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Recortes de Prensa    Domingo 9 Diciembre   2007

Aniversario y funeral constitucional
GERMÁN YANKE ABC 9 Diciembre 2007

Decimos treinta para cuadrar los años con un número redondo pero, en realidad, no llegan. Son sólo veintinueve y ya parece que la Constitución hace aguas, o que ha naufragado claramente, o que se convierte no en las reglas de juego aceptadas, sino en el inconveniente para unas y otras conquistas políticas. Lo que antes eran principios, las líneas que no se pueden atravesar, se convierten ahora en límites para lo que se considera justo que se pretenda pasado el tiempo o cambiadas las circunstancias.

No parece mucho tiempo no haber alcanzado los treinta años, sobre todo teniendo en cuenta que la Constitución se había convertido en un mito, en un tótem hasta hace, cómo decirlo, pocos meses. Quizá desacostumbrados a debates políticos de mayor trascendencia, lo que devenía o se juzgaba «anticonstitucional» era más merecedor de indignidad que lo inmoral o lo antidemocrático. La Constitución era el criterio; la Transición, el paraíso.

Lo paradójico es que, al parecer, al término de esta legislatura tan vertiginosa, el problema de la Constitución no es, como se decía al comienzo, que el Gobierno se la saltase a la torera para su «segunda Transición» y la conversión subrepticia de España en un Estado federal, plurinacional o como en cada momento quisiese llamarse. La doctrina de la oposición era clara: el PSOE rompía los consensos constitucionales básicos, se saltaba el espíritu y la letra de la Carta Magna; en el caso del Estatuto de Cataluña resultaba tan evidente que se rompían ambos y la igualdad de los ciudadanos españoles que, a pesar de los inconvenientes políticos, era preciso presentar el correspondiente recurso ante el Tribunal Constitucional. Es más, la doctrina de la oposición no disimuló lo más mínimo la explicación de que, precisamente por constituir un desafuero de tal naturaleza, el Gobierno se estaba empeñando en controlar el Tribunal o, en todo caso, en retrasar una sentencia contraria segura hasta después de las elecciones.

El aprovechado
Sin embargo, en el PP se ha ido haciendo fuerte, cada día más y a gran velocidad, un sector de opinión a favor de una importante reforma constitucional. El fundamento sería el mismo descontento que el de otros de sus compañeros de partido, pero la causa inmediata no estaría en que el PSOE avanza «contra» la Constitución, sino aprovechándose de ella, de sus inconcreciones, de la vaguedad de lo que pueda significar el «Estado de las Autonomías» en cada momento determinado. Rodríguez Zapatero no sería ya el transgresor, sino el aprovechado.

Para remachar este punto de vista, la Fundación para la Defensa de la Nación Española ha conmemorado el aniversario de la Constitución con una encuesta según la cual una amplia mayoría de los españoles querría una reforma que implicara de algún modo la recuperación de competencias por el Estado. Las encuestas son como son, claro, y prácticamente la totalidad de los encuestados quieren que esté garantizado el derecho a escolarizar a sus hijos en lengua española, lo que es un objetivo político sin duda importante, pero que no precisa la reforma de la Carta Magna. Quieren también, según este sondeo, la recuperación de competencias en materia de Educación, en el caso de los votantes del PP hasta más del 85% de los preguntados. Me gustaría saber, de todos modos, si esos votantes conservadores de Madrid o Valencia o cualquier otra comunidad gobernada por el PP renunciarán, por ejemplo, al efecto moderador que los gobierno regionales pueden hacer en asuntos como la Educación para la Ciudadanía o prefieren, en todo caso, que sea el Estado el único competente en la materia.

Al final, el PP va a proponer, como parte de su oferta electoral, una reforma constitucional de menor entidad que la de algunos de sus activos agentes reformadores. La paradoja no desaparece, de todos modos. Benigno Pendás ha recordado esta misma semana en ABC aquel voto discrepante de José María Aznar al dictamen del Consejo de Estado de 2006 en el que discutía la oportunidad política de la reforma. Y aún se podría decir más: la inoportunidad de plantear, en absoluta ausencia de consenso, una reforma constitucional «contra» los nacionalismos abriendo el melón al mismo tiempo de las reivindicaciones nacionalistas (en el Gobierno y en la propia reforma).

Pero, pase lo que pase, lo que parece evidente es que la Constitución ha dejado ya de ser, en el debate político, el referente que era hasta hace poco, incluso el más exagerado y mítico. Por eso podemos celebrar, al mismo tiempo, el aniversario y el anticipo de su funeral.

Enemigo común
Editorial El Correo 9 Diciembre 2007

Nicolas Sarkozy resumió ayer en una frase contundente, «los enemigos de la democracia española son los enemigos de Francia», la posición política inequívoca de la República que preside y los efectos devastadores que ha tenido en su país el asesinato por ETA de los guardia civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero. El pronunciamiento de Sarkozy, realizado en Lisboa -donde se celebra la II Cumbre UE-África-, tuvo lugar después de reunirse con el presidente español, en lo que sin duda pretendía ser una imagen pública de unidad frente al azote etarra. Ayer se cumplía una semana del brutal crimen de Capbreton, siete días de rabia y dolor que han tenido el contrapunto esperanzador de comprobar que el Estado de Derecho funciona y que la colaboración antiterrorista entre los dos países vecinos se encuentra engrasada. Desde hace años, uno de los requerimientos de todos los expertos en la lucha contra ETA era acabar con su retaguardia, impedir que la banda encontrara un terreno donde rearmarse, definir sus estrategias y preparar a sus pistoleros. Un proceso que no siempre encontró en las autoridades francesas el compromiso suficiente para entender lo que ayer expresó Sarkozy, que el terrorismo no tiene fronteras y que la violencia ejercida contra un Estado democrático miembro común, además, de la Unión Europea, es un atentado contra la propia esencia republicana.

El atentado de Capbreton ha supuesto, sin duda, un paso más en la escalada criminal de ETA en territorio francés, un salto cualitativo acorde con la deriva que la lleva inevitablemente a convertirse en una vulgar organización mafiosa. Una banda terrorista que roba, amenaza, chantajea, secuestra y asesina sólo puede encontrar la más enérgica persecución allá donde delinque. Y Francia, con la operación que acabó con la rápida detención de dos de los presuntos ejecutores de Fernando Trapero y Raúl Centeno, ha dado muestras de capacidad para afrontar este desafío. La palabras de Sarkozy, el anuncio de que España y Francia buscarán 'nuevos instrumentos' para potenciar la lucha contra ETA y el gesto simbólico de esta reunión, lanzan un mensaje tan esperanzador como largamente esperado y que no debería frustrarse con el paso de los días, a medida que se diluya la conmoción que ha provocado el doble asesinato. De la implicación francesa depende que la operatividad etarra sea mínima y que el sufrimiento que provoca acabe mucho antes.

Estrategia integrada contra ETA
Andrés Montero Gómez El Correo  9 Diciembre 2007

ETA ha asesinado a dos guardias civiles en Francia. El atentado no merece, a estas alturas, demasiado análisis. ETA es una organización criminal profesional y se dedica a asesinar. Lo hace cuando le interesa en función de sus propias dinámicas internas, el objetivo de las cuales es mantenerse asesinando para obligarnos a cambiar nuestro comportamiento colectivo por medio del terror. A estas alturas no debemos pretender que los etarras entiendan que el modelo colectivo de convivencia no van a cambiarlo con la violencia, porque el terrorismo para ETA ha pasado de ser un instrumento criminal para convertirse en un modo de vida, un modo de vida basado en la muerte de los demás, muerte civil o muerte biológica. Hemos llegado al final.

La política antiterrorista ha de estar basada en el desmantelamiento de ETA. Si ése no es su centro de gravedad, la política antiterrorista estará equivocada. Esa política puede articularse a través de varias estrategias, estrategias que han de acompasarse a las condiciones más favorables para el Estado en cada momento evolutivo concreto de la situación. Ha habido momentos a lo largo de nuestra democracia en donde la estrategia ha sido contactar con ETA y entablar conversaciones para encontrar una vía de desmantelamiento. En todas esas ocasiones de diálogo, ETA ha salido reforzada. Otra estrategia ha sido aplicar toda la presión del Estado sobre las distintas dimensiones que configuran a ETA, desde sus comandos asesinos pasando por sus siglas políticas, siguiendo por las empresas pantalla, sus finanzas o su comunicación. De esta estrategia, ETA habitualmente ha salido más o menos debilitada dependiendo de las coyunturas en cada uno de sus períodos históricos. En resumen, la estrategia de diálogo siempre ha fracasado y la estrategia de represión todavía no ha obtenido todos los frutos potenciales que podría conseguir.

