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Recortes de Prensa    Martes 13 Noviembre   2007

Una diplomacia en ruinas
FLORENTINO PORTERO. Analista del Grupo de Estudios Estratégicos GEES ABC 13 Noviembre 2007

LA sociedad española está entre atónita, avergonzada y escandalizada por el papel de nuestra diplomacia en el mundo. Empieza a ser normal que el Rey tenga que oír en sus visitas oficiales cosas a las que, afortunadamente, no estaba acostumbrado. Lo ocurrido en la Cumbre Iberoamericana no deja de ser la gota que colma el vaso, la expresión en imágenes de la situación patética a la que hemos llegado.

Aquellos a los que injustificadamente se apoya, abandonando nuestro compromiso con la defensa de la democracia, son los que nos acusan de ser de-mócratas, ellos dicen «fascistas», y de que nuestras empresas inviertan en sus países, comprometiendo nuestros ahorros con su destino nacional. Todo ello en la cara de quien representa nuestra continuidad histórica, nuestra unidad y nuestros valores. Ese es el premio que recoge Zapatero por vincular la democracia española con movimientos radicales, por ceder a sus presiones sobre nuestras empresas, por regalar dinero del contribuyente español en forma de ayuda a regímenes que ansían acabar con las instituciones representativas.

La Corona ha sido expuesta a una situación tan violenta como innecesaria. A la vista de lo ocurrido el primer día de sesiones, el Gobierno debía haber sugerido al Rey su no asistencia, como señal de disgusto y como medida de prudencia para evitar lo que finalmente ocurrió. Una institución tan importante y delicada como la Corona no puede asociarse a espectáculos tan penosos como los acaecidos en Santiago de Chile. Es el Presidente del Gobierno quien tiene que lidiar con esas situaciones, con energía e inteligencia.

La Cumbre permitió a Chávez organizar uno de sus números circenses a costa de España, a su juicio quintaesencia de los males que asolan el continente. Buscó el enfrentamiento y lo consiguió, arrastrando al propio Rey a una escena impropia de su condición. Lo ocurrido le ha permitido seguir en primera línea informativa y continuará explotando el suceso. La política de Zapatero en América Latina se ha venido abajo. Ya nadie puede dudar de que jugar a la revolución con bolivarianos y demás calaña no era sólo una frivolidad, era, sobre todo, un atentado contra nuestros intereses nacionales.

Con la legislatura casi vencida los resultados de la diplomacia de Zapatero están a la vista. Hemos desaparecido de los foros de decisión para acabar de la mano de tiranos y corruptos de distinta condición. Los intereses nacionales han sido abandonados en pos de iniciativas tan mal fundamentadas como peligrosas. Nuestra autoridad se ha esfumado tanto en Iberoamérica como en Europa. De Washington para qué hablar. En el Mundo Árabe hemos caído en brazos de los regímenes más peligrosos, para escándalo de nuestros amigos tradicionales en la región. El daño ocasionado es tan grande que tardaremos muchos años en recuperar una parte considerable de lo perdido. No es realista pensar que podamos volver a gozar de la influencia que teníamos antes de la llegada de Zapatero, porque hemos mostrado al mundo hasta qué punto estamos divididos y, por lo tanto, nuestra inconsistencia como aliados.

La regeneración de la política exterior de España sólo puede llegar del Partido Popular. Una victoria electoral de Mariano Rajoy es la conditio sine qua non para poner fin a este desastroso período de nuestra historia nacional caracterizado, como recientemente señaló Esperanza Aguirre, por el intento de enfrentar a unos españoles con otros, de reabrir profundas heridas en la memoria colectiva. Una derrota del Partido Socialista llevaría a la defenestración de sus actuales dirigentes y a un cambio de estrategia. Sólo entonces cabría esperar una vuelta a la cordura.

La política exterior española ha carecido durante años de una argumentación pública, de un discurso comprendido y asumido por la población. Éste es el momento. Rajoy tiene la oportunidad de ofrecer a los españoles un programa de política exterior que nos ayude a entender cuál es el papel que queremos jugar en la escena internacional y a recuperar parte del protagonismo perdido. Una tarea que sólo se comprendería plenamente dentro de otra de mayor calado: la reconstrucción de la identidad española. Un reto que Rajoy ha asumido, lo que millones de españoles le agradecemos. Sólo sabiendo quiénes somos podremos definir cuáles son nuestros valores, nuestros intereses y el papel internacional que queremos desempeñar. España es un todo. No basta con tratar de restablecer su organización territorial o combatir con firmeza y desde la ley el terrorismo independentista, hay que afrontar la reconstitución nacional desde todos sus flancos.

La política exterior de una nación democrática sólo puede fundamentarse en su historia y valores. No somos un estado recién constituido, sino uno de los más antiguos de Europa. La experiencia y las vivencias de siglos están presentes, pero tamizadas por los valores y sentimientos de los españoles de hoy. Una síntesis que está recogida en el texto de nuestra Constitución. España es una nación democrática, que cree en los derechos del individuo, que se siente solidaria con quien lo necesita, y que es parte consustancial de Occidente. La dimensión internacional de España debe estar imbuida de estos principios. No podemos alentar ni quedarnos de brazos cruzados ante regímenes dictatoriales de ningún signo. Es inaceptable, e incomprensible para nuestros aliados, que España actúe como embajadora de la Cuba castrista, del movimiento bolivariano de Chávez, del régimen sirio o, peor aún, que se lance a insensatas e irresponsables iniciativas siguiendo la estela y de la mano de Irán. España debe estar junto a las naciones democráticas y colaborando solidariamente en la promoción de la libertad, de la justicia social y de los mercados abiertos, porque no hay mejor garantía para la paz que una sociedad internacional formada por gobiernos responsables sometidos al imperio de la ley.

España debe volver a ser un actor relevante en la construcción europea. Tenemos cosas que decir y experiencias que compartir. Fuimos en Europa un socio ejemplar; supimos aprovechar y agradecer las ayudas que nos concedieron; lideramos la reacción frente al inmovilismo en que había caído, reacción que hoy capitanean otros. No es aceptable, más aún es humillante, que España haya desaparecido de las discusiones importantes y haya pasado a ser un socio tan silencioso como obediente. Europa tiene ante sí graves retos y no está claro que los pueda superar. Tenemos que volver a situarnos a la cabeza de aquellos que apuestan por la liberalización económica; por una mejor educación y una superior investigación; por la defensa de los valores occidentales; por una posición firme frente al terrorismo yihadista y a la influencia islamista sobre nuestros conciudadanos musulmanes; por una presencia internacional comprometida con la defensa de la democracia y los mercados abiertos.

