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Recortes de Prensa    Viernes 2 Noviembre   2007

Análisis de la sentencia (I): De derrota en derrota...
Luis del Pino Libertad Digital 2 Noviembre 2007

Iniciamos hoy una serie de artículos con el análisis de la sentencia. Iremos cubriendo a lo largo de sucesivas entregas el contenido del fallo judicial, su interpretación, sus consecuencias y los aspectos políticos colaterales.

Comencemos con una constatación: la teoría de la conspiración ha sido derrotada. O al menos eso dicen algunos medios. Por decimotercera o decimocuarta vez, desde que en noviembre de 2004 Zapatero anunciara en la Comisión de Investigación del 11-M que "todo estaba claro", la teoría de la conspiración ha muerto, nos anuncian los heraldos.

Así que aquí andamos, alanceados, derrotados y hundidos, los que queremos saber la verdad de ese Golpe de Régimen que se produjo el 11-M. O, mejor dicho, los que queremos demostrarla, porque la verdad ya la intuimos todos.

¿Estamos de verdad derrotados, como nos dicen? Admitamos provisionalmente que sí. Vamos a suponer que lo estuviéramos. ¿En qué habría consistido esta derrota definitiva?

En algunas partidas de ajedrez, a veces las posiciones se complican tanto, son tan cerradas, que aquel jugador al que el reloj le aprieta más, o aquél que pierde los nervios, o aquél que teme que esa complejidad termine derivando en una amenaza, se decide a "limpiar" el tablero por el simple procedimiento de intercambiar piezas: "te como un caballo, me comes un alfil, te como un peón, me comes otro, te como una torre y tú, una de las mías". El resultado es una posición mucho más despejada.

Eso es lo que ha sucedido anteayer en la sala de la Casa de Campo: una auténtica orgía de intercambio de fichas. Los defensores de la versión oficial reclaman su victoria, afirmando que en ese intercambio de piezas han terminado por devorar, de manera irremisible, las pocas que les quedaban a las negras en el tablero de juego. Como ya he dicho, supongamos que es así.

¿Y qué piezas son las que las blancas han tenido que entregar a cambio, para derrotar definitivamente a los teóricos de la conspiración? Pues lo que resulta, cuando uno analiza la totalidad de la sentencia, es que ese intercambio de fichas le ha salido tremendamente oneroso a las blancas. Si los teóricos de la conspiración han sido derrotados, desde luego lo han sido a costa de que los defensores de la versión oficial cedan tres piezas de enorme importancia estratégica. Porque en esta derrota definitiva, en este vapuleo a las negras, en este auto de fe en el que hemos sido quemados en la hoguera los conspiranoicos, la versión oficial ha perdido:

* a los autores intelectuales del crimen,
* todas las referencias a la Guerra de Irak como motivación de los atentados
* y una de las cuatro pruebas principales del caso: el Skoda Fabia.

Las referencias a Al Qaeda ya se habían perdido hace mucho en la versión oficial de los atentados, en cuanto comenzaron a aparecer las primeras conexiones inconvenientes que obligaron a cortar los hilos que llevaban a los dueños de la casa de Morata. Pero la Fiscalía había conservado un "modelo teórico" en el que la masacre se justificaba por el apoyo de España a la Guerra de Irak, y en el que tres personas de aparente perfil islamista figuraban como presuntos inductores o cerebros de la masacre. Y todo eso ha desaparecido, junto con las referencias a ese Skoda Fabia colocado en Alcalá tres meses después de los atentados y cuya falsedad habíamos puesto en evidencia nosotros, los conspiranoicos.

Que esas piezas tienen una importancia estratégica lo pone de manifiesto el hecho de que ése ha sido el titular principal en todos los medios internacionales. En los titulares de urgencia publicados inmediatamente después de la masacre, esos medios no centraban su atención en si la teoría de la conspiración ha sido derrotada o en si las condenas eran más altas o más bajas, sino en el hecho de que el 11-M se había quedado sin cerebros, al haber sido absueltos los acusados de ser autores intelectuales de la matanza.

Analizaremos lo referido al Skoda en un futuro artículo. Por el momento, quedémonos con que el 11-M, según la sentencia, fue cometido por una célula de islamistas en conjunción con una serie de delincuentes/mercenarios marroquíes y con la colaboración de un grupo de asturianos que traficaban con explosivos y que estaban comandados por un confidente policial.

¿O es al revés? ¿Fue el 11-M cometido por un grupo de asturianos comandado por un confidente policial, utilizando a una serie de delincuentes/mercenarios marroquíes y a una célula de islamistas? ¿O el 11-M fue cometido por un grupo de delincuentes/mercenarios marroquíes, utilizando a una célula de islamistas y a un grupo de asturianos comandados por un confidente policial?

Al haber desaparecido la "motivación" del atentado representada por la Guerra de Irak, la sentencia vale tanto para un roto como para un descosido. ¿A quién correspondía la voz cantante, puesto que los "cerebros" han desaparecido? En realidad, el cuerpo de la sentencia, y en especial el episodio de Leganés, parecen poner el foco sobre el aspecto islamista, pero lo cierto es que la autoría intelectual queda en el aire. Además, ninguna de las tres máximas condenas ha recaído sobre ningún islamista. Tenemos a Trashorras, el confidente policial asturiano; a Otman el Gnaoui, delincuente de origen marroquí, del que las mismas conversaciones telefónicas grabadas que han servido para condenarle revelan que nada tiene de islamista; y, finalmente, Jamal Zougham, que nada tiene que ver con ninguno de los tres grupos mencionados: ni el de islamistas, ni el de asturianos, ni el de delincuentes marroquíes.

¿Quién decidió poner 12 bombas en los trenes de cercanías madrileños a tres días de unas elecciones, matando a 192 personas? ¿El autor intelectual era alguien perteneciente al grupo de los islamistas? ¿O estaba, por el contrario, relacionado con ese grupo que Trashorras comandaba? ¿O era alguien que daba órdenes a los delincuentes/mercenarios marroquíes? ¿O se trata de alguna persona o conjunto de personas situados completamente al margen de uno u otro de los grupos en que los condenados se estructuraban?

En futuros artículos, analizaremos el por qué ha sido necesario para las blancas ceder las tres piezas que mencionábamos. También analizaremos la letra pequeña de la sentencia, veremos qué piezas hemos tenido nosotros que ceder y veremos en qué queda la afirmación de que la teoría de la conspiración ha sido definitivamente derrotada.

Quedémonos por el momento con el hecho de que alguna de las piezas que la versión oficial se ha visto obligada a ceder tienen, como revela la reacción internacional a la sentencia, una importancia capital. Entonces, si es verdad que hemos sido definitivamente derrotados, habrá que añadir la constatación de que los daños causados al enemigo durante la batalla definitiva convierten nuestro final en una pírrica victoria de las blancas.

¡Pues me siento orgulloso, oiga! ¡Por lo menos han servido de algo todos nuestros trabajos! Tres varapalos más a la teoría de la conspiración como éste que hemos que acabamos de vivir y la versión oficial se queda sin piezas que ceder.

Pero todo esto que comentamos presupone, como decíamos al principio, que estamos dando por cierto que quienes buscan la verdad han sido derrotados.

En realidad, ¿qué piezas hemos perdido nosotros como resultado de la sentencia? Lo veremos en próximos artículos.

