AGLI

Recortes de Prensa    Domingo 30 Diciembre   2007

La Iniciativa de los 50.000
www.criterio.es 30 Diciembre 2007

El día de ayer (N.del E: 19 Diciembre 2007) quedará marcado en el calendario como una fecha más en la lista de agravios acontecidos en Cataluña protagonizados por la clase política contra los ciudadanos de la región. Por primera vez en la Historia, un representante de la sociedad civil hablaba desde el atril del Parlamento catalán con el aval de más de 50.000 ciudadanos de Cataluña -con nombre, apellidos y DNI; que no es poco en la Cataluña actual- para tratar el tema lingüístico, discriminatorio, en las escuelas. Para pedir que se cambie el actual sistema de inmersión lingüística que no solo discrimina a los niños que quieren ser escolarizados en castellano o español, lengua oficial de Cataluña, sino que además les perjudica en su aprendizaje.

Pero, este día también será recordado por otros dos motivos. A saber, el primero de ellos -sin que sorprenda, lamentablemente- es la actitud y decisión adoptada por el PSC en la votación celebrada ayer en el Parlamento regional. Hasta hoy, nunca antes el PSC había votado en contra del fomento y aplicación real del bilingüismo en las instituciones públicas catalanas. Desde hace 10 años su voto era el no voto. La abstención. Ayer, cruzó esa frontera que le separaba del nacionalismo rancio que, encabezado por CiU, ha gobernado Cataluña hasta la llegada de Pasqual Maragall y posterior relevo de José Montilla. Ayer, el PSC -en la imagen Joan Ferran, Daniel Font, que habló en nombre del PSC, y Manuela de Madre- votó en contra de que el bilingüismo sea oficial en las escuelas y no solo real, en la calle.

La versión del PSOE en Cataluña debería explicar a sus votantes -en una mayoría abultada castellanoparlantes y bilingües- las razones de su voto en el Parlamento catalán. Pero, también el PSOE debería explicar a todos los ciudadanos de España qué vota su hermano en Cataluña. ¿Qué hace falta que suceda o se vote para que se pueda optar por el PSOE en Cataluña? ¿Qué es necesario que suceda en Ferraz para que se den cuenta de que el mayor enemigo electoral del PSOE es el PSC?

El 19 de diciembre de 2007 volverá a marcarse con rojo en el calendario por un tercer motivo. El desprecio de la prensa, sobre todo la regional, siempre tan cercana al poder político en Cataluña, a una Iniciativa Legislativa Popular avalada por más de 50.000 ciudadanos de Cataluña -representados, también, por varios centenares a las puertas del Parlamento durante más de dos horas, frío incluido-. Los lectores de determinados diarios de información (dicen) conocerán de pasada que ayer se rechazó una propuesta ciudadana en el Parlamento catalán. Estos medios, ni tan siquiera se preguntan por qué más de 50.000 personas son capaces de estampar su firma en dicha propuesta y, menos aún, por qué 111 diputados -110 más uno, delegado de ICV, mediante la aprobación de la enmienda a la totalidad presentada por todos los grupos parlamentarios menos PP y Ciutadans- son capaces de rechazarla. Nada. No hay músculo crítico periodístico, en Cataluña, fuera de una discusión... ¡por el control de los medios de comunicación públicos!

Así las cosas, el 19 de diciembre de 2007 incrementa la lista de fechas -y estas no son míticas- a recordar por los agraviados ciudadanos de Cataluña. El Manifiesto de los 2.300 -citado ayer por Irene Rigau (CiU), desde el atril, como si de apestados fueran aquellos que lo firmaron-; la aparición de asociaciones y organizaciones cívicas que de manera altruista y sin recursos económicos llevan defendiendo la libertad lingüística desde los primeros años 80, cuando se redactaba la primera ley de política lingüística de Jordi Pujol; las sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que obligan, como marca la ley, a que las escuelas ofrezcan la posibilidad de elegir la lengua de escolarización de los niños, entre las dos oficiales, hasta los 7 años; la aparación del movimiento Ciutadans de Catalunya, promovido por intelectuales catalanes; la entrada de Ciutadans-Partido de la Ciudadanía en el Parlamento regional -con el desprecio diario por parte de más de un diputado regional a los tres representantes: ¡Vosotros estáis de paso!, les han llegado a decir-... a estos hay que sumar ahora el parlamento de Francisco Caja, ayer, en nombre de más de 50.000 ciudadanos de Cataluña, y el rechazo a la iniciativa que defendían, bajo la ignorancia y el desprecio del Gobierno regional excepto el consejero de Educación -como muestra la imagen-.

De una cosa pueden estar seguros el día después de otro varapalo a la libertad en Cataluña, contra la ilusión, mezclada con la razón, no hay fuerza política que venza. Ayer, desde el atril del Parlamento catalán se volvió a escuchar el "Venceréis, pero no convenceréis".

Mucho más que un error de Zapatero
Editorial ABC 30 Diciembre 2007

UNO de los dos errores que reconoció Zapatero en su comparecencia del pasado viernes fue el pronóstico que hace un año hizo sobre la evolución del «proceso de paz» con ETA, vaticinando que 2007 sería mucho mejor que 2006. Más que un error de percepción, aquella opinión voluntarista expresaba el fracaso absoluto de la principal apuesta política de Rodríguez Zapatero para la legislatura, pues al día siguiente -hoy hace exactamente un año-, ETA reventaba la Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas y asesinaba a dos ciudadanos ecuatorianos, Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate. Sin embargo, aquel atentado estaba incluido en la lista de riesgos o «accidentes», así los calificó el propio presidente del Gobierno, del proceso de negociación, por lo que ni fue una «deslealtad» de los terroristas ni canceló el diálogo con ETA.

En efecto, para ETA el proceso de diálogo con el Gobierno tenía un contenido político que había sido preparado en las conversaciones iniciadas desde 2002 por el Partido Socialista de Euskadi con Batasuna y formalizadas entre ETA y el Gobierno desde 2005. Nunca fue un verdadero proceso de abandono de las armas, sino de transacción política, que también tuvo sus contrapartidas por parte del Gobierno. Si, como dijo Zapatero después de la revocación de la tregua, el diálogo con ETA terminó cuando los terroristas plantearon objetivos políticos, los contactos con los terroristas no debieron haber durado ni un minuto, en vez de los cinco años que ocuparon, pues en el mismo comunicado de anuncio del alto el fuego -el 22 de marzo de 2006- ya advertían de que su tregua debía desembocar en un proceso de autodeterminación. Por tanto, el error de Zapatero no fue sólo el pronóstico del 29 de diciembre de 2006, sino toda su apuesta por un final negociado -más que dialogado- de la violencia de ETA, a caballo de una permanente tergiversación de los hechos para confundir a la opinión pública sobre la realidad de lo que estaba sucediendo. El Gobierno minusvaloró el rearme de ETA, llegó a negar la relación de la «kale borroka» con la organización terrorista, discutía hasta el matasellos de las cartas de extorsión, calificaba como «consumo interno» actos públicos de intimidación y parecía no reparar en la gravedad de las amenazas que ETA iba acumulando en sus comunicados.

