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Recortes de Prensa     Domingo 12 Agosto   2007

Navarra, más sombras que luces
EDITORIAL Libertad Digital 12 Agosto 2007

En los sistemas parlamentarios, la elección del presidente del Ejecutivo suele inaugurar un periodo de estabilidad institucional truncado sólo en ocasiones por cambios en el grupo o grupos que apoyan al Gobierno o por una moción de censura. No ha sido así en Navarra, donde Miguel Sanz, presidente de la Diputación Foral gracias a los votos de su partido, Unión del Pueblo Navarro, de la Coalición de Demócratas de Navarra de Juan Cruz Alli y del decretado y polémico voto en blanco más una abstención del PSN de Carlos Chivite, ni despeja dudas sobre el futuro inmediato de esta región ni aclara las intenciones del PSOE a la hora de pactar con fuerzas políticas cuya plataforma consiste en un rechazo frontal a los principios de la Constitución de 1978.

Ante este panorama, Sanz podría haber optado por no presentar su candidatura, lo que en vista del veto al acuerdo entre el PSN y los anexionistas de Nafarroa Bai, habría resultado en la convocatoria de nuevas elecciones en la Comunidad Foral. Sin embargo, la sospecha de que Ferraz, en un nuevo giro, hubiera aprovechado esta circunstancia para autorizar a última hora un gobierno de coalición con comunistas y vasquistas, habrá pesado en el ánimo del político a la hora de decantarse por un gobierno en minoría y sin ningún acuerdos con la oposición que garanticen la gobernabilidad de Navarra.

El nuevo ejecutivo de Sanz nace incapaz de cumplir su programa y a merced de los cálculos electorales de Rodríguez Zapatero, que imposibilitan la disolución del parlamento navarro antes de las elecciones generales, sean éstas convocadas en otoño de este año o en marzo del próximo. Conviene recordar que la legislación navarra impide elecciones anticipadas durante la primera sesión del Parlamento, que concluye en Diciembre, y prohíbe que aquéllas coincidan con las generales.

Por tanto, el arma esgrimida por Sanz en su discurso de investidura equivale a una bala de fogeo frente a la letal moción de censura que los socialistas podrían activar en cualquier momento, y que no sería difícil contara con la mayoría absoluta necesaria para prosperar, lo que abriría la puerta a un gobierno cuya agenda incluiría la propia desaparición de Navarra como Comunidad Autónoma para su anexión al País Vasco.

Maniatado y sometido a continuo chantaje, Sanz comienza un paseo por la cuerda floja que ya ha sido aprovechado por el PSOE para señalar presuntas quiebras entre UPN y el PP, extremo incierto, pues el liderazgo del Gobierno de España en la lucha antiterrorista afirmado por Sanz no es cuestionado ni por Mariano Rajoy ni por nadie. Al contrario, lo que la oposición y la mayoría de los españoles piden a Rodríguez Zapatero es que lo ejerza de forma efectiva, algo que todavía está por ver. Para fractura, la del PSN, que a este paso podría quedarse en el esqueleto de sus 12 diputados en el Parlamento Foral y los concejales repartidos por la región.

Más allá del acierto o error de Sanz al optar por asumir el gobierno en unas circunstancias tan precarias, esta crisis revela la profunda incoherencia del PSOE, incapaz de ofrecer a los ciudadanos un programa claro y un proyecto común para todos a pesar de estar a punto de concluir una legislatura en el Gobierno de la nación. Y lo que es peor, no parece que esta situación vaya a cambiar a mejor en los próximos meses.

España como burladero
POR IGNACIO CAMACHO ABC 12 Agosto 2007

LA clave se llama España. Los brujos de la demoscopia, que escrutan las encuestas y ofrecen al presidente consejos para que los desestime, le han dejado sobre el escritorio un cartel con el nombre de la nación rotulado en grandes letras rojas. Los arúspices de la sociología han concluido que las causas de la derrota municipal del PSOE fueron el diálogo con los terroristas y la cesión al PP del concepto de la identidad nacional, y han sugerido a Zapatero que si quiere ganar las generales tiene que imbuirse de patriotismo para despojar al adversario del monopolio de la españolidad. Paradojas de la política: después de tres años de deconstrucción semántica y constitucional del término, el mago sonriente se ve impelido por la necesidad a llenarse la boca de una palabra en la que no cree. Pero cree en el poder, y su propia falta de ideas sólidas favorece el recurso al pragmatismo. Si para Enrique V París bien valía una misa, para este Peter Pan con pantalones largos la Moncloa bien puede valer una bandera.

En este repentino y sobrevenido descubrimiento de España no hay instrumento que desmerezca el uso de la nueva retórica de conveniencia. Matizada, eso sí, de una inflexión de progresía que camufle el giro diametral de la táctica. El ideograma inscrito por el Gobierno en la nueva carta estatutaria de la televisión pública, declarada al servicio de la «construcción de la identidad española», resume como un acta programática el alcance de la flamante reconversión ideológica. Una base de buenismo abstracto en la declaración de principios, una pizca de pluralidad lingüística, un pellizco de adanismo iluminado y el habitual perejil de la nación de naciones: los ingredientes del discurso hueco del zapaterismo, recalentados en el microondas retórico de un vago patriotismo de nueva hornada según la vieja máxima del minero leonés: ni una mala palabra, ni una buena acción.

El objetivo es meramente operativo: pertrecharse de armamento propagandístico con el que neutralizar la ventaja del enemigo en un terreno abandonado durante tres años de estéril ofensiva en dirección opuesta. Le favorece, sin embargo, la pereza de un rival acomodado en su trinchera hasta el punto de descuidar su retaguardia más segura, y que parece sestear sin apercibirse de que el contrincante ha girado la posición y se dispone a arrebatarle sus gallardetes simbólicos para encabezar con ellos una marcha en sentido contrario, aunque sea a contramano de sí mismo. Combate antiterrorista y españolismo de circunstancias; Zapatero fía su estrategia de falsa rectificación a la desmemoria ciudadana y al poderío de su aparato publicitario.

Porque detrás de esta máscara de cosmética no hay, como de costumbre, más que un inmenso vacío, una oquedad ideológica, un océano de ambigüedades surcado por la balsa de la sonrisa mágica. España no interesa como problema, sino sólo como muletilla trivial, como burladero de ocasión en el que esquivar la embestida urgente de un problema. España, en la semántica zapateril, se llama el maquillaje de una necesidad, el aderezo de una carestía, el afeite de una dificultad, el adorno circunstancial de un pedazo de la nada.

