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Recortes de Prensa    Lunes 17 Marzo 2008

Reflexión "irreflexiva" tras la derrota, y ante la tentación de ceder
Santiago Abascal elsemanaldigital 17 Marzo 2008

Autocrítica, renovación: son palabras "fetiche", demasiadas veces sin contenido, que los partidos repiten cuando pierden dulce o amargamente, y a veces envuelven intenciones "raras".

Al día siguiente de la guerra electoral, en el yermo campo de batalla comienzan a levantarse los heridos –a veces los muertos- y, aún en estado de shock, se lanzan a verbalizar los motivos del varapalo trazando apresuradamente estrategias para no volver a perder. En los casos más extremos, algunos -para no volver a catar la humillación de la derrota- deciden no competir en la batalla ideológica e incluso pasarse a defender los principios del enemigo. Y fallan siempre.

Hay algunas expresiones que se repiten machacona e ineludiblemente. Su vacuidad, su insignificancia, lejos de desterrar esas frases tópicas, las hacen tristemente recurrentes. Vayamos a ellas.

"Hay que pegarse más al terreno". Quien la pronuncia, normalmente piensa que él ya se pega lo suficiente al terreno pero que los demás –los compañeros causantes de la derrota- han de hacer no sé sabe qué giro provincialista, regionalista e incluso pseudonacionalista que supuestamente nos permitiría pescar en los caladeros de los separatistas. El problema es que nuestro cebo es un sucedáneo que no gusta tanto a los que han de picar como la lombriz original que les ofrecen los nacionalistas. Y el problemón es que en nuestros caladeros se mueren de hambre y pueden picar lo que otro les ofrezca o directamente optar por la abstinencia electoral.

"Tenemos que hacer autocrítica". Este tic verbal casi siempre significa que los demás tienen que hacer tal cosa, es decir que se va a empezar a criticar las posiciones y tácticas de los demás en función del resultado. Suele ser la variante elegante del "ya lo decía yo".

"Es necesaria la renovación de personas". Siempre, salvo la honrosa excepción de Zaplana, se propone renovar, relevar y cambiar a los demás. Los que repiten mucho esta frase normalmente quieren suceder a los que han de ser renovados.

Y la peor de todas: "Estamos para ganar elecciones". Reconozco que cuando oigo tal máxima ideológica me echo a temblar. Porque ¿estamos para ganar elecciones? No exactamente, o no principalmente. Estamos para representar a personas y para enarbolar principios que deseamos imperen y sean socialmente mayoritarios. Y ése es un trabajo costoso, a largo plazo. A veces trabajamos para que ganen elecciones quienes han de sucedernos. Porque si lo importante es exclusivamente, como dicen algunos, ganar y gobernar, bastaría con hacerse socialista en Andalucia, españolista en Castilla (como Bono), nacionalista en Cataluña, y del lobby gay en Chueca. ¿Así se ganaría? Lo dudo. Pero en todo caso ¿valdría de algo ganar defendiendo el mensaje del adversario?

Lo decía la semana pasada. Lo que no tiene que hacer el PP son cosas raras. Nosotros, a lo nuestro. Ni el PP catalán puede ser un adosado de CiU , ni el PP vasco un ente autónomo, ni en PP de Baleares puede jugar a tontear con el catalanismo, como dice sabiamente el alcalde de Calviá, Carlos Delgado. Porque así no sólo no se gana sino que se pierde lo que se tiene.

El PP es un partido nacional con un proyecto para una España de ciudadanos libres e iguales. Eso funciona en Madrid, Valencia, País Vasco y Cataluña. Y si no funciona hay que trabajar para que funcione. Primero convencer y luego –quizás- vencer. No se trata de llevarse el gato al agua diciendo cualquier cosa. En eso otros siempre se llevan la palma.

España hacia atrás: la pinza del cangrejo radical-socialista
Alfonso Basallo elsemanaldigital 17 Marzo 2008

La victoria de los socialistas, que engloba el voto nacionalista, y la decisión del Constitucional sobre el Estatut amenaza al futuro de España como nación.

Ha querido el destino que las elecciones coincidan con el Bicentenario del 2 de Mayo, aquella aventura colectiva que culminó con la Pepa, donde echa a andar España como nación moderna, constituida por ciudadanos libres e iguales.

Los nacionalismos, parásitos económicos y morales, amenazan dos siglos después con dejar al Estado español más arrugado que una pasa, convertido en una ficción tan fantasmagórica como el zombi de Yugoslavia, después de la puntilla de Kosovo.

No quería ponerme trágico, pero los hechos son los hechos.

Las urnas acaban de reforzar la pinza radical-socialista. Aunque, aparentemente, los nacionalismos menguan en beneficio del bipartidismo (PP-PSOE), la realidad es que buena parte de su electorado ha transferido el voto al PSOE, quien les garantiza que va a colmar sus intereses y satisfacer su voracidad centrífuga. Zapatero inició el proceso la pasada legislatura, dando alas al Estatut, y lo va a coronar en esta.

Muy preocupante es, en este sentido, la deriva de Cataluña y País Vasco, las dos grandes vías de agua por donde se puede vaciar la unidad y las garantías de libertad e igualdad de la Carta Magna.

En Cataluña triunfa el PSC de Montilla, CiU mantiene su posición, y el PP es barrido. Y esto es sólo el aperitivo. El plato fuerte va a ser el aval del Tribunal Constitucional a un Estatut que, en la práctica, hace inoperante a la Constitución en aquella región española. Un hilo suelto en el tejido del Estado, del que irán tirando inevitablemente las demás autonomías, con sus reformas, hasta deshacer el jersey y dejar a España en bolas.

Cierto que esto no lo ha inventado Zapatero. Se ha ido incubando los últimos treinta años, mediante las cesiones de la Transición a la voracidad nacionalista, la tupida red clientelar tejida por el pujolismo, y la ausencia de contraste crítico en la sociedad catalana. El hecho de que el PP sea allí un cero a la izquierda tiene mucho que ver con la pérdida de Cataluña para la causa de la libertad.

Lo acaba de subrayar Vidal-Quadras. Si el PP quiere ganar la guerra electoral, no tiene otra alternativa que desembarcar en Normandía (Cataluña). Mientras no diseñe una estrategia sólida y eficaz para tomar esas playas seguirá condenado a vagar como ululante alma en pena por el arrabal de la oposición.

Siguiendo con el símil, el problema del Vichy catalán es que tenemos a un PSC colaboracionista; unos Petain complacientes con el nacionalismo, por debilidad (Piqué) o por ambición (Montilla); una sociedad aburguesada; una libertad de expresión amordazada (apenas hay medios de comunicación críticos con el establishment); y, a diferencia de la Francia ocupada, ni siquiera tenemos una Resistencia organizada y contundente (el PP).