El atentado de Barajas tampoco supuso el cierre del proceso de negociación, lo que permitió a ETA saber que, con muertos sobre la mesa, también era posible el diálogo. Un diálogo que incluyó, a pocas semanas de las elecciones autonómicas, un «consenso» para colar parte de las listas de la izquierda proetarra, mediante una aplicación mutilada de la ley de Partidos Políticos con la que el Gobierno pretendía cubrir el expediente ante la opinión pública y no romper el «proceso» con ETA. Ahora se explican, guste o no al Gobierno oírlo, las presencias del PCTV en el Parlamento de Vitoria desde 2005, y de ANV en los ayuntamientos vascos y navarros desde mayo de 2007. Al final, en efecto, ETA rompió la tregua, pero no porque el Gobierno no hubiera hecho cesiones, sino porque éstas eran insuficientes y porque a ETA le parecía el momento oportuno para reanudar su estrategia puramente violenta, después de haber cosechado suficientes estragos entre los demócratas y el Estado de Derecho -blindaje de Otegui, excarcelación de De Juana-, de haber vuelto a las instituciones y de haber radicalizado al nacionalismo vasco en su conjunto. De anunciarnos un 2007 mucho mejor que 2006, hemos pasado a un horizonte de terrorismo a largo plazo.

El atentado de Barajas no fue el punto de inflexión que habría merecido la democracia española en la lucha contra ETA. El Gobierno no recuperó el consenso con el PP, ni volcó el Estado de Derecho contra la izquierda proetarra; siguió especulando con la negociación y ocultando a la opinión pública lo que estaba haciendo. Por eso, Rodríguez Zapatero no tiene derecho a culpar al PP por no haberle apoyado, pues todo lo hizo al margen y con desconocimiento de la oposición y, además, con la intención de hacerle imposible al PP el respaldo por el que ahora se lamenta. Lamentablemente ya no es suficiente la palabra del presidente del Gobierno para convencer a los ciudadanos de que, si gana en 2008, no habrá más diálogo con ETA.

El tejido de la unidad
Javier Zarzalejos El Correo 30 Diciembre 2007

Definitivamente frustrada la temeraria profecía sobre la evolución del alto el fuego de ETA que el presidente del Gobierno formuló hace ahora un año, el problema del terrorismo se resiste a ceder su espacio a los relatos electorales que ha elaborado la estrategia socialista.

Esa sociedad que la propaganda gubernamental quiere presentar redimida de todas sus carencias -salvo las directamente atribuibles a los demás- sigue lastrada por el terrorismo como problema central para su convivencia y de sus libertades. El terrorismo como problema en sí, por lo que tiene de generación de violencia ilegítima, de coacción y de invasión maligna del tejido social. Pero también, el terrorismo como una patología que contagia las implicaciones políticas de su identidad nacionalista, que exhibe su capacidad para seguir desempeñando el papel de referencia que condiciona, siempre en el sentido más radical, el discurso y la estrategia de ese otro nacionalismo, el institucional, en el que sigue encontrando legitimación histórica, reconocimiento político y amparo moral y afectivo. Léanse para comprobarlo las declaraciones que el pasado 6 de diciembre hacía a este periódico el nuevo presidente del EBB y su proyectada ronda de contactos, o la calumniosa embestida contra las instituciones del Estado de Derecho perpetrada por el Gobierno vasco como reacción a la sentencia de la Audiencia Nacional en el sumario 18/98, o las recientes declaraciones en tiempo de Navidad protagonizadas por el lehendakari con variadas puestas en escena.

Cuando el Rey, en un ejercicio medido pero elocuente de sus responsabilidades constitucionales, insta a compartir una «cultura de unidad» frente al terrorismo, es preciso reflexionar sobre el verdadero sentido que adquiere este empeño a día de hoy, cuarenta años después de que ETA empezara a asesinar, treinta de ellos sufridos por el sistema democrático.

La unidad frente al terrorismo es una idea que en su plasmación política práctica tiene que desdoblarse. La unidad en el sentido de rechazo activo, moral y político, a la violencia y la coacción expresa un denominador común al conjunto de la sociedad española y a sus representantes políticos. Pero si a partir de ahí intentamos avanzar, esa unidad se vuelve quebradiza y precaria hasta romperse ante las decisiones que exige una política eficaz y ambiciosa contra ETA. En otras palabras, la unidad frente al terrorismo no se traduce en unanimidad sobre la estrategia a seguir contra aquél.

Esta constatación no debe ser dramática. De hecho, en ella se basó el Pacto por las Libertades como un acuerdo entre los dos únicos partidos de gobierno, PP y PSOE, abierto a todos los demás pero no por ello dispuesto a aceptar la rebaja de sus objetivos en la lucha contra ETA.

La unanimidad declarativa es relativamente fácil de conseguir. El Pacto de Ajuria-Enea se dejó arrastrar por esa inercia y degeneró. Condujo a su neutralización no sólo la previsión de un eventual «final dialogado» cuyos presupuestos nunca se dieron, sino también su progresiva esterilidad al quedar reducido a un foro ocasional para la condena de atentados.

Hay suficiente perspectiva temporal para concluir que el pacto antiterrorista no habría conseguido ni una fracción de la eficacia que desplegó si en aras de una unidad cosmética hubiera renunciado a impulsar medidas como la Ley de Partidos o la de cumplimiento efectivo de las penas que han sobrevivido incluso a los más tenaces dinamiteros de la política antiterrorista en esta legislatura, que han sido muchos.

Parece que las experiencias de aquel pacto recuperan hoy alguna vigencia, más aún después de cerrado el paréntesis de Imaz. Es absurdo buscar por principio la confrontación con el nacionalismo y descartar como metafísicamente imposible que en algún momento se pueda ensanchar el estrecho terreno de coincidencia en la política antiterrorista. Pero también es gravemente irresponsable no asumir que una política antiterrorista cuyo objetivo sea la derrota de ETA seguirá encontrando la oposición activa del nacionalismo en la medida en que éste no pueda hacer valer su agenda oculta en un escenario de desmantelamiento de ETA y disolución de su entramado sin precio político, que en eso consiste la derrota de la banda.

La unidad que requiere la política antiterrorista, la unidad que preocupa a ETA porque la banda ya tiene experiencia de lo que significa, es la que consiste en la convergencia del PSOE y el PP en una estrategia antiterrorista de máximos, sin restricciones previas en la utilización de los instrumentos del Estado de Derecho y sin otro objetivo que distorsione la lucha contra ETA que la derrota de ésta. Si hay que hacer que ETA pierda toda esperanza, no hay otra opción. Una convergencia que no tiene por qué ser excluyente pero que tampoco ha de aceptar que sean otros los que marquen el ritmo y los contenidos.

Hasta ahora el punto de fractura de la unidad había sido el nacionalismo. En esta legislatura la fractura se ha extendido. La apelación del Rey en su mensaje de Nochebuena suena hoy más apremiante, y al reclamar una «cultura de unidad» lo que parece plantear no es tanto la consecución de acuerdos con fecha de caducidad, sino la necesidad de convertir el esfuerzo compartido contra el terrorismo en un principio integrante de nuestro acervo constitucional y democrático.

