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Recortes de Prensa    Domingo 24 Febrero 2008

Zapatero y el lenguaje de ETA
EDITORIAL Libertad Digital  24 Febrero 2008

Como viene siendo habitual, ETA ha utilizado también esta campaña electoral para recordarnos que tanto su estrategia, la conversión del País Vasco en una dictadura marxista, como su táctica, el asesinato y la intimidación, siguen vigentes, y que además posee la capacidad para seguir sembrando el miedo en la sociedad. El objetivo elegido en esta ocasión ha sido la policía autónoma vasca, y la forma un artefacto explosivo preparado para estallar al ser manipulado por los agentes. La ausencia de víctimas mortales no resta importancia a este nuevo acto criminal, que demuestra la determinación de los terroristas de no cejar en su empeño.

Sin embargo, por primera vez en la historia de nuestra democracia, el Presidente del Gobierno y candidato a la reelección no sólo ha preferido obviar una referencia directa al nuevo atentado, sino que ha tendido la mano a los terroristas.

Tan sólo 24 horas después de que la vicepresidenta del Gobierno negase la posibilidad de abrir un nuevo proceso de negociación política con ETA, Rodríguez Zapatero afirmaba en un mitin en Valencia que no pediría disculpas “por haber buscado la paz y el final de la violencia”. Es decir, vuelve a colocar a una banda de criminales al mismo nivel que un Estado democrático de Derecho, y convierte la agresión contra el pueblo de los terroristas y de quienes los apoyan en un conflicto entre iguales. Los españoles no están en guerra contra nadie. Simplemente llevan cuatro décadas siendo amenazados y golpeados por un grupo de malhechores que practica una especie peculiar de violencia cuyo objetivo es la coerción de gobiernos y sociedades enteras en aras de la consecución de un fin político, que en el caso de ETA no sería otro que el establecimiento de un régimen de terror en las provincias vascas.

Hablar de paz y de violencia, en vez de referirse a los atentados y crímenes contra la vida y propiedad de las personas que llevan a cabo los miembros de ETA, equivale a reconocer la legitimidad tanto de los fines como de los medios de los terroristas, y por tanto a abrir la puerta a la negociación y al pacto para la resolución del problema. En cierta forma, Zapatero culpabiliza a la sociedad entera de la existencia del terrorismo, como si este fenómeno fuera una especie de asignatura pendiente de la democracia y como si todos fuéramos responsables de él.

La aceptación del lenguaje de ETA y el planteamiento de la cuestión terrorista en los términos usados por los mal llamados violentos –son mucho más que eso- constituye una nueva claudicación del Gobierno y una deslealtad al pacto sobre el que se asientan los estados democráticos, la seguridad de los ciudadanos y el castigo para los que atenten contra la vida, la propiedad y la libertad de los demás. De nada sirve que el Estado se esfuerce en proporcionar otro tipo de servicios cuando es incapaz o carece de la voluntad para siquiera intentar cumplir el fin que lo vio nacer.

A pocos días de las elecciones generales, conviene echar la vista atrás y constatar que ni una de las protestas y manifestaciones organizadas por las víctimas del terrorismo y otras organizaciones en contra de la política del Gobierno estuvo de más. Por desgracia, con sus palabras de ayer, Rodríguez Zapatero volvió a hacer oídos sordos al clamor popular, renovó su compromiso político con ETA y rompió con la voluntad de la inmensa mayoría de los españoles. El nueve de marzo los españoles también tendrán la oportunidad de romper, pero con él.

