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Recortes de Prensa    Lunes 3 Marzo 2008

Del Estado de las autonomías al Estado de las minorías
MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA ABC 3 Marzo 2008

NO se llegó de un modo pacífico, sin opiniones discrepantes, a la calificación del Estado diseñado en la Constitución de 1978. No era -claro estaba- el Estado centralista de larga tradición española. Tampoco era un Estado federal del estilo de los existentes en Alemania o en Estados Unidos de América, y menos aún una Confederación. ¿Qué nombre deberíamos utilizar para definir la nueva organización territorial del Estado?

Al no encontrar un modelo en las topologías al uso, los teóricos del momento se inclinaron por la fórmula «Estado de las autonomías». Algunos observadores extranjeros manifestaron su sorpresa ante semejante innovación. Hubo que replicarles que lo nuestro no era un Estado compuesto -como son los federales, en sus diversas versiones históricas-, sino un Estado complejo, en el que el tronco común facilita la cohesión y la armonía entre las diferentes ramas. No es una organización jurídico-política de varias partes con raíces propias -las Comunidades Autónomas-, sino que éstas tienen su origen y razón de ser en la Constitución.

Transcurridos casi treinta años de vigencia del invento nos damos cuenta de que las reservas con las que fue recibido, tanto aquí como en ciertos ambientes académicos foráneos, eran opiniones atendibles, con bastante peso doctrinal. No resultaría fácil mantener el equilibrio del sistema complejo. El Estado de las autonomías terminaría por descomponerse.

Y ahora nos hallamos en una situación parecida a la que don José Ortega y Gasset describió el 15 de enero de 1932: «Hoy no hay en España más que un problema auténtico: los demás son pseudos en uno u otro sentido, por una u otra razón. Y ese problema único consiste en la construcción de un nuevo Estado. Y mientras ese nuevo Estado no exista plenamente España vivirá en peligro, y con ella y en ella todos los españoles, absolutamente todos, incluso los que creen que la atmósfera de peligro -el río revuelto- les favorece. Porque, entre tanto, nuestra vida pública quedará reducida a una serie de coletazos contradictorios. Hoy serán machacados los de un lado, mañana los del otro. Hay que estabilizar la vida pública, y esto no se consigue, como el vocablo mismo lo sugiere, más que con un Estado».

No se trata de buscar responsables de esta mala situación. A veces me he referido a la poca información que poseían destacados políticos de la Transición sobre lo que eran Cataluña, el País Vasco o Andalucía. Y a la inversa: desde esas regiones se desconocía el resto de España. Se fue demasiado complaciente en la distribución de competencias y no se previeron, ni en los días fundacionales ni en los siguientes, las consecuencias nefastas, por ejemplo, en el campo de la educación. Y en 1985 se consolidaron como definitivos los principios malos del decreto electoral de marzo del 77. Los nacionalistas de la periferia, con un escaso porcentaje de votos, condicionarían la política de los partidos implantados en toda España, que vienen sumando millones de votantes en las sucesivas consultas populares. Hasta tal punto se desvirtuó el proyecto de organización territorial que el Estado de las autonomías puede convertirse en un Estado de las minorías, ya que son estas porciones electoralmente privilegiadas las que se hallan en condiciones de decidir el camino a seguir.

Algunos dirigentes hablan de modificar la Constitución y modificar los estatutos de autonomía para lo cual debe conseguirse un consenso igual al del año 1977, pero esto es un imposible porque las circunstancias de 1977 eran muy diferentes. Por tanto si hay que llegar a un consenso será un consenso distinto. Cuando en las Cortes constituyentes de 1977 abordábamos la elaboración de la Constitución española, el fantasma de la terrible Guerra Civil nos afectaba a todos, tanto en la derecha como en la izquierda y en el centro, y procurábamos por todos los medios que las reivindicaciones no sobrepasaran el listón por encima del cual podrían dar lugar a otro enfrentamiento sangriento entre los españoles. Este fue un dato importantísimo para conseguir el consenso que hizo posible la firma de la Constitución de 1978. Hoy en día, por fortuna, ese fantasma de la guerra ha desaparecido, incluso muchos jóvenes ni siquiera pueden imaginar que hace más de 70 años padecimos una terrible y sangrienta Guerra Civil.

Al morir Franco, existía el deseo, en ciertos sitios, de resaltar su singularidad. Pero hoy ya es conocido donde están los techos competenciales que pretenden conseguir algunas Comunidades a través de la reforma de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía. No hay límites a sus pretensiones.

Ahora bien, ¿en un Senado con 17 Comunidades Autónomas se van a consentir diferencias sustanciales en cuanto a competencias, repartos de renta, financiación, etc., etc.? Por otra parte, tampoco la situación de desarrollo de las distintas Comunidades es la misma; algunas en el momento de la Transición eran económica y culturalmente muy poderosas: hoy han perdido su protagonismo y ocupan un tercer o cuarto lugar. Otras en cambio han alcanzado un mayor desarrollo, por ejemplo Madrid que antes era una capital administrativa y ahora, además de capital administrativa, es capital financiera y tiene un alto grado de desarrollo cultural y económico. Todas estas transformaciones han dado lugar o han generado una situación socioeconómica muy diferente a la de hace tan sólo 30 años; es otra nuestra manera de ser y nuestra manera de convivir.
 

El año 1932, según recordé antes, Ortega consideraba que el auténtico problema de aquel momento era la falta de un Estado. Y se fijaba especialmente en que era necesario que los gobernantes y los gobernados respetasen al Estado: «Lo decisivo -escribía el maestro- es que los ciudadanos, sea cual fuere la coincidencia o discrepancia de sus ideas con las sustentadas por los gobernantes, tengan la impresión de que éstos respetan profundamente al Estado. De modo que yo, ciudadano, respeto, quiera o no, al Estado cuando se me impone, quiera o no, la evidencia de que los gobernantes mismos lo respetan». (¿Cómo permanecer callados ante el lamentable espectáculo de la Universidad de Santiago, una de las más venerables de España, donde las autoridades académicas adoptaron una actitud tibia el día de las agresiones a María San Gil? Mal ejemplo seguido, hasta ahora, en otros puntos de España, entre ellos Barcelona y Madrid).

Ortega advertía de los riesgos de la utilización de los poderes públicos para desacreditar a un grupo de ciudadanos. La Oposición, en un régimen democrático, respetará al Estado en la medida en que el Gobierno se abstenga de utilizar su posición privilegiada para atacar a los disidentes. «Desde el Estado -concluía Ortega- no se puede ni favorecer ni agredir metódicamente a ningún grupo de los que integran la comunidad. En la medida que haga esto el gobernante denigra al Estado y lo irrespetabiliza. Si los grupos todos, aún los más hostiles al Estado, no se sienten atendidos por él, tenidos en cuenta en cada acto y palabra del Gobierno, el Estado no es tal Estado. Es lo contrario del Estado».

Nuestra tarea hoy, como la que reclamaba Ortega en 1932, es conseguir que todos respetemos el Estado de las autonomías formalizado por laConstitución de 1978. Si se mantienen las equivocadas (y perniciosas) transferencias del Estado a las Comunidades Autónomas, las autoridades se inhiben o colaboran con los desalmados, y no se consigue una representación auténtica de los españoles en el Congreso de los Diputados (mediante otra ley electoral), resultará roto el equilibrio con el que soñamos hace treinta años. El Estado de las autonomías no debe degenerar, cual hereje, en un Estado de las minorías.
MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA ABC
de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

Tigrekán vuelve de Irán y un lunes para recordar
Federico Jiménez LosantosLibertad Digitalhttp://www.hazteoir.org/haztesocio/yo-rompo-con-zapatero/

Como hicimos ya la semana pasada en el primero de los debates, este lunes Recarte, Marco y yo comentaremos para el programa especial de Dieter Brandau en LDTV lo que será sin duda una jornada para el recuerdo. Lo que no sabemos aún es si este lunes será al sol o a la sombra, si lo recordaremos con alegría o con horror, pero a nadie se le oculta que buena parte de lo que pase el 9-M y la política española de los próximos años se decidirá después de las 22h y antes de la medianoche del 3 de marzo. Grande es la responsabilidad de Rajoy, pero sería injusto no reconocer que, al margen de sus errores y aciertos durante la legislatura, la esperanza se la debemos, sobre todo, a su gran actuación en el debate del lunes pasado. Ojalá remate aquella faena este lunes haciendo hincapié en los aspectos más genuinamente nacionales y liberales del PP, cuya clave es la irrenunciable exigencia de poder estudiar y ejercer el derecho cívico a usar la lengua española sin ser multado, perseguido o marginado por ello.

