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Recortes de Prensa    Miércoles 19 Diciembre   2007
 

Discurso a la «nación española»
XAVIER PERICAY ABC 19 Diciembre 2007

AUN cuando el libro esté fechado en 1933, su escritura corresponde por completo al año anterior. En concreto, al periodo que va de junio a diciembre del año anterior. La precisión importa. Porque el libro, titulado -a la manera de Fichte- «Discours à la nation européenne» y cuyo autor es Julien Benda, difícilmente habría sido escrito tras el ascenso de Hitler al poder. Y no por falta de motivos. Una obra dirigida a los hombres que desean «hacer Europa» -hombres a los que el autor llama, como encarnación verbal de este deseo, «nación europea»- y que forman parte de unos pueblos que, lejos de unirse, pretenden crecer a expensas de sus vecinos o, en el mejor de los casos, conservar a toda costa su integridad territorial; una obra así, digo, no podría parecer entonces más pertinente. Otra cosa es el efecto que pudiera llegar a tener. La utilidad del empeño, en una palabra. Y es que, vistas las primeras medidas tomadas por Hitler desde la Cancillería, poco cabía esperar ya de iniciativas como la de Benda, por muy bienintencionadas que fueran.

En este sentido, pues, «Discours à la nation européenne» constituye un intento fallido. Uno más, a tenor de las numerosas tentativas de unión europea -o de simple llamada a la unión- que acabaron en nada. Con todo, el ensayo del intelectual francés -del intelectual por antonomasia, cabría añadir- contiene no pocas enseñanzas, muchas de las cuales siguen siendo aplicables a los tiempos presentes. Eso sí, a condición de cambiar el punto de referencia. Ya no se trata, en efecto, de evitar por todos los medios un nuevo conflicto entre Francia y Alemania aplacando a los nacionalismos respectivos; ni de predicar la moderación allí donde imperan los radicalismos; ni de promover lo universal en detrimento de lo particular; ni de recetar dosis de razón para combatir los abscesos sentimentales; ni de recurrir, en fin, a la idea de Europa como instancia moral superadora. En otras palabras: Europa ya no es el problema -ni la solución-. Ni siquiera cuando determinados hechos, como la reciente decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de admitir las demandas de Batasuna y Herri Batasuna relativas a la presunta vulneración de los derechos a la libertad de expresión y de reunión o asociación por parte de la Ley de Partidos de 2002, demuestran hasta qué punto los organismos de la Unión siguen ignorando los manejos del nacionalismo.

No, el problema -y la solución- ya no es Europa; es España. No en vano la decisión del Tribunal de Estrasburgo también demuestra hasta qué punto el Gobierno del Estado afectado por las mencionadas demandas hace dejadez de sus funciones en el seno de la Unión. O en el propio seno del Estado. Y es que todos los requerimientos hechos entonces por Benda, cuyo horizonte era Europa y su ineludible construcción, son aplicables hoy en día a España. Es aquí, ciertamente, donde hay que poner a raya a los nacionalismos; donde conviene practicar la moderación y arrumbar el radicalismo; donde ha de promoverse lo que une y no lo que separa; donde los argumentos de la razón tienen que primar sobre los aspavientos de los sentidos, y donde la idea de España, en definitiva, debe erigirse en instancia moral superadora.

Para ello -como tan oportunamente reclamaba el pasado domingo José Antonio Zarzalejos en esta misma página-, parece imprescindible la firma de un gran pacto de Estado entre el PSOE y el PP que garantice «las mayorías necesarias para aprobar los Estatutos de Autonomía» y preserve «las competencias intransferibles e indelegables del Estado». De haber existido este pacto, no estaríamos ahora asistiendo, por ejemplo, a los viajes al extranjero del vicepresidente del Gobierno de la Generalitat, Josep-Lluís Carod-Rovira, en calidad de paraministro de Asuntos Exteriores de un nonato Estado catalán, viajes que no se limitan a la promoción de una embajada cultural en Fráncfort o en Extremo Oriente, sino que incluyen visitas oficiales al presidente de Flandes, con todo lo que ello supone en estos momentos -dada la crisis política en que se halla sumida Bélgica debido a las reivindicaciones flamencas- de interesada y perversa emulación. Y puede que tampoco estuviéramos asistiendo a las interminables correrías por el mundo del lehendakari Ibarretxe, tal un viajante de comercio deseoso de colocar su plan en cualquier sitio y a cualquier precio. En suma, con un pacto así, el Estado estaría ahora hablando con una voz poderosa, plenamente autorizada, dentro y fuera de nuestras fronteras.