Más endiablado es el caso vasco, donde el subidón socialista deja en evidencia la debilidad peneuvista. Sin embargo las deudas o compromisos contraídos por Zapatero con ETA y la propia complicidad del PSE de Patxi López en el culebrón de la negociación, ponen a Ferraz en una embarazosa tesitura. Así, tenemos por un lado a Zapatero al que le vendría bien el apoyo del PNV; por otro, a un López envalentonado que descarta un pacto mientras Ibarretxe no retire el referéndum de su plan soberanista; y en tercer lugar, a Iñigo Urkullu que, sin referencias concretas al referéndum, ha adelantado que en primavera presentará "un nuevo contrato renovado" con la sociedad vasca.

Todo ello aboca al horizonte confederal. Lo cual quedaría en una enésima ofensiva de las garrapatas catalana y vasca, si no fuera porque el Tribunal Constitucional da la puntilla a la Constitución -suprema ironía-, con la próxima aprobación del Estatut.

Buscarán una sentencia interpretativa, lo suficientemente escurridiza para privar de argumentos a los "España se rompe", tirarán los tabiques liberticidas más toscos y limpiarán los remates separatistas más antiestéticos... pero dejarán los muros maestros de la secesión controlada. Todo muy leguleyo, muy hábil. Una bomba de relojería que irá dinamitando poco a poco y como quien no quiere la cosa la unidad de mercado, algunos derechos y libertades esenciales o el principio medular de la igualdad de todos ante la ley.

Ya se sabe que no cabe hablar de una mujer medio embarazada. O todo o nada. Tampoco tiene sentido un modelo confederal. O Estado centralista o Estado federal. El de las Autonomías era un formato aceptable, con altas dosis de descentralización... una España federal en la práctica. Pero convertir las autonomías en entes soberanos es lo mismo que reciclar el país en una confederación, al estilo de las Trece Colonias americanas de 1776, tal como advierte el catedrático Jorge de Esteban. Y las confederaciones son etapas provisionales, pasos intermedios para terminar en uno de estos tres escenarios: la independencia de cada una de las partes, la integración de las mismas en un solo Estado, o la creación de un Estado Federal.

El disfraz del autogobierno apenas sirve para velar el verdadero rostro sececionista de quienes lo exhiben.

Ese es el juego que se traen entre manos el zapaterismo y sus amistades radicales.

Español, no Estatal Sr. Zapatero.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 17 Marzo 2008

El Sr. Zapatero es muy dado a desvirtuar el sentido de las palabras y a discutir su significado. Todo con tal de no herir sensibilidades. Su última boutade ha sido dictar que se cambien todos los adjetivos de las Instituciones u Organismos que lleven la palabra "Nacional" por "Estatal". Creo que así es como llaman en los USA a las autopistas federales. Aquí las carreteras nacionales, ya son autonómicas o comarcales. El caso es fomentar la desvertebración por medio de la presión y expresión lingüística.

Pues si no le gusta la palabra nacional, porque en el batiburrillo de naciones en que se quiere convertir a España ya no hay manera de saber a qué nación se refiere, mejor sería entonces sustituirla por "Español o Española", cosa que inequívocamente alude a la palabra España de la que deriva. Así ya no habrá errores con Cataluña, El País Vasco, Galicia, y las quiméricas naciones que han crecido como setas.

Así pues, el INM Instituto Nacional de Meteorología que ha pasado a denominarse Agencia Estatal de Meteorología, podría cambiarse por el más apropiado de Agencia Española de Meteorología o Instituto Español de Meteorología. Dado que otras Comunidades Autónomas se han auto calificado de "naciones", siendo así que nación solo hay una según la Constitución y esa mal que les pese, se llama ESPAÑA. Por lo menos será así hasta que el Tribunal Constitucional no desautorice a la propia Constitución y la reinterprete según le convenga a este Gobierno y "lo que aconseje la jugada".

Pero ¿acaso le importa eso al PSOE o al Presidente electo Sr. Zapatero?. En absoluto, ya sabemos que solo ha dicho España en sus mítines electorales, para hacer creer que tiene una idea de lo que representa. Ha engañado a los electores ¿o no?, ¿quien lo puede saber?. Once millones de votantes no pueden hacerse los ignorantes sobre el escaso respeto que parece tenerse al significado de las palabras como nación, España, Unidad, Patria...

Otra maniobra del aparato de disgregación, para no interferir con las aspiraciones secesionistas y dictatoriales de los nacionalismos y las federaciones independentistas del propio PSOE, como el PSC de D. José Montilla. Lástima que no se haya cambiado el nombre a Josep y no hable un catalán académico o al menos popular del Ampurdán. Un charnego como molt honorable President, ¿pero en qué País vive la Sra. Ferrusola?. No sé de qué se asombra porque todo es posible en democracia y una persona de tez oscura puede llegar a Presidente de los USA. El sueño de Martin Luther King puede verse hecho realidad.¿veremos nosotros nuestro sueño de mantener una España unida hecho realidad?.

El problema es el PP
Pío Moa Libertad Digital 17 Marzo 2008

Recordaba el otro día Stanley Payne el historial negro, realmente negrísimo, del PSOE, sus asaltos armados al poder, su terrorismo y connivencia con el terrorismo, las checas, etc. A lo que habría que añadir una corrupción sin igual en ningún otro partido español del siglo XX, y ya es decir. Pues bien, que Zapo y su cuadrilla estén liquidando la Constitución de forma delictiva, aliándose con los separatistas y en negocios con la ETA, enredándose con las tiranías tercermundistas etc., y que encima pretenda hacer creer que es el centro de la democracia, todos esos desmanes y desvergüenzas son solo lo normal, la estrategia de Monipodio, lo acorde con el historial socialista, vamos, lo que puede esperar cualquiera que conozca realmente la trayectoria de este partido y sus siniestros personajes. Cierto que pocos la conocen realmente, pero no porque no esté escrita, ampliamente escrita, gracias a las riñas entre ellos y al testimonio de numerosos socialistas conocedores del percal, de Besteiro para acá. Si los hechos no son conocidos con amplitud se debe a que, al revés que los comunistas, los fulanos de los "cien años de honradez" nunca han sido desenmascarados a fondo, gracias a que el PP ha preferido "pasar página", "mirar al futuro", ofrecer un "perfil bajo" y seguir las iniciativas sociatas, atenuándolas un poco, para posar de "centrista" y que no le llamen "facha", insulto ante el cual se mete bajo la cama. Uno de los grandes éxitos propagandísticos de Monipodio ha sido definir a ese pobre PP como extrema derecha, obligándole una y otra vez a aceptar lo inaceptable para no pasar por tal.

