y las convicciones de su electorado. Es, además, una situación que, aunque pueda sostenerse un tiempo, no puede durar sin que la propia organización se resienta como sucedió en el País Vasco y luego en Cataluña, con serios efectos sobre la política nacional. En Navarra, además de todo eso, los socialistas han hecho el ridículo.

José Antonio Portero Molina es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de La Coruña

Dos palabras
FERNANDO SAVATER El Correo 22 Julio 2007

Jean Paul Sartre tituló 'Las palabras' el relato cruel y poético de sus primeros años, porque ellas fueron el universo en que se forjó todo lo que había de ser relevante para su personalidad y su carrera. En las vidas más modestas de muchos de nosotros también hay algunas palabras que con el tiempo y el frote social han llegado a ser relevantes, unas por temibles y otras por esperanzadoras. Voy a dedicar esta nota a dos de ellas que encarnan para mí ejemplo de tales sentimientos contrapuestos. Empezaré por la que he aprendido a temer y luego les cuento la que me trae buenas vibraciones.

Hace poco ví un reportaje en ETB sobre un grupo de antropólogos locales que había visitado una remota isla en el sur del Pacífico. Me salto los detalles, irrelevantes para este caso, pero baste decir que uno de ellos se encargaba de contar las investigaciones que llevaron a cabo sobre costumbres de los nativos, yacimientos funerarios en cuevas, etcétera Lo hacía con entusiasmo, como es debido, y una palabra se repetía en su crónica, precisamente la palabra de marras, la que me asusta: 'ancestral'. El término iba siempre acompañado de una entonación especial, mezcla de admiración y envidia. Aquellos excelentes isleños todo lo tienen ancestral, por lo visto, creencias, formas de vida y de muerte, festejos, etcétera Y estar empapados de ancestralidad por todos lados debe de ser una gran suerte para ellos por lo menos en opinión del narrador, según me pareció colegir por su tono.

Vencidos los iniciales recelos ante los visitantes -que por estar recién llegados no podían ser tan ancestrales como ellos, a pesar de su buena disposición- los nativos les invitaron amablemente a una celebración comunal, en plano de fraterna igualdad. Sólo pusieron como lógico requisito que los invitados adoptaran la misma indumentaria que sus huéspedes. «De modo que nos vestimos de modo natural, como ellos», comentó el agradecido narrador del evento. Sin embargo las imágenes mostraban que ni la cosmética ni la sastrería de los nativos ofrecen nada de mínimamente 'natural', si por ello se entiende simple y espontáneo. Serán muy ancestrales, pero de naturales tienen afortunadamente bastante poco: van pintados con varios colores de la cabeza a los pies, llevan complejos tocados de plumas, unos taparrabos de lo más aparente y danzan con movimientos que supongo exquisitamente codificados. La verdad es que usted o yo salimos todos los días a la calle con unas trazas bastante más sencillitas y naturales que las suyas. De modo que una cosa es lo 'ancestral' y otra lo 'natural'. Los indígenas -y todos lo somos irremediablemente, cada cual de nuestros lares- ostentan siempre artificios, máscaras, símbolos y aparatos sociales: su carácter más o menos primitivo no los hace más nobles ni más recomendables (¿acaso entre nuestras costumbres y símbolos es siempre la antigüedad signo de excelencia?). La veneración acrítica por lo ancestral es como el embobamiento ante las pirámides: conviene no olvidar nunca que las levantaron esclavos.

La segunda palabra cuyo estudio propongo se la acabo de oír a Joseba Azkarraga: 'barbaridad'. Es el calificativo que le merece la opinión expuesta por Josu Jon Imaz de que ETA aprovecharía indudablemente para sus fines de propaganda y legitimación los resultados -cualquiera que fuesen- de un referéndum en el País Vasco, efectuado en las condiciones actuales. A mí esa palabra truculenta, en boca de Azkarraga y aplicada a una consideración expuesta por el máximo dirigente del PNV, me parece sumamente esperanzadora. ¿Por fin empezamos a escuchar a altos responsables nacionalistas barbaridades semejantes a las que tantas veces proferimos o pensamos quienes no lo somos y que tantas descalificaciones nos han granjeado! En efecto, hasta hace bien poco denunciar que no se puede poner una vela a Dios y otra al diablo, que es inaceptable condenar la violencia y boicotear cualquier medida efectiva contra los violentos, que resulta inadmisible tanto política como éticamente la pretensión de consultar a la población aterrorizada por ETA acerca de si -dejando a un lado las amenazas, pelillos a la mar- aceptan finalmente el precio político que ETA pone al final de la violencia (y éso es lo que supone el referéndum, nos lo cuenten como nos lo cuenten) todo esto han sido barbaridades. Barbaridades de sentido común y de decencia democrática, pero barbaridades. Que hoy algo parecido a tales barbaridades sea asumido -aunque todavía a medias y con escapulario cauteloso- por destacados nacionalistas puede no ser aún el comienzo de una buena amistad, como en 'Casablanca', pero sin duda es cosa prometedora y estimulante.

