AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 25 Agosto   2007

Nacionalismo lingüístico
Amando de Miguel Libertad Digital 25 Agosto 2007

Hace tiempo que no entramos en polémicas. Nunca he entendido eso de "sin ánimo de entrar en polémicas". ¿Por qué va a ser malo polemizar? Entiendo que la polémica (guerra de ideas, de palabras) desplaza la necesidad de pelearse. Para calentar motores basten esos apasionados párrafos de José María Navia-Osorio:

Empiezo leyendo los lamentos y reproches que le hacen los pro-nacionalistas catalanes. Estos señores son de los que prefieren llorar. Sentido del humor el justo. ¿Por qué les resulta tan difícil ponerse en el lugar del resto de españoles? A los españoles no catalanes y a muchos españoles catalanes no les gusta o no saben hablar catalán. Si un catalanista quiere que estas personas le entiendan tendrán que hablarles en español. Si no quieren que les entiendan pueden hablarles en catalán o en italiano que viene a tener la misma dificultad de comprensión para un español. O no hablarles. Pero que no se nos enfaden.

Hace unos años estuve en Alguero, sabían más o menos el mismo catalán que yo. Si les saludabas en catalán te ponían la misma cara que en Calatayud cuando preguntas por la Dolores. No es por desilusionar pero hay más personas que hablan zulú que catalán. El catalán supera por poco al búlgaro y le saca un millón de parlantes al tártaro. Los catalanoparlantes tienen que comprender que el resto de habitantes del planeta Tierra no tengamos especial interés en aprender su lengua. Va en gustos, tienen que entenderlo. Tampoco tienen por qué disgustarse los catalanoparlantes porque ellos ganan a los que hablan euskera o gallego y no digamos a los que hablan el aranés, también en tierra catalana.

La conclusión es fácil. ¿Quieren que les entienda mucha gente? Hablen español. ¿Les gusta hablar con sus familiares o amigos en su lengua materna? Usen el catalán. ¿Les da igual que no les entiendan? Si están con no catalanoparlantes hablen en catalán y si están con catalanoparlantes hablen en euskera. Y si están con ingleses háblenles en español, tampoco les entenderán Pero la pregunta clave es ésta: ¿quieren sentirse superiores? Obliguen a los no catalanoparlantes a hablar en un idioma que desconocen. Diviértanse, si lo hablan mal llámenles charnegos. Sean clasistas, digan que [el español] es un idioma que en su casa sólo hablan las criadas. Suspendan a sus hijos si no pueden contestar un examen en catalán.

Carlos Loeda (argentino, hijo de gallegos, Barcelona) expresa este lamento que tantos españoles sienten:

He visto dolorido como ha evolucionado en estos últimos treinta años Barcelona, de ser un faro universal de cultura cosmopolita para los latinoamericanos, una especie de Nueva York hispánica, a un pueblo grande con un tufo localista digno a lo más de Munich.

De nuevo asoma la reacción antinacionalista. Era de esperar. Anoto este otro memorial de agravios de José Luis Cabo García:

Mi pregunta es breve, ¿por qué preocuparse tanto por la unidad de España? Tengo 29 años, soy de Salamanca y vivo en Madrid. No he tenido otro remedio que buscar trabajo en la capital, dado el escasísimo trabajo y falta de oportunidades que hay en mi tierra. Si no estoy mal informado usted es oriundo de Zamora, ¿verdad? Ni le cuento cómo están allí las cosas. Es dramático. La situación es muy distinta en Cataluña y País Vasco. Dadas sus irracionales peculiaridades fiscales, la contribución de las provincias vascas a la "solidaridad interterritorial" es casi nula; y Cataluña va por el mismo camino. ¿Por qué debemos preocuparnos por una posible separación? Es España un país especialmente desagradecido y muy cicatero con las regiones leales (un buen ejemplo sería Castilla y León). Sorprendentemente las prebendas a autonomías "rebeldes" no cesan. Nunca aprendemos.

María Palacios (Barcelona) comenta que, al final de la disputa, "tras innumerables dimes y diretes, en las escuelas de Cataluña, de 30 horas semanales, ni siquiera tres serán en castellano, ni el 10% [...] ¿Alguien ha medido las consecuencias de tratar como una lengua extranjera en las escuelas catalanas a la lengua común de todos los españoles?". La consecuencia es que se intenta desplazar el conocimiento de una lengua internacional (el castellano) para realzar una lengua étnica (el catalán). El resultado es que la clase acomodada catalana rellenará el vacío dejado por el castellano con el conocimiento del inglés. A su vez, las clases populares catalanas mantendrán el castellano oral como idioma doméstico y se quedarán solo con el catalán como idioma escrito. Todo lo cual indica que se va a producir una ulterior división por clases sociales según la lengua hablada. La situación se va a parecer un poco a la de Filipinas, lo que no deja de ser algo estrambótico.

Agustín Fuentes critica el punto 7 de mi heptálogo para detectar el carácter de "lengua de comunicación" que tienen algunos idiomas. La exigencia de ese punto es que los hablantes del idioma en cuestión no se consideran, por eso mismo, nacionalistas. Sostiene don Agustín que él se identifica como español por hablar la lengua española y "su defensa es parte de mi ideario personal". En su caso será así, pero la mayor parte de los hispanoparlantes no se sienten nacionalistas por ese rasgo. Desde luego, eso es así para los angloparlantes. En cambio, los euskaldunes (= hablan vasco) se identifican como nacionalistas, más o menos declarados, por el hecho de su lengua propia.

Íñigo Martínez-Labegeria (Budapest, Hungría) me escribe agradablemente sorprendido por alguna referencia cariñosa que he dedicado a los vascos. La sorpresa es para don Íñigo al escribir yo "en un medio tan manifiestamente vascófobo" como es LD. No creo que LD pueda ser "vascófobo". Otra cosa es que en estas páginas se pueda disentir de los nacionalistas vascos. Pero al menos es mi opinión que los nacionalistas vascos han hecho mucho daño al pueblo vasco, y por tanto, al pueblo español. Por tanto, mi sentimiento es vascófilo. ¿Cómo no va a serlo si viví mi adolescencia en San Sebastián?

José Antonio Martínez Pons razona la paradoja de que en las Baleares el consejero de Interior es de Esquerra Republicana de Cataluña, un partido que solo obtuvo 2000 votos. Pues bien, ese señor (asaltador de piscinas) decidirá la supresión de la televisión en castellano, cuando en Mallorca es el idioma que habla el 40% de la población. En los medios de Baleares se impondrá el català estándar. Ni Franco, un dictador, se atrevió a tanto. Añado que, con esas y otras medidas de parecido juez, en Baleares se perderá la identidad regional (o nacional, si se prefiere). Todo ello se hará con muy pocos votos, en nombre del nacionalismo... catalán.     mailto:fontenebro@msn.com

El presidente se planta ante ETA
Luis del Pino Libertad Digital 25 Agosto 2007

Me refiero al presidente Sarkozy, claro está, que ha centrado su visita a Bayona en la lucha contra el nacional-terrorismo. Al otro presidente, Zapatero, la bomba de Durango contra un cuartel de la Guardia Civil le ha pillado con las manos en la masa, tanto en sentido literal como figurado: mientras que el inquilino de La Moncloa se dedica a amasar pan en una aldea de Asturias, sus enviados siguen negociando con los pistoleros y controlando la espita del terror.

La explosión de Durango se produce horas después de que un miembro del PSN defienda el derecho del Gobierno a volver a negociar con Batasuna-ETA, como si alguna vez hubieran dejado de hacerlo. Y se produce mientras que asistimos a un recrudecimiento del vandalismo callejero, a una permanente provocación mediante manifestaciones convocadas por la izquierda terrorista vasca, a un continuo desafío a la legalidad por parte de los recogenueces del PNV, a un continuo acoso a ese PP que se ha convertido en el único partido democrático que queda en el País Vasco. Todo ello ante la permanente pasividad de un Gobierno de la Nación para el que ETA no es sino un compañero de viaje sin el cual no cabe culminar el golpe de estado permanente iniciado el 11-M.

Esta vez ha habido suerte, señor presidente, porque no se ha producido ningún "accidente mortal", como en la T4. Tan sólo dos heridos leves. Pero la posibilidad de que haya algún nuevo "accidente" se irá incrementando a medida que vayan ustedes abriendo la espita del terror. Y el problema es que son ustedes tan torpes que van a necesitar abrirla mucho antes de darse cuenta de que el terror ha perdido su efectividad como narcótico.

Y la ha perdido porque hace ya mucho tiempo que somos conscientes de que el "proceso" no se inició para poder acabar con ETA. Esa banda asesina estaba ya muerta cuando usted llegó al poder, señor Zapatero, así que no había necesidad de matarla de nuevo. Bastaba con rematarla. Pero a ETA se la revivió precisamente para poder poner en marcha el "proceso", ¿verdad, señor presidente? El "proceso" que necesitaban los que le han colocado a usted en el puesto que ahora ocupa.

Un nuevo pacto contra ETA
POR CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 25 Agosto 2007

EL coche-bomba de Durango es cualquier cosa menos sorprendente: supongo que todos estamos de acuerdo en esto; por si acaso, Rubalcaba lleva semanas avisando a los despistados. Pero así como cualquier persona informada, consciente y con sentido común sabía que la negociación política con ETA emprendida por Zapatero estaba condenada al fracaso -y el hecho de que tantos creyeran lo contrario ratifica a Descartes: el sentido de común es bastante raro-, también era evidente que, como pasó tras el final de la tregua de 1998, ETA acreditaría su regreso con un atentado.

El trabajo policial y la idiosincrasia asustadiza de la nueva generación etarra han frustrado varios posibles atentados, pero es inevitable que tarde o temprano un comando consiga colarse y actuar. Es lo que ha pasado en Durango, y tarde o temprano volverá a pasar.

Pero el siempre mal llamado «proceso de paz» ha sido sumamente útil para ETA. Le ha servido para rearmarse, reorganizarse y volver a las instituciones a través de una nueva franquicia partidaria, ANV. Pero sobre todo para destrozar el consenso antiterrorista, destrucción ampliamente facilitada y a veces forzada por el propio Gobierno, que ridículamente seguro de su visión pacificadora no ha querido dejar otra opción a las voces críticas con su política de diálogo con la banda.
Una política de un oportunismo y falta de principios como raramente se ven, y por lo mismo un fiasco: es imposible que una estrategia fundada en falacias y mentiras consiga la victoria, y no sólo por razones morales, sino sobre todo cognitivas, pues una serie de cálculos falsos no pueden producir un resultado verdadero.

Respecto a la oposición, su error ha radicado en jugar casi exclusivamente la carta del fracaso anunciado de la tregua y pronosticando que los hechos confirmarían su diagnóstico catastrófico. Pero sin prever, aunque parezca imposible, que el fracaso del proceso -una previsión acertada- daría al Gobierno su principal argumento defensivo: la razón de que ETA rompa la tregua no sería otra que la firmeza inquebrantable del Gobierno defendiendo los principios constitucionales. Es un cuento para niños porque con la continuidad de la extorsión y la kale borroka la tregua fue una farsa desde el primer día, pero por eso mismo, porque es un cuento más amable y bonito, será creído con mucho gusto por mucha gente.