La estrategia de Zapatero
La Transición traicionada
Ignacio Cosidó Libertad Digital 12 Agosto 2007

La izquierda española, bajo el liderazgo de Rodríguez Zapatero, está ejecutando una doble traición al espíritu de la Transición y al pacto constitucional en el que ese espíritu tomó forma política y jurídica. La primera traición fue su alianza con los nacionalismos más radicales para tratar de romper el gran pacto territorial que supuso la Constitución del 78. La segunda traición es desvincularse del espíritu de reconciliación en el que se basó la transición democrática, como única vía para superar definitivamente la división entre las dos españas que se enfrentaron en la Guerra Civil, y sustituirlo por un espíritu de revancha que tan sólo generará nuevas divisiones y enfrentamientos entre los españoles.

La primera gran traición al pacto constitucional la protagonizó la izquierda de Zapatero con su alianza con los independentistas. En su afán por ocupar el poder y perpetuarse en él, Zapatero no dudó en aliarse con los nacionalismos más radicales, marginando incluso a los sectores más moderados de esos nacionalismos, al precio de ir desguazando progresivamente el Estado. Ha sido además una traición en toda regla porque ni siquiera se tuvo el valor de plantear una modificación de nuestra Carta Magna, sino que se violentó su letra y su espíritu en la redacción de nuevos estatutos hasta el punto de provocar numerosos recursos de constitucionalidad aún pendientes de resolución.

La izquierda pretende ahora consumar una segunda traición a nuestra transición. Se trata de cuestionar la legitimidad democrática de nuestro actual sistema político porque no supuso una ruptura revolucionaria con la legalidad anterior y porque su espíritu se basó en un acto de conciliación y concordia entre todos los españoles y no en un ánimo de venganza o revancha. Iniciativas como la pretendida Ley de Memoria Histórica lo que pretenden en realidad es una revisión de ese pacto de la transición para conectar nuestra actual legitimidad democrática no con la Constitución de 1978, que nos une a todos, sino sobre una legitimidad histórica que arranca del gran fracaso histórico de la II República.

Hay sin duda un interés político y electoral en ejecutar esta segunda traición a nuestra Transición democrática. Por un lado, se trata de movilizar, hurgando en sus propias heridas históricas, a una izquierda perdida ideológicamente y desencantada en buena medida con el Gobierno de Zapatero. Se pretende además cohesionar la no siempre fácil alianza del socialismo gobernante con la izquierda radical e independentista buscando en el pasado elementos de cohesión que no existen en el presente. Por último, intentan con ello una deslegitimación total del adversario político tratando de echar los muertos de la guerra civil y la represión de la dictadura en la cara del Partido Popular, al que consideran, en una manipulación histórica sin precedentes, poco menos que responsable de aquel desastre y heredero directo de la dictadura.

Pero tengo la sospecha de que en esta segunda traición hay en el socialismo español algo más que un coyuntural interés por mantenerse en el poder. En buena parte de la izquierda actual anida una voluntad de desembarazarse de los compromisos adquiridos por ella misma durante la transición democrática. Se considera que aquel no fue un pacto libremente aceptado sino efecto de una situación histórica anómala en la que se vieron obligados a asumir concesiones que en este momento es necesario revisar. Hay un movimiento en la izquierda, aún incipiente, que parece querer propiciar con todo ello un cambio de régimen.

Es necesario por tanto reivindicar hoy más que nunca el éxito histórico que supuso nuestra Transición democrática. Un éxito colectivo que nos ha permitido disfrutar del periodo de libertad, paz y prosperidad más largo de toda nuestra historia como Nación. Hoy una gran mayoría de la sociedad española se sigue sintiendo plenamente identificada con ese gran pacto democrático al que todos debemos seguir guardando lealtad. Huyamos de aquellas páginas más negras de nuestra historia que aún hoy siguen generando división y rencor entre los españoles. Es el momento de mirar como Nación al futuro, donde nos aguardan no pocos desafíos, y no dejarnos enredar en los debates sobre un pasado felizmente superado.
Ignacio Cosidó es senador del Partido Popular por Palencia.

¡Ey, torooo!
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 12 Agosto 2007

¡Qué valientes! Una llamada Hermandad Catalana de la Bandera Negra, formada por independentistas que habrán visto de niños las películas de piratas de Errol Flynn, destruyó a comienzos de este mes el último toro de Osborne que quedaba en Cataluña.

Si al acto vandálico se le da el auténtico valor, su significación no ofrece dudas: estamos ante un atentado -los soberbios toros de Osborne, imagen del pop art español donde las haya, son desde hace años patrimonio nacional- comparable, en su naturaleza, aunque no en su trascendencia cultural, al que llevó a los talibanes a destruir en el 2001 los milenarios Budas de Bamiyán. Y es que las razones de talibanets y talibanes son equiparables: todo lo que se opone supuestamente a la identidad propia (religiosa o cultural) debe caer.

Es cierto, sin embargo, que cuesta tomarse en serio a estos toreros, a la vista del desternillante comunicado con el que justifican su faena. Los talibanets afirman haber limpiado Montserrat -donde estaba ubicado el morlaco de metal- de «la inmundicia cornuda española que pretendía ensuciarla» e informan de que tras el puntillazo final el astado fue «pisado, ultrajado y humillado por los patriotas que lo han vencido mientras por el horizonte salía un sol de justicia». ¿Se imagina la escenita? Los diestros (aunque sería mejor decir que los siniestros, ¡en todos los sentidos!) cierran su epístola al infiel con las amenazas de rigor: «Cada vez que un símbolo español sea alzado, será abatido sin contemplaciones por los patriotas catalanes como nuestra de nuestra voluntad irreductible de defender a ultranza nuestros derechos nacionales». ¡Im...presionante!

Es una pena que ya puestos a defender derechos, a los radicales no se les ocurra defender los de los catalanes. Pues mientras mataban heroicamente una reliquia, se desconoce que el independentismo, siempre tan activo, haya constituido plataformas para denunciar el caos que se ha instalado en Barcelona (¡menudo toro!), donde no hay día que no se estropee o se colapse algún servicio básico y donde cientos de miles de personas sufren en silencio sin que ningún «Nunca Máis» de turno se haya constituido para denunciar las responsabilidades que tocan al tripartito de progreso.