No hay nada más importante a largo plazo. De la abdicación previa e inmediata proscripción de nuestros derechos civiles en materia lingüística – que denuncié allá por 1979 en Lo que queda de España (cuya reedición completa actualizada saldrá el 23A, día de San Jorge y de Sant Jordi, del Libro y del Llibre)– vienen casi todos los males de nuestra nación, porque cuando se renuncia al idioma común, que es el de la mayoría de los ciudadanos, es evidente que se está dispuesto a renunciar calladamente a casi todo. Pero tanto en este asunto como en lo referente al 11M y a los dos o tres que más pueden afectar la sensibilidad de los liberales, deberíamos convenir que la insistencia de Rajoy no depende sólo de lo que pensemos sino de lo que en ese momento convenga al debate. Por supuesto, tengo mis dudas de que el PP cumpla lo que ha prometido en materia de libertad lingüística –Galicia es el peor ejemplo– pero no tengo duda ninguna de que si gana ZP se multará a todos los españoles empeñados en usar el español en toda España. Delito, por cierto, inédito en la historia de todas las civilizaciones, incluso las suicidas.

Pero esperemos a mañana, que ya falta poco, y prestemos atención a lo que está sucediendo en la palestra electoral, que anuncia muy graves turbulencias para el futuro.

Los últimos días de campaña se han caracterizado por la unificación sin fisuras y la radicalización del PSOE. El símbolo de este cambio de estrategia –que al principio se basaba, conviene recordarlo, exclusiva y exhaustivamente en el culto al líder SuperZP– es la reaparición de Felipe González en rutilante primer plano, sin duda para legitimar a ZP como líder español y disimular el perfil crecientemente antinacional de su partido. Se ha dicho que Felipe y Zapatero iban a reeditar aquel tándem de Guerra y Felipe como policía bueno y policía malo, socialista radical y moderado, pero si González ha actuado en clave zafia y cuadrúpeda, Zapatero se ha negado a moderarse un ápice; bien porque nunca fue ese el plan bifronte, bien porque la moderación está reñida con su naturaleza.

O, sencillamente, con la naturaleza del socialismo español, como defiende muy convincentemente José María Marco en su último artículo de LD El socialismo único:

En vez de serenar la atmósfera y hacer lo que era de esperar que hiciera –abrir el horizonte, presentarse como una figura histórica e infundir seguridad–, González ha echado aún más gasolina al fuego. Tanto como sus palabras, se habrá notado el tono: el rencor, la rabia, la frustración. En vez de calmar, irrita. Parece incluso querer competir con Rodríguez Zapatero. ¿Se trata de una estrategia (...) o es que no pueden ser de otra manera?

En lo que a mí respecta, me inclino por la segunda opción. De otro modo resulta inexplicable que personas como estas, que lo han tenido y lo tienen todo –poder, influencia, dinero– sean incapaces de guardar siquiera un asomo de decoro. (...) El rasgo de carácter se nutre de otro, entre moral e ideológico, propio de la izquierda española (española a su pesar, estoy por escribir). Y es que salvo casos muy contados y en momentos muy escasos, no ha tenido más proyecto que acabar con el adversario. (...) En eso consiste lo sustancial de la "definitiva modernización" de España que Rodríguez Zapatero propone como proyecto. La magnanimidad de Felipe González, que hay quien echa de menos como si el partido socialista de aquellos años hubiera representado una socialdemocracia civilizada a la europea, sólo se explica por la quiebra de la derecha. (...) En cuanto el adversario político logró recomponerse, se acabó la generosidad, siempre teñida de desprecio, por otra parte. Más aún cuando llegó al poder y todavía más cuando lo hizo por mayoría absoluta.

No hay ruptura entre un socialismo anterior, civilizado y respetuoso con los grandes consensos de la democracia, y el actual, desbocado y guerracivilista. Son idénticos. Como lo son los personajes, condenados a repetir una y otra vez, sin tregua, una historia fracasada y siniestra. (...) Por muy grande que sea la distancia que los separa, (...) siempre compartirán el mismo odio inextinguible hacia lo que llaman la "derecha" y que es, sobre todo, la idea de España y la libertad.

Por desgracia, es así. No hay nada en la historia más que centenaria del PSOE que permita la duda ni alimente la esperanza. Tigrekán ha vuelto de Irán, vía México, más Tigrekán de Mongolia que nunca. Y Zapatero actúa como su legítimo heredero, no sólo de los cargos sino de las costumbres de su padre político, entre las que destacaron en su larga estadía monclovita la sumisión ante los nacionalistas y el odio cainita al PP. En las dos elecciones que realmente amenazaron su Poder, las de 1993 y 1996, Tigrekán se comportó como un Zapatero en las formas y como un Rubalcaba en el fondo. Y nadie olvide que Rubalcaba, jefe del grupo parlamentario y ministro del Interior con Zapatero, es el eslabón que une más directamente al felipismo gálico y prisaico con el zapaterismo supuestamente distanciado de sus férulas e hipotecas.

También Tigrekán II, cuando le sobraban diputados, se permitía lujos de magnanimidad patriótica y fingía preocupación por lo que llamó "la desagregación de España", identificando al PP con la CEDA, la Confederación Española de Derechas Autónomas de la II República. Pero la Derecha de ayer, como la de hoy, creía en España. Este PSOE tigrekanesco, asumido hasta las heces por Zapatero, cree tan poco en ella como el de Largo Caballero, Prieto y Negrín. Por eso en 1936 quiso exterminar y exterminó a la CEDA diciendo que era fascista y que ellos, los golpistas del 34, representaban la democracia. Hoy dicen lo mismo mientras tratan de exterminar al PP. Cuando no se cree en España, es imposible admitir que los españoles de derechas tengan el mismo derecho a pensar, opinar y gobernar que los de izquierdas.

No sé lo que pasará este lunes en el segundo debate ni lo que saldrá de las urnas el 9 de marzo. De lo que cada vez estoy más convencido es de que la pervivencia actual y hasta la simple existencia del PSOE como tal es incompatible con la supervivencia de la Nación. No es intuición sino deducción racional, en la que bien quisiera equivocarme.

Cara a cara
Debates y democracia mortecina
Agapito MaestreLibertad Digital 3 Marzo 2008

Es un tópico hablar de la baja calidad de la democracia española. Es menos usual decir que nuestra democracia está moribunda. Y, sobre todo, muy pocos son los que se atrevan a decir que no tenemos democracia, si por tal entendemos, primero, un sistema político que garantice la separación de poderes en una nación; segundo, una sociedad que promueva una esfera pública política autónoma del intervencionismo del Gobierno; y, en tercer lugar, la extensión de un imaginario democrático en todas las instancias ciudadanas que haga viable el entrelazamiento del Estado con una sociedad civil desarrollada desde el punto de vista material y democrático.

En este contexto de crisis democrática, la celebración de debates electorales entre los dos candidatos de los partidos mayoritarios es un acontecimiento que pudiera actuar no sólo como una forma de que los ciudadanos se enteren de los objetivos de los partidos, sino como un elemento amortiguador de la propia crisis del sistema democrático. No seré yo quien niegue el valor de los debates, pero sí que cuestiono el modo de llevarlos a cabo. Son tantas las reglas pactadas entre los partidos para debatir sobre no sé sabe muy bien qué, pues al final la nación parece excluida, que uno no puede dejar de sustraerse a la extraña sensación de asistir a un debate que oculta el debate.

En otras palabras, la retórica del debate estaría ocultando el principal problema del sistema político, a saber, la carencia de vida democrática genuina, porque el Gobierno primero, y la oposición más tarde, habrían secuestrado los grandes problemas a los que enfrenta la nación. La vida de la nación quedaría oculta detrás de problemas menores. O, peor todavía, estaríamos antes líderes políticos que no estarían dispuestos a hablar más o menos de la división de la nación española, sino que incluso se negarían a utilizar histórica y políticamente la categoría de nación. Ésta tendría que ser negada incluso de palabra; en efecto, del mismo modo que ya no se habla del Instituto Nacional de Meteorología, sino de la Agencia Estatal de Meteorología, habría que referirse siempre y en todo momento al Estado X de España, donde X, incógnita internacional por excelencia en todos los tiempos, sustituiría torticeramente a la genuina noción de Nación española.