Medir las responsabilidades por haber llegado a esta situación parece a muchos un ejercicio tedioso e inoportuno. Y sin embargo será inevitable hacerlo si no se quiere que la unidad entre el Partido Socialista y el Partido Popular sea un imposible para mucho tiempo. En cualquier caso, no creo que pueda sostenerse que la oposición tiene la misma responsabilidad que el Gobierno. Menos aún una oposición, como ha sido el caso del PP en esta legislatura, objeto de una estrategia deliberada y persistente de aislamiento.

De la misma manera, es una falacia reducir el Pacto por las Libertades a una obligación incondicionada de la oposición a suscribir lo que haga el Gobierno, olvidando el deber de mantener pactada la política antiterrorista a diferencia de la lucha antiterrorista, sujeta, como es obvio, a la dirección exclusiva del Gobierno. El pacto era un acuerdo de Estado sobre la política antiterrorista en la que ambos partidos y el Gobierno se reconocían y aceptaban como interlocutores imprescindibles. Si el Pacto por las Libertades se hubiera limitado a ser un contrato de adhesión impuesto a la oposición, ¿dónde quedaría su contenido acordado? ¿Qué sentido tendría entonces hablar de un acuerdo para garantizar la continuidad de la política antiterrorista gobierne quien gobierne, cuando lo único permanente sería el silencio de la oposición, también ante modificaciones unilaterales de esa política acordada?

En una legislatura en la que tan profusamente se han utilizado las hemerotecas, produce estupefacción releer las declaraciones que el secretario general de los socialistas vascos hacía precisamente en el diario 'Gara' (13 de noviembre de 2005) sobre el sumario 18/98, en las que expresaba su convicción de que los procesados no tenían nada que ver con ETA pero que, ya se sabe, «pasamos una legislatura con Aznar en la que prácticamente toda Euskadi estaba bajo sospecha». Mucho más reciente está la respuesta airada del fiscal general del Estado acusando a los que pedían impedir con la ley que ANV se presentara a las elecciones de querer crear «un Guantánamo electoral». Muestras de mimetización argumental como éstas autorizan a pensar que, efectivamente, algo muy preocupante ha venido ocurriendo en la dirección política de nuestro país durante esta legislatura.

Lo grave para la unidad no es que el Gobierno haya cometido errores que, por definición, siempre serán más graves que cualesquiera otros que haya cometido la oposición. Es que se han quebrado los mínimos de confianza por quienes han querido ver aliados por la paz donde no había sino enemigos de nuestras libertades.

No habría que seguir esperando a que unos señalen y otros pongan las bombas o disparen -en Balmaseda o en Capbreton, por ejemplo- para tejer de nuevo la trama de confianza y apoyo que una a quienes están comprometidos con la victoria sin condiciones de la democracia y la libertad sobre el terror.

El silencio de los realquilados
J. M. Ruiz Soroa El Correo 30 Diciembre 2007

Regresa la polémica de los símbolos a la actualidad vasca: por un lado, los tribunales van poco a poco exigiendo coactivamente a las instituciones locales o autonómicas el cumplimiento de la obligación legal de exhibir la bandera española, generando la predecible resistencia nacionalista. Por otro, salta la controversia sobre 'el nombre de la cosa', y nacionalistas de distinto pelaje partidista disputan sobre si ese nombre es el de 'Euskadi' o el de 'Euskal Herria'. No es mi intención tomar posición en la polémica, sino más bien comentar la anómala reacción que provoca en algunos políticos vascos, una reacción que yo describiría como la 'filosofía del realquilado'.

Y es que, aparte de los políticos que adoptan posturas tajantes a favor o en contra de los símbolos en cuestión, como son la mayoría de los nacionalistas o los del Partido Popular, aparece entre nosotros una actitud peculiar, la de los que se dedican a quitar hierro al asunto declarándose, si se me permite la analogía, algo así como 'agnósticos' en materia simbólica. Son los políticos socialistas y, en general, la sedicente progresía de izquierdas. Todos ellos coinciden en proclamar que la querella simbólica no va con ellos, porque ellos están al margen de esa cuestión tan inflamable.

La primera línea argumentativa de estos regidores públicos (escúchese por ejemplo a los alcaldes de Bilbao, Vitoria o San Sebastián) es que las preocupaciones reales de los ciudadanos atañen a cosas pragmáticas, tales como las calles, los servicios públicos o las hipotecas. Les preocupan las aceras, no las banderas, afirman. Es un argumento que, si algo dice, es que los ciudadanos somos bastante cortitos de entendederas, puesto que sólo podríamos preocuparnos de una cosa. En el fondo es un argumento insultante para nuestra habilidad como seres humanos: los ciudadanos somos perfectamente capaces de preocuparnos a la vez por las calles, la hipoteca, los hijos, las banderas, el hambre en el mundo, la marcha del equipo de fútbol y un montón de asuntos más. No somos tan pobres de espíritu como creen nuestros alcaldes cuando les conviene: por ejemplo, somos capaces de apreciar el aspecto funcional de la pasarela sobre la ría (tenemos piernas y los puentes son para transitar) pero también su valor artístico y expresivo (tenemos ojos y lo que han hecho con la pasarela es un atentado a los derechos estéticos de la ciudadanía). Pues asimismo guardamos un nicho en nuestro almario para la cuestión de las banderas que ondean o no en la balconada, sin que por ello deje de afanarse nuestro espíritu en más trascendentes cuestiones.

Entre en juego entonces la segunda trinchera de quienes no quieren entrar en el meollo de la cuestión: la de despojar de todo valor positivo a los símbolos, condenarlos a todos como los verdaderos culpables de los males del mundo. «Yo quitaría todas las banderas», «son emblemas que sólo sirven para enfrentar», «son la fuente de la violencia sectaria», etcétera. Es la misma receta que los progresistas de salón usan con las religiones, a las que achacan ser la fuente de todas las guerras: suprimirlas todas. Esta postura tiene su versión cínica (la de aquellos alcaldes que dicen que ellos no ponen ninguna bandera en el ayuntamiento, aunque nos plantan una enorme a unas decenas de metros de la casa consistorial), y también su versión acomplejada, la de quienes prefieren renunciar a todos los símbolos antes que ser tildados de 'aliens' en la comunidad en la que viven por defender uno inapropiado.

No hace falta decir que la realidad social la construyen los seres humanos en forma simbólica, que los símbolos no son sino los ladrillos con los que edificamos el marco en que habitamos. Da igual que se trate del dinero o del fútbol, del Estado o de la familia, de la vida personal o del más allá, todo lo social, absolutamente todo, son mundos que construimos por convención con elementos simbólicos. Renunciar a los símbolos es, por ello, una postura absurda que sólo puede entenderse como afectación forzada; en realidad, nadie renuncia a los símbolos sino que simplemente 'hace como que no le importan'. Como el zorro con las uvas.

