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Recortes de Prensa    Domingo 17 Febrero 2008

Castilla y España
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 17 Febrero 2008

DABA yo en noviembre pasado a estudiantes y profesores hispanoamericanos un pequeño ciclo de lecciones sobre el influjo griego y latino en los orígenes de la literatura castellana. En conexión, es claro, con los orígenes de la lenguas castellana como lengua escrita y literaria, extendida luego por toda España y en América. Y, en relación con todo ello, hablaba de los orígenes y expansión del condado de Castilla.

Pienso ahora que es un tema, en realidad, no tan conocido, que cabe el intento de hacer llegar algo de él a un público amplio. Porque sobre la historia de nuestra Lengua, nuestra Literatura y nuestra Nación se propagan demasiadas inexactitudes, hay demasiadas omisiones.

Yo intentaba que, para empezar, los alumnos se asombraran (el asombro es el comienzo de la Ciencia, decía Aristóteles). Y, en efecto, ¿no es asombroso que un mínimo dialecto del leonés, al pie de los Montes de Oca, se convirtiera en la lengua común de España? No la única, Dios me libre, pero sí la común a todos. Y un mínimo condado se convirtió, poco a poco, en el Reino de España.

Claro que había en todas partes un panorama de fondo: todos añoraban la antigua nación Hispania, parteada por Diocleciano, conseguida por los godos («reges Hispaniae» eran sus reyes), destruida por la invasión musulmana, puesta a su vez en riesgo por la Reconquista, que en cada valle de los montes cántabros y pirenaicos creaban entidades políticas y lingüísticas diversas.

Pero había aquella antigua unidad que todos añoraban, desde Gonzalo de Berceo, que llamaba a Santo Domingo «lumen de las Españas», a Jaime I de Aragón, que hablaba de «salvar Espanya». Los caballeros vascos y catalanes lucharon junto a Alfonso VIII en las Navas de Tolosa, en 1212. No hubo, en lo esencial, una imposición de arriba a abajo, Castilla no hizo sino liderar un sentimiento común de unidad.

Lo hizo a través de la creación del Reino de España y de la conversión de su lengua y su literatura en comunes a toda España. Esto no ofende a nadie, todos la acompañaron.

Los dialectos romances eran varios, el castellano no era sino un dialecto del leonés, que a su vez había nacido de los romances asturianos. Había otros dialectos al Oriente. En realidad, sabemos desde don Ramón que el castellano destacaba por su originalidad en relación con los demás dialectos de España y aun de fuera de ella: el único que aspiraba la «f» latina (hijo, hermoso), que diptongaba la «e» y «o» breves y tónicas (hierro, muela), el único (con el italiano) que tenía un sistema de vocales simple y casi latino, el único que hacía en «as» el plural de los nombres en «a» (el plural era en «es» en asturiano, leonés, catalán, francés, hasta en griego).

Tenía un ímpetu innovador. Las gentes lo buscaban. Tardaron mucho en llegar reacciones en contra.¡Ahora, cuando hay quienes, con riesgo para todos pero sobre todo para ellos tratan de rebajarlo legal y socialmente!

Claro que la expansión del castellano, su conversión, con los retoques que fueran necesarios, en el español de España y América, no tuvo lugar sin ser acompañada de hechos políticos y hechos literarios. Como pasó, en Italia y Francia, por ejemplo, con dialectos mínimos luego convertidos en lenguas nacionales.

Ahora bien, Castilla se expandió como matriz del reino de España a base de matrimonios, como los que unieron en el siglo XII a Castilla y León, en el XV a Castilla y Aragón. O por acuerdos, como el que llevó a entronizar en Aragón la dinastía castellana de los Trastámara. Antes de la boda de Isabel y Fernando.

Sí, hubo discordias a veces, fue una de ellas, tras la herencia repartida por Alfonso VI entre sus dos hijas, la que creó Portugal. Fueron más bien raras, Cataluña, por ejemplo, no se declaró independiente frente a Felipe V, se limitó a escoger, en una querella dinástica, el partido que a muchos les parecía preferible. En general, la espada se utilizó casi siempre frente al enemigo islámico (en América, con frecuencia, frente al indígena, aunque la espada no lo fue todo, ni mucho menos).
Lo esencial es esto: Castilla se convirtió, en un momento dado, en la punta de lanza principal (no la única, claro), de la Reconquista, que culminó en Granada. Y se unió a Aragón y creció en América. Fue el núcleo de un estado moderno. Con una unidad en la diversidad.

Una lengua, de puramente hablada, se hace culta y literaria siguiendo modelos prestigiosos. Roma siguió el modelo griego, España y Europa en general los modelos griego y latino. Castilla dio en España la tónica: los modelos latinos, a veces traducidos del griego, le llegaban de Europa y de sus propios monasterios. Pero al tiempo le llegaban los modelos árabes, que eran traducciones del griego, también del persa: ya de autores de Ciencia y Filosofía, a través de la Escuela de Traductores de Toledo, ya de modelos literarios varios que hizo traducir Alfonso el Sabio. Era como una plataforma que recibía de varias direcciones, luego creaba e irradiaba. Al modelo político se unían un modelo lingüístico y un modelo literario: como en el caso de Roma o el de Francia. Estos son hechos, no hagamos caricaturas.

No fueron triunfos absolutos, quedaron hechos diferenciales, por supuesto. Pero es que los poderosos reyes castellanos del siglo XIII, tal Alfonso el Sabio, protegían el conocimiento. Reunían sabios en torno. Y Castilla era una plataforma privilegiada. La unidad política que iba construyendo se doblaba y triplicaba con la potencial unidad o casi unidad promovida por la lengua. Desde el XV la otras literaturas peninsulares prácticamente desaparecían, triunfaba el castellano en toda España. En el siglo XIV se hablaba en todas partes, no exclusivamente, pero como lengua culta y literaria buscada por todos (también, luego, por los americanos). La unidad política tendía a hacerse, en una medida creciente, unidad cultural y lingüística. Todo el que quería crecer, rebasar los límites locales, buscaba ese nuevo foro de unidad.

Esto es todo, es un proceso paralelo al de otras naciones europeas. Poder político y hasta militar y poder lingüístico y literario iban a la par. Todo ello daba el modelo para los que querían integrarse en la sociedad de los nuevos tiempos.
Solo así se explica el salto de Castilla y lo castellano desde comienzos ínfimos a modelo predominante. Era una vía de unidad y de integración social y cultural. El que quería escribir algo que trascendiera los límites de su región, lo hacía en castellano. Vean si no la nómina de los escritores españoles de todos los siglos: han venido de todas las regiones.
Sí, ya sé que desde el siglo XIX ha habido movimientos en pro de la renovación de las otras lenguas peninsulares y de sus literaturas. Y sabemos que en ello, con frecuencia, a golpe de decreto se sobrepasan los límites, se emplean coacciones. En todo caso, España sigue existiendo en la conciencia de casi todos. Y la lengua que llamamos española, es decir, el castellano de hoy, que es más que castellano, sigue siendo un factor de unidad. También con América.

La historia es como es, las cosas son como son. Imitando los modelos antiguos, griegos, romanos y godos, se recreó a partir de Castilla un amplio espacio político y cultural. Era necesario, igual que en otros lugares de Europa. Y la nación española, con sus instrumentos políticos (que incluyen religión, sociedad y economía), pero también los lingüísticos y literarios, surgió como la más antigua de Europa. Y sigue, entre tropiezos, adelante.

Castilla no hizo sino cristalizar, dar forma, a un empeño común. Esto es lo que yo trataba de explicar, lo que intento ahora exponer en resumen apretado

Los medios no dan el mensaje
Fernando González Macías La Opinión 17 Febrero 2008

Por ahí vamos mal. Es un completo contrasentido que sea noticia el que no haya pasado nada en la segunda concentración en A Coruña de la Mesa por la Libertad Lingüística. La normalidad no puede ser noticiosa -va contra la esencia misma del periodismo- y si lo es, algo va mal. Eso, considerando normal que cada vez que los presuntos defensores del español se reúnan en una plaza, con permiso de la autoridad, tengan que soportar a pocos metros de distancia la presencia amenazante de los que no piensan como ellos. Terminará siendo normal por habitual o por esperable, aunque resulte inaceptable en un estado de derecho que se precie de tal.

Es verdad que esta vez las fuerzas de seguridad se bastaron para evitar situaciones violentas. Un gran despliegue policial conjuró el serio riesgo de disturbios que se cernía sobre la cívica convocatoria. Que hubiera algo más que enfrentamientos verbales, eso era lo preocupante para las autoridades gubernativas, que, sin embargo, tampoco esta vez cumplieron con su auténtico deber: evitar que una contramanifestación no autorizada amenazase la concentración legalmente convocada por la Mesa pro libertad lingüística. Por aquello de que estamos en época preelectoral, uno no tenía apenas confianza en una actuación contundente que disuadiese a los radicales de volver a las andadas. Como mucho, era esperable un dispositivo que les impidiera alterar gravemente el orden público. Y fue lo que hubo.

Aún así, puede considerarse que los ultranacionalistas de alguna manera han conseguido su propósito. No podían impedir la concentración de los contrarios a la normalización lingüística, ni que mostrasen sus pancartas, ni que leyesen el manifiesto (por cierto, bilingüe) preparado para la ocasión. Pero sí han logrado que sus planteamientos no tengan eco mediático, que era al fin lo que pretendían al darse cita en el Obelisco, o sea, que los medios de comunicación no den su mensaje y con ello las ideas de esta gente no lleguen a quienes podrían sintonizar con ellas.

A base de la consabida bulla no acallaron la voz reivindicativa de la Mesa. Sobreponiéndose al miedo por lo que podía pasar, el número de concentrados triplicó al de una semana antes. Y aunque con dificultades por el ruido ambiente, el que aguzó el oído pudo escuchar por qué este colectivo ciudadano se opone a la actual política lingüística de la Xunta. Pero, dados los antecedentes, los periodistas que cubrían el acto, más atentos al morbo de un posible altercado callejero, tampoco en esta ocasión han reseñado en sus crónicas el alegato de quienes no se resignan a que los poderes públicos coarten la libertad idiomática de las personas, imponiendo el uso de una de las dos lenguas que, con normalidad, solemos hablar los gallegos. He ahí el triunfo de los boicoteadores. Que ya que no pueden seguir siendo invisibles, porque están conquistando su porción de la calle, determinados movimientos cívicos continúen siendo ignorados en la prensa, en la radio o en la televisión. Que es como ser inaudibles.