La estrategia de la represión de ETA en política antiterrorista no ha funcionado nunca plenamente porque nunca se ha aplicado plenamente. Después de 1988 y sin llegar a cumplirse una década, la estrategia de la represión se enmarcaba en el paradigma político del Pacto de Ajuria Enea, pero su operacionalización era muy débil. Había acuerdo político, unidad de los partidos frente al terrorismo de ETA, las medidas policiales eran intensas y la cooperación con Francia mejoraba paulatinamente, pero la estrategia del Estado no era integral. Ajuria Enea no estuvo acompañada por una intervención decidida sobre el aparato político de ETA, ni sobre sus finanzas, empresas o sus comunicaciones. Por tanto, si contamos menos de una década después de firmarse Ajuria Enea, llegamos a la conclusión de que contábamos con unidad política, pero la falta de visión integrada de la acción del Estado, que no intervenía en paralelo sobre todos los frentes de ETA, se traducía en que la debilidad de una parte del entramado terrorista se compensaba con la fortaleza de otros de sus componentes.

Tras unos años de agonía de Ajuria Enea llegó otro pacto, el de Lizarra, en 1998. El acuerdo del nacionalismo vasco con ETA personificó la defunción de la unidad democrática contra el terrorismo. Sin embargo, casi como mecanismo de equilibrio, diversos poderes del Estado reordenaban la estrategia de represión dirigiéndola hacia una articulación más integrada y paralelamente distribuida contra casi todas las aristas de ETA. El fin de Ajuria Enea supuso el principio del mejor esquema operacional de la estrategia de represión de ETA en la historia, incluyendo planos de intervención legal allá donde antes había habido permisividad.

Así, la Audiencia Nacional iniciaba la instrucción de causas contra las finanzas de ETA, se actuaba contra las empresas pantalla del terrorismo, se continuaba desarticulando comandos y, finalmente, tanto por vía administrativa como por la judicial se ilegalizaba el aparato del terrorismo dedicado a infiltrar las instituciones políticas. Continuaban quedándose fuera de la acción del Estado algunas parcelas del movimiento terrorista vasco que han penetrado la sociedad de Euskadi, como la sindical o distintas fórmulas antisociales disfrazadas de voluntariado, pero el Estado redujo a ETA a su mínima expresión. Incluso, la desunión política trató de paliarse con el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que añadió solidez a las medidas antiterroristas aun dejando fuera a fuerzas políticas que no compartían la estrategia contra ETA, algunas como el PNV deudoras de Lizarra. El resultado de esta etapa fue un debilitamiento neto, apreciable y objetivable del grupo terrorista.

A partir del 2004, el presidente del Gobierno reorienta la estrategia antiterrorista de nuevo hacia el diálogo para el desmantelamiento de ETA. Contaba (luego hemos comprobado que erróneamente) con que la desnutrición de la banda, fruto de la estrategia anterior, posicionaba al Estado en ventaja negociadora. La conclusión de esa intentona del Estado ya la conocemos, con el consiguiente reforzamiento de ETA y una nueva penetración de su facción política en las instituciones.

El análisis de la secuencia de tantos años nos desvela que dos son los parámetros sustanciales para un esquema efectivo frente a ETA. El primero es que la desunión de los partidos políticos enflaquece la acción del Estado contra el terrorismo y fortalece a ETA. Lo segundo, que la estrategia del diálogo en la política de desmantelamiento de ETA nunca ha funcionado. Por tanto, la experiencia nos dicta que la combinación más eficiente para desactivar, con el tiempo que sea necesario, a ETA es articular el esquema más amplio, paralelo e integral de acciones individuales pero coordinadas de los poderes del Estado sobre todos y cada uno de los frentes del conglomerado de ETA, montado este esquema sobre un acuerdo amplio de los partidos políticos frente al terrorismo. Es decir, actuar contra ETA en cada una de las dimensiones de las que la propia banda terrorista se ha dotado para ejercer la violencia. Esto parece de sentido común, pero nunca se ha aplicado en su globalidad e integridad. Si a algún político le preocupa el recuento de votos, puede relajarse en ese sentido: la ciudadanía apoyaría esa estrategia integral sin cortapisas. De la misma manera, la última y paupérrima concentración de Madrid ha revelado que la población está harta de imposturas frente al terrorismo, que no cree en acuerdos de mentira, en pastiches publicitarios preelectorales.

Zapatero tiene la oportunidad de reorientar definitivamente su estrategia frente a ETA en política antiterrorista siguiendo la modificación que ya había comenzado a poner en práctica desde el naufragio de la anterior estrategia de diálogo. Ahora, dos guardias civiles han entregado sus vidas proporcionándole al Gobierno, en el marco de la tragedia, la palanca para operar en toda su extensión el giro estratégico apropiado que ya parecía estarse maniobrando, aunque con cierto apocamiento, desde el timón de La Moncloa. Es el instante preciso para regresar a la estrategia integral de represión de ETA que el propio Zapatero configuró en su propuesta de Pacto por las Libertades. Los primeros pasos los emprendió el Ministerio de Interior tras el atentado de Barajas y los ha continuado la judicatura. Ahora toca desarmar políticamente a ETA ilegalizando a ANV, cuyos fines y propósitos son tan evidentes que no será complicado reunir pruebas al respecto. Si la Guardia Civil desarticulara la cúpula de ETA en Francia se simbolizaría de forma ideal el asentamiento de una estrategia que ya es momento de que nuestros políticos comiencen a aplicar en toda su extensión. Después deberían venir medidas imaginativas que hasta ahora no se han ensayado para exprimir al máximo las posibilidades legales del Estado y reducir la presencia de cualquier partícula de abertzalismo etarra en nuestra sociedad. Como se demostró con la ilegalización de HB, estas capacidades del Estado, cuando se funciona como Estado, son mayores de las que se habían implementado hasta entonces. Todavía queda mucho potencial.

Rubalcaba
Licencia para mentir
José María Marco Libertad Digital 9 Diciembre 2007

Cuando Rubalcaba dijo que el atentado de Capbreton era un tiroteo estaba mintiendo. De haber sido un error –inconcebible, en cualquier caso– se podía haber disculpado, pero ha seguido diciendo, en la misma línea, que lo que en realidad estaba haciendo el comando asesino era preparar otro atentado en España.

Como Rubalcaba debe de haber perdido hace mucho tiempo el sentido cabal de las palabras "verdad" y "mentira", es irrelevante reprochárselo. Lo importante es preguntarse por qué afirmó tal cosa.

La primera respuesta, obviamente, es que quiso descargar la presión sobre su Gobierno, en particular sobre Rodríguez Zapatero y su política de negociación con los etarras. Un tiroteo resulta menos intolerable que un atentado a sangre fría.

Se aligera así la responsabilidad de los etarras, que de algún modo se habrían envuelto en un incidente imprevisto. Una parte de la responsabilidad se traslada inevitablemente, y aunque no sea ese el efecto querido por Rubalcaba, a las propias víctimas. Parece increíble que un hombre tan experimentado como Rubalcaba no haya medido la atrocidad de esta sugerencia.

¿O sí la había medido? En tal caso, hay una segunda explicación para la afirmación de Rubalcaba, y es que no estaba hablando a la opinión pública, sino a los propios etarras. El mensaje es obvio, y ya ha sido glosado estos días. A pesar de todo lo ocurrido, el Gobierno de España, como gusta de llamarse, les está diciendo a los etarras que mantiene abierta la puerta para unas posibles negociaciones.

Los etarras habrán entendido desde el primer momento lo que eso quiere decir. Es el mismo mensaje de debilidad que Rodríguez Zapatero y su Gobierno han estado enviando a los terroristas, ya sean etarras o islamistas, desde el 14 de marzo de 2004. Se han puesto en sus manos y no les queda más remedio que hablar de "trágicos accidentes" o de "tiroteos" cuando se trata de asesinatos terroristas.

En otras palabras, los terroristas saben que el Gobierno depende de ellos. Y el Gobierno no tiene más objeto de cambio que la vida de aquellos a los que debería estar obligado a defender. Las prioridades del Gobierno se han invertido: ya no se trata de defendernos de los etarras, sino de defenderse a sí mismo intentando que la opinión pública trague con lo de los "accidentes" y el "tiroteo". Todos los medios de comunicación oficiales y afines están puestos al servicio de ese objetivo. Un objetivo que nos deja al albur de la voluntad de los etarras. Y que no deja otro remedio al Gobierno que tomarse la licencia de mentir, mentir sin tregua.