Sentencia del 11-M
Reflexionemos
José García Domínguez Libertad Digital 2 Noviembre 2007

Leo por ahí que el Muy Ilustre Colegio de Plumillas del Carmelo Tapadito con Lonas, el Sí Señor a la Cofradía del Tres por Ciento y el Besamanos al CAC ha pergeñado un comunicado tremendo contra la manipulación de la realidad en la prensa. Así, según ese coro de vírgenes, la sentencia del 11-M "obliga a una reflexión sobre el papel de algunos responsables de medios de comunicación". En fin, ya que tal ejercicio de introspección deontológica nos lo prescriben como obligatorio, no quedará más remedio que cavilar en voz alta sobre las miserias de los papeles. Glosemos, pues, con el respeto y la admiración debida la suprema lección de objetividad, independencia y ética periodística que nos impartían ayer mismo los dos principales rotativos de Cataluña, La Vanguardia y El Periódico.

Veamos. En El Periódico, cierto Nacho Para dejaba clarito a sus mirones que el atentado lo organizó Al Qaeda, siendo su autor intelectual "El Egipcio". Las pruebas que ofrecía resultaban irrebatibles, ya que "sin su presencia [la de 'El Egipcio'], el resto de los acusados parecía una célula huérfana, atomizada, sin rumbo [las células enmadradas, desatomizadas y con rumbo se comportan con otros modales, como todo el mundo sabe]. Dispuesta a encajar lo que viniera, a asumir disciplinadamente el marrón, a sacrificarse por el bien de Al Qaeda [el semblante del minero Trashorras no indicaba otra cosa] y su proverbial hermetismo [sic]". Por si esa evidencia no bastase, "el propio tribunal está convencido, en su fuero interno [Nacho dispone de confidentes dentro del fuero interno de los miembros del tribunal], de que 'El Egipcio' es un elemento muy peligroso, y hasta lo verbalizan en la intimidad [en su fuero externo el tribunal intima con Nacho y le 'verbaliza' sus certezas morales]. Pero no han podido hacer nada por falta de pruebas [Bermúdez, que es tonto, carece de constancia pericial de que 'El Egipcio', recluso en Italia por terrorismo, sea 'peligroso']".

Por su parte, La Vanguardia, siempre tan cosmopolita, titulaba en páginas interiores: "Francia ve confirmada la autoría de Al Qaeda". Para abundar luego en que "la sentencia (...) viene a confirmar lo que siempre han sostenido los medios franceses: que el 11-M es obra de Al Qaeda". ¿Qué medios franceses? Todos, se supone; de ahí que el diario del señor conde considerase ocioso citar a alguno para ilustrar ese aserto. Además, un Ignacio Orovio nos revelaba a sus atónitos lectores otra gran exclusiva: "El Tunecino era un intelectual". Lo avala que "pasaba muchas horas en internet, según han desvelado las investigaciones". Aunque, a decir de Orovio, ni autor intelectual hacía falta en el mayor atentado de la historia de Europa. "El comando no necesitaba estrictamente un ideólogo que les dijera qué hacer [ni cómo hacerlo, ni cuándo, ni dónde, ni por qué, ni logística, ni conocimientos sobre explosivos, ni nada]. Y es que "el 11-M estrena un sistema de trabajo del yihadismo radical [no confundir con el yihadismo moderado, que, por lo visto, sigue trabajando a la antigua usanza] que consiste en que el guía espiritual (Osama Bin Laden) lanza por internet o televisión una amenaza concreta contra algunos países y a partir de ahí (...) se ponen manos a la obra. En este caso, a acelerar unos trabajos que ya habían comenzado". Está claro, el nuevo método consiste en trabajar a ritmo de samba hasta que Ben Laden aparezca en internet, instante en el que los islamistas asturianos "acelerarán" todas sus labores hasta la extenuación.

Pues eso, reflexionado queda.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Sentencia del 11-M
De nuevo, la agitación socialista
Ignacio Villa Libertad Digital 2 Noviembre 2007

La lectura política de la sentencia judicial sobre los atentados del 11 de marzo no se puede considerar positiva para el Gobierno socialista, sino más bien todo lo contrario. A nadie se le oculta que Rodríguez Zapatero ganó las elecciones tres días después de la matanza de Madrid. Es más, la actual es sin duda alguna la legislatura del 11-M, y en ella Zapatero ha puesto todos los obstáculos a su alcance para que no se sepa la verdad de lo que sucedió, haciendo todos los esfuerzos para que la realidad no se llegara nunca a conocer.

Por todo ello, el presidente del Gobierno necesitaba una sentencia judicial definitiva que permitiera darle un cerrojazo político a los atentados. Una sentencia que le pudiera liberar de ese fantasma permanente que sobrevuela sobre la Moncloa: que los atentados de Madrid tenían como objetivo el cambio de Gobierno, el triunfo socialista en las generales de 2004; un objetivo que se cumplió mediante la muerte de 192 personas. Zapatero quería liberarse de esa verdad incómoda, pero con esta sentencia no lo va a poder conseguir, simplemente porque el principal interrogante no se resuelve: no se conoce al autor intelectual de los atentados. Los atentados terroristas de Madrid fueron muy sofisticados; requerían un cuidadoso diseño y una ejecución experimentada. Demasiado complicado para contentarnos con los culpables que conocemos. Y, desde luego, Zapatero y el PSOE no han conseguido en ningún caso cerrar las puertas de la investigación periodística, ni enterrar los interrogantes de los atentados.

Con todo, el PSOE y el Gobierno han salido como un ciclón. Han puesto los ventiladores a toda máquina, pero al mismo tiempo han dejado en evidencia su contrariedad y su nerviosismo. Blanco y Rubalcaba, Rubalcaba y Blanco, han irrumpido en escena recordando al detalle todo lo ocurrido del 11 al 14 de marzo de 2004. Con el mismo estilo, con las mismas mentiras, con los mismos insultos, con las mismas formas que en aquellos días de agitación mediática, revueltas callejeras y violación del día de reflexión. Blanco insultando, Rubalcaba faltando; los dos cumpliendo al pie de la letra las partitura escrita por Rodríguez Zapatero. Es evidente que saben que no han alcanzado su objetivo político. Van a tener que cargar con los atentados hasta el final de la legislatura, les guste o no. Pero no por ello van a dejar de intentar tapar la realidad mediante el viejo truco de la descalificación y los ataques.

Hay que prepararse para la que se viene encima. Lo de este jueves es sólo una pequeña muestra de lo que nos espera; esto no ha hecho más que empezar. La agitación de marzo de 2004 va a ser un juego de niños en comparación.

Tras la sentencia
11-M
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 2 Noviembre 2007

En cualquier democracia que merezca tal nombre coexisten diferentes planos que pueden y deben definirse y adoptar decisiones frente a un hecho tan grave como el ataque terrorista del 11-M: los medios de comunicación, la clase política y el poder judicial son los tres planos primordiales.

Ninguno de esos planos tiene títulos para presionar a los otros, aunque lo hagan constantemente y aunque sus decisiones, tomadas con toda legitimidad –y cada cual con su propio alcance– restrinjan unas veces e impulsen otras la acción del resto.

