AGLI

Recortes de Prensa    Domingo 16 Marzo 2008

La Plataforma y los modelos lingüísticos
PABLO GAY-POBES VITORIA El Correo 16 Marzo 2008

La sociedad vasca es una sociedad plural, y los ciudadanos que la conformamos representamos una realidad diversa. Esta diversidad la constata, por ejemplo, el cluster de sociolingüística en su informe de 2006 sobre el uso del euskera en la calle: la media de uso es del 14,2% en todo el País Vasco, aunque existen diferencias sustanciales entre los distintos territorios que lo componen. En Álava, los datos concluían que el uso del euskera en la calle era del 4,7%.

En atención a esta tozuda realidad que se viene repitiendo en el tiempo, durante el debate de la vigente Ley de Escuela Pública Vasca del año 1993 se estableció como pilar del proyecto de sistema educativo vasco la premisa de que la lengua vehicular de la enseñanza para el País Vasco sería desde entonces la lengua materna. En virtud de ese principio y del consenso alcanzado en torno al mismo, se establecieron los tres modelos actualmente vigentes. El modelo A recogía la demanda social y lingüística de aquellos vascos cuya lengua materna era el castellano, el modelo D acogía a todos aquellos cuya lengua materna era el euskera. Finalmente, se establecía además un modelo -siquiera experimental- de bilingüismo integral que debía ser progresivamente evaluado con el fin de determinar su nivel de eficacia. Para cumplir con el imperativo de la cooficialidad de las lenguas reconocidas en la Constitución y el Estatuto, se impartían en cada una de esas líneas clases de euskera y de castellano, respectivamente.

Desde hace algunos años y, desde luego, con la promulgación del decreto 175/2007 de 16 de octubre, el Gobierno vasco ha apostado por romper este consenso que con mejor o peor recorrido permitía a los padres adecuar sus intereses a la oferta educativa existente. En este proceso de ruptura unilateral del consenso en materia educativa se aplicaron inicialmente sistemas de discriminación positiva a favor del euskera. Con posterioridad, se inició una campaña de negación de la evidencia que todavía perdura y que se fundamenta en argumentar la falta de demanda social de las líneas en castellano y últimamente incluso de la bilingüe. Finalmente -con la promulgación del citado decreto- se da una vuelta de tuerca más en el engranaje que mueve la maquinaria del Departamento de Educación, que lo que pretende es implantar un modelo único similar al D actual, pero reforzado en la enseñanza del euskera.

El texto legal propuesto por el Gobierno -repleto de ampulosas declaraciones de principios- plantea dos únicos objetivos: a) establecer el euskera como única lengua vehicular de enseñanza y b) alcanzar un conocimiento del mismo tan elevado que no se va a poder estudiar otra cosa que euskera durante todo el periodo de educación básica. Los datos del IVEI -organismo adscrito al Departamento- son en este sentido muy reveladores. Ningún alumno del modelo A superó el nivel propuesto en el decreto; tampoco el 68% de los escolares del modelo B; pero es que ni siquiera uno de cada tres alumnos del modelo D lograron superarlo. Este último dato es todavía más sangrante si lo desagregamos por zonas lingüísticas, ya que el 59% de los alumnos del modelo D en zonas no vascófonas tampoco fueron capaces de aprobarlo.

La pregunta que nos hacemos ahora es cómo hemos podido llegar hasta este punto. Las respuestas son muchas y variadas, pero de lo que no cabe duda es que el instrumento utilizado por el Departamento de Educación del Gobierno vasco para ello ha sido la perversión del sistema de gestión indirecta de los servicios públicos a través del modelo de concertación implantado.

A nadie se le escapa ya que en un mercado libre -sin intervención administrativa alguna- la red de centros educativos privados situaría su objetivo estratégico de ventas sobre la base de la demanda real existente por parte de los padres que serían sus potenciales clientes. La educación básica es un servicio público prestacional -competencia de la Administración- que ha de ofrecerla a todos, de manera obligatoria y gratuita, velando además por el respeto a los principios establecidos en la Constitución y el Estatuto y con la debida calidad y exigencia de la misma. Cuando la Administración -con sus recursos- no es capaz de satisfacer dicha demanda, debe acudir a un sistema de gestión indirecta de dicho servicio a través de personas -físicas o jurídicas- que vengan realizando prestaciones similares a las que constituyen el servicio público, estableciendo las reglas de juego, el alcance de las prestaciones y declarando que dicha actividad es asumida por la Administración respectiva como propia. En materia educativa, el Gobierno vasco no está haciendo esto.

Presumiendo la rectitud de intención de algunos de los directores de centros privados concertados de Álava -que es el caso que yo conozco-, no comprendo la renuncia que con sus actos realizan a los principios que han inspirado su ideario a lo largo de más de 100 años, en algunos casos. Creo, y esto también es una opinión personal, que la perspectiva de un buen retiro o el rechazo a las estrecheces que implica la falta de recursos económicos y quizás el cansancio que genera la continua búsqueda de nichos de mercado en los que posicionarse para captar más alumnos está primando en algunos directores que -a cambio de lo que opinan justo, el dinero del concierto- se pliegan a las presiones lingüísticas del Gobierno que les paga.

No juzgo a los colegios, los entiendo, aunque no comparto su actitud. Lo que critico y lo hago abiertamente es el mal uso que desde el Departamento de Educación del Gobierno vasco se está haciendo del dinero de todos los contribuyentes. Lo identifico con aquel ahorcado al que le obligan a tejer su propia cuerda. Con nuestro dinero, el Gobierno vasco está imposibilitando el ejercicio de un derecho que nos asiste y muchos centros y asociaciones de centros están colaborando activamente en ello.

En fin, luchamos por defender un derecho fundamental con reconocimiento constitucional y construcción legal, como es el de educar a nuestros hijos en su lengua materna. El criterio reiterado y constante del Tribunal Constitucional así lo establece y todos -repito- todos los representantes sindicales, religiosos y políticos con los que la Plataforma se ha reunido hasta el día de hoy nos han dicho que tenemos razón en esta pelea y que nos apoyan. Es cuestión de tenacidad y perseverancia, así lo demuestra la Historia.

Falta de credibilidad sobre ETA
Editorial ABC 16 Marzo 2008

LA declaración de intenciones que ayer formuló Rodríguez Zapatero ante su Comité Federal tras las elecciones no deja de ser, en sentido estricto, un reconocimiento implícito de que su irresponsable intento por entablar una negociación «política» con ETA ha resultado un doloroso fracaso. ETA ha vuelto a matar y amenaza con seguir haciéndolo. Desde el primer momento en el que ETA declaró su alto el fuego -incluso desde antes, cuando los socialistas vascos ya planificaban el «proceso de paz» a espaldas del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, entonces vigente- la banda marcó la agenda a Zapatero, quien optó por dar un salto al vacío y renunciar a una auténtica política de Estado marginando al PP. Mucho hay de contradictorio en el nuevo discurso de Zapatero cuando ahora, tras haber revalidado su victoria en las urnas, asume por un lado los resultados electorales en el País Vasco como un aval ciudadano a su política respecto a ETA y, por otro, tiende una mano al PP porque «la práctica totalidad de los españoles quieren ver juntas a todas las fuerzas políticas en la lucha contra el terrorismo». «Por mí, y por nosotros, no va a quedar», son las palabras textuales que Zapatero dirigió ayer a su partido.