Que el PSOE actúe así es lo lógico. Lo anormal es que la oposición obre como lo viene haciendo. No dudo de que con ello representa a un sector de la opinión pública absolutamente resuelta a aceptar cualquier cosa si su plato de lentejas queda a salvo. Pero a otro sector de la opinión no lo representa, sino que lo engaña pura y simplemente, haciéndole creer que defiende lo que en realidad no defiende y creando con ello una peligrosa anormalidad democrática. Y en función de una supuesta conveniencia de la unidad de la derecha queda neutralizada, una y otra vez, cualquier oposición real. En fin, ahí tenemos a quienes insistían en que "la prioridad era echar a Zapo", y a ella debía supeditarse cualquier crítica.

Tal vez la sociedad esté tan echada a perder después de tantos años de mentira sistemática sobre su realidad e historia, que solo queden esos grupos patéticos que no se sabe si quieren volver al franquismo o crear un estado teocrático, o más propiamente clerocrático.

Un síntoma esperanzador ha sido la iniciativa ciudadana que estos años ha movilizado a cientos de miles de personas en las calles, iniciativa explotada –con renuencia– por el PP de Rajoy. Movimiento, empero, inorganizado y sin objetivos claros. Habría que trazar un programa de regeneración democrática con unos puntos precisos, con una denuncia precisa de la situación, y desde él tratar de ganar a la opinión pública. Se observa mucha inquietud y mucha gente que da vueltas de acá para allá, deseosa de hacer algo pero dispersa y sin efectividad práctica. Mientras así continúe la situación, Zapo Chikilicuatre y los suyos tendrán la sartén por el mango.

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El PP recuerda a Zapatero que las víctimas fueron "las grandes olvidadas" de su gobierno

Pues no, señores, Zapo no se ha olvidado un momento de las víctimas directas (¿o es que el conjunto de la sociedad no es víctima a su vez de los terroristas y de la connivencia del gobierno con ellos?). Zapo no ha cesado de hostigarlas, dividirlas e intentar silenciarlas. Quien se ha olvidado de esas víctimas, quien solo ocasionalmente las ha defendido y aun así con "bajo perfil", ha sido, ¡precisamente! el PP.

Rajoy y la derecha garbancil
José Carlos Rodríguez Libertad Digital 17 Marzo 2008

Hay un mal en la derecha española, en la derecha descreída de la que habla Federico Jiménez Losantos. Un mal enquistado y permanente, mitigable pero invencible, que es el garbanzo.

Manuel Fraga aleccionaba a Felipe González, en plena década de los Gal, con el precio de los garbanzos, entre la risa floja y la condescendencia del socialismo aún patrio. Aznar, nada más llegar al poder, se olvidó de la regeneración democrática que había prometido en campaña y mantuvo la estructura de politización de la justicia y con ella del resto de las instituciones dizquedemocráticas. Le faltó verdadera ambición o sucumbió al atávico atractivo del poder. Y buscó la legitimidad en el éxito económico y en la "normalidad", esto es, en el mensaje de que el centro derecha en el poder no era el ogro cuartelero y robapensiones con que Prisa y TVE identificaban al PP.

Mariano Rajoy ha acertado al seguir al frente del PP tras la derrota electoral; ha salvado a su partido de una lucha que hubiese abierto las heridas, entre hachazos y puñados de sal de sus medios enemigos. Se presenta para renovar el apoyo unánime del partido a un equipo que combine la relación de fuerzas con sus preferencias. Pero Rajoy está amarillo de garbancilismo; su campaña se ha basado en la situación económica, en la constatación de que el Gobierno ha despreciado el bolsillo de los españoles y la apelación del recuerdo colectivo de que el PP sabe gestionar la economía y los socialistas, no.

La crisis no ha hecho más que asomarse, y cuando se le vean las fauces el crédito del Gobierno se hundirá. Los problemas de seguridad e inmigración vendrán de la mano del paro; y entonces todo el mundo recordará que Rajoy hablaba de integración, de derechos y de deberes de los inmigrantes. Y miles de españoles reticentes sentirán que es él quien habla de los problemas que en realidad le atañen. Rajoy ha hecho este cálculo y espera que su ábaco le lleve a La Moncloa en 2012.

Pero Zapatero ha salido reforzado de las urnas y piensa llevar su proyecto político a término. Al PP se le tolera, siempre que admita la culpa de existir, sin muchas pretensiones. Entonces se le cuelga el cartel de "derecha civilizada". Eso sí, ante cualquier protesta por el cierre de este o aquél medio, la persecución de los periodistas incómodos, el uso político de la Justicia, Educación para la Ciudadanía o el acuerdo con ETA y el PSOE (que se define como el partido central de la democracia, el que reparte bulas de legitimidad en España) le cerrará la boca o le cortará las alas con el BOE en la mano. Ni un paso más allá del cordón sanitario.

Pero ante ese proyecto los platos de garbanzos no aseguran nada y el ábaco de Rajoy puede quedarse corto de cuentas. Hay que mirar a los socialistas a la cara y decir que no se está dispuesto a permitir ni un solo atropello de la libertad de los españoles. Aunque para eso hace falta levantar la mirada algo más allá de la economía, dar verdadero contenido a los manidos "valores" y proclamar que no se está dispuesto a reconocer a los demás el derecho a tolerarte o no. Hace falta el convencimiento de que la libertad y los derechos de la persona están por encima de cualquier consideración y de que el PP es el partido que se identifica con ellos. Si Rajoy es o no la persona adecuada para ello lo veremos a partir de junio.

José Carlos Rodríguez es miembro del Instituto Juan de Mariana

Imprescindible, una nueva ley electoral
Luis de Velasco Estrella Digital 17 Marzo 2008

Esta vez parece que la demanda por una nueva ley electoral puede crecer y alcanzar el impulso que hasta ahora no ha tenido. Los resultados de las recientes elecciones han sacado a la luz, otra vez, las enormes injusticias, incluso el carácter profundamente antidemocrático, de la norma vigente, palmaria muestra de que esa realidad de “una persona, un voto” no funciona en nuestro país. No todos los votos valen lo mismo, ni mucho menos. Es cierto que no hay sistema perfecto. Pero entre la “comedia dell´arte” del sistema italiano, estrictamente proporcional y que asegura la inestabilidad en el gobierno del país y la “comedia bárbara” del sistema español hay un término medio que es el que hay que buscar.

Las cifras, presentadas de muy diversas maneras durante estos días, son bien conocidas. Si Izquierda Unida con más de novecientos mil votos obtiene dos escaños, UPyD con los mismos trescientos mil que el PNV consigue uno por seis de éstos. A ese partido le bastan poco más de cincuenta mil votos para conseguir un escaño, al PSOE y al PP poco más de sesenta y cinco mil, a CiU poco más de setenta mil y a ERC cerca de cien mil. Así que está claro que los grandes perjudicados son los partidos pequeños que tienen alcance nacional y los grandes beneficiados, los dos grandes y los nacionalistas. Los primeros, reinan y los segundos, ejercen de bisagra y pasan su creciente factura.

