AGLI

Recortes de Prensa    Sábado 13 Octubre   2007

Romper la convivencia
Editorial El Correo 13 Octubre 2007

Los gravísimos incidentes registrados ayer en San Sebastián, donde la izquierda abertzale volvió a protagonizar unos salvajes e intolerables desórdenes callejeros con la pretendida excusa, esta vez, de protestar contra una manifestación de Falange, muestran hasta qué punto la perturbación de la convivencia se ha convertido en la principal pauta de actuación del nacionalismo radical. Romper la normalidad ciudadana bajo cualquier pretexto, o sin ninguno, es una estrategia tan ruin como inaguantable para una sociedad que hace ya mucho tiempo que se posicionó mayoritariamente contra la violencia. Y ello implica una aplicación decidida e implacable de todos los resortes democráticos -policiales, judiciales y políticos- para poner freno a una espiral que intenta sumir a Euskadi en un clima de agitación e insatisfacción permanente. Los incidentes de San Sebastián representan crudamente a dónde pueden conducir las actitudes más intolerantes y fanáticas, lo que debería disuadir a quienes, desde posicionamientos ideológicos radicalmente incompatibles, parecen tentados a despertar de modo frívolo los sentimientos más intransigentes bajo la defensa interesada de los símbolos.

Las brutalidad desplegada en las calles de San Sebastián fue, además, el lamentable contrapunto de una jornada de celebración que se desarrolló en el resto de España con una singular normalidad democrática. Una muestra de la elogiable capacidad de la ciudadanía para sobreponerse a la diatriba política, que había convertido la conmemoración de la fiesta nacional de este año en un excepcional motivo de inquietud colectiva. La serenidad con que los ciudadanos disfrutaron ayer del día festivo, bien reivindicando su valor como proyección de la propia identidad, bien asumiéndolo como una jornada para la convivencia, se contrapuso al ruido de la disputa partidaria que amenazaba con arruinar la celebración. Por ello resultan aún más chirriantes los abucheos recibidos por el presidente Rodríguez Zapatero a lo largo del desfile militar organizado en Madrid; un gesto de desprecio que no por haberse repetido en los últimos tres años deja de descalificar a quienes optaron por tan reprobable comportamiento en un acto institucional que, por añadidura, presidía el Rey. Pero incluso esta muestra de desaprobación encuentra acomodo en una sociedad democrática donde la libre expresión es una seña de normalidad. Lo que no tiene cabida son las algaradas callejeras, el fuego y la destrucción con los que la izquierda abertzale quiere mantener la pulsión del terror. El estado de amedrentamiento que necesita ETA para prolonga su agonía.

Otra vez los buenos y los malos
Federico Quevedo El Confidencial 13 Octubre 2007

Digo otra vez, pero lo cierto es que nunca ha dejado de ser así en el imaginario de la izquierda. Ellos son los buenos, la derecha los malos. Lo dijo un día Peces Barba en el homenaje al fusilador de Paracuellos y antaño hombre de pro de la Transición -¡qué pena, señor Carrillo, qué pena!-, pero lo único que hizo fue desvelar lo que ya sabíamos, la Gran Mentira por la que nos han hecho creer durante mucho tiempo que la izquierda era progresista y democrática, y la derecha retrógrada y fascista. Como la Gran Mentira ha empezado a desvelarse al gran público -por eso se han inventado Educación para la Ciudadanía- y como tienen prisa por conseguir que la opinión pública vuelva a identificar al PP con la extrema derecha y el franquismo, se han inventado la Ley de Memoria Histórica.

No hay más razón que esa, digan lo que digan. La prueba es que la ley, en sí misma, es innecesaria, e incluso reiterativa, pues cae en el error de derogar nada menos que diez leyes de la dictadura y tres bandos del Golpe de Estado del 36 que fueron derogados por el propio Franco tras la victoria en la Guerra Civil, lo que supone una solemne estupidez jurídica. Las diez leyes fueron derogadas por la Constitución del 78, lo cual hace pensar que en la voluntad de los actuales legisladores la Constitución pesa muy poco, por no decir nada, y es considerada como una ley menor y sin efectos jurídicos. Claro que tal cosa dice mucho del actual Gobierno y de sus socios: una pandilla de indocumentados movidos sólo por un estúpido afán revanchista.

Esto por lo que respecta a la parte jurídica o de supresión de la legislación franquista. Pero es que en materia de reconocimiento de las víctimas de la dictadura da la sensación de que hasta que no ha llegado esta absurda ley en este país no se había hecho nada. Pues bien, eso también es de una falsedad insultante: hasta once leyes se han aprobado en España durante la democracia a favor de las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo: el Decreto de 1975 que anula las sanciones administrativas contra los contrarios al régimen que establecía la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939; el Real Decreto de indulto de 1976; la Ley de Amnistía de 1977; el Real Decreto de 1978 para la atención a los militares que lucharon en la Guerra Civil con el Ejército de la República; Ley de 1979 que reconoce pensiones, asistencia médica y asistencia social a viudas, hijos y familiares de fallecidos en la Guerra Civil; Ley de 1980 que reconoce los derechos sociales de Mutilados de la República; Ley de 1984 de reconocimiento de derechos y servicios prestados al Cuerpo de Carabineros de la República; Ley de 1978, modificada en 2005, de devolución de bienes a los sindicatos; Ley de 1990 que establece indemnizaciones económicas a favor de quienes sufrieron prisión como consecuencia de los supuestos contemplados en la Ley de Amnistía de 1977; Ley de 1998 de Restitución de Bienes y Derechos incautados a partidos políticos; y Ley de 2005 que reconoce una prestación económica a los Niños de la Guerra.