En Afganistán estamos luchando por la libertad frente al fundamentalismo islamista. El resultado de ese conflicto, como el de Iraq, será decisivo para el desarrollo de otro de más envergadura que incluye a los ya citados: el que enfrenta al islam radical con el mundo musulmán y con Occidente. Siendo consecuentes deberíamos realizar una contribución más generosa y comprometida.

Aunque la política exterior y de defensa no suele ser materia de interés fundamental en las campañas electorales, las circunstancias exigen una toma de posición firme, un esfuerzo doctrinal para ilusionar a los españoles sobre un aspecto de nuestra política nacional que se encuentra en quiebra y amenaza ruina. Si Mariano Rajoy no aprovecha esta oportunidad, la España liberal-conservadora habrá perdido una ocasión de oro. No basta con reivindicar el sentido común. Hay que ganar la batalla de las ideas.

FLORENTINO PORTERO
Analista del Grupo de Estudios Estratégicos GEES

El Gobierno rehúye el problema
Editorial ABC 13 Noviembre 2007

EL Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero empieza a resentirse del grave incidente diplomático provocado por Hugo Chávez y, por eso, ha decidido aplicar el método de negar el problema para no enfrentarse a él. Sin embargo, el autócrata venezolano ha preferido aguar nuevamente las expectativas del Gobierno socialista porque no sólo se ha ratificado en sus insultos al ex presidente José María Aznar, sino que también ha implicado a Su Majestad el Rey en el intento de golpe de Estado que tuvo lugar en Venezuela en 2002. Por tanto, Rodríguez Zapatero no puede eludir la obligación que le incumbe de dar contenido político y diplomático a la enérgica defensa que hizo Don Juan Carlos de la dignidad nacional, en su condición de máximo representante del Estado español. Ni el prestigio mundial del Rey ni la defensa de la figura política de Aznar pueden ser utilizadas como excusas para dar por zanjado lo que constituye una grave crisis diplomática con Venezuela, que debe ser abordada con los recursos legítimos que están a disposición de un Gobierno democrático como el español. Ayer, el Partido Popular pidió al Ejecutivo socialista una reacción basada en medidas que pueden considerarse de manual básico de la diplomacia, como la llamada a consultas del embajador español en Venezuela, pero el Gobierno se precipitó a rechazar tal iniciativa. Insultar a España y atacar la figura del Jefe del Estado no puede quedar impune, aunque estos desafueros los cometa quien pasa por ser el interlocutor privilegiado de Zapatero en Iberoamérica. «Encapsular» el conflicto, o no hacer nada, que es lo que defienden el PSOE y el Gobierno, equivale a claudicar ante la embestida de un demagogo populista, y así no sólo no se recomponen relaciones, sino que éstas se arruinan porque quedan despojadas del respeto recíproco y de la dignidad mínima que un Estado como España debe exigir a cualquier otro Estado.

Bien está que Zapatero defendiera la figura de Aznar, pero no tiene sentido mitificar esta actuación del presidente del Gobierno porque ni lo que provocó Chávez fue un asunto personal ni lo que está en juego es el prestigio de Aznar, a quien, por cierto, la izquierda española no se ha recatado en llamar genocida y asesino allí donde ha podido hacerlo, con la aportación del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, que lo acusó de apoyar el golpe de Estado contra el presidente venezolano en 2002.

La responsabilidad del Gobierno no se agotó con la morosa y plana recriminación de Zapatero a Chávez, aunque haya sido rentable para el jefe del Ejecutivo español para su imagen -sublimada por la propaganda de La Moncloa- como hombre de talante y generoso con el adversario. El presidente de Venezuela actuó premeditadamente y su voluntad de crispar y reventar la cumbre ya era conocida por las delegaciones iberoamericanas presentes en Santiago de Chile. Hay una clara estrategia del populismo izquierdista de la región en convertir a España en chivo expiatorio de los males de sus pueblos y en coartada para acosar a las empresas españolas. La situación no admite ahora paños calientes, porque todos los que se han aplicado a estos voceros bolivarianos han sido un fracaso. El Gobierno tiene que enfrentarse decididamente al presidente venezolano y restaurar, si sabe y quiere, el prestigio internacional de España. Claro es que para conseguir este objetivo España necesita lo que no tiene: aliados fiables y con peso específico. Probablemente esta carencia de apoyos explique la pasividad exasperante del Gobierno español, pues una campaña diplomática de respuesta a las ofensas de Chávez requiere respaldos decididos en Iberoamérica, en Washington y en Europa.

La diplomacia española, bajo la dirección del Gobierno socialista, ha desahuciado los intereses españoles en las regiones estratégicas para nuestro país. Lo ha hecho asignando a España prioridades propias de países tercermundistas no alineados, cultivando la amistad de líderes tan peligrosos como marginados de los grandes foros internacionales y degradando el horizonte internacional de nuestro país en apuestas tan vanas como la Alianza de Civilizaciones. La cosecha de estos fracasos diplomáticos se ha hecho visiblemente dramática desde que un demagogo lenguaraz, como Chávez, se atreviera a insultar a España y al Rey sin que el Gobierno le haya impuesto la más mínima sanción diplomática.

Cuestión de sentimientos
Regina Otaola Libertad Digital 13 Noviembre 2007
Si algo ha quedado claro tras la última Asamblea de la FEMP es que para el PSOE cumplir y hacer cumplir la Ley es una cuestión de sentimientos, aunque hablemos de un mandato constitucional recogido en sentencia firme y reciente por el Tribunal Supremo.

Esta actitud de falsa consideración hacia los sentimientos nacionalistas vuelve a poner sobre la mesa la debilidad de un Gobierno que se dice de España pero es incapaz de actuar en consecuencia en muchos lugares del territorio nacional, y abre la puerta a futuras y desmedidas expresiones de la sentimentalidad nacionalista, cuyas imposiciones ideológicas y su constante desprecio por todo lo que representa España no son desde luego respetuosas con lo que siente la mayoría de los españoles.

De este modo, en el País Vasco seguiremos asistiendo impunemente a la exhibiciones de sentimentalismo a favor del Plan Ibarretxe, de los presos etarras y de la cúpula de Batasuna en la cárcel, y en contra del TAV, de la Ley de Partidos o de la propia bandera española. Lo de menos será que los nacionalistas de distinto pelaje infrinjan la Ley porque, como reconocen habitualmente los propios separatistas, su pretensión de construir un Estado-nacional vasco es “cuestión de sentimientos”. Sentimientos de odio antiespañol, por supuesto, que es el cimiento es que se sustenta toda la ideología del nacionalismo vasco.

