AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 8 Agosto   2007

La lengua común de España
POR FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 8 Agosto 2007

Sobre el español como lengua común de España y no solo de España, también de gran parte de América y de otros países, hablé en el Congreso de Academias de la Lengua Española en Cartagena de Indias, el marzo pasado. Lo repetí en alguna conferencia. ¿Por qué no insistir aquí? Vean lo que dice el Diccionario de la Academia, en el lema «español», en su uso masculino y substantivo: «lengua común de España y de muchas naciones de América, hablado también como propia en otras partes del mundo». Si es oficial, como dice la Constitución, es porque es común, no al revés; y si el Estatuto de Cataluña lo admite como oficial porque es oficial en el Estado (se entiende que español), esto es un sofisma. Es lengua común, simplemente, porque es común. Y es propia de todos. Son hechos. No en el sentido de «común» como vulgar o popular (hay el francés, el alemán común), sino en el sentido de que es communis, propio de todos. Una traducción del término griego que usamos los lingüistas: koiné. Había múltiples lenguas o dialectos griegos y había múltiples lenguas en los territorios que conquistó Alejandro: en Egipto, Persia, India, etc. Pero todos aceptaron una lengua común: el griego evolucionado, descendiente del ático, que llevaron consigo los macedonios. El que valía para entenderse. También lo escribían los búlgaros, los nubios, los romanos. Como luego hablaban en latín (otra lengua común) los sirios y britanos, los iberos y los númidas. Entre otros.

Una lengua común no suprime a las otras, vive junto a ellas para que todos se entiendan. Pero en España campañas interesadas tratan de ocultar los hechos: según ellas (llegaron a la Constitución, contra Dámaso Alonso, que dirigía la Academia Española) el español es castellano, es decir, una lengua regional (lo fue en el origen, ciertamente) invasora de las «lenguas propias». Como mucho, es «oficial», algo que impone el Boletín. Pues no: el español, nacido del castellano, fue buscado, aceptado en toda España como lengua de convivencia: no impuesto, buscado. En Cataluña y en toda España desde el siglo XIV y aún antes. En América desde el XVI: los frailes beneméritos que predicaban en las lenguas indígenas, fracasaron. Colón, en su segundo viaje, encontró indios que hablaban español. Luego creció, se fue imponiéndose. La rebelión de Tupac Amaru, en el XVIII, hacía su propaganda en español. Los independentistas lo aceptaron. ¿Por qué? Hubo sin duda algunos intentos de imposición, bien publicitados. Pero lo esencial es que la gente buscaba el español, vehículo de cultura, de ascenso social, de unión. Aquí y allí. Que hubiera un reflejo del poder político no se duda, pero era, sobre todo, un hecho cultural y social. Las otras literaturas desaparecieron, prácticamente, desde el XIV y el XV. No se difundían, no interesaban.

Pero no había guerra de lenguas: la común y las minoritarias convivían. Así sigue, en realidad. Pero hay pequeños grupos que han puesto la lengua al servicio de sus ambiciones políticas, la han hecho un arma nacionalista. Nacionalista de naciones que nunca existieron como tales. Hay varios libros sobre el tema de las lenguas de España, la común y las otras. No voy a citarlos. Explican con datos y estadísticas las ofensivas nacionalistas contra el español, su búsqueda del monolingüismo.
Y cómo la Constitución es mil veces vulnerada. La última vez, por el nuevo Estatuto Catalán cuando (art. 6) hace obligatorio el conocimiento del catalán. Fuera de toda necesidad cuando ya existe una lengua común. Pura confrontación, a la que ayuda la antidemocrática Ley Electoral. Veremos qué dice el TC. Un señor Puigcercós añade que hay que apretar los tornillos: que él no tiene miedo a las guerras lingüísticas. Ya los aprietan bastante: prohibiciones, exigencias para ejercer cualquier puesto, multas, inspecciones, prebendas a los fieles, discriminación en la enseñanza. Y el PSC (y aun el PSOE) se catalaniza, piensa que es rentable. Y el PP ha blandeado desde que defenestraron a Vidal Quadras, Piqué ha sido un error.

Veremos ahora. Yo sí tengo miedo a esas guerras. Son guerras de pequeños grupos, que acomplejan o seducen a los demás, guerras en territorios donde no había guerras, guerras que crean problemas y mala sangre. Hay en la Historia mil ejemplos. En territorios donde el 100% de las personas habla español y nadie quiere eliminar las otras lenguas, las minoritarias, ¿a qué ese conflicto? Las lenguas comunes se han inventado para unir, para entenderse dentro y fuera. Y las minoritarias tienden a perder esas guerras. Puigcercós teme que podría haber una Cataluña independiente que hablara castellano. No me extrañaría, ya ven Irlanda: independiente y hablando inglés. Y lo peor que podría pasarles a las lenguas minoritarias es ganar esas guerras. Quedarían reducidas a mínimos territorios aislados.

Esos nacionalistas deberían estudiar un poco de historia lingüística. Disculpen que les recomiende un libro mío, mi Historia de las lenguas de Europa, que voy a sacar tras el verano. Habla de las lenguas comunes: no es cosa solo de España, sino que es un fenómeno europeo y general. Igual que en España, en las grandes naciones solo hay una sola lengua común. A partir de territorios mínimos se crearon y difundieron las grandes lenguas comunes, buscadas por todos. No solo el castellano, hecho luego español, también el francés y tantas lenguas más.

Así el alemán (el dialecto franconio de Lutero), y el inglés (producto de la fusión de varias lenguas germánicas y una dosis de francés), el italiano (el florentino, no generalizado hasta el siglo XIX), el ruso en su variante de Moscú, del XVIII. Y otras lenguas comunes más. Son un fenómeno socio-político-cultural, responde a la necesidad de entenderse en un amplio territorio. Como en la Antigüedad griega y romana. Es algo prepolítico y postpolítico, solo secundariamente político. Y a nadie se le ha ocurrido enfrentar al alemán con el «okattdeutsch», una lengua diferente, o al italiano con el napolitano y el véneto, ni siquiera con el corso que es también una lengua diferente. Porque el estado natural de las lenguas no es ese de las grandes lenguas comunes, estas son una creación de la historia. Es el de un pulular de lenguas y dialectos. Dicen que en la mitad de Nueva Guinea hay 750. ¿Y qué decir de la América precolombina (donde fueron los misioneros quienes, para difundir su doctrina, extendieron el nahua, el quechua, el guaraní)? ¿Y del Africa negra? Las grandes culturas europeas, y otras no europeas como la árabe y la china, expandieron grandes lenguas comunes. Para entenderse en el ámbito personal, en el ámbito cultural, en el administrativo, el económico. No excluían la existencia de otras lenguas, ciertamente. Pero someter a las lenguas comunes a castigo y persecución es regresión. Mal para todos. Es ir contra la historia, el mutuo entendimiento y el progreso.

Hoy el español es la segunda lengua internacional (el hindi y el chino, con más hablantes, no son internacionales). Une no solo a los pueblos de España sino a muchos otros más. Crece. Eso sí, tiene un problema en España, todos lo saben. Creo que ya sería el momento de poner una solución racional a un problema nada racional, un problema en realidad inexistente, fomentado artificialmente. Pero nadie se atreve, niGobiernos ni instituciones, temen agravar las cosas. Pero las cosas, no atendidas, se agravan solas. Se está viendo. Con una lengua común, cierto que obligatoria, es suficiente, para eso se inventaron. Y la lengua común, en Cataluña, en España y en veinte naciones y para mucha gente más, es el español. Hay en América y España, aquí y allá, además, lenguas entrañables. Pero minoritarias: con una obligatoria, que entiendan todos, es suficiente. No hay que forzar las cosas. Sin agravio para nadie. Con respeto para todos.