Y eso sólo por lo que respecta a las normas, pero es que desde el punto de vista económico existen numerosas ayudas a las víctimas de la contienda y de la dictadura, y si tienen alguna duda al respecto les aconsejo esta dirección en Internet, http://www.clasespasivas.sgpg.pap.meh.es/ClasesPasivas/Cln_Principal/PensionesPrestaciones, en la que podrán comprobar cómo el Estado español ha sabido ser generoso con las víctimas de la Guerra y del franquismo. Un lector amable y atento nos hizo llegar esta semana un compendio exhaustivo de ayudas que podrán visualizar en esa página, y que atañen a familiares de fallecidos en la guerra, mutilados excombatientes, mutilados civiles, fuerzas e institutos armados de la República e indemnizaciones por tiempo de prisión.

Pero este no es el fondo del asunto, porque quienes han elaborado la ley eran plenamente conscientes de lo innecesario de la misma. De lo que se trata, en efecto, es de reabrir heridas, de provocar sentimientos que los españoles habíamos querido olvidar en la Transición, de generar algunas tensiones y acabar obligando al PP a manifestarse en contra de una ley absurda y, así, señalarles con el dedo acusador: ¡vosotros sois los fascistas! Pero es perfectamente lógico que el PP se oponga a una norma que lo único que va a conseguir es acumular en el Supremo multitud de casos en su mayoría imposibles de aclarar, vulnerar el derecho a la propiedad privada emulando las peores prácticas del estalinismo y levantar centenares de cunetas para buscar sabe Dios que cadáveres y de quienes. Eso es la Ley de Memoria Histórica, una ley que abunda en la desmemoria y en el enfrentamiento, en la revancha y en el odio, en el rencor y en el resentimiento. Magnífico ejemplo para nuestros jóvenes, imperdonable ejercicio de irresponsabilidad política. Los españoles ya aprobamos nuestra Ley de Memoria Histórica, la Constitución de 1978, y esa ley tenía un objetivo de superación de los conflictos históricos que siempre habían acabado por hundirnos en el abismo de la depresión o de la guerra.

“No se podía convertir a los vencedores en vencidos y a los vencidos en vencedores. Se trataba de que, de ahora en adelante, no hubiera ni vencedores ni vencidos, sino solo españoles. Había que lograr la definitiva reconciliación nacional, cerrando las viejas heridas de la Guerra Civil, sin abrir ninguna nueva”. Adolfo Suárez había diseñado la Transición como un modelo de reconciliación nacional que permitía superar, por fin, el pesimismo histórico de Ortega cuando afirmaba que “lo que suele llamarse España no es eso, sino el fracaso de eso”. A partir de ese momento, cerradas las heridas y evitando abrir otras nuevas, los españoles trabajamos juntos por un futuro en paz y libertad. Al menos, como objetivo, era del todo deseable. Pero si Suárez era un político obsesionado por la libertad y por la unidad de todos en una tarea común, Rodríguez es un político obsesionado con la permanencia en el poder y la división de los españoles. Por eso ha querido resucitar los viejos fantasmas y por eso ha hecho caso omiso a esa recomendación de no volver a abrir heridas del pasado ni otras nuevas: él ha hecho justo lo contrario.

La Ley de Memoria Histórica es una necedad, el fruto de una obsesión casi esquizofrénica que anida en la mente de un presidente irresponsable y arbitrario. Es una ley, permítanme que lo diga así de claro, profundamente antidemocrática y propia de caudillos totalitarios y fascistas, porque es una ley hecha contra una parte de la ciudadanía y que da carta de naturaleza a actitudes contrarias a los derechos fundamentales recogidos en la Constitución. Es una ley indecorosa, impropia de un país que quiere mirar al futuro y aprender de los errores del pasado para no volver a cometerlos. Es una ley que debe servir de ejemplo más allá de nuestras fronteras, para que otros sepan lo que no se debe hacer si se quiere vivir en paz y libertad. Es una ley que, en definitiva, rompe con ese espíritu de reconciliación nacional que caracterizó la Transición y echa por tierra el último de los consensos que la hicieron posible, aquel que en su día llevó a Winston Churchill a afirmar que “todos debemos volver la espalda a los horrores del pasado. Debemos mirar al futuro. No podemos permitir arrastrar durante los años venideros los odios ni las venganzas que han surgido de las heridas del pasado”.

Objetivo: deslegitimar al TC
Editorial ABC 13 Octubre 2007

CRECE la polémica en torno al Tribunal Constitucional, mientras la opinión pública contempla con irritación su deterioro. Resulta inadmisible la utilización partidista de los mecanismos procesales, pero todavía más grave es la impresión de que el Tribunal se pliega a oportunistas estrategias políticas. En este sentido, el hecho de que haya calado socialmente el mensaje de que no habrá sentencia sobre el Estatuto catalán hasta después de las elecciones generales sólo demuestra la hondura de la fractura interna que aqueja al Tribunal. La función del TC es decidir sobre la adecuación de las leyes a la Constitución y ello es independiente del contexto político de cada momento puesto que, por su propia índole, las sentencias siempre favorecen a unos y perjudican a otros al tratarse de cuestiones conflictivas por naturaleza. Si estuviera subordinado al calendario electoral, el TC nunca podría resolver la gran cantidad de casos controvertidos y con serias repercusiones políticas que se someten a su consideración. El último capítulo de esta lamentable historia es -por ahora- el acuerdo del Gobierno que habilita al abogado general del Estado para, llegado el caso, recusar a dos magistrados del llamado «bloque conservador» si se admite a trámite el recurso del PP contra la reciente reforma de la ley orgánica del propio Tribunal. La llamada «enmienda Casas», que permite a la actual presidenta prorrogar de modo automático su mandato al frente del Tribunal, fue una imposición del PSOE durante la tramitación de una reforma mal planteada de origen. No es extraño que el PP la haya impugnado, dejando así al descubierto los frágiles equilibrios internos, que dependen al parecer del voto de calidad de quien presida el pleno en cada momento.