El debate está planteado de forma tan "ideal", con tantas reglas y reglillas, que no sólo niega la situación histórica y real del "diálogo", sino que actúa como un placebo formidable, o una fórmula caprichosa, que garantiza, aquello que millones de ciudadanos niegan, a saber, que podamos llegar a algún acuerdo político en unas condiciones tan perversas que nos han hecho perder de vista lo decisivo: la nación. Pero quizá haya algo peor en el próximo debate. Pese a las expectativas políticas generadas, después de las mentiras y engaños del primer debate, todos esperamos cualquier cosa, excepto que se cumpla la regla básica que Platón nos ofrecía para todo genuino debate: actuar con sentido moral, o sea, con respeto al otro, y con un sentido universal de la justicia. Sí, sí, nadie ha dejado de decir qué carta guardarán cada uno de los candidatos para arrasar al otro.

En efecto, si poco esperamos, pues, del sentido moral y de la justicia que deberían compartir los comparecientes, menos aún estamos dispuestos a admitir el castigo que Platón reserva para quienes quebranten esa regla: "Al incapaz de participar del honor (respeto al otro y no decir mentiras) y la justicia que lo eliminen como a una enfermedad de la ciudad."

Una campaña sin grandes cuestiones, un país sin calidad democrática
Jesús Cacho El Confidencial 3 Marzo 2008

Testigos del debate electoral celebrado el lunes 25 de febrero cuentan que no habían visto nunca tanto odio acumulado en dos personas como el que José Luis Rodríguez y Mariano Rajoy exhibieron en el corto descanso de aquel primer cara a cara, moderado por Campo Vidal. Seis minutos en los que no sólo no se hablaron, sino que ni siquiera se dirigieron la mirada, ofuscados, tensos, como si no existieran el uno para el otro, dispuestos a ignorarse hasta el fin de los tiempos. El uno, porque subido en la ola de adulación al Presidente de turno, aún no se había repuesto de la sorpresa de un Rajoy que le había robado la cartera en aquella primera mitad. El otro, porque es tal el desdén intelectual que le merece la liviandad del leonés que no puede dejar de manifestarlo en todo momento.

Odio y desprecio mutuo porque se trata de una pelea por el poder. Pura y descarnada pelea por el Poder. Vanidad de vanidades, egolatría al por mayor, pedestal desde el que infundir respeto y temor, capacidad para influir en la vida de los demás. Puro viento, verdura de las eras. Pero nada que tenga que ver con los cambios de fondo que necesita, pide a gritos, la democracia española, cambios resumidos en esa genérica apelación a la regeneración de la vida democrática o, si quieren, a la mejora sustancial de la paupérrima calidad de la democracia española. Las grandes cuestiones de fondo se están hurtando a los electores, que parecen conformarse con la baratijas de curso legal que se expenden en todo mitin que se precie. Timo del gato por liebre.

El candidato Zapatero, el aventurero impaciente que en 2004 abrió el melón de la reforma constitucional para cerrarla precipitadamente después de que el Consejo de Estado, a pedido del propio ZP, emitiera un dictamen recordándole algunas verdades elementales, se embarcó a continuación –en secreto y de espaldas al pueblo soberano- en una reforma del Estatuto catalán de tono abiertamente Confederal, que abrió la caja de los truenos autonómica, y detrás del cual vieron otros. Hasta el más lego sabe que ese nuevo Estatuto, sea o no sancionado por el Constitucional (TC), no es la estación término de nada, sino un simple apeadero en el largo viaje de las elites nacionalistas hacia la secesión, en un proceso imparable –a cuenta de la clase política que padecemos- de debilitamiento del Estado y desvertebración de la nación, como el referéndum planteado en el País Vasco por el camarada Ibarretxe para este mismo año se encarga de recordarnos.

Como dice el profesor Sosa Wagner (El Estado Fragmentado - Editorial Trotta) “nunca debió iniciarse el banquete estatutario sin un acuerdo previo de todos los comensales, y menos hacerlo movido por exigencias coyunturales de apoyos políticos y parlamentarios (...) Que un extremo geográfico de España quiera arreglarse su “asunto” de forma individual y de la manera que le resulte más rentable, forma parte de las humanas ambiciones y del cabildeo político local, pero que esa actitud se respalde por quienes representan al Estado en su conjunto es una manifestación de ligereza cuyo exacto alcance el futuro irá desvelando poco a poco”. Pues bien, esa especie de bombero pirómano que a partir de marzo de 2004 se puso al frente del batallón de derribos del Sistema salido de la Transición, este genio que ahora se ha propuesto él solito –recuerden que ya se comprometió a acabar con la sequía- arreglar el problema del cambio climático, no ha dicho una palabra durante toda esta campaña sobre tan esenciales cuestiones de futuro.

A cambio de un debate a fondo sobre las grandes cuestiones nacionales, empezando por esa reforma en profundidad de la Constitución del 78 que enderece la deriva de una nave colectiva que navega con rumbo de colisión a plazo fijo, que frene las ansias nacionalistas, cohesione a la nación y devuelva al Estado competencias que nunca debió perder –amén de volver del revés la actual Ley Electoral-, Zapatero nos propone, y el vulgo mansamente asume, el gato por liebre de la reinterpretación de nuestra Historia reciente (“memoria histórica”, lo llaman), la igualdad entre sexos, los derechos de los homosexuales, la alianza de civilizaciones, el cierre de la capa de ozono y otras baratijas de una época sin ideología.

Y Mariano Rajoy acepta el engaño, entra a ese trapo porque, en el fondo, lo que de verdad le interesa es el Poder, hasta el punto de pretender recuperarlo en 2008 con el mismo equipo que lo perdió en 2004. Del pecado de escamotear a los españoles los problemas de fondo es también culpable, en mi opinión, Rajoy. Si el próximo domingo pierde las elecciones, como parecen indicar las encuestas, habrá perdido por partida doble: perdido ese Poder que ansía en el corto plazo, y perdido una gran oportunidad para haber recorrido pueblos y ciudades hablando a los ciudadanos de la deriva de España hacia la balcanización, de la jibarización del Estado a cuenta del apetito insaciable de los nacionalismos, de la ausencia de libertades básicas en buena parte del territorio, del estado comatoso de la Justicia, de la corrupción galopante que se ha adueñado de la España del boom inmobiliario, de la postración de unos medios de comunicación cada vez más sectarios, y de tantas cosas más que tienen que ver con la calidad de vida democrática, que es, al fin y a la postre, lo determinante en la vida de los ciudadanos.

Es un escándalo que ninguno de los dos grandes partidos haya dicho todavía nada de lo ocurrido con la Sala Segunda del TC en relación al caso Albertos, salvo la cínica y oportunista salida del FGE, Conde Pumpido, dispuesto a rasgarse las vestiduras ahora después de haber maniatado a la Fiscalía en el caso de las cesiones de crédito de Emilio Botín, por ejemplo. Lo asombroso del panorama español es que la cúpula del Partido Popular, única fuerza que sostiene un discurso nacional consistente, todavía no haya interiorizado primero y traducido a sus mensajes públicos después, la proximidad del abismo al que nos conduce la mezcla de relativismo moral, improvisación frívola y sectarismo del que hace gala Rodríguez Zapatero, y las haya traducido en un discurso de altura orientado hacia ese gran pacto entre PP y PSOE capaz de abordar una reforma en profundidad de la Constitución del 78.

Dice Paul Johnson en Tiempos Modernos que “la tragedia principal de la historia del mundo en el siglo XX es que la república, en Rusia como en Alemania, halló sucesivamente en Lenin y Hitler adversarios de un calibre excepcional, que expresaron su férrea voluntad de poder con una intensidad única en la época contemporánea”. Mutatis mutandis, la tragedia de España es que, cuando el tironeo de los nacionalismos ha conseguido colocar al Estado salido de la Constitución del 78, que mal que bien ha garantizado estos 30 años de libertad y progreso, al borde del precipicio, nos hemos topado con líderes como Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. La derrota de éste el día 9 augura –a menos que un cataclismo económico nos lleve a una legislatura abreviada- ración doble de Zapatero, Zapatero para cuatro años más, al final de los cuales, dando la razón a la famosa cita de Alfonso Guerra, a España no la conocerá ni la madre que la parió.

España perderá el debate
Pablo Sebastián Estrella Digital 3 Marzo 2008

El segundo debate electoral entre Rajoy y Zapatero, candidatos inevitables a la Presidencia del Gobierno, a nuestro pesar, se presenta a los ojos de los expertos y analistas como la última oportunidad, el último cartucho, de este duelo a la luz de la luna del que, amén del espectáculo, poco más saldrá en claro para los electores, por parte de estos dos dirigentes políticos que han defraudado a muchos españoles y dejado mucho que desear a lo largo de la pasada legislatura. Y los que, en el día de hoy, no tienen mejor argumento de campaña que el de poner en valor las carencias y los errores del contrario, a sabiendas de que corren el riesgo de que los ciudadanos perciban que ninguno merece la victoria y el gobierno de la nación.