En este País Vasco de nuestros pecados, todo lo que va contra el entusiasmo por lo ancestral resulta una barbaridad. Pero una barbaridad que merece la pena. Al comienzo de su 'Vida de don Quijote y Sancho', acepta arriesgadamente Unamuno el programa de aquel mozo que exhortaba así a sus compinches: '¿Vamos a hacer una barbaridad!'. Pues eso, en dos palabras: contra ancestrales modos, manías y prejuicios, 'unamunámosnos' para proclamar barbaridades necesarias

La ETA en taxi
POR ANTONIO BURGOS ABC 22 Julio 2007

Pocos defensores del taxi ha habido en nuestra cultura popular como Vicente Pantoja «Picoco», el último protagonista vivo de la novela picaresca. Picoco era campeón de esgrima en la modalidad de sable, y se otorgaba a sí mismo la medalla de oro olímpica: «Es que yo me veo por la mañana en el espejo, y me pido mil duros...» Picoco tenía el taxi como unidad de medida. Recién casada la Infanta Doña Cristina le preguntaron:

-Vicente, ¿y a ti Urdangarín, qué te parece?
-Mira, ese gachó, de aquí a aquí...
-Y con aquellas manazas, Picoco se señaló la distancia entre sus dos hombros, diciendo:
-Mira, de aquí a aquí, ese gachó tiene cinco mil duros en taxi, ¿no va a estar contenta la Infanta?

Como para tantos flamencos, el taxi era el medio de transporte habitual para Picoco. Taxi heredero de aquellos coches de caballos, los peseteros, que salían del Café Español de Cádiz cargados hasta las trancas de flamencos, rumbo a la fiesta del señorito que los contrataba. De ahí quizá también vendría la acuñación flamenquita de la medida del taxi como exponente de lo exiguo. (Verbigracia: los partidarios que Piqué y Banderilleé tenía en Cataluña caben en un taxi.)

El taxi era para Picoco, sobre todo, medio de huida. Cuando los señoritos le gastaban una broma demasiado pesada en una montería, o cuando en una reunión empezaba a haber guasa con más que probable desembocadura en las mascadas en toda la boca, Picoco, muy digno, levantaba la mano y se daba el piro, a la voz de:

-¡Taxiiiii!

Ahora quisiera yo tener al lado a Picoco como consultor, para que me interpretara el descenso de la ETA al mundo del taxi.

No como la gloriosa movilización de los taxis de París para trasladar las tropas a la batalla del Marne, no. Lo de la ETA es el taxi en cutre. Ese etarra cogiendo juannajela de Levante en el taxi de Castellón ante un control de la Guardia Civil, diciendo al conductor que parase porque tenía un retortijón, no es épica separatista asesina: es la España de El Fary y de Pepe Blanco, los dos grandes taxistas de nuestra canción. El taxi de la ETA vuelve a ofrecernos la realidad cutre y casposa de la banda. Si no cargara con mil asesinados, la ETA era para tomársela a broma. Reniegan de España, pero más hispánicos no pueden ser. Ya digo: la ETA está en el Nivel Fary del taxi de Castellón. Etarras asesinos que cuando esto se pone feo, como Picoco alzan la mano y gritan:

-¡Taxiiiii!

Y llueve sobre mojado. Del coche alquilado de Ayamonte, al taxi de Castellón. Los glorifican, y hablan reverencialmente de «la infraestructura de la ETA», como si fuera el organigrama de una compañía de Wall Street. La tal infraestructura es el españolísimo ir tirando. A la ETA no sólo hay que cercarla policialmente sino que tomársela a broma. A pesar de las pérfidas claudicaciones, ya van por Avis y el radio-taxi. Pronto andarán de bonobús. Hay etarras de pitorreo, qué héroes ni héroes. ¿No es acaso de pitorreo que el Juana Chaos aproveche la huelga de hambre para operarse de las almorranas por el Seguro? Y cuando dan un comunicado y aparecen tres gachós con la boina negra encasquetada encima de la capucha blanca, ¿no es acaso para tomárselos a chufla? Esos ridículos asesinos no llevan la chapela sobre la capucha de su cobardía, no: llevan la boina, la españolísima boina, qué demonios. La boina del Koala buscando el carro de Manolo Escobar. La boina de la Banda del Tío Honorio. La boina del cateto del anuncio de los SMS.