Funeral por Fernando Trapero
Zapatero es un cagueta
Pablo Molina Libertad Digital 9 Diciembre 2007

A Z no le gusta que le abucheen, al menos en público. Le tiene más miedo a un par de exabruptos callejeros que a perder un "uno contra uno" al baloncesto con sus amigos, los dueños de La Secta. Vamos, que no lo soporta. Y es una desilusión porque cuando le veíamos encabezar aquellas manifestaciones violentas contra el PP a cuenta de la segunda parte de la Guerra de Irak, pensábamos que al tipo le iba la bronca callejera. Pues parece que no. Este es como los borrokillas a la violeta, que sólo sacan pecho cuando son mayoría y llevan las de ganar.

Su pánico cerval a que se repita una situación que ya viene siendo habitual cada vez que aparece en público, le lleva a insultar esta vez a los miembros de la Guardia Civil, cuyo respeto a la autoridad es proverbial. En mi familia política hay cuatro guardias civiles, tres de los cuales han servido en el País Vasco. Nunca les he escuchado un comentario soez o una frase recia sobre Z, y eso que ninguno está de acuerdo con su gestión en materia terrorista. Como presidente del Gobierno legítimamente elegido cuenta con la lealtad del cuerpo que más ha sufrido el zarpazo terrorista, aunque no lo merezca ni sea consciente de ello.

Los que no merecen, en cambio, que se les prohíba despedirse de un compañero caído como se merece son ellos, los guardias civiles, tratados por La Moncloa en el funeral por Fernando Trapero como si fueran una banda de alborotadores, es decir, como aquellos que se manifestaban junto a Z y apedreaban las sedes del PP cuando estaba en la oposición.

El problema de Z no es que la gente descontenta con su gestión exteriorice su cabreo en cuanto se les pone a tiro, sino que los que le votan no tienen el menor interés en salir a la calle a decirle lo guapo y lo listo que es para contrarrestar a quienes le abroncan. Z no tiene quien le defienda, cosa bien triste para un personaje convencido de haber venido al mundo para cambiarlo de raíz a base de talante.

A Felipe González no le pasó nada parecido ni en los peores tiempos de Filesa y el GAL. Z debería preguntarse por qué. ¿Tal vez porque a pesar de todo tenía una cierta noción del respeto que un presidente debe a la constitución, al contrario que su sucesor en el PSOE? Mas no desesperemos. En cuanto Pepiño le pegue un par de neuronazos a este asunto seguro que da con la clave.

Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana.

Rio Cabe
Unidad sin unitarios
Serafín Fanjul Libertad Digital 9 Diciembre 2007

Fingen rasgarse las vestiduras, simulan buscar culpables durante diez minutos (no hay que fatigarse), continúan impertérritos, con su cara de hormigón, prestos a repetir las mismas votaciones en el Congreso, idéntico apoyo a la rendición ante la ETA. Llevan la burla y el insulto a la promoción publicitaria de la palabra "unidad", igual que en otros momentos exaltan el "diálogo", mera acumulación de unos cuantos fonemas: no les importamos nada, convencidos como están de que para torearnos basta cualquier engaño burdo. El juego es ya muy viejo, lo hemos visto demasiadas veces: hasta los toros acaban percatándose de las estratagemas y repetición de movimientos del hombre durante los cortos minutos que sobrevive en la lidia. ¿Por qué no nosotros?

Desde el asesinato de Tomás y Valiente hemos contemplado en demasiadas ocasiones a unos políticos –y a otros– ponerse a la cabeza de la manifestación para encauzar, neutralizar y acabar paralizando la cólera e inquietud populares; para que no nos metamos en su terreno y terminemos desbordándolos, vaya. O, dicho de otro modo, para que permanezcamos en el Nirvana del encefalograma plano y los perfiles bajos. Distintas maneras de decirlo. Mientras la rabia e incredulidad de un sector amplio del pueblo español crecen, los políticos implementan vistosas concentraciones a las que asisten cinco mil personas. Suponiendo que sólo la mitad de los asistentes –que es muy poco suponer– fuesen simpatizantes del PP, todos los demás partidos del llamado "arco parlamentario" (¡qué cursilada!) más los sindicatos y los empresarios pudieron arrear para la Puerta de Alcalá a unos dos mil quinientos concentrados. Ni siquiera el enjambre de liberadospartidarios y sindicales acudieron a fichar para ganarse el sueldo. Como no reconocerán jamás lo intragable de sus cuentos, deben cargar la culpa sobre alguien: la AVT y Francisco José Alcaraz, que una semana antes tuvieron la desfachatez de reunir a medio millón de personas, con lo cual reconocen implícitamente que la capacidad de influencia y la percepción de honradez para éstos últimos es cien veces mayor que la suya.

No es sólo que la AVT se niegue, por dignidad lógica, a manifestarse con quienes (Álvaro Cuesta, Pepiño) unos días antes les habían tildado de "repugnantes", "de compañías indeseables" y "objetivos oscuros", es también un asunto de eficacia: ¿qué se puede esperar de la pandilla de todos los separatistas, más IU, unidos meramente en la meta común de desguazar el Estado y repartirse el botín, las mil presas que tienen ojeadas, tan sabrosas, tan cercanas? ¿A dónde vamos a ir con una gente que tres días antes se había negado a revocar el apoyo a Rodríguez para seguir negociando con la ETA? Nos infravaloran mucho: que se lo dediquen a sus votantes, que ésos seguramente lo merecen y, por cierto, son los que ni pisan la calle cuando se trata de solidarizarse con un guardia civil. ¿Ustedes conocen algún progre que lo haga? Yo no (y de progres conozco legión). Así pues, ¿de dónde va a sacar Rodríguez la tropa para engalanar el escenario, si nosotros no vamos y a los suyos les tiene al fresco?

Tal vez algunos lectores lo oyeran en la radio, como yo mismo, pero la información es tan cruda que debemos contribuir a difundirla por todos los medios posibles, dado el bloqueo y tamiz desinformativo de casi todas las televisiones: al alcalde del pueblo de Fernando Trapero, El Tiemblo –lo refirió él mismo–, le prohibieron el acceso a la zona acotada para "autoridades" por portar una bandera española. Quizás temían la desbandada de los independentistas encaramados en el escenario del teatrillo para representar el minúsculo sainete de título "La Unidad". Pero hubo más: los tipos que llenan la andorga en los sindicatos se negaron a que un guardia civil leyese el glorioso comunicado de Las Vaguedades (otro buen título para un entremés). A saber qué sensibilidad se sentiría herida por tamaña intrusión, un guardia civil prestando su voz para recordar a otro.

¿De qué unidad hablan? ¿A quién creen engañar? ¿Qué pinta el PP en esa farsa? ¿Por qué no fue Rajoy a la manifestación de la AVT? ¿De verdad piensan los sabios de Génova que tienen siete millones de votos en propiedad? ¿Por qué no dan el callo y se mojan como Esperanza Aguirre? ¿Cómo son tan irresponsables de no entender que España, gracias a Rodríguez, no puede permitirse el lujo de que el PP pierda las elecciones? ¿Cuándo se atreverán a conquistar nuestro voto por convicción sin que se lo demos como mal menor?

"Los políticos debemos reflexionar sobre el desastre de hoy", decía Rosa Díez en la misma noche. Vana ilusión. Nadie va a reflexionar sobre nada. Ni los unos renunciarán a la golfería ni los otros a la pusilanimidad, más preocupados de condenar "enérgicamente, los intolerables abucheos" a varios de sus colegas de profesión (¿cuándo va a condenar Rodríguez las agresiones al PP el 13 de marzo de 2004?) que de echarse a la yugular de los asesinos. A la vista de cómo se repiten las vueltas de la noria de este Retablo de las Maravillas, monótonas hasta la desesperación, ni siquiera tengo ganas de hacer análisis políticos sino de pura psicología social, no poco amarga, no poco harta; y recordar aquella letrilla de La Flaca, el periódico satírico del XIX: "El valiente pueblo ibero / transige con un héroe por lo pronto / pero jamás transige con un tonto". Saque cada quien sus conclusiones. O ni somos valientes, ni pueblo y ni siquiera iberos, que también es posible.