Por su parte, los socialistas seguirán haciendo equilibrios en el vacío para buscar el apoyo del PNV a los Presupuestos del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, aunque ello suponga aprobar los Presupuestos del Gobierno tripartito en el País Vasco, con lo que incluyen: transferencias al entorno proetarra, ayudas a los familiares de terroristas encarcelados y financiación para el Plan Ibarretxe y sus derivaciones en “consulta ciudadana” y la propaganda que lleva aparejada, tanto en el País Vasco como en el extranjero, donde los nacionalistas buscan la “internacionalización” del “conflicto vasco” que definitivamente es, como saben los socialistas, un “conflicto de sentimientos”.

A nosotros, mientras tanto, nos acusarán de “atizar con el palo de la bandera” a aquellos que se resisten a cumplir con la Ley, pero si acatar la legalidad vigente depende ahora mismo de sentimientos es que el PSOE ya ha puesto fecha de caducidad al actual régimen democrático. Veremos si lo reemplazan por un nuevo sistema basado única y exclusivamente en los buenos sentimientos, por ejemplo a la hora de pagar los impuestos, o si básicamente se disponen a imponernos un régimen socialista en que sólo habrá cabida para una clase de sentimientos: los de socialistas y sus socios nacionalistas.

Porque al final, como siempre, la actitud del PSOE sólo tiene la intención de hacer ver que los socialistas son tremendamente respetuosos con la pluralidad política, aunque ello sea producto de su actual necesidad de apoyo presupuestario, pase necesariamente por excluir al PP de la vida pública nacional y suponga además despreciar el sentimiento nacional mayoritario entre los españoles. El PP, por su parte, estaría según está visión en contra del respeto a dicha pluralidad, al buscar imponer la bandera española (el acatamiento de la Ley por parte de las instituciones democráticas), pero ya se sabe que la Derecha no tiene sentimientos. Son todos de la Izquierda y sus aliados antiespañoles.

"A por ellos, como en Paracuellos". Que el silencio no nos condene
Pío Moa Libertad Digital 13 Noviembre 2007

La falsificación del pasado corrompe y envilece a los pueblos que la aceptan, véase lo que está ocurriendo en las Vascongadas y en Cataluña, lo que puede terminar ocurriendo en el conjunto de España. Sobre la mentira no puede construirse nada sólido: la cultura naufraga en charlatanería y la política en demagogia embrutecida y fanatismo.

Cuando estos procesos avanzan, el silencio es una forma pasiva de colaboración con ellos. Una responsabilidad, sobre todo de los historiadores e intelectuales en general. Reitero mi llamamiento a firmar el Manifiesto por la verdad histórica contra la Ley de los chequistas. Que no nos condenemos por no alzar la voz cuando era indispensable.
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"¡A por ellos, como en Paracuellos!" nueva consigna de la izquierda que se manifiesta habitualmente con las banderas del Gulag y de la II República mezcladas.
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El PP se aclara cada día más.
Lean, por favor, el artículo de García Domínguez sobre Sirera y el Estatut. Lo bueno del PP ahora mismo es que está traicionando a la mitad –posiblemente más— de sus electores ya antes de alcanzar el poder, hecho muy de agradecer, porque lo tcomún es traicionar después, cuando al votante no le queda escapatoria. Solo pueden llamarse a engaño quienes se empeñen en engañarse a sí mismos.

Otra mitad no es traicionada, porque está de acuerdo en seguir las pautas del PSOE, con algún que otro matiz. Zapo, reconózcase, no solo es el líder de su partido, sino también de una derecha ajena a las ideas y a la cultura, e incapaz de afrontar la crisis.

Pero otra parte de aquella masa ya abiertamente traicionada, falta de representación y de dirección, está dispuesta, como "mal menor", a seguir a tales pastores, y estos se permiten despreciarla. Parodiando a Gil-Robles, los jefes del PP están convencidos de que les votarán de todos modos, “por la cuenta que les trae”.

También cabe pensar que Rajoy tenga miedo, en el fondo, a ganar las elecciones.
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Por qué "de hierro" aquellos años. Me preguntaba César Vidal por el título del libro. Fueron tiempos de represión y de hambre --entre otras muchas cosas no tan negativas--, pero sobre todo transcurrieron bajo la sombra de la guerra mundial, con serias posibilidades de entrar en ella, de ser invadidos o de volver a la guerra civil. Gracias a que nada de ello ocurrió, España pudo evolucionar en paz, si bien con una dictadura, y llegar sin traumas a la democracia. Hoy puesta nuevamente en peligro por los autoproclamados herederos del Frente Popular.

Cumbre Iberoamericana
Zapatero, el hombre sentado
Cristina Losada Libertad Digital 13 Noviembre 2007

El incidente provocado por Chávez en la clausura de la Cumbre Iberoamericana no se encuadra en el esquema del fútbol. Quiero decir que no fue un Venezuela contra España ni un España contra Venezuela, y más vale sacarlo del terreno de juego patriótico, que es donde la demagogia chavista trata de situarlo. Para conducir este episodio al lugar apropiado, hay que evaluar las palabras que Zapatero dijo al principio de su réplica al antiguo golpista: "estamos en una mesa donde hay gobiernos democráticos". Pues mire, había gobiernos democráticos y había gobiernos nada democráticos en aquella mesa que, de pronto, parecía la de Crónicas marcianas. Cuba, cuyo canciller avizoraba el espectáculo justo al lado de ZP, era el ejemplo más sangrante de lo segundo. Y, después, Venezuela.

El socialismo aquí gobernante ha demostrado sobradamente y, en particular, con las relaciones privilegiadas, amistosas y cómplices que estableció con Hugo Chávez, que sufre de un padecimiento extendido en la izquierda. Ése que impide reconocer la diferencia entre una democracia, aún con sus defectos y conflictos, y un régimen nacido o refrendado por las urnas, pero que destruye parte o todos los elementos constitutivos de aquella. En ese campo, sólo interesa si el régimen es "de los nuestros" o no, y siempre que se adorne con vitolas de "socialista", "revolucionario" y "antiimperialista" tendrá asegurado el aplauso. Si, además, sus jerifaltes llaman demonio a Bush y Satán a los USA, ya tenemos el kit completo para el éxito entre los "progresistas", que, a pesar de ello, no emigrarán en masa para vivir bajo esos regímenes que tanto aprecian. Es notorio que, para Zapatero, el propio Chávez, como Evo y Castro, era de "los suyos" y así ha querido hacerlo ostensible. Hasta ahora. Hasta que la proximidad de las urnas le impone algunos cambios de estilo, más allá de la bobada de la zeta.