Irrupción etarra
EDITORIAL El Correo 24 Febrero 2008

El artefacto colocado por ETA junto a las instalaciones de telecomunicación ubicadas en un monte cercano a Bilbao vuelve a demostrar que su intención no es otra que matar. El hecho permite confirmar, además, que los terroristas intentan asesinar antes de que se celebren las elecciones del 9 de marzo, y que uno de sus objetivos más insistentemente perseguidos son los agentes de la Ertzaintza. La irrupción de la banda en plena campaña encierra un doble mensaje. Por una parte, ETA trata de amedrentar a la sociedad y coaccionar a las formaciones que concurren a los comicios dejando clara su voluntad de perpetuarse en el terror. Por la otra, se dirige a quienes hace tres días recibieron por intermediación de los dirigentes de la izquierda abertzale ilegal la consigna de abstenerse activamente el domingo electoral, para rubricar con una bomba el sentido último de la orden dada por quienes empuñan las armas. Lo ocurrido no es un incidente menor, tal como pareció dar a entender ayer la poca relevancia que el atentado frustrado tuvo en una jornada con tantos mítines y comparecencias públicas.

La condena coincidente no es suficiente para afrontar la amenaza de una ETA que, aun estando sumamente debilitada, puede llegar a infligir un terrible daño. Antes que nada, y especialmente tras la bomba de Bilbao, es imprescindible que los candidatos se abstengan de utilizar la política antiterrorista como tema de confrontación electoral. Pero más allá de tan necesaria contención verbal, partidos e instituciones han de transmitir a la ciudadanía un mensaje coincidente de firmeza frente a las pretensiones terroristas de negociar políticamente, y de confianza en la solidez de las bases e instrumentos del Estado de Derecho para prevenir, perseguir y, finalmente, acabar con ETA. No es casual que intenten ensombrecer la fiesta democrática que representan siempre unas elecciones. Actúan así porque nada hay más contrario al fundamentalismo terrorista que la libre expresión de la voluntad ciudadana. La sociedad vasca y el conjunto de la sociedad española cuentan con una oportunidad que no pueden desperdiciar para plantar cara a ETA participando masivamente en los comicios generales.

ETA, siempre en campaña
Editorial Heraldo de Aragón 24 Febrero 2008

Como se esperaba, ETA hizo acto de presencia en la campaña electoral, del único modo en que sabe: con un artefacto explosivo, que estalló a mediodía de ayer en un repetidor de telefonía móvil de Bilbao, sin causar heridos.

Pero la policía autónoma vasca confirmó lo que cabe esperar de la naturaleza criminal de la banda, que había colocado una bomba trampa destinada a los artificieros de la Ertzaintza. ETA buscaba matar, sin paliativos, como se deduce del hecho de que la bomba explotara poco antes de las 12 horas, justamente en el momento en que un robot de los artificieros iba a proceder a su desactivación. Por fortuna, fue el brazo articulado de la máquina el que quedo destrozado por la explosión, causada por una cantidad de explosivos de entre tres y cuatro kilos. Aunque esta vez, de nuevo, la banda no ha conseguido su objetivo criminal, no cabe todavía minimizar su capacidad de causar sufrimiento. Aun en los momentos de extrema debilidad, matar puede ser fácil. Frente a la capacidad alevosa y asesina de los terroristas, oponen toda su fortaleza las instituciones del Estado de derecho. Las fuerzas de seguridad del Estado impidieron, ayer, de nuevo, que ETA logre su objetivo. Pero queda pendiente que tras las elecciones el Gobierno que salga de las urnas no se deje engañar por las argucias de los terroristas y sus secuaces y aprenda de los errores cometidos. Limitar su capacidad de acción por todos los medios legales a su alcance, en colaboració

Hipótesis Rajoy
BENIGNO PENDÁS, Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 24 Febrero 2008

SI gana Zapatero... remito al lector a mi Tercera reciente. En síntesis: más de lo mismo, con el peligroso refuerzo que otorga un «plus» de legitimidad. Hoy toca hablar de Rajoy. La niebla envuelve la bola de cristal. Los augures más avezados arrojan la toalla. Escribe T. S. Eliot: «¿no sabes nada?, ¿no ves nada?, ¿no recuerdas nada?». Vayamos por partes. Noche larga del 9-M. Euforia popular en Génova. El milagro era posible. Agonía hasta el recuento final y «sorpasso» en el último minuto. Aquella encuesta del CIS, y después los debates en televisión, las maniobras fallidas del PSOE... Hemos ganado por un puñado de votos y por unos cuantos escaños. Prudencia en la séptima planta: una mayoría «que puede ser suficiente», dijo Aznar en 1996. ¿Y ahora qué?