Turismo y confusión de lenguas
Editorial ABC 8 Agosto 2007

EL nacionalismo en materia lingüística no sólo es una imposición contraria al pluralismo social, sino también una rémora para el desarrollo económico. Así lo denuncia la Mesa del Turismo, que representa a uno de los sectores más dinámicos e influyentes de la economía española. Aeropuertos, carreteras, mapas y otros elementos de señalización inducen a confusión a los visitantes extranjeros puesto que algunas comunidades autónomas no respetan la cooficialidad del idioma español. La dispersión legislativa provoca frecuentes conflictos, sin que desde el Ministerio de Industria se haga una labor eficaz en favor del conjunto del sector y del cumplimiento de las leyes. Los empresarios advierten de que la situación puede repercutir en inversiones futuras de entidades foráneas, sin olvidar que el turismo es un sector muy sensible al malestar de los clientes.

Cuando la competencia crece de día en día y otros países ofrecen también opciones atractivas, resulta absurdo tirar piedras contra el propio tejado. El turista que busca un nombre propio y no lo encuentra por culpa de una absurda decisión política, tal vez prefiera en el futuro pasar sus vacaciones en un lugar donde no le creen problemas innecesarios. Lo mismo que la calidad de las infraestructuras o la eficacia de los servicios, las facilidades para la organización y desarrollo del desplazamiento determinan el grado de satisfacción de unos usuarios que suelen ser exigentes y que tienen a su alcance otras muchas posibilidades. Sin duda, los competidores del turismo español se estarán frotando las manos ante este gol en propia puerta que encaja nuestra industria.

El nacionalismo fundamentalista hace de la lengua un arma política en contradicción con su función natural como elemento de comunicación. La lengua española ocupa una posición de privilegio en el ámbito internacional. Es absurdo desperdiciar las ventajas competitivas que ello conlleva y por eso algunos nacionalistas deberían aprender de otros modelos, por ejemplo de Irlanda o de la India, donde la lengua inglesa es uno de los secretos del éxito económico. La Constitución es muy clara al establecer que «el castellano es la lengua española oficial del Estado». El nombre de las localidades, el menú de los restaurantes o las cartas de servicios turísticos deberían figurar siempre en el idioma que los visitantes mejor pueden conocer e identificar, sin perjuicio de que se haga constar también en las otras lenguas. Cualquier turista sabe que no es sencillo orientarse en un país extraño, en especial cuando los carteles son confusos y no se corresponden con las guías que se manejan desde el lugar de origen o con los conocimientos más o menos amplios que se tengan de la lengua española. Algunos políticos nacionalistas ponen su aldeanismo cultural por delante de cualquier otra consideración. Por eso es muy positivo, como en este caso, que la sociedad civil llame la atención sobre los problemas que realmente importan a los ciudadanos.

El «Kulturkampf» de ZP
POR IGNACIO RUIZ QUINTANO ABC 8 Agosto 2007

EL «Kulturkampf», o religión cultural por cojones, y dirigida contra la Iglesia Católica, es un invento de Bismarck para el II Reich que arraigó en la V República de De Gaulle con Malraux y que, con un poco más de dinero, podría esplendorear en la III República de Rodríguez con Molina. ¿Molina? ¿La III República de Rodríguez? Bueno, como se decía en el viejo periodismo, la fraternidad de la aventura común crea una caliente intimidad de campamento antes del asalto, y los curiosos sólo hemos de arrimar la oreja, como ya aconsejaba el marqués de Santillana, a las cosas que dicen las viejas junto al fuego.
-Los logros de este Gobierno se venden mal porque la prensa no es del Gobierno. Todos van a favor de la oposición. Afortunadamente, cada vez se venden menos periódicos.

La observación es de la directora de la Biblioteca Nacional, que es una señora que se fija mucho, como las lechuzas. Rodríguez tiene la perra de la III República, y eso, para la costurera de «prêt-à-porter» cultural que dirige la Biblioteca Nacional, es un logro que la prensa calla, pero sólo de momento, porque, con el aliento selvático de Chávez, esa coyunda hispanopersa que es la Alianza de Civilizaciones se aprieta más y más, y pronto Rodríguez estará en condiciones de hacer con la prensa lo que Ahmadineyad, el compadre de González, cuyo Ministerio de Cultura y Orientación Islámica -¡Dios, como suena a Al-Andalus!-, a través de su Dirección Para Asuntos Relacionados con la Prensa, ha cerrado el diario «Oriente»... por maricón. Una vez en la República de Rodríguez, ¿qué le impedirá a Rodríguez cerrar un periódico por facha, esto es, por tibieza en la enumeración de los logros de Rodríguez?

El secreto está en el «Kulturkampf», razón por la cual Rodríguez ha hecho ministro a Molina, que presume de tener «la mala costumbre de hacer las cosas bien». Rodríguez y Molina se conocieron en el tren botijo de Gamoneda, el poeta que se queja de ser pobre como las vírgenes de su virginidad. Sin tren no hay «Kulturkampf». El síndrome ferroviario de Gamoneda que acongojó a Rodríguez y a Molina es el síndrome ferroviario de Malraux, de Guéhenno y del Saint-Exupéry de «Tierra de hombres», título que suponemos bastante más del gusto de Ahmadineyad que, por ejemplo, «El principito». Cuando viajaba en un tren de extrarradio, lo que al aviador compasivo atormentaba en cada uno de los viajeros era «un poco Mozart asesinado». A Mozart, según él, lo ponían en las fábricas rusas, y a Saint-Exupéry le entraba una pena muy grande al descubrir que los obreros de París preferían matar a Mozart con la música ratonera del café concierto. ¿Y los de León? Una vez, en Bilbao, Ibarrola propuso a Bonifacio ir a la salida de los Altos Hornos y ofrecerles a los obreros bocetos de sus obras. «¡Joder, Agustín, que nos van a tomar por maricones!», exclamó Bonifacio, y se olvidaron de la idea, que era una idea muy «Kulturkampf».

Mientras llega la República de Rodríguez, cuyo Sócrates será Gamoneda, el ministro de Cultura ha levantado, frente a la «Tierra de hombres» de un Saint-Exupéry, una «Tierra de loros»: Televisión Española cubrirá para toda la península los logros de Rodríguez que no dan los periódicos, y lo hará en catalán, ese vaso de agua clara, que decía Pemán; en gallego, esa lengua para hablar a las gallinas, que decía Camba; y, por supuesto, en euskera, ese chorro de piedras, que decía Reyes -el sabio mejicano, no el futbolista sevillano que el Madrid ha regalado al Atlético-. En inglés, no, porque el inglés es la lengua de Bush, que es republicano, sí, pero que no ha podido acreditar la presencia de un abuelo en las Brigadas Internacionales en las trincheras de Morata de Tajuña. Y el «Kulturkampf» de Rodríguez va en serio: la TV balear ha despedido a Nadal, ex central del Barça -el equipo por el que tuerce Rodríguez-, por bizquear con la lengua de Peret, ante lo cual Yayá Touré, pivote del mismo club, ha corrido a declarar: «Cataluña es un país, y el catalán, su lengua».