Si se produjera un atentado sangriento, con víctimas -cosa muy probable: cualquier coche-bomba puede producir una carnicería-, ni Gobierno ni oposición podrán explotarlo en su beneficio particular; la tragedia daría la razón a todo el mundo, porque ni el Gobierno se habría rendido a ETA ni la oposición erraba al anunciar el desastre. Por el contrario, la opinión pública reclamaría a los grandes partidos que minimizaran sus diferencias y reaccionaran juntos frente a ETA. Y no podrán negarse.

Pero si todo se reduce a la repetición litúrgica de unas convicciones aparentes totalmente vacías de intención práctica, si el abismo que separa a PSOE y PP en materia antiterrorista se mantiene o profundiza todavía más -todo puede empeorar-, serán ETA y sus cómplices quienes saquen tajada de sus crímenes. Lo que está en juego, y habrá que repetir esta obviedad cuantas veces sean necesarias, no es la pequeña ventaja en escaños que puedan obtener los partidos del Gobierno y la oposición, sino la expulsión del terrorismo nacionalista de nuestras vidas, su derrota como enemigo a tener en cuenta.

La tragedia no radica en el baile de escaños que pueda animar un atentado mortal, sino en la vida segada por una banda de fanáticos mafiosos que vuelven gracias, y no en último lugar, a la estrategia negociadora del Gobierno de Zapatero y de su partido. De ellos es, sin duda alguna, la mayor responsabilidad política; pero la criminal sólo es de los terroristas.
Para ETA, las treguas no son diferentes a las pistolas y la dinamita: simplemente son un arma más contra nosotros. Y de las más eficaces. Consiguen suscitar insensatas esperanzas de paz entre la población, especialmente la vasca, desmovilizan a la sociedad y a las instituciones, y abren enormes brechas en el frágil consenso de Estado sobre cómo enfrentar el terrorismo.
Lamentablemente, los grandes partidos políticos nunca han sabido liderar la reacción social en este campo, pero han conseguido debilitar el movimiento cívico con la exportación abusiva de sus querellas. Por tanto, si hay atentado mortal será ilusorio esperar un renacer espontáneo de un «Espíritu de Ermua» o cualquier cosa parecida, al menos en el País Vasco, que es donde más hay en juego en esta partida macabra.

Son los partidos políticos los que tienen que adelantarse a los hechos y retomar el consenso antiterrorista, porque son las instituciones que ellos gobiernan y administran las que deben acabar con el terrorismo. Por tanto, su deber es dejarse de reproches y resentimientos, por fundamentados que estén, y comenzar a rehacer un nuevo pacto contra ETA.

Naturalmente, PSOE y PP deben cerrar ese pacto y proponer a otras fuerzas políticas que se unan, evitando el descafeinamiento que intentarían imponer nacionalistas e IU. El pacto debe extraer consecuencias de lo sucedido estos años. Los socialistas, en particular, deberían comprometerse solemnemente a dar por cerrada cualquier negociación o diálogo con ETA, renunciar a reanudarla y asociar de nuevo a la oposición a la lucha contra la banda; prescindir de personajes que prefieren entenderse antes con ETA que con el PP, como Miguel Buen, José Antonio Pastor u Odón Elorza, sería una buena manera de mejorar la confianza en el propósito de enmienda.

Los mecanismos de confianza y consulta mutua del pacto anterior deberían reforzarse para que la oposición acepte el liderazgo gubernamental en lucha antiterrorista. La Ley de Partidos debería ser reactivada inmediatamente, enviando a ANV al basurero del que ha salido. Y hay que exigir al Gobierno vasco una implicación contrastable en la lucha contra el terrorismo, kale borroka inclusive, anunciando que en caso contrario se aplicarán las previsiones constitucionales y la Ertzaintza pasará a depender del Gobierno nacional.

Puede que algunos piensen que todo esto se ha intentado y no ha servido para nada. La verdad es la contraria: funcionó muy bien mientras se mantuvo, y el desastre comenzó con el «proceso de paz» que remató el Pacto Antiterrorista. Por eso procede regresar a la vía que se ha demostrado más democrática y eficaz.

La ciudadanía no pide a sus representantes políticos que se amen, ni que sean felices firmando pactos. Lo que exigimos es que trabajen juntos en lo que es obligado. Si algunos se niegan y regalan otra victoria política a los terroristas, habrá que concluir que ellos son parte del problema en lugar de la solución.
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN
Profesor de la Universidad del País Vasco

Unidad y responsabilidades
Editorial ABC 25 Agosto 2007

NO existe la más mínima duda de que ETA quiso causar ayer en el cuartel de la Guardia Civil de Durango el mayor número posible de víctimas. Sólo la fortuna evitó que se produjeran muertos, no sólo entre los agentes, sino también entre la población civil. Un coche-bomba cargado con más de ochenta kilos de explosivos y metralla, colocado de madrugada y sin preaviso, tiene un único significado: ETA buscaba muertos a toda costa y, además, con un golpe que reviviera los rasgos más típicos de su sangriento historial, en el País Vasco y contra la Guardia Civil. La ejecución del atentado revela, además, otros aspectos no menos preocupantes. Bajo una realización aparentemente apresurada, el atentado tuvo, sin embargo, una cuidada planificación, en la que los terroristas han contado con una infraestructura en Portugal -para lo que se necesita el tiempo que les dio la tregua y el dinero que recaudaron a través de la extorsión- y dos vehículos -el explotado y uno, al menos, para la huida-, demostrando una determinación criminal que les llevó a colocar el coche-bomba segundos antes de hacerlo estallar, con lo que esto implica de riesgo para los propios etarras.

Es evidente que sólo ETA es responsable, en su integridad, del atentado de Durango. Ningún gobierno democrático, aunque cometa errores de tanta gravedad como los que pesan sobre el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero a cuenta del desgraciado proceso de negociación con los terroristas, puede compartir la responsabilidad, en ninguna modalidad, de un crimen de esta naturaleza. Por tanto, es necesario, por dignidad democrática, que no se adultere el debate político y social sobre el terrorismo con transferencias de culpas que sólo acabarían beneficiando a ETA. La decisión de matar empieza y acaba en la voluntad de los terroristas, cuya lógica interna sólo responde a sus propias compulsiones asesinas. ETA es perfectamente previsible, porque lleva cuarenta años haciendo lo mismo. Lo lamentable es que en estos últimos tres años la política de diálogo y apaciguamiento llevada a cabo por Rodríguez Zapatero haya transmitido una imagen falsa de ETA, como una organización susceptible de ser tratada como un interlocutor legítimo en una mesa de negociación. Esta responsabilidad sí es del Gobierno, porque ha supuesto la creación de un contexto político y social en el que el atentado de ETA es más lesivo de lo que lo habría sido si se hubiera mantenido la política antiterrorista de la anterior legislatura.

La vicepresidenta del Gobierno pidió ayer unidad política y eficacia policial y judicial, con lo que todo ciudadano de buena fe está de acuerdo, aunque no sea precisamente el tratamiento aplicado por el Ejecutivo socialista para derrotar a ETA. Es más, ahora se ven en toda su dimensión los perjuicios causados por estos años de deslealtad hacia el Partido Popular, de ocultación a la sociedad española y de manipulación de las acciones judiciales en la lucha contra el entorno etarra. ETA no es más fuerte porque ayer pudiera perpetrar el atentado de Durango, sino porque, además de llevar a cabo esta acción criminal, ha vuelto a los ayuntamientos vascos y navarros, ha cohesionado a la izquierda abertzale y se aprovecha de la ruptura de la unidad democrática. El atentado es, por tanto, responsabilidad exclusiva de ETA, pero se han tomado decisiones políticas que ahora amplifican los daños de esta acción criminal, y de las que cometa en el futuro. Detener terroristas no es suficiente. Hay que asfixiarlos política, social y económicamente.

Se han perdido, en gran medida, tres años cruciales para derrotar a ETA. Por lo pronto, Acción Nacionalista Vasca ha puesto sobre la mesa la prueba definitiva de su naturaleza servil a los fines terroristas al no sumarse a la condena del atentado expresada por el Ayuntamiento de Durango. Ha hecho lo que se sabía que iba hacer y ahí está el primer ayuntamiento vasco que exhibe las consecuencias de la política de arbitrariedad jurídica con la que el Gobierno y el fiscal general promovieron la aplicación de la ley de Partidos Políticos, intentando contentar a todos -a ETA y a la sociedad española- con una ilegalización a medias de ANV, como si fuera posible ser sólo un poco terrorista. Si de verdad el Gobierno quiere la unidad política y apuesta por la eficacia judicial, debe ordenar a Conde-Pumpido -o al titular de la Fiscalía General que debiera sustituirlo- la inmediata presentación de demandas de ilegalización contra ANV y el Partido Comunista de las Tierras Vascas, máscaras de la Batasuna que el PSOE consagró como «interlocutor necesario» para pactar con ETA. Mientras estas actuaciones y otras similares no se produzcan, el Gobierno estará pidiendo apoyo no para derrotar ETA, sino complicidad para compartir sus despropósitos en esta materia.

El PP, a través de Mariano Rajoy y Ángel Acebes, reiteró su mensaje oficial que muestra el respaldo al Gobierno sólo para acabar con ETA, al mismo tiempo que pedía no dar más esperanzas a los terroristas con alternativas a su derrota. Los populares tienen a su favor la coherencia de su discurso y la trágica confirmación de sus temores, pero es preocupante que el PSOE no recoja el guante que le ofrece Rajoy y todavía persevere en defender la negociación con ETA y Batasuna, como hizo, el día antes del atentado en Durango, el presidente de los socialistas guipuzcoanos, Miguel Buen. Mientras ETA reciba estos mensajes, seguirá pensando que puede alternar, con total impunidad, terrorismo y negociación. Seguirá pensando que la derrota es evitable con la trampa de una nueva negociación.

Este es el momento en que Rodríguez Zapatero debe dar la cara ante la opinión pública. Fue omnipresente mientras la negociación clandestina con ETA le daba argumentos -falsos o mal interpretados- para transmitir a la sociedad española la inminente llegada de la paz. Ahora que la paz se aleja a bombazos, el presidente del Gobierno no aparece, no se pronuncia, no asume el peso de su responsabilidad institucional y no hay razón para silenciar la crítica que este comportamiento merece. Una sociedad amenazada por el terrorismo debe contar con un Gobierno dispuesto a responder con medidas políticas, iniciativas legislativas y, sobre todo, liderazgo social.

Ecos en un sueño lejano
POR IGNACIO CAMACHO ABC 25 Agosto 2007

EN Durango se duerme peor que en el valle de los Oscos, pero el plácido sueño del presidente en la frescura umbría asturiana no merece alterarse por el lejano eco de cien kilos de explosivos. Normalidad es la consigna. En el tácito protocolo de emergencias del Gobierno, quizá sólo los muertos justifiquen una eventual interrupción de las vacaciones del líder carismático. Esta vez, al contrario que en la T-4 de Barajas, parece que ETA quería matar y no lo ha logrado. Pero todas las bombas son la misma bomba, todas las amenazas son la misma amenaza, todos los terrorismos son el mismo terrorismo. O tal vez no, para algunos.

