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Recortes de Prensa    Domingo 2 Marzo 2008

Romper con Zapatero
EDITORIAL Libertad Digital  2 Marzo 2008

Si algo han provocado las políticas radicales y sectarias de Rodríguez Zapatero (el último ejemplo lo proporciona el Ministro de Justicia al comparar al Partido Popular con ETA) es la aparición de un amplio movimiento civil de resistencia al autoritarismo e irresponsabilidad del Gobierno de España. Entre las diversas iniciativas, que no aspiran a vivir del erario público ni desean convertirse en correa de transmisión de partido político alguno, destaca Hazte Oír, organizadora de la campaña "Yo rompo" y del acto "Yo rompo con Zapatero" que tuvo lugar ayer por la tarde en Madrid.

Incapacitados para celebrar el evento al aire libre debido a la doble vara de medir de la Delegación del Gobierno en Madrid, que autoriza manifestaciones injuriosas ante la sede el PP en plena campaña electoral mientras prohíbe una protesta pacífica y respetuosa en el centro de la capital de España, los convocantes tuvieron que optar por un hotel, abarrotado por los cientos de personas que acudieron a expresar su solidaridad con los perjudicados por la política del PSOE.

Cabe destacar la variedad y diversidad de los que tomaron la palabra. Entre ellos, un pastor evangélico, Francisco Caja, de Convivencia Cívica de Cataluña, un representante de los damnificados por el caso Fórum Filatélico, Francisco José Alcaraz, de la AVT, y el socialista José Luis Balbas, quien fuera artífice del triunfo de Rodríguez Zapatero en el XXV Congreso de su partido. En definitiva, personas de perfiles políticos, sociales y religiosos muy dispares, y sin embargo unidas en la denuncia de una acción de Gobierno que, como señaló Balbás, no va contra un partido, sino contra el país entero, y que según Francisco Caja constituye una impostura a la que es necesario poner fin el nueve de marzo.

Entre las múltiples y siempre necesarias alusiones a la negociación del Gobierno con los terroristas y al maltrato a sus víctimas, no faltaron referencias a Educación para la Ciudadanía, cuyo sesgo radical y atentatorio contra la libertad y los derechos humanos, como el de los padres "a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos", fue recordado por Leonor Tamayo, de Profesionales para la Ética. También se criticó el mal llamado laicismo, que no es otra cosa que ateísmo militante, la peligrosa alianza de Zapatero con las dictaduras, y dislates jurídicos como la ley de matrimonio homosexual. Una cosa es defender la separación entre Iglesia y Estado o luchar contra la discriminación y otra muy diferente llamar por el mismo nombre cosas distintas, usando después esta falacia para legitimar políticas atentatorias contra la libertad de expresión y de conciencia.

Libertad Digital, uno de los escasos medios de comunicación que han recogido el mensaje de este movimiento, ejemplo de protesta política cabal, civil y democrática, suscribe lo expresado ayer en Madrid. Además, esperamos que esta ruptura con Zapatero se materialice el próximo domingo en un rechazo claro y masivo al actual liderazgo del PSOE. Otra izquierda, honrada, poseedora de un proyecto nacional, dispuesta al diálogo y al consenso y respetuosa con la diferencia, es posible. Sin embargo, la regeneración del socialismo español, una ideología con la que se identifica buena parte de la población, pasa necesariamente por la derrota sin paliativos de Rodríguez Zapatero en las próximas elecciones generales. Sólo así España podrá retomar la senda de la mesura, un camino que nuestros actuales gobernantes nunca debieron abandonar.

Imposiciones
JON JUARISTI ABC 2 Marzo 2008

DEL debate del lunes pasado, retuve la idea de que Rodríguez ha creído, durante esta legislatura, que los nacionalistas podían ser integrados en el consenso nacional siempre que no les fuera impuesto el mismo, y que tal convicción respondía, en opinión del actual presidente, al verdadero «espíritu de la Transición». No es que tales afirmaciones nos revelasen algo que no supiéramos. Rodríguez detesta la imposición de todo aquello en lo que no cree, y, por tanto, se niega a imponer a los nacionalistas una realidad nacional española. Al resto de los españoles, no ha tenido empacho en imponernos una «realidad nacional catalana», una «realidad nacional vasca» y hasta una «realidad nacional gallega» en la que no creen ni los nacionalistas gallegos, esos aprendices de nazis que sueñan con el Quinto Reich portugués. En Portugal, por cierto, el sebastianismo es de extrema derecha. A esta orilla del Miño -o del Minho, según la hidronimia del Bloque-, los sebastianistas tienen bula para ir de progres y escarnecer a los judíos.

Rodríguez, como se recordará, reprochó a Rajoy haberse mostrado remiso, en su juventud, a los Estatutos de Autonomía, y este filón debió parecerles especialmente explotable a los muñidores de la campaña socialista, porque Ramón Jáuregui lo escarbó de nuevo en el pequeño debate televisivo del jueves. Los socialistas, por descontado, son muy dueños de dar el uso que quieran a su arsenal propagandístico, pero que Jáuregui, precisamente Jáuregui, impute al PP insensibilidad autonómica no deja de ser una torpeza. De la extrema sensibilidad autonómica de Jáuregui podemos dar testimonio todos los vascos expulsados de nuestra tierra natal por el nacionalismo al que sirvió fielmente.

De la Transición y de su «espíritu», Rodríguez sabe poco, y casi todo de oídas. En cambio, Ramón Jáuregui conoce muy bien esa historia que, en su caso, es una historia de claudicaciones ante el PNV (también lo fue la de UCD, pero la de Jáuregui y el PSE duró mucho más). Que Rodríguez confunda el «espíritu de la Transición» con el entreguismo de los socialistas (cuando todavía eran marxistas y defendían la autodeterminación, como oportunamente recordó Rajoy) puede ser explicable, toda vez que la suya es una memoria vicaria. Sin embargo, la Transición surgió de una dialéctica de imposiciones mutuas, y las que prosperaron se recogen en la Constitución de 1978. Entre ellas, la de la unidad de España, «patria común e indivisible de todos los españoles», imposición en la que «se fundamenta» una Carta Magna que «reconoce y garantiza» el derecho a la autonomía de nacionalidades y regiones, pero que dista de hacer del mismo su fundamento.

Un posfranquismo dominado exclusivamente por la derecha no habría alumbrado, con seguridad, un Estado de las Autonomías, pero, si la hegemonía de la izquierda hubiera sido absoluta, no tendríamos siquiera un Estado, sino, por lo menos, cinco o seis, que se habrían desangrado hacia dentro en luchas interétnicas y, hacia fuera, en conflictos de fronteras y de reparto de agua. No seríamos nada. Los nacionalismos nos habrían repartido como a borregos y, con mucha suerte, viviríamos hoy estabulados en protectorados internacionales, como los kosovares. Por fortuna, izquierda y derecha tuvieron que pactar y cambiar imposiciones por imposiciones. Si la de la unidad de España se la debemos a una derecha recelosa ante las reclamaciones de autonomía -seamos exactos: de autodeterminación- planteadas de consuno por los nacionalismos y la izquierda, más bien parece que debamos felicitarnos por su intransigencia en este particular, y no convertirla en motivo de reproche. Con los nacionalismos no hay acuerdo posible que no pase por esta imposición, cosa que Rodríguez debe haber olvidado, si es que alguna vez la tuvo presente, lo que es altamente improbable. De su intervención en el debate del lunes con Rajoy, se saca la desoladora conclusión de que los socialistas han alimentado en sus filas, durante treinta años, la especie de que la Transición fue para ellos una derrota de la que llegaría el momento de resarcirse. Por desgracia, no se trata -como pensábamos hasta ahora- de un problema generacional.

La leyenda de la abstención
Tonia Etxarri El Correo 2 Marzo 2008

La idea propagada por el PSOE de que «al PP no le interesa que vaya a votar mucha gente», el próximo 9 de marzo, ha sido difundida con tanta fuerza como la que pide Zapatero para el voto para él, que Llamazares se lo ha tomado al pie de la letra y ha vuelto a hacer el ridículo.

