AGLI

Recortes de Prensa    Viernes 23 Noviembre   2007

Manifestación de la AVT
La deuda con las víctimas
Cristina Losada Libertad Digital 23 Noviembre 2007

En un país que se respeta a sí mismo, bajo gobiernos que respetan la ley, y en suma, a los ciudadanos, a las víctimas del terrorismo no sólo se les honra, sino que además ocupan el lugar que les corresponde como referente moral de la sociedad democrática. Máxime cuando el terror que ellas han sufrido en carne propia continúa ejerciéndose y tiene el propósito de destruir el marco de convivencia que procura las garantías de los derechos y libertades de todos. Sin embargo, en España, azotada por la ETA desde hace decenios, pocas veces se ha estado, en lo que al terror y a sus víctimas respecta, a la altura de esas mínimas condiciones que diferencian a una nación de ciudadanos de un mero conglomerado de personas. Pero si ha habido momentos bajos, nunca se había llegado a las simas de estos últimos años por obra de un Gobierno que decidió tender la mano a los terroristas y arrojar a sus víctimas a las tinieblas.

Así lo hizo en cuanto supo que la mayoría de ellas no aceptarían que al sufrimiento que ya se les había infligido se añadiera el de pagar a ETA un precio, y uno que, como sabríamos, era el más alto: político. Se les pidió a las víctimas un sacrificio por la "paz", como si no hubiera sido el suyo suficiente sacrificio y como si la "paz" a la que aspiraba –y aspira– Zapatero no fuera el más vulgar "apaciguamiento". La AVT, asociación mayoritaria de las víctimas, lo vislumbró desde el principio y desde entonces lo denunció. Pero su negativa a dejarse comprar para hacer de convidado de piedra en la farsa del "proceso" le ha salido cara. No sólo el Gobierno la ha tratado peor que a los terroristas, sino que también y, sobre todo, ha intentado minar su prestigio social.

La campaña para deslegitimar a los ojos de los españoles a las víctimas del terrorismo contrarias a la negociación con ETA no ha tenido límite ni ha conocido freno. Se las ha querido hacer pasar por ultras, extrema derecha, fascistas, nazis, títeres de la oposición y gente, en fin, que sólo por resentimiento y deseos de venganza se resistía a sumarse al gran proyecto de la "paz perpetua" de míster Z. En esa desencajada órbita de vilezas, se ha llegado a decir que no deseaban que la banda terrorista desapareciera. Y ha sido una campaña tanto más artera cuanto que fue propagada por los soportes mediáticos y sociales del Gobierno, con la estelar colaboración de los titiriteros habituales. Víctimas como Irene Villa, que siempre habían concitado el afecto de sus conciudadanos, se vieron de pronto acosadas e insultadas por los que se embaulaban los mensajes intoxicantes. Blanquear a los terroristas para sentarlos a la mesa, mientras se ponía a las víctimas bajo sospecha y a la intemperie, ha sido la operación más reveladora de la naturaleza perversa del "proceso".

Si antes la sociedad estaba en deuda moral con las víctimas, ahora aún lo está más. Y a aquella se ha añadido una deuda política. Pues de no haber sido por su negativa a plegarse a la estrategia de cesiones, hoy tendríamos una situación prácticamente irreversible, con el tinglado de las "mesas" en marcha, decidiéndose allí, entre los terroristas y el Gobierno, el futuro del País Vasco y, por ende, el de toda España. Difícilmente puede pagarse esa deuda, pero si hay algún modo de compensarla, es acompañando a las víctimas en sus justas reclamaciones. Cuando una de las estratagemas electorales del socialismo gobernante consiste en borrar de la memoria colectiva todos y cada uno de los episodios de sus tratos con la ETA, hacerlo es, si cabe, más perentorio. Cuestión de supervivencia.
Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Manifestación de la AVT
Una riada de libertad
Ignacio Villa Libertad Digital 23 Noviembre 2007

La manifestación de este sábado en Madrid, convocada por las víctimas del terrorismo, se ha convertido en el centro de los ataques y los insultos del Gobierno socialista y sus terminales mediáticas, como sucediera con las anteriores. Estamos en lo de siempre. Primero guardan un silencio que delata las ganas que tienen de que la convocatoria pasa desapercibida, pero según se acerca la fecha de la convocatoria, viendo que sus deseos no se van a cumplir, aparecen los nervios y los ataques, los insultos y la beligerancia atroz contra las víctimas como sí estas fueran las culpables de que tengamos un Gobierno dispuesto a comerciar con los terroristas, dispuesto a negociar una humillante rendición.

Esta vez el guión se ha reproducido al milímetro. Primero indiferencia, luego nerviosismo y, por último, insultos. Es lo que siempre ha ocurrido y que parece va a seguir ocurriendo. Ciertamente, si el éxito de la convocatoria estuviera determinado por los nervios del Gobierno, del PSOE y de sus terminales mediáticas no cabría ninguna duda de que el próximo sábado las calles de Madrid se van a volver a convertir en un grito de libertad y de sentido común.

Muchos han dicho que no era momento para una manifestación; los agoreros han anunciado que va a ser un fracaso. Pero lo cierto es que una manifestación de víctimas del terrorismo siempre tiene el éxito asegurado. No estamos en una carrera de méritos, ni en un campeonato de números. Cuando las víctimas salen a la calle ya tienen el respaldo de todos. Simplemente por ser la suya una manifestación de libertad, de justicia, de reconocimiento, de sentido común y de memoria.

Este sábado, en Madrid, las calles se van a volver a convertir en una riada de libertad, en un grito rotundo por la justicia. Estamos terminando la legislatura de Zapatero, que pasará a la historia por sus ataques a las víctimas y su obsesión por laminar su memoria y el reconocimiento que merecen. Ha sido la legislatura de las grandes manifestaciones de las víctimas ante un Gobierno que las ha dejado, en el mejor de los casos, arrinconadas. Ha sido la legislatura de las humillaciones constantes y los insultos continuos. Ha sido la legislatura del desprecio a quienes se limitaban a pedir justicia.

Por todo ello, esta manifestación, que posiblemente será la última de la legislatura, se tiene que convertir en un clamor, un clamor contra un Gobierno que ha querido rendirse ante los terroristas. Este sábado las calles de Madrid van a volver a ser un grito de libertad, sin colores ni partidos. Un grito de todos.

El sábado, con la AVT
Pasión y razones por una manifestación
Agapito Maestre Libertad Digital 23 Noviembre 2007

Iré a la manifestación del sábado porque las víctimas del terrorismo me dan la oportunidad de ejercer mi ciudadanía. Naturalmente, hay otras mil razones para asistir a la manifestación. Pero, sobre todo, hay una pasión que me mueve a estar con las víctimas: detesto a los "políticos profesionales" que juegan con las víctimas del terrorismo para sacar réditos a sus macabros intereses. Detesto, cada vez más, a los políticos que quieren construir sobre la sangre de la víctima un nuevo mecano político, un monstruo, que algunos se atreven a llamar "Estado confederal" de carácter totalitario. Detesto también a lo políticos que sólo tácticamente apoyan a la víctima, pues aunque la utilización de su dolor para conseguir votos sea una forma más suave que la anterior de negar su capacidad de rehabilitación pública, es igualmente perversa su maniobra para "matar civilmente" a la víctima.

Estaré, pues, en la manifestación, porque combato cualquier forma de negación de la víctima, de asesinato civil de la víctima, en el proceso democrático. Más aún, porque el cuestionamiento de la víctima es la desaparición de la democracia, criticaré siempre a quienes confunden la táctica política con los principios democráticos de la AVT. No entiendo el planteamiento de quienes se preguntan sobre la oportunidad de esta manifestación. Menos aún entenderé, desde el punto de vista político, la ausencia de Rajoy. Allá él, pero sepa que indirectamente está contribuyendo no sólo a su deslegitimación personal y política, sino también al desprestigio del sistema democrático.

¿Exagero? Quizá. Incluso alguien podría pensar que el PP salva a Rajoy. Quizá, pues que no deja de ser verdad que el PP apoya la manifestación. Felicitémoslo. Pero faltará Rajoy. Lamentémoslo. Quizá le asistan todas las razones tácticas del mundo para ausentarse. Pero desperdicia una oportunidad única de estar con todos los suyos, sí, con sus militantes, votantes y dirigentes. Es síntoma extraño que estén todos los dirigentes del PP y falte Rajoy. Estarán, según han declarado ellos mismos, Esperanza Aguirre, Jaime Mayor Oreja, Ángel Acebes, Eduardo Zaplana, etcétera, etcétera, pero Rajoy faltará...

¿Significa esto que Rajoy se queda solo? Sería terrible ver en algún titular de prensa: Rajoy se aísla.

Pero, peor, muchísimo peor, que ese titular, sería descubrir la respuesta a esta pregunta: ¿quién le da la razón a Rajoy para no asistir a la manifestación? ¿Quién está de acuerdo con su argumento para no asistir por razones coyunturales a la manifestación de la AVT? Sí, sí, Rajoy no irá al acontecimiento político de la AVT, seguramente, porque en estos momentos, posiblemente, el Gobierno y ETA han suspendido temporalmente la negociación. En efecto, quizá para Rajoy hubiera sido mejor que la AVT convocara esa manifestación, precisamente, cuando supiéramos a ciencia cierta que prosigue la entrega del Gobierno a ETA. Pero el problema no es, ahora, si hay o no negociación entre ETA y el Gobierno, sino quién le da la razón a Rajoy para no asistir a la manifestación ya convocada. Ese el endiablado asunto. ¿Le dan la razón sus compañeros de partido? No. Estarán allí los más representativos. ¿Le dan la razón los analistas políticos más serios de la nación? No. Cualquier periodista honrado sabe que el proceso entre ETA y el Gobierno prosigue por vías diferentes. ¿Le darán la razón los cientos de miles de asistentes a la manifestación? Obviamente, no.

¿Entonces quién le da la razón a Rajoy? El PSOE. Sí, sí, el Gobierno es el único que defiende que ha interrumpido su negociación con ETA. Terrible.

El currículo de la almeja
Fernando Savater El Correo 23 Noviembre 2007

La simple duración no parece un objetivo vital suficientemente atractivo: basta aburrirse para que todo dure más, pero así no se vive mejor. Recuerdan ustedes sin duda el viejísimo chiste del paciente al que su médico prohibe fumar, beber y algún otro placer carnal. La víctima pregunta, ansiosa: «¿Cree usted que así viviré más?». El galeno se encoge de hombros: «No sé si vivirá más, pero desde luego la vida se le hará mucho más larga ». Ahí tienen por ejemplo el caso del animal más longevo del que se guarda registro reciente, una almeja que por lo visto ha sobrellevado las aflicciones de este mundo durante más de cuatrocientos años. Los biólogos nos explican que el molusco ha durado tanto gracias a una existencia -me resisto a llamarla 'vida'- tan monótona y carente de ingredientes orgiásticos como la que el doctor recomendaba al paciente del chiste. Solemos poner a la ostra como antonomasia del aburrimiento, pero a partir de ahora convendrá no olvidar que la almeja tampoco se lo pasa de muerte: por eso vive tanto, digo yo. Por cierto, si no recuerdo mal el nombre de la almeja en francés es 'palourde'. De modo que ya lo saben ustedes: cuanto más palurdo, más siglos que se echa uno a las espaldas con cara de aquí no ha pasado nada.