Es verdad que el Partido Popular ha prometido impulsar, si gana las elecciones, un acuerdo de esta naturaleza. Y también lo es que el Partido Socialista, cuando las urnas le han colocado en los bancos de la oposición, se ha erigido incluso en impulsor de propuestas que iban en un mismo sentido -el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo-. Aun así, no parece que los tiempos presentes sean como los pasados. La legislatura que estamos ya apurando ha marcado, como suele decirse, un antes y un después. A lo largo de estos cuatro años, los españoles hemos vivido la primera solución de continuidad desde la Transición. Y esa ruptura del consenso no puede sino atribuirse -lo demás son excusas o salidas por la tangente- a los pactos que el PSOE ha establecido con toda clase de nacionalismos. De ahí que, en este terreno, no quepa esperar gran cosa de los socialistas. Ni en el supuesto de que revaliden su mayoría en el Congreso, ni en el de que los votos de los ciudadanos les devuelvan a la condición de primer grupo opositor.

Para muestra, las últimas manifestaciones del presidente del Gobierno y de la ministra de Educación. Si un sector está pidiendo a voz en grito un gran acuerdo nacional -por su valor estratégico y, muy especialmente, por el estado de necesidad en que se encuentra según todos los indicadores-, este sector es el educativo. Pues bien, ni el presidente ni la ministra parecen estar por la labor. Mientras el primero asegura que no necesitamos más leyes de educación, la segunda se jacta de que tenemos el mejor sistema educativo de la historia. Que los nacionalismos, andando el tiempo, hayan convertido la educación en un pequeño fortín, con sus políticas lingüísticas discriminatorias y sus currículos diferenciados, y que esta permisividad por parte del Estado haya terminado por corromper el sistema entero -el educativo en primer lugar, pero también el democrático-, no les preocupa lo más mínimo. Lo suyo es un asunto de partido, no de Estado.

Sí pues, habrá que esperar al 9 de marzo para ver en qué para todo esto. Pero, mientras tanto, no estará de más tomar ejemplo de Julien Benda y apelar a cuantos hombres y mujeres siguen sintiendo el deseo de «hacer España» -eso es, apelar a la «nación española»- para que, en la medida de sus posibilidades, colaboren en la reconstrucción de un proyecto común caracterizado por la firmeza, la moderación, la unidad y el siempre difícil ejercicio de la razón.

Un cordón sanitario a prueba de socavones

EDITORIAL Libertad Digital 19 Diciembre 2007

Esta vez el Gobierno de Zapatero no ha logrado impedir que el Senado aprobara la más que merecida reprobación de la ministra de Fomento Magdalena Álvarez, que los socialistas sí lograron rechazar en el Congreso, gracias a inconfesables acuerdos de última hora con BNG, PNV y diputados tránsfugas del PP y Coalición Canaria.

Ahora bien, no por merecida y lograda la reprobación de Álvarez en la Cámara Alta ha dejado de estar exenta de rasgos tan bochornosos como los de entonces. No otro calificativo merece el hecho de que el Partido Popular haya sido en esta ocasión el único en votar a favor de una reprobación que, anteriormente, sí respaldaron las formaciones nacionalistas catalanas, tanto en el parlamento autonómico como en el Congreso de los Diputados.

A la vista de sus abstenciones de ahora, se evidencia una vez más hasta qué punto pesa más en los nacionalistas la voluntad de marginar al PP expresada en los excluyentes Pactos del Tinell, que su supuesto malestar ante el caos de infraestructuras que han padecido los catalanes por culpa de la desastrosa gestión de esta ministra.