Aunque tardía, esta declaración de intenciones del presidente del Gobierno que más daño emocional ha infligido a las víctimas del terrorismo, que ha permitido el retorno de los herederos de Batasuna a las mismas instituciones de las que fueron expulsados con la ley en la mano, y que ha actuado con enorme opacidad, debe ser bienvenida. Sin embargo, durante cuatro años Zapatero ha demostrado tener un auténtico problema de credibilidad. Sencillamente, en la lucha contra ETA Zapatero ha demostrado no ser fiable porque su impulsiva negociación con los terroristas no sólo ha supuesto el acta de defunción del sólido instrumento que fue el Pacto Antiterrorista, sino que ha sido un balón de oxígeno para una ETA asfixiada. Apelar hoy a la colaboración de todas las fuerzas políticas sin excepción para la «completa erradicación de la violencia criminal» podría cimentarse como un buen primer paso si realmente la estrategia del Gobierno durante los próximos cuatro años se basara en una rectificación en toda regla de todo lo realizado hasta ahora. Pero Zapatero debe ser consciente de que las palabras sin acciones concretas no sirven de nada, y de que el Partido Popular está escarmentado y, por tanto legitimado, para exigirle algo más que una simple declaración de intenciones tras el engaño del «proceso de paz».
Por ahora, Zapatero se ha limitado a hacer un guiño, pero difícilmente su hoja de ruta podrá prosperar si en ella no figuran, como mínimo, un compromiso expreso para la recuperación del espíritu con el que fue concebido el Pacto Antiterrorista, la no instrumentalización de instituciones como la Fiscalía, una reparación moral al gran número de víctimas que han denunciado sentirse agredidas por el Gobierno, y la renuncia expresa a la autorización con que forzó al Congreso a avalar su intento de negociar con ETA. Nada de esto se ha producido desde el atentado de la T-4, y oportunidades no le han faltado. Mientras no se produzca el diálogo sincero con el PP que el PSOE ha eludido durante la pasada legislatura, la premisa con la que Zapatero inicia su segundo mandato quedará abocada a nutrir la enorme lista de argumentos retóricos con los que suele adornar sus declaraciones.

Conviene también observar con mucha prevención el doble objetivo de Zapatero de orientar su agenda política hacia el diálogo social para plantar cara a la desaceleración económica y de huir de los conflictos territoriales. Ambos igualmente quedan afectados por la misma quiebra de credibilidad. Por el momento, Zapatero se ha topado ya con muy serias reticencias en el PSC. La exigencia de Montilla a Zapatero para cumplir, como prioridad, sus compromisos para desarrollar el nuevo Estatuto, y el afán de los socialistas catalanes por condicionar los pactos del PSOE en el Congreso para que el tripartito no se vea amenazado con un reforzamiento de CiU desde Moncloa, van a suponer otro problema para Zapatero a la hora de gestionar su victoria y de engrasar las nunca apacibles relaciones entre el PSC y el PSOE.

Las próximas elecciones comienzan ahora
EDITORIAL Libertad Digital  16 Marzo 2008

A pesar de haber mejorado sus resultados con una participación electoral igual a la de hace cuatro años, es evidente que el PP no ha cumplido su objetivo, desalojar a Rodríguez Zapatero de la Moncloa. Tampoco en el nivel regional el partido de Mariano Rajoy ha satisfecho sus expectativas. Así, sus avances en Madrid, Valencia, Murcia y Castilla-La Mancha quedan empañados por la insuficiencia de las mejoras en Cataluña y Andalucía, dados los escaños en juego y las pérdidas de 2004. También ha estado por debajo del PSOE en Aragón, Asturias y Baleares, a lo que cabe añadir una preocupante bajada en Ceuta, Melilla y Galicia, donde sin embargo vuelve a ganar.

Así las cosas, corresponde al coordinador de la campaña electoral, Pío García Escudero, y al Secretario General del PP, Ángel Acebes, estudiar sin prejuicios las causas de unos resultados tan dispares, especialmente en algunas Comunidades Autónomas donde la subida de escaños se daba como algo hecho. Este análisis, ineludible tras cualquier proceso electoral, y más aún cuando éste se ha saldado con una derrota, debe incluir todas las hipótesis, comenzando por los errores propios. Algunos dirigentes provinciales del partido no han dudado en responsabilizarse de sus fracasos. Son los casos del alcalde de Oviedo, que no ocupará su escaño por Asturias, y el presidente del partido en Teruel, que puso su cargo a disposición del partido.

Nada peor tras la victoria del PSOE que un PP enrocado y sordo a las sugerencias y quejas que sus bases tengan que formular respecto a la designación de candidatos y al desarrollo de las campañas en los niveles autonómico y provincial. La única forma de ganar unas elecciones consiste en combinar un liderazgo nacional firme y claro y un mensaje coherente con una campaña que tome en cuenta las peculiaridades políticas, sociales y culturales de las distintas circunscripciones. A menudo los líderes de los partidos olvidan que el comportamiento electoral de los madrileños, que suelen votar en clave casi exclusivamente nacional, no es siempre la regla.

No hay más que reparar en las pérdidas socialistas en provincias como Cádiz y Murcia, donde las cabezas de lista populares eran personas perfectamente familiarizadas con su circunscripción, justo lo contrario que sus contrincantes del PSOE, para darse cuenta de que la coordinación entre jefes locales y provinciales y directores de campaña es fundamental a la hora de arañar unos votos vitales para conseguir ese escaño o senador de más, y así contribuir a la victoria global.

Por tanto, la primera pregunta que deben hacerse los equipos de la calle Génova es si hay algo que podrían haber hecho para evitar que en algunas zonas el PP haya retrocedido, y qué contribución pueden hacer los afiliados para mejorar la situación. Otra cosa bien distinta es la propalación de mensajes disgregadores, algo que no aporta ningún tipo de solución. A este respecto, ni las manifestaciones de Miguel Sanz ni las veleidades mediáticas de Montserrat Nebrera aportan algo positivo. No obstante, la mejor forma de evitar la disonancia es comenzar sabiendo dónde y cómo hay que afinar. Los políticos avezados saben que las siguientes elecciones no comienzan cuatro años después de las anteriores, sino el día después. Esperamos que el debate que debe preceder el próximo congreso del PP no entorpezca el estudio serio y desapasionado de estos comicios, sin duda la mejor forma de preparar los próximos.

LA RESACA ELECTORAL
Y ahora, la realidad
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 16 Marzo 2008

Si el asesinato de Isaías Carrasco introdujo brutalmente el principio de realidad en la campaña electoral, esa misma vuelta a la realidad espera tras el análisis de los resultados del 9 de marzo. La contemplación de la victoria o el abatimiento de la derrota tienen el recorrido limitado por los imperativos de una situación que exige decisiones y no deja margen para el intento de una prolongación complaciente de la legislatura anterior.

En ese sentido, las elecciones se han apartado del dilema tradicional entre continuidad o cambio. Se trataba de decidir -o eso parecía- quién habría de gobernar una realidad transformada, un estado de cosas cuyos perfiles más preocupantes están todavía por hacerse visibles. Y esa decisión ha recaído sobre José Luis Rodríguez Zapatero, que se encuentra en la peculiar posición de heredarse a sí mismo.