El pequeño problema es que los dictadores, máxime si son pendencieros y matones, se crecen cuando se les da cancha. Puede que España haya de mantener relaciones con regímenes execrables. Pero cosa distinta es darles abrazos fraternales y compartir su retórica, incluida, desde luego, la descalificación de Aznar, que ha sido alimentada con constancia por la cúpula del PSOE. Sería de una gravedad rayana en lo estúpido que Zapatero, en lugar de advertir a Chávez que esta vez no pasaría por el aro de los insultos al ex presidente, se hubiera dedicado a brindar con el dictadorzuelo "por los pobres", pobres a los que aquel sume más en la miseria. A modo de excusatio, dice Trinidad Jiménez, estatua de sal en la mesa, igual que la supuesta moderadora, la presidenta chilena, que lo ocurrido era "imprevisible". En tal caso, los asesores del presidente merecen el despido, pues no puede decirse que el caudillo ocultara sus bravatas hasta el instante de la clausura.

Como nadie esperaba de Zapatero que alguna vez pidiera respeto para Aznar, al que han acusado y vilipendiado con ferocidad desde sus filas, su réplica ha pasado por decente. Pero hete aquí que el político que se enorgullece de sentarse en un desfile al paso de la bandera norteamericana, no se dignó a levantarse de la mesa donde se injuriaba a su predecesor y a su país. Su reacción retrata, de nuevo, al hombre que sólo se esfuerza por ser cortés y dialogante, conciliador, paciente y complaciente con los que no respetan las reglas democráticas, pero considera "de los suyos". Esa debilidad selectiva, pues es suave con los intolerantes y violentos, y duro con los que discrepan de su política, condujo allí, en Chile, a que se pusiera al jefe del Estado en situación desairada y, en definitiva, en un aprieto.
Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Entrevista en La Vanguardia
En defensa de Daniel Sirera
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 13 Noviembre 2007

Parece mentira que a estas alturas alguien dude de las posiciones del presidente del Partido Popular de Cataluña. Salvo que uno se chupe el dedo –y no es el caso de los primeros en echarse a la yugular de Daniel Sirera tras la entrevista trampa del sábado–, sólo había que fijarse en el medio y buscar el nombre de los entrevistadores para sumar dos más dos. Desde que saltó su gran amigo Josep Piqué, los principales nombres del diario del Conde de Godó han propinado patadas, codazos, cabezazos y mandobles a discreción al sucesor de aquel señor con tanta categoría. Tanta tenía que, asfixiado por la vulgaridad ambiente, sólo se fiaba de tres plumillas nacionalistas y de un ganapanes que le blindaba de su propio partido.

La Vanguardia dio la bienvenida a Daniel Sirera llamándole "Chiquito de la Calzada", lo que constituye un argumento a la medida del rotativo. A continuación le inventó una crisis en la última ejecutiva arguyendo la baja asistencia (que resultaba ser la más alta de las últimas diez ejecutivas). Acto seguido fantaseó con unos supuestos críticos organizados que conspiraban en oscuras cenas ante la deriva "ultraespañolista" y "anticatalanista" de Sirera. Sí, esos son los adjetivos que La Vanguardia puso en boca de los conspiradores. Pero resulta que la famosa conspiración no era más que una reunión de plañideras destrozadas porque la nueva presidencia les había retirado la Visa Oro que, en un gesto de gran categoría, Piqué les había concedido años atrás.

Estos antecedentes de inventiva periodística no pueden ignorarse cuando, de repente, nos descubre La Vanguardia a un Sirera irreconocible. Es obvio que sus frases se han cortado y descontextualizado con el único objetivo de seguir intentando que en el PPC estalle una crisis que hoy por hoy no existe más que en los deseos de los periodistas; Cataluña es crucial en las generales, y es necesario ayudar a Rajoy a caer. La Vanguardia seguirá por el mismo camino... hasta que Rajoy gobierne España. En ese punto, aquella vanguardia será retaguardia y, sin necesidad de cambiar de nombres, una oleada de cariño, de amor casi carnal hacia el Partido Popular, se abrirá paso por los despachos de la Diagonal.

Sirera dijo verdades como puños que han sido torcidas para engaño de incautos y precipitados: toda comunidad autónoma debe disponer de estatuto porque así lo establece el artículo 147 de la Constitución. Cuando Cataluña se quede sin él al declararlo en gran parte inconstitucional el TC, el nacionalismo amontillado desatará una campaña sin precedentes de ataque a las instituciones, al Partido Popular y a España en general, campaña que ya se entrevé en las amenazas de "desafección" de Montilla. Sirera subraya que, llegado el caso, la culpa hay que buscarla en quienes sacaron adelante un estatut que violaba flagrantemente la norma suprema. O sea, lo que ha dicho siempre Sirera.

Cataluña
Estatuto sí, pero no así
Daniel Sirera Libertad Digital 13 Noviembre 2007

El Partido Socialista de Cataluña ya ha empezado la campaña electoral acusando al PP y a España de todos los problemas que ellos mismos han generado en Cataluña. Algunos medios de comunicación les ayudan. Tratan de esconder su responsabilidad en el caos de las infraestructuras recuperando el debate sobre el Estatuto de Cataluña para lanzarlo contra Rajoy. Los argumentos caducos ya no convencen a nadie. El Partido Popular no es el responsable de que Cataluña pueda quedarse sin un Estatuto que fue hecho con la voluntad de superar el actual marco constitucional. Es inaceptable que Montilla acuse al PP de "golpista" por plantear un recurso al Tribunal Constitucional. En democracia existen unas reglas de juego a las que todos debemos someternos. Y pedirle al TC que se pronuncie sobre el Estatuto de Cataluña no debería suponer ningún problema para el Gobierno de la Generalidad. Montilla, como presidente de todos los catalanes y como máximo representante del Estado en Cataluña debería ser el primer interesado en que los catalanes tengamos un estatuto constitucional.

No existen precedentes sobre el hecho que una comunidad pueda quedarse sin estatuto. La Constitución establece en su artículo 147 que todas las comunidades autónomas deben disponer de su estatuto de autonomía. Los socialistas se están preparando ante una más que probable sentencia contraria al Estatuto, acusando al PP de vulnerar la voluntad de los catalanes. Todo apunta a que buena parte del Estatuto catalán será declarado inconstitucional. El "plan B" del Gobierno catalán en ese caso consiste, como estamos viendo, en enviar a Montilla a Madrid a decir que hay "desafección" con España y a poner a trabajar a Carod Rovira en el referéndum para conseguir la independencia de Cataluña en el año 2014. No me extraña que el líder de ERC se haya felicitado por la "valentía y el coraje" de Montilla en su discurso de Madrid. José Montilla se ha convertido, por desgracia para muchos socialistas que siguen creyendo en España, en un referente ideológico de los independentistas catalanes.