Claro que la almeja de marras es una simple principiante en cuestión de persistencia cuando la comparamos con el pueblo vasco, al menos según el lehendakari Ibarretxe: si el prócer no nos engaña, ese pueblo incombustible al cual usted y yo fugazmente pertenecemos viene durando cosa de siete mil años, día arriba o día abajo. Y ahí lo tienen, tan sano como una manzana podrida. Los maliciosos, que nunca faltan, dirán que una duración tan prolongada -que los mismísimos egipcios faraónicos deberían envidiarnos- no puede explicarse más que gracias a una existencia tan escasa en alicientes como la de la almeja y otras palurdas o palurdos de su especie. Es impensable que un pueblo ferviente de ideas y empresas, creador e inquieto, se haya pasado siete milenios sin salir de casa ni sufrir un infarto liberador. Sinceramente, por nuestro bien y hasta por la cosa más tonta del mundo (el orgullo patriótico), espero que el maestro Ibarretxe esté mal informado. No quiero ser almeja entre almejas, ni palurdo entre palurdos.

Por la misma razón, desconfío del nuevo currículo vasco y de las justificaciones que se ofrecen para él por parte de nuestras autoridades educativas. El consejero Campos, por ejemplo, nos dice que tal plan de estudios primará «el corpus de conocimientos básicos para la ciudadanía que representa nuestra idiosincrasia como pueblo vasco». La verdad es que enseñar idiosincrasia me parece uno de los objetivos menos evidentes del Bachillerato. Según el diccionario de la RAE, idiosincrasia son los «rasgos, temperamento, carácter, etcétera, distintivos y propios de un individuo o de una colectividad». O sea, la idiosincrasia representa lo que uno ya es, para bien o para mal. Entonces ¿qué sentido tiene convertirlo en plan de estudios? Dejemos de lado por un momento una dificultad no menor, a saber: que puesto que las idiosincrasias personales son lo más diverso y peculiar del mundo, no parece claro cómo el pueblo vasco que entre todos formamos puede tener una idiosincrasia única y general. Vayamos a algo aún más elemental: si la idiosincrasia la llevamos puesta, lo que deberíamos aprender es cómo ir más allá de ella, cómo abrirnos a lo que hasta ahora nos es desconocido o nos resulta extraño, cómo alcanzar aquello que pueda permitirnos mejorar en lugar de repetirnos con bloqueada autosatisfacción. Es inútil dar clases para aprender a ser como somos de tal modo que jamás cambiemos: más atractivo sería intentar conocer otras formas de ser y de estar, a ver si por un casual nos apetece cambiar.

Esto parece tan obvio que a uno le entra la sospecha de que la 'idiosincrasia' que el currículo va a promulgar, con rango único y general según todo hace suponer, no está constituida por lo que ya somos sino por lo que deberíamos ser en opinión de las autoridades hoy vigentes. O sea, que la idiosincrasia que tenemos que aprender como pueblo vasco es aquélla que los nacionalistas han decidido que debe ser nuestra idiosincrasia. La nuestra de verdad, la que cada cual ya tenemos, vale más que vayamos olvidándola si queremos aprobar el curso. Por eso han tenido tanta importancia en la aportación de propuestas al currículo asociaciones educativas nacionalistas (EHIK, Kristau Eskola, Sortzen-Ikasbatuak) o nacionalistas a secas, como Udalbiltza, mientras que se han desatendido las protestas de marginación del sindicato CC OO y de asociaciones de directores de centros, de padres y de alumnos cuya idiosincrasia por lo visto no se correspondía al modelo requerido.

Digámoslo claramente: la ciudadanía tiene poco o nada que ver con la idiosincrasia de cada cual ni con la idiosincrasia de los pueblos (un concepto tardorromántico que sirve más para fabricar chistes xenófobos que para ninguna cosa buena). Lo que corresponde a la ciudadanía son derechos y deberes, garantías jurídicas y protección social, es decir, el marco institucional de las leyes, el cual no pertenece a la esencia sempiterna del atavismo cerrado de las almejas sino a las convenciones ilustradas conquistadas en su contra. Y esas convenciones pueden ser cambiadas por acuerdo social y legal, pero no ignoradas en nombre de algún principio previo a la Constitución y a la historia tal como efectivamente tuvo lugar. Por ejemplo: ocultar o minimizar ante los alumnos que los ciudadanos de nuestra CAV son legal, histórica, política y culturalmente ciudadanos españoles no es ni bueno ni malo, sino simple y llanamente mentira. Y no hay educación sana que pueda basarse en engañar a los alumnos, para fomentar sus frustraciones imaginarias y luego reinvertirlas políticamente.

¿Exagero o me equivoco? Ojalá. Es uno de esos casos en que me encantaría no tener razón. Pero hay síntomas tan inquietantes que no pueden ser desatendidos. Por ejemplo, el tratamiento del euskera, convertido ahora en lengua principal y prácticamente exclusiva de la enseñanza en cuanto desaparezcan como se pretende los antiguos modelos lingüísticos que sobre el papel constituyeron una norma perfectamente justa aunque temo que casi desde el principio traicionada.

Sobre esta cuestión se ha dado recientemente una polémica reveladora. 'The Wall Street Journal' publicó el 10 de noviembre un artículo ('La inquisición vasca') en el que se criticaba la imposición del euskera en el País Vasco por ser una lengua minoritaria de raigambre agropecuaria pero que carece de nombre propio para numerosas actividades modernas científicas e industriales. El viceconsejero de Política Lingüística del Gobierno vasco, Patxi Baztarrika, salió en defensa del euskera utilizando en su apoyo una cita mía de hace casi tras décadas: «Ninguna lengua puede ser descalificada por el número de sus hablantes. ( ) La tarea difícil es rescatar y consolidar el euskera, no proteger al castellano y a sus usuarios de la supuesta revancha lingüística». La recuperación de esas palabras mías -que sostengo como plenamente válidas, aunque sólo cuando fueron dichas, claro- demuestra al menos dos cosas: primera, que los no nacionalistas defendimos cuando era necesario y difícil el euskera como patrimonio de todos y sin hostilidad alguna hacia la lengua; segunda, que los nacionalistas comparten con la almeja centenaria una cierta dificultad para darse cuenta de que el paso del tiempo ha transformado radicalmente las relaciones de fuerza culturales y políticas en Euskadi. Pero ya que el viceconsejero Baztarrika tiene la amabilidad de rememorar con aprecio lo que dije hace treinta años, no parece abusivo rogarle una atención no menos caritativa para lo que digo ahora: un Estado democrático no puede renunciar por razones ya no culturales sino políticas a una lengua común para todos sus ciudadanos, aunque se respeten y cultiven también otras regionales. Por supuesto, nada tiene que ver ésto con la 'calidad' de la lengua regional en cuestión: si en el País Vasco se hablase hoy latín o griego clásico -por mencionar dos idiomas nada sospechosos de ineptitud cultural- no sería menos cierto que no puede arrinconarse la enseñanza en castellano para todos los que como ciudadanos de este Estado la soliciten. Ni negársela a nadie, porque supone hurtarle su herramienta principal de comprensión y debate político en el Estado democrático al que pertenece, es decir, España.

Regresando a la almeja, para despedirnos de ella: cuidado con las idiosincrasias inamovibles. El hatajo de brutos patrióticos (bruto más patriota, igual a fascista) que atacó el otro día a una estudiante del PP en la UPV se consideraban seguramente paladines de nuestra idiosincrasia vasca, pero ya ven las consecuencias de ese entusiasmo. Va a resultar que tenía razón el humorista donostiarra Álvaro de Laiglesia cuando tituló uno de sus desternillantes libros de manera profética: 'En el cielo no hay almejas'. Y nosotros aspiramos al cielo, faltaría más.

La impotencia del poder

MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas ABC

ES probable que a algún lector cause asombro el rótulo que encabeza este artículo. ¿El poder impotente cuando los gobernantes nos acosan por todas partes? Lo habitual, en efecto, es atribuir los males que padecemos al Gobierno de turno. El inquilino de La Moncloa, tanto si es dirigente socialista como si pertenece al Partido Popular, tiene la culpa -se dice y repite- de que los problemas de los españoles no se solucionan satisfactoriamente.

Esta visión de lo que nos pasa infravalora, o simplemente desconoce, el reparto real de las fuerzas políticas en nuestra sociedad. En virtud de una mala legislación electoral determinados grupos minoritarios imponen en España sus criterios a los representantes de la mayoría. Hemos conocido a lo largo de los últimos treinta años distintos presidentes de Gobierno, unos más o menos conservadores y otros más o menos progresistas. Es igual el perfil que se les atribuyese. Todos han sido incapaces de avanzar libremente por el camino que hubieran deseado. Han necesitado contar con el apoyo, a veces expreso, a veces encubierto, de pequeños partidos defensores de otra idea de España. Cuando la mayoría obtenida en las urnas electorales fue amplia, los condicionantes de los nacionalismos periféricos se soportaron sin agobios. Pero en otros momentos, con mayoría débil, las exigencias de unas minorías han paralizado la realización de programas del partido que aparentemente ostenta el poder.

Es la impotencia del poder que afecta a algunas de las democracias modernas. Recuérdense las amargas palabras de despedida del presidente Eisenhower al salir de la Casa Blanca.

En España no es nuevo el espectáculo. Quiero decir que ya durante el franquismo los titulares de los cargos públicos decidían menos de lo que parecía. Determinados grupos de presión de naturaleza no política (fuesen de índole económica, de índole religiosa, o de articulación militar) cercenaban el poder de las autoridades, incluido el propio Jefe del Estado, una figura poco a poco declinante en el panorama global de la dictadura.

Una interpretación en un foro público de lo que nos ocurría a los españoles en 1958, y de lo que nos iba a suceder en el inmediato futuro, me costó el alejamiento definitivo de la Universidad Central de Madrid, ahora Universidad Complutense.
En enero de ese año 1958, siendo ya catedrático de Barcelona, fui invitado por un grupo de estudiantes madrileños a intervenir en un ciclo de conferencias sobre el momento político. Hablé de «Estado español y sociedad española». Conservo las cuartillas del esquema de aquella ponencia. No dije nada raro y menos aún revolucionario. Sin embargo, a las autoridades del Ministerio de Educación no les sentaron bien las reacciones favorables a mi razonamiento que se registraron en el auditorio. A la mañana siguiente me comunicaron por escrito que debía permanecer en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, con la exigencia de una autorización previa del Rectorado para pronunciar conferencias en cualquier otro lugar.