Rodríguez Zapatero ha conseguido prorrogar en la percepción de muchos ciudadanos su relato buenista y recoger los frutos de la estigmatización del Partido Popular. Con lo primero, ha buscado con éxito la benevolencia de los electores hacia sus apuestas fallidas. Con lo segundo, ha vaciado a la izquierda radical. La renuncia de Izquierda Unida y Esquerra Republicana a hacer oposición y su eficaz contribución a la demonización del PP han sido la más eficaz invitación a sus votantes para abandonarlas y sumarse al voto útil que Zapatero reclamaba.

Ahora bien, la combinación oportunista de 'buenismo y doberman' ha demostrado en los propios resultados del PSOE sus grandes limitaciones y las hipotecas ocultas bajo la victoria de Rodríguez Zapatero, que sale perdiendo en la comparación de su trayectoria electoral con la de sus antecesores Aznar y González. Pero no es sólo eso. Con la misma participación que en 2004 y el descalabro de IU y ERC, que los socialistas hayan subido unos pocos miles de votos apunta a una huida del voto de centro hacia el Partido Popular y la emergente UPyD representada por Rosa Díez. Puestos a romper paradigmas, el 9 de marzo no se ha podido decir que las elecciones se ganan en el centro. La dependencia electoral que arrastra Zapatero respecto a la izquierda más radical no dejará de tener consecuencias si los socialistas interiorizan la idea de que ahí está la clave de su continuidad en el Gobierno. Será necesario que se amplíen las franjas centrales del electorado para que sean éstas las decisivas en el futuro, lo que constituye el mayor reto que tiene ante sí el Partido Popular como alternativa.

Parece claro que Cataluña se erige en la referencia para la gobernabilidad y se convierte, por razones bien distintas, en el gran desafío político tanto para el PSOE como para el PP. Zapatero se enfrenta a la necesidad de diseñar y administrar una geometría extremadamente variable de acuerdos con un PSC consciente de su aportación absolutamente decisiva al triunfo socialista. La próxima sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán -cualquiera que sea su sentido- renovará las exigencias del catalanismo y pondrá de manifiesto que el triunfo electoral no cancela errores ni pone a cero el contador de las apuestas fallidas. Guste o no, lo cierto es que el Estado se encuentra en trance de sufrir una transformación que pocos niegan a estas alturas. Esta legislatura verá completarse esa mutación a través del desarrollo del Estatuto catalán. Rodríguez Zapatero, heredero de sí mismo, va a tener la dudosa fortuna de experimentar las consecuencias del sesgo confederal impulsado en la revisión del modelo territorial y que no parece que vaya a facilitarle ni la gestión política ni la económica.

Precisamente la desaceleración económica -una denominación que ya empieza a parecer un puro eufemismo- y la desconfiguración del Estado por obra de una revisión estatutaria marcada por el oportunismo y la improvisación deberían impulsar los acuerdos de Estado a los que se ha referido Zapatero y que, sin duda, encontrarían acogida en el Partido Popular. La estrategia de exclusión del PP practicada por los socialistas -Zapatero afirmó desconocer el Pacto del Tinell- y las hipotecas políticas que la victoria socialista ha de reconocer hacen dudar que esa apelación a los acuerdos de Estado sea auténtica y que, de serlo, resulta factible para Zapatero. En cualquier caso, ésa debería ser la opción de fondo por la que tendrían que decantarse el Gobierno y la oposición.

La alternativa a un esfuerzo genuino de aproximación al PP en los grandes temas de Estado sería para Zapatero la de recrearse en el proceso de recomposición interna del primer partido de la oposición ya iniciado. Sin embargo, el presidente del Gobierno se equivocaría nuevamente al minusvalorar la consistencia del PP, que ha obtenido un resultado electoral nada despreciable que, cuando menos, le permite afrontar su futuro con la serenidad que parece faltar en algunos sectores del centro-derecha. El PP es una fuerza política sólidamente instalada en el centro, que ha superado un periodo extraordinariamente difícil. Sería paradójico que fuera precisamente ahora cuando aparecieran desgarros internos que no han aparecido durante una legislatura tan exigente para la cohesión interna de este partido. Rajoy tiene ante sí la tarea de ordenar las expectativas de su partido y ampliar la proyección del PP hacia sectores que podrían encuadrarse electoralmente en esta opción. Seguramente el PP podrá comprobar cómo su diagnóstico de la situación, tantas veces tachado de catastrofista, resulta ser más ajustado y realista que la calculada pose optimista de Zapatero.

Tener razón no va a mover los resultados pero sí puede contribuir a corregir la monumental distorsión de la imagen del PP como 'derecha extrema' que tanto ha lastrado su potencial electoral. El Partido Popular debe ser portavoz de sí mismo y reforzar su capacidad para articular un espacio político plural. Las expectativas populares pasan por ocuparse prioritariamente de su proyección en Cataluña, donde la distorsión de su imagen -y también la inestabilidad de su liderazgo- han sido mayores. La gran distancia que le ha sacado el PSC, mayor que la diferencia global en diputados, no debería generar miedo escénico en los populares. El núcleo de su discurso, con una opción clara por el Estado autonómico, el equilibrio lingüístico, el pluralismo cultural, desmarcado de la disciplina social que impone el nacionalismo, tiene un espacio que debe delimitarse sin que el precio por ello sea cosechar altos niveles de rechazo o facilitar su estigmatización como anticatalán.

¡¡¡ROOOSAAA!!! ÉSTO NO PUEDE SEGUIR ASÍ
Francisco Rubiales Periodista Digital 16 Marzo 2008

Rosa no es "Nuestro hombre en la Habana", por obvios motivos, pero Rosa es nuestra mujer en el Congreso. Tú, respetada Rosa, lo prometiste y te llevaste nuestro apoyo. Por favor, no traiciones nuestra ilusión en recuperar la confianza en la democracia.

1.- Leemos con amargura unos y con sobresalto otros, el dinero que el Estado concede a los partidos políticos para gastos de campaña ( 0,79 euros por cada voto del Congreso y 0,32 euros por cada voto del Senado), con un total de 44.859.345 euros quesalen de las arcas del Estado.

De todos es sabido que UPyD, sin apoyo público ni de las entidades financieras, con las aportaciones de los militantes y con sus propios méritos, ha conseguido 303.000 votos.

Ante lo ocurrido con UPyD, cabe preguntarse ¿Es necesario gastar esa exorbitante cantidad de dinero para atragantarnos de eslóganes políticos, manipular encuestas y utilizar un sin fin de martingalas de mercadotecnia para conseguir que se les vote? ¿Es tan malo el producto que necesita de tanta publicidad?

2.- El reparto de escaños es tan impresentable que sobrepasa la burla que un ciudadano puede aguantar. Que un voto a Ibarreche valga seis veces lo que uno Llamazares o uno Rosa Díez nos retrotrae a los tiempos del cole, cuando un cromo de Zarra valía por tres de Eizaguirre o uno del Capitán Trueno se cambiaba por tres del Guerrero del Antifaz. Esto es un sarcasmo vergonzoso e intolerable, aunque Zp declarase ayer que el sistema, pese a que no es perfecto, lleva dando juego 30 años. Hombre claro, gracias a este sistema injusto y trucado los mismos siguen viviendo con lujo y sin mérito desde que murió el Caudillo.