Se puede aceptar, en todo caso, que el presidente no desee sobredimensionar con su salida a escena la temida, esperada, reaparición violenta de sus antiguos interlocutores de pazzzzzzz. Se puede, aunque sea de un pragmatismo atroz, especular con las intenciones de los terroristas, y hasta evaluar o calcular con egoísmo político el alcance de las consecuencias de un atentado. Se puede, aunque resulte ventajista, aprovechar las circunstancias para reclamar el apoyo moral que no había merecido el infamante acercamiento pactista hacia quienes en realidad nunca han dejado de comportarse como enemigos del Estado y del sistema.

Todo eso vale, llegado el caso de cerrar filas ante un peligro común, pero hay que jugar limpio. No valen las dobles barajas, ni los comodines escondidos en la manga. No vale la retórica del cumplimiento de la Ley de Partidos sin que ya mismo, hoy -y debió ser ayer-, se ponga en marcha la maquinaria jurídica contra esa ANV incapaz de condenar la fechoría. Para recabar apoyo lo primero que hay que hacer es merecerlo. Y ante el terrorismo, se merece ofreciendo un combate sin fisuras, sin casuismos, sin planes ocultos y sin ambigüedades indecorosas.

Ante la bomba de Durango, y ante cualquier otro ataque que pueda sobrevenir a corto o medio plazo, cualquier ciudadano bien nacido ha de estar moralmente alineado con quien debe: con el Gobierno, con la Guardia Civil, con la Policía, con las víctimas, con el Estado. Pero el Estado, y el Gobierno que lo representa democráticamente, tiene la obligación de ser leal con ese apoyo, y devolverlo en forma de liderazgo decidido, de un compromiso veraz, fehaciente y unívoco que aleje toda sospecha de mala conciencia, de portillos abiertos o de persistencia, siquiera remota, en la fe en una vía que se ha demostrado equivocada. Por decirlo del modo más suave posible, dadas las circunstancias.

Y todo ello sin perjuicio de la memoria reciente y de sus consecuencias. Sin que se olvide quién negoció, qué negoció, con quiénes negoció, para qué negoció, en nombre de quién negoció y con qué consecuencias negoció. Pero eso habrá que recordarlo cuando toque, cuando llegue el momento de activar la conciencia civil en el acto supremo de la soberanía democrática. Hasta entonces, que nadie turbe con angustias urgentes el sueño profundo que propicia la serenidad del bosque.

Durango devastado
POR MIKEL BUESA ABC 25 Agosto 2007

Durango devastado por el atentado de ETA dirigido contra la casa-cuartel de la Guardia Civil, expresa la recuperación de la capacidad de esta organización terrorista para perpetrar ataques de gran envergadura, destinados a producir muerte y desolación. Tal es el resultado genuino de una tregua que, como en otras ocasiones, no ha servido más que para que ETA pudiera rehacer sus bases políticas y logísticas mientras el Gobierno de Rodríguez Zapatero se perdía en la ensoñación de una «paz» abstracta, ajena a los valores constitucionales de libertad y justicia.

Es cierto que, por fortuna, la agresión no ha producido una irreparable pérdida de vidas humanas y se ha saldado con dos guardias heridos leves e importantes daños materiales que afectan a numerosos vecinos. Que no haya habido muertes no debería hacer tolerable el atentado. Hannah Arendt ya advirtió en su día acerca de ello cuando señaló que la consecuencia más grave de la experiencia totalitaria no es otra que el hecho de que «la opinión pública se sienta peligrosamente inclinada a condonar ... todas las transgresiones políticas que no lleguen al asesinato».

En el caso de ETA lo hemos visto muchas veces; e incluso hay quienes han encontrado en ella una actitud pacificadora cuando, en los «tres años sin muertos», no había dejado de ejercer el terrorismo ni por un instante. Por ello, ha llegado el momento de exigir al Gobierno que se apreste a combatir a ETA en todos los terrenos. No basta con una actividad policial exitosa como la de los últimos meses, pues si ninguna forma de violencia política es admisible, entonces no debe tolerarse su presencia en las instituciones, su ocupación del espacio público para imponer el silencio a los ciudadanos y su despliegue simbólico en detrimento de las libertades constitucionales. Rodríguez Zapatero tiene ahora la ocasión de mostrarse de verdad implacable con el terrorismo, instando la ilegalización del PCTV y de ANV, los dos partidos que dan voz a ETA, utilizando la fuerza del Estado y del Derecho para impedir manifestaciones y actos delictivos, y empleando la inteligencia en el combate ideológico para reconstruir un discurso que le quite la razón al terrorismo.

El hombre que no sabía nada
POR EDURNE URIARTE ABC 25 Agosto 2007

La bomba de ETA parecería una vuelta al punto de partida si no fuera porque el hombre que tanto dijo saber sobre la banda nos hizo recorrer un largo camino en mitad del cual nos dejó abandonados hace algunas semanas. Allí seguimos cuando resuena el estruendo de los 100 kilos de explosivo de Durango, sin explicaciones de lo que tanto supo, con la sola compañía de un ministro de Interior que nos alerta de la inminente aparición del monstruo en el próximo recodo.

El hombre que tanto dijo saber desapareció de su propio proceso y dejó a los españoles desconcertados en un camino del que desconocen la manera de desandarlo o la de encontrar una senda alternativa. El nuevo ataque de ETA se produce en un país en el que los ciudadanos aún no saben hacia dónde van, ni siquiera si van a alguna parte. Sin liderazgo antiterrorista, con un presidente que trasmutó su locuacidad sobre la paz en el más completo de los mutismos.

El presidente que nada sabía sobre ETA pero construyó un proceso con ella envía ahora un único mensaje a través de la vicepresidenta, que los criminales van a la cárcel. Suena absurdo a los oídos de unos ciudadanos a quienes durante tres años dijo que entre el crimen y la cárcel había un lugar intermedio llamado proceso al que debían adaptarse ellos y el sistema político y judicial.

Entre la cárcel para los criminales que ahora receta la vicepresidenta y ese proceso que hasta ayer predicaba el presidente hay una profunda fosa, la del nuevo proyecto y discurso político antiterrorista ausentes, que ni puede suplir el ministro de Interior interpretando los «malos augurios» de Batasuna, ni la vicepresidenta con lugares comunes sobre la cárcel y la criminalidad, ni un portavoz del PSOE llamando a una unidad sobre la nada.

Y es que frente a las bombas de ETA aún seguimos en la nada, en el silencio sobre un proyecto y una política antiterrorista que el presidente no ha presentado a los españoles. Seguramente, su propósito era continuar callado hasta las elecciones. Para no enfrentarse a lo que nada supo de lo que dijo saber y a lo poco que sabe de lo que ahora debe hacer.

La suerte de ETA
f.dominguez@diario-elcorreo.com FLORENCIO DOMINGUEZ El Correo 25 Agosto 2007

Ochenta días y la pérdida en el camino de casi una veintena de activistas es lo que le ha costado a ETA consumar un atentado importante después de su amenaza de volver a la actividad terrorista. En esta ocasión no ha logrado matar a nadie, pero no ha sido porque la banda no haya puesto los medios suficientes para conseguirlo. Ocurre que la suerte, ayer, en Durango, no estaba de parte de los etarras sino de los guardias civiles y de los demás vecinos del barrio de San Fausto.

ETA ha buscado como primer objetivo unos uniformados con sus familias considerando, quizás, que sería más aceptable para sus seguidores un atentado contra la Guardia Civil, el Cuerpo Nacional de Policía o la Ertzaintza, aunque a estas alturas las tragaderas de buena parte de los miembros de la izquierda abertzale son tales que no rechistarán haga la banda lo que haga.

Una de las pocas cosas que parece haber aprendido ETA de los últimos años del IRA es el gusto por una determinada escenografía terrorista. El atentado de Barajas del 30 de diciembre o el coche bomba de ayer, en mitad de una población, parecen la emulación pobre de los 'espectaculares' del IRA, esas acciones perpetradas con grandes cantidades de explosivo en zonas urbanas que provocaban unos efectos materiales devastadores y que tenían su correspondiente rédito en repercusión mediática y desmoralización social. ETA quiso también en 1999 romper la tregua con uno de esos atentados en Madrid, pero la acción policial se lo impidió.

Tras el breve parón que siguió al 11-M, ETA decidió volver a reanudar el terrorismo poco a poco, con artefactos de muy poca potencia al principio, para que los ciudadanos fueran mentalizándose de que seguían en activo y que no iban a desaparecer por mucha conmoción social que provocaran los atentados. En cambio, tras la tregua del pasado año el interés de los dirigentes de ETA ha sido materializar la ruptura con el máximo espectáculo posible y por eso, los cuatro intentos que ha hecho desde el 5 de junio fueron todos con coche bomba. Los tres primeros fueron abortados por la acción policial, pero el cuarto no ha podido ser evitado.

Cuando el IRA atentó en el Gran Hotel de Brighton en el que se alojaba la plana mayor del Partido Conservador, en 1984, uno de los portavoces terroristas expresó su rabia por haber fallado en el objetivo principal, que era matar a Margaret Thatcher, indicando que la 'dama de hierro' necesitaría suerte todos los días, mientras que a ellos les bastaba con tener suerte un solo día. Puede que ETA tenga suerte un día y cometa un crimen, pero si la sociedad y las instituciones le hacen frente con firmeza, no podrá conseguir sus objetivos por muchos asesinatos que lleve a cabo.

En Asturias se duerme muy bien, en Durango no tanto
EDITORIAL Libertad Digital 25 Agosto 2007

La peculiar lógica criminal de la banda terrorista ETA no ha cambiado lo más mínimo en sus cuarenta años de historia. Sigue intentando llevar a cabo lo único que sabe de verdad: matar y sembrar el pánico, ya sea en Durango, en Madrid o donde se le presenta la oportunidad. Si bien la impericia y la desorganización de sus cuadros han evitado hasta la fecha la masacre que busca la dirección de la banda, pensar como piensa el Gobierno que ETA tiene, en el fondo, una parte civilizada con la que se puede dialogar es un disparate que más tarde o más temprano se terminará pagando.

La ETA sólo conoce un tipo de diálogo que es el que conduce a darle la razón. Si no llega a esa conclusión la banda procura hacer el mayor daño posible con la mayor espectacularidad posible. De ahí que sus dirigentes sean tan amigos de los coches bombas y los lugares donde la respuesta mediática va a ser inmediata. La furgoneta de Durango iba cargada de unos 100 kilos de explosivos, suficientes para provocar una auténtica carnicería en la localidad vizcaína. El Gobierno y los adalides de la rendición pueden decir misa y hacer la lectura políticamente correcta que quieran, lo que no pueden ocultar es el amasijo de hierros que ha quedado tras la deflagración. Ese es el único idioma que hablan los etarras, desconocemos por qué tantos en política pretenden responderles cortésmente y en correcto castellano.