FERNANDOMACIAS@TERRA.ES

Argumentos reaccionarios y peligrosos
José Antonio Portero Molina La Opinión 17 Febrero 2008

Hubieran pasado como dos episodios sin trascendencia, de no andar por medio los derechos fundamentales de reunión, manifestación y libre expresión, imprescindibles en democracia y especialmente protegidos por la Constitución. La concentración a favor del bilingüísmo en el Obelisco de

La Coruña y la conferencia de María San Gil en la Universidad de Santiago eran ejercicios de derechos fundamentales que cumplían con los requisitos legales. Por eso no hay razón alguna que justifique a quienes trataron de impedirlos con actitudes y comportamientos agresivos, que la fuerza pública debió evitar con los medios a su alcance. Eso es lo que debe quedar claro, y lo está para la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Sin embargo, no lo está para todos y, lamentablemente, no lo está para algunos responsables políticos cuyos argumentos ponen de manifiesto que no acaban de entender ni de aceptar el lugar central de los derechos fundamentales en una democracia constitucional. La señora Ermitas Valencia, concejala nacionalista del Ayuntamiento de La Coruña, condena el hecho, pero añade, al modo de quien da con la clave del asunto, que el PP está detrás de la asociación que organizó la concentración en el Obelisco. Y el señor Jorquera, candidato nacionalista al Congreso por la provincia, condena el hecho, pero preferiría no dar publicidad a la agresión de Santiago porque ganan los agresores, y no hacer victimismo con el hecho.

La concejala envía así un recado a la opinión pública, demoledor para el ejercicio de los derechos, a saber: cuando alguien ejerce sus derechos con intencionalidad política, es lógico y legítimo que otro trate de perturbarlos con acciones de intencionalidad política opuesta; es sólo un episodio más de la confrontación política propia del tiempo electoral. Dicho más simplemente, cuando un partido busca gresca, la encuentra. Pues no, señora concejala, cuando alguien ejerce un derecho fundamental cumpliendo con los requisitos que exige la ley orgánica que lo desarrolla, no importa la intencionalidad con la que se ejerce ni qué siglas hay delante o detrás. Su recado, enviado desde el poder, no se olvide, ha debilitado el amparo verbal que usted debería, sin condicionantes, haber dispensado a los vecinos que ejercían sus derechos, y ha emborronado la condena de quienes llevaron a cabo acciones ilegítimas contra ellos y sus derechos. No hay igualdad posible entre el correcto ejercicio por unos ciudadanos de su derecho fundamental, y los gritos, insultos y empujones de otros ciudadanos que pretenden impedirlo.

Los argumentos del señor Jorquera también son torpes. Silenciar la agresión no es posible. Y además no garantiza que los agresores renuncien a sus inaceptables actitudes. Ese no es un consejo propio de un responsable político, y menos si es de izquierdas; tal vez de un tendero apolítico y apocado. ¿Hubiera silenciado el BNG una agresión semejante a un personaje nacionalista de similar significación? Por el contrario, hay que darle publicidad al hecho, a la condena, a la ideología de los agresores y a la sanción que reciban. En cuanto al victimismo, imputárselo a la señora San Gil es simplemente ridículo.

Justificar o quitar importancia a la vulneración de los derechos fundamentales de los otros es lo que hacen quienes no han comprendido aún que su protección tiene que ser la primera preocupación de los responsables políticos. Los dos dirigentes nacionalistas deberían haber condenado sin paliativos las agresiones, ahorrándose comentarios. Han preferido hablar, y es legítimo, por ello, preguntarse si el motivo de sus torpes y reaccionarios argumentos no será el hecho de que los agresores, aún sin vínculos con el BNG, comparten, a su modo, la ideología y el proyecto nacionalista. Ese es el peligro de la construcción nacional, que hay quien quiere culminarla a toda prisa y por las bravas.

José Antonio Portero Molina es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de A Coruña

Razas
JON JUARISTI ABC 17 Febrero 2008

ANXO Quintana, el jefe de los antisemitas del BNG, afirma que los verdaderos gallegos no son violentos. Estos nacionalistas son la pera. Don Manuel Murguía, inventor de la raza gallega, un retaco que medía metro cuarenta, sostenía que los auténticos gallegos eran celtas rubios, altos y de ojos azules. Los gallegos tienen la desgracia de haber oído decir sobre ellos, desde los tiempos del Estebanillo González, la más florida sarta de sandeces que se haya vertido a propósito de cualquier comunidad española, y lo peor es que las mismas son, en una gran parte de los casos, producto tan autóctono como el queso de tetilla. Hay gallegos altos y gallegos bajitos, gallegos violentos y gallegos pacíficos (que, afortunadamente, son los más), y luego están los gallegos nacionalistas, que parecen una caricatura de los nacionalistas vascos y que hacen de sus paisanos caracterizaciones dignas de chistes de gallegos.

¿Qué quiere decir Quintana? ¿Qué los gañanes que se liaron a tortas con los guardaespaldas de María San Gil en la universidad de Santiago no eran gallegos? A mí, desde luego, no me dio la impresión de que fueran rastafaris jamaicanos. Es verdad que una de las grupis que andaba por allí jaleándoles llevaba un letrero en portugués: Espanholistas fora de Galiza.

Cierto, pero debía de ser la excepción. Los demás tenían acentazo de Viana do Bolo, y a un par se les notaba la geada. La portuguesa, seguramente, vino a España con un Erasmus y se encontró con que en Santiago nada podía ser tan apasionante como linchar espanholistas (comprensible, si la alternativa que se le ofrecía era estudiar Análisis Financiero). Para que luego digan que las propuestas de Rajoy son absurdas. A toda becaria portuguesa que llegue a la universidad de Santiago habría que hacerle firmar, cuando se matricule, un contrato de integración que le comprometa, mientras dure su estancia, a respetar las pacíficas costumbres locales. En primer lugar, antes que cualquier otra, la pacífica idiosincrasia gallega, que diría Anxo Quintana. Es una pena que en Viana do Bolo no conozcan el pensamiento antropológico de Anxo Quintana. Es trágico que lo hayan ignorado los irmandiños, los gerifaltes de antaño de Valle Inclán, los del Exército Guerrilleiro do Povo Galego, los grapos de Vigo, el clan de los Charlines y hasta Franco, que era del Ferrol. Si todos ellos hubieran sabido que los gallegos son de natural pacífico y dialogante, la de disgustiños que nos habríamos ahorrado.

Desde Murguía a Anxo Quintana, la utopía nacionalista gallega -un país de celtas pacíficos, altos y rubios- ha ido estrellándose reiteradamente contra la realidad, sin que a los teóricos de la raza se les moviera una pestaña. Anxo tiene un problema, y es su racismo inconsciente. Hay racismo donde alguien se inventa características físicas o morales para definir a una comunidad. Quintana no es menos racista que Murguía. Éste se autoexcluía de la raza de elfos arios con que su imaginación poblaba las castañeiras sacras; Quintana excluye de la galleguidad genuina a los pobres imbéciles que acosaron en gallego (y portugués) a María San Gil. Pero la exclusión es un truco para producir la raza política. Si los gallegos son por naturaleza no violentos, ¿qué son los violentos de Galicia? No gallegos. Intrusos en el suelo nacional, como María San Gil.
Es una trampa retórica de la que el PNV ha abusado hasta la saciedad: los de ETA no son vascos; o sea, son como los españoles, genéticamente violentos. Pero si los españoles son genéticamente violentos, es natural que los hijos de Aitor y Breogán reaccionen violentamente contra ellos. ¿Que apedrean en Guernica a Jaime Mayor Oreja? Normal, según el PNV.

Jaime es español y la violencia congénita de los españoles destruyó Guernica. Éste es el truco: el nacionalismo -de cualquier color- suscita la raza política que precisa (puesto que tanto las razas biológicas como las razas morales son delirios), creando la fantasía de una España violenta contra la que levantar a las razas pacíficas. O sea, a los portugueses de Viana do Bolo.

La nave de Zapatero hace agua
EDITORIAL Libertad Digital 17 Febrero 2008

A estas alturas de la precampaña electoral, cabe extraer dos conclusiones evidentes: el PP está desarrollando una de las mejores operaciones de comunicación política de su historia, mientras que la estrategia del PSOE se hunde en medio de las zafiedad y grosería de sus líderes y se estrella contra las respuestas rápidas, precisas y contundentes de los populares. Ni siquiera el recurso a la tensión y dramatización está dando los frutos apetecidos. Más bien revela la ruindad de querer convertir el debate sobre el futuro de la nación en un enfrentamiento entre españoles, más preocupados por otros asuntos que el partido de Rodríguez Zapatero pretende soslayar, mofándose así de los problemas reales de la ciudadanía.

El éxito del PP se debe en buena parte a un cambio radical en su táctica, que ha pasado de la indefinición, la presentación de propuestas de forma desordenada y a remolque de sus rivales y el silencio ante los insultos, a la formulación de políticas concretas y detalladas, la anticipación (tal vez a ello se deba la virulencia con que el popular contrato de integración de Rajoy ha sido recibido por los socialistas, cuya política de inmigración permanece inédita) y la agilidad con la que los líderes populares responden y acallan las invectivas de la izquierda. Sin embargo, el PP debería hacer un mayor esfuerzo a la hora de explicar el objetivo de sus proyectos, que a veces no han sido entendidos correctamente, y evitar los deslices y equivocaciones de algunos de sus candidatos, si es que no quiere facilitarle las cosas a su contrincante. Nada peor para la oposición que la complacencia o pensar que todo está hecho. Queda mucho partido por jugar, y precisamente las tres semanas que restan hasta las elecciones son con diferencia las más importantes para conseguir esos votos que aseguren una mayoría suficiente para gobernar.