El uno, Zapatero, como el presidente de un Gobierno que tenía ante sí la urgente tarea de curar las heridas y la fractura social abierta por la masacre del 11-M entre los españoles, y que prefirió ahondar en la herida, en pos de las viejas y fuera del tiempo y lugar “dos Españas” de la Guerra Civil, la izquierda y la derecha, de la unidad nacional y el nacionalismo separatista. Un nacionalismo pesetero e insaciable al que Zapatero convirtió en aliado y peligroso compañero de viaje, rompiendo el consenso de la Transición y de la lucha antiterrorista, empeñado en pasar como moderno “príncipe de la paz”, que ofrecía a ETA: “paz por soberanía”, o por territorios, como si de la guerra de palestina se tratara. Y que cometió el histórico error de unir (del brazo de Carod y Otegi) en un mismo proyecto la reforma autonómica federal —ensayada en el Estatuto catalán— y la negociación con ETA, hasta traspasar los límites de la decencia, como ocurrió al aceptar la reanudación de las negociaciones en el 2007 y mintiendo a los españoles, cuando ETA ya había roto la tregua en el atentado mortal de Barajas, que luego repitió, con otro doble crimen, al sur de Francia, en Capbretón.

Todo ello adornado con la intempestiva retirada de las tropas de Iraq y un rosario de conquistas sociales con las que Zapatero quiso teñir de rojo su mandato, mientras guiñaba su famosa ceja a Castro, Chaves y Morales, y perdía el tren del pragmatismo y del realismo socialdemócrata de la vieja Europa, cuyos principales líderes, Brown, Merkel, Sarkozy y Prodi no se acordaron de España para debatir la crisis económica. Extrañados, quizás, por el empeño de Zapatero de negar la crisis para no estropear su campaña electoral, y por su pasión de “no alineado” con Occidente y de vendedor de esa Alianza de Civilizaciones, decorado propio de Las mil y una noches, que ni siquiera entusiasmó a sus interlocutores, Gadafi, Adhmadineyad, Mohamed VI o Erdogán. Menudo ambiente de Alianza se percibe, ahora, en Gaza, Líbano, Irán, Afganistán y Pakistán.

En estos momentos, y ante el temor de que el PSOE pueda volver a ganar las elecciones, muchos españoles se preguntan: ¿habrá aprendido algo en estos cuatro pasados años Zapatero?; y, pesimistas, añaden: y si va a ganar, sería mejor que lo hiciera con mayoría suficiente para no caer en manos de los nacionalistas. Y concluyen: ¿Cómo va a ser capaz de afrontar la crisis de la economía quien ha provocado una profunda crisis institucional?

Al otro lado del escenario, el panorama no es mejor. Rajoy ha sido incapaz de recomponer el centro derecha dinamitado por Aznar, y se dejó llevar y mangonear por esa derecha bronca que tiró en el 2004 el poder por la ventana, creyendo que el ruido y los errores del contrario, en vez de una alternativa razonable y razonada, eran la solución a todos sus males, y justificaría la flagrante carencia de credibilidad de sus equipos (como los liderados por Acebes, Zaplana, Aguirre y Aznar) y de un proyecto de recuperación de la cohesión nacional perdida. Jugando el PP al triste empeño del cuanto peor —en la economía, el terrorismo y la inmigración, por ejemplo— mejor para ellos, aunque fuera peor para España. Convirtiendo la soledad, a la que les había sometido el Pacto del Tinell del PSOE con los nacionalistas, en una nueva Numancia de la que sólo se podría escapar liderando una cruzada, patriotera y confesional, regresando a los errores de la conspiración y de la masacre del 11M, y sin reconocer sus disparates en la guerra de Iraq.

Lo que lejos de configurar una alternativa razonable al tiempo de Zapatero ha empatado el partido de los disparates y espantado, más que convencido, a los ciudadanos del centro moderado que podrían haber inclinado el fiel de la balanza electoral a su favor.

Y en éstas estamos y están los votantes españoles, deshojando la margarita del mal menor, y sumidos en su sonora orfandad. Esperando el espectáculo del enésimo enfrentamiento entre Zapatero y Rajoy, como el que hoy se va a escenificar, por segunda vez, en televisión. Y convencidos, como hoy lo están muchos ciudadanos, de que ellos mismos y el interés general serán el próximo día 9 de marzo los seguros perdedores en la noche electoral.

La vacuna de ETA
Florencio Domínguez El Correo 3 Marzo 2008

La cúpula política de ETA, en la que se supone que figuran tipos como los Urrutikoetxea, padre e hijo, Jon Salaberria y otros, ha decidido imponer a la izquierda abertzale la abstención y el boicot a las próximas elecciones aún a riesgo de provocar una fuga de votos hacia los partidos nacionalistas, en especial al PNV, como ocurrió en el año 2000.

La cúpula etarra es consciente de ese peligro, aunque se resiste a admitirlo porque tendría que asumir la responsabilidad de haber promovido semejante error y ETA no admite errores políticos si no es al cabo de muchos años, cuando ya no tiene sentido que los suyos le pidan cuentas por ello. «Algunos dicen que ahí, (en las generales de 2000) por primera vez, algunos de la izquierda abertzale dieron su voto al PNV y en las elecciones de la CAV de 2001 repitieron. Otros dicen que la izquierda abertzale respondió fielmente a la abstención. Seguramente los dos dicen la verdad», escribía salomónicamente la dirección de ETA en su boletín Zutabe número 101.

La abstención facilita que muchos seguidores de la izquierda abertzale puedan votar a otro partido sin el sentimiento de traicionar a los suyos. Total, deben pensar, si sus votos se van a diluir en el conjunto de una abstención técnica imposible de interpretar políticamente, no pasa nada por apoyar a aquellas listas que consideran más próximas para hacer frente a los no nacionalistas.

Para evitar esa tentación, ETA lleva desde que rompió la tregua tratando de inculcar a sus seguidores que el PNV, durante el proceso de negociaciones de Loyola, ha traicionado las aspiraciones nacionalistas y se ha puesto del lado español apoyando al PSOE. No es que el PNV tenga algo de culpa en que las cosas no salieran, es que, según ETA, ha sido «el principal responsable de la ruptura del proceso» ya que cometió «una nueva traición a Euskal Herria» por no haberse alineado con Batasuna.

Durante el último año, ETA se ha dedicado a lanzar de manera sistemática acusaciones contra el PNV con el objetivo de vacunar a las bases de la izquierda abertzale frente a la tentación de votar a este partido. Sucede que ese mismo recurso ya fue utilizado en el año 2000 -también entonces la banda responsabilizó al PNV y a EA de la ruptura de la tregua- y la vacuna no funcionó. Al contrario, lo único que consiguió ETA entonces fue confundir a su base social, que no entendía aquellas acusaciones contra un PNV que había pactado con Batasuna, que se movilizaba en favor de los presos, que había constituido Udalbiltza y que había roto con el PP y el PSOE, además de haberse radicalizado.

f.dominguez@diario-elcorreo.com

Colores de Zapatero
POR HERMANN TERTSCH ABC 3 Marzo 2008

MADRID. «Hay que repetir la verdad porque la mentira se predica de forma continua. Muchas veces se enseña la verdad y el error a un tiempo y se recomienda adherirse a lo segundo. Hace días leí en una enciclopedia inglesa sobre las teorías de la creación del (color) azul. Se citaba primero la cierta de Leonardo Da Vinci e inmediatamente se añadía la errónea de Newton para a continuación adherirse a ésta por el hecho de que es la comúnmente aceptada», le decía Goethe a Eckermann en 1828. En este sentido no vivimos tiempos excepcionales, aunque bien estaría que nuestros juegos de verdades y mentiras se limitaran a los orígenes de los colores. Cuando se habla sobre los hechos en sí, los individuos deberían tener facilidad para llegar a conclusiones comunes. No es así.

Hoy lo verán millones de españoles en el debate. Los contendientes hablarán de países distintos y harán sus balance de la legislatura socialista que se parecerán tanto como las teorías del origen de los colores. No se pondrán de acuerdo en que en marzo del 2004 se generaban bastantes más de dos mil empleos y en que febrero del 2008 se destruían más de cuatro mil. Ni en que en 2003 se produjeron apenas cien actos de «kale borroka», y en 2007 casi eran 600. Esto no son interpretaciones de la realidad sino la realidad misma.Y sin embargo no cabe la menor esperanza de que ambos la acepten.

