AGLI

Recortes de Prensa    Lunes 17 Septiembre   2007

Síntomas en Navarra
Editorial ABC 17 Septiembre 2007

LA creación del Instituto Navarro del Vascuence es una decisión del Gobierno Foral de Navarra que bien podría tomarse como síntoma del cambio de actitud producido tras el accidentado proceso de investidura de Miguel Sanz. Durante años, el nacionalismo panvasquista de Aralar y PNV atacó duramente a Unión del Pueblo Navarro por su política lingüística, basada fundamentalmente en la aplicación del bilingüismo únicamente en las zonas vascófonas de Navarra. Obviamente, los nacionalistas reclamaban una inmersión general de la comunidad en la enseñanza del vascuence -como proponía Nafarroa Bai en el programa electoral que presentó para las elecciones autonómicas de 2007-, aunque la política seguida por UPN en esta materia no ha sido precisamente cicatera. Tanto es así que no faltan autocríticas en el foralismo navarro que señalan una excesiva euskaldunización del sistema escolar como uno de los factores del crecimiento nacionalista. Tenía motivos UPN para aplicar una política equilibrada con el bilingüismo, porque es uno de los caballos de Troya de los nacionalistas para ampliar su activismo, sobre todo entre los jóvenes. Buena prueba de esta utilidad expansionista que el nacionalismo asigna a la extensión de la enseñanza del vascuence fue la reciente propuesta que le hizo el Gobierno vasco al navarro de crear un órgano conjunto para la promoción de esta lengua.

Pese a que el Gobierno de UPN rechazó la oferta del Ejecutivo de Ibarretxe, ha dado su propio paso al crear un organismo, el Instituto Navarro del Vascuence, que se propone «promocionar, desarrollar y recuperar el euskera». Incluso el departamento de Educación del Gobierno foral navarro ha utilizado el término «normalización», para describir el objetivo de este organismo, importando un lenguaje habitual en los nacionalismos para justificar sus políticas lingüísticas y aplicarlas allí donde no hay nada que recuperar ni normalizar. Es evidente que esta iniciativa institucional implica un cambio de actitud política del Gobierno de UPN hacia el vascuence, aunque el alcance de ese cambio dependerá de si conlleva o no la extensión de esta lengua a las áreas castellanohablantes. En todo caso es una iniciativa que se enmarca en un contexto de extremas cautelas por parte de UPN para no romper la aparente calma que existe en sus relaciones con el Partido Socialista de Navarra. El síntoma es muy nítido y reclama atención porque sería un grave error que UPN se creyera obligado a trufar su acción de gobierno con contenidos extraños a una política foralista y actuara, en definitiva, como si se hallara en deuda permanente con los socialistas por no haber pactado con los nacionalistas de Nafarroa Bai. Si así fuera, tendría que haberse planteado con mayor rigor la celebración de unas nuevas elecciones, porque llegar al poder no es un fin en sí mismo. Lo importante es hacerlo para aplicar un programa propio y no el de la oposición.

UPD y la crisis en la izquierda
EDITORIAL Libertad Digital 17 Septiembre 2007

La izquierda española está en crisis. José Luis Rodríguez Zapatero ha impreso al Partido Socialista, que aglomera mayoritariamente el voto de izquierdas en España, una deriva radical que tiene como uno de sus objetivos dejar sin participación en el juego político al centro derecha español. Para llevar a cabo sus sueños de transformación de nuestro país resulta conveniente romper todos los elementos de solidaridad y de cohesión de la sociedad, y sin duda la unidad de la nación o la lucha contra un enemigo común (la ETA) nos hacen compartir valores y sentirnos unidos. Zapatero ha buscado la división desde el comienzo para que le sea más fácil hacer pasar a los españoles por el trágala de sus proyectos.

Lógicamente, en esa estrategia el PSOE y los nacionalistas se necesitan. Y el PSOE ha roto con una tradición españolista de la izquierda que hoy parece perdida o casi antitética, pero que forma parte importante de su historia. Zapatero ha ido tan lejos como ha podido en su deriva de ruptura nacional. Los votantes y la militancia de izquierdas son muy fieles o muy sectarios y, por lo general, prefieren romperse los morros contra la realidad antes que aceptar que el partido que les representa está yendo por el mal camino. Pero también hay quien desde la izquierda tiene claros una serie de valores, como la defensa del Estado de Derecho, la lucha contra el terrorismo, la solidaridad y la unidad de España, a los que prefiere no renunciar. Es aquí, en la fractura creada por Rodríguez Zapatero dentro de la izquierda, donde hay que entender la aparición primero de Ciudadanos y más tarde de UPD. Son dos consecuencias de la crisis de la izquierda, causada por la política de Zapatero.

El Partido Popular, en lugar de mirar desde la barrera o aprovechar para echarle en cara a Zapatero su estrategia, haciéndole ver que hay una izquierda que también es nacional, ha mostrado un nerviosismo moderado pero aparente. Teme que el nuevo partido funcione de dique para unos votos que, hartos del camino introducido por el PSOE de Zapatero, podrían acabar en el PP. Pero lo que le debe preocupar no es eso sino su propio mensaje. ¿Realmente necesita España que el PP dé cobertura al proceso neoestatutario con leyes autonómicas como las de Andalucía o Valencia? Si los populares se aferran a ideas como la libertad, la igualdad de los españoles ante la ley, la defensa de sus derechos por un Estado de Derecho eficaz, la unidad de España y la dignidad de sus instituciones, etcétera, no deberá importarle tanto que surja un nuevo partido nacional en la izquierda; algo, por otro lado, muy necesario para España.

Son los socialistas quienes deberían inquietarse, y ya han comenzado a hacerlo. Patxi López ha hablado y se ve que no ha reflexionado bien sus palabras antes de pronunciarlas. Resulta que el líder del PSE, alguno de cuyos dirigentes se ha sentado a negociar con la ETA, dice del partido liderado por Rosa Díez que "es anticonstitucional" porque "no reconoce la diversidad de la España plural". Señor López, si el carácter de constitucional de los partidos viene de sus posiciones políticas, ¿es ANV constitucional? ¿Lo era el PCTV? ¿Son estas dos marcas electorales de la ETA más constitucionales que la UPD? La respuesta de Rosa Díez no puede ser más certera: hay que tener cara para que lo diga él, "que ha negociado el futuro de la sociedad democrática y plural con los terroristas".

UPD deja en ridículo algunos de los mantras de los socialnacionalistas en torno al Gobierno. Como que hablar de España es propio de la derecha. La principal labor que puede hacer UPD de aquí a las elecciones y después de ellas es pedagógica: recuperar la verdadera tradición de la izquierda más moderada y liberal que nada tiene que ver con las ensoñaciones radicales de Zapatero. Si lo hacen pondrán verdaderamente nervioso al Partido Socialista.

Partido de Rosa Díez
Lo importante y/o lo urgente
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 17 Septiembre 2007

Atina Rajoy al llamar la atención sobre esta aberración: se tiene por radical a quien pide el cumplimiento de la ley. Si en la aberración no cae el país entero, si no se han fundido aún todos los plomos, es por la contundente presencia del PP, por la articulación política de la media España que no traga. Está también, como esperanza, una embrionaria izquierda alternativa. Aunque bastantes voces temerosas a la derecha, y una o dos voces estrambóticas a la izquierda, alerten de un peligro para Rajoy. ¿Peligro una izquierda que se toma en serio la Constitución, el Estado de Derecho, la unidad de España, la observancia de la ley?

Cuando se forma un embrión tal, no parece lo más adecuado fulminarlo por cálculo electoral. Lo que está en juego no es exactamente –o no es solamente– el resultado de las generales, sino la viabilidad de España. Entiendo los argumentos de urgencia: hay que ganar las elecciones. Pero es justamente la concentración en lo urgente y el aplazamiento de lo importante lo que nos ha llevado donde estamos.