¿Y dónde me dejan las chapuzas españolísimas de los que no quieren ser españoles? Cada vez que les trincan la leña les encuentran, como al de Castellón, una fiambrera. No un sofisticado mecanismo letal, no: una fiambrera con cuatro cables, una pila de transistor y un enchufe múltiple. Vamos, lo clásico del manitas español, del virtuoso que hace milagros con dos alambritos y una caja de herramientas. Así que no me vengan con glorificaciones. Al fin y al cabo, los 150.000 votos que apoyan a esta manta de asesinos caben en un taxi. Por ejemplo, el de Castellón.

Pesan las botas
POR ÁLVARO DELGADO GAL ABC 22 Julio 2007

Un equipo de fútbol puede delatar su mal estado de forma de dos maneras distintas. Si los jugadores no han entrenado ni seguido una dieta adecuada no rendirán en el campo, por clara que sea su concepción del juego. Imaginemos, además, que su concepción del juego tampoco es clara. En ese caso, les irá mal en la liga, aunque se pongan a hacer flexiones o a correr como galgos. La salida intempestiva de Piqué sugiere que el PP reúne las dos carencias que hemos atribuido a nuestro equipo ficticio. Vayamos por partes.

La dimisión fulminante del ex barón popular se presta a ser analizada desde tres supuestos distintos. El primero, y peor, es que ha sido expulsado contra la voluntad de Rajoy. Que Piqué era rival, o más vale decir, enemigo de Acebes, es un hecho notorio. Lo es igualmente su estrecha relación con el presidente popular. Ambas consideraciones, combinadas, insinúan una hipótesis muy preocupante: la de que Acebes ha puesto a su colega catalán, de intento, en una situación insostenible, y lo ha hecho sin contar con la anuencia expresa de su jefe. ¿Qué posibilidades asisten a esta hipótesis? Quizá pocas. Pero se trata de una composición de lugar que sería prematuro excluir del todo.

El supuesto número dos, más realista y no tan malo, aunque en absoluto bueno, se inspira en los efectos portentosos del caos administrativo, fortalecido por dosis indeterminables de intriga política. Los populares siguen declinando en Cataluña, a despecho de la desafección creciente del electorado hacia CiU y el tripartito. Sin duda alguna, el PP tiene perdida la batalla de las generales si no mejora en aquella región. Es probable que la iniciativa de levantar allí una gestora haya obedecido en un principio al propósito técnico de reconducir un poco la situación. Ello no quita, sin embargo, para que el proyecto mutara sobre la marcha, y algunos puntos fuertes de Génova aprovecharan la ocasión para extremar el control sobre Piqué y propinarle, de paso, una colleja. La colleja le ha roto la nuca. Rajoy habría seguido el asunto desde lejos, acaso incierto entre derrotar a un lado, o al contrario. Y habría extendido el acta de defunción de su amigo, no porque la tuviera preparada, sino porque las cosas las enreda el demonio y a partir de cierto momento vale más colocarse al frente de la manifestación que rectificar su curso.

No es descartable, por último, que Rajoy haya querido la substitución de Piqué. Pero ha elegido un mal momento, o por lo menos, un mal procedimiento. Tras la espantada indecorosa de Matas, la exorbitación de Piqué destruye la victoria simbólica que el PP había obtenido en las elecciones municipales y transmite una sensación de interinidad, de desorden interno, muy lesivos para la derecha. Hace un mes, el PP estaba en alza, y como disparado hacia una no inverosímil victoria en las legislativas. Constituye casi un milagro que el Gobierno, con unos resultados mediocres en las urnas, y naufragado el proceso negociador con ETA, se haya colocado de nuevo en posición de ventaja. Por descontado, puede ocurrir todavía de todo. Es más, casi todos los días ocurre de todo. Pero el PP, para continuar con la analogía balompédica, anda flojo de remos y con unas ojeras que le llegan hasta las rodillas. Y esto no es lo más grave. Lo más grave, es que no parece funcionar tampoco la estrategia. O para ser más precisos, no se constata una estrategia concreta.

La orientación catalanista de Piqué era objetivamente compatible con las medias tintas que Rajoy ha elegido para afrontar esta nueva fase de la política española. El PP ha impugnado, por ejemplo, el Estatut. Ahora bien, el recurso al Constitucional le quema al tiempo como una patata caliente. ¿La razón? La razón es que cuenta con CiU para formar una mayoría parlamentaria y ser gobierno si los números le acompañan. Tampoco era Piqué un obstáculo desde el punto de vista doctrinal. En realidad, se desconoce el punto de vista doctrinal del PP en lo referido a la organización del territorio. Lo más que cabe decir, es que el PP cultiva cierta idea de España, enturbiada o dislocada por zafarranchos locales, y muy comprometida por la decisión de elegir el camino que conduce más por lo derecho a La Moncloa. Dicho camino pasa, naturalmente, por abrirse a los nacionalistas.