Si la pasada semana le tocó a su «miniyó» en Youtube hacer de pirómano, ayer fue él mismo quien llegó a la conclusión, él solito, de que el PP y Batasuna persiguen lo mismo en estas elecciones: la abstención. La preocupación de los socialistas por la baja participación, en zonas como Cataluña por ejemplo, les ha llevado a exagerar -hasta la distorsión- el mensaje con tal de movilizar a los escépticos. Desde que algunos de los expertos en sociología electoral, que se han equivocado tantas o más veces que los periodistas más experimentados, han lanzado la idea de que la abstención perjudicaría al PSOE y, sin embargo, beneficiaría al PP, la percepción se ha convertido en una especie de 'mantra' pronunciada sin descanso por los socialistas.

A estas alturas de las citas electorales en este país, (y ya llevamos unas cuantas desde 1977) deberíamos estar escarmentados con los cálculos electorales. Sin ir más lejos, en las elecciones autonómicas vascas de 2001 se llegó a fabular con el grado de participación. Los gurús de la sociología electoral (los titulares y los que iban de expertos) llegaron a preconizar que una participación por encima del 70% tendría que perjudicar al PNV. ¿ Y qué ocurrió?. Pues que el grado de participación alcanzó el 78,97% y ganó el PNV (coaligado con EA). Así pues, lo más lógico es creer que el PP, para ganar, necesita que vaya menos gente a votar al PSOE; desde luego.

Pero de ahí a difundir la idea de que al PP le interesa que los electores se abstengan no tiene otro fin que centrar el mensaje en que el partido de Rajoy, además de xenófobo, de derecha extrema y unas cuantas lindezas más, es profundamente antidemocrático porque no le gusta que la gente vaya a votar. Este mensaje, pronunciado en boca del bolivariano Chávez, por ejemplo, no resultaría extraño; pero dicho por Zapatero ( y sus repetidores) no parece serio. Cuesta poco imaginar que, después de la metedura de pata atribuida al popular Gabriel Elorriaga -que él desmiente- en una entrevista en el 'Financial Times' acerca del interés popular por la abstención, Rajoy tendrá que aclarar mañana en su pulso televisivo con el actual presidente del Gobierno que él está tan interesado como el PSOE en que los ciudadanos acudan a las urnas. Con todas las fuerzas, con cabeza y corazón.

De la otra abstención, la que ETA ha logrado imponer a sus portavoces políticos de ANV y restos de Batasuna, cabe resaltar que es una forma de maquillar una posible fuga de votos porque, si hubiera impulsado el voto nulo, su descenso habría quedado computado.

t.etxarri@diario-elcorreo.com

Terrorismo en campaña
Manuel Molares do Val Periodista Digital 2 Marzo 2008

Circula por distintos medios políticos y policiales la creencia de que ETA prepara alguna acción no necesariamente sangrienta para influir en los comicios del 9 de marzo: sería su amable aportación a esta campaña electoral.

Una versión apunta a que los etarras divulgarán sus acuerdos secretos con los representantes de Zapatero, las famosas actas en las que el Gobierno supuestamente aceptaba exigencias etarras como la celebración de un referéndum de autodeterminación del País Vasco, incluyendo Navarra.

Aparentemente, una venganza contra ZP por haberse echado atrás. Una rara represalia porque el beneficiario, Rajoy, está dispuesto a hacerles muchas menos cesiones.

Aunque también podría interpretarse como un apoyo a Zapatero explotando el tedio de muchos ciudadanos con el terrorismo, para los que claudicar demostraría pacifismo e inteligencia ante lo que creen inevitable, incluso deseable, la ruptura de España.

La otra versión es opuesta. La divulgan total o parcialmente varios políticos, como Aznar. La explicación más completa la ofrece Francisco José Alcaraz, presidente AVT, quien asegura que ETA pretende ayudar a Z para que renueve su mandato y estudia ofrecerle una falsa rendición que lo haga aparecer como un gran hombre de paz.

Incluso quienes detestan a Alcaraz como persona deben reconocer que está bien informado. Por ejemplo, anunció uno a uno muchos de los pasos, demostrados después, que fueron dándose en los contactos entre Zapatero y ETA.

Otro ejemplo está en la advertencia que hizo de que existían encuentros PSOE-ETA tras el atentado de la T-4 de Barajas que provocó dos muertos a finales de 2006. Los negó sumamente irritado Zapatero. Pero que él mismo tuvo que confirmarlos recientemente.

Alcaraz asegura que sigue habiendo reuniones para lograr esa rendición, aunque sólo será aparente y electoralista porque tras el día 9 de marzo los etarras exigirían el cumplimiento de las promesas que les hacen ahora.

Un gigantesco agujero
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 2 Marzo 2008

En un cuento escrito en comandita por Borges y Bioy Casares, el protagonista se da un paseo por los aledaños de la avenida Corrientes, en Buenos Aires, y nota que falta, «de su ubicación habitual», el monumental estadio del River Plate. El chiste se compone de tres estratos, y de la imposibilidad de ensamblarlos. El estadio es inmenso; es un bien raíz, y por tanto, inamovible; y sin embargo el héroe se refiere a él como si se tratara de un tiesto de geranios, que antes estaba en un balcón y alguien ha mudado al antepecho de una ventana. Me acordé de la boutade borgiana, no en el último debate entre Rajoy y Zapatero, sino al día siguiente, según iban los comentaristas desgranando sus impresiones personales. No se observó, o no se observó con la contundencia oportuna, que Rajoy había acusado al presidente de mentir a los ciudadanos y de negociar políticamente con ETA. Y que el presidente no había corregido a Rajoy. Se había limitado a decir que, para mentiras, las de Aznar el 11-M.

Esto es absolutamente inaudito. Y todavía es más inaudito que no centre todas las opiniones, todos los análisis, todos los balances. España ha confundido un estadio con un tiesto de geranios, o dicho de otra manera, parece que no sepa distinguir entre lo que es capital, y lo que tiene un valor sólo relativo. Quién ganó el pulso -del que salió mucho mejor parado, a mi entender, Rajoy-; cuál vaya a ser el efecto electoral de esta contienda a cielo abierto; si estuvo más absurdo el popular con su parábola de la niña española y sin embargo políglota, o Zapatero mimetizando a George Clooney, son asuntos de plano de fondo, de concurso coral. Lo importante ocurrió en el proscenio. El tenor le largó al barítono -o viceversa- algo grave, algo que afecta por lo derecho a la esencia de la representación política. O el presidente recoge el guante y aclara mañana lo que no aclaró hace seis días, o podrá afirmarse que hemos pasado a ser una democracia muy rara.

¿Obtendremos la satisfacción que el decoro público reclama? Lo ignoro. En realidad, no acierto a imaginar cómo se desarrollará la segunda vuelta de este mano a mano. Sería inoportuno y decepcionante que se volviese a recorrer un circuito que pecó ya de retro en su primera edición. Según se dice, el debate asumirá esta vez un carácter prospectivo. Oiremos propuestas, no balances de la gestión correspondiente a una legislatura conclusa.

Pero alimento reservas ¿Por qué? Porque los proyectos toman pie de los diagnósticos, y no se ha dado ninguno serio sobre muchas de los problemas que afligen al país. Todavía peor: se ha hablado con una ligereza que en ocasiones rayó con lo cómico. Consideren el contencioso de la vivienda. El presidente sacó un gráfico que reflejaba una muy brusca caída de los precios. Lo recogido en el gráfico contradice de forma flagrante lo que consta a cualquier español: a saber, que los precios inmobiliarios han seguido subiendo, y subiendo asaz, a lo largo de los últimos años. ¿Entonces? El misterio se explica por dos causas. La primera, y asombrosa, es que el gráfico no decía lo que pretendía Zapatero. Se refería a la desaceleración en el aumento de los precios, no a los precios en sí. La segunda es aún peor. El aumento de precios se ha frenado, es verdad. Pero no gracias a una política activa del Gobierno, sino porque existe una crisis inmobiliaria. Querer convertir una crisis en un logro es una broma que sólo se le ocurre a quien cultiva una baja opinión de los votantes.