¿Y dónde estamos? Se extiende la batasunización. Los nacionalismos, excitados por Rodríguez (una oportunidad de oro), multiplican sus ofensivas: referéndum del 2014, soberanismo reforzado de Galeuscat, presiones al Constitucional, amenazas ante una resolución contraria al estatut, etc. Un vocal del CGPJ justifica la quema simbólica del Rey tras inventar un genocidio. Jóvenes envenenados por una larga e impune programación antiespañola piden decapitar al monarca. La policía es instruida para no actuar, aunque presencie amenazas de muerte (siempre que se dirijan al PP). Alcaldes socialistas esconden los símbolos de España. El PSOE considera todo lo anterior "asuntos menores", "hechos aislados" y debates alicortos. Les ocupa otra programación masiva: la educación en los prejuicios progres.

Son sólo los ejemplos más recientes del ataque general al régimen del 78, fenómeno que aquí se viene denunciando desde hace años. En la legislatura los hay por centenares, todos en la misma línea: acoso y deslegitimación de la oposición, aplicación de la ley a conveniencia, imposición ideológica desde los aparatos del Estado.

Quizás debiera pasar lo importante por delante de lo urgente. Para gobernar maniatado por Galeuscat, vale más no gobernar, pues nada de lo que importa podrá salvarse. El ataque contra la Nación, las leyes y su espíritu es masivo, y la cosa pinta mal. Quizá explicando eso con claridad, transmitiendo la gravedad de la situación (y confiando en que lo normal es que embriones constitucionalistas de izquierdas se alimenten de votos de izquierdas), pueda el PP aspirar a una mayoría absoluta. Lo urgente es ahora no engañar, ni engañarse, sobre lo importante.
Juan Carlos Girauta es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Totalitarismo lingüístico
Una historia entre mil
José García Domínguez Libertad Digital 17 Septiembre 2007

El mayor se llama Héctor y dentro de muy poco cumplirá doce años; es hermano de Eloy, que tiene siete y también estudia en la escuela pública El Barrufet, de Sant Boi de Llobregat, su pueblo natal. Los dos, Héctor y Eloy, son sordos, sordos de nacimiento. A ambos hubo de practicárseles un implante coclear, cirugía que les permite interpretar los sonidos mediante un complejo mecanismo de electrodos. Gracias a esas prótesis, y a través de un lento proceso de aprendizaje, podrían haber llegado a comunicarse en un único idioma hablado.

Sólo en uno. Y con un enorme esfuerzo. Comprender dos les sería, sencillamente, imposible. Pero si he escrito "podrían", y no "pueden", es porque Héctor y Eloy a duras penas se manejan con el lenguaje de los signos. Ocurre el verdadero gran problema de Héctor y Eloy no son sus oídos, sino sus padres. Unos modestísimos padres inmigrantes que se empeñan en sabotear la construcción nacional de Cataluña dirigiéndose a sus hijos en la única lengua que conocen, el castellano.

Como cada septiembre, Héctor y Eloy se acaban de incorporar a las clases. Y como cada septiembre, vuelven cada día a casa sin haber descifrado nada de lo explicado en el aula. Y como cada septiembre, el inspector de la Consejería de Educación les aclarará –por enésima vez– a esos padres que la inmersión lingüística resulta obligatoria para todos; que tampoco este curso habrá excepciones con nadie; y que "nadie" sigue significando nadie.

Y como cada septiembre, Héctor y Eloy comenzarán a recibir la asistencia del logopeda de la Generalidad durante cuatro horas a la semana. Y como cada septiembre, el logopeda les hablará exclusivamente en catalán, aunque sepa que resulta inútil porque ellos seguirán sin entenderlo. Y como cada septiembre, la madre, que tiene concedida la invalidez permanente por el grado de ansiedad que padece, suplicará de nuevo ante el CREDAC (Centro de Recursos Educativos para Deficientes Auditivos de Cataluña) de Sant Feliu de Llobregat.
Y tal vez, la directora de ese centro, una patriota que responde por Claustra Cardona i Pera, le grite lo mismo que en la entrevista del último septiembre: "Si quieren castellano, o se marchan de Cataluña o se hacen a la idea de que los niños se quedarán sólo con el lenguaje de los signos". Y como cada septiembre, esa madre seguirá esperando que alguna mañana aparezca el cartero con la muy honorable respuesta a aquella carta desesperada que le envió al presidente de la Generalidad, rogándole que se compadeciera de su caso. Y como cada septiembre, el cartero pasará de largo.

Apagón informativo
Xoán Xulio Alfaya  Periodista Digital 17 Septiembre 2007

Apreciado Xoán,

Gracias por publicitar en su blog la convocatoria del acto de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía en Galicia. Uno de los problemas con los que nos tenemos que enfrentar es con el sistemático apagón informativo que padecemos desde el momento en que se constituyó el Partido.

En un principio se le dio cobertura, supongo que porque lo querían presentar como una especie de iniciativa estrambótica. Pero ante la espectacular respuesta de la ciudadanía y la consecuente fundación del Partido la consigna es: Ciudadanos no existe. Los medios sólo hablan de Ciudadanos cuando creen que tienen algo negativo que decir.

Este silencio sólo se vio roto por acontecimientos especiales que no pudieron acallar: la rompedora imagen de campaña y el histórico resultado en las elecciones autonómicas. En este último caso la TV pública de Cataluña dio un bochornoso espectáculo al cortar la entrevista que estaban haciendo al Presidente del Partido cuando éste empezó a criticar la vergonzosa actuación de un vicepresidente del Gobierno al entrevistarse con terroristas para pactar con ETA que no cometiera atentados en Cataluña para no perjudicar su posición política.

La debilidad del Gobierno del PSOE y la política del Sr. Zapatero de pactar con los nacionalistas les ha dado alas y han intensificado su ya habitual chantaje al Estado. Los partidos nacionalistas han apostado fuerte por controlar el sistema educativo en el convencimiento de que de esa manera sentarán las bases de unas futuras propuestas de carácter soberanista.

En aquellas comunidades autónomas en las que está presente el nacionalismo se ha utilizado la educación de manera indecente como instrumento de adoctrinamiento. Se está haciendo a través de la promoción de lo que denominan lengua propia de un territorio, obviando que la lengua no es propia de ningún territorio, sino de las personas que la hablan y que debe ser un instrumento de comunicación, nunca de exclusión o excusa para diferenciar a los ciudadanos entre ciudadanos de primera o segunda en función de la lengua que cada uno libremente decida hablar y a través de una particular manera de reescribir la historia. Pues eso, que la promoción no tiene como objeto preservar un bien cultural, en cuyo caso no habría nada que objetar, salvo que esa promoción no puede absorber el nivel de recursos que se le dedica, porque hay muchas cosas más importantes para asignar las partidas presupuestarias, tiene como objeto imponer una lengua como instrumento homogeneizador y lo que es aún peor, como exaltación de los hechos diferenciales en los que basar futuras propuestas secesionistas.

Desde Ciudadanos estamos denunciando estos hechos y continuaremos haciéndolo. La ciudadanía debe concienzarse de los peligros del nacionalismo para la cohesión social, para el desarrollo uniforme de todos los territorios y para la igualdad efectiva entre los españoles, con independencia de su lugar de residencia o de procedencia.

Un cordial saludo.
Ciudadanos
Organización

La incapacidad de Zapatero
Ignacio Villa Libertad Digital 17 Septiembre 2007

La actuación mitinera de Rodríguez Zapatero este domingo en Gavá ha confirmado lo que ya sabíamos todos. Por increíble que parezca, este Gobierno es incapaz de poner orden, es incapaz de hacer respetar la ley y es incapaz de defender a España y a los españoles. El presidente del Gobierno sigue empeñado en hacernos creer a todos que estamos en un mundo de felicidad, fabricado por su óptima gestión, en el que nunca pasa nada. O, mejor dicho, un mundo en el que por definición nunca puede pasar nada.