Pero no podemos engañarnos. Zapatero y sólo Zapatero tuvo la oportunidad de pedir al Constitucional que se pronunciara sobre el Estatuto antes de someterlo a referéndum. Y no lo hizo. Zapatero es el autor intelectual del estatuto de autonomía de Cataluña. Montilla no puede acusar al PP por hacer algo que debería haber hecho el propio Gobierno si éste fuera un Gobierno responsable. Ningún experto en derecho constitucional ha sido capaz de señalar qué es lo que va a pasar si el Tribunal Constitucional deja sin efecto buena parte del Estatuto catalán teniendo en cuenta, además, que el anterior ha sido derogado. Los intereses electorales de Zapatero nos están llevando a una situación de crisis institucional sin precedentes en nuestra reciente historia democrática. Como dijo Maragall, "nos hemos metido en un tremendo lío para nada". Los catalanes, como el resto de españoles, queremos tener nuestro estatuto —así lo exige la Constitución— pero queremos que sea plenamente constitucional y no como el que hoy está en vigor. Por eso es tan importante que el tribunal se pronuncie lo antes posible.
Daniel Sirera es presidente del Partido Popular de Cataluña.

Cumbre Iberoamericana
El Gobierno momentín
GEES Libertad Digital 13 Noviembre 2007

Dejando que Su Majestad el Rey abandonara solo la sala de la Cumbre Iberoamericana, esto es, quedándose sentadito el Gobierno español presente en ese cónclave, Rodríguez Zapatero y su séquito de Exteriores han abierto una crisis institucional que va mucho más allá de una escenificación pactada.

Cuando el Rey se levanta, no es el máximo exponente de nuestra Casa Real quien se pone en pie y se va de la reunión. Don Juan Carlos estaba presente no por monarca, sino como jefe de Estado del Reino de España. Si el Gobierno permanece sentado, continuando en la reunión, o está desautorizando al Estado o se está separando de él irremediablemente. No se conoce tal esquizofrenia en ninguna democracia liberal de nuestro entorno.

El Gobierno se tenía que haber ido acompañando a nuestro jefe de Estado y haber dejado únicamente a un secretario de tercera para que tomara nota de las intervenciones. No se trató de una pataleta real ni se debe reducir ahora a eso. Era España la que estaba en entredicho y si el Estado y el Gobierno se dividen ¿qué puede quedar de España? El Rey actuó como tenía la obligación de hacer, mostrando su descontento y su rechazo al contenido de la reunión (una Cumbre cuya Secretaría General paga el ministerio de Moratinos y que debería haber sido supervisada en su gestión por la secretaria de Estado de nuevo cuño, Trinidad Jiménez).

¿Cómo reconciliar ahora las posturas del Estado y el Gobierno? Hay una fórmula muy sencilla para el Gobierno: que el Rey no participe en la próxima Cumbre. Pero sería en detrimento de la imagen de España. Hay otra mejor: que no se celebra Cumbre alguna mientras sus miembros no acaten unas normas mínimas de convivencia. Y aún habría otra, ésta ideal: que a la Cumbre sólo pudieran asistir gobiernos comprometidos activamente con las libertades, la prosperidad y la democracia. Puede que el militarote de Chávez entienda la democracia como la elección que le aupó al poder, pero eso no es credencial suficiente.

El Gobierno de Rodríguez Zapatero prefiere sentarse con los tiranuelos y populistas de medio mundo. Alguno de entre sus filas se apunta a la teoría de que más vale tenerlos en casa, que así están mejor atados. Pero la Historia nos enseña que eso nunca ha funcionado. Si de verdad se aspira a reforzar las instituciones democráticas en Iberoamérica y que las cumbres dejen de ser un espectáculo entre lo folclórico, lo formal y lo deleznable, mejor reducir el club de quienes las integran. A los amigos de la libertad, todo. A los Castro y los Chávez ni la palabra. Que sus actos empiecen a tener consecuencias negativas para ellos mismos.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Actualizando el diccionario
El orgullo de ser "fascistas"
Pablo Kleinman Libertad Digital 13 Noviembre 2007

Se dice con frecuencia que el idioma no es estático sino que evoluciona, se modifica y se retroalimenta, particularmente un idioma como el nuestro que se habla en tantos lugares distintos y por cientos de millones de personas. A la vez, se supone que el diccionario de la Real Academia Española se encarga de mantener las definiciones al día. Sin embargo, consultando la versión disponible por Internet, que contiene las últimas actualizaciones y enmiendas, encontramos:

fascismo.
(Del it. fascismo).
1. m. Movimiento político y social de carácter totalitario que se desarrolló en Italia, en la primera mitad del siglo XX, liderado por Benito Mussolini, y que adoptó como símbolo las fasces romanas.

2. m. Doctrina de este partido italiano y de los movimientos políticos similares surgidos en otros países.

3. m. Actitud autoritaria y antidemocrática que socialmente se considera relacionada con esos movimientos.

Esto nos lleva a pensar que la Academia no está tan aggiornada como lo están las fuerzas progresistas de hoy en día. ¿Acaso no se entera la Academia de que, como tantas otras palabras a lo largo de la historia, "fascista" en el siglo veintiuno significa algo completamente distinto que nada tiene que ver con Italia o con Mussolini?

Según podemos ver frecuentemente, en manifestaciones populares a lo largo de Europa y América, o en el discurso de muchos distinguidos representantes del progresismo internacional como Hugo Chávez y Daniel Ortega, el fascismo de hoy es un fenómeno ciertamente de origen anglosajón, más relacionado con Harry Truman o con Sir Winston Churchill –este último, el fascista por excelencia, según la acepción actual, claro está– que con Mussolini, Hitler, Tojo o algún otro aliado menor de éstos.

Representantes de los sectores más progresistas en Estados Unidos, América Latina y España también han adoptado la acepción moderna del término fascista y así lo vemos regularmente en las audiciones de debate de Televisión Española, en los blogs progresistas que tanta influencia ejercen hoy sobre el Partido Demócrata norteamericano, y en las pancartas que portan representantes legítimos del pueblo como es el caso de los piqueteros argentinos y de los pacíficos partidarios de Evo Morales.

El fascismo de hoy en día cuenta como sus máximos exponentes a países como Estados Unidos, el Reino Unido e Israel, gracias a sus respectivas tradiciones de elegir a sus líderes libremente y a sus éxitos notables en el campo de batalla frente a regímenes totalitarios de las más variadas estirpes.

Ser fascista hoy en día significa defender las libertades individuales, los valores humanistas de Occidente y el sistema por el cual la gente puede elegir libremente a sus gobernantes (antiguamente llamado "democracia participativa"). Al igual que lo fuera en su momento Margaret Thatcher, algunos dirigentes europeos actuales, como Nicolás Sarkozy en Francia o Anders Fogh Rasmussen en Dinamarca, también son fascistas e intentan llevar a sus respectivos países derechos al fascismo.