En el fondo, el Gobierno trataba de cobrar una «factura» por la razonable solución del «caso Pérez Tremps» apartado de uno de los recursos sobre el Estatuto por haber emitido un dictamen previo por encargo de la Generalitat, para lo cual al Ejecutivo no parece importarle comprometer gravemente la independencia del Tribunal. A mayor abundamiento, la campaña de desprestigio contra algunos magistrados es un intento evidente de forzar la voluntad del órgano jurisdiccional al servicio del interés partidista. Lo que subyace tras esta maniobra del Gobierno para no perder el control ideológico del TC es, lisa y llanamente, la preparación del caldo de cultivo que necesita Zapatero para deslegitimar al Tribunal llegado el caso de que dicte una sentencia sobre el Estatuto catalán desfavorable para los intereses del PSOE. Un Tribunal de tan alto nivel no puede jugar al límite de la quiebra interna cuando están en juego cuestiones tan relevantes. Los españoles tenemos derecho a saber -sin más dilaciones que las razonables y justificadas- si esas leyes se ajustan o no a la Constitución al margen de los equilibrios del órgano y de criterios de oportunidad política.

No pienses en un patriota
IGNACIO CAMACHO ABC 13 Octubre 2007

EL vídeo era muy malo, rancio de escenografía, acartonado de formas y algo envarado en la semántica, pero ha hecho estragos en la estrategia socialista con la eficacia de un torpedo. Con su rígido discurso «institucional» sobre la nación y la bandera, Rajoy le madrugó a Zapatero el liderazgo de la Fiesta Nacional y suplantó ante los españoles la posición que le correspondía al presidente, al que no le quedó ayer otro recurso que parapetarse de la bronca bajo los faldones del uniforme del Rey. El plan gubernamental para investirse de españolismo constitucional aprovechando el 12 de Octubre se ha venido abajo, desacreditado y puesto en evidencia por el llamamiento aventajado del PP, que ha capitalizado la sacudida patriótica y ha colocado al Gobierno bajo la sospecha de una incómoda impostura. Obligado a moverse a la contra, fuera de posición y de foco, Zapatero se ha quedado a la intemperie de su propia táctica.

Es el discurso de Lakoff, que hace furor en la precampaña electoral. El librito de moda, «No pienses en un elefante», se compra por 10 pavos en las librerías y está al alcance de cualquier gurú de Primaria. Ya saben: la clave del éxito político consiste en anticiparse a crear «marcos» mentales que obliguen al adversario a actuar a la defensiva. Si pides que no se piense en un elefante, nadie se puede quitar el elefante de la cabeza. Si Nixon decía «no soy un chorizo», todo el mundo pensaba que estaba pringado hasta las cejas. Si sugieres que los del PP son pijos, cada vez que un pepero lo niegue la gente verá a un pijo tapándose el cocodrilo de Lacoste. Y si te adelantas enarbolando una bandera, el que pretenda emularte tendrá que arrostrar la suspicacia sobre su falta de convicción en el simbolismo de la enseña.

Para desenmascarar el españolismo sobrevenido de Zapatero no era menester un gran alarde, porque en la opinión pública ha cuajado hace tiempo el «marco» que lo encuadra como un gobernante desestructurado. Sus pactos con los soberanistas, sus discursos relativistas y su política de revisión constitucional camuflada lo vuelven extremadamente vulnerable por el flanco de la unidad nacional. Para envolverse ahora en la bandera le falta seguridad y compromiso, y su enfático intento de revestirse de convencida españolidad se percibe a la legua como un disfraz de oportunismo y conveniencia. Cuando viene a decir «soy tan patriota como el que más», está mentando el elefante, y los ciudadanos piensan en el Estatuto de Cataluña, en los tejemanejes con ETA y en la nación «discutida y discutible». Se le ve el cartón, y además el vídeo del PP se lo dejó al aire.

Y al aire se quedó ayer en el desfile, estigmatizado como responsable de la deriva rupturista cuando pretendía erigirse en paradigma de un patriotismo sereno. Las encuestas revelan que tampoco ha colado su estrategia de subvenciones y dádivas asistenciales. Falta por ver si, empeñado como está en afrontar por su cuenta el desafío terrorista tras el fracaso del diálogo, los ciudadanos le aceptan ahora como el epítome de la firmeza. El profesor Lakoff quizá tuviese dudas. El elefante, también.

La patria y la tribu
EDUARDO SAN MARTÍN ABC 13 Octubre 2007

CONFIESO que quedaría sumido en una terrible perplejidad si alguien me tachara de nacionalista. Y, más concreto, de nacionalista español, ya que aún nos encontramos bajo los efectos del subidón de este 12 de Octubre, convertido en una especie de subasta patriótica. Nada más lejos de mis afanes. Para mí, la identidad nacional es una «identidad volátil», como escribía hace algunos años José Ramón Recalde, antes de que ETA quisiera privarle no sólo de su identidad -nacional o no-, sino de su vida.