Los ataques a la democracia, a la bandera y a la alcaldesa de Lizarza son un ejemplo claro de lo dicho. La quema de la imagen de los Reyes en Gerona es otro. Son consecuencias de la situación política provocada por Rodríguez Zapatero. Dos historias de máxima gravedad, pero que para el Gobierno socialista se reducen a reacciones habituales de los radicales que no suponen ninguna novedad ni poseen mayor relieve. Es cierto que la actitud nacionalista de ofender a la libertad y a la democracia no es nueva, pero la pasividad, la torpeza y la complicidad silenciosa del Ejecutivo central sí lo son.

Rodríguez Zapatero, lejos de condenar los radicalismos nacionalistas, lejos de criticar los ataques a la libertad y a España, se ha dedicado a jugar y a bromear en su mitin de Gavá. El presidente del Gobierno, incapaz de rectificar o de ejercer las obligaciones a las que le obliga su cargo, ha pasado de puntillas por la quema de imágenes de los Reyes en Gerona o los ataques de Lizarza a la democracia española. Se ha limitado a refugiarse, como en tantas otras ocasiones, en un monólogo simplón, faltón, infantil y ridículo. Zapatero se defendió asegurando que para el PP él tiene la culpa de todo, afirmando que si España no ganara el Europeo de baloncesto también le acusarían de ser el responsable. Ya nada de lo que dice el presidente del Gobierno sorprende, pero no deja de ser obligado reseñar una vez más la frivolidad con que trata los problemas más graves de España.

Nadie puede entender y mucho menos explicar que el jefe del Gobierno todavía no haya dicho absolutamente nada sobre lo ocurrido en Lizarza o en Gerona. Zapatero no ha gobernado en todo este tiempo y no parece que vaya a empezar ahora, a seis meses de las elecciones generales. Ha conseguido, eso sí, lo más complicado: poner patas arriba la España constitucional, demoler la estabilidad institucional y humillar sistemáticamente la nación española. La gravedad de lo ocurrido en estos tres años y medio se muestra ahora en sucesos como los de Lizarza o Gerona, que son simplemente el resultado de una política atroz contra España, destructiva como pocas.

Estamos ante la incapacidad de Zapatero de ejercer el poder, de actuar como presidente y de gobernar, con todo lo que eso implica. A la incapacidad habitual de Zapatero ahora le añade el silencio. Un silencio cómplice, que encubre su nula capacidad de gestión política. Tres años y medio de desastres permiten predecir que aún nos quedan muchas sorpresas desagradables antes de que se celebren las elecciones generales.

El río revuelto de Imaz
POR EDURNE URIARTE ABC 17 Septiembre 2007

El río revuelto del caso Imaz ha dado lugar a todo tipo de lecturas interesadas, insensatas o directamente lamentables sobre el PNV. Sobre todo, la que ha transformado a este partido en repentino luchador antiterrorista. Según el Gobierno, el PNV seguirá apoyándole en la lucha antiterrorista.

¿En cuál? El PNV no ha estado jamás en lucha antiterrorista alguna. Ni antes de Imaz ni con Imaz. Ha protegido a los perseguidos, es cierto, pero no ha combatido a los terroristas. Ha estado en la negociación de Zapatero, que nada tiene que ver con la lucha antiterrorista y sí con el acuerdo político con ETA. Si el PSOE llama lucha antiterrorista a esa búsqueda de acuerdo, encontrará, en efecto, el apoyo del PNV, porque esa ha sido y es su política sobre ETA. También la de Imaz, respecto a quien hay que tener cuidado con los tiempos verbales. Sus nuevas ideas eran propuestas, no la realidad del PNV actual cuya dirección va a abandonar sin haber conseguido cambiar en nada este partido. Imaz también impulsó gestos relevantes, como la formación de una gestora en el ayuntamiento vizcaíno de Ondárroa, una iniciativa de resistencia a los radicales poco habitual en el PNV. Pero poco más. Con Imaz mirábamos al futuro, pero seguíamos igual de decepcionados con el presente.

Y una cosa es que toda la resistencia antiterrorista haya valorado muy positivamente esos gestos y su proyecto de cambio, de moderación y de modernización del PNV y otra que convirtamos repentinamente a Imaz en estandarte de la lucha antiterrorista. O en el gran benefactor de los vascos, «lo mejor que le ha pasado al País Vasco», que dijera Felipe González.
O, lo que es peor, y vayamos a la parte lamentable del río revuelto, en el bueno frente a los malos, los que luchan contra ETA. Un columnista de cuyo nombre no quiero acordarme ha escrito estos días que la caída de Imaz es espléndida para el PP puesto que ayuda a perpetuar el conflicto vasco y asegurar el futuro a los sectores que viven de esa tragedia. El propio Imaz rechazaría esa contraposición. No ha conseguido el cambio en el PNV pero sí le ha puesto la ética democrática encima de la mesa.

El PP teme a Rosa Díez
Pablo Sebastián ABC 17 Septiembre 2007

A medida que se va acercando la fecha electoral todos los partidos, salvo los nacionalistas, intentan moderar su discurso y acercarse al centro y a la virtual bolsa de votos en blanco y abstencionistas donde todos creen que está la salvación, o la victoria, siempre y cuando los grandes partidos hayan conseguido movilizar a sus respectivos electorados. La participación y el centro político son, pues, al día de hoy, las máximas preocupaciones de los respectivos jefes y estrategas del PSOE y del PP. Los que no cesan de hacer cábalas y toda clase de pronósticos sobre cuál será, si es que lo va a tener, el posible impacto de una tercera fuerza política entre los dos grandes como la que parecen estar preparando los promotores de Basta Ya y Ciudadanos.

En el PSOE, la sonora fuga de Rosa Díez la han querido solventar diciendo que la eurodiputada está más cerca del PP que de la izquierda, lo mismo que ya dicen del pintoresco Savater y otros integrantes del nuevo partido, que ya se verá si pacta o no con el pleno de Ciudadanos, o sólo con los que se escindieron de esta iniciativa de origen catalán. Mientras que en el PP han pasado de la euforia inicial por lo que consideraban una escisión del PSOE, a la mayor preocupación porque empiezan a considerar que los del nuevo partido exhiben un discurso nacional muy parecido al suyo y, a la vez, carecen de los anclajes ultraconservadores de un PP que permanece empantanado en la guerra de Iraq, la conspiración del 11M, la guerra de las banderas y de la escuela católica, y que sigue luciendo al frente de toda su organización los caretos de Acebes y Zaplana, cuando no truena desde FAES la voz ronca del despechado Aznar, o desde la COPE el mayor de todos los catastrofismos posibles.

Han sido precisamente los medios afines al PP los que han dado alas a la presentación del nuevo partido, convencidos de que eso molestaba al PSOE, de donde ha surgido la consigna a sus medios —empezando por todos los estatales— de silenciar la presencia de Rosa Díez en la campaña electoral. Pero esa euforia inicial de los populares ha comenzado a convertirse en seria preocupación porque han empezado a echar las cuentas del efecto que una pérdida de votos o la irrupción de un tercer partido tendría en las circunscripciones de tres, cuatro o cinco diputados, quedándose con los que se llaman restos de votos que, si son los del PP, acabarían dando la ventaja decisiva al PSOE en unas elecciones en las que, todos coinciden, los dos grandes partidos están muy próximos el uno del otro en los sondeos sobre la intención de voto, como se vio en los pasados comicios municipales, que ganó el PP.

Cuando Rajoy se agarró —en su reciente autonominación como candidato— a la palabra de Zapatero (que no cumplirá) de que no gobernará si no saca un voto más que Rajoy, el líder del PP no sólo confesó que no tiene a la vista una clara victoria electoral, sino que pretendió, con ese discurso, decir a los electores que los comicios se juegan en un pañuelo y que el voto útil es la única solución para derrotar a Zapatero. Lo que es una manera nueva de reconocer el miedo que en el PP le tienen a Ciudadanos y a Basta Ya, entre otras cosas y sobre todo porque han sido incapaces de recuperar el centro, lo que todavía se podría agravar si, después de la polémica, deciden excluir a Gallardón de las listas del Congreso.