Los nacionalistas, en una falta elemental tanto de respeto democrático como de coherencia intelectual, no sólo han negado al principal partido de la oposición "autoridad y legitimidad para hablar del tema", sino que han justificado su abstención ante la reprobación de la ministra planteada por el PP en el hecho de que este partido haya recurrido el "estatuto" soberanista catalán ante el Tribunal Constitucional.

Ya nos dirán ustedes –mejor dicho, los nacionalistas– qué tiene que ver una cosa con la otra. A no ser, claro está, que para los nacionalistas, la acreditada incompetencia de Álvarez se deba al hecho de que no es catalana, cosa qué no ocurriría si todo relativo a infraestructuras fuera competencia exclusiva de la autonomía.

En cualquier caso, si algo positivo hay que extraer de lo visto en el Senado, además del valor simbólico –que no jurídico– de la reprobación de la ministra, es lo iluso y contraproducente que sería para el PP rebajar el perfil de su discurso en beneficio de futuros pactos con quienes, como los nacionalistas, lo apuestan todo a Zapatero.

¿Elecciones o saldos?
José Luis González Quirós El Confidencial 19 Diciembre 2007

Como las elecciones se adivinan reñidas, los partidos pueden caer en la tentación de dejarse arrastrar por la dinámica de las rebajas y dedicarse a acariciar la oreja de los electores. Si bien se mira, esto de que los políticos nos prometan cosas que van a hacer con nuestro dinero no deja de ser un poco masoquista, aunque, según parece, los electores españoles no acaban de hacerse a la idea de que los políticos no nos dan sino una parte de lo que pagamos con nuestros impuestos.

Las elecciones generales constituyen con frecuencia un caso muy particular de lo que podríamos llamar estrategia de desplazamiento de la atención. Trataré de explicarlo con alguna brevedad. Cuando necesitamos contar los votos es porque suponemos que no hay un procedimiento racional capaz de tomar las decisiones que se someten al criterio de los electores, decisiones tales como quién ha de gobernar o qué programa es preferible aplicar. Ahora bien, el hecho de que no se pueda establecer un procedimiento objetivo para decidir esas cuestiones (no hay, en este sentido, una verdad política indiscutible) no implica, ni muchísimo menos, que esas decisiones colectivas no sean racionales y, menos aún, que se deban tomar al margen de motivos racionales; el hecho de que vayan precedidas por una campaña, abona la idea de que los contendientes tienen que explicar sus argumentos y pretensiones a los ciudadanos para que estos decidan lo que más les conviene o lo que mejor se ajusta a sus opiniones y creencias.

Se trata, pues, de un debate racionalmente inaprensible, pero que, al menos idealmente, ha de ser enteramente racional. Sin embargo, frente a esta idea de una democracia que se apoya en la capacidad de los ciudadanos de decidir libremente y de acuerdo con su criterio, nos encontramos, muy frecuentemente, con que los contendientes no tratan de estimular nuestra inteligencia, sino de manipular nuestra voluntad; en definitiva, de engañarnos. Como en la estrategia comercial, no se trata de las atender las necesidades o preferencias del cliente, sino de explotar sus debilidades.

La estrategia electoral consiste entonces en conseguir que el elector se olvide de lo principal (por ejemplo, si es necesario cambiar de Gobierno o si se le debe dar otra oportunidad) y piense en lo que le interesa, en lo que pueda sacar de la victoria de unos o de otros. Ahí es donde actúa el arte propagandístico de las campañas con mayor intensidad; en primer lugar, proponiendo estrategias de identificación que sean casi irresistibles, defendiendo bienes que nadie pondría en duda. En segundo lugar, ofreciendo ventajas: con estos nos iría mejor que con aquellos. Las elecciones, que deberían suponer un debate profundo y serio, suelen quedar así reducidas a una contienda que se acaba recubriendo de una u otra forma de mil colores sentimentales.

Una democracia madura es la que sabe crear instituciones e instrumentos que minimizan ese riesgo. Cuando eso no es así, se asiste a un espectáculo poco edificante en el que unos y otros (aunque generalmente más unos que otros) se dedican a prometer lo que de sobra saben que no van a cumplir. Los partidos que actúan así tienden a conformarse con lo que llaman el “voto propio” y procuran pescar el de algún descontento de las filas rivales ofreciéndole “productos” atractivos. Con estas tácticas se sustrae a los electores de lo principal y se convierte un sistema modélico de decisión en un equívoco. No se trata de escandalizarse, pero sí habría que tratar de que los políticos no se excediesen en los artículos de saldo.