Los populares no deberían olvidar que se enfrentan a una de las máquinarias políticas mejor engrasadas de Europa, y que es de esperar que el PSOE reaccione ante lo que hasta ahora ha sido una serie de golpes fallidos. Por lo que respecta a los socialistas, las manifestaciones de algunos de sus dirigentes en los últimos días ponen en evidencia la desorientación de los de Zapatero tras la revelación de sus verdaderas intenciones en la célebre conversación mantenida con Iñaki Gabilondo. Ni la vulgaridad del Presidente del Gobierno a la hora de referirse a su cena con el nuncio de S.S. el Papa, ni la descabellada Ley de Igualdad de Trato, un nuevo conejo en la agotada chistera del candidato, mejorarán sus perspectivas electorales, a la baja desde hace más de seis meses. Tampoco benefician a los socialistas el absurdo recurso a la invasión de Irak para explicar la inflación, que tiene más que ver con la política energética del Gobierno que con las tropas norteamericanas, o las salidas de pata de banco del ministro Caldera, para quien las cifras del paro son una estupidez. Para colmo, la triste salida a escena de Felipe González, con sus aburridas referencias a la Cope y a los obispos, es cuanto menos bochornosa. Resulta difícil creer que una persona en ese estado de decadencia intelectual haya sido alguna vez Presidente del Gobierno de la nación.

Y para terminar, la burda utilización de algunas organizaciones de homosexuales serviles y politizadas, que tan sólo han podido reunir a un puñado de personas en su fallida y chabacana concentración ante la sede del PP. Seguro que fueron muchos más los que prefirieron sumarse como afectados a la manifestación de las víctimas de la chapuza gubernamental en el escándalo de Foro Filatélico y Afinsa. Vacío, palos de ciego y la falta de credibilidad son hasta hora los rasgos definitorios de la campaña de los socialistas, que según pasan los días va pareciéndose más a un pésimo sainete que ni siquiera causa risa, sino sopor. No será desde aquí que se aconseje al PSOE cómo mejorar los contenidos de sus ofertas electorales, pues dada su deriva radical poco pueden prometer que no sea rechazado por la inmensa mayoría de los españoles, aunque tal vez podrían ocultarlo mejor. O por lo menos, que dejen de insultar la inteligencia de los votantes.

La tensión y el tiempo perdido
GERMÁN YANKE ABC 17 Febrero 2008

Un micrófono recoge la frase del presidente Rodríguez Zapatero sobre la necesidad de «tensión» y de «dramatizar» durante la campaña electoral para asegurar las buenas perspectivas y el PP despliega la retórica de haber descubierto el océano. Un comunicado del partido afirma que se ha descubierto cómo es realmente el líder socialista, Esperanza Aguirre (tan presente en la campaña como si hubiese logrado un lugar en la lista de la que fue excluido Ruiz Gallardón) que «se le ha visto el plumero» y, entre todos los entusiastas con la grabación inesperada, Mariano Rajoy dijo el viernes que el presidente se había quitado la careta del talante. Luego añadió que se le había visto «el careto», un expresión que desmerece del irónico y buen parlamentario que el candidato del PP es cuando está relajado. Lo que llama la atención no es la estrategia del PSOE, sino que el PP quiera presentarlo ahora como «un descubrimiento», como si hiciese falta esa obviedad para conocer, al final de la legislatura, el verdadero rostro de la política de Zapatero.

Es evidente que al PSOE le conviene la tensión y un cierto grado de dramatización. Al fin y al cabo, el resultado de las elecciones de marzo no depende para los socialistas de un sector del electorado que duda entre votarles a ellos o a los populares, sino entre votar al PSOE o quedarse en la abstención, mayoritariamente, o apoyar terceras opciones como la de Rosa Díez. ¿Cómo conseguir que voten a los socialistas? Presentando al PP y la posibilidad de que gobierne como un «peligro», como la paralización de todos los avances y la vuelta a la caverna de la «derecha extrema» xenófoba, mentirosa, clerical e inmovilista. De ahí la conveniencia de la tensión y la dramatización que, como diría Leonardo Sciascia (escritor tan querido por Guerra), es algo que se encuadra, a diferencia de la tragedia, en las relaciones de los seres humanos con la ley. Al fin y al cabo, es lo que ha ocurrido estos cuatro años: dio resultado en 2004 ya que se desplazaron al PSOE los que votaron «contra el PP» y lo ha dado en el Congreso para sostener políticas gubernamentales.

El verdadero descubrimiento para el PP es descubrir que, estratégica y electoralmente, lo que conviene a sus intereses es la moderación y la pedagogía política. Sus dirigentes tendrán que reconocer que, a la tensión y el drama, han respondido demasiado a menudo, como si fuese una línea de comportamiento de esta legislatura tan lamentable, con el drama y la tensión. La actitud ante la investigación de los atentados del 11-M, e incluso la de algunos con la sentencia resultante de la Audiencia Nacional, no puede definirse sino como un modo de tensionar y dramatizar sin ningún fundamento y poniendo en duda el trabajo de las instituciones del Estado de Derecho. Asimismo, el PP -en algunos casos por voluntad interesada, en otros por sentirse tristemente atrapados- ha potenciado, financiado y seguido a cuanto predicador atrabiliario del drama se ha encontrado en el camino. Incluso en asuntos en los que tenía razón, como la crítica a la política antiterrorista del Gobierno, no ha encontrado el tono alejado de esos dos fantasmas como se constata, por citar un ejemplo, en la afirmación de que la política socialista «necesita» el pacto con ETA.

Hay quien piensa que si al PSOE le conviene la tensión para conseguir los necesarios votos prestados, al PP le ha venido bien para no perder los suyos en un escenario que comenzó con el drama de ser inesperadamente derrotado en las urnas y que siguió con una práctica de exclusión vendida arteramente como el «consenso» de los demás.

En este segundo caso, la explicación sólo se sostendría desde el error de confundir la militancia más expresiva con el sinfín de votantes, que suelen estar tan despegados de las cuitas internas como al abrigo de la tormenta del fanatismo. Porque lo que conviene al PP, para ganar adeptos en el centro y evitar el aval a los préstamos que quiere el PSOE, es la moderación, que no es la pusilanimidad en la doctrina sino la actitud formal, la única actitud formal, en la que las propuestas y las ideas tengan más cabida que el desgarro. Descubierta, aunque sea teóricamente, la moderación, convendría pensar en el tiempo perdido.

Sobre el «donjuanismo del políglota» (O de cómo el único voto útil será el que frene al nacionalismo)
PEDRO J. RAMIREZ, EL MUNDO 17 Febrero 2008

Si en enero críticos y entendidos no hablaban sino del ingenio y sutileza de la obra How to Talk about Books you Haven't Read (Cómo hablar de los libros que usted no ha leído), firmada por un desconocido profesor de literatura francesa llamado Pierre Bayard, en febrero la comidilla de los círculos literarios europeos ha dado una vuelta a la manivela de la autoexigencia y el escándalo para centrarse en My Unwritten Books (Mis libros no escritos) del gran pope de la erudición y el pensamiento George Steiner.

¿Cómo es posible que los únicos textos que den más juego que los «no leídos» sean precisamente los «no escritos»? Delicioso jeroglífico. Aunque tal plural introduce hasta siete embriones de libro, planteados con la aparente dispersión e intelectualismo aventurero de los Ensayos de Montaigne, en realidad la piedra de pasmo y estupor ha sido sólo uno de ellos, titulado The Tongues of Eros (Las lenguas de Eros) y dedicado a lo que Steiner llama «el donjuanismo del políglota». Su tesis central es que «la retórica del deseo es una categoría del discurso en la que la generación neurofisiológica de actos hablados y la de actos sexuales se relacionan recíprocamente». Y puesto que «cada lengua explota y transmite diferentes aspectos y potencialidades de la circunstancia humana» y «los amantes dan nombres a los objetos o las partes de su cuerpo que configuran sus espacios eróticos en una forma de recreación adánica», Steiner llega a la conclusión de que «una persona que habla de manera fluida distintas lenguas seduce, posee y recuerda de manera diferente según utilice una u otra». Por ejemplo, él.

El momento en que al sesudo fiel lector de un autor tan respetado, profundo y habitualmente distanciado de su propia narrativa se le cae la taza del café encima llega al descubrir que Steiner ilustra esta teoría con sus propias experiencias sexuales con amantes alemanas, italianas, francesas e inglesas -a las que identifica por sus iniciales-, cuyas originalidades en el hablar y en el obrar describe con todo detalle. Y vaya que si hablan y que si obran... o se dejan obrar. «He tenido la suerte de hacer el amor en cuatro lenguas», concluye no sin antes solazarse en ese espacio «interlingual» en el que cada parte pone un poco de la suya y en el que «los labios son instrumentos tanto del discurso como del repertorio fisiológico».

Cualquiera diría que al eximio profesor, en ésta su salida del armario como incansable Don Giovanni de los circuitos académicos, sólo le ha faltado a su lado un Leporello que le llevara las cuentas como en el libreto de la ópera de Mozart: «En Italia seicento e quaranta; in Almagna duecento i trentuna; cento in Francia; in Turchia noventuna; ma in Ispagna son già mille e tre».

Al margen de que toda persona sensible y perceptiva corroborará el aserto de Casanova, según el cual «sin las palabras, el placer del amor disminuiría al menos en dos tercios», y al margen de que todo sociólogo profesional o aficionado coincidirá con Steiner en que la exploración de esta «terra incógnita» del «donjuanismo semántico» puede tener efectos desestabilizadores para su vida privada -de ahí lo de «libro no escrito», dice él como último alarde-, a mí lo que me ha llamado más la atención de este nasciturus literario son dos de los ejemplos que pone el autor cuando escala las más altas cimas de sus fantasías pendientes.

«¡Qué enriquecedor debe ser tener pesadillas o sueños húmedos, digamos, en albanés!», proclama ya en la cuarta página. Y luego hacia el ecuador de su análisis se pregunta: «¿En qué debe ser diferente hacer el amor en vasco o en ruso respecto a hacerlo en flamenco o coreano?». Esta alusión al euskara, emparedada entre otras dos lenguas vinculadas a reivindicaciones territoriales en pequeños lugares de Europa -uno de ellos nada menos que Kosovo- y dos idiomas tan exóticos e inaccesibles para el común de los occidentales como el ruso y el coreano, no puede pasar inadvertida. Tampoco la vinculación apasionada de esas aspiraciones a un archipiélago de paraísos idiomáticos perdidos o en vías de extinción.