Claro, respondería un nacionalista irredento; tú no sientes la necesidad de manifestarte en nacionalista porque ya tienes tu estado, pero eres un nacionalista de signo contrario porque te opones a que tengamos el nuestro. Comparto la primera conclusión, aunque llego a ella por otro camino, pero no la segunda. Pertenezco, es cierto, a una nación que ya tiene un estado, pero porque fue éste el que creó la nación española, y no al contrario. No tengo, por tanto, la necesidad de afirmarme en nacionalista frente a otras supuestas naciones sin estado, en las cuales no creo. El error fundamental del nacionalismo, escribía Karl Popper, es la suposición de que los pueblos o naciones preceden a los estados, cuando la realidad es la contraria: son los pueblos o las naciones los creados por los estados.

Hay otros que no, que se sienten nacionalistas españoles frente a los llamados nacionalismos periféricos. A mí me parece un imposible conceptual, pero no estoy dispuesto a gastar medio minuto más en discutir sobre abstracciones. Bastante tiempo llevamos ya perdido en España en semejantes logomaquias. Insisto: no puedo sentirme nacionalista frente a otras naciones supuestamente existentes en suelo español porque, sencillamente, no reconozco la existencia de naciones sin estado. Frente a quienes defienden el valor político de tales naciones, cuyas opiniones respeto, trataré de enarborlar otras banderas -los pactos constitucionales, la realidad histórica y hasta el sentido común- pero no un nacionalismo español que, para mí, sólo tiene sentido frente a otras naciones-estado; y ya casi ni siquiera, porque frente a ellas lo que se exhibe, si acaso, es un patriotismo rancio, u otros sucedáneos menos gloriosos.

Vuelvo a Recalde. Reflexionaba en 1994 el ahora desencantado socialista vasco, consejero que fue en uno de los gobiernos de coalición con el PNV, sobre esa «volatilidad» de la identidad nacional. Y explicaba, muy popperianamente, que tal fenómeno se produce porque «no es la nación la que crea el nacionalismo, sino el nacionalismo el conformador de naciones». Luego no se es nacionalista si ya se pertenece a una nación, sino que se es nacionalista para conseguirla. No puedo estar más de acuerdo.

Mi nación es mi estado. Mi única patria. Un estado que permite el desarrollo razonable de mi ciudadanía, que me asegura el ejercicio de unos derechos básicos, que garantiza una igualdad de oportunidades y de prestaciones elementales y que ordena, para mí y mis conciudadanos, un marco de convivencia de acuerdo con reglas compartidas. Entre otras muchas cosas. Todo lo demás es musical celestial, si se me permite la irreverencia. Y aunque yo perteneciera a una cultura o una religión distintas de la mayoritaria, y mi lengua materna fuera otra, ese estado seguiría siendo mi única patria si me proporciona tales seguridades.

No recurro a una argucia retórica para afirmar algo que quizá nunca voy a experimentar. Lo único que es retórico es el uso de la primera persona. El predicado es una realidad. Es Estados Unidos, por ejemplo. O la Unión India, o Brasil, naciones mucho más complejas que la nuestra. El patriotismo americano se cimienta sobre un estado que garantiza a todos los mismos derechos y les ofrece oportunidades similares, cualquiera que sea su origen o grupo social. Sólo existe una nación americana, la que emana de las leyes de una república que se superpone a una amalgama de decenas de lenguas, razas y religiones. Y la inmensa mayoría se siente muy orgullosa de ella porque es esa nación, y no su antigua tribu, la que le garantiza la igualdad y la libertad.

Esencias y banderas
JORGE URDÁNOZ GANUZA El Correo 13 Octubre 2007

La recurrente polémica sobre las banderas tiene la virtud de iluminar las principales claves del conflicto vasco con inusitada claridad. Revela, en primer lugar, una extraña asimetría: mientras de un lado unos desean que sea sólo una enseña (la ikurriña) la que ondee en exclusiva, del otro lado del espejo nada nos devuelve la respectiva imagen contraria: nadie quiere que ondee sólo otra bandera (la española), sino sencillamente que ondeen las dos. A cierto exclusivismo nacionalista (vasco) no se le opone otro primitivismo identitario (español), sino una suerte de defensa de la complementariedad de identidades que, con mayor o menor fortuna, recogen la Constitución y el Estatuto.

Otra de las claves nos la ofrece la paradoja de que ciertas leyes en el País Vasco no sólo no se cumplen, sino que sorprendentemente el mero hecho de solicitar su cumplimiento se asume como una 'provocación' (según expresión de Begoña Errazti). Pero la ley, que establece que la bandera española ha de ondear junto a la ikurriña en los edificios oficiales, no surge de ninguna imposición ajena, sino de la voluntad soberana del pueblo vasco: el Estatuto de 1979 fue aprobado por un aplastante 90,29%.

En el diván el diagnóstico sería de esquizofrenia: la ley que el propio pueblo se ha dado se rechaza esgrimiendo precisamente la 'voluntad del pueblo' (es de suponer que la 'verdadera' o 'auténtica' o algún espantajo similar). Bajo tal contradicción late una identificación inconsciente, la que para algunos existe de por sí entre 'pueblo vasco', 'ikurriña' y 'nacionalismo vasco'. La misma remite a un rasgo del credo vasquista (y de otros) cuya relación con los principios democráticos se ha tornado siempre problemática. A falta de un nombre consensuado, podemos denominar 'esencialismo' a tal rasgo.

Un esencialista piensa que las cosas son de una determinada manera 'verdadera' o 'auténtica', y que lo son 'por naturaleza', 'esencialmente'. Desde que Sabino Arana planteara la cuestión en términos de amigo y enemigo (y la verdad: menudo fundador), para los nacionalistas lo vasco es 'no español', o, por decirlo escolásticamente, para ellos la esencia vasca y la esencia española se oponen (y en esto el nacionalismo franquista coincidía, lo que debería dar que pensar). La consecuencia inmediata es que la discrepancia con el vasquismo no se asume desde un plano simétrico de igualdad, sino desde uno de neta inferioridad: un esencialista sólo puede entender el desacuerdo bajo las figuras del error, del desvarío o de la traición.