Los expertos en comunicación han descubierto hace tiempo que es más fácil manipular que convencer, que la verdad puede ser enojosa, y que el disimulo y la hipocresía son rentables. Goebbels, que era un genio de la propaganda, recomendaba fijar de la manera más simple al enemigo y asociarle con toda clase de males, necesitado como estaba de fanáticos en su estrategia de guerra total. Si se exceptúa a los nacionalismos, que actúan igual que Goebbels, en tanto en cuanto consideran que cualquiera que no sea de “los nuestros” es un traidor, nuestra democracia es, al menos, más permisiva y, por lo general, menos fanática, algo que hay que celebrar de verdad.

Vista en perspectiva, nuestra historia electoral no es especialmente mala y, más allá de la adulación a la madurez del electorado, los resultados de las elecciones generales indican una cierta coherencia. La cuestión es si ahora volverá a pasar lo mismo o se le perdonarán al Gobierno sus desventuras merced a su carácter dadivoso. Enrique Tierno hizo celebre la definición de que los programas están para no cumplirlos, aunque desde aquellos años hemos avanzado en la buena dirección. Aznar predecía lo que iba a hacer y lo cumplía, y Zapatero ha hecho lo mismo, al menos al principio. La ventaja de exigir a los políticos que se mojen es que luego no nos llamamos a engaño. Además, aprenden de verdad a ser representativos y a colocarse en el espacio en el que la sociedad se coloca. Esto es lo que está en juego y no ninguna dádiva.

*José Luis González Quirós es analista político y escritor

Cal en Kosovo y brea en Serbia
Daniel Reboredo El Correo 19 Diciembre 2007

Los Balcanes vuelven a concentrar la actualidad informativa con el despropósito de Kosovo y con el protagonismo en el mismo de EE UU y de una patética UE que se limita a seguir las directrices de su amo. ¿Qué pena de Unión! Cada día que pasa se hace más difícil apostar por un proyecto que carece de espíritu y voz propia. Aunque todavía no se ha manifestado de forma oficial, la reunión que hoy celebra el Consejo de Seguridad de la ONU quizás le sirva para que sus ideas se aclaren. Seguramente se limitará a ratificar el bienintencionado pero no por ello acertado Plan Ahtisaari. Las sacrosantas fronteras de Europa desde la Segunda Guerra Mundial se van a modificar de forma unilateral, lo que introducirá un nuevo principio legal en el Derecho internacional y generará un imparable tornado en todos los países del orbe ya que prácticamente ninguno se librará de los irredentismos separatistas. Días, semanas, meses, pero al final la independencia.

Kosovo será independiente y a partir de ese momento se recogerán los frutos de tamaño dislate, comenzando por el norte del enclave cuyo centro es la ciudad de Mitrovica donde la violencia que se ha reducido en los últimos años rebrotará compensando la ejercida por los kosovares. Milicias armadas de uno y otro bando se encargarán de ello. Todos los secesionistas del mundo van a tomar la región de Kosovo-Metohija como ejemplo a seguir. La cuna del pueblo serbio y último baluarte de la resistencia de la Serbia medieval frente a los turcos se transformará en un nuevo Estado musulmán que terminará formando parte de la Gran Albania y que desestabilizará aún más una zona de Europa especialmente sensible.

El Gobierno serbio de Boris Tadic intenta por todos los medios evitar una secesión que de producirse, incrementará el radicalismo en Serbia, legitimará el secesionismo y avalará un Estado corrupto hasta el tuétano y dominado por unas mafias que tampoco han mejorado la situación de sus habitantes. Pero los serbios tienen que seguir pagando su papel de malos de la película, papel que los intereses alemanes y estadounidenses les otorgaron en el pasado mediante una gran mentira que empapó occidente. Recordar otra vez esto es fatigoso y tedioso pero no está de más ante la nueva barbaridad que se avecina.