La Ley D'Hondt, ya discutible, está alterada porque en España se ha añadido el factor “regionalista”, lo que la hace más injusta. Y se hizo sólo para contentar a los nacionalistas, una pretensión estúpida porque el nacionalismo, al vivir de la reivindicación permanente y del victimismo, jamás puede estar satisfecho. De hecho, en la España actual aprovechan sus ventajas electorales para convocar referenda anticonstitucionales y para conspirar contra la unidad, la convivencia y el Estado.

Apreciada Rosa, debes trabajar para que nos sintamos verdaderos ciudadanos. Queremos ver que te haces oír. Y si no te escuchan, informa de tus demandas a la Red y verás como de nuevo te apoyan los resíduos de democracia que quedan vivos en este país.

3.- Nunca olvides que representas a mucha gente, no sólo a los 303.00 que te votamos, sino a los pocos ciudadanos que quedan, a los demócratas que sobreviven en la oligocracia de partidos, a la gente honrada que exige la regeneración de la política y de los principios y valores, pisoteados por los falsos demócratas que viven del truco, la ventaja, el privilegio y el dominio.

Quienes te hemos votado no te debemos empleos, ni enchufes, ni recalificaciones de terrenos, ni somos unos trepas en busca de cargos y privilegios. Pero te pedimos que construyas el tercer gran partido del país, la formación política de la esperanza. La fuerza limpia que te respalda es la que debes sentir detrás cada vez que algún político te exhiba su rosario de escaños. Tú bien sabes que los estómagos agradecidos abundan. Tus votos darán la cara por ti las veces que sea necesario, siempre que tu no traiciones nuestros principios y sueños.

Ligur
Voto en Blanco

Problemas de estática
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 16 Marzo 2008

Quizá tardemos un tiempo en comprender lo que ha ocurrido el nueve de marzo. En todo caso, conforme se disipa la bruma, se van insinuando algunas siluetas, algunos perfiles. Es claro que ha descendido el nacionalismo, tanto en su vertiente radical, como presuntamente moderada. Y resulta no menos evidente que dicha sangría de los nacionalistas ha resarcido al PSOE de pérdidas o fugas por su flanco derecho. Imaginen que se nos hubieran transmitido estas noticias a mediados, por ejemplo, de los ochenta. Habríamos llegado a la conclusión de que España volvía a nuclearse alrededor de un concepto nacional. Si el receptor de la noticia hubiese estado poco impuesto sobre las peculiaridades de nuestro país, habría considerado, también, que a los socialistas no tendría por qué resultarles especialmente difícil metabolizar el voto venido de la periferia. El PSOE, en efecto, ha terminado merendándose, de forma progresiva, a IU, un partido que llegó a tener dimensiones respetables. Y ello no le ha obligado a asumir una política económica hostil al mercado. La idea de que las políticas de los gobiernos reproducen la composición del voto que los ha llevado al poder, no responde en absoluto a lo que nos enseña la experiencia. El ciudadano percibe contrastes o valores relativos. En consecuencia, es posible que se quede incrustado en un partido aunque éste no refleje su ideario -por emplear una palabra altisonante y un tantico decimonónica-. Le bastará con que el partido en que acaba de recalar destaque sobre el fondo de otro que le inspira menos confianza todavía.

Pero nos encontramos en el 2008, no a mediados de los ochenta. Y no somos marcianos sino españoles. Debemos registrar por tanto la realidad según es, no según nos gustaría que fuera. Ni España se está renacioanalizando ni le va a resultar sencillo al PSOE reciclar el atracón de nacionalismo que se ha dado en Cataluña. Vayamos por partes.
Hay muchas maneras distintas de seguir el movimiento de un voto. Podemos observarlo a medida que se aleja, esto es, situándonos en el lugar que ocupaba antes de moverse. O invertir el proceso. Yo propongo que adoptemos aquí el segundo procedimiento. Que, tras imaginarnos socialistas, comprobemos cómo llueven en campo propio los sufragios de Esquerra.

¿Por qué acuden esas papeletas? ¿Se están amansando acaso los chicos que queman banderas españolas o le rompen la cara a un orador cuyas ideas no aprueban?

No existe el menor indicio de que haya una mudanza de humor en Cataluña. Ello obliga a pensar que el PSC... ha empezado a caerles en gracia a los parciales de Carod-Rovira. La clave, en fin, no es que los nacionalistas sean menos nacionalistas que hace cuatro años. La clave es que el PSC y el PSE, son más nacionalistas ahora que entonces. Hecha esta constatación, podemos pasar al otro problema: ¿se las arreglará el PSOE para mantener al PSC dentro de los límites de la moderación territorial?

No. Una razón, es que es el PSC el que realmente ha ganado las elecciones, no Zapatero. La segunda razón... tiene que ver con los ángulos y las pendientes. Me explico: las consecuencias del Estatut son tan portentosas, que todo lo que sea dejarse ir implica ya romper la vajilla. Zapatero contó con dos ocasiones para impedir la deriva confederal. Antes del 2004, pudo romper con Esquerra cuando Carod se fue de palique a Perpiñán. Después, pudo permitir que el Estatut muriese en estado embrionario. Provocó el parto, a espaldas del PSC y confirmando al último en la voluntad de guardar distancias respecto de su socio mayor. Ahora el PSC es más independiente que nunca, puede más que nunca, y tiene más terreno que recorrer que nunca. Es imposible que se modere, máxime cuando le importa subrayar ante el electorado de su región que es mejor conseguidor, mucho mejor conseguidor, que CiU.

El desenlace paradójico es que el PSC forzará al PSOE, un partido nacional, a ejecutar una política nacionalista. Los costes de esta paradoja se comprenden bien usando el lenguaje del dinero. Con crecimientos del 4 por ciento en la economía, una formación muy votada en Andalucía puede permitirse el lujo de arrimar el ascua a los intereses catalanes. El superávit, y la alegría ambiente, harán invisible el agravio. Pero enfilamos una crisis que derivará con un alto grado de probabilidad en recesión. Lo invisible se hará visible, y el que se espatarre demasiado, se romperá por la horcajadura.

Vascos
JON JUARISTI ABC 16 Marzo 2008

SEGURAMENTE, las elecciones autonómicas tendrán, en la Comunidad Autónoma Vasca, un resultado muy distinto del que arrojaron allí las urnas el pasado domingo. Tan extendida se halla la convicción tácita de que éste no corresponde a las preferencias reales de la población, que a nadie se le ha ocurrido insinuar que el lehendakari o Urkullu deberían dimitir, como se les ha venido exigiendo a los otros cosechadores de derrotas. Existe la convicción, en definitiva, de que el desplazamiento de voto nacionalista hacia el PSE puede explicarse por el temor de cierto sector del electorado del PNV a las consecuencias de una confrontación entre el gobierno autónomo y el central si Ibarreche mantiene su decisión de celebrar el anunciado referéndum del 25 de octubre.

No se puede negar que algo hay de ello, pero es dudoso que ese sector sea más numeroso que el de los nacionalistas alarmados por el regreso del terrorismo. Éstos, evidentemente, ni por un momento han supuesto que al PNV le quepa alguna responsabilidad en este asunto. La decisión de negociar con ETA fue de Rodríguez, que marginó de las conversaciones con los terroristas a los partidos del Gobierno vasco. El PNV puso casi tanto énfasis como el PP en sus censuras de la negociación política de los socialistas con la banda. Y en eso tenían razón, con independencia de que su estrategia no haya variado desde los tiempos de Arzalluz y Garaicoechea. Como lo ha hecho siempre, el PNV reclama para sí todas las concesiones políticas que tengan que hacerse, en el doble supuesto de que sólo él detenta la representación legítima de los vascos y que la satisfacción de sus demandas privaría de argumentos a la izquierda abertzale e inclinaría el voto de Batasuna (y de sus sucesivos avatares) hacia las opciones nacionalistas moderadas.