Por eso, cuando nuestros políticos progresistas declaran que 'ellos pasan de banderas' están en realidad amputándose de su propia matriz simbólica. Y, lo que es peor, con ese gesto aparentemente excelso están abandonando el campo a los nacionalistas, les están cediendo el protagonismo absoluto en la construcción simbólica de la realidad social vasca. Lo nuestro, dicen con impostada seriedad, es construir calles y ferrocarriles, ocuparnos de las necesidades materiales de los ciudadanos, eso de los símbolos no sirve para nada y se lo dejamos a los señores nacionalistas. Hace ya años que éstos sacudieron la cabeza asombrados ante tamaño regalo y se pusieron afanosos a la tarea de edificar ellos solos la realidad pública vasca. Y tanto han avanzado en la materia que en la actualidad consideran que es su derecho adquirido hacerlo solos. Lo mismo sucede cuando se abandona al mundo nacionalista la discusión sobre cómo se llama este país, Euskadi o Euskal Herria. No es cosa nuestra, dicen algunos, aceptamos lo que diga la ley. Es la actitud del que se siente un realquilado, un extraño metido en casa ajena: a nosotros nos da igual, susurran, es cosa suya dar nombre a este país. Singular abdicación. Nombrar es embrujar, es crear, es inventar las cosas. ¿Cómo entonces podríamos abstenernos de ello? Sólo por represión autoinducida.

Manuel Montero ha destacado más de una vez el asombroso proceso que comenzó en la Transición, un proceso en el que los partidos no nacionalistas asumieron voluntariamente el papel de actor secundario, el rol de sujeto paciente de «la construcción nacional de los nacionalistas». Desde entonces, más de la mitad de la población asume la filosofía del realquilado y sublima su frustración invocando la prudencia. Porque es cierto, no lo niego, que en la filosofía del realquilado late también un noble espíritu de prudencia, de búsqueda de la paz social. Se renuncia a agitar las cuestiones que pueden encrespar los ánimos porque lo importante es la convivencia de todos. Prudente postura, sin duda, pero sobre cuya efectividad real para el fin que persigue cabe ser un tanto escéptico, visto lo visto durante estos años. Porque esa asunción unilateral y resignada por los no nacionalistas de su papel de masa 'simbólicamente inerte' no parece haber amortiguado el frenesí nacionalista, sino que más bien lo ha excitado.

Y lo ha excitado por dos razones: primero, porque al cederles ese campo de juego se les ha hecho creer que es de su exclusiva propiedad. Y segundo, y más importante, porque se les ha concedido una bula de irresponsabilidad. ¿En qué sentido? En el de que los nacionalistas pueden adoptar cualquier posición político-simbólica que deseen, por extremosa e hiriente que sea, con la seguridad de que tal conducta no les pasará factura política ninguna. Pueden rechazar las normas constitucionales, las instituciones comunes, la pertenencia compartida y todos sus símbolos, que no por ello dejarán de ser aceptados como interesantes 'partners' políticos, ni se interrumpirá el amable diálogo con ellos. Ellos tienen libertad total para hacer alegres 'bilbiriketas' con los símbolos, los demás somos tan responsables y prudentes que guardamos silencio, hacemos de tripas corazón por la convivencia y les echamos una mano en pro de la gobernabilidad del país. E incluso esperamos que se moderen gracias a nuestro ejemplo. Quizás algún día sea así, pero lo dudo mucho.

Mal año de Gobierno y de oposición
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 30 Diciembre 2007

Hora de balance, de año y casi de legislatura. Negro sobre blanco el panorama, a no ser que se sea un devoto de Pepiño o de Zaplana y profesar amores ciegos a siglas y adoración por sus presuntos líderes, no puede ser más desolador.

El Gobierno de Zapatero ha fracasado de manera estrepitosa en las dos esenciales apuestas de su mandato: A)El cacareado Proceso de Paz con ETA del que ahora no quiere ni oír hablar a la vez que pretendiendo que no se note pero que se sienta se desanda todo el camino y se intentan restañar los daños nada colaterales y muy directos de los que es colgajo impresentable la vuelta de ETA-Batasuna a través de su filial ANV a las instituciones . B) El asunto territorial lejos de calmarse, ordenarse o encajarse se ha exacerbado, desbordando y desencajarse. Los nacionalistas- resulta que la culpa no la tenía Aznar de que dijeran lo que decían no solo lo siguen diciendo sino que van a peor: la pretensión secesionistas son ya un vocerio por parte de muchos de ellos. Los extremistas, como el socio ERC, lo son cada vez mas radicales y los presuntos moderados , PNV y CiU se han hecho el primero decididamente taliban y el segundo en proceso de serlo en cuanto a conseguir independencia , soberanía y Estado propio. Quien no quiera verlo que no lo vea. España no se ha roto. Pero quizás haya que añadir que simplemente “por ahora” y que hacía esa desvertebración es hacia donde se han dado los pasos y no en la dirección positiva y contraria.

En el sector nacionalista hay que incluir ya, además y para que engañarnos al PSC. Como tal se comporta y actua. La primera coalición de Gobierno que ha de prever el PSOE si consigue un buen resultado en las generales es con el “otro” partido. Ese que Maragall hizo cruzar el río desde el socialismo al nacionalismo y ahora abandona por que todavía le parece poco. Don Pascual está ya en ERC o cerca.

Eso son los dos grandes proyectos fracasados del PSOE y de Zapatero. El PP ha fracasado por su parte en el suyo. Su oposición ha sido tan suicida, tan entregada a poderes mediáticos, tan mediatizada por la alargada sombra de Aznar corporeizada en Zaplana , tan alucinada con su incomprensión de que el 11-M puede hacer perder dos elecciones si se persevera en el error y tan falta de referentes sólidos de liderazgo que llega a parecer que hay sectores del partido empeñados en no ganar las elecciones. O sea, que no las gane Rajoy.

Especialistas mundiales en pegarse tiros en el pie , da igual quien dispare. Un día es Rajoy quien se pasa de frenada , otro el Gallardon el que dispara y otra el disparado y más allá desde radios y periódicos la balacera cae todos los días. La pésima oposición desarrollada tanto a nivel parlamentario como de opinión publica por parte del PP es hoy la mejor baza de la continuidad de Zapatero al que sus errores deberían haber condenado a un severo desplome electoral.

Hoy en realidad lo que están disputándose el uno y el otro es quien resulta para el elector menos malo de ambos, porque lo que casi toda España tiene claro es que malos son los dos y para los tiempos que nos llegan, de crisis que no va a ser nada suave, el votante se pregunta que con quien puede estar un poco menos intranquilo para los años de zozobra que se presienten .

Los únicos que pueden a estas alturas darse por contentos, aunque ellos son insaciables por esencia, son los nacionalistas. Son lo únicos que han sacado abundante tajada de todo y ahora ya están pensando en la que habrán de sacar a partir del 9 de marzo que tal vez ya les permita hasta llevarse la vaca entera.