Comenzaremos recordando que la guerra, o las guerras, de Yugoslavia no se iniciaron en 1991 con las secesiones unilaterales de Eslovenia y Croacia, sino que ya once años antes el servicio de espionaje alemán envió asesores y armamento a Zagreb para apoyar al racista Franjo Tudjman, y de ahí que podamos señalar sin temor a equivocarnos que Alemania deseaba la ruptura de Yugoslavia en pequeños Estados a los que poder controlar y en los que sus empresas controlarían sus débiles mercados. Alemania y su canciller Helmut Köll, al igual que EE UU que luego asumió el control de la zona, conocían la importancia que para sus planes tenía una ruta estratégica hacia Oriente Medio y el Cáucaso (petróleo y gas) que, 'casualmente', pasaba por una Yugoslavia muy hacia la izquierda ideológica y políticamente y con un potente sector público, importantes derechos sociales y cierta resistencia a las multinacionales.

El reconocimiento de estos nuevos países provocaría una guerra civil, como así fue. Esta guerra de globalización, alentada desde el exterior, fue una guerra de agresión enmascarada en innumerables mentiras como la manipulación de la historia y de la geografía de una Bosnia que no se podía dividir sin una guerra civil y que tiene en el Kosovo actual una lamentable continuación; como la demonización de los serbios y la absolución angelical de croatas y musulmanes; como el panegírico victimario de verdugos como Tudjman e Izetbegoviz; como la 'desinformación' que se transmitió a Occidente de los acontecimientos de Srebrenica y de la actuación del citado Izetbegovic, Nasser Oric y las fuerzas de la ONU; como la limpieza étnica de que se acusaba insistentemente a los serbios y cuyo principal capítulo lo protagonizó el ejército croata en Krajina (agosto de 1995); como las masacres de Sarajevo que produjeron las fuerzas serbias y que investigaciones posteriores de miembros de la ONU vincularon a tropas de Izetbegovic; como la gran mentira del inexistente 'Plan Herradura', mediante el cual Milosevic quería exterminar a los musulmanes de Kosovo, etcétera. Podríamos seguir, pero para muestra bien vale un botón.

Las grandes potencias participaron con fines inconfesables en los Balcanes, la propaganda de guerra y la manipulación de los acontecimientos fue una constante, la guerra distó mucho de ser humanitaria y todos los bandos cometieron crímenes durante la misma. De ahí que para romper la dinámica destructiva que allí se inició, la solución Tadic sea la más razonable de todas las posibles, un cambio constitucional que respete los intereses de Kosovo, otorgándole un grado de autonomía máximo, y la democracia en Serbia. El reclamo de acelerar el proceso de incorporación de Serbia a la UE (Acuerdo de Estabilización y Asociación) no deja de ser un burdo chantaje a los serbios y una clara traición a los acuerdos de paz de 1999 cuya principal condición fue la de respetar las fronteras de todos los países. Kosovo nacerá con una ficticia capa de encalado que habrá aplicado Occidente, a la par que cubre a Serbia con una nueva capa de brea y podredumbre. Mala solución para un incierto futuro.

Carod-Rovira
Parlez-vous français?
José García Domínguez Libertad Digital 19 Diciembre 2007

En este intratable país de cabreros, que diría Gil de Biedma, de nada vale que uno se haya pasado la vida leyendo y estudiando, pues sólo se plegarán a tomarlo en consideración el día que lo escuchen contando un chiste en la radio o al ver sus caries sometidas a exposición pública desde cualquier circo televisivo. Ésas son cosas que, aquí, ocurren con todo el mundo, aunque de modo muy especial entre los parientes hasta el tercer grado. Tengo yo uno, más o menos carnal, más o menos lejano, más o menos ausente de mi vida a partir de aquella mañana que a mi madre se le ocurrió disfrazarme de marinerito con la excusa de celebrar la primera comunión, que no para de bombardearme a e-mails desde que asomo la cara en los medios.