Los votantes nacionalistas saben, sin embargo, que sólo un Gobierno socialista estaría dispuesto a poner en marcha un nuevo «proceso de paz». Una victoria electoral del PP habría alejado indefinidamente esa posibilidad. Como es obvio, el PNV confía en que, de darse un nuevo intento en tal sentido, el PSOE se plegaría a la fórmula que siempre se ha defendido desde Ajuria-Enea: negociación política con el Gobierno vasco y negociación puramente técnica con ETA, supervisada esta última por los nacionalistas. Está claro que el beneficiario de una operación semejante, en el improbable caso de que saliera medianamente bien, sería el propio PNV, al que afluiría el voto de los radicales. Los socialistas deberían renunciar a atraérselo, pero, al menos, podrían rentabilizar fuera del país vasco la desaparición de ETA.

El problema es que ETA -en toda su extensión, incluyendo a sus apéndices políticos- no es un compuesto de izquierda homologable a los socialistas y nacionalismo parecido al del PNV. ETA es otra cosa, un movimiento totalitario con una ideología, sobra decirlo, alérgica a todo lo que huela a democracia. Nunca aceptará una simple negociación «técnica» si no está vencida. Es posible vencerla, por supuesto, pero no con «procesos de paz» a la manera de Rodríguez ni del PNV. El Gobierno socialista es muy libre de emprender negociaciones políticas con Ibarreche y su partido, por supuesto, pero intentar justificarlas en función de una nueva estrategia para acabar con ETA sería un error.

Para Ibarreche y el PNV la situación postelectoral es bastante complicada. El aumento del voto socialista podría explicarse por consideraciones tácticas como las que se han aducido, pero, en cualquier caso, ha perdido por ahora la mayoría, lo que convertiría el desafío plebiscitario propuesto por el lehendakari para octubre en una insurrección a la desesperada. Mucho más si se tiene en cuenta que ETA no está siquiera fingiendo treguas, como hace un año. En rigor, mantener la amenaza del referéndum no sólo resulta absurdo: supone concurrir con la banda en la impugnación frontal del Estado (o sea, prolongar la estrategia del frente nacionalista de Estella). Después de diez años de gobierno, el saldo negativo de Ibarreche es demasiado gravoso para una comunidad autónoma que, desde luego, sufriría una implosión inmediata tras la anunciada consulta.

Nacionalismos e investidura
GERMÁN YANKE ABC 16 Marzo 2008

Ya lo veían venir y, en la última fase de la campaña, trataban de poner en valor, más que su importancia electoral, la que les da un sistema electoral en el que son muy difíciles las mayorías absolutas y el previo enfrentamiento entre los dos principales partidos, su papel en la gobernabilidad. Ese era su gancho electoral y la disculpa doctrinal ante lo previsible de su descenso en votos.

El BNG, que ya era claramente minoritario, se ha mantenido como estaba, aunque el partido nacionalista que se ha mostrado más contento, por haber sostenido igualmente su número de diputados, ha sido CiU. Pero la coalición catalana ha perdido más de 60.000 votos, lo que supone, asimismo, más del 7% de los conseguidos en 2004. El resto ha sido un desastre. El PNV ha dejado en la cuneta 120.000 votos y un escaño, quedando por detrás de los socialistas en las tres circunscripciones vascas. Lo de Esquerra ha sido, sencillamente, la debacle: 350.000 votos y 5 escaños menos. Si se tiene en cuenta que el sistema electoral castiga la proporcionalidad y premia a los nacionalistas, las cifras son más que significativas. Es lógico que en ERC se despierten las batallas y que en el PNV aparezca, más sórdida que silenciosa, la polémica sobre el callejón sin salida al que le han llevado los «planes» (el Plan y la política de alianzas políticas) de Ibarretxe. EA, por último, no ha logrado representación. Si la deriva de los nacionalismos ha ido de los intereses (a veces, por no respetar la igualdad, irritantes) a las exigencias de soberanía, el varapalo no puede considerarse sino una buena noticia.

El PSOE, sin embargo, no ha conseguido mayoría absoluta y su candidato, Rodríguez Zapatero, tiene que pasar el trámite de la investidura. Han empezado, por tanto, antes que las negociaciones, los globos sonda, aunque algunos sean más o menos espontáneos y poco o nada ratificados por el partido. Que si Duran i Lleida podría ser presidente del Congreso, dijeron algunos socialistas catalanes para quitarse, además, el mal trago de ver a José Bono en ese puesto. Que si el PNV debería ser, en estas circunstancias, un socio necesario, aunque a los socialistas vascos, triunfantes en los comicios, compatibilizar un acuerdo en Madrid con la oposición al tripartito en el País Vasco les asusta más que un nublado. Se sondea, en definitiva, más una abstención en la investidura, para evitar a sus ojos una dependencia del PP, que un apoyo que, en las actuales circunstancias, parece imposible.

O debería ser imposible, más bien, porque sería una mala broma que el PSOE, después de tan rotundo triunfo a costa de la desafección de los electores a los nacionalistas, terminara salvándoles de la derrota con cesiones y acuerdos políticos. En el caso de CiU, además de una exigencia de desarrollo estatutario que va más lejos de lo que razonablemente se puede pactar, está el problema de los acuerdos de gobierno en Cataluña, ya heridos por la bancarrota electoral de Esquerra. En el caso del PNV sería absurdo el entendimiento cuando sigue sosteniendo el proyecto de autodeterminación, incluida la esperpéntica consulta del 25 de octubre, mientras en su seno el sector de Egibar pide mayor radicalidad, como si su ausencia hubiese sido la causa de la pérdida de apoyo.

Esas circunstancias deben completarse con dos elementos. De una parte, parece mayoritaria la opinión socialista acerca de la conveniencia de gobernar en solitario con apoyos puntuales y, al mismo tiempo, acerca de la necesidad de variar el rumbo de la anterior legislatura y encontrar puntos de encuentro con el PP. En el otro lado, el de los populares, se oyen también voces sobre la utilidad de esos consensos ya que su ausencia ha sido una de las principales críticas estos últimos años. Incluso se apela a ello desde algunos, no todos, de los corifeos más recalcitrantes del PP. Rajoy anunció que, si ganaba, hablaría con el PSOE para negociar su abstención en la investidura, lo que no obliga a que ahora se le pida que lo haga él. La responsabilidad de salvar la investidura es del presidente que tendría que tomar la iniciativa y desplegar las propuestas. Es su responsabilidad y, si lo hace o no, revelará realmente si las cosas van a cambiar y si ha tomado nota del poco apego que suscitan entre los electores los que han sido unos socios claves en tantas fundamentales políticas.

España hacia atrás: la pinza del cangrejo radical-socialista
Alfonso Basallo elsemanaldigital 16 Marzo 2008

La victoria de los socialistas, que engloba el voto nacionalista, y la decisión del Constitucional sobre el Estatut amenaza al futuro de España como nación.