Pero este es el signo de los tiempos: si en Cataluña gobernase el PP o incluso el PSOE (no ese PSC entregado a la causa que le han impuesto CiU y ERC) hace ya días que el ruido reivindicativo sería insoportable. Tan grande al menos como el que hubieran hecho los «nuncamaisistas» en Galicia si la chamusquina forestal de hace un año la hubiera gestionado la derecha y no el actual bipartito de progreso, exento, por definición -¡faltaría más!- de toda culpa.

Pragmatismo navarro
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 12 Agosto 2007

Uno de los personajes políticos más singulares de Navarra en el siglo XX es sin duda Amadeo Marco Ilincheta, integrante de la Diputación Foral durante cuarenta años y vicepresidente del organismo (la principal autoridad entonces) entre 1971 y 1979. Tradicionalista, voluntario en la Guerra Civil en la que acabó como capitán de requetés, amigo de Franco, escrupuloso a carta cabal con el dinero público, figura respetada, pese a sus orígenes, que cuando murió, en 1987, recibió el homenaje del Gobierno democrático de Navarra. Tan relevante era la personalidad de Marco que el dirigente de ETA Txomin Iturbe, que en 1979 estuvo estudiando la posibilidad de ordenar un atentado contra él, renunció a intentar su asesinato por el rechazo que provocaría en Navarra.

Retirado ya de la política, en 1983, en la última entrevista que concedió -probablemente una de las pocas que se dejó hacer en toda su vida- se confesaba ante la periodista Inés Artajo ('Entrevistas con Navarra al fondo. Personas y momentos'. 2003) como votante de UPN: «Por dos razones -decía-. Creo que es un partido de derechas y a mí los partidos de derechas me dan confianza y también porque no son centralistas y yo me he pasado la vida luchando contra el centralismo, fuera del signo que fuera. A mis 83 años no voy a cambiar. Sigo siendo un tradicionalista que en mi primera época profesé devoción por el carlismo, después por el régimen de Franco -gran amigo mío al que hubiera tenido al frente de España toda la vida-, que le profesa gran simpatía a Don Juan Carlos, pero que siempre defenderá a Navarra contra los intentos de Madrid de ir contra nuestros Fueros».

En las palabras de Amadeo Marco se encierran, quizás, algunas de las claves de la personalidad de Navarra, tales como la conciencia firme que tienen sus habitantes de la singularidad del 'Viejo Reyno' y la reivindicación de que esa singularidad se plasme en el marco político. Se trata de una conciencia que, a diferencia de lo que ocurre con el nacionalismo vasco, no es vivida de manera conflictiva con España, sino como parte integrante de lo español. Desde la exigencia de respeto a lo particular, hay una actitud de lealtad natural y pertenencia a lo español. En este registro se reconoce la inmensa mayoría de los navarros. Es, seguramente, ese carácter el que hace posible la cohesión en una comunidad en la que las diferencias culturales y políticas son tan notables como lo son las climáticas y geográficas.

Entre la Navarra atlántica o pirenaica y las Bardenas subdesérticas hay tanta distancia como la que existe en lo social entre los valles vascoparlantes del noroeste y el sur castellanoparlante, pero ese sentimiento compartido de singularidad hace posible la cohesión interna en medio de la diversidad. Navarra salió de la transición con un mosaico político sin igual: existía una extrema izquierda maoísta y troskista con un peso social como en ninguna otra parte de España, un carlismo en decadencia, un nacionalismo en el que los más radicales han tenido la hegemonía hasta la aplicación de la Ley de Partidos, extrema derecha en la calle, el centro derecha dividido y los socialistas asociados a sus compañeros de Euskadi. Hizo falta tiempo para recomponer ese paisaje político, pero se consiguió.

La idea del consenso interno sobre la singularidad de Navarra va acompañada de otra nota distintiva histórica: el carácter pragmático de los líderes políticos de la comunidad (a pesar de lo visto en las últimas semanas), capaces de ajustarse a los tiempos de la historia para sacar el máximo partido de los márgenes de juego disponibles en cada momento. Ese pragmatismo se evidenció en la Ley Paccionada de 1841 que permitió conservar el régimen foral en un momento de paso del Antiguo Régimen a sistemas políticos modernos.

La singularidad de Navarra y el pragmatismo de sus líderes quedaron reflejados también en la adaptación del sistema foral al marco democrático surgido tras la muerte de Franco, adaptación que se llevó a cabo a través de la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra, publicada en el BOE el 16 de agosto de 1982, fecha simbólica porque ese día se cumplían 141 años de la promulgación de la Ley Paccionada. El letrado socialista José Antonio Asiain ha escrito que, mediante este procedimiento, «Navarra había encontrado un espacio propio en la nueva organización territorial del Estado que establecía la Constitución de 1978. Y lo había encontrado a través de una vía peculiar, la del pacto entre las instituciones de Navarra y las del Estado, claramente diferenciada en las formas de la que habían seguido las demás nacionalidades y regiones del Estado para constituirse en Comunidades Autónomas».

Desde ayer, Navarra tiene un ejecutivo de centro derecha en minoría presidido por Miguel Sanz. Esa situación de minoría no es algo nuevo en la política foral, sino todo lo contrario: desde 1983 sólo ha habido una legislatura -la última, de 2003 a 2007- en la que el Ejecutivo ha disfrutado del apoyo de la mayoría absoluta. Y no parece que a los navarros les haya ido tan mal en ese tiempo. Sanz tendrá que hacer gala de pragmatismo y de capacidad negociadora no sólo para gobernar la comunidad foral, sino para cerrar las heridas abiertas en la sociedad en los últimos tiempos.

f.dominguez@diario-elcorreo.com

El precio de los pactos
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 12 Agosto 2007

Las conveniencias electorales y el descrédito de la política de alianza sistemática con los nacionalismos para aislar al Partido Popular practicada por José Luis Rodríguez Zapatero han frustrado, por el momento, la pretensión socialista de repetir en Navarra la fórmula de gobierno ya materializada en Galicia, Cataluña y Baleares. Como viene ocurriendo cada vez que el desenlace de los acontecimientos contradice las previsiones del Gobierno y su partido, la prioridad de Rodríguez Zapatero y de los portavoces socialistas dentro y fuera del PSOE es subirse al carro de la situación para ganar el argumento. Ha ocurrido con el alto el fuego de ETA, cuya ruptura, por chusco que parezca, se ha presentado como prueba irrefutable de que el Gobierno que lo había avalado tenía razón, y vuelve a ocurrir ahora con el asunto de Navarra. De nuevo aquí, la decisión de la dirección federal del PSOE de rechazar el acuerdo con Nafarroa Bai vendría a demostrar la maldad de la oposición del PP por dudar de las intenciones socialistas.