La vaca flaca queda para unos ciudadanos enfrentados por sus políticos, perdido buena parte del impulso regenerador de la Constitución del 78 y de su memoria generosa y fructífera. ¡Menudo año nos espera!

La gran mentira nacionalista
Javier García Fernández Minuto Digital 30 Diciembre 2007

La Fundación BBVA –entidad de prestigio por sus rigurosos informes- ha publicado un estudio sobre las llamadas balanzas fiscales de las comunidades españolas (los saldos de las comunidades con el Estado). El BBVA, una entidad financiera privada e independiente, desmonta de manera fulminante la teoría del agravio fiscal que sufre la región catalana respecto del resto de España, y de paso deja en evidencia a los nacionalistas periféricos en general por sus agravios infundados.

Mediante este informe la legitimidad de las furibundas reivindicaciones nacionalistas quedan claramente en entredicho. El Gobierno lo sabe, y por ello, a pesar de que han colaborado más de 50 funcionarios públicos de distintos ministerios del Estado en dicho estudio, pretende ocultar su propia balanza fiscal para no desmentir a la Generalidad de Cataluña y desmarcarse cínicamente de él, argumentando que las balanzas fiscales no es el método más adecuado para comparar y analizar la relación financiera entre el Estado y las comunidades. Así, el gobierno del PSOE, para evitar incomodidades con el gobierno catalán, ha optado para sus propios cálculos por dos metodologías, que dan como resultado un déficit fiscal más elevado para Cataluña, que son el método de carga-beneficio (que procede de la combinación de carga fiscal que recibe un territorio y del beneficio que de ello obtiene) y el denominado de ‘flujos monetarios’, es decir, el dinero que entra y sale de un territorio. Incluso ya en el colmo de la desesperación Fernando Moraleda, secretario de Estado de Comunicación, ha llegado a decir que ‘las balanzas fiscales no miden la solidaridad’. Ver para creer. El estudio del Gobierno de Z se ocultará interesadamente al menos hasta las ‘elecciones generales’ de marzo de 2008, por que son un escándalo nacional.

Si uno observa con detenimiento los datos del estudio del banco con sede en Bilbao, se puede dar cuenta de que las comunidades más ‘insolidarias’ con el conjunto de la nación y que salen más claramente beneficiadas son Navarra y Vascongadas, por su sistema específico de financiación por concierto económico. Son dos regiones receptoras netas, con una balanza fiscal positiva en el periodo 1991-2005, que ocupan las segunda y la tercera posición en el ranking de los territorios españoles con más nivel de renta. En cuanto a Cataluña, los datos del estudio son demoledores: cada madrileño aporta 3.247 € a la caja común de España, muy superior a los 1.489 € de cada catalán; es decir, que los madrileños aportan un 120% más que un ciudadano catalán, pese a que los primeros son sólo un 10% más ricos.

La Comunidad de Madrid es la región española con mayor déficit fiscal en España, la que más aporta y la que menos recibe en esta relación fiscal con el Estado, y Madrid, como región ‘locomotora’ económica de España, está orgullosa de ello, pero este territorio recibe incluso menos de lo que legítimamente y en justicia debería recibir, y de ahí las quejas de su Presidenta, Esperanza Aguirre, insultada y despreciada por airear esta verdad incontestable. El esfuerzo solidario de Madrid es muy superior al de cualquier comunidad y esta evidencia es lo que realmente molesta y enfurece a los nacionalistas, porque deja al descubierto la Gran Mentira, que no es otra que cuanto más autonomía política y cuantas más competencias en manos de la comunidades autónomas, más prosperidad. Estas afirmaciones son falsas, y la región madrileña lo desmiente. Madrid, por su buena gestión, por su Buen Gobierno, ha conseguido ponerse a la cabeza de las regiones españolas en lo que a renta per capita se refiere, y ser una de las regiones europeas más prósperas y pujantes sin necesidad de ser la región con más competencias. Madrid, como reza su lema institucional, es ‘la suma de todos’, la multiplicación de los esfuerzos comunes de todos los ciudadanos que viven y trabajan en Madrid, dirigidos con éxito por los gobiernos liberales del Partido Popular. Esto no siempre ha sido así, en contra de lo que afirmó Rafael Simancas en las pasadas elecciones autonómicas. En 1975, según un estudio del Gobierno, las provincias más ricas eran las provincias vascas.

Se avecina una guerra de balanzas fiscales, pues ERC, el PNV, y suponemos que CiU, realizarán tarde o temprano sus propios informes convenientemente cocinados y manipulados, pues según los criterios nacionalistas, pagan los territorios y no los ciudadanos.

Puertas al campo
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 30 Diciembre 2007

Concluye el año ominosamente. Fuera de España, el asesinato de Benazir Bhutto anticipa borrascas terribles, cuya naturaleza no sabemos todavía estimar. Es obvio que ha cambiado la lógica por la que se rige el mundo y que andamos a ciegas, como queriendo medir, con los pulpejos, el tamaño de algo que es enorme y que no se parece en absoluto a las cosas que con las que estábamos acostumbrados a rozarnos. Al tiempo permanece vívida, obstinada, una sensación, o mejor, el sentimiento de un contraste. Yo enunciaría ese sentimiento así: mientras el mundo se pone serio, nosotros nos ponemos lelos, tontos de capirote.

Resulta imposible repasar el sainete nacional, sin que a uno se le suba el pavo, como en esos sueños en que se pasea en cueros frente a una multitud. Los trenes de alta velocidad se atascan, porque se han puesto a rodar antes de tiempo; un juez estrella invierte sus criterios procesales sin que medie una explicación; el PNV prepara la independencia del País Vasco, mientras Cataluña la amaga y exige, a modo de reparación temporal, sólo temporal, el lenitivo de más inversiones. Parece que nos hubiera picado un tábano, y que, excitados por la punzada, no se nos ocurriera nada más inteligente, ni más decoroso, que bailar el claqué. Bailarlo hasta la extenuación, con un canotié festivo encajado en lo alto de la cabeza.

El espectáculo es tan grotesco, que alguna gente sesuda ha decidido decretar que se trata de un espejismo. Intentaré reproducir el laborioso ejercicio mental que desemboca en este diagnóstico. Se constata, correctamente, que la democracia viene durando en España más de un cuarto de siglo. Se advierte, correctamente también, que hemos ganado posiciones en lo económico, al extremo de adelantar a Italia en renta per cápita. De ahí se deduce que hemos conseguido ser un país serio. Y por tanto, que no es posible que nos estén ocurriendo los accidentes que nos descalifican como eso, como país serio.
Pero los accidentes, ¡ay!, son reales. En consecuencia, no somos un país serio. Comprobaremos, pronto, lo que nos va a suceder por no serlo.