Ha querido el destino que las elecciones coincidan con el Bicentenario del 2 de Mayo, aquella aventura colectiva que culminó con la Pepa, donde echa a andar España como nación moderna, constituida por ciudadanos libres e iguales.

Los nacionalismos, parásitos económicos y morales, amenazan dos siglos después con dejar al Estado español más arrugado que una pasa, convertido en una ficción tan fantasmagórica como el zombi de Yugoslavia, después de la puntilla de Kosovo.

No quería ponerme trágico, pero los hechos son los hechos.

Las urnas acaban de reforzar la pinza radical-socialista. Aunque, aparentemente, los nacionalismos menguan en beneficio del bipartidismo (PP-PSOE), la realidad es que buena parte de su electorado ha transferido el voto al PSOE, quien les garantiza que va a colmar sus intereses y satisfacer su voracidad centrífuga. Zapatero inició el proceso la pasada legislatura, dando alas al Estatut, y lo va a coronar en esta.

Muy preocupante es, en este sentido, la deriva de Cataluña y País Vasco, las dos grandes vías de agua por donde se puede vaciar la unidad y las garantías de libertad e igualdad de la Carta Magna.

En Cataluña triunfa el PSC de Montilla, CiU mantiene su posición, y el PP es barrido. Y esto es sólo el aperitivo. El plato fuerte va a ser el aval del Tribunal Constitucional a un Estatut que, en la práctica, hace inoperante a la Constitución en aquella región española. Un hilo suelto en el tejido del Estado, del que irán tirando inevitablemente las demás autonomías, con sus reformas, hasta deshacer el jersey y dejar a España en bolas.

Cierto que esto no lo ha inventado Zapatero. Se ha ido incubando los últimos treinta años, mediante las cesiones de la Transición a la voracidad nacionalista, la tupida red clientelar tejida por el pujolismo, y la ausencia de contraste crítico en la sociedad catalana. El hecho de que el PP sea allí un cero a la izquierda tiene mucho que ver con la pérdida de Cataluña para la causa de la libertad.

Lo acaba de subrayar Vidal-Quadras. Si el PP quiere ganar la guerra electoral, no tiene otra alternativa que desembarcar en Normandía (Cataluña). Mientras no diseñe una estrategia sólida y eficaz para tomar esas playas seguirá condenado a vagar como ululante alma en pena por el arrabal de la oposición.

Siguiendo con el símil, el problema del Vichy catalán es que tenemos a un PSC colaboracionista; unos Petain complacientes con el nacionalismo, por debilidad (Piqué) o por ambición (Montilla); una sociedad aburguesada; una libertad de expresión amordazada (apenas hay medios de comunicación críticos con el establishment); y, a diferencia de la Francia ocupada, ni siquiera tenemos una Resistencia organizada y contundente (el PP).

Más endiablado es el caso vasco, donde el subidón socialista deja en evidencia la debilidad peneuvista. Sin embargo las deudas o compromisos contraídos por Zapatero con ETA y la propia complicidad del PSE de Patxi López en el culebrón de la negociación, ponen a Ferraz en una embarazosa tesitura. Así, tenemos por un lado a Zapatero al que le vendría bien el apoyo del PNV; por otro, a un López envalentonado que descarta un pacto mientras Ibarretxe no retire el referéndum de su plan soberanista; y en tercer lugar, a Iñigo Urkullu que, sin referencias concretas al referéndum, ha adelantado que en primavera presentará "un nuevo contrato renovado" con la sociedad vasca.

Todo ello aboca al horizonte confederal. Lo cual quedaría en una enésima ofensiva de las garrapatas catalana y vasca, si no fuera porque el Tribunal Constitucional da la puntilla a la Constitución -suprema ironía-, con la próxima aprobación del Estatut.

Buscarán una sentencia interpretativa, lo suficientemente escurridiza para privar de argumentos a los "España se rompe", tirarán los tabiques liberticidas más toscos y limpiarán los remates separatistas más antiestéticos... pero dejarán los muros maestros de la secesión controlada. Todo muy leguleyo, muy hábil. Una bomba de relojería que irá dinamitando poco a poco y como quien no quiere la cosa la unidad de mercado, algunos derechos y libertades esenciales o el principio medular de la igualdad de todos ante la ley.

Ya se sabe que no cabe hablar de una mujer medio embarazada. O todo o nada. Tampoco tiene sentido un modelo confederal. O Estado centralista o Estado federal. El de las Autonomías era un formato aceptable, con altas dosis de descentralización... una España federal en la práctica. Pero convertir las autonomías en entes soberanos es lo mismo que reciclar el país en una confederación, al estilo de las Trece Colonias americanas de 1776, tal como advierte el catedrático Jorge de Esteban. Y las confederaciones son etapas provisionales, pasos intermedios para terminar en uno de estos tres escenarios: la independencia de cada una de las partes, la integración de las mismas en un solo Estado, o la creación de un Estado Federal.

El disfraz del autogobierno apenas sirve para velar el verdadero rostro sececionista de quienes lo exhiben.

Ese es el juego que se traen entre manos el zapaterismo y sus amistades radicales.

ZP y el mal menor
IGNACIO CAMACHO ABC 16 Marzo 2008

POCAS veces se ha vivido en España una semana poselectoral con menos protagonismo de los vencedores. Todo el morbo mediático y la expectativa de la opinión pública ha recaído en el debate interno del PP, mientras el Gobierno recién reelegido provoca un entusiasmo manifiestamente mejorable. Se diría que los ciudadanos han salido de las elecciones como de pagar a Hacienda, unos cabreados por la factura y otros pensando que podría haber sido peor, mas ninguno contento ni transido de alborozo. Zapatero, al que hay que reconocer que no ha estado en absoluto arrogante, debería meditar siquiera unos minutos sobre esta patente falta de emociones colectivas alrededor de su triunfo; si lo del PP ha sido una derrota, aunque no exactamente un fracaso, lo suyo es una indiscutible victoria, pero no un éxito.

El presidente ha ganado porque muchos españoles lo han visto como un mal menor, asustados ante la posibilidad de un triunfo de la derecha. En ese sentido ha funcionado el efecto de los espejos deformantes, en los que la izquierda ha sabido proyectar al PP -con la colaboración de éste- para reflejarle una imagen monstruosa, autoritaria, ensotanada e intolerante. También porque el partido de la oposición ha minusvalorado al presidente, al que consideraban autoliquidado, olvidando que su inconsistencia ideológica esconde a un político extremadamente correoso y difícil de tumbar. Pero la atonía emotiva del triunfo socialista, la ausencia de expectativas ilusionantes en el proyecto zapateril, constituye una palmaria evidencia que da que pensar sobre el futuro. Nunca una victoria ha sido tan poco celebrada, ni ha generado tan perceptible galbana en un cuerpo electoral que parece haberse limitado a cumplimentar un trámite.

