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Recortes de Prensa    Lunes 1 Octubre   2007

Zapatero y el ámbito vasco de decisión
EDITORIAL Libertad Digital 1 Octubre 2007

El referéndum convocado por Juan José Ibarretxe sobre la secesión del País Vasco es uno de los ataques más duros a la nación española de toda la democracia. Es evidente, incluso para el propio Gobierno Vasco, que la consulta es ilegal. Pero para los nacionalistas ello no supone ningún problema porque precisamente lo que quieren es disolver la legalidad vigente en aquella comunidad autónoma. No es ya que atenten contra la Constitución; la obvian.

El PNV, que siempre ha tenido una actitud ambivalente respecto de la legalidad, entiéndase ello del modo tan amplio como se desee, prefiere hablar del "derecho de decisión del pueblo vasco". Está claro que una consulta popular no puede disolver la nación española, pero recordemos que José Luis Rodríguez Zapatero reconoció ese "ámbito de decisión vasco", en una de sus cesiones a ETA durante su negociación del futuro de los españoles con la banda terrorista.

La reacción del Gobierno al envite nacionalista resulta de lo más significativo. El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, también obvia la legalidad, como lo hace el PNV. El Gobierno no quiere que el referéndum peneuvista se cruce en un juzgado con el Orden Jurídico, porque sería reconocido como lo que es: una propuesta absolutamente fuera de la ley.

El Gobierno, y su presidente silente, prefieren "la vía política", es decir, la componenda al margen de la ley, como ya hiciera cuando permitió que se debatiera el inconstitucional Plan Ibarretxe en el Congreso de los Diputados. Se coloca así también al margen, no nos engañemos, del sentir mayoritario de los españoles, que no concibe que se le otorgue a una parte de los españoles el derecho a erigirse en nación y que está, de forma abrumadora, del lado de la Ley en este asunto.

Siendo benevolentes, esta decisión del Gobierno correspondería a un doble cálculo: el de no enfadar en exceso a unos nacionalistas con los que podría necesitar pactar tras las próximas elecciones de marzo y el de aparentar que hace algo frente a su electorado. Pero para cualquiera que carezca de confianza en Zapatero y los suyos, esta posición muestra que, a pesar de la huera palabrería de dureza contra la ETA, a pesar de las acciones policiales contra la banda (provenientes en la mayoría de Francia), el presidente del Gobierno sigue amarrado a ETA y a la negociación. Zapatero no quiere que la silla de negociación se enfríe.

Proyecto de secesión
El referéndum de Zapatero
Isabel Durán Libertad Digital 1 Octubre 2007

El lehendakari vasco ha puesto fecha a la convocatoria de su referéndum ilegal, el 25 de octubre de 2008, es decir, dentro de un año y un puñado de días. A Juan José Ibarretxe sólo le queda una cuestión pendiente: "escuchar" a Zapatero, único anuncio realizado por el inquilino de La Moncloa tras el golpe totalitario proclamado por el jefe del Gobierno vasco.

¿Acaso alguien imaginaba que ZP iba a decir alguna otra cosa? Si así fuera, no sólo se habrá dado de bruces ante tal expectativa, sino que obviaría el meollo de la cuestión: que el auténtico mentor, promotor y avalista de semejante provocación no es Ibarretxe sino el propio José Luis Rodríguez Zapatero, aunque ahora le toque decir "no", primero filtrándolo a El País para posteriormente soltarlo de mitin en mitin.

Que nadie se engañe. A las 13:51 horas del jueves 29 de junio de 2006 fue el máximo responsable del Ejecutivo de la nación quien anunció desde un rincón del vestíbulo principal del Congreso de los Diputados, con toda la solemnidad de la que es capaz, que respetaría "las decisiones de los ciudadanos vascos que adopten libremente". Es decir, el presunto presidente de todos los españoles concedió ilegalmente el derecho de autodeterminación a los nacionalistas vascos. Y lo hizo mediante una declaración institucional cuyos términos habían sido pactados nada más y nada menos que con la banda terrorista ETA, la cual había anunciado el alto el fuego tres meses antes con la siguiente proclama: "La decisión que los ciudadanos y ciudadanas vascos adoptemos sobre nuestro futuro deberá ser respetada". Un mimetismo, el de Zapatero con ETA, que dejó en pañales al propio lehendakari.

La literalidad de las declaraciones, para la letra pequeña de la historia, nos lleva a retrotraernos a marzo de 2004, cuando Zapatero recababa apoyos para ser investido presidente. Y hete aquí que Josu Jon Imaz declaraba lo siguiente: "El referéndum en el País Vasco será la condición del PNV para apoyar la investidura de Zapatero." ¿Por qué, si no, iba a despenalizar ZP los referéndums ilegales tras lograr la presidencia gracias a los nacionalistas independentistas?

Que nadie se rasgue las vestiduras por el anuncio del lehendakari. La única cuestión dirimible como diferencia entre el referéndum de ZP y el anunciado por Ibarretxe y ETA es la misma aplicable al auto-defenestrado presidente de Sabin Etxea: que se produzca en ausencia de violencia. Zapatero es el garante del derecho a decidir de los vascos añorado por la banda terrorista y por los seguidores de Sabino Arana. Para él todo depende exclusivamente de las condiciones en que se desarrolle. Sin más.

Proyecto de secesión
Zapatero, el separatista
Agapito Maestre Libertad Digital 1 Octubre 2007

La nación española languidece entre las mentiras de Zapatero y las amenazas ilegales o terroristas de los separatistas. Zapatero está consiguiendo la fragmentación de España, pero culpamos a los separatistas. Hacemos mal, porque Zapatero no es tonto ni bueno. Zapatero tiene un proyecto de sección y lo está cumpliendo a rajatabla con medidas a favor de los nacionalistas o mintiendo, con negociaciones con ETA o utilizando la ley de los Presupuestos Generales del Estado a favor de unos ciudadanos contra otros en función de la región que habitan, diciendo hoy una cosa y mañana la contraria, pero siempre dejando claro que la España actual no le sirve para nada. Ayer, en el mitin de Galicia, le tocó mentir. Y por eso dijo que Ibarreche se equivoca de país, de continente y de siglo al plantear el referéndum de independencia.

Al contrario, como casi nadie pone ya pone en duda, Ibarreche sabe que no tendrá mejor ocasión que la actual para separarse de España. No hallará mejor aliado para sus planteamientos que Rodríguez Zapatero, quien aún no ha dicho que es menester cumplir la ley y, sobre todo, que el Gobierno la hará cumplir. No; Zapatero nunca hará mención a nada que tenga que ver con el ejercicio de ley por un lado, y con el uso de la violencia legítima contra los separatistas por otro. Si trata con los separatistas, ya sean terroristas o simplemente criminales de guante blanco, gentes de Herri Batasuna o del PNV, el presidente del Gobierno prefiere mantenerse en un terreno ambiguo y suave para generar más incertidumbre y crispación, más indeterminación y violencia, que pueda utilizarla a su antojo.

Podría, pues, parar en seco a Ibarreche, pero no quiere. No le da la real gana. Ni siquiera advierte al presidente de la comunidad autónoma vasca de que lo llevará al Tribunal Constitucional por convocar una consulta ilegal, o peor, a legal. Zapatero desobedece incluso las consignas que le lanza El País, su viejo "intelectual orgánico" y totalitario. Zapatero seguirá engañando a todos, incluidos a sus viejos socios de Prisa, que incluso le afean que nada más llegar al Gobierno derogase la norma del PP que consideraba un delito penal la convocatoria de referendos o consultas. Zapatero prefiere seguir colaborando aún más con los nacionalistas, sí, entregándoles la nación española para que lo dejen a él pastorear el pedazo más grande. O todo eso sigue así hasta las elecciones, viene a decir Zapatero, o hará reventar la situación en su provecho. En cualquier caso, su objetivo es dejar la nación como unos zorros para destrozarla y quedarse con la parte más grande del pastel.

