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Recortes de Prensa    Viernes 15 Febrero 2008

Izquierda liberal
El efecto Ciudadanos
Antonio Robles Libertad Digital 15 Febrero 2008

Andan contrariados algunos de mis compañeros por el cambio de chaqueta en política lingüística del Partido Popular. Otros están encantados. En sólo un año y medio hemos conseguido poner en cuestión todo el sistema de inmersión lingüística de la Generalitat de Cataluña, hablar en castellano en el Parlamento, abrir los ojos y aumentar la autoestima de miles de ciudadanos; pero, sobre todo, hemos conseguido que parte de nuestras tesis en política lingüística sean asumidas por el Partido Popular, mientras algunos miembros destacados del Partido Socialista de Cataluña presionan para levantar el pie del acelerador nacional.

En realidad, Ciudadanos no nació para ser un partido al uso, ya saben, como una empresa que se quiere perpetuar en el tiempo, sino para ser un proyecto capaz de cambiar la realidad. Su sola presencia –pensamos muchos muchas veces, mucho antes de que ni siquiera soñáramos con que fuera posible su existencia– obligaría a PPC y PSC a cambiar sus discursos en política lingüística. Estábamos convencidos de que sólo en el silencio podrían seguir siendo conculcados los derechos de los castellanohablantes, pero en el momento que fuera posible evidenciar la exclusión cultural, la fuerza de la gente castellanohablante en las urnas obligaría necesariamente al Partido Popular o al PSC, o a los dos, a cambiar de política lingüística si no querían ver mermados seriamente los apoyos de la comunidad castellanohablante.

Pues bien, en solo 15 meses la actividad parlamentaria de tres diputados ha obligado al Partido Popular de Cataluña a llevar al Pleno la reforma de la ley de política lingüística de 1998 para garantizar la enseñanza en lengua materna y la igualdad lingüística. Los 89.946 votos en las autonómicas del 1 de noviembre fueron el primer aviso; el segundo, la persistente labor de Ciudadanos por llevar a las instituciones la normalidad lingüística de la calle. Ayer no se hablaba castellano en el parlamento, hoy no sólo lo hacen tres parlamentarios.

Esta actitud de C’s ha obligado al PPC a utilizar retales de la lengua de Cervantes en algunas de sus intervenciones. Antes había dimitido su presidente, Josep Piqué, en buena medida por la atmósfera creada por Ciudadanos. Fue sintomático que quien le sustituyera en el cargo, Daniel Sirera hiciera la mitad de su discurso en la lengua común de todos los españoles a propósito de su primera intervención parlamentaria como presidente del PPC. Hasta el diputado Joan Ferrán, del PSC, se despachó a gusto contra la costra nacionalista de Catalunya Radio y TV3.

De esta guisa, el efecto Ciudadanos estaba a punto de convertirse en una leyenda. La rubricó la diputada Irene Rigau en la Comisión de Educación, el 31 de enero de 2008, al acusar al Partido Socialista de haberse dejado erosionar por la mala conciencia que el grupo mixto había conseguido meter también en el Partido Popular. "No ganarán ninguna votación", dijo la diputada de CiU, pero están consiguiendo crear mala conciencia en los dos grandes partidos de raíz española.

De esa presencia ocultada de Ciudadanos, pero temida por los populares, surgió la propuesta del candidato a la presidencia de España, Mariano Rajoy. Acababan de caer en la cuenta de que España era el único país del mundo donde la lengua oficial del Estado se la excluía como lengua de aprendizaje en alguna de sus comunidades. Y, además, la polvareda levantada por el desparpajo de Ciudadanos por denunciarlo le hizo caer en la cuenta de que el tema podría darles muchos votos. Intuido, temido y hecho: lanzó la promesa de una ley de lenguas para garantizar que todos los españoles pudieran estudiar en castellano vivieran donde vivieran. Y en esa atmósfera lingüística de cambio de ciclo, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, promete a su vez un colegio en la capital de España donde puedan estudiar en catalán quienes lo soliciten. Si la primera medida fue un pulso a los nacionalistas, la segunda los dejó sin argumentos. Unos días antes, el periodista y contertulio catalanista de Onda Cero Enric Julià había utilizado la imposibilidad de estudiar catalán en Madrid, para justificar la injustificable exclusión del castellano como lengua vehicular en Cataluña.

Sólo un año antes, semejantes medidas y promesas eran impensables. El fenómeno conocido como efecto Ciudadanos está cambiando la política nacional.

No, no es malo que el Partido Popular asuma las tesis de Ciudadanos, ni es malo que eso les lleve a recuperar votos, ni malo sería que el partido socialista de Cataluña las asumiese a su vez y, como el Partido Popular, también nos restase votos. Eso querría decir que Ciudadanos habría cumplido su misión primera: que los partidos nacionales se comprometan con la defensa de los intereses de todos los españoles.

Nunca un partido tan pequeño y en tan poco tiempo consiguió cambiar tantas cosas a tanta velocidad. Ciudadanos no debe temer que los dos grandes partidos nacionales les arrebaten las ideas; esa sería su mayor victoria. Al fin y al cabo, siempre sostuvimos que apoyaríamos cualquier idea que fuere justa y buena, viniera de donde viniera. En este caso no sólo son justas: son las nuestras.
antoniorobles1789@hotmail.com

«Il a fait ses preuves»
XAVIER PERICAY ABC 15 Febrero 2008

LA misma noche del 16 de noviembre de 2003, nada más conocerse los resultados de las primeras elecciones autonómicas a las que no concurría Jordi Pujol, en Cataluña nadie daba un duro por Pasqual Maragall. O casi nadie. Es verdad que el PSC había ganado en votos. Pero CiU había sacado más escaños, y esos escaños, sumados a los que había obtenido ERC -prácticamente el doble de los logrados en los comicios anteriores-, permitían, si así lo querían ambas fuerzas, la formación de un gobierno de coalición de estricta obediencia nacionalista. Que ambas fuerzas iban a quererlo, pocos lo ponían en duda. El nacionalismo se ha caracterizado siempre por su transversalidad, por su capacidad para diluir en un magma común cualquier diferencia ideológica. Y luego estaba, claro, el espejo vasco. En el país hermano, allí donde todos los colores del verde que cantara un día Raimon, ya estaba funcionando desde 1998 una coalición de esta naturaleza, coronada por una suerte de apéndice estrafalario llamado Ezker Batua (EB). Y lo estaba haciendo a plena satisfacción, puesto que en 2001, después de una nueva cita electoral, cada una de las tres patas constituyentes -PNV, EA y la propia EB- había renovado gustoso su compromiso.

Así pues, aquel 16 de noviembre de 2003 lo único que parecía estar en juego en Cataluña era el reparto de carteras. Pero pronto se advirtió que las cosas no iban a ser tan sencillas. En las jornadas siguientes, mientras Carod se paseaba por las pantallas llave en mano, chuleando, sus lugartenientes se reunían por separado con convergentes y socialistas, a ver quién daba más. La otra opción de gobierno -en la que, además del PSC, participaban los ecocomunistas de Iniciativa per Catalunya- empezaba así a tomar cuerpo. Podía tratarse, claro, de una escenificación pura y simple de la equidistancia que tanto había reivindicado ERC durante la campaña; de una forma de llamar la atención y rentabilizar al máximo ese medio millón largo de votos -un 16,5 por ciento de los electores- obtenido en las urnas; de una suerte de dilación para terminar alcanzando el único desenlace imaginable: la gran coalición nacionalista. Podía ser esto, en efecto. Sólo que no lo fue. Transcurridas tres semanas, y ante el asombro general, se hizo pública la formación de lo que enseguida vendría en llamarse -pacto del Tinell mediante- un gobierno catalanista y de izquierdas. CiU había perdido la partida y quedaba relegada a ocupar, por primera vez en casi un cuarto de siglo, los bancos de la oposición.

Pero el nacionalismo, lejos de perder, había conseguido una gran victoria. De entrada, porque el acuerdo de gobierno coincidía casi por completo con el programa electoral de ERC, con lo que se consumaba la abducción del socialismo por parte del independentismo. Luego, porque la oposición, constituida en su gran mayoría por la federación de Converg_ncia y Unió, difícilmente iba a librar batalla en un terreno, el de la reforma del Estatuto, en el que no podía sino compartir a grandes rasgos los postulados de la coalición gobernante. Y luego, sobre todo, porque a los pocos meses de la formación de ese gobierno de catalanistas y de izquierdas quiso el designio de los votos que el Gobierno de España cambiara de manos y que estas nuevas manos fueran las mismas que habían prometido carta blanca en el proceso de reforma estatutaria. Todo cuadraba. Incluso el hecho, nada casual, de que el principal sostén parlamentario del nuevo ejecutivo de cara a la legislatura naciente lo constituyeran los propios abductores del socialismo catalán.

A partir de ahí, la expansión de los nacionalismos en España y su influencia en los grandes asuntos de Estado -modelo territorial, lucha contra el terrorismo, educación- no tuvo ya otros límites que los meramente coyunturales. Cada nueva cita con las urnas constituía una ocasión inmejorable para poner a prueba la eficacia del experimento catalán. Primero fueron las elecciones gallegas, en junio de 2005. La pérdida de la mayoría absoluta por parte del Partido Popular propició una coalición entre los socialistas gallegos y el BNG, cuya similitud con la establecida Cataluña, lo mismo en las formas que en las abducciones, no ofrecía lugar a dudas. Y más adelante, en mayo de 2007, los resultados de otras autonómicas permitieron resucitar la fórmula balear -en 1999 se había producido ya un primer ensayo, lo que no hace sino confirmar, por cierto, que las Islas Baleares han constituido siempre un excelente campo de pruebas para los intereses del nacionalismo catalán-. La fórmula consistía en la asociación de seis partidos, más o menos catalanistas, más o menos izquierdistas. Al igual que en Cataluña y en Galicia, los socialistas presidían el gobierno y el nacionalismo llevaba la voz cantante. Bien es verdad que, en este caso, con alguna particularidad: por un lado, el nacionalismo era tan segmentado como variopinto; por otro, los dos principales dirigentes del socialismo balear procedían de las filas más radicales de este mismo nacionalismo. Y, en fin, si a los pocos días de aquellas elecciones autonómicas ETA no hubiese declarado el «fin del alto el fuego permanente» y provocado el cambio de estrategia de un gobierno que en adelante pasó a autoproclamarse «Gobierno de España», lo más probable es que Navarra, donde UPN y CDN habían perdido la mayoría absoluta, hubiera seguido el camino de Baleares. O, lo que es lo mismo, de Galicia y Cataluña.

Ésta es una de las herencias con que habrá de bregar el ejecutivo que salga de los comicios del 9 de marzo. Una herencia cuyos efectos no se circunscriben, claro está, a las Comunidades donde el nacionalismo ha alcanzado el poder, sino que alcanza al conjunto de la Nación. Cuatro años de suspicacias, de tensiones, de desajustes, de insolidaridades entre distintas partes de un todo, y, lo que es peor, entre los ciudadanos que conforman estas partes y este todo, son muchos años. Y, en la medida en que este estado de cosas no depende únicamente de la política que pueda llevar a cabo el Gobierno central, mucho me temo que habrá que irse acostumbrando. Ahora bien, que la situación presente no dependa únicamente del Gobierno central no significa que este gobierno no haya contraído, con su política, una enorme responsabilidad. El ejemplo de Navarra demuestra bien a las claras hasta dónde puede llegar un partido, por muy federalista que sea, cuando se lo propone. O cuando le conviene, que para el caso es lo mismo. De ahí que resulte de todo punto necesario que el PSOE no renueve su mayoría en las urnas. Como dicen los franceses, «il a fait ses preuves». Y esas aptitudes de las que ha dado prueba, tan movedizas, tan exentas de cualquier moral, mejor olvidarlas.

Con todo, no basta con que el PP gane las próximas elecciones generales. De no lograr una mayoría holgada -y todo indica que, en caso de victoria, así será-, también ha de poder gobernar sin cortapisas territoriales, esto es, sin tener que pactar con los nacionalismos. Es aquí donde fuerzas como UPyD o Ciutadans cobran todo su sentido. Por su centralidad ideológica y por su concepción del Estado, constituyen el complemento necesario para la futura gobernabilidad de España. Ahora sólo falta que las urnas -es decir, los ciudadanos- también lo quieran.
XAVIER PERICAY
Escritor

La «tensión» nacionalista
Editorial ABC 15 Febrero 2008

EL veto a José Bono anunciado por los partidos nacionalistas que se integran en la alianza «Galeuscat» supone un serio aviso a Rodríguez Zapatero, quien cometió el error de «convertir» precipitadamente al ex ministro de Defensa en próximo presidente del Congreso si el PSOE obtenía mayoría suficiente para formar Gobierno. El apresurado e insólito anuncio del jefe del Ejecutivo ha exacerbado la presión del nacionalismo, dispuesto a cobrarse muy caro, a partir del 10 de marzo, un eventual apoyo al socialismo pasándole al cobro la más alta de las facturas. Las críticas de los nacionalistas siempre han sido recibidas por José Bono como un socorrido aval a su teórica disidencia frente a la política de alianzas de Zapatero y, en particular, al apoyo del PSOE al Estatuto de Cataluña, pero en esta ocasión el mensaje de «Galeuscat» -al que precedieron las críticas de los socialistas catalanes y, en concreto, de la ministra de Vivienda, Carme Chacón- no supone tanto un aviso a Bono como una severa advertencia a Zapatero de que las cosas ya no serán como antes y que están dispuestos a elevar el nivel de exigencias hasta el punto de hacerse con las presidencias del Congreso y del Senado. Si Rodríguez Zapatero reconoció ante un micrófono que creía cerrado que lo que el PSOE necesitaba era «tensión», ya es seguro que quien no va a defraudar es el nacionalismo, dispuesto siempre a tensar la cuerda y a colaborar en la tarea de generar esa «tensión» que ansían los socialistas.

Por su parte, José Bono ha tenido la destreza suficiente para hacer relegar a un segundo plano la permanente contradicción política en la que ha vivido durante esta legislatura. Siempre se ha presentado como el valedor de la unidad nacional y de la firmeza frente a ETA, pero era miembro del Gobierno que se ha aliado con los independentistas de Carod-Rovira, que negoció políticamente con los terroristas y que aprobó el Estatuto de Cataluña, la primera ley que, sin modificar la Constitución, reconoce la existencia de una segunda nación en España, instaura un régimen confederal e institucionaliza un régimen nacionalista en la comunidad catalana. La reacción de «Galeuscat», por tanto, presenta más problemas políticos para Rodríguez Zapatero que para Bono. Hagan lo que hagan el PNV, CiU y BNG después del 9 de marzo -si es que el PSOE necesita sus votos para gobernar-, el órdago contra Bono demuestra que estos partidos saben que los socialistas premian el extremismo nacionalista y que son maleables por la presión. Hoy en día, los nacionalismos están crecidos gracias al PSOE, que ha bonificado las políticas más ultranacionalistas, como las del BNG o ERC, y alentado nuevas aventuras, como las de los referendos anunciados -el primero para este mismo año- por el lendakari Ibarretxe, quien pide a Zapatero no ser menos que «Josu Ternera». Los socialistas pasan por alto incluso la negativa de sus socios del Bloque Nacionalista de condenar el Holocausto o la agresión a la candidata popular María San Gil.

Por otro lado, el veto de «Galeuscat» es sólo un paso más respecto de las críticas que lanzó la ministra de Vivienda, Carme Chacón -es decir, el Partido de los Socialistas de Cataluña-, contra el anuncio hecho por Rodríguez Zapatero de que Bono era su candidato a la presidencia de la Cámara Baja. El jefe del Ejecutivo no estuvo especialmente acertado ese día, porque no sólo desairó premeditadamente al entonces presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín, sino que también provocó que se airearan aún más sus diferencias con el PSC. Las consecuencias prácticas de estas faltas de sintonía entre socialistas y entre el PSOE y sus aliados nacionalistas -actuales y potenciales- pueden ser de menor entidad que lo que aparentan las polémicas, pero sí merman la imagen de José Luis Rodríguez Zapatero, cada día más perfilada como la de un político que crea demasiados problemas -incluso a sí mismo- y que improvisa constantemente. Los nacionalistas le están aplicando su propia teoría de la «tensión».

De la necesidad de “tensión” a la agresión física: reclamo para fascistas
Regina Otaola Libertad Digital 15 Febrero 2008

Ha sido el propio presidente del Gobierno quien ha desvelado involuntariamente la estrategia socialista para las próximas Elecciones Generales, aunque lo haya hecho a través de un eufemismo como es “que haya tensión”.

En realidad, la “tensión” se ha mantenido a lo largo de toda la legislatura porque el PP ha marcado en corto a un Gobierno socialista que ha pretendido reformar la Constitución de manera encubierta, al margen del Congreso y de la voluntad de los españoles, para favorecer un Estatuto federalista en Cataluña y la misma negociación política con los terroristas con el fin de acomodarlos en el sistema o nuevo régimen del visionario Z.

Pero lo que ahora parece reclamar el candidato socialista suena peligrosamente a lo que padecemos en el País Vasco cada vez que se aproxima una cita electoral: proclamas revanchistas, insultos, algaradas callejeras, agresiones a cargos electos y toda otra táctica que contribuya a generar “tensión” y propagar la sensación de que las calles están tomadas “por el Pueblo”.

Aunque a nadie debe extrañar que el propio presidente del Gobierno sea el primer hooligan de la Nación, pues si hacemos memoria todos somos capaces de recordar que llegó a La Moncloa mediante una campaña de agitación masiva en los medios y en las calles que le valió, mucho antes del 11-M, el merecido apodo de “Pancartero”.

La diferencia de esos tiempos, cuando el candidato socialista afirmaba que el PP no escuchaba “a la calle”, con los actuales, después de una legislatura en la que millones de personas se han manifestado en Madrid y en otros lugares de España en contra de la negociación con ETA, en defensa de la Familia, en apoyo a las víctimas o para reivindicar los símbolos nacionales, es que Rodríguez Zapatero echa de menos las escenificaciones de sus aliados nacionalistas y de sus gremios adictos de sindicalistas, actores y activistas antiglobalización.

Por lo menos hasta ahora, porque ya empieza a notarse de nuevo el clima de presión, más que de “tensión”, que buscan crear los extremistas nacionalistas y los radicales de todo pelaje a los que tanto ha halagado Rodríguez Zapatero con sus pactos, con sus prebendas y su revanchismo guerracivilista, como a esos nacionalistas gallegos batasunizados que consideran legítimo agredir a María San Gil porque es “fascista”.

Pero los fascistas son más bien los que asaltan sedes de partidos democráticos, en el País Vasco o en Madrid; los que niegan el derecho a la palabra en una universidad o en un mitin a pie de calle; los que amenazan con la muerte o la desean para algunos políticos y periodistas desde columnas de prensa o a viva voz. Y por supuesto fascistas son, por sus tácticas, por sus fines y por su ideología totalitaria los que han pretendido imponer una huega general a todos los vascos para arremeter contra el Estado de Derecho.

Ahora el candidato socialista puede matizar cuanto quiera sus palabras, pero lo cierto es que ha gobernado mediante la estrategia de la división y del enfrentamiento a lo largo de toda la legislatura, y cuando ésta ya agoniza, agotado, sin ideas y sin proyecto alguno para la España de los próximos años, sólo le queda el recurso de “que haya tensión” para ganar “como sea”.

¿Se traducirá de nuevo esta estrategia, como hace cuatro años, en el asalto a las sedes del PP el día de la jornada de reflexión?

Cuatro años de propaganda a la basura
EDITORIAL Libertad Digital  15 Febrero 2008

La táctica preferida por el PSOE durante estos cuatro años para evitar tener que contestar a las críticas del PP ha sido la de acusarlos de "crispar" por el mero hecho de oponerse a las propuestas socialistas, para después pasar a insultarlos. El último caso, que bien cerca tenemos, ha sido el de calificar de "xenófobo" a Rajoy por una reforma sobre inmigración que se negaron a debatir, no fuera que sus votantes tradicionales se enteraran de lo poco que se preocupa por sus problemas la izquierda chic que nos gobierna.

Durante toda la legislatura, tanto el Gobierno como sus terminales mediáticas se han dedicado a propagar el bulo de que era el PP, y no sus políticas, las que crispaban a la sociedad. El truco consistía en crear el problema para luego presentarse como quien iba a resolverlo. Veamos, a modo de ejemplo, el matrimonio homosexual. Estando la sociedad española de acuerdo en una unión civil que pudiera acceder a los beneficios legales del matrimonio, pero sin tener ese nombre, Zapatero se empeñó en dar un paso más, un paso que provocaba división y enfrentamiento entre los españoles. Luego, a las protestas las llamaron crispación; la culpa del incendio, del PP. La solución, claro está, Zapatero.

El desliz de Cuatro enviando a los demás medios esa conversación informal entre Gabilondo y el presidente acabará definitivamente con esa táctica, si en el PP no hacen el tonto e imitan el ejemplo de Esperanza Aguirre ayer frente a la astracanada de IU. Es más, servirá para anular buena parte de los movimientos de la izquierda. Bastará con que los populares se limiten a recordar cada vez que los socialistas intenten incendiar la vida política española que están elevando la tensión del debate público y que sus protestas no son más que pura dramatización, todo ello por motivos electoralistas.

Así pues, resultan especialmente ridículos los patéticos intentos del periodista Iñaki Gabilondo por intentar rebajar la importancia de su "fallo de mal anfitrión". Las "pequeñas tácticas de campaña" llevan siendo el argumento único del PSOE desde que Zapatero llegó al poder: crispar para asegurar que el contrario crispa, evitándose la incómoda tarea de confrontar ideas y argumentos.