Padecemos cuatro debilidades altamente preocupantes. En primer lugar, se han venido abajo las instituciones. Lo demuestra, dramáticamente, el trance que a la sazón atraviesa el Tribunal Constitucional. Las imperdonables ligerezas del presidente han acelerado la ruina de un órgano muy deteriorado por la presión de los partidos y prácticas políticas poco recomendables, y en absoluto recientes. Se ha ingresado, finalmente, en una fase que cabe tildar de terminal. El Gobierno necesita que el Tribunal condone sus errores. La oposición quiere usarlo para derribar al Gobierno, que no es lo mismo que valerse de él para reestructurar el Estado. Los magistrados, asaeteados desde ambos flancos, son los que con más furia bailan claqué. No anda el patio más arreglado en otros departamentos de la Administración.

La índole territorial de la disidencia pone bajo gravísima amenaza la unidad del país. Y quien dice «país», ha de decir también «economía», y no sólo economía. Será interesante observar, por cierto, lo que le sucede al partido que no forme gobierno.

A todo esto sucede -y entramos en el tercer capítulo- que tanto el PSOE como el PP se han encasquillado, en la acepción que recoge el DRAE. Se dice que un arma se ha encasquillado, cuando no funciona por haberse salido de su sitio un cartucho. La ruptura del consenso, desorbitada por la alianza contra natura del Gobierno con fuerzas secesionistas, ha suspendido, de modo indefinido, cualquier política que merezca el adjetivo de «nacional». Sin horizontes ni recorrido, los partidos se están dedicando a lo que el macho de la mantis religiosa, después de que la hembra le haya devorado la cabeza: a ejecutar, ciegamente, el actor procreador, que vale en este caso por ganar las elecciones. Culminar la tarea es importantísimo para los interesados. Pero está por ver qué utilidad va a reportar a los votantes.

Llegamos así a lo más doloroso de todo: la inopia de los ciudadanos. Se nos está preparando un futuro que nadie quiere sin que, al parecer, el personal termine de darse por aludido. Los historiadores indagarán las causas de esta irregularidad en hechos acaso remotos. Yo tengo que ser aquí más prosaico. Zapatero rehusó asumir responsabilidades políticas tras el naufragio de las negociaciones, y no se levantó un clamor exigiéndole que se comportara como lo que es: el presidente del Gobierno. ¿Cómo poner ahora puertas al campo?

Demandas
JON JUARISTI ABC 30 Diciembre 2007

HACE ocho años, tras la ruptura de la penúltima tregua/trampa de ETA, un señor llamado Gerardo Markuleta Gutiérrez -de profesión, al parecer, escritor eusquérico- publicó un artículo en la edición vasca de un diario de tirada nacional, insinuando que podía caber cierta responsabilidad en dicha ruptura a algunos intelectuales vascos caracterizados por su intolerancia al nacionalismo. El único nombre que mencionaba de ese supuesto grupo era el mío, y me atribuía de paso ofensas al eusquera, que se guardaba de concretar.

Era uno más entre los numerosos ataques que, en idéntico sentido, se me dirigieron esos días desde el ámbito nacionalista. ¿Motivo? Haber sostenido que la tregua era un engaño y haber predicho con bastante aproximación cuándo la romperían. Gerardo Markuleta no pecaba de original. Lo que me preocupaba del artículo no era tanto su contenido -se limitaba a señalar, como los demás, una posible cabeza de turco, supongo que para que alguien la incluyera en su agenda-, sino el medio en el que había aparecido. Las otras denuncias venían, como era de temer, de emisoras y publicaciones abertzales. El artículo de Markuleta había sido publicado por un respetable diario en cuya sección (nacional) de opinión yo solía colaborar. Llamé al director de la edición vasca para comunicarle que ejercería mi derecho de réplica. Este, con quien me unía una antigua amistad, admitió que le habían colado un gol, y me pidió encarecidamente que no contestara a la provocación. Accedí al ruego, pero decidí en ese mismo momento marcharme para siempre del País Vasco, en vista del apoyo que podía esperar de los que se decían mis amigos.

Poco después tuve un pequeño rifirrafe con un periodista del nacionalismo que algunos califican de moderado. Durante la tregua había publicado varias columnas contra mí. Lo más suave que me imputaba era deplorar el fin de ETA, porque me hundiría el chiringuito (sic). Aguanté una larga sucesión de insidias semejantes, hasta que no pude seguir callado y, además de acusarle de señalarme como objetivo a la banda -pues qué otra finalidad podían tener afirmaciones como que yo era parte de un plan ZEN-, le llame «basura», de lo que me arrepiento, porque me parece casi un halago. No perdió un minuto para ponernos una demanda, a mí y a Fernando Savater, que había secundado mi acusación. Nos pedía un millón de euros de indemnización por barba. Perdió la demanda y el recurso, y además, según escribió, la confianza en la justicia española, lo que es mucho perder para un nacionalista vasco.

Años después conté el episodio de Markuleta en un libro de memorias. Seguía sin saber quién estaba detrás de ese nombre. El único Marculeta escritor que me sonaba era un pornógrafo antisemita, pero, sin duda, no era el mismo: escribía bien en castellano. Me permití un pequeño chiste -obviamente, de mal gusto- a propósito del apellido, del que dije que era «quizá un seudónimo de Marc Culet, pederasta de Gandesa». Diente de leche por ojo, en todo caso. Don Gerardo Markuleta me demandó por injurias ante un Juzgado de Vitoria, exigiéndome una indemnización de sesenta y pico mil euros. En principio, me alivió que el sentido nacionalista del honor herido hubiera bajado tanto de precio. Me sorprendió, sin embargo, que don Gerardo Markuleta hubiese eludido la posibilidad de demandarme por alinearlo con la banda mediática abertzale que pedía mi testa a quien pueden ustedes figurarse, en noviembre de 1999, y se agarrase, en cambio, a una sospecha de injuria tan improbable. Me recordó, en fin, aquel chiste argentino que recoge Borges (cito de memoria): «Sepa usted que su esposa, con el pretexto de trabajar en un burdel, hace contrabando de género».

Los pleitos son largos y enojosos («tengas pleitos y los ganes», dice la maldición popular), pero terminan. Esta semana me ha llegado la sentencia, que desestima la demanda de Markuleta y le impone los costes. El año no termina mal, aunque, para cierto tipo de valoraciones, el 29 y 30 de diciembre sean fechas gafadas por quien yo me sé. Toco madera.

Juan María Uriarte ante ETA
Jesús Salamanca Minuto Digital 30 Diciembre 2007

Juan María Uriarte, nombrado obispo de San Sebastián para dar equilibrio y sentido común a una situación que se hacía insostenible, parece estar inmerso en un claro síndrome de Estocolmo. Para muchos de nosotros era la esperanza en el desierto del desencanto y poco a poco nos recuerda en algunos aspectos al emérito Setién.

Muchos acosados, perseguidos y amenazados por la banda están convencidos que la homilía de la misa de Navidad ha sido una obnubilación momentánea del señor obispo de Donosti. Tal vez acabó de leer el último libro de don José María Setién Alberro (“Un obispo vasco ante ETA”) y se le solaparon las contradicciones del obispo emérito. Eso de no ser un ‘nacionalista’ obispo ni un obispo ‘nacionalista’ sigue atormentando a los menos y confundiendo a los más.