Tibieza frente a ETA
¿Por qué?
Emilio Campmany Libertad Digital 9 Diciembre 2007

Pocas horas después del atentado, Rubalcaba manifestó que el encuentro entre los terroristas y los guardias civiles fue fortuito. Con ello quiso decir que el "incidente" no había sido voluntad de la ETA, sino la desgraciada consecuencia de una malhadada casualidad. El mensaje de algún modo fue: la ETA sigue sin querer matar. Hoy sabemos que, haya o no sido fortuito el encuentro, nuestros dos compatriotas fueron asesinados premeditadamente. Poco importa saber si la decisión se adoptó mucho antes, y el atentado se perpetró tras días de seguimiento, o si se tomó en pocos minutos, al percatarse los terroristas de la presencia de los guardias en la cafetería. Fríamente, decidieron matarlos y así lo hicieron.

El PSOE puede tener interés electoral en minimizar la importancia del atentado, como ya hicieron con el de la T4, cuando poco faltó para que los dos ecuatorianos fueran acusados de su propia muerte por haberse quedado tranquilamente en sus coches sin enterarse de que la Policía estaba evacuando el aparcamiento. Pero el horror que la muerte de Trapero y Centeno ha provocado es tal, que un esfuerzo en restarle importancia a su asesinato sería inútil. Por eso, Rubalcaba ha dejado de subrayar el carácter fortuito del encuentro entre verdugos y víctimas.

Esta patente prueba del fracaso de la política antiterrorista de Zapatero probablemente baste para que el PSOE pierda las elecciones. Sin embargo, las cosas no tienen por qué ser así. El presidente aún está a tiempo de recuperar la confianza de los electores que huyen a refugiarse en la seriedad un poco aburrida de Rajoy presentándose ante los españoles con un discurso tal que así:

Me equivoqué; creí que podría lograr la paz por medio de la negociación, pero fracasé; ahora os propongo que todos juntos, y yo el primero, vayamos a por ellos, con la ley en la mano, pero a por ellos; he empezado por ordenar al Fiscal General que inste la ilegalización de ANV y del PCTV; llevaré a las Cortes una propuesta para revocar la autorización que pedí para negociar con la ETA y una ley que establezca que ningún Gobierno pueda hacerlo en el futuro sin el respaldo de una mayoría cualificada de dos tercios de ambas Cámaras; y dedicaré todos los medios legales al alcance del Estado para acabar con esta banda de criminales asesinos.

Reconozco que no suena muy creíble en boca de Zapatero, pero es la reacción que podría permitirle recuperar una parte de los muchos votos centristas que ha perdido desde que empezó a hacerse evidente que su proceso de paz estaba abocado al fracaso.

En cambio, en vez de rectificar, se empeña en marcar distancias con el PP, se niega a instar la revocación de la autorización que el Congreso en su día le dio y, aunque amaga, no termina de decidirse a iniciar la ilegalización de ANV, sabiendo como sabe que esta tibia actitud frente a los terroristas etarras le perjudica electoralmente. Lo terrible de todo esto no es preguntarse por qué no reacciona. Lo terrible es la respuesta que quizá tenga esta pregunta.

Sobornos en España
Corrupción e intervencionismo
José Enrique Rosendo Libertad Digital 9 Diciembre 2007

Transparencia Internacional ha hecho público su índice sobre la percepción de la corrupción en el mundo. España no sale bien parada, ya que un 3% de los encuestados reconoce haber realizado algún soborno, un porcentaje que nos sitúa en el nada honroso séptimo lugar de la Unión Europea, y el cuarto si exceptuamos a las repúblicas procedentes del viejo Telón de Acero.

Es curioso que aquellos países en los que existe mayor libertad económica, como es el caso de Estados Unidos o Gran Bretaña, es donde se acusa en menor medida el fenómeno de la corrupción. Por el contrario, en donde los aparatos estatales son enormes o articulan en precario la recepción de fondos de solidaridad internacional, los porcentajes de ciudadanos que reconocen haber sufrido el pago de mordidas crece proporcionalmente hasta alcanzar cifras que rondan el 50%. De ello podemos colegir el principio general de que la libertad económica favorece la transparencia y, desde luego, reduce la corrupción, en tanto que el intervencionismo la promueve o cuanto menos la cataliza.

En España hemos vivido en estos últimos cuatro años un inaudito proceso de acumulación de poder en favor de los políticos, esto es, del Estado. Se trata de un fenómeno impulsado por los partidos que ideológicamente son más intervencionistas, como es el caso de los socialistas y también de los nacionalismos tanto de izquierdas como de derechas. Con la excusa de la protección del medio ambiente, la defensa de la salud, la promoción de la igualdad y un supuesto afán de moralizar la sociedad desde parámetros progres (el pensamiento único, políticamente correcto), hemos extendido la regulación normativa de un sinfín de asuntos cotidianos que debieran estar en la esfera indisponible de lo particular.

Por otro lado, las reformas estatutarias han servido de coartada para ampliar el poder político en el ámbito de lo privado. El Estatuto catalán, con la excusa de promover lo autóctono, ha exprimido la libertad de las personas en beneficio del dictado arbitrario de la administración autonómica. No hablamos ya sólo de algo tan personal como la lengua o la educación, sino también de numerosísimos aspectos que determinan la vida misma de las empresas. Y como hemos visto, el Estatuto catalán ha servido como modelo para el resto de reformas estatutarias aprobadas o pendientes de aprobar, en una espiral que parece no tener fin, debido esa maléfica combinación de tener un Título VIII de la Constitución abierto y ambiguo al mismo tiempo que un sistema electoral que prima a los partidos centrífugos.

La OCDE ha advertido del deterioro para la economía que supone el aumento de burocracia y la extensión de la corrupción que le es inherente. España perderá, por esta razón, dos puntos de crecimiento de su PIB en los próximos cinco años, según estudios de prestigiosos organismos independientes. Nosotros, sordos como siempre, no hacemos otra cosa que engordar la nómina de funcionarios y el talonario de los políticos a costa de los contribuyentes netos, que son quienes en realidad apechugan con la generación de riqueza. Justo lo contrario de lo que deberíamos estar haciendo si quisiéramos de verdad ser competitivos.

Sarko y dos guardias caídos pueden acabar con ETA de una vez
Manuel R. Ortega elsemanaldigital 9 Diciembre 2007

Entre políticos y jueces estamos haciendo un papelón. Mira uno hacia el noroeste y por lo menos ve un Estado. Decisivo, por cierto, para el final de una banda que ha dado su peor paso.

"Los enemigos de la democracia española son los enemigos de Francia". Eso es una declaración, y no las que hemos estado escuchando desde que a Raúl Centeno y Fernando Trapero los cosieron a balazos. Ha tenido que venir el presidente francés, Nicolas Sarkozy, a poner sobre la mesa la primera frase clara, rotunda y con sentido de Estado que se le ha oído a un político sobre este asunto. Ojo, a un político, y lo remacho bien. Porque aquí, lo más sensato lo han dicho los vecinos de El Tiemblo entre lágrimas de rabia y de dolor.

Ahora que estamos a la vuelta de la esquina del segundo centenario del 2 de mayo, después de escuchar a Sarkozy dan ganas de hacer campaña por el regreso de los mamelucos, los húsares de coletilla y los coraceros polacos. Las viejas águilas napoleónicas, vaya. Esas mismas que contribuyeron a forjar un Estado con mayúscula, y no este patio de Monipodio donde los etarras asesinos son puestos en libertad por la Audiencia Nacional y los políticos se rasgan las vestiduras a porcentaje de encuesta. Esa Republique Française donde la Marina conserva el nombre de Royale y en ciertas unidades militares continúan empleándose flores de lis borbónicas. Porque la tradición está por encima de todo. Imagínense eso aquí, con tanta memoria histórica y tanta matraca.

No digo yo que los vecinos del noreste sean perfectos. Pero son otra cosa. Visto lo que pulula por aquí, se agradecen palabras como las del presidente francés, por encima de banderías e intereses de partido. Al fin y al cabo, París, como bien escribía en esta casa Jean Chalvidant, va a ser decisivo para conseguir el fin de ETA. Ya lo estaba siendo, desde luego. Atrás quedaron los años de Giscard. Pero lo que está por venirle a la banda, teniendo en cuenta la fama de los services, va a ser de órdago. Una ETA en proceso de grapización no podrá soportar una presión de ese calibre en su patio trasero. Al fin y al cabo, la verdadera clave de la banda. Un antiguo mando policial, con muchos años de servicio a cuestas en los peores años de plomo etarras, lo contaba así: "Agur, bases de Francia, agur ETA".