Por muy provocadoramente apelativo que resulte, lo de menos es que el ámbito de relación elegido por Steiner sea el sexo. Pues las mismas conclusiones podrían sacarse si nos centráramos en las intimidades y externalidades de la experiencia cultural compartida, la práctica del deporte en equipo, la comunión de las almas en el insultódromo del estadio o los más castos lazos familiares o de mera amistad. También el lenguaje mural de los comerciantes tiene su jerga -faltas ortográficas incluidas- y no digamos nada las comunicaciones de patio de colegio a la hora del recreo. En todos esos territorios los protagonistas van desarrollando los mismos códigos de complicidad sonora que, con pícara redundancia -lingüística tenía que ser-, Steiner atribuye a los amantes. Es obvio que cuanto mayores sean las posibilidades expresivas de un individuo, mayores serán también sus oportunidades de extraer más y mejores experiencias del inmanejable río de la vida.

Cuando hace unos años yo me burlaba del «derecho a vivir en catalán» que sirve de base al fomento de la delación anónima, ante la Generalitat fruto del Pacto del Tinell, de aquellos educadores o comerciantes que utilicen el castellano como lengua de relación con sus alumnos o clientes, tal vez debí poner más énfasis en que lo grotesco no era el concepto, sino su rango jurídico y administrativo con toda la tramoya totalitaria de las llamadas Oficinas de Garantías Lingüísticas a su servicio. Porque si no fuera por ese factor coactivo la inmensa mayoría de los españoles conservaríamos por el bilingüismo de catalanes, vascos y gallegos y por su proyección en todas las facetas de la existencia la misma mezcla de admiración, respeto y sana envidia que sentíamos al comienzo de la Transición.

Y no sólo porque muchos de nosotros también encontremos en nuestros más modestos currículos unas cuantas iniciales vinculadas a la expresión de los más placenteros sentimientos a través del valor añadido de esas formas idiomáticas -«Paraules d'amor senzilles i tendres... en teníem prou amb tres frases fetes»- que nos contagiaron alguna vez por vía epidérmica la magia de la diferencia; no sólo porque la nova cançó, ciertos poemas de Rosalía o tal o cual himno en euskara fueran patrimonio del conjunto del movimiento estudiantil antifranquista, sino también porque nada más que las acémilas pueden ignorar que el único elemento de superioridad de nuestra vieja Europa en la actual era de la globalización es la hondura y diversidad de su legado cultural.

Comparto, pues, la crítica al «drástico empobrecimiento en la ecología de la psique humana» que implica el actual auge de todas las tendencias uniformadoras, incluidas las lingüísticas. El cortocircuito surge cuando la rebeldía individual steineriana, siempre idealista y en cierto modo romántica, que proclama que «la verdadera catástrofe de Babel no es la dispersión de las lenguas, sino la reducción de la expresión humana a un puñado de lenguas planetarias 'multinacionales'», es manipulada, junto a la religión, la etnia o cualquier accidente geográfico, y transformada en coartada de un proyecto político excluyente. Porque cuando la política se mezcla con el romanticismo más vale ponerse en lo peor.

Esa es al menos la explicación de Isaiah Berlin a la génesis de los movimientos nacionalistas contemporáneos que presenta como respuesta a la pretensión de la Ilustración de que todo problema humano tiene su correspondiente solución en el vademécum del racionalismo. A la arrogancia de los Filósofos siguió la imposición de la Revolución por la fuerza, en modo muy parecido a cómo los apóstoles de la globalización han dado involuntarias alas al nuevo imperialismo improvisado tras el 11-S por la Administración Bush. Y la reacción a esa emancipación obligatoria, tanto cuando desembocó en el Estado liberal decimonónico como cuando engendró pervertidamente las dictaduras comunistas del siglo XX, fue la mirada hacia atrás, la búsqueda de una identidad real o imaginaria desde la que preservar privilegios, formas tradicionales de vida o un mero marco de referencias estables y abarcables.

Frente a la objetividad del Derecho, el triunfo de los valores universales y el cartesianismo del poder ilustrado que siempre dice saber lo que le conviene al individuo -incluso lo que haría el individuo si fuera libre para actuar-, el Romanticismo político se refugia en la pasión y la fragmentación de lo subjetivo y encuentra en los agravios de la Historia, sean ciertos o inventados, la fuerza nutriente de su reivindicación movilizadora. Este es el entorno ideológico de la muerte de Lord Byron luchando por la independencia griega en Missolonghi, de las guerras carlistas, del Risorgimento italiano, de la Renaixença catalana... y ya en el siglo XX del caldo de cultivo en el que, tras el tratado de Versalles y el crack del 29, arraigan el nacionalsocialismo alemán y el fascismo italiano. Aun cuando a veces «resurjan» envueltas en el ropaje del modernismo, Europa vive el regreso de las tribus.

Con su crónico optimismo los pensadores demócratas y muy especialmente los gurús de la izquierda internacionalista contemplaron durante mucho tiempo con despreocupado desdén este auge de los nacionalismos. Certeramente percibidos, según Berlin, como una «inflamación patológica de la conciencia nacional herida», el pensamiento dominante era que se trataba de una incidencia pasajera «que había sido causada por la opresión y que desaparecería con ella». Ese mismo fue el ingenuo diagnóstico en España al inicio de la Transición, cuando empezamos tratando de reparar los abusos de la Dictadura, continuamos retroalimentando a los nacionalistas al otorgarles una legitimidad superior a su propia fuerza numérica -por eso el PSOE renunció a presidir el Gobierno vasco cuando ganó las elecciones autonómicas del 86- y desembocamos en el suicidio aplazado de entregarles la Educación, los medios de comunicación públicos y la política cultural.

Si hace tan sólo 30 años alguien hubiera pronosticado que a comienzos del siglo XXI el comunismo habría sido barrido del mapa, el socialismo se habría desembarazado por completo del marxismo e incluso la socialdemocracia se batiría en retirada frente a una renovada ortodoxia económica liberal, pero en cambio los nacionalismos seguirían floreciendo por doquier, ese alguien habría sido tomado por el más obtuso y reaccionario de los profetas. Y sin embargo la estatua que se yergue hoy en un Bilbao rápidamente depurado de símbolos franquistas no la han traído los proletarios de la margen izquierda sino los jauntxos del PNV; y no es ni la de la vizcaína Dolores Ibarruri ni la del bilbaíno de adopción Indalecio Prieto, sino la del racista estrafalario y trastornado Sabino Arana.

A la chita callando en España y en general en la Europa que logró levantar para siempre el Telón de Acero ha ido germinando, creciendo y multiplicándose una ideología que a la postre está resultando ser mucho más peligrosa y liberticida que el comunismo y que no es en realidad sino una variante del fascismo. Habrá nacionalistas más de izquierdas y más de derechas, más pacíficos y más violentos, más moderados y más radicales, más simpáticos y más antipáticos, pero todos comparten la aberración de considerar que los seres humanos pertenecemos a grupos nacionales diferentes entre sí, que esos grupos moldean nuestra identidad y que no podemos ser entendidos como personas plenas más que en función de esa pertenencia.

O sea que la unidad de medida de la condición humana no es el individuo sino el grupo nacional vinculado al territorio. Un grupo nacional -de nuevo Berlin- que «funciona como un organismo vivo» y que automáticamente convierte sus necesidades de autodefinición, cohesión y desarrollo en objetivos comunes de cuantos lo integran. Por eso el nuevo Estatuto catalán habla del «deber cívico de implicarse en el proyecto colectivo» que no es otro sino «la construcción nacional de Cataluña».

Gustará o no reconocerlo pero el nacionalismo se ha convertido en los cuatro puntos cardinales de España -como en muchos otros lugares del mundo- en el verdadero opio de la democracia. También en una formidable base de poder que entontece a la ciudadanía y permite todo tipo de abusos -desde la condescendencia con el terrorismo en el País Vasco a la cleptocracia modelo Unión Mallorquina, pasando por el delirio de las galescolas- a la elite de fanáticos y oportunistas que se han erigido en expendedores oficiales del estupefaciente.

Desde el tridente formado por CiU, el PNV y BNG que ya se apresura a dictar duros términos de negociación a quien quiera formar gobierno tras el 9-M, amén de ignorar la viga en el propio ojo, se insiste en denunciar la paja en el ajeno, presentándose como representantes de las naciones sin Estado, oprimidas por el nacionalismo español. Y yo pregunto: ¿cuáles son las expresiones de ese presunto nacionalismo español? ¿El Estado de las Autonomías que lo ha fragmentado y repartido todo hasta pasarse sin duda de frenada? ¿La aquiescencia de Zapatero a convertir en «discutido y discutible» incluso el concepto mismo de soberanía nacional? ¿Las promesas de Rajoy de que los padres verán garantizado el derecho a decidir en cuál de los dos idiomas oficiales deben ser escolarizados sus hijos y los comerciantes podrán poner los carteles de rebajas en el idioma que les dé la gana? ¿O el desestabilizador anuncio de Esperanza Aguirre de que, a nada que exista demanda, financiará en Madrid un colegio público con el nombre de 'Presidente Tarradellas' en el que se ofrecerá la dualidad de modelos lingüísticos que sistemáticamente se hurta a los catalanes?

España, como todos los Estados-nación europeos, ha podido ser muchas otras cosas a lo largo de la Historia, pero la mejor prueba de que hoy en día no es nada más, y nada menos, que un marco de garantías democráticas orientado a potenciar las posibilidades de prosperidad colectiva y perfeccionamiento individual está en el embrollo en el que se metió Maragall cuando reclamaba que se llamara de otra manera para poder relacionarse de tú a tú con las naciones vasca, gallega o catalana. A la vez que añoraba la fragmentación de los reinos medievales cuando la Corona de Aragón podía llevarse bien o mal con la de Castilla, estaba implícitamente reconociendo que la identidad de la España constitucional se halla hasta tal punto vinculada a su pluralidad que si se produjera su mutilación, ni siquiera tendría sentido que siguiera llamándose de la misma manera.

Pero España no es tampoco esa especie de coyuntural Imperio Austro-Húngaro cuyos despojos pretenden repartirse los trepas de CiU y el PNV y los talibanes de Esquerra, el Bloque o Batasuna. España o Hispania siempre ha estado ahí, reconocida por los iberos, los romanos y los visigodos, y ese estar ahí ha ido acompasando -como diría nuestra presidenta Carmen Iglesias- la acumulación de las «capas asfálticas» que formaban el pavimento de su identidad por el que todos deambulamos hoy con el propio desarrollo de la civilización humana, hasta desembocar en una democracia parlamentaria que potencia y protege la diversidad. Son los nacionalistas los que ahora le han dado la vuelta a la tortilla, tratando de imponer -imponiendo ya en muchos casos- forzadas uniformidades monolíticas, bajo el estrecho control de lo que no son sino trasuntos de la Brigada Político Social del franquismo.