Cada medio de comunicación opta por una línea editorial. También es libre de investigar por su cuenta. Desde que nació, el diario El Mundo ha sido el medio español que mejor ha practicado el periodismo de investigación. Sin su impulso, la trama de los GAL no se habría descubierto, ni sus responsables habrían sido condenados muchos años después por los tribunales. Ante el 11-M, su opción ha sido la misma, sumándosele Libertad Digital. Los resultados de estas investigaciones están lejos de permitir un balance definitivo, aun cuando la sentencia de la Audiencia Nacional da por buenas algunas pruebas de las que muchos hemos dudado. Citaré concretamente la procedencia de los explosivos usados en los trenes y el origen de la llamada mochila de Vallecas.

Por mucho que les pese a los socialistas –ellos sabrán por qué–, algunos medios seguirán investigando. Lo harán con toda legitimidad y con toda oportunidad, toda vez que el propio juez Bermúdez afirmó en una entrevista en la cadena COPE, antes de ocuparse del 11-M, que este caso permanecería abierto durante muchos años. Está grabado.

En cuanto a la clase política, conviene recordar lo siguiente: bajo el Gobierno del PP se detuvo a cuantos acaban de ser condenados por la Audiencia. Bajo el Gobierno del PSOE se detuvo a cuantos acaban de ser absueltos. Fue el PP quien instó una comisión de investigación parlamentaria. Fue el PSOE quien se apresuró a concluir sus trabajos. Antes de ello, el Gobierno del PP había difundido toda la información que iba obteniendo tras el atentado; fue el PSOE quien, acusándolo de mentir, capitalizó políticamente la tragedia del mismo modo que ahora quiere capitalizar la sentencia, manchando al adversario con terminología criminal: Blanco ha llamado a Aznar "autor intelectual", a Acebes "autor material" y a Rajoy y Zaplana "colaboradores necesarios"... de un engaño masivo. Recurso propio del más infecto propagandismo goebbelsiano.

En cuanto al poder judicial, las sentencias se acatan. Punto. Algo que no hizo nunca el PSOE en los casos Filesa y GAL, donde destacados socialistas fueron, aquí sí, autores y colaboradores reales.
Juan Carlos Girauta es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Tras la sentencia
La resaca del 11-M
Agapito Maestre Libertad Digital 2 Noviembre 2007

O intentamos superar los traumas del 11-M o esto corre el riesgo de la bronca permanente sin ningún sentido democrático. El 11-M se llevó por delante la vida de muchos españoles y dejó heridos a miles, pero, sobre todo, ha dejado heridas en nuestra democracia que hoy están aún más abiertas que en el 2004. Por un lado, la vida política parece al margen de la vida ciudadana y, por otro, el espacio público político, especialmente el generado en los medios de comunicación, parece servir antes a intereses partidistas, o peor, personales, que democráticos. El 11-M nos arrastra a todos sin sentido. Estamos al borde de la negación de cualquier consenso posible para seguir construyendo vínculos democráticos. La reacción del PSOE ante la sentencia del Tribunal de la Audiencia Nacional, presidido por Gómez Bermúdez, me hace temer lo peor. Tampoco ha estado muy inteligente Rajoy al comentar la sentencia, pero de las torpezas del PP hablo otro día.

El problema, hoy, es que el PSOE, después de la puesta en escena de Blanco y su equipo de la obra El culpable intelectual fue Aznar, ha optado por el peor, el más estúpido y cruel de los caminos. La agitación y la propaganda hasta eliminar a la oposición es la opción bastarda de Blanco. Creo que el PSOE abandonará cualquier tipo de autolimitación en el ejercicio del poder e intentará, definitivamente, arrasar por todos los medios a su alcance con la alternancia política. Ellos ya han interpretado la sentencia, o peor, hacen coincidir la sentencia con su posición política. Una vez más, es la imprudencia totalitaria de hacer decir a un juez, en este caso a una sentencia, lo que ellos ya habían previsto. Eso es una perversidad, pero, sin duda alguna, es la base de los gobiernos totalitarios: verdad, justicia y política coinciden.

El Gobierno de Zapatero no renunciará fácilmente a esa identificación, entre otras razones porque es la política que ha practicado desde que ganó las elecciones. No importa lo que diga la sentencia. Lo decisivo es lo que ellos le hacen decir. Lejos de intentar superar ese 11-M a través de una política inteligente de continuidad en la política internacional y de integración de la oposición en las grandes medidas, el PSOE no ha hecho otra cosa que recordar con saña aquellos atentados haciendo culpable al PP de la salvajada. El PSOE ha hecho, en efecto, lo contrario de la política del Partido Demócrata después de los atentados del 11-S. El Gobierno no ha dejado día alguno de recordarle al PP su "culpabilidad" en el 11-M. Ha sido su venganza con la institución de la "Oposición", el PP; después, contra el legislativo, porque hizo de la famosa Comisión del 11-M un órgano de propaganda del PSOE; ahora le toca a la justicia, al convertir la sentencia de la Audiencia Nacional en un "destilado" jurídico de sus posiciones políticas. Un despropósito.

Sin embargo, ese despropósito lo sufrimos todos los españoles, porque deja sin credibilidad las principales instancias de la democracia. No es, pues, la prudencia la virtud más relevante del Gobierno de Rodríguez Zapatero, sino la destrucción del tejido democrático. En fin, esta sentencia será, una vez más, el mejor motivo para no aceptar que su triunfo el 14-M había sido preparado por los atentados del 11-M. Volverá, pues, a sacar pecho, y contra todas las evidencias que muestra que sin el 11-M no habrían llegado jamás al poder, y, lejos de practicar una política de apaciguamiento y sosiego con el PP, al que todas las encuestas antes del 11-M le daban por vencedor, volverá a culparlo de los atentados hasta el punto de convertirlo en un partido de apestados.

La herencia del 11-M
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 2 Noviembre 2007

Ya lo sospechábamos a partir de la instrucción del proceso. Ahora, además, tenemos la seguridad que da la sentencia: no hay dato alguno que permita sospechar de cualquier tipo de intervención de ETA en la masacre del 11 de marzo de 2004. Quiero decir que para el tribunal no hay indicio alguno en este sentido, lo que no es contradictorio con el hecho de que deja abiertas todas las hipótesis sobre la autoría intelectual de la masacre. La sentencia tan sólo llega a algunos de los autores materiales o colaboradores necesarios.

Estamos posiblemente ante uno de esos hechos históricos cuyas claves últimas terminan siendo un enigma gracias a la sofisticación de una ingeniería basada en la clandestinidad más estricta y favorecida por el gran poder económico y/o político de sus autores intelectuales. El atentado contra Carrero Blanco es uno de esos casos.

Riguroso, el tribunal no ha querido tener en cuenta las pistas que apuntaban a la autoría intelectual. En este campo lo normal es que prosigan las especulaciones, siempre, eso sí, al margen de la instrucción del sumario y la realización del juicio. Así, en términos de política internacional, la masacre de Madrid está en el plano de los atentados de Nueva York y Washington, Londres, Casablanca...

Por supuesto, hay un dato del que cabe prescindir en cualquier caso. Me refiero al significado de la fecha elegida para el atentado. En relación con este hecho se impone una prudencia exquisita ya que no es lo mismo analizar los hechos tomando como punto de vista la caída del PP que la victoria del PSOE. Y es aquí donde, víctimas aparte, queda herida la convivencia nacional. Por eso he pensado siempre que los socialistas, al ser los ganadores, tendrían que haber tenido en cuenta cómo subieron al poder. Por ejemplo, el PSOE tendría que haber evitado hechos como el Pacto del Tinell (acordado con los nacionalistas catalanes en vísperas de las últimas autonómicas) que estaba en la línea de la liquidación política de media España. Hechos como este han llevado a «pensar mal» de los socialistas.