Por tanto, nadie piense que Zapatero calla o usa el lenguaje de la ambigüedad contra los separatistas, porque él no controla el proceso secesionista. No, hombre, no; él también está en el proceso secesionista. Quizá se le escape algún extremo, o quizá algún listo quiera acelerar el desenlace, pero en lo fundamental él sí sabe por dónde van las cosas. Acaso sea el único que lo sepa. Vaya que sí lo sabe. Por este lado, pues, Ibarreche no se equivoca convocando el referéndum. Es una mentira de Zapatero, que seguramente pactó con Ibarreche, cuando éste le visitó en La Moncloa. Aquí nadie da puntadas sin hilo, excepto los que acusan a Zapatero de bobalicón y buenista. Pobres.

¿Qué decir por el lado del continente y del siglo? Pues que también miente conscientemente Zapatero. Ante un proceso secesionista, no me cabe la menor duda de que la Unión Europea guardará silencio y, al final, aceptará cualquiera que fuera el desenlace. Por otro lado, ninguna nación sensata de Europa, no digamos ya Estados Unidos, haría el más mínimo gesto de comprensión en el siglo XXI para detener la secesión de determinados territorios de una nación milenaria. Al contrario, algunos países, por ejemplo, Francia e Italia, saldrían favorecidos del nuevo nacionalismo del siglo XXI.

La España sin pulso que Ibarretxe ha puesto en evidencia
Jesús Cacho El Confidencial 1 Octubre 2007

La declaración de monseñor Ibarretxe, párroco mayor de la iglesia del nacionalismo vasco, anunciando fecha concreta para la celebración de un referéndum –ahora taimadamente disfrazado de consulta-, ha causado una profunda desazón en muchos estamentos de nuestra sociedad, por encima de ideologías y por encima, incluso, de partidos. Y no es que la proclama haya sorprendido con ninguna deslumbrante novedad, no, que lo dicho por el curita era sabido desde hace tiempo, sino porque no por mil veces imaginada la imagen de la bestia deja de infundir temor cuando se la presiente cercana y se le enfrenta sin plazos, aquí mismo, con la inminencia de lo tantas veces anunciado y por fin llegado.

España sin pulso. Los partidos nacionalistas, grandes beneficiarios –con la Corona, socialistas y conservadores- del diseño constitucional salido de la Transición, se han dedicado desde el 78 a socavar los cimientos del edificio que les dio acogida, ante la aparente indiferencia de los dos grandes partidos nacionales y la vista gorda de La Zarzuela, sólo preocupada por asuntos tan mundanos como la cuenta de resultados. El modelo ha derivado en una corrupción galopante cuyo síntoma más preocupante, más que la dineraria –evidente en los poderes financieros que se dedican a dar palmaditas en la espalda a ZP, mientras le susurran al oído eso de “lo estás haciendo muy bien, muy bien, muy bien...”-, es la corrupción moral de una sociedad de brazos caídos que contempla inerme, sin capacidad de respuesta, el avance del proceso disgregador, con los riesgos que ello conllevaba para la prosperidad económica y las libertades individuales y colectivas.

La Constitución del 78 hubiera necesitado, lo estaba pidiendo a gritos, un recauchutado a fondo, una vuelta de tuerca profunda y urgente en los años 90, después de los grandes escándalos de corrupción felipista. El señor Aznar creyó enterrar los demonios familiares históricos de los españoles con la prosperidad económica y las aventuras imperiales en el exterior, con los resultados que eran de prever. En el clásico movimiento pendular hispano, tras la soberbia de Aznar llegó a La Moncloa un caballerete que, dispuesto a unir en el bucle del tiempo la España de 2004 con la de 1936, se puso con gran entusiasmo al frente del batallón de derribos del Sistema.

La opción estratégica de Rodríguez Zapatero a favor de un proyecto hegemónico socialista (que implicaba arrinconar a la España que vota derecha, haciendo tabla rasa de la alternancia que ha sido norma desde la muerte de Franco) y a costa de la estabilidad del modelo territorial, le ha llevado a aliarse, de grado o por fuerza, con los enemigos de la España Constitucional, ergo con los enemigos de la unidad de España, cuyo apoyo ha debido pagar abriendo la puerta a una reforma constitucional subrepticia –nuevos Estatutos- y mirando hacia otro lado ante la creciente insolencia de unos nacionalismos acrecidos, cuyos desmanes intenta disimular manipulando el lenguaje, mediante el uso y abuso de la palabra huera (verbi gratia, la señora vicepresidenta, el sábado: la propuesta del lehendakari “mas que un desafío es un desvarío...”)

El proceso conduce a la inevitable separación a plazo fijo de al menos dos comunidades autónomas, Cataluña y País Vasco. Lo desgarrador del experimento Zapatero es que los plazos de esa ruptura –consecuencia lógica con un Gobierno central débil, que excita los apetitos separatistas- se han acortado de forma dramática. La quema de retratos del Monarca –para ser respetado, Señor, hay que darse primero a respetar todos los días del año, todos los años- es apenas un síntoma de un mal mucho más profundo: la quema de la identidad de la nación.

El intento de cambio del mapa territorial español ha venido unido a un cambio radical de alianzas en la política exterior y a la necesidad de ahormar una sociedad consentidora, sociedad dispuesta a dejar hacer, anestesiada por el bombardeo mediático de la filosofía igualitaria y el pacifismo bobo. El resultado es una sociedad moralmente desarmada, incapaz de movilizarse por otra cosa que no sea el hedonismo del dinero. Al explicar la derrota francesa tras la debacle de la famosa línea Maginot, Marc Bloch extrajo esta gran lección: “La extraña derrota de 1940 sólo fue posible por estar previamente derrotada la nación”. Dijo también algo terrible para la Francia pacifista y entreguista de entreguerras: “Ya preveíamos que un día la reacción alemana vendría. Sabíamos todo esto y sin embargo, por pereza, cobardemente, no hicimos nada”.

La tentación de buscar culpables para descargar sobre ellos la ira de tantos millones de españoles indignados con la situación es demasiado fuerte en estos momentos. Pero, ojo, los políticos no son peores que la sociedad que les ha elegido, y es ahora cuando seguramente resulte más necesario que nunca mantener la cabeza fría en busca de soluciones democráticas. España camina hacia un proceso de balcanización acelerada donde los perjudicados vamos a ser todos –excluidas esas élites locales sedientas de poder- por igual, andaluces, castellanos, catalanes, gallegos y vascos, porque todos seremos más pequeños y seguramente más pobres, más insignificantes en el horizonte de un mundo globalizado.

Y bien, ¿dónde está la fuerza colectiva necesaria, dónde la voluntad democrática de revertir la deriva emprendida y poner rumbo a futuro de paz y prosperidad para todos? Hasta el más lerdo de los españoles vislumbra hoy que la situación reclama un gran pacto entre los dos grandes partidos nacionales capaz de sentar las bases de una profunda reforma de la Constitución que devuelva al Estado algunos de los poderes y facultades que nunca debió perder –por ejemplo, en materia de Educación-, y fije los límites definitivos de la deriva autonómica. Y que la primera tarea del partido que gane las próximas elecciones, si en España quedara todavía un átomo de sensatez, debería consistir en convocar al día siguiente al partido perdedor para poner en marcha ese proceso constituyente, al final del cual habría tal vez que llamar a los españoles a consulta y, desde luego, efectuar nuevas elecciones.

Pero, ¿dónde están los líderes capaces de agarrar ese toro por los cuernos? ¿Está Mariano Rajoy a la altura que el reto reclama? De momento, el PP parece más preocupado por convertirse en un gran promotor inmobiliario, suprema insensatez en un partido dizque liberal, en caso de ganar las próximas generales, que en hincarle el diente a los acuciantes problemas que aquejan a la nación. Y ¿qué decir de la acera de enfrente? Es obvio que ese gran pacto nacional que reclaman tantos españoles se antoja imposible mientras al frente del Partido Socialista Obrero Español figure un tipo como José Luis Rodríguez Zapatero. De modo que hasta que el PSOE no sea capaz de librarse de tan lamentable personaje, lo tenemos crudo. Paciencia y a barajar.