Gallego de Lugo y comerciante consagrado al mercadeo de no recuerdo qué sustancias al por menor, en el último correo me narraba cierta hazaña patriótico-mercantil suya, con ruego expreso de que diese a la gesta oportuna difusión en prensa, radio y, a ser posible, también en la tele. Obviando los detalles marginales del asunto, la epopeya de mi deudo puede resumirse en que puso de patitas en la calle a una familia catalana que incurrió en la grosería de adentrarse en su negocio hablando en lemosín. En fin, quede aquí constancia del hecho, aunque sólo sea para certificar que nadie está libre de contar con un verdadero imbécil entre sus consanguíneos.

Mas lo peor de los imbéciles es que con ellos siempre sucede lo mismo que con las desgracias: nunca llegan solos. Así, ojeando esta mañana la sección de Cartas al Director de La Vanguardia, he sabido de la última machada del alter ego, media naranja espiritual y alma gemela de mi necio pariente B. Aunque doy por sentado que el lector atento ya habrá adivinado a quién me estoy refiriendo, no estará de más aclarar que el protagonista de lo que queda de artículo habrá de ser la segunda autoridad del Estado en Cataluña, o sea, Josep-Lluís, que no José Luis. Pero, mejor que el columnista, dejemos que sean don Pere Sabala y su esposa, doña Laia Boada, quienes den cuenta del aventi allende el Ebro. Por mi parte, me limitaré a traducir al castellano su desahogo cívico:

Esta mañana estábamos almorzando con nuestra hija en una cafetería de Barcelona y, de repente, una voz grave y rotunda nos ha deseado un buen día. Era él, el señor Josep Lluís Carod-Rovira, evidenciando así su presencia. Bien, una vez efectuado el saludo matinal a todos los allí presentes, se ha dirigido a la camarera, de un obvio origen sudamericano, y le ha preguntado en catalán si debía pedir en la barra o si, por el contrario, podía sentarse a la espera de que tomasen nota del pedido. La camarera no ha contestado, en un gesto evidente de no entender el catalán. Entonces el señor Carod-Rovira le ha dejado caer un cínico, alto y claro "parlez-vous français?", pregunta que, evidentemente, la camarera sudamericana ni ha entendido, ni ha podido contestar.

No tenemos palabras para explicar la vergüenza que hemos sentido en ese momento como barceloneses, como catalanes y, sobre todo, como personas. ¿Así debemos tratar a los inmigrantes? ¿Ridiculizándolos? Ha sido un lamentable espectáculo por parte del que es hoy la segunda máxima autoridad de la Generalidad de Cataluña y, por tanto, del Principado. Liberté, egalité, fraternité!, monsieur Carod.

Lo dicho, nunca llegan solos.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

NINGÚN GRUPO APOYÓ LA PROPUESTA DEL PARTIDO POPULAR
El Congreso rechaza exigir a los ayuntamientos vascos que retiren los símbolos proetarras
El PP se quedó sólo este martes pidiendo en el Congreso la retirada de los símbolos y nombramientos que rinden homenaje a terroristas de ETA en los ayuntamientos vascos y navarros. La excusa de los portavoces del arco parlamentario ha sido que el partido de Rajoy ha presentado la propuesta sólo para utilizar la lucha contra ETA para obtener "réditos electorales". La iniciativa no ha prosperado al recibir sólo 131 votos a favor, los del PP, y 178 en contra, los del resto de grupos. (En la foto, imagen del ayuntamiento de Lizarza antes de la llegada del PP).
Agencias Libertad Digital 19 Diciembre 2007

La proposición no de ley requería a los ayuntamientos del País Vasco y de Navarra que retiren los nombres de calles, placas conmemorativas o cualquier monumento que homenajee a terroristas, así como que el Gobierno inste a las corporaciones locales que hayan designado como hijos adoptivos a etarras o les hayan dado cualquier otro tipo de honores para que revoquen dichos acuerdos. También pretende que el Ejecutivo remita al Congreso un listado de los ayuntamientos en los que se mantenga algún tipo de recuerdo honorífico a miembros de ETA.

Sin embargo, el diputado del PP Carlos Salvador ha considerado que aprobando esta propuesta se enviaría un "mensaje claro" a la banda armada: "vamos a ir a por ellos y no les vamos a dejar en paz". Salvador, que ha recordado que desde que ETA rompió el alto el fuego el PP ha exigido en varias ocasiones que se revoque la resolución de mayo de 2005 que autoriza al Gobierno a dialogar con ETA en ausencia de violencia, ha dicho que el actual Ejecutivo es el "responsable directo" de que quienes honran a los etarras "hayan vuelto" a los ayuntamientos, en alusión a los partidos PCTV y ANV.