Tantos son los temores y la excitación en el PP contra Rosa Díez —que será la cabeza del cartel de la tercera vía—, que desde la secretaría general del inefable Acebes han hecho un dramático llamamiento a la ex dirigente del PSOE para que se integre en su partido y candidaturas, cometiendo así los del PP su enésimo error, porque con semejante invitación —sumada a otras agresiones aparecidas en los medios de comunicación— le están diciendo a los promotores de la tercera vía que tienen serias posibilidades de prosperar. Por todo ello esas prisas del listado de Notables y de la anunciada y tardía Convención, después de de ningunear a Rato y silenciar a Gallardón.

NACIONALISMO: ODIAR AL OTRO
POR ANTONIO PéREZ HENARES El Ideal 17 Septiembre 2007

La esencia del nacionalismo, tanto filosófica como emocional, no se define ni se estructura tanto como amor por lo propio sino, y esencialmente, como odio, confrontación y exclusión de "lo otro". Historia, geografía y lengua se utilizan como armas arrojadizas. Son la fuente del agravio. Lejos de visualizar los elementos de contacto y cercanía , estos se suprimen, poniendo todo el énfasis en aquello que suponga enfrentamiento y conflicto.

Lo sucedido con las lenguas vernáculas de Cataluña, Galicia y el País Vasco es ejemplarizante. Durante el régimen franquista y su exacerbado nacionalismo fascista se persiguieron esas lenguas intentando imponer en exclusiva el castellano. El nacionalismo exacerbado, sobre todo en Cataluña, pretende ahora imponer en exclusiva el catalán. Imposición y exclusión son las señas comunes. No se "ama" al catalán, se odia el castellano. Se intenta su exterminio.

Esos mismos parámetros se aplican a historia y a la propia geografía hasta crear unas generaciones educadas en el ""odio" al otro. El elemento esencial, porque esta ligado al sentimiento, son los símbolos. La pauta es la misma. Excluir al unitario, imponer el excluyente. Se percibe un himno o una bandera con la "emoción" de que elimine a la otra.

La anulación, la desaparición de los símbolos españoles unitarios son algo perfectamente orquestado. No es una cuestión baladí. Se trata de imponerla como hecho, que después vendrá el Derecho, para hacer desaparecer el Estado, lo común. Tiene una razón , una estrategia y una motivación política. No vale con decir "total, qué importa", política de apaciguamiento y ceguera suicida que han llevado a cabo no pocos socialistas. Que llevan hoy mismo.

La vergüenza de la patria común, de sus símbolos, de su lengua, de su cultura, de su historia común, su humillación continua o como poco su abandono y su dejación. Los nacionalistas saben que eso sí importa y, desde luego, ellos inundan el vergonzante vacío, el territorio abandonado. A veces, muchas veces, hasta el ridículo más absoluto, provinciano y aldeano, hasta paroxismo histriónicos y en los que para nada puede ni pensarse en competir.

La semana pasada ha estado, en este aspecto, repleta de pésimas noticias. La peor ha sido el abandono de la voz y personalidad más sensata del nacionalismo vasco: José Jon Imaz. Mas allá incluso, la más novedosa y superadora, pues había cambiado radicalmente el discurso en su fondo. Porque si alguien pretendía cambiar radicalmente ese principio consustancial de enfrentamiento y el agravio con el "otro'"estaba siendo él.

No se trataba de confrontar, ni de imponer ni de odiar decía, sino de seducir a España, de hacerse querer en su diversidad y ser querido por ello. Era una esperanza. Era toda una revolución en el anquilosado e inmóvil pensamiento nacionalista. Es la peor noticia para el futuro del País Vasco y de España.

Apoteosis del gran negador
POR HERMAN TERTSCH ABC 17 Septiembre 2007

Cuenta Dionisio Ridruejo en una gran recopilación de textos autobiográficos que acaba de editar con calidad y mimo prodigiosos Jordi Amat («Dionisio Ridruejo: Casi unas memorias. Editorial Península»), cómo, al estallar la Guerra Civil, uno de los jóvenes de su círculo de amistades en Madrid, Pedro Maldonado, un intelectual alegre, muy simpático, algo manirroto y abusón, «que era el optimismo en estado gaseoso», se escapó de un hospital donde lo habían escondido para su protección otros amigos y poco después apareció, como tantos otros en ambas retaguardias, «acribillado contra un muro». «Nadie como él -dice Ridruejo- simboliza para mí aquella impresión del «tan largo me lo fiáis» que, en el subconsciente de millones de españoles, resistía a la evidencia cuando la suerte estaba echada». Esta constatación de la facilidad con la que su amigo se negaba a reconocer la absoluta excepcionalidad de la situación política de su entorno se encuentra fácilmente en las biografías de tantos contemporáneos suyos en otros países. En los diarios del rumano Mihail Sebastián o los no menos terribles de Víctor Klemperer, Sebastián Haffner o Joachim Fest se revela la desesperación que generaba en sus autores la necesidad que declaraba su entorno social, unas veces en forma angustiosa, otras de indolencia, por simular normalidad y cotidianeidad en situaciones de total excepcionalidad y colapso de convivencia social. No era sólo «optimismo en estado gaseoso». Era falta de lucidez, cobardía, indolencia, indiferencia o todo a un tiempo.

No haremos paralelismos directos entre situaciones de la Europa de los años treinta y la España actual aunque debiera ser ya evidente que cada vez requieren menos esfuerzo de imaginación, especialmente en lo que a algunas partes del territorio nacional se refiere. Las libertades son cada vez más precarias y menor la disposición del poder a defenderlas. Cuando nada menos que una ministra del Gobierno considera que la víctima de una amenaza de muerte es responsable de serlo, hemos llegado a la lógica perversa que llevaba a los niños alemanes a apedrear al judío Klemperer como culpable de ataques aliados contra Alemania. Y cuando el Estado de Derecho ha hecho dejación de su deber de garantizar la seguridad y los derechos de sus ciudadanos y de la vigencia de las leyes, habrá que pensar que el Gobierno considera que la persecución, intimidación y merma de los derechos de ciudadanos que le son críticos es una realidad no sólo aceptable sino beneficiosa para sus fines.

Resulta fascinante y terrible estudiar la pasividad, la indiferencia o la insólita falta de percepción del riesgo de las sociedades europeas del siglo XX ante los avances de los abusos de los diferentes totalitarismos nacionalsocialistas, fascistas y comunistas. «Aquí no pasa nada, estos analfabetos de los nazis estarán pronto otra vez en los agujeros del lumpen de donde salieron», se decía la altiva burguesía alemana como se dicen ahora quienes con el nacionalismo catalán y el Gobierno de España consideran que las cada vez más abiertas agresiones al Estado y a su jefatura como «incidentes menores». Pero igual de inquietante es comprobar como en unas circunstancias totalmente nuevas y en un contexto europeo actual, puedan surgir líderes que puedan acabar en muy poco tiempo con los controles internos propios de un partido de larga tradición democrática, liquidar toda crítica interna y agitar en el seno del mismo instintos que ofuscan toda la templanza en la pugna política.

Y todo desde una negación de la evidencia y una masiva utilización de un aparato devoto a la mentira al que nada importa que la realidad desmienta todos los días sus mensajes. Ya poco importa que todos los anuncios que el Gobierno hace sobre sus intenciones sean torva desinformación o astracanadas que un pobre vicepresidente parece desmentir ya tan sólo por puro pudor ante sus amigos o su propia familia. Lo grave es que el cuerpo social no parece, como el amigo de Ridruejo, percibir que la normalidad pretendida no existe. Y que hace tiempo que los acontecimientos desencadenados por la llegada a La Moncloa del torvo timonel y gran negador ya no están bajo su control si acaso lo estuvieron alguna vez. El negador seguirá aparentando normalidad mientras en su entorno todo será cada vez mayor y peor excepcionalidad. Su partido no ha cumplido con la labor democrática y patriótica de poner fin a los desmanes del negador. Los principales beneficiarios de su política en el antisistema no lo va harán por lógica. Si no lo hace la ciudadanía, no sentará precedente. Muchas sociedades en un pasado no lejano se dejaron hundir por negadores desde posiciones de respetabilidad que unas han tardado décadas en recuperar y otras aun recuerdan con añoranza.