¿Por qué? Ante todo porque las dos banderías en las que ha logrado dividir a la sociedad española el Gran Timonel de La Moncloa ya no otorgan a las palabras el mismo sentido que se había acordado hace treinta años. De la misma forma que durante la Guerra Fría las palabras no significaban lo mismo demócrata occidental que para un líder comunista del Pacto de Varsovia. Volviendo a Goethe, dice Mefistófeles en el Fausto: «Ante todo, debéis aferraros a las palabras; entonces ingresaréis por la puerta segura; al templo de la certeza». Aquí para algunos las palabras ya no significan más que lo que la intención del momento dicte. Y en la siguiente situación basta con negar la intención para vaciar de todo significado a lo dicho. No se resiente el discurso, por no hablar del sentido del «honor». «Las palabras están al servicio de la política», dijo Zapatero. No creo que lo dijera para descalificar al Fausto a quien quizá tome por un cantante italiano. Lo dijo con esa convicción que surge tras su permanente impostura. Esa frase es su más franca declaración de «principios».

El combinado tóxico del redentorismo iluminado de Zapatero y su mala fe hacia los «desaprensivos» que no lo entienden ha causado tanto daño a este país como sólo un enemigo con muchos medios podía infligirle. Esta sociedad y sus instituciones tenían problemas homologables al entorno europeo. Hoy no es el caso. Este presidente, no homologable con ningún dirigente respetado, ha logrado llenar España de enemigos. Su éxito es una tragedia. Para que no la consume los españoles habrán de leer de sus labios sus verdaderas intenciones.

Ilegitimidad e izquierda
Psicoanalizando al PP
GEESLibertad Digital 3 Marzo 2008

En su artículo Apuesta arriesgada, Javier Pérez Royo expone una tesis torticera: el PP ha elevado la apuesta propia de toda elección –el Gobierno del país– pretendiendo que los ciudadanos confirmen su tesis de la ilegitimidad del período Zapatero, por su origen en el 11-M, lo que justificaría una acción revisora de todo lo hecho en estos cuatro años, poniendo al PSOE, manchado de ilegitimidad, en una posición imposible para bastante tiempo, y reabriendo así la crisis de sucesión de Felipe González, cerrada con Zapatero. Si la apuesta no es confirmada por el electorado, se vuelve contra el PP. Son 20 años de su "relato" los que quedan arruinados, tanto cuando estuvo en el poder como cuando fue oposición. El PP tendría que refundarse.

Una interpretación de diván de psiquiatra. Pérez Royo ha recostado al PP y de los fantasmas de su cerebro colectivo ha extraído esta esclarecedora racionalización que deja al desnudo veinte años de historia y vaticina, más o menos, las dos próximas décadas. No sólo nos jugamos el futuro, lo que siempre sucede, pero sólo por cuatro años, sino también el pasado. Y los electores se quedarían con las manos atadas para varias legislaturas, no se precisa cuantas, en las que indefectiblemente no tendrían más remedio que repetir su voto. Si el PSOE gana, ¡oh maravilla!, tranquilos durante un buen número de años, pero si pierde, ¡ay infelices!, no habrá quien se quite al PP de encima en unas cuantas elecciones.

Pero los psicoanalistas deben ser largamente psicoanalizados antes de consagrarse al oficio y en el caso del zapaterismo y sus apologetas no hay mucho que escarbar, porque lo suyo no está escondido en profundos entresijos de su psique sino que luce explícito en infinidad de declaraciones, desde las conferencias de prensa de José Blanco a los artículos de Pérez Royo, como el que nos ocupa, en el que trata de movilizar a sus filas infundiéndoles pavor sobre lo que se les viene encima si no se andan listos y llenándoles el corazón de anticipado gozo sobre los pingües beneficios políticos que les aguardan si caminan hacia las urnas con pies ligeros.

Celoso guardián del secreto profesional, Pérez Royo no apoya su osada y conveniezuda teoría ni en una sola cita de los oscuros sueños de los populares. Pero quien no tenga un avanzado Alzheimer podrá recordar cómo a partir de aquel 15 de marzo los socialistas se movieron frenéticamente reclamando por todas partes que nadie pusiese en duda su legitimidad. Y no hace falta ser un empedernido lector de Freud para saber qué tipo de complejo encubre eso. No moral, desde luego, pues contra ello están eficazmente vacunados, pero sí político, lo cual, una entera legislatura después, rezuma por todas las letras del artículo de Pérez Royo.

Así como anticiparon una labor de gobierno en la que el engaño ha jugado un papel estelar tachando apocalípticamente de mentirosos a los populares, se curaron preventivamente en salud respecto a las inquietudes acerca de su propia legitimidad negando de manera implacable el carácter democrático de sus adversarios políticos, acosándolos incesantemente con un Niágara de descalificaciones, como extremistas de derecha, franquistas cuando no abiertamente fascistas o asesinos por haber apoyado Aznar, política que no militarmente, la liberación de los iraquíes, mientras sellaban escrupulosamente su boca respecto a la masiva actividad de los terroristas que han asesinado a decenas de miles de ellos.

No habrá de qué extrañarse si los votantes del PP se sienten cruelmente vejados por ese reiterado comportamiento y consideran que rompe las reglas del juego democrático, como lo hace el gobernar descaradamente para una mitad del país con el propósito de clausurar toda oposición y excluir a perpetuidad del poder a una opción política que cuenta con aproximadamente los mismos votos que sus exterminadores.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Salvo imprevisto, el PSOE ganará las elecciones del próximo domingo y tendremos ZP para otros cuatro años
http://www.hispanidad.com/noticia.aspx?ID=21835  3 Marzo 2008

La prensa pro-PP se empeña en un invisible “empate técnico”, pero las encuestas siguen dando entre 2 y 4 puntos de ventaja al actual Gobierno sobre la oposición. Lo cierto es que todos los sondeos dan vencedor al PSOE. Sólo en 2004 se produjo el vuelco respecto a los estudios de opinión, pero debido al ‘imprevisto’ de la masacre criminal del 11-M. Aún así, por si acaso, Zapatero alienta la crispación y las dos españas: permite manifestaciones nazis y comunistas en pleno centro de Madrid, a siete días de las cita con las urnas, incluida una concentración pro-etarra, al grito de “Sin autodeterminación, no hay democracia”. Zapatero vuelve al guerracivilismo y amenaza a la Iglesia: “Si gano las elecciones, les pondré los puntos sobre las íes a los obispos”.

El diario ABC titulaba el domingo: El PP vuelve a crecer en voto casi empata con el PSOE a 7 días del 9-M. El “casi empate” está presente en la prensa pro-Partido Popular, que confunde sus deseos con la realidad. La verdad es que los periódicos preocupan poco a Zapatero, sabedor de que la sociedad se cambia en la prensa y en Internet –mediante el lenguaje escrito, dedicado a la sociedad que lee-, pero las elecciones se ganan en la televisión, el terreno de la sociedad que solamente ve. Y los canales de TV están controlados por el PSOE casi en su totalidad. De los grandes canales, todos salvo A-3 TV, y ésta con no mucho entusiasmo, son filosocialistas, y ninguno de ellos se molesta en ocultarlo.

Y así, mientras el ABC, a pesar de dar al PSOE dos puntos de ventaja sobre el PP en intención de voto (42 frente al 40%), habla de empate. La Razón le otorga al PSOE un 42,3% de los votos –frente al 38,5 del PP) y el sondeo de El País aún alarga más diferencia, hasta los 4,1 puntos: 42,9 frente al 38,8. En ninguno de esos resultados, extrapolados a escaños, el PP adelantaría al PSOE en número de escaños (www.la-moncloa.es/ServiciosdePrensa/BoletinPrensaNacional/_2008/boln20080302.htm).

En definitiva, la prensa pro-PP está confundiendo sus deseos con la realidad. Cuando toda las encuestas apuntan en la misma dirección es difícil negar la conclusión evidente de que lo más posible es que tengamos ZP para otros cuatro años, un panorama a muchos españoles les pone los pelos de punta, porque probablemente ningún presidente del Gobierno, en toda la democracia, haya levantado tantas ampollas entre la sociedad que lee, y tanta desconfianza sobre su incapacidad y su querencia a crear problemas inexistentes, como el actual. Rechazo visceral compatible con un alto índice de popularidad.