Pero, con todo, no deja de resultar espeluznante el reconocimiento de Zapatero de que hay que elevar la tensión, radicalizar a la gente para que acuda a las urnas a votarle. Porque es el presidente del Gobierno, un cargo que se supone nos representa a todos, y ha demostrado que el bien del clima político y social español le importa bien poco. A él lo único que le importa es el poder y nada más que el poder; las consecuencias de los medios que utilice para conservarlo es lo de menos.

María San Gil se encontró esta misma semana con una de esas consecuencias, y el PSOE se negó a condenar la agresión que sufrió en el Parlamento gallego, y las Juventudes Socialistas culparon a la dirigente popular de ser la responsable de que la atacaran unos independentistas violentos, por "crispar", ya saben. Si la hubieran violado, la habrían acusado de tener la falta muy corta. Si la hubiera matado ETA, habrían dicho aquello de "algo habrá hecho". Porque el PP es siempre culpable, de crispar y de lo que se tercie. ¿Acaso no lo han acusado ya de no querer el fin de ETA por negarse a que España se rinda ante el terror?

Por más que su eficacia propagandística haya quedado bastante mermada, no podemos sino preguntarnos si no seguirán con la misma estrategia hasta el final. Por escrúpulos morales, evidentemente, no van a abandonarla. Así que es muy posible, como ha pronosticado Aznar, que "las próximas semanas van a ser muy duras". Cabe preguntarse incluso si no volverá a tener las mismas consecuencias que hace cuatro años, y veamos las sedes del PP asaltadas por los manifestantes del día de la mujer trabajadora, que se celebra, mire usted qué casualidad, el 8 de marzo, día de reflexión.

La crispación de Z
La izquierda civilizada
Jorge Vilches Libertad Digital 15 Febrero 2008

No hacía falta que un micrófono traidor captara al presidente del Gobierno hablando de la conveniencia de aumentar la "tensión" para ganar votos. El espectador atento a la vida política ya lo había percibido, y denunciado, tiempo ha. El socialismo zapaterista ha desarrollado en esta legislatura toda una estrategia encaminada a envenenar la escena española. Es un recurso viejo, que se basa en crear desorden y presentarse luego como el pacificador.

El error es mayúsculo por varias razones. Además de perjudicar a la democracia y a sus instituciones, de generar intolerancia y sectarismo, de enturbiar la alternancia normal de partidos y de polarizar las opiniones, esa estrategia es nefasta para el propio PSOE.

Esa tensión que Zapatero y los suyos han impuesto en la política, basada en la descalificación infantil y el alarmismo de trazo grueso, está ahuyentando a una parte de la izquierda. Se trata de esos socialistas que nunca han percibido en Zapatero a un líder serio ni sólido, a un personaje con talento para llevar las riendas del Estado, de imprimir iniciativas políticas y sociales verdaderamente modernizadoras.

Tras la fanfarria gubernamental de estos cuatro años, esa izquierda acostumbrada a las grandes personalidades, no ha visto en Zapatero a un político capaz de codearse con los líderes europeos y mundiales. Y esto es muy relevante en una campaña basada en exclusiva en la personalidad del candidato. Porque el Presidente no transmite seguridad ni confianza, ni siquiera emociones profundas, sino deseos banales o que dan salida al rencor de grupúsculos hasta hace poco verdaderamente marginales. Y lo de la "alegría" pertenece al cada vez más amplio mundo de las vergüenzas ajenas. Pero tampoco es reconocible la socialdemocracia europea en sus propuestas, sino un conjunto de ofertas impersonales, que carecen de identidad propia, o que podría hacer cualquiera.

Esa tensión zapateresca, que aburre hablando de la "derecha extrema" y la "Iglesia retrógrada", aleja del PSOE a la izquierda civilizada. A esos socialistas que esperan que su partido, ese al que han votado desde hace años, les ofrezca una opción constructiva y esperanzadora, que no avergüence en los foros internacionales, que no alimente a los que desprecian la democracia de la Constitución de 1978. Y ahí están los fenómenos de Ciutadans y el partido de Rosa Díez. Porque bajo la tensión impostada no hay nada, sólo que no llegue el PP al poder, y esto no es un programa serio ni maduro de gobierno.

La decepción y el desinterés se perciben en esa izquierda civilizada, indignada por que la traten de mema, que rechaza este zapaterismo adanista y tosco. La abstención constituye en estas ocasiones una muestra de respeto a la democracia.

La crispación de Z
La mejor entrevista de Iñaki
Ignacio Villa Libertad Digital 15 Febrero 2008

Quién le iba a decir a Iñaki Gabilondo que la mejor entrevista de su carrera periodística, la entrevista de su vida, la haría a media luz, con los micrófonos teóricamente apagados y sin audiencias millonarias escuchando en directo. Hay que reconocer que no deja de ser frustrante para la vanidad periodística. Después de una hora de entrevista suave, acaramelada y empalagosa al presidente del Gobierno, la clave de la trayectoria política y electoral de Zapatero la escuchó Iñaki Gabilondo cuando Cuatro había dejado de emitir. Al final, mira por donde, ha sido el mismo Iñaki que siempre trata entre algodones a Zapatero quien ha revelado al público que generar tensión y simular dramatismo son el modo que tiene el PSOE de ganar elecciones.

No es algo que pille de sorpresa a nadie. Rodríguez Zapatero lleva así cuatro años, dirigiendo el Gobierno de la agitación, la revuelta y la división. La política del Ejecutivo durante esta legislatura ha sido torticera, lastimosa y destructiva; ha buscado demoler la a todos los que se negaran a aceptan el pensamiento único. De esa manera llegó Zapatero al poder en el 2004 y así ha articulado su política durante todo este tiempo. A nadie se le olvidan las jornadas posteriores al 11 de marzo, aquellos días en los que el PSOE agitó las calles, Rubalcaba violó el día de reflexión, Zapatero intoxicó todo lo que pudo y sus terminales mediáticas se inventaron unos terroristas suicidas. Gabilondo, con total seguridad, recordará todo aquello minuto a minuto. Fue uno de los protagonistas de aquellas horas.

Por eso, cuatro años después, en esa grabación que nunca pretendieron que se diera a conocer, se percibe tanta complicidad entre ambos personajes. Nada hay en esa conversación de "colegiales", como la ha calificado el propio Gabilondo, que nos pueda sorprender. Zapatero e Iñaki saben perfectamente de lo que están hablando. Conocen muy de cerca la tensión y el dramatismo. De ahí que se entiendan a la perfección y coincidan en su diagnóstico sobre la necesaria estrategia ante las elecciones de marzo de 2008. Al fin y al cabo, no consiste en otra cosa que repetir la estrategia de hace cuatro años. Fue entonces todo un éxito para el PSOE y, naturalmente, piensan que volverá a serlo.

¿Que hay que hacer para ganar? Zapatero lo sabe: tensionar y dramatizar. Es decir, crispar e insultar; descalificar y sacar del mapa político al adversario. Ese es su objetivo y en eso se emplean sin descanso.

La crispación de Z
Tensión y violencia
Agapito Maestre Libertad Digital 15 Febrero 2008

Tensión significa violencia. Agresión. Negación de lo común. De la Política. De la democracia. No busquen otro sentido a las palabras de Rodríguez Zapatero. Es la misma ideología de su interlocutor: "Os conviene muchísimo la tensión..." La violencia.

Circunstanciemos históricamente esta ideología para entender un poco más las palabras de Rodríguez Zapatero. Forzar las situaciones de enfrentamiento ideológico y político hasta llevarlas a la violencia revolucionaria, o sea, matar al adversario por una causa abstracta, forma parte del ideario socialista de todos los tiempos. Atemperar esa violencia ideológica fue siempre uno de los cometidos de los partidos socialistas occidentales, especialmente aquellos que utilizaron las vías democráticas para llegar al poder. La socialdemocracia alemana, por ejemplo, consiguió, mejor que peor, templar esa violencia para participar en el proceso democrático, e incluso renunció definitivamente al camino revolucionario cuando alcanzó el poder. El problema de la violencia siempre estuvo ahí. Es una de las manchas negras del patrimonio por la emancipación del socialismo europeo.

El socialismo español, sin embargo, está lejos de haber superado esa violencia revolucionaria en la que hunde sus raíces el PSOE. La ocupación violenta de los espacios públicos siempre fue una técnica utilizada por los socialistas para tomar el poder político. Y aún hoy, y eso lo sabe cualquiera que haya participado en una manifestación organizada por el PSOE, la violencia es una técnica a la que nunca renuncia el socialismo en particular y la izquierda en general. De hecho, en España, los socialistas nunca han llegado al poder sin violencia previa a los procesos electorales desde 1931 hasta el 20004, pasando por el año 1982. Repasen esas fechas y verán cómo el PSOE nunca ha renunciado a las palabras gruesas, la tensión, la crispación y el odio... Agitar esa violencia latente hasta hacerla manifiesta siempre ha sido cometido del PSOE. Los límites que se ha impuesto el PSOE en este asunto son escasos en su historia.

La violencia, sí, fue siempre un arma clave para conquistar el poder. Las urnas, los métodos democráticos, fueron tácticas, maneras coyunturales, para llegar al poder. Los métodos democráticos nunca fueron fines para los socialistas españoles. De hecho, cuánto más oscuros sean esos métodos, mejor podrán manipularlos. Por no decir nada de la falta de respeto que, cuando el PSOE ha llegado al poder, ha exhibido respecto a la separación de poderes. Norma clave de toda democracia. En fin, democracia y socialismo, en España, siempre han estado reñidos. La democracia es una manera de enmascarar el odio socialista al adversario político. Punto.

Por eso, sólo los bodoques se han extrañado de las palabras de Rodríguez Zapatero; sólo los desconocedores de la historia del socialismo español se han asombrado de que el presidente de Gobierno diga en privado lo que no es capaz de manifestar en público; sólo quienes no han querido ver que Rodríguez Zapatero es un producto de la violencia, sí, alguien que llegó al poder después de haber protagonizado las mayores campañas de agitación y violencia contra un gobierno legítimo, que para más desgracia, al final, coincidieron con el peor atentado terrorista de la historia de España, se hacen de nuevas ante las palabras salvajes de Rodríguez Zapatero: "Necesitamos más tensión". Es normal que el hombre que, en aras de esa incultura feroz y violenta, culpó al Gobierno de Aznar del atentado 11-M, diga ahora que necesita "tensión", drama y exclusión cómo sea del adversario político.

Este hombre parece preso de lo peor de una tradición que el socialismo europeo abandonó hace lustros. Es urgente que el PSOE "vuelva", si es que alguna vez estuvo, a las tradiciones socialdemócratas. Es urgente que la izquierda, de una puñetera vez, haga su transición a la democracia. Ya sé, ya sé, que pido casi un imposible, pero es el único camino para no convertirme en un ser tan salvaje como al que critico. Para que luego nieguen algunos que la política limita a un lado con la paz y a otro con la guerra. Pues eso, que Rodríguez Zapatero está más cerca de la segunda que de la primera. ¿Conseguirá Rodríguez Zapatero que el enfrentamiento sea inevitable?

El micrófono maldito
POR CARLOS HERRERA ABC 15 Febrero 2008

Una de las grandes mentiras de la radio -hay muchas, evidentemente- es la que hace referencia a los micrófonos desconectados. Cuando alguien te dice «no te preocupes, el micro está apagado», te está diciendo una mentira involuntaria: siempre hay alguien que escucha. Bien sea por «previo», bien por «inducción», bien por lo que sea: alguien en el control o en el pasillo se entera de lo verde que estás poniendo a cualquiera. Si ese alguien es discreto la cosa no pasa a mayores. Si es un cabrito, se entera medio país. Los técnicos de radio y televisión podrían escribir libros con los testimonios recogidos de locutores, actores, actrices, presentadores, artistas e invitados en general que, creyendo estar en confidencia con el interlocutor, han soltado por esa boca la sinceridad que han disimulado con la bombilla roja encendida. Afortunadamente, los de la clavija son prudentes, discretos, y dejan para la confidencialidad familiar lo que unos piensan de otros. He contado hasta la saciedad el día en que, siendo yo novato, un técnico tan novato como yo me hizo la señal de tijera -«está cortado el micrófono»- en plena transmisión de una feria local en la que habíamos instalado una pequeña cabina de radio. Animado por el hecho de que nadie me estaba escuchando, este columnista que suscribe empezó a soltar por esa boca improperios de todo tipo sobre la insoportable y/o discutible calidad de la convocatoria, ciscándose en todo bicho viviente y lamentando el tiempo perdido en tan abominable población. Como pueden sospechar, el micrófono no estaba del todo cerrado y tan sólo escucharon mi vómito unas tres cuartas partes de la ciudad, incluidas autoridades. Ya no se trataba de asesinar al técnico: la imprudencia había sido mía. Afortunadamente salí vivo de aquella. Costó, pero salí vivo. Iñaki Gabilondo, que tiene mucha más mili que yo, concluyó su entrevista en televisión al presidente del Gobierno y, una vez desconectado el operativo, coloquialmente le preguntó por sus impresiones personales. Éste, como ya es sabido, respondió con una frase también coloquial -«nos conviene que haya tensión»- que puede no tener trascendencia ninguna pero que también puede tenerla y mucha. Las frases «Off the record» no dejan de ser comentarios no asumibles por quienes creemos en la oficialidad de las declaraciones, pero, sin embargo, traslucen estados de ánimo que a los más comunes les clarifican ímpetus personales.

Cuando Rodríguez Zapatero significaba la necesidad de crear tensión, los proclives a creer en su infinita bondad interpretaron que no estaba evidenciando otra cosa que la necesidad de darle emoción a la campaña, tono muscular a su electorado, movilización a sus seguidores. No deja de ser esa la gran preocupación del PSOE, como sabemos: si los mismos votantes que se movilizaron en 2004 -por extraordinarias razones de todos conocidas- se quedan en casa, las posibilidades de volver a ser elegidos menguan notablemente, siendo el primer caso en democracia en que un presidente tiene problemas para renovar su mandato tras su primera legislatura. Por otra parte, quienes más desconfían del supuesto talante de ZP y ven en él a una fiera corrupia -que no digo que no lo sea-, interpretan esa llamada a la tensión como un grito en la selva reclamando crispación, leña, juego sucio, dobermans por doquier y demagogia sin freno. Todo puede ser, no digo que no.

Conociendo las prácticas de los socialistas en las muchas campañas que llevamos vividas, sabemos a ciencia cierta que la crispación, aunque sea artificial, les beneficia. Por otra parte, de ser obligatorio el voto en España el PP lo tendría ciertamente mal para gobernar, de ahí que a los estrategas de Ferraz les convenga que no se quede nadie en casa el próximo día nueve. Esa estrategia conocida por todos se hace evidente, mira por dónde, merced a un micrófono maldito que se ha quedado prendido y a una conversación aparentemente sin importancia que mantienen entrevistado y entrevistador. Démosle la importancia justa. Evidentemente, es clarificadora, pero ¿cuántas confidencias dichas por políticos no serían escandalosas si un micrófono inoportuno hubiera estado conectado en nuestras inmediaciones?
¡Ay, la baja frecuencia, qué peligrosa es!
www.carlosherrera.com

Con el cartón al aire
POR IGNACIO CAMACHO ABC 15 Febrero 2008

APUNTO de embocar la recta final de la campaña, cuando iniciaban el sprint perfilados con ventaja, los socialistas han pisado a la vez dos cáscaras de plátano y el resbalón les ha dejado maltrechos sobre la pista. Dos patinazos de libro, dos deslices de manual, dos traspiés de pardillo de los que no saben cómo levantarse, porque son de esa clase de errores garrafales que ni siquiera necesitan que el adversario se detenga a amplificarlos. Un micrófono delator y la factura volatinera de un suntuoso despilfarro; parece mentira que a estas alturas, y con tantos tiros dados, dos tipos correosos como Zapatero y Bermejo sean capaces de enredarse en unos tropiezos tan elementales.

Los flamantes asesores del presidente -como no le bastan los 636 de Moncloa ni los siete sabios extranjeros ha contratado a unos gurús nuevos- le pueden ir haciendo escribir cien veces en la moleskine de campaña que los micros cerrados no existen: siempre hay alguien a la escucha. Quizá confiado por la blandura amigable de la charla con Gabilondo, o acaso relajado por su propio soporífero discurso, ZP se relajó a la hora de la confidencia para confesar su propósito de inyectarle más tensión a un debate ya bastante crispado. Ayer, ante Carlos Herrera -hay entrevistas-gimnasia, como hay entrevistas-masaje-, intentó maquillar las magulladuras del resbalón con peteneras retóricas y un diccionario de sinónimos, pero la estrategia de dramatismo sobreactuado ha quedado con el cartón al aire. Ha sido como un gol en propia meta, porque la declaración venía de la mismísima parte contratante.

Claro que para parte contratante, el ministro Bermejo, que licita y ejecuta las reformas de su piso oficial con bastante más celeridad y generosidad que los juzgados de nueva planta. La Casa Pasarela de la Plaza de España debería salir en la portada de alguna revista de decoración, acompañada de las fotos en sepia de la vivienda antes de la dispendiosa turborreforma ministerial. Este reportaje lo guarda, en defensa propia, la anterior inquilina, María Antonia Trujillo, a la que su colega ha tratado como si fuese una okupa cochambrosa y destrozona. El asunto no tiene un pase: no hay código ético o de austeridad que resista un gasto de 250.000 euros en goteras, jardineras de terraza y tapicerías de lujo, y menos en un contexto de hipotecas disparadas y nóminas tiritando. Por eso el locuaz azote de la oposición, tipo duro donde los haya, está insólitamente callado: el tropezón le ha dejado en postura comprometida, y encima ha cometido, torpeza sobre torpeza, el error suplementario de herir la dignidad de una compañera ya resentida por el cese. ZP le envió ayer un mensaje envenenado, tras una estéril defensa tan tibia como imposible: no hay cargo, dijo, más interino que el de ministro. Sobre todo el de ministro descuidado, le faltó añadir; Bermejo no pagará en metálico su derroche, pero puede que el presidente le acabe pasando la factura del apuro en que lo ha metido.

Aunque él no necesite a nadie para ponerse a sí mismo la zancadilla. Es la tónica de esta legislatura y de esta campaña, en las que para buscarse líos no hacen falta los rivales.

LA VERDAD SOBRE ZAPATERO
POR CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 15 Febrero 2008

Siempre me ha parecido un error de bulto considerar «buenista» a este consumado estratega de la tensión que es Zapatero y que lo es de forma tan abierta. Desde que se hizo con la dirección del partido socialista, nunca ha dejado de cabalgar sobre la provocación, al tiempo que trataba de atribuírsela al «enemigo». ¿Por qué, entonces, algunos se han empeñado en pintarnos un «buenista»? ¿Tal cosa podría haberse predicado de él si hubiera tratado de ocultar su vocación por la confrontación? Porque la verdad es que él ha sido el dirigente que pasó de la teoría de «las dos orillas» de la izquierda a la del frente popular. González nunca salió a la calle de la mano de Carrillo o de Anguita. Él, sin embargo, colocó a su lado a Llamazares desde el comienzo de su mandato y, por supuesto, a comunistas, republicanos y separatistas vascos, gallegos y catalanes... El bloque de 1936. Él tuvo la idea de excavar en las fosas comunes para actualizar los odios de la guerra civil y él ha sido el que ha denunciado la «reconciliación nacional» que permitió la transición para reclamar una segunda versión de esta. Ha reivindicado la paz en Irak para hacer la guerra en casa. Así consiguió ir calentando los ánimos hasta el 11 de marzo. Hay testimonios gráficos y literarios de los doscientos asaltos a sedes del PP y las agresiones físicas a dirigentes «populares». La violencia desatada el miércoles contra María San Gil, justificada por la dirección del PS de Galicia, nos ha remitido a aquellos días terribles de 2004. Los comecuras de hoy se ampararon en los mensajes de paz del Papa para calificar de «asesinos» a los diputados del PP. Son los «ilustrados», agnósticos y laicistas que ahora reclaman la normalización de la eutanasia y el aborto...

¿Cómo se ha podido llamar «buenista» al conductor de tanto energumenismo?

Es lógico que los seguidores de Zapatero nunca hayan querido rebatir la versión «buenista» de Zapatero. Les ha venido bien. ¿Por qué podría perjudicarles que se tomara a Zapatero por una Alicia socialdemócrata? De este modo se disimulaba la figura de este terrible estratega de la tensión.

Los gatos y los zapatos
POR M. MARTÍN FERRAND ABC 15 Febrero 2008

MI tía Eudoxia, a quien Dios tiene en su gloria gallega, solía decir, para señalar las ínfulas desmedidas de los eventuales discontinuos en el ejercicio del poder, que «hasta los escarabajos tienen tos». Hoy, estando todos sometidos a la tensión que tanto beneficia a José Luis Rodríguez Zapatero, podemos señalar con mayor carga anfibológica que «hasta los gatos quieren zapatos». Mariano Fernández-Bermejo, ministro de Justicia -lo juro-, quiere una vivienda digna con cargo al Presupuesto y no una pocilga como previamente la ocuparon las ex ministras Julia García-Valdecasas y María Antonia Trujillo. Emilio Pérez Touriño, presidente de la Xunta de Galicia -palabra-, quiere pasar por alto la agresión compostelana de la que fue víctima, por no ser nacionalista, María San Gil. El Parlamento vasco -no es una broma- quiere revisar los sucesos ocurridos en Vitoria, ¡en marzo del 76!, y solicitan la comparecencia de Manuel Fraga, Rodolfo Martín Villa, Alfonso Osorio y otros varios nombres de una época en la que la mitad de los españoles de hoy no había nacido...