La equiparación del sufrimiento de las víctimas con el de los verdugos da mucho que pensar y más que sospechar. Seamos claros: muchas familias echan de menos a algún miembro, porque ETA le arrancó su existencia; son las víctimas vivas que mantienen la luz del amor por el ser que falta y la llama del recuerdo permanente. Tal sufrimiento no es lo mismo que el que Uriarte dice que sienten las familias guipuzcoanas “que estos días echan especialmente de menos a un miembro en prisión”. Ese preso que recibe las ‘bendiciones’ de Etxerat y Askatasuna no es un preso político y sí un condenado por delitos de sangre, colaboración con banda armada o extorsión; es decir, ha elegido su futuro y su situación. Tiene lo que deseaba y, para más dolor, es apoyado por organizaciones que amenazan a comerciantes y empresarios, con el fin de que paguen los gastos de viaje de las familias abertzales con algún miembro preso, además del dinero a manos llenas que aporta para tal causa el PNV desde las instituciones. ¿Acaso eligió su futuro y situación la víctima de la ‘serpiente’ etarra?

El obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, se salta los pueblos de tres en tres. Entre el síndrome de Estocolmo que le atenaza y el afán por imitar al emérito Setién, se encuentra descontrolado y aturdido. Muchos fueron los fieles de la catedral donostiarra del Buen Pastor que se echaron las manos a la cabeza al comprobar que Juan Mari equiparaba el sufrimiento de ambas partes. La llamativa comparación estaba fuera de lugar en ese momento. Sospecho que Uriarte ha iniciado un camino escabroso que solo puede conducir a tener que buscar la defensa ante la permanente acusación, tal y como le sucedió a José María Setién.

Decía Setién, en una entrevista reciente, que su último libro no era una justificación. Pero todos sabemos que necesitaba exponer su postura, siempre rodeada de incomprensión. Pretendió ser comprensivo con las aspiraciones nacionalistas vascas y solo consiguió estar en conflicto permanente con la jerarquía eclesiástica. Nunca entendió que “no se puede tener dos yernos con una hija”, de ahí que rara fue la época en que estuvo a bien con el nacionalismo, con ETA y con la jerarquía a la que aún pertenece. De igual modo, Juan María Uriarte recorre un camino lleno de espinas que nada tiene que ver con el espinoso camino que siguió Jesús.

El actual obispo donostiarra no debe considerar, y mucho menos presentar, a la Iglesia como mediadora. Si lo quiere ser él, como de hecho lo ha sido, es su responsabilidad; pero como Juan María, nunca como representante de la Iglesia. No se entendería en esta época que la Iglesia cobijara a ETA. Y tampoco ETA debe ser escuchada si llegara a requerir los servicios de la Iglesia. Setién lo explica muy bien en su libro, como justificación de que muchos grupos utilizaran los servicios de la Iglesia, en su momento, y de ello se aprovechó ETA. Hoy la banda no tiene más apoyos que el de un sector del mundo abertzale y el de pequeños dictadores que consienten la formación de los cuadros etarras en su territorio.

Debe quedar muy claro que ETA ha traicionado a la Iglesia. ETA es un peligro para la izquierda abertzale. ETA es un lastre para el pueblo vasco. ¿Hay que hacer algo para la normalización de la situación vasca? Sí, sin duda; pero la negociación nunca será el camino. Llegados hasta aquí, solo el Estado de Derecho tiene medios suficientes. Otra cosa bien distinta es que se quiera acabar con la banda. ¿Quién o quiénes están interesados en que siga existiendo ETA? ¿Qué sería del PNV sin ETA?

Un freno más a la deriva totalitaria
Álvaro Vermoet Hidalgo Libertad Digital 30 Diciembre 2007

La deriva totalitaria ya se había iniciado en las Comundiades Autónomas gobernadas por los nacionalistas, al manipular los temarios obligatorios de estudio para acomodarlos a las "construcciones nacionales", falsificando la Historia y mintiendo descaradísimamente sobre el "entorno social" que decían querer enseñar. Y todo esto, junto con la persecución lingüística de los castellanohablantes, con el apoyo expreso del PSOE (que no sólo del PSC).

Así las cosas, la Educación para la Ciudadanía fue un nuevo punto de encuentro entre progresía ("educar en valores", o sea, enseñar el catecismo del buen socialista) y los nacionalistas. Y lo peor, que se hacía a costa de desviar la atención sobre el hecho de que con un fracaso escolar del 25%, y subiendo, Zapatero se negaba a reformar el modelo educativo. Lo bueno de la distracción es lo rematadamente mal que les está saliendo.

No hace mucho, un Tribunal Superior de Justicia legitimaba a los padres que habían recurrido los temarios autonómicos de la asignatura a que sus hijos no cursaran la materia. Hoy, el TSJ del País Vasco admite a trámite un recurso contra el temario vasco de la asignatura... por la vía de la protección de los derechos fundamentales. Estas primeras victorias judiciales, junto con las 20.000 objeciones de conciencia, empiezan a hacer factible la idea de que EpC ni les servirá a nacionalistas y socialistas para adoctrinar ni, mucho menos, para desviar la atención sobre sus fracasos ideológicos.

El desafío de A Coruña
EDITORIAL La Opinión A Coruña 30 Diciembre 2007

Han tenido que trascurrir siete meses desde que se constituyera el primer gobierno de colación en el Ayuntamiento de A Coruña entre socialistas y nacionalistas para que el alcalde del PSdeG, Javier Losada, y el primer teniente de alcalde de Bloque, Henrique Tello, convocaran el primer acto conjunto. En el parque de Santa Margarita, recién reformado, ambos se estrenaron como protagonistas absolutos de un acto en el que bromearon, compartieron discursos y ofrecieron una imagen de idílica unidad política. Si ambos se proponen comparar su convivencia con la de otros gobiernos de colación entre socialistas y nacionalistas, en los ayuntamientos gallegos tienen motivos más que suficientes para deducir, como en ocasiones proclama el propio alcalde, que son un ejemplo de cohabitación política. Sin embargo, desde el pacto firmado tras las elecciones municipales, en las que el PSOE perdió tras 24 años la mayoría absoluta en la corporación municipal coruñesa, los grandes consensos entre nacionalistas y socialistas se han producido en cuestiones que afectan más a aspectos económicos y de organización interna en el reparto de responsabilidades y sueldos entre los concejales que a los intereses generales de la ciudad. Sin bien aún es prematuro como para evaluar la gestión de un Gobierno local al que le queda la mayor parte de la legislatura para desarrollar sus compromisos, la primera medida adoptada por el PSdeG y el Bloque fue incrementar el número de concejales con dedicación exclusiva: diecisiete ediles percibirán más de 63.000 euros brutos al año. Así, en sólo siete meses el gasto en salarios para los representantes públicos en la corporación municipal de A Coruña han subido un 72,6%. Aunque desde el propio Ejecutivo local se trató de justificar estos incrementos en la necesidad de que los concejales con responsabilidades de Gobierno se dediquen en exclusiva a sus labores municipales, la imagen que se trasmitió desde el primer momento a los ciudadanos no fue nada ejemplar. El cambio político costaba más dinero.