Para el PSOE, ciudadano es quien se somete al Estado
EDITORIAL Libertad Digital 8 Agosto 2007

Han pasado los tiempos en que la izquierda defendía y promovía la insumisión contra una ley que ponía al Estado por encima del individuo. En aquel entonces era la obligación de los jóvenes de ceder un buen montón de meses de su vida al Ejército o al trabajo social para aquellos a quienes su conciencia o su conveniencia les llevaba a escoger esta opción. La ley por la que el PP derogó el servicio militar obligatorio, la mili, dio la razón a quienes llegaron a enfrentarse a la cárcel por no obedecer una obligación legal injusta, aunque posiblemente muchos lo hicieran más por rechazo al Ejército que por defender la libertad individual. Hoy, en cambio, la izquierda apoya que el Estado se imponga mediante la apisonadora de su monopolio legal de la coacción y la violencia a quienes desean defender a sus hijos de la ideología propugnada desde el Poder.

Peces Barba no es sólo redactor de la Constitución, ex rector de la Universidad Carlos III y ex comisario político contra las víctimas del terrorismo. Es también el ideólogo de la asignatura de Educación para la ciudadanía. Por eso tiene especial interés la falta de argumentos, el sectarismo, el anticlericalismo y el afán de imponer sus ideas demostrado una vez más en la sábana escrita en defensa de la asignatura en el BOE ilustrado. Porque cuando el ideólogo de la Formación del Espíritu Progresista considera que una organización religiosa protesta porque tiene "una sensación de impunidad" al hacerlo, la única conclusión que cabe extraer es que entre los "valores" que se piensan impartir no se encuentran ni la libertad religiosa ni la libertad de expresión.

La táctica que han empleado los socialistas para publicitar esta asignatura ha sido la de afirmar que no se puede disentir con un temario que, al fin y al cabo, sólo pretende inculcar valores compartidos por todos como la tolerancia, el pluralismo, la igualdad y un sinfín de palabras que poseen en general una característica común: son empleadas por distintas personas con significados completamente distintos, cuando no opuestos. Así, cuando la izquierda habla de tolerancia, no incluye en ella ni a la derecha ni a la Iglesia católica, como acaba de demostrar Peces Barba con su intolerante artículo. Cuando la izquierda habla de pluralismo, se refiere a las distintas formas que existen de oponerse al PP, ya sea desde el comunismo o desde el nacionalismo más racista. Cuando se habla de igualdad no se refieren a la de todos ante la ley, sino a la de resultados, que debe forzarse mediante leyes como la de paridad.

Es evidente que en una sociedad abierta, una sociedad libre, no tiene por qué existir consenso sobre los valores que guían la vida de cada uno. Mientras esos valores no pasen por el sometimiento del otro, cada cual ha de ser libre de buscar su propia felicidad de la manera que estime más conveniente. Una sociedad libre puede definirse, de hecho, como aquella en que no sólo no existe un consenso básico sobre los objetivos comunes, sino que ni siquiera se pretende que éstos existan. Una sociedad abierta es aquella en la que se convive buscando cada uno en libertad su propio camino.

Peces Barba recurre al anticlericalismo para ocultar que la Iglesia no sólo está defendiendo que no se enseñe una fe laicista en las escuelas, sino también la libertad de todos, luchando para que no se nos imponga una moral de Estado. Resulta irónico que recurra al apoyo de la jerarquía eclesiástica durante el franquismo de la asignatura de Formación del Espíritu Nacional, reconociendo por tanto una equivalencia entre una y otra que ya era clara para sus críticos, pero que ahora admite, aun involuntariamente, su propio ideólogo.

El concepto de una asignatura en la que se pretenda obligar a respetar una moral común es algo tan contrario a una sociedad libre que sólo puede considerarse que han aprobado de verdad Educación para la ciudadanía quienes objeten.

PSN
El crimen histórico de ZP
GEES Libertad Digital 8 Agosto 2007

La noticia que a estas horas no ha conseguido aún despertar al Partido Popular de su letargo estival constituye un escándalo histótico; Zapatero y ETA, ETA y Zapatero tenían un plan premeditado, bien urdido y avanzado para anexionar Navarra al País Vasco. Nafarroa Bai ha reconocido que Puras estaba negociando con ellos el órgano común –génesis de una institución nacional común– y la euskaldunización masiva de las generaciones navarras –genésis de una nueva cultura social–. Con el apoyo entusiasta del PSE y del propio ZP.

Oportuno él, Felipe González carga contra la derecha desde el diario amigo. Olvida que él es el principal responsable de haber convertido al PSN en un solar, en lo electoral y en lo moral. La corrupción que rodeó a Gonzalez dejó al PSN tocado, semihundido y a la deriva ideológica y moral. Tras perder casi la mitad de su representación, el PSN deambuló durante años con más pena que gloria por la política navarra. Sólo algunos alcaldes, por su buen hacer, conservaron el poder en sus ayuntamientos.

Así andaban las cosas cuando Rodríguez Zapatero llegó a la Secretaría General del PSOE y se embarcó en el "todos contra el PP". En el PSN tomaron nota, naturalmente; su Congreso de 2004 incluye ya la lógica del Pacto del Tinell; todos contra UPN. Incapaz de alcanzar el poder por méritos propios, el PSN empezó a tontear con el anexionismo vasco, el mismo que lo desprecia profundamente. Empezó poco a poco, en ayuntamientos y concejos, sin hacer ruido. Por mantener el poder, toleraron con la nariz tapada los proyectos etnicistas vascos. Fue el principio.

Hoy es la agrupación socialista políticamente más corrupta de toda España. El PSN ha dejado de ser un partido comprometido con la identidad navarra, y aprobará leyes aniquilacionistas, defenderá el Anschluss vasco y la integración si son ellos los que estén a la cabeza del proyecto. O se pondrá a la cabeza de una nueva mayoría comprometida con la libertad, la Constitución y el Amejoramiento. Si tiene o no solución su descomposición ideológica en temas fundamentales es hoy un misterio.

Felipe González destrozó al PSN. Luego llegó Zapatero y lo sometió al proceso de negociación con ETA. Recogió un muñeco roto, y ha perpetrado un crimen histórico que pagaremos todos; ha eliminado cualquier posibilidad de una alternativa constitucional y democrática a UPN en Navarra. Tanto si se mantiene unido como si se rompe, el PSN será a partir de ahora una fuerza marginal. Y eso es una pésima noticia, para el PSOE, para Navarra y para España entera, incluidos PP y UPN.

Y es que los regionalistas podrán ganar las próximas elecciones con mayoria absoluta. Y las siguientes. Pero gracias a Zapatero y González, la desestabilización institucional de Navarra es un peligro ya inminente. La derecha liberal-conservadora ya no tendrá enfrente una alternativa socialista moderada. La alternancia pacífica y constitucional será imposible. Lo que va a tener enfrente es una coalición revolucionaria y anexionista que no cree ni en la democracia constitucional ni en el pluralismo político. Un Frente Nacional, que, en sus márgenes o fuera de ellos, confluirá con el proyecto salvaje de Batasuna y ETA. Panorama tenebroso; en las instituciones, unos personajes que no creen en ellas, y en la calle, las bombas y la guerrilla urbana de ETA. Y con un PSN lobotomizado que asistirá impotente a un proceso que él inició, pero en el que no tendrá nada que decir. Veamos si hoy desde el socialismo alguién es capaz de evitarlo.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Navarra ya no es Navarra
POR CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 8 Agosto 2007

Los socialistas que representa Puras están por la alianza con quienes defienden «la anexión de Navarra a Euskadi». Hasta hace unos días éste era un hecho inimaginable para la mayoría de los españoles y de los analistas políticos. Se pensaba que la izquierda de esta región era una excepción, que no era partidaria de que a Navarra le afectara el modelo de Estado plurinacional. Ésta ha sido, realmente, la gran sorpresa de la crisis. Los españoles pensaban que Puras era una marioneta de Zapatero. Los hechos han demostrado que los socialistas navarros están en las posiciones de sus compañeros vascos y, por tanto, en la búsqueda con los nacionalistas de una nueva concepción «jurídica» de Navarra en relación con Euskal Herria.