Todos los gatos quieren zapatos, pero los nacionalistas los pretenden por docenas, por cientos, por millares. Y, además, escarpines, chancletas, alpargatas, botines, borceguíes, abarcas y babuchas por si prospera la alianza de civilizaciones. Ahora la plataforma intermitente conocida como Galeuscat -BNG + PNV + CiU-, flor y nata del despropósito nacionalista, que, en su conjunto, no alcanza la representación del diez por ciento de los españoles, pretende ser decisoria para el nombramiento de los presidentes del Congreso y el Senado después de las elecciones del 9-M. No sólo quieren zapatos, sino que los exigen hechos con una piel que todavía no está en el zurrón de los cazadores. A priori, y sin más razones, rechazan la hipótesis de que José Bono encabece la Cámara Baja porque, según el criterio de Anxó Quintana, Íñigo Urkullu y Artur Mas, el socialista es demasiado jacobino. ¿Qué demócratas de pacotilla son éstos que, sin el más leve sonrojo, se atreven a descalificar a alguien por unas ideas que son, por lo menos, tan válidas como sus contrarias y, en cualquier caso, más ajustadas a la Constitución vigente?

En vísperas electorales no es prudente hablar de los grandes remedios que puedan atajar los grandes males que nos afectan. La pugna partitocrática prefiere asuntos menores y más emocionantes; pero la escalada nacionalista, separatista, es tan imparable que, una de dos, o el PP y el PSOE, más del ochenta por ciento de la representación ciudadana, buscan una solución constituyente, profunda y lealmente conjunta, o debemos empezar a rezarle a Santa Lucía para que les devuelva la vista a Galeuscat y sus epígonos. La santa es siciliana, de Siracusa, y conoce por ello las rabiosas fiebres nacionalistas, caciquiles y mafiosas.

Editorial
Heraldo de Aragón
Debilidad aberzale 15 Febrero 2008

El llamamiento de Batasuna a una huelga general en el País Vasco ha tenido el bajo seguimiento previsible, si bien ha provocado numerosos incidentes callejeros, fruto de la violencia, actitud históricamente preferida por la frustrada y altanera minoría radical. La fallida intentona ha servido para conocer que el aberzalismo no tiene ni una mínima parte del poder que a sí mismo se concede cuando se pregona como representante del pueblo vasco

EL Ejecutivo vasco ha cifrado en el 3,74% (unos 4.900 trabajadores) la participación de los empleados de la Administración en el llamamiento a una huelga general ilegal convocada por Batasuna en protesta por la detención de varios de sus máximos dirigentes -casi la totalidad de la directiva batasuna se encuentra actualmente en prisión- y por la suspensión de actividades decretada por el juez Garzón contra Acción Nacionalista Vasca (ANV) y el Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV), formaciones acusadas de estar en la órbita del grupo terrorista vasco. De los 26 detenidos en los incidentes, la mayoría está acusada de desórdenes públicos, al haber cortado el tráfico en varias calles encadenándose a bidones con cemento o levantando barricadas con contenedores, así como de atentado contra agentes de la autoridad. Según el consejero de Empleo y Justicia del Gobierno vasco, Joseba Azkarraga, la huelga no tuvo seguimiento significativo en los grandes centros de producción ni en las empresas de más tamaño. En Pamplona, unas 1.500 personas participaron en una manifestación convocada por el sindicato LAB, afín a Batasuna, en la que los asistentes llamaron «terrorista» al Gobierno español. La escasa repercusión de este intento de huelga sirve, con todo, para calibrar en su justa medida la capacidad de convocatoria del mundo proetarra, muy lejos de la representatividad que a sí mismo se concede. La labor cotidiana en el País Vasco solo se ha visto afectada cuando algunos grupúsculos han recurrido a su actividad predilecta: la fuerza bruta. Esa forma de actuar frente al Estado de derecho retrata a quienes la asumen mejor que cualquier discurso.

Rechazo ciudadano
Editorial El Correo 15 Febrero 2008

El 'día de lucha' que, enmascarado bajo el eufemismo de 'huelga general', convocó ayer la izquierda abertzale en el País Vasco y Navarra se convirtió, como no podía ser menos, en un intento de boicot y sabotaje al normal desenvolvimiento de la vida cotidiana de los ciudadanos. Era previsible. La izquierda abertzale sabía de antemano que la convocatoria de una huelga general, tal y como se entiende en cualquier país democrático, estaba condenada, como de hecho ocurrió, al más absoluto fracaso. La ciudadanía vasca, en general, y los trabajadores vascos, en particular, tienen ya desde hace mucho tiempo agotadas tanto su paciencia como su capacidad y voluntad de solidaridad con quienes se presentan como falsas víctimas de nadie sabe qué opresiones y represiones del Estado de Derecho. Por ello, consciente de que la solidaridad no va a ser ya nunca espontánea, la izquierda abertzale decidió ayer obtenerla mediante la coacción y la intimidación, confirmando que las razones que han conducido a la proscripción de sus organizaciones más representativas están plenamente fundadas. Porque, tanto en la actividad estrictamente política como en la social, la izquierda abertzale echa siempre mano de aquello que a cualquier organización democrática le está vedado: la violencia. Y, así, la llamada 'huelga general' de ayer no fue más que lo que era previsible que fuera desde el momento en que se convocó: una acumulación de actos violentos contra bienes y servicios públicos que pertenecen a todos los ciudadanos.

Llama la atención que el Gobierno vasco fuera la única instancia en esta sociedad que pareciera no haberse enterado de la verdadera naturaleza de la convocatoria. Tratándola de hecho como si fuera una llamada a una 'huelga general' en toda regla y haciendo como si desconociera que no se había cumplido ninguno de los requisitos que pudieran avalarla como legal, la portavoz del Ejecutivo se limitó a decir, a propósito de ella, que deseaba que se pudiera «ejercer libremente el derecho a la huelga» y se respetara «el derecho a trabajar de los ciudadanos que así lo deseen». Tuvo que ser la ciudadanía vasca la que, reafirmándose una vez más en sus convicciones cívicas, dejara a su propio Gobierno en una posición muy incómoda, haciendo caso omiso del llamamiento, acudiendo masivamente a sus puestos de trabajo y desenmascarando las verdaderas intenciones de quienes lanzaron la convocatoria. Obsesionado con el asunto de las ilegalizaciones y con los intereses electorales, el tripartito vasco está corriendo el riesgo de enajenarse del sentir mayoritario de su ciudadanía y de olvidar las responsabilidades que la ley le impone como primer obligado a cumplirla.

ZP se descubre: no quiere derrotar a ETA y su política de talante era un cuento chino
Federico Quevedo El Confidencial 15 Febrero 2008

Lo bueno que tiene Rodríguez es que se cree tanto sus propias mentiras que hasta niega cosas que él mismo ha dicho hace tan sólo unos días, lo cual le deja en evidencia. Ayer le ocurrió en relación a ETA, al negar que hubiera dicho en una entrevista en el diario El Mundo que había autorizado los contactos con la banda terrorista tras el atentado de la T-4, contactos de los que luego hemos conocido detalles no desmentidos por el Gobierno. La entrevista que ayer le hizo a Rodríguez en Onda Cero, mi admirado Carlos Herrera tuvo momentos brillantes, lo cual dice mucho a favor del periodista que supo combinar la cortesía y la educación con un cuestionario en el que se abordaron casi todos los temas importantes. Una entrevista no es un combate de boxeo, pero al entrevistador se le pide que no obvie ningún tema, por incómodo que este pueda ser para el entrevistado. Y Herrera –que venía mostrando una cierta empatía hacía Rodríguez, devolviendo su guitarra a la funda y el poncho al armario- cumplió el papel con sobresaliente, lo que permitió que nos encontráramos frente a un presidente que persiste en sus mentiras y en sus engaños.

Y entre estas mentiras y estos engaños se encuentra todo lo relacionado con el proceso de negociación política con ETA y lo que Rodríguez dice que va a hacer y lo que de verdad piensa que va a hacer si gana las elecciones. “Diga usted que ni siquiera se va a poner al teléfono” si le llaman con otra tregua, le dijo Herrera. Y Rodríguez, en lugar de decir con firmeza que no, que no volverá a hablar con ellos, que la única política posible es la derrota, sale con ese discurso suyo alambicado y barroco: “Lo único que cabe esperar de ETA es el fin de la violencia. No habrá un diálogo para el fin”. Insiste Herrera: “Derrotándoles”. “Ya están derrotados...” contesta Rodríguez para escarnio de las víctimas y de quienes sufren estos días el acoso incesante de los violentos. Vuelve a insistir Herrera: “La única política es la derrota”, e insiste Rodríguez otra vez: “Ya están derrotados”. A mí la escena me recordaba a las tres negaciones de Pedro, porque por tercera vez preguntó Herrera: “La única solución es derrotarlos”. Y volvió a negar Rodríguez: “Ya están derrotados, solo falta saber el tiempo hasta la extinción, hasta el final, que es lo que hemos intentado en este diálogo”. Y entonces cantó el gallo.

Pero, al contrario que Pedro, quien lloró su traición, Rodríguez no sólo no lloró la suya sino que se recreó en ella echándole la culpa al PP de todos los males del mundo mundial, que es la estrategia que ha llevado a cabo durante esta legislatura y la que va a endurecer en los días que restan de campaña: “Nos conviene que haya tensión (...) Este fin de semana tendré que dramatizar”. Rodríguez descubre su manual de crispación al tiempo que revela sus planes para el futuro. Seguirá negociando con ETA, a escondidas, las condiciones para la entrega de las armas y después será cuando los contactos se hagan públicos. No me lo invento yo, lo ha reconocido él mismo. Es lo que ha intentado en la negociación anterior, y volverá a hacerlo porque sigue teniendo el marco político que le permite hacerlo si gana las elecciones.

Ayer, pocas horas después de esa entrevista, en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol, en Madrid, el Foro Ermua celebraba su X Aniversario. ¡Qué diferencia entre las palabras cargadas de emoción de las víctimas de ETA y las víctimas de la sinrazón de este Gobierno, como Antonio Aguirre, y el mensaje ambiguo y desalentador de Rodríguez! Qué diferencia entre quienes no están dispuestos a ceder ni un ápice de su dignidad ante los terroristas, y quien parece dispuesto a entregar la dignidad de todos y, lo que es peor, la libertad a cambio de una paz onerosa y frágil. Unos merecen nuestra admiración y nuestro aplauso. El otro nuestra reprobación. Es capaz de negar hasta lo que es tan evidente que cuesta creer que lo haga: “No creo que se haya dicho eso” afirma cuando Herrera le pregunta por la frase “turba de mentirosos e imbéciles” lanzada por José Luis Cuerda contra el PP en el acto de presentación de la plataforma de artistas que lo apoyan. ¿Por qué vinculo ambas cosas? Porque tienen mucho que ver. Porque la estrategia del PSOE es una estrategia radical, una estrategia de fomento de la violencia verbal –que a veces conduce a la física, como se demostró en Santiago-, y Rodríguez la respalda. Y cuando la izquierda radical y el nacionalismo radical suman esfuerzos, ocurren cosas como que el BNG no vote una condena del Holocausto, a pesar de que Rodríguez insistiera ayer que eso no se puede decir. Los hechos, señor presidente, son tozudos, le guste a usted o no.

De aquí al 9 de marzo vamos a asistir a una campaña brutal contra el PP, porque es la única manera de que el PSOE movilice a su electorado, a ese electorado anti-sistema que le dio la victoria hace cuatro años y sin el que dentro de tres semanas corre el peligro de perder las elecciones. Un electorado muy radical, que necesita de esa violencia verbal contra todo lo que suene a PP, derecha, obispos, familia, etcétera, etcétera, para volver a salir a la calle. Ayer, Rodríguez resucitó el 11-M. Fue en un momento de la entrevista, pero lo suficiente como para vislumbrar que en las próximas semanas, y a medida que se acerque el aniversario de la masacre, el PSOE volverá a recordarnos aquellos tres días terribles en los que se acabó vulnerando las reglas del juego democrático para provocar la caída del PP en el poder. Es la baza que les queda, y no duden ustedes de que la van a utilizar. Y frente a eso, sólo podemos esgrimir esas palabras de Neruda que ayer levantaba sobre las almas de quienes creen en la libertad, con su voz firme y segura, Fernando García de Gortázar: “Podrán cortar las flores, pero no podrán detener la primavera”.

Los israelíes no lloran
Manuel Molares do Val Periodista Digital 15 Febrero 2008

Cada día con mayor intensidad los terroristas religiosos de Hamas lanzan desde Gaza cohetes Kassan sobre viviendas de Israel.

A veces matan, pero por su estoicismo se diría que las familias de las víctimas no sienten dolor: nunca ofrecen espectáculos desgarradores, como los allegados a los terroristas cuando los israelíes los atacan.

Los israelíes no gritan, no se mesan los cabellos ni se arrojan ceniza, y si alguien queda descuartizado por un misil, retiran silenciosamente sus despojos de las ramas de algún árbol, de la pared donde están pegados.

Se les pregunta por qué no expresan su sufrimiento, y responden que no va en su carácter y que deben mantener la dignidad y la entereza. Como hacían sus antepasados cuando sabían que iban a las cámaras de gas.

Aunque ahora hay respuesta: un helicóptero o un avión israelíes lanzan un ataque preciso sobre el lugar de donde salieron los Kassan. Pero muchas veces los terroristas ya han huido dejando varios niños palestinos allí.

Que aparecen muertos en las televisiones de todo el mundo. Cuerpecillos a los que abrazan mujeres que gritan afligidamente, por hombres que chillan dándose golpes de pecho, todo dentro de un clima asfixiante, barroco y enrojecido con la sangre infantil.

En ese ambiente emotivo los periodistas solemos olvidarnos de contar que los terroristas islamistas muchas veces dejan niños en lugares peligrosos mientras huyen esperando que la muerte de los inocentes conmocione el mundo. “Ojala amaran tanto a sus hijos como nos odian a nosotros”, decía Golda Meir.

Hubo jefes terroristas cuya guardia de corps era una docena de esos niños. A veces los envuelven en bombas y los explosionan a distancia.

Las guerras son también de propaganda. Y los israelíes la están perdiendo.
 

El espejismo de la izquierda abertzale
Pello Salaburu El Correo 15 Febrero 2008

Dice el refrán que quien tiene hambre sueña con pan. Y dicen que en el desierto, cuando vagas perdido más de un par de días, comienzas a ver enormes piscinas llenas de sirenas, y fuentes de las que sale agua a chorros. Agua fresquísima, por supuesto.

Pues bien: me da la impresión de que la llamada 'izquierda abertzale' (me refiero en exclusiva a la antigua HB, y a todas sus posteriores denominaciones de origen) ha vivido, prácticamente desde su creación, un gran espejismo. Un espejismo que le ha hecho ver fuentes de agua fresca allí donde no había más que piedras, y piscinas olímpicas allí donde no había más que arena.

Esta situación, que está más cerca de la paranoia que de la realidad vivida por la población, ha conducido a los dirigentes abertzales a cometer unos errores de planteamiento gravísimos. Errores que les han alejado cada vez más de los objetivos que se habían propuesto alcanzar en su acción política. Ello no les ha impedido, durante estos años y gracias a los medios de comunicación, manifestar ante la sociedad una presencia atosigante, que nada tenía que ver con su peso real en nuestras vidas. El primer error, enorme, es pensar que tras la muerte del dictador y la implantación de la democracia, 'aquí no ha pasado nada'. La forma en que se articuló la democracia tuvo defectos de fondo, defectos importantes, y todavía estamos padeciendo secuelas en algunos ámbitos por la forma en que se efectuó la transición. Pero de ahí a pensar que nada cambió es pasar directamente de la arena caliente al espejismo de la piscina. Llevan años recordándonos, con toda libertad, que aquí no hay democracia, y no se dan cuenta de que recordar eso en voz alta durante la dictadura equivalía a la cárcel.

El segundo error es haber declarado una guerra (primero al ejército, luego a los cuerpos represores, luego al Gobierno español, luego al Gobierno vasco, luego a la Administración y luego al panadero de la esquina), en la que ellos eran los únicos combatientes, sin haber medido previamente las fuerzas. Y mostrarse, con todo, que estamos en guerra sin aceptar que el enemigo declarado dispone de medios poderosísimos que no ha utilizado durante lustros. Y parece que, de repente, cuando comienza a utilizar sin piedad gran parte de la maquinaria que está en sus manos, los caminantes del desierto se dan cuenta de que tras la arena no hay más que arena. Sólo arena. Y se quedan sorprendidos. La pulga, convencida de ser la propietaria de la piel del perro, se queda aturdida con el primer lametazo.

El tercer error es el producto típico de una mentalidad paranoica o dictatorial. Confunden su mundo, ése que tan afanosamente han construido, con el mundo que vivimos los demás. ¿Quién es el pueblo vasco? ¿Qué es la sociedad vasca? El pueblo vasco, la sociedad vasca, es el mundo que ellos, sólo ellos, han diseñado y se afanan en poner a salvo. Su lucha es, en realidad, la lucha de todos nosotros, salvo alguna minoría que no se da cuenta de la entidad del drama. A eso, aunque este lenguaje ha desaparecido ya, se le llamaba alienación hace unos años. Todos nosotros, salvo ellos, estamos alienados. Ese mundo que ellos, con su inmensa sabiduría, han sabido construir es el único posible. Un mundo del que ETA, con sus heroicas acciones de ruda guerrilla, es la garantía última. No cabe la discrepancia, que es condenada al ostracismo y al desprecio. Muchos han pagado con su vida esta discrepancia. La suma de una guerra de juguete y un mundo de ficción ha causado un millar de muertos y ha destrozado a centenares da familias. Hace muchos, muchísimos años que la sociedad desprecia a estos guerreros de chocolate, pero ellos siguen pensando, en ese mundo de ficción, que son la punta de lanza de una causa compartida por el resto de la sociedad, y así ofrecen su pecho para tragarse unas decenas de años de cárcel.

Se pueden señalar otros muchos errores. Pero hay uno monumental. Un error que tiene menos historia que los anteriores, pero que es definitivo. La sociedad reacciona, mal o bien, frente al miedo. En una dictadura la sociedad aguanta el miedo y admira a quien es capaz de superarlo y plantar cara al dictador. Pero en una democracia, por muy deficitaria que sea, las cosas funcionan de otro modo. El miedo ahuyenta a las personas de la fuente que lo produce. Y la izquierda abertzale, con su prepotencia, sus proclamas, sus declaraciones, su socialización del dolor, sus amenazas, sus actitudes chulescas, su cerrazón, su nula capacidad democrática para aguantar la mínima discrepancia, su incapacidad para condenar los atentados de tierra quemada, la izquierda abertzale, digo, ha cometido un error que la va a llevar a la tumba: ha acabado causando miedo en un sector importante de la población. Y eso se paga muy caro. Muchas personas se han vacunado de forma casi definitiva frente a algunas ideas (que miren en Navarra, si no).

Uno tiene la impresión de que algunos dirigentes se quieren inmolar, apoyando causas absurdas y tirándose a piscinas de arena mientras piensan que todos los demás estamos detrás admirándolos con la boca abierta. Pero, en realidad, esta sociedad asiste con indiferencia y desde la distancia al goteo de las detenciones e ilegalizaciones, casi como si fuese un espectáculo ajeno a su propia realidad. Su preocupación es muy otra: cómo llegar a fin de mes, coger el autobús a la hora, procurar que gane tu equipo el domingo, o cabrearse por el precio de las verduras. Elegir la vía de matón de barrio, que diría el alcalde de Bilbao, es inconcebible en política.

Ezquerra: "Vidal de Nicolás y Mikel Buesa son ya referencias éticas para la democracia"
Entrevista realizada por Marta Gómez de Castro 15 Febrero 2008

El Foro Ermua cumple 10 años. ¿Cómo resumiría este recorrido?
- Han sido diez años de resistencia frente a ETA, al nacionalismo totalitario y también frente al entreguismo, a la doctrina de la cesión y la concesión, a esa cultura de la negociación con ETA que ha conseguido infiltrarse en el mundo democrático, pasar por democrática muchas veces y hacer que el PSOE deje de ser un partido constitucionalista. Han sido años de denunciar el falso diálogo (con un chantajista no hay diálogo posible) y de defender el diálogo democrático en el que somos especialistas, el diálogo que ya se da en las instituciones y en el mundo democrático. Han sido años de beligerancia pero también de esa tarea dialogante y conciliadora entre los sectores del constitucionalismo. Eso ha sido lo más difícil, mezclar nuestro espíritu beligerante con nuestra vocación dialogante, dosificar ambas en el momento preciso. Creo que esa combinación de resistencia y flexibilidad es lo que caracteriza al Foro Ermua. Nosotros tenemos fuertes convicciones, pero era necesario convencer con ellas a quien podíamos convencer.

Luces y sombras. Lo mejor y más gratificante y lo más lamentable.
- En toda tarea humana hay luces y sombras. Los momentos de luz han sido esos en los que el nacionalismo se pronunciaba contra nosotros y nos estigmatizaba. Es un honor que te insulten en el "Deia" o en el "Gara". Lo preocupante sería que te elogiaran desde esas siniestras instancias mediáticas como le ha sucedido a Zapatero y a Patxi López. Las sombras han sido los ataques de aquellos que considerabas tuyos. La mayoría de las personas que formamos el Foro Ermua veníamos del PSOE o de sus aledaños. En mi caso había militado en el PCE de la Transición, pero luego, como otros miembros del Foro, había dado mi voto, mi apoyo y mi firma a muchas campañas del PSE en el País vasco cuando este partido era una alternativa al nacionalismo. Y a pesar de eso, de venir de ahí, sabíamos que íbamos a tener a los socialistas del aparato enfrente muchas veces y que nos podían hacer más daño que el enemigo en determinados momentos. Que Batasuna o el PNV nos atacara no nos hacía daño. Era lo lógico y era la prueba de que estábamos haciendo bien las cosas. Pero que nos atacara el PSE pactista de Jáuregui y Benegas era más doloroso y en algunos momentos demoledor. Precisamente para evitar esto se contó con Carlos Totorika desde el primer día. Pero mira dónde ha acabado ese pobre hombre, traicionando a aquello que representaba y que le dio popularidad, o sea al propio espíritu de Ermua.