Proceso de investidura más largo que nunca. Unos pocos canarios, acaso algún «ciudadano» y a ver quién convence a CiU. Otra vez vista al pasado. A pesar de la OPA y del apagón eléctrico, la memoria no falla. ¿Quién fue el anfitrión de Aznar y Pujol en aquellas horas inciertas? Cosas de la vida: Pizarro es el único que no está jubilado. Un gran fichaje, por muchos motivos. Otros protagonistas: Rato y Cascos ya no están, pero tampoco andan lejos... Disminuido, sin duda, pero ahí sigue Durán, un democristiano incombustible. Las puertas están abiertas. El problema se llama Artur Mas, político de diseño sin experiencia de poder: esta vez no fue al notario, pero el voto sale caro. ¿Imposible? En política no existe tal cosa. ¿Retirar el recurso contra el Estatuto? Mejor dejamos al TC que termine el trabajo ya iniciado. ¿Y si al bloque progresista le inunda ahora el fervor patriótico? Hablemos de dinero, siempre que sea mucho. Fin del «expolio» fiscal de Cataluña, dirán en Barcelona, mientras el PSC se desespera. Resignación en Madrid: el que algo quiere, algo le cuesta. Al final llegan los apoyos imprescindibles, mientras el PSOE sigue mirando a la luna. Zapatero y los suyos están ocupados tapando grietas y afilando agravios. En mayo, Mariano Rajoy ejerce como presidente del Gobierno, cuatro años más tarde de lo previsto.

El Consejo de Ministros ofrece una impresión confusa. Algunos no estaban en la quiniela y aparecen en la foto. ¿Quién dijo que Mariano no tenía equipo propio? Escuchemos al sutil Roger Martin du Gard: «El secreto está en elegir bien qué asuntos deben olvidarse». De pronto, algunos descubren que existen embajadas brillantes y altos cargos institucionales. Muchos líderes del PP, incluido el presidente, pertenecen a los cuerpos jurídicos del Estado. Todos recuerdan, supongo, cómo empieza el tema de la prescripción en el Castán: «El tiempo, que todo lo muda...». Léase: 2008 no es 2004 más la prorroga. Por cierto, empieza un tiempo de silencio para sucesores, aspirantes y pretendientes varios. En todo caso, a la gente le importan los contenidos mucho más que los nombres. ¿Qué podrá hacer Rajoy? En política antiterrorista depende... del PSOE. Es muy sencillo: si renace el Pacto moribundo, prueba improbable de sensatez, empezará un tiempo nuevo. Como no sucederá tal cosa, habrá que confiar en la eficacia policial y poner la vista en un horizonte lejano. El mapa vasco no puede cambiar de un día para otro. Firmeza y buen sentido suelen producir resultados favorables. Hay que tener prevista la hoja de ruta ante el 25 de octubre. Solos ante el peligro. Referéndum ilegal e ilegítimo exige reacción concluyente, y no vale confiar en el sentido de Estado de un socialismo en plena crisis interna. Eso sí, los españoles tienen muy claro quién debe gobernar para hacer frente a un desafío de consecuencias imprevisibles. Por fortuna, Ibarretxe titubea ante su propia desmesura y cualquier salida le sirve para dar un paso atrás.