Resultaría simplificador descalificar ese itinerario con solo el argumento de que no es ideológicamente coherente. Si el PP se queda a dos velas dentro de unos meses, entra dentro de lo posible que se descomponga, y este futurible no es del agrado, se comprende, de su jefe. Pero una política esencialmente finalista, una política prendida del objetivo preponderante de ser poder, no sale gratis. El PP oscila entre la oposición frontal al Gobierno, lo que está justificado, y la errabundez, lo que está menos justificado y además desvirtúa en parte su labor de oposición. Si lo que usted eminentemente hace, es oponerse, su trayectoria será la que marquen los movimientos de su rival. Esto lo saben también los aficionados al fútbol.

"ESTÁ VIGENTE PERO NO ES FIRME"
Múgica dice que la aplicación del Estatuto catalán podría tener "consecuencias jurídicas"
La aplicación de una ley orgánica como el Estatuto de Autonomía, según el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, puede tener "consecuencias sobre la seguridad jurídica" porque se trata de una norma que está en vigor pero que no es firme, ya que no se han resuelto los recursos de inconstitucionalidad presentados contra ella.
Europa Press Libertad Digital 22 Julio 2007

"No digo que las tenga, digo que pudiera tenerlas", señaló Enrique Múgica en una entrevista concedida a Europa Press. El recurso contra el Estatuto de Autonomía de Cataluña del Defensor del Pueblo fue el primero que recibió el Tribunal Constitucional contra esta ley orgánica.

Enrique Múgica defiende su "máximo respeto" hacia el trabajo del Alto Tribunal y su distancia respecto al debate sobre cuándo deben conocerse las sentencias. Preguntado sobre los primeros pasos que se están dando para aplicar el contenido del Estatuto, subraya que es una decisión política y que el Constitucional no suspendió la aplicación de la norma cuando admitió a trámite los recursos, pero agrega que aunque esté en vigor, la norma "no es firme".

"Esa contradicción entre lo que está vigente, pero no es firme, puede tener consecuencias sobre la seguridad jurídica. No digo que las tenga, digo que pudiera tenerlas. Pero son cuestiones políticas sobre las que no puedo ni debo incidir", concluye.

Sobre Navarra
En otro orden de cosas, y preguntado por el único gobierno autonómico que no se ha decidido todavía tras las elecciones del 27 de mayo, el de Navarra, Enrique Múgica señala que "sea cual sea la decisión que se adopte" el nuevo Ejecutivo debe defender "la personalidad" de esa Comunidad.

"La gran mayoría de los navarros quieren que Navarra siga siendo Navarra, que su Estatuto siga definiendo la personalidad de Navarra", señaló. Para Múgica, así lo piensan los votantes de PSN y de UPN, a lo que añade que "también mitiga" su discurso Nafarroa Bai. "Es cierto que una parte de Navarra tiene cultura vasca, otra gran parte no lo es, pero eso no quiere decir que piensen en unirse con Euskadi. Alemania y Austria comparten cultura, pero nadie pide en Alemania ni en Austria que tengan que formar una sola nación".

"Todo lo que se haga tiene que tener en cuenta esa característica fundamental de la mayoría de los navarros, estén en el partido que estén", insistió Múgica. "No se puede hablar de que será lo que los navarros quieran, porque lo han expresado ya en las elecciones eso", recalcó.

Respecto a las dudas que la negociación con ETA ha generado en una parte de la sociedad navarra y que ha asumido el PP, Enrique Múgica señaló que no sabe si la Comunidad Foral fue objeto de conversaciones, pero agregó que es una reclamación que la banda terrorista "ha planteado toda la vida".

"La historia de España no se puede comprender sin los vascos, sobre todo en la administración de los monarcas españoles y en la gran hazaña de la aventura americana. Pero Navarra ha sido reino aparte hasta avanzado el siglo XVI. Qué más quieren los terroristas que Navarra legitime una unidad vasca. Esas son decantaciones absolutamente utópicas, mal utilizadas hasta el crimen", señaló.

Ondárroa, ciudad sin ley
BLANCA TORQUEMADA/ MADRID ABC 22 Julio 2007

Casi dos meses después de las elecciones municipales, Ondárroa (9.277 habitantes) sigue siendo una ciudad sin ley. La Diputación Foral de Vizcaya escuchó las súplicas de los dos partidos nacionalistas con concejales electos (PNV y EA) para aplazar hasta el 23 de julio la designación de sus representantes en la comisión gestora que deberá hacerse cargo del Consistorio, después del escándalo de la «espantada» que protagonizaron el pasado 16 de junio en el pleno de constitución del Ayuntamiento todos los ediles, excepto el representante del Partido Popular, Germán López Bravo, el único que asistió a la cita legalmente establecida y no se dejó amilanar por el triunfo en esta localidad pesquera del voto nulo preconizado por ANV. Ese día prefirieron quedarse agazapados en su casa los nueve concejales del PNV, poseedores de la mayoría absoluta, los dos de EA y el de IU (Ezker Batua), con las lógicas secuelas de la imposibilidad de instituir el nuevo gobierno municipal y el consiguiente rebrote de la dictadura batasuna en las calles.