Un disparate, pero no casual pues así se diseñó el sistema en la famosa transición y ha generado tantos intereses que es muy difícil reformarlo. Todo un esquema de poder, representado no sólo por esos partidos sino por intereses muy poderosos, quiere mantenerlo buscando asegurar un bipartidismo que garantice lo que ellos entienden por “gobernabilidad”. Pero ocurre que ese bipartidismo tiene en nuestro país la particularidad de las permanentes e insaciables fuerzas centrífugas de los nacionalistas y esa contradicción puede llevar a esos centros poderosos a reflexionar seriamente sobre la funcionalidad del sistema.

Una parte importante de la ciudadanía ejerce lo que se llama el “voto útil” (fomentado además por los grandes), lo que supone que el sistema vigente penaliza doblemente a los ya perjudicados. No hay duda de que si el sistema fuera más justo, ellos obtendrían no sólo más escaños sino también más votos. Se han presentado diversas propuestas de reforma, todas ellas buscando mayor justicia. Soluciones técnicas, hay de sobra. Lo que falta es voluntad política de los grandes beneficiados por el sistema.

En un reciente libro, Is democracy possible here?, Ronald Dworkin distingue entre “democracia mayoritaria” y “democracia de asociados” (partnership democracy). En este segundo concepto, que el autor prefiere, “las decisiones de la mayoría sólo son democráticas cuando se cumplen ciertas condiciones que protegen el papel y los intereses de cada ciudadano como socio (partner) en esa empresa. En esta democracia, una comunidad que permanentemente ignora los intereses de grupos minoritarios es no democrática por esa sola razón”. Si en nuestra blanda democracia, se quiere de verdad una regeneración, habría que tener en cuenta esas palabras y empezar por aplicarlas con una nueva ley electoral que asegure justicia en la ceremonia más representativa de la democracia, la única para la inmensa mayoría, como es la de votar.

Ante el problema vasco
Editorial El Correo 17 Marzo 2008

LA amplia victoria de los socialistas en el País Vasco debería implicar una nueva etapa política en esta comunidad y, especialmente, la posibilidad de contribuir decisivamente a la terminación de una historia dominada por las imposiciones del nacionalismo y la falta de libertad de los no nacionalistas. La mayoría de escaños del Partido Socialista de Euskadi puede ser, en efecto, el punto de inflexión, iniciado indudablemente en 2001, cuando socialistas y populares apostaron por la alternativa constitucional, del cambio político tantas veces reclamado para una comunidad en la que el único conflicto existente es que el enfrenta al nacionalismo y al terrorismo, cada cual con sus propios medios y formas, con la pluralidad de la sociedad vasca. Deberían servir, como antecedentes de errores irrepetibles, los años de cogobierno del PSE con el PNV, hasta 1998 -cuando los nacionalistas ya estaban negociando con ETA el pacto de Lizarra-, que dieron cobertura al nacionalismo para asentar su hegemonía con el pretexto de que era la mejor manera de contener a ETA. Igualmente debe recordarse cada tregua aprovechada por los terroristas para reforzarse y para provocar confusión entre los demócratas. Por tanto, ni la colaboración con este PNV, que expulsó a Josu Jon Imaz por sus veleidades pactistas, ni unos nuevos experimentos temerarios de negociación con ETA serían opciones válidas para alcanzar la única normalización pendiente en el País Vasco, que es el disfrute efectivo y real por cada uno de sus ciudadanos del régimen de libertades y derechos establecidos por la Constitución.

La tesis de que el Gobierno socialista pudiera negociar un nuevo Estatuto de autonomía con el PNV como moneda de cambio para neutralizar el referéndum soberanista anunciado por el lendakari Ibarretxe para octubre, sería un mal planteamiento de partida. El problema vasco no está en el Estatuto -cuya modificación confirmaría al nacionalismo radical y a ETA en que sus diagnósticos sobre el carácter político del «conflicto» son acertados- sino en el incumplimiento de la Constitución y en la violencia terrorista. Con una mayoría formalmente no nacionalista, como la que obtuvo el PSE el 9-M, el objetivo de enmendar ambas carencias estructurales de la sociedad vasca debería ser la prioridad del nuevo Gobierno. Y la experiencia del Estatuto catalán no es alentadora porque rompió el consenso con el PP y desfiguró el modelo constitucional del Estado autonómico. Hoy el autogobierno vasco está en sus límites constitucionales máximos y no hay razón ni margen para ampliarlo. La autocrítica que anteayer realizó la asamblea del PNV ante la paulatina caída de su apoyo electoral -el tiempo determinará si es sincera o no- debería pasar primero por admitir que lo que está agotado es el abuso y la deslealtad con los que el nacionalismo se ha beneficiado del Estatuto de Guernica para hegemonizar la autonomía sin tener que responder de las gravísimas carencias democráticas que lastran la libertad de los no nacionalistas.

De centro, nada
POR IGNACIO CAMACHO ABC 17 Marzo 2008

DIME de qué presumes y te diré de qué careces. Zapatero se ha agarrado a la cantinela de que el PSOE es «la fuerza central de la democracia» justo cuando más centralidad ha perdido, cuando más se ha alejado del centro político en el que la mayoría de los españoles cree encontrar -al menos de boquilla- un término de deseable templanza. Cualquier vistazo, por sesgado que sea, a los resultados del 9-M arroja una conclusión incuestionable: el PSOE ha ganado al rentabilizar un frentismo contra el PP, un voto útil de la izquierda y los nacionalismos que constituye una coalición de hecho frente al partido que representa, aunque no siempre lo ocupe, el espacio del reformismo liberal y centrista.

Al presidente le ha salido bien la estrategia de reflejar al PP en un espejo deformante que lo proyecta como una fuerza ferozmente retardataria y catastrofista, lo que le ha valido para aglutinar el voto del miedo y de los extremistas, pero eso es una cosa y otra que él mismo se crea su propia y eficaz falacia. Aunque en su empeño victorioso haya colaborado una derecha obstinada en renunciar a sus mejores perfiles moderados, el análisis complejo de los datos electorales muestra que se ha producido un sensible corrimiento de voto socialista hacia la candidatura de Mariano Rajoy, si bien una parte se ha remansado en la vía tercerista de Rosa Díez. Tironeado desde las fronteras más duras del PP y desde el ala del radicalismo izquierdista, el centro quizá esté hoy más vacío que nunca en el último cuarto de siglo en España, pero desde luego lo que no está es ocupado por el PSOE, cuya victoria se basa en el respaldo de antiguos electores de IU, de ERC, del PNV, del BNG y de otros grupos de la diáspora periférica. Muy al contrario, lo inquietante de esta consolidación bipartidista que ha consagrado la jornada electoral consiste en que el presidente del Gobierno representa en buena medida las aspiraciones de todas esas fuerzas rupturistas, mientras pierde apoyo entre quienes creen en una socialdemocracia de cohesión nacional que representó el Partido Socialista durante la etapa del felipismo.