El diputado del PSOE Pedro Muñoz ha exigido al PP lealtad con el Gobierno en materia de lucha antiterrorista y ha señalado que el Estado de Derecho tiene mecanismos para impedir los hechos que denuncian, los cuales ha calificado de "repugnantes", pero no en la Cámara Baja, ha precisado.

Para el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, esta proposición responde a la actitud del PP en esta legislatura, en la que, ha dicho, comenzó utilizando el terrorismo como "arma arrojadiza de partido" y la termina de la misma forma. "El PP: genio y figura hasta las próximas elecciones", ha afirmado Llamazares.

Por parte del Grupo Mixto, Begoña Lasagabaster ha criticado que en todas sus propuestas el PP aluda siempre a los mismos argumentos (la presencia del PCTV y ANV, la revocación de la resolución de 2005 o la falta de apoyo de los partidos), mientras que Agustín Cerdá (ERC) y Josep María Guinart (CiU) han coincidido en que ni es oportuno el momento ni la forma en que se ha traído la propuesta.

También ha rechazado la propuesta el diputado del PNV Emilio Olabarría, quien ha insistido en que existen mecanismos para desarrollar sus propuestas y ha considerado que requerir un listado de ayuntamientos es "realmente chusco" y convierte a la Cámara Baja en un órgano jurisdiccional.

La movilización ciudadana lleva al Parlament "el arrinconamiento" del español
Juan Cruz Osta Periodista Digital 19 Diciembre 2007

La sociedad civil está en marcha.
Hace algunos meses la asociación ciudadana Convivencia Cívica Catalana y Universitarios Liberal Demócratas se propusieron conseguir miles de firmas para acabar con la discriminación del español en Cataluña. Ya tienen las suficientes. Tantas como para plantear una Iniciativa Legislativa Popular que será debatida este miércoles en el Parlament. De nuevo, a retratarse todos.

Durante el tiempo que ha durado la fase de recogida de firmas ha habido de todo: insultos, amenazas, agresiones físicas,... Pero, a la postre, se han conseguido. Decenas de miles de firmas de ciudadanos de Cataluña contra el "arrinconamiento" del castellano en la escuela catalana.

La propuesta se dabate este miércoles como Iniciativa Legislativa Popular en el Parlamento catalán. 50.000 catalanes que ponen su firma ante el abuso consciente y premeditado de una política lingüistica catalana que desprecia la lengua materna de, al menos, la mitad de los ciudadanos de Cataluña.

A esa hora comparecerá el representante de la Comisión Promotora de la Iniciativa, Francisco Caja, Presidente de la Asociación Convivencia Cívica Catalana en representación de los más 50.000 firmantes, que durante quince minutos expondrá ante los diputados el contenido de la Ley y las razones de la necesidad de aprobarla, con el subsiguiente debate en el Plenario.

"Es muy importante que nos movilicemos todos para presionar al Parlamento y los grupos políticos en él representados para que acaben con la inmersión lingüística monolingüe y la discriminación de los escolares por razón de lengua".

Para ello, convocan a la ciudadanía frente al Parlamento de Cataluaña (Parque de la Ciudadela s/n) a las 19:00 h. del miércoles 19 de diciembre, "para manifestar nuestro apoyo a la Iniciativa Legislativa Popular para la enseñanza en lengua materna y el bilingüismo escolar".

"Tu presencia es muy importante. Acude a la concentración para luchar por nuestros derechos y libertades. Basta ya de imposiciones lingüísticas y de discriminación".

Educación
Ciudadanía, en un laberinto judicial
Los objetores esperan que la justicia resuelva ya los recursos contra la asignatura ? El Tribunal Constitucional y el Europeo de Derechos Humanos, últimas opciones
Los padres objetores utilizan todas las vías judiciales a su alcance para resistirse al adoctrinamiento.
V. Valiño La Razón 19 Diciembre 2007

madrid- Los tribunales de Andalucía, Asturias, Cataluña y País Vasco estudian los recursos presentados por los padres que se oponen a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, una enseñanza que ya ha recibido 22.000 objeciones en toda España, las últimas, las de los padres de 200 alumnos del colegio CEU Jesús-María de Alicante.