El Foro Ermua se ha convertido en estos años en una de las Asociaciones Cívicas más valoradas y respaldadas por los ciudadanos ¿Por qué?
- Yo creo sinceramente que la gente valora nuestra claridad, nuestra perseverancia y nuestra coherencia.

Todos sabemos porqué nació el Foro Ermua ¿Sigue siendo la libertad un bien escaso sólo en el País Vasco o esto se ha extendido al resto del país?
- Desgraciadamente el PSOE ha heredado lo peor de los nacionalistas. Ha heredado el doble lenguaje, las doctrina de la negociación con ETA, el desprecio a las víctimas del terrorismo que son coherentes con sus valores y con su dolor, la falta de democracia interna que produce michelines como Cristina Alberdi o Rosa Díez o Antonio Aguirre. Han conseguido que haya menos libertad en España. Hay gente en muchos puntos de España que está mintiendo hoy en las encuestas sobre la intención del voto como se ha mentido siempre en el País Vasco. Estamos peor que hace cuatro años aunque no se ha llegado al ambiente de intolerancia que hay en Euskadi. Sin embargo, en la presión social, Cataluña ha caminado demasiado a prisa en la mala dirección. Hay quien increpa por las calles de Cataluña a quienes representan el constitucionalismo. Albert Rivera y Albert Boadella han recibido amenazas de muerte. Y lo de María San Gil en la Universidad de Santiago el pasado martes es deplorable. Es un síntoma de lo que se consigue dando alas al nacionalismo. Pero Madrid es más que nunca un oasis de libertad, afortunadamente y gracias a que no hay un nacionalismo madrileño.

España sigue necesitando asociaciones como el Foro y tantas otras que “vigilen” en cierta manera a los políticos para salvaguardar la libertad ¿Esto sólo sucede en España o hay algún precedente en algún país de la Unión Europea?
- Vivimos una época de impostura y frivolidad, la de la posmodernidad y las ideologías basura, de usar y tirar. En España concretamente ese fenómeno postmoderno se ha traducido en una “izquierda kleenex” y en lo que podríamos llamar metafóricamente “la insoportable levedad de la Ser”. Este fenómeno es más grave y sangrante donde existe algo que no hay en toda la Unión Europea: un terrorismo y un nacionalismo totalitario que lo ha producido y que lo avala. Es la mezcla de esos dos hechos, frivolidad y a la vez muertos, lo que hace más doloroso el caso español. Yo siempre digo que la muerte no es postmoderna.

Parece que el Foro Ermua no tiene mucho tiempo para relajarse.
- Así es. Al problema terrorista y nacionalista se ha añadido la locura de esta Legislatura con la negociación de ETA, el debate sobre el modelo territorial, la ruptura de todos los consensos que ha traído este Gobierno, el Estatut catalán, la fecha que puso Ibarretxe para que los vascos voten si quieren o no la autodeterminación…Todo esto ha hecho también que el Foro Ermua se haya tenido que expandir por toda España. Si el mal se extendía gracias a este PSOE que hoy tenemos había que extender también la medicina. Era preciso que para protestar contra la excarcelación de De Juana el Foro convocara concentraciones en Madrid y en toda España, no sólo en el País Vasco. En fin, que ha sido el período más difícil pero también el más activo y fructífero. Con muy pocos medios hemos creado las Gestoras Cívicas de Ermua con todas las denuncias y querellas contra Ibarretxe, Patxi López, Ares, Otegi… Hemos creado las Comisiones de la Diáspora Democrática Vasca, el Comité de Empresarios Constitucionalistas, las Juventudes Unificadas del Foro… Y formamos parte de la Plataforma por la Reforma Constitucional y la Concordia Nacional. No hemos parado la verdad, ni pararemos.

Una década da para mucho. ¿Cómo ha evolucionado el Foro en estos años?
- Seguimos diciendo lo que dijimos hace diez años, no a la negociación, no a la colaboración con los fascistas, no a la cesión al chantaje y “sí” a la libertad, a la igualdad, a la dignidad, a la verdad... Y esa bandera ha seguido levantada gracias a los dos excelentes presidentes que me han precedido. Vidal de Nicolás y Mikel Buesa, tan íntegros, tan insobornables, son ya dos referencias éticas para la democracia.

Sabemos que al Foro Ermua no le gusta hacer declaraciones en periodo electoral pero ¿podría decirnos cuales son sus expectativas ante los próximos Comicios?
- El Foro Ermua hace un llamamiento a la responsabilidad y al sentido común de toda la ciudadanía española por encima de las ideologías y las siglas de partido para que su voto en las elecciones generales del 9 de marzo ponga fin a toda posibilidad de negociación con ETA y fortalezca los valores de las víctimas del terrorismo como son el sistema democrático y la unidad de España. Echar del poder a Rodríguez Zapatero y a lo que él representa es la gran prioridad de esta consulta en las urnas. Y lo es porque éstas no son unas elecciones en las que se juega la simple alternancia en el gobierno o el triunfo de determinado programa en materia social o económica. Con ser importantes esos asuntos, en estas elecciones se juega la prolongación del diálogo con ETA, de la cesión al chantaje, de las mentiras que han quedado patentes y que ha confesado sin sonrojo el propio Presidente del actual Gobierno, de su deslealtad, de la paralización de la Justicia que es la base del Estado de Derecho, la gran reclamación de la ciudadanía democrática y el motivo por el que las víctimas han renunciado a la venganza. En estas elecciones nos jugamos mucho, la dignidad de los españoles. Sin alarmismos, sin catastrofismos, pero con responsabilidad queremos que no se pierda un solo voto que pueda ir en la dirección de este objetivo.

Ha hablado de desalojar a Zapatero de La Moncloa. Pero también la regeneración de la izquierda española es un objetivo parejo al primero…
- La regeneración de la izquierda en España y el castigo a la relativización moral que hoy representan el PSOE de Rodríguez Zapatero y Pérez Rubalcaba o la Izquierda Unida de Gaspar Llamazares y Javier Madrazo es el otro objetivo ineludible de estas elecciones. Porque si se tratara de un simple triunfo sobre el PSOE la amenaza seguiría en pie. Es preciso que estas elecciones sean la derrota no del partido que hoy gobierna ni de sus cómplices políticos sino de su opción negociadora y claudicante con el nacionalismo totalitario así como de la complicidad con esa opción. Por esa razón apoyamos al Partido Popular pero también a Ciudadanos de Cataluña y a Unión, Progreso y Democracia, el partido de Rosa Díez.

¿Qué opina de la situación de la justicia en España?
- Nosotros hemos insistido en exigir al Gobierno de Rodríguez Zapatero que deje de usar la Justicia de un modo selectivo, parcial y táctico según sus intereses partidistas de mantenerse al precio que sea en el poder. La Justicia debe actuar de una manera continuada y sistemática. No puede hacer distinciones ni en los ciudadanos ni en el tiempo. La justicia debe actuar sin tregua ni treguas, con la venda puesta en los ojos que la define y que garantiza la igualdad de los ciudadanos ante la Ley. No puede quitarse esa venda con ninguna excusa. Menos con la excusa de la paz, que es precisamente lo primero que ese carácter imparcial salvaguarda.

Ibarretxe dice que ETA no tiene que ver nada con su referéndum. Separa ambas cosas y hasta opone una a la otra.
- Cuando a los nacionalistas se les dice que terrorismo y demanda de autodeterminación es un cóctel catastrófico para la paz, la libertad y la sociedad vasca, éstos ponen el grito en el cielo y se empeñan en deslindar la autodeterminación del terrorismo diciendo que por culpa de uno no van a desistir de la otra. Pero, por otro lado, son los propios nacionalistas los que, acto seguido, se empeñan en presentar esa autodeterminación como la gran solución contra el terrorismo. No es desde el mundo constitucionalista sino desde el mismo nacionalismo desde el que se asocia el uno a la otra porque sin esa relación su proyecto político no prosperaría. Sería interesante saber qué tanto por ciento de los vascos apoyaría la consulta de autodeterminación si supieran que ETA iba a seguir matando después de esa consulta y con más ganas que nunca para que el referéndum se repitiera hasta obtener el resultado que desearan. Ibarretxe aparte de desafiar la legalidad constitucional es profundamente deshonesto porque no dice que su referéndum no sólo no va a acabar con ETA sino que la alentará a seguir existiendo.

El aniversario del Foro Ermua se convierte en un homenaje a San Gil
El colectivo renueva su compromiso frente al chantaje de los violentos y sus cómplices
Un acto en la Casa de Correos de Madrid sirvió ayer para celebrar los primeros diez años de lucha ante el terrorismo.
P. Poveda La Razón 15 Febrero 2008

madrid- El Foro Ermua cumplió el pasado miércoles una década de existencia, y ayer, en la Casa de Correos de Madrid, celebró su aniversario. El «cumpleaños» asistieron, entre otros, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, la presidenta del Partido Popular en el País Vasco, María San Gil -quien fue recibida por un intenso aplauso tras el intento de agresión sufrido en la universidad de Santiago de Compostela-; el europarlamentario Jaime Mayor Oreja; Mari Mar Blanco, hermana de Miguel Ángel Blanco (asesinado por ETA) y el presidente del Foro, Iñaki Ezkerra. El acto comenzó con un minuto de silencio, al que siguió un efusivo aplauso por parte del cerca de centenar de asistentes que acompañaron a los protagonistas.

Presentada por los periodistas Carmen Gurruchaga y Herman Tertsch, la celebración del acto del décimo aniversario comenzó con la lectura del manifiesto de constitución de este foro cívico en Bilbao el 13 de febrero de 1998.

Después, la presidenta madrileña subrayó la importancia que tuvo el nacimiento de este colectivo, así como su trabajo actual. Recordó las manifestaciones que se celebraron en Madrid tras el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco y aseveró que si la libertad no fue negociable cuando «miles de manos blancas alzadas al cielo así lo decían, tampoco lo es hoy ni lo será mañana». «Toda España fue una gran Puerta del Sol», señaló en referencia a aquellos momentos.

María del Mar Blanco, hermana de concejal de Ermua asesinado, expresó su deseo de que cambie la situación política para que desaparezca la «sensación de soledad» que han tenido las víctimas en la última Legislatura, con «falsedades, claudicaciones y humillaciones», de las que responsabilizó al actual presidente del Gobierno». Mostró su esperanza en que un presidente nuevo recoja «lo mejor de la enseñanza pedagógica de Ermua» para dirigir la política antiterrorista durante los próximos cuatro años.

Jaime Mayor Oreja, ministro de Interior en el momento de la Fundación del Foro Ermua, definió a la organización como impulsora de la política del Gobierno de España a la hora de hacer frente al terrorismo.

También hicieron uso de la palanra Iñaki Ezkerra, Nieves Baglieto, la hermana de Ramón Baglietto, asesinado por ETA, y Carmen Ladrón de Guevara, portavoz de Juventudes Unificadas del Foro Ermua; Fernando García de Cortázar, catedrático de la Universidad de Deusto y Antonio Aguirre, expulsado del PSE por ser miembro del Foro. Otros asistentes fieron el secretario de Libertades Públicas del PP, Ignacio Astarloa, y el presidente de Ciutadans, Albert Rivera.

DESTACA SU PAPEL EN LA SUPERACIÓN DEL PACIFISMO
El Foro Ermua cumple diez años de labor a favor de las víctimas del terrorismo
El Foro de Ermua, el colectivo ciudadano que recoge el espíritu de lucha contra el terrorismo y el nacionalismo obligatorio que emanó tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, cumplió este miércoles su décimo aniversario.
Agencias Libertad Digital 15 Febrero 2008

El Foro de Ermua celebró este miércoles en la sede de la Comunidad de Madrid el X aniversario de su fundación. Entre los asistentes, destacó la presencia de la presidenta del Partido Popular vasco, María San Gil, que fue recibida por los presentes con un intenso aplauso, como muestra de cariño ante el incidente que sufrió el pasado martes en Santiago de Compostela, donde un grupo de jóvenes la insultaron y amenazaron.

La hermana de Miguel Ángel Blanco, María del Mar Blanco, invitada al acto, agradeció a San Gil ser "tan valiente" y resaltó su papel por defender los derechos de los vascos "de la manera que lo hace".

María del Mar Blanco mostró su deseo de que la situación política actual cambie después de la "sensación de soledad" que han tenido las víctimas en los últimos cuatro años de legislatura, con "falsedades, claudicaciones y humillaciones cuyo máximo responsable es el actual presidente del Gobierno". Mostró su esperanza en que desaparezca "esta política nefasta" y un presidente nuevo recoja "lo mejor de la enseñanza pedagógica de Ermua" para dirigir la política antiterrorista durante los próximos cuatro años.

Blanco apuntó que después de tanto dolor, la memoria de las víctimas no puede ser "moneda de cambio" para fortalecer en vez de derrotar a los asesinos. "Lo que no puede ser es que la muerte de los nuestros facilite y allane el camino de los asesinos para que años después consigan sin matar lo que nunca consiguieron matando", apostilló.

En referencia al Foro, la hermana del concejal asesinado señaló que este colectivo recuerda que la vida y la libertad no son negociables, que "Batasuna es ETA y ETA es Batasuna" y que reclama la "unidad constante y nos afianza en la aplicación de la ley como único antídoto contra los fanáticos".

Además, aseguro que Ermua ha pasado de ser un nombre para convertirse en todo un símbolo que representa a todos los que no quieren claudicar y representa "la unidad de los demócratas frente a la derrota de ETA, la no claudicación". En cuanto a esto último, también se dirigió al alcalde de Ermua, Carlos Totorica, que ha pasado de ser un "héroe de la resistencia cívica a uno más del clan de traidores de un movimiento que supone poner a los verdugos en su sitio", en referencia al abandono del alcalde socialista después de haber sido uno de los fundadores de la iniciativa.

El Foro de Ermua como ejemplo
El europarlamentario Jaime Mayor Oreja, ministro de Interior en el momento de la Fundación del Foro Ermua, también apoyó a la asociación, a la que calificó de impulsora de la política del Gobierno de España a la hora de hacer frente al terrorismo y negó de nuevo todo tipo de acusaciones que se hicieron en su día sobre si el movimiento de Ermua era una "estrategia" del Gobierno de entonces, del Ministerio de Interior o incluso del CESID.

Mayor Oreja indicó que lo más destacado de este Foro es "la autenticidad, la emoción, la pasión y la convicción" de las personas que lo componen, sin intereses personales o egoístas. Según el europarlamentario, siempre ha sido un colectivo donde se "respiraba la verdad y al mismo tiempo la espontaneidad en todas y cada una de sus expresiones".

El político mencionó, además, al desaparecido José Luis López de la Calle, ex miembro del Partido Comunista en Euskadi, asesinado por ETA tres años después de que firmara el manifiesto del Foro Ermua, del que destacó "su coraje, su pasión por España y por la libertad" y agradeció su "útil labor" en el camino de la lucha antiterrorista.

En el acto también intervinieron el presidente del Foro de Ermua, Iñaki Ezquerra, la hermana de Ramón Baglietto, asesinado por ETA, Nieves Baglietto, y Carmen Ladrón de Guevara, portavoz de Juventudes Foro Ermua, entre otros. Además, asistieron otras personalidades como el secretario de Libertades Públicas del PP, Ignacio Astarloa y el presidente de Ciudadans, Albert Riera.

Dos policías locales y un edil, entre los 24 detenidos por terrorismo callejero
Agentes de la policía autonómica vasca han detenido, en Vizcaya y Guipúzcoa, a un total de 24 radicales por terrorismo callejero y altercados contra agentes de la autoridad. Según ha informado el Departamento vasco de Interior, entre los arrestados se encuentran un concejal del Ayuntamiento de Pasaia y dos miembros de la policía local. Intentaban cortar una calle y se opusieron con fuerza a la Ertzaintza. Sabotajes, piquetes y barricadas marcan la huelga decretada por Batasuna-ETA.
Agencias Libertad Digital 15 Febrero 2008

Las primeras detenciones se produjeron en Bilbao minutos antes de las ocho de la mañana. Poco antes, un grupo de radicales se disponía a encadenarse en la calle Juan de Garay con bidones rellenos de cemento, con intención de cortar el tráfico de entrada y salida de la capital vizcaína por dicha calle, cuando uno de los bidones rodó calle abajo y un hombre que intentó detenerlo sufrió la fractura de una de sus piernas, por lo que tuvo que ser trasladado al Hospital de Basurto.

Estos actos de terrorismo callejero fueron detectados por agentes de la Ertzaintza, que impidieron el corte de la calle y procedieron a la detención de cinco radicales por desórdenes públicos.

En Sestao, agentes de la policía autonómica vasca procedieron a la detención de otros dos proterroristas, acusados de desórdenes públicos, a las ocho y cuarto de la mañana, cuando ambos se encontraban colgados con arneses del puente de Galindo, sobre las vías del Metro, imposibilitando la circulación de trenes.

Suma y sigue; sobre las 10.15 horas, agentes de la Ertzaintza detuvieron a otros los seis jóvenes que, desde las 07.40 horas, se encontraban encadenados con bidones de cemento en la Avenida de Miraflores de la capital vizcaína, cortando totalmente el tráfico rodado.

En Azpeitia, los ertzainas también procedieron a la detención de un radical, minutos antes de las nueve de la mañana, acusado de negativa a identificarse cuando participaba en un piquete.

Detenidos dos policías locales y un concejal de Pasaia
Por otro lado, en Pasaia, sobre las nueve de la mañana de este lunes, agentes de la Ertzaintza imputaban sendos delitos de desórdenes públicos a tres individuos, uno concejal en el Ayuntamiento y los otros dos miembros de la Policía local del citado municipio, después de que intentaran cortar el tráfico en una calle.

Sobre las once y cuarto, ertzainas detuvieron a dos proterroristas en Sestao después de que hubieran cruzado varios contenedores en la calle Los Baños. Además, los agentes arrestaron a dos radicales que también habían participado en el suceso, acusadas de desórdenes públicos y de sendos delitos de atentado contra agentes de la autoridad, al haber agredido a los policías autonómicos que las detuvieron. Pasadas las 12.15 del mediodía, otro individuo fue detenido por desórdenes públicos, por cruzar contenedores en la calle Pablo Sarasate.

Carga con material antidisturbios en Rentería
Sobre las 11.30 horas, la Ertzaintza también detuvo a otro individuo en Rentería acusado de un delito de atentado contra agentes de la autoridad. A esa hora, un grupo de unas 50 personas intentó colarse por la fuerza en el Ayuntamiento de la citada localidad, por lo que la Policía Local solicitó la intervención de la policía.

Cuando llegaron los agentes, uno de los proterroristas concentrados agredió a un ertzaina, por lo que se realizó una carga con material antidisturbios para disolver al grupo. Ante la gran resistencia que ofreció el agresor, los ertzainas se vieron obligados a reducirlo y, como consecuencia del forcejeo, se produjo una pequeña lesión en la cabeza, por la que fue atendido en el ambulatorio de la localidad.

Finalmente, un radical fue detenido en la calle Carlos VII de Portugalete, sobre las 11.30 horas, cuando participaba en un piquete, acusado de desórdenes públicos.

Zapatero dice que ETA ya está "derrotada"
A pesar de los actos de terrorismo callejero, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha espetado que ETA "ya está derrotada" y que ahora "sólo falta saber el tiempo hasta la extinción, hasta el final" que, según dijo, es lo que el Gobierno ha "intentado en el proceso de diálogo".

"Ya está derrotada, yo no les voy a dar esta ventaja. Ya están derrotados porque su intento de locura criminal ha perdido hace tiempo. La democracia gana, es más fuerte y sólo falta saber el tiempo hasta la extinción, hasta el final, que es lo que hemos intentado en este proceso de diálogo", afirmó.

Para Zapatero, "estamos en el tiempo de la victoria de la democracia hasta el fin de la violencia, que no es fácil", continuó, subrayando que los procesos para poner fin al terrorismo siempre son largos.

AGRESIÓN EN LA UNIVERSIDAD
La decana de Económicas identifica a siete estudiantes implicados en el boicot a San Gil
Exige su expulsión en un informe sobre el incidente que entregó ayer al Rectorado
E. Á. La Voz 15 Febrero 2008

La decana de la Facultade de Económicas, Maite Cancelo Márquez, entregó a última hora de la mañana de ayer al Rectorado el informe sobre el altercado ocurrido el pasado martes, cuando un grupo de estudiantes intentaron boicotear la conferencia de María San Gil, presidenta del Partido Popular en el País Vasco.

Cancelo, ayudada por otros profesores y alumnos, y con el material fotográfico y audiovisual con que contaba, identificó a siete jóvenes como alumnos de la Universidade de Santiago (USC), uno de la propia facultad, y el resto de Políticas, Derecho, Ciencias da Comunicación e Historia. La investigación no quedará ahí, y la propia decana asegura que seguirá trabajando para identificar al resto de los implicados en el boicot a San Gil. Será el rector de la USC, Senén Barro, el encargado de adoptar las medidas académicas y disciplinarias necesarias tras analizar el informe (pueden llegar hasta la expulsión de todo el sistema universitario gallego), pero desde el decanato de Económicas se solicita la expulsión inmediata de los estudiantes identificados, y la disolución de la organización Agir.