El hecho de que la dirección del PSOE se haya opuesto a las tesis de Puras quiere decir tan sólo que Zapatero considera que no es el momento de llevarlas a cabo ya que supondría una provocación excesiva en las vísperas de las generales después del fracaso del proceso de paz. Navarra ha tenido tal fuerza simbólica que el proyecto de anexión a Euskadi sería una prueba irrefutable de la ruptura de España. En una palabra, sería muy difícil demostrar que aquélla es una invención de la derecha si el PSN formara gobierno con Nafarroa Bai. La desaparición del navarrismo sería interpretada como la caída de una de las últimas resistencias del españolismo. De hecho, cuando algunos -muy pocos- hemos dicho que la izquierda navarra no era una excepción y que también era capaz de traicionar a la Nación... se nos acusaba de inventarnos la realidad.

Podría Miguel Sanz formar gobierno; podrá producirse entonces una moción de censura; podrá aquél convocar elecciones; podrá polarizarse aún más el electorado... pero, en cualquier caso, habrá que admitir que en estos últimos años, y como consecuencia de la política de Zapatero, una parte del socialismo se ha pasado al bando de los nacionalistas vascos, aquí incluso, donde, según algunos, una política de negación de la idea de España podría encontrar respuestas violentas.
Navarra ya no es Navarra.

De siniestros, banderas, privatizaciones y autonomías
Juan Francisco Martín Seco Estrella Digital  8 Agosto 2007

Aún no se perciben, aunque sin duda se percibirán en el futuro, los efectos del Estatuto de Cataluña y del resto de los nuevos estatutos, pero lo que sí estamos padeciendo día tras día son los resultados negativos de todo ese proceso de quiebra técnica del Estado iniciado años atrás. Privatizaciones y Autonomías se están cobrando su tributo.

Los propietarios de las eléctricas se forran con OPAS y más OPAS, pero la sociedad catalana tiene que sufrir resignada haber estado sin fluido eléctrico y en el mayor de los caos durante bastantes días. Los políticos de Cataluña, como única respuesta, recurren al victimismo de que esta comunidad está discriminada en las inversiones, como si el problema generado por las privatizaciones no afectase en uno u otro aspecto a toda España.

Todos los veranos, ya sea en Guadalajara, en Galicia o en Canarias, los incendios están demostrando, al igual que en su día lo demostró el Prestige, que la disgregación autonómica impide una respuesta adecuada a las catástrofes. La actuación frente a un siniestro de cierta magnitud sobrepasa los medios disponibles en una Comunidad Autónoma y, al estar las competencias trasferidas, sería absurdo y un dispendio que el Estado duplicase los servicios y las infraestructuras.

Rajoy tiene razón cuando plantea la necesidad de contar con una agencia nacional dedicada a esta finalidad. Zapatero también la tiene cuando afirma que eso sería duplicar la burocracia, porque en realidad no se necesitaría una agencia sino centenares. Casi tantas como las competencias trasferidas. Lo que realmente se precisaría es la reconstrucción del sector público estatal que se ha desmantelado. En las catástrofes, por su carácter esporádico y extraordinario, es posible que se haga más patente la actual discapacidad estatal, pero ésta se extiende al resto de las necesidades sociales. Privatizaciones y Autonomías están dando al traste con nuestro incipiente Estado del bienestar. Son todos los servicios los que se están deteriorando. La riqueza y el crecimiento generado en las dos o tres últimas décadas no está teniendo ningún reflejo, por ejemplo, en los servicios sanitarios o en las pensiones con lo que la pobreza en el ámbito de los jubilados se extiende y se intensifica.

Zapatero, para prevenir las catástrofes, no quiere crear más burocracia en el Estado, aunque no le importa incrementar el gasto público para compensar aquellas, cuando se compromete a realizar inversiones y más inversiones en Cataluña o a sufragar todas las pérdidas de los incendios en Canarias. Porque, ahí está la paradoja, todos somos muy autonomistas, casi nacionalistas, pero a la hora de la verdad reclamamos la solución de papá Estado, olvidándonos de que ya no tiene las competencias, bien porque las hemos transferido a las autonomías o bien porque hemos privatizado los servicios.

En la transición, quizás queriendo matar moscas a cañonazos, se creó el Estado de las Autonomías con el único propósito y justificación de integrar a los nacionalismos. Treinta años después, los nacionalismos se encuentran mucho más fuertes y mucho menos integrados y, lo que es aún peor, la enfermedad se ha contagiado a todas las Autonomías y ha germinado en los clanes regionales de todos los partidos, que ven en ellas un instrumento de su propio poder y relevancia.

El proceso es explosivo porque es abierto y porque los acuerdos se han realizado sin renuncia de una de las partes a sus reivindicaciones. Siempre es a más y a más, nunca a menos. Está de moda poner como ejemplo a seguir el de Irlanda. Pero en Irlanda ha sido posible el pacto porque los nacionalistas tenían mucho que ganar. Aquí no, aquí lo tienen ya todo ganado, como no sea esa propuesta de máximos que ningún Estado puede tolerar. Se ha reparado poco en la noticia acaecida en los últimos días de que el ejército británico ha abandonado el territorio. Y tampoco se puso mucho énfasis en señalar que Blair, ante el primer atentado del IRA, suspendió de inmediato la autonomía. Esta —en Irlanda— es tan solo una consecuencia del proceso de paz y no un derecho adquirido. ¿Qué ocurriría en España si se suspendiese la autonomía vasca hasta que se diese por finalizada la violencia?

Lo sucedido en el País Vasco en las pasadas elecciones ralla en el escándalo. Una campaña electoral caracterizada por los tumultos, amenazas, coacciones a los candidatos y en la que, en el mismo momento de la votación, los abucheos y agresiones estuvieron presentes. ¿Se puede hablar de elecciones libres? ¿Se puede hablar de democracia cuando los candidatos tienen miedo a presentarse?

Es verdad que no se puede identificar nacionalismo con terrorismo, pero la identidad de objetivos, por más que se remarque la diferencia en los medios, extiende un manto de sospecha acerca de si el primero es el más apto para combatir al segundo. En cualquier caso, resulta evidente que el Gobierno vasco está siendo incapaz, porque no quiere o porque no puede, de garantizar el cumplimiento de la ley y los derechos básicos de los ciudadanos en Euskadi. En estas condiciones, ¿puede el Estado inhibirse y permitir que en parte de su territorio resulte imposible celebrar elecciones libres? ¿Puede permanecer impasible cuando le son coartados derechos fundamentales a algunos de sus ciudadanos?

El problema se hace incluso más grave cuando son los propios gobiernos regionales los que desprecian la ley y pretenden comportarse como poderes independientes, olvidando que su única autoridad deriva del Estado al que dicen despreciar. Los Gobiernos de Ibarretxe han actuado desde el principio en la provocación y en el chantaje. El último eslabón lo constituye su negación a colocar la bandera española en los edificios oficiales. La cuestión de las banderas me ha parecido siempre una estupidez, pero, precisamente por eso, cuando se pone tanto empeño en este asunto adquiere un valor simbólico, augurio de otros muchos temas de mayor calado.