Situación inédita
En este trance, el edil del Partido Popular Germán López Bravo hace notar que «la salida no es fácil para la Diputación de Vizcaya, porque estamos en una coyuntura inédita. En otras localidades donde se han constituido gestoras, como en Marbella, ha sido para terminar la legislatura, no para empezarla. Así que tienen que tener muchísima cautela, ya que lo que se decida sentará precedente».

Desde aquellas desgraciadas jornadas de junio en las que no se cumplió la ley, Germán, que vive en Bilbao, no ha vuelto a Ondárroa: «El pueblo está sumido en una parálisis total o, lo que es peor, a expensas de Batasuna. Ha seguido como alcalde en funciones Antón Maruri, del PNV. No puede convocar plenos, claro, sólo ir firmando los papeles de trámites y pagos pendientes. Pero si este señor «desertó» el día en el que se constituía el Consistorio, ¿cómo podemos estar seguros ahora de que no se ha estado plegando a los dictados de los de ANV?». Sus impresiones las resume gráficamente: «No sé por qué se me presta a mí tanta atención. La noticia no debería ser un bombero que apaga el fuego, sino el que sale corriendo y deja ahí el incendio».

Entretanto, la fuerte marejada batasuna procedente de Ondárroa llegó hace un par de semanas a Bilbao, donde quien se proclama a sí mismo nuevo «alcalde», el cabeza de la lista anulada de ANV, Unai Urruzuno, pretendió, en compañía de un grupo de simpatizantes, entrevistarse con Íñigo Urkullu en la sede del PNV, para exigir el mando de la gestora. El portavoz peneuvista ni siquiera los recibió, pero lo cierto es que la dirección de ese partido tampoco ha podido por ahora designar a sus representantes en Ondárroa, una «patata caliente» con la que nadie parece dispuesto a quemarse.

Contradicciones
En la misma situación está Eusko Alkartasuna, mientras que Izquierda Unida sí que ha dado un paso adelante y nombró hace una semana a su vocal. «El caso de EA resulta curioso -relata Germán-, porque una de sus concejalas electas, Miren Karmele Antxustegi, está en la Ejecutiva del partido y es también diputada autonómica. Si fuera consecuente, debería asumir todos los cargos o bien renunciar a ellos. ¿Qué es eso de que en el Parlamento de Vitoria sí y en el pueblo no?».

A partir de ese nuevo plazo fijado, el que expira mañana (siempre que el PNV y EA logren salir de su laberinto y no arbitren nuevas dilaciones), el diputado general de Vizcaya deberá designar oficialmente a los vocales que le propongan los partidos, para a continuación convocar un pleno por orden foral y decidir dónde se llevará a efecto la constitución de la gestora. Un camino tortuoso pero necesario para aguantar el pulso planteado por los proetarras. «Si los demás no son capaces de resistir este hostigamiento -lamenta Germán López Bravo-, que no se hubiesen presentado».

Homenaje secreto de los votantes del PP a su edil
Los silentes votantes del Partido Popular en Ondárroa, sometidos a la dictadura proetarra desde hace décadas, sintieron la necesidad de agasajar con un homenaje a su concejal Germán López Bravo y le convocaron a una cena en un hotel de Bilbao hace diez días. Fue una cita con la libertad, envuelta en la necesaria discreción, en la que por fin tuvieron la ocasión de abrazarse. «Ni siquiera sabía quiénes eran. Sólo había hablado una vez por teléfono con uno de ellos». No estaban todos, claro (asistió una veintena, y el concejal ha obtenido casi doscientos votos), pero sí una representación significativa «que me dejó bien claro que merece la pena luchar por estas ideas, porque siguen muy vivas incluso allí, aunque no se puedan expresar públicamente».

«Hay de todo entre esas personas -relata-, no sólo gente mayor. También jóvenes. Y se merecen que les demos todo el apoyo moral, que les devolvamos la ilusión y la esperanza de que su pueblo disfrutará algún día de normalidad democrática». La experiencia ha sido tan gratificante que se repetirá: «Volveremos a reunirnos regularmente. Serán mis asesores, mis consejeros sobre lo que Ondárroa necesita. Y, por supuesto, cada vez que nos juntemos, brindaremos por la libertad».