Si la proclamación de centralidad política es una declaración de intenciones sobre la dirección en que piensa abordar su segundo mandato, bienvenida sea. Es de temer, sin embargo, que se trate de un sofisma teórico, destinado a sostener el aislamiento del centro-derecha mediante el dibujo trucado de un mapa político engañoso, en el que a un lado estaría el PP y a otro el nacionalismo. Algo parecido a lo que, de modo más descarnado y brutal, intentó durante el «Proceso de Pazzzzzzzz» al presentarse a sí mismo en un punto intermedio entre los populares y ETA.

Al menos durante el pasado mandato, la agenda del rupturismo, el proyecto de centrifugación del Estado (González dixit) y de radicalidad legislativa lo dirigió Rodríguez Zapatero, y ése el verdadero programa que ha presentado, con éxito, a las elecciones. Si lo piensa cambiar estamos de enhorabuena, pero los perfiles de su personalidad política invitan a pensar lo contrario. Si quiere ocupar el centro, lo tiene fácil: le basta caminar hacia él con la decisión en que hasta ahora lo ha hecho en sentido inverso.

Primero la economía, después la política
Ignacio del Río Estrella Digital 17 Marzo 2008

Zapatero ha paseado su triunfo por el Comité Federal del PSOE tranquilo, sosegado y en olor de incienso que se mezcla con el azahar de la primavera y la cera quemada de los pasos procesionales. Con suavidad, pero con contundencia ha lanzado algunos mensajes al éter de los partidos.Quiere recomponer la unidad en la lucha contra el terrorismo y le dice a Ibarreche que está dispuesto a ponerse trabajar en la reforma del Estatuto Vasco, con la clara indicación de que ese el camino acertado frente al disparate del referéndum secesionista.El PNV sigue grogui después del resultado electoral y tendrá que recomponer la figura si quiere llegar en buenas condiciones a las elecciones vascas.La respuesta del PP,por boca de Astarloa, pidiendo que previamente cesase la violencia de ETA para reformar el Estatuto, es un error estratégico, visto lo visto, y una derivación que solo puede explicarse en la resaca electoral que ,como la cuaresma, debe ser tiempo de meditación y silencio.

En la agenda de Zapatero consta en primer lugar la economía, salvada la investidura con comodidad después del turno de negociaciones con las minorías. El pacto con CIU no parece probable, al menos en este momento procesal, ni por uno ni por otros. Dar a los convergentes, que han mantenido el tipo electoral, un valor añadido es demasiado oxígeno y escorar el Gobierno PSOE hacia la derecha sin necesidad. El pacto de Gobierno le conviene más a los convergentes que realzarían su condición de tercera fuerza política, pero al mismo tiempo introduciría demasiado ruido en el tripartito catalán y en la propia dimensión de Montilla.

IU y ERC no pueden apoyar la investidura de Zapatero bajo peligro de ser fagocitadas por completo, por lo que lo razonablemente será investido Presidente en una segunda votación con mayoría simple y la abstención de todos los grupos minoritarios, salvo el partido de Rosa Diez que tiene que identificarse parlamentariamente.

A partir de ese momento, el PP tiene que tener una estrategia de oposición con la definición de unos espacios en los que tendrá que llegar a acuerdos con el Gobierno.El primer espacio es, sin duda, el reservado a la economía y la necesidad de pactos, evidente si el PP quiera pegar el oído a la calle.Las medidas para corregir la desaceleración tiene que ir dirigidas a devolver la confianza, colocar el motor inversor a los presupuestos de las Administraciones Públicas y corregir la destrucción de empleo que se está produciendo como consecuencia del parón inmobiliario.

El reestablecimiento de la confianza tiene una vertiente exterior-hay que convencer al capital exterior de la seguridad de nuestra economía y de sus favorables condiciones- y en el ámbito doméstico el Gobierno tiene que quitar el miedo a familias y empresarios.Las medidas fiscales (rebaja de retenciones, incremento de deducciones por pagos de vivienda y por modernización de estructuras empresariales, anticipo en la rebaja de tipos) tienen que ir acompañadas de un claro apoyo a los emprendores y a la exportación. En definitiva, unos reeditados Pactos de La Moncloa con el apoyo sindical, imprescindible para garantizar un clima de estabilidad social.

Una legislatura que tiene una clara vocación económica y en la que la racionalidad de las decisiones sitúa a Manuel Pizarro como el candidato más adecuado para ser portavoz del Grupo Popular y para pactar, por su preparación, sentido común y por la confianza que puede transmitir, salvo que la decisión se tome en clave de pago de peajes o de enroque en posiciones personales.

En el escenario económico, es imprescindible reflotar el sector inmobiliario, que ha sido objeto de un fusilamiento indiscrimado bajo la teoría de que el modelo de crecimiento estaba agotado, pero sin que nadie, ni Gobierno ni oposición, expliquen cuál es la alternativa y el espacio de transición.No hay sector económico que resista una Ley cada vez que llega un nuevo Gobierno y, sobre todo, si la ultima hace buena a la anteriores.El estrambote de la Ley Trujillo, desvalorizando los suelos en proceso de reclasificación con un impacto inmediato en los balances y en las provisiones bancarias, es un oscar de la antología del disparate. El pacto sobre suelo y vivienda junto con el de infraestructuras estatales es absolutamente necesario y la oposición tendría que ofrecerlo, entre otras razones, porque la obra pública y el urbanismo son elementos imprescindibles para dinamizar nuestra economía. El numeroso patrimonio público de suelo de las Administraciones tiene que ponerse algún día al servicio de una política de vivienda protegida en alquiler, que favorezca la movilidad laboral y resuelva la accesibilidad de los jóvenes.

Si la negociación con ETA está cerrada, al menos por un tiempo, y se formaliza el acuerdo básico de medidas económicas, el PP tendrá un campo de juego con menores espacios que en la legislatura pasada y tendrá que buscar su sitio debajo de la canasta política. La estrategia del PSOE, provocación-reacción, no es probable que se repita con la misma intensidad ya que le conviene desactivar algunos fuegos innecesarios y electoralmente tendría demasiados riesgos. Es el momento de navegar sobra la ola de la victoria y dejar que la factura de la derrota electoral de Rajoy vaya pagándose por letras vencidas en las elecciones del próximo calendario, que es el sistema que han escogido en vez de pagar la factura y los platos rotos de una vez.El tiempo resuelve algunos problemas, pero diferir las soluciones y convertir un liderazgo en un stoper, que es el defensa escoba para que no pase el balón, solo lleva a la frustración.