Acerca de la política territorial, tampoco escuchamos nada de sustancia. Rajoy estuvo brillante en sus críticas al alumbramiento del Estatut, y cubrió con habilidad su flanco más débil, que es el haber apoyado en Andalucía cosas que su partido denuncia en Cataluña. Ahora bien, sobre la sostenibilidad de un modelo que el PP parece haber asumido desde la promoción del Estatuto valenciano, ni una palabra. Y es que a estas alturas, los populares no tienen mucho que decir.

Decisiones pretéritas, y la precisión de llegar a alguna suerte de acuerdo con CiU, le impiden articular un mensaje diáfano.
Veremos, en fin, qué da de sí el debate de mañana. A lo mejor hay suerte, y vuelve a su sitio el estadio del River Plate.

Monólogos amenazantes
Joseba Arregi El Correo 2 Marzo 2008

El tiempo, se suele decir, termina colocando a cada uno en su sitio. Esa sabiduría popular resulta ser válida incluso en la muy especial Euskadi. Un lugar en el que una de las palabras más usadas en los últimos años ha sido diálogo, y ahora, habiendo transcurrido suficiente tiempo, se revela en su sentido más profundo para aquéllos que más la han utilizado: monólogo.

No es cuestión de recordar que el término diálogo es muy exigente: para dialogar es preciso escuchar, incluso antes de hablar. Para dialogar es preciso reconocer que uno no está en posesión de la verdad, que hablar con otro u otros es necesario para completar la ignorancia, la falta de verdad, la falta de razón de lo que uno mismo cree. Para dialogar se ha de estar abierto a la perspectiva de los otros, aceptar la limitación y la particularidad de la propia posición. Para dialogar es preciso colocarse en el contexto de unas reglas de juego sin las que el entendimiento es imposible, al igual que la comprensión mutua. Un diálogo sin límites ni condiciones es un imposible metafísico, la puerta abierta a la ley del más fuerte, del más dispuesto a no dejarse limitar por ninguna norma.

Los distintos nacionalismos vascos han sido los abanderados del diálogo en estos últimos años. El diálogo ha sido conjurado como el fetiche mágico capaz de cortar el nudo gordiano que ata supuestamente la política vasca. Pero ahora que el Estado ha decidido no jugar más al escondite -Batasuna y todos sus sustitutos son instrumentos políticos de ETA-, desde ese mundo se escuchan voces que claman diciendo que nos acercamos a un punto muy crudo y grave de la política vasca, de la sociedad vasca. La actuación del Estado es, al parecer -y admitiendo que todas las políticas del Estado son criticables-, la que está conduciendo al pueblo vasco a una situación en la que no le queda más remedio que luchar y resistir hasta que no se reconozca el derecho de decisión de ese pueblo, como la hace el pueblo kosovar en Kosovo.

La receta del diálogo implica, como se ve, la negación de toda gramática, de toda norma. El diálogo sólo es diálogo si se coloca fuera del campo normativo, para negar esa misma normatividad. Y el diálogo sólo es tal, en esa opinión, si se parte de la aceptación de una imposición previa: todos aquellos que quieren tomar sus decisiones políticas fundamentales junto a otros españoles tienen que aceptar que tienen que cambiar, tienen que aceptar que las deberán tomar exclusivamente junto a los que conforman el pueblo vasco. Puro monólogo, puro autismo. Y además teñido con los colores de la tragedia que amenaza si sus deseos no se cumplen.

El monólogo siempre tiene un problema: que se aleja inexorablemente de la realidad, que es tal sólo si es compartida en diálogo con los demás. Es probable que en esa sensación de tragedia inminente que se percibe en las opiniones que nacen del entorno de Batasuna y sus sustitutos haya una buena dosis de verdad. Pero es la verdad que dice que ellos mismos se han ido maniobrando hacia un agujero del que ahora ven muy difícil la salida. Pero es la verdad que dice que de tanto repetir fórmulas mágicas han terminado tomando dicha fórmula por la realidad. Y ahora empiezan a percibir que la realidad es otra, lo que les produce esa sensación de tragedia inminente. Es la tragedia de quien ha vivido en un mundo de ilusión y de repente tiene que despertarse a la realidad.

Lo curioso del acontecer político de los últimos días en la política vasca es que lo dicho hasta ahora en relación al nacionalismo radical del entorno de ETA-Batasuna ha encontrado un paralelismo perfecto en el otro nacionalismo, en el nacionalismo tradicional del PNV. Su nuevo presidente ha ido a Madrid a predicar el mensaje nacionalista, a concretar en qué consiste la comprensión del diálogo para el nacionalismo tradicional. Y para ello ha empleado la palabra adecuada: amenaza. Ha ido a Madrid para decir al PSOE y al PP que si no aceptan el derecho a decidir del pueblo vasco -añadiendo paternalistamente que es un derecho que el PNV ha decidido ejercerlo de forma autolimitada, es decir por decisión propia y no por respeto a ninguna otra consideración-, el Estado va a sufrir la mayor crisis institucional desde 1977.

La razón argumental de esta amenaza se halla en que el Estado, con la LOAPA, las leyes de bases y otras leyes orgánicas, y con el incumplimiento de las previsiones estatutarias, ha sido desleal con el autogobierno previsto en la Constitución. Claro que el PNV no ha perdido ocasión para proclamar que no se siente vinculado por esa Constitución, salvo cuando le es favorable. Claro que se olvida de que el Tribunal Constitucional tumbó la LOAPA. Claro que la deslealtad de la que acusa al Estado sólo se entiende desde una comprensión unilateral del significado de las leyes de bases y orgánicas. Claro que la falta de desarrollo del Estatuto está ligada, en lo que queda, básicamente a la Seguridad Social, y al respecto plantea una interpretación que quedó rechazada cuando se firmó y aprobó el pacto. Y claro que el PNV se olvida de que si los pactos deben ser cumplidos, lo primero que hace falta es la lealtad institucional al compromiso pactado, que implica ser parte del Estado, leal con el Estado, leal con las instituciones. Y claro que el PNV se olvida de que lleva demasiado tiempo sin legitimar el poder estatutario que ejerce, poniendo en duda las instituciones que gobierna, reclamando un nuevo marco no por incumplimiento del pacto estatutario, sino porque el nuevo marco es necesario para poner fin a ETA, fin que no es posible conseguir sin conceder el derecho de autodeterminación y la territorialidad -doctrina Ollora-.

El Estado va a sufrir una crisis institucional sin precedentes. ¿Quién es el Estado? El lehendakari es el representante ordinario del Estado. Muchos ciudadanos vascos son y se sienten Estado precisamente porque anteponen su ser ciudadanos a su identidad cultural y lingüística. ¿Son todos ellos los que van a sufrir una tremenda crisis a causa de la insatisfacción no de las nacionalidades, como dice Urkullu, sino a causa de la insatisfacción de los nacionalistas? ¿Quienes no han querido legitimar las instituciones estatutarias pretenden ahora deslegitimar el conjunto del Estado? ¿Para qué? ¿Para crear una situación revolucionaria? ¿Cui prodest?

El paralelismo, sin embargo, entre ambos tipos de nacionalismo va más allá todavía. Si la percepción de tragedia inminente en el mundo del entorno de ETA-Batasuna se deriva de que ese mundo se ha metido en un callejón sin salida, creándose un mundo de palabras y de símbolos intraducible a la realidad, al nacionalismo tradicional le sucede lo mismo: después de haber subido en alegre y combativa formación a la nueva Jerusalén nacionalista que es Estella, no sabe cómo volver al valle de lágrimas de la realidad humana, y reclama que sea el Estado el que se avenga a hacer como que no tuvo lugar la huida a Estella, y el que para ello se avenga a poco menos que hacerse el harakiri, para que los nacionalistas tradicionales puedan seguir conservando su buena conciencia, la conciencia de no haber roto ningún plato nunca, ni haber adoptado posiciones o firmado acuerdos que negaban el valor fundamental de la sociedad vasca: su pluralismo estructural e intrínseco.