(Nota: en esta última posibilidad entraría esa 'provocación' que Errazti vislumbra en algún sitio, que vendría a ser algo así como una traición pequeñita, puntual y sólo para fastidiar un poco. Pero al menos a mí se me hace difícil enfocar la discrepancia como 'provocación', seguramente porque juzgo que los que piensan diferente a mí no lo hacen pensando en mí y en el efecto que sobre mí van a tener sus opiniones, sino por otro orden de razones más elevadas y menos infantiles: asumir que las opiniones ajenas son al menos tan dignas como las propias es el primer paso para empezar a respetarlas. La diferencia no es provocación: es diferencia. Fin de la nota)

Tercera clave: la consecuencia de todo esencialismo es que la libertad se resiente. Mientras ETA exista, la mera libertad básica de muchos de andar por la calle sin miedo a que los asesinen, desde luego. Pero aunque mañana ETA desapareciera, todavía tendría que darse en el País Vasco una transición pendiente, la simbólica. La libertad simbólica es una parte obvia de la libertad de expresión y, en consecuencia, de las libertades básicas. ¿Tiene reconocida tal libertad de expresión un bilbaíno que desee acudir a San Mamés con una bandera española? La ley puede decir lo que sea, pero la realidad impone una negativa incontestable.

Lo peor son los planteamientos que parecen nutrir la respuesta del Gobierno vasco. En primer lugar, lo enfocan como una obligación 'de Madrid', lo que indica que no acaban de asumir la propia pluralidad de la ciudadanía vasca. Ese sesgo perceptivo les permite a los nacionalistas mantener sus esquemas mentales: niegan la realidad para armarse de razón (un mecanismo psicológico de defensa viejo y pernicioso, pero eficaz mientras no se desvele). Además, el mencionado esencialismo les hace incapaces de asumir que las distintas banderas pueden y deben convivir en los balcones al igual que los ciudadanos en las ciudades, pues nada hace a las diferentes identidades incompatibles ni opuestas de por sí. Si la propia pluralidad de la sociedad vasca se asumiera de verdad la simbología sería también necesariamente plural.

El español en el mundo, asunto polémico
Yo soy mucho más escéptico respecto a las posibilidades de la economía china y a la capacidad expansiva del chino mandarín. Es un idioma con enormes variaciones regionales, al menos como lengua hablada.
Amando de Miguel Libertad Digital 13 Octubre 2007

Mikel Morris opina que el idioma castellano no es tan internacional como a veces se dice. "Es más bien [un idioma] regional, aunque la región sea muy grande". Don Mikel es todavía más escéptico respecto al futuro del español. "Cara al futuro, creo que solo dos idiomas tienen una verdadera vocación internacional: el inglés y el chino". Respecto al chino, don Mikel opina que va a expandirse al tiempo que crece la economía de China y la de los países circundantes, "el auténtico motor de la economía mundial". Yo soy mucho más escéptico respecto a las posibilidades de la economía china y a la capacidad expansiva del chino mandarín. Es un idioma con enormes variaciones regionales, al menos como lengua hablada.

Coincido con don Mikel en que el inglés es la verdadera lengua mundial; es una idea mostrenca. Mi opinión es que el inglés no desplaza del todo al español sino que paradójicamente lo fomenta. Al menos se puede decir que el aprendizaje del español destaca en los países de lengua inglesa. Sea como fuere, no creo que se tienda a una lengua universal, como en su día lo fue el latín dentro de los límites del imperio romano. Curiosamente, el inglés se fragmenta como en su día sucedió con el latín. De momento, el inglés escrito evoluciona en el sentido de incorporar muchas palabras de origen latino, típicamente polisilábicas. El inglés monosilábico queda para la expresión oral.

J. me envía un largo memorial a propósito de mi decálogo para determinar la polaridad entre lenguas de comunicación y lenguas étnicas. La tesis de don o doña J. es que mi esquema taxonómico es inválido. La razón para esa invalidez es que el chino o el catalán no son idiomas étnicos como yo supongo. La discrepancia la entiende así mi anónimo corresponsal: "Cada día me sorprendo más de ver las cosas de que es capaz de de decir la ignorancia", la ignorancia mía, se entiende. El contradecálogo de don o doña J. discurre así de forma resumida. Añado entre corchetes mis comentarios:

1. El chino cumple de sobras la condición de que sea hablado por más de cien millones de personas. [Estoy de acuerdo. Esa expresión "de sobras" me hace sospechar que mi anónimo corresponsal es catalán.]

2. El chino es común a varios países con un cierto peso demográfico y económico. [Quizá tendría que haber matizado en mi decálogo que esa dispersión de un idioma de comunicación debe ir más allá de los países contiguos al país matriz. Así se vería más claro que el chino no influye más allá de los países contiguos y de los enclaves migratorios.]

3. El chino unificó su gramática mucho antes que el castellano. [Pero sigue siendo cierto que la unificación gramatical del castellano se adelantó siglos a otros romances. Por otra parte, el chino está muy lejos de ser un idioma unificado, por lo menos como idioma hablado.]

4. El chino se aprende masivamente por los que no lo tienen como lengua familiar. [No me parece que eso sea así, por lo menos en comparación con lo que ocurre con otros idiomas occidentales plenamente de comunicación.]