Sólo en 2004 se produjo el vuelco: 22 encuestas daban vencedor la PP y, ni una sola al PSOE, y al final ganó el PSOE. Ahora bien, entonces ocurrió la masacre criminal del 11-M, un caso único, afortunadamente, en la historia, convenientemente utilizado por el PSOE en su propio beneficio.

Pero, a pesar de los sondeos, el PSOE no se fía, sabedor de que llegó a La Moncloa, por accidente, es decir, gracias a un atentado terrorista. Ya hemos dicho que Rodríguez Zapatero es un personaje tan aferrado al sillón monclovita que hará cualquier cosa –cualquier cosa- con tal de no levantarse del mismo. Por el momento, en la recta final de campaña está creando una crispación que bate todas las marcas. ZP aprovechaba el domingo para, desde La Vanguardia, amenazar a la Iglesia: “Si gano las elecciones, les pondré los puntos sobre las íes a los obispos”. No sólo eso: en plena recta final, autoriza manifestaciones neonazis, convertidas en batallas urbanas entre ultraderechistas y ultra-izquierdistas, entre nazis y comunistas. Incluso –sábado noche,- permitió una manifestación pro-etarra, bajo el eslogan: “Sin autodeterminación no hay democracia”. Eso, en pleno centro de Madrid. Al parecer, el hombre del diálogo y el talante le encanta la crispación propia de la dos españas de Antonio Machado, esto es, el guerracivilismo. Pero la culpa, seguramente será de la derecha.

La rebelion civica, en el acto-mitin de yorompo.org
http://www.hazteoir.org  3 Marzo 2008

Querido/a amigo/a:

Muy emotivo el acto que celebramos ayer sábado en el Hotel Convención. El medio de ámbito nacional que mejor recogía la crónica del evento ha sido el ABC, que en la Edición de hoy domingo le dedicaba una página completa. Pero también El Mundo, Público y La Razón - en su editorial - se hacían eco de este acto. Libertad Digital, por su parte, nos dedica hoy un generoso Editorial.

Como siempre, quien más aplausos despertó entre el público fue Francisco José Alcaraz, principal símbolo de la dignidad y de la rebelión cívica frente a Zapatero. Pero también estuvieron geniales en sus análisis el resto de ponentes. La sorpresa saltó en el último momento, cuando me encontré a José Luis Balbás, ex-estratega de Zapatero, al que le pedí intervenir ante los más de 1000 congregados en el salón más amplio del Hotel.

Si te no pudiste venir, puedes ahora revivir el acto-mitin en imágenes. Las fotos del acto ya están disponibles:
http://www.flickr.com/photos/yorompo/

El vídeo, lo colgaremos de YouTube D.m. el martes.
Quiero agradecer, en nombre de todo HazteOir.org, a todos los que lo habéis hecho posible, en especial a los oradores:

· Francisco José Alcaraz, símbolo de la dignidad
· Leonor Tamayo, valiente madre objetora frente al totalitarismo educativo
· Francisco Caja, que esta vez sí que pudo defender su Iniciativa Legislativa Popular a favor de la libertad lingüística en Cataluña
· José Ramón Nieto, que representó junto a los afectados de Fórum a todas las víctimas de una política económica nefasta
· Francisco González, cristiano evangélico, que mostró un ejemplar de la Constitución española que recoge el derecho a la libertad religiosa que ha conculcado Zapatero
· José Luis Balvás, exdirector de estrategia de Zapatero

Muchas gracias también a:
- Los que vinisteis
- Los voluntarios de orden y de organización
- Los que reenviasteis la convocatoria
- Los que anunciasteis la convocatoria en vuestro blog, en Facebook o en Tuenti
- Los que ayudasteis – con vuestro dinero – a pagar las facturas

Zapatero, sin quererlo, ha contribuido de una forma muy eficaz a fortalecer el movimiento social en España. Ese es – en parte – su legado. Ese movimiento social, en diversos ámbitos, estuvo ayer representado en el acto de yorompo.org. Un movimiento que ha sido llamado como la “rebelión cívica”. Una rebelión que se manifestará, en forma de voto, el 9 de marzo.

Una vez cumplida su misión, sólo resta echar a Zapatero de La Moncloa. Ya queda muy poco.

Como podrás imaginarte, el alquiler del salón (el más grande del Hotel Convención), el sistema de sonido, las pantallas, el vídeo, las camisetas, los carteles y las pegatinas que se repartieron… han supuesto un gasto importante que ha sufragado íntegramente HazteOir.org. Si quieres ayudarnos a pagar ese importe, puedes hacerlo ahora pinchando en el siguiente enlace:

http://www.hazteoir.org/haztesocio/yo-rompo-con-zapatero/
Muchas gracias por todo lo que haces para recuperar las libertades en España.
Un afectuoso saludo,
Ignacio Arsuaga y todo el Equipo de HazteOir.org

ÉXITO DE LA CONVOCATORIA DE YOROMPO.ORG
Alcaraz, Balbás y Caja "rompen" con Zapatero en un acto para las "víctimas" del presidente
Ante un aforo repleto, varias personalidades críticas con el Gobierno han explicado, a una semana de las elecciones, las razones por las que "rompen" con Zapatero. De entre los asistentes, entre los que destacaban Francisco José Alcaraz, presidente de la AVT, y Francisco Caja, de Convivencia Cívica Catalana, estaba el socialista y ex líder de la corriente "Renovadores por la Base" José Luis Balbás, que también ha tomado la palabra.
EFE Libertad Digital 3 Marzo 2008

En el acto de la plataforma Yo rompo celebrado este sábado en auditorio del madrileño Hotel Convención, el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Francisco José Alcaraz, (que fue recibido en pie por los asistentes de la abarrotada sala), acusó a Zapatero de permitir que "De Juana Chaos pasee con su novia o que Otegi vuele en jet privado", diversos males que han asolado España en los últimos meses.

Leonor Tamayo, primera objetora de la asignatura "Educación para la Ciudadanía", afirmó que lo que busca el gobierno con la asignatura es educar "sin verdad y sin Dios". Lo que pretende es "educar a nuestros hijos para que crean en él, en un pueblo dormido y adocenado".

Francisco Caja, presidente de Convivencia Cívica Catalana, estaba también presente en el acto. Caja dijo que Zapatero "ha legitimado el terrorismo" y que "es un gobierno sangriento, que ha insultado a las víctimas con su negociación", mientras que José Ramón Nieto, afectado en la estafa de Afinsa, culpó al presidente del Gobierno del fraude de Fórum Filatélico por falta de control.

Francisco González, sacerdote evangélico presentado como "víctima del laicismo", calificó a Zapatero de "idólatra", mientras que José Luis Balbás, presentado como ex director de estrategia del presidente del Gobierno y a quien respaldó en el Congreso del PSOE que le alzó como candidato, dijo que Zapatero "no cree en nada y es una impostura".

ATACARON DOS VEHÍCULOS DEL PARTIDO
Miembros del PPC sufren otro intento de agresión por parte de radicales independentistas
La tensión de la campaña continúa haciéndose visible en incidentes protagonizados por radicales contra candidatos de distinto signo político. El de este domingo contra miembros del PPC, entre ellos Alicia Sánchez Camacho, ha sido especialmente violento. Entre insultos, han llegado a pinchar las ruedas de uno de los vehículos de campaña y a levantar otro un metro del suelo. Los hechos ya han sido denunciados ante los mossos.
Europa PressLibertad Digitalhttp://www.hazteoir.org/haztesocio/yo-rompo-con-zapatero/

En declaraciones a Europa Press, explicó que el grupo les increpó en la Cellera de Ter (Gerona) cuando "siete" militantes populares, encabezados por ella, se iban de este lugar tras haber pasado la jornada en la fiesta de la matanza del cerdo.

A la llegada de los populares, a la hora de comer, ya les molestaron, pero no volvió a ocurrir hasta la salida, sobre las 18.00 horas. A las 16.00 horas llegó la candidata.

Cuando se marchaban, los independentistas rodearon un coche de dos plazas del partido. "Cuando el conductor ya lo tenía en marcha", un vehículo para transportar palés levantó el coche "un metro", según el relato de Sánchez Camacho.

Los populares avisaron a los Mossos d'Esquadra, aunque siguieron recibiendo insultos hasta que llegaron los agentes. Además, el grupo que les increpaba fue a buscar el segundo coche de los populares, "en la otra punta del pueblo", y pincharon sus cuatro ruedas.