La tesis que defendí en el Aula Magna de la Facultad madrileña fue la siguiente: el poder político oficial es menos absoluto de lo que se piensa, ya que sus titulares se hallan condicionados, cuando no determinados, por grupos influyentes en los diversos ámbitos de la política. Según me filtraron personas conocedoras de los escondrijos de aquel régimen lo que más molestó fueron las preguntas que formulé a los asistentes. Por ejemplo ésta: ¿Puede Franco nombrar ministro de Educación a una persona que no tenga la bendición de la Iglesia Católica? O esta otra: ¿Sería posible un ministro de Comercio, o de Hacienda, que careciere del previo visto bueno de los grandes empresarios? Creo recordar que fueron media docena las preguntas que -por lo que luego ocurrió- impresionaron a los jóvenes universitarios.

En las calles españolas de 1958 se estimaba que Franco era todopoderoso. Apenas se sabía que existían «poderes fácticos» que operaban como «grupos de presión». Incluso en la Universidad se mantenía la eficacia completa de las normas jurídicas y no se ponía en duda que el ordenamiento real de un país coincidiera con el ordenamiento establecido en las Constituciones, donde éstas existían, o en las denominadas Leyes Fundamentales.

En los ejercicios de unas oposiciones a la cátedra de Derecho Político, el año 1955, invoqué las novedades introducidas en Francia. Allí el viejo y venerable Derecho Constitucional estaba siendo sustituido por una disciplina, de corte sociológico, atenta al funcionamiento real de las instituciones. Era la nueva ciencia política europea, muy influida por los estudios norteamericanos.

Me contaron luego que un miembro del tribunal que juzgó las oposiciones rechazó de plano cuanto yo exponía y sostuvo que Maurice Duverger, al que cité entre los innovadores, era un simple periodista. A los ojos de aquel catedrático, muy apegado a lo antiguo, descalificaba a Duverger el que firmase con frecuencia artículos en los diarios y en las revistas de gran tirada.

Para muchos profesores de la primera mitad del siglo XX el comentario periodístico era una tarea impropia de la solemnidad de la cátedra. Don José Ortega y Gasset, a pesar de su grandeza intelectual, tuvo que escuchar críticas por enseñar fuera de las aulas universitarias y de las publicaciones estrictamente académicas.

Pero volvamos a la impotencia del poder. Durante el franquismo eran los grupos de intereses diversos, actuando como grupos de presión, los que imponían determinadas decisiones importantes. A partir de la Transición iniciada en 1976 aquellos grupos de presión se debilitaron, pero no desapareció por completo el «tinglado», un enorme complejo de gobernantes en la sombra.

Y, lo que resulta más grave, los nacionalistas de la periferia consiguieron, desde el comienzo de la Transición, una presencia sobredimensionada, extraordinaria, en las instituciones del Estado. Se sabía poco de Cataluña y del País Vasco en los círculos políticos de la capital al morir Franco. No se calculó que una pequeña cesión inicial se transformaría pronto en concesiones insaciables.

La impotencia del poder configura una situación que sólo desaparecerá el día en que contemos con una ley electoral que sirva para traducir fielmente la voluntad de los españoles. El objetivo está ahí.

La refundación de Mas: fuera caretas
CARLOS HERRERA ABC 23 Noviembre 2007

ARTUR Mas no quiere refundar el catalanismo, quiere refundarse él. Quien de veras tiene un cordón sanitario a su alrededor es la formación que durante veintitrés años acaparó el poder en Cataluña y practicó el sexo oral con el poder central y que hoy, en la soledad de la nada, ve como las bocas abiertas de sus gorriones no encuentran quien las sacie como otrora. Esa es la cuestión, no otra. Ante la desesperada perspectiva de otra legislatura sin protagonismo, sin medallas ni estandartes que presentar al pueblo catalán después de la batalla en las mesetas del Imperio, el líder inestable ha optado por dejarse de eufemismos, disimulos, fingimientos y artificios y mostrar su verdadero rostro a los votantes nacionalistas. Convencido de que las elecciones se van a decidir entre el público que cree que Cataluña es víctima del agravio permanente, Mas da un paso al frente y quiere robarle masa electoral a los mostrencos de ERC, gente a la que odian por haberse instalado en los predios soberanistas que tan bien manejaban los pujoles y compañía.

Fuera caretas. Nosotros también somos independentistas, también creemos que España es un estorbo, también estamos por «el derecho a decidir del pueblo catalán», y, además, nosotros somos los de siempre, los de la Cataluña de toda la vida, los que hemos construido el país, los que hemos traído la pasta, los que siempre hemos cocinado canelones en Navidad y macarrones en San Esteban, los que hemos subido a pie a Montserrat, los que inventamos el pan con tomate y los que salimos todos los años en los Pastorets haciendo de buenos samaritanos. Los de ERC se ríen por lo bajo: con un mensaje menos confuso, ambiguo, derechoso y burgués han conseguido estar en todos los repartos de prebendas casi sin despeinarse. Son lo que son y todo el mundo lo sabe. Allá quien se junte con ellos. Pero los convergentes no; sintiendo como sienten en su corazón la oxidada llamada del independentismo nunca se han atrevido a dar el paso final hasta que Mas ha echado cuentas y se ha limpiado con su pañuelo cuatribarrado el aliento en la nuca que lleva el sello del pujolismo. Si Oriolet quiere mi silla que la sude, no le voy a dar ni un metro de ventaja. A por los dos escaños que nos faltarían para ser la única fuerza con la que deba pactar Rodríguez Zapatero si saca unos resultados parecidos a los de hace cuatro años...

Siento defraudar a los optimistas congénitos que nunca han querido ver en el «nacionalismo moderado» de Convergencia los signos inequívocos de independentismo que asoma por sus comisuras. Siento hacerlo porque han sido demasiados años engañándose a sí mismos y mirando para otro lado, dejándose torear con declaraciones en Madrid mientras que en Barcelona agitaban la hoguera de las necedades. Definitivamente se ha roto el sueño: dan el paso al frente y deciden ignorar a la gran masa de ciudadanos que no se deja engatusar por el cuento de la segregación, situando una barrera entre los buenos catalanes y los otros, los sospechosos de colaboracionismo con la opresora marca hispánica. Y lo hacen, además, desafiando la legalidad, proponiendo alternativas ilegales, presionando y amenazando al tribunal que decide qué es constitucional y qué no. Más ha venido a decir que con ellos no valen las reglas del juego con las que jugamos los demás: si los magistrados entienden que algún aspecto de ese estatuto que iba a durar aproximadamente veinticinco años vulnera determinados artículos de la Constitución, habrá que pasar a la acción y llamar al pueblo a la revuelta. ¿Quién es tribunal alguno para corregir lo que ha aprobado poco más del treinta por ciento del pueblo elegido?

Con esa maniobra escapista de la realidad, Convergencia se arriesga a perder votos por su sector moderado, que por lo visto lo hay, y a romper su coalición con la Unió de Durán Lleida. Pero en viendo cómo se les escapa el tren del soberanismo, ha forzado el paso para subirse a tiempo. Que nadie se llame más a engaño: la soledad sin el poder ha podido más que su eterna habilidad para el disimulo.
www.carlosherrera.com

Formación del Espíritu Antinacional en el País Vasco
Álvaro Vermoet Hidalgo Libertad Digital 23 Noviembre 2007

Las 20.000 objeciones a las que nos acercamos según el indicador de LD y según lo que ha publicado La Razón no son suficientes para los responsables de la enseñanza en el País Vasco.

La acertadísima etiqueta de "Formación del Espíritu Antinacional" se hace realidad especialmente, y como no podía ser de otra manera, que se dice tanto, en Cataluña y en el País Vasco. En Cataluña, ya lo hemos comentado, existe la obligación de incorporar (que no adaptar) al ideario de los centros privados el contenido autonómico de EpC, o sea, lo de siempre pero que se entiende mejor. Y en cuanto al País Vasco, cito una nota de prensa de Profesionales por la Ética, muy en la línea del estudio de El Mundo sobre las diferencias entre libros de texto de las mismas editoriales en distintas CC.AA., en relación a contenidos que deberían ser comunes.

Con la transcripción del comunicado, que analiza el Decreto vasco de Ciudadanía, y a la espera de los resultados definitivos en la UAM, nada más por el momento.

El País Vasco educará a los alumnos en la construcción de Euskal Herria, incluyendo Navarra. Publicado el Decreto que establece el currículo de Educación para la Ciudadanía en el País Vasco

El pasado 13de noviembre de 2007 ha sido publicado en el Boletín Oficial del País Vasco (BOPV) el Decreto 175/2007, de 16 de octubre, por el que se establece el currículo de la Educación Básica y se implanta en la Comunidad Autónoma del País Vasco. (Se adjunta Decreto en PDF)

El Decreto vasco muestra una vez más el carácter ideológico de la asignatura de Educación para la ciudadanía, ya que se aprovecha su implantación en unos casos para adoctrinar moralmente, y en el presente caso, además también, para adoctrinar políticamente. Así, por ejemplo:

Nacionalismo expansivo
En la página 26036 del Boletín Oficial del País Vasco, se afirma: "Este Decreto se elabora, por tanto, desde la voluntad de construir una visión global, plural y abierta, a partir de la visión propia y específica de Euskal Herria, entendiendo por tal el ámbito territorial referido al conjunto de Álava, Bizkaia, Gipuzkoa, Lapurdi, Navarra (Baja y Alta) y Zuberoa."

Esa declaración de principios, que impregna el sistema educativo vasco, contiene valoraciones ideológicas partidistas, que atestiguan el carácter ideológico y adoctrinador -en este caso desde una perspectiva política nacionalista-, de la asignatura de Educación para la ciudadanía que se enseñará en el País Vasco.

Resulta por tanto, irónica, la afirmación del Decreto (pág. 26036) de que "La inclusión es la piedra angular del sistema educativo vasco." Los padres que no compartan tal ideología, ¿podrán educar a sus hijos en la escuela pública conforme a sus convicciones sin que sean contrariadas por la imposición del gobierno vasco? ¿O como tantas veces ocurre, sentirán las dificultades de la disidencia, aunque sea legítima?

Afectividad del menor
En el art. 3 aparece la educación afectiva como parte integrante de la educación obligatoria

"La Educación Básica tiene por objeto el desarrollo integral de las capacidades del ser humano, es decir, de las capacidades físicas y motoras, cognitivas, comunicativas, sociales y afectivas."