Uno se pregunta no sólo si el método y la táctica de amenazar a aquéllos de quienes algo se espera es la mejor forma de hacer política. Uno se pregunta, sobre todo, cómo se construye una sociedad vasca cohesionada amenazando con la mayor crisis institucional desde 1979 a una parte importante de esa misma sociedad vasca. Puesto en términos nacionalistas, uno incluso se pregunta cómo se construye nación dividiendo la sociedad, amenazando a más o menos la mitad de la sociedad.

Claro que la respuesta nos puede llegar desde la Stanford estadounidense donde se practica el diálogo en la mejor y más pura forma del monólogo: no es la reclamación del derecho a decidir lo que divide a la sociedad vasca, sino la negación de ese derecho. Y lo dice alguien que se reclama permanentemente de la historia que, al parecer, desconoce. Porque de otra manera sabría que el hilo conductor de la historia vasca ha sido el de la división y el de las peleas internas, y sabría que los dos únicos momentos de unidad de los vascos como sociedad política han sido los dos momentos estatutarios: en 1936 y desde 1980, eso que ahora tan frívolamente se quiere mandar al diablo.

Pero ¿qué importa lo que diga la historia si uno en su monólogo está en posesión de la verdad?

Se monta los mítines a pelo.
Pedro de Hoyos Periodista Digital 2 Marzo 2008

Todos vamos a perder las próximas elecciones. Todos menos los nacionalistas. De la actual situación de práctico empate los nacionalistas catalanes, más probablemente que los nacionalistas vascos, van a sacar todito lo que les de la gana. Eso partiendo de que el resultado sea una victoria clara de cualquiera de los dos grandes partidos. No les digo cómo se harán valer los nacionalistas si no sólo pudieran negociar con uno, si los resultados facilitaran que ambos, PP y PSOE, pudieran gobernar mediante pactos con los nacionalistas. ¿Se imaginan qué subasta?

Pues en ésas estamos, que si cada vez que hay elecciones estos hombres (y mujeres, para los políticamente muy correctos) ya sacan lo que quieren del gobierno ¿de todos? en esta ocasión se pueden poner las botas. No sólo ponen y quitan presidentes del Gobierno, sino deciden políticas económicas y determinan dónde se ha de invertir con el dinero de todos. De todos, digo.

Pues si la realidad una vez abiertas las urnas se aproxima a lo que dicen algunos sondeos resultará que podrá gobernar el que más oferte a los nacionalistas. Y la puja subirá mientras Rajoy o Zapatero consideren que los españoles pueden aguantar sin quejarse para que gobiernen ellos. La pregunta será “¿Alguien da más?”. Y el que más deposite en el bolsillo de ER, PNV o CiU será el nuevo presidente del gobierno. Estamos en sus manos, llore usté.

Necesitamos un tercer partido de alcance nacional que sustituya en los posibles pactos a los partidos nacionalistas. Alguien que piense en todos los votantes, no sólo en los de su rincón. “Ciudadanos” y UPD pretenden emplazarse en ese fiel de la balanza que les facilite pactar con unos y con otros. Pero los primeros arrastran el peso de sus errores y divisiones apenas alcanzaron mínimas, muy mínimas, cuotas de poder. Cuando un partido con propuestas y posturas esencialmente diferentes a los demás comete tan graves errores el lastre les inutiliza durante mucho tiempo para un futuro decisorio. Que es lo que pretenden.

Unión, Progreso y Democracia huyó de ellos precisamente por estos motivos. Quizá debieron pensar que con amigos como ésos no necesitaban enemigos… y enemigos les iban a sobrar por todas partes. Pero esta división entre partidos que comparten métodos y objetivos no puede ser buena para ninguno de ellos. Sin embargo Rosa Díez está presentando la novedad de la campaña, dirigiéndose a pie de calle a los transeúntes, sin intermediarios, sin barreras, directamente desde la acera, sin grandes teatros ni plazas de toros cuyos aforos llenar. La falta de dinero agudiza el ingenio. Pero sus posibilidades de triunfo sin el poyo del capital bancario son mínimas, muy posiblemente no llegarán ni a una presencia testimonial y volveremos donde estábamos.

La pregunta que surge es si Ciudadanos y UPD perdurarán tras estas elecciones o serán una opción fugaz.

LA CONFERENCIA EPISCOPAL ELIGE NUEVO PRESIDENTE
LA IGLESIA QUE LO VIO VENIR
por V. Gago Libertad Digital 2 Marzo 2008

El resultado de la elección en el seno de la Iglesia española es tan incierto como el de la próxima mayoría parlamentaria. La variedad de análisis de los distintos obispos, no siempre razonables, a veces insensatos y en ocasiones directamente ruines, como cuando se ha puesto a los terroristas en el mismo plano moral que sus víctimas, es un correlato de la ponzoñosa división creada en la sociedad española por las políticas del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

La Iglesia no ha escapado a los efectos del estilo cizañero del presidente que más ha enfrentado a los españoles en la etapa constitucional. Su ardid específico para la Iglesia ha consistido en sembrar la especie de que existen obispos dialogantes y obispos montaraces; una Iglesia sensata y abierta, y otra visceral y reaccionaria; una que comprende que España ha dejado de ser cristiana y libre y ha pasado a ser socialista y federal, y otra que se niega a adaptarse y se aferra al pasado; una que sirve para pactar con ETA y otra que estorba; una con la que se puede hablar y otra que no tiene remedio y a la que hay que aplicar el cordón sanitario que rige para otros estamentos desencajados de la vida civil y política.

La mercancía funciona con relativo éxito en el imaginario de observadores de aluvión de los asuntos de la Iglesia, una institución a la que pocos de los que la comentan prestaban atención, hasta que se ha convertido en baluarte de la libertad individual y un serio dolor de cabeza para el Gobierno y sus planes colectivistas y autoritarios.

Que hay obispos con opiniones diversas, incluso contrapuestas, sobre la política y sobre la sociedad española no es un secreto ni tampoco una novedad. Siempre ha habido pastores inclinados al diálogo con los terroristas, recelosos con la libertad de expresión de COPE, comprensivos e incluso próximos al nacionalismo, o flexibles en cuestiones como el uso de preservativos o el divorcio.

Lo relevante de la Iglesia española postconciliar no han sido esas opiniones libres, personales y viejas conocidas de la Opinión Pública, sino la notable capacidad de la Conferencia Episcopal para superar la división y marcar una doctrina clara, coherente y encarada a los problemas de cada tiempo. Lo ha conseguido por medio de documentos que, en el caso de los últimos cuatro años, se cuentan entre los criterios más rigurosos de que han dispuesto los ciudadanos para anticiparse a lo que se les venía encima. En no pocas ocasiones, la Iglesia ha visto las amenazas contra la libertad que los liberales de partido no han visto, no han querido o no les ha convenido ver.

Un simple repaso ilustra sobre la anticipación y la coherencia de las notas y declaraciones pastorales emitidas por la Conferencia Episcopal en este periodo. El 28 de septiembre de 2005, los obispos españoles ya estaban alertando a la sociedad sobre la filosofía totalitaria de la enésima reforma educativa, una LOE que, como se ha visto, trajo en el mismo paquete degradación del nivel de instrucción, Educación para la Ciudadanía y programas a la carta para los nacionalismos: un atajo, en fin, hacia la colectivización forzosa del individuo, base de todos los regímenes autoritarios.