Al margen del País Vasco, la política territorial parte de ese handicap derivado del pacto a medias con CiU. Ni soñar con reformas de la Constitución, blindajes del Estado o refuerzos de nuestro lánguido seudofederalismo cooperativo. Pero el PP ha trabajado mucho y bien en esta legislatura sobre organización territorial del Estado. Hay ideas muy aprovechables y cualquier resquicio puede ser oportuno para llevarlas a la práctica. Economía, cuestión prioritaria. Al fin y al cabo, según esta hipótesis, Zapatero pierde porque no se atrevió a disolver las Cortes después del verano. El discurso económico, pura teoría racional, ocupa siempre el centro político; las pasiones irracionales, núcleo duro sentimental, juegan por definición en los extremos. Rajoy sabe mejor que nadie que ganó gracias al bolsillo de los ciudadanos y no al griterío sobre las esencias. En este punto, el efecto Pizarro pudo ser determinante. Reformas estructurales y ajustes fiscales ayudarán a capear un temporal que viene de lejos. Por descontado, no será posible cumplir todas las promesas de un día para otro. No obstante, pese a los malos augurios, habrá cuentas claras y despensa casi llena. La gente confía en el «know-how» del centro derecha para afrontar las turbulencias y el PP no debe fallar por este flanco. Ciertos compromisos tienen que llegar cuanto antes al Boletín oficial: por ejemplo, fuera el «canon digital», sin olvidar la protección que merece la propiedad intelectual. Ya de paso, he aquí un reto que los populares eluden siempre que pueden: ganar la batalla de las ideas, recuperar la universidad, practicar una política cultural inteligente. Esto es, invertir a medio plazo en capital ideológico conservador y liberal. A lo mejor, esta vez...

Política social. Paz con la Iglesia, claro, pero sin provocar tensiones sociales estériles. Esas leyes -el lector ya sabe cuáles- están ahí. Deben cumplirse con absoluto rigor. Sin embargo, un triunfo electoral no habilita para desconocer la evidencia: la sociedad española ha saltado sin red desde la era «premoderna» a la «posmoderna», y por ahora no piensa cambiar. Rajoy tiene olfato para estas cosas, y no es probable que se equivoque. Además, el TC tal vez recupere la brújula perdida y entonces... Contrato de inmigración. Idea atractiva, práctica difícil. Lo mejor: el tabú ya no vence al tótem, como diría S. Freud. Rompe así la imagen de España como destino asequible. Primer paso para dibujar una política coherente. Un gran avance, si se consigue. ¿Qué más cabe esperar de un Gobierno sensato? Política exterior, otro buen ejemplo. Amigos naturales: Merkel y Sarkozy, aunque con el vecino hiperactivo pueden chocar los intereses legítimos de ambas partes. Gane quien gane en Estados Unidos, habrá relación cordial y poco más. Por suerte o por desgracia, también allí los neocons ceden su lugar a los realistas pragmáticos. En ese terreno estaremos cómodos. ¿Sorpresas al frente del Ministerio? Algunos analistas apuestan por ello. Puede haber emociones fuertes en Justicia. La crisis del modelo actual exige ya de una vez soluciones creativas. O sea, menos política con las togas y más eficacia jurisdiccional: justicia tardía no es justicia, para empezar a buscar remedios.

Si se cumple la hipótesis, Rajoy habrá ganado sin hipotecas. Una oportunidad histórica para poner unas cuantas cosas en su sitio. Esperar y ver, porque otra vez se nubla la bola de cristal. Ya sé que los politólogos somos malos profetas, pero lo mismo sucede con los demás gremios. Es mejor acudir al arte razonable de la conjetura. No es tan difícil con Rajoy. Es un personaje previsible. No pretende descubrir la pólvora. Practica la política del sentido común.