Terrorismo y justicia: más allá de un proceso penal
Ángel Altuna El Correo 2 Noviembre 2007

Ante los efectos individuales que sufren las víctimas del terrorismo es imprescindible cerrar el ciclo de respuesta comunitaria siempre a través de la Justicia. Ésta puede ayudar a recolocar a la víctima en su condición perdida de ciudadano desde el momento en que fueron violentados sus derechos. Debemos recordar, aunque sea obvio, que la Justicia jamás podrá hacer absolutamente nada por los que han sido asesinados, de tal modo que el efecto judicial debe recaer entonces sobre los que sobreviven al acto terrorista: por un lado, los asesinos y sus cómplices; y, por otro, los heridos supervivientes y los familiares de los asesinados. La acción de los poderes públicos puede ayudar sin duda a paliar sufrimientos personales. Su inacción sólo conlleva la perduración de las heridas. En el duro recorrido de las víctimas de atentados terroristas, días como el de la lectura de la sentencia del 11-M adquieren una gran importancia.

Durante muchos años, las víctimas y familiares de asesinados por el terrorismo no se enteraban jamás de la celebración del juicio de los encausados por el delito que truncó sus vidas. La búsqueda de los sumarios en los archivos de la Audiencia Nacional, si se producía por la referencia de la víctima, era poco menos que imposible, porque aquéllos estaban organizados a través de los detenidos y acusados. La víctima, incluso desde un aspecto puramente formal, pasaba a estar siempre en un segundo plano. Será preferible no recordar lo que ocurría con anterioridad a la promulgación de la Ley de Solidaridad con las víctimas de 1999, porque provocaría un sonrojo moral y democrático que ahora puede resultar sencillamente insoportable. En esa norma se facilita y se ampara, aunque sea parcialmente, el principio por el cual la Administración se comprometía a reparar lo reparable y reconocer lo irreparable.

La opinión de la mayoría de los ciudadanos acerca de estas injusticias humanas se vería clarificada si sintiéramos a los asesinados como nuestros y propios. Si efectuamos este pequeño ejercicio de introspección que nos permita llegar a acercarnos sólo un segundo a las posibles sensaciones de los hijos huérfanos, de las viudas o de los padres de hijos asesinados por el terrorismo, podremos entender el profundo valor que las víctimas otorgan a la Justicia. De todas las peticiones generales y sociales que las víctimas suelen reclamar con más fuerza -memoria, verdad, dignidad, justicia- podemos observar que la petición de justicia es la más generalizada, la más común a todo tipo de víctimas y sin la cual no se podrán hacer efectivas el resto de demandas a las que, además, engloba. La justicia efectiva y concreta supone para todas las víctimas la herramienta a través de la cual pueden llegar a resituarse civilmente, recuperar su condición de ciudadanos como sujetos de derechos y emprender su recuperación personal.

La petición de memoria resulta más difícil de concretar, y el umbral de percepción de la misma puede ser más subjetivo. Hasta en una misma familia hay quien desea recordar más y menos; hay quien desea hacerlo de manera más simbólica y quien, sin embargo, necesita referencias físicas más evidentes. Incluso todos ellos pueden no coincidir en el momento deseado para el recuerdo. Es posible, por lo tanto, que las administraciones no acierten a gusto de todos en las formas de recordar y en cómo mantener viva la memoria de las víctimas desaparecidas, pero, sin duda, será siempre peor la opción del olvido. Con todo, una memoria sin justicia por parte de los poderes públicos constituirá siempre el recuerdo de un pecado colectivo.

La petición de dignidad también tiene un recorrido más subjetivo. Hay quien considera, yo entre ellos, que a muchos asesinados les llegaron a cercenar la vida, a arrebatarles de los suyos, a usurparles sus proyectos, pero nunca consiguieron alterar su dignidad. No podemos olvidar que esta petición actual que muchas agrupaciones de víctimas proclaman queda trasvasada a los supervivientes: heridos y familiares de asesinados. Si la respuesta del Estado no busca una justicia plena y completa, reparadora para la víctima, punitiva para el victimario y preventiva para la sociedad, sería vacío hablar de dignidad ante el fenómeno terrorista.

La verdad reclamada por las víctimas se asienta en lo que los constructivistas definen como realidades de primer orden: «Una persona es asesinada y el asesino debe ser llevado ante la Justicia». La víctima huye de lo que los constructivistas llaman realidades interpretativas o de segundo orden: «Una persona es asesinada porque existe un conflicto de origen no resuelto». Sin duda, la justicia debe ceñirse a esa realidad no interpretativa y de primer orden, por la cual los hechos probados son filtrados por el compendio de leyes y códigos que entre todos nos hemos impuesto. La petición de verdad también adquiere mayor dimensión si se une, desde el punto de vista de la justicia, a la demanda de las víctimas para que las instancias internacionales consideren los actos de terrorismo como delitos de lesa humanidad y se posibilite así su no prescripción. De este modo, también la verdad puede alcanzar a través de la Justicia un recorrido mucho mayor.

La Justicia ha sentenciado esta semana sobre los procesados tanto de los atentados del 11 de marzo de 2004 como del perpetrado por ETA en Vallecas el 11 de diciembre de 1995. Los veredictos se han redactado en relación a los hechos probados, y la resolución sobre éstos dará la medida de hasta dónde puede llegar la acción pública reparadora con la víctima y la acción retributiva con los victimarios encausados. Para que la verdad jurídica tenga el mayor alcance posible y se acerque lo más posible a la verdad de los hechos, los resortes del Estado de Derecho deben trabajar siempre con la mayor diligencia, eficiencia y eficacia posibles. Entre todos hemos generado una estructura de Estado que, siendo fruto de la democracia, puede y debe ser constantemente mejorable. Ante una resolución judicial cabe recurso, y su contenido puede suscitar opiniones, análisis y críticas. Pero el acatamiento es siempre reflejo de una sociedad madura. Puede que estos días se destaque más el malestar de algunas víctimas con la sentencia, aunque la acaten y al tiempo la puedan recurrir, pero lo verdaderamente peligroso es que simultáneamente algunos responsables de la Administración confirmen y manifiesten de antemano que no van a cumplir una determinada ley. Una vez más, las víctimas del terrorismo dando ejemplo de respuesta social y, en muchas ocasiones, de ejemplo incomprendido.

Aprender a vivir
Ramón Farré La Opinión 2 Noviembre 2007

El día que De la Vega despachó ante toda España con una "pirula" de época a la presidenta del Tribunal Constitucional, recordé, de nuevo estremecido, que la primera vez que oí a un político del postfranquismo hablar sin tapujos de ahormar -y por ende de domesticar y de someter- el poder de los jueces al arbitrio interesado del gobierno, fue a Alfonso Guerra.

Había alcanzado el PSOE una de sus primeras mayorías absolutas, que incluía mi voto, y el dirigente, todavía eufórico, manifestó ante los media con segura naturalidad que la composición de los órganos del poder judicial -clave en el equilibrio democrático por su necesaria independencia- debía reflejar los resultados electorales.