Tras los meses de cohabitación transcurridos desde el acuerdo firmado en julio, Losada y Tello corren el riesgo de trasmitir ante los coruñeses que en María Pita en vez de un Gobierno hay dos, con la consiguiente duplicidad de gastos. Sobre todo si en vez de actuar para todos los ciudadanos practican una política planteada en exclusiva para la promoción personal y política. Y eso ha ocurrido en más de una ocasión. Seguro que ambos entienden como irrelevante la reciente adquisición de dos Audis por 140.000 euros, destinados para el uso de los miembros de la corporación municipal, pero esta compra, al igual que ocurrió con anterioridad con el incremento de los sueldos o el presupuesto destinado para ampliar y reformar los despachos de algunos concejales, parece un uso caprichoso del dinero público, sobre todo si luego se solicita la participación empresarial y económica para financiar los actos conmemorativos del 800 aniversario de la ciudad de A Coruña.

Es precisamente el próximo año cuando ambos tienen que mostrar su capacidad de asumir un compromiso político conjunto, integrando también al partido de la oposición, el PP, en el gran reto que se le plantea a la ciudad en las próximas décadas: la elaboración de un plan de ordenación urbana, que vertebre a los municipios del área metropolitana, planifique con orden el desarrollo de los polígonos de viviendas, industriales y las zonas de servicio y esparcimiento, así como la reordenación del espacio portuario, como consecuencia de la construcción del puerto exterior. De la capacidad que muestren para organizar A Coruña y su zona urbana y rural no sólo dependerá la política del Gobierno para el resto de la legislatura sino el entorno con el que se encontrarán las futuras generaciones de coruñeses. El desafío requiere políticos de altura y no aprendices dedicados a la autocomplacencia y el bienestar personal sin más previsión que garantizase un buen retiro.

LOS NACIONALISTAS UTILIZAN A NIÑOS EN LA MARCHA DE BILBAO
Las selecciones de País Vasco y Cataluña escenifican en San Mamés su enésima pantomima
Aunque para muchos haya sido la fiesta del fútbol, lo cierto es que el amistoso que las selecciones del País Vasco -jugó con el nombre de 'Euskal Herria'- y Cataluña han disputado en San Mamés ha supuesto el culmen a una jornada llena de reivindicaciones nacionalistas. El día arrancaba con la 'Declaración de San Mamés', un manifiesto en el que se ha reclamado la oficialidad de los combinados vasco, catalán y gallego, para continuar con la marcha convocada en Bilbao por la plataforma ESAIT -encabezada por niños portando ikurriñas y señeras, y con la participación de dirigentes del sindicato proetarra LAB- y acabar con el partido de fútbol en el estadio del Athletic.
Libertad Digital 30 Diciembre 2007

Nuevo esperpento en San Mamés, donde los combinados del País Vasco y Cataluña han disputado un partido amistoso, ante cerca de 40.000 aficionados, que ha servido para reclamar la oficialidad de ambas selecciones. Un gol del jugador del Athletic de Bilbao Aritz Aduriz en la segunda parte servía para neutralizar el tanto marcado por el barcelonista Bojan Krkic antes del descanso, dejando en tablas el vistoso partido amistoso disputado por ambos equipos.

Los jugadores catalanes y vascos, entre los que se encuentran varios internacionales españoles como Carles Puyol, Xavi Hernández, Asier del Horno y Joseba Etxeberria, habían saltado juntos al campo con una pancarta en la que se leía "Euskal Herria, nazio bat, selekzio bat. Catalunya, una nació una selecció" (Euskal Herria, Cataluña, una nación una selección). Entre otras autoridades, presenciaron el partido desde el palco el lehendakari Juan José Ibarretxe y el vicepresidente de la Generalidad, José Luis Carod Rovira. También han acudido la presidenta del Parlamento vasco, Izaskun Bilbao; su homólogo catalán, Ernest Benach; y el líder de la oposición y presidente de CiU, Artur Mas.

Niños utilizados y proetarras, en la marcha de Bilbao
Justo antes del partido disputado en 'La Catedral' tuvo lugar la polémica manifestación en Bilbao para reclamar la oficialidad de las selecciones vasca y catalana. La marcha, convocada por la plataforma ESAIT, estuvo encabezada por un grupo de niños que portaban la ikurriña y la señera, y contó con la participación de dirigentes del sindicato proetarra LAB. Tras el grupo de niños que portaban las banderas autonómicas vasca y catalana se desplegó una pancarta en la que se podía leer: "Euskal Herria, nazio bat, selekzioa bat" (Euskal Herria, una nación, una selección).

La pancarta era portada, entre otros, por el surfista Kepa Acero; el jugador de rugby Aratz Gallastegi; los futbolistas Gaizka Garitano, Tiko Martínez, Markel Susaeta o Joseba Garmendia; la jugadora del Athletic de Bilbao Eva Ferreira; los atletas Unai Sáez de la Fuente y Jon Bilbao, así como los representantes de la plataforma ESAIT Martxel Toledo, Ritxi Mendiguren y Endika Guarrotxena, entre otros. A la marcha también se sumaron representantes de Eusko Alkartasuna.

Momentos antes de iniciarse la marcha tomó la palabra la presidenta y vocal de ESAIT, Itziar Arratibel, que destacó la importancia de la oficialidad de las selecciones vasca y catalana, e hizo un llamamiento a la clase política para avanzar en esta línea. La marcha concluyó en el Arenal bilbaíno, donde se colocaba una gran pantalla para seguir en directo el amistoso entre los combinados vasco y catalán.

País Vasco, Cataluña y Galicia firman la "Declaración de San Mamés"
Esta jornada repleta de reivindicaciones nacionalistas arrancaba donde concluyó, en el césped de San Mamés, con la rúbrica de un manifiesto institucional enfocado a fomentar los "sistemas deportivos, la práctica deportiva, los deportes autóctonos y las selecciones nacionales" por parte de los Gobiernos autonómicos del País Vasco, Cataluña y Galicia. El documento, conocido como la "Declaración de San Mamés", era firmado por las consejeras de Cultura de los Ejecutivos vasco y gallego, Miren Azkarate y Anxela Bugallo, respectivamente, y el vicepresidente catalán Carod Rovira.

Carod: "No estamos contra nadie, sino a favor del deporte"
"No estamos aquí contra nadie. Estamos aquí a favor del deporte, a favor de nuestros países como países deportivos", ha subrayado el vicepresidente de la Generalidad. "Estamos aquí", dijo Carod Rovira sobre el césped de 'La Catedral', "porque queremos competir entre nosotros y con todos los otros países del mundo, porque no queremos limitaciones políticas al deporte, porque tenemos competencias exclusivas en deporte y las pensamos ejercer plenamente".

Desde el PP, su portavoz de Deportes en el Congreso, Francisco Antonio González, calificaba el documento firmado en Bilbao como "un avance más del mundo nacionalista radical", al tiempo que criticaba el silencio "inerte y sepulcral" por parte del Ejecutivo que preside José Luis Rodríguez Zapatero.

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