5. El chino deja traducir fácilmente el gentilicio con que se conoce esa lengua, al dejarse llamar "chino mandarín". [No veo que las autoridades intelectuales chinas se sientan muy felices con el apelativo de "mandarín", que realmente es "pequinés" o "han yu" (= lengua de los han). Para empezar, el mandarín es solo uno de los dialectos de un haz lingüístico, solo que hablado por millones de personas. Encima convive con un sistema de escritura alfabética, el pinyín, y con distintas formas de simplificación de los ideogramas.]

6. Mi corresponsal respira por la herida ante el punto de mi decálogo en el que especifico que una lengua de comunicación no necesita el carácter de lengua "propia" para medrar. Transcribo literalmente el exabrupto de don o doña J. con solo la provisión de acentos: "Aquí la vuelve a cagar, ya que el castellano solo a [sic] pasado a ser oficial a la fuerza". [Insisto en que la expansión del castellano no se debe a haber sido lengua propia u oficial, ni tampoco a que se haya impuesto por la fuerza. Pero sostener lo contrario tampoco es "cagarla".]

7. Don o doña J. duda también de que el idioma de comunicación se emplee más allá del círculo doméstico o del referido a las tradiciones en el territorio donde tiene vigencia. La tesis de mi corresponsal es que el chino o el catalán encajan perfectamente en ese punto. [Yo lo dudo.]

8. De nuevo arguye mi egregio corresponsal que el castellano se ha impuesto por la fuerza. [Si así fuera, ¿no tendría que haber desaparecido de América después de la independencia de los países iberoamericanos?]

9. Ante el punto de la difusión literaria en otras lenguas, don o doña J. estalla: "Usted es un cateto con aires de intelectual" al ignorar que el chino tiene una cultura milenaria y que "el catalán es la primera lengua románica en Europa usada para escribir de filología y ciencias (Ramón Llull)... Pero usted es un ignorante de marca calificada". Luego califica mi argumento de "chorrada", producto de mi "facha mentalidad". A este periódico lo califica de "panfleto filo nazi", donde escribimos los "filonazis, analfabetos, racistas". La tesis final del cultísimo corresponsal es que la única lengua de comunicación es el inglés. "El resto de los mortales, hablamos más o menos la [lengua] propia, la materna, aunque en este puto país llamado españa haya gilipollas como usted que no entienda que la suya de lengua no es más bonita que la de los demás". [Corrijo acentos y un poco la sintaxis de ese exabrupto, que resulta difícil de entender. Con todo, creo que la calificación de "lengua de comunicación" es una cuestión de grado. En esa escala el castellano se acerca mucho más que los otros idiomas españoles al polo de la lengua de comunicación. Al final obtengo la impresión de que muchos defensores de las lenguas étnicas españolas necesitan el anonimato y el insulto. Quizá sea este algo que nos une a los españoles que hablamos distintos idiomas: necesitamos insultarnos en castellano.]

De forma educada y con el nombre por delante, Miguel Gutiérrez Gacituaga (Málaga) arguye que el chino sí es un idioma de comunicación porque los hablantes de sus distintas variantes se pueden entender por escrito. Redarguyo que ese rasgo no me parece definitivo. Por otra parte, don Miguel insiste en que las lenguas de comunicación suelen pertenecer a algún tipo de imperio. Es cierto; ya lo dijo Nebrija respecto del latín. Pero esa circunstancia no significa que el idioma "imperial" se imponga por la fuerza o por ser oficial. Recordemos que el idioma español no fue oficial de España hasta 1931. El argumento definitivo es que hoy mismo, a pesar de la oficialidad y la fuerza administrativa (política de inmersión lingüística) del catalán o del vasco, el castellano no desaparece de Cataluña o el País Vasco. Por lo menos eso es así con el castellano hablado.

Jaime Dapena es más pesimista respecto al porvenir del castellano en España:

De ser una lengua dominante, como lo fue toda la cultura, de la que forma parte, ha pasado últimamente a ser una lengua "acosada", despreciada, a extinguir, en no menos de cinco comunidades autónomas: Cataluña, el País Vaco, Mallorca, Valencia y Galicia, ya gobierne el PSOE, ya el PP.

Repito, acosada sí puede estar la lengua castellana en las regiones citadas, pero su vitalidad es extraordinaria. Solo se extinguirá si es sustituida por el inglés. Es un empeño de Sísifo, pero peores locuras se han visto.

Memoria de la vergüenza
JUAN MANUEL DE PRADA ABC 13 Octubre 2007

STALIN escribía en diciembre de 1936 una extensa carta a Francisco Largo Caballero, a la sazón presidente del Gobierno de la Segunda República, en la que le recomendaba... ¡moderación! La deriva revolucionaria del Frente Popular había alcanzado para entonces tales cúspides de crueldad desatada que entre las grandes potencias internacionales existía la convicción de que la Segunda República se había convertido de facto en un régimen comunista al cual no estaban dispuestas a apoyar. En esa carta, firmada por la cúpula del Kremlin -la troika formada por Stalin, Molotov y Voroshilov- leemos perlas como las que siguen: «Es muy posible que la vía parlamentaria resulte en España un procedimiento de desarrollo revolucionario más eficaz de lo que fue en Rusia. (...) Convendría atraer al lado del Gobierno a la burguesía pequeña y mediana de las ciudades o, en todo caso, darle la posibilidad de que adoptase una posición de neutralidad que favoreciese al Gobierno, protegiéndoles contra las tentativas de confiscación y asegurándoles, en la medida de lo posible, la libertad de comercio. (...) Es necesario evitar que los enemigos de España vean en ella una República comunista, previniendo así su intervención declarada, lo cual constituiría el peligro más grave para la España republicana».