La cosa está clara, y a estas alturas las cabezas pensantes etarras –no se confíen, haberlas haylas– deben estar lamentando profundamente el asesinato de los dos guardias civiles. Al menos en eso, las familias de Trapero y Centeno pueden tener el consuelo de que, tal vez, sus muertes no hayan sido en vano. La muerte no es el final, dice la vieja canción dedicada a los caídos. Tal vez sí lo sea: el del final de la propia ETA a cambio del sacrificio de dos valientes. Es duro, lo sé. Pero Centeno y Trapero vestían el uniforme de un Cuerpo cuyo lema es rotundo en ese sentido: Honor y Sacrificio. Así sea.

¿Cortes constituyentes?
IGNACIO CAMACHO ABC 9 Diciembre 2007

A los treinta años se es muy joven para un lifting, salvo que se trate de una Constitución española. Cuando la del 78 cumpla los diez trienios, el año que viene, estará probablemente sobre la mesa del Congreso a la espera del bisturí de unos cirujanos plásticos que acaso no se hallen de acuerdo sobre el tratamiento a emplear para rejuvenecerla. La (¿primera?) legislatura zapaterista le ha descoyuntado el esqueleto, envejecido las facciones y hasta reventado las costuras, pero el diagnóstico de reconstrucción no parece claro. Hay algunas propuestas y muy poco consenso, y da la impresión de que la necesidad de la reforma ha surgido más de su incumplimiento que de su caducidad.

Si el Gobierno hubiese utilizado el poder para cumplir la responsabilidad de poner diques al desafío nacionalista, limitándolo al marco constitucional vigente en vez de ayudarle a buscar sus fisuras para colarse por ellas, es posible que nadie estuviera ahora planteando un programa constituyente para reforzar la cohesión del Estado. El papel del Senado o la actualización de las disposiciones sucesorias de la Corona siempre han estado ahí como cuestiones susceptibles de actualización puntual, pero de ningún modo urgentes ni mucho menos esenciales. Ha sido la deslealtad de los nacionalismos, aliada con la temeraria complacencia gubernamental, lo que ha provocado un clamor reformista. Pero ojo, porque esa atmósfera discrepante impide por sí misma el acuerdo necesario para alterar una Carta Magna, y sobre todo porque cuando se abre un proceso de esta naturaleza en un clima crispado es imposible saber cómo puede acabar; no sería la primera vez que se empieza por unos retoques y se concluye en un proyecto de nueva planta.

Lo primero que conviene preguntarse antes de poner en marcha un mecanismo de imprevisible control es si merece la pena. Incluso quienes estamos de acuerdo en la idea de sujetar la diáspora de competencias y unificar el carajal autonómico deberíamos pensar si es mejor una nueva Constitución con un apoyo del 80 por 100 (el de los dos grandes partidos, en el caso más optimista) o una vieja respaldada por el 95. Las reglas de juego valen tanto más cuanto más gente las acepta, y el mérito del texto del 78 fue su alto nivel de consenso, aunque se basara en una buena fe que ahora mismo está rota. Sin duda a la mayoría nos gustaría poner límite a la ambición de los nacionalistas, pero nadie debe olvidar que, aunque a muchos de ellos les pese, también son españoles y han de habitar en el mismo marco de convivencia que el resto.

Quizá antes de abordar una reforma de la Constitución del 78 habría que tratar de agotar el modo de cumplirla y hacerla cumplir, que es lo que no se ha hecho en estos cuatro años. Luego hablaríamos. Pero, con todo, si las próximas Cortes van a ser constituyentes sería necesario que nos lo dijeran. Hasta ahora, sólo lo han planteado el PP y la minoritaria UPD, y con ellos dos solos no hay consenso nacional. El juego limpio democrático empieza por poner las cartas sobre la mesa. Antes de las elecciones; después es trampa sacarse comodines de la manga.

ANV condena a ETA
Imanol Zubero El Correo 9 Diciembre 2007

El ciclo político de la violencia política en Europa ha llegado a su fin. Al agónico final del terrorismo social-marxista de los años setenta y ochenta (Brigadas Rojas en Italia, Fracción Armada del Ejército Rojo en Alemania, GRAPO en España) le ha seguido en los noventa el agotamiento del terrorismo nacionalista (irlandés y corso). Su tozuda persistencia en Euskadi no anula el hecho cierto de su definitiva marginalidad política. No se discute ya cuál será la solución al terrorismo, pues no la tiene, sino cómo, cuándo y cuál será su final. La actitud que la izquierda abertzale adopte en estas circunstancias resultará fundamental para que ese final sea más rápido y, por ello, más humano y menos doloroso.

«He ido tan lejos en el lago de la sangre, que si no avanzara más, el retroceder sería tan difícil como el ganar la otra orilla». Así se expresa Macbeth al darse cuenta de lo que significa el asesinato del rey de Escocia, ejecutado con sus propias manos para ocupar su trono. Una vez realizado ese primer acto de violencia se sabe preso para siempre de su acción. El asesino 'común' no se ve afectado por esta preocupación. Pero cuando el victimario enarbola objetivos políticos para justificar su violencia cae en una espiral siempre descendente. Retroceder tras el primer asesinato, volver a la orilla que nunca se debió abandonar, es posible, pero al precio de reconocer la vaciedad política del acto: de nada ha servido el daño causado. De ahí la tentación de adentrarse aún más en las enrojecidas aguas buscando inútilmente la otra orilla.

Esta y no otra es la misión histórica de la izquierda abertzale en el momento actual: recordar a cada Macbeth que a creencia contraria sólo servirá para que más y más gente quede fatalmente varada en sus bajíos. Lamentablemente nada indica que las cosas vayan a ir por ahí. Sometida al mito fundacional de la violencia liberadora, esta izquierda abertzale ha conformado una sociedad aparte, una 'sociedad dentro de la sociedad', hermética hacia las demandas y necesidades reales del conjunto de los vascos. Una contra-sociedad que vive un permanente éxodo interior: rechaza cualquier avance real mientras camina en la búsqueda inútil de lo totalmente otro. Sólo en este delirante esquema puede la violencia encontrar su sitio.

Tras los asesinatos de Raúl Centeno y Fernando Trapero en Capbreton, los portavoces de ANV han señalado que las reiteradas peticiones de condena del terrorismo dirigidas a su formación buscan, en realidad, su criminalización ahora y su ilegalización en un futuro próximo, quejándose de estar sufriendo un «linchamiento intolerable». Criaturas: esta gente no aguantaba ni dos días en la situación de tantos concejales del PSE y del PP que sufren, ellos sí, la más intolerable de las presiones.

Lo cierto es que ANV condena a ETA al negarse a rechazar terminantemente la violencia. La condena a seguir repitiendo la tragedia de Macbeth. La condena a adentrarse hasta ahogarse en el lago de la sangre. En la condena está la salvación de lo poco que pueda ya salvarse.

i.zubero@diario-elcorreo.com

Pericay
JON JUARISTI ABC 9 Diciembre 2007

PARECE que por fin se va a publicar en castellano Filologia catalana, las memorias de Xavier Pericay. Es una muy buena noticia. No he leído un libro tan esclarecedor sobre Cataluña desde hace muchos años. Decía Czeslaw Milosz que sólo se justifican las memorias que nos dan las claves de un período en la historia de una sociedad, y esto es algo que Pericay ha conseguido sobradamente. Supongo que él mismo se traducirá del catalán, porque es un admirable escritor en ambas lenguas, y ahí están sus magníficas versiones castellanas de Pla para demostrarlo. O sea, que contaremos pronto, en la lengua común, con una obra excepcional del género autobiográfico que ya es un hito en la literatura catalana contemporánea.

Una característica muy especial de estas memorias es que reflejan intensamente (aunque no se refieran a él en forma explícita salvo en los capítulos finales) el momento histórico en que han sido escritas; es decir, el que comenzó en marzo de 2004 en toda España y poco antes en Cataluña. Fechadas a finales de 2006, las atraviesa de uno a otro extremo la agobiante atmósfera de la época del tripartito y del primer bienio del gobierno de Rodríguez Zapatero: una sensación de desasosiego e inseguridad que conozco bien, porque se parece bastante a la que yo mismo experimenté años atrás en el País Vasco. Se trata, en general, de una vivencia común a los «no-nacionalistas» en las sociedades ocupadas por el nacionalismo, como la ha descrito Juan Pablo Fusi en un magnífico ensayo (Identidades proscritas). Pericay se define como un disidente, y debo reconocer que, si bien he evitado etiquetar así a los catalanes o vascos que discrepan abiertamente del nacionalismo, he quedado definitivamente convencido de la justeza de tal denominación tras la lectura de Filologia catalana. Un disidente es alguien que defiende públicamente la democracia en situaciones en que ésta es agredida o menoscabada desde el gobierno. Convenía el marbete a los opositores a los totalitarismos comunistas (que lo estrenaron), pero nadie discutiría su aplicación hoy a casos como el de Kasparov en la Rusia de Putin, cada día menos preocupado este último en disimular su deriva dictatorial refrendada por un sistema electoral podrido. Ni a los venezolanos que resisten a Chávez. La oscuridad está cayendo otra vez sobre un buen número de sociedades libres.