Algunos lo llaman hacer de la necesidad virtud. En realidad, es simple oportunismo retórico. El Gobierno a través de su presidente, su vicepresidenta y cuantos ministros fueron preguntados y el Partido Socialista a través de su secretario de Organización y portavoces diversos insistieron hasta la saciedad en que la decisión sobre los acuerdos postelectorales correspondía a los socialistas navarros. Éstos se lo creyeron, y mientras en Madrid Blanco y Zapatero parecían contar con que semejante alarde de democracia interna para la galería, además de evitarles el compromiso de definirse, les saldría gratis, sus compañeros navarros se lo tomaban en serio y se pronunciaban por unanimidad a favor de una alianza con Nafarroa Bai, con una decisión tan firme y comprometida que a la vista está la crisis que ha traído.

No parece, por tanto, que quienes criticaban, denunciaban o advertían de un pacto PSN-Nafarroa Bai anduvieran tan descaminados, ni que la probabilidad de ese acuerdo fuera una injuriosa fabricación del Partido Popular o de esos medios que la directora de la Biblioteca Nacional ni escucha, ni ve, ni lee. Otra cosa es que el Partido Socialista sea ya consciente de que el coste de su ingeniería política con los nacionalistas ha aumentado y que resultaba más sensato evitar que la credibilidad de Zapatero, ya menguada en este tema, sufriera una nueva quiebra a pocos meses de las elecciones generales. Parece claro que si los socialistas hubieran tenido las ideas tan claras y las intenciones tan unívocas en relación con el gobierno de Navarra como ahora quieren hacer creer no se habría tardado dos meses en resolver una situación que ha terminado por desbordar a los que la crearon.

Aun así, Rodríguez Zapatero ha lanzado un mensaje que, dentro de su habitual contorsión verbal, resulta bastante claro. Para el presidente, lo que los socialistas no podrán hacer desde el gobierno de la comunidad foral tendrán la oportunidad de llevarlo a cabo desde la oposición. De este modo, Rodríguez Zapatero no sólo intenta dejar clara su voluntad de converger con los nacionalistas hasta que las cosas maduren para una futura coalición sino que, al contraponer el gobierno de UPN, por un lado, con la mayoría parlamentaria que vertebrarían los socialistas, por otro, deja establecidos los términos de la confrontación política en Navarra en la legislatura que se abre. Lejos de un panorama de oposición útil o de esfuerzo de colaboración institucional -y no faltan los asuntos en los que esta colaboración es necesaria-, el tiempo político que se adivina estará definido por el equilibrio entre la capacidad de disuasión que puede tener el instrumento de la disolución anticipada del Parlamento foral de que dispone el presidente Miguel Sanz y la administración por parte de la oposición de una mayoría parlamentaria que, aunque mínima, puede frustrar la gobernabilidad de la comunidad navarra y mantener la posibilidad de una moción de censura pendiendo sobre el gobierno de UPN.

Lo ocurrido en Navarra al Partido Socialista presenta, sin duda, factores muy singulares y específicos pero también remite al coste creciente de la estrategia seguida por el PSOE para promover el aislamiento del Partido Popular como un elemento estructural del régimen político. Sólo ahora, después de la ruptura del alto el fuego y ante la proximidad de las elecciones generales, el Partido Socialista ha puesto límite, siquiera coyuntural, a una política en la que la consecución del poder ha legitimado cualquier pacto si, además, conllevaba apartar al PP. El precio para los socialistas en términos de credibilidad, de capacidad de gestión y de coherencia ha ido subiendo. Lo que en un principio parecía una envidiable maniobrabilidad política va camino de convertirse en un problema de difícil administración. Así hay que entender la paradójica sobreabundancia de nacionalistas en las instituciones forales a pesar de los discretos resultados de aquéllos frente a la incapacidad del PSOE para rentabilizar su suerte electoral. De la misma manera que mal pueden quejarse los socialistas de que PP y Coalición Canaria les hayan aplicado una dosis -sólo una- de su propia medicina y hayan malogrado las expectativas de Juan Fernando López Aguilar, nueva víctima de las complacencias de Rodríguez Zapatero.

Los socialistas pueden recrearse en el cordón sanitario con el que han querido cercar al Partido Popular. Pero no deberían olvidar que de cara a unas elecciones generales el PSOE y personalmente Rodríguez Zapatero tienen ante sí la tarea de construir un proyecto nacional propio que demuestre autonomía, que sea practicable y que sea creíble. No es fácil después de vender como 'de progreso' lo mismo un gobierno presidido por el cántabro Revilla que otro integrado por el independentismo guerracivilista de Esquerra Republicana de Catalunya. En qué haya consistido el progreso que presuntamente representaban esas fórmulas sigue siendo una incógnita.

Dicen que el problema de los estados mayores de los ejércitos es que se preparan para ganar la última guerra, no la siguiente. Parece que el Partido Socialista quiere que todas las elecciones sean las del 14-M para reproducir indefinidamente su inesperado éxito. Aislar al PP intentando reunir en torno al PSOE a todos los que tienen por común denominador su rechazo a ese partido no es un programa de gobierno. La pueril estrategia de defensa consistente en culpar a los gobiernos del PP de todo aquello por lo que toca a los socialistas responder y esa apresurada operación de borrado de la memoria colectiva de las fracasadas apuestas -revisión de estatutos y proceso de paz- sobre las que Zapatero quería consolidarse y que ahora parece que nunca han existido sólo confirman la pobreza del acervo político que aquél lleva a las próximas elecciones, un acervo sólo abrillantado por el viento favorable de la economía que, sin embargo, empieza a ser desapacible para muchos ciudadanos cuya situación y expectativas resultan menos sensibles al optimismo que los cuadros macroeconómicos parecen inducir en las autoridades.