Dicha disposición, que no hace mención alguna a la soberana decisión de los padres como titulares del derecho a la educación moral de los hijos, puede suponer una vulneración de dicho derecho porque es claro que la afectividad tiene un esencial componente moral. La práctica docente y los materiales educativos que se están utilizando en diversas Comunidades Autónomas confirman el carácter ideológico que se está dando a la educación en la afectividad, al tratar, por ejemplo, sobre conductas sexuales, ya que está impregnada de la ideología de género que entiende que la condición sexuada es en última instancia no un dato natural sino una decisión voluntaria.

Resulta francamente preocupante, la expresión del art. 3.6, según el cual: "El Departamento de Educación, Universidades e Investigación promoverá el desarrollo de proyectos globales de centro dirigidos a la creación de una cultura de paz y unas prácticas fundamentadas en el respeto, el diálogo, la regulación y control emocional (.)".

Ante esta norma nos preguntamos: ¿Cómo puede realizarse la regulación y el control emocional de un menor, sin vulnerar los derechos de los padres a la educación moral de sus hijos (art. 27.3 de la Constitución), y el propio derecho a la intimidad personal del menor, reconocido en el art. 18.1 de la Constitución y en el art. 4 de la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor? El eventual control de la conducta vinculada a la intimidad del menor, conforme a parámetros ideológicos, es una forma totalitaria de vulneración sistemática de un derecho fundamental.

Autonomía moral del menor
El artículo 6.2.a), e) reafirma el carácter adoctrinador del Decreto al ensalzar la autonomía moral del menor, sin atender los criterios morales que los padres quieran transmitir como verdaderos responsables de la educación integral de los hijos.

Responsabilidad educativa

Sin dejar de reconocer la importancia educativa de la escuela, lo cierto es que desde le punto de vista del derecho a la educación, los titulares del derecho, además del menor como beneficiario del mismo, son los padres. En ningún caso, puede defenderse que los padres son meros "corresponsables" de la educación de sus hijos, teniendo otras entidades responsabilidad educativa al mismo nivel que los padres.

Por ello, resulta peligrosa la afirmación del Decreto (artículo 3.4), según la cual los docentes actuarán en colaboración con otros "corresponsables educativos, principalmente con la familia, pero también con otras instancias y agentes socializadores y educativos de la sociedad." Tlos alumnos vasocoda interpretación de tal afirmación que redujera la condición paterna a corresponsabilidad sin primacía decisora soberana, es inaceptable.

Para Jaime Urcelay, presidente de PROFESIONALES POR LA ÉTICA, el marco jurídico europeo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos establece como límite a la educación estatal cualquier intento de adoctrinamiento. La más reciente jurisprudencia de dicho órgano judicial, en las sentencias Folgerø c./Noruega (29 de junio de 2007) y Zengin c/. Turquía (9 de octubre de 2007), confirman la obligación del sistema estatal y autonómico en España, como Estado Parte del Convenio Europeo de Derechos Humanos, de no utilizar el sistema educativo para adoctrinar, es decir, transmitir contenidos o establecer un sistema de control de comportamientos, que excedan la neutralidad, la objetividad y el pluralismo.

El currículo de Educación para la Ciudadanía para el País Vasco confirma que esta asignatura es flagrantemente contraria a los derechos que la Constitución reconoce a los padres, titulares del derecho a la educación de sus hijos, ya que supone un adoctrinamiento que va más allá de las recomendaciones del Consejo de Europa.

La pose ‘patriótica’ de Zapatero tiene trampa: “Si gano, volveré a negociar con ETA”
Federico Quevedo El Confidencial 23 Noviembre 2007

“Estamos en el descanso”. Lo escenificaba magistralmente Jaime Mayor Oreja hace una semana, en un discurso de mucha intensidad en el que comparaba la negociación entre el Gobierno y ETA con un partido de fútbol. Pasada la primera parte del encuentro, ahora nos encontraríamos en el descanso del mismo, a la espera de reanudarlo si se da una determinada circunstancia: que Rodríguez vuelva a ganar las elecciones. El descanso, es decir, la presunta ruptura de negociaciones, es una fase absolutamente necesaria para que pueda darse la segunda. Me explico: de haber seguido negociando, tal y como iban las cosas, era evidente que Rodríguez tenía perdidas las elecciones, razón por la que al Gobierno le convenía escenificar la ruptura con ETA y aparecer ante la opinión pública como el mayor enemigo de la banda armada.

Pero, ¿es esto cierto, o se trata de una pose? Si es auténtica la frase que Rodríguez habría dicho a un grupo reducido y ’entregado’ de interlocutores –“Si gano, volveré a negociar con ETA porque creo que es el único camino para la paz”-, es evidente que lo segundo. Sin embargo, sin necesidad de la constancia de esta afirmación, los movimientos que ha hecho Rodríguez durante este tiempo son un indicativo claro de que su voluntad es seguir negociando con la pandilla de canallas si gana las elecciones. Y es así para escarnio de las víctimas que mañana se manifiestan en Madrid –que yo opine que Rajoy no debe ir, en absoluto significa que no apoye su causa-, y de todos aquellos que en el País Vasco sufren el acoso de los violentos, de los fascistas que sólo entienden el lenguaje de la imposición y del miedo. Como le ocurre a una buena amiga –aunque no la conozco, ya es una amiga-, candidata del PP al Ayuntamiento de Lejona, que está siendo víctima de amenazas y agresiones de los fascistas radicales, como contaba en este periódico mi compañera Julia Pérez.

Durante toda la negociación con ETA, Rodríguez engañó a los españoles. Negaba los contactos cuando estos eran públicos y notorios. Dio por rotas las conversaciones tras el atentado de la T-4, y al poco tiempo ya estaban sentados de nuevo en la mesa. Dijo que no había hablado de Navarra y los suyos en aquella comunidad corrieron prestos a pactar un acuerdo con Nafarroa Bai que tuvieron que frenar en Ferraz cuando vieron que les hacía perder las elecciones generales... ¿O es que sólo nos acordamos de lo que queremos? Pero es que después de rota la tregua, se ha negado insistentemente a revocar la resolución del Congreso que autoriza el diálogo con ETA, se ha opuesto a ilegalizar a ANV y de sus labios no ha salido una negativa rotunda a volver a negociar con la pandilla de canallas. Para añadir más leña a esta hoguera de la confusión, Bermejo asegura en el Congreso que la resolución debe seguir vigente porque se volverán a dar las condiciones para la negociación.

Es verdad, eso no se puede negar, que desde la ruptura de la tregua las Fuerzas de Seguridad han actuado sin descanso, y que hasta ahora han conseguido desbaratar los planes asesinos de la banda... ¿Han conseguido desbaratarlos, o es que realmente a la banda no le interesa poner un muerto sobre la mesa? Y es que esta es una de las cuestiones más inquietantes desde hace meses. La actualidad diaria nos demuestra que matar es muy fácil, incluso es posible salir en televisión y a las pocas horas asestar una cuchillada en el cuello a una ex novia. Sé que hacer esta reflexión tiene sus riesgos, porque mañana mismo ETA puede cometer un atentado con víctimas y este argumento se caería, en parte, por su propio peso... Pero, a la vista de los acontecimientos, no me resulta chocante afirmar que parece que a ETA le interese más este escenario de continua amenaza que nunca se concreta, con el fin de darle al Gobierno excusas en sus redoblados esfuerzos antiterroristas, eso sí, sin llegar a poner en peligro un futuro escenario de negociación política. Si al final acabara matando, tampoco creo que eso fuera determinante para impedir una futura negociación.

Miren, que Rodríguez se haya dado cuenta de que con determinados comportamientos rallanos en el radicalismo y la negación de la Nación y de la España Constitucional iba por mal camino de cara a los comicios, en absoluto quiere decir que haya abandonado sus proyectos de esta legislatura. Todo dependerá del resultado electoral. Obviamente, si gana el PP se acabaron esos planes. Pero si gana Rodríguez, volverá a intentar llevar a cabo ese proyecto de ruptura con la España surgida del espíritu de concordia del 78, y eso significa, entre otras cosas, volver a negociar con ETA, porque esa negociación forma parte de su ambición confederal, que nunca ha abandonado y por la que siguen apostando algunos de sus más íntimos colaboradores-amigos, como Suso del Toro, su edulcorado biógrafo. Si a esa voluntad rupturista se une la radicalización de los nacionalismos que confían en un gobierno débil de Rodríguez para alcanzar el máximo de sus aspiraciones, entonces podemos empezar a creer, de verdad, que el Proyecto España toca a su fin.

Nacionalismo catalán
¿Y si se rompe España?
Jorge Vilches Libertad Digital 23 Noviembre 2007

Al leer los principios políticos que constituyen el catalanismo renovado de Artur Mas se comprueba, sin atisbo posible de duda, que el nacionalismo es un planteamiento vacío. Se podía esperar que Mas presentara un proyecto concreto con dos partes, las clásicas. Un programa mínimo, con un decálogo de políticas concretas para la "normalización" del catalán. Y otro máximo, al que se llegaría a través del "derecho a decidir", y que diseñase el día después, es decir, qué tipo de gobierno y sociedad. Dos programas que deberían estar trufados de conceptos definidos, como el de "nación" –¿"Comunidad que mira a un futuro mejor"?–, el de "independencia" –¿Dentro de la Unión Europea?–, o "Casa Gran del catalanismo".

La construcción de un Estado nacional, una "Cataluña global", requiere que se explique el objetivo que tiene, el para qué, al tiempo que se denuncia el supuesto estado ruinoso que se quiere superar, sin caer en el victimismo demagógico. Esto resulta complicado para CiU. Cuando Jefferson, Madison o Adams describían la "decadencia" del Imperio británico, antes de 1776, hacían referencia a la perversión de las instituciones inglesas que vulneraban la libertad, y a la subsiguiente corrupción de las costumbres. Y, claro, después de décadas de Gobierno convergente en Cataluña atribuir ambas cosas a otro partido o Gobierno, o al "perverso nacionalismo español", resulta vergonzoso.

Claro que los Padres Fundadores de los EEUU construyeron su nación sobre la libertad, como vio Revel, lo que convirtió a su país en la primera potencia mundial. El catalanismo refundado por Mas lo que pretende es levantar su Estado independiente sobre el recorte de las libertades, la imposición de una mentalidad, un idioma, una forma de ser y comportarse, de negociar y de sentir. No hay individuos sin libertad, solo comunidad nacional. De ahí que Oriol Pujol haya dicho que no negociarán con el PP porque "no es una fuerza catalanista". Es decir, que los catalanes que votan a los populares, que eso es el PPC, no son tales, sino elementos extraños que no merecen consideración alguna.