Xavier Pericay es un auténtico disidente, porque, a pesar de no haber estado expuesto a detenciones policiales arbitrarias ni a una amenaza terrorista distinta de las que pesan sobre el conjunto de los ciudadanos españoles, su resistencia al nacionalismo ha implicado una merma de su libertad personal, y no tiene empacho en declararlo: «En una democracia, un ciudadano que participa en un acto público ha de tener garantizada su seguridad, cosa que no ha pasado en mi caso». Ni en el mío ni en el de otros, catalanes y no catalanes, que hemos intentado alguna vez exponer nuestras ideas en algún foro universitario catalán. La diferencia es que Pericay lo ha hecho en la llamada «lengua propia» de Cataluña: «Sí, yo, el traidor, el botifler, el españolista -que todos estos adjetivos, en un momento u otro, me han sido aplicados oralmente o por escrito- soy de los que no escribieron prácticamente ni una línea en castellano. Al menos hasta el 2000». Lo que demuestra que la «lengua propia» es, para los nacionalistas, un pretexto puramente instrumental para imponer al juego democrático sus reglas ventajistas particulares, y que «propia» significa exactamente eso: propiedad exclusiva de uno sólo de los jugadores.

El nacionalismo catalán abomina de Pericay, de Valentí Puig o de Miquel Porta Perales como en su día abominó de Verdaguer o de Pla o como el nacionalismo vasco execró a Gabriel Aresti. Por no hablar ya de los catalanes y vascos que se han opuesto al nacionalismo escribiendo en castellano. Todos, unos y otros, somos para el gamberrismo étnico charnegos o maquetos (y a mucha honra). Pero, por suerte para la literatura catalana, son los Pla y Pericay quienes terminarán prevaleciendo en el canon.

Aberración y belleza vascas
Manuel Molares do Val Periodista Digital 9 Diciembre 2007

Mario Vargas Llosa, que suele analizar el mundo con rara sutileza, se confiesa confuso con el País Vasco porque allí viven la aberración de ETA y el nacionalismo que la alimenta, junto a la más exquisita cultura.

En su último artículo semanal distribuido mundialmente el perenne candidato al Nobel de Literatura recuerda con admiración numerosas expresiones culturales vascas, una de ellas única en el mundo, el festival “Tutti Verdi”, planificado para oir a lo largo de quince años, en ciclos, la obra completa del genio parmesano, mientras al lado actúan los comandos terroristas de ETA.

¿Cómo es posible?, se pregunta. “¿Cómo es posible que ese admirable, hermoso, cultivado país, el de Chillida, el de Ibarrola, el de Unamuno, el de Baroja, el de Savater, el de Jon Juaristi, el de “Tutto Verdi”, el del Bosque de Oma sea también ciudadela del nacionalismo, la más anacrónica y oscurantista ideología de nuestro tiempo?”

Quizás Vargas Llosa debería plantearse la pregunta al revés: ¿Acaso no es lógico que como contraste surja la belleza entre lo más aborrecible? ¿Por qué hubo Siglo de Oro español en medio de la Inquisición, que perseguía implacablemente el pensamiento libre?

Bajo la censura del franquismo brillaron grandes escritores y artistas, y no hay parangón con entonces en la libertad actual.

Recordemos la Alemania nazi: la más alta cultura se desarrolló bajo aquél régimen. Música, teatro, cine. Aunque era tiempo de recreaciones de músicos o de autores teatrales muertos. Los grandes creadores vivos, mayoritariamente judíos, huían o los mataban.

Ocurre ahora con los grandes artistas vascos: son detestados por el nacionalismo violento, pero también por el pacífico.

Porque el pensamiento de esos grandes vascos que nombra Vargas Llosa no es nacionalista, sino cosmopolita. Como el de algunos de los más grandes catalanes y gallegos, también detestados por sus patrióticos conciudadanos localistas.

Bélgica degrada su credibilidad
La lucha fratricida entre el norte y el sur impide la formación de un Gobierno y extiende por Europa la imagen de un Estado frágil, a punto de dividirse en dos
FERNANDO PESCADOR El Correo 9 Diciembre 2007

Más de un político belga debe tener estos días en mente el célebre cuadro de Magritte que reproduce una pipa enorme bajo la que una inscripción declara 'Esto no es una pipa'. Ocurre cuando se observan las contorsiones de equilibrista de Guy Verhofstadt, el primer ministro en funciones, que dirige un Ejecutivo a su vez en funciones que cada vez se parece más a un Gobierno en toda regla, aunque se pasee por el mundo con una declaración formal al pie que reza «Esto no es un Gobierno».

Tras el segundo desfondamiento de Leterme como 'constructor' gubernamental, en Bélgica, al norte como al sur, todos van contra todos. Los liberales francófonos acusan a los 'humanistas' de Joëlle Milquet de haber hecho imposible el acuerdo para la coalición con los socialcristianos y los liberales flamencos. Y esta socialcristiana valona contesta diciendo que Didier Reynders, el líder liberal francófono, estaba dispuesto a hacer cesiones intolerables a los flamencos, y que la última propuesta de Leterme era un trágala insoportable para situar ante la opinión pública la responsabilidad de la ruptura del lado de los francófonos.

Verhofstadt y Leterme quedan a cenar y a última hora cancelan el encuentro porque el restaurante no era del agrado del líder flamenco, que observa su popularidad ligeramente degradada en Flandes mientras que su compañero de coalición, el independentista Bart de Weber, gana puntos en las últimas encuestas

De superávit a déficit
En el entretanto, la credibilidad internacional del país, su triunfo más valioso, se degrada. Las emisiones de deuda pública comienzan a soportar una prima de riesgo y el superávit con el que este año, una vez más, el reino esperaba cerrar la ejecución del presupuesto va camino de esfumarse y de pasar, en cambio, al déficit. La gente observa muy preocupada el encarecimiento exagerado del costo de la vida sin que un Gobierno de fundamento tome medidas para evitarlo y la fosa que separa a la nutrida partitocracia del país de sus gentes de a pie se ahonda.

La perspectiva de un Gabinete de liberales y socialcristianos del norte y del sur, la opción perseguida por Leterme desde junio, se da ya por abandonada. Y en los pasillos comienza a hablarse de otra fórmula -liberales, socialistas y socialcristianos, pero no con Leterme como primer ministro-, que, bajo la égida de Verhofstadt, combatiría la crisis más inmediata y prepararía un verdadero debate sobre la reforma del Estado.

La idea no agrada en absoluto a Leterme y a su partido, el CD&V, que son los ganadores de las elecciones y que tienen asumido como objetivo prioritario la reforma del Estado para convertirlo en una confederación de hecho, que no de derecho, para no perturbar demasiado la presencia del país en los foros internacionales. Y menos aún gusta a los aliados de Leterme, los separatistas del NV-A.

La determinación flamenca de estos días es resultado de una línea de pensamiento que se sustenta sobre dos pretendidos axiomas: el sur es ineficaz y no le importa seguir siéndolo porque el norte financia sus desmanes; y, segundo, Flandes es una nación.

El primero de los dos mensajes es compartido por nacionalistas y no nacionalistas, hartos, como todo el mundo en Flandes, de soportar una fiscalidad desorbitada que se explica, en buena medida, por los dispendios del sur. El segundo, que era patrimonio estricto de los nacionalistas, tanto de izquierdas como de derechas, ha terminado cuajando entre los socialcristianos moderados y ahora, a lo que parece, también entre los liberales de Verhofstadt, al haber tenido que convivir los primeros en la oposición con la extrema derecha independentista del Vlaams Belang, después de dejar el Gobierno en 1999, a raíz de la crisis de los pollos con dioxina. Leterme es el hombre de la síntesis entre el mensaje independentista de los separatistas flamencos democráticos y la racionalidad del «esto no puede seguir así».