En América Latina hay tan sólo un par fascistas en el poder hoy en día: Álvaro Uribe en Colombia y Tony Saca en El Salvador. Sin embargo, hay países como Chile, o inclusive Perú y hasta la República Dominicana, cuyos gobiernos no son fascistas pero que adhieren a muchas de las políticas del fascismo internacional porque éstas han sacado a millones de la pobreza, aunque por ello no dejan de constituir un fenómeno inexplicable para el resto del progresismo latinoamericano.

Por último, quisiera hacer referencia a otra palabra cuya definición en el bendito Diccionario de la Real Academia claramente no tiene nada que ver con su utilización actual y por ende necesita una urgente actualización:

progresista.
(De progreso).
1. adj. Dicho de una persona, de una colectividad, etc.: Con ideas avanzadas, y con la actitud que esto entraña. Apl. a pers., u. t. c. s.

2. adj. Se decía de un partido liberal de España, que tenía por mira principal el más rápido desenvolvimiento de las libertades públicas. Apl. a pers., u. t. c. s.Un progresista.Los progresistas.

3. adj. Perteneciente o relativo a este partido. Senador, periódico progresista.

Pablo Kleinman es editor del Diario de América.

La irresponsabilidad de Moratinos pasa factura a España
Editorial Elsemanaldigital 13 Noviembre 2007

Lo sucedido en Santiago de Chile no ha terminado de marcar la agenda política española. El Partido Popular, al tiempo que agradece la actitud del Rey y del presidente del Gobierno frente a los intolerables insultos vertidos contra España y contra José María Aznar, ha solicitado que el actual Gobierno asuma sus responsabilidades. La medida puede parecer excesiva, pero no lo es si se atiende a los datos que el PSOE parece querer pasar por alto.

Miguel Ángel Moratinos es el ministro de Asuntos Exteriores de España, pero en los casi cuatro años de legislatura se ha comportado más a menudo como portavoz internacional del PSOE y de sus intereses y resentimientos de partido. Toda la política exterior española, dirigida por Moratinos en nombre de José Luis Rodríguez Zapatero, se ha hecho pensando en deshacer lo que hizo en su momento el PP. Por cálculo y a destiempo se han tomado medidas en materia internacional de todo punto cargadas de ideologización en lugar de buscando el interés del país. España pesa hoy en el mundo menos que hace un lustro. Pero sobre todo Moratinos no ha sabido actuar en público como representante de España, y el venezolano Hugo Chávez ha puesto de manifiesto las peores consecuencias.

Reiteradamente, y desde hace años, Moratinos viene acusando a Aznar de los peores males; entre ellos, la colaboración en el fallido golpe de Estado contra Chávez en 2002, que según nuestro propio ministro habría sido apoyado por nuestros diplomáticos. Difícilmente Zapatero puede protestar ahora por las palabras de Chávez, que ha llegado a acusar de golpista al Rey, cuando su ministro Moratinos ha dicho lo mismo de Aznar y jamás se ha retractado.

La credibilidad internacional de Chávez, fuera de Cuba, Nicaragua y Bolivia, es cuando menos escasa. Al fin y al cabo, él sí entiende y mucho de golpes de Estado, porque su carrera militar terminó organizando uno, con lo cual su fiabilidad democrática tiene un recorrido más que breve. Lo que diga Chávez no es importante, al menos porque no será creído por la comunidad internacional, pero un país como el nuestro no puede tolerar ese tipo de insultos, y mucho menos en el seno de nuestra comunidad de naciones hermanas. Y es que en Chile sólo se han empezado a hacer palpables las consecuencias de una determinada política.

Aznar debe ser, sin duda, defendido de a los intolerables insultos y exabruptos de Chávez y del ex dictador nicaragüense Daniel Ortega. Esa es la tarea de un Gobierno responsable. Pero no debe olvidarse lo esencial: los ataques contra Aznar a cuenta del golpe venezolano de 2002 no han nacido del mandatario caribeño, sino de Miguel Ángel Moratinos.

En el curso de su política, la mayor parte de las veces cargada de partidismo, Moratinos lanzó la infamia contra el ex presidente del Gobierno español, unida ahora al manido elenco de complejos y recelos antiespañoles. Chávez debe una disculpa a España, sí, y a Aznar, también, y ciertamente el embajador en Venezuela, Dámaso de Lario, debe exigirla y obtenerla, o ser llamado a consultas como ha solicitado el PP. Pero a la vez debe tomar medidas con un Moratinos que no ha acertado a cumplir con sus aptas tareas como jefe de la diplomacia de un Estado serio

Chucherías del escaparate electoral
VALENTÍ PUIG ABC 13 Noviembre 2007

VOTAMOS como adultos que somos, pero no por eso nos negamos la ilusión del niño que empapa con el aliento el escaparate de una pastelería contemplando una tarta de ensueño. En lo que ocurra en los próximos cuatro años van las expectativas racionales del votante y también parte de sueños que puede o no compartir. Si podrá comprarse un nuevo coche, mejorar la educación de sus hijos o confiar más en la sanidad pública depende de la suma de papeletas. También hay mucho pastelillo chino con mensajes enigmáticos y poco sabor. Los partidos políticos ofrecen una suerte de relato, cuentan una historia en la que el cambio o la continuidad son los postores de cada deseo individual. Son determinantes la credibilidad de la voz que cuente ese relato, el tono, la compenetración. No todo es marketing. Ahora están PP y PSOE pensando en qué relato electoral van a contar y cómo. Al perdedor le van a sobrar montones de pastelillos chinos de la suerte con un mensaje de resignación confuciana.

Los recientes sobresaltos que se ha llevado Zapatero le están dejando sin una historia creíble; a Rajoy le ocurre que todavía no sabe con qué tono de voz debiera contar la suya. ¿Es la tarta la integridad de España, las hipotecas, la presión fiscal o la inmigración? Quizá falte la guinda y seguramente vaya a tener que aparecer en el curso de la campaña electoral. En los Estados Unidos, el voto para noviembre de 2008 también anda en busca de grandes relatos. Algunos demócratas añoran el aliento que tuvo el «New Deal» de Roosevelt, y entre los republicanos hace estragos la nostalgia por el optimismo soleado de Ronald Reagan. Los narradores pueden ser Hillary Clinton o Giuliani, por ejemplo. De irse pacificando Irak, el temario cambiará de color y habrá que volver a la gran tarta de un sueño americano.