La alcaldesa coraje
Pedro Arias Veira La Voz 17 Septiembre 2007

Nuestro verdadero instinto básico no es el sexo, sino la pasión de libertad. La historia humanizada revela que pueblos y personas han dado lo mejor de sí mismos para poder ser lo que presienten ser, marcar su camino, descubrir el potencial que encierra su existencia; única y temporal. De la pulsión de libertad se deriva el ansia de igualdad, de equidad generalizable, del juego limpio, de la justicia como ley común. El privilegio y las trampas anulan la igualdad y desvían los caminos de la libertad. De ahí la náusea visceral a las posiciones dominantes en cualquier faceta de la vida. Porque es consciencia innata que la violencia, simbólica o brutal, procura la subordinación de las personas al modelo de comportamiento querido por los señores de las prepotencias. La coacción multiforme aboca al final de la libertad.

Tales son las amenazas a la democracia en España. Una sola persona las ha hecho emerger en toda su crudeza: Regina Otaola, alcaldesa popular del Ayuntamiento vasco de Lizarza. Está sufriendo una campaña de linchamiento público y personal, permanente acoso a su libertad y todo tipo de intimidaciones. Su ejemplaridad humana y la altura de su compromiso cívico contrastan con la precariedad de la reacción del resto de la ciudadanía española para arroparla. Debiera haber una unánime, intensa y sostenida movilización de los pueblos y ciudades para que sintiera en su nuca un aliento general de ánimo y solidaridad, su palmario reconocimiento como alcaldesa coraje. Es una mujer de fuste propio, por encima de cuotas y amparos burocráticos; no es política de apariencia calculada, tampoco señora de poses previsibles. Regina Otaola revela la esencia de la auténtica feminidad, que es valor, principios, equilibrio y tranquila determinación. Es una gran mujer, de la fecunda estirpe de las heroínas vascas contra el terrorismo, emblema de las imprescindibles que sostienen la vida y la esperanza de esta España en la encrucijada.

Resulta increíble la violencia cobarde contra ella; tampoco se entiende que haya gente que pase de su valor, le responda con el olvido o la relegue a la anecdótica condición de idealista de excepción, de rareza inaplicable al resto del espacio político y social de España. Por eso habría que volcarse con ella de forma muy especial, para decirle que nos importa su resistencia, porque representa lo que todo cargo público debiera ser. Y porque recuerda que si un solo alcalde carece de los mismos derechos efectivos que los otros alcaldes, es que no existe democracia real ni libertad en España. Sobra tanta ceguera cómplice y selectiva, de la que solo puede salir mediocridad y mentira. Porque si algo hemos aprendido de la dramática modernidad, es que la libertad deviene ilusoria si hay alguien entre los demás que no pueda ejercerla.

A ver si dejamos las cosas claras de una puñetera vez (y II)
Alejandro Campoy 17 Septiembre 2007

El grupo de ciudadanos que organizó y llevó a cabo la gigantesca manifestación contra la LOE que el 12 de noviembre de 2005 colapsó de nuevo Recoletos, Cibeles, Castellana y Alcalá se integraba en diversos colectivos: Foro Español de la Familia, CONCAPA, HazteOir.org, y varias decenas más que no cito porque olvidaré a más de uno. Simultáneamente, de entre estas asociaciones surgió un pequeño grupo que venía siguiendo con lupa toda la tramitación parlamentaria del anteproyecto de la LOE, entre los que tuve y tengo el honor de incluirme. Fué entonces cuando la Fundación Cives, la que preside el diputado millonario Victorino Mayoral, lanzó su primera propuesta globo-sonda sobre la educación para la ciudadanía.

La respuesta vino de inmediato: Profesionales por la Ética lanzó un magnífico informe en el que ya se realizaba una valoración crítica sobre los postulados de la nueva materia. Con el título de Informe sobre la propuesta de la Universidad Carlos III y la Fundación Cives sobre la nueva asignatura "Educación para la Ciudadanía" este trabajo se hizo público en fecha tan temprana como el 14 de diciembre de 2005. Ni la Jerarquía Católica ni muchísimo menos el Partido Popular estaban al tanto del inicio de este movimiento.

Mientras tanto, la plataforma HazteOir.org estaba elaborando un dossier completo sobre el proyecto de la LOE para remitir al Senado antes de que la citada ley llegara a la Cámara Alta para continuar su tramitación. El mes de enero es inhábil a efectos parlamentarios, por lo que el informe completo, con el título de Informe al Senado sobre el proyecto de Ley Orgánica de Educación, fue remitido en febrero de 2006. Todos los senadores de todos los partidos recibieron copias personales de dicho informe. Otras copias fueron remitidas a otras entidades, entre ellas la Conferencia Episcopal.

Por su parte, la Asociación Nacional en Defensa de la Objeción de Conciencia comenzaba a mover los hilos y los recursos necesarios para estudiar la posibilidad jurídica de la objeción de conciencia a la nueva asignatura en el supuesto de que invadiera el ámbito de la formación moral de los alumnos y vulnerara, por tanto, derechos fundamentales de la persona. Uno de los que primero ofreció su colaboración fué el Catedrático Rafael Navarro-Valls, la máxima autoridad en el tema en España, que ya sentaba las bases de la legalidad de la objeción en un artículo escrito en aquella primavera de 2006, al que siguió otro de Ignacio Sánchez Cámara titulado "Objeción de Conciencia"" con fecha de 24 de julio de 2006.

No obstante, el Ministerio no estaba perdiendo el tiempo, y cursó unas instrucciones en febrero de 2006 a todas las entidades implicadas en la redacción del currículo de la nueva asignatura en la que establecía las claves que debían orientar dicho trabajo. Estas instrucciones fueron filtradas a través de un sindicato a la Plataforma HazteOir.org, que hizo público el correspondiente informe en el que se deba cumplida réplica a los postulados del Ministerio. Este informe me correspondió en su totalidad a mí, y se hico público a través del Programa "La Linterna" de César Vidal con fecha de 19 de Marzo de 2006, con el título de Comentarios sobre las instrucciones del MEC relativas a la asignatura "Educación para la Ciudadanía". Para no perder perspectiva temporal, estamos hablando de unas fechas en las que no sólo no se conocía el currículo definitivo de la asignatura, sino que aún ni siquiera se había aprobado la propia Ley Orgánica de Educación, que vió la luz en el BOE de 4 de mayo de 2006.

En este punto, hay que dejar constancia fehaciente de que ningún obispo se había pronunciado sobre la objeción de conciencia a una asignatura de la que no se conocía aún el currículo, ni lo había hecho la Conferencia Episcopal. La ruptura con la Federación de Religiosos de la Enseñanza (FERE) ya se había consumado y por supuesto, nadie conocíamos de la existencia de ningún partido político que ni siquiera llegase a considerar tal posibilidad: decir que esto lo ha iniciado el PP es más o menos como decir que el Concilio Vaticano II lo puso en marcha el PSOE. Pero imbéciles con tragaderas los hay en todas partes.

El resto del proceso ya es más del dominio público: en diciembre se publican los decretos de enseñanzas mínimas de primaria y secundaria, en el que ya aparece por primera vez el currículo oficial de la EpC, durante enero y febrero se suceden las reuniones entre todos los agentes cívicos implicados y el 28 de Febrero de esta año 30 asociaciones anuncian en rueda de prensa el comienzo efectivo de la campaña de objeción de conciencia. Quince días después, se produce la primera objeción "de facto", que tuve el honor de protagonizar junto a mi familia. El carro ya estaba en marcha.