Navarra sale del túnel
Editorial ABC 12 Agosto 2007

MIGUEL Sanz ha logrado por fin la confianza del Parlamento foral y será presidente de Navarra por cuarta legislatura consecutiva. Como primera providencia, es digno de recordarse que UPN ganó las elecciones con clara ventaja, mejorando sus resultados respecto de convocatorias anteriores. Por tanto, no es lícito afirmar que la investidura es producto de maniobras o pactos ajenos a la voluntad de los ciudadanos. Todo lo contrario: si la regla básica de la democracia consiste en que «la mayoría, gana», es evidente que ésta era la única solución aceptable. El tortuoso proceso previo a la votación de ayer en Pamplona sólo refleja los cambios de criterio del PSN, sacrificado por el oportunismo político de Ferraz y víctima de sus propias contradicciones internas. Habría sido mejor para todos, incluido el dimitido Fernando Puras, que la solución que ha prevalecido finalmente se hubiera adoptado desde el primer día. Una vez más, los únicos beneficiados de la crisis han sido los nacionalistas, que han logrado un protagonismo muy superior al que corresponde a su fuerza real en las urnas. El gran perdedor es el PSN, con una crisis agravada por la dimisión en bloque, primero, de los dirigentes de las Juventudes del partido y, ayer mismo, de destacados miembros de su Ejecutiva regional.

El centro-derecha gobierna de nuevo en Navarra y ésta es una buena noticia para la España constitucional, en la medida en que UPN mantiene una postura inequívocamente foralista. Sin embargo, Miguel Sanz va a encabezar un Ejecutivo en situación precaria, porque los socialistas distan mucho de estar convencidos y los nacionalistas continúan al acecho. Zapatero actúa movido por objetivos puramente electoralistas. Con las generales a la vista, no le conviene al PSOE dar pistas inequívocas sobre su objetivo de modificar el modelo territorial vigente. Para el presidente del Gobierno, Navarra es un sacrificio táctico y provisional. Se trata de quitar argumentos a la oposición y de ofrecer una imagen de firmeza aparente frente al nacionalismo, pero sería absurdo engañarse: el objetivo final no ha cambiado y nadie ha querido garantizar que el PSN renuncia a una moción de censura cuando cambien las circunstancias. El nuevo Gobierno foral deberá actuar con la máxima prudencia y con habilidad estratégica para no ofrecer pretextos a los socialistas. En especial, debe convencer a la opinión pública de que, a día de hoy, ninguna otra fórmula política garantiza que se mantenga el estatus actual de Navarra, que deriva de un amejoramiento del Fuero, adaptado a la tradición histórica y a la realidad social.

Navarra es y será un objetivo irrenunciable para los nacionalistas vascos. NaBai intenta ofrecer una imagen moderada, pero su horizonte es muy definido: la incorporación del viejo reino al proyecto panvasquista, identitario y anacrónico. La España constitucional gana por ahora en el contexto de una situación transitoria, pero las expectativas no invitan al optimismo. Los socialistas navarros se han limitado a «obedecer» a Ferraz, pero se han escuchado entre ellos muy pocas voces en defensa del foralismo. El mensaje es nítido: el PSN ha sido incapaz de repetir el «montillazo», pero sus planes no pasan por establecer una relación de confianza con UPN. En definitiva, lo ocurrido en el Parlamento Foral ayer fue el reflejo de la impotencia política y no de la convicción sobre los argumentos de fondo. A partir de ahora, cualquier concesión al nacionalismo será errónea e insuficiente. Sólo la firmeza en los principios y la habilidad en las estrategias permitirán a UPN y a sus socios mantener el Gobierno y convencer a los ciudadanos de que sólo una mayoría absoluta garantiza hoy día que Navarra conserve su personalidad propia. A escala nacional, la opinión pública ha tomado buena nota. El proceso de investidura en Navarra es la consecuencia de la extraña aventura que Zapatero ha emprendido para modificar el modelo territorial que establece la Constitución, aunque por ahora le convenga más dejar las cosas como están.

ETA dentro de ETA
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ El Correo 12 Agosto 2007

En algún momento, pensando sobre la situación de ETA tras decretar el cese de asesinatos y retomarlo posteriormente en la T4, argumenté que la decisión de abandonar el terrorismo en la izquierda abertzale ya estaba tomada. Después han venido la ruptura del 'proceso' y la reorientación por parte de Zapatero de la estrategia antiterrorista. Aun así, algunas voces, a menudo bien informadas, como Egibar, continúan apuntando que el 'proceso' no está del todo roto. Estas 'desiderata' de Egibar, que pertenece al sector soberanista del PNV, tal vez responden más a esa visión de que ETA está acabada que, por supuesto, al hecho de que realmente estemos en el instante de suficiente madurez como para certificar que el terrorismo en Euskadi ha terminado. En esa visión a medio plazo creo que tenemos coincidencia.

A mi modo de ver y como también hemos publicado aquí ya, el error táctico de Zapatero fue establecer que la negociación era un objetivo político y no estratégico. Desactivar a ETA requiere que su desarticulación (otros lo llaman derrota) sea el objetivo de la política antiterrorista, mientras la negociación pueda ser, en un instante coyuntural concreto, una estrategia de aplicación para la consecución de ese objetivo finalista. Es decir, si se dialoga o negocia con ETA no es para realizar concesiones, sino para descuadernarla. En esa línea, por tanto, no caben concesiones políticas... y no caben porque, además, no son necesarias. Quienes temen que se hagan a ETA cesiones en términos de política territorial no han entendido todavía que el independentismo democrático las conseguirá en un par o tres de décadas. Imaz ha sido quien mejor ha entendido, al menos públicamente, que ETA ha terminado, y por eso quiere despegar de la violencia etarra el legítimo mensaje soberanista del PNV, que en el subconsciente colectivo de los españoles está asociado a ETA.

A pesar del derrape táctico de Zapatero, Rubalcaba estaba al acecho. Por ahí se comenta que el ministro de Interior no había creído nunca demasiado en la indefinida 'tregua' etarra y se había dedicado a ser el contrapeso de Zapatero en el, también entre comillas, proceso de paz. A lo mejor es que Rubalcaba también tiene esa visión prospectiva y resulta que Imaz, Egibar, Rubalcaba, Otegi y 'Josu Ternera', todos tan dispares, tienen en común esa capacidad canina de olfatear que ETA se está desarmando pero que no ha llegado todavía su punto de maduración. Y tal vez su punto de maduración sea más interno que externo, tenga más relación con desarrollos internos a la propia banda terrorista que con cuestiones de posicionamiento en procesos externos.