En concreto, Cancelo pide que se expulse de las juntas de facultad a los representantes de esta organización independentista (que fue la única que reconoció haber participado en el boicot); que no se les permita usar locales de la USC si es que los están utilizando; y que se les retire todo tipo de ayuda económica. Lo cierto es que Agir ya no está registrada como asociación estudiantil de la USC, por lo que no recibe las subvenciones destinadas a estos colectivos. El decanato va más allá y pide que se supriman las organizaciones similares con representación en las facultades si se identifica la presencia de alguno de sus miembros en el altercado.

Un grupo de profesores de la Facultade de Económicas difundió además un escrito, bajo el título « Basta ya de fascismo e intolerancia» , en el que califican los hechos del día 12 de grave atentado contra la democracia, e instan a las autoridades judiciales, parlamentarias y académicas a que adopten las medidas firmes, necesarias y oportunas ante esta grave violación de derechos democráticos fundamentales. El escrito también señala que han de tomarse medidas ejemplares contra los grupos extremistas.

Negreira: «Ermitas Valencia intenta criminalizar a las víctimas y justifica al agresor»
La Voz 15 Febrero 2008

El portavoz del PP en el Ayuntamiento coruñés también aprovechó su comparecencia pública para rechazar los argumentos de Ermitas Valencia, la concejala de Normalización Lingüística, que aseguraba que el PP estaba detrás de la Mesa por la Libertad Lingüística, cuya concentración en el Obelisco el pasado viernes acabó con una carga policial tras ser atacados por grupos de jóvenes de independentistas.

«Ermitas Valencia miente, y lo peor de todo es que lo hace conscientemente, cuando intenta criminalizar al PP», recalcó Carlos Negreira, muy molesto con las acusaciones de la edila nacionalista.

El portavoz del PP achacó al Bloque «con la complacencia del PSOE» el «pecado de perder demasiado tiempo en intentar criminalizar a las víctimas, cargándolas con toda la responsabilidad, al tiempo que justifica a los agresores en un acto que no debe quedar impune».

Además, sobre la supuesta manipulación del PP sobre la Mesa por la Libertad Lingüística, Carlos Negreira dijo que Ermitas Valencia «no cree en la capacidad de la sociedad civil para articularse por sí misma y organizarse contra aquellas cuestiones que consideran injustas. Será porque el Bloque siempre ve al partido detrás de todo lo que ocurre».

Carlos Negreira reclamó a sus oponentes políticos «el máximo respeto de todos los ciudadanos a defender sus derechos dentro de la legalidad» y recalcó su demanda de «no criminalizar» a quien solo protege su derecho a utilizar el idioma que prefiera en el contexto que sea.

Sobre el conflicto del botellón, Carlos Negreira también indicó que el bipartito coruñés «no se toma en serio el problema y sigue permitiendo que haya ciudadanos de primera, que pueden descansar por las noches, y de segunda, que son los que sufren personalmente los efectos de la movida nocturna». «No hay una voluntad inequívoca de resolver el lío del botellón y la ordenanza es un parche para no tomar medidas», añadió.

"ETA MATA" E "IBARRETXE NEGOCIA"
Reciben a Ibarretxe en Stanford con pancartas contra la negociación con ETA
Una decena de personas recibieron en Stanford al lehendakari con pancartas en las que se podía leer, en inglés, "ETA mata" e "Ibarretxe negocia". Estas protestas se unen a la plataforma creada con motivo de esta visita y que recogió más de 5.000 firmas contra la presencia de Ibarretxe.
EFE Libertad Digital 15 Febrero 2008

El presidente autonómico vasco insistió, en materia antiterrorista, que no se puede mezclar la lucha contra ETA con la negociación de su hoja de ruta, y afirmó que la banda terrorista "tiene que desaparecer existan o no acuerdos políticos". "No se puede mezclar la violencia de ETA con las aspiraciones legítimas y democráticas del pueblo vasco", espetó.

"Igualmente, exista o no ETA, los partidos políticos tenemos que llegar a acuerdos para convivir", insistió Ibarretxe.

Tras realizar un repaso de la que denominó "la historia y cultura del pueblo vasco", el lehendakari explicó los detalles de su propuesta secesionista para el País Vasco, que espera poder llevar a consulta popular el próximo octubre. "Se viven tiempos malos en referencia al respeto a la identidad de las diferentes nacionalidades del Estado español", dice.

"En la relación con esta cuestión hoy se parece la posición que mantiene el PP y la que mantiene el PSOE", pero dijo albergar esperanza "porque las elecciones son capaces de cambiar las cosas".

El caso "Atutxa" llega a Stanford
Ibarretxe también fue preguntado sobre la condena del ex consejero vasco de Interior y presidente del Parlamento, Juan María Atutxa, y su propio proceso penal, que calificó de "sinsentido" y "despropósito desde el punto legal y jurídico".

"No puede haber dos varas de medir", dijo Ibarretxe. "La misma justicia española dice que cuando el presidente español habla con ETA puede equivocarse pero es legal, pero cuando lo hace el lehendakari comete delito".

Protestas por la visita
A la conferencia en Stanford asistieron algunos de los firmantes de la protesta contra la visita del lehendakari. Una decena de ellos desplegaron una pancarta con las frases en inglés "ETA mata" y "Ibarretxe negocia" ante la puerta del salón de actos.

"Ibarretxe viene a hablar de un plan que, aparte de ilegal, no tiene en cuenta a la mitad de los vascos", dijo a EFE uno de los iniciadores de la protesta que prefirió no dar su nombre. "Es un mundo de fantasía el que tiene en su cabeza y viene a contarlo aquí, donde no conocen la situación".

Un grupo de radicales quema nueve vehículos en Anoeta
El ataque se registró sobre las once de la noche según ha informado la Ertzaintza
EUROPA PRESS - Madrid El País 15 Febrero 2008

Un grupo de radicales ha atacado esta noche un concesionario de coches de la localidad guipuzcoana de Anoeta, donde nueve vehículos que estaban estacionados en el aparcamiento exterior del establecimento quedaron totalmente calcinados.

La agresión se registró sobre las once de la noche en un concesionario de venta de vehículos de segunda mano y ocasión ubicado en el polígono industrial Venta Aldea de la citada localidad, según informó un portavoz de la Ertzaintza.

Como consecuencia del ataque, se registró un incendio en el que nueve vehículos, estacionados en el parking exterior del establecimiento, quedaron calcinados.

Al lugar se traslados efectivos de los bomberos, que lograron controlar las llamas, así como agentes de la policía autonómica vasca para investigar lo sucedido.

Huelga 'abertzale'
La agresión se da horas despues de una fallida huelga realizada por la izquierda 'abertzale' en el País Vasco en contra de la ilegalización de ANV y el PCTV. En Guipúzcoa, el paro general tuvo una incidencia irregular y, aunque alteró el ritmo habitual de un día de labor, no paralizó la actividad del territorio, según informan Genoveva Gastaminza y Aítor Guenaga.

La Ertzainta detuvo, en total, a 25 personas. También se registraron ataques contra el metro de Bilbao y las líneas de cercanías de Renfe, además de cortes en varias carreteras comarcales.

Madrid abrirá también un colegio vasco y gallego «si existe demanda»
Paula Poveda La Razón 15 Febrero 2008

Madrid- Habrá colegio catalán, y el Ejecutivo de la Comunidad de Madrid no descarta crear otros en gallego, vasco o valenciano, por ejemplo. Así lo comunicó ayer el vicepresidente del Gobierno regional, Ignacio González, quien mostró también la disposición de Madrid a abrir escuelas públicas bilingües, si existe demanda, en las que se impartirán las materias obligatorias en castellano y cualquier otra lengua oficial española o extranjera.

El portavoz del Ejecutivo de Esperanza Aguirre explicó ayer, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno, que «si se dan las circunstancias necesarias» y «existe demanda», por supuesto que la Comunidad se planteará la posibilidad de abrir en la región colegios en los que incluso -como apuntó la consejera de Educación, Lucía Figar- se impartan clases en chino.

Más opciones
La iniciativa pretendería, según señaló González, «fomentar la libertad de elección de los padres catalanes, gallegos o de cualquier procedencia», para que sean las familias las que tengan el poder de elegir la lengua en la que quieren que estudien sus hijos en la escuela pública. En todos los casos, incidió el vicepresidente madrileño, el aprendizaje en castellano estará «garantizado, lógicamente», para que «el bilingüismo se produzca en toda su extensión».

Con respecto a la iniciativa anunciada por Aguirre sobre la apertura de un centro en catalán, González señaló que ha sido «muy bien recibida en general», e insistió en que el Gobierno regional sólo pretende «ampliar la libertad de elegir educación».

La propuesta de Aguirre también encontró ayer respuesta en el Ayutamiento de Madrid. El vicealcalde, Manuel Cobo, expresó sus dudas sobre la existencia de demanda entre la población madrileña para poner en funcionamiento los colegios bilingües con las lenguas oficiales.

Asimismo, Cobo resaltó la apuesta «mucho más importante», emprendida en toda España, y en la que participa la propia presidenta de la Comunidad de Madrid, por el bilingüismo con el inglés como segundo idioma. «Nos parece una aportación más que se puede realizar, como en cualquier otro idioma que se quiera plantear, pero desconozco si va a haber demanda suficiente para que esas personas que teóricamente podrían solicitar esa educación para sus hijos la van a solicitar o no», concluyó Cobo.

Putin: «Es ilegal que Kosovo se independice»
«En España hay quien no quiere un solo Estado», dijo en alusión al nacionalismo
El presidente criticó a lospaíses comunitarios por estar dispuestos a reconocer la secesión de la provincia serbia.
Eduardo Bajo La Razón 15 Febrero 2008

moscú- La inminente declaración de independencia de Kosovo ha vuelto a sacar de sus casillas a Vladimir Putin, que ayer protagonizó su última comparecencia pública antes de abandonar la Presidencia, que no el Gobierno, de Rusia. En un personal repaso al estado de la nación y del mundo, el presidente Putin dejó a un lado la diplomacia para hablar sin pelos en la lengua de las diferencias que, hoy por hoy, separan a Rusia del mundo occidental.

El tema de Kosovo será, sin duda, una de las espinas que no conseguirá sacarse de su recuerdo como líder, y ayer lo demostró haciendo de la independencia de esta provincia serbia de mayoría albanesa el tema estrella de su rueda de prensa. Visiblemente afectado ante la inminente independencia de la región, el «premier» ruso criticó el «vergonzoso doble rasero» de los miembros de la Unión Europea que están dispuestos a reconocer el desmembramiento de Serbia, un país fuertemente ligado a Rusia, pero que se niegan a hacerlo dentro de las fronteras de sus países, citando como caso concreto el de España y su negativa a conceder el derecho de autodeterminación al País Vasco o a Chipre y su región norte, no reconocida independiente pero que a todos los efectos funciona como tal.

El jefe del Kremlin ha querido manifestar, no obstante, que Rusia ya tiene preparado un plan en el caso de que la región de Kosovo sea reconocida como país independiente. Sin querer precisar los pormenores de ese plan, Putin sólo ha dicho que no va a imitar los pasos de Occidente. «Si alguien toma una decisión estúpida, ilegal, eso no quiere decir que nosotros debamos actuar igual».

El mandatario ruso tampoco ha descartado que el posible nuevo país pueda seguir los pasos de otros ex países comunistas integrándose en la OTAN manifestando que «será una señal para nosotros y reaccionaremos para salvaguardar nuestra seguridad, tenemos un plan y sabemos qué vamos a hacer», recordando de esta forma la postura de su país de reservarse el derecho de apuntar con sus misiles a países que puedan suponer una amenaza para Rusia.

‘Solo Queremos Libertad’ se concentrará en Barcelona el día 23
http://www.soloqueremoslibertad.com Minuto Digital 15 Febrero 2008

La iniciativa ‘Solo Queremos Libertad’ se concentrará en Barcelona, en la Plaza Sant jaume, el próximo dia 23 de febrero, sábado, a las 12: 30 horas de la mañana. Desde la 10:30 h miembros de diferentes asociaciones catalanas repartiran información a los ciudadanos en la misma plaza. A las 12:30 h se procederá a leer el manifiesto.

La iniciativa también ha puesto a disposición de los internautas un formulario en su web para que los ciudadanos puedan enviar, a los líderes políticos de aquellos partidos democraticos que presentan candidaturas en toda España, sus inquietudes en relación a su voto.

`Solo Queremos Libertad’ ha editado 5.000 boletines y 25.000 folletos informativos que se entregarán en los diferentes actos que se produzcan durante los días de campaña.

Los corresponsales extranjeros denuncian el «radicalismo» del nacionalismo catalán
M. A. P. ABC 15 Febrero 2008

BARCELONA. Si Cataluña ha perdido «interés y fuerza» en la prensa y en el contexto internacional es por culpa del «radicalismo nacionalista». Ese es el diagnóstico realizado por los corresponsales extranjeros en España, que han participado en Barcelona en un seminario organizado por el Centro de Estudios Jordi Pujol. En las conclusiones del mismo, el periodista del «Frankfurter Allgemeine» Leo Wieland alerta del riesgo de una «balcanización» de España y explica que «el radicalismo del nacionalismo catalán provoca rechazo» en Alemania, «donde los nacionalismos no gustan». El corresponsal del «Libération» François Musseau subrayó que los catalanes «no creen tanto como antes en sus posibilidades» y eso explicaría el deterioro de la imagen de Cataluña en el extranjero.

Nuno Ribeiro, periodista del rotativo portugués «Público», sostuvo que el proyecto político catalán «es defensivo y tiene muy poco futuro». Puso como ejemplo de sus críticas al vicepresidente de la Generalitat, Josep Lluís Carod-Rovira, «quien tiene actitudes poco prudentes». Finalmente, el corresponsal norteamericano de la revista «Neewsweek» Mike Elkin admitió el «poco interés» de la sociedad norteamericana por el debate lingüístico. El público americano,dijo, sólo conoce Cataluña «por el tema turístico y cultural».

El día que “La Coruña” desapareció

El 3 de junio de 1997 tuvo lugar en el Parlamento español una sesión que merece no quedar en el olvido. Se reunían los padres de la patria con el fin de discutir una propuesta de ley del Parlamento gallego para modificar oficialmente el nombre de dos provincias españolas, La Coruña y Orense, que pasarían a partir del momento en que fuera tramitada la ley a ser denominadas A Coruña y Ourense. No se trataba de la última ocurrencia del cantonalismo periférico, sino que era una solicitud unánime del Parlamento gallego, que fue aprobada también casi unánimemente por su homónimo español (306 votos a favor y una abstención).

Era un día de triunfo para el nacionalismo gallego. Eran ellos quienes habían sacado adelante la moción, tanto en el parlamento de Santiago como en el de Madrid, en un tedioso proceso que les había llevado años. Toparon no con una oposición abierta de los partidos nacionales, pero sí con una palpable desgana. Sin embargo, PP y PSOE estaban atrapados en sus propias contradicciones, pues en 1993 se había aceptado una propuesta idéntica por parte de la minoría catalana. Gerona y Lérida desaparecieron de mapas y matrículas para convertirse en Girona y Lleida. En 1997, en la primera legislatura de Aznar, un débil gobierno central se sintió forzado a aceptar el cambio de denominación.

Y así el tercer día de junio de 1997 los representantes de la soberanía nacional se sentaron a votar en favor de la prohibición del uso oficial de dos palabras españolas. Pues de eso se trataba, por más que se edulcorara el hecho con frases rotundas sobre el reconocimiento del gallego. La nueva ley, al reconocer la oficialidad única de A Coruña y Ourense, rechazaba implícitamente la cooficialidad de las formas castellanas. Éstas, tras largos siglos en uso, dejaban aquel día de existir en la lengua oficial.

El acto golpeaba de paso a las provincias, bastiones del centralismo. Los racionalizadores del XIX habían cuarteado así el territorio español con el objeto de dominarlo mejor desde el centro. Al darles el nombre, los decimonónicos, siempre tan prosaicos, escogieron el de la ciudad capital en la lengua común, el español. En el caso de La Coruña (el más polémico), la forma normativa convivía, y convive, con otras expresiones que varían en función del dialecto, del contexto y de la lengua: A Coruña/Coruña/Curuña/Curuña (la u apenas pronunciada)/Cruña. Ya en el siglo XX, cuando a los galleguistas les dio por normativizar las hablas rurales y marineras de Galicia, escogieron A Coruña como forma standard de su neolingua. Con esta elección, demostraban otra vez su preferencia por la pronunciación castellanizada del idioma, así como su aversión instintiva y profunda por los rasgos más populares y extendidos de las hablas gallegas, como la oscuridad de sus vocales, el seseo y la gheada (j por g).

La división territorial en provincias, a pesar de su centralismo (o gracias a él) se ha mostrado durante siglo y medio como estable y pragmática, un gran avance sobre el arcaicismo del Antiguo Régimen. En la España autonómica de hoy las provincias han quedado, sin embargo, obsoletas. Aun así, los parlamentarios gallegos se acercaron a Madrid no a solicitar su desaparición, sino... a que les cambiaran el nombre. Tal es el alcance de la voluntad reformista de las nuevas clases políticas de la periferia.

Los separatistas como maestros de ceremonia
Aquel día de junio en el Congreso, pareció a todos bueno y justo que fuera el Bloque Nacionalista Galego (BNG) quien abriera la sesión. Su responsable de cultura, Pilar García Negro, venía desde Santiago a exigir "en nombre del pueblo gallego" la restitución de sus palabras mancilladas. No se molestó en dar muchas razones: los nombres de A Coruña y Ourense eran los únicos que le parecían admisibles, estaban documentados desde antiguo, en los tiempos en que "el gallego era lengua oficial", hasta que en 1833 llegó el triunfo de los liberales y ocurrió la tragedia:

Señoras y señores Diputados, don Javier de Burgos, Ministro de Fomento, en 1833 procedió a la invención de las provincias como categorías administrativas. Han pasado 164 años desde entonces, desde que se inventó (sic) La Coruña y Orense como nombres de las provincias.

Su compañero en Madrid, el diputado Francisco Rodríguez Sánchez, aprovechó la ocasión para recordar las muchas injurias recibidas por su pueblo, injurias que era difícil olvidar (ya está él para recordarlas). Pero al fin el estado español aceptaba la versión "democrática" del nombre de dos de sus provincias.

No hicieron falta más argumentos. Saben bien los nacionalistas que el pueblo necesita de mitos sobre los que fundamentar la "construcción nacional", por lo que han abrazado con alegría la pretensión posmoderna de que cualquier historia no es más que una selección arbitraria de hechos que el poder utiliza para legitimarse. Y si les dejan mentir en los libros de texto, ¿qué no podrán decir en la tribuna de oradores?

No todos coincidieron con García Negro en culpar a Javier de Burgos de la falsificación de los nombres gallegos. Los socialistas responsabilizaron a Franco, los nacionalistas vascos y catalanes al secular centralismo hispánico. En lo que casi todos estuvieron de acuerdo era en aquel día se recuperaba el nombre originario y genuino de dos provincias norteñas. No hizo mella en ellos que el diputado González del PP, quien fue el único que intentó razonar las nuevas formas oficiales, les explicara que los nebulosos orígenes de esos nombres se hallaban en el céltico Clunia (que quiere decir cerro) para Coruña y el latín Auriensis (Portus auriensis, es decir del oro, porque de allí partía el camino a las minas del Miño) para Orense. Tampoco hubieran cambiado su opinión si alguien les hubiera mostrado centenares de ejemplos de la aparición de las formas La Coruña y Orense en textos españoles desde la Edad Media. Los congresistas estaban decididos a dar por cierto que los constructores de la Torre de Hércules ya decían A Coruña.

Se comprende así por qué las curiosas historias del nacionalismo han sido integradas en el discurso oficial de la política española. Los nacionalistas llevan tantos años dedicados a diseminar burda propaganda, con ese fervor que da el tener una sola idea y estar seguro de ella, que no sólo se la han creído, sino que sus oponentes ya no se molestan en refutarla. Muchos, incluso, la dan por cierta.

El complejo de culpa
Pero no son los nacionalistas los personajes más interesantes de aquel día. Tenemos cumplidas noticias de su espíritu hispanófobo y de su deshonestidad intelectual. Son los representantes de electores que se consideran españoles los que merecen mayor atención. Son el PP y el PSOE los que aportaron los votos necesarios para que la propuesta de ley fuera aceptada. Y la aceptaron, parece ser, con gusto pues parlamentarios suyos, tanto de Santiago como de Madrid (escogidos estos últimos entre los gallegos), la jalearon con entusiasmo y se apresuraron a defenderla.

El PP, por medio de la parlamentaria gallega María Jesús Sainz, se sirvió, a diferencia del BNG, de la constitución y el estatuto para justificar el cambio de nombre. La Sra. Sainz alabó la dignidad del gallego y su vinculación eterna con la Tierra, lo que obligaba a la Xunta a protegerla y recuperarla. Tampoco olvidó de mencionar con orgullo la pluralidad lingüística de España (Galicia, según se intuye, es monolingüe).

El complejo de culpa de la derecha española le ha llevado a aceptar muchos desvaríos. Pero los motivos de fondo de su sector gallego son quizás más tangibles. Las tentaciones que para el poder tiene una lengua autóctona son casi irresistibles: legitima su autonomía política, facilita la integración y cohesión del territorio, favorece una política educativa diferenciada, justifica una televisión y una radio públicas, sirve de excusa para insuflar tal cantidad de fondos en la cultura y en los medios de comunicación que los nuevos jerarcas pueden controlar lo que se dice en ellos. Añádase a esto una mezquina idea del futuro de Galicia, et habemus linguam.