Proyecto de secesión
El referéndum de Ibarretxe
Ramón Villota Coullaut Libertad Digital  1 Octubre 2007

Ha ocurrido algo que, con nuestra legislación en la mano, no puede tenerse en pie: Ibarretxe se lanza a proponer una consulta popular secesionista y hasta le pone fecha. A partir de ahí se abren varias vías jurídicas, pero lo principal es que la Constitución, en su artículo 2, dice que "la Constitución se fundamente en la indisoluble unidad de la Nación española", que en su artículo 1 afirma que "la soberanía nacional reside en el pueblo español" y que en su artículo 149.1.32 prescribe que entre las competencias exclusivas del Estado está la de "autorización para la convocatoria de consultas populares vía referéndum".

Dicho lo anterior, y teniendo en cuenta que una de las primeras medidas que el Gobierno ZP tomó fue la modificación del Código Penal para no sancionar penalmente a quienes convoquen un referéndum ilegal, por muy consultivo que sea, parece irreal que un Gobierno como el actual vaya a aplicar el artículo 155 de la Constitución, precepto según el cual podría, contando con la mayoría absoluta del Senado, tomar las medidas que estimase oportunas en defensa de la legalidad constitucional y del interés nacional. Por tanto, la única vía de actuación posible sería la de plantear un conflicto de competencias positivo entre el Gobierno Vasco y el Gobierno de España, un camino recogido por la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, puesto que la convocatoria del referéndum implica que las autoridades de una Comunidad Autónoma han usurpado una competencia estatal.

Presentado el correspondiente recurso, y hasta que el Tribunal Constitucional lo resuelva, quedaría suspendida de forma automática la resolución impugnada, es decir, la convocatoria del referéndum, sigue diciendo la ya citada Ley Orgánica del Tribunal Constitucional. Así, el famoso referéndum no debería tener más éxito que el llamado Plan Ibarretxe, ese engendro que llegó a debatirse en el Congreso cuando había medidos legales para impedir esa bochornosa circunstancia, a no ser que el Ejecutivo vasco decidiera ignorar la resolución del tribunal y seguir adelante y Zapatero no lo impidiera.

Pero lo importante de este anuncio de convocatoria de un referéndum secesionista no es tanto su eficacia práctica, nula si se aplican los resortes legales existentes, aun menguados por el propio Gobierno de Zapatero, si no que certifica que el nacionalismo presenta iniciativas cada vez más audaces, a sabiendas de que el Gobierno actual le va a responder de forma timorata. Porque la utilización del conflicto de competencias, y no la vía del artículo 155 de la Constitución en defensa de la Constitución y del interés general de España, no hace más que demostrar que la defensa de nuestra Nación se está haciendo sin utilizar en su integridad todos los resortes legales que tenemos a nuestro alcance.

Ramón de Villota Coullaut es abogado, puede contactar con él aquí rdevillota@telefonica.net

Los ataques a la monarquía
EDITORIAL Libertad Digital 1 Octubre 2007

Posiblemente, el mejor arma con que cuentan los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos, aparte de Zapatero, sea el hastío que provocan sus invectivas, sus insultos, sus insensateces, sus invenciones a costa de la historia o sus intentos frecuentemente exitosos de imponer medidas totalitarias en materia lingüística y cultural entre las personas de bien. Ese cansancio que termina por provocar que algunos acaben gritando un "¡Que se marchen!" como si fuera la solución y no la victoria de quienes aborrecen tanto a España como a la libertad.

Así, cuando se suma a una provocación otra provocación aún mayor, lo peor que se puede hacer es abandonar a quienes siguen luchando para evitar que sus regiones caminen aún más lejos en la ruta que les lleva lejos de España y de la libertad, que desde hace ya mucho se han convertido en la misma cosa en este país. No se puede renunciar a defender la ley frente a la jauría, ni se puede abandonar la lucha de las ideas por acomodos y ambiciones políticas.

Una de las maneras más sutiles y más sencillas de abandonar esa pelea es desviar el foco de atención, como ha sucedido en estos días de quema masiva de retratos de los Reyes. Cuando un acto contra la Corona, por ser la de España, se equipara a las opiniones de quienes defienden su país de aquellos que, incluso desde las más altas instancias, ayudan con su inacción a quienes lo atacan, lo único que se está haciendo es rebajar la importancia de las amenazas reales. Flaco favor hacen así a los Reyes quienes tanto alardean de monárquicos, porque sólo tiene sentido la monarquía si existe una Nación sobre la que reinar. Y es la lucha por la subsistencia de esa Nación la que abandonan. Esperemos que sólo sea por cansancio, y no por mezquindad o pura y llana complicidad.

A propósito de la República
Pablo Sebastián Estrella Digital 1 Octubre 2007

Aprovechando que sectores radicales del nacionalismo, con la vista gorda o la complicidad de los gobiernos de Cataluña y del País Vasco y la sonrisa complaciente de Zapatero, se dedican a quemar fotos del Rey y jalear la República, desde el Partido Popular se ha lanzado una ofensiva contra todo lo que significa o acerca al ideal republicano, presentándolo como ejemplo flagrante de inestabilidad y caos, cuando no ligándolo a la Guerra Civil que pretende desenterrar, de manera irresponsable, Zapatero, en medio de este desconcierto general por el que atraviesa la vida política española, ante la ausencia de liderazgo (en el PSOE y en el PP) y de un proyecto político capaz de encauzar el obligado paso de la transición a la democracia.

No existe un republicano que se precie de serlo al que se pueda identificar con los agitadores antimonárquicos que queman fotos del Rey o la bandera de España, bajo la protección de los dirigentes nacionalistas y con el visto bueno de Zapatero, que ha jugado a este caótico disparate desde que llegó al palacio de la Moncloa. Porque si España fuera una República, un personaje como Zapatero nunca habría llegado a la jefatura del poder ejecutivo, ni a cosa parecida. Y los nacionalistas no tendrían el poder y la influencia que hoy tienen en el Estado, ni estaría en vigor el Estatuto vasco mientras están bajo amenaza los políticos de la oposición o bajo chantaje los empresarios, tal y como ocurre ahora. Ni el idioma español sería perseguido en Cataluña o en el País Vasco. Ni los jueces y fiscales serían nombrados por los partidos de la izquierda y la derecha. Ni existiría semejante Ley Electoral que prima a los nacionalistas en menoscabo del interés nacional y la solidaridad entre las regiones y los pueblos de España.

El ideal de la República coincide con el ideal de la democracia y las cotas más altas de libertad, que son precisamente los pilares que niegan los hoy más que sectarios partidos nacionalistas, con los que han gobernado el PSOE y el PP, pagando en dinero y en entregas a plazos de soberanía sus apoyos parlamentarios y aceptando —como lo hicieron Aznar y González—, por ejemplo, la persecución del idioma español en Cataluña y País Vasco y el acoso a los ciudadanos no nacionalistas, como sigue ocurriendo ahora con Zapatero. O acatando, como han hecho PSOE y PP, la injerencia de la Iglesia católica en la política y la educación, confundiendo el respeto a la libertad religiosa y a la tradición.

¿Qué tiene todo eso que ver con el ideal republicano? Todo lo que ocurre en este país, en la indiscutible nación española, tiene que ver sobre todo con el agotamiento del régimen partitocrático de la transición que, o pasa de una vez hacia la democracia o se irá pudriendo y causando destrozos como los que vemos un día sí y otro no, a manos de unos profesionales más que mediocres de la política, soportados y amparados por una gigantesca cama redonda de intereses económicos y financieros, entremezclados con el poder político y los medios de comunicación.