El Gobierno, por su parte, debería hacer frente de una vez por todas a la realidad y dejarse de frustrantes brindis al sol con los que tranquilizar a su electorado más radical. Por un lado la ETA quiere seguir matando, y eso no es problema del Partido Popular sino de unos terroristas que hasta anteayer eran los niños bonitos del Ministerio del Interior. Por otro, el Gobierno francés puede detener malhechores en su territorio pero no solucionar la papeleta a Zapatero, que lleva todo el verano vendiendo como propias las operaciones antiterroristas del Gobierno Sarzoky. La ETA, además, es un problema esencialmente español, tiene sus principales apoyos en España y son españoles los políticos y votantes que tratan de legitimarla en las urnas beneficiándose de lo fácil que es saltarse ciertas leyes cuando tocan al programa del partido en el Gobierno.

Por no hablar del comportamiento pueril e irresponsable de destacados dirigentes del Partido Socialista vasco. Han enmudecido a la fuerza los que, hasta ayer mismo, se quejaban de la politización en las fiestas de Bilbao. Politización que se debía, según ellos, a que el PP denunció públicamente los escoltas que sus concejales tienen que llevar durante los festejos mientras la canalla batasuna campa a sus anchas. Es normal que la familia socialista haya recibido la noticia del atentado con estupefacción. Y es que, a fin de cuentas, en plenas vacaciones y convencidos de que aquí el malo es el PP, unos pensaban que con los chicos de la gasolina cebándose con los cajeros era suficiente, otros que los etarras serían incapaces de meter 100 kilos de bombas en una furgoneta y hacerlos estallar. A la vista está que se han equivocado. Lo peor es que la mayoría ni con estas saldrán de su error.

ETA pone la bomba y ANV la respalda en las instituciones
Editorial  EL MUNDO 25 Agosto 2007

Ochenta días después del anuncio del final de la tregua, ETA volvió a atentar ayer. Lo hizo con una furgoneta bomba y con la intención de matar, como lo demuestra la cantidad de explosivo que hizo estallar -alrededor de un centenar de kilos- y que no avisara de su colocación. El objetivo de los terroristas fue la casa cuartel de la localidad vizcaína de Durango, habitado por guardias civiles y sus familias. La explosión no causó una masacre gracias a que la onda expansiva fue amortiguada por los vehículos blindados que había aparcados ante el edificio.

Si había sospechas de que ETA pudiera tener infraestructura en Portugal -sobre todo después de que el pasado mes de junio la banda tuviera que abandonar un coche con matrícula portuguesa cargado de explosivos en Ayamonte, muy cerca de la frontera-, la circunstancia de que el vehículo en el que huyeron ayer los terroristas hubiera sido alquilado en Lisboa parece confirmar esa hipótesis. La presión de la Policía francesa, que se ha saldado con numerosas detenciones en los últimos meses, podría haber llevado a los etarras a preparar sus acciones en el otro país vecino. Baste añadir que Nicolas Sarkozy reafirmaba ayer mismo en Bayona su compromiso de perseguir sin descanso a los terroristas.

Lo mejor que cabe decir del atentado de Durango es que no ha causado víctimas y que ha tardado en producirse casi tres meses desde el final del alto el fuego, lo cual es mérito de las Fuerzas de Seguridad del Estado -y del Gobierno, que es el que las dirige-, que han parado varios zarpazos de los terroristas en ese tiempo. Lo peor es que la negativa de los concejales de ANV a condenar el atentado confirma lo que parecía evidente para todos menos para el Gobierno y sus socios parlamentarios: que este partido da cobertura a ETA en las instituciones porque es la continuación de Batasuna. Eso significa que el Ejecutivo se equivocó grave e irresponsablemente al no instar a la Fiscalía para que procediese a impugnar todas y cada una de las candidaturas de ANV. Ayer, el PP, los sindicatos policiales de todo signo (SUP, SPP y CEP), la Asociación Profesional para la Magistratura y el Foro Ermua animaron al Ejecutivo a dar órdenes a la Fiscalía y la Abogacía del Estado para que pida al Tribunal Supremo la ilegalización de esa formación.

El atentado ha puesto sobre el tapete otro error del presidente Zapatero: considerar que Batasuna podría ser el instrumento para convencer a ETA de la conveniencia del abandono de las armas. La respuesta cargada de cinismo de su dirigente Pernando Barrena para justificar la acción criminal de ayer, asegurando que el Gobierno ha apostado «por el enfrentamiento armado», es la mejor prueba de que en la Mesa Nacional de Batasuna no hay «hombres de paz» sino peleles de la banda terrorista. Tanto la vicepresidenta Fernández de la Vega como el ministro del Interior, Pérez Rubalcaba, trataron ayer de dar imagen de dureza no sólo ante ETA, sino también frente a su entorno. Su discurso será creíble cuando vaya acompañado de hechos. El Ejecutivo tiene ahora la oportunidad de actuar contra ANV.

ETA insiste
ROSA DIEZ  EL MUNDO 25 Agosto 2007

ETA ha vuelto a intentar cometer una masacre. Una vez más, el destinatario de su odio ha sido la Guardia Civil. Afortunadamente, la explosión de un coche bomba cargado con más de 100 kilos de explosivos contra el cuartel de la Guardia Civil de Durango no ha conseguido el objetivo perseguido por los criminales. Dos heridos leves, elevados daños materiales y un susto difícil de superar han sido la conclusión de este nuevo ataque terrorista.

Pero a los terroristas no hay que juzgarles por lo que predican o por lo que intentan: hay que juzgarles por lo que hacen. Y lo que han hecho ayer demuestra el grado de miseria moral y falta de escrúpulos humanos de los dirigentes de esta organización totalitaria y mafiosa con los que el Gobierno de España insistía en negociar incluso después del atentado mortal de diciembre del año pasado. Y los dirigentes del Partido Socialista de Euskadi, hasta hace 24 horas. Es sabido que la táctica de los terroristas consiste en despersonalizar a sus víctimas para facilitar así el crimen y evitar cualquier tipo de mala conciencia en los asesinos que lo perpetran. Pero, para ser capaz de despersonalizar a un ser humano, hace falta haber perdido previamente la humanidad. Primo Levi lo explica bien en su libro Si esto es un hombre. Esa era la táctica que utilizaban los criminales nazis en los campos de exterminio: deshumanizar a los presos, convertirles en objetos de su odio y de sus experimentos, para evitar que pensaran en el hombre que estaba detrás del grito y del dolor.

Las organizaciones totalitarias quieren borrar la humanidad de sus víctimas por si en los verdugos quedara algún rastro de esa humanidad que les pueda jugar alguna mala pasada. ETA, como banda totalitaria y fascista que es, ha hecho lo mismo siempre. En su imaginario, en su distorsionado cerebro que hace tiempo dejó de ser humano, su objetivo no es un guardia civil, o un concejal, o un juez, o un diputado, o un empresario, o la hija de un guardia civil, o un policía... El objetivo de su odio asesino es un «enemigo». Así de simple es su esquema de terror. Igual que el de los nazis. Pero éstos, como aquellos otros totalitarios, discriminan bien al elegir a quién asesinan, a quién deshumanizan.

Los candidatos a ser exterminados por ETA son siempre los defensores de las libertades, los escudos de los demócratas. Por eso merece la pena que no olvidemos que el cuartel de la Guardia Civil de Durango no es un objetivo aleatorio; es un objetivo reiterado y perseguido por los terroristas, porque ellos acumulan todos los requisitos que les convierten en sus enemigos: allí viven y trabajan unos hombres y mujeres que dedican su vida a defender las libertades en el País Vasco. Allí viven y trabajan unos conciudadanos nuestros que defienden cada día la legalidad vigente y el territorio constitucional. Allí viven enemigos declarados del fanatismo y del totalitarismo que representan ETA y sus seguidores o cómplices. Allí, en Durango, como en todos los cuarteles de España, viven nuestros amigos, los amigos de los demócratas.

Allí, en el cuartel de Durango, viven nuestros escudos, los hombres y mujeres que hacen posible que los cargos públicos constitucionalistas del País Vasco respiremos un poco de libertad en esta tierra en la que la bandera que representa los valores y derechos que la Constitución española proclama y garantiza sigue siendo clandestina. Allí, en el cuartel de Durango, trabajan mis amigos, la Guardia Civil. A todos ellos y a todos sus compañeros de toda España quiero hacerles llegar mi apoyo y reconocimiento. A todos quiero decirles hoy: ¡Viva la Guardia Civil! Quizá a alguien le resulte excesivo. Pero estoy segura de que, si mi padre viviera hoy -él, que pasó algunas noches en el cuartelillo de mi pueblo-, lo gritaría conmigo.

Cerrar filas
Editorial HERALDO DE ARAGÓN 25 Agosto 2007

TRAS varios intentos frustrados gracias a las Fuerzas de Seguridad del Estado y a la cooperación europea, los terroristas atacaron ayer; por cierto mediante el método con el que el sanguinario Henri Parot, hoy en prisión, destruyó en 1987 la casa cuartel de Zaragoza y mató a once personas. Estos meses, mientras ETA se preparaba para matar, las formaciones creadas para servir sus intereses han sentado sus reales en las instituciones públicas. El PCTV, ahora callado, sigue en el Parlamento vasco y ANV, que prestó sus siglas a Batasuna, es una fuerza híbrida e infestada, presente en las Juntas Generales de Álava y en docenas de ayuntamientos; en algunos gobierna con apoyo de otras fuerzas nacionalistas. Tras la ruptura formal, en junio, de la tregua, rota antes de hecho con el atentado de Barajas, el presidente Zapatero aseguró que sería implacable, con ETA y con Batasuna. Durango anuncia con estruendo que es momento de cerrar filas entre demócratas y de exigir rigor a quienes cooperan en cualquier grado con los aliados de ETA. Está de sobra comprobado que Batasuna, en cualquiera de sus diversas apariencias, no se atreve a condenar ningún crimen violento de ETA, puesto que su directiva es una emanación de la banda. El atentado refuerza la necesidad de cerrar filas en torno a un Gobierno muy combativo ahora contra el terror e impone al Ejecutivo el deber de estar en estrecho contacto con todos los grupos parlamentarios y, de modo singular, con el PP, segunda fuerza del país y alternativa de gobierno.

Respuesta unitaria
EDITORIAL El Correo 25 Agosto 2007

El atentado perpetrado ayer por ETA contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Durango, que hirió a dos agentes y provocó cuantiosos daños materiales, consuma la amenaza que la organización terrorista había extendido sobre el conjunto de la sociedad al romper formalmente la tregua el pasado 5 de junio. Es probable que las virulentas consecuencias provocadas por la furgoneta bomba que los etarras habían cargado con casi 100 kilos de explosivos sean interiorizadas por algunos responsables políticos y parte de la opinión pública como el abrupto y terminante final del ciclo que se habría iniciado con la declaración del 'alto el fuego permanente', en marzo de 2006. La indudable gravedad de este atentado no puede obviar, sin embargo, que la banda ya había hecho estallar dos artefactos menores al paso del Tour de Francia por Navarra y que sólo la pericia de las Fuerzas de Seguridad españolas y francesas había impedido sus criminales intenciones. Una determinación que los terroristas habían manifestado del modo más sangriento al asesinar a dos ciudadanos ecuatorianos en la T-4, quebrando definitivamente las expectativas abiertas por el frustrado proceso de salida dialogada a la violencia. La sombra coactiva de ETA siempre planeó sobre las conversaciones porque nunca albergó la firme intención de renunciar al terror.