No ha sido el único asunto en el que la Conferencia Episcopal ha ido al frente de la sociedad civil y por delante de los partidos. En los últimos años, la Iglesia española ha emitido alertas morales igualmente clarificadoras sobre las políticas contra la familia, el terrorismo, la experimentación con embriones humanos o la llamada Ley de Memoria Histórica. Todos estos documentos conforman un cuerpo coherente de doctrina en el que las opiniones personales de los obispos significan muy poco y se perfila con claridad una línea de defensa de la libertad y de rigor racionalista que cualquier sistema democrático avanzado adoptaría como reglas del juego.

La experiencia demuestra que las conjeturas sobre obispos elegibles sirven de muy poco en el caso de la Conferencia Episcopal Española. En marzo de 2005, se esperaba que Monseñor Antonio María Rouco fuera elegido para un segundo trienio y, a falta de un solo voto y después de dos votaciones, salió Monseñor Ricardo Blázquez.

Tres años después, lo prudente es anotar que todo puede ocurrir, dentro de una terna conocida que incluye la reelección del obispo de Bilbao, y también a Monseñor Rouco –cardenal arzobispo de Madrid–, Monseñor Antonio Cañizares –cardenal primado de España y arzobispo de Toledo–, Monseñor Carlos Amigo –cardenal arzobispo de Sevilla– y Monseñor Luis María Martínez-Sistach (cardenal arzobispo de Barcelona).

Menos conocido es el ascenso como elegible de Monseñor Carlos Osoro Sierra (arzobispo de Oviedo), bien visto por todos los sectores y que podría acabar siendo un candidato de consenso, en el caso de que a ninguno de los otros les respaldase una clara mayoría.

Encaje constitucional de los nacionalismos
Xosé Luis Meilán La Voz 2 Marzo 2008

El encaje de los nacionalismos en la Constitución fue un gran reto. El término nacionalidades obtuvo la conformidad de los grupos catalán y vasco. Sirvió como referencia el informe de la comisión real británica presidida por Lord Kilbrandon que Miguel Herrero y yo conocíamos. En la miniponencia constituida sobre el crucial título VIII, del que fui ponente oficioso dentro de UCD, participó la minoría vasca, directamente o por la representación catalana.

El PNV no votó el proyecto de Constitución porque, a última hora, rectificando un acuerdo anterior, en el que no participé, se introdujo que la actualización de los derechos históricos se realizaría en el marco de la Constitución. No fue obstáculo para que aprobase el Estatuto de autonomía. No estaba todo hecho, pero la necesaria colaboración de los Estatutos, que forman con la Constitución el bloque constitucional, proporcionaba estabilidad jurídica al pacto político.

Se trataba de que ese modelo resultase cómodo para todos. En estos años ha habido motivos más o menos sólidos para la incomodidad: iniciativas legislativas, interpretaciones del Tribunal Constitucional, actitudes, rivalidad electoral? Sin ir aguas demasiado arriba, en la última etapa de Aznar, y en esta de Rodríguez Zapatero, se han generado y fortalecido reivindicaciones que habían quedado aparcadas en el momento constituyente. En un caso se ha percibido hostilidad; en otro, el aprovechamiento de la oportunidad de un Gobierno en minoría que no deseaba pactar con su principal oponente, como había hecho más de una vez, para diluir hechos diferenciales en una generalización homogeneizadora.

El resultado ha sido un plan Ibarretxe que supone un cambio sustancial y un Estatuto catalán impugnado ante el Tribunal Constitucional, cuya agenda ha impedido a los ciudadanos conocer su pronunciamiento -como otros significativos- antes de las elecciones, para incremento del deterioro de su imagen. Esta es la realidad con la que ha de enfrentarse el partido que haya de formar gobierno.

Tal como reiteran las encuestas, una de las variables a tener en cuenta es algún entendimiento con los nacionalistas. Hasta qué punto va a prevalecer en los nacionalismos que no se declaran de izquierdas el modelo de Estado sobre el de sociedad. Ocurrió con Cambó durante la monarquía de Alfonso XIII, y con el PNV en la guerra civil española. No parece que, en cuanto a modelo de Estado, socialistas y populares vayan a dar más.

El reacomodo de los nacionalismos que no postulen el separatismo requiere no solo paz, sino sosiego, visión larga, ninguna prisa, y un más autentico espíritu de convivencia en libertad por todos los actores.

Dejen tranquila a nuestra lengua
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 2 Marzo 2008

BASTANTES problemas tiene nuestra asendereada lengua española (más en España que en América, la verdad) para que la metan en el quirófano y la sometan a delicadas operaciones en nombre de la igualdad. Pero esto es lo que leo que propone nuestro presidente. Bastantes problemas aguardan al niño en la vida para que, además de ellos y de la lengua común que hablamos todos, tengan que lidiar con un idioma especial, «el igualitario», lo llamaríamos.

En fin, creía que esa oleada había medio pasado. Recuerdo cuando bombardeaban a la Academia con propuestas de estas. Parecía que había escampado. Pero no.

Yo siempre vuelvo a los griegos. Recuerdo aquella anécdota que contaban los cínicos de Jantipa, la mujer de Sócrates. Aburrida de la cháchara de los filósofos bajo su ventana, les vertió encima un jarro de agua. Sócrates, imperturbable, comentó: llueve, ya escampará. ¡Pero no acaba de escampar! Y recuerdo cuando Protágoras, el sofista, quería a su vez introducir la igualdad en el lenguaje: «la artesa» era femenina en griego, pero terminaba en -os, él proponía terminarla en -a. «El gallo» y «la gallina» se las arreglaban con una sola palabra (como nosotros en el caso de «la zorra» o «el ratón»). Protágoras quería dos palabras. Era un feminista anticipado, pero su amigo Pericles no le hacía caso. En fin, perdonen tanto griego, pero no tengo la culpa. Los griegos eran incordiantes y lo anticiparon casi todo.

Y perdonen que vuelva al tema del género, que me aburre soberanamente. Pero me fuerzan a ello nuestro presidente y nuestras feministas. Lo sabemos todo del género, pero los igualitarios y las igualitarias saben poco. No saben, por ejemplo, parece, que los problemas del género no son solo del español, sino de casi todas las lenguas indoeuropeas de Europa (salvo las que lo han perdido, como el inglés). Y que el género no es solo sexo, cuéntenme qué sexo tienen «la silla» o «el banco». Y que no tiene una forma única, hay masculinos en -a («el poeta», «el astronauta»), femeninos en -o («la moto», «la Consuelito»).
Y que la lengua se las arregla perfectamente con una sola palabra para denotar el sexo masculino y el femenino: «el/la estudiante», «él/la poeta», «el/la juez«, «el/la médico». Claro que esto es lo que molesta a algunas (pero muchas mujeres se niegan a ser «la poetisa», «la médica»). Etc. ¡Valiente caja de Pandora, otra vez los griegos, han abierto!

Sobre todo: no hay por qué sacar siempre a la luz el sexo, esa diferencia que a veces no interesa. Hombres y mujeres somos iguales quizá en un 90 o 95 por ciento. ¿Quién nos obliga a marcar siempre el sexo? ¡Qué obsesión! Lo quieren atornillar cada vez más en la lengua. Vaya por Dios.

Y el género no es siempre sexo. Las marcas del género-sexo son irregulares, ya dije. E igual las del género-no sexo: «la mesa», «la nariz», «el banco», «el hombro», «el ordenador» nada tienen que ver con el sexo y carecen de marcas regulares de género. Y a veces ni marcamos la diferencia sexual, no nos interesa. Decimos «el hombre» («los derechos del hombre»), «un niño» («la vecina ha tenido un niño», no conozco su sexo o no me importa), «los niños» (ignoramos su sexo o no nos interesa). E igual en la palabras epicenas, comunes a ambos sexos, como la del gallo y la gallina en griego o las españolas que cité.

En alemán «el niño» y «la señorita» son neutros. El sol es femenino y la luna masculino. Ya ven. Introduzcan la igualdad o la racionalidad.