Así las cosas, puede que Rubalcaba tuviera su 'plan B' y, de repente, no hacen más que producirse detenciones en Francia y desarticularse estructuras y subestructuras terroristas. A mí me gustaría pensar que el 'plan B' era el 'plan A' desde el principio, porque eso supondría que estamos regidos por inteligencias prospectivas que piensan en los procesos como jugadores de ajedrez. Pero reconozco que es un espejismo demasiado romántico, e ignoro si Rubalcaba sabe jugar al ajedrez. En todo caso, el independentismo en Euskadi avanzará por vías políticas (y ante eso el PSOE, por ejemplo, tiene una clara fractura en su propia casa) y ETA se fragmentará por implosión interna, se quieran ligar o no ambos caminos en las agendas de unos o de otros.

Los primeros movimientos de la partida de ajedrez que se libra en el interior de ETA los están ganando quienes juegan con las fichas negras, movidas por 'Txeroki' y compañía. Las fichas blancas de 'Ternera' y Otegi están en la cárcel, que es por otra parte donde deben estar para que la estrategia antiterrorista del Gobierno sirva a una política antiterrorista de Estado. El atentado de la T4 fue un enroque de la identidad terrorista etarra que, estoy seguro, no se decidió en el comité ejecutivo de ETA dirigido por 'Ternera'. El asesinato de dos ecuatorianos en Madrid materializó un golpe interno en ETA que pretendía, pero que no ha logrado, descabezar a 'Ternera'. Tanto el antiguo parlamentario de Batasuna y terrorista en activo como su par en la izquierda abertzale, Otegi, han salido mal parados de la agresiva jugada de las fichas negras y han tenido que sacrificar a la reina, que está en prisión.

Sin embargo, como saben quienes juegan al ajedrez, la reina puede recuperarse con el trabajo en solitario de un peón. Lo complicado de entender en la partida etarra es que se juega sobre un tablero en donde los elementos responden a la lógica de la física cuántica, de manera que el peón blanco debe de ser, en realidad, un peón negro. Es bastante lioso y puede llevar a pensar que el atentado de ETA en la T4 es un movimiento que tiene su correspondencia en las detenciones en cadena que la banda está experimentando, y va a experimentar, durante meses. Ahora está moviendo 'Ternera', que lleva muchos años ensayando partidas.

Por supuesto, todo esto que digo son especulaciones. Quienes idearon el golpe de la T4 tendrán la tentación de recurrir a repetir el movimiento terrorista, porque piensan que tuvo éxito en cortocircuitar el 'proceso de paz'. De ahí la probabilidad adjudicada por los analistas (aparte de lo que tenga el mensaje de preparación a la población por si acaso ocurre) de que un atentado de ETA vaya a producirse en breve. ETA puede atentar en noviembre o en enero para tratar de condicionar el ánimo de los electores, pero no le va a servir de mucho estratégicamente. Si 'Txeroki' no cae detenido antes, ni siquiera ETA está en condiciones ahora de justificar ante sus propias bases terroristas el asesinato de ciudadanos. Lo tiene crudo.

El PNV se enfada
POR GERMÁN YANKE ABC 12 Agosto 2007

Nadie duda de que en el ánimo del PSOE, al no autorizar una coalición en Navarra con los nacionalistas vascos, ha pesado el efecto que pudiera tener en su electorado. De hecho, en un momento psicológica y políticamente sensible, no se podía entender un acuerdo de Gobierno sin cesiones que, aunque para algunos supusieran la continuación de un proyecto de reforma del Estado, para la mayoría lo excedían. Las razones electorales tienen, curiosamente, mala prensa, aunque se compaginen con continuas referencias a la conexión de los políticos con la ciudadanía y al esfuerzo por escuchar a ésta.

El presidente del PNV (El País, 10 de agosto), escamado con la decisión, se refugia en una frase de Helmut Kohl -curiosamente replicando a «una dirigente del PP», para que no falte de nada en el ejemplo- con el propósito de defender una «política de Estado» contra «las encuestas del desayuno». Le falta, claro, demostrar que un acuerdo entre el PSOE y los nacionalistas en Navarra es tal, una «política de Estado», y no debería olvidar tampoco que la democracia es un sistema de opinión pública. Una cosa es que Kohl ordenara instalar los misiles Cruise y Pershing como respuesta a los S-20 soviéticos en 1982 en contra de las encuestas (que a Imaz le parece muy bien y es interesante saberlo para averiguar cómo entiende que hay que actuar ante las amenazas) y otra que se olvidara de la opinión pública alemana. De hecho, fue reelegido porque, aunque el sondeo pudiera mostrar recelos ante una manifestación de poder militar, no negaba el interés mayor de los alemanes por estar protegidos. El político puede no dejarse dominar por una «encuesta del desayuno», que tiene hasta en la denominación un carácter relativo y provisional, pero no apartarse de la opinión pública.

La «visión de Estado» o la «política de Estado» es, para el nacionalismo vasco, lo que le favorece, lo que se ajusta a sus pretensiones o establece un cauce para que se logren. La hubo, según este punto de vista, no con la Constitución, sino con el Estatuto de Gernika en el que, más allá de que unos y otros se reconocieran, «el nacionalismo democrático implantó su hegemonía en el campo del nacionalismo, minorizando y debilitando el radicalismo». No la hubo en Navarra, según esta misma interpretación, porque la minoría nacionalista no apoyó el Amejoramiento, lo que favorecería al radicalismo. No la ha habido tampoco, sigue nuestro estadista, porque no se ha llegado a un acuerdo entre socialistas y nacionalistas vascos en Navarra con la consecuencia -hasta reproducirlo causa un cierto pasmo- de no acabar «con un foco de inestabilidad permanente e integrar a un 30% de la población que, liderada ahora por fuerzas democráticas, se siente cada vez más empujada fuera del sistema político». Es decir, el nacionalismo, si no está en el poder no está integrado, si no está integrado se siente empujado fuera del sistema. Es esta, desde luego, una curiosa «política de Estado», a la que ha de añadirse, además, que la integración en el sistema de quienes hasta hace poco han apoyado la violencia debe hacerse con premio: «Se ha dado con la puerta en las narices -dice Imaz- a aquellos que, con gran valentía, habían cortado amarras con el mundo radical, lanzando una señal a los que todavía dudan sobre dar ese paso o no».