Las elecciones americanas no son extrapolables a las españolas, pero parte de sus microtendencias no nos son por completo ajenas. Para el votante americano, contará mucho -según David Brooks, columnista conservador moderado del «New York Times»- la distancia que uno crea percibir entre su optimismo privado y su pesimismo público. Ahí hay alguna indicación para los estrategas electorales de Zapatero y Rajoy. En general, el votante americano está razonablemente satisfecho con lo que gana, con su trabajo, con su vida en general. Pero al mismo tiempo se siente más bien descorazonado por el estado de las instituciones de la vida pública. Un 68 por ciento opina que el país está mal orientado. Es un pesimismo más extenso del que se daba con motivo de la guerra del Vietnam o con el descrédito institucional que provocó el caso Watergate. Extraño dilema para acercarse a las urnas: creer que lo público debe reformarse pero temer que el cambio afecte al bienestar privado.

En el caso norteamericano, la conclusión de David Brooks es que la gente quiere que el gobierno cambie pero que sus vidas continúen igual: no desean que se les transforme, sino que se les defienda. Una translación de estas deducciones sugiere que en España todos quieren conservar el poder adquisitivo que generaron los gobiernos del PP y que más o menos prosigue; al tiempo, no se desea aventurismo soberanista, que los gobiernos dependan de ERC, que ETA desaparezca y que lo público se gestione sensatamente. Ni la divisoria entre las alternativas ni la confianza en sus respectivos relatos están muy claras. Al elector español tampoco se le escapa que la configuración postelectoral de un gobierno no responde exactamente a lo que estaba en el escaparate, sino al pedazo de tarta que en caso de mayorías insuficientes queda a disposición de los socios periféricos que estén a mano. Por el momento, por muchas encuestas que se filtren o maquillen, para marzo prácticamente estamos a partes iguales en más de lo mismo o en cerrar el paréntesis del zapaterismo. Con bolsas de insatisfacción, la sociedad todavía anda por el alero del crecimiento económico, aunque suba el precio de la bolsa de la compra. En el IPC está una de las claves de marzo. Lo otro, el desapego o la pérdida de ilusión, también es clave, pero tiene baremos menos cuantificables.
vpuig@abc.es

Álava, criterio propio
Editorial HERALDO DE ARAGÓN 13 Noviembre 2007

Será rechazado por el Gobierno central y las Cortes Generales y, previsiblemente, según lo visto ayer, por una de las más caracterizadas instituciones vascas. Las Juntas Generales de Álava -órgano provincial que, con poderes y funciones mucho más amplios que los de las diputaciones, es mezcla de parlamento y Gobierno- aprobaron ayer una propuesta, sostenida por el PSOE y el PP, en contra del referéndum anunciado para el 2008 por el presidente nacionalista. Junto a los ayuntamientos de Vitoria y Baracaldo, se trata de la tercera institución vasca significativa que pide a Ibarretxe la retirada de su proyecto. De este hecho, políticamente relevante, cabe extraer dos consecuencias principales. Por una parte, pone en evidencia que si el PNV, o su parte más radical, se empeña en idear para el País Vasco soberanías sobrevenidas al margen de la única consagrada en la Constitución -que corresponde al conjunto de los españoles-, no es imposible que alguno de los tres territorios vascos, a los que el Estatuto y el sistema político edificado por el propio PNV confieren una marcada personalidad, le tome la palabra, reivindique su particular "derecho a decidir" y quiera ejercerlo en dirección distinta, y aun contraria, a la deseada por los "jeltzales". Por otro lado, lo ocurrido ayer en Vitoria demuestra que, cuando socialistas y `populares´ actúan conjuntamente, obtienen éxitos en la defensa del marco constitucional que de otra manera serían imposibles. Esa conjunción será fundamental ante los grandes retos de la sociedad española y debería ponerse de manifiesto con mayor frecuencia.

Independencia judicial
Florencio Domínguez El Correo 13 Noviembre 2007

La mayoría de los juristas que se han expresado en los medios de comunicación considera poco probable una condena del lehendakari Ibarretxe y de los dirigentes socialistas Patxi López y Rodolfo Ares por reunirse con dirigentes de Batasuna. Si estas interpretaciones legales que excluyen la existencia de delito, como sostiene la Fiscalía, las acaba haciendo suyas el tribunal, los tres dirigentes políticos podrían ser absueltos.

El hecho de que haya una alta posibilidad de absolución de los encausados no descalifica las decisiones tomadas por los jueces durante la fase de instrucción, incluido el acuerdo de celebrar la vista oral sin aceptar las peticiones de archivo. Los magistrados han considerado que los datos disponibles proporcionan indicios de delito y deben ser juzgados por un tribunal. En la fase de instrucción basta con indicios, pero para que haya condenas harán falta pruebas firmes. Es el procedimiento habitual.

Uno de los argumentos empleados para criticar a los jueces del Tribunal Superior ha sido la alegación de que el mero hecho de sentarse en el banquillo menoscaba la credibilidad social y la imagen pública de los acusados. Es este un argumento que sólo se emplea cuando los que se ven afectados por la acción judicial son personajes poderosos, bien de la política o de la economía. Nadie se acuerda de ese efecto cuando el que se sienta en el banquillo es un ciudadano rumano acusado de robar cables de cobre o un letrado imputado por supuesta estafa a sus clientes. Parece que la llamada 'pena de banquillo' sólo afecta a los personajes relevantes y no al ciudadano común.

Una de las virtudes que tiene la actuación del TSJPV en este caso es la independencia demostrada para hacer lo que creen que tienen que hacer de acuerdo con el derecho, a pesar de que con sus decisiones se han enfrentado con el poder político. Las presiones y descalificaciones que han sufrido los jueces han sido enormes y más lo van a ser si el tripartito sigue con sus planes de promover movilizaciones sociales de rechazo a la acción judicial, en claro contraste con la actuación de los socialistas que, de manera ejemplar, han preferido canalizar su desacuerdo por las vías jurídicas.

El desarrollo del 'caso Ibarretxe' hasta ahora demuestra que los poderosos no están por encima de la ley y que los jueces del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco han sido capaces de mantener su independencia sin ceder a las presiones. Esta puede ser la principal lección de este procedimiento judicial para el futuro: poner en evidencia que no hay impunidad para nadie y que la independencia judicial es un hecho real, incluso en situaciones de máxima presión.

f.dominguez@diario-elcorreo.com

Un centro catalán puede perder el concierto por no dar Ciudadanía
ESTHER ARMORA. BARCELONA. ABC 13 Noviembre 2007

El litigio entre el colegio Loreto-Abat Oliba, de ideario católico, y el Gobierno catalán se recrudece por momentos. El frente entre ambas partes se abrió hace dos meses cuando el centro notificó a la Consejería de Educación que tenía «un problema» con la asignatura de Educación para la Ciudadanía y que más de la mitad de los padres de los alumnos de tercero de ESO se oponían a que sus hijos recibieran la materia.