Y por mucho arte y simpatía que le eche Zapatero a la tarea de tratar de dividir a los españoles en dos categorías ideológicas cada vez más ficticias, en los últimos cuatro años aquí no ha habido más «drama» ni otra fuente de «tensión» sustancial que la complicidad del PSOE con los principales capos de los carteles de la droga nacionalista. Allí donde hay una mafia nacionalista restringiendo derechos universales e imponiendo deberes aldeanos, hay un aliado de Zapatero. El último episodio ha sido el anuncio del Ayuntamiento de Barcelona de que incluirá en sus planes de inspección de las barriadas la vigilancia para que se cumplan las normas de rotulación obligatoria en catalán. El penúltimo, la patética petición del presidente de la Diputación de Barcelona Celestino Corbacho, supuesto último mohicano de la españolidad del PSC, de que, aun siendo el catalán «la lengua propia de Cataluña» -lo cual equivale a decir que el chino, el árabe y el español son ajenas-, no debería subtitularse a quien se exprese en castellano en TV3. Y el antepenúltimo, la traslación a Galicia de todo el tinglado de las obligatoriedades catalanas en escuelas y tiendas.

Es evidente que lo que ensalza Steiner dentro de sus «Unwritten books» es otro tipo de «inmersión lingüística» y es lógico que, a la luz de su experiencia, le parezca que «cada idioma desafía a la realidad de una manera única» e incluso que «la esperanza encuentra su potencia en la sintaxis». Con iniciales o sin ellas, he ahí la envidiable libertad personal del políglota. Dos lenguas pueden más que una y no es de extrañar que, con tanto trabajo acumulado, él tuviera necesidad de una tercera y hasta de una cuarta. Aquí nos encontramos en las antípodas, con un gobierno catalán presidido por un cordobés mediocre y opaco que mientras aprende a chapurrear esa única lengua impostadamente «propia» se entrega con el celo del converso a la tarea de hacerla obligatoria en toda manifestación de la vida pública sea de carácter administrativo, docente o comercial, proscribiendo o al menos relegando de todos esos ámbitos aquella que mamó con la leche de su madre.

Dando por seguro que hasta al infatigable profesor Steiner se le hubiera desmayado la «sintaxis» si el código semántico de cada uno de sus encuentros amorosos hubiera estado previamente regulado en función de la lengua «propia» del lugar, sólo cabe preguntarse si la razón por la que algunos nacionalistas aún no han llegado tan lejos es porque todavía no disponen de servicios tan eficaces como el CNI que hoy dirige Alberto Saiz, capaz de garantizar junto a sus empresas colaboradoras que cualquier acto privado pueda ensanchar el dominio de lo público cuando, como dijo aquél, lo «aconseje la jugada».
pedroj.ramirez@el-mundo.es

Zapatero reivindica el 'Estatut', el catalán y las infraestructuras para ganar en Cataluña
Acusa al PP de intentar enfrentar, sin éxito, a esta comunidad autónoma con el resto de España
HOSPITALET (BARCELONA) DANI CORDERO, EL MUNDO 17 Febrero 2008

El PSOE ha permitido la aprobación del Estatuto, ha respetado el sistema de inmersión lingüística en catalán y ha potenciado las infraestructuras en Cataluña. En cambio, el PP ha utilizado «el autogobierno para dividir, enfrentar y poner a muchos españoles contra Cataluña». «Lo que hemos soportado», enfatizó el candidato del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, en una afirmación que llamaba a pasar el platillo, a obtener una recompensa el 9M que permita ampliar distancias con los populares en la campaña más polarizada y ajustada de la Historia.

Así que Zapatero volverá a ser el bueno y Rajoy, el malo. De ahí que el líder socialista volviera a sacar una imagen endiablada del PP, el partido al que relacionó no sólo con el abandono a los catalanes, sino con una imagen que representa «retroceder, derogar y anular», «el clasismo» y «una barbaridad» como sería reducir la edad penal a los 12 años. En resumen, según Zapatero, la próxima cita electoral decidirá si gobierna un partido que apuesta por «los derechos de los ciudadanos o las derechas que ya no se merece España».

De esa forma, hizo el PSOE su puesta a punto de campaña en Hospitalet de Llobregat, la segunda ciudad catalana. Zapatero sólo volverá en dos ocasiones más a Cataluña una vez empiece la campaña, por lo que la cita tenía poco ya de precampaña.

Por algo le precedió en los discursos el ex presidente del Gobierno Felipe González -a quien Zapatero dedicará su victoria, si gana-, quien tampoco desaprovechó la ocasión para arremeter contra los populares; contra su «desunión interna»; contra su presidente de honor, José María Aznar, y contra su presidente y candidato. También se refirió a las críticas que han recibido por parte de Rajoy los artistas que integran la Plataforma de Apoyo a Zapatero, de los que dijo que, en contra de las afirmaciones del líder popular, «ellos trabajan más en un mes que lo que trabajó Rajoy en sus ocho años como ministro».

Los teloneros de Zapatero y González fueron Celestino Corbacho, eterno alcalde de Hospitalet; el president, José Montilla, y la candidata socialista por Barcelona, Carme Chacón. Aunque las alusiones a CiU fueron mínimas, Zapatero y Montilla se conjuraron para dejar claro que la Presidencia de la Generalitat no está en juego ni lo estará después del 9M, por mucha calidad de partido bisagra que consigan los nacionalistas en la cita electoral.
Para evitar más rumores, Zapatero aseguró que en los próximos cuatro años ambos trabajarán «codo a codo» para que Cataluña vuelva a ser líder de la economía catalana. Más tarde, en Lérida, pidió a los votantes de CiU, sin mencionar explícitamente a la federación nacionalista, que decidan si quieren votar al PSOE o al PP, y que no esperen a que CiU decida después de ese día a qué partido quiere dar su apoyo.

¡Qué vergüenza!
Pablo Mosquera La Voz 17 Febrero 2008

Lo de María San Gil en la Universidad compostelana me ha recordado las veces que tuve que salir por la puerta de atrás en actos públicos del País Vasco, ante la actitud de los radicales. Al final, tuve que escuchar de algunas autoridades vascas que la presencia en determinados foros de gentes como yo, disidentes públicos y notorios con la doctrina oficial, era una provocación para el personal.

La última vez que me acusaron de provocador fue de boca del actual seleccionador de Irán, el ínclito Clemente del PNV, que me señaló como instigador al desorden público por querer que jugara en el campo del Alavés, en Vitoria, la selección española de fútbol de la que él mismo fue seleccionador-mercenario. Antes, Carmelo Landa, hoy dirigente de Batasuna, recientemente encarcelado por el juez Garzón, me señaló como «la cizaña» en Euskadi, por aspirar a que Álava dejara de ser miembro de la Euskal Herria de Arzalluz, Batasuna y ETA.

Me quedaba ver y sufrir algo inaudito. Así lo calificó Ramón Jáuregui, compañero y amigo del Parlamento Vasco y del Foro de Ermua, cuando se enteró de que algún dirigente socialista gallego me vetaba para que no pudiera trabajar en Galicia, manteniéndome lejos de sus feudos, a costa de volver a llevar escoltas en Vitoria, tras la vuelta del MLNV a controlar y preparar acciones de presión-terror, al no lograr que se atendieran sus pretensiones en el plan de paz con alto el fuego de ETA.

Jáuregui movió Roma con Santiago, se cansó de hablar con dirigentes socialistas en Madrid, pero no pudo romper la barrera infranqueable de la oposición de dos prebostes de su mismo partido en Galicia.

Que María San Gil, que se ha jugado la vida en Euskadi por defender la democracia y la libertad en tierra de promisión, echándole los arrestos que otros solo tienen de boquilla, cuando vienen a solidarizarse y de paso hacerse la foto, con lo que llamo «víctimas vivas» del terrorismo vasco, entre las que gracias a la Guardia Civil me encuentro (y no entre las víctimas mortales), tenga que soportar escupitajos, insultos y amenazas en la universidad pública de mi Galicia, me llena de vergüenza. Que, además, las fuerzas políticas democráticas sean incapaces de llegar a un acuerdo para condenar esa vergüenza, me indica, con lo que a mí me está pasando, que en mi tierra algo huele a podrido.

O eres del régimen, o te echan a los leones.

Más cerca de la derrota
EDITORIAL El Correo 17 Febrero 2008

La detención de los presuntos etarras Joseba Iturbide y Mikel San Sebastián es una muestra más de la eficaz colaboración entre los servicios policiales galos y los españoles que, dentro de las tareas dirigidas por el equipo mixto creado tras el doble asesinato de Capbreton, condujo anteayer a la exitosa acción coordinada entre Renseignement Generaux y la Guardia Civil. Pero el hecho mismo de que el domicilio en San Juan de Luz de un veterano activista sirviera de escondite a los huidos de la operación que desmanteló el comando de Barajas refleja hasta qué punto la retaguardia etarra continúa sintiéndose a cobijo en el país vecino. Lo cual compromete a las autoridades francesas a redoblar sus esfuerzos para acabar con las bases desde las que ETA opera y dirige su actividad violenta en el País Vasco y en el resto de España.

La ruptura del alto el fuego de marzo de 2006 condujo a quienes auspiciaron la vía del diálogo con ETA -los socialistas y en especial el presidente Rodríguez Zapatero- a reconocer que no pueden albergarse expectativas para la reedición de un intento similar. Pero el empecinamiento etarra exige del Gobierno actual y del que resulte de los comicios del próximo 9 de marzo un compromiso aún más inequívoco que convierta la liquidación de ETA en una meta ineludible. Tanto la disyuntiva entre soluciones políticas y policiales como la más reciente diatriba entre salida dialogada o derrota del terrorismo han quedado superadas por las evidencias que la trama etarra ofrece de fanático inmovilismo y extrema debilidad. Ni hay en ella voluntad alguna de renunciar a la violencia sin condiciones, ni está ya en situación de amedrentar a la ciudadanía o de condicionar el comportamiento de las instituciones. Si el estrepitoso fracaso de la convocatoria de huelga del pasado jueves reflejó el desconcierto y el retraimiento que afectan a la izquierda abertzale, una vez rota la impunidad en la que venía compatibilizando su actuación pública con la cobertura que prestaba al terrorismo de ETA, la debilidad orgánica y operativa de la banda constituye el argumento definitivo para concluir que su derrota representa, a la vez, un objetivo obligado y posible.