También asomó en el discurso de Maria Jesús Sainz una querencia tradicional del conservadurismo gallego: Su instintiva simpatía hacia el gallego primigenio, ese labrego analfabeto, portavoz de una lengua intacta (Omisión de "e incomprensible más allá de su valle"), sobre cuyos hombros tan fácil le ha sido siempre a la derecha conservadora asentar su poder. Asomó en forma de filfa romántica, chorradilla inane que anduvo un día en boca del padre da patria galega.

Yo quiero recordar, señorías, aquella frase maravillosa de Castelao, precisamente pronunciada en las Cortes Generales, cuando se debatía el artículo 4 de la Constitución de 1931, que decía: El idioma es una fuente de arte, es el vehículo del alma original de un pueblo, y sobre todo es en sí una gran obra de arte que nadie debe destruir.

Entonemos un lamento por la derecha gallega, que eleva a Castelao al indisputado rango de Padre Fundador de la Patria. ¡Qué extravío el suyo¡ Y esas frases de Castelao, tan antiguas y anticuadas que parecen dichas por un estudiantillo romántico en unos juegos florales, tomárselas en serio, hacer política con ellas... Insisto: ¡qué extravío el de la derecha gallega, construyendo en leyes y aulas las armas de quienes la quieren destruir¡

Pasemos de la derecha conservadora al socialismo progresista. Es difícil ser socialista en la era del individualismo. Es difícil ser progresista cuando nadie cree en el progreso. Quizá por eso buscan denodados savia nueva que revitalice sus discursos, y cuando no pueden salir del paso con la solidaridad y la tolerancia, se sirven de conceptos tan vagos y dudosos como pueblo, raíces, diálogo cultural. No es raro que los socialistas tiendan a parecerse a los nacionalistas, aunque sin el integrismo de los verdaderos creyentes. Y quizá por esa dificultad para articular propuestas de futuro, María Xosé Porteiro, enviada desde Santiago por el PSdG-PSOE, no tuvo más argumento que iniciar su discurso arrojando las culpas sobre (¿se lo imaginan?) un generalísimo ferrolano, gallego renegado como nunca hubo otro.

Señoras y señores diputados, con esta proposición que hoy traemos las diputadas y diputados gallegos a esta Cámara, venimos a corregir una actuación que es parte de las trágicas consecuencias de la Guerra civil, cuando Galicia vio cómo se arrasaban y alteraban (¿puede algo ser arrasado y alterado al mismo tiempo?) los nombres de sus lugares, de sus aldeas, de sus villas y de sus ciudades.

La historia oficial procura que se olvide que el reducido número de protonacionalistas tenía en general unas fuertes inclinaciones reaccionarias, y que, en los turbulentos tiempos de la República, la mayoría de ellos fue más fiel a su señoritismo que a su nacionalismo. El mismo fundador del Partido Galeguista, Vicente Risco, acabó por traicionar su causa y escribió sonetos en loa de Franco. Por supuesto, es iluso buscar este dato en libros de texto o en discursos públicos.

Pocos argumentos serios, en verdad, se escucharon aquel día. Los más de los oradores no pasaron de frases retóricas y sonoras palabras. Baste un fragmento del diputado socialista por Lugo, José Blanco López (sí, Pepiño en sus tiempos de meritorio):

"recuperamos parte de nuestra historia en un acto de afirmación de libertad, de convivencia, de reafirmación cultural"

Recupera la historia borrando de un plumazo siglos de ella; afirma la libertad inmiscuyéndose en lo que la gente libremente habla y escribe, menciona la convivencia en un acto que rechaza la doble oficialidad de las formas gallegas y castellanas, considera reafirmación cultural a una medida que deslegitima formas culturalmente establecidas durante siglos. Los socialistas, ya les decíamos, andan un tanto despistados.

Al margen de los ciudadanos
No descubrimos nada nuevo al comentar que la nueva ley nacía con una abierta resistencia civil. En el mismo Congreso, el político que con más legitimidad podía hablar en nombre de La Coruña, su alcalde Francisco Vázquez, la rechazó abiertamente y se negó a apoyarla. Alguna noticia tendrían de ello los congresistas, pues emplearon muchas veces expresiones del tipo "Galicia solicita", "los gallegos agradecemos", "en nombre de Galicia", pero ninguno solicitó nada "en nombre de los coruñeses". Hubiera sido demasiado chirriante.

Aquel día de junio, el diputado Rodríguez del BNG, previendo la polvareda que iba a levantar en la misma Galicia la propuesta de ley, mencionó de soslayo a los disconformes:

el orgullo que sentimos de contar con la presencia aquí de los representantes del Parlamento de Galicia que con tanta razón como entusiasmo defendieron lo que en la Galicia que no reniega de sí, la inmensa mayoría quiere.

Es fea palabra la de renegado, pero no sorprende. Nunca han ocultado los nacionalistas, por muy democráticos que se digan, su vocación de expender carnés de identidad sujetos a la fidelidad étnico-lingüística de los súbditos. No se conforman con tus impuestos, quieren tu alma.

Los ciudadanos españoles y los gallegos renegados que discreparon con la medida no han permanecido en silencio. El argumento más popular contra la ley es tan obvio e instintivo que resulta difícil de rebatir: si yo no digo London ni Milano, ¿por qué he de decir A Coruña? El diputado González del PP contrapuso el ejemplo de O Porriño, que nadie piensa en traducir por El Porriño (mucho menos, El Porrito). Sin embargo, esto quiere decir únicamente que tal villa nunca ha merecido el honor de que su nombre resuene en lenguas de gentiles. De haber sido una ciudad conocida, los castellanohablantes (y los francos e ingleses) hubieran adaptado el nombre a sus respectivas lenguas.

A esto se le añaden otro par de paradojas. En primer lugar, no parece que el respeto que los galleguistas solicitan para sus denominaciones "propias", lo tengan ellos mismos por las ajenas. La nueva toponimia galaica ha creado formas de tanta raigambre como Estremadura, Cidade Real, Alacante, Xaén, Lión (Lyon)... Quizás no les extrañe saber que ha respetado o, por mejor decir, introducido Lleida, Gasteiz y Porto.

Mucho más significativo nos parece otro ejemplo: al nacionalismo le molesta gravemente que se diga La Coruña, pero en nada les perturba que los ingleses hablen de Corunna y los franceses de La Corogne. No parece, por tanto, que sea la corrupción del nombre original lo que les duele. Lo que les molesta, y mucho, es que ese nombre ande en bocas españolas como si fuera propio.

Y tengo para mí que, más allá de racionalizaciones inconsistentes y excusas banales, es por aquí donde debemos encontrar la razón última de la insistencia casi patológica de los nacionalistas en suprimir las formas españolas allá donde las encuentran, ya sea en señales o en jardines, ya sea, cuando les dejan, en el BOE. Algo de ello barruntó la diputada socialista Porteiro cuando afirmó en el Congreso:

cuando los hombres y mujeres le damos nombre a una cosa estamos estableciendo un pacto de pertenencia, estamos quedándonos con el alma de esa cosa, de esa tierra, de ese lugar.

Aquel día, con la excusa demostrablemente falsa de la recuperación del nombre histórico, los diputados españoles estaban votando simbólicamente la ruptura del pacto de pertenencia entre la lengua española y Galicia. Disfrazados de representantes electos del idioma, los partidos políticos españoles repudiaron al castellano como lengua histórica de Galicia.

El mensaje implícito del ritual en el Congreso rezaba así:
Vosotros, españoles, no tenéis derecho a darme nombre. Vosotros no tenéis derecho a hablar por mí.Vuestra voz me es ajena.

Y el Congreso dijo "es cierto" y aplaudió.

Reinventando la Historia y la lengua
A pesar de todo lo dicho, es necesario admitir que tenían razón los congresistas al observar que lo que se solicitaba no era más reformar una denominación que no se correspondía con el ordenamiento jurídico nacido de la Transición. Recordemos los hechos: en 1983 el Parlamento Gallego aprobaba la Ley de Normalización Lingüística (un calco de la catalana, por cierto) que establecía en su Artículo X que:

Os topónimos de Galicia terán como única forma oficial a galega
Las provincias, como órganos territoriales dependientes del Estado central, quedaban fuera del alcance fiscalizador de la Xunta, y era al Estado central al que le correspondía la obligación de adaptar al efecto su denominación oficial para que coincidiera con el de las capitales. Todo ello apoyándose en el Artículo I de la ley, el cual establece que:

O galego é a lingua propia de Galicia. Todolos galegos teñen o dereito a usalo

La legislación es, por tanto, clara y taxativa: la lengua propia de Galicia es el gallego. No es una consideración meramente simbólica, ad usum nostalgicorum, sino jurídicamente pertinente, de acuerdo con el Tribunal Supremo. Recientemente, ante una demanda del BNG contra el Ayuntamiento de La Coruña por su insistencia en estampar en los documentos oficiales la doble denominación, Concello de A Coruña/Ayuntamiento de La Coruña, la Alta Corte ha prohibido al alcalde esta costumbre basándose en el concepto de "lengua propia":

Por consiguiente, resulta que la lengua vernácula no es sólo cooficial en Galicia, junto con el castellano por serlo en todo el Estado español, (da la impresión de que la oficialidad del castellano viene dada "por serlo en todo el estado español", no por el irrelevante hecho de que sea la lengua hablada por la mayoría de los gallegos) sino también "propia", lo que comporta una singular consideración jurídica asociada a la condición de factor de identidad política.

O sea, que las dos lenguas son iguales, pero una es más igual que la otra, ya que es la "propia", con comillas añadidas por el propio tribunal. Va de suyo que si el gallego es la lengua propia, el castellano es la impropia y/o ajena.

Asombra comprobar lo que es capaz de hacer un concepto. En la vida real, el castellano es una lengua que se habla en Galicia desde hace siglos, es la lengua que mejor dominan los gallegos, y es la lengua en que han escrito la mayoría de sus sabios, escritores e intelectuales. Es la lengua, no lo duden, en la que los legisladores gallegos se expresan cuando no hay micrófonos por medio. Es la lengua, tampoco esto lo duda nadie, en la que hablarán sus hijos y nietos.

En el plano del discurso, es una lengua impropia, una lengua que no debería ser escuchada en Galicia y el Estado ha de impulsar su expulsión de las aulas y oficinas.

Y el gallego es la lengua propia, la que ha de ser normalizada. Esta fea palabra nos demuestra otra vez hasta qué punto triunfan los nacionalistas (hasta qué punto hemos dejado que triunfen) cuando toca dar un nombre a sus acciones. Han conseguido que todos consideren "normalización" a una de las políticas lingüísticas más extravagantes de las que se tiene noticia: coger unas hablas campesinas sin apenas uso escrito, depurarlas y unificarlas, darles una normativa, inventar un sinnúmero de palabras (por ser tantas las situaciones en las que nunca se había usado el gallego) e imponer la neolingua recién sacada del magín en la administración y la enseñanza. Los precedentes existen, pero hay que buscarlos en las regiones del planeta recién incorporadas a la cultura escrita. No en un sitio donde ésta se remonta por siglos, y existe una lengua común y estandarizada accesible para toda la población.

El resultado es, en el plano del discurso, el gallego normativo. En la vida real, el neogallego no es más que un español escaso de recursos y con ciertas particularidades fonéticas, que las televisiones nacionales ya no se molestan en traducir.

El Land de Baviera no considera un oprobio el que en Munich no se estudie en bávaro. La Universidad de Edimburgo no enseña en escocés. El sardo no ha pasado a ser la lengua prioritaria de Cerdeña. Y no hay noticia de que en Francia se fuerce a la población a abandonar el francés para que aprendan bretón, catalán o vasco. En España se ha hecho, so capa de que es "lo normal".

Quien lo impone, una coalición de políticos ágrafos e intelectuales para quienes la defensa de su cultura no es otra cosa que el mantenimiento de su sueldo, arguye que "como esto es Galicia, aquí en gallego", a pesar de que cierto pudor debería hacerles recordar que ese argumento en nada difiere del "en España, habla español". El espíritu es el mismo: siempre gente que se arroga el derecho de imponer cómo uno tiene que hablar, cómo tiene que opinar, cómo tiene que ser. La diferencia está en la lengua. En el caso del español, además de la pujanza que le dan sus centenares de millones de hablantes, tenemos un vehículo cultural de 800 años, que ha sido trabajado y modelado por incontables generaciones de escritores, creadores, gramáticos, traductores. Sus palabras son fruto de un esfuerzo secular por expresar el mundo, no capricho de un comisario político-lingüístico. En ellas está inscrita la historia de Galicia como rincón atlántico, occidental, excristiano, post-romano, ibérico, cuasiportugués y español. Renunciar a ellas implica el repudio de toda esa historia, con el fin declarado de hablar una lengua que los otros no entiendan, y que es tan gallega como el esperanto.

Los nacionalismos vasco y catalán en la Historia de España

Trataré aquí de sintetizar las ideas de estos movimientos, así como su actuación a través de ciertos sucesos clave que manifiestan su carácter y papel político. Por la misma necesidad de síntesis, prestaré atención a los partidos importantes, como el PNV, Lliga Catalana o Esquerra Republicana, dejando de lado grupos menores, como Acció Catalana, Acción Nacionalista Vasca, Comunión Nacionalista, etc.

Tales nacionalismos se definen, lógicamente, en relación con España, tenida por el enemigo a destruir en el nacionalismo vasco, y negada simplemente en el catalán. Son un fenómeno históricamente reciente, pues nació en algunas regiones a finales del siglo XIX, cobró impulso con el "Desastre" de 1898 y desde entonces se configuró en Cataluña y en Vasconia como un factor importante en la vida política española, excepto durante las dictaduras, que ocupan casi la mitad del siglo.

Estos movimientos derivan de los regionalismos, productos del Romanticismo del siglo XIX, con su exaltación sentimental de algunas tradiciones, del "espíritu popular" y de la Edad Media. Los regionalismos arraigaron en varias partes de España, pero sólo en Cataluña y Vasconia originaron nacionalismos fuertes. La primera pregunta es por qué fue así, y por qué no prendió algo similar en Galicia --donde el nacionalismo ha tenido mucho menor empuje--, o en Valencia, las Baleares, Andalucía y otras regiones, donde el nacionalismo pudo haber explotado motivos lingüísticos u otros. Una explicación suele hallarse en el empuje industrial vasco y catalán. Algo influyó, sin duda, el sentimiento de una riqueza creciente y superior. Como observa el nacionalista catalán Cambó, "El rápido enriquecimiento de Cataluña (...) dio a los catalanes el orgullo de las riquezas improvisadas, cosa que les hizo propicios a la acción de nuestras propagandas" (1) . Sin embargo la burguesía catalana solía mostrar celo españolista en pro del mercado para sus productos, y el nacionalismo vasco exaltó más bien una idealizada sociedad rural y bucólica. La industrialización, por tanto, tuvo alguna influencia, pero no decisiva.

Otra explicación podría estar en la memoria de los antiguos fueros. Pero en realidad la abolición de las leyes particulares de Cataluña por Felipe V permitió la recuperación económica catalana, al abrirle los mercados del resto de España y de América. En el País Vasco, la abolición de los fueros en 1876, a causa de la guerra carlista, también facilitó la expansión industrial vasca, y, como muestra Juaristi (2), la reivindicación de los fueros tuvo escaso eco inmediato. No obstante, como motivo sentimental y político invocado a posteriori, no dejó de tener también cierta relevancia.

Suele aludirse asimismo, a las peculiaridades culturales e históricas, a los "hechos diferenciales". Pero esas diferencias preexistían de largo tiempo atrás, y también en otras regiones, y no habían dado pie a tales movimientos. El catalán o el vasco corrientes, aunque conscientes de esas diferencias, se sentían españoles. Como recuerda Cambó, todavía en 1898, "cuando salíamos del Círculo de la Lliga de Catalunya, encendidos de patriotismo catalán, nos sentíamos en la calle como extranjeros, como si no nos hallásemos en nuestra casa, porque no había nadie que compartiese nuestras aspiraciones"(3). En cuando a Sabino Arana, sus textos abundan en imprecaciones y amenazas a los malos bizkaínos: "El yerro de los bizkaínos de fines del siglo pasado y del presente (...) es el españolismo". "Nuestros padres vertieron su sangre en Padura (se refiere a una supuesta batalla de hace once siglos) para salvar a Bizkaya de la dominación española, por la libertad de la raza, por la independencia nacional. Nosotros ¡miserables! hemos vendido el fruto de esa sangre a los hijos de sus enemigos y hemos escupido al sepulcro de nuestros padres. ¡No sabían los bizkaínos del siglo noveno que con la sangre que derramaban por la Patria, engendraban hijos que habían de hacerle traición!". "Vosotros, cansados de ser libres, habéis acatado la dominación extraña" "Si no queréis abandonar esos caminos por donde os llevan los enemigos de Bizkaya; si os obstináis en ayudar al verdugo de Bizkaya (...) ¡Que vuestros nietos os maldigan y os execren!" . "¡Cuándo llegarán los bizkaínos a mirar como a enemigos a todos los que les hermanan con los que son extranjeros y enemigos naturales suyos!" Y así sucesivamente.

Importa señalar, además, que el ancestral sentimiento español de vascos y catalanes marca una diferencia clave con nacionalismos como los de Europa central, donde las minorías integradas en los imperios austríaco, turco o ruso, como los checos, los serbios, los búlgaros o los polacos nunca se sintieron austríacos, turcos o rusos. La integración del País Vasco o de Cataluña en España no procede de invasiones o conquistas, como las de aquellos pueblos centroeuropeos, o la de Irlanda, Quebec, etc.

Por tanto, los factores señalados no explican gran cosa. Los nacionalistas supieron utilizarlos a su favor, pero no conducían de por sí al separatismo. La idea de que existía un caldo de cultivo muy favorable a los nacionalismos en Cataluña y Vasconia es falsa. Los apóstoles de las nuevas ideas trataban de oponer el sentimiento vasco o catalán al sentimiento español, cuando antes la gente no encontraba esas cosas contrarias, sino complementarias. En realidad, la expansión de esos movimientos requirió un esfuerzo muy arduo y una habilidad muy notable para desarraigar o debilitar en los vascos y los catalanes, o en parte de ellos, el sentimiento hispano.

La tarea exigía dirigentes capaces y entregados, y creo que en buena medida el éxito de ambos nacionalismos se debe precisamente a eso, a que encontraron sus profetas, sus líderes enfervorecidos e iluminados, por así decir, dispuestos a consagrarse en cuerpo y alma a una misión a su juicio redentora. No encontramos en el nacionalismo gallego u otros a personajes tan enérgicos y diestros como Arana, Prat de la Riba o Cambó. Una tradición ya larga explica la historia por causas materiales más o menos cuantificables, pero en cuanto indagamos los hechos topamos siempre con imponderables como el carácter de los dirigentes. Por ejemplo, sin Lenin resulta inimaginable la revolución rusa, socialista en un país agrario y sumamente atrasado en el plano material, cuando la mayoría de los propios jefes bolcheviques vacilaba ante el golpe revolucionario, si es que no lo rechazaba. El caso tiene interés porque son precisamente los marxistas quienes más han insistido en la primacía casi absoluta de las llamadas "condiciones materiales".

Tanto Arana en Vasconia como Prat de la Riba en Cataluña muestran en sus escritos la convicción absorbente de haber descubierto una nueva luz que debía alumbrar en adelante la marcha de sus pueblos. Cambó resolvió siendo joven consagrar sus energías y su notable inteligencia a la causa del nacionalismo catalán, al punto de renunciar al matrimonio en aras de ella. Ese espíritu exaltado lo sintetizará Prat de la Riba en su célebre frase: "La religión catalanista tiene por Dios a la patria". Arana deploraba "cuán difícil y penosa es la labor que nos hemos impuesto, de soltar la venda que ciega los ojos de los bizkaínos!", pero advirtió en su discurso de Larrazábal que si fracasara, abandonaría el País Vasco, y "si tan triste caso llegara, juro, al dejar el suelo patrio, dejaros también un recuerdo que jamás se borre de la memoria de los hombres". No sabemos qué recuerdo sería, aunque en su intención debía de ser terrible. En cualquier caso no cabe dudar de su determinación.

Los métodos para desespañolizar a catalanes y vascos fueron parecidos. Por un lado, un ataque inclemente a España o a Castilla, elaborando una historia de agravios, y por otra un halago desmesurado a lo autóctono: "Había que saber que éramos catalanes y que no éramos más que catalanes", dice Prat, para lo cual debían combinarse "los transportes de adoración" a Cataluña con el odio a los supuestos causantes de sus males, los castellanos, pese a que Castilla, como reino o región, había dejado hacía mucho de representar un poder hegemónico o director en España. "La fuerza del amor a Cataluña, al chocar contra el obstáculo, se transformó en odio, y dejándose de odas y elegías a las cosas de la tierra, la musa catalana, con trágico vuelo, maldijo, imprecó, amenazó". Había que "resarcirse" de una imaginaria "esclavitud pasada". "Tanto como exageramos la apología de lo nuestro, rebajamos y menospreciamos todo lo castellano, a tuertas y a derechas, sin medida". O, como observa más sobriamente Cambó, "El rápido progreso del catalanismo fue debido a una propaganda a base de algunas exageraciones y de algunas injusticias: esto ha pasado siempre y siempre pasará, porque los cambios en los sentimientos colectivos no se producen nunca a base de juicios serenos y palabras justas y mesuradas" (4). En resumen, escribe Prat: "Son grandes, totales, irreductibles, las diferencias que separan a Castilla y Cataluña, Cataluña y Galicia, Andalucía y Vasconia. Las separa, por no buscar nada más, lo que más separa, lo que hace a los hombres extranjeros unos de otros, lo que según decía San Agustín en los tiempos de la gran unidad romana, nos hace preferir a la compañía de un extranjero la de nuestro perro, que al fin y al cabo, más o menos, nos entiende: les separa la lengua". De creer a Prat, nadie entendía el español común fuera de Castilla, si acaso Andalucía o Canarias, y un catalán preferiría --o más bien debía preferir, de acuerdo con la nueva doctrina-- la compañía de su perro a la de un castellano, un gallego o un vasco. La distorsión histórica se aprecia en frases como la que opone "el gótico y el románico de nuestros monumentos" a "la Alhambra o la Giralda", como si a Cataluña la caracterizasen el gótico y el románico, y al resto de España los monumentos árabes. Para él, "Bien mirados los hechos, no hay pueblos emigrados, ni bárbaros conquistadores, ni unidad católica, ni España, ni nada".