Otra cosa es que la cerilla que encendió la mecha que quema las fotos del Rey —el ridículo secuestro de la revista El Jueves, cuyo inductor aún no se conoce—, y que la bronca entre los nacionalistas y Zapatero por un lado o con el PP por otro, acaben por provocar un revuelo nacional en torno a la opción republicana, como alternativa al régimen monárquico que nació de los pactos de la transición, y en cuyo despegue se evitó, por miedo al poder militar del posfranquismo, la consulta o el referéndum sobre la forma del Estado, y en su lugar se aprobó por aclamación una Constitución pactista entre postfranquistas y demócratas y redactada en secreto.

Aquí, lo que está en el origen del presente desvarío español no es el debate entre monarquía o república, sino entre democracia o partitocracia, y se corre el riesgo de que se pase al escalón superior del debate republicano, como pretenden hacerlo los nacionalistas con ayuda de ciertos sectores de la izquierda (como IU), sin que previamente se hayan definido los límites del juego democrático, que en la España actual brilla por su ausencia y que, por ello, la demasiado larga transición sin transformación democrática nos ha enseñado ya sus riesgos y defectos a lo largo de estos años. Los que sin lugar a dudas favorecen un régimen político como el vigente español, en el que la no representatividad política de los españoles (por causa de un mala ley electoral) y la acumulación de los poderes del Estado han puesto sobre la piel de toro de España no pocos desafíos. Desde el golpe de Estado del 23F hasta la corrupción, el crimen de Estado, las guerras ilegales como la de Iraq, el desprecio a la nación, el caos territorial y ahora a la monarquía.

Pero nada de esto tiene que ver, ni es responsabilidad, con el ideal de la República, sino que parte del régimen monárquico de la transición, donde desde su inicio se dio a los nacionalistas —además de inventar el caótico Estado de las 17 Autonomías que niega, de por sí, al Estado vaciándolo de competencias— un protagonismo desmesurado que nadie se atreve hoy a reconducir en beneficio de la nación española, de la democracia y de la libertad.

Despido de Catalunya Ràdio
El caso Rossi
José García Domínguez Libertad Digital 1 Octubre 2007

Siendo ella misma una profesional del relato breve, eso que comúnmente suele llamarse cuento, estoy seguro de que Cristina Peri Rossi conoce bien cierta narración de Cesare Pavese. Aquella en la que sostenía que el fascio redentor comenzó a ganar de verdad la partida en el interior de un viejo vagón destartalado que atravesaba la Italia profunda. Era verano y hacía un calor asfixiante. Los pasajeros, agotados, trataban inútilmente de dormir. Todos chorreaban sudor, agolpados unos contra otros. El traqueteo desacompasado del convoy, los incómodos asientos de madera, el humo de la chimenea, el ruido infernal, se aliaban para hacer más insufrible la lentitud de aquella carraca.

De repente, un camisa negra se puso en pie y dio en vociferar. Berreaba sandeces sobre el pueblo, la lengua y la patria. Aquel hombrecillo se iba excitando cada vez más. El tipo parecía incansable. Y lo era. No obstante, las lerdas estupideces que mascullaba sin parar podrían haber sido refutadas y ridiculizadas por muchos de los que viajaban a su lado. Sin embargo, ninguno tuvo el valor de hacerlo. Todos permanecieron callados durante la travesía: les pudo la fatiga, el sopor, la pereza y, por qué ocultarlo, también el miedo a meterse en líos. Así, el hombrín grotesco y fanático continuó parloteando y parloteando sin que nadie le replicase, hasta que el tren llegó a su destino. Concluía Pavese que, justo seis meses después de aquella travesía, empezó la Marcha sobre Roma.

La señora Rossi gozó durante años de un privilegio al que muy pocos acceden: unos potentes micrófonos desde los que pudo haber alertado a sus conciudadanos sobre el acelerado deterioro que sufren las libertades civiles en Cataluña. Pudo mas no quiso. Así, mientras le reservaron su cómodo asiento en el vagón de primera, la señora Rossi, obediente y agradecida, mantuvo la boca cerrada. Hoy, circula por ahí un airado manifiesto en el que otros ilustres muditos del establishment cultural catalán se rasgan las vestiduras porque "la escritora Cristina Peri Rossi ha sido despedida de Catalunya Ràdio por hablar en castellano". Nada más lejos de la realidad. La señora Rossi jamás de los jamases habló en castellano desde los estudios de Catalunya Ràdio. Al revés, el servicio profesional que ella prestaba allí consistía en lo contrario: callaba en castellano. Por lo demás, era un trato justo: ella callaba y ellos le pagaban.

Si ahora la han echado es, simplemente, porque silencios como el suyo ya tienen muy poco valor de cambio en el mercado. ¿A qué viene, pues, tanto escándalo y tanta lágrima de cocodrilo? Señora Rossi, hágame caso, sáquese el nivel C y permanezca calladita, igual que hiciera durante los últimos treinta años. Ya verá cómo, al final, se apiadan de usted y antes del plebiscito de 2014 le regalan un abono para el AVE.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Occidente e Irán
Dudas antes de la batalla
GEES Libertad Digital 1 Octubre 2007

Una serie de acontecimientos han puesto de nuevo sobre la mesa la cuestión iraní en términos que han llevado a muchos periodistas a considerar que el inicio de las hostilidades podría estar más próximo de lo que se venía considerando hasta la fecha. Las declaraciones de las máximas autoridades del gobierno francés, exigiendo nuevas sanciones económicas y avisando de los riesgos de guerra, destacaron tanto por el relativo giro de su posición como, sobre todo, por hacer franca referencia a la posibilidad del uso de la fuerza. El paso del presidente Ahmadineyad por Nueva York ha puesto de manifiesto hasta qué punto el ala izquierda del Partido Demócrata se encuentra con una fuerte resistencia a la mera política de diálogo y contención. La senadora Clinton, segura de su liderazgo, ha vuelto a asumir posiciones enérgicas en el tratamiento de esta crisis, sin descartar el uso de la fuerza.

Sin embargo, y a pesar de que las cascadas de centrifugadoras no dejan de crecer, no se perciben señales claras de que el presidente Bush esté considerando un ataque inmediato. Por el contrario, la situación de Irak parece absorberle casi completamente y actúa como si hubiera asumido que la resolución de la crisis de Irán corresponderá a su sucesor.

Las declaraciones del almirante Fallon, comandante del Mando Central –primer responsable de las operaciones en Iraq, Afganistán y, en su caso, Irán– sobre el desagrado con el que seguía las continuas referencias a una inminente crisis militar con Irán son difícilmente imaginables si tuviera instrucciones precisas del presidente Bush para actuar. Bien al contrario, parecen reflejar la angustia de un mando regional que no dispone de hombres suficientes para lograr los objetivos fijados para Irak y Afganistán y que teme, con fundamento, que un ataque a Irán pudiese agravar la situación en esos dos países, además de abrir otras crisis como Líbano y Pakistán.

Es evidente que estos mismos considerandos están presentes en la Casa Blanca. En Washington son conscientes de que ya no disponen de una posición de fuerza y que tienen que ir poco a poco, paso a paso, para lograr derrotar al yihadismo. La opción diplomática está abierta con la pretensión de imponer sanciones lo suficientemente dolorosas como para forzar un cambio en la dirección política iraní, con el telón de fondo de la inevitable sucesión del ayatola Jamenei.

Al almirante Fallon se ha sumado recientemente otra destacada figura de la milicia norteamericana, el general Abizaid, antiguo comandante del Mando Central y una voz respetada en asuntos de Oriente Medio. Abizaid ha afirmado que, siendo una catástrofe el acceso de Irán al club nuclear, la situación podría reconducirse sin necesidad de hacer uso de la fuerza, sólo por medio de la disuasión nuclear. De nuevo nos encontramos implícitos los mismos considerandos que en las palabras del almirante Fallon –capacidad militar limitada y miedo a la respuesta iraní sobre la estabilidad de la región– junto con nuevos elementos.