Lucha antiterrorista
Congreso y obispos comparten criterio
Jaime Ignacio del Burgo Libertad Digital 17 Febrero 2008

Un mes después de la resolución en que se daba luz verde al Gobierno para intentar el "final dialogado" de la violencia terrorista en el caso de que se demostrara inequívocamente la voluntad de ETA de poner fin a su actividad criminal, dejando bien claro que "la democracia no pagará precio político para conseguir la paz", el Congreso de los Diputados aprobó el 21 de junio de 2005 por 286 votos a favor y 26 abstenciones la siguiente proposición no de ley:

El Congreso de los Diputados refirma la plena vigencia de todo el contenido del Acuerdo por la Paz y la Tolerancia, Pacto de Navarra, firmado en Pamplona el 7 de octubre de 1988, y recuerda su punto quinto:

"Nos reafirmamos en el principio democrático irrenunciable de que las cuestiones políticas deben resolverlas los representantes de la voluntad popular. Ningún grupo terrorista, ni ningún partido político que apoye la práctica de la violencia o se sostenga en ella para conseguir sus fines están legitimados para erigirse en representante del pueblo de Navarra. En consecuencia rechazamos toda posibilidad de que ETA, o cualquier organización respaldada por la misma, sea tenida en negociaciones políticas que pretendan condicionar el desarrollo libre del sistema democrático en general y el propio de Navarra en particular. Sólo la voluntad de nuestro Pueblo puede orientar el presente y el futuro de Navarra. Por eso manifestamos nuestra seguridad de que ETA y sus defensores nada han de obtener de la violencia y la intimidación y de que Navarra continuará progresando asentada en sus instituciones democráticas y regida por la voluntad de sus ciudadanos."

El octavo punto del documento hecho público por la Conferencia Episcopal el 31 de enero de 2008, reproduciendo otro texto anterior fechado el 23 de noviembre de 2006, dice así:

El terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión moral de la vida justa y razonable. No sólo vulnera gravemente el derecho a la vida y a la libertad, sino que es muestra de la más dura intolerancia y totalitarismo (n. 65). Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, ni puede tenerla como interlocutor político (n. 68).

Previamente, la Conferencia Episcopal declara en su documento, rememorando el de 2006, que "si bien es verdad que los católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública". En este pronunciamiento, dirigido a los católicos españoles, no se hace descalificación de partido político alguno, salvo de los que –sustentando la violencia o apoyándose en ella– pretendan erigirse en representantes políticos de un sector de la población y se empeñen en ser tenidos como interlocutores políticos.

En otro punto del documento, el quinto, se dice textualmente: "No pretendemos que los gobernantes se sometan a los criterios de la moral católica". A estas alturas, discutir el derecho de la Iglesia a "iluminar" a sus fieles desde un punto de vista ético o moral recordándoles los principios doctrinales en que se asienta la religión católica es una actitud totalitaria y antidemocrática.

Entre las dos resoluciones del Congreso antes citadas y la declaración episcopal con relación al terrorismo no hay diferencia alguna. Otra cosa es que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, haciendo caso omiso de la resolución del Congreso del 21 de junio de 2005, hubiera abierto una negociación política con Batasuna, es decir, con una organización respaldada por ETA y que pretende condicionar el desarrollo libre del sistema democrático en general y el propio de Navarra en particular. El presidente hizo caso omiso del inequívoco pronunciamiento del Congreso, mintió al líder de la oposición y a la opinión pública española y ahora arremete contra los obispos españoles e intenta dividir a los prelados, todo ello con espurios fines electorales.

La agresiva reacción del Gobierno y del PSOE contra la Conferencia Episcopal es una muestra más del anticlericalismo laicista promovido desde las instancias del poder y constituye una burda maniobra electoral para tratar de movilizar al electorado antisistema que el 14 de marzo de 2004 acudió a votar "contra" el PP.

Jaime Ignacio del Burgo es diputado por Navarra. Representa a UPN en el Comité Nacional del PP

Un Estado sin nación
Manuel Montero El Correo 17 Febrero 2008

O profecía o reto, la puesta de largo de Urkullu en la escena pública, vaticinando próximas crisis estrepitosas, da el tono de la precampaña electoral vasca. A lo que se ve todos los problemas políticos se nos reducen a la insatisfacción de 'las nacionalidades'. No consisten en los que en la sociedad provoca el desarrollo de los nacionalismos -aspecto de la cuestión que suele olvidarse- ni en los derivados de la quiebra de la convivencia por el terror o por proyectos rupturistas, expuesto así sin ánimo de equipararlos. Todo arranca de que las nacionalidades no están contentas. Subyace en el planteamiento una idea muy querida por los nacionalistas, la de la nación sin Estado, y por tanto insatisfecha.

Un argumento recurrente del nacionalismo es la afirmación reiterada de que la nación vasca constituye una nación sin Estado, de lo que derivan graves lamentos y despliegues de victimismo, como si tal 'desafuero' fuese la expresión suma de una gravísima injusticia histórica. No es así: si algo tiene el nacionalismo vasco (y la nación vasca de la que se dice representante) es Estado. La ocupación por el nacionalismo vasco de las instancias estatales en el País Vasco y su uso e identificación con un movimiento nacional no tienen parangón en el resto de España, tras casi tres décadas de construcción de la autonomía con una singular agresividad estatalizante.

El nacionalismo controla al Estado en el País Vasco, prácticamente toda la organización política y administrativa de la sociedad. Tiene Estado a raudales, más que cualquier otro sector político en España. No puede quejarse, su nación vasca no es una nación sin Estado, digan lo que digan. Sucede exactamente al revés: a su Estado (vasco) le falta de momento la nación, pues buena parte de la sociedad vasca no ajusta su idioma e identidad a los que deberían ser, según la doctrina del régimen. De ahí la vorágine de proyectos, planes e ideas chocantes que nos rodean. Buscan acabar con tal estado de cosas. Hay un Estado (vasco) sin nación (vasca), y quiere tenerla. Por ello, el principal designio de la ocupación nacionalista de instancias estatales consiste en nacionalizar la sociedad vasca, entendiendo por tal no sólo su conversión política al nacionalismo, sino sobre todo su transformación identitaria conforme a su modelo de vasco. De ahí que el Estado que controla el nacionalismo sea beligerante con sus ciudadanos. Es un Estado sin nación, pero dispuesto a formarla a cualquier coste. Es decir, a costa de los vascos que no son nacionalistas, que no tienen sitio dentro de los esquemas conceptuales del nacionalismo.

El proceso argumental es el siguiente. El nacionalismo vasco sostiene que existe una nación vasca, a la que suele llamar 'Pueblo vasco con identidad', pues la entiende como una entidad natural y prepolítica. Parte de los vascos comparte esta idea, pero viene a resistirse la otra mitad de la sociedad vasca. En este proceso el nacionalismo ocupa la parte vasca del Estado, y lo hace no con la aspiración central de mejorar la Administración, buscar la prosperidad de la sociedad vasca o restañar las heridas sociales, sino con el objetivo prioritario de forjar la nación por la vía de transformar identitariamente a todos los ciudadanos vascos. De cambiarlos en su identidad, nada menos. A tal intención subordina toda su política.

Entiéndase: sí le gustan al nacionalismo las mejoras sociales y la prosperidad económica -que además entiende constituyen pruebas fehacientes de la excelencia del Pueblo vasco-, pero no es su empeño prioritario. Si hubiera que elegir entre ellas y la construcción nacional (la nacionalización de todos los vascos), elegiría sin dudar esto último. Esto explica decisiones como los derroches en los elementos que consideran identitarios -pongamos el euskera, el desarrollo de singularidades vascas o la educación en valores nacionales-, inversiones contraproducentes si se miden en términos de eficacia o rentabilidad social. ¿Y el ánimo de restañar las heridas sociales? Eso no, bajo ningún concepto: el Estado del nacionalismo vasco nunca ha apostado por saldar las brechas entre los nacionalistas y los que no lo son, sino que identifica la solución de la cuestión vasca con la desaparición de los últimos por la vía de su asimilación cultural e identitaria.

Estado en busca de una nación, el Estado controlado por el nacionalismo vasco tiene voluntad de condicionar la vida de los ciudadanos, vía idiomática, vía presión cultural o por el procedimiento de reservar el acceso a la función pública a quienes dominen el euskera, el que considera principal rasgo identitario. O que se forme institucionalmente al modo de un Estado soberano, incluyendo múltiples rasgos diferenciadores, cuantos más mejor, y una completa simbología propia y excluyente.

Este desenvolvimiento del Estado sin nación pero a la búsqueda de ella tiene una peculiar consecuencia en el terreno de las imágenes públicas y en la argumentación legitimadora, esa idea de que 'España es una nación de naciones'. Suele presentarse como la formulación de una España plural y culturalmente rica, compuesta por distintas comunidades, plenas libertades culturales y armonías nacionales. Es exactamente lo contrario, en la expresión de los nacionalistas. El sueño que formulan está en las antípodas de la diversidad cultural. Es el anhelo de una España plural pero menos, pues añora una pluralidad peculiar, la que les permitiese a los nacionalistas eliminar en su nación respectiva la variedad, diversidad y libertad cultural. No ya que los vascos (o los catalanes) puedan ser vascos (o catalanes), sino que no puedan ser otra cosa quienes viven en el País Vasco (o en Cataluña), ajustándose a lo que los mandos aseguran es la identidad vasca o la catalanidad, pues se trata de construir Estados-nación, internamente de una homogeneidad aplastante.

El 'España nación de naciones', al margen del origen del concepto, es hoy la expresión del sueño-pesadilla de una España compuesta por varios Estados-naciones dando la murga a sus ciudadanos y eliminándoles la pluralidad cultural, ideológica y política, si posible fuese, llegándose a sociedades internamente planas, alejadas de la diversidad. Aunque para ser justos, los nacionalistas vascos no suelen emplear tal expresión. No la usan por tres razones: primera, porque habría que decir 'España', y eso ya no; porque sería conceder el rango de nación a España, circunstancia que la tienen en cuestión; y, sobre todo, porque sería imaginar que quizás la nación vasca forma parte de aquélla, y sólo faltaba.