¿Por qué la comparación con Ermua?, se preguntaba en el artículo anterior un forista despistado: porque fue a partir de este momento cuando los Obispos, la Conferencia Episcopal se vieron obligados, muy a su pesar, a pronunciarse públicamente: las diferencias entre ellos eran y son abismales. Porque la inciativa de la sociedad civil ha ido por delante de instituciones y partidos políticos, que se han tenido que subir a toda prisa A POSTERIORI, cuando el tren ya esaba en marcha. Por supuesto, cada obispo a título particular ya tenía adoptada su posición de antemano y algunos ya habían efectuado declaraciones en público, destacándose, cómo no, el Cardenal Cañizares. Las diferencias entre el clero son también notables, y el movimiento por la objeción de conciencia se ha visto en numerosas ocasiones solo y aislado, pues desde la propia Iglesia movimientos que Enrique Sopena consideraría como ultraextremofundamentalistaintegristas, tales como el Opus Dei o Comunión y Liberación, han mantenido una postura muy ambigua e incluso se han desmarcado públicamente de la objeción, como es el caso del segundo.

Por lo tanto, a los demagogos mentirosos quiero dejarles claro con toda rotundidad que la objeción de conciencia NO la ha puesto en marcha la Conferencia Episcopal ni los obispos. Todo el que a partir de ahora diga lo contrario ha de ser tenido por un farsante. Pero en el ámbito político y mediático la cosa es más estridente todavía. No sólo el Partido Popular ha estado en todo momento al margen de este movimiento, sino que sólo se han subido al carro a última hora una vez que han comprobado que el asunto tiene un potencial rendimiento electoralista. Si el Partido Popular estuviera dirigiendo este movimiento, no seríamos 15.000 objetores los que somos en toda España, sino 1.500.000 por lo menos. Pero en el ámbito mediático la cosa no ha sido mejor.

Con la notabilísima excepción de César Vidal y algunos medios vinculados a Intereconomía, La Gaceta de los Negocios y el diario La Razón, nadie ha prestado voz a este movimiento hasta que se ha hecho muy evidente: entonces se han subido al carro también Jimenez Losantos, Vocento, Pedro Jota Ramírez y todas las terminales mediáticas del PP, cuando en los primeros momentos nos han estado ignorando olímpicamente como si no existiéramos. Es muy de agradecer la cobertura que ahora nos presta La Mañana de la COPE y Libertaddigital, pero nos han tenido al menos un año dando voces en el desierto. Sabemos quién son nuestros verdaderos amigos y quién los oportunistas, no lo pierdan de vista. No quiero cerrar el capítulo mediático sin agradecer públicamente a nuestro más eficaz propagandista su inestimable colaboración: Enrique Sopena y el Plural.com

Para concluir, sólo un recadito para el fatuo y soberbio Zetapé: ya has perdido esta batalla. Cuanto mayor sean las represalias, mas grande se hará el movimiento; cuanto más represión utilices, más objetores seremos. Tu pueril intento de clonar Zapateritos mentales está muerto antes de nacer. El tema ya está en Europa también. Y algunos no hemos dado nuestro último paso todavía: si las circunstancias lo requieren, cruzaremos sin vacilar la línea que nos separa de la desobeciencia civil, y visitaremos la trena con sumo gusto. Si esto llega a ocurrir y se ve en Europa, pasarás a la Historia de España al lado de Francisco Franco, inane iluminado. Te doy mi palabra.

Entre ‘hunos’ y ‘otros’
Santiago Casero Redacción minutodigital 17 Septiembre 2007

La entrada en escena de un nuevo partido político, la UPD que previsiblemente liderará la ex del PSOE Rosa Díez, ha provocado un huracán en el panorama político con imprevisibles consecuencias por el momento. Tal vez, si la carga ideológica recae exclusivamente sobre personas como Savater, dicho huracán se transformará en simple tormenta borrascosa allá para cuando se celebren las próximas elecciones. Pero si se produce un lento y calculado goteo de adhesiones por parte de aquellos que se han caracterizado por la defensa de la unidad nacional, la libertad emanada del estricto cumplimiento de las Leyes y la solidaridad como elemento imprescindible para la cohesión social, UPD puede convertirse en una alternativa para aquellos descontentos con los resultados de la actual alternancia política.

Un nuevo partido político no nace para restar votos a una u otra de las opciones existentes puesto que eso sería un error. Un nuevo partido político debe buscar su clientela en quienes no se hallan cómodos entre el afán destructivo sobre España de los “hunos” y la pusilanimidad acomplejada ante ello de “hotros”. Buscar entre el desánimo y alumbrar la esperanza de quienes han optado por abstenerse o por el más comprometido voto en blanco para ilusionarles en que hay alguien capaz de plasmar el proyecto en común que a solas anhelan. Ofrecer un cambio que anuncie la creación de un nuevo Estado, diferente, que busque su puesto en la actual situación mundial y olvide esas ínfulas aldeanas que solo sirven para crispar y crear un constante malestar.

Personalmente agradezco el mensaje de la necesidad de una reforma constitucional y el abandono de la actual Ley Electoral para garantizar una real participación del ciudadano en la cosa política. No en vano hace años que estas premisas vienen lanzándose por diferentes colectivos, considerados marginales, sabedores de que España no es exclusivamente, ni ha sido ni será, lo que hace treinta años se plasmó por escrito para contentar a esos “hunos” y “hotros” que han pretendido hacerse con la capa de España un sayo con el que cubrir sus vergüenzas. Hay que dar, definitivamente, por enterrada la transición y legislar para crecer olvidándonos del pasado que no nos hace sino menguar social, económica e intelectualmente. Y para ello es necesaria una reforma constitucional que desbarate esas cargas de profundidad que, estratégicamente, dejaron colocadas algunos de los “ilustres” próceres que la parieron.

Pero por encima de un soplo de aire fresco que alce sin complejos la unidad de España, los españoles sentimos encontrarnos huérfanos de Justicia, de una Justicia social que no nos obligue a estar constantemente preguntándonos por qué no podemos acceder a una vivienda digna sin arruinar nuestras expectativas de futuro; por qué no caminamos seguros por nuestras calles ante la amenaza que nos supone tener miles de desarrapados por ellas que necesitan de la delincuencia para sobrevivir o por qué es tan difícil conseguir un trabajo con el que honradamente ganarnos el sustento que nos asegure un mínimo bienestar exigible en una nación donde se nos dice impera una inimaginable bonanza económica.

El viraje nacionalista del otrora españolista PSOE en zonas como las Vascongadas o Cataluña hacen previsible un trasvase de votos a esta nueva formación desde el partido de Ferraz. La estulticia galopante demostrada por sus líderes en Baleares, Navarra o Galicia puede que hurte papeletas al PP a favor un nuevo partido que, a priori, no renuncia a la identidad nacional. Pero ni con la repugna que produce en el resto de España la vergüenza de una negociación con terroristas, alentada por los “hunos” y aguantada por los “hotros”, será suficiente para que UPD pesque en esos caladeros apesebrados del resto de España si no lleva aparejado un auténtico programa social que palie las verdaderas preocupaciones de los españoles. Progresismo es bienestar y no el que se puedan casar los homosexuales o que la televisión produzca náuseas hasta que nos acaba anestesiando ante tanta corrupción, moral y política, como nos hacen tragar.

Un nuevo partido no debe ser más de lo mismo para buscar un espacio entre los “hunos” y los “hotros”. No debe reeditar el refranero para ser los mismos perros con otros collares y aspirar a prolongar la agonía de nuestra nación mientras buscan su acomodo en alguna de las múltiples poltronas que nos (des)gobiernan. España no es exclusivamente un territorio sino que es, esencialmente, un proyecto en común. Y, a no ser que queramos comenzar la casa por el tejado, al español no se le puede hablar de Patria si no siente que esta está protegida por la Justicia.