Cierto, la sociedad evoluciona, en las lenguas la historia deja su huella. Se crean nuevos femeninos cuando el ambiente es propicio para ello. Hay «la presidenta» porque muchas mujeres presiden, la lengua, con el tiempo, toma nota. Pero no podemos hacer una cruda cirugía, imponer en todo el sexo, que de todos modos, cuando interesa, se marca por la concordancia («el juez»/«la juez», repito).

Y, a veces, adrede no se marca. Una palabra calificada de masculina abarca el conjunto hombre + mujer, como en los ejemplos que he dado. Y esto ahorra tiempo y palabras y olvida, intencionadamente, un rasgo que, a veces, carece de interés. ¿Vamos a decir «los funcionarios descontentos y las funcionarias descontentas declararon la huelga?» .
Lo que irrita a algunas, parece, es que ciertos masculinos se usen para designar a mujeres o no las distingan de los hombres.

Déjenme un poco de erudición, por favor.
Las lenguas indoeuropeas, de las que vienen casi todas las de Europa (y el Irán y la India), carecían en fecha muy antigua de género. O mejor dicho, tenían un género animado (¡seres vivos, sin distinción de sexo!) y otro inanimado. Así en lenguas anatolias antiguas como el hetita. Luego, en el tercer milenio antes de Cristo, se inventó el femenino (para mujeres, animales hembra, árboles, ríos). La forma antigua, previa a ese invento, se hizo, a veces, por contraste u oposición, masculina: otras continuó siendo indiferente.

El «masculino» usado para mujeres o seres hembras es, simplemente, una continuación de ese uso neutro o indiferente. Lo hay en latín, del que venimos, y en todas partes. No es un insulto. Es un resto de la antigua indiferencia pregenérica, presexual. Hay en estas palabras un uso masculino y un uso neutro, que vale para hombres y mujeres, para todas y todos.
Esa es la cuestión. Ese tema del género no es solo del español. Lean, aprovecho un poco para incluirme en la bibliografía con el libro que acabo de publicar, «Historia de las lenguas de Europa». No nos acomplejemos por el dichoso género, irregularidades semejantes pululan en muchísimas lenguas. No todo es sexo en ellas y el sexo se distingue o no y lo hace de mil formas. Insisto.

No hay regularidad formal para marcar el sexo o el género en general, insisto: la -a final es con frecuencia femenina (con sexo o sin él), pero no siempre. Y la -o final es con frecuencia masculina (con sexo o sin él), pero no siempre. ¿Vamos a prohibir las irregularidades, los verbos irregulares, por ejemplo? Las hay en cualquier lengua.

¿Vamos a descuartizar la nuestra, a coserla luego, quizá a embalsamar el engendro? ¿Y solo en el género o en caprichos mil?
Ya sabemos de las minorías que nos pedían violentamente que expulsáramos del Diccionario palabras que no les gustaban. Pero existen.

¿Vamos a torturar al niño con esta obsesión del género mal entendido, del sexo en realidad, a torturarnos a nosotros? Señoras, Señor Zapatero, paren, paren. Tenemos una lengua y con ella hemos vivido y hemos de vivir. Marca el sexo cuando lo marca y ello de diversas maneras. O de ninguna. En fin, las lenguas y los seres humanos estamos llenos de irregularidades -y de genialidades. Hay sexo y no sexo, igualdad formal y desigualdad formal. Las lenguas no son pura racionalidad igualitaria. Y tienen grandes, inmensas virtudes para expresarnos a nosotros, para expresar al mundo. Como las tienen los seres humanos (sin distinción de sexo).

Sólo pido a los gobernantes y a quienes se creen poseedores (el masculino incluye a todas y todos, qué cómodo) de la verdad y buscan que los primeros la impongan, que no inventen dogmas por falta de información y sobra de prejuicios. Que no fuercen igualdades irracionales que llevan a desigualdades. ¡Sexo y más sexo, incluso cuando no hacefalta! ¡Regularidad formal cuando tampoco la hace! Que nos dejen vivir con nuestra lengua.

Es la que tenemos y es grande. Ni es una cuadrícula regida por racionalismos e igualitarismos infinitamente criticables, ni ofende a nadie. Como es, nos basta.

Y no torturen al niño con tonterías. Ni rompan la lengua española.

TERRORISMO
«Si la oyes explotar, estás vivo»
Los artificieros de la Ertzaintza se han convertido en la punta de lanza en la lucha contra ETA
ÓSCAR B. DE OTÁLORAo.b.otalora@diario-elcorreo.com El Correo 2 Marzo 2008

«Si la oyes, estás vivo». La frase resume la actitud de un artificiero ante un atentado. «Es pura física. A la velocidad del sonido, si escuchas la explosión es que estás a algo más de 300 metros del objetivo y te vas a salvar. A menos distancia, tienes un alto porcentaje de posibilidades de no contarlo». Juan y Carlos, dos expertos en desactivación de explosivos de la Ertzaintza, se saben en el punto de mira de ETA. El pasado sábado, detectaron a tiempo la trampa que los terroristas les habían tendido con la bomba que destruyó parte de una torre de comunicaciones en un monte de Bilbao. Utilizaron un robot para examinarla. El brazo del aparato mecánico saltó por los aires y nadie resultó herido. Es un saber casi místico pero ellos lo niegan. «No somos héroes».

La Ertzaintza cuenta en estos momentos con medio centenar de artificieros agrupados en la Unidad Especial de Desactivadores de Explosivos (UEDE). Se han convertido en un grupo de élite, ya que pocas policías del mundo -excepto las desplegadas en zonas bélicas- se tienen que enfrentar de forma periódica a las peores amenazas terroristas. Al hablar con un periodista, los artificieros manejan las palabras como si fuesen cartuchos de dinamita. Saben que un nombre fuera de contexto o una indiscreción pueden dar una pista que ETA empleará para matarles. Su trabajo consiste en jugar una partida de ajedrez con un asesino que mueve siempre primero. Así que no mencionan nombres técnicos, ni explosivos, ni horarios ni tácticas, ni rutas. «Cualquier error lo aprovecharan para matarnos», subrayan.

En la guerra de las bombas trampa hay un componente extraño. Los artificieros no trabajan sólo para defenderse. Deben evitar que los artefactos afecten a otras personas, que los daños, en la medida de lo posible estén controlados. Y al otro lado se encaran a un terrorista que quiere asesinar y causar la mayor destrucción posible. Y que actúa con un componente de odio enfermizo. En julio de 2003, los artificieros tardaron cuatro horas en desactivar una sofisticada bomba trampa colocada en el barrio bilbaíno de Larraskitu. Al examinarla encontraron un mensaje escrito por el etarra que la había montado: «Esta os la coméis, cabrones».

Los desactivadores han fabricado un retrato robot del etarra que intenta matarles. De nuevo, el odio es un componente básico. «Es alguien con bastante preparación, no un alumno de FP o un chaval de la kale borroka. Tiene que tener estudios técnicos, no es un acelerado y parece poseer un resentimiento especial, como si algún familiar directo hubiera estado en la cárcel o hubiera sufrido algún tipo de problema», desgrana un agente al explicar el perfil, de consumo interno, de quien quiere ser su verdugo.

En la ofensiva desencadenada por ETA tras la ruptura del alto el fuego, la partida empezó mal para la Ertzaintza. El 10 de noviembre, los terroristas colocaron una bomba trampa en Getxo que debía haber sido letal. Avisaron de la colocación de un primer paquete en la puerta de los juzgados y ocultaron que en una papelera situada a medio centenar de metros había otro artefacto. Su explosión debía haber matado a los desactivadores o los agentes que acudiesen a examinar los daños.