El 'proceso Di Rupo'
Estos últimos años ha habido un proceso para intentar el desenclavamiento de Valonia, liderado por el Partido Socialista. Su líder, Elio di Rupo, buscaba desactivar el mensaje de desidia que la parte pobre del país transmite al laborioso norte, restando a los flamencos el argumento que más los aglutina: que «cada tres años, una familia del norte le compra con sus impuestos un coche a una familia del sur». Pero el 'Plan Marshall' de Di Rupo no ha rendido los frutos deseados, entre otras cosas porque no ha tenido tiempo.

Las élites políticas, y buena parte de las económicas, quieren romper con el sur en una jugada de ajedrez de dos movimientos: ahora la mayor parte de las competencias y la soberanía más tarde, cuando todo haya sido digerido. El problema es que la ecuación no sale. Leterme ha fracasado en su esfuerzo negociador porque el objetivo, la confederalidad de Bélgica con otro nombre, no estaba asumido como materia negociable por la otra parte de la mesa. Leterme y el CD&V han cometido un grave error de cálculo. Ahora habrá que buscar un camino más largo que termine llegando al mismo sitio o a sus cercanías. Y quizá no con Leterme como piloto.

Cuando la bestia etarra se hizo aún más brutal
ROBERTO PÉREZ. ZARAGOZA. ABC 9 Diciembre 2007

El 11 de diciembre de 1987 es una de las fechas teñidas de sangre en la historia de ETA. Ese día, sobre las seis de la mañana, el «comando» itinerante encabezado por Henri Parot ejecutaba la orden dada por la cúpula de ETA, colocaba un coche-bomba y lo hacía estallar ante la casa cuartel de la Guardia Civil de la Avenida de Cataluña de Zaragoza. Los agentes se dieron cuenta de la colocación del explosivo, pero no les dio tiempo a reaccionar. A uno de los allí destinados, adscrito a una unidad de desactivación de explosivos, le avisaron por teléfono. Pero sólo pudo oír su nombre. Después, la brutal explosión.

La matanza se había consumado: once muertos y 88 heridos. Entre los muertos, cinco niñas: Rocío Capilla Franco, de 13 años; Silvia Pino Fernández, de 7; Silvia Ballarín Gay, también de 7; y las hermanas gemelas Miriam y Esther Barrera Alcaraz, de 4.

ETA ponía féretros blancos sobre su particular «mesa» poco después de que comenzase la primera fase de las negociaciones de Argel. Que más tarde, en una segunda fase, volverían a reanudarse. Eran los tiempos en los que en la cúpula de ETA estaba Francisco Múgica Garmendia, «Pakito», considerado en aquel momento como «número uno» de la banda; y también de nombres como el de José Antonio Urruticoetxea Bengoetxea, «Josu Ternera»; o José María Arregui Erostarbe, «Fitipaldi»... En busca y captura o en la cárcel, todos ellos siguen vivos dos décadas después.

El atentado de Zaragoza se enmarca en una época en la que la dirección de ETA apostó por atentados en masa con el coche-bomba como instrumento letal e indiscriminado. Es decir, más cobardía y más brutalidad, elementos que forman parte del ADN de un etarra. Aquellos muros derribados de la casa-cuartel zaragozana, y el estremecedor llanto que salía de sus ruinas aún humeantes, venían a señalar la hoja de ruta de los asesinos, que incluía ya a mujeres y niños, ante quien los pistoleros no se iban a parar ya.

La senda de los macroatentados se había abierto un año ante, en Madrid. El 14 de julio de 1986, un coche-bomba contra un autobús de la Guardia Civil, en la Plaza de la República Argentina, segaba la vida de 21 alumnos de la Agrupación de Tráfico de la Benemérita y hería a medio centenar de personas, varios de ellos civiles. Poco después, el 19 de junio de 1987, ETA provoca la matanza en Hipercor, en Barcelona, con 21 muertos y al menos 45 heridos. En enero de 1987, el salvajismo etarra ya había aparecido por Zaragoza, al atentar contra un autobús de la Academia General Militar, que dejó dos muertos y 35 heridos. Once meses después, volaba la casa cuartel.

Fue la macabra suma de muertos, entre ellos «ataúdes blancos», con la que ETA encaró a finales de 1988 su «alto el fuego», que dio lugar a la segunda parte de las «conversaciones de Argel» con el Gobierno socialista de Felipe González. En abril de 1989 se dio por roto y fracasado el diálogo. La banda terrorista volvía a actuar. Y siguió con su brutal procedimiento: el 29 de mayo de 1991 lo haría de nuevo contra una casa cuartel de la Guardia Civil de Vic (Barcelona): diez muertos, entre ellos niños y mujeres de guardias civiles, y 28 heridos.

Alcaraz, en primera persona
Se cumplen, pues, veinte años de la matanza de Zaragoza y se vuelve a recordar. Como cada año, una misa y un acto de homenaje a las víctimas. Entre esas víctimas, las gemelas Miriam y Esther Barrera Alcaraz, sobrinas del presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Francisco José Alcaraz, que también perdió en ese atentado a su hermano, que por entonces tenía 17 años. Vivía con su hermana y su cuñado. Éste era el guardia civil que sólo pudo oír su nombre; al que le sonó el teléfono; al que un compañero pretendía pedir auxilio como artificiero para que desactivara el coche bomba que explotó y que segó esa breve conversación telefónica y once vidas. Y que mutiló las vidas de quienes sufrieron de lleno y en primera persona aquella tragedia.

Francisco José Alcaraz declara a ABC que siente estos veinte años transcurridos «casi como si no hubieran pasado, porque en algunos aspectos la situación es como la de entonces: ETA sigue en las instituciones, «Josu Ternera» sigue al frente de ETA y negociando; y ahora incluso hay una resolución del Congreso que abre la puerta a la negociación con ETA. Para mí, no han pasado veinte años». Lo que sin duda permanece es el dolor. «En nuestra familia —afirma Alcaraz—, aquel día nos ha marcado mucho y para siempre. Quedamos destrozados. Y lo que realmente nos hace que sigamos siendo víctimas, que se mantenga viva esa condición, es sentir que desde determinadas instancias hay cierto apoyo a ETA».

Huérfanos, hoy agentes
Muchas vidas quedaron marcadas para siempre a sangre y fuego aquel 11 de diciembre. Entre ellas, las de dos niños que entonces contaban 7 y 9 nueve años de edad, hermanos de Silvia Pino Fernández. No sólo perdieron a su hermana en el atentado sino también a su padre y a su madre. Sólo les quedaba una abuela, pero falleció poco después. Los dos hermanos, Víctor y José María, se criaron y crecieron en el Colegio de Huérfanos de la Benemérita. Hoy son guardias civiles, como su padre; como quienes les acogieron. Uno de ellos, además, ejerce en el País Vasco.

Entre quienes acuden a actos organizados por las víctimas del terrorismo, la mayoría optan por no recordar lo que vivieron en primera persona. «Incluso con aquellos con los que tengo amistad o coincidimos en diversos actos, lo cierto es que nunca, jamás, hablamos del atentado de Zaragoza. Hacerlo significaría, inmediatamente, echarnos a llorar. Nunca hablamos de aquello», afirma Francisco José Alcaraz. El presidente de la AVT afirma que, durante tiempo, sintieron «la soledad del olvido». Ellos y otras víctimas de ETA. «En los años 80, durante uno o dos días se hablaba de las víctimas del último atentado y, después, llegaba el olvido total». Según Alcaraz, el silencio de las víctimas también era algo buscado para «protegerse del dolor». Explica que «durante los primeros años las víctimas y las familias no mantuvimos contacto. Uno pretende encerrarse, protegerse del dolor».

Relata que las víctimas sintieron un avance fundamental en el año 2000. La Ley de Partidos y el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. «Con aquel marco, a ETA sólo le quedaba ser derrotada por el Estado de Derecho, pero ahora se cambia de medicina y se vuelve a la que no funcionó durante treinta años, la de la negociación». Pero Alcaraz sostiene que las víctimas, ahora, se sienten «sin el apoyo de nuestro Gobierno, porque nos oponemos a un proceso de negociación que forma parte de su proyecto político».

Los verdugos
La matanza de Zaragoza fue ejecutado por el entonces «comando» itinerante o francés. Según las diligencias y sentencias judiciales, Henri Parot, junto a tres terroristas más —Jean Parot , Jacques Esnal y Frederic Haramboure—, se desplazó a Zaragoza y dejaron preparado frente a la puerta principal de la casa cuartel el coche-bomba.