La Generalitat movió ficha en octubre y recordó al centro -vía comunicado- que no había alternativa porque la Ley Orgánica de Educación establece la materia como «obligatoria». El colegio, de régimen concertado y situado en la zona alta de Barcelona, hizo oídos sordos y, «con carácter provisional», impartió una nueva asignatura denominada Educación para la Vida Social y Política. Así, el grueso del alumnado de tercero (43 alumnos) recibe esta última materia y sólo 17 cursan la de Educación para la Ciudadanía, que aborda desde una visión global las relaciones de pareja, las nuevas familias, la globalización...

«El contenido de la asignatura choca con nuestro ideario», indicaron portavoces del centro a la Generalitat y apelaron al artículo 16 de la Constitución, que garantiza la libertad de creencias. De momento, la partida sigue en tablas, aunque el Gobierno catalán ultima un comunicado en el que advierte al colegio de que si no imparte la materia podría perder su licencia para impartir ESO.

Recurso de alzada Fuentes de la Consejería consultadas por ABC precisaron que «los alumnos que no reciban la asignatura no podrán obtener el título», lo que ha creado malestar entre los padres. El centro ha presentado un recurso de alzada contra Educación, en el que pide a la Generalitat que le indique cómo puede adaptar la asignatura a su proyecto educativo.
Ante la situación creada por la actitud del centro, las escuelas católicas (FERE-CECA y EyG) han advertido al Loreto-Abat Oliba de que una vez aprobada le ley «no queda más remedio que acatarla».

El PSOE propone menos España y más autonomía en su programa de gobierno si vuelve a ganar las elecciones
Redacción MinutoDigital 13 Noviembre 2007

No basta con las reformas estatutarias emprendidas por los socialistas- y seguidas irresponsablemente por el PP- que dividen España en taifas, convirtiéndonos de facto, sin consulta popular alguna, en un Estado Federal. El PSOE quiere vaciar aún más las competencias del Estado para repartirlas entre las autonomias

Un informe de Administraciones Públicas, elaborado por Jordi Sevilla y apoya Jesús Caldera, recoge nuevas propuestas y recupera otras que no han podido ejecutarse en esta legislatura, como la reforma del Senado.

En primer lugar el PSOE defiende la culminación del proceso de reformas de los estatutos de las comunidades autónomas. No se han incorporado al proceso Madrid, Murcia, Navarra, Extremadura, Cantabria y Asturias. Canarias, Euskadi y Galicia pretenden una reforma estatutaria que no se ha materializado aún por desacuerdo entre los partidos.

El informe precisa la participación de las comunidades autónomas en los organismos del Estado con funciones de supervisión y regulación del sector económico y financiero; en los organismos estatales de programación de políticas públicas estratégicas, como obras de interés general, energía, sanidad, recursos hidrológicos, etc; y organismos gestores de grandes servicios públicos estatales, como confederaciones hidrográficas, puertos y aeropuertos.

El PSOE también quiere que las autonomías españolas participen en la Unión Europea. Propone ampliar las comisiones del Consejo de la Unión Europea a las que puedan asistir las comunidades autónomas y su capacidad de actuación. También propone impulsar iniciativas de las mismas para desarrollar las relaciones con las regiones europeas para fomentar el mutuo desarrollo.

La primera galescola del área abre sus puertas con más de dos meses de retraso
La primera galescola del área metropolitana abrió ayer al fin sus puertas. Un total de 82 niños, con edades comprendidas entre los cero y los tres años, disfrutan de las instalaciones de A Barcala tras ser inauguradas, con dos meses de retraso, por responsables de la Xunta y el gobierno local cambrés.
REDACCIóN > CAMBRE El Ideal  13 Noviembre 2007

La secretaria xeral da Igualdade, Carme Adán, señaló que la galescola de Cambre es una muestra del mayor reto educativo emprendido por el gobierno autonómico para extender la educación infantil de cero a tres años a toda la comunidad.

Durante el transcurso del acto de apertura de las instalaciones de A Barcala, Adán aseguró que las galescolas son la "expresión do compromiso estratéxico da Vicepresidencia para garantir, en condicións de igualdade de oportunidades, o acceso a unha educación infantil de calidade".

La nueva escuela infantil de Cambre, la primera de titularidad pública que se abre en el municipio y la primera galescola de la comarca, cuenta con seis unidades y tiene capacidad para 82 plazas para niños y niñas menores de cuatro años. Según datos de Vicepresidencia, a través de la Secretaría Xeral da Igualdade, se invirtió más de 430.000 euros para la construcción y equipamiento del edificio.

Carme Adán también dijo que el centro educativo supone un importante paso para incrementar la escasa oferta de plazas públicas en la educación de menores existente en la comarca y el municipio. Según la secretaria xeral da Igualdade, con la puesta en marcha de la galescola, las plazas públicas en el municipio pasan de una tasa de cobertura del 0 al 11,24% y si se tienen en cuenta tanto las plazas públicas como las sostenidas con fondos públicas se pasa a un índice de cobertura del 6,5 al 17,83%.

Fuentes de la Xunta precisan que un total de 16 profesionales de distinto perfil conforman el equipo de la galescola: cuatro maestras, diez educadoras y dos personas para servicios generales. El centro abre sus puertas de 7.30 horas a 21.30 horas, para garantizar la máxima flexibilidad a los usuarios y facilitar la conciliación.

El nuevo centro escolar forma parte de la Rede Galega que a Vicepresidencia y el Consorcio Galego de Servizos de Igualdade e Benestar están a impulsar por todo el país y que contará, al final de la legislatura, con 121 escuelas.

Visita > Carme Adán manifestó durante el transcurso de su visita que la Rede de Galescola supone la "transformación educativa de maior calado emprendida pola Xunta". Asimismo dijo que el gobierno autonómico se ha marcado dos objetivos básicos como son la ampliación de las tasas de cobertura, solucionando el déficit de plazas públicas y la superación de los déficit en su distribución territorial. Dentro de la mejora de las coberturas de plazas públicas, la secretaria xeral da Igualdade recordó que entre 2006 y 2007 se crearon 47 nuevas escuelas infantiles y más de 1.800 plazas, que en 2008 se pondrán en marcha 2.300 plazas más, y en 2009 otras 1.800 nuevas plazas.

Adán indicó que la Rede Galega de Escolas Infantís supone la ampliación de un sistema educativo público y de calidad. Recordó que así, el próximo año, se destinarán más de 17 millones de euros al desarrollo de la citada red, lo que supone un incremento del 36% respecto a este año.

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