En primer lugar, Abizaid cree que el régimen de Teherán es lo suficientemente realista como para evitar un ataque que implicaría a la postre la destrucción de Irán. Esto, se mire como se mire, es un acto de fe. No es propio de dirigentes, sean políticos, militares o empresariales, recurrir a la fe sino a la razón. Y no hay ninguna razón para afirmar que Ahmadineyad no vaya a cumplir su palabra lanzando un ataque contra Israel para erradicar a este país del mapa. Este tipo de afirmaciones recuerdan demasiado a Neville Chamberlain como para no preocuparse.

En segundo lugar, Abizaid sabe perfectamente que el programa nuclear iraní quebrará el régimen de no proliferación y desatará nuevos programas nucleares. Esto, que es un problema, para algunos estrategas puede ser una solución. Una vez reconocido el fin del régimen, cosa que muchos dan por descontado, se trata de saber navegar en las nuevas aguas. Si Irán asusta a sus vecinos se abre a los norteamericanos una extraordinaria ventana de oportunidad: comprometerse a darles cobertura de seguridad, como hicieron con los europeos durante la Guerra Fría. Una cobertura que reforzaría su influencia regional.

Sin embargo, el solo hecho de que, a pesar de las amenazas de norteamericanos y europeos, Irán acceda al armamento nuclear tendrá unas consecuencias tan graves sobre la política internacional de nuestros días que sería insensato permitirlo. Ni se puede confiar en la fe ni en sofisticadas maniobras diplomáticas, más aún en una región donde los gobiernos a proteger son los que con su fanatismo, incompetencia y corrupción alimentan el auge del islamismo. Renunciar a destruir las principales instalaciones del programa nuclear iraní y a mantener el régimen de no proliferación sería demasiado costoso para las próximas generaciones.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Consenso o emergencia
IGNACIO CAMACHO ABC 1 Octubre 2007

LA dialéctica decisiva de la política española en los últimos treinta años ha sido el pulso entre los nacionalismos y un Estado articulado políticamente en torno al consenso de los dos grandes partidos con capacidad de gobierno. Mal que bien, esa tensión se pudo sobrellevar mientras hubo margen constitucional para la negociación de competencias, estirando el modelo autonómico hacia un marco cuasifederal, pero al agotarse esa vía se ha llegado a un momento de crisis de fragmentación cuyo siguiente paso sólo puede consistir en un tirón de las riendas o un salto hacia el vacío del confederalismo. El problema añadido consiste en que la etapa zapaterista ha quebrado los consensos nacionales básicos, de manera que ahora no estamos ante dos bloques sino ante tres: los soberanistas, ansiosos de un salto cualitativo; los constitucionalistas, representados por el PP, y un ambiguo proyecto encarnado por el presidente Zapatero que se sitúa formal o retóricamente con la Constitución mientras busca espacios intermedios de entendimiento con los fragmentaristas, con la mirada puesta en el aislamiento del centro-derecha.

Ese camino hacia el que apunta el Gobierno sólo conduce a una crisis más profunda, que se hará patente cuando los secesionistas se sitúen en un punto de tensión insostenible cuya inflexión puede ser el referéndum-parodia de Ibarretxe. Si ese momento llega sin que se reconstruyan los acuerdos fundamentales, la situación amenazará con volverse ciertamente crítica, al borde de la emergencia, porque si algo tiene demostrado Zapatero es que no sabe sobreponerse a los escenarios de máxima gravedad. Y los nacionalistas le tienen tomada la medida; nada les beneficia más que el alejamiento entre el PP y el PSOE en materia del concepto del Estado.

Hoy por hoy, la única hipótesis viable para hacer frente a un reto soberanista de gran escala es la vuelta al entendimiento de un modelo nacional común respaldado por el ochenta por ciento de los ciudadanos españoles y capaz de respuestas a la altura de las circunstancias. Desgraciadamente, se trata de una hipótesis utópica en el actual estado de cosas y relaciones, que sólo puede recomponerse a partir de un cambio sustancial en el equilibrio de poder. Sea quien sea el ganador de las elecciones de marzo, su primera prioridad debería ser el restablecimiento de ese consenso aprovechando la previsible liquidación política del dirigente perdedor, pero es bastante más plausible que eso pueda ocurrir sin Zapatero que sin Rajoy, porque si el presidente renueva se sentirá tentado a proseguir en su deriva aventurerista. Por el contrario, si vence Rajoy acaso le sea más fácil tender puentes a un PSOE en renovación de liderazgo, escarmentado por la experiencia, que buscar con los nacionalistas alianzas circunstanciales que sólo podrían, en el mejor de los casos, dilatar el problema de fondo. Lo que está claro es que la respuesta al gran órdago soberanista no se va a poder cimentar en mayorías precarias, ni siquiera absolutas: hace falta un pacto transversal que devuelva la cohesión a un Estado bajo amenaza.

Rosa Díez, entre el miedo de Zapatero y el domador del tiempo
PABLO SEBASTIÁN ABC 1 Octubre 2007

EL presidente Zapatero está recogiendo las tempestades que sembró a lo largo de la legislatura y ahora, perdida la sonrisa como cuando le estalló la bomba de ETA en Barajas, su semblante transmite desconcierto y temor. Se vio en Moscú, adonde Zapatero fue a buscar una foto con Putin para tapar el desaire de Bush, pero al revelarla apareció acompañado de Ibarretxe y su calculado desafío al Estado, que reitera aires de fanfarrón diciendo que «no le temblará el pulso» al convocar la consulta para la autodeterminación del País Vasco.

Zapatero, pide serenidad y anuncia que recibirá al lendakari para oírle y explicarle que el referéndum es ilegal. El presidente está asustado y quiere tranquilizar a Ibarretxe para que no revele el acta de los pactos políticos hallados en el santuario de Loyola entre PSOE, PNV y Batasuna. Los que están en el origen del desafío de Ibarretxe y explican su discurso cuando pregunta: ¿por qué hay que esperar al fin de ETA para avanzar camino de la independencia vasca? O dicho de otra manera: ¿por qué Zapatero no concede al PNV lo que estaba dispuesto a dar a ETA? Y en esa línea, de quitarle hierro al hierro, la vicepresidenta De la Vega intenta reducir el desafío a desvarío, Rubalcaba habla de campaña electoral del lendakari y Zapatero busca un titular que distraiga a la opinión pública diciendo que Ibarretxe se equivocó de siglo, continente y de país, que es, precisamente, lo que le ha ocurrido a él desde que llegó al Palacio de la Moncloa.

El presidente no sabe qué hacer ante el cúmulo de turbulencias políticas y económicas, y desconoce el posible impacto electoral de todo esto, a lo que se añaden los ataques a la Corona que fomenta el Gobierno tripartito de la Generalitat, y que Montilla dice que sólo dañan a Cataluña y no al Estado, después de no condenar la quema de las fotos del Rey y haber consentido la enmienda de la Entesa (PSC, ERC, IU) en el Senado en contra del mando de las Fuerzas Armadas que la Constitución otorga al Monarca (¿dónde está el «capitán» José Bono, que se decía dispuesto a inmolarse por España?).

Una campaña contra el Rey que iniciaron los sectores más radicales del nacionalismo para imputar a la Corona -visto el éxito mediático de la agresión- el incumplimiento por Zapatero de su reforma confederal del Estado y que, de no amainar o no quedar reducida al ámbito del simple espectáculo mediático y político, corre el riesgo de llegar, como plebiscito o test, a las próximas elecciones generales. Lo que por una parte teme el PSOE, porque conoce el prestigio de la Monarquía, y por otra preocupa al PP porque podría abrirse en serio el debate sobre la República. Algo que se intentó evitar cuando se planteó la reforma constitucional sobre el derecho de la mujer en la sucesión al trono tras el nacimiento de la Infanta Leonor.
Estamos asistiendo a un sorprendente espectáculo que se desarrolla en un circo de tres pistas (nacionalismos y debate territorial, crisis económica y ataques a la Monarquía) en el que el líder del PP, Mariano Rajoy, se nos presenta como el domador de los tiempos con su discurso de la obviedad, para decirles a Ibarretxe y a Zapatero que hay que cumplir la ley, pero sin oponerse de una manera tajante al encuentro de ambos y bajo chantaje en La Moncloa; o sin recordar -como habría hecho Aznar, de quien muchos en el PP dicen que ganaría estas elecciones- que, en caso de que el lendakari convoque el referéndum, se podría suspender el Estatuto vasco.