Esta falta de tensión podría considerarse un saludable síntoma de normalidad democrática si no fuese porque las encuestas -que por lo general acertaron meses antes el pronóstico, dicho sea a modo de desagravio a sus habituales errores- detectan hace tiempo una sensible desconfianza hacia un presidente trivial que ha gobernado con manifiesta insolvencia. De algún modo la radiografía social arroja un diagnóstico de fuerte pesimismo, nada alentador ante el desafío de una inminente crisis económica de proporciones inquietantes. Las cifras de facturación electoral del PSOE (menos incremento de votos y diputados que el PP y una peligrosa descompensación territorial de sus apoyos) y el fracaso casi general de sus ministros-candidatos no son datos para tirar cohetes, y esconden un mensaje de aviso para quien quiera verlo sin suficiencia. Zapatero ha ganado porque al final ha inspirado menos desconfianza que Rajoy, pero no más entusiasmo ni mayor ilusión. Y con respecto a sus propios soportes ha perdido palpablemente más apoyo, aunque gracias al voto útil nacionalista haya logrado sumar más respaldo ajeno. Con este panorama se puede engañar a sí mismo observando la superficie, pero si es honesto y perspicaz entenderá que ha recibido una advertencia. Por su forma de gobernar a partir de ahora sabremos hasta qué punto ha sabido entenderlo.

Islamistas fuera de control
Editorial ABC 16 Marzo 2008

LOS expertos están de acuerdo en el grave peligro que representa para España el islamismo radical, no sólo por razones políticas y geográficas, sino por la pervivencia a efectos de propaganda del mito de Al Andalus. Antes y después del 11-M, las Fuerzas de Seguridad han cumplido su tarea de desactivar células islamistas y poner a sus integrantes a disposición judicial. Según la información que hoy publica ABC, el 80 por ciento de aquellos que fueron privados de libertad en un momento determinado han salido ya de la cárcel, bien por haber sido absueltos, por haber cumplido condena o por hallarse en libertad bajo fianza. Muchos de ellos continúan viviendo en España en situación irregular y fuera del control de las autoridades cuando en muchos casos la solución más adecuada sería su repatriación. Sin vulnerar, por supuesto, la presunción de inocencia, es preocupante que 72 personas en espera de juicio circulen libremente por nuestro territorio sin garantía alguna de que sus propósitos sean pacíficos. Las Fuerzas de Seguridad cumplen con su deber y los jueces aplican las normas, pero ello no es suficiente para garantizar la seguridad pública si los responsables políticos no se toman en serio sus propias declaraciones sobre el peligro del terrorismo, que algunos califican con el eufemismo de «internacional». Para ello, deben aportar los recursos necesarios para no dejar resquicios que conviertan a nuestro país es un objetivo fácil para los fines criminales de quienes dicen practicar la «yihad» contra Occidente. En este sentido, es fundamental el desarrollo de una política preventiva que permita controlar en lo posible los focos de expansión y propaganda de las ideas extremistas.

Por eso es muy preocupante la denuncia de los funcionarios de prisiones acerca del proselitismo que practican muchos de estos individuos en relación con presos comunes susceptibles de ser captados para las actividades extremistas.
Al Qaida funciona a base de «franquicias» locales, de manera que cada célula terrorista actúa con relativa autonomía al servicio de la causa común. Las personas que circulan por nuestro territorio a pesar de sus cuentas pendientes con la Justicia pueden transmitir o recibir información o instrucciones susceptibles de ser utilizadas a la hora de realizar acciones violentas. Debe tenerse presente que la gran mayoría de los activistas radicales en España proceden del Magreb y que es notoria la expansión de las corrientes salafistas en países como Marruecos o Argelia. Con pleno respeto al ordenamiento jurídico, el Ministerio del Interior tendrá que buscar los medios para evitar que potenciales terroristas utilicen en su provecho las garantías que ofrece el régimen democrático en materia de derechos humanos. No servirá de nada rasgarse las vestiduras cuando sea tarde y, por supuesto, los antecedentes exigen actuar con la máxima prudencia y eficacia, siempre sobre la base de que la sociedad abierta tiene el derecho y el deber de defenderse de sus posibles enemigos.


"ES UNA PERSONA QUE SIENTE LOS COLORES DEL PARTIDO"
Vidal Quadras recomienda al PPC "cerrar filas" en torno a Sirera "para afrontar esta etapa"
Alejo Vidal Quadras ha defendido este domingo el papel de Daniel Sirera al frente del PPC tras los resultados del 9-M. Para el dirigente popular, lo que tendría que hacer su partido en Cataluña es "cerrar filas" en torno a un presidente que, "a diferencia de la etapa anterior, no tiene ningún tipo de complejo". En una entrevista en la Cope, el eurodiputado también ha analizado la influencia del atentado de ETA en los comicios y la unidad contra el terrorismo que ahora pide Zapatero.
Libertad Digital 16 Marzo 2008

En una entrevista en La Mañana del Fin de Semana, de la Cadena Cope, Alejo Vidal Quadras ha dicho que el presidente del Gobierno "hace bien en ofrecer unidad" ante ETA, pero sobre todo, en su opinión, "lo que debe hacer es practicarla".

Según el eurodiputado, el PP ahora "ha de establecer un diálogo con el presidente del Gobierno para ver en qué condiciones" y "con qué objetivos se puede definir una política antiterrorista que se base en la unidad de grandes partidos para derrotar" a ETA. Zapatero, en su intervención ante el Comité Federal del PSOE, no dijo si volvería a negociar con los terroristas.

Respecto a esta segunda legislatura con Zapatero al frente del Gobierno, Vidal Quadras ha lamentado que el presidente "no es que haya sido integrador, sino todo lo contrario". En su opinión, en los últimos cuatro años "sus políticas han enfrentado a los españoles" y ha puesto como ejemplo desde el Estatuto catalán, que "liquida la Constitución", como la política educativa o la Ley de Memoria Histórica.

"Todo ha sido, hasta hoy, lo contrario de integrador. Si a partir de ahora va a cambiar de estrategia, de técnica, de actitud, pues bienvenidas sean estas buenas intenciones", ha manifestado el eurodiputado.

"Un ejercicio ocioso"
El también ex presidente del PPC se ha referido en la entrevista a los resultados obtenidos por su partido en Cataluña. Según ha dicho, en una generales, "el resultado del centro derecha catalán vinculado con un proyecto español", que es lo que representa, en su opinión, su partido, "siempre ha tenido un resultado que ha seguido el resultado general español de manera muy fiel". Por ello, según Vidal Quadras, "atribuir culpas o méritos a la dirección catalana del partido es un ejercicio un poco ocioso".

"En cuanto a Sirera", ha continuado, "es una persona que siente los colores del partido y que a diferencia de la etapa anterior, no tiene ningún tipo de complejo o de reserva" frente a los nacionalismos, en alusión a Josep Piqué. Tras recordar que lleva "pocos meses", Vidal Quadras ha hecho una recomendación: en su opinión, lo que ahora debe hacer el PPC "es cerrar filas, estar unidos y trabajar juntos para afrontar esta nueva etapa".

La influencia del atentado de ETA
Preguntado sobre la influencia que pudo tener el atentado de ETA el último día de campaña en los resultados del 9-M, Vidal Quadras ha dicho que hacer una análisis sobre las consecuencias "de una tragedia así siempre es doloroso" aunque sí ha querido indicar que es algo "obvio" que el asesinato tuvo "una incidencia" en el resultado.

"Eso es elemental", ha continuado el eurodiputado, para quien el discurso de la hija de Carrasco "movió a muchos miles de votantes a votar y a votar en particular al partido que había sido objeto del ataque y que había movido esa corriente de simpatía" y de "solidaridad". "Eso no empaña ni quita legitimidad a la victoria", ha advertido Vidal Quadras. "Pero que el atentado movió algo el voto, no creo que haya ni que discutirlo", ha concluido.