El PNV, agobiado por la batalla interna, quiere plantear otra fuera (quizá el único modo de unirse), en la que este enfado sobre lo que ha ocurrido en Navarra no es más que un modo de darse aliento. Se trata, como dice Imaz con un lenguaje que es más predemocrático que preconstitucional, de buscar «un acuerdo político para el encaje de la Comunidad Autónoma de Euskadi en el Estado». Y se tratará de conseguir con esa doble estrategia del nacionalismo vasco, tan tramposa pero que, sin embargo, se toma a menudo con una benevolencia propia de indigentes intelectuales. Ceder, dar la razón al nacionalismo, modificar la arquitectura constitucional fruto de la soberanía de los españoles a su favor es, para Imaz, «política de Estado», «altura de miras». Con lenguaje más zafio, para Egibar es el reconocimiento de «derechos naturales del pueblo vasco».
Como el empeño por salirse con la suya suena mal, retóricamente se presenta como el método adecuado de «integración» y buena convivencia. Pero la estrategia no deja de lado la amenaza si no se les hace caso: la inestabilidad, el sentimiento de alejamiento del sistema, la desesperación -y sus consecuencias- de quienes se han alejado o pueden hacerlo del radicalismo violento.

«Es que están enfadados con esto de Navarra». No, es que su único «argumento» es estar enfadados.

Normalidad a la española
POR M. MARTÍN FERRAND ABC 12 Agosto 2007

AQUÍ, en una de esas contradicciones que nos definen, solemos invocar la normalidad para referirnos a todo aquello que no es normal. Cualquier circunstancia, incluso si es indeseable, capaz de mantenerse viva durante un cierto tiempo se integra en el paisaje social y entra en ese saco de la normalidad, en el que lo mismo cabe un Parlamento sin debates sobre asuntos fundamentales que unos trenes de cercanías que tienden a dejarnos lejos de su destino. En el País Vasco el fenómeno cursa con especial virulencia; pero, convertida la costumbre en norma, ya nadie repara ni se inquieta ante la parodia democrática que, sobre cimientos de violencia, se vive en el territorio.

Estoy pensando, por concretar un principio general de preocupante implantación, en el caso de los militantes de ANV, excitados por la ilegal Batasuna, que acaban de asaltar el Ayuntamiento de Ondárroa sin más consecuencia ni secuela que contemplar su «gesta» en los diarios. Cuatro energúmenos de la acreditada colectividad separatista vasca entraron en el salón de plenos, llamaron «ladrones» y «fascistas» a lo integrantes de la gestora municipal allí reunidos, escupieron a uno de ellos y ordenadamente, sin mayores alborotos, los de la gestora se trasladaron a un despacho próximo en el que, tras cerrar la puerta por dentro, continuaron su sesión.

Aquí nunca pasa nada y, lo que es peor, no tiende a generalizarse la idea incontrovertible de que así, con amenazas, violencia y extorsiones, la democracia no es nada. Un deseo en el mejor de los casos. Ondárroa es uno de los muchos ejemplos, nada aislados, que pueden proponerse como ejemplo de nuestra rara y asimétrica convivencia. Como Lizarra o Mendeja. La impunidad arropa a los violentos, a quienes les inspiran y animan, mientras sus víctimas experimentan la amargura del desamparo. Esa es nuestra normalidad... no democrática. A partir de ahí podemos engañarnos los unos a los otros y, con mayor o menor repugnancia, tragarnos el sapo de la mentira parlamentaria y representativa en la que vivimos después de incluir en la norma lo que sólo debiera estar, y convenientemente perseguido, en la ficción más perversa.

Sobre el terreno movedizo y fangoso de los separatismos, incluidas sus expresiones violentas y asesinas, hemos construido un Estado que asume como normalidad lo que no lo sería en ninguno de nuestros países vecinos o equiparables. Así viene siendo y así se ha perfeccionado y agigantado en virtud del «proceso de paz» que José Luis Rodríguez Zapatero utiliza como partitura principal en su desconcierto de Gobierno. Un español, por llevarlo a la caricatura, puede ser multado seriamente si sobrepasa levemente un límite de velocidad o un tiempo de estacionamiento; pero, si además es vasco y nacionalista, puede ir a Ondárroa y ciscarse en la Constitución y en sus leyes sin la más mínima consecuencia. Anormal normalidad la nuestra.

Radicales causan incidentes puntuales en Amorebieta tras una concentración autorizada
* La movilización contó con la presencia de miembros de la ilegalizada Batasuna
* Los asistentes se dispersaron entre vivas a ETA y gritos en contra de la Ertzaintza
MIKEL SEGOVIA | EFE El Mundo 12 Agosto 2007

AMOREBIETA (VIZCAYA).- La manifestación contra "la represión" y por la "autodeterminación" convocada por un "grupo de ciudadanos" de Amorebieta (Vizcaya) ha sido sustituida por una concentración de 20 minutos tolerada por la Ertzaintza, a pesar de que la primera había sido prohibida por el Gobierno Vasco. Sin embargo, al finalizar la concentración, un grupo numeroso se ha desmarcado provocando incidentes.

A las 19.15 horas de la tarde, medio millar de manifestantes desplegaron la pancarta con el lema de la manifestación y trataron de iniciar la marcha, momento en que la Ertzaintza les comunicó que ésta estaba prohibida.

Tras negociar durante varios minutos, los convocantes optaron por realizar una concentración, que fue tolerada por la policía vasca.

La movilización contó con la presencia de destacados miembros de la ilegalizada Batasuna, como Joseba Permach, Joseba Álvarez y Marije Fullaondo, así como del histórico dirigente de Herri Batasuna Tasio Erkizia.

Durante la concentración, fuertemente vigilada por decenas de ertzainas, se corearon consignas como 'Herriak ez du barkatuko' (el pueblo no perdonará), 'Santi, gudari, gogoan zaitugu' (Santi, luchador, te recordamos), 'Utzi bakea, alde hemendik' (dejadnos en paz, iros de aquí), o 'Hildakoak ordainduko dituzue' (pagaréis los muertos).

Tras entonar el 'Eusko gudariak' (himno al soldado vasco), los manifestantes se dispersaron entre vivas a ETA y gritos en contra de la Ertzaintza y del PNV.

Después de la concentración, un grupo de radicales se desmarcaba del resto derribando algunos contenedores y destrozando cabinas telefónicas. Decenas de agentes antidisturbios hicieron frente a los incidentes deteniendo a uno de los radicales.
Prohibido el homenaje a 'Pelopintxo'

La marcha había sido convocada este mismo sábado después de que la Audiencia Nacional prohibiese el "acto político" convocado anteriormente en homenaje al etarra fallecido Sabino Euba, 'Pelopintxo'.