Timoratos del casino
POR HERMANN TERTSCH ABC 17 Marzo 2008

Está harto comprobado que hasta la peor subcultura de la izquierda española, la más zafia y desordenada, la más caótica e ignorante, tiene mayor instinto de supervivencia y lógica en la selección de sus prioridades que ese centro derecha liberal y conservador español convencido siempre de que el campo de batalla no pasa de ser un casino. Por eso no debe sorprender a nadie que desde hace ya más de una semana no oigamos más que discusiones entre los perdedores de las elecciones -el PP, por cierto- y su entorno cultural y mediático sobre las formas idóneas de hacer caso a los consejos de sus enemigos, que son aquellos que -otra vez ganadores, otra vez con trágica y efectiva intervención exterior durante la jornada de reflexión- persisten en regodearse en su interés por enseñar cómo volver a perder a alumnos tan aventajados en la materia como ansiosos de mejorar en ella. No hay día que pase sin que los vencedores dejen de cosechar alguna frase de portavoces del frente perdedor para cimentar su propia situación -en sí por lo demás frágil-, y debilitar la contraria, precaria por méritos propios antes y después de las elecciones.

En el submundo del Siglo XIX -en la literatura que lo describe- podrían haber encontrado los líderes del PP mejor consejo para hacer frente a quienes los quieren destruir que en las directrices adocenadas de sus asesores, en las cuitas adolescentes de fervor por el poder inexistente de algunos de sus dirigentes o sus trifulcas personales, siempre tan escasas cuando no se tiene el poder. Parece mentira que no se hayan dado cuenta ni Rajoy, ni tantos otros que debieran haberle ayudado más cuando era posible, que todos los rumores y ruidos, lamentos y consejos, que llegan de fuera no son sino trapacerías para intentar consumar urgentemente -porque la legislatura se adivina breve- esa destrucción de la oposición que Zapatero y sus huestes habían planeado para la pasada.

Dicen algunos asesores áulicos de la derecha timorata que Zapatero puede «haber aprendido la lección» y abrir una legislatura en la que prevalezca el Pacto de Estado, los acuerdos de buena fe y buena lid en la cooperación. Eso significa que algunos piensan que Zapatero ha descubierto de repente el valor de la palabra, el sentido del honor y el significado en las relaciones humanas de la rectificación y la humildad. Y que aseguran que nuestro iluminado caudillo se ha caído del caballo ahora, no en la derrota que impone necesariamente algo de reflexión, sino en una victoria que, nadie dude, considera él una confirmación «popular» de todas sus iniciativas temerarias que han dinamitado el tejido de la sociedad española. No hay que ser Merlín para saber que el asalto a las instituciones, la coordinación política con ETA y las fuerzas antisistema en general, el pacto global con los nacionalistas para hacer irreversibles los cacicatos en diversas regiones españolas y la formación de un frente general contra la «anti-España» liberal y conservadora es el único pretexto ideológico de una nueva casta, surgida de la selección negativa, que por lo demás sólo ambiciona la cohesión y solidaridad interna de la secta en el poder.

Es difícil decir quién comete más errores en el PP hoy en día, aunque parece lógico creer que son quienes escuchan al de fuera porque creen aún que es un adversario en la lucha por las ideas y no un enemigo que quiere destruirlos para acabar con la alternancia política en España. Los timoratos del casino. Pero la reorganización de la tropa, tras una derrota en una lucha política y cultural que deviene existencial, es responsabilidad de sus mandos. De ahí que quienes tengan aun ganas de luchar porque esta sociedad no se hunda en el lodo de la mediocridad, el relativismo moral, el desprecio al prójimo y la arrogancia y vocación totalitaria del redentorismo izquierdista, habrán de hacer cuajar una propuesta -también de liderazgo- que haga frente a una brutal ofensiva que recurrirá literalmente al «como sea» para imponer su imaginario político sectario. Zapatero sabe quien es su enemigo. Y no es ETA. Los timoratos del casino no lo tienen tan claro.

¿Nueva o vieja política?
POR JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 17 Marzo 2008

Cuando Zapatero anuncia su disposición a entenderse con el PP, ¿está dispuesto a aceptar sus opiniones o pone como condición que el PP adopte la suya? La duda es legítima pues sigue sin decir que su objetivo es derrotar a ETA, que no volverá a negociar con ella y que cometió errores en esa negociación.

Se me dirá que es mucho pedir a un vencedor que reconozca sus errores. Pero no hace falta que lo reconozca abiertamente. Basta con que lo reconozca para su coleto y esté dispuesto a no volver a cometerlos. Pero eso es justo lo que echamos en falta en sus primeras declaraciones como presidente reelecto. Es más, se diría que sigue instalado en sus posiciones de siempre. Lo que sería tan grave como insensato.

Si algún provecho hemos sacado de su «plan de paz para el País Vasco» fue dejar sentado de una vez y para siempre que con ETA no sirven las negociaciones, que toma como debilidad del contrario y aprovecha para recuperarse, rearmarse y adelantar posiciones, sin ceder un solo milímetro. Con ETA sólo sirve la acción policial y la contundencia judicial. Es el único idioma que entiende. Todo el mundo lo ha entendido menos, al parecer, el presidente del Gobierno. Es más, parece haber tomado su triunfo en las urnas como un aval a su política antiterrorista. Y eso no es exactamente así. Lo que ha avalado el electorado español es la última parte de esa política, las detenciones, condenas y firmeza ante la banda, no la primera, la del Otegui «hombre de paz», la de ceder al chantaje de De Juana, la de permitir que ANV entrase en los ayuntamientos vascos, la de seguir hablando con ETA después de que hubiera vuelto a matar. Eso repugnaba a los españoles y de haber continuado por ese camino, Zapatero no hubiera obtenido el mismo resultado. Pero supo reaccionar a tiempo, volvió a la dureza frente a ETA, y el electorado se lo recompensó con su voto.

Pero quien tenía razón era Rajoy, al decir que con ETA sólo cabe negociar la entrega de armas, y el equivocado, Zapatero, hasta que la contumacia de los terroristas le obligó a cambiar de rumbo. Pero la vida es injusta, y quien ha salido recompensado fue Zapatero. Aunque también hay que admitir que Rajoy fue un pésimo vendedor de su mercancía, confundiendo el tono y los tiempos, fundamentales en política, donde la apariencia suele devorar a la sustancia. Algo en lo que es maestro el presidente.

Ahora anuncia una nueva partida, jugando ya con blancas, aunque los primeros indicios apuntan que será la misma. Sería la peor de las noticias, pues alguien tendría que seguir diciendo a Zapatero que continuaba equivocándose al creer que puede negociarse con ETA. Y ese alguien sólo puede ser el PP. Lo que nos llevaría a repetir la bronca, amarga, estéril legislatura anterior, que creíamos haber dejado atrás. Lo lógico, lo sensato, sería que el PP cambiase de modos, y el PSOE, de guión. Pero los españoles parecemos condenados a repetir indefinidamente los mismos errores.