ADIÓS AL INM, TRAS 147 AÑOS
El Gobierno retira el atributo "Nacional" de sus organismos, que ahora son "Estatales"
F. Díaz Villanueva / V. Gago Libertad Digital 16 Marzo 2008

El "Gobierno de España", como le gustó presumir a Rodríguez Zapatero justo a tiempo de la campaña electoral, ha empezado a retirar la palabra "nacional" del nombre de sus organismos, que pasan a llamarse agencias o museos "estatales". Uno de los primeros en perder la condición de organismo "nacional" es el Instituto Nacional de Meteorología, así llamado desde su creación hace 147 años. Ahora se llama Agencia Estatal de Meteorología. Los antiguos Museos Nacionales forman ahora la "Red Estatal de Museos".

El cambio ha empezado a aplicarse con sigilo y, de manera simultánea, en distintos Ministerios. El atributo "Nacional" ha empezado a desaparecer del nombre de los organismos públicos, siendo sustituido por el de "Estatal".

Una de las primeras entidades en sustituirlo en sus placas y membretes ha sido el venerable Instituto Nacional de Meteorología, fundado hace 147 años. Antes de las recientes Elecciones Generales, se retiró la antigua marca y se introdujo la nueva sin hacer demasiado ruido: "Agencia Estatal de Meteorología". Atrás queda una centenaria historia como organismo nacional y público del estudio y el pronóstico del clima.

Con 15 centros territoriales, 90 observatorios, 260 estaciones automáticas, 7 de radio sondeo, una estación viajera en el buque Esperanza del Mar, 18 radares meteorológicos, y 4.500 estaciones pluviométricas atendidas por voluntarios, entre otros recursos, el extinto Instituto Nacional de Meteorología era un símbolo de política pública con sentido genuinamente nacional.

El cambio coincide con la creación en Cataluña, al amparo del nuevo Estatuto, del "Centro Nacional de Meteorología de Cataluña", éste sí, con el atributo "Nacional" en su nombre. La creación de este organismo ha suscitado crítica entre los profesionales del clima, porque su funcionamiento replica y solapa el de los recursos de medición y observación que el antiguo Instituto Nacional de Meteorología tiene en Cataluña.

No es el único cambio en el nombre de organismos públicos. De un tiempo a esta parte, el Ministerio de Cultura ha lanzado una nueva marca para los antiguos Museos Nacionales. Ahora forman la llamada "Red Estatal de Museos". De nuevo, el cambio coincide con el acento "nacional" que las autoridades de la Generalidad de Cataluña ponen al nombre de su establecimiento emblemático, el "Museo Nacional de Arte de Cataluña".

La memoria histórica: Las fosas de Madrid
«El campesino» y los 150 cuerpos de Alcalá
Los investigadores calculan que en la antigua base de los paracaidistas puede haber un centenar y medio de cadáveres - Los historiadores señalan al comunista Valentín González como responsable
Las obras en el cuartel de Alcalá de Henares han destapado los restos de lo que puede ser una represalia comunista.
D. M. La Razón 16 Marzo 2008

MADRID- Valentín González, «El Campesino», uno de los personajes más polémicos del bando republicano, ascendido a héroe (y a general) por la propaganda comunista durante la Guerra Civil, «analfabeto y feroz» según Preston, tuvo su cuartel general instalado durante un breve periodo de la contienda en lo que hoy es el acuartelamiento «Primo de Rivera», hasta hace poco sede de la Brigada Paracaidista y en su momento proyecto de psiquiátrico, en la madrileña localidad de Alcalá de Henares. Los historiadores y cronistas locales señalan a este hombre como el más que posible responsable de los restos humanos hallados durante unas obras de remodelación del acuartelamiento a mediados de febrero. Los escasos huesos encontrados por el momento son, según los investigadores, una mínima parte de los contenidos en una fosa común que albergaría más de 150 cuerpos de fusilados.

El caso, según relatan, es que durante los años 1937 y 1938, la aviación del bando nacional realizó no menos de 130 ataques aéreos sobre la zona, en busca principalmente de dos objetivos: la base de carros de combate republicanos ubicada en esa localidad y el aeródromo «Barberán y Collar», a medio camino entre Alcalá de Henares y la cercana localidad de Meco.

En uno de los frecuentes ataques sobre la zona, bastión en el sur de Madrid de los republicanos, la aviación de Franco logró alcanzar el aeródromo, cabecera de la primera región aérea republicana, que comprendía las provincias de Madrid, Toledo, Guadalajara y Cuenca. Este éxito de los nacionales coincidió con la presencia en Alcalá de Henares de Valentín González. La destrucción del aeródromo, un duro golpe para la aviación republicana, despertó las iras de «el Campesino», que en represalia por esta acción fusiló en el acuartelamiento a más de un centenar de personas, como hizo con otras cuatrocientas en la Ciudad Complutense, hecho este tras el que el propio Azaña exclamó: «Si esto es la nueva España, es preferible la vieja».

Si efectivamente, como apuntan los historiadores consultados, los cuerpos hallados y los que quedan aún enterrados pertenecen a la represalia llevada a cabo por González, el dirigente del POUM Andreu Nin no está entre los restos hallados en la base militar. Tampoco apuestan estas mismas fuentes a que todos los cuerpos hallados sean de personas afines al bando nacional o a religiosos asesinados en la zona, crimen éste que también se atribuye a «el Campesino» en no pocas ocasiones.

El acuartelamiento sirvió también durante la contienda de cárcel, pero no sólo para los enemigos, sino también para los considerados traidores al bando republicano o a las facciones comunistas del mismo. «El Campesino» no dudó en ejecutar a todos aquellos que se le opusieran, o simplemente él mismo considerara que estaban rebelándose, dentro de sus propias filas, bien cuando estaba al mando de la V Columna o cuando se hizo cargo de diferentes divisiones dentro de las filas republicanas.

Los historiadores no descartan que en el interior de la base pudieran encontrarse más fosas, al tratarse también de un campo de prisioneros. Lo que sí parece descartado es que pertenezcan al periodo posterior al final de la guerra, ya que en esta localidad, los cuerpos de los fusilados por el régimen franquista eran devueltos a sus familiares.

En los alrededores de este acuartelamiento, y en la zona que se extiende entre Alcalá y Paracuellos y Torrejón podrían encontrarse otras muchas fosas comunes de asesinados en la masacre de Paracuellos de Jarama.

El hallazgo de esos restos humanos en el acuartelamiento «Primo de Rivera», silenciado por el Ministerio de Defensa, responsable del hallazgo por encontrarse en una instalación militar, puede ser sólo el principio de una serie de macabros descubrimientos. Pero la decisión de seguir con las excavaciones (detenidas por el momento) corresponde al juez que instruye el caso. La investigación judicial se centra en estos momentos en determinar el periodo exacto a la que pertenecen los restos. Una vez que este dato se aclare, el juez decidirá si se prosiguen con las excavaciones en busca de más restos humanos.

La secretaria de Estado de Defensa, Soledad López, indicó el pasado miércoles, durante la firma de un convenio con el Ayuntamiento alcalaíno, que sólo en el caso de que el juez que instruye el caso ordene que se excave más dentro del acuartelamiento, el Ministerio actuará.

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