Tanto Prat como Arana se consideraban católicos fervientes, pero Arana va más allá que Prat, y exclama indignado: "¡Católica España! Y ¡ afirmarlo ahora que cualquiera sabe leer y cualquiera lee periódicos y libros! (...) No es posible, en breve espacio, mencionar siquiera concisamente los hechos pasados y presentes que prueban bien a las claras que España, como pueblo o nación, no ha sido antes jamás ni es hoy católica". Arana decía hallar en la mayoría de los españoles "el testimonio irrecusable de la teoría de Darwin, pues más que hombres semejan simios poco menos bestias que el gorila: no busquéis en sus rostros la expresión de la inteligencia humana ni de virtud alguna; su mirada solo revela idiotismo y brutalidad". Ante este hecho, el inteligente y virtuoso Arana clamaba entre asombrado y furioso: "euskerianos y maketos ¿forman dos bandos contrarios? ¡Ca! Amigos son, se aman como hermanos, sin que haya quien pueda explicar esta unión de dos caracteres tan opuestos, de dos razas tan antagónicas". En estas frases se condensa todo el programa aranista: había que sustituir aquella amistad y fraternidad por una enemistad sin fisuras. Amenaza también al vascongado que olvidara la lengua vascuence: entonces, "si el maketo, penetrando en tu casa, te arrebata a tus hijos e hijas para quitar a aquellos su lozana vida y prostituir a éstas... entonces, no llores". O pintaba a "Bizkaya" como "la nación más noble y más libre del mundo", una raza "singular por sus bellas cualidades, pero más singular aún por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española, ni con la francesa, que son sus vecinas, ni con raza alguna del mundo...". Esa raza sufría, sin embargo, "humillada, pisoteada y escarnecida por España, por esa nación enteca y miserable". Y fulminaba a sus paisanos: "Habéis mezclado vuestra sangre con la española o maketa, os habéis hermanado y confundido con la raza más vil y despreciable de Europa". En fin, "Era antes vuestro carácter noble y altivo, a la vez que sencillo, franco y generoso; y hoy vais haciéndoos tan viles y pusilánimes, tan miserables, falsos y ruines como vuestros mismos dominadores", concluye con nobleza y generosidad peculiares.

Si España no existía, en palabras de Prat, o era tan irrisoriamente inepta y ruin como decía creer Arana, la misión emancipadora que ambos se atribuían debía haber resultado muy cómoda, aunque muy difícil, en cambio, explicar dónde había estado durante siglos Cataluña, o cómo había sido posible la supuesta sumisión de los vascos. Pero estas incoherencias nunca les preocuparon demasiado. Sea como fuere, la mezcla del halago a un grupo social con el señalamiento de un enemigo claro, culpable de todos los males, sugestiona fácilmente a muchas personas, si se insiste en ella con tenacidad. Y así fue.

Estas campañas, aparte de la habilidad y energía derrochadas en ellas, recibieron gran impulso del "desastre" del 98, como recordaba Cambó. Si en el terreno económico aquella derrota tuvo poco efecto, y el desarrollo español incluso se aceleró luego, supuso una quiebra moral y psicológica, que dio alas a los movimientos radicales, desde el socialismo revolucionario y el anarquismo a los nacionalismos. Así fue posible que a los pocos años Prat asegurase, con alguna razón: "Hoy ya, para muchos, España es sólo un nombre indicativo de una división geográfica".

No obstante las similitudes básicas, hay fuertes diferencias entre el programa nacionalista de Prat y el de Arana. El primero anhelaba "más que la libertad para mi patria. Yo quisiera que Cataluña (...) comprendiera la gloria eterna que conquistará la nacionalidad que se ponga a la vanguardia del ejército de los pueblos oprimidos (...) Decidle que las naciones esclavas esperan, como la humanidad en otro tiempo, que venga el redentor que rompa sus cadenas. Haced que sea el genio de Cataluña el Mesías esperado de las naciones". Ello no le impedía al mismo tiempo proclamar una vocación imperialista, pues el imperialismo "es el período triunfal de un nacionalismo: del nacionalismo de un gran pueblo". Cataluña debía convertirse en el elemento hegemónico de un imperio ibérico que se extendería desde Lisboa al Ródano, para luego "expandirse sobre las tierras bárbaras", especialmente las africanas.

A Arana, en cambio, ni se le ocurría pensar en los catalanes como vanguardia de los "pueblos oprimidos" o de cualquier otra cosa. En realidad manifestaba desprecio hacia Cataluña, a la que consideraba una región española sin remedio, como tal enemiga de los vascos y sin títulos propiamente de nación: "Nunca discutiremos si las regiones españolas como Cataluña tienen o no derecho al regionalismo que defienden, porque nos preocupan muy poco, nada por mejor decir, los asuntos internos de España". Su programa era casi el inverso de Prat, pues propugnaba para el "pueblo más noble y más libre del mundo" el encerramiento en sí mismo. La mayor distinción de los vascos, sería, después de la raza, el euskera, "broquel de nuestra raza, y contrafuerte de la religiosidad y moralidad de nuestro pueblo". Según él, "donde se pierde el uso del Euzkera, se gana en inmoralidad", por lo cual, "Tanto están obligados los bizkaínos a hablar su lengua nacional como a no enseñársela a los maketos o españoles". Nada, pues, de moralizar por vía lingüística a los maketos: "Muchos son los euzkerianos que no saben euzkera. Malo es esto. Son varios los maketos que lo hablan. Esto es peor" "Si nuestros invasores aprendieran el euzkera, tendríamos que abandonar éste, archivando cuidadosamente su gramática y su diccionario, y dedicarnos a hablar el ruso, el noruego" Etc.

Pese a su entusiasmo por el vascuence, la lengua materna de Arana era el castellano. De ella renegó, aunque, para hacerse entender, hubo de escribirlo, y con no mal estilo. Dada la dificultad del vascuence, no debió de llegar a dominarlo, como indica su creación de la palabra Euzkadi, juzgada por sus seguidores como un hallazgo genial. El político nacionalista Eguileor opina que "el anhelo" de la "raza más vieja de la tierra (...) se condensa maravillosamente en una sola palabra, la que no acertó a sacar durante cuarenta siglos nuestra raza del fondo de su alma, palabra mágica creada también por el genio inmortal de nuestro Maestro: ¡Euzkadi!". Pero el filólogo vasco Jon Juaristi, observa que el término es un disparate, que "consta de una absurda raíz euzko, extraída de euskera, euskal, etc., a la que Arana hace significar "vasco", y del sufijo colectivizador -ti /-di, usado sólo para vegetales. Euzkadi se traduciría literalmente por algo parecido a "bosque de euzkos", cualquier cosa que ello sea". Ya en su tiempo Unamuno criticaba la "grotesca y miserable ocurrencia" de un "menor de edad mental", que equivaldría a cambiar la palabra España por "la españoleda, al modo de pereda, robleda..." (5)

Y lejos del imperio ibérico de Prat, enseñaba Arana: "Si a esa nación latina la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo". Deseo lógico porque "aborrecemos a España no solamente por liberal, sino por cualquier lado que la miremos".

Otra diferencia importante es que el nacionalismo vasco será siempre muy derechista, salvo pequeñas variedades, hasta que en los años 60 del siglo XX se asiente una rama de izquierdas, en torno a ETA. En cambio el nacionalismo catalán, también de derechas al comienzo, tendría antes un sector más izquierdista, violento y radical. Con el tiempo, el nacionalismo de Cambó encontraría "en el patriotismo español la ampliación natural y complemento necesario del patriotismo catalán", como decía Valls Taberner en 1934 (6). Por el contrario, la izquierda acentuaba el talante separatista o al menos exclusivista.

También difería el estilo de las propagandas: bronco el de Arana, más disimulado el de Prat, como él mismo advierte: "Evitábamos todavía usar abiertamente la nomenclatura propia, pero íbamos destruyendo las preocupaciones, los prejuicios y, con calculado oportunismo, insinuábamos en sueltos y artículos las nuevas doctrinas". En Prat y sus seguidores predominó un victimismo algo quejumbroso y sentimental, que conmemoraba derrotas históricas reales o supuestas, junto con un sentimiento de superioridad ultrajada. Este último sentimiento destacaba más en los sabinianos, con menos victimismo y mayor agresividad: Arana inició su predicación recordando supuestas victorias bélicas contra "el invasor español", y llamando con más o menos claridad a renovar aquellas glorias.

Me he extendido en las citas porque las ideas básicas de estos nacionalismos son muy ampliamente ignoradas, y de ello derivan serios equívocos. Comentaba a veces Caro Baroja que él había tenido a Arana por el doctrinario más tonto de España, hasta que leyó el "Catecismo catalanista" de Prat de la Riba. Esto, naturalmente, es una impresión subjetiva del ilustre investigador, pero lo cito porque revela cómo incluso una persona tan competente en la etnología española, tardó en conocer los textos fundacionales del nacionalismo catalán. Cierto, de todos modos, que las elaboraciones de ambos nacionalismos nunca alcanzaron un nivel intelectual destacable.

Pese a los éxitos nacionalistas, el sentimiento español era y es muy persistente, por basarse en una historia compartida de muchos siglos, en una larga mezcla demográfica y cultural, en el tronco católico de su cultura, en una profunda interrelación económica, y en la conciencia de que la lengua común española, pese a su origen castellano, no es patrimonio de ninguna región, pues todas han contribuido a darle forma. Además, la lengua común permitía y permite a las regiones comunicarse entre sí y ampliar a varios continentes las relaciones y empresas de todo tipo. No extrañará que el propio Arana admita: "Hemos convencido a muchas inteligencias; hemos persuadido a pocos corazones. Lo cual demuestra, en último término, que ya no hay corazones en Euskeria. ¡Pobre Patria!". En cuanto a los nacionalistas catalanes, en momentos cruciales se demostrará lo mucho que tenían de pose sus maldiciones, imprecaciones y amenazas, que decía Prat, contra Castilla y España.

La consecuencia inmediata de estos nacionalismos es doble. Por una parte tienden a separar y crear hostilidad entre los vascos o los catalanes, y el resto de los españoles, y por otra dividen a vascos y catalanes en "buenos" y "malos", según acepten o no sus doctrinas. Los nacionalistas se proclaman automáticamente representantes del pueblo, piense lo que quiera la mayoría de él. Con tal enfoque, las elecciones, por ejemplo, son un método aprovechable, pero nunca serán admitidas las votaciones adversas. Ocurre algo parecido con los comunistas, autoproclamados representantes del proletariado, voten lo que voten los obreros, y que utilizan las elecciones de modo similar. Esto, desde luego, tiene poca relación con la democracia tal como normalmente se concibe.

Estos nacionalismos no sólo alientan un sentimiento contra España, sino también contra el liberalismo: "antiespañol y antiliberal es lo que todo bizkaíno debe ser", adoctrinaba Arana, y el nacionalismo catalán fraguó en buena medida en círculos eclesiales que veían en el liberalismo una amenaza. Hubo también una raíz más o menos carlista. Más o menos, porque el carlismo era muy españolista, y defendía los viejos fueros como propios de la unidad española, en contraste con el centralismo traído de Francia. Pero tanto en las Vascongadas como en Cataluña tuvo el carlismo fuerte influencia, y ante el triunfo liberal en España, algunos derivaron hacia el nacionalismo como una forma de salvar lo salvable del antiguo régimen. Arana evolucionó directamente desde el carlismo, y en los catalanistas se mezclaba a veces el regionalismo con la defensa de la moral católica en peligro, real o no. Claro que nunca se produjo tal evolución nacionalista en Navarra, Álava y otras regiones y provincias donde el carlismo tenía largas raíces.

También influyó en el antiliberalismo la llegada de trabajadores de otras regiones, a menudo desarraigados e ignorantes, a quienes alejaban de la religión el debilitamiento o pérdida de lazos familiares, la explotación y las condiciones de vida, con frecuencia miserables. En ellos prendieron las doctrinas socialistas y anarquistas que les prometían un mundo feliz y les señalaban un enemigo. Bastantes conservadores veían en esa inmigración una fuente de inmoralidad, subversión y violencia, y, si bien se beneficiaban de ella, le oponían un pasado ideal de catolicidad y moralidad estrictas, aún persistentes en sus regiones, pero supuestamente perdidas en el resto de España. Buena parte del clero desempeñó un papel importante en el auge nacionalista en las dos comunidades.

En Vasconia, el PNV mantuvo siempre un intenso antiliberalismo, que, en una rama de él, la ETA, concluyó en un revolucionarismo de tipo marxista. En Cataluña la evolución siguió otro rumbo: el nacionalismo liderado por Cambó derivó lentamente a lo que en el fondo era un regionalismo españolista, y sus contradictorias aspiraciones, imperialistas y emancipadoras de los "pueblos esclavos", derivaron hacia un liberalismo templado. También hubo en Arana una evolución españolista hacia el final de su vida, pero fue ocultada por sus seguidores. El nacionalismo catalán de izquierda, de irregular trayectoria, cuajará en 1931, al fusionarse tres partidos menores en la Esquerra Republicana de Catalunya. Durante la República, la Esquerra desbancó al catalanismo de derecha, con respecto al cual acentuó su nacionalismo y a veces un separatismo abierto. La Esquerra tuvo carácter jacobino, es decir, un liberalismo inspirado en la Revolución francesa, exaltadamente anticlerical y muy diferente del liberalismo conservador, de raíces más bien anglosajonas, por simplificar de algún modo.

Repasaremos ahora la historia de estos nacionalismos, repaso somero inevitablemente, pero espero que ilustrativo. Como esa historia ha transcurrido prácticamente a lo largo del siglo XX, cabe distinguir en ella las cinco etapas generales atravesadas por el país: en primer lugar, el régimen liberal de la Restauración, hasta 1923, luego la dictadura de Primo, hasta 1930, poco después la República y la guerra, hasta 1939; a continuación la dictadura de Franco, hasta 1975, y finalmente la democracia actual.

La Restauración permitió el nacimiento, la expresión y la organización de los nacionalismos. Entonces cobró protagonismo sobre todo la Lliga catalana, liderada por Cambó, con el programa de Prat de la Riba: dominar en Cataluña para convertir España en una confederación ibérica e impulsarla a un nuevo imperialismo. Pero el programa se mostró irrealizable. Lejos de dominar Cataluña, los nacionalistas se dividieron, y gran parte de la población apoyó a los anarquistas o a los republicanos. Se produjo una deriva hacia un imperialismo menor, el de los llamados països catalans. La participación en la política general española apareció pronto como una opción necesaria para la derechista Lliga, la cual influyó con fuerza en la vida del país y participó en el gobierno. Alfonso XIII llegó a ver en Cambó un posible salvador de la monarquía liberal.

Sin embargo, en conjunto el catalanismo jugó más bien como elemento de fractura dentro de la Restauración, a la que llevó a situaciones críticas, a veces en compañía de grupos revolucionarios o antidemocráticos. A partir de la crisis revolucionaria de 1917, el régimen sufrió un progresivo e imparable deterioro, acelerado por la derrota de Annual en Marruecos y el auge del terrorismo. Pero los enemigos de la Restauración, incluyendo al nacionalismo catalán, no ofrecían una verdadera alternativa a aquel régimen. Al final, como reconocerá el mismo Cambó, "se había destruido un artificio y no se había creado ni una realidad ni otro artificio que viniera a sustituirlo" (7).

En cuanto al nacionalismo vasco, desarrolló por entonces su propaganda y sus organizaciones, desentendiéndose de la política del resto de España e influyendo muy poco en los acontecimientos. Su historia, en contraste con la del nacionalismo catalán, es más bien doméstica. En él aparecieron dos tendencias, una más autonomista, llamada "euzkalerriaca", que relegaba la secesión a un tiempo lejano, y otra más radical, llamada "sabiniana", pese a la última evolución españolista de Arana.

En 1923 la situación del régimen se hizo insostenible. Según Cambó, "toda la sociedad española vivía en plena indisciplina ", y los gobiernos y partidos habían perdido el respeto de la población, porque no eran respetables. Fue la crisis definitiva, y dio entrada a una nueva época, la dictadura de Primo de Rivera. Esta dictadura, dice el líder catalanista, fue causada "por la incapacidad de los poderes constitucionales para cumplir su misión". Más concretamente: "La dictadura española nació en Barcelona, la creó el ambiente de Barcelona, donde la demagogia sindicalista tenía una intensidad y una cronicidad intolerables. Y ante la demagogia sindicalista fallaron todos los recursos normales del poder, todas las defensas normales de la sociedad" (8). Quedó de manifiesto, pues, cómo los partidos antiliberales, incluyendo a los nacionalistas, habían tenido fuerza suficiente para hacer la vida imposible al régimen que les permitía desarrollarse, pero no para alzar una alternativa frente a él.


Siempre ha habido gran sospecha de que la propia Lliga catalanista impulsó o alentó el golpe de Primo. Pero después Cambó se negó a colaborar con la dictadura, aunque tampoco se le opuso, y el dictador reprimió los nacionalismos. Fue una represión muy suave, como la realizada contra otros partidos, salvo el comunista. El PSOE colaboró con Primo. Éste admitió una amplia libertad de expresión, y no puso obstáculos a la publicación en catalán. Bajo la dictadura, se pasó de siete a diez diarios en catalán y aumentó considerablemente la publicación de libros en ese idioma. La célebre institución del "día de Sant Jordi", con el libro y la rosa, data también de la dictadura. En Madrid se produjo un movimiento de apoyo a la literatura y el idioma catalán. En el País Vasco fue proscrito el PNV, pero no la Comunión nacionalista, escindida de aquél (9).

La resistencia u oposición nacionalista a la dictadura de Primo fue prácticamente nula, aunque hubo en Cataluña lo que algunos, exagerando mucho, han llamado "nacionalismo insurreccional", materializado en algún proyecto de atentado contra el rey, fácilmente desarticulado, y, sobre todo, en el suceso de Prats de Molló, preparado por Macià. Éste era un personaje apasionado y teatral, antiguo coronel muy españolista, convertido al secesionismo. Formó el partido Estat Catalá, y buscó apoyo en Moscú. Pero protestaron varios ricos catalanes emigrados en América, que le pasaban fondos, y el fogoso ex coronel hubo de distanciarse de los comunistas. Reclutó entonces un grupo de nacionalistas, anarquistas e italianos, a quienes concentró en noviembre de 1926 en Prats de Molló, cerca de la frontera, con el supuesto fin de invadir Cataluña y arrastrar a la población a la lucha. Arrestados sin el menor problema por los guardias franceses, el juicio subsiguiente en París sirvió para promover un escándalo contra la España "negra" e "inquisitorial". En conjunto puede decirse que el nacionalismo en Cataluña, o en el País Vasco, apenas molestó a la dictadura y ésta tampoco lo reprimió gran cosa.

Al marcharse el dictador, en 1930, se produjo en toda España una carrera entre los grupos políticos por reorganizarse y conquistar posiciones. El movimiento principal fue la unidad en torno a la alternativa republicana, encabezada por los conservadores y ex monárquicos Alcalá-Zamora y Miguel Maura. La unidad tomó forma en el Pacto de San Sebastián, en agosto de 1930, suceso muy significativo, porque marca el comportamiento básico de ambos nacionalismos. El PNV permaneció al margen del Pacto, quizás por influjo del poco republicano obispo de Vitoria, Mateo Múgica. También se abstuvo Cambó, tras pronosticar a Ortega y Gasset que la república solo traería convulsiones.

Quienes sí asistieron fueron tres grupos catalanistas de izquierda, entre ellos Estat Català, de Macià, y dieron lugar a un primer encontronazo. Un enviado nacionalista, Carrasco i Formiguera, planteó una inmediata autodeterminación de Cataluña en cuanto la república se instaurase. Maura trató de demostrar a los nacionalistas "algo que estoy seguro que tenían bien sabido: que por tal camino se iba derecho a la guerra civil" (10) . El acuerdo final, un "pacto entre caballeros", preveía un estatuto autonómico a través de las Cortes y tras un referendum en la región. En realidad, los catalanistas apenas creían que del pacto saliera la república.

Sin embargo la república llegó, un tanto por sorpresa, en abril de 1931. Y de inmediato los nacionalistas vulneraron los acuerdos. Macià se había convertido en una especie de héroe popular. por efecto de una hábil propaganda, de redoblada eficacia en momentos de vuelco político. Su aventura en Prats de Molló no había tenido la menor repercusión en Cataluña, pero de pronto, dice Cambó, "Macià, a quien nadie tomaba en serio cuando hacía ridículas maniobras en Francia se convirtió en un símbolo. La ida a Prats de Molló, que consistió en embarcar un día unas docenas de jóvenes uniformados en París, debidamente vigilados por la policía, para hacerse detener en Perpiñán, se presentaba como una gesta heroica a las cabezas calenturientas y las masas revoltosas" (11). Y fue Macià, cuyo partido se había unido a otros dos para formar la Esquerra, quien tomó el poder en Barcelona al caer la monarquía. Entonces, aprovechando el vacío de poder y la emocionalidad del momento, rompió el Pacto de San Sebastián y proclamó la República Catalana dentro de una imaginaria Federación Ibérica, se arrogó poderes de jefe de estado y nombró autoridades afectas. Tras nerviosas idas y venidas desde Madrid, el héroe de Prats de Molló renunció a la República Catalana, pero no a las medidas para imponer allí su poder efectivo. Prieto y otros sintieron el hecho como una grave deslealtad.