Y buscando esa sociedad uniforme, el catalanismo de Artur Mas lleva a un "punto final del derecho a decidir", dice, la "autodeterminación". Pero entonces no hay fórmula de consenso posible. ¿Por qué hay que negociar el aumento de sus cuotas de autogobierno cuando sólo van a estar satisfechos con la independencia? España no es algo taumatúrgico, y la historia nos ha enseñado que no hay nada eterno. ¿Qué pasaría si algún Gobierno nacionalista creara, a golpe de referéndum, un Estado independiente?

La respuesta nos llega si se plantea la cuestión como si fuera ajena a nuestro país. Situemos el problema para un Estado europeo, democrático y miembro de la UE, muy descentralizado, en el que los partidos que representan a la mitad del electorado de una región plantean la secesión. Y que su objetivo declarado fuera el fundar un Estado que en su interior eliminara la pluralidad política, ideológica, cultural y lingüística de la que goza dicha región formando parte del Estado del que se quiere separar. ¿Qué hacer? Yo, al menos, no eludiría mi responsabilidad, y no cesaría en mi denuncia defendiendo la libertad.

El País pide para las víctimas olvido, indignidad e injusticia
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 23 Noviembre 2007

La jerarquía laica del conglomerado progre, socialista, solidario, rojo, multicultural, de izquierdas y nacionalista taifal sabe que su plan para llevar a término la segunda transición que consiga hacer desaparecer toda oposición cívica y política y de paso derrotar a Franco y ganar por fin la guerra civil del 36, requiere el empleo de una incontable cantidad de trucos de magia social que convenzan a la ciudadanía de que ellos no están haciendo lo que están haciendo, de que ellos no negocian con ETA cuando están años negociando con ETA, de que ellos quieren que no falte agua en Valencia, Murcia y Almería cuando se cargan el Plan Hidrológico, de que ellos están a favor de las víctimas del terrorismo mientras no dejan de machacarlas, de que ellos están logrando calmar los procelosos mares nacionalistas cuando en el País Vasco y Cataluña ya han puesto fecha a sus respectivos referéndum de independencia.

La base de todo truco de magia, y en los de tipo social más, está en lograr que el público al que va dirigido mire justo hacia el lugar en el que no se pueda ver el truco, por ello nada peor para estos magos de la perversión que el que haya alguien que grite diciendo que eso es un truco y que el conejo pacífico etarra que se sacan de la chistera estaba en la chistera desde el principio y lleva escondidas dos pistolas y cuatro cargas de amosal por si el prestidigitador no lo hace como quieren ellos. Para su desgracia y para nuestra suerte, quienes hoy en día más esfuerzos hacen para desmontarles sus trucos son las víctimas del terrorismo y sus asociaciones con la rebelión cívica que propugnan, por ello, para que no se les termine de ver todo el plumero, es preciso sacarlos del espectáculo y en ello están. La organización de víctimas AVT ha convocado una manifestación este sábado precisamente para explicar los trucos indignos de quienes nos gobiernan y por eso hay que echarles con cajas destempladas del espectáculo.

Hoy, El País, máxima autoridad espiritual e ideológica, fuego amigo aparte, de todos estos magos rojos, publica un artículo, casi seguro que de encargo, firmado por Francisco J. Laporta titulado “El lugar de las víctimas” que propone para ellas que su lugar sea el del olvido rodeado de indignidad por sus pecados y de injusticia si la injusticia es necesaria para llevar a mal puerto la política de Zapatero. Lo maravilloso de esta retahíla de maldades desalmadas es que nos indica en que lugar del zapato rojo les hace más daño la china de la AVT.

Veamos algunos diamantes de esta corona de espinas y brillantes que quieren colocarles a las víctimas.

“Las consideraciones que siguen parecerán seguramente al lector un poco desalmadas. Están escritas precisamente para eso: para pensar a las víctimas más que para sentirlas, para reducir los excesos de alma que hemos contribuido entre todos a depositar simbólicamente en la condición de las víctimas. Eso sí, una vez más, y por un misterioso síndrome de estupidez colectiva, sólo en las víctimas del terrorismo”
.....
“Hemos proyectado, real o ficticiamente, tanto calor sobre ellas que hemos olvidado su lógica parcialidad. Suponemos que hacer justicia sólo puede consistir en aceptar sus demandas. Las hemos invitado a que tomen parte en el proceso legislativo, en la política de elaboración de las normas penales, en la configuración de los castigos, en la disciplina penitenciaria y en la estrategia antiterrorista. El resultado de todo ello ha sido una profunda distorsión de la actividad pública...”

Este tío no sabe en qué país vive, según él, las víctimas han participado en la elaboración de los castigos, por eso fueron los que solicitaron al fiscal que no acusase de nada a Otegi y que gracias a eso el tribunal se vio obligado a dejarlo ir de rositas. Las víctimas, según este tergiversador de pacotilla con cátedra, lograron que el gobierno aceptase sus demandas en disciplina penitenciaria y por eso lograron que de Juana Chaos pudiese tener a su churri en la cama del hospital para hacer sus cositas, sacarlo de la cárcel y obligaron las víctimas a Zapatero a que dejase al asesino etarra salir con su amada de paseo por San Sebastián. Echar morro desde una cátedra al parecer tiene un marchamo de calidad opinatoria mayor que echarle morro desde la nada académica. Y sigue el verdugo a sueldo demostrando su catadura moral al decir que para las víctimas

“Todo lo que no sea la pasión vengativa y la represión policial parecen políticas de entreguismo.”

El dogmático y vil catedrático atribuye a las víctimas del terrorismo pasión vengativa y exigencias de que se aplique con los terroristas la represión policial. Este enano mercenario dice en El País, y por tanto El País hace suyo, que la lucha contra el terrorismo que exigen las víctimas y exigimos muchos más es solo represión policial. Me voy a tomar cinco minutos de tiempo para buscar un par de calificativos para este tipo. Bribón con cátedra no lo define, fullero y malandrín creo que le va algo más así que se queda con esos dos.

El catedrático fullero y malandrín pone su alambique de ruindad a destilar y consigue él solito, seguro que sin ayuda de nadie más, embotellar estos decilitros de bilis.

“Algunos -lamento decirlo- han perdido también la decencia y se han lanzado directamente a la manipulación. Hasta tal punto que volveremos a ver que hay víctimas, reales o presuntas, y portavoces oficiales y oficiosos de víctimas, que se van a dar enseguida al noble ejercicio familiar de prestar los muertos a algún partido político para que los utilice como lema de campaña electoral. Sobre la estatura moral de este género de víctimas y portavoces mejor será callar.”

Sobre la estatura moral de este tipo yo no me callo, no es que sea nula, es que es elevadísima pero como estatura inmoral, es un gigante este tío. Y sigue vomitando odio hacia las víctimas y sus líderes calificándolos de repugnantes y farsantes.

“Hay que admitir por ello que algunas víctimas no suscitan compasión alguna, y algunos portavoces de víctimas incluso resultan repugnantes. Parecen más bien farsantes metidos a políticos o políticos metidos a farsantes.”

Por último, nuestro repugnante y farsante catedrático, establece cual es el lugar de las víctimas y qué cosas pueden y no pueden hacer, le importa una higa su condición de ciudadanos con derechos, entre otros esos que los rojos progres de izquierdas con y sin cátedra se reservan solo para ellos, el de expresión y manifestación.

“Las víctimas, por definición, no deben participar ni en la política legislativa, ni en la política criminal ni en la política penitenciaria. Eso por razones elementales de imparcialidad. Tampoco en el proceso electoral. Eso por razones de decencia.”

Ya sabemos pues, que lo que más les altera, les irrita, les saca de quicio y les fastidia descubriendo sus trucos es que las víctimas se expresen, hablen y exijan que se cumpla la ley, que salgan a la calle y que haya millones que les apoyen. Si motivos había para apoyar a las víctimas hoy tenemos uno más, amargar la existencia a este fullero malandrín que gusta calificar a otros de repugnantes sin haberse mirado antes a sí mismo. Aunque igual deba pedir perdón a este hombre, catedrático en minúsculas de filosofía del derecho porque estoy convencido de que lo que ha escrito lo ha hecho por encargo de El País con una petición tipo “Paco escribe algo que machaque a las víctimas y las ponga en el lugar que les corresponde, el cheque habitual lo tendrás a vuelta de correo” y Paco, muy bien mandado él, ha cumplido. Eso es lo que se llama poner la cátedra al servicio de la causa.

Termino con su último párrafo, en el que dice que las víctimas “harían bien en salirse del sucio mundo de la trifulca política, la información amañada y la manifestación tendenciosa.” ¿A que parece que se lo dice a sí mismo?, a ver Paco J. Laporta, harías bien en salirte del sucio mundo de la trifulca político-periodística, de la información amañada y de las manifestaciones tendenciosas. ¡Ay leches! ya sé porqué termina así, y es que siendo profesor y catedrático de filosofía se sabe seguro aquello del “conócete a ti mismo” que no digo en latín no sea que no me entienda.

Con la vileza, la ignominia y la iniquidad quieren enterrar la memoria la dignidad y la justicia, solo espero que no lo logren aunque ello les obligue a seguir segregando bilis y aspergiéndonosla con todos sus hisopos mediáticos.

Izquierda liberal
Los antifascistas, fascistas
Antonio Robles Libertad Digital 23 Noviembre 2007

Hay una tendencia a considerar como comportamientos ultraderechistas aquellos que se identifican con la indumentaria clásica de los fascismos de la primera mitad del siglo XX. A saber: botas militares, esvásticas nazis, banderas españolas con aguiluchos franquistas, etc. Su ADN está encarnado en esa indumentaria; su sola presencia basta para evocarnos las pesadillas del totalitarismo. No necesitan reivindicarse; la patente de sus símbolos agresivos tampoco peligra: nadie los quiere, todos los temen. Sin embargo, es una especie en extinción. Su territorio natural en España ha ido reduciéndose a medida que aumentaban independentistas y grupos antisistema. Si se fijan, semejantes especimenes se concentran en Madrid, en Valencia y en algunas otras capitales o espacios donde grupitos aislados de nuevos racistas entran en colisión laboral con la nueva inmigración. Y curiosamente, en Cataluña, Euskadi y Galicia esos energúmenos o, para ser más exactos, quienes se revisten de tales símbolos han desaparecido casi por completo.

La pregunta es simple, pero inevitable: ¿es que sólo hay fachas en Madrid? Y por contraposición: ¿las comunidades nacionalistas son un antídoto contra el totalitarismo y la violencia ultraderechista?

Sería una simpleza aceptar la primera y una imperdonable estupidez la segunda. La respuesta la hemos de buscar en la pereza intelectual de una generación cuyo biberón moral se alimentó del rechazo a la parafernalia nazi, fascista y franquista como universo cerrado y finito del totalitarismo. En vez de buscar el fascismo en los comportamientos, se conforman con las apariencias simbólicas. Y no han reparado en que, desde la transición para acá, las respuestas autoritarias a los retos ideológicos, demográficos, raciales, lingüísticos y territoriales se visten de otras maneras y reivindican otros fines.