Resulta, en verdad, paradójico que el mayor carnicero de la Historia se dirija en estos términos a Largo Caballero, reclamándole que refuerce las instituciones parlamentarias y proteja los intereses de la pequeña burguesía aterrorizada. A Stalin quizá no le pareciesen excesivos los atropellos sistemáticos de vidas y haciendas en la zona republicana, pero el descaro con que eran perpetrados lo soliviantaba. En honor a la verdad, no puede acusarse a Largo Caballero de actuar improvisadamente, ni a impulsos de una calentura. Ya durante la campaña que precedió a las elecciones del 36 había proclamado sin rebozo cuáles serían sus líneas de actuación, en caso de que su partido alcanzase el poder. En un mitin celebrado en el cine Europa de Madrid había declarado sin ambages: «Antes de la República, nuestro deber era traer la república; pero, establecido este régimen, nuestro deber es traer el socialismo. Y, cuando hablamos de socialismo, hay que hablar de socialismo marxista, de socialismo revolucionario con todas sus consecuencias». Y poco después advertirá, en un mitin celebrado en Valencia: «La clase trabajadora tiene que hacer la revolución. Si no nos dejan, iremos a la guerra civil. Cuando nos lancemos por segunda vez a la calle, que no nos hablen de generosidad y que no nos culpen si los excesos de la revolución se extreman hasta el punto de no respetar cosas ni personas».

A este prohombre de la democracia que entregó el Partido Socialista Obrero Español al comunismo soviético, a este luchador por la libertad que tuvo que ser amonestado por el propio Stalin (y posteriormente desalojado del Gobierno de la Segunda República por los agentes soviéticos que mangoneaban la zona republicana), a este apóstol de la paz que presidía el gabinete ministerial de la República mientras miles de personas eran ejecutadas sin juicio previo en Paracuellos del Jarama una estatua lo recuerda en el Paseo de la Castellana de Madrid, a la altura de los Nuevos Ministerios. Por supuesto, tal estatua no será removida cuando entre en vigor la Ley de la Memoria de la Vergüenza; en cambio, cualquier lápida que conmemore a personas que fueron asesinadas sin haber cometido otro delito que hacer profesión de su fe podrá ser apartada por la autoridad administrativa. En una ocasión anterior escribimos que este proyecto legislativo no tenía otro objetivo que trasladar a la parte nada exigua de la sociedad española que no comulga con la ideología izquierdista el oprobio de ser heredera de la dictadura franquista, condenándola al ostracismo. Me quedé corto. Ahora tengo la certeza de que anhela algo más obsceno y brutal: se trata de aniquilar simbólicamente a esa parte de la sociedad, completando así una estremecedora operación de ingeniería social. Si todavía viviese, Stalin reclamaría moderación a Zapatero, leal sucesor de Largo Caballero.
www.juanmanueldeprada.com

Hordas proetarras arrasan con fuego y piedras el centro de San Sebastián
V. ORTEGA. SAN SEBASTIÁN ABC 13 Octubre 2007

Manifestantes proetarras provocaron ayer graves incidentes en el centro de San Sebastián donde atacaron vehículos, montaron y quemaron barricadas y se enfrentaron a la Policía autónoma vasca para impedir que se celebrara una manifestación convocada por Falange con motivo de la Fiesta Nacional del 12 de Octubre. Dos manifestantes fueron detenidos por la Ertzaintza en el curso de los incidentes, que se prolongaron durante tres horas. Se trató de una auténtica «batalla campal».

Los falangistas habían previsto celebrar su concentración en el Boulevard donostiarra a las cinco de la tarde, pero dos horas antes cientos de individuos se concentraron en esa calle para celebrar un denominado «festival antifascista» que fue permitido durante hora y media. El acto fue organizado por las ilegales Batasuna, Askatasuna y Segi, así como por Acción Nacionalista Vasca y el sindicato LAB. A los que se unieron simpatizantes de la CNT y del Partido Comunista.Treinta minutos antes de la hora prevista para el acto falangista, agentes de la Ertzaintza se desplegaron en la zona para asegurar que la convocatoria de las cinco de la tarde pudiera realizarse sin incidentes.

La llegada de los efectivos de la Policía vasca a las inmediaciones del Boulevard fue la excusa de los vándalos para comenzar a protagonizar incidentes. Los proetarras empezaron por increpar a los policías al tiempo que daban gritos a favor de la independencia y de los dirigentes de Batasuna encarcelados. Y de las palabras pasaron a los hechos atacando a los ertzainas mediante el lanzamiento de botellas de cristal con petardos en su interior.

La Policía autónoma respondió a las agresiones cerrando al tráfico la zona del Boulevard y de la Avenida para posteriormente realizar una carga con material antidisturbios. Comenzó entonces una auténtica «batalla campal» donde proetarras encapuchados procedieron a cruzar varios contenedores de basuras y de recogida de vidrio en la calzada prendiéndoles fuego. Además hicieron chocar un contenedor contra un autobús al que provocaron importantes daños materiales.

Los incidentes protagonizados por los simpatizantes de la «izquierda abertzale» se extendieron rápidamente por todo el centro de San Sebastián hasta la estación de autobuses en Amara. Los encapuchados cruzaron varios vehículos, uno en la calle Garibai y otro en Peñaflorida; además de dos autobuses, uno en la Avenida y el segundo, de «Lurraldebus», en la calle Legazpia, al que intentaron prenderle fuego. No obstante, agentes de la Policía vasca lograron apagar con extintores las llamas que se habían iniciado en uno de los asientos.

Los vándalos también atacaron dos sucursales financieras -Banco Mediterráneo y BBVA-, ambas situadas en la calle Idiakez. El fuego también fue sofocado inmediatamente gracias a la intervención de los bomberos. Las calles de la capital donostiarra que conectan con el Boulevard se habían convertido en «un auténtico caos» con numerosos contenedores ardiendo.