El alarido
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 17 Febrero 2008

Hace ochos días, la plataforma PAZ celebró un acto de apoyo a Zapatero. De momento, todo en orden. Pero hubo más. José Luis Cuerda, portavoz de la plataforma, se refirió a una «turba mentirosa» e «imbécil», no se sabe si aludiendo a los cuadros del PP o también a sus electores. Esto es ya otra cosa, por decirlo suavemente. Conviene advertir que Cuerda hablaba a título personal. A continuación leyó el comunicado, del que se puede discrepar, pero que no se salía del género convencional del manifiesto combativo.

A las pocas horas, Rajoy respondía apretando a los artistas de PAZ por donde más duele, que es el canon. El presidente popular les acusó de dejarse «untar» por el Gobierno y dijo que buscaría alternativas al nuevo impuesto. Sobre la réplica de Rajoy haré sólo dos observaciones. La primera, es que obedece a un cálculo racional claro: el jefe popular estima que el número de agraviados por el canon supera al de los beneficiarios, y por tanto, que el PP tiene más que ganar en la refriega, que el Gobierno. Expresado de otra manera: cuando las protestas contra la guerra en Irak, las vehemencias de los artistas iban a favor de la corriente y no afectaban al bolsillo del votante. Ahora no existe una causa clara, y muchos ciudadanos de a pie entienden que se ha producido un conflicto entre sus intereses, y los agravios laborales de los cantantes y artistas de PAZ. Es significativo que el PP haya renunciado a buscar una componenda con el mundo de la cultura. Personalmente, celebro la decisión. No creo que el mundo de la cultura se encuentre investido de una autoridad especial en materia política. Ni me parece saludable que los partidos se introduzcan en el territorio de la creación. Estas complicidades, inauguradas en los años treinta, remiten a un ambiente anacrónico y poco hospitalario.

Vuelvo al episodio del día 9. Se ha procurado neutralizar el exabrupto de Cuerda por dos procedimientos. Ambos fueron ensayados por el presidente en la entrevista que sostuvo con Carlos Herrera el jueves pasado. Zapatero habló de que se había trasladado una crítica «preventiva», o algo por el estilo, a la dirección del PP. La exégesis del presidente causa pasmo. Para empezar, lo de Cuerda no fue una crítica sino un insulto. Además los insultos, dirigidos a un partido que representa a diez millones de personas, salpican, fatalmente, a estas últimas. Imaginemos que un habitual de las concentraciones franquistas de la Plaza de Oriente, aseverase de la directiva de Ferraz que es una turba, que miente, y que es imbécil. Sostener que el improperio no alcanza a los votantes socialistas, resultaría absurdo.

Más difícil es determinar si los excesos de Cuerda reflejan o no el pensamiento de la plataforma. Estoy persuadido de que muchos de los firmantes del manifiesto se sentirán incómodos. Pero existen continuidades en el tiempo. Los rostros más visibles son los quienes se desmelenaron hasta el paroxismo contra la derecha hace 4 ó 5 años. El tono de Cuerda, encaja en el cuadro. No lo hacen quienes, de buena fe, se han dejado introducir en él.

Pero esto no es lo más importante. Lo importante es que Zapatero, de nuevo, se negó a reprobar el alarido de Cuerda. Lo lamentó pero no quiso reprobarlo, a despecho de que Herrera le invitó a hacerlo. Imprimen gravedad al caso algunos factores añadidos. El primero es retrospectivo: a principios de legislatura, Zaplana instó tres veces al presidente para que condenara las manifestaciones violentas que ante las sedes populares tuvieron lugar el 13-M. Sorprendentemente, Zapatero se negó a emitir una condena. Seguimos, a lo que se ve, en las mismas. No acaba aquí la cosa. Dos días antes de la entrevista con Herrera, María San Gil había sido objeto de una agresión por nacionalistas radicales en Santiago. La plataforma PAZ no tuvo nada que ver, faltaba más, con el hecho deplorable. Lo normal, sin embargo, es que el presidente de todos los españoles se hubiera marcado el detalle de resaltar su censura a la violencia poniendo en su sitio a Cuerda.

No está ocurriendo eso. En su mano a mano con Gabilondo, el presidente comentó, a micrófono cerrado, que le convenía que hubiera «tensión», y que iba, sí, a «dramatizar» un poco. Me parece que el país tiene otras prioridades.

Zapatero y el uso de los sinónimo como sinónimo de desfachatez.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 17 Febrero 2008

Cuando Zapatero le dijo a su incisivo, mordaz, cáustico, agresivo, punzante, duro, imparcial, objetivo, neutral, honesto, íntegro e incorruptible entrevistador Iñaki Gabilondo que a los socialistas con talante, capacidad de diálogo, integradores, amantes de la paz y de la pazta pública les convenía que hubiese tensión y que dramatizar sería su arma electoral por antonomasia, no se imaginaba la que se iba a montar con el lenguaje, los sinónimos, el significado de las palabras y la desfachatez laica de izquierdas. El diario El País, en su homilía laica dominical decreta y establece que la palabra tensión no es sinónimo de crispación sino que lo que quiso decir ZP, el mayor tensador hispano, fue que les convenía la tensión competitiva para movilizar al electorado.

El MATADOR, nuestro imparcial Mirador Apartidista de Tensiones Articuladas y Dramatizaciones Orquestadas por Rodríguez quiere poner su granito de arena en este debate y les proporciona una utilísima información sobre sinónimos y significados de la palabra tensión y de la palabra dramatizar.

Sinónimos de “tensión” en Sinónimos.org: agitación, alboroto, bullicio, ebullición, jaleo, movimiento, revuelo.

Sinónimos de “tensión” según Bill Gates en su programa Word: tirantez, nerviosismo, intranquilidad, impaciencia, desasosiego, comezón, inquietud, nerviosidad, zozobra, ansia, ansiedad, malestar, preocupación, incertidumbre, duda, angustia, congoja, desazón, ahogo, opresión.

Sinónimos de “tensión” en Wordreference.com: tirantez, nerviosismo, estrés, angustia, incertidumbre.

Definición de “tensión” en el Diccionario de la Real Academia:
1. f. Estado de un cuerpo sometido a la acción de fuerzas opuestas que lo atraen.
2. f. tensión vascular, especialmente la arterial.
3. f. Estado de oposición u hostilidad latente entre personas o grupos humanos, como naciones, clases, razas, etc.

4. f. Estado anímico de excitación, impaciencia, esfuerzo o exaltación.
5. f. Electr. Voltaje con que se realiza una transmisión de energía eléctrica.
6. f. Fís. Intensidad de la fuerza con que los gases tienden a dilatarse.

7. f. Mec. Fuerza de tracción a la que está sometido un cuerpo.
8. f. Mec. Magnitud que mide esta fuerza. Se expresa en N/m2

Definición de “dramatizar” en el Diccionario de la Real Academia:
1. tr. Dar forma y condiciones dramáticas.
2. tr. Exagerar con apariencias dramáticas o afectadas. U. t. c. intr.

Tras este profundo estudio, el MATADOR está en disposición de concluir que lo que quiso decir Zapatero es que a los socialistas progres rojos solidarios de izquierdas pacíficos y de buen talante les conviene acojonar al personal exagerando con apariencias dramáticas todo lo que se les ponga por delante, pero eso sí con mucho, pero que mucho talante.

Aunque el diccionario de la Real Academia le da en todos los morros morales a Zapatero al definir lo que está haciendo con meridiana claridad, Zapatero al crear tensión está creando hostilidad entre los españoles, entre grupos humanos para intentar que le voten y no le boten.

Y ojalá no utilicen, ni ZP ni sus fuerzas oscuras, para crear tensión a ninguno de los Marinus van der Lubbe sobre los que tengo la convicción de su existencia en la sombra.

Tras Kosovo, Euskal Herría
Vicente A.C.M. Periodista Digital 17 Febrero 2008

El lehendakari Ibarretxe en Stanford se explayó para seguir promocionando en Europa su Plan de Autodeterminación. Acude al derecho a decidir de los pueblos, recurriendo incluso a citas de presidentes norteamericanos como Wilson y a resoluciones de la ONU. La más que previsible declaración de independencia de la provincia Serbia de Kosovo es un antecedente que no va a ser desaprovechado por el PNV y sobre todo por ETA para reivindicar la independencia de El País Vasco, incluida Navarra.

El Gobierno de Zapatero está intentando no dar la cara en un tema en el que no puede apoyar tan claramente la política de una UE dispuesta a dar la bienvenida l nuevo mini país de Kósovo, cuya población es mayoritariamente albanesa. La antigua Yugoeslavia ha sido desde su desmembración una fuente de conflictos y de choques étnicos y culturales en los que ha implicado a Europa.

España con el gobierno del PSOE y sobre todo con Zapatero como Presidente, ha demostrado ser débil y excesivamente dispuesto a aceptar el diálogo político con la organización ETA,. Este hecho ha sido reconocido por el propio PNV y ha confirmado fechas y lugar de la celebración de las reuniones, afirmando que el PSOE ha traspasado la línea. El engaño a los ciudadanos ha sido total.

Así que tras Kosovo, la siguiente víctima de las declaraciones de independencia en cadena, vía referéndums ilegales, será España si es que Zapatero gana las elecciones. Ibarretxe va a desafiar al con su Plan mediante su consulta en Octubre, y solo puede ser detenido mediante la suspensión de la Autonomía y el enjuiciamiento del Lehendakari por el Tribunal Supremo.

Así que la duda que queda en el aire es si ETA va a entrar en campaña para favorecer las expectativas de la victoria de Zapatero y su talante negociador. Tengo motivos para creer que Zapatero nos quiere imponer su visión de pesadilla de una nueva España. Impidamos que España sea una nueva Yugoeslavia.