Consideremos, por ejemplo, la estética Jarrai: camisetas a rayas horizontales, coletillas, pañuelos palestinos al cuello, calzado de montaña y aspecto sucio y desaliñado; ese es el uniforme de los cachorros de ETA. En nada se parecen a los paramilitares nazis, pero son igualmente violentos; amenazan y agreden en grupo con el rostro cubierto y sus actos vandálicos son tan gratuitos como sus homólogos de la ultraderecha. Sólo tienen una diferencia: los jarrai se creen antifascistas y los fascistas se sienten orgullosos de serlo. Los Maulets en Cataluña, la CAJEI (coordinadota d’assemblees de joves de l’esquerra independentista) o las JERC, por poner sólo tres ejemplos, no matan ni se visten como los fascistas de los años treinta del siglo pasado, pero insultan, agraden, rompen cualquiera cosa que simbolice a España (como las vallas con el toro de Osborne o la bandera constitucional española) y boicotean, asaltan o amenazan a quienes se atreven a defender ideas no nacionalistas. Albert Boadella es uno de los últimos exiliados, aburrido de aguantar tanta inmundicia excluyente.

Y es que mientras en las comunidades no nacionalistas los cachorros nazis carecen de empresas épicas a las que adherirse, en Cataluña, País Vasco y ahora Galicia encuentran cobijo en las reivindicaciones independentistas. Ahí existen espacios para su agresividad sin tener que soportar los inconvenientes de una simbología que sataniza a quien la emplea. En estas comunidades nacionalistas encuentran cobijo y apoyo en numerosas ayudas institucionales en nombre de la recuperación de la lengua o las reivindicaciones nacionales. Su comportamiento los delata, pero su indumentaria y su lenguaje reivindicativo los hace pasar por víctimas cuando sólo son verdugos.

Las sanciones lingüísticas, la imposibilidad de estudiar en la lengua oficial del Estado, el desprecio continuado por los símbolos constitucionales, su autosuficiencia y manipulación históricas, sus exclusiones culturales, la utilización de las leyes a través de las mayorías parlamentarias para vaciar a la mitad de los ciudadanos de sus derechos constitucionales, etc., son rasgos propios del racismo cultural que han quedado camuflados en las propias instituciones porque es en ellas y desde ellas desde donde ejercen todo el poder.

Como se dice en Galicia a propósito de las brujas: no existen nacionalistas fascistas, pero haberlos, hailos.
antoniorobles1789@hotmail.com

Sobre Años de hierro
El lugar de la represión
Pío Moa Libertad Digital 23 Noviembre 2007

Varios amigos me han criticado la atención, a su ver insuficiente, que dedico en Años de hierro a la represión franquista. Crítica poco fundada, a mi juicio, pues le dedico un capítulo especial para exponer sus criterios y cifras aproximadas, y la examino a lo largo del libro: ejecuciones de Companys, Zugazagoitia, Quiñones, Trece Rosas, caso Besteiro, evolución del número de presos y de los indultos año tras año, etc.

Quizá haya que empezar por decir que la palabra "represión" es poco adecuada, ya que fue muy escasa la resistencia al franquismo y por tanto la represión en aquellos años. Se trató, más bien, del castigo por las atrocidades del Frente Popular durante la guerra (los vencedores no suelen juzgar sus propios crímenes). Duro castigo, con frecuentes rasgos de venganza, que hizo caer a inocentes al lado de asesinos brutales. La represión en sentido estricto se dirigió sobre todo contra los intentos comunistas de reorganizarse y reiniciar la guerra civil, y volvería a crecer desde 1944, cuando por fin el PCE pudo poner en marcha sus guerrillas.

Este castigo-venganza plantea diversos problemas básicos que he tratado en el libro:

1. ¿A qué consideraciones y mentalidad respondió? Por extraño que suene, esta cuestión apenas aparece los estudios corrientes. Los libros de izquierda dan por sentado, un tanto puerilmente, que los fusilamientos respondían a la maldad intrínseca del "fascismo", y llegan a equipararlos al Holocausto, con tanta mala fe como obtusidad. Los estudios de derecha tampoco suelen abordar debidamente el asunto, limitándose a lamentar o justificar, y cuantificar los hechos (eso sí, con espíritu más veraz que las izquierdas).

2. ¿Qué proporción guarda ese castigo-venganza con los que siguieron a otras guerras civiles en Europa? También suele tratarse el caso de España como único y aislado, cuando el fenómeno se hizo muy común en las guerras civiles que acompañaron la mundial, y no ha cesado de extenderse en las guerras posteriores. Interesa, sobre todo, el castigo-venganza practicado en Francia y en Italia. A veces se ha hecho la comparación recurriendo a la proporción entre el número de ejecutados o asesinados y el total de los habitantes de los respectivos países, lo cual daría una dureza muy superior para España. Sin embargo, he mostrado cómo la comparación no debe establecerse en esos términos, sino en los de la duración y la violencia de las respectivas contiendas civiles, lo cual cambia mucho la perspectiva. Hay otra diferencia cualitativa, pues en esos países el castigo se ejerció fundamentalmente por medio del asesinato, con pocas ejecuciones judiciales, exactamente lo contrario de lo ocurrido en España. Diferencia crucial, casi nunca es aludida en los libros y artículos al respecto.

3. Cuestión implícita, aunque marginal al libro, sería la proporción entre inocentes y culpables represaliados. Aclararla exigiría un estudio de los procesos, labor abrumadora y llena de dificultades jurídico-morales. Hace unos años las izquierdas que se sienten herederas del Frente Popular propugnaban revisar los juicios franquistas, designio sumamente embarazoso para quienes aspiraban a presentar a los reos como inocentes demócratas; de modo que al final optaron por anularlos sin más, dignificando como "víctimas" a todos, asesinos e inocentes, y a los posteriores etarras, héroes del tiro en la nuca. Lo cual define inmejorablemente la catadura moral e intelectual del Gobierno y sus memoriantes.

4. Aspecto derivado y tampoco abordado en casi ningún estudio es el de la responsabilidad de los jefes del Frente Popular al abandonar a merced del vencedor, sin previsión alguna, a miles de izquierdistas comprometidos en el terror contra las derechas (y en el terror entre las mismas izquierdas). Y no porque tales jefes no fueran previsores, muy al contrario. Pero emplearon toda su notable capacidad previsora en llevarse inmensos tesoros saqueados al patrimonio histórico y artístico español, a la Iglesia y a los ciudadanos, incluidos los más pobres. Sin tocar este punto mal se entenderá la llamada represión, y no obstante, una vez más, rara vez lo mencionan otros estudios.

5. En relación con lo anterior debe considerarse otro dato: la actitud de los presos y sus familias. Con frecuencia se nos presenta a éstos sumidos en el resentimiento y fieles a las ideas y partidos de la guerra, pero ello solo ocurrió con una minoría. Quienes se habían visto abandonados por sus líderes difícilmente mantendrían su adhesión anterior, y la gente común, que había contemplado las peleas y asesinatos entre los partidos del Frente Popular, los expolios y destrucciones inútiles, etc., no podía guardar, ni guardaba, nostalgia por la situación anterior. La mayoría procuró adaptarse al franquismo, como habían de comprobar los maquis en la escasa colaboración popular que obtuvieron, causa principal de su derrota (y con ella de una eventual nueva guerra civil). Casi todos los estudios ofrecen una idea muy equivocada sobre este apartado.

Basten estas consideraciones (podría hacer más) para sostener –perdóneseme la inmodestia– que mi libro enfoca el fenómeno de modo más completo y objetivo que la gran masa de los estudios producidos hasta la fecha, aun si, lógicamente, no iguala en muchos detalles a las monografías consagradas específicamente al tema. ¿A qué atribuir entonces las críticas mencionadas al principio? Sospecho que a la impresión creada por las historias propagandísticas de la izquierda, las cuales pretenden concentrar en la represión toda la realidad de aquel tiempo, o hacer de ella su eje expositivo. Algo inaceptable si queremos obtener una visión seria y no propagandística de la época.

El nacionalismo gallego (III)
José Barros Guede La Opinión 23 Noviembre 2007

El 18 de mayo 1916, los hermanos Villar Ponte y otros republicanos federales gallegos fundan la Irmandade dos Amigos da Fala en a Coruña; a las que siguen las Irmandades de Santiago de Compostela, Betanzos, Villalba, Monforte, Lugo, Mondoñedo, Ourense, etc..., en total 28, en 1923.

En el primer número de su periódico, A Nosa Terra, proclama, "a redención de Galicia está nestas dúas cousas, no fomento agarimoso da nosa lingua e no estudio dos nosos problemas económicos, que no terán nunca solución no actual réxime político español". Su objetivo inicial era la defensa de la lengua gallega y la redención económica de Galicia. Las Irmandades dos Amigos da Fala mantienen relaciones intensas con los regionalistas catalanes, propiciando viajes de Cambó a Galicia y de regionalistas gallegos a Cataluña.

En los días 17 y 18 de noviembre de 1918, tiene lugar la primera Asamblea de las Irmandades de Amigos da Fala, en Lugo, donde hacen el siguiente manifiesto, "tendo Galicia todas as características esenciais da nacionalidade, nós nomeámonos, de hoxe para sempre, nacionalistas galegos, xa que a verba regionalismo non recolle todas as aspiracións nin encerra toda a intensidad dos nosos problemas".

A esta Asamblea asisten el grupo ourensano formado por Vicente Risco, Antón Losada, Ramón Otero Pedrayo y Noguerol. Los congregantes declaran en un manifiesto, Galicia es una nacionalidad autónoma o federal, la lengua castellana y gallega deben ser oficiales y la economía debe ser de libre cambio. En esta asamblea de Lugo de las Irmandades dos Amigos da Fala nace propiamente el nacionalismo gallego.

Posteriormente, las Irmandades da Fala insistirán en la economía gallega prestando atención al ferrocarril y a los bancos, en la Asamblea de Santiago de Compostela de 1919; y estudiarán la cuestión foral en la de Vigo de 1921; pero se dividirán y escindirán en la Asamblea de Monforte de 1922. El grupo ourensano dirigido por Vicente Risco, que defiende un nacionalismo cultural, se impone al grupo protagonizado por Luciano Peña Novo que defiende un nacionalismo político.

Ello da origen a diversas polémicas entre ambos dirigentes en sucesivas Asambleas y a dos proyectos diferentes de nacionalismo gallego, uno, seguido por la Irmandade da Fala, de inspiración federal y republicano, defendido por Luciano Peña Novo y sustentado por la burguesía coruñesa, y otro protagonizado por la Irmandade Nacionalista Galega, de orientación cultural y organicista, defendido por Vicente Risco y apoyado por el grupo Nós ourensano, que será fundamental en la evolución del nacionalismo gallego.