Nadie puso el grito en el cielo entonces porque todos, unos y otros, aspiraban secretamente a llevar a la práctica ese mismo anhelo. No lo hicieron y poco después quien pronunciara aquellas palabras era vicepresidente de un gobierno que presidía González, Boyer estaba al frente del ministerio de economía y el Tribunal Constitucional sentenciaba la expropiación de Rumasa.

Como se supo más tarde, el fallo fue político y precipitado. Muchas empresas fueron reprivatizadas y se adjudicaron, a veces turbiamente, a magnates y especuladores extranjeros amigos de quien mandaba. Algunas volvieron a manos de la familia Ruiz Mateos aunque apenas oyéramos hablar de expolio y de restitución... Finalmente, el prestigio del Tribunal Constitucional quedó gravemente dañado y el eminente don Manuel García Pelayo, que lo presidía y cuyo voto de calidad había decidido la expropiación, abandonó España y murió poco más tarde olvidando y olvidado.

Ha pasado mucho tiempo. Y Guerra es presidente de la comisión constitucional del Congreso. Lo era ya cuando, como quien dice ayer mismo, se votó el nuevo estatuto de Cataluña, manifiestamente inconstitucional -y aún anticonstitucional- como sostienen algunos de los expertos más probos e independientes. Ni siquiera se abstuvo, votó afirmativamente. Y lo hizo sólo unos meses después de que en la revista Temas, tan próxima a él por otra parte, hubiera afirmado rotundamente que quebrar la solidaridad interterritorial con el argumento de que en España tributan los territorios y no las personas, era, además de una patraña nacionalista y de un insulto a la inteligencia, un peligrosísimo disolvente social.

Tal vez ahora como antes, el papel de Guerra haya sido el mismo. Tal vez desde cualquiera de sus relevantes cargos, fue siempre una avanzadilla, uno de los "corredores" encargados de reconocer el terreno y de despejar, desbrozándolo, el camino.

Ese mismo camino por el que avanzan quienes, habiendo usurpado el nombre del PSOE -un día honorable-, han suplantado los principios por el fin único de atornillarse a las confortables poltronas que en nuestro nombre ocupan. Desde ellas y para librarnos de la "derecha extrema", han decidido recusar a dos magistrados del Tribunal Constitucional que pudieran no refrendar el desvarío del "Gobierno de España", como recientemente se pagan de llamarse. Es decir, el "Gobierno de España" ha optado por atentar contra la división de poderes, contra la viga maestra, contra la esencia misma de cualquier democracia. Incluso de la nuestra, de esta pobre democracia nuestra cada día más encogida y más parva. De esta pobre democracia nuestra secuestrada por partidos que no son más que máquinas electorales sometidas al criterio oportunista de gentes sin escrúpulos ni formación. De gentes que menosprecian los intereses generales y anteponen a ellos sus intereses de casta. De gentes que temen perder los privilegios que se regalan. De gentes que para preservarlos no han recelado, no han dudado en deslegitimar al Tribunal Constitucional.

Porque el altísimo tribunal ha sido deslegitimado, definitivamente. Para Artur Mas, sólo si no ratificara el nou estatut. Para el conjunto de los ciudadanos, en cualquier caso, sea su fallo el que fuere. Y no se atisba salida. Pues aunque la catedrática que lo preside tuviera la grandeza de dimitir en un intento -ya único y tardío- de restaurar el crédito del Tribunal Constitucional y de la judicatura, los ciudadanos permanecerían a merced del galope electoral de un "Gobierno de España" presidido por una máquina de la risa, en realidAZ, por una mueca más ocupada en legislar el pasado que el porvenir. Presidido por un demagogo, un conseguidor, un embaucador afanosamente aplicado en alcanzar el caos.

Mientras, los fundamentalistas de todos los pelajes -que lo saprofitan- comprueban la idónea resistencia de las sogas, la adecuada ubicación de los patíbulos. Se asegura que piensan convocar de inmediato un concurso-oposición para cubrir las plazas de verdugo recién creadas. En vernácula, naturalmente. Y por su parte quienes vieron cómo las tenues palabras de él, su risa leve, destruyeron "las torres y las rosas" de Babilonia, los ciudadanos que alguna vez gozaron el rumor del verano como una fiesta, habrán de aprender a vivir de nuevo.

Izquierda liberal
Pujol y el victimismo
Antonio Robles Libertad Digital 2 Noviembre 2007

El ex presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol se lamentaba el pasado día 30 de octubre en el artículo Intoxicación. Y consistencia de la catalanofobia de España a Cataluña:

Ahora Catalunya tiene mala prensa en Madrid. Y en toda España. Nunca como ahora la opinión pública española, es decir, no sólo los políticos, sino también los medios de comunicación –prácticamente sin excepción– y la gente de a pie, se había expresado en términos tan negativos hacia Catalunya. En la época de Franco el Régimen era muy hostil hacia Catalunya, era perseguidor y opresor. Pero la gente no tenía un grado tan alto de animadversión como tiene ahora.

Y tiene razón el ex presidente de la Generalitat. Recuerdo con nostalgia la envidia sana que el resto de españoles nos tenían en los años setenta por vivir en Barcelona. Mientras Madrid arrastraba la leyenda de ciudad de funcionarios y centro de poder franquista, Barcelona aparecía como la ciudad cosmopolita y culta. Como al París de principios de siglo, allí recalaban bohemios y creadores, escritores y activistas contra el régimen, seguros todos de llegar a la ciudad de la libertad. Esa superstición recorrió todos los rincones de España; la extendíamos los inmigrantes nacidos en otras tierras de España en cada viaje de retorno de vacaciones a nuestros lugares de nacimiento. Nunca tantos españoles se hicieron seguidores del Barça. Hay toda una generación de progres que metían libertad, Barcelona y Barça en el mismo saco. Simplificaciones muy humanas en tiempos sedientos de nuevos referentes. Rodríguez Ibarra o Rodríguez Zapatero son algunos ejemplos.

Fueron esos tiempos los mejores para la lengua catalana. Nunca tuvo tanta comprensión y defensa. Tenía menos hablantes y no regía como única lengua de las instituciones catalanas, pero contaba con el amor incondicional de todos. Precisamente lo que ahora reclaman.

A la vuelta de dos décadas, el hombre que heredó ese maravilloso legado, se queja de que España ya no nos quiere, o nos quiere menos. Se debía preguntar por qué, pues en él encontraría la causa de todas la causas.

Nada más acceder a la presidencia de la Generalitat puso en marcha el sueño nacionalista que acabaría siendo la pesadilla de quienes no lo compartíamos. Si a una persona negra no le reconoces su color de piel como atributo inseparable de su persona, es posible que tal ciudadano se sienta menospreciado en parte de sus derechos; si a un homosexual no le reconoces y respetas su opción sexual, es posible que acabe por adquirir mecanismos de defensa contra las instituciones o la sociedad que lo avergüenzan; si a un castellanohablante le excluyes su lengua en instituciones, escuela y medios públicos de comunicación, puede que acabe por sentirse excluido de derechos y menospreciado. Como el negro, como el homosexual. Sin ir más lejos, como usted se sintió menospreciado cuando en otros tiempos excluyeron la lengua de su madre. Lo terrible es que haya que explicar tal obviedad.