Comunismo: La mayor secta de asesinos (IV)
Enrique de DiegoRedacción minutodigital 17 Septiembre 2007

El proceso que va desde el intento de exterminio a la depredación sistemática de las clases medias se inicia tras la segunda guerra mundial. Mezcla de chantaje mediante la amenaza comunista y de hábil coartada moral manteniendo la especie de la intrínseca injusticia de la fórmula de liberalización económica denominada capitalismo. El socialismo, que nunca antes había sido democrático, salvo como posibilismo, se ofreció como legitimador ante al riesgo totalitario. Frente a las democracias populares, había de marcharse por la senda de las democracias sociales o socialdemocracias; frente a la depredación y el genocidio, la expoliación. Era preciso administrar dosis elevadas de intervencionismo, de coacción estatal, de violencia legal desde las instancias administrativas, penalizando la iniciativa y haciendo gravoso el ejercicio de la responsabilidad.

Había que mantener, para ello, a las clases medias amedrentadas. Frente a la evidencia, de los beneficios de la libre iniciativa, el socialismo se aprestó a sostener de continuo la ética superior del intervencionismo sobre la iniciativa personal, dañada de raíz por el afán de lucro, haciendo pervivir la vieja acusación comunista. El capitalismo era eficaz pero injusto o, como se ha repetido hasta la saciedad, era capaz de generar riqueza pero no de redistribuirla. El socialismo sostenía, de esa forma, una curiosa dicotomía, una absurda antinomia entre ética y eficacia, como si fuera posible una ética ineficiente, como si provocar miseria –es lo que han hecho siempre- fuera moral.

Las clases medias siempre han partido con un hándicap. No han tenido tiempo para disquisiciones retóricas. Se han dedicado a resolver problemas, no a crearlos. Han estado siempre demasiado ocupadas en trabajar, en sacar adelante sus familias, sus profesiones, sus negocios y sus sociedades. Al tiempo, han respetado las buenas intenciones de sus críticos. Han dado por supuestas, aunque no las entendieran, ni compartieran, sus proclamadas altas motivaciones, siempre erigiéndose en representantes y portavoces de los trabajadores, de los desheredados, de los pobres. La proverbial ingenuidad de las clases medias les ha hecho incapaces de sospechar que se trataba, lisa y llanamente, de vivir a su costa, de parasitarlas. Como ellos nunca han querido explotar a los demás, les ha parecido inconcebible que quisieran explotarles a ellos y, mucho menos, que para ello pudiera utilizarse la moral como subterfugio.

Además, los miembros de las clases medias, partidarios de la racionalidad y la ilustración, tendieron a respetar ese discurso hegemónico que, desde la catedocracia se aventaba de continuo, con el que se les acusaba de la responsabilidad de cuantos males sucedían en el mundo y de cuantas injusticias quedaban sin resolver. Al fin y al cabo, la idea más cara a la izquierda, la más originaria es que el burgués es, por definición asesinable, e incluso que el homicidio en masa formaba parte del sentido de la historia. Ahora los socialistas estaban dispuestos a acomodarse y a revestirse con los ropajes del perdonavidas.

El socialismo adquirió, de esa forma, las características de un peaje, una especie de indulgencia laica para, mediante la intervención estatal, tranquilizar las inquietas conciencias de las clases medias, cuyo afán de lucro continuaba siendo, por de pronto, un pecado original, en el que recaían de continuo. El comunismo se mantenía, además, como el fantasma amenazante.

Las democracias se infectaron de intervencionismo, de comunismo, como un salvoconducto. La libertad se trocó en concesión del Estado. La depredación se legalizó y se sistematizó. Leviatán creció sin tregua respetando los ritos democráticos, alimentándose de un humus de complejos de culpa esotéricos. Fueron nacionalizados sectores enteros fagocitados bajo el apelativo de estratégicos. La socialdemocracia se ofrecía como bálsamo, mas nunca abandonaba la nostalgia de la sentencia de muerte universal, para evitar que se apagaran las brasas del síndrome de Estocolmo colectivo. Cada partido mantenía, en los archivos, su programa máximo y en los congresos no dejaban de escucharse los sones de La Internacional a cuyos acordes se había conducido a las fosas comunes a los emprendedores miembros de las clases medias. De cuando en cuando, se nacionalizaba algún sector, incluso el crédito, para que no se olvidara que la propiedad privada era un mal, menor, necesario, pero mal al fin y al cabo, causa última de toda injusticia.

No hubo aspecto del programa comunista que dejara de ponerse en práctica: los impuestos se tornaron progresivos, penalizando el esfuerzo y desincentivando el trabajo, las fauces de Leviatán se cebaron en las herencias, castigando a los amorosos de sus vástagos y a los menos dilapidadores, se extendió el sector estatal en las industrias y se incidió en ese error, a pesar de sus inmediatos déficits, se estatalizó la enseñanza para inculcar en el alma de los niños la adoración al Estado y la legitimación del hurto organizado.

La evolución de «Pokemon» ZP
POR JAIME GONZÁLEZ ABC 17 Septiembre 2007

Reconozco que la frase me sedujo hasta el punto de convertirse en obsesión: «La cintura es la esencia de la democracia», dijo Zapatero con la soltura propia de quien lanza ideas al aire como si fueran pompas de jabón. Descifrar el código secreto del presidente, la razón última que le empuja a decir las cosas que sólo él es capaz de decir, resulta un ejercicio imposible, porque ni siquiera los más avezados teóricos de la semiótica moderna serían capaces de descodificar el proceso comunicativo de Zapatero, el sistema de signos verbales que hacen de este hombre único e irrepetible.

Los exégetas del presidente cometen el error de creer que lo que sale de su boca es una metáfora que hay que interpretar, sin reparar en que la verdadera metáfora es Zapatero, un individuo con un significado diferente del habitual, diga lo que diga. Interpretar el mensaje del presidente no es fácil, porque lo encripta con brochazos de barniz absurdo, una pegajosa tela de araña que te atrapa sin remedio. A Zapatero hay que darle distancia, huir del análisis, porque ha sido concebido para romper los esquemas mentales de la lógica. Aceptemos que «la cintura es la esencia de la democracia» como se acepta «pulpo como animal de compañía», sin más.

En tres años y medio, Zapatero ha pasado de considerar que la «nación es un concepto discutido y discutible» a convertir el Gobierno de España en marca publicitaria de un nuevo patriotismo diseñado como reclamo electoral. Es la teoría del «hula-hop»: agrandar la circunferencia del aro para que se ciña a la cintura, «esencia de la democracia», y hacer política con la pelvis en círculos de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, abarcándolo todo.

Si partimos de la idea de que el centro es como el punto G —del que todo el mundo habla pero pocos conocen sus coordenadas—, Zapatero habría cuadrado el círculo a golpes de cadera, que no es mala manera, y encontrado la piedra filosofal en ese espacio a mitad de camino entre lo que dice y lo que piensa. O sea, entre la boca y el ombligo.

El socialismo pretende acudir a la cita con las urnas disfrazado de Gobierno de España y la pregunta que se debe estar haciendo Mariano Rajoy es cómo desenmascarar al partido mutante, capaz de «evolucionar» —cambiar física y mentalmente— como Gloom, Poliwhril o Slowpoke, esa delantera de fuego de los «Pokemon» que perfectamente podrían encarnar, sin inmutarse, Zapatero, Blanco y Caldera. La estrategia del PSOE puede seducir por simple y, por simple, puede romperse la crisma, porque en el fondo, si se observa con detenimiento, el movimiento circular de Zapatero es tan previsible en su improvisación que su suerte en las elecciones generales dependerá, nada más y nada menos, de que el «hula-hop» anidado a la cintura del presidente tenga más holgura por la izquierda que por la derecha en el momento que los españoles acudan a las urnas. Algo así como la ruleta rusa, pero a caderazos.

La esperanza del PP
No todo está perdido. La esperanza del PP es que Zapatero se descoyunte con la danza del vientre. O dicho de otro modo: que de tanto ir de la izquierda a la derecha, y de la derecha a la izquierda, en busca del granero del medio, el aro se le caiga de la cintura, «esencia de la democracia», y se quede desnudo a dos pasos de la meta. Eso sería terrible para un hombre que, como los relojes de cuarzo, genera los impulsos necesarios a intervalos regulares, y siempre —claro está— por pura conveniencia.