«Deslegitimar a parte del país con el control de la memoria es insidioso»
Por Tulio Demicheli ABC 22 Julio 2007

Octavio Ruiz-Manjón interrumpe unas horas su estancia en La Granja para atender asuntos universitarios. Por la ventana de su despacho en la cátedra de Historia Contemporánea de la Complutense, se contempla a vista de pájaro la extensión del campus. «La gran apuesta educativa de Alfonso XIII fue esta Ciudad Universitaria, que en cierto modo era un modelo alternativo, el de crear un campus norteamericano... —explica el historiador a ABC—. O mejor dicho: californiano. En ello tuvo que ver la fundación de Gregorio del Amo, pues conocía bien los campus de California».

El profesor Ruiz-Manjón acaba de publicar una biografía de Fernando de los Ríos (editorial Síntesis), uno de los grandes exponentes del pensamiento liberal y socialista de la primera mitad del siglo XX, una corriente no marxista que fluye junto con otras, como las de Besteiro o Prieto, quien se proclamaba «socialista a fuer de liberal». «Esa fue una forma muy certera de caracterizarse de don Indalecio —señala el autor—. Su liberalismo era escasamente doctrinario y muy escasamente marxista».

Hay quien sitúa a De los Ríos entre su pariente Francisco Giner y Pablo Iglesias; entre la Institución Libre de Enseñanza y un socialismo obrerista más bien marxista.

—Los mundos del institucionismo y de los socialistas no vivieron una relación fácil. Iglesias y Giner mantuvieron poco contacto personal y se miraban a una cierta distancia. Existía mutuo respeto, porque ambos estaban empeñados en una transformación del país, aunque por caminos distintos; uno entre los obreros, el otro en ambientes de la burguesía madrileña. Y cultivaban otras clientelas. Les unía la búsqueda de una renovación profunda de la sociedad española.

—Unos y otros se alinearon con el experimento democrático de la II República.
—Más que «democrática», a la República creo que hay que llamarla «reformista». Y tuvo un impulso de urgencia, de sacar adelante, enseguida, un programa de reformas muy profundo. Quizá ese afán fue el que acabó por desestabilizar el nuevo régimen. El motor se puso a tal presión que terminó generando tensiones con un enorme costo social. Aquel programa de reformas se facilitó cambiando el sistema electoral.
—Algo de la mayor actualidad cuando el PP acaba de prometer que va a cambiar la ley, como alguna vez ya hizo el PSOE, antaño.
—Hasta la República, el sistema electoral se sustentaba en distritos generalmente uninominales; a la manera británica, sólo un candidato será electo. ¿Qué se acababa favoreciendo? El bipartidismo. Las terceras, cuartas, quintas opciones, nunca llegaban. En 1931, se eleva el tamaño de los distritos y se va a un procedimiento de escrutinio, también mayoritario, pero por listas. Hoy se votan listas cerradas, pero en la II República éstas sí se podían tocar. En cambio, la actual ley D´Hondt es proporcional, con corrección mayoritaria, y favorece a los nacionalismos.

—¿Para qué se hacen estas reformas electorales?
—Se proponen cubrir una determinada necesidad. Entonces había que desmontar el sistema que facilitaba a los caciques el control de los pequeños distritos, para que el electorado pudiera participar masivamente. Ése fue un experimento democrático muy notable y las elecciones de la República, en líneas generales, fueron limpias, tuvieron una participación relativamente alta y hubo gran ilusión. Su nueva ley favoreció el éxito de las grandes coaliciones y permitió grandes oscilaciones de la composición del Parlamento. Se pasó de un triunfo de la izquierda en 1931 a otro de las derechas, en 1933, y a uno bastante ajustado de la izquierda, en 1936.

—Sin embargo, hubo prácticas tan antidemocráticas como negarle a la CEDA su lugar en el Gobierno, cuando tenía derecho a ello por aritmética electoral.
—Es un problema esencial para entender la época: hubo un exceso de celo por salvaguardar la República para los republicanos, que no contribuyó a un clima de integración de la sociedad española.
—¿Coqueteó Azaña con la idea de una dictadura republicana?
—Hombre, tanto como una dictadura, no. Azaña pidió la suspensión de las elecciones del 33 y que un Gobierno transitorio, integrado por intachables republicanos, las volviera a convocar. En esencia, porque las había perdido, lo cual, desde el punto de vista democrático, resulta muy poco justificable. A su juicio, ese resultado ponía al nuevo régimen en manos de personas con escasas convicciones republicanas. Se puede entender en términos de cierto jacobinismo, pero no es fórmula democrática, y la verdad, fue un mal síntoma. Otro síntoma malo ocurrió durante los meses siguientes, cuando se orquestó una continua descalificación de los vencedores: «¡Ustedes están ocupando una casa que no les pertenece!». El rechazo del adversario es un problema muy español. Ya había ocurrido en época de Isabel II con el primer liberalismo, cuando hubo gran tensión entre moderados y progresistas.