El voto sin fe
IGNACIO CAMACHO ABC 24 Febrero 2008

CON un Gobierno tan incompetente y sectario como el que hemos padecido, cualquier oposición menos ofuscada que el PP habría llegado a la campaña electoral en medio de un anhelo colectivo de alternancia y con una inaccesible ventaja de diez o doce puntos. Sensu contrario, cualquier Gobierno cohesionado por una mínima sensatez estaría en condiciones de barrer sin problemas a una oposición capaz de zancadillearse tan a menudo a sí misma. La tragedia de estas elecciones es que se enfrentan dos fuerzas lastradas por una legislatura desquiciada y sin rumbo, en la que cada despropósito aventurerista del poder ha gozado del beneficio de los errores de su adversario. El peor PSOE de la democracia contra el PP menos lúcido; la izquierda más rupturista contra la derecha más azarosa; el presidente más inepto contra la alternativa más débil. Un duelo de liderazgos escleróticos en el que los ciudadanos sólo tienen la posibilidad de optar por el menos malo.
En la letra pequeña de las encuestas, la que sirve para pulsar los estados de ánimo del electorado, se aprecia con claridad una considerable desgana, un desaliento manifiesto, un desengaño palpable. La gente aprecia con desilusión el desencuentro institucional, siente amargura e impotencia ante la crispación, desconfía más que nunca del interés de la dirigencia por sus problemas reales y evalúa a unos y otros con alarmante pesimismo.

En teoría, este panorama debería desembocar en una alta abstención, pero es probable que al final se active la vis polémica española y los políticos se salven del castigo por la necesidad que el pueblo siente de encontrar una salida. Sea como fuere, se tratará de un voto desencantado, a regañadientes, un voto en negativo quizá más motivado por el desapego hacia los otros que por el estímulo natural de la opción propia. Nunca ha existido en este país tan poco entusiasmo entre los electores por quienes representan sus intereses o sus ideas.

Ganará el menos malo, o el que cometa menos errores en una campaña que los socialistas tratan de convertir en una reyerta bronca y cenagosa, a falta de gestión que vender o de confianza que ganar. Frente a esa propuesta pendenciera, el Partido Popular ha emergido con propuestas sólidas e iniciativas razonables, pero queda por ver que esa lucidez de última hora pueda borrar la sombra de cuatro años trabados por el radicalismo y las trifulcas. En condiciones normales, la liquidación de este mandato para olvidar debería constituir una imperativa cuestión de salud pública, pero el empate de los sondeos indica que los españoles tienen tan poca fe en sus gobernantes como en su relevo. El PSOE goza de la prima del poder y de la reticencia de los ciudadanos a rectificarse a sí mismos. La insolvencia de Zapatero les atribula, pero la debilidad de Rajoy les resta estímulo. Eso sí, el candidato del PP satisface más a sus votantes que el del PSOE a los suyos. Para saber si eso es una esperanza habrá que aguardar a que se abran las urnas. Sería triste que al final prevaleciera el instinto conservador y el cambio naufragase por miedo al vacío.

Mucho cartel, poco talento
M. MARTÍN FERRAND ABC 24 Febrero 2008

LOS estrategas electorales socialistas, maestros de la propaganda y artistas de la manipulación, han instalado en pleno centro de Madrid un gigantesco cartelón en el que, en su franja central, luce un eslogan equívoco: «No es lo mismo». En la parte superior de tan inmenso paño pueden contemplarse, sentados alegres en el Congreso, las figuras ra-diantes y confiadas de Zapatero, María Teresa Fernández de la Vega y Pedro Solbes. En la inferior, bajo la banda roja de la consigna, también en el Congreso, aparecen taciturnos y aburridos, como desesperados, Eduardo Zaplana, Ángel Acebes y Mariano Rajoy. Evidentemente no son lo mismo los unos que los otros y, aunque ambos se obstinen en la socialdemocracia y confíen más en el Estado que en la Sociedad, tampoco es lo mismo el PSOE que el PP.

El cartelón, divertido en lo que tiene de espectáculo e ingenio torticero e irritante por cuanto conlleva de provocación, corre parejas con la campaña que promueven las Juventudes Socialistas que, en lo que se les ve, tienen muy poco de la primero, casi nada de lo segundo y se confor-man con ser alevines del poder con hambre de cargos y bicocas. Como para hacer una gracia, los capullos en ciernes de ser rosa enseñan una fotografía de Frankenstein, el hijo de Mary Shelley, y la subtitulan: «Pelis que dan miedo, sí». Aparece a su vera una foto de José María Aznar con un penacho que reza: «Políticos que meten miedo, no». Los del PP, que son muy suyos, han manifestado su indignación por el uso de la fotografía de Aznar, de la que FAES tiene la propiedad intelectual; pero no han dicho nada de lo burdo y ramplón de una comparanza, buena para tertulias a las tres de la madrugada e impropia de un debate político solvente.