Rajoy nos habla del sentido común, afirma que hay que ser serios, que hará un Gobierno «como Dios manda» y asegura que defiende España mejor que Zapatero. Pero de liderazgo, contundencia y candidatos de prestigio y con la credibilidad necesaria para transmitir ilusión y firmeza, poca cosa. Estas cualidades se aprecian con más nitidez en la nueva oferta electoral de UPD, el partido que lidera Rosa Díez, que preocupa al PSOE y al PP, y que ha presentado con novedad y acierto un equipo de prestigiosos personajes de la cultura y la política como Savater, Vargas Llosa, Ibarrola, Boadella y Buesa, camino de un pacto con Ciudadanos, y que ya veremos la acogida que recibe y si consigue traspasar el férreo muro audiovisual que protege a Zapatero y que apenas consigue sortear el PP.

El domador del tiempo no tiene prisas, ni quien le escriba un discurso, ni nombres que enseñar -ahí tiene a Manuel Pizarro con su impresionante prestigio y su reconocido valor tras la batalla de Endesa-, y todo queda aplazado al mes de enero, fecha en la que anunciará las listas electorales que más «le convengan a él», según su temeraria confesión, dejando que otros, como Rosa Díez le tomen la delantera, abanderen la bandera y se presenten con propuestas como la reforma electoral y la recuperación por el Estado de la competencia de Educación.

En el Partido Popular confían más en la capacidad de autodestrucción de Zapatero que en sus propios recursos. Creen que los 1.700.000 votos de las candidaturas independientes de las pasadas elecciones municipales les favorecerán, y están convencidos de que el poderoso suelo electoral del PSOE en Cataluña y Andalucía se abrirá como una sima a los pies del atribulado Zapatero si ETA, siguiendo su vieja estrategia de «cuanto peor, mejor», decide atacar.

Almas gemelas en competencia
HERMANN TERTSCH ABC 1 Octubre 2007

Alguna vez hemos hablado aquí de lo mucho que se parecen el presidente Rodríguez Zapatero y los hermanos polacos Lech y Jaroslaw Kaczynski, tanto en su forma sectaria e intrigante de gobernar como en sus resultados de dinamitación de los consensos básicos nacionales, exaltación de la revancha, ruptura del tejido social y utilización del poder, las leyes y los presupuestos en contra de los compatriotas críticos hacia ellos. Si en todo esto, Zapatero y los Kaczynski -cayó en la cuenta después el «Wall Street Journal»- se parecen como tres gotas de agua, lo cierto es que el presidente socialista tiene también un espíritu gemelo en el lendakari, Juan José Ibarretxe, que tiene muchos planes -anticonstitucionales, ilegales e imposibles- y se enfada terriblemente cuando se le sugiere que sus despropósitos se topan con todas las leyes, incluidas probablemente las de la físicas. El espíritu común desarrollado en estos últimos años por socialistas, nacionalistas y antorcheros antisistema, queda así plasmado en estos dos jóvenes políticos tan emprendedores y aseados de aspecto como poco pulcros en el trato de las leyes, el respeto y el sentido común.

Es cierto que, ante cualquier crítica, oposición, incomprensión o estupefacción hacia sus respectivos planes históricos de conquista obligada de la felicidad, Zapatero tiende más al insulto e Ibarretxe a la impostura plañidera, como demostró ayer una vez más en la campa de Foronda. Esto quizás se deba a que Zapatero no ha tenido jamás un trato social o profesional fuera de su partido mientras Ibarretxe ha podido pulir sus maneras en una carrera profesional tecnocrática en la que siempre queda mejor el lamento que el insulto. Sea como fuere, lo cierto es que el Juan José que ayer advertía que «no le temblaría el pulso» parecía ansioso por imitar al José Luis cuando anuncia que será «implacable». Y al advertir que intentará «honestamente, con todas las energías» llegar a ese acuerdo que consiste en que los demás se avengan a sus planes, parecía tener ensayado al Zapatero al que le salen «de las entrañas» los deseos de llegar a acuerdos con los terroristas. Si Zapatero nunca dejará «los esfuerzos por lograr la paz», Ibarretxe impresionaba ayer al auditorio con un «no nos quedaremos parados». ¿Qué hay de «ilegal» en «preguntar a la sociedad, en solicitar a la sociedad que nos abra la puerta para iniciar un camino»?, se preguntó a su vez el lendakari. «¿De qué sirve el autogobierno, de qué sirve ser lehendakari de este país si no puedo preguntar a los hombres y mujeres qué pensáis acerca de las cosas, de qué sirve»? Aquí sí le pudo un poco la tendencia llorona. Zapatero habría dicho que la democracia avanzada consiste en que mujeres y hombres (por este orden) logren sus aspiraciones sea como sea.

No obstante, ha manifestado que no se pueden «quedar parados si las cosas no salen» como quieren. En este sentido, se preguntó «qué hay de "ilegal" en preguntar a la sociedad que nos abra la puerta para iniciar un camino. De qué sirve el autogobierno, de qué sirve ser lehendakari de este país si no puedo preguntar a los hombres y mujeres qué pensáis acerca de las cosas, de qué sirve».

Convengamos en que tiene razón Ibarretxe en que, si el 34% de los catalanes que ratificó el estatuto es la sociedad a la que Zapatero prometió decidir al margen de la nación española, el algo más del 38% de los vascos que votó al tripartito vasco es un montonazo.

Aunque haya que decirle también al lendakari que para impresionar le hará falta algo más que el «picnic» de Foronda, nada espectacular. ¿Quizás un apoyo de ETA más contundente que la revista Zutabe con elogios al retorno a las esencias? No daremos ideas. También le hará falta que el gemelo muñidor gane las elecciones y vuelva con sus infinitas ansias de paz a coordinar con todas las fuerzas de Lizarra un suave y moderno programa cultural y político contra todo lo que signifique España en el País Vasco como ya sucede en Cataluña, una vez liquidadas las instituciones. Porque como amenaza a las instituciones democráticas fundadas en la Constitución, Ibarretxe tenía que organizar este akelarre de la convocatoria del referéndum para estar a la altura y competir con su gemelo de León.

«Yo soy Bea», retrato de España
JAIME GONZÁLEZ ABC 1 Octubre 2007

Lo más coherente de esta legislatura caótica es su final, que es de una lógica aplastante. Desarrollo, nudo y desenlace. Porque la previsibilidad del Gobierno socialista resulta tan irritante como el guión de estos tres años y medio. Bastaba con los primeros capítulos para imaginarse lo que iba a suceder, como en «Yo soy Bea», que algún día será guapa y novia de don Álvaro, pase lo que pase. Para telenovela por entregas «Yo soy Zapatero», la serie de sobremesa más celebrada por el nacionalismo, con «shares» del 35 por ciento en Cataluña y el País Vasco. Permanezcan atentos, porque hace casi cuatro años Zapatero dibujó España en un papel, y casi cuatro años después la España de Zapatero se parece mucho a él.
«Se acabó el acordeón, que suene la corneta», parece ser la consigna nacionalista en la recta final de su legislatura más próspera. Los más osados parecen tenerlo claro: «Ahora o nunca», porque ya no se trata de tensar, sino de acortar de cuajo los plazos del horizonte y gritar ¡tierra a la vista! Más madera y leña al fuego —retratos del Rey incluidos— para alborozo de esa «Asociación Nerón» que a golpe de lira atiza las llamas del incendio.