—Lo cual, por desgracia, también es muy actual. El tripartito catalán suscribió el Pacto del Tinell en el que se excluye al PP del diálogo político, obligando al PSOE a extenderlo al resto de España.
—El pacto del Tinell me parece un retroceso. Negar de entrada el debate a una opción como el PP me parece un enorme desastre político y una vuelta a situaciones arrinconadas hace muchos años.

—Ese proceso de deslegitimación del adversario también se impulsa desde una «recuperación de la memoria histórica» que remueve las cunetas con los juicios, alentando viejos rencores más que adhesión constitucional.
—La intención de deslegitimar moral y políticamente a una parte del país por medio del control del pasado es ciertamente insidiosa. Hay quienes están hablando de «control de la memoria» y pretenden deslegitimar a parte de la España política, atribuyéndole una conexión con el pasado que no es patente ni clara.

—También se aminora el pacto histórico de la Constitución del 78 y se desfigura la Transición alegando que hubo un «pacto de silencio» casi aberrante.
¿Qué es eso de un «pacto de silencio» para no hablar de la Guerra Civil, especie que se difunde casi a modo de consigna? No hubo tal pacto. En un determinado momento optamos por primar la convivencia. Jamás se puso límites a la reflexión o la investigación históricas. Y es muy fácil demostrarlo, ahí está el ISBN.

—Figuras como Azaña, Besteiro, Prieto, De los Ríos y también las de Ridruejo o Laín, fundamentarían bien «otra» memoria histórica, porque reflexionaron sobre sus errores y responsabilidades.
—Y lo hicieron con extraordinarias honestidad y claridad intelectuales. Ahora estoy trabajando en el epistolario cruzado entre Prieto y De los Ríos en el que se respira la amargura por lo que se ha vivido y por algunas decisiones que se tomaron. Aunque esta reacción es posterior a la guerra, empieza después del 34. Ya experimentan cierta incomodidad ante comportamientos y cosas que se han hecho. También ocurrió después, en el franquismo. Todos ellos eran hombres muy conscientes de cuánto se había dañado la convivencia.

—El rechazo absoluto al adversario vencedor también trajo la Revolución de Asturias, ¿verdad?
—La Revolución de 1934 es inadmisible en un sistema democrático. Forma parte de ese proceso de deslegitimización del triunfo de la derecha en noviembre del 33 y cierra la posibilidad de una fórmula centrista o conservadora moderada.

—Tampoco la República supo abordar la cuestión religiosa, como hoy no parece saber hacerlo, salvando las distancias, el actual Gobierno socialista.
—En mi libro utilizo mucho el epistolario de Falla, que era persona de gran calidad humana y artística, católico practicante, y quien le lanza a su amigo ministro —De los Ríos— llamadas de socorro: «¡Así no podemos convivir con este régimen!». Cierto, la quema de las iglesias no es la II República… pero no deja de ser muy significativo que el 14 de abril se proclame el nuevo régimen y el 10 de mayo, sólo un mes después, estén ardiendo. Eso nos tiene que resultar significativo a los historiadores.

[—En su biografía, llama la atención la espiritualidad casi religiosa de aquel pedagogo.
[La mayoría de los integrantes de la ILE eran muy religiosos; si se quiere, profundamente cristianos aunque no fueran católicos. La actitud y tradición humanista de De los Ríos le hacía ser muy respetuoso con el fenómeno religioso, y eso incluso da origen a una de sus anécdotas más repetidas. En Estados Unidos le pidieron que consignara su religión. Y apuntó que era «Erasmista». Lo curioso es que en un censo oficial de prácticas religiosas del país aparece un «Erasmistas: 1». ¡A lo mejor se trata de don Fernando! En fin, era una persona con un sentido religioso de la vida que no se canalizaba a través de la Iglesia católica.

—¿Un cristiano cultural, como a lo mejor somos todos?
-—En la España de casi todo el siglo XX no bautizar a un niño era ponerlo al margen, casi fuera de la ley. Era una decisión que podía perjudicarle. De los Ríos no dudó en hacerlo y en recomendarle a su hija, Laura, que también bautizara a sus nietos, porque ello no les afectaba en la libertad para decidir, luego, sus opciones religiosas.