Concentración Falangista
La Ertzaintza detuvo a dos personas en la zona de la calle Azpeitia del barrio de Amara por su presunta participación en los incidentes registrados. Varias ambulancias y efectivos de los bomberos se trasladaron hasta el lugar de los incidentes, donde hubo una gran despliegue policial, con un helicóptero de la Ertzaintza que sobrevolaba el cielo donostiarra.

Según testigos presenciales, la imagen después de la «batalla campal» entre los «cachorros proetarras» y la Policía vasca era «desoladora». El centro de San Sebastián era un cúmulo de contenedores ardiendo, lunas de coches rotas, adoquines arrancados para ser utilizados como arma, señales volcadas o semáforos rotos.

Ante los incidentes ocurridos en el centro de San Sebastián, la Policía autónoma vasca retuvo en el peaje de Zarauz (Guipúzcoa) ocho autobuses con simpatizantes de la Falange, que acudían a la capital para participar en la manifestación a favor de la «unidad nacional» en el mismo Boulevard donostiarra. Allí mismo, agentes de la Ertzaintza realizaron registros en los autocares y procedieron al decomiso de banderas preconstitucionales y palos de bandera considerados «demasiado gruesos».

Finalmente, alrededor de quinientos ultraderechistas consiguieron concentrarse durante treinta minutos detrás del Centro Comercial Garbera, situado en la periferia de la capital guipuzcoana, donde gritaron consignas como «Euskal Presoak (presos vascos) a la cámara de gas», «Viva España», «Esta es la juventud de España», «Falange armada, ETA acabada», así como proclamas contra Su Majestad el Rey y contra la Constitución. Los allí congregados portaban banderas de Juventudes de Democracia Nacional (DNJ) y de la Falange.

A las siete y media de la tarde, los incidentes de los proetarras ya eran aislados en algunos puntos del centro de la capital guipuzcoana.

Homenaje a la Bandera en la Coraza del Orzán
La Voz  13 Octubre 2007

Alrededor de 150 personas se congregaron ayer por la mañana en el paseo marítimo para rendir homenaje a la bandera española. El acto, organizado por la asociación Coruña Liberal con motivo de la celebración del Día de la Hispanidad, se desarrolló en la coraza del Orzán.

Miembros de esta agrupación mostraron ayer su sorpresa por el hecho de que ni el Ayuntamiento ni la Delegación del Gobierno en Galicia hayan organizado ningún acto para conmemorar la Fiesta Nacional.

Coruña Liberal hizo una ofrenda floral junto al mástil de la enseña, leyó un escrito y repartió banderines entre los asistentes al acto. Los colores rojo y amarillo también lucieron ayer en algunos balcones y ventanales de varios edificios de la ciudad. En la plaza de María Pita se colgó una bandera, dos en las galerías de la Marina, cuatro en las casas de O Parrote y algunas más diseminadas por las calles interiores de la Ciudad Vieja. También se vio una gran bandera de España en el paseo marítimo de Sada.

"PARA NEUTRALIZAR A ETA EN TODOS SUS FRENTES"
El PP exige al Gobierno que impida a ANV presentarse a las próximas elecciones
El PP ha reiterado al Gobierno su exigencia de ilegalizar a ANV y al PCTV, dos partidos "satélite" de ETA-Batasuna, tras el anuncio de Acción Nacionalista Vasca de presentarse a las próximas elecciones generales. El Ejecutivo sigue resistiéndose a aplicar la Ley pese a las reiteradas faltas de condena de ANV al terrorismo y a las demostradas vinculaciones económicas, contractuales y de subordinación que unen a estos dos partidos con ETA-Batasuna. Para Barrio, está "claro" que ANV intenta "aprovecharse del Estado para su beneficio".
EFE Libertad Digital 13 Octubre 2007

El secretario general del PP del País Vasco, Carmelo Barrio, exigió este sábado al Gobierno que impida que ANV se presente a las elecciones generales porque "no tiene las condiciones democráticas" para ello y es "uno de los satélites de ETA".

Barrio, en declaraciones a Efe, se refirió al anuncio realizado este viernes en Pamplona por el presidente de ANV, Kepa Bereziartua, quien indicó que su partido concurrirá a las elecciones generales del mes de marzo para avanzar hacia la independencia.

El dirigente del PP aseveró que "todo el mundo sabe que ANV es lo mismo que Batasuna, que es uno de los satélites de ETA, que forma parte de su estrategia criminal y que no condena la violencia de la banda terrorista".

En opinión de Barrio, "está claro" que ANV lo que trata de hacer es "aprovecharse del Estado de Derecho para su beneficio".

"Igual ponen en la lista al Congreso de los Diputados a algunos de los encapuchados que estaban este viernes por las calles de San Sebastián", indicó el secretario general de los "populares" vascos en referencia a los incidentes de terrorismo callejero registrados en la capital donostiarra.

Subrayó que el Fiscal General del Estado y el Gobierno "hace mucho tiempo que tenían que haber neutralizado ese frente de ETA que es ANV y que trata de aprovecharse de las instituciones democráticas y de los derechos de los demócratas como si lo fuera".

Insistió en que "sería una mala noticia para nuestra democracia el hecho de que una organización ultra, que forma parte de una estrategia criminal, formase parte de unas listas".

Por ello, pidió "una vez más" al Gobierno que dé los pasos "que ya le hemos exigido tantas veces para neutralizar a ETA en todos sus frentes, el de Batasuna y el de ANV".
 

Recortes de Prensa   Página Inicial