Política de tierra quemada a seis meses de las urnas para que la situación no tenga vuelta atrás. El «Estado irreversible». Semestre crucial, con un Gobierno en campaña vendiendo dosis de dormidera a granel. Anestesia general para tiempos de crisis. Porque gane quien gane en marzo, el gran vencedor es el nacionalismo, que ha conseguido que sea el propio Estado quien «constitucionalice» sus reivindicaciones sin tocar una coma de la Constitución, y antes de que se pronuncie el TC. El Estado contra el Estado. La cuadratura del círculo soberanista.

Pirómanos
Era tan claro que la banda sonora de la legislatura iba a acabar con tambores y cornetas que no hacía falta subir la música. Berrean, se nota en el ambiente que nos acercamos al final, porque los Coros y Danzas han salido a escena a hacerle el eco a las juventudes de Carod, lo que subraya el papel integrador de la Corona y su superioridad frente a la unión de pirómanos de distinta condición.

Quién lo iba a decir: los extremos gastan la misma marca de cerillas, que eso sí que no estaba previsto, aunque a lo mejor hacía falta que brotara esta extraña comunión de intereses para colocarlos definitivamente en su sitio.

Carnaza para engordar la audiencia, y Zapatero a lo suyo, que no me sorprendería que el lema del siguiente anuncio fuera «Todos contra el fuego. Gobierno de España». Cosas más raras se han visto. La telenovela avanza al ritmo que marcan los guionistas, según las circunstancias. Si un nacionalista se pasa de frenada o se le va la mano, la factoría de ideas de Moncloa salva a Zapatero de la quema colocándole vestido de bombero por encima del edificio en llamas, mientras abajo la gente se arremolina y corre despavorida buscando la salida.

Y la audiencia traga; será porque el uniforme impone o porque el guión ha convertido al presidente del Gobierno en ignífugo. Cuando la cosa se pone calentita, Zapatero —no me pregunten cómo— siempre conserva el pellejo, tal vez porque no sea tan malo, o porque no sea cierto que siempre ganan los buenos. O tal vez, porque, entre unos y otros, se lo están poniendo a huevo. Ya ven: vamos por el capítulo 289 y aquí —aunque pasen muchas cosas— nunca pasa nada. Igualito que en «Yo soy Bea», que les tiene entretenidos a la espera de que hermosee la fea. Que ya viendo siendo hora, caramba.

«Se acabó el acordeón, que suene la corneta», parece ser la consigna nacionalista en la recta final de su legislatura más próspera. Los más osados parecen tenerlo claro: «Ahora o nunca», porque ya no se trata de tensar, sino de acortar de cuajo los plazos del horizonte y gritar ¡tierra a la vista! Más madera y leña al fuego —retratos del Rey incluidos— para alborozo de esa «Asociación Nerón» que a golpe de lira atiza las llamas del incendio.

Ofensiva separatista contra España provocada por Zapatero
Redacción MinutoDigital 1 Octubre 2007

Sí ya sabemos que el referéndum que plantea Ibarreche es inconstitucional y contrario a la legalidad vigente. También sabemos de sobra que las leyes deben respetarse, pero resulta que la Ley de banderas no se cumple y la Ley de partidos tampoco. Por eso cuando escuchamos a la Vicepresidenta De la Vega, decir que “las reglas que marca el Estado de Derecho no son normas que puedan saltarse a la torera”, qué quieren ustedes, nos entra la risa floja.

Cuando CiU anuncia otro referéndum si el Tribunal Constitucional no falla a su gusto y rebaja el estatut y ERC vaticina la independencia de Cataluña para 2014, sólo un irresponsable negaría que España atraviesa una importante crisis de identidad, aunque muchos españoles miren para otro lado y sigan a lo suyo, pensando que lo de las amenazas contra la unidad de España no es tan grave, al menos mientras no afecte a su bolsillo. De hecho a buen seguro que este fin de semana hay más españolitos preocupados porque Hamilton ha ganado a Alonso en el GP de Japón, que por el anuncio independentista de Ibarreche. Así de sensible y profunda es nuestra sociedad.

Pero podemos estar tranquilos porque Blanco ha dicho que el PSOE se opondrá a cualquier iniciativa que esté “fuera de la constitución”. Y si no hay estará Rubalcaba para hacer fracasar el referéndum ilegal. No hay más que ver la eficacia con que consigue fastidiar todas las actividades políticas de la teóricamente ilegalizada Batasuna.

Para desvaríos, los de Zapatero
Pero la reacción que más nos ha gustado es la de De la Vega que ha calificado de desvarió la propuesta del referedum de autodeterminación de Ibarreche. Cierto, pero si hablamos de disparates, no se nos puede pasar por alto, que a esta situación llegamos gracias a otros desvaríos. Los de Zapatero, empeñado en sustituir el estado de las autonomías por una especie de estado federal o cantonal.

Primero empezó por meter en el gobierno de Cataluña –todo con tal de llegar al poder- a un partido ultraizquierdista, en los aledaños de los grupos antisistema y rabiosamente antiespañol como ERC. ¿y alguien se extraña de que el extremismo se haya apoderado de Cataluña?

Luego impulsó en Cataluña un nuevo Estatut que nadie pedía, pero que todos los nacionalistas aprovecharon para sacar tajada y hacer avanzar sus posiciones soberanistas. Una reforma que abrió la moda de las reformas estatutarias y la debilitación, si aún cabe más, del Estado español y la cohesión nacional.

La negociación con ETA ha hecho resucitar a Batasuna, que de nuevo a tomado las calles y la iniciativa política en e País Vasco, además de provocar que el Estado de Derecho sea en España una especie de tripa de Jorge, que se estira y encoje a gusto del ejecutivo.

Lógicamente cuando el PSOE permite que la legalidad no se respete, cuando da alas a los radicales separatistas como ERC o la izquierda abertzale, los presuntos nacionalistas moderados, tanto PNV como CiU, han de hacer avanzar sus posiciones para no quedarse descolgados. La consecuencia es que nos encontramos, por obra y gracia de Zapatero con un separatismo radicalizado como nunca.

¿Se va a permitir a los nacionalistas que se salgan con la suya, poco o mucho? Evidentemente si depende de este gobierno la respuesta es clara.

Se presentó en Madrid Unión, Progreso y Democracia
Redacción MinutoDigital 1 Octubre 2007

La presentación oficial del UPD tuvo lugar en el auditorio de la madrileña Casa de Campo, abarrotado de un público que ha seguido con entusiasmo y continuas ovaciones las intervenciones del director teatral Albert Boadella, de Fernando Savater y del escritor Mario Vargas Llosa, que precedieron a Rosa Díez en el uso de la palabra.

Antinacionalismo y defensa de la nación española como mensaje principal
Rosa Díez al presentar en Madrid su partido Unión, Progreso y Democracia (UPD), subrayó que nace como una fuerza “necesaria y hasta urgente” para defender “sin complejos” el “orden constitucional”, “tomar de la solapa” a quienes no lo hacen pese a ser su obligación y “regenerar la democracia”.

En un escenario donde figuraba el logotipo del partido –sus siglas impresas sobre un fondo magenta- una bandera europea y la enseña nacional, la dirigente de UPD ha hecho una encendida defensa del uso público de la bandera española, acogida con fuertes aplausos.

Rosa Díez ha dicho que en España se está produciendo una “degradación del orden constitucional” de la que es muestra la “destrucción de sus símbolos”, como la quema de fotografías del Rey o la ausencia de la bandera en edificios públicos. Los aplausos arreciaron cuando ha señalado hacia el lugar donde había sido colocada la enseña para proclamar que “nuestra bandera” no es sólo “una tela”, sino que representa “los derechos de los españoles” y además ella ya la había visto “en demasiados féretros”.

Además de una reforma electoral para evitar que se siga primando el peso “desproporcionado” de los nacionalistas en el Parlamento, Rosa Díez ha anunciado que su partido planteará una reforma de la Constitución para revisar la distribución de competencias, y se ha preguntado a modo de ejemplo si tiene sentido que haya 17 leyes educativas en España.