—Zapatero sostiene un difícil juego con los católicos; da una salida razonable a la financiación de la Iglesia, pero también provoca una reacción contra «Educación para la Ciudadanía». ¿Qué opina?
—Parto del derecho que reconoce la Constitución del 78 por el que los padres tenemos una responsabilidad básica en la educación de los hijos. Y en el desarrollo de ese derecho, temo los elementos de colisión que pueden incorporarse en los libros de la asignatura. Hay ámbitos, como el de formar al individuo en los valores liberales y democráticos, de respeto al individuo, en los que el Estado debe colaborar. Para mí, lo esencial es que no se colisione con el derecho que los padres tenemos a formar en valores a nuestros hijos, y si ese derecho constitucional se dañara, sería un suceso preocupante.

—¿Teme que se aborden temas como la diversidad familiar o el matrimonio homosexual?
—Temo una excesiva injerencia del Estado y pediría que se moderara, y que se atendiera a valores sociales, sin entrar en temas de comportamiento y moral privados. Tenemos derecho a que se respeten nuestras convicciones. Créame, probablemente los que estamos mejor capacitados para abordar con los hijos determinados temas somos sus padres.

—Ciertas actitudes de los actuales dirigentes socialistas, herederos del PSOE surgido de Suresnnes —que miraba más a Palme, a Brandt o al PRI mexicano que a su legado histórico— ahora parecen buscar en la República y la guerra su continuidad con aquel PSOE.
—Aunquue son las siglas más antiguas del panorama político, casi 130 años de vida, a veces da la impresión de que hay poca continuidad. En cierto modo, el que surge de Suresnnes es un partido nuevo. En realidad, los partidos son hijos de sus circunstancias. El PSOE se refunda, o mejor: se recrea en Suresnnes. Con la muerte de Franco se adapta a una sociedad que ya no es mayoritariamente rural, donde ha emergido una clase media antes inapreciable y que nace durante el franquismo. Exagerar la continuidad del PSOE como una línea clara contribuye poco a aclarar su perfil.

—El PSOE histórico que Llopis presentó a las elecciones de 1977 provenía del exilio. Años antes, él se asombraba de que ya no hubiera obreros «con blusa».
—Cuando se sufre la amarga experiencia del exilio, se termina por vivir sólo en el momento en que se produce el corte. No me extraña que fuera el partido del interior el que tomara las riendas en 1973. Era consciente de las transformaciones de la sociedad española durante el desarrollismo, y éstas estaban contribuyendo al cambio político. Además, Franco no había movilizado, sino desmovilizado políticamente a los españoles, y éstos habían ido tomado referencias de las democracias europeas, aunque formalmente España no lo fuera

—Esa militante distorsión de la realidad también condujo a la oposición a pedir la abstención en el referéndum de la Reforma Política. Cuando se convocaban Cortes Constituyentes, se pedía «ruptura democrática», ¿lo recuerda?
La idea de «ruptura» guarda cierto parecido con la que se produjo en 1931 con la República: romper con el pasado e impulsar un gran programa de cambios. Ése no es el modelo de la Transición; el que adoptamos fue mantener, básicamente, las estructuras sociales y económicas del país, para ir a un cambio político sin cortes abruptos. Los valores de la Transición son muy distintos del modelo rupturista de la República. Y además se hizo conscientemente. Quisimos superar los enfrentamientos del pasado y alcanzar un pacto de convivencia que ha sido extraordinariamente valioso.

—Sin embargo, Zapatero quiere una «segunda Transición».
—La Transición está sufriendo un embate durísimo, como si hubiera habido una traición ante la supuesta conveniencia de una «ruptura». Abdicar de los logros de la Transición es una calamidad. No se puede decir que el modelo de la democracia actual sea el de 1931, porque éste proyectó un programa de reformas con una urgencia tal, que resultó lesiva para la convivencia. Entre 1975 y 1978, nosotros pusimos por encima de todo, incluso del programa de reformas, la voluntad de convivencia política.

—¿Qué piensa un historiador de que el mapa autonómico determine la Historia que hoy se enseña en las escuelas, hasta desdibujar la de España como un todo?
—La Historia y la escuela siempre han sido un elemento de formación cívica de primera magnitud. Los historiadores nos sentimos en la trinchera, batallando para defender el derecho a contar las cosas al margen de las urgencias políticas de cada momento.

—Por último, ¿qué opina de las recientes manifestaciones parlamentarias sobre el pasado?
—Hay que asegurar el derecho a que discutamos y a que estudiemos nuestra Historia sin que nadie legisle sobre ella. Algunas iniciativas parlamentarias que toman posición ante hechos históricos yo las calificaría de instrusismo profesional. Habría que denunciarlo igual que a alguien que no tiene el título de Medicina y se dedica a las liposucciones... Déjennos escribir Historia en libertad. Y que no nos sintamos urgidos ni por las modas ni por las consignas para interpretar el pasado.
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