Ese es el nivel de la campaña electoral en curso porque tampoco se podrían señalar grandes destellos de inteligencia, ni brillantes propuestas de futuro, en la que maneja el PP. A eso nos han llevado un bipartidismo estéril y esclerótico que nos tienen instalados en una partitocracia, poco representativa y nada parlamentaria, de la que ninguno de los dos bandos muestra intención de abandonar. Unos líderes cortos de ideología, escasos de facultades e incapaces de hacernos vibrar, aconsejados por expertos electoreros que les esclavizan con el principio de que es mejor no cometer un error que tener un acierto, es lo que hay en el patio nacional.
Las alternativas no nacionalistas, de Ciudadanos a UpyD, están silenciadas por el ambiente y el reglamento. Lo demás, centrífugo y separatista, aprovecha el caso y las circunstancias para ganar poder y participar con su decisión e influencia en el Gobierno de una España a la que dicen no querer pertenecer. Unos y otros han hecho suya, como lema, la definición de inteligencia que hizo Enrique Jardiel Poncela: «El peor castigo que puede afligir a un ser humano».

Ritos
JON JUARISTI ABC 24 Febrero 2008

NO, el PSOE no puede escurrir el bulto. La moda del linchamiento del PP comenzó el 13 de marzo de 2004, o incluso el día anterior, en el muy planificado acoso a José María Aznar durante la gran manifestación de repulsa a los atentados del 11-M. Los grupúsculos que han hostigado estos últimos días a María San Gil, Dolors Nadal, Rosa Díez, Francisco Granados y Juan José Güemes no hacen sino seguir la costumbre inaugurada por la izquierda en aquellas dos jornadas preelectorales sobre la falsilla de Fuenteovejuna. La alianza contra Rajoy, que aunó en la calle a todo el arco ideológico progre, desde el PSOE a los antisistema, tuvo un inequívoco designio sacrificial. Desvió la indignación popular desde los terroristas islámicos al gobierno de Aznar, y convirtió en víctima propiciatoria al partido que lo sustentaba.

Era obvio que el golpe que se asestó de este modo a la democracia revestía una gravedad sin precedentes que iba a pesar sobre toda la legislatura, y eso es precisamente lo que hemos sufrido todos -pero unos más que otros- a lo largo de estos cuatro años: la experiencia de una democracia dañada. El encauzamiento de la furia de aquellos días contra las sedes del PP no fue, ahora lo sabemos, un desahogo sin consecuencias. Instituía un ritual. La única forma de invalidar un sistema sacrificial consiste en el reconocimiento colectivo de la inocencia de la víctima, pero desde la izquierda -y, en particular, desde el PSOE- nadie estaba dispuesto a cantar la palinodia. En lugar de ello, los socialistas prosiguieron la escalada, organizando, ya desde el gobierno, una vasta campaña de inculpación retrospectiva de la oposición con el pretexto de la memoria histórica. En otras palabras, el acoso, merced al dispositivo delirante de la proyección de la guerra civil sobre el presente, se mudó de acontecimiento en estructura, o, si se prefiere, de anécdota en categoría.