Nada más llegar a la presidencia de la Generalitat, ordenó una limpieza lingüística en el callejero municipal, subvencionó el cambio de idioma en letreros comerciales, obligó a cambiar de lengua a miles de maestros (14.000 se fueron de 1983 a 1985), fundó TV3 y Cataluña Radio sólo en catalán y, sobre todo, nos contagió a todos de un victimismo enfermizo respecto a Madrid que ha acabado por convertirse en un mecanismo de defensa ante cualquier responsabilidad política que habríamos de asumir y no hacemos.

Tiene también razón Pujol en su artículo al recordar que Cercanías y Red Eléctrica son responsabilidad del Gobierno de España:

¿Cómo se puede afirmar que el mal funcionamiento y la falta de planificación y de inversión son culpa de la Generalitat y, por lo tanto, de Catalunya?

Repito. Decir esto es faltar gravemente a la justicia, a la verdad, al respecto de la gente y al respeto a Catalunya. Y cuando, prácticamente, todas las fuerzas políticas españolas, y cuando, prácticamente, todos los medios de comunicación españoles participan de esta maniobra o no la contradicen y dejan que el rechazo, el desprecio, el resentimiento o, a veces, el odio se desperdiguen, hace falta decir que en España hay un fallo.

¡Cuánta razón tiene Pujol! Lástima que esa proyección para descargar en otros las culpas o inventar agravios sea la obra mejor acabada de su práctica política. Durante años la ha practicado con nocturnidad y alevosía. Él la inventó. Recuerdo durante cuántos años logró engañar al pueblo de Cataluña afirmando que la educación y la sanidad no funcionaban porque Madrid no traspasaba las competencias, cuando ya las tenía todas. Todavía hay gentes en Cataluña que creen que la culpa de todo la tiene Madrid porque Cataluña es una colonia de España. Recuerden las balanzas fiscales o los peajes que sus gobiernos renovaron. Nadie mejor que él ha practicado esa política de "resentimiento" y "odio". Él es el arquitecto. Aplíquese, por tanto, su propia acusación a sí mismo.

A menudo me pregunto qué tendrán los culturgenes de la cultura nacionalcatalanista para dejar fuera de su comprensión de la realidad el principio de no contradicción. ¿Cómo no ven que la pluralidad, comprensión, tolerancia, etc. que exigen a España no la practican ellos en Cataluña? Hace unas semanas tenían la oportunidad de ejercerla en la Feria del Libro de Frankfurt, pero prefirieron excluir a todos los escritores catalanes en lengua castellana. ¿Qué autoridad moral pueden tener discursos que boicotean productos españoles por el mero hecho de ser españoles (esta estupidez la iniciaron web nacionalistas y fueron contestadas por otras estupideces desde el otro lado del espejo)? ¿Qué autoridad moral pueden tener quienes se mofan de símbolos españoles por el mero hecho de ser españoles? ¿Qué autoridad moral pueden tener quienes apuestan contra la candidatura a los Juegos Olímpicos de Madrid, cuando toda España apoyó con entusiasmo la de Barcelona?

Estas y otras muchas paradojas y contradicciones no son obra directa del ex presidente de la Generalitat, pero todas han nacido de su doctrina victimista. 23 años de nacionalismo moderado nos han legado una generación de radicales con los que tenemos que lidiar todos los días. Él es el máximo responsable.

Tiene usted razón, señor Pujol, hoy nos quieren menos. Pero escuche la estrofa del uruguayo Jorge Drexler:

Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.

antoniorobles1789@hotmail.com

Miserias selectivas
Roberto Esteban Duque Redacción Minuto Digital 2 Noviembre 2007

Una nación está siempre o haciéndose o deshaciéndose. Según Renan, la nación consiste en un plebiscito cotidiano, un excelente programa para mañana. El Parlamento de Cataluña ha aprobado la ley de creación del Memorial Democrático, un organismo dedicado a recuperar la memoria histórica de Cataluña entre 1931 y 1980. De esta forma, el gobierno catalán ha decidido que el futuro consista en una memoria infame, por sectaria, un nefasto proyecto de futuro; se ha adelantado al Estado, evidenciando así su debilidad. En lugar de buscar glorias comunes, Cataluña procura airear miserias selectivas; frente a la idea de pensar juntos grandes cosas, se vuelve al resentimiento y se proyecta un porvenir más conflictivo para la nación española. Definitivamente, Cataluña es diferente; sus gobernantes (los peores de toda la democracia española) son quienes más y mejor se empeñan en hacer visible la diferencia catalana.

Es un fraude estar gobernado por quien no se ha elegido para mandar, por un gobierno aldeano que desintegra la convivencia de cualquier proyecto nacional común. Aguantar la vileza y miseria de la tropa de cuartel no haría sino envilecernos; obedecer sus leyes, contribuir y ser cómplice de su perversidad. No es posible que una nación quede asimilada por cuatro secesionistas a quienes la coyuntura política ha ofrecido la oportunidad de mandar. Aceptar ese modo de gobierno es encanallarse; sería como aceptar que lo habitual esté constituido por la mentira y la manipulación constante. No vale el camouflage, mostrar una realidad aparente y accidental, condenar la dictadura franquista, y pretender sepultar la realidad profunda, sustancial y efectiva, como es el profundo resentimiento. Cuando el poder se ve arrastrado a adoptar una actitud beligerante contra el pasado a través de la imposición de leyes, la sociedad de divide sin esperar ningún porvenir sereno fuera del enfrentamiento.

Si como pensaba Ortega, y la misma democracia patentiza, la opinión pública es quien realmente ejerce el mando y la autoridad en una nación, los secesionistas deberían estar lejos de la autoridad, no sólo por la ausencia de ejemplaridad o excelencia, sino porque no producen una situación de sana convivencia humana. Si se pretende cambiar la historia, hacerla gravitar y que se desplace, háganse leyes desde la verdad de los hechos, y no desde la más espuria parcialidad y sectarismo. Vivir entregados a proyectos que pretenden desmembrar la sociedad y hacer resonar el pasado con instrumentos escogidos desde el puro arbitrio sólo invitan a la más penosa confrontación. Lo que el pueblo español había asimilado de un modo noble y maduro; lo que en tiempos de pacífica transición era fácilmente soportado, se convierte ahora en un enojo para un sector crecido por la favorable circunstancia política.

Aquí está el verdadero problema. El auténtico fraude, el fraude inicial, es bien distinto al que parece ser. No se encuentra el mal en la clase gobernante catalana - la peor de las posibles -, sino en quien pretende ampliar su musculatura ofreciéndole más poder. El nacionalismo sólo es un artificio, fuego fatuo. El mal está en la descomposición en que ha caído el desgobierno de la nación. Las leyes que se vienen aprobando, y que se aprobarán en un futuro inmediato, expresan un desorden primero del que todos somos víctimas. Si el gobierno catalán se muestra fuerte es porque el Gobierno de la Nación adolece no ya de debilidad, sino de una perfecta deshumanización cuya fealdad máxima consiste en hender la sociedad en vencidos ahora vencedores y vencedores ahora vencidos.