La explosión de Durango confirma que la banda aún cuenta con una mortífera capacidad para extender la destrucción y el miedo entre la ciudadanía. Los debates públicos y las especulaciones de las últimas semanas sobre su pretendida debilidad resultan tan vacuos como improcedentes ante la zozobra que sintieron los miembros del acuartelamiento, sus familias y sus convecinos. La hipótesis de que la banda haya reconstruido su estructura en Vizcaya habrá provocado a buen seguro un escalofrío en todos los ciudadanos vascos sometidos a la intolerable amenaza etarra. La comisión del atentado desmiente las esperanzas que podían conservar aquéllos que se sienten aún predispuestos a cuestionar la disposición real de ETA a matar o que contemplan sus atentados como incidentes asumibles en un proceso continuado. La mera evocación de la endeblez de los terroristas, o de que la violencia se esté aproximando a su estación término pese al rebrote de los atentados, constituye en estos momentos un ejercicio irresponsable, que sólo contribuye a desviar la atención de la ciudadanía de lo auténticamente relevante. Que no debe ser otra cosa que recobrar el músculo ético y cívico frente a la obcecación de los terroristas, lo que precisa de un liderazgo institucional nítido y de orientación unívoca por parte de los gobiernos central y vasco, además de seguir confiando en la actuación diligente y comprometida de las Fuerzas de Seguridad y de la Justicia.

La furgoneta bomba ha cumplido el negro presagio formulado apenas unas horas antes por el ministro de Interior, cuando aseguró que el silencio de Batasuna anticipaba los propósitos delictivos de ETA. Esa afirmación entraña el riesgo de perpetuar la imagen de una izquierda abertzale incapaz de desmarcarse del dictado de los terroristas, rehuyendo la intransferible responsabilidad que le compete en la continuidad de la violencia y la asunción que viene realizando de sus objetivos. Así lo certificaron ayer de nuevo las palabras de Pernando Barrena, quien culpó con descaro al Gobierno y al PNV de haber abortado la supuesta propuesta «de desarme definitivo» de ETA, en una intervención ante los manifestantes reunidos en Bilbao que constituye una provocación del todo inaceptable. A estas alturas resulta un gesto estéril requerir la condena de Batasuna y también de Acción Nacionalista Vasca, que ha protagonizado un vergonzoso ejercicio de escapismo al no reprobar, como segunda fuerza del Ayuntamiento de Durango, el ataque contra sus propios convecinos. El Gobierno se ha comprometido a actuar de «forma inmediata» si ANV traspasa la ley, una advertencia tan difusa que no sólo evita la constatación de que la formación abertzale ya está bordeando sus límites con la presión que ejerce sobre los concejales legítimamente elegidos en las urnas; también elude las dificultades que comportaría ahora el impulso a una ilegalización sobrevenida.

Pero las eventuales restricciones legales no eximen al conjunto de las fuerzas democráticas de hacer valer su alianza, allí donde sea factible, para impedir el gobierno de quienes no repudian el terrorismo en casi medio centenar de consistorios vascos y navarros, favorecidos por pactos puntuales con EA y EB. La obstinación violenta de ETA agrava las intenciones desestabilizadoras de la consulta popular sin amparo legal defendida por el Gobierno de Ibarretxe. Y hace perentorio que las apelaciones a la unidad realizadas ayer por los dos grandes partidos se sobrepongan a la voluntad declarada de la banda de socavar el Estado de Derecho, sin otro fin que prolongar su inhumana trayectoria beneficiándose del desencuentro partidista y de los resquicios que aún se le ofrecen para que no considere inevitable su propia disolución.

La respuesta al terror
Ignacio Cosidó Libertad Digital 25 Agosto 2007

La gravedad de la amenaza de la banda terrorista ETA, puesta en evidencia tras su último atentado contra la casa-cuartel de la Guardia Civil en Durango, exige al Gobierno una respuesta política rápida y contundente. Antes que nada es necesario pasar página definitivamente a la política de dialogo y negociación propugnada por Zapatero para impulsar con firmeza una política de derrota del terrorismo sin paliativos y sin vuelta atrás. En segundo término, es imprescindible quitar a ETA las ventajas que ha obtenido durante el proceso de negociación con el Gobierno, comenzando por cercenar su representación política, ahora encarnada en ANV. En tercer lugar, es urgente revitalizar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo que representa la mejor expresión del necesario consenso político en la lucha contra el terror. Por último, pero no menos importante, es imprescindible recuperar la determinación de toda la sociedad vasca y española para la derrota de ETA encarnada en el denominado Espíritu de Ermua.

La ruptura del proceso de negociación con ETA no puede ser un mero paréntesis hasta que la banda plantee un nuevo alto el fuego ficticio. Zapatero debería sacar de su fracaso dos conclusiones claras. Primero, que los terroristas no están dispuestos a abandonar su actividad criminal si no es a cambio de concesiones políticas y morales que resultan inaceptables para una sociedad democrática. La segunda es que todo proceso negociador no sólo es aprovechado por ETA para recomponer su maltrecha infraestructura, sino que otorga un sentido estratégico al uso de la violencia como medio para obtener fines políticos.

Por el contrario, Zapatero no ha realizado hasta la fecha el más mínimo reconocimiento de su error, no ha hecho ninguna declaración pública que cercene definidamente la opción negociadora, no ha revocado la invitación solemne del Parlamento a ETA para buscar un final dialogado ni ha desautorizado a los que desde su propio partido en el País Vasco siguen propugnando aún hoy la negociación con los asesinos como la única salida al problema del terrorismo. Es más, tras el anuncio formal del alto el fuego, y de forma especial tras este último atentado de la banda, el silencio del presidente resulta clamoroso.

El segundo paso que el Gobierno debe dar de inmediato es instar a la ilegalización de Acción Nacionalista Vasca, un partido que al negarse a condenar este último atentado se ha revelado como lo que realmente es: un necesario cómplice político de los terroristas. Esta indecencia, en palabras de la vicepresidenta del Gobierno, debe tener efectos políticos y jurídicos inmediatos, como los debe tener el anuncio del ministro del Interior de que un atentado de ETA tendría consecuencias muy negativas para una organización terrorista como Batasuna a la que el Gobierno ha consentido un estatus legal de facto durante el proceso negociador y a la que llegó a considerar como un interlocutor político necesario. Es esencial negar a los terroristas toda presencia en las instituciones democráticas porque la actividad criminal nunca debe ser compatible con el ejercicio de la política. Y no se trata sólo de una cuestión vital para la eficacia en la lucha contra el terror, sino de un principio moral infranqueable sean cual sean las circunstancias.

Una tercera consecuencia política de este atentado debe ser la vuelta al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo como mejor respuesta a la demanda de unidad democrática que hoy exige de forma unánime la sociedad española. No habría mejor muestra de la voluntad del Gobierno de recomponer el consenso político en la lucha contra el terror que restaurar a todos los efectos un Pacto que mostró una extraordinaria eficacia en la lucha contra el terrorismo y con el que se sentían identificados la gran mayoría de los españoles. El esfuerzo en estos momentos de recrudecimiento de la amenaza debería centrarse en ampliar ese Pacto al resto de las fuerzas políticas minoritarias y no tratar de desvirtuar el contenido esencial del mismo con el fin de excluir de él a casi la mitad de los españoles representados por el Partido Popular.

Por último, resulta imprescindible restaurar en la sociedad española su determinación absoluta por derrotar el terror. Es urgente que el Gobierno, además de recomponer el consenso político resucite la unidad social en la respuesta al terror. Frente a la anestesia social que el Gobierno aplicó para que los españoles pudieran asumir episodios tan dolorosos durante el proceso de negociación como la excarcelación del asesino De Juana, es necesario recuperar el espíritu de rebeldía cívica que protagonizó hace ahora diez años la sociedad española tras el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco en Ermua. Para recomponer este imprescindible consenso social lo más urgente es que el Gobierno inicie un proceso de reconciliación con las victimas del terrorismo a las que tanto ha ofendido en los últimos años.

Los momentos difíciles que vivimos y que lamentablemente es probable que nos toque seguir viviendo requerirían un decidido liderazgo político en la respuesta al terror. En estas circunstancias resulta incomprensible el clamoroso silencio de Zapatero y aún más la falta de respuesta política del Gobierno. La experiencia de varias décadas luchando contra el terror nos demuestra que para vencerlo no es suficiente, aunque sea prioritario, la acción eficaz de nuestras fuerzas de seguridad, sino que resulta esencial plantar cara a los enemigos de la libertad en todos los frentes. El silencio de Zapatero pone en cuestión si es la persona adecuada para liderar la derrota del terror.
Ignacio Cosidó es senador del Partido Popular por Palencia.

LA UNIDAD ANTE ETA
POR ANTONIO PéREZ HENARES El Ideal Gallego 25 Agosto 2007

Después de varios fracasos y detenciones ETA ha logrado culminar su primer atentado de envergadura tras la ruptura de su alto el fuego. Un día también logrará matar. Lo tenemos asumido, debemos prepararnos para afrontarlo y debemos estar listos para no perder la fe en la derrota final de ETA y el final del terrorismo. Cuando el proceso de paz estaba en su efervescencia escribí sobre ello "El día que ETA vuelva a matar" y los entonces febriles seguidores de aquella estrategia casi me lincharon. ETA asesino después de Barajas, aunque a algunos les pareció que "había sido sin querer". Tuvieron que ser los propios terroristas quienes acabaran con el siniestro juego para a ZP se le cayera la venda o mejor, se le desplomaran los palos del sombrajo.

Ahora la brutal realidad del crimen esta ahí y el asesinato nos amenaza. Yo debo creer en la firmeza que asegura va a practicar el Gobierno. Me alegran los éxitos de las fuerzas policiales y me congratula que se haya rectificado, aunque sea a la fuerza, en la política antiterrorista. Del ?Proceso de Paz?, que antes no se caía de la boca de las terminales mediáticas gubernamentales, ahora el que ose hablar es tachado de inmediato es tachado de traidor y al segundo siguiente de facha.

Pero no se si en el fondo del asunto se ha resuelto de verdad y para siempre el dilema esencial de que hacer con ETA. Del análisis y su respuesta es de lo que se deducen las diferencias, las posturas encontradas y las políticas contradictorias.

A) Los que piensan que ETA no puede ser derrotada (esto se inculcó en el seno de la sociedad como gran argumento subsconsciente para apostar por el Proceso de Paz) y por tanto hay que negociar con ella en cuanto ella así lo quiera.