El silencio de los corderos
POR EDURNE URIARTE ABC 17 Marzo 2008

Tras el asesinato de Isaías Carrasco, un ex cargo socialista crítico le resumía a Blanca Torquemada de esta forma la actitud de la sociedad vasca ante el terrorismo. Como el silencio de los corderos. No sólo lo decía por las apenas 200 personas que protestaron en Mondragón el día del crimen, políticos o periodistas casi todos, sino por la tónica dominante de la triste historia cívica de cuarenta años de terrorismo. Con algunos episodios que suscitaron la esperanza de una revolución ciudadana pero que quedaron, después, en eso, en una esperanza.

Lo ocurrido en la última semana, la exhibición de una repentina fortaleza y dignidad democráticas realizada por un PSE movilizado para echar a ANV de los ayuntamientos o por una IU que ha roto su pacto con ANV en Mondragón es, en realidad, parte de lo mismo. Mejor dicho, en el caso de IU, es parte de una larga y escandalosa colaboración con los diversos brazos políticos de ETA sin que este partido se haya molestado en dar una sola explicación en el resto de España. Y mientras Zapatero pretende convencernos de que lo que tiene con IU es un pacto contra el terrorismo.

Pero la actitud del PSE no es mucho más esperanzadora. Reproduce la impotente y meliflua revuelta puntual de tantas veces. Se pasaron cuatro años contando que Batasuna había cambiado o que ANV no tenía nada que ver con ETA y tuvo que llegar un asesinato para reconocer, nuevamente, la verdadera faz de los terroristas. Y lo preocupante es que se trate de un reconocimiento nuevamente momentáneo que dure lo que dure el recuerdo de Isaías. Hasta que se difumine lo suficiente para empezar una nueva negociación, un nuevo coqueteo con ETA.

Hace pocos años, ETA asesinó a una joven ertzaina hija de una familia nacionalista de mi pueblo. Hasta los peneuvistas se movilizaron contra los batasunos y quisieron echarlos del ayuntamiento. La cosa duró, como siempre, lo que dura el duelo. Después, todo volvió a lo de siempre, al silencio de los corderos. Y lo que es aún peor, a la negociación de los pastores de los corderos. En este caso, los del PSE.

Los padres vascos libran su última batalla contra la imposición del euskera en las aulas
Exigen que la eliminación del castellano se trate en la Conferencia de Presidentes y llevarán su denuncia al TSJPV y a Luxemburgo. Critican que el Gobierno de Ibarretxe subvencione la inmersión lingüística
Los padres critican que el Gobierno vasco use la subvención que da a los centros concertados para implantar su modelo.
Iker Moneo La Razón 17 Marzo 2008

BILBAO- La Plataforma por la Libertad Lingüística, integrada por 2.000 padres, trasladará la batalla que libra en el País Vasco ante la imposición del euskera como lengua principal de la enseñanza -vía decreto aprobado por el Gobierno de Vitoria- al resto de las comunidades. Se propone introducir la eliminación del castellano en las aulas en la agenda nacional de la nueva Legislatura, ya que se trata de un asunto que también afecta a otras comunidades, como Galicia y Cataluña. En los próximos días solicitará reuniones con los presidentes autonómicos, como ha hecho sin éxito con el lendakari y sus consejeros de Educación, para informarles sobre las consecuencias que acarreará para los ciudadanos que se instalen en el País Vasco el proyecto educativo del Ejecutivo de Ibarretxe.

Exención
Han de saber, por ejemplo, que la exención para estudiar euskera solamente se aplicará a aquellos alumnos que permanezcan un único año en la red de enseñanza vasca. La Plataforma tomó nota del compromiso adquirido por el presidente en funciones, José Luis Rodríguez Zapatero, de convocar una Conferencia de Presidentes con la mayor brevedad posible. Su objetivo es que se debata en su seno y en el próximo Consejo sectorial de Educación la vulneración que se ha producido en varios puntos del Estado, del derecho a elegir la lengua en la que los padres desean escolarizar a sus hijos.

Se trata de una denuncia que el colectivo estudia llevar al Tribunal de Luxemburgo, al entender que el Gobierno vasco utiliza la subvención que concede a los centros concertados para implantar su política lingüística, y al Superior de Justicia del País Vasco, donde el decreto de currículum vasco que prima el aprendizaje de euskera se encuentra recurrido por el Partido Popular.

El tribunal, que dictará sentencia antes del verano, denegó la petición de suspensión cautelar de esta norma, pero reconoció que los tres modelos lingüísticos que existen en el País Vasco (euskera, bilingüe y castellano) siguen vigentes porque aún no se ha modificado -lo intentará el Gobierno vasco en los próximos meses en el Parlamento autonómico- la Ley de la Escuela Pública Vasca que los regula y que está por encima del decreto.

En el mismo sentido se pronunció el Ararteko (Defensor del Pueblo de la comunidad vasca), a quien la Plataforma le trasladó una queja en la que destaca que el decreto conculca derechos constitucionales y aboca al fracaso escolar, al impedir la escolarización en lengua materna, que es el castellano en el 96 por ciento de la población de Vitoria, donde sólo se ofertarán en esta lengua 175 plazas nuevas para el próximo curso.

Es precisamente en la capital vasca donde se fraguó la creación de la Plataforma cuando en diciembre, tal y como adelantó LA RAZON, un centro concertado informó a los padres sobre su propósito de convertir en el próximo curso -cuando entre en vigor el decreto- el sistema trilingüe que desarrolla en otro con dominio del euskera en las asignaturas de mayor calado como Historia, con el «adoctrinamiento nacionalista» que conlleva, según lamentó una madre afectada. Aunque el decreto de currículum concede libertad a cada colegio para decidir qué cupo lectivo otorga a cada lengua, ésta es relativa.

El Gobierno vasco ha anunciado una reforma educativa que suprimirá los modelos en castellano y bilingüe y que exigirá que el alumnado alcance un nivel de euskera equivalente al «First» de inglés. De ahí que los centros se sientan «obligados» a realizar cuanto antes una inmersión en lengua vasca.

«Quizás tengan que llevar a sus hijos a otro colegio lleno de marroquíes»
I. M. La Razón 17 Marzo 2008

BILBAO- Pablo Gay-Pobes, portavoz de la Plataforma por la Libertd Lingüística, explica en qué directrices basarán la vía judicial para tratar de recomponer su derecho a la libre elección lingüística.