Este viernes, el grupo convocante llamó a realizar otro homenaje al etarra, después de que el juez de la Audiencia Nacional Juan Del Olmo ordenara a la Ertzaintza que impidiera el homenaje organizado por el 'Koreano', al considerar que la movilización "puede ser constitutivo de un delito de enaltecimiento del terrorismo tanto por el convocante como por el resto de datos plasmados en los informes policiales y documentación de los medios de comunicación".

La decisión de Del Olmo se producía un día después de que la Fiscalía solicitara su prohibición. Además, pedía también a las Fuerzas de Seguridad del Estado que adoptaran las medidas necesarias para que "se evite" este homenaje "a una persona condenada por terrorismo".

El acto tenía como primer objetivo homenajear la figura de Euba, quien falleció el pasado día 5 en Amorebieta, a los 70 años de edad, a causa de un cáncer. 'Pelopintxo' estuvo considerado el máximo responsable de las finanzas de ETA entre 1986 y 1992.

Protestas en Miranda de Ebro por el concierto de Soziedad Alkohólika
M. E. La Razón 12 Agosto 2007

Burgos- Un centenar de personas, convocadas por el Foro Burgalés de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, protestaron ayer en Miranda de Ebro contra la autorización del concierto del grupo Soziedad Alkohólika, que comenzaba al cierre de esta edición en esta localidad dentro del festival Petróleo Rock. La concentración tenía como objetivo denunciar «la actitud» del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Miranda de Ebro, formado por PSOE e IU, por «el incumplimiento del pacto por las libertades y contra el terrorismo» y permitir que Soziedad Alkohólica «en un campo municipal, con sus letras, humille a las víctimas del terrorismo», aseguró Pedro Samuel Martín, delegado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en Salamanca. Al mismo tiempo, la concentración pretendía «rendir un pequeño homenaje a todas las víctimas del terrorismo», indicó Roberto Ranz, portavoz del Foro Burgalés de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo.

Sobre la decisión del Tribunal Supremo que el pasado 20 de julio absolvió a los integrantes de Soziedad Alkohólika de un delito de enaltecimiento del terrorismo, Ranz aclaró que «seguimos pensando que las letras y los contenidos de las canciones de este grupo no son tolerables para la memoria y la dignidad de las víctimas», por lo que es «un deber moral recordárselo a la sociedad».

«Humillación a las víctimas»
Pedro Samuel Martín advirtió de que la AVT iba a seguir el desarrollo del concierto del grupo vasco en el Festival Petróleo Rock, en el estadio municipal de Anduva, y en el caso de que haya «alguna actitud de humillación a las víctimas se estudiará por nuestro equipo jurídico por si fuera necesario plantear una querella».

La concentración, tras la lectura de un manifiesto, concluyó lanzando vivas a la libertad, a la Constitución y a España y con el gesto simbólico de taparse los oídos durante un minuto.

Mientras, al otro lado de la plaza de España, donde se celebró la concentración, en una de las calles adyacentes, los agentes antidisturbios desplegados por la Policía impidieron el paso a un grupo de personas que portaban una pancarta en la que se podía leer «Stop criminalización. Miranda antifascista». Dicho grupo mostró su apoyo a Soziedad Alkohólica y la situación derivó en altercado que acabó con un joven detenido, tras lo que la zona recuperó la normalidad.

"PAGARÉIS LOS MUERTOS"
La Ertzaintza tolera amenazas y destrozos de los proetarras en el homenaje a Pelopintxo
Los pro-etarras se salieron con la suya, rindieron homenaje al terrorista Sabin Euba Pelpintxo y, de paso, dejaron un rastro de destrozos en Amorebieta. La manifestación contra "la represión" y por la "autodeterminación y la amnistía" convocada por un "grupo de ciudadanos" de Amorebieta (Vizcaya) fue tolerada por la Ertzaintza, a pesar de las evidencias de que era una burda sustitución de las dos convocatorias prohibidas por el juez Del Olmo y el Gobierno vasco.
Efe Libertad Digital 12 Agosto 2007

A las 19:15 de la tarde de este sábado, los manifestantes desplegaron la pancarta y trataron de iniciar la marcha, momento en que la Ertzaintza les comunicó que ésta estaba prohibida.

Tras negociar durante varios minutos, el portavoz de Askatasuna, Juan María Olano, comunicó por altavoz la decisión de los convocantes de realizar una concentración de veinte minutos, que fue tolerada por la Policía vasca y tras la que se produjeron algunos incidentes.

La manifestación por la amnistía fue anunciada esta misma mañana después de que la Audiencia Nacional prohibiese el "acto político" convocado anteriormente en homenaje al etarra fallecido Sabino Euba, Pelopintxo.

Dicha marcha había sido convocada para las siete la tarde, la misma hora en que estaba previsto el homenaje a "Pelopintxo", y también había sido prohibida por la consejería vasca de Interior, que la consideraba "una continuación de la convocatoria" anterior.

La movilización, que fue secundada por medio millar de personas, contó con la presencia de destacados miembros de la ilegalizada Batasuna, como Joseba Permach, Joseba Alvárez y Marije Fullaondo, así como del histórico dirigente de Herri Batasuna Tasio Erkizia.

Durante la concentración, fuertemente vigilada por decenas de ertzainas, se corearon consignas como Herriak ez du barkatuko (el pueblo no perdonará), Santi, gudari, gogoan zaitugu (Santi, luchador, te recordamos), Utzi bakea, alde hemendik (dejadnos en paz, iros de aquí), o Hildakoak ordainduko dituzue (pagaréis los muertos).

Al término de la concentración, Olano instó a los manifestantes a "continuar trabajando hasta lograr la autodeterminación" y criticó la decisión de la Audiencia Nacional de prohibir el acto en honor a Pelopintxo, y la del Gobierno Vasco de prohibir, posteriormente, la marcha en favor de la "autodeterminación y la amnistía".

Tras entonar el Eusko gudariak (himno al soldado vasco), los manifestantes se dispersaron entre vivas a ETA y gritos en contra de la Ertzaintza y del PNV.

Pocos minutos después, grupos de manifestantes lanzaron alguna piedra contra un vehículo policial, volcaron contenedores de basura y rompieron cabinas telefónicas en las calles adyacentes a la Plaza del Referéndum, donde se realizó la concentración.

El departamento vasco de Interior ha informado de que la Ertzaintza ha detenido a un hombre por su participación en estos desórdenes, aunque por el momento no ha facilitado la identidad del arrestado

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