B) Los que piensan que ETA ha de ser derrotada y que ese es el único camino posible tanto por nosotros como por la propia ETA que no admite otra hipótesis. O la conquista de todos sus objetivos o seguir matando. Consideran que en varias ocasiones ETA ha estado a punto de la rendición, acorralada social, política, internacional y policialmente, pero que en ese momento una vez el PNV con Lizarra y otra el PSOE con su Proceso de Paz le han vuelto a dar oxigeno y ha sabido recuperarse. La negociación en este sector solo se entiende como paso final de una organización derrotada para la entrega de las armas y de aplicar posibles medidas de gracia con algunos de sus presos.

La opción primera no parece en este momento ni siquiera planteable, y menos electoral trasmitible. Pero ¿estamos de verdad de nuevo el senda de la firmeza y de la convicción en la victoria?. Si ello es así y ante los atentados, ante la previsible muerte que nos lleva, ante ese nuevo día en que "ETA vuelva a matar" ¿Qué impide volver al pacto por las libertades y contra el terrorismo?

¿Qué impide, tras el esperanzador giro del PNV con Imaz incorporar a él a este partido y a CiU?. ¿Qué impide recuperar aquella unidad que tan buenos resultados dio y tanto debilitó a ETA? ¿Es que el Gobierno no está tan convencido como afirma y en cuanto pueda retornará a sus "Procesos"? ¿O es que el PP no va a dejar de tensar esa cuerda y utilizarla en su provecho?

¡Seré imbécil! No se para que me hago y les formulo estas preguntas si hay una sola respuesta para todo: hay elecciones.

ETA y la sociedad vasca
JOSEBA ARREGI El Correo 25 Agosto 2007

Como se esperaba, y como estaba más que anunciado, ETA ha conseguido atentar de nuevo. Ha atentado contra un cuartel de la Guardia Civil en Durango. Dicen que podía haber causado una masacre. Sólo dos miembros de la Benemérita han sufrido daños leves. Pero ETA ha atentado contra la sociedad vasca. Y desde dentro de la sociedad vasca.

Ha atentado contra la sociedad vasca no porque todos los atentados de ETA lo son, como dice una doctrina política oficial de no mucha historia. No porque la sociedad vasca rezuma ansias de paz. No porque los miembros de ETA conocen la historia de la fundación de la Benemérita y sus vínculos con el País Vasco, Euskal Herria en euskera. Por todas esas razones, pero además porque la Guardia Civil, como cuerpo de seguridad del Estado, es una pieza fundamental en la lucha contra el terrorismo de ETA y porque gracias a su trabajo más de un ciudadano vasco sigue con vida, más de un ciudadano vasco mantiene un grado de libertad, aunque no toda la que le debiera un Estado de Derecho.

ETA atenta, como esta última vez, contra la libertad de los vascos. Y lo hace desde dentro de la sociedad vasca. Los miembros de ETA son vascos. Los miembros de ETA, los que cometen los asesinatos de ETA, los que han puesto la bomba en Durango, una bomba que pudo causar una masacre según dicen, son vascos. Vascos que creen en Euskal Herria, pero no en la que recoge el artículo 1 del Estatuto de Gernika, sino en un ente mítico, ahistórico, que se fundamenta en una historia soñada. Vascos que creen que España es el enemigo opresor del pueblo vasco, también después de la Transición y después de la Constitución que abrió la vía a la que todos llaman la hegemonía nacionalista, a una política lingüística agresiva a favor del euskera, a un sistema escolar en el que la gran mayoría de los niños son escolarizados exclusivamente en euskera.

Los que han puesto la bomba en Durango son vascos que comparten con otros muchos vascos la sensación de honda humillación y opresión que sufre el pueblo vasco a manos de España, y que sólo puede encontrar su salvación en la separación de ese tumor maligno que es España, o por lo menos, y aquí entran los pusilánimes y tramposos, en la ritualización de una consulta que haga parecer que puedo pero no quiero, que quiero pero no puedo, que quiero y puedo, pero no me interesa.

Y porque es la sociedad vasca la que está primordialmente involucrada en cada atentado de ETA, como víctima y como, digámoslo para los pusilánimes y tramposos, acompañante no pocas veces comprensivo, es la sociedad vasca la que tiene que responder a cada atentado de ETA, y a este último. Y no precisamente diciendo que ETA trunca sus profundísimos deseos de paz. Diciéndole a ETA, especialmente la parte nacionalista de la sociedad vasca -¿pero Dios sabe por dónde pasa hoy la línea que separa a nacionalistas de no nacionalistas en Euskadi oyendo a tantos portavoces de partidos políticos decir tantas cosas!-: 'Nos hemos equivocado con vosotros y también llevamos sobre nuestros hombros parte de la responsabilidad de vuestros atentados, y cortamos cualquier hilo que nos pueda unir a vosotros'.

Es realmente molesto escuchar a los portavoces de los partidos políticos después del atentado de Durango: que si ANV debe condenar -¿en qué país viven quienes dicen eso!-, que si la unidad de los demócratas, que si la responsabilidad del Gobierno. Todos están pensando en las elecciones. Todos. Como lo llevan haciendo desde hace cuatro años. Y en el mundo nacionalista, además de estar pensando en las próximas elecciones, están pensando en heredar el voto que ha gestionado ETA-Batasuna hasta ahora. Todos dan por muerta a ETA, aunque nos haga sufrir mucho todavía. Incluso los que se mueven en la ambigüedad de que ETA desaparecerá cuando se le demuestre que sus fines se consiguen sin ella, aún mejor -y nunca se sabe si como condición o como consecuencia de la desaparición de ETA-, están pensando en quedarse con el pastel electoral de ETA-Batasuna.

Están gestionando el tiempo post-ETA aunque hasta antes de ayer hayan estado afirmando que ETA era imposible que desapareciera si no se accedía a sus exigencias básicas.

Pues a todos estos portavoces de los partidos políticos es preciso gritarles desde esa sociedad vasca a la que tanto apelan que se callen, que no les creemos nada, que mienten en cuanto abren la boca, que sólo les interesan los votos, que viven de la división entre ellos, y están dispuestos a decir lo contrario de lo que han dicho en el momento posterior a cada atentado.

No sé si existe la sociedad vasca ansiosa de paz y luchando unánimemente contra ETA como un solo hombre, como dicen los líderes políticos. Tengo mis dudas. Pero si existe, su tarea primordial es librarse del lenguaje de los políticos, de todos, y preocuparse por ir construyendo la narrativa de la derrota de ETA, esa derrota que hoy todos asumen como discurso oficial, aunque con voces discordantes, como siempre, que siembran la confusión abogando por la negociación con el nacionalismo radical -¿no quieren decir ETA porque queda mal, pero inmediatamente dicen que el nacionalismo radical no tiene autonomía frente a ETA!-.

La sociedad vasca tiene ante sí, si quiere merecer algún respeto ante sí misma, un doble reto: recuperar su nervio moral, ése que ha quedado -vuelvo a formularlo de forma blanda para pusilánimes y tramposos- desdibujado en la historia de los últimos treinta años. Y para recuperar ese nervio moral, única vía de ganar el respeto debido a sí misma, elaborar una narrativa articulada sobre los asesinados de ETA, su memoria y su significado político. Es en esa narrativa en la que la sociedad vasca, en su complejidad, debe ir escribiendo la historia de sus propias responsabilidades.

Y dejar a los políticos esa música de ruidos, vacía y carente de toda armonía y de toda profundidad, que suena cada vez que se habla de ETA, y que hace muchísmo daño, especialmente después de cada atentado. También tras éste último de Durango que, todos nos tememos, no será el último.

Condenas y motivación oculta
Pío Moa Libertad Digital 25 Agosto 2007

La condena a los atentados terroristas es uno de los deportes más inútiles, estúpidos, cansinos y a la vez más reveladores del jaez de nuestros politicastros. ¿Es que creen que, si no los condenan en cada ocasión, los ciudadanos vamos a pensar que están de acuerdo con ellos o los aplauden o quieren sacarles partido? Pues sí, algo de cierto hay en eso: podemos pensar algo parecido. Desde la Transición, los politicastros españoles decidieron que la ETA no era una organización de asesinos, sino de luchadores o algo así, a quienes había que ofrecer una "salida política", corrompiendo la esencia misma del estado de derecho. Durante todo este tiempo, excepto en la época de Aznar, los gobernantes han privilegiado a la ETA en la práctica, mientras, para engañar a los ciudadanos, la llamaban de todo y negaban cualquier contacto con sus pistoleros. Para engañar a los ciudadanos, repito, exacta y precisamente: ha sido siempre la ETA quien han revelado esos tratos y negociaciones mafiosos que los mandantes mangantes de turno trataban de ocultar al público.

Esta ha sido una de las muchas corrupciones básicas que ha arrastrado nuestra democracia, y que se basa, como casi todas, en una falsificación más de la historia: los asesinos etarras se habrían ganado ese trato privilegiado porque, en definitiva, les debemos la democracia: ¿no fueron ellos los que lucharon con las armas contra el franquismo, cuando todos los demás implicaban esa lucha con sus radicales discursos, pero no se atrevían a ella? ¿No fueron ellos los que mataron a Carrero, el dique que se oponía a las libertades? Esta idea la han expresado desde el PNV hasta Cebrián y su banda fascistoide (¡cuántas afinidades de fondo!) de PRISA. Nunca lo han dicho de forma explícita, pero sí con claridad suficiente para que se les entienda, y, desde luego esa es la motivación oculta, o semioculta, de su permanente colaboración con la ETA. Junto con la esperanza de saquear, ellos también, algunas nueces del árbol constitucional.

Cómo el PNV apuñaló al Frente Popular en Santoña
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 25 Agosto 2007

Estos días se cumple el septuagésimo aniversario de la traición de Santoña, en la que el PNV racista abandonó a sus aliados del Frente Popular y dio a los nacionales la victoria en las provinicas de Santander y Asturias. ¿Le pedirá perdón por ello Juanjo Ibarretxe a ZP y Llamazares?

En la guerra, el Partido Nacionalista Vasco tuvo la actitud más miserable que cabe imaginar. Hay indicios de que dirigentes suyos, sobre todo en Guipúzcoa, participaron en la conspiración del general Mola. Cuando se produce ésta, los Buru Batzar, las ejecutivas provinciales, de Navarra y Álava apoyan a los rebeldes, mientras que las de Vizcaya y Guipúzcoa se ponen del lado de la legalidad. Es decir, cada directiva apoyó al bando que triunfó en su demarcación. ¡Menudos ideales!

Ese verano, los Manuel Irujo y José Antonio Aguirre subastan su respaldo a uno de los dos bandos. Al final, la izquierda, que no cree en la nación española, ofreció el estatuto y así obtuvo al PNV de Vizcaya y Guipúzcoa como aliado temporal. Bilbao fue la única ciudad de la España gobernada por el PSOE y el PCE en la que siguió funcionando la Bolsa.