Se considera probado que lo hicieron siguiendo el «croquis» que les facilitó Francisco Múgica Garmendia, «Pakito». Henri Parot, de una bestialidad difícil de graduar por sus exceso, fue detenido en el 2 de abril de 1990 en Sevilla y tres años después fue condenado por estos hechos a 1.802 años de prisión. «Para montar la carga utilizamos tres botellas de acero del tipo de las usadas para nitrógeno, que estaban seccionadas (...) La orientación de los tubos con la boca abierta hacia el objetivo junto con el cordón detonante y los reforzadores en sus bases provocó que la explosión fue dirigida como si se trataran de auténticos cañones», declaró Henri Parot. Por su parte, Jean Parot, Esnal y Haramboure cumplen cadena perpetua en Francia, donde se les detuvo, desde 1997.

La dirección de Bidart
En 1992 cayó en la localidad vascofrancesa de Bidart la cúpula de ETA, con «Pakito» a la cabeza. En 2003, la Audiencia Nacional condenó a 2.354 años de cárcel a «Pakito» y a José María Arregi Erostarbe, «Fitipaldi», por su participación en el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza. El tribunal consideró probado que «Pakito» dirigía el «comando francés», al que proporcionó el vehículo y el explosivo y ordenó el atentado. Para la Audiencia, «Fitipaldi» dio instrucciones sobre cómo preparar la bomba. Ambos se encuentran cumpliendo condena. La lista de procesados por este atentado la completa «Josu Ternera», fugado cuando el Supremo ordenó a finales de 2002 su detención para que pudiera prestar declaración ante el juez, ya que estaba acusado de ser el «autor intelectual» de aquella masacre.

En la capital aragonesa, entre tanto, se rememorará un año más a las víctimas de una de las más crueles matanzas del historial criminal de ETA.

La hora del «exequator»
POR MANUEL TRILLO ABC 9 Diciembre 2007

ZARAGOZA. Tras una década de conflicto por los llamados «bienes de la Franja», ha quedado claro que, pese a las buenas palabras, Aragón siempre acaba topándose con la cerrazón del Obispado de Lérida y de las instituciones políticas catalanas en su negativa a devolver las obras de arte que no son suyas. A ello se suma el desamparo por parte del Gobierno central, indiferente cuando le interesa ante un conflicto entre Comunidades.

Lo sorprendente del caso es que todos los pronunciamientos judiciales de las autoridades eclesiásticas han sido favorables a las parroquias de la Diócesis de Barbastro-Monzón y han determinado que se les debe reintegrar las 113 piezas que permanecen «en depósito» en Lérida.

El informe de los servicios jurídicos del Gobierno aragonés, entregado al presidente Marcelino Iglesias coincidiendo con la oprobiosa inauguración del nuevo Museo leridano con las obras de arte aragonesas, viene a examinar las armas legales de que se dispone para hacer que regresen.

El documento, firmado por la letrada Esperanza Puertas Pomar y la directora general de los Servicios Jurídicos, María José Ponce Martínez, considera que «la vía eclesiástica ha concluido y es firme» y desaconsejan un conflicto de competencias ante el Tribunal Constitucional o acudir al Contencioso-Administrativo, por no parecer las vías más adecuadas para lograr el objetivo de recuperar los bienes, «además de las dudas existentes sobre las posibilidades de éxito».

Vía civil, «improcedente»
En cuanto a una actuación en el orden civil, la legitimación corresponde a los titulares de las obras, es decir, las parroquias y la Diócesis de Barbastro-Monzón, si bien podrían otorgar poderes al Gobierno aragonés.

Sin embargo, el informe jurídico sostiene que pretender la declaración de propiedad de los bienes por esta vía es «innecesaria», puesto que «existe ya un pronunciamiento firme que ha examinado la cuestión y ha resuelto la controversia», e incluso «improcedente», ya que es la Santa Sede la competente para resolver este tipo de asuntos.

Por lo tanto, la única salida es la «ejecución forzosa de las resoluciones eclesiásticas», de modo similar a cuando se trata de una sentencia civil ordinaria, cuyo beneficiario no puede ejecutar por sí mismo ante la pasividad del contrario, sino que ha de solicitar judicialmente dicha ejecución.

El problema es que cuando el artículo 517 de la Ley de Enjuiciamiento Civil permite ejecutar directamente sentencias «de condena firme», se refiere única y exclusivamente a sentencias españolas, mientras que en el caso de los «bienes de la Franja» emana de la Santa Sede. ¿Cómo hacer cumplir, por tanto, las sentencias eclesiásticas?

Cualquier resolución judicial de cualquier otro país «debe someterse al procedimiento conocido como exequator, que no es otro que el del reconocimiento y ejecución civil de las sentencias extranjeras», explican las firmantes del estudio. Además, recuerdan que pueden establecerse mediante convenio procedimientos simplificados para Estados o cuestiones concretas, como en el caso de la eficacia civil de resoluciones de los tribunales eclesiásticos sobre nulidad del matrimonio canónico.

«No existen precedentes»
Por tanto, los servicios jurídicos opinan que «puede intentarse el exequator, es decir, el reconocimiento y ejecución civil de las sentencias dictadas por el Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica en tanto en cuanto emanadas del Estado Vaticano como Estado con personalidad jurídica internacional». Con todo, advierten de que «no existen precedentes en tal sentido fuera de las resoluciones canónicas en materia matrimonial», por lo que «debe contemplarse la posibilidad de que la homologación solicitada fuese denegada».

También explican que la competencia correspondería a los juzgados de primera instancia catalanes y que no debe descartarse que la Generalitat se personase como demandada y se opusiera a la ejecución. En ese caso, el informe apunta que podría intentarse la ilegalidad de la catalogación de la colección del Museo, en la que se incluyen las piezas aragonesas. Con todo, para reafirmar su posición, Iglesias y el obispo de Barbastro van aún a esperar a que se pronuncie el Tribunal de la Rota, instancia eclesiástica a la que ha apelado Lérida. Tras el previsible rechazo, llegará entonces la hora del «exequator».

Un diputado rumano pide que se imparta su lengua en los colegios de Castellón
LORENA PARDO ABC 9 Diciembre 2007

CASTELLÓN. La masiva presencia de rumanos en la provincia de Castellón, cerca de 80.000, y la falta de mano de obra en dicho país -se calcula que casi 3 millones han salido en los últimos cinco años de esta nación- ha acelerado las iniciativas de colaboración de las autoridades rumanas, tanto para fomentar la inversión como el reclutamiento de sus ciudadanos.

A la visita del presidente de Rumania, Traian Basescu, se ha sucedido esta semana la agenda apretada del presidente del distrito rumano de Dambovita, Gheorghe Ana, y el responsable de la Oficina de Desarrollo Local Sud-Muntenia de Rumania, Liviu Musat, que el viernes departieron con el subdelegado del Gobierno de Castellón, Antoni Lorenzo. Ana, quien firmó el pasado miércoles un convenio con la Cámara de Comercio de Castellón, solicitó a Lorenzo la posibilidad de que se puede impartir la lengua rumana de forma reglada en los centros educativos de la Comunidad, dadas las circunstancia de población, sobretodo, en Castellón.

«Los niños rumanos están olvidando su lengua materna y es imprescindible que no pierdan sus señas de identidad», apuntó el responsable rumano. En este sentido, el subdelegado se comprometió a mediar con la Generalitat.

No es la primera vez que Ana visita Castellón. De hecho, este distrito rumano ya cuenta con una oficina permanente en Castellón y desde esta semana es colaborador de la Cámara de Comercio de Castellón en Intereg-4, un proyecto de desarrollo europeo para el fomento de inversiones españolas, a través de esta institución, en tres zonas rumanas Oradea, Dambovita y Constanza.

La falta de mano de obra en Rumanía dificulta las expectativas de desarrollo económico de aquel país del este, por lo que sus autoridades insisten en solicitar la colaboración de los políticos y empresarios de Castellón para facilitar la vuelta de rumanos. «Esperamos que los empresarios locales que ya tienen sus negocios en Rumania, prioricen la contratación de ciudadanos en su país de origen, porque ya cuentan con una formación profesional especifica», explicó el presidente del distrito de Dambovita, quien pertenece al Partido Social Demócrata Rumano.

Los representantes rumanos no olvidaron reivindicar la necesidad de que se cree en Castellón una oficina única de atención a los extranjeros.

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