Aunque bien mirado, sería el final más justo, porque nunca una muerte política reflejaría con tanta exactitud la vida pendular del personaje.

Navarra: el euskera viaja al sur
POR SEGUNDO SANZ. MADRID ABC

El Gobierno navarro niega un cambio de rumbo en política lingüística, pero la reciente creación del instituto del vascuence y su idea de extender esta lengua en la zona no vascófona han llevado incluso a los defensores más acérrimos del euskera a concebir tal significativo viraje. De hecho, el Gobierno vasco propuso la semana pasada al Ejecutivo de Miguel Sanz formar un «órgano común» permanente para «colaborar mutuamente» en el fomento del vascuence.

Sin embargo, el consejero navarro de Educación, Carlos Pérez-Nievas, tuvo que salir al paso de dicha oferta, que calificó de «provocación», para recoger velas y hablar de «intromisión en la Comunidad Foral». Aunque Pérez-Nievas ha considerado «inadmisible» la propuesta de Vitoria tanto en el fondo como en la forma, parece ser que al Gobierno navarro enojó más el modo en que se gestionó el asunto y los términos empleados que una supuesta búsqueda de puntos de encuentro en un futuro cercano.

Todo indica que la situación se ha quedado simplemente en un rifirrafe que ambos gobiernos tienen intención de subsanar. Tal es así que el propio Pérez-Nievas ha insistido varias veces en que su Ejecutivo -lejos del de anteriores legislaturas- «no ha cerrado ninguna puerta a colaborar» como ya lo ha hecho «sin problemas» en instituciones compartidas como «Euskaltzaindia», academia de estudios vascos.

Asimismo, el PSN, en este escenario de guiños con los regionalistas navarros tras distanciarse de los anexionistas vascos de Nafarroa Bai, también ha salido a escena para rechazar «toda ingerencia» en la actual «convivencia lingüística». Los socialistas navarros sostienen que no existe necesidad de someter la vigente Ley del Vascuence a «cambios sustanciales, más allá de las que el PSN propuso en su día en la ponencia parlamentaria sobre ajustes en la zona de la Comarca de Pamplona».

Implantar el «modelo D»
El estudio de la posibilidad de perpetrar esos «ajustes», siempre que la demanda de los vecinos continúe, ha sido la primera gran tarea encomendada al Instituto Navarro del Vascuence. Éste estudiará la implantación del «modelo D» de educación -enseñanza totalmente en euskera- en municipios de la comarca de Pamplona, que es una zona castellanohablante.

El Ejecutivo de Sanz ha justificado la medida aludiendo a un informe de 2006 encargado por el Parlamento navarro, según el cual el 70 por ciento de dicha comarca quiere ingresar en zona mixta. El mapa lingüístico de Navarra se divide en tres áreas: una vascófona que comprende el norte de la comunidad, una mixta -conviven el castellón y el euskera- situada en la franja meridional de la región, incluyendo la capital navarra, y una no vascófona que se extiende desde la comarca de Pamplona hasta los pueblos ribereños el sur. Esta última zona, en la que la lengua castellana es de uso absolutamente mayoritario. ocupa más de la mitad de la Comunidad Foral. Sin embargo, el Gobierno navarro apuesta ahora por la extensión del vascuence al sur, territorio donde apenas se usa.

Carta de Regina Otaola a los lectores de MinutoDigital
Redacción MinutoDigital 17 Septiembre 2007

El lunes pasado, durante 24 horas, nuestro periódico dispuso un formulario desde el que nuestos lectores enviaron su apoyo a Regina Otaola, alcaldesa de Litzarza. Cientos y cientos de lectores enviaron correos de apoyo a la valiente alcaldesa y a los populares vascos en general. Ahora es ella la que agradece las muestras de cariño enviadas desde nuestro periódico.

Gracias a todos.
Gracias por vuestro apoyo

Me gustaría poder responder a todos y cada uno de los mensajes de solidaridad que me han llegado por correo estos días, pero son tantos y algunos tan emocionantes que me resulta imposible contestarlos todos. Pero quiero agradecer profundamente, en mi nombre y en el de mis seis compañeros de la Corporación municipal de Lizarza -que me arropan y comparten conmigo el trabajo y, también, desgraciadamente, el acoso de los violentos en este pueblo guipuzcoano-, las muestras de afecto recibidas desde múltiples lugares de España.

Ya sabía yo, y lo sabemos todos los populares vascos, que lo que hacemos por la defensa de la Libertad y de la Nación española en el País Vasco no es un trabajo en vano, y que no estamos solos: las muestras de cariño y solidaridad que recibo a diario así lo confirman, y puedo asegurar que seguiré desde mi responsabilidad al frente del Ayuntamiento de Lizarza, junto a los otros seis concejales del PP, impulsando una auténtica acción por la Libertad en este municipio como el resto de mi compañeros de partido en el País Vasco.

Regina Otaola, alcaldesa de Lizarza

Un párroco a ETA: "Desde mi infancia mi patria es España"
 Periodista Digital 17 Septiembre 2007

El párroco del pueblo navarro de Mendavia, Domingo Urtasun, tras recibir una carta de ETA, ha publicado una carta abierta en Diario de Navarra. Urtasun sabe lo que es luchar con los sectarismos del poder gracias a su experiencia en Nicaragua durante 23 años (1974-97), periodo en el que vivió el ascenso y caída del sandinismo.

He recibido una carta sin remite y sin firma, a la que contesto públicamente, con la esperanza de que sea leída por los interesados.

Mi primera impresión fue de sorpresa. Pero después de releerla detenidamente no dudé en pensar que lo que tenía en mis manos era un panfleto del más rancio corte estalinista. Esto se desprende ya desde el primer párrafo que dice literalmente: «Nos dirigimos a Vd. porque venimos constatando su inhibición y escaso interés en la defensa de la Iglesia Vasca». ¿Desde cuándo existe la «iglesia vasca»? ¿Quién es el fundador de tal iglesia? ¿Quiénes son sus autoridades? ¿En qué lugar de Euskal Herría residen?... No alarguemos inútilmente este interrogatorio. Yo he sido bautizado en la Iglesia Católica, que tiene su origen y fundamento en Jesucristo. Mi Obispo y el Papa son mis autoridades. Y todos mis esfuerzos están orientados en esa dirección. Por otra parte, ¿quiénes son Uds. para pretender «obligarme a trabajar más activamente por una Euskal Herría libre, soberana e independiente», como afirman en su carta? Desde mi infancia aprendí que mi patria es España. En ella he crecido, en ella vivo y en ella espero morir, si Dios quiere. No estoy, en absoluto, por la labor de establecer nuevas fronteras, sino más bien por derribar muros y mugas que nos separen.

Tienen la desfachatez de señalarme algunas tareas, como por ejemplo: «poner nombres vascos a los que se bautizan». Señores míos, ¿de verdad que hablan en serio? ¿Estarían dispuestos a aceptar que el cura pusiera los nombres a sus hijos? No me lo puedo creer. Para darle consistencia a tan absurda proposición citan «el comportamiento ejemplar de muchos curas patriotas». Yo pensaba que este lenguaje obsoleto y arcaico, y este afán por promover «iglesias patriotas», sólo se daba en la extinta Unión Soviética y en los países de su órbita comunista, sin excluir la China de Mao Tse-Tung. Esto me suena a manual de Marxismo-Leninismo para principiantes.

Finalmente, su atrevimiento llega hasta «pedirme, también, el voto para H.B. ¡Qué más da cómo nos llamen los fascistas…!» Pues va a ser que no. Sería lo último que se me pudiera ocurrir. ¿Cómo voy a votar por quienes no son capaces de condenar la violencia que asesina indiscriminadamente, y no sienten ningún escrúpulo al profanar los humildes monumentos que el pueblo erige en recuerdo de las víctimas del terrorismo, como acaba de suceder en Berriozar con el monumento a Francisco Casanova, a quien me correspondió enterrar? Es como volver a asesinarlo de nuevo. De verdad que no me resulta ilusionante colaborar con sujetos de semejante catadura moral.

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