Cuando los nacionales, entre los que había miles de requetés navarros y vascos, rompieron el frente de Vizcaya el 31 de marzo de 1937, Aguirre, que había sido nombrado lendakari, a la vez que arengaba a sus gudaris, negociaba con diplomáticos del Gobierno fascista italiano, el mismo que había enviado miles de hombres a combatir del lado de Franco.

Cuando los requetés consiguen entrar en Bilbao, el PNV impide que los milicianos cumplan las órdenes de Indalecio Prieto de inutilizar la industria pesada de la ría del Nervión; no hacía falta destruirla. Ésta, inmediatamente, se pone a producir para el Ejército nacional.

Aguirre y el PNV se han cansado de guerra y después de seguir las negociaciones con los italianos a espaldas del Gobierno de Valencia, rinden sus batallones de aguerridos gudaris y sus funcionarios en las zonas del frente que guarnecían. Ocurre en torno al 25 de agosto y el hundimiento de las líneas permite a los nacionales entrar en Santander sin disparar un solo tiro.

Cuando los peneuvistas se subieron a los barcos que habían contratado sus agentes en el extranjero en la bahía de Santoña para escapar a Francia -¡qué valientes!-, los militares españoles lo impiden. Se les hace bajar a punta de pistola y los encarcelan. Algunos pocos fueron fusilados y muchos gudaris, para lavar sus pecados, acabaron pegando tiros contra sus aliados rojos.

Como dice Jon Juaristi, de haber vencido la República, los que se rindieron en Santoña habrían sido fusilados por traidores.

¿Pedirán perdón Juan José Ibarretxe y Josu Jon Imaz por esta traición? Lo dudo, porque el PNV considera aún que sus mayores hicieron lo correcto (¡!) y que los traidores fueron los italianos.

Lo único bueno es que su rendición hundió el frente norte, que es donde Franquito ganó la guerra.

La Policía encuentra un «zulo» cona rmas y explosivos en el sur de Francia
Otr press - Bayona.- La Razón 25 Agosto 2007

En una nueva acción policial contra las principales infraestructuras de la banda terrorista ETA, la policía francesa registró hoy un nuevo «zuloK localizado esta mañana en un bosque en las cercanías de la capital labordana de Bayona, donde se han incautado de distintos explosivos y armas, a raíz de la denuncia de un hombre que paseaba por la zona, que avisó a los gendarmes de que había encontrado algo sospechoso.

Por otro lado, agentes del cuerpo policial galo comenzaron con el registro del piso hallado ayer en la localidad de Commelle-Vernay, en el departamento de Loire, por la sospecha de que podría estar vinculado al aparato logístico de ETA. En dicho registro se encontraron distintos materiales de laboratorio para la fabricación de explosivos, por o que los investigadores relacionan la vivienda con el jefe del aparato logístico de la banda, Juan Cruz Maiza Artola, detenido el pasado 26 de julio en el País Vasco francés.

El piso, fue localizado después de que el dueño denunciara a la Gendarmería el impago de la mensualidad del piso por parte de los inquilinos, a quines les fue alquilado hasta el 31 de julio pasado. Por ello, los agentes mostraron distintas fotografías al propietario de la finca para conocer quién lo alquiló.

El ataque, obra de un «comando Vizcaya» formado en la tregua
La banda utiliza Portugal para alquilar y robar coches por las facilidades que dan las empresas
J. M. Z. / R. L. V. La Razón 25 Agosto 2007

Madrid- Los autores del atentado de ayer pertenecen al «comando Vizcaya» que ETA ha formado durante el alto el fuego roto a principios del mes de junio y que, según fuentes antiterroristas consultadas por LA RAZÓN, puede estar integrado por dos o tres «liberados» -etarras fichados por las Fuerzas de Seguridad y, por ello, a sueldo de la banda- y, al menos, una decena de «laguntzailes» (colaboradores). Cuentan, además, con pisos para esconderse y garajes en los que ocultar varios coches.

La utilización de, al menos, tres automóviles para perpetrar el atentado contra la casa-cuartel de Durango demuestra una minuciosa preparación de la acción criminal en la línea de lo que el jefe de los «comandos» de la banda terrorista, Garikoitz Aspiazu, «Txeroki», recomendaba: actuar sin prisas pero con eficacia.

Robo de vehículos
Uno de los citados coches, el Seat Ibiza usado para huir del lugar del atentado, había sido alquilado por teléfono en Cuarteira y entregado en Oporto a un ciudadano español en mayo, según confirmó el director nacional de la Policía Judicial portuguesa, Alipio Ribeiro. Los investigadores creen que el vehículo, al que se le habían mantenido las placas originales, ha permanecido guardado en uno de los garajes que tiene el «comando» hasta el momento en que ha sido necesaria su utilización. Fue abandonado en un aparcamiento de Amorebieta con un artefacto explosivo que se activó a las 4,30 de la mañana, una hora después del atentado.

ETA podría haber elegido el país vecino para hacerse con coches de alquiler, ya que las empresas lusas suelen exigir menos requisitos que las españolas. El Ford Focus que utilizaba el «comando Andalucía» y que fue abandonado por los etarras cerca de Ayamonte (Huelva) había sido alquilado en Lisboa. La práctica de sustraer este tipo de automóviles no es nueva en la banda. Las autoridades portuguesas se han apresurado, de momento, a negar que la banda tenga una infraestructura estable en su territorio.

La Citröen C-15, usada para alojar la bomba, debió de ser robada hace pocos días. Su dueño, que no había denunciado la sustracción, la tenía en la calle, en la localidad vizcaína de Gatica. Los terroristas montaron el artefacto, que debió llegar ya preparado desde Francia a falta de colocar los dispositivos de activación de los explosivos, en uno de los garajes. Pusieron al automóvil placas falsas de San Sebastián.

Los terroristas se sirvieron de un tercer coche para huir desde Amorebieta hasta un piso franco.

 

Durango, cobijo de ETA
B. TORQUEMADA ABC 25 Agosto 2007

MADRID. ETA siempre se ha movido con comodidad en el Duranguesado, una comarca del interior de la provincia de Vizcaya en la que coexisten una fuerte implantación del nacionalismo vasco y el peso de la inmigración desde otros puntos de España, por su pujante industria de fundición y fabricación de herramientas. También hay factorías de armas, como oportuna alegoría del recurso al terror que cíclicamente castiga esas tierras y que se ha cebado reiteradamente con la Guardia Civil destacada en Durango, atacada por los etarras en numerosas ocasiones. Hasta diez atentados ha sufrido la Benemérita (bien sus efectivos, bien sus instalaciones) en esta localidad, con el saldo de un agente muerto. Pedro Ballesteros falleció al ser ametrallado por los asesinos cuando circulaba en su coche acompañado por su esposa, en 1988.

Granadas y ametrallamientos
En diciembre de 1990, artificieros de la Guardia Civil hicieron explosionar un coche bomba estacionado en el arcén de una carretera, a seiscientos metros del cuartel. El vehículo, preparado para atentar al paso de una patrulla, contenía 50 kilos de amosal y 10 de metralla. En 1986 las fuerzas de seguridad lograron abortar y neutralizar un intento de atentado con granadas anticarro colocadas en la baca de un coche contra la casa-cuartel. Previamente, en 1984, los terroristas lanzaron tres granadas de carga hueca contra las instalaciones y las ametrallaron, aunque no lograron producir víctimas. Otras ofensivas con granadas y ametrallamientos a vehículos se registraron en 1978, 1980 y 1982.

Pero el sangriento historial de ETA en esta localidad vizcaína no se limita a su brutalidad contra la Benemérita, ya que en este lugar ha asesinado a otras ocho personas, además del guardia civil Pedro Ballesteros. En 1978 ETA mató a Epifanio Benito Vidal, un obrero de la construcción, y en 1979 al policía municipal Pedro Ruiz. Inmediatamente después, en 1980, la banda rubricó su historial más negro en la ciudad al segar las vidas del capitán de farmacia José María Urquizu, de los policías nacionales José Antonio Merenciano y Jesús Hernando Ortega, del comerciante Dámaso Sánchez, propietario de una relojería, y del policía nacional Sergio Canal. La lista del horror la cierra el asesinato de Jesús María Pedrosa, concejal del Partido Popular, en 2000.

Son páginas criminales que ensombrecen el atractivo de una ciudad próspera de casi treinta mil habitantes situada en las inmediaciones del parque natural de Urkiola, una de las reservas naturales y paisajísticas más interesantes del País Vasco. El Duranguesado (al que también pertenece Ermua) es una zona heterogénea, políticamente, aunque prime en ella el peso del nacionalismo tradicional, en la órbita del PNV. En Durango nunca han gobernado los proetarras, que suelen cosechar una representación de entre 3 y 5 concejales de un total de 21. Esta pauta se ha repetido en los últimos comicios municipales, en los que la lista de ANV (que no fue «tumbada») obtuvo 4 concejales, mientras que el PNV ganó, con 7, el PSE logró otros 4, 3 el PP, 2 Aralar y 1 EB.

Los proetarras renacen
Más arraigados en otros puntos de la comarca del Duranguesado, los batasunos han logrado oxigenarse en estas elecciones y, a través de su nueva marca, se hicieron el 27-M con los ayuntamientos de Elorrio, Atxondo, Izurtza y Mallabia.

Ese caldo de cultivo ha convertido a la comarca, como a otras de la «Vizcaya profunda», en cantera de terroristas. Natural de Durango es José Antonio López, el histórico «Kubati», quien cinceló su «alias» en los anales de la banda por asesinar a la etarra disidente «Yoyes». También nació en ese pueblo Gregorio Vicario Setién, coautor de los secuestros de Cosme Delclaux y José María Aldaya. Recientemente fue detenida en Francia otra duranguesa, Alaitz Areitio, implicada en el aparato de captación de la banda y considerada responsable de la colocación de un coche bomba en Madrid en 2005. Además, ha sido relacionada con el montaje del explosivo de la T-4 de Barajas.

El pasado mes de marzo, el Ayuntamiento de Durango, gobernado por el PNV, se decidió, después de treinta años de horror, a homenajear a sus víctimas del terrorismo. Con sordina, eso sí, pues el socorrido monolito conmemorativo ni siquiera recoge sus nombres.

Buscan causar víctimas
EDITORIAL El País 25 Agosto 2007

Con coche bomba, sin aviso previo y con esa cantidad de explosivos, cerca de 100 kilos, es evidente que ETA buscaba provocar víctimas, como venía advirtiendo el ministro del Interior. Horas antes del atentado de Durango, Alfredo Pérez Rubalcaba había reiterado el aviso, con una mención especial al silencio de Batasuna y a lo mal que les iría a la banda y a su brazo político si volvían los atentados. Aunque no produjo víctimas, el de la madrugada de ayer es el primero que ETA consigue llevar a la práctica desde la formalización del fin del alto el fuego, el 5 de junio. Desde entonces, la pericia de las fuerzas de seguridad a ambos lados de la frontera y la buena suerte habían impedido varios atentados en marcha, tres de ellos con coche bomba.