Un apoyo fundamental del nuevo poder en Cataluña fue la CNT, a la cual, a cambio, le fue permitido aplicar una sangrienta persecución contra obreros de otras ideologías. Sin embargo la luna de miel entre la CNT y la Esquerra se trocaría en odio y persecuciones al mostrarse los anarquistas inmanejables.

Las primeras elecciones republicanas dieron una gran victoria a la Esquerra. La Lliga de Cambó sufrió una dura derrota, y aunque dos años después, en 1933, logrará superar a la Esquerra en las elecciones generales, ya no tuvo oportunidad de representar un papel decisivo en Cataluña.

El nacionalismo vasco siguió entonces una vía contraria al catalán, virulentamente jacobino y anticristiano. El PNV reforzó su clericalismo ante los ataques a la religión comenzados apenas instaurada la república. Ello le atrajo el voto de muchos vascos de convicciones católicas, pero no especialmente nacionalistas, que vieron en aquel partido una defensa de sus convicciones más eficaz que en la dispersa derecha tradicional.

En el País Vasco la población se dividió en tres sectores, aproximadamente iguales: los nacionalistas, la derecha tradicional y los socialistas, con grupos menores republicanos, carlistas, ácratas, etc. El equilibrio entre los tres sectores principales permaneció estable en los años siguientes. En Cataluña hubo también una triple división, entre el nacionalismo moderado y proespañol de la Lliga, el nacionalismo mucho más extremo de la Esquerra, y una masa de población ácrata. Los viejos partidos republicanos perdieron la mayor parte de su influjo, y los socialistas apenas lograron afianzarse. Entre los partidos menores, uno de ellos daría lugar al semitrotskista POUM.

La República provocó, en suma, un auge repentino de los nacionalismos catalán y vasco, por razones que no analizaremos aquí, pero muy relacionados, evidentemente, con la emocionalidad del momento y el descalabro moral y político de las derechas tradicionales. A ese auge le correspondió en el resto de España el de los republicanos de izquierda y el del PSOE. Este último resultó el verdadero árbitro del régimen, el partido más fuerte y estructurado, gracias, paradójicamente, a su colaboración con Primo de Rivera. Fue también un período de expansión del anarquismo.

La situación inicial de la república cambió en solo dos años y medio. En las elecciones de noviembre de 1933 las nuevas derechas, agrupadas en torno a la CEDA, y los republicanos moderados de Lerroux, ganaron ampliamente las elecciones. También la Lliga se rehízo y superó en diputados a la Esquerra. Sin embargo, la victoria derechista no fue aceptada por la izquierda. Azaña y otros propiciaron un golpe de estado para impedir la reunión de las nuevas Cortes. La Esquerra, en retroceso frente a la Lliga, se colocó "en pie de guerra", como decía un editorial de su diario La Humanitat (12).

En los meses siguientes el PSOE y la Esquerra organizaron un golpe de fuerza contra el poder legítimo. El golpe se produjo a principios de octubre de 1934, al entrar en el gobierno tres ministros de la CEDA. La CEDA, como partido más votado, tenía derecho no ya a participar, sino a presidir el gobierno, pero hasta entonces había renunciado, a fin de calmar las tensiones políticas. Solo decidió entrar cuando la situación se volvió crítica y preinsurreccional, y aun entonces lo hizo en tres ministerios secundarios y con políticos que pudieran tranquilizar a las izquierdas. Sin embargo éstas pretextaron que la entrada de la CEDA constituía un "golpe fascista", cosa falsa como ellos sabían perfectamente, y se lanzaron a una sangrienta rebelión, que, antes de fracasar, causó más de 1.300 muertos, sobre todo en Asturias, y también un número considerable en Barcelona, Madrid y otros lugares. Para desencanto de la Esquerra, la casi totalidad de los catalanes ignoró sus apasionados llamamientos a las armas y apoyó de hecho la legalidad constitucional.

Esa rebelión marcó la ruina de la república. Fue la ruptura del orden democrático y de la convivencia social, es decir, fue el comienzo de la guerra civil, como bien vio G. Brenan. Tras la derrota, tanto la Esquerra como el PSOE pretendieron que se había tratado de una rebelión popular espontánea, en la que ellos habían desempeñado un papel secundario. Esa versión invertía la realidad, pues había sido la población la que espontáneamente había desoído el llamamiento bélico de los partidos. Hoy conocemos bastante bien los minuciosos preparativos insurreccionales de unos y otros. La Esquerra, en particular, utilizó fraudulentamente las instituciones autonómicas para organizar una larga serie de acciones subversivas, y provocar entre la población un estado de ánimo propicio a la revuelta. También el PNV colaboró en las maniobras de desestabilización previas a octubre, formándose una extraña alianza entre un partido en extremo clerical y otros dos extremadamente antirreligiosos. Esa alianza se reproduciría en 1936, al recomenzar la guerra. En conclusión, hay pocas dudas de que la Esquerra contribuyó decisivamente a la destrucción del orden democrático y republicano, y que el PNV participó en esa destrucción de modo significativo.

Pese a su derrota, ni la Esquerra ni el PSOE cambiaron en lo fundamental los planteamientos que les habían llevado a la rebelión de octubre del 34. Al ganar el Frente Popular las elecciones de febrero de 1936, los partidos de izquierda trataron de suprimir políticamente a la derecha, aunque cada uno con objetivos diferentes. Los republicanos de Azaña y los socialistas de Prieto querían reducir a la CEDA a la impotencia, a un papel testimonial y seudolegitimador del sistema, mientras los comunistas presionaban al gobierno para que aplastasen definitivamente a la derecha, lo que abriría las compuertas de la revolución. Por su parte, los socialistas de Largo Caballero veían en el Frente Popular una palanca para imponer cuanto antes la llamada dictadura proletaria. Estas actitudes se tradujeron en oleadas de asesinatos, asaltos a locales políticos y periódicos conservadores, quema de iglesias, etc. Los líderes derechistas Gil-Robles y Calvo Sotelo fueron amenazados de muerte en pleno Parlamento cuando exigieron que el gobierno controlase el orden público. Todo ello rompía la legalidad y la convivencia. Un sector del ejército fue preparando una rebelión. El 13 de julio, un equipo de policías y milicianos socialistas asesinó a Calvo Sotelo, escapando Gil-Robles por los pelos. Unos días después la derecha se sublevó, reanudándose la guerra. España quedó dividida en dos zonas, en las dos se vino abajo la república y en las dos hubo que poner en pie sendos estados y ejércitos nuevos. El Frente Popular se proclamó republicano, por motivos de oportunismo político, pero nada tenía en común con la república del 14 de abril (13).

Como el golpe iniciado el 17 de julio dejó a los sublevados en pésima situación, las fuerzas izquierdistas y nacionalistas, dando por segura la victoria, comenzaron una pugna entre ellas por asegurarse cada una posiciones de poder frente a sus socios. Azaña narra en sus diarios cómo la Esquerra, nuevamente aliada con los anarquistas, usurpó todos los órganos del poder, rompiendo el estatuto e implantando una semiindependencia de hecho, y el 29 de julio del 37 resume en su diario: "Los abusos, rapacerías, locuras y fracasos de la Generalidad y consortes, aunque no en todos sus detalles de insolencia, han pasado al dominio público". Algunos nacionalistas han presentado estos actos como un modo de salvar la legalidad republicana, pretensión tan improbable como sus explicaciones, ya aludidas, sobre la rebelión de octubre de 1934.

Al PNV se le presentó un dilema: apoyar a los rebeldes, católicos como él, o al Frente Popular, que había desatado la más sangrienta persecución contra el cristianismo desde el Imperio romano. Un sector del partido optó por los rebeldes, pero la mayoría, creyendo en la victoria del Frente Popular, aceptó el estatuto de autonomía ofrecido por éste. A continuación pasó por encima del estatuto con el mismo entusiasmo que la Esquerra. Lo reconocía el PNV, algo brutalmente, ante las protestas del gobierno, establecido en Valencia: "Es ciertamente ocioso hablar de una legalidad, porque ésta ha sido superada, no solo en el terreno autonómico, sino en tantos aspectos distintos". Prieto, angustiado y furioso, escribía a Aguirre, presidente del gobierno de Vizcaya: "No llame usted con eufemismo abogadesco superación constitucional a lo que son vulneraciones constitucionales.", y criticaba " esos pujos a que se sienten ustedes tan inclinados de adquirir internacionalmente una personalidad como Estado".

Claro que las izquierdas también obtenían beneficios, como les recordaba el PNV: el trato permitía mantener el culto en las iglesias vizcaínas, y "la República se ha valido en sus propagandas exteriores" de este hecho "para demostrar en frente de la propaganda tendenciosa extendida en el extranjero" que la persecución religiosa tenía poca importancia. Llamar propaganda tendenciosa a la denuncia del asesinato masivo de clérigos y creyentes era sorprendente en un partido católico. Otro dato significativo: al ocupar Guipúzcoa, los navarros fusilaron a 14 sacerdotes por su actividad separatista. El PNV desató al respecto una gran campaña internacional de protestas y denuncias, apoyada por las izquierdas. Sin embargo también hubo en Vizcaya una cierta persecución religiosa, y cayeron allí 45 sacerdotes, aparte de otros cientos de curas vascos masacrados en el resto del país. Sobre todos ellos el PNV mantuvo notable discreción, en prueba de lealtad a sus aliados (14).

Pero la actitud del PNV fue cambiando conforme percibió que el vencedor no iba a ser el Frente Popular. Cuando Franco tomó Bilbao, los nacionalistas garantizaron la entrega al enemigo, intacta, de la industria pesada, esencial para el esfuerzo de guerra. Los "gudaris" impidieron a las izquierdas destruirla. Poco después, los dirigentes del partido trataron con Franco a través de los italianos, pidiendo una rendición por separado. Con ello dejaban en posición insostenible a los izquierdistas que habían defendido Vizcaya codo a codo con los nacionalistas. Y fueron más allá: indicaron a los italianos vías de ataque contra los asturianos y santanderinos, sus camaradas de armas de la víspera, ignorantes, claro está, de tales tratos (15).

En el Frente Popular terminaron imponiéndose las tesis disciplinarias y centralizadoras del Partido Comunista, el cual derribó del gobierno a Largo Caballero. Le sucedió Negrín, totalmente compenetrado con las posiciones de Stalin y del PCE. Casi simultáneamente con la caída de Vizcaya, el poder central se afianzó en Cataluña, tras las jornadas de mayo de 1937, que constituyeron una pequeña guerra civil entre los mismos izquierdistas. En ella perdieron los anarquistas y el POUM, cuyos militantes fueron perseguidos, a menudo torturados y asesinados por los comunistas. A las vulneraciones del estatuto catalán cometidas por la Esquerra sucedieron entonces vulneraciones en sentido contrario por parte del gobierno de Negrín. La Esquerra pasó a refugiarse en una resistencia pasiva y resentida.

Durante la batalla del Ebro, en otoño de 1938, los nacionalistas catalanes y vascos, dando la guerra por perdida, recurrieron a Londres, a espaldas del gobierno presentándose como jefes de estado. Proponían crear un estado vasco y otro catalán o catalanoaragonés, bajo protección británica el primero, y francesa el otro. Se trataba de una traición en toda regla al régimen a cuyo lado se mantenían exteriormente, y no prosperó porque Londres hizo caso omiso de ellos (16).

Desde el principio Negrín se había quejado a Azaña: "Aguirre no puede resistir que se hable de España. En Barcelona afectan no pronunciar siquiera su nombre. Yo no he sido nunca (...) españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas, me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos las entenderemos nosotros, o nuestros hijos (...) Pero estos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco" (17). El balance de la aportación de estos nacionalismos a la defensa del Frente Popular fue, con toda probabilidad, negativo.

El final de la guerra condujo a un ocaso del PNV y la Esquerra. Como los demás partidos de la república, quedaron desprestigiados, debido, entre otras razones, a los odios mutuos, capaces de encender dos guerras civiles entre ellos, dentro de la guerra civil general. En Cataluña y Vasconia no existió resistencia nacionalista durante la etapa más dura del franquismo. Sólo los comunistas, y en menor grado algunos anarquistas, lucharon contra el nuevo régimen. Ya en los años sesenta, cuando el régimen se había liberalizado notablemente, surgió en España el fenómeno del diálogo y colaboración entre comunistas y grupos influyentes de la Iglesia católica. Fenómeno históricamente nuevo, aunque el PNV se adelantó a él durante la guerra. Esa colaboración remozó algo al PNV e hizo surgir nuevos nacionalismos de orientación cristiana, muy comprensivos, y a veces muy próximos, a los totalitarismos de izquierdas. Sectores eclesiásticos jugaron un papel muy importante de apoyo a partidos comunistas y a la ETA. En Cataluña, los nuevos nacionalistas aprovecharon la creciente tolerancia del régimen para practicar lo que, exagerando, llamarían luego "resistencia cultural". Resistencia molesta para el franquismo, aunque no demasiado, y en general consentida, salvo por golpes represivos menores. La preocupación básica del régimen eran los comunistas, mucho más efectivos y organizados, y el nacionalismo catalán se articuló en buena medida, ya en los años 70, en torno a la Asamblea de Cataluña, dirigida por el PSUC, la sección más stalinista del PCE, la más reacia a abandonar el leninismo.

El fenómeno de la colaboración de católicos y totalitarios marxistas, crucial en el desarrollo político posterior de España, siguió un camino especial en el País Vasco. La resistencia del PNV al franquismo tuvo tan poca relevancia como la de los nacionalistas catalanes, pero allí la colaboración no siguió el modelo de Cataluña, sino que se plasmó en la formación de ETA, también en la época aperturista de la dictadura. La ETA tenía una doble raíz, peneuvista (cristiana) y marxista, y optó enseguida por el terrorismo, como medio para provocar un incremento de la represión que movilizara a las masas, según la conocida espiral "acción-represión-más acción". La ETA gozó durante muchos años, incluso bien entrada la democracia, del apoyo, o al menos la simpatía, de casi toda la izquierda, de amplios grupos del clero, no solo en Vasconia --donde continúa--, y de la muy importante protección de hecho dispensada por el estado francés. El PNV, aunque renuente en unos momentos y temeroso en otros, vio en el terrorismo un instrumento útil para sus fines, y su política general al respecto puede definirse como de connivencia cautelosa. Este conjunto de circunstancias favorables ha hecho de la ETA un factor de considerable peso en la historia española reciente.

Por lo tanto, bajo el régimen de Franco los nacionalismos tradicionales fueron básicamente inoperantes, sus raíces con el pasado se debilitaron en Vasconia y casi desaparecieron en Cataluña. Los nuevos nacionalismos surgieron en buena medida de la colaboración cristiano-marxista, o tomaron de ella rasgos novedosos, incluyendo el terrorismo o el respaldo a éste. Novedad en parte, pues ya antes de la guerra el nacionalismo catalán apoyó en varios momentos al terrorismo ácrata, recibiendo a cambio el apoyo de la CNT en momentos decisivos como las elecciones de 1931 y 1936.

Muerto Franco en 1975, los partidos se reorganizaron a toda prisa y, al calor del cambio, varios lograron fuerza de masas. Quedaron hundidos muchos grupos definitorios de la república, como los republicanos, la Esquerra o los anarquistas, y los comunistas y socialistas hubieron de abandonar sus postulados marxistas o leninistas. La transición democrática salió del propio franquismo, mediante la reforma, opuesta a la ruptura pretendida por la oposición. El nuevo poder ofreció a los nacionalistas estatutos muy superiores a los de la república, esperando diluir así sus rasgos separatistas. Esa esperanza no se ha cumplido, y el problema se ha agravado progresivamente.

Así, en el País Vasco existe hoy una situación próxima a la deseada por Sabino Arana, de creciente fractura social y enemistad entre los "buenos vascos", dóciles a una intensa propaganda no replicada durante veinte años, y los demás vascos y españoles. Gran parte de la población se siente amenazada, habiéndose cometido cientos de asesinatos y viéndose forzados a emigrar miles de malos vascos. El terrorismo, en simbiosis con la política del PNV (expresada en la célebre "recogida de nueces", de Arzallus), ha creado una situación que limita o anula en la práctica las libertades y el estado de derecho.

En cuanto a Cataluña, el objetivo de hacer de España un simple nombre geográfico ha avanzado. La propaganda nacionalista, no menos omnipresente que la del PNV en Vasconia, y flanqueada a veces por la violencia, ha difundido sentimientos de fractura que pueden conducir a serias crisis en los próximos años. Los nuevos nacionalistas, de origen más o menos democristiano, parecen más próximos a la tradición de la Esquerra que a la de la Lliga. Han procurado imbuir a las nuevas generaciones una psicología victimista y exclusivista, minimizando o desacreditando el carácter y la tradición española de Cataluña, y aplicando una política similar a la del franquismo, aunque al revés: proscribir el español común de los ámbitos oficiales o reducirlo al máximo posible en la enseñanza, con el pretexto de que "el catalán es el idioma propio de Cataluña", pese a que el castellano es hablado normalmente por la mitad de la población. Etc. En ambas comunidades se ha construido un fuerte entramado de intereses económicos y políticos que neutralizan o amenguan la pluralidad y la libertad de los ciudadanos.

Aunque una síntesis como ésta no permite entrar en detalles y matices, puede afirmarse, como resumen, que los nacionalismos vasco y catalán han crecido aprovechando las etapas de democracia o de libertades. Este hecho no significa que hayan contribuido a la libertad política en el conjunto de España o en sus respectivas comunidades, pues sus concepciones y teorías básicas lo hacían muy difícil o imposible. Al contrario, fomentaron en todo momento la fractura y el resentimiento social, y socavaron el régimen de la Restauración primero, y luego la República, mientras que bajo la actual democracia han establecido sistemas clientelares y aplicado políticas cuyo peligro para las libertades crece de año en año.

Por otra parte, aunque han utilizado siempre en su provecho el sistema de libertades, tampoco han ayudado a traerlo mediante una oposición seria a las dictaduras. En realidad, al socavar la Restauración y la legalidad republicana, contribuyeron poderosamente a traer las dictaduras de Primo y de Franco, y, una vez instaladas éstas, nunca les ofrecieron una resistencia digna de ese nombre. La excepción de la ETA, durante la época más suave del franquismo, no es tal, puesto que el objetivo de esta organización, de ideas abiertamente totalitarias, en ningún momento fue asentar la democracia, sino, por el contrario, sabotearla, como por lo demás ha comprobado la historia.

Desde un punto de vista histórico general cabe interpretar estos nacionalismos como intentos de invertir la tendencia unitaria española prevaleciente desde hace 500 años -- una vez superada la fragmentación impuesta por la invasión islámica--, y de establecer sistemas no democráticos. En cierto sentido los nacionalismos son un intento de vuelta a la Edad Media, que redundaría en una especie de balcanización de España.

NOTAS
(1), F. Cambó, Memorias, Madrid, 1987, p. 41
(2) J. Juaristi, El bucle melancólico, Madrid, 1998, p. 52
(3) Cambó, Memorias, p. 38
(4) Ib., p. 41
(5) J. Juaristi, El bucle, p. 154. M. de Unamuno, en rev. Nuevo mundo, 1-III-1918 y Ahora, 9-10-1933, ambas de Madrid
(6) Citado en Arrarás, Historia de la Segunda República, II, p. 435
(7) Cambó, Memorias, p. 266
(8) Ib., Les dictadures, Barcelona, 1929, p 137
(9) A. Balcells, El nacionalismo catalán, Madrid, 1999, p. 87-8
(10) M. Maura, Así cayó Alfonso XIII, Barcelona, 1995, p. 72
(11) Cambó, Memorias, p. 420
(12) La Humanitat, 22-XI.1933
(13) Para la época del Frente Popular, P. Moa, El derrumbe de la Segunda República y la guerra civil, Madrid, 2001, tercera parte, "El primer Frente Popular desmantela la república".
(14) Sobre la actitud del PNV, ver P. Moa El derrumbe..., cuarta parte, capít. V, VI y VII
(15) G. Morán, Los españoles que dejaron de serlo, Barcelona, 1981, p. 185 y ss.
(16) A. Bahamonde y J. Cervera, Así terminó la guerra de España, Madrid, 1999, p. 287 y ss.
(17) M. Azaña, Memorias de guerra, Barcelona, Grijalbo, 1987, p. 176

Las citas de Prat de la Riba están extraídas de su opúsculo "La nacionalidad catalana". No cito las páginas, porque dada la pequeña extensión de la obra, son fáciles de encontrar. Para las citas de Sabino Arana me he valido del resumen Páginas de Sabino Arana, fundador del nacionalismo vasco, fácilmente encontrables en sus 128 páginas, seleccionadas por Adolfo Careaga, que a su vez reproduce en gran parte otra selección titulada De su alma y de su pluma, hecha por el ferviente nacionalista Manuel de Eguileor. El libro Páginas... está en la editorial Criterio-Libros, Madrid, 1998. La cita sobre la no catolicidad de España procede de las Obras Completas del prócer, tomo tercero, p. 2.009.

 

 

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