Este grupo llevaba pancartas con la leyenda 'Catalonia is not Spain' y gritaban a los populares 'Fascistas', 'Fuera de Catalunya', 'Id con Acebes' y 'Fuera, fuera, españoles'. "Y a uno de ellos le dijeron: "Ya sabemos dónde vives", denunció la candidata popular.

Ciudadanos pide a PSOE y PP que se comprometan a no pactar con los nacionalistas
Las encuestas que maneja el propio partido indican que esta formación tiene garantizado un escaño por Barcelona y cuenta con posibilidades de lograr uno en Madrid
Alrededor de medio centenar de militantes y simpatizantes del Partido de la Ciudadanía han marchado este domingo desde la madrileña plaza de Colón hasta las sedes federales del PP y del PSOE para solicitar su compromiso formal de que, tras las elecciones del 9 de marzo, no pactarán con los nacionalistas
EFE Estrella Digital 3 Marzo 2008

Madrid
Bajo el lema "¡Coge aire con Ciudadanos!", la marcha, encabezada por los candidatos primero y segundo de la lista al Congreso, Fernando Landecho y Jacobo Elosúa, respectivamente, cubrió la distancia entre las calles Génova (sede del PP) y Ferraz (sede del PSOE) para entregar un documento solicitando el compromiso formal de alcanzar pactos de Estado sólo entre partidos de ámbito nacional.

Según puso de manifiesto Jacobo Elosúa, cuando el voto nacionalista "sólo representa el siete por ciento del total, no es posible estos pequeños partidos tengan la llave de los ciudadanos".

Fernando Landecho, quien aseguró que el Partido de la Ciudadanía cuenta con 4.000 afiliados y más de 15.000 simpatizantes, puso de manifiesto que esta formación, "frente a otras" como UPyD, liderada por Rosa Díez, mantiene una estructura "plenamente democrática", en la que sus candidatos han sido elegidos por primarias y sus órganos de representación designados por un cauce de democracia interna.

Según Landecho, es preciso que los grandes partidos retornen a la senda de los grandes pactos para cuestiones importantes como el modelo de Estado, la Ley Electoral, la inmigración, la sanidad, la vivienda o la elección de un único modelo educativo "y no diecisiete fragmentados".

Espacio electoral
Afirmó que el Partido de la Ciudadanía busca el espacio electoral del centro-izquierda, "totalmente abandonado por los grandes partidos", y subrayó que su formación apuesta por la limitación de mandatos, las listas abiertas y la elección de todos los órganos de representación a través de elecciones primarias.

Jacobo Elosúa subrayó que, según las encuestas que maneja el Partido de la Ciudadanía, esta formación tiene garantizado un escaño por Barcelona y cuenta con posibilidades de lograr uno en Madrid y un segundo por Barcelona.

En su opinión, "un sólo escaño nuestro en el Congreso puede cambiar la política española más que 150 del PSOE o del PP", y consideró que el Gobierno central "no puede depender de grupos minoritarios" y debe cerrar definitivamente el modelo de estado y mantener una "estrategia de firmeza" para la derrota del terrorismo.

Boicot a los demócratas
Minuto Digital 3 Marzo 2008

Rosa Díez, ha acusado a la Policía Municipal de Madrid de tratar de “boicotear” el mitin que esta formación política tenía previsto dar en el parque de El Retiro.

En declaraciones a los periodistas, Díez ha señalado que su partido había pedido hace días autorización a la Junta electoral provincial para poder celebrar “un mitin en condiciones”, pero, ayer, cuando representantes de UPyD estaban repartiendo propaganda en El Retiro, “la Policía Municipal les dijo que no tenían autorización” y que, si intentaban celebrar el mitin, “llamarían a la Policía Nacional” para desalojarlos.

Cuando el camión que transportaba el equipo necesario para montar el mitin intentó acceder al parque, “no nos han dejado entrar, como si fuéramos delincuentes”, y media hora antes de la hora prevista (las doce de la mañana) ha llegado la autorización de la Junta Electoral, “pero ya era tarde” porque el camión se había ido.

“A esto se le llama boicot democrático, y quiero denunciarlo”, le decía Rosa Díez a los periodistas, y repetía luego cuando ya pudo comenzar el mitin, casi una hora más tarde de lo previsto y en condiciones muy precarias, con problemas de sonido y encaramada a una pequeña mesa, donde tuvo que compartir espacio con Mikel Buesa, candidato número dos al Congreso por Madrid, y con Álvaro Pombo, candidato al Senado.

Unión, Progreso y Democracia “no tiene dinero para alquilar locales, y nos mandan a la Policía para evitar que hablemos en la calle y que los ciudadanos hablen con nosotros”, señalaba Díez.

“Esto es un escándalo y algo verdaderamente lamentable y demuestra hasta qué punto quienes están en el ’stablisment’ no quieren que entre otra fuerza política, y tienen una idea de la democracia que se parece bastante poco a lo que es la democracia”, añadía la candidata.

“Yo he vivido situaciones similares a esta en el País Vasco, pero no creí que lo iba a vivir en el resto de España”, aseguraba Rosa Díez, que, según decía, se ha pasado “toda la vida defendiendo la libertad y la igualdad frente a los malos”, y ahora tiene que hacerlo “frente a los que se dicen buenos”.

Además, Díez recordó que sólo “los partidos que están en el sistema y tienen dinero” pueden enviar por correo las papeletas de voto a los ciudadanos. “Mandar un ‘mailing’ en Madrid cuesta un millón de euros. ¿Quién puede hacerlo? Sólo los que están en el sistema”.

“Es una carrera de obstáculos democráticos. Si no hubiéramos creado un partido para regenerar la democracia, lo tendríamos que crear ahora mismo”, subrayaba.

Díez cree que los grandes partidos “tienen miedo” de que llegue al Parlamento una formación como la suya que “defiende la unidad de España como único instrumento para garantizar la igualdad de los españoles” y prefieren que estén en las Cortes los partidos que “reniegan de la unidad de España para poder pactar con ellos”.

UPyD propone que, en la próxima Legislatura, se reformen algunos aspectos de la Constitución “para garantizar la igualdad”, y “el Estado debe recuperar algunas competencias, como la Educación. Eso es irrenunciable para nosotros”.

REPORTAJE
A más lenguas, menos español
El ideal de la UE de promover todos los idiomas choca con la realidad - A mayor cantidad de lenguas más crece una: el inglés
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS El País 3 Marzo 2008

Un tercio del presupuesto de la Eurocámara se destina a traducción
Las lenguas no son el euro. Mueven muchos más sentimientos
Cada nueva ampliación de la UE fortalece el inglés como lengua común
El español genera en Estados Unidos el triple de dinero que en España

Los idiomas han entrado en campaña. El 18 de febrero, José Luis Rodríguez Zapatero visitó el instituto Salvador Allende de Fuenlabrada (Madrid). Después de atravesar una nube de adolescentes que no paraban de hacerle fotos con los móviles, lanzó una promesa: en 10 años todos los alumnos que terminen la ESO hablarán inglés con fluidez.

También Rajoy promete un futuro políglota y, aun así, el optimismo electoral español va por detrás de las mejores intenciones de la UE. El documento de Maalouf para la Comisión se titula Un reto provechoso y su subtítulo resume bien su tesis: Cómo la multiplicidad de lenguas podría contribuir a la consolidación de Europa. Es fruto del trabajo de un equipo de nueve intelectuales, entre los que no se encontraba ningún español. Su objetivo es orientar las directrices sobre multilingüismo que la Comisión presentará en septiembre. No en vano, 2008 ha sido declarado, de forma mayúscula, Año Europeo del Diálogo Intercultural.

Al contrario que la ONU, que sólo considera oficiales seis lenguas (el inglés, el francés, el español, el ruso, el árabe y el chino), la UE reconoce como tales las 23 de sus 27 miembros, algo que genera no pocas anécdotas: cuando en 2004 ingresó Malta sólo se presentaron 40 candidatos para las 135 plazas de traductores del maltés, una lengua con algo más de 400.000 hablantes. Ese mismo año, la Unión conoció la mayor ampliación de una sola tacada. Pasó de 15 a 25 socios, en otros términos, los traductores del Parlamento, el Consejo y la Comisión pasaron de 4.000 a 6.000. En 2007 se les sumaron Bulgaria y Rumania. En cuatro años, las instituciones comunitarias han pasado de traducir millón y medio de páginas a casi el doble.