La independencia de Kosovo, un nuevo fracaso internacional para Europa
EDITORIAL Elsemanaldigital 17 Febrero 2008

Todo indica que hoy la provincia serbia de mayoría albanesa y musulmana de Kosovo declarará unilateralmente su independencia. Aunque no se prevén incidentes, el malestar es evidente no sólo en la propia Serbia, sino también en Rusia; en otros países europeos, incluido el nuestro, se suscitan serías dudas sobre un proceso llevado a cabo de espaldas a la legalidad internacional y que supone un nuevo fracaso de la diplomacia y la acción exterior de la Unión Europea.

Es preciso recordar que la actual situación de Kosovo tiene su origen en la guerra producida en 1999, cuando las fuerzas de la antigua República Federal Yugoslava fueron bombardeadas por la OTAN para detener los abusos contra la población civil albano-kosovar, mientras el Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK) llevaba a cabo una limpieza étnica contra los serbios del territorio. Desde entonces, la provincia, aunque formalmente integrada en Serbia, viene siendo administrada por la ONU, con presencia de tropas de la OTAN que incluyen 780 militares españoles.

La declaración de independencia no romperá sustancialmente ese estado de cosas. Kosovo no puede autogobernarse, y sólo los intereses de los Estados Unidos, principal apoyo con el que cuenta la mayoría albanesa del territorio, explican que se pueda dar este paso. Pero lo más grave es la absoluta incapacidad de la Unión Europea para propiciar una solución más acorde a sus propios intereses, que le ha llevado a plegarse a la independencia y contribuir a ella con una "misión civil" que convertirá de facto al Kosovo independiente en un protectorado europeo de mayoría musulmana.

Ha tenido que ser el presidente ruso, Vladimir Putin, el que haya puesto a los Estados europeos ante sus propias contradicciones en este asunto, recordando que en la guerra de 1999 las atrocidades se cometieron por los dos bandos y que apoyar el separatismo albano-kosovar constituye un precedente muy peligroso para países, como la propia España, que sufren también tensiones secesionistas.

Es evidente que en nada se parece la historia y la situación actual de Kosovo a la del País Vasco o Cataluña. Sin embargo, para los nacionalistas, acostumbrados a tergiversar la historia y los datos de la realidad a su antojo, nada de eso importa y es inevitable que acaben utilizando políticamente el ejemplo kosovar.

En esta tesitura, nuestro Gobierno no puede adoptar otra posición que la de un claro y rotundo rechazo a la declaración unilateral de independencia por parte de los albano-kosovares. Así se han venido pronunciado hasta ahora el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Fernández Moratinos, y la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, pero las palabras deberían venir acompañadas por hechos como la retirada inmediata de nuestras tropas del territorio.

Peligroso «efecto Kosovo»
Editorial ABC 17 Febrero 2008

LA independencia de Kosovo -con toda seguridad será proclamada unilateralmente en las próximas horas- supone una violación de los usos y las leyes del Derecho Internacional. Que haya más o menos países dispuestos a ratificarlo con su beneplácito diplomático no disminuirá ni un ápice el carácter irregular de un hecho que consiste en la segregación unilateral de una parte del territorio de un Estado soberano reconocido internacionalmente. Desde la II Guerra Mundial, vencedores y vencidos habían acordado que el respeto a ese principio era la garantía de estabilidad para todos y la comunidad internacional se había comprometido a no violarlo en ningún caso. Una vez más, la Organización de las Naciones Unidas se ha visto incapaz de imponer el cumplimiento de las reglas de juego en las que se basa su propia existencia.

Sostengan lo que sostengan los defensores de la creación de este nuevo Estado, el de Kosovo es un precedente legal inquietante para otros casos en los que hay en juego disputas territoriales y de soberanía, del mismo modo que representa un agravio para aquellos expedientes, como el del Sahara Occidental, por ejemplo, donde la ONU ha aceptado que a los saharauis, a los que sí asiste el Derecho Internacional, se les prive de una potestad que los kosovares se han arrogado por su cuenta. El Derecho Internacional ha sido ignorado y donde -en el caso claro de la autoproclamada República Turca de Chipre del Norte- la ONU dijo «digo», ahora -en Kosovo- dice «Diego». Las consecuencias en los Balcanes, y en toda Europa, pueden ser a largo plazo incalculables porque de manera consciente se vuelve a prender una mecha en un auténtico polvorín.

Ahora bien, el precedente que sienta Kosovo tampoco es algo que pueda servir para ser llevado por elevación hasta una disputa municipal. Como ha sucedido cada vez que ha habido una turbulencia territorial en el mapa de cualquier parte del mundo, esto ha sido siempre utilizado torticeramente para buscar interpretaciones favorables a los nacionalistas radicales e independentistas dentro de España, y Kosovo no será una excepción. Sin embargo, tal y como ha venido sucediendo en todos los casos (los de Québec, Lituania, Checoslovaquia, etcétera), la realidad ha confirmado que no hay nada equiparable ni similar con las ensoñaciones nacionalistas. Para que el lendakari vasco, Juan José Ibarretxe, por ejemplo, pudiera invocar el de Kosovo como un precedente favorable a sus tesis soberanistas, su causa necesitaría de muchos otros ingredientes -ni siquiera merece la pena mencionarlos- que en el País Vasco o en Cataluña no se van a producir jamás.

Sobre las demás consecuencias en las regiones secesionistas del Cáucaso o en los mismos Balcanes, sin embargo, sí se hablará largo y tendido. Argumentar que con esta declaración de independencia se cierra el último acto del drama yugoslavo es una ingenuidad y una manera de sacudirse las culpas que pesan sobre la Unión Europea por no haber tenido nunca una posición razonable a tiempo ni haber sabido imponerla cuando pudo haberse planteado. Ahora, con los hechos consumados encima de la mesa, en el mejor de los casos Kosovo va a ser una carga económica y política para la UE, pero un dulce regalo para Estados Unidos, que tendrá un nuevo aliado y una gigantesca base militar en el único país del mundo que es nominalmente musulmán y donde las banderas norteamericanas se venden hasta en los quioscos. La UE pagará la cuenta de lo que cueste construir un Estado digno de ese nombre en esa tierra convulsa, y además tendrá que buscar la manera de sacar a los serbios del hoyo en el que se encuentran y asumir las consecuencias de una gestión poco reflexiva. En estas circunstancias, el gran beneficiario será seguramente Estados Unidos. En cuanto a los albaneses de Kosovo, la independencia por sí misma les será de poca ayuda para resolver sus problemas: cuando hayan superado la euforia independentista, verán que no son más fronteras lo que se necesita en este mundo globalizado, sino todo lo contrario.

Euforia de los nacionalistas de España por la vía abierta con Kosovo
 Periodista Digital 17 Febrero 2008

El mundo entero va a ser hoy testigo mudo de la declaración de independencia de Kosovo. Al hacerlo de manera unilateral, supone un descarado golpe al Derecho Internacional, que será celebrado con una gran fiesta con fuegos artificiales y una inmensa tarta para 30.000 personas. EEUU y la Unión Europea, en un juego sucio de estrategias interesadas, asistirá al lamentable espectáculo no sólo de brazos cruzados, sino aplaudiendo.

Pese a que esta independencia unilateral de un territorio de un Estado sea con el beneplácito de determinados países, no disminuirá ni un ápice el carácter irregular de un hecho que consiste en la segregación unilateral de una parte del territorio de un Estado soberano reconocido internacionalmente.

Desde la II Guerra Mundial, vencedores y vencidos habían acordado que el respeto a ese principio era la garantía de estabilidad para todos y la comunidad internacional se había comprometido a no violarlo en ningún caso. Una vez más, la Organización de las Naciones Unidas se ha visto incapaz de imponer el cumplimiento de las reglas de juego en las que se basa su propia existencia, tal y como recuerda ABC.

El de Kosovo es un precedente legal inquietante para otros casos en los que hay en juego disputas territoriales y de soberanía. Las consecuencias en los Balcanes, y en toda Europa, pueden ser a largo plazo incalculables porque de manera consciente se vuelve a prender una mecha en un auténtico polvorín.

Los nacionalistas radicales e independentistas de España ya se frotan las manos. El caso de Kosovo va a ser utilizado para su interés particular. Euforia porque creen que la vía independentista kosovar será la senda a seguir en el País Vasco y Cataluña.

El Gobierno de España, de nuevo ha quedado con las vergüenzas al aire. Debido a su poco peso en el ámbito internacional, Moratinos no ha tenido más remedio que morder arena. El ministro de Exteriores de cualquier país con peso diplomático y con problemas soberanistas en el interior de su estado, lo que debería de haber hecho es mostrar su más enérgico desacuerdo porque se violara la legalidad internacional.

LANZARON CÓCTELES MOLOTOV CONTRA LOS AGENTES
Terroristas callejeros calcinan un autobús y tratan de agredir a la Ertzaintza en Hernani
Un autobús quemado y daños en tres vehículos, dos sucursales bancarias y una autoescuela son las consecuencias de una nueva noche de terrorismo callejero en el País Vasco. En Hernani, los proetarras, tras desalojar y calcinar el autobús, se enfrentaron a la Ertzaintza que acudió a la zona. En Lemoa, un sabotaje afectó a un repetidor de televisión.
EFE Libertad Digital 17 Febrero 2008

Los incidentes, según informó la policía, comenzaron sobre las 21:20 horas en la calle Elcano de Hernani, donde un numeroso grupo de encapuchados detuvo un autobús, ordenó a los pasajeros que los desalojaran e inmediatamente le prendieron fuego. En pocos minutos el autobús quedó totalmente calcinado.

Después los proetarras se enfrentaron a una patrulla de la Ertzaintza que acudió al lugar y contra la que lanzaron cocteles molotov, sin que se produjeran daños personales, informó la Ertzaintza.

Los terroristas callejeros huyeron posteriormente por las calles cercanas mientras cruzaban en la calzada contenedores de basura, a alguno de los cuales prendieron fuego, y coches. Tres vehículos resultaron dañados de diversa importancia a causa de las llamas, así como la sede de una autoescuela.

Los proetarras causaron daños también en los cajeros de dos entidades bancarias, informó la Ertzaintza. Además, arrojaron artefactos incendiarios contra la Casa del Pueblo del municipio, lo que provocó el ennegrecimiento de la fachada.
En Lemoa, los proetarras sabotearon la pasada madrugada un repetidor de televisión mediante la colocación y posterior quema de varios neumáticos y provocaron daños en el cableado que permite la conexión a internet, informaron fuentes del departamento vasco de Interior.

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