Sin duda el reto al Estado del Gobierno vasco es inaceptable, pero, por el mismo motivo, lo es también el de la Comunidad de Madrid cuando se niega aplicar la ley antitabaco o la enseñanza en los colegios de esa asignatura titulada Educación para la Ciudadanía. Y no es que yo tenga especial simpatía por ambas cosas. Ciertas normas de la anterior ministra de Sanidad desprendían sin duda un cierto tufo a puritanismo inquisitorial difícil de asimilar. Y en cuanto a la Educación para la Ciudadanía, estoy en contra de todo adoctrinamiento, venga de la Iglesia o del Estado. Entre las materias a impartir en los colegios de un Estado laico no deberían figurar ni la religión —ya sea con carácter voluntario u obligatorio— ni otros tipos de adoctrinamiento. Pero, dicho lo anterior, la ley es para observarla o para cambiarla y el Estado debe poseer elementos suficientes para obligar a su cumplimiento incluso a las Autonomías.

www.telefonica.net/web2/martin-seco

Muchísimo más de lo mismo
Lorenzo Contreras Estrella Digital  8 Agosto 2007

Casi siempre que una situación se repite o una actitud se reitera, el comentario normal es decir despectivamente: “Más de lo mismo”. Pues en esas estamos cuando el obligado vistazo al desarrollo de la política se suscita. Ahora, por ejemplo, se ha sabido que ETA sigue enviando cartas de extorsión a empresarios, en concepto de “impuesto revolucionario” pero esta vez con una diferencia: que la banda ha incrementado la tarifa. Lo que antes podía ser, pongamos, veinte mil euros al cambio, en la actualidad son cuatrocientos mil euros, que no está nada mal como negocio. Esto significa que ETA se ha puesto carísima como perdonavidas. Y entonces ya no se trata de “más de lo mismo”, sino, para ser precisos, de muchísimo más. No cambia la esencia del chantaje, sino la cantidad.

Más de lo mismo es, paralelamente, el comportamiento del presidente Zapatero, que repite con su habitual maestría el arte de desaparecer cuando las situaciones reclaman su presencia. Y si aparece es a la manera furtiva de quien rehuye dar la cara con riesgo de perderla. Hemos conocido en los últimos días y semanas abundantes ejemplos de lo mismo. En la actualidad muchísimo más. En la presente coyuntura se le ha ofrecido una magnífica oportunidad de practicar el arte de esconderse: nada menos que el parque de Doñana, entre pájaros, por ejemplo, que son viejos conocidos suyos. Cuestión de calendario y magnífica ocasión para practicar la descentralización de la misión que le incumbe y que con los actuales trances se convierte en delegación de voz. En efecto, ahí tenemos a su portavoz predilecta, María Teresa Fernández de la Vega, teniendo que comentar desde las Américas, antes de que lo hiciera el presidente, el sentido de la dimisión de Fernando Puras. Una dimisión convertida por ella en mera cuestión personal, cuando en realidad es una crisis de partido en todo su esplendor.

Para Pepiño Blanco queda reservado el delicado compromiso de rematar la faena a cara de perro, a lo cual ya debe estar acostumbrado. En todo caso, más de lo mismo, incluso muchísimo más. Vigilado a distancia por Zapatero, hoy apartado del tablado de la antigua farsa, Blanco volverá a darnos lecciones de excelente mal hacer, que para eso está y a eso obedece su promoción. Si hubiese tenido una diezmilésima parte del talento de López Aguilar, naufragado en Canarias tras ser apartado del ministerio de Justicia, Blanco sería a estas alturas, políticamente, en cualquier destino secundario, “el hombre invisible”.

En el ministerio de Justicia está ahora el antiguo fiscal Fernández Bermejo, que ha proporcionado la sorpresa de recomendar a los empresarios que no paguen el “impuesto revolucionario” exigido por ETA. Sorpresa porque ha sido el Gobierno, donde él acaba de acomodarse, el que viene pagando a ETA el impuesto de la llamada pacificación, que consiste en matar menos por algún tiempo, mientras las arcas de la banda se van nutriendo generosamente a cuenta de los impuestos que paga el ciudadano. En realidad no es la primera vez que un Gobierno “suelta” dinero a cambio de un margen de tranquilidad provisional. Se han financiado desde arriba algunos cómodos destierros de etarras inservibles. O sea, en realidad, ahora, más de lo mismo, o muchísimo más, para que Txeroki se abastezca mejor mientras Zapatero y sus adláteres presumen de estar acabando con la banda, prácticamente derrotada según las previsiones de Felipe González, entre otros autorizados observadores del paisaje. De esto debe saber bastante el mundo ETARRA instalado en las instituciones de la llamada legalidad. A eso se llama estar en nómina sin prestar servicio a quien le retribuye que es el Estado y, por tanto, somos todos.

Más de lo mismo. Como es más de lo mismo que el Partido Socialista de Navarra insinúe un giro hacia el vasquismo sospechoso, imitando la actitud del Partido Socialista Catalán, que de federalista va pasando a ser independentista, con un Estatut que para sí quisieran los políticos de Gales.

Navarra y los «gafes del oficio»
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 8 Agosto 2007

La política es el resultado de combinar principios e intereses. Del acierto en ese difícil equilibrio depende la calidad de la política que desarrollan oposiciones y gobiernos.

La política es mala cuando los intereses arrinconan hasta tal punto a los principios que la acción pública se convierte en mero oportunismo. Y lo es también si ocurre lo contrario: entonces aparece el sectarismo, que no reconoce más principios que los propios. Pero aún puede ser peor: acontece así cuando el descarado oportunismo se disfraza con el rigor moral del sectarismo.

La crisis del socialismo navarro, tras dos meses en que el PSN y el PSOE han dado un auténtico espectáculo, constituye un ejemplo insuperable de ese oportunismo, que pretende venderse al público elector como el resultado de una acción marcada por rígidos principios ideológicos.

Según ellos, el PSOE no podría apoyar en Navarra un Gobierno de coalición con los vasquistas porque esa acción entraría en contradicción con su política. No seré yo quien lo discuta, pues me he cansado de decirlo.

En realidad, quienes lo ponían en duda hasta hace nada eran los propios dirigentes socialistas. Por ejemplo, cuando tras las elecciones navarras cantaron las supuestas excelencias de un cambio sedicentemente progresista que vendría de la mano de los nacionalistas. O cuando cerraron hace unos meses en Loyola un acuerdo secreto con el PNV y Batasuna previendo la creación de un órgano común para las comunidades de Navarra y el País Vasco que ahora les parece inaceptable.

La pura verdad es que los vaivenes del grupo dirigente del PSOE a cuenta del Gobierno de Navarra ponen de relieve nuevamente la naturaleza de una política guiada sólo por el interés de ganar las elecciones generales. Una política en que ese interés se presenta en cada momento como el resultado de principios severísimos, de modo que acaba por haber tantos principios como formas cambiantes de acceder al único objetivo relevante: ganar a toda costa.

No es de extrañar, en tal contexto, que se rebelen los socialistas de Navarra, obligados a hacer lo contrario de lo que antes postulaban los mismos que ahora los fuerzan a cambiar. Ni que Blanco amenace con ser implacable con quien defienda ¡en un partido democrático! una posición distinta a la oficial... que ha ido variando en función de las encuestas. Ni que, al final, todo se traduzca en un fiasco formidable, que demuestra la habilidad de finos estilistas de la pareja dirigente del PSOE, habilidad ya acreditada en la negociación con ETA o en la reforma estatutaria. No es de extrañar, porque todo eso son, como barbarizan los Tonechos en una creación lingüística genial, «gafes del oficio». ¡Menudos gafes!

Navarra
Luis del Pino Libertad Digital 8 Agosto 2007

Noto una cierta discrepancia en algunas personas acerca de la estrategia seguida por el PP en el asunto de Navarra, y he de decir que quienes piensan que el PP tendría que haber actuado de otra manera a como lo ha hecho se equivocan.