Hubo suerte. La primera bomba no estalló y la segunda no fue detectada. El agente de la Unidad de Información que debía examinar la cinta descubrió la trampa ocho horas después. El azar evitó una masacre. «Fue una cagada», explica uno de los artificieros. «Cuando terminamos de desactivar la bomba casi aplaudimos. Había sido complicado y al final pudimos con ella. Pero todo se torció al día siguiente», asegura un agente. Al día siguiente lo que sucedió fue que un desactivador sufrió mutilaciones en la mano derecha al explotarle el detonador mientras lo inspeccionaba.

Teléfono móvil
El sábado pasado en Arnotegi ETA volvió a intentar ganar. Colocó un preciso detector de movimiento en una bomba situada en la ventana de un repetidor y alertó de su colocación. Cualquier ertzaina que hubiera tocado la caja habría muerto. En esta ocasión, la certeza de los agentes de que se enfrentaban a otra trampa les llevó a recurrir a un robot. Cuando sus pinzas metálicas rozaron la caja -un ertzaina las manejaba a distancia con el 'joystick' de un ordenador-, el explosivo saltó por los aires.

El robot es una de las armas de los ertzainas. Están dotados con cámaras, sistema de iluminación, pinzas articuladas y varios medios técnicos secretos. Otro de los recursos de los agentes son los trajes blindados, unas armaduras de alta tecnología que deberían protegerles de una explosión a escasa distancia. Los artificieros sacan a relucir su humor negro al hablar de estos monstruos de 50 kilos de peso que necesitan un sistema de refrigeración para poder caminar unos pasos sin deshidratarse. «En algunos casos, sólo sirven para que tu cadáver no se despedace», sonríen.

Con esas y otras armas se enfrentan al arsenal de la banda. Éste dispone de sensores de movimiento, detectores de infrarrojos, teléfonos móviles adaptados como detonadores y otros medios con los que intentar matar a los desactivadores. Y los emplea con una inteligencia demoníaca. El último asesinato de un artificiero a manos de ETA se produjo en 1992, cuando el experto de la Guardia Civil Enrique Martínez murió mientras examinaba un coche bomba en Llisa de Munt, (Barcelona).

En noviembre de 2000, los terroristas estuvieron a punto de cometer una masacre con una trampa brutal. Lanzaron unas granadas contra el cuartel de Intxaurrondo desde una colina. En la base de una de las lanzaderas enterraron una bomba que se debía activar con una llamada de teléfono móvil. Desde un bosque cercano, los etarras vigilaron la montaña con unos prismáticos y esperaron a que un buen número de agentes rodease el lugar donde habían escondido la bomba. Cuando vieron a una decena, hicieron una llamada. La explosión hirió a ocho guardias civiles, un policía nacional y un ertzaina. La existencia del teléfono móvil se supo porque un trozo de la carcasa fue extraída en el quirófano del cuerpo de uno de los heridos.

Guantera
Una semana más tarde, los etarras dispararon una serie de granadas contra el cuartel de la Guardia Civil de Irún desde una maleta colocada en el techo de un 'Peugeot 305'. Para examinar el automóvil, los artificieros gastaron las baterías de tres robots. Realizaron otras tantas explosiones controladas del coche. Incluso, dispararon a las ventanas en busca de sensores. Tras ocho horas de trabajo consiguieron abrir la guantera con el brazo de un robot. El coche estalló. Los expertos averiguaron más tarde que la banda había colocado un detector de movimiento en la zona en la que de manera habitual se guarda la documentación del coche. ¿El objetivo? Que los agentes pensaran que no tenía ninguna bomba y al buscar los documentos para ver si era un vehículo robado les estallase el artefacto. Esa vez ganaron.

Los desactivadores saben que la banda seguirá intentando cazarles porque, de forma paradójica, cuanto más débiles se vuelven los terroristas, más se convierten ellos en objetivo. «A ETA sólo les interesa su seguridad así que no se atreven a un enfrentamiento directo. Atacarnos a nosotros es más fácil, Van a un sitio, dejan una bomba y se marchan. Saben que no les va a pasar nada». Los profesionales son conscientes de que volverán a enfrentarse a bombas trampas. Y que todo dependerá de quién cometa un error: ellos o los terroristas.

SI NO HAY UNA MAYORÍA CLARA EL 9-M
Los españoles prefieren una coalición entre el PP y el PSOE al pacto con los nacionalistas
Varios diarios publican este domingo sondeos que auguran una distancia entre el PP y el PSOE entre los dos y los cuatro puntos. La de El Mundo señala que lo que no quiere la mayoría de los votantes son pactos con nacionalistas, sea cual sea el partido que gane. ABC apunta que el PP sigue recortando distancias con el Gobierno, con sólo 2 puntos de diferencia. Este margen se amplía en el caso de El País, que lo sube a 4,1, mientras que El Correo lo vuelve a reducir a 2,6 puntos.
Libertad Digital 2 Marzo 2008

La encuesta del diario El Mundo perfila claramente la tendencia de los españoles a que, sea cual sea el ganador, éste dirija el país en solitario. Nada menos que un 43,2 por ciento del millar de entrevistados por Sigma Dos dicen preferir esta primera opción, frente a aun 28,4 por ciento que se decantan por una gran coalición que, al modelo de Alemania, rija los destinos de España. Lo que rechazan absolutamente es un pacto con los nacionalistas: tan sólo un 18,4 por ciento aprueba esta opción frente a las restantes.

ABC y el refuerzo del PP
La quinta y última ola de la encuesta continua del Instituto DYM para ABC prolonga la línea marcada por las anteriores. El PP refuerza su posición frente al PSOE, que obtiene un 42 por ciento de los votos, frente a un 40 de los populares. Esto supone una subida de ocho décimas del principal partido de la oposición respecto a la anterior ola frente a un debilitado PSOE, que se mantiene en el mismo nivel.

La muy positiva rentabilización de la campaña electoral hecha por el PP justifica esa tendencia a la alza, según ABC. El debate televisado y el escaso calado de los recursos de los socialistas explican que el PP haya recortado su desventaja con el PSOE un 1,8 por ciento en cuatro semanas. La encuesta del Instituto DYM señala algunos factores que determinan dicha evolución.

En primer lugar, la fidelidad de voto, más elevada en el caso de los populares y con tendencia a ascender: un 80 por ciento de los que votaron al PP en 2004 lo volverá a hacer el día 9 de marzo, mientras que en el caso del Gobierno sólo lo hará un 68 por ciento.

Otro factor determinante para los resultados publicados por ABC son los trasvases de votos entre partidos. La transferencia de votos entre IU y PSOE que tanto beneficiaba al segundo se ha reducido a 15, desde los 22 existentes hace un mes. Y el acaparamiento de papeletas de partidos minoritarios o abstenciones hecha por los socialistas también se reduce respecto al PP: un 17 por ciento de los electores (y 14 para los populares), lo que supone una diferencia de sólo un 3 por ciento frente al 6 por ciento de hace un mes.
El trasvase de votos entre PSOE y PP también beneficia al segundo. El 7 por ciento de los votantes socialistas lo hará por la oposición y sólo el 3 por ciento señala que lo hará a la inversa.

La incógnita que ABC señala para los próximos comicios es la abstención. DYM prevé una participación de entre el 70 y el 71 por ciento, más cercana a las elecciones del 2000 que a la del 2004 (con un 76 por ciento). Una tasa mayor de abstenciones beneficiaría al PP, y una menor al Gobierno. El diario señala que la tendencia general a un incremento del escepticismo del votante puede explicar esto, pudiendo también hacer mella en el PSOE, ya que éste afecta sobre todo al partido mejor posicionado.

El debate electoral también tiene su reflejo en esta última ola: el PP subió su valoración hasta un 4,1 mientras que el Ejecutivo se conforma con seguir donde estaba, con un 5,3. Las principales preocupaciones de los españoles son, para los resultados de DYM, la crisis económica, en detrimento cada vez más del paro y el terrorismo, que ocupan el segundo y el tercer lugar, respectivamente.