Un tercio del presupuesto de la Eurocámara se destina a labores de traducción e interpretación, pero en Bruselas ya es un viejo tópico matizar la cifra diciendo que esos servicios le cuestan a cada ciudadano lo mismo que un café al año. La UE no piensa, pues, abdicar de su defensa del multilingüismo, al que tiene dedicado un comisario. ¿Por qué? La respuesta atraviesa el documento de los intelectuales. "La diversidad lingüística", apunta Maalouf, "constituye el fundamento mismo de la idea de Europa". Además, sostiene, sería difícil defender la legitimidad de una Unión que se expresara en un idioma que no fuera el de cada ciudadano, sobre todo teniendo en cuenta que casi la mitad de los habitantes de la UE sólo entiende su propia lengua. "Si ignoramos alguna, corremos el riesgo de que sus hablantes pierdan el interés por las ideas europeas", continúa el autor de León el Africano, que concluye: "Las lenguas no son intercambiables, ninguna es imprescindible pero ninguna es superflua".

No obstante, la práctica indica que algunas son, como diría Orwell, más imprescindibles que otras. Si abre usted un pasaporte europeo por la primera página entenderá de un vistazo el mito de Babel. Pero si pasa página verá, junto a su foto, que el número de idiomas en los que se identifican sus datos personales se ha reducido drásticamente a tres. Se demuestra así un axioma que admiten incluso los mayores defensores del multilingüismo: cuanto mayor es la dispersión de lenguas mayor es la importancia de unas pocas comunes, es decir, cuantos más idiomas promueva la UE, mayor será el peso del inglés, el francés y el alemán, lenguas en las que se gestiona el 90% de los asuntos comunitarios. Sin olvidar que el primer borrador de casi todos los documentos comunitarios se produce en la lengua de Shakespeare.

"Es un proceso natural", afirma Francisco Rodríguez Adrados, académico de la RAE, que acaba de publicar Historia de las lenguas de Europa (Gredos). "Las lenguas están hechas para entenderse, y la excesiva diversidad dificulta la comunicación. Por eso la gente acude a una común. Así, la existencia de centenares de lenguas en América favoreció la expansión del español, que no necesariamente se impuso a golpe de espada, aunque alguno hubo. La prioridad era llevar la religión, no el idioma". Los misioneros se afanaron en ser fieles al principio de Pentecostés: predicar a cada uno en su lengua. Y el español se convirtió en la única lengua común entre comunidades diversas. Con todo, fue la independencia de las repúblicas americanas y la gran emigración del viejo al nuevo mundo lo que impulsó definitivamente el español. Hasta mediados del siglo XIX, sólo un tercio de la población americana lo hablaba. Sin perder de vista que era la lengua administrativa y conocerla aumentaba las posibilidades de promoción social. Cuando una lengua se convierte en camino hacia el poder, su uso se multiplica. "Como en su día el latín y hoy, el inglés", abunda Adrados. "Se hace más caso a la necesidad que a los decretos. Es una cuestión de utilidad, lo que los estadounidenses llaman poder blando".

La regla de que a mayor diversidad, mayor concentración no la sufren sólo las lenguas con pocos hablantes. Incluso una de tanta tradición como el francés vio mermada su influencia con la entrada en la Unión de Austria, Finlandia y Suecia en 1995. Las posteriores ampliaciones hacia el centro y el este no han hecho más que reforzar el peso del inglés y, aunque menos de lo previsto, fortalecer el alemán, el idioma que más europeos tienen como lengua materna. En ese ámbito, el demográfico, el español ocupa el quinto puesto tras el inglés, el italiano y el francés y al mismo nivel que el polaco. La hipotética entrada de Turquía en la UE, con 73 millones de habitantes, reordenará drásticamente esa lista y la correlación de fuerzas.

¿Qué hacer? ¿Resignarse a que los teóricos del europeísmo promuevan la diversidad idiomática mientras la práctica cotidiana tiende irremisiblemente hacia la concentración? Ante esa pregunta surgió el grupo encabezado por Maalouf. Y su respuesta se llama "lengua personal adoptiva", es decir, una tercera lengua distinta de la "identitaria" y de la internacional de comunicación (o sea, del inglés). "Tal y como nosotros la concebimos", afirma, "no sería una segunda lengua extranjera, sino más bien una segunda lengua materna". Elegida libremente y "aprendida en profundidad, hablada y escrita con frecuencia", se integraría en el trayecto escolar de todo ciudadano. Para aclarar su teoría, los padres de la propuesta recurren a Joseph Conrad. El autor de El corazón de las tinieblas tenía el polaco como lengua materna y usaba el francés como lengua franca, pero eligió el inglés para escribir su obra. Por el lado pragmático, la "lengua personal adoptiva" sería un plus en un futuro en el que el inglés será cada vez más necesario pero menos suficiente. Se trataría, además, de facilitar los negocios bilaterales entre países sin tener que pasar por una lengua ajena a los dos interlocutores.

"A veces se desaprovecha la proximidad entre las propias lenguas románicas y vemos a estudiantes italianos y españoles hablando en inglés", apunta Albert Branchadell, profesor de traducción e interpretación de la Universidad Autónoma de Barcelona y presidente de la Organización por el Multilingüismo. Para él, la propuesta de la lengua adoptiva es interesante pero "complicada como realidad a corto plazo. Sobre todo teniendo en cuenta que en España, el nivel de inglés es deprimente". Branchadell ha sido siempre muy crítico con el llamado internacionalismo lingüístico, que defiende la concentración. Uno de sus más brillantes estudiosos españoles fue Juan Ramón Lodares, autor de ensayos ya clásicos como Gente de Cervantes o El porvenir del español (publicados por Taurus). Lodares, fallecido hace tres años, insistía en que la tendencia a la selección lingüística es imparable por una razón básica: la gente no se pregunta por qué aprender una lengua, sino para qué. Defensor de una visión materialista de las lenguas, el filólogo resumía su punto de vista con un dato y una pregunta: "Antes de 1850 el territorio europeo que actualmente recorremos en francés e italiano, había de recorrerse en docenas de variedades idiomáticas. El hecho de que hoy se pueda andar por el mismo territorio con dos idiomas y una moneda, ¿ha sido una catástrofe para Europa?". En opinión de Branchadell, que polemizó largamente con Lodares, una de las mayores contradicciones del internacionalismo es que los que lo promueven para los idiomas de menor peso no la aceptarían para los de peso intermedio frente al peso pesado del inglés. "La reducción al inglés nunca tendrá el aval de ningún país", apunta. "Malta, que es bilingüe, podría renunciar a la oficialidad del maltés, pero ¿lo harían España o Alemania?".

A la eterna pregunta de si puede haber una identidad común sin una lengua común, Branchadell responde que adoptar el inglés tampoco generaría sentimiento de comunidad porque la vemos como una lengua instrumental: "La lengua de Europa es la traducción". Para él, la solución no es "ni el english only ni el multilingüismo sin fin". Existen, dice, casos intermedios que hay que pactar atendiendo a la soberanía de los Estados (aunque tenga lenguas pequeñas), a la demografía (donde, ya vimos, domina el alemán) o a su proyección internacional (el gran fuerte del español, una lengua más americana que europea por el número de hablantes nativos; además, según el Instituto Cervantes, de los 14 millones de personas que lo estudian como lengua extranjera sólo 3,5 millones lo hacen en Europa; 2,5 en Francia).

Por el lado institucional, el inglés está, pues, lejos de convertirse en el euro de los idiomas. Mueve más sentimientos y genera, en todos los sentidos, más literatura. Pero también genera dividendos. No es extraño que haya hecho fortuna la metáfora del español como una "empresa multinacional" que crece en hablantes nativos más que ninguna otra (exceptuando al árabe) y que ocupa el tercer puesto mundial. Otra metáfora afortunada es la de la lengua como "el petróleo de España".

Pero que un país produzca petróleo no quiere decir que lo refine y lo comercialice. De hecho, no sería descabellado que la explotación industrial del español -de la publicidad a la música, el cine o los libros- se establezca en países que no lo tienen como lengua oficial. Por otro lado, el reciente estudio Economía del español de la Fundación Telefónica apunta que si en el área de habla hispana se dispusiera de tantas líneas telefónicas como en los países anglófonos, la presencia de la lengua de Don Quijote en Internet se incrementaría en un 170%. Una cifra ya clásica es la que sitúa la potencia económica del español en el 15% del PIB del país. Una cantidad nada desdeñable, pero que no es más que un tercio de lo que el español produce en Estados Unidos. Se explica así que la entrada en campaña de los idiomas vaya más allá de Fuenlabrada. La web de Hillary Clinton alberga una ventana que reza "Página bilingüe". En la de Barack Obama el rótulo es más explícito: "En español".

 

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