El PP ha sabido jugar sus cartas de manera excelente. El objetivo fundamental era evitar que los nacionalistas accedieran al gobierno foral y ese objetivo se ha conseguido gracias a la forzada abstención del PSOE. Además, se ha conseguido el objetivo sin renunciar a ningún planteamiento ideológico. El acceso del PP al gobierno navarro se debe no a una renuncia a los principios, sino a la imposibilidad del PSOE, debido a sus contradicciones internas, para formar gobierno con Na-Bai.

Los argumentos que se manejan para decir que se trata de un error son tres, y ninguno de ellos me parece realmente sólido. Se dice, en primer lugar, que el PP va a tener que gobernar en minoría, lo que le va a suponer un gran desgaste. Es cierto que el PP tendrá que gobernar con un parlamento en contra, pero en los gobiernos autonómicos lo que verdaderamente importa es la capacidad ejecutiva, no la legislativa. El gobierno vasco está en minoría en su parlamento y eso no quita para que sea el PNV el que tenga el poder real en el País Vasco. Desde el parlamento foral se pueden hacer leyes y aprobar mociones. Desde el gobierno foral se reparten los dineros, se aprueban los reglamentos y se controla la aplicación de las leyes. Déjenme ustedes el gobierno foral y hagan todo el ruido parlamentario que quieran. El poder desgasta, sí, y en minoría aún más, pero la oposición desgasta en una proporción infinitamente mayor.

Se dice, en segundo lugar, que el acceso del PP al poder le da vía libre a Zapatero para sacar pecho y negar que tenga ningún pacto con ETA, de cara a las elecciones generales próximas. Eso también es cierto, pero este argumento olvida dos detalles importantes. El primero es que Zapatero dispone de otros argumentos para convencer a la opinión pública de su (falsa) voluntad de luchar contra ETA: por ejemplo, las detenciones de etarras. Cualquier golpe aparentemente espectacular a la banda que se realizara en las próximas semanas le serviría para trasladar a la opinión pública su mensaje de (falsa) fortaleza. El segundo detalle es que PSN y NaBai podrían formar gobierno, pero aplazando cualquier medida de corte nacionalista hasta después de las generales, formando así un gobierno aparentemente "amable". Eso reduciría mucho el desgaste para Zapatero de cara a la opinión pública. ¿Merece la pena que el PP renuncie a formar gobierno en Navarra y se la entregue a los nacionalistas, sólo para desgastar a Zapatero en un cierto grado que, en principio, no sabemos cuantificar?

El tercer argumento es que el PP va a estar a expensas de que le presenten en cualquier momento una moción de censura y que eso es lo que va a hacer el PSN después de las generales. Sí, también esto es cierto, pero ¿y qué importa? De aquí a las generales van a pasar muchas cosas, y el resultado de las propias generales está por ver. Por lo pronto, hemos conseguido los objetivos; dentro de tres o seis meses, ya veremos por dónde va la jugada y actuaremos en consecuencia. Posiblemente tengamos la oportunidad de ver muchos cambios en la situación de aquí a entonces.

No me vale, por tanto, ninguno de los argumentos que se están esgrimiendo. Creo que el PP ha jugado bien y que el objetivo se ha logrado: se mantienen las manos de NaBai fuera del gobierno foral, se sigue controlando éste y se ha logrado que el PSN se sumerja en una crisis, al acentuarse las contradicciones internas del PSOE.

Ante la duda, cuando no sepamos qué debe hacerse en una situación concreta, hagámonos dos preguntas. La primera: ¿qué haría el PSOE en una situación similar? ¿Creen ustedes que el PSOE, pudiendo evitarlo, renunciaría a ocupar un espacio de poder y se lo entregaría en bandeja al PP? ¡Ni hartos de gazpacho! Desde el poder, todas las estrategias funcionan mucho mejor. Fuera del poder se tienen muchos menos recursos para llevar a la práctica esas estrategias. En el caso navarro, el PSOE se ha visto a obligado a ceder ese espacio, porque no tiene otra alternativa. Pero el PP sí que la tiene: puede formar gobierno o no formarlo. En esas condiciones, la respuesta está clara: formar gobierno.

Pero la segunda pregunta que hay que hacerse es la más importante: ¿qué es lo más adecuado para España? ¿Formar gobierno y evitar que ETA consiga sus últimos objetivos, con el acceso de los nacionalistas al poder foral? ¿O renunciar al gobierno, jugándoselo todo a una teórica mejora de sus posiciones electorales en las siguientes elecciones forales o a un teórico desgaste de Zapatero en las generales? Con las cosas de comer no se juega, y los pájaros en mano valen más que los que vuelan.

En el fondo, lo que subyace a esas críticas al PP que se vienen escuchando no es sino una cierta desconfianza en la cúpula dirigente del PP. Es como si algunas personas se preguntaran: ¿no habrá vuelto Zapatero a engañar a estos pardillos del PP? ¿No estarán estos pardillos del PP apuntalando, sin querer, a Zapatero?

No seamos tan críticos. Es cierto que los populares han tardado en reaccionar desde las elecciones del 14-M, pero el PP ha demostrado en los últimos meses que por fin está dando pasos claros en la dirección correcta: así lo atestiguan, por ejemplo, los cambios de liderazgo en Cataluña o Baleares. No son tan pardillos, y son perfectamente conscientes de lo que todos nos estamos jugando. Dejémosles organizar sus bazas, porque saben lo que se hacen. Como acaban de dejar claro en Navarra.

Triunfo de Zapatero
La crisis de Navarra
Agapito Maestre Libertad Digital 8 Agosto 2007

Ojalá me equivoque, pero, si Rajoy no lo remedia, creo que la crisis de Navarra más pronto que tarde se convertirá en una crisis del PP y UPN. Independientemente del juicio moral que nos merezca el desarrollo de la crisis política de Navarra, o sea, que los políticos tarden más de dos meses en ponerse de acuerdo para elegir a su Gobierno, creo que es imprescindible destacar que sólo Rodríguez Zapatero sale reforzado de este aparente embrollo. No se hagan ilusiones quienes creen que Miguel Sanz sale beneficiado porque el sábado salga elegido en segunda vuelta. Gobernar bajo la amenaza permanente de una moción de censura no es demasiado agradable. Tampoco creo que pueda convocar elecciones anticipadas, una vez que tome posesión de la presidencia de Gobierno, entre otras razones porque el artículo 30 de la Ley básica que rige esa comunidad apenas le ofrece margen para hacerlo.

Por otro lado, no sé qué dice el PP de la forma que está resolviéndose la crisis de Navarra. Sus dirigentes están tan callados que parecen muertos. Creo que esta buena gente confunde la política con deseos piadosos. Pobres. No parece que esta actitud sea la mejor manera de encarar una precampaña electoral. No tiene justificación tanto silencio. Es como si la tarea de oposición se la hubieran entregado al PSOE. Por el contrario, las declaraciones amenazantes de Rodríguez Zapatero al lado de la playa de Castilla, frente al Coto de Doñana, revelan que se siente ganador de la crisis de Navarra. Sí, sí, Rodríguez Zapatero ha conseguido que todos los españoles perciban que gracias a él, gracias a su entera y única decisión, UPN gobernará en minoría en Navarra. El perdedor se ha erigido en garante del ganador. La cuestión es paradójica pero real como la vida.

De paso, como si la forma de hablar de Rodríguez Zapatero ya fuera una amenaza interiorizada por sus súbditos, le advierte al partido de Miguel Sanz, socio del PP en Navarra, que tenga cuidado en sus tareas de gobierno, porque más pronto que tarde le retirará la confianza. "Las cosas", dice muy sentencioso Rodríguez Zapatero, "van a cambiar mucho". Sin duda, tiene razón el presidente del Gobierno; más aún, las cosas ya han cambiado, puesto que incluso los resultados electorales de las elecciones de mayo son percibidos por la mayoría de los españoles de otro modo merced a sus tretas y cambalaches con los nacionalistas. En efecto, mientras el PP no consigue ilustrar a los españoles, el PSOE y Rodríguez Zapatero los engañan con desparpajo.