Hace cuarenta años, Octavio Paz escribió Posdata, un feroz ensayo sobre el carácter sacrificial del sistema político mejicano. Cada seis años, sostenía Paz, un nuevo presidente electo comienza su ascensión simbólica a la pirámide azteca. Mientras dura el ascenso, la futura víctima goza de las prerrogativas y del poder incontestable de los dioses, pero ya en la cúspide, al final de su mandato, será aniquilado como los prisioneros toltecas elegidos para el holocausto regenerador. Paz atribuía esta recurrencia trágica a la actualización continua del pasado precortesiano, una incesante guerra florida elevada por el nacionalismo al rango de mito de origen. El modelo impuesto por el zapaterismo sólo se distingue del descrito por Paz en que prevé que la víctima linchada al final de cada legislatura será siempre el candidato de la oposición, que pagará así, una y otra vez, la deuda no resarcible contraída en un pasado mítico (puesto que ha sido reelaborado para su adaptación al presente) por la derecha franquista. A la chusma izquierdista o independentista se le ha encomendado tácitamente el papel de matarifes sagrados. Y la chusma cumple el programa.

«El rencor es el principal proveedor de la memoria colectiva», ha escrito de Argelia un extraordinario novelista, Mohamed Moulessehoul, alias Yasmina Khadra. Aquí, sucede al revés: la memoria colectiva alimenta el rencor. En aquellos tres días de marzo de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero consiguió elevar su resentimiento particular a coartada común de una izquierda que se acostó cívica y se levantó justiciera y vengativa, porque el PSOE maquilló a los muertos de Atocha como víctimas póstumas de la guerra civil. Lo demás, ya lo conocemos: adiós a la democracia, identificada desde entonces con el poder de una coalición neorrepublicana que, ante el menor amago de alternancia, despliega su violencia purificadora, no sólo contra el PP, sino también contra aquellos que, como el pequeño y pintoresco partido de Rosa Díez, cuestionan su pretensión de convertirse en la única España legítima. Si alguien piensa que los ataques de estos días a los candidatos y consejeros autonómicos de la oposición son hechos aislados y espontáneos, se equivoca. Nos enfrentamos a la consolidación deliberada de un ritual totalitario.

La politización del TC
Editorial ABC 24 Febrero 2008

EL estreno «político» del TC se produjo hace veinticinco años, cuando dictó la polémica sentencia sobre el «caso Rumasa», resuelto con el voto de calidad del presidente Manuel García-Pelayo. Desde entonces, se ha convertido en un factor más del tablero político nacional, con unas consecuencias perjudiciales para la imagen del órgano que ostenta la condición de máxime intérprete de la Constitución. La polémica sobre la reciente sentencia del TC acerca de la prescripción de los delitos ilustra de forma nítida hasta qué punto esta institución ya no marca distancias frente a la crítica y las valoraciones políticas sobre sus decisiones. Las causas de esta indeseable situación son diversas. La primera, sin duda, es la ausencia de autocontrol en los partidos políticos a la hora de preservar al TC de sus disputas tácticas. En buena medida esto es así porque son los partidos -a través del Gobierno, del Parlamento o, de forma más mediata, del CCPJ- los que controlan la composición del TC. Sin embargo, la gravedad de las responsabilidades de este órgano había sido suficiente para mantener un cierto estatus de respeto institucional, con críticas ocasionales, más técnicas que políticas, pero sin llegar a una inmersión absoluta del TC en el cuadrilátero de la pelea partidista. La reforma al asalto que llevó a cabo el PSOE el pasado año para cambiar las condiciones de la presidencia del TC certificó el fin de la inmunidad política de este órgano.

La «politización» del Tribunal Constitucional es un fenómeno distinto al de los efectos de sus sentencias. Responde a una interiorización de responsabilidades políticas que no le incumben y a una gestión defectuosa de sus discrepancias internas sobre asuntos especialmente relevantes. La excarcelación de los integrantes de la Mesa Nacional de HB, la lentitud en la decisión sobre leyes fundamentales de esta legislatura -ley de violencia integral, del matrimonio homosexual o el estatuto de Cataluña- y las dilaciones en resolver recursos de amparo espinosos -cinco años ha tardado en juzgar el de Alberto Cortina y Alberto Alcocer- han propiciado la desconfianza hacia el funcionamiento del TC con arreglo sólo a criterios institucionales. Por otro lado, el enfrentamiento con el Tribunal Supremo -que no responde a cuestiones políticas y es, además, bilateral- añade más argumentos a la polémica.Por supuesto, este balance crítico no debe ocultar la estimable jurisprudencia del Constitucional sobre libertades públicas y derechos fundamentales. Sin embargo, ha asumido, en ocasiones, una tarea más propia de legislador constituyente que de intérprete constitucional, y esto es lo que permite hablar de una «constitución B» formada por doctrinas más fundadas en la convicción de la mayoría de los magistrados que en su vinculación al texto o el espíritu constitucional.