4,1 puntos de diferencia el El País
Los resultados del diario El País muestran, no obstante, diferentes resultados. El sondeo de Metroscopia dice que Zapatero sigue siendo el candidato preferido para gobernar el país, aunque el diario gubernamental reconoce que no logran la diferencia esperada con la oposición. La ventaja del PSOE sobre el PP es ahora de 4,1 puntos.

La estimación de voto del PSOE es de un 42,9 puntos frente a un 38,8 por ciento de los populares. Eso supone lograr de uno a cinco diputados más para los socialistas, aunque el PP logra más en este apartado: la subida del partido de Mariano Rajoy puede ser de hasta seis diputados más respecto a los últimos comicios, pudiendo redondear un resultado de entre 148 y 154 escaños, frente al resultado de Zapatero (de 165 a 169).

Éste último sigue siendo mejor valorado como líder que Rajoy: un 5,5 frente a un 4,7 del segundo, confirmándose también la bajada del presidente del Ejecutivo respecto a la subida de Rajoy. Los que valoran positivamente al jefe del Gobierno no siempre son votantes socialistas: el líder popular logra, no obstante, una puntuación de 7,4 entre sus votantes frente al 7,1 de Zapatero.

El País señala que la participación será del 74 al 75 por ciento, y pronostica que los votos estarán repartidos entre los dos principales partidos. Entre ambos, un 91 por ciento del Congreso verá sus filas ocupadas sin que nadie logre, eso sí, la mayoría absoluta. Otros partidos minoritarios ven afectados sus resultados por esta intensa polarización, viendo como bajan sus resultados. La caída más importante es de Esquerra Republicana, que pasa de 8 a 5 ó 6 escaños, aunque también Coalición Canaria desciende: sólo el PNV mantiene su posición en esta tesitura.

Seis de cada diez españoles siguen pensando, según Metroscopia, que el PSOE tiene más probabilidades de ganar, y sólo un 16 por ciento cree que lo hará el PP, resultado que El País asegura que se produce también incluso en el seno de los votantes del propio partido de la oposición. Un 53 por ciento de votantes dice preferir una victoria del Gobierno.

Los ciudadanos se muestran también muy críticos con la campaña electoral: según Metroscopia y El País, un 77 por ciento de los encuestados no se ven satisfechos por los mensajes lanzados por uno u otro partido, sin importar que sean votantes del PSOE o del PP. No obstante, un 36 por ciento dice ventaja a Zapatero en cuanto a calidad de su campaña, frente al 22 de Rajoy.

Distan 2,6 puntos, según El Correo
Otros diarios reinciden en la situación de virtual empate técnico existente. La intensa polarización del voto es señalada también por la encuesta de Append para el diario El Correo, que señala que el PSOE volvería a ganar las elecciones con sólo 2,6 puntos de diferencia. No obstante, la encuesta (realizada a mediados de febrero y antes del debate electoral televisado) pronostica que, precisamente, serán los acuerdos con partidos minoritaros los que permitirán a uno u otro formar gobierno. Partidos como IU, CiU, PNV o ERC ven como se mantienen sus resultados, pero con tendencia a la baja.

El Correo también coincide en que la participación será la que defina finalmente los resultados. Append prevee que la abstención aumente hasta llegar a un 25,6 por ciento, hecho que perjudica abiertamente al Gobierno, con un electorado menos movilizado que el de los populares. No obstante, también señala que un 75,8 por ciento de los votantes repetirá la misma papeleta que en los anteriores comicios, frente a un 13,3 por ciento que respaldará a otro partido.

Elecciones
La ertzaintza detiene en Vizcaya a dos de los etarras más buscados
Efe - Bilbao La Razón 2 Marzo 2008

La ertzaintza ha detenido esta mañana a Oroitz Aldekoa-Otalora y Agurne Salterain, presuntos miembros de ETA, al salir de una vivienda en Iurreta (Vizcaya), según ha informado el departamento de Interior del Gobierno Vasco. Al parecer, no han opuesto resistencia cuando fueron detenidos.

Oroitz Aldekoa-Otalora y Agurne Salterain están acusados de «dar cobertura» a Gorka Lupiañez, el "liberado" de ETA (a sueldo de la banda) detenido el pasado 7 de diciembre en un control de la Guardia Civil en Berriz (Vizcaya) cuando portaba una pistola procedente del robo de 350 armas de un almacén de Vauvert (sureste de Francia) en octubre de 2006.
Según fuentes de la lucha antiterrorista, Aldekoa-Otalora residía en el "piso de seguridad" de Lupiañez en Abadiño (Vizcaya), que fue registrado el 10 diciembre.

Desde entonces, los dos detenidos hoy eran buscados por las fuerzas de seguridad y esta misma semana la Guardia Civil los incluyó en la lista de los terroristas más buscados.

Dentro de esa búsqueda, la Unidad de Información y Análisis de la Ertzaintza abrió en diciembre un operativo para tratar de localizarles y mantuvo bajo vigilancia varias viviendas en las que sospechaba que los dos huidos podrían estar alojados.
Esta mañana la vigilancia ha dado frutos cuando los agentes de la Ertzaintza han visto salir de una vivienda en Iurreta, localidad situada junto a Durango, a Oroitz Aldekoa-Otalora y Agurne Salterain.

Cuando los agentes les solicitaron su identificación, Aldekoa-Otalora y Salterain les ofrecieron su documentación legal, con sus nombres verdaderos, y ambos fueron detenidos «sin oponer resistencia alguna», según la nota de prensa del departamento de Interior.

El consejero de Interior, Javier Balza, ha explicado a los periodistas en Vitoria que la Ertzaintza está realizando registros y que, por el momento, no contempla la detención de más personas, aunque la operación no se ha dado por cerrada.
Balza, antes de asistir a un mitin electoral del PNV, ha destacado el «trabajo importante» realizado por la Ertzaintza, aunque ha advertido de que «hay que seguir adelante para que acaben los atentados» y sus autores «dejen en paz a la sociedad y respondan ante la Justicia».

El ministro del Interior y candidato del PSOE al Congreso por la provincia de Cádiz, Alfredo Pérez Rubalcaba, felicitó hoy a la Ertzaintza por el «nuevo éxito» en la lucha contra terrorismo.

En declaraciones a los periodistas tras participar en un acto público de su partido en Conil (Cádiz), Rubalcaba explicó que se encuentra en permanente contacto con el consejero vasco de Interior, Javier Balza, para ver cómo se desarrolla la operación, que aún continúa abierta y de la que, por el momento, no hay más información.

Aldecoa y Salterain fueron incluidos recientemente junto a otros tres etarras en la lista de los terroristas más buscados, difundida esta misma semana por el Servicio de Información de la Guardia Civil.

FUERON DESALOJADOS POR LA POLICÍA
Un grupo de radicales independentistas intenta reventar un acto del PPC
De nuevo, grupos violentos han irrumpido en la campaña intentado interferir en la actividad de los partidos políticos democráticos. Las víctimas han sido, otra vez, miembros del PPC. En Reus, un grupo de independentistas ha intentado boicotear un acto de Daniel Sirera. La Policía actuó desalojando a los radicales.
EFE Libertad Digital 2 Marzo 2008

Agentes de la policía han tenido que desalojarles para que el presidente del partido en Cataluña, Daniel Sirera, y el candidato por Tarragona, Francesc Ricomà, pudieran celebrar el mitin. Según fuentes del PP, antes de llegar al lugar del acto público, el Palau Bofarull de Reus, la policía ha aconsejado a los políticos populares que no accedieran a la sala porque unos ocho jóvenes habían entrado y pretendían impedir que se celebrara el acto.

Los jóvenes, han precisado las mismas fuentes, eran de estética red skin (botas rojas y rapados) e iban ataviados con banderas independentistas. Una vez desalojado este grupo de personas, los representantes del PP han podido entrar en la sala y a esta hora el mitin se celebra con normalidad.

Aún así, fuentes del Partido Popular han explicado que una quincena de jóvenes se encuentraban en el exterior del Palacio Bofarull protestando por la presencia de miembros de este partido.
 

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