Los objetores ven más que probable que los contenciosos acaben en el Tribunal Constitucional que, de ser así, podría ser el encargado de decidir sobre los límites de la actividad estatal en materia educativa y el respeto a la libertad ideológica de los padres en materia de educación moral de los hijos. Y, en todo caso, cabría recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos que, en su más reciente jurisprudencia (29 de junio y 9 de octubre de 2007), ha reconocido el derecho a la objeción de conciencia educativa de los padres en los casos en los que el Estado ha tratado de imponer una doctrina que no fuera neutral, tal y como recuerda la asociación de Profesionales por la Ética.

?Andalucía: Cinco padres sevillanos presentaron en agosto el primer recurso contra Ciudadanía. Fue en el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, con un contencioso administrativo en el que denunciaban que la materia vulneraba su derecho a la educación conforme a sus convicciones y libertad religiosa. Los objetores destacan los desesperados intentos de la Junta por frenar el procedimiento: primero, alega cuestiones de procedimiento; después, promueve sin éxito la personación de las editoriales y entidades afines.

?Cataluña: Más de mil padres se han adherido al recurso presentado por la Fundación Abat Oliba, E-Cristians y Juristes Cristians en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña contra Ciudadanía y se espera que este número aumente.
?País Vasco: Catorce padres presentaron el 27 de noviembre un recurso contencioso administrativo en protección de derechos fundamentales contra el decreto vasco de Educación Básica. El Gobierno navarro manifestó su intención de recurrirlo, al considerar inconstitucional e ilegal la inclusión de Navarra dentro de «Euskal Herría» en ese currículo.

?Asturias: Decenas de padres han recurrido ante el Tribunal Superior de Justicia de Asturias para pedir que exima a sus hijos de cursar la asignatura, que este año ha comenzado a impartirse en esta comunidad (al igual que en todas las socialistas, salvo la manchega). Lo más llamativo de este caso es que el tribunal ha suspendido cautelarmente las resoluciones del Gobierno del Principado por las que se deniega el derecho a la objeción de conciencia, al entender que con ello no se perjudica al interés público. Al mismo tiempo, permite la ausencia de los alumnos objetores de las clases de Ciudadanía.

?Recursos administrativos: Hay interpuestos cientos de recursos administrativos que apuntan a convertirse en recursos judiciales ante las resoluciones negativas de las autoridades educativas autonómicas, una situación que agravaría el atasco judicial.

La Cámara alta aprueba el uso de todas las lenguas oficiales
P. X. DE S. - Madrid El País 19 Diciembre 2007

La legislatura acaba hoy para el Senado y lo hace con una nueva promesa de revisión de sí mismo para la próxima temporada. La Entesa Catalana aportó ayer, por medio de una moción, un nuevo eslabón a la cadena de buenos propósitos que desde hace años trata de llegar a una reforma del Senado para que responda a la realidad autonómica. La moción, aprobada por todos los grupos menos el PP, pedía iniciar los trabajos de esa reforma. Pero también que se permita el uso de todas las lenguas oficiales en la Cámara alta. Para poner esto en marcha no es necesaria una reforma constitucional (el principal obstáculo para reformar el Senado). El PSOE votó sin matices a favor. Disueltas las Cortes dentro de pocos días, la moción no obliga al próximo Senado que salga de las urnas.

Actualmente, la Comisión de Comunidades Autónomas del Senado ofrece un espectáculo poco conocido, pero digno de ver. Parlamentarios españoles se escuchan unos a otros con auriculares, con traducción, porque en esa comisión se pueden utilizar sin límite el catalán, el euskera y el gallego. Lo pudieron comprobar catalanes y valencianos en la tramitación de sus estatutos. De ponerse en marcha la moción, esta imagen se extendería a toda la Cámara, pleno incluido. Los españoles podrían ver preguntas al presidente del Gobierno en euskera, por ejemplo.

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