Rodríguez Zapatero le ha dado la vuelta a datos reales: en primer lugar, ha conseguido, naturalmente con todo tipo de mentiras y con la ayuda de sus medios de comunicación, que millones de españoles olviden que a UPN sólo le faltaron 2.000 votos para alcanzar la mayoría absoluta, o sea, ha persuadido al personal para que vea a UPN como un partido perdedor; segundo, ha logrado, aunque sea al precio de sacrificar a su candidato, que el imaginario colectivo de los españoles contemplase cómo plausible que el partido perdedor, el suyo, pudiera gobernar con los secesionistas de Nafarroa Bai; y, tercero y fundamental, ha conseguido para sí mismo una imagen de defensor de España, que desmentiría de algún modo la crítica decisiva que el PP, con toda razón, viene haciendo de su política entreguista a ETA y otros nacionalismos.

El ganador, pues, de la crisis de Navarra es Rodríguez Zapatero, porque ha hecho olvidar que el PSOE en Navarra representa a muy poca gente, pero, sobre todo, porque ha soltado un poco de lastre de sus pactos con ETA de cara a las elecciones generales. De paso, ha vuelto a dejar claro que en el PSOE sólo manda él. Rodríguez Zapatero sólo quiere obediencias. El partido es suyo y lo utiliza a su antojo.

Una profunda reserva moral
ALBERTO LÓPEZ BASAGUREN El País 8 Agosto 2007

La confrontación en torno a la configuración de la convivencia política sigue plenamente abierta en el País Vasco. Lejos de lo que habitualmente se dice, su fuente no está, exclusivamente, en el proyecto soberanista del nacionalismo. Aún más, sigue forzosamente abierta para los defensores de una democracia ciudadana, materializada de forma tan insatisfactoria entre nosotros. Desde esta perspectiva, la construcción de nuestro futuro tiene numerosas exigencias; pero el mantenimiento vivo de la memoria es una de las más ineludibles, porque debe constituir parte esencial de sus cimientos.

El presente y el pasado más reciente de la convivencia en el País Vasco contienen elementos profundamente miserables; y muchos pretenden que nuestro futuro se construya ignorándolos, para impedir que nos embarranquemos en el pasado. La sociedad vasca tiene importantes tabúes políticos, pero ese pasado que todavía es presente corre el riesgo de convertirse en el más intocable de todos ellos. Porque penetra en lo más sensible de nuestra conciencia como sociedad: la visión complaciente de nosotros mismos, que el nacionalismo lleva al paroxismo. La tranquilidad de conciencia de la mayoría parece exigir la elusión de ese pasado, de este presente. Y muchos se incomodan cuando se sostiene que nuestro pasado condiciona irremisiblemente nuestro futuro. Al igual que le ocurre al protagonista de Otto Pette (Las últimas sombras), esa preciosa novela de Anjel Lertxundi, la simple mención del pasado produce en muchos un auténtico escalofrío, un profundo temblor interior. En ello ha radicado la postrera y amarga experiencia de las víctimas: tras ser brutalmente golpeados por la barbarie se ven convertidos en agoreros de una sociedad a la que rompen la imagen complacida de sí misma, importunando, a algunos, sus pretensiones.

Tratar de olvidar es un deseo habitual en las sociedades que han sufrido un gran trauma colectivo. Pero no es verdad que la sociedad vasca esté traumatizada. Impedir la victoria del olvido es indispensable no sólo porque necesitemos dotarnos de las defensas imprescindibles para superar los efectos de la barbarie y atemperar el riesgo de su reproducción futura; en nuestro caso se trata, además, de impedir el autoengaño que nos convertiría a todos en víctimas, enterrando lo ocurrido bajo el manto de un drama colectivo. Esta mentira, profundamente cínica, permitiría, sin duda, la tranquilidad de conciencia de todos; de quien vive la tragedia de los otros con pasividad y distanciamiento; de quien se incomoda porque le estropee sus pretensiones y reclama su derecho a que nada las altere, indiferente a su ventajosa -e, incluso, provechosa- condición; de quien no comparte la terapia pero sí el diagnóstico de los verdugos, y, finalmente, de éstos y de quienes les han enardecido, exentos ya de cualquier responsabilidad individual. La única tranquilidad frustrada sería, otra vez, la de las víctimas, que verían de nuevo escamoteada su experiencia.

La tragedia vasca, nuestra desgracia, nada tiene que envidiar, cualitativamente, aún en su parcialidad, a la que nos describe la autora anónima de Una mujer en Berlín; y provoca un "regusto a náusea, enfermedad y locura" no inferior a aquélla. Pero "nuestra miseria espiritual" no nace de las bajezas a que nos haya obligado la lucha por la supervivencia, sino de la satisfecha y cómoda convivencia (¿connivencia?) con una persecución selectiva que es política y cuyo significado ahora se pretende ocultar. La focalización de la tragedia ha agravado el sufrimiento de las víctimas. Esa experiencia va unida a la idea de culpa, sea ésta interiorizada o imputada desde el exterior, aún solo tácitamente; las víctimas han tenido que imponer su presencia política y social haciendo frente a innumerables resistencias, con un incalculable desgaste personal acompañado en general de una gran incomprensión; y han tenido que arrostrar, finalmente, en su reconocimiento, la carga de lo que la autora berlinesa califica como "tortura de la compasión", aliviada por no haberla tenido que sufrir, al encontrarse quienes la rodean en su misma condición.

La experiencia viva de las víctimas nos es indispensable como cimiento de nuestra convivencia porque, como sostiene Imre Kertész en ese estremecedor compendio de reflexión vital que es Un instante de silencio en el paredón, "el sufrimiento provoca un saber que esconde una profunda reserva moral". Las víctimas son el ejemplo vivo de lo que ha ocurrido en nuestra sociedad, de lo que ha sido capaz de tolerar, de lo que ésta -o una parte de ella- es capaz de justificar: la pura y simple persecución política hasta la misma exterminación física por interponerse en el camino de la utopía nacionalista, practicada por bastantes con distintos grados de fanatismo. Las víctimas son experiencia viva de todo ello; por eso, la reserva moral que atesoran es fundamental como parámetro de lo que es indispensable y de lo que es inaceptable en nuestro futuro.

Barbara Spinelli ha realizado en Il sonno della memoria un lúcido ejercicio de reflexión sobre los infiernos de la reciente historia europea. Con ella comprobamos la importancia de impedir el triunfo del victimismo cínico en los pueblos en los que ha germinado la barbarie, porque estimula un sentimiento de regeneración que libera de deudas y deberes; constatamos que la capitulación ética no garantiza necesariamente la paz, y, sobre todo, aprendemos la imperiosa necesidad de la memoria, de una memoria viva, que sea experiencia productiva. Todo lo contrario de lo que tantos pretenden entre nosotros: vaciar la memoria, reducirla a puro monumento, a ornamento hueco, reducir a las víctimas a una condición puramente pasiva y eliminar su significado político.