El grupo Nós, integrado por intelectuales homogéneos y fecundos, desarrolla una actividad cultural gallega eficiente bajo la dirección de Vicente Risco hasta 1936, orientando el nacionalismo por la vía cultural con el fin de encontrar su identidad. Escribía, "donde no existe cultura propia no existe pueblo". El grupo Nós cultiva individualmente la historia, literatura y etnografía por medio de sus miembros, y colectivamente por medio del Seminario de Estudios Gallegos, entre los 1923 a 1936.

En 1929, nace la Organización Republicana Gallega, (ORGA), fundada por Santiago Casares Quiroga y por los militantes nacionalistas de Irmandade da Fala, en Coruña, entre los que se encuentran Antón Villar Ponte y Luciano Peña Novo. Esta organización, nacida con vocación autonómica gallega, pero, más tarde manipulada por Santiago Casares Quiroga, amigo de Manuel Azaña, impedirá la tramitación del Estatuto autonómico gallego, lo que provocará la baja del partido por parte de Antón Villar Ponte, Suárez Picallo y otros, y dará lugar al nacimiento del Partido Galleguista.

Por la fuerte presión política del nacionalismo catalán, vasco y gallego, la segunda República española establece, por primera vez, en su Constitución, del 9 de diciembre de1931, el régimen de autonomías de las regiones del Estado español, cuyo acceso sea propuesto por la mayoría de los ayuntamientos de las provincias limítrofes y aceptado por las dos terceras partes de sus electores inscritos en el censo y aprobado por las Cortes españolas, de conformidad con la Constitución y las leyes orgánicas del Estado (Arts. 8 y 11). No admite la federación de regiones.

Señala las competencias exclusivas del Estado español, las compartidas entre el Estado y las Regiones autónomas y las exclusivas legislativas y de ejecución de las Regiones que establezcan los Estatutos y no estén expresadas en las competencias exclusivas del Estado y en las compartidas. En caso de conflicto entre el derecho español y el derecho de las Regiones, que no esté expresamente dispuesto en los Estatutos de autonomía, prevalece el del Estado (Arts. 12 al 21).

Opción personal
ARCADI ESPADA, EL MUNDO 23 Noviembre 2007

Yo soy un gran partidario de los privilegios. Y aunque difícilmente seré creído suelo mirar a los privilegiados con simpatía antes que con resentimiento. Pienso, igualmente, que los políticos han de tener privilegios y han de estar bien pagados. Como pienso que su capacidad debiera ser evaluada de un modo mucho más riguroso, y no sólo por los aparatos de los partidos. Pero entre sus privilegios no deben contarse ni la posibilidad de saltarse el control de seguridad en los aeropuertos ni la práctica impune de la hipocresía social. Viene a cuento de don José Montilla, que lleva a sus trillizos a colegios privados. "Es una opción personal", ha dicho. Las implicaciones de semejante bobada son obvias: las opciones personales y políticas del líder socialista no concuerdan. Ni respecto a la escuela pública ni respecto a la obligación de un cierto nivel de competencia en lengua catalana, que exige a los funcionarios de la Generalitat, pero que él no alcanza. ¡A ver cuándo en esos programas del pueblo y para el pueblo le hacen un dictado en lengua catalana al Presidente! Del tono moral de sus principios hay un sucinto resumen en el refranero: "Haz lo que yo diga y no lo que yo haga".

Sin embargo, apostarse aquí rozaría la banalidad. Lo importante es que el Presidente responda a esta pregunta: ¿Por qué la escuela pública catalana no está a la altura de lo que desea el buen padre José para sus hijos? Hay ciudadanos que apartan a sus hijos de la escuela pública para que no se mezclen con negros, sin pararse a pensar, por cierto, en la peligrosa sorpresa que se llevará el vástago el día que, ya hecho un hombre, tenga que darle una orden a uno. Otra posibilidad es la del nivel intelectual: don José Montilla quizá considere que la escuela pública no tiene calidad suficiente. Es urgente que se lo comunique a los profesores: para que lo sepan y mejoren. Y es imperioso que tome otra decisión: dado que su Gobierno tiene las plenas competencias en Enseñanza debe mejorar radicalmente esta situación. Lo diré en prosa de pancarta: "Queremos una escuela pública donde puedan estudiar los hijos de don José Montilla". Y cabe avanzar que si ese nivel resulta inalcanzable entonces habrá que suprimir la escuela pública. Será más útil y sincero volver a las escuelas de Beneficencia, y no perseverar en la pública hipocresía socialdemócrata.

Dicho esto, lo mejor está por decir: por lo general y al menos en la edad de sus pequeños, la escuela pública catalana ofrece mayores garantías educativas que la escuela privada. No es decir mucho, visto el arrasamiento indescriptible, que ha puesto Cataluña a la cola de... ¡España!; pero sí es decir lo suficiente sobre el fundamento y carácter de las opciones personales de don José Montilla.

(Coda: "El sistema educativo catalán tiene cada vez mayores dificultades para garantizar los niveles educativos considerados como adecuados para la sociedad del conocimiento". Fundación Bofill, Informe sobre la Educación en Cataluña. 2006-2007)

El nacionalismo al volante
Cartas al Director ABC 23 Noviembre 2007

Tiene guasa que el ponente de la reforma del Código Penal que endurecerá las conductas peligrosas de los automovilistas, haya sido el diputado catalán Jordi Jané. Nada que objetar a que se endurezcan las sanciones de aquellos conductores que ponen en peligro las vidas de los demás, las de su familia y la suya propia. Pero no hay que olvidar la enormidad de obstáculos que un conductor avezado encuentra en el estado de las vías y en su señalización. Ésta, no pocas veces provoca que el conductor se convierta en involuntario kamicaze. Hace poco fui a Cataluña por la Nacional 2, y regresé por la autovía de la costa hasta Valencia, y de aquí a Madrid, por la Nacional 3. Pasar por las carreteras y autovías catalanas fue un suplicio por culpa de los nacionalistas como el señor Jané, que han señalizado los desvíos en su idioma vernáculo y dos veces me pasé de las salidas que tenía que tomar porque no tuve tiempo de ir situándome en el carril que tenía que tomar. Pero eso no es todo, las advertencias en catalán que don Jordi percibe instantáneamente, al resto de los conductores no catalanes nos cuestan esas décimas de segundo que son vitales para nuestra integridad. Los catalanes, valencianos, gallegos o vascos, por mucho que se empeñen sus dirigentes, no son los dueños exclusivos de sus respectivas regiones.
Antonio Fernández de Córdoba Hernáiz. Madrid

La inmersión lingüística pone a Cataluña a la cola de la educación Europea
Redacción MinutoDigital 23 Noviembre 2007

No es casualidad que la región en que se fuerza a los alumnos a estudiar obligatoriamente en catalán, pese a la voluntad de sus padres o de ellos mismos, e incluso de que su lengua materna sea el castellano, obtenga los peores resultados educativos de España y Europa.

Así lo constató el último informe PISA, que también corrobora el informe elaborado por la Fundación Jaume Bofill: Cataluña registra las tasas más bajas de graduación y los índices más elevados de abandono escolar prematuro. Y es que la Generalidad se ha venido preocupando hasta la fecha, más de que todo el mundo emplee en el ámbito educativo el catalán, que en la calidad de la enseñanza. Las consecuencias de esta política ahora se dejan ver.

Uno de cada tres jóvenes de entre 18 y 24 años (un 34,1 por ciento) abandona prematuramente los estudios -sin formación postobligatoria-, lo que representa el triple del objetivo europeo para el año 2010 -fijado en el 10 por ciento- y está cinco puntos por encima del índice que se obtuvo en 2000. La tasa de abandono prematuro es también muy superior a la de la media española (30,8 por ciento), y dobla, por ejemplo, los niveles del País Vasco (13,9 por ciento) y Navarra (17,2 por ciento).

Otro de los datos preocupantes del estudio es el nivel de formación de la población joven. En este sentido, el estudio revela que sólo un 60,3 por ciento de los jóvenes de 20 a 24 años ha superado la educación secundaria postobligatoria, mientras que en el resto de España la supera el 61,3 por ciento del alumnado.

El informe destapa también que Cataluña registra la segunda tasa más alta de repetición en cuarto de Educación Secundaria Obligatoria (ESO). Después de Canarias y Extremadura, Cataluña es la Comunidad con más repetidores en este nivel. No obstante, en los niveles de Educación Primaria las tasas de promoción de alumnos son muy elevadas. A juicio de Ferran Ferrer, uno de los coordinadores del estudio, este hecho sólo se entiende porque en Primaria se tiende a ‘esconder’ la realidad del fracaso escolar que aflora luego en Secundaria. A modo de conclusión, el informe asegura que el derecho a una educación de calidad para todos es todavía hoy un objetivo pendiente de conseguir en un sistema además aquejado de una fuerte dualización entre los sectores público y privado subvencionado.

‘El antiespañolismo ha pasado a los programas de enseñanza y a la cultura común’
Pedro Fernández Barbadillo MinutoDigital 23 Noviembre 2007

El periodista José Javier Esparza, conocido por sus columnas sobre televisión y sus programas sobre Historia, acaba de publicar ‘La gesta española’ (Áltera), libro en el que expone de manera divulgativa algunos de los principales acontecimientos y personajes de la Historia de España.

Su libro compila los programas emitidos en La Tarde con Cristina (COPE) durante el curso 2006-2007 y abarca desde la Hispania romana hasta la batalla de Bailén. ¿Cuál es el acontecimiento y el personaje que más le han impresionado?

¡Es tan difícil escoger! La Historia de España es una aventura prodigiosa llena de héroes de a pie. Me impresiona el carácter de la gente que hizo la primera Reconquista, en los siglos IX y X, clanes campesinos que conquistaban tierras a lo desconocido. Me conmueven personajes como Pedro Serrano, el postillón que asumió el deber de difundir el bando de Móstoles el 2 de Mayo, y que reventó cabalgando de un pueblo a otro, sin descanso. Y me llenan de orgullo personajes como Mencía Calderón de Sanabria, esposa del adelantado del Río de la Plata, hacia 1550, cuyo marido murió cuando preparaban el viaje a América y que decidió ser ella, Mencía, la que cumpliera la misión de llevar a aquellas tierras una expedición de mujeres para fundar familias al otro lado del mar; por el camino, ataques piratas, largo cautiverio, travesía de selvas a pie enjuto y, finalmente, la misión cumplida. Es impresionante.