La experiencia aconseja evitar mensajes ambiguos: ETA va a seguir intentando matar, y su brazo político callando o buscando razones a la violencia. Con independencia de las diferencias que existen sobre si la derrota de ETA es compatible o no con un final pactado, ahora corresponde poner todo el acento en la persecución policial de los terroristas, con el respaldo de todos los partidos democráticos. Así lo decía el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, en un reciente escrito: "Si ETA mostrase una voluntad inequívoca de querer poner fin a la violencia, lo cual desgraciadamente no es el caso, el recurso al final dialogado recuperaría su sentido", pero "en las circunstancias actuales, sólo la acción policial y la deslegitimación social y política de su entorno son los caminos" para acabar con la violencia.

La eficacia policial es responsabilidad del Gobierno, pero la deslegitimación corresponde a las fuerzas políticas. Ello significa ante todo combatir las falacias de los que reparten la culpa entre los terroristas y el Gobierno (por no acceder a las exigencias de los primeros).

Rubalcaba también dijo que durante el alto el fuego se había puesto de manifiesto la "nula capacidad de Batasuna para separarse de los dictados de ETA". Dichas por el ministro del Interior, esas palabras no pueden considerarse una mera opinión, sino una información. Y si es así, tienen que tener consecuencias.

Puede ser defendible la idea de que, dentro de lo que la ley permite, el Estado observe una actitud diferente con tregua que sin ella. La tolerancia ante ciertas actividades de Batasuna pudo estar justificada como forma de favorecer que el brazo político arrastrase a los terroristas al abandono de las armas. Pero la condición para aceptar esa tolerancia es que cese en cuanto regresa la violencia. Por eso está en la cárcel Otegi, que tenía cuentas pendientes con la justicia, y también De Juana Chaos. Ayer se invocó desde varios frentes la posibilidad de instar la ilegalización de ANV (que, al igual que Batasuna, se abstuvo de condenar el atentado). Es una hipótesis que no puede descartarse a tenor de lo que en su día se dijo desde el Gobierno. Pero lo que de momento sería de esperar es que los partidos que gobiernan en algunos ayuntamientos merced a acuerdos con esa pantalla de Batasuna los rompieran de inmediato.

 

EL GOBIERNO CAMBIA DE RETÓRICA, NO DE HECHOS
LA PIRUETA DE EL PAÍS: Donde dije "ANV", digo "Batasuna"
Víctor Gago Libertad Digital 25 Agosto 2007
 
 
Donde dije "digo"...
Digo "Diego"...
De Juana
"Habrá que acostumbrarse a algo tan elemental en un Estado de derecho como que los terroristas, incluso personas tan sanguinarias como De Juana, salgan de la cárcel una vez cumplida la condena, como sucede con cualquier otro delincuente" (El País, 13-II-2007)
"La tolerancia ante ciertas actividades de Batasuna pudo estar justificada (...) Pero la condición para aceptar esa tolerancia es que cese en cuanto regresa la violencia. Por eso está en la cárcel Otegi (...) y también De Juana" (El País, 25-VIII-2007)
ANV
"Mantener que ETA y Batasuna han vuelto a las instituciones a través de las candidaturas no impugnadas de ANV es una simplificación que no se corresponde con la realidad y una hipótesis que no se deduce de las resoluciones del Tribunal Supremo avaladas por el Constitucional" (El País, 12-V-2007)
 
[Ilegalizar ANV] "Es una hipótesis que no puede descartarse a tenor de lo que en su día se dijo desde el Gobierno. Pero lo que de momento sería de esperar es que los partidos que gobiernan en algunos ayuntamientos merced a acuerdos con esa pantalla de Batasuna los rompieran de inmediato" (El País, 25-VIII-2007)
 
 

El diario pro-gubernamental por excelencia vira bruscamente sobre ANV y recomienda este sábado al Ejecutivo que no descarte la "hipótesis" de ilegalizar este partido, por ser "una pantalla de Batasuna".

 
El 12 de mayo de 2007, al defender las 123 candidaturas de ANV toleradas por el Gobierno –que no las impugnó–, El País opinaba algo muy distinto:
 
"Mantener que ETA y Batasuna han vuelto a las instituciones a través de las candidaturas no impugnadas de ANV es una simplificación que no se corresponde con la realidad".
 
Las nuevas tesis del diario, tras el intento de masacre de ETA en la casa cuartel de Durango, malogran lo que le han venido contando a sus lectores hasta el día antes del atentado.
 
De entrada, El País sostiene que "puede ser defendible" adaptar la Ley a las circunstancias, una doctrina en plena sintonía con la teoría y la práctica de la Fiscalía durante la tregua china [o sea, de cuento chino. Exactamente eso es lo que defendió Cándido Conde-Pumpido: que los jueces debían adaptarse a la negociación del Gobierno con ETA.
 
Dice ahora, veinticuatro horas después de que ETA haya intentado matar a mujeres, niños y guardias civiles con cien kilos de explosivos, el diario de referencia del Gobierno: "Puede ser defendible la idea de que, dentro de lo que la Ley permite, el Estado observe una actitud diferente con tregua que sin ella".
 
Se pudo ser "tolerante" con Batasuna-ETA, dice la forja ideológica de Prisa, "como forma de favorecer que el brazo político arrastrase a los terroristas al abandono de las armas", pero hay que cancelar inmediatamente esa tolerancia "en cuanto regresa la violencia".
 
Tres muertos cuando había "tolerancia"
Para El País, no existen Carlos Palate y Diego Estacio, los dos muertos del atentado del 30 de diciembre contra la T-4, y tampoco el anciano al que los terroristas mataron al quemarle su casa con él dentro.
 
El Gobierno no dejó de negociar con ETA por estos tres muertos, ni siquiera en vísperas de las Elecciones locales del pasado 27 de mayo. Tampoco privó a Ignacio de Juana de sus paseos por San Sebastián, de las mieles del Bimbo y de húmedas intimidades con su novieta.
 
El diario El País afirma ahora que sin tregua no hay "tolerancia". "Por eso está en la cárcel Otegi, que tenía cuentas pendientes con la Justicia, y también De Juana Chaos".
 
También recomienda ahora que se estudie la ilegalización de ANV porque esta "pantalla de Batasuna" se niega a condenar el atentado contra la casa cuartel de Durango.
 
Aparte de enarbolar la doctrina de la versatilidad de la Ley, adaptada en cada momento a las circunstancias políticas, la nueva posición del diario pro-gubernamental es, en sí misma, una demostración de lo que postula.
 
Acostumbrarse a De Juana en la calle
¿Qué dijo El País sobre la excarcelación de De Juana? El 14 de marzo de 2007, después de que el Gobierno lo sacase de prisión, El País no mencionó en ningún momento la "tolerancia" elástica con ETA que esgrime ahora para explicar, retrospectivamente, la excarcelación. Una "tolerancia" de la que todos, excepto el Gobierno y El País, tenían sobradas evidencias,
 
En su lugar, el periódico pro-gubernamental justificó así la decisión del Gobierno:
 
"Se enfrentaba al chantaje de libertad o muerte de un De Juana dispuesto a dejarse morir. En lugar de ceder, el Gobierno buscó una vía entre las permitidas por la Ley que evitase tanto la liberación del preso como su muerte, de la que habrían derivado males mayores".
 
En un artículo editorial del 13 de febrero de 2007, El País comparte la decisión del Tribunal Supremo de rebajar, de doce a tres años, la condena a De Juana por amenazas y enaltecimiento terrorista:
 
"Habrá que acostumbrarse a algo tan elemental en un Estado de derecho como que los terroristas, incluso personas tan sanguinarias como De Juana, salgan de la cárcel una vez cumplida la condena, como sucede con cualquier otro delincuente".
 
Por aquellos días, el concepto de "tolerancia" que ahora emerge como explicación retrospectiva de la actitud del Gobierno hacia ETA, no aparecía por ninguna parte en la salchichera argumental de El País.
 
La de Partidos, una "ley excepcional"
Sobre ANV, a la que El País califica ahora sin rubor como "pantalla de Batasuna", y sobre la que recomienda estudiar su ilegalización, la opinión editorial era muy distinta mientras al Gobierno le interesó "tolerar" que 123 candidaturas se colasen en las Elecciones del pasado 27 de mayo.
 
Actualmente, ETA controla a través de ANV mayorías, presupuestos y tiene acceso a datos personales de potenciales víctimas, en Ayuntamientos como el de Durango.
 
El pasado 7 de mayo, un día después de que el Tribunal Supremo prohibiese las 256 candidaturas de ANV impugnadas por la Fiscalía y el Gobierno, y reprochase al Ejecutivo que no hubiese hecho lo mismo con las 123 restantes, El País cuestionaba la Ley de Partidos como una norma "excepcional y de muy problemática aplicación, en la medida en que es limitativa de derechos".
 
A juicio de aquel diario El País, la situación en la que se promulgó la Ley "también era excepcional", debido a "la estrategia iniciada por ETA a mediados de los noventa de asesinar o atacar a los candidatos y representantes de los partidos que competían electoralmente con Batasuna. En esas condiciones no puede haber competición democrática".
 
El País sostenía, así, implícitamente, que las condiciones habían cambiado durante la falsa tregua y que ahora sí puede haber "competición democrática" en el País Vasco porque no se asesina ni ataca a candidatos y representantes.
 
Días después de este editorial, el 12 de mayo, El País volvía a comentar una decisión judicial, esta vez la sentencia del Tribunal Constitucional ratificando la decisión del Tribunal Supremo de prohibir sólo las candidaturas de ANV que el Gobierno y la Fiscalía habían impugnado.
 
Dijo El País, entonces, para defender la permanencia de las 123 restantes, en plena sintonía con los argumentos del Gobierno:
 
"Mantener que ETA y Batasuna han vuelto a las instituciones a través de las candidaturas no impugnadas de ANV es una simplificación que no se corresponde con la realidad y una hipótesis que no se deduce de las resoluciones del Tribunal Supremo avaladas por el Constitucional".
 
Ahora que ANV, es decir, ETA, ya está en las instituciones, El País no duda en definir a este partido como "pantalla de Batasuna", es decir, de ETA.
 
Sólo una voz en El País parece que envejece bien y resiste el examen de la memoria. Se trata de Javier Pradera quien, al menos sobre la presencia de ANV en las instituciones, tuvo la honradez o el cinismo de invocar a Ortega en El espíritu de la letra, cuando el filósofo reconoce que "la palabra escrita levanta bandadas de pensamientos en cada lector", cuyos "vuelos" hacen posible –observa Pradera el 9 de mayo– que "la literalidad de una norma pueda ser interpretada torcidamente –conscientemente o no– por los hermeneutas".
 
Por lo menos, el veterano editorialista de El País admitía lo que ha estado haciendo el Gobierno todo el tiempo, para encajar a ETA. Retorcer la Ley, siguiendo el voluble "espíritu de la letra".
 
El País, un día después del atentado en Durango, predica con el ejemplo. Su bandazo es digno de los anales periodísticos. ¿Le cuesta encontrar el rumbo al periódico, tras la desaparición física de su patrón? El simpático editorial de este sábado no es el primer síntoma de ello.

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