Contra la concordia
Editorial ABC 2 Noviembre 2007

EL proyecto de ley de «memoria histórica» fue aprobado el pasado miércoles por el Congreso de los Diputados, lo que, dado que la mayoría relativa del PP en el Senado no supone un obstáculo, garantiza que este texto acabe en el Boletín Oficial del Estado antes de que termine el año. Se trata, sin duda, de una mala noticia para la sociedad española, porque será una ley que liquide el consenso constitucional sobre nuestro pasado inmediato, pues la Constitución de 1978 fue fruto de la más fiel memoria histórica de los españoles, dispuestos a no repetir más actitudes de enfrentamiento y odio. Ahora se presenta esta futura norma como una iniciativa que restaña heridas, buenas y falsas palabras que esconden las peores intenciones de una izquierda empeñada en sembrar el ordenamiento jurídico de normas cuyo verdadero efecto es la deslegitimación de la Transición y de los valores constitucionales. Nunca la memoria de un pueblo puede ser regulada por ley, ni la historia definida sólo por algo más de la mitad del Parlamento, salvo que se persiga lo que realmente se pretende en este caso, que es una ley ideológica, una ley doctrinaria cuya finalidad es el desahogo extemporáneo de una izquierda aún marcada por el fracaso de la República y cada día más al margen de la concordia nacional reiniciada en 1978. El apoyo del Partido Popular a las medidas que contiene el proyecto de ley para indemnizar a las víctimas republicanas de la contienda y de la dictadura y para despolitizar el Valle de los Caídos demuestra que, si el PSOE hubiera querido, habría podido lograr el consenso con la oposición. Pero el propósito no era tanto hacer justicia con quienes podrían merecerla, como demostrar que ahora hay en el Parlamento una mayoría de izquierda, radicalizada y revanchista -coreada por nacionalismos que quieren cuadrar el círculo de defender sus idearios democristianos en pactos contra natura con socialistas y comunistas-, dispuesta a pasar por encima de la convivencia con tal de demostrar que ésta no es la democracia ni el orden constitucional que les hubiera gustado hacer hace treinta años.

Por otro lado, es una ley sin aprecio ciudadano, porque no resuelve ninguno de los problemas que condicionan el presente y el futuro de la sociedad española. Aun cuando se insista -y el objetivo es legítimo- en que la norma pretende resarcir a las víctimas, la ley seguiría siendo innecesaria, porque todos los gobiernos democráticos han reparado moral y materialmente a los represaliados republicanos sin necesidad de normas legales ni debates retrospectivos. Además, es una ley que juega con los sentimientos porque hace pasar como derechos individuales lo que no son más que meros artificios legales, tales como la declaración de ilegitimidad de las sentencias dictadas por tribunales franquistas o la derogación de algunas leyes del anterior régimen, como si lo primero fuera suficiente por sí solo para anular una sentencia y lo segundo no se hubiera producido ya por efecto de la entrada en vigor de la Constitución. En definitiva, un golpe de mano legislativo de la izquierda contra la convivencia.

Educación para la Ciudadanía
La batalla de la moral
Fernando López Luengos Libertad Digital 2 Noviembre 2007

El capitán italiano salió audazmente de la trinchera gritando a pleno pulmón:

– Avanti tutto!!!

Pero a los pocos pasos tuvo que detenerse viendo que sus soldados, todavía dentro de las trincheras, aplaudían con los ojos empapados en lágrimas exclamando:

– Che coraggio!

En cierta ocasión vi una asamblea arrancar en aplausos enfervorizados ante las valientes palabras de un obispo defendiendo el derecho de los padres a educar a sus hijos en sus propias convicciones morales y religiosas. Curiosamente buena parte de esa gente fue incapaz de secundar la movilización ciudadana por la objeción de conciencia alegando el criterio de la adaptación de la asignatura al ideario del centro. Ellos también sabían aplaudir el coraggio del capitán, mientras permanecían seguros dentro de la trinchera.

En estos momentos en España se libra una batalla violenta: la libertad de conciencia frente a la imposición del relativismo. Y en ese relativismo caen muchos creyentes cuando restan importancia a las intenciones ideológicas del Gobierno: algunos para justificar su tibieza ante la objeción de conciencia, y otros sencillamente por miedo.

Sin embargo el relativismo no es una posición verdadera frente a la realidad. Pues en los entresijos de nuestra conciencia es difícil ocultar la convicción de que no da igual cualquier cosa. Que hay cosas buenas y malas. Ni la sexualidad es algo que se elige, ni la conciencia moral se decide caprichosamente como pretende Educación para la Ciudadanía. Pues el bien no lo define ni el Estado ni siquiera las leyes democráticas por muy necesarias que éstas sean.

El programa ideológico del Gobierno es explícitamente relativista, un relativismo además, obligatorio. Cualquier propuesta de un Bien objetivo es considerada intolerancia. Y las creencias religiosas son consideradas fuentes de conflictos (cfr. Manifiesto del PSOE de diciembre pasado).

Casi todos los defensores de la asignatura coinciden en su odio visceral a lo religioso tal y como reconocieron sus creadores. Se trata de acabar con la influencia que la Iglesia tiene en la formación moral a través de la escuela (borrador de EpC de la fundación CIVES).

Pero este proyecto ideológico confluye con otros intereses particulares: el profesor José Antonio Marina es el profeta de la nueva catequesis laicista de Zapatero. Este profesor de filosofía, después de afirmar que la Iglesia ha usurpado el verdadero significado del cristianismo, es capaz de llamarse –hipócritamente– cristiano para la confusión de algunos incautos religiosos. Es él quien ha diseñado un modelo de ética universal que ha de estar, dice, por encima de la moral religiosa y que desarrolla en el manual de la asignatura de la editorial SM que se supone dirigida también por religiosos. Significativamente ostenta el privilegio de ser él mismo el adalid de semejante gesta: ¿estaría completo su manual de EpC si su fotografía no apareciera en la contraportada? Ciertamente, tienen poco que ver la imposición relativista del gobernante con la megalomanía universalista del sofista Marina. Pero en esta ocasión, aún con intereses diversos, ambos son beneficiarios de la común empresa de Educación para la Ciudadanía.

Semejante es el papel de doña Carmen Pellicer enarbolando el fundamento intelectual de la posición tibia de la FERE. Esta teóloga, madre de familia, no es relativista a la hora de elegir un colegio católico para sus hijos, como buena parte de los políticos socialistas de mi región de Castilla-La Mancha. Y defiende la posibilidad de adaptar la asignatura al ideario de los centros católicos tal y como muestra el manual que ella misma ha publicado. La asignatura es una ocasión estupenda para educar en buenos valores, afirma. ¿Pero desde cuándo un colegio de identidad católica necesita esa materia para educar en la fe? ¿Por qué –contésteme, señora– se debe obligar por ley a educar la moral los niños de los centros públicos más allá de los valores de la Constitución? Si sus hijos se encuentran en un colegio con ideario católico no tiene usted ninguna autoridad para defender semejante intromisión del poder sobre la libertad de los padres en la educación de sus hijos.

Mientras los ideólogos del relativismo intenten imponer a la fuerza su ideología y los tibios creyentes relativicen los efectos de este proyecto, sólo nos queda proclamar con coraggio que el Bien y la Verdad bien merecen afrontar los sufrimientos de la objeción de conciencia. Esto, señores, no es relativismo: es la pasión socrática por la Verdad.