Alarma en el PP
Llamó poderosamente la atención del apoyo de Vargas Llosa, conocido por sus ideas ultraliberales y su implicación con FAES, al proyecto de Rosa Diez. Mario Vargas Llosa no dudó en atacar al PP, además de al PSOE. Describió un panorama político en el que el PSOE ha dejado de ser un “dique” para contener los nacionalismos que socavan la transición y en el que el PP, con cuya política económica reconoció estar de acuerdo, sólo tiene un sector liberal minoritario que no logra influir en su ideario. Por ello consideró que el nuevo partido puede movilizar a muchos “desencantados” de derecha e izquierda, principalmente jóvenes. ¿Estamos ante una versión moderna del “ni izquierdas ni derechas, España entera”, de José Antonio Primo de Rivera?

Vargas Llosa se suma así a las muchas defecciones, de intelectuales que, como Buesa, han sido promocionados desde los medios en teoría más cercanos al PP, y que ahora parecen embarcados en una cruzada liberal. También muchos integrantes de movimientos cívicos se están pasando al nuevo partido, cansados, por un lado las ambigüedades del PP a la hora de defender principios, y por otro por su falta de apoyos.

La idea de la regeneración nacional, idéntica a la que ha llevado a Sarkozy a la presidencia de la República con un respaldo popular sin precedentes, en España aún no la repersenta nadie, pero que cada día que pasa se hace más patente su necesidad. Por tanto la irrupción de UPD empuñando esa bandera preocupa en el PP y mucho. El gesto de Sirera, hablando por primera vez en español en el Parlament de Cataluña y la repentina preocupación de Nuñez Feijoo en Galicia por algunos movimiento cívicos así lo demuestra.

Y es que los analistas, señalan, que si bien en el País Vasco la candidatura de Rosa Diez puede hacer daño al PSOE, en Galicia y Cataluña, el que puede salir trasquilado es el PP.

Un colegio de Barcelona desafía a la Generalitat al negarse a dar Ciudadanía
La Consejería de Educación enviará un aviso al centro y éste estudia presentar un recurso
S. R. La Razón 1 Octubre 2007

Barcelona- Si la semana pasada varias familias andaluzas se quejaban de las «presiones» que recibían sus hijos en colegios públicos por negarse a cursar Ciudadanía, ahora es un colegio el que se enfrenta a la Administración por la asignatura. La escuela concertada Loreto-Abat Oliba de Barcelona aseguró ayer a Ep que seguirá sin impartir la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC), como viene haciendo desde que comenzó el curso escolar. La Conselleria de Educación prevé enviar una carta al centro recordando la «obligación» de ofrecer estos estudios a sus alumnos, según explicó un portavoz del departamento que dirige Ernest Maragall.

El vicepresidente de la Fundación Abat Oliba -propietaria del colegio-, el ex diputado del PP Eduardo Escartín, declaró que «la asignatura es anticonstitucional», por lo que el centro, junto a otros colegios, estudia presentar recursos contra EpC de forma conjunta.

Objetores
Escartín señaló que la decisión del centro de negarse a impartir la asignatura responde a una recomendación de la Conferencia Episcopal Española, pero también lo hacen porque «la mayoría» de los alumnos del Loreto-Abat Oliba que deben cursar la asignatura este año han tramitado la objeción de conciencia.

Pese a ello, la Conselleria aseguró que han recibido un total de ocho objeciones en toda Cataluña y «ninguna es de padres del Loreto-Abat Oliba», aunque el centro como tal sí les ha trasladado su objeción.

Según explicó Escartín, la situación actual de la asignatura en Cataluña es «peor que en el resto de España, porque el decreto de la Generalitat establece que el contenido de la nueva materia debe ser incorporado al ideario del centro». «¿Dónde está ahí la libertad de expresión?», se preguntó.

El responsable del centro escolar también criticó «la estafa y la comedia» que interpretan algunos centros (en alusión a la Federación de Religiosos de la Enseñanza) que, sin ofrecer la asignatura, dicen que sí lo hacen. «Eso de decir ‘‘sí la damos, pero en realidad no la damos’’ es un engaño», aseguró.

Escartín consideró que, la creación de la asignatura es «una maniobra burda de la izquierda para eliminar la ideología de los centros, sea la que sea» para, a cambio, «imponer la del PSOE».

Según dijo, la asignatura le recuerda a la doctrina comunista que se enseñaba anteriormente en las escuelas. «En lugar del marxismo ahora se da el radicalismo de las transversalidades sexuales y el relativismo», apuntó.

Además, señaló que en Eduación para la Ciudadanía no se enseña la Constitución porque el temario no incluye «la unidad de España, la lengua común y el papel de la monarquía». «Eso no se enseña, pero sí los tipos de matrimonios, que son muy respetables, pero también son muy discutibles», apuntó.

'La vida de los otros', Cristina Peri Rossi y el armario catalán
IVÁN TUBAU, EL MUNDO (Cataluña) 1 Octubre 2007

La vida de los otros, Oscar a la mejor película extranjera en 2006, se ha pasado muchos meses en la cartelera barcelonesa (está aún el Alexandra) y encabezando el ranking de la crítica. Se desarrolla en Berlín Oriental en 1984, última etapa de la dictadura comunista, y muestra el control ejercido por la policía secreta, la Stasi, sobre los intelectuales y artistas.

No extrapolaré, no exageraré. Cataluña forma parte de una monarquía parlamentaria, no de una dictadura comunista o franquista. No encarcelan por desafección al Régimen como en Cuba, la policía política no mata a los disidentes como hacía la PIDE portuguesa.No obstante -lo ha evidenciado estos días el despido de Cristina Peri Rossi como tertuliana de Catalunya Ràdio por hablar en castellano- es imposible que quienes viven de sus trabajos intelectuales o artísticos no hayan percibido una inquietante similitud, por lo menos en un aspecto, entre aquellos regímenes y el totalitarismo nacionalista que señorea en Cataluña. ¿Que peor era el franquismo? Sin duda: aquello se impuso por las armas y esto lo han -me resisto a poner hemos- elegido democráticamente. ¿Habría que añadir que como los alemanes a Hitler en su día?

El aspecto al que aludo combina ley del silencio, reducción al silencio, silenciamiento, disimulo y ocultación forzada del pensamiento.Quienes se ganan la vida escribiendo, hablando, interpretando, dirigiendo teatro, cine o televisión (pintar o tocar el chelo es menos peligroso), no suelen ser funcionarios: su vida depende de que les vayan dando trabajo. Quienes pueden dárselo pertenecen por convicción, necesidad u oportunismo al omnipresente PUC (Partit Unic Catalanista). No les llamarán si lo que hacen lo hacen en castellano. No les darán una subvención. No les incluirán en las nomenklaturas. Incluso a aquellos que hablan catalán como ya quisiera Montilla les reducirán al silencio, al ostracismo -a la miseria o en el mejor de los casos a la marginación silenciadasi se muestran o se han mostrado críticos con el PUC.

A raíz del asunto Cristina, bastantes personas del mundo intelectual o artístico, algunas muy sobresalientes, se han dirigido a mí -estoy entre quienes llevan el gorro cascabelero de los oficialmente apestados- para decirme que están hartos de esta situación pero callan y disimulan, como los gays en el franquismo, porque en ello les va el condumio y el poder ejercer sin exiliarse un oficio que es su vida. Añaden que por fin han podido votar -por Ciutadans, aclaran, gracias a que el voto es secreto- pero que se mueren de ganas de salir del armario por fin.

Nos salvará la inmigración, les digo, como cuando yo era niño.Cuando Cataluña logró sobrevivir gracias a los murcianos. Ahora, con pacientes colombianos y médicos chilenos (los autóctonos no dan abasto), el sueño hegemónico catalán evidencia su inviabilidad absoluta. Cuando acabe la pesadilla y salgan del armario los que ahora callan, haremos una gran milonga. Algunos incluso cantaremos en catalán, la lengua de mi madre.

ivan.tubau@uab.es


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