Alma Mater mancillada
POR M. ASENJO. MADRID. ABC 24 Febrero 2008

La Universidad, el Alma Mater que alimenta el espíritu, el espacio de libertad para la expresión de las ideas mediante la palabra y el diálogo sufre estos días la sacudida de quienes olvidan -tal vez nunca lo han querido saber- cual es la misión de la más alta institución académica y optan por la intolerancia.
Grupos radicales y violentos -independentistas, de extrema izquierda o vinculados a movimientos antiglobalización en su mayoría- han iniciado una cadena violenta contra la presencia de políticos en la Universidad, María San Gil (PP) en la Universidad de Santiago; Dolors Nadal (PP) en la Pompeu Fabra; Rosa Díez (UPyD) en la Complutense; y Rafael Simancas (PSOE), Teofilo de Luis (PP) y Joaquín Nieto (IU) en la Autónoma de Madrid han sido objeto de las iras de estos grupos que guiados por el fanatismo pretender silenciar a quienes no comulgan con sus ideas.

Las universidades aseguran que los integrantes de los grupos no responden al perfil de sus alumnos. Los expertos en psicopedagogía coinciden con esta afirmación. «Se trata de jóvenes con pocas ideas consistentes, pero muy ideologizados, en el sentido de que suelen estar hábilmente manipulados por algún líder u organización que los utiliza para que cumplan una función reivindicativa, amedrentadora y subversiva», afirma el psicopedagogo y profesor de la Complutense, Valentín Martínez Otero. «Con frecuencia su tarjeta de presentación es la de jóvenes antisistema y de tendencia revolucionaria, aunque su pensamiento está repleto de fantasías y su conducta presidida por la intolerancia y la hostilidad. Son un fiel exponente de la mala educación y pérdida de valores de nuestros días». «Desde un punto de vista psicosocial -continúa - , no es extraño que estos jóvenes mantengan débiles lazos con su familia que compensan con vínculos aberrantes dentro de la subcultura marginal con los colegas de corriente ideológica».

Por su parte, el catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto, Javier Elzo, resalta que «no hace falta decir que esto es una salvajada y que nada justifica acciones como las cometidas». Lamenta la aparición de pequeños grupos, a izquierda y derecha, no vinculados a ningún partido, que recurren a la violencia. Acerca del posible caldo de cultivo de estos grupos recuerda que «hemos vivido una legislatura sumamente tensa y crispada».

Condena de la CRUE
Las universidades han expresado su unánime repulsa a los actos violentos. La Conferencia de Rectores (CRUE) ha mostrado su solidaridad con los políticos atacados y ha recordado que «la Universidad es y ha de ser un espacio para el análisis, la reflexión y el pensamiento y la libre expresión y debate de las ideas. Por ello manifiesta el sentir de las comunidades universitarias que consideran que es necesario favorecer la exposición abierta y plural de las propuestas que conciernen a la sociedad y han de conocer los ciudadanos.

La Complutense, cuyo rector, Carlos Berzosa, habló personalmente con Rosa Díez, emitió un comunicado en línea con el de la CRUE en el que lamentaba los hechos «ajenos por completo al espíritu que debe reinar en la institución universitaria, por definición abierta a la libre exposición de ideas y pareceres, al debate y al contraste de opiniones, siendo el argumento y no la imposición ni el veto el cauce lógico para la exposición de los mismos». El Rectorado solicitó con antelación a la conferencia la adopción de las medidas preventivas oportunas para garantizar el acto, que se llevó a termino.

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