(En homenaje a la gente del movimiento que sí salió de la trinchera)
Fernando López Luengos es Doctor en Filosofía y vicepresidente de la Asociación de Profesores Educación y Persona

La exigencia del euskera complica la falta de médicos especialistas
La oposición puntúa casi igual el idioma que todos los méritos científicos
EDUARDO AZUMENDI - Bilbao El País 2 Noviembre 2007

La falta de médicos especialistas se ha convertido en un problema acuciante para todos los sistemas de salud. Las comunidades autónomas se los rifan y algunas incluso han empezado ya a captar médicos extranjeros. Si esa carencia resulta estructural, en el caso de Euskadi la situación se complica todavía más por la exigencia administrativa que tienen los facultativos de saber euskera. Algunos más que otros. Los más obligados son los pediatras, por estar en contacto con la población con mayor porcentaje de bilingües, los niños. Esa exigencia ha supuesto que conocer el euskera puntúe en las oposiciones que convoca Sanidad casi lo mismo que los méritos científicos acumulados durante años de profesión, cerca del 10% del total de puntos en juego.

Pediatría es una de las siete especialidades básicas en que Sanidad reconoce que sufre un déficit de especialistas, problema que las exigencias lingüísticas han terminado por agravar. Sólo en Álava, la provincia menos euskaldún, una de cada cuatro plazas de esta especialidad ha tenido que ser cubierta por un médico de familia.

En una carta remitida a EL PAÍS, el presidente de la Asociación Española de Cuidados Intensivos Pediátricos, Juan Casado Flores, mostraba el pasado 20 de octubre su "sorpresa y pesar" por esta circunstancia. Casado, una autoridad nacional en pediatría, se topó con esta valoración del euskera hace unos tres meses, cuando se le requirió para que formar parte de un tribunal que debía seleccionar a cuatro especialistas en niños enfermos críticos para los hospitales de Cruces y Donostia. "Un médico especialista que sepa euskera, siendo deseable tener este conocimiento, pero sin ningún otro mérito, tiene muchas más posibilidades de ser elegido para ocupar una plaza fija de especialista que el médico con mayor experiencia y reconocimiento en su área", se lamenta Casado, quien también es jefe de servicio del Hospital Niño Jesús, de Madrid, un centro que está especializado en cuidados intensivos pediátricos.

"Cuando me enteré de las bases de la oposición", recuerda Casado en declaraciones a este periódico, "discutí con los otros miembros del tribunal, porque me parecía desproporcionado otorgar 16 puntos al euskera frente a los 20 que se podían lograr con toda la carrera científica. La respuesta fue que no se podían cuestionar las bases porque era decisión del Gobierno vasco. Y yo lo que dije es que cuando tienes a un niño gravemente enfermo y hay que sacarle adelante, lo único que cuenta es tu pericia y conocimientos profesionales, no el saber más o menos euskera. Y si no, que se lo pregunten a sus padres".

En su opinión, el euskera puede ser "un idioma maravilloso", pero "nunca" tiene que resultar determinante a la hora de elegir a los mejores profesionales. "Me parece un empobrecimiento dar los mismos puntos al historial profesional y al euskera. Es que,en estas condiciones, ni el mayor experto mundial podría obtener plaza en Osakidetza si no sabe euskera. Resulta una locura".

También en una línea crítica con la valoración que se otorga al euskera en las oposiciones, la Sociedad de Medicina Familiar y Comunitaria-Osatzen está a la espera del resultado del recurso judicial que presentó contra las oposiciones de diciembre pasado. El título de medicina familiar suponía 13 puntos frente a los 16 que se otorgaban a la lengua vasca. Supone una diferencia que, según un portavoz de la citada sociedad, resulta "desproporcionada".
Oposiciones a médico en Osakidetza

- El baremo máximo asciende a 176 puntos. El propio examen otorga hasta 100 puntos. Es necesario obtener 50 o más para aprobar y pasar a la siguiente fase.

- Antigüedad profesional: un máximo de 40 puntos.

- Toda la experiencia y méritos en formación, docencia e investigación cuentan hasta 20 puntos. En este apartado, todas las publicaciones y ponencias a congresos otorgan hasta cuatro puntos; dominar el inglés, 1,5; ser catedrático de Medicina, 1,20, y la formación continuada (asistencia a cursos y el entrenamiento específico), seis puntos.

- Euskera. Existen dos perfiles lingüísticos (PL): el 1, que otorga ocho puntos y el 2, que supone 16. El PL 2 equivale al cuarto curso de la Escuela Oficial de Idiomas y un décimo curso de un euskaltegi (para obtener el título EGA hay que superar 12 cursos).

- Osakidetza reconoce que sufre un déficit de médicos en siete especialidades básicas: pediatría, psiquiatría, dermatología, endocrinología, cirugía pediátrica, cirugía torácica y cirugía vascular.

Concentración y clase de EpC
Ignacio Arsuaga HazteOir.org 2 Noviembre 2007
 

Querido/a amigo/a:
 
Aguirre, Aznar, Bermejo, Cabrera, Caldera, Cañizares, Chaves, de Castro, Garrido, Montilla, Pepiño, Zetapé… representados por actores amateurs… participarán en la clase de Educación para la Ciudadanía que celebraremos D.m. en frente del Ministerio de Educación (Alcalá, 36) el próximo lunes 5, a las 13,30 h.
 
Ayer hicimos un ensayo y, la verdad, quedó de lo más divertido. Pero, sobre todo, nos sirvió para comprobar que (i) somos unos actores decentes y (ii) la representación servirá para demostrar el carácter profundamente totalitario y adoctrinador de la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC).
 
El acto que hemos preparado puede mirarse desde diversos ángulos. Es, a la vez:
  • Una representación de una clase de EpC en la calle
  • El acto de entrega de las primeras 25.000 adhesiones a la petición www.epcno.org
  • Una concentración de ciudadanos en protesta contra la asignatura adoctrinadora de EpC
De hecho, el miércoles recibimos la notificación del Delegado del Gobierno, por la que acusan recibo de nuestra comunicación, en la que informamos a la autoridad competente sobre nuestra “intención de llevar a cabo una concentración, el próximo 5 de noviembre de 2007, desde las 13:30 hasta las 14:30 horas, frente al Ministerio de Educación, calle Alcalá nº36, de Madrid, cuyo motivo es protestar contra la asignatura de EpC y hacer una simulación de una clase de dicha asignatura”. Al mismo tiempo, el Delegado del Gobierno nos informa de que “no tiene inconveniente en que se celebre” la concentración. Puedes bajarte una copia de la comunicación de la delegación pinchando aquí.
 
Por supuesto, estás más que invitado. Nos gustaría llenar la clase de EpC. Nos gustaría que el acto del lunes sirviera para llenar la calle, para reunir a muchos cientos de personas que le digan – le digamos – bien alto y claro, a la Ministra Cabrera, que no estamos dispuestos a que el Estado forme en su moral y en su ideología a los futuros ciudadanos.
 
Por eso, si te es posible: no nos mires, ¡únete! Recuerda:
Toda la información actualizada, la puedes encontrar en:
 
Repartiremos 100 camisetas epcno, con las leyendas: “Yo no quiero que me eduque Zapatero” y “ZP, deja a los niños en paz”.
 
Si todavía no lo tienes claro, hemos preparado un vídeo-invitación que estamos seguros te gustará. Puedes verlo desde:
 
Muchas gracias por seguir apoyando esta lucha a favor de la libertad y de los derechos de los padres.
 
Hasta el lunes, si Dios quiere.
Un abrazo,
Ignacio Arsuaga y todo el Equipo de HazteOir.org

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