La memoria, antes que nada, exige justicia; que sólo es posible con el reconocimiento del daño causado y de la culpa, individual y también colectiva, política. Y la justicia no es compatible con la amortización anticipada de la culpa, pretensión que de forma tan reiterada aparece entre nosotros y que continuamente perciben los actores de la barbarie. El fin del terrorismo no puede llevar aparejado, por sí solo, el perdón, porque haría desaparecer cualquier contenido disuasorio y reparador de la justicia. Y olvidaría que, aunque a muchos les disguste, el tiempo transcurrido no ha sido intrascendente. Un personaje de Isaac Bashevis Singer en Sombras sobre el Hudson sostiene que en los libros sagrados uno encuentra enseñanzas de provecho, aun cuando no sepa dónde obtener la fe para creer que todo es tal como allí se cuenta. Algo así ocurre, a mi juicio, con Guero, la obra cumbre de las letras vascas. En ella, Pedro de Axular nos enseña que la misericordia no es posible, aun siendo Dios infinitamente misericordioso, sin experimentar previamente las exigencias de la justicia, sin conocer su grandeza. Sólo la justicia abre camino al perdón. El perdón acabará siendo necesario, pero requiere maduración; de quien lo recibe, de quien lo concede, del conjunto de la sociedad y, no en último lugar, de quienes han soportado más directamente los efectos de la barbarie. Porque la gracia es una medida política que exige sólida legitimidad para ser ejercida, que necesita merecimiento y consenso, a riesgo de un gran coste político, por el peligro de convertirse en mera anulación de la justicia.

La firme exigencia de justicia y la reivindicación de la memoria no pueden, sin embargo, arrastrarnos a una dinámica de visceralismo partidista. Si nos adentramos por ella podremos considerarnos cargados de razones, pero pondremos en peligro la misma utilidad de la memoria, facilitando el triunfo de quienes siempre han perseguido el olvido. Y condenaremos a las víctimas a que sus heridas se mantengan permanentemente abiertas, impidiéndoles alcanzar el sosiego, aun en lo irremediable de su experiencia. La memoria es materia sensible, sumamente frágil que, si queremos que sea productiva, exige ser tratada con delicadeza y miramiento para evitar que se nos quiebre entre las manos.

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad del País Vasco.

¿Empiezan a darse cuenta?
NOA. Comunicado nº 17. 8 Agosto 2007

En un reciente artículo de Libertad Digital titulado “La derecha liberal no termina de convencer”, se reflexiona sobre el insuficiente eco del PP sobre los votantes, indicando que la avalancha de medios de comunicación afectos al entramado del zprisoe no puede superarse con los propios, y propugnando una “derecha social” que incluya a más sectores.

Esta actitud sería un signo de apertura de miras en el ámbito de los que resisten (por los mo-tivos que fueren) a la alianza PSOE-PRISA-ONGS-Islam-Ecologistas-Progres-Políticamente correctos-Minorías sexuales-Nacionalistas-Nacional terroristas, y quien sabe qué más, si no diera por sentado que la oposición activa a esta mezcla aberrante y deletérea sólo puede darse desde una “derecha social” (si es que eso significa algo y cuyos contenidos no están explicitados).

Cualquier iniciativa en sentido unitario la aplaudimos y venimos defendiéndola desde hace años.

Pero creemos que el volumen, entidad, arraigo y extensiones de este enemigo REAL, exige un frente más amplio que supere conceptos sociales (periclitados o no) como derecha, liberales, conservadores o progresistas. No es la reforma de la Seguridad Social o el control de la Banca lo que se está jugando sinó muchísimo más.

Con ZP la partida es la unidad de la Nación y el Pueblo españoles, su bienestar y su futuro.

Se requiere un frente amplio y un programa frentista escueto y concreto. Lo demás sobra. Es lo que el pueblo puede identificar con sus angustias e inseguridades, económicas y políticas, todas relacionadas con los nacionalismos y con sus colaboracionistas intelectuales.

Hacemos un llamamiento para que los medios de comunicación libres que se en-frentan a la tiranía den a conocer al conjunto del movimiento sus diversos componentes y propugnen estrategias de convergencia. Hasta hoy, lo que podríamos lla-mar corriente principal ha mostrado un cierto menosprecio por los otros grupos.

¿Qué quién compone el movimiento?, todo aquel que denuncie esta situación y a los que la provocan, aunque sea formando parte de un ideario o una crítica más amplia.

La falta de unidad es nuestra debilidad. Nuestra debilidad es su fuerza.

N.O.A. Núcleos de Oposición Antinacionalistas
www.nucleosoa.org
oa@nucleosoa.org

Adheridos a la plataforma España y Libertad

La golfería de Gibson
Pío Moa Libertad Digital 8 Agosto 2007

Con típica golfería dice Ian Gibson sobre la memoria histórica: “La ley va bien encaminada pese a la crispación que produce el Partido Popular, por ejemplo diciendo que somos unos revanchistas. Yo viajo mucho por España y no veo sed de venganza, sino sed de justicia de restitución y derechos, es una cuestión de decencia humana".

En parte es cierto. A pesar de todo el veneno y el rencor involucrado en las campañas de los carroñeros, la gente en España, la gran mayoría, no tiene sed de venganza. Pero habría que preguntarse qué derechos, qué restitución y qué decencia. Toda la campaña se basa en la presunción de que los muertos izquierdistas y separatistas luchaban “por la libertad”, "por la democracia” y “por la república”, cuando fueron ellos, indiscutiblemente, quienes arruinaron la legalidad republicana y lo que ella tenía de democrática, y combatieron bajo la protección y la dirección de Stalin, el adalid de las libertades. Hoy no cabe la menor duda al respecto para cualquier persona medianamente documentada. ¿Y qué decir de las masacres entre los propios izquierdistas, qué decir de esos "perdedores" de los que nunca quieren acordarse?

Lo que hay que restituir, los derechos que hay que defender, la decencia que hay que imponer, son los de la verdad histórica, tan maltratada por los gibsons, los prestons, los juliás, los viñas y tutti quanti. Es una cuestión de salud social, nada menos.

La izquierda tiene una clara conciencia de la importancia del pasado como condicionante del presente, y lo explota de forma masiva, falseándolo sin escrúpulos.

En cambio la derecha quiere “mirar al futuro”, como insiste el patético, y ojalá fuera solamente patético, PP de Rajoy. ¡Qué verá, el hombre, en el futuro, quizá una gigantesca poltrona!

Se queja Gibson de que mis libros "hacen mucho daño". Cierto, les hacen mucho daño a ellos. Pero no a la verdad. A menos que puedan demostrar que mis tesis son falsas. A ver si de una vez se ponen a la tarea, en lugar de destilar su habitual veneno inquisitorial o chequista.

Comente este artículo en el Blog de Pío Moa, "Presente y Pasado" http://www.libertaddigital.com/bitacora/piomoa/

Atacada con botellas incendiarias la sede de UPN en Tafalla
El balcón de las oficinas ha quedado calcinado por la acción de los violentos, la novena contra un partido en Navarra en lo que va de año
EFE - Pamplona El País 8 Agosto 2007

El ataque ha causado además otros daños como la rotura de una persiana. La Guardia Civil analiza ahora los restos. Con estos hechos se elevan a nueve los actos de violencia que se han producido en Navarra en lo que va de año contra sedes de partidos políticos o contra representantes de alguna de estas formaciones.

La Delegación del Gobierno en Navarra ha condenado "rotundamente" los hechos y ha mostrado su "solidaridad" con UPN y sus militantes. Los ataques de violencia callejera como éste son "absolutamente estériles a los efectos de amedrentar a la sociedad", así como un "vano intento de condicionar la actividad de los agentes políticos, económicos y sociales de Navarra", según la Delegación del Gobierno.

La Guardia Civil se ha hecho cargo de la investigación de los hechos, en una "labor intensa y compleja" que en lo que va de año ha servido para formular por parte de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en Navarra un total de 40 denuncias ante la Audiencia Nacional por desórdenes públicos y daños.
 

Recortes de Prensa   Página Inicial