- El subtítulo de La gesta española es Historia de España en 48 estampas para quienes han olvidado cuál es su nación. Este olvido, ¿empieza con la LOGSE o es anterior?
- Es anterior, porque la abominación de la propia Historia y la fascinación acrítica por la ajena es un rasgo mayor de la cultura española desde finales del XIX. Lo que pasa es que, entre los años 60 y 70, la propaganda antifranquista operó una identificación “españolismo = franquismo” que implicaba un desprecio radical hacia lo español y que ha terminado siendo letal cuarenta años después, porque ha pasado a los programas de enseñanza y a la cultura común. Si el antifranquismo era una opción legítima, el antiespañolismo era una opción suicida. Hoy estamos pagando las consecuencias.

- En otros países con los que gustamos de compararnos, como Francia y Estados Unidos, se venera la historia nacional. ¿Por qué España es diferente?
- En todos esos países han vivido también periodos de execración de su propia historia: hay una suerte de complejo de culpa europeo, occidental, que es un mal generalizado de nuestro tiempo. El caso de Alemania es probablemente el más extremo. Ahora bien, en todos esos lugares -incluso en Alemania- se vio pronto que no era posible mantener la convivencia, la cohesión civil, si no se daba a la gente razones para vivir juntos, y el hecho de tener una historia común de la que poder enorgullecerse, aun críticamente, es un poderoso adhesivo. La Historia es un relato de identificación colectiva y, como tal, cumple una función social de primer orden. En España, por las razones antes mencionadas, se ha prescindido de ese factor de unión. Con el agravante de que, al mismo tiempo, se estimulaban los relatos paralelos de los núcleos separatistas, orientados expresamente a disolver lo español. El resultado está bien a la vista.

LA IZQUIERDA CONDENA A ESPAÑA
- En esta animadversión, ¿influye la vinculación entre los españoles y la Iglesia?
- Sin duda alguna, sí, al menos tal y como concibió la izquierda española el “malestar en la Historia”. Es verdad que la Historia de España, desde la Reconquista, es inseparable de la catolicidad. Y eso, naturalmente, tiene consecuencias traumáticas cuando las revoluciones modernas conducen hacia la secularización. En tal tesitura, es posible adoptar diferentes posiciones, desde la Reacción hasta la Revolución. La izquierda española apostó por la Revolución, y de una manera muy poco reflexiva, porque procedió a una condena general de la Historia de España en su conjunto. Recordemos al Azaña de 1930: la Historia de España debía ser violentamente rectificada porque descansaba en la Corona, el Ejército y la Iglesia. Era una tesis de una arbitrariedad sin límites, porque significaba tanto como desafiar a la realidad histórica española en nombre de una convicción personal. Aquello sólo podía terminar como terminó.

- En regiones como Cataluña y Vascongadas se ha difundido el odio a lo español y la creencia de son naciones invadidas y ocupadas por una España fascista y retrograda. ¿Cree que la educación debería ser una competencia exclusiva del Ministerio? ¿Se puede remediar esta política y sus consecuencias?
- Es interesante: las competencias que el Estado español se apresuró a transferir a las comunidades autónomas desde 1978, es decir, la educación y la cultura, son exactamente las mismas que los estados de la Unión Europea se han negado a transferir a Bruselas. La educación y la cultura son esenciales para fijar un mínimo común denominador en una sociedad; en ese sentido, la actitud de los estados europeos ante la Unión es tan comprensible como incomprensible es la actitud de España. ¿Es reversible la situación? Si hay voluntad política, sí. En Educación, no es preciso que esas competencias vuelvan íntegramente al Estado central; basta con que éste ejercite su derecho a fijar contenidos mínimos comunes y a inspeccionar que esos contenidos se imparten efectivamente. En cuanto a Cultura, debería revisarse la doctrina constitucional que asigna a las comunidades competencias exclusivas en esa materia.

¿CUÁNDO NACE ESPAÑA?
- Un libro del historiador Antonio Domínguez Ortiz se titula ‘Tres milenios de historia’, Claudio Sánchez Albornoz habla de España y de los españoles en la época de los romanos. Otros sostienen que sólo se puede hablar de nación española a partir de 1808, y los hay que afirman que durante el franquismo no hubo españoles. ¿Cuándo nace España?
- Ninguna nación europea surgió en un momento concreto, en una fecha fundacional, de un día para otro. Todas son producto de un proceso histórico de construcción, a partir de unos rasgos comunes que van conformando una unidad política. En ese proceso, los rasgos de integración se subrayan en detrimento de los rasgos de diferenciación. En el caso de España, se parte de la herencia romana y cristiana, que da lugar al reino godo, y éste, tras la invasión islámica, se convierte en mito -en el sentido más noble del término- capaz de inspirar una voluntad de recuperación del territorio, la célebre ‘España perdida’ y reconquistada. España, como nación histórica, se configura a lo largo de la Reconquista, que fue una potentísima dinámica de cohesión y que sólo podía desembocar en la unificación final de los reinos. Tal vez tenga razón Ortega -el de España invertebrada- cuando dice que en el XIX comienza un proceso inverso, el de desagregación, en el que hoy nos hallamos plenamente inmersos. En todo caso, no es un fenómeno inevitable, fatal, sino que de nosotros depende cambiar el curso de la corriente.

- En su libro, así como en el programa de la COPE, habla usted de acontecimientos desconocidos pero no sólo para los menores de 30 años, como las expediciones científicas en las Indias y el Pacífico, la expedición de la viruela, el galeón de Manila. Se le pueden unir la protección de los judíos en la Segunda Guerra Mundial, la guerra de la Cochinchina, los vuelos trasatlánticos… Sorprende que el franquismo, un régimen que pretendía asentar su legitimidad en la Historia de España tampoco difundiese estos sucesos, estas gestas. ¿No nos creemos lo que hemos sido?
- El franquismo hizo mucho por cimentar una conciencia nacional basada en la propia Historia; en eso, por cierto, no significó un cambio radical respecto a los regímenes anteriores, el de la Restauración o el de la II República, cuando la Historia de España se enseñaba con mucha más extensión y hondura que hoy. Pero el régimen de Franco, por un lado, tenía una idea de nuestra historia colectiva exclusivamente orientada hacia la retórica imperial, y por otro, fue clamorosamente incapaz de poner al servicio de la enseñanza de la Historia los extraordinarios medios técnicos del siglo XX, en especial el cine. Es interesante comprobar que los grandes títulos españoles de cine histórico se limitan a los años cuarenta y cincuenta. Después vino el desierto. Quizá es que, en efecto, no nos creemos lo que hemos sido. Fue Nietzsche quien definió a los españoles como “un pueblo que ha querido ser demasiado”. Nosotros, hoy, deberíamos estar en condiciones de lanzar una mirada templada, pero sin complejos, a esa portentosa realidad histórica.


ESPAÑOLES EJEMPLARES 2007
La Fundacion DENAES premia a Regina Otaola, Albert Boadella, Ricardo Benedí, Carlos Herrera y el Sevilla FC
La primera edición de los premios Españoles Ejemplares que concede la Fundación para la Defensa de la Nación Española en este año 2007 ya tienen ganadores en sus distintas categorías. La alcaldesa de Lizarza, Regina Otaola (virtud cívica), Albert Boadella (arte y humanidades), Ricardo Benedí (actividad profesional), Carlos Herrera (periodismo) y el Sevilla FC (deportes). Los premios han sido decididos por un jurado presidido por Fernando García de Cortázar e integrado por importantes personalidades como Esperanza Aguirre, Leopoldo Calvo Sotelo o Pedro Delgado, entre otras.
Libertad Digital 23 Noviembre 2007

La Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES) entrega este año por primera vez los permios “Españoles Ejemplares”. Según informa DENAES en un comunicado que con estos galardones "pretende contribuir al cumplimiento de sus propios objetivos fundacionales: El cultivo del patriotismo, la afirmación de España como Nación y el fomento de la cohesión de la sociedad española en torno a la unidad de España y a la fortaleza del Estado".

Por ello "busca el reconocimiento público y el agradecimiento a la labor de quienes han contribuido de forma sobresaliente a afianzar la fortaleza, garantizar la unidad, realzar los valores, difundir la verdad histórica, engrandecer el prestigio, y salvaguardar la independencia de la Nación español".

El jurado de los premios, presidido por Fernando García de Cortazar, ha estado integrado por Esperanza Aguirre (Presidenta de la Comunidad de Madrid), Leopoldo Calvo Sotelo (ex presidente del Gobierno), Santiago Abascal (Presidente de Fundación DENAES), Ricardo Garrudo (Vicepresidente de Fundación DENAES), Ana Mª Vidal Abarca (Expresidenta de la AVT), Inma Shara (Directora de orquesta), Adolfo Prego de Oliver (Magistrado del Tribunal Supremo), Pedro Delgado (Deportista), Ramón Parada (Catedrático de Derecho Administrativo y Presidente de la Fundación Alfonso Martín Escuedero), Jose Mª Cuevas (Expresidente de laCEOE), e Iñaqui Arteta (Cineasta).

Los premiados son:

Regina Otaola, Española Ejemplar en la categoría de virtud cívica, por su heroica defensa de la Constitución y de los símbolos nacionales y su fortaleza en la aplicación de las leyes en un municipio golpeado por la coacción y la violencia.

Sevilla Fútbol Club, Español Ejemplar en la categoría de deporte, por su iniciativa ejemplar de incorporar la bandera nacional a la indumentaria del equipo en las competiciones internacionales en las que participa.
 
Carlos Herrera, Español Ejemplar en la categoría de periodismo, por su ejercicio diario de libertad a través de los medios de comunicación y su compromiso con la democracia española y las víctimas del terrorismo.

Albert Boadella, Español Ejemplar en la categoría de arte y humanidades, por poner su ingenio y creatividad al servicio de una cultura abierta en un territorio donde el nacionalismo intenta acabar con la diversidad social y cultural de España.

Ricardo Benedi, Español Ejemplar en la categoría de actividad profesional, por ser el exponente de la mejor tradición empresarial del País Vasco, por su entereza y espíritu cívico al desafiar públicamente a la extorsión económica a la que el terrorismo pretende someterle.

DENAES añade que "con estos galardones, que tendrán carácter anual, además de cultivar la unión fraterna entre los españoles, la Fundación DENAES se propone difundir todo aquello que redunde en la unidad profunda entre los españoles: la lengua española, la Historia de España, los símbolos de la nación, los valores constitucionales y democráticos. Y, en segundo lugar, resaltar cualesquiera conquistas, logros y gestas bien civiles, culturales, militares, deportivas o de otro orden, de las que los españoles nos podamos sentir orgullosos.

La entrega de premios tendrá lugar el 24 de enero en la sede de la Comunidad de Madrid (Casa de correos.-Puerta del Sol). El acto estará presidido por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y contará con la presencia de todos los miembros del jurado y del patronato de honor de la Fundación DENAES.
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