? Coacción: La primera se sustenta en la coacción por parte de los centros. Asegura que son muchos los que instan a los padres que solicitan el modelo en castellano a que matriculen a su hijo en otro, preferentemente en euskera, con argumentos como: «No les puedo garantizar plaza en castellano y quizá se tengan que marchar a otro colegio lleno de marroquíes». Algunos están yendo más allá en el actual periodo de prematrícula para hacer frente al llamamiento de la Plataforma para que los padres dejen constancia ante notario de que su opción es en castellano. Según la denuncia que una madre ha hecho llegar al colectivo, el colegio de Santurce (Vizcaya) en el que estudia su hijo, le llamó con urgencia para que firmase un documento en el que rechazaba escolarizarle en el modelo castellano. Para Gay-Pobes, el fin no es otro que el de intentar acreditar con «triquiñuelas» que no hay demanda en dicha lengua y liquidar su oferta de cara al próximo curso.
? Malversación caudales: La segunda línea de acción ante el TSJPV se apoyará en la malversación de caudales públicos que, en opinión de Gay-Pobes, supone «emplear el dinero público de la subvención para acabar con derechos constitucionales».

? Prevaricación: La tercera vía a la que se agarrarán los padres se refiere a la prevaricación administrativa que existe, explica, al «impedir la libertad lingüística que ampara la ley».

? El modelo catalán: Otro de los argumentos con el que trabaja la Plataforma es el importante matiz que impide una comparación del caso vasco con el catalán, como pretenden los nacionalistas. «La situación es totalmente distinta», explica Gay-Pobes, «en Cataluña la cooficialidad del catalán y el castellano implica derecho y obligación en el conocimiento de ambas lenguas, pero no ocurre lo mismo con el euskera, para el que el Estatuto de Guernica reconoce sólo el derecho a aprenderlo».

El colectivo, pendiente de entrevistarse con el PNV el 4 de abril, la Plataforma ya ha celebrado reuniones con sindicatos y partidos. Ha recabado el apoyo de CC.OO. y UGT, por un lado, y de PP y PSE, por otro, que parece irán de la mano en el Parlamento vasco para intentar frenar la reforma con la que el Departamento de Educación pretende dar carpetazo a los modelos en castellano y bilingüe, si bien este tiene garantizada la mayoría si cuenta con el respaldo del PCTV. La intención del Ejecutivo vasco es comenzar la tramitación parlamentaria antes de verano y que el nuevo sistema dominado por el euskera se ponga en marcha en el curso 2009-10, con un año de retraso respecto a su previsión inicial. No importa. El decreto de currículum ya le hace el «trabajo sucio», como lamentan desde la Plataforma.

OPOSICIÓN DE MILES DE PADRES
Familias vascas llevarán la inmersión lingüística de Ibarretxe a los tribunales
La inmersión lingüística sigue siendo un objetivo prioritario para los gobiernos nacionalistas. El Ejecutivo Ibarretxe pretende ahora eliminar la enseñanza en castellano en favor del euskera. Según informa La Razón, la Plataforma por la Libertad Lingüística ha instado al presidente del Gobierno a que trate la eliminación del castellano en las aulas en la Conferencia de Presidentes. Además, denunciarán estos hechos al Tribunal de Luxemburgo y al Superior de Justicia del País Vasco.
Libertad Digital 17 Marzo 2008

Los padres del País Vasco se están revelando contra la inmersión lingüística que está imponiendo el Ejecutivo de Ibarretxe. De este modo, la Plataforma por la Libertad Lingüística ha solicitado reuniones con los presidentes de las Comunidades Autónomas para informarles de las consecuencias, que tendría el proyecto del lehendakari, para los ciudadanos que se instalen en la comunidad vasca.

Este proyecto pretende introducir la eliminación del castellano en las aula. Por ello quieren aprovechar la promesa del presidente Rodríguez Zapatero de convocar una conferencia de Presidentes a la mayor brevedad. En ella, la plataforma aspiraría a que se debatiera la vulneración del derecho a elegir la lengua en la que quieren que sus hijos estudien que se está produciendo en comunidades como Cataluña, País Vasco y Galicia.

El nuevo modelo tendría al vasco como lengua dominante sobre todo en las asignaturas de mayor calado con el adoctrinamiento ideológico que podría conllevar. Así, se suprimirán los modelos de estudio en castellano y el sistema bilingüe y se exigirá a los alumnos a tener un nivel en vascuence equivalente al first de inglés.

Según denuncian varios padres vascos en el diario de Planeta, los centros ponen todo tipo de excusas para no ofertar plazas en castellano asegurándoles que no les garantizarían tener plaza en ese colegio y que tendrían que "marchar a otro lleno de marroquíes".

En este sentido, la Plataforma por la Libertad Lingüística podría denunciar la vulneración de este derecho al Tribunal de Luxemburgo y al Superior de Justicia del País Vasco. Además, entienden que el gobierno vasco utiliza las subvenciones a los centros concertados para llevar a cabo su proyecto de inmersión. En el TSJPV se encuentra también recurrido por el Partido Popular el decreto del currículum vasco en el que se prima el aprendizaje del euskera.

Análisis electoral (III): El secuestro de España
Luis del Pino Libertad Digital
 17 Marzo 2008

Pero si el análisis de las matrices de transferencia de voto es interesante, no lo es menos la descomposición de los totales de voto desde criterios puramente nacionalistas. La siguiente tabla muestra cómo se reparten los votos y los escaños en España, y como se dividen entre Galeusca (Galicia-Euskadi-Cataluña) y el resto de la nación:
 

 

TOTAL

     

GALEUSCA

   

RESTO

   

PSOE

11064524

44,1%

169

 

2782353

43,2%

44

 

8282171

44,5%

125

IU

963040

3,8%

2

 

256420

4,0%

1

 

706620

3,8%

1

NACIONALISTAS

1763051

7,0%

22

 

1656437

25,7%

21

 

106614

0,6%

1

SUBTOTAL

13790615

55,0%

193

 

4695210

72,9%

66

 

9095405

48,8%

127

                       

PP

10169973

40,6%

154

 

1582430

24,6%

22

 

8587543

46,1%

132

UPD

303535

1,2%

1

 

26340

0,4%

   

277195

1,5%

1

CIUDADANOS

45750

0,2%

   

29142

0,5%

   

16608

0,1%

 

REGIONALISTAS

310472

1,2%

2

 

0

0,0%

   

310472

1,7%

2

SUBTOTAL

10829730

43,2%

157

 

1637912

25,4%

22

 

9191818

49,4%

135

                       

OTROS

447042

1,8%

   

109434

1,7%

   

337608

1,8%

 
                       

TOTAL

25067387

 

350

 

6442556

 

88

 

18624831

 

262

Esos números muestran una realidad que sólo hace poco ha comenzado a decirse en voz lo suficientemente alta: el nacionalismo, que no representa más que un 7% de la población española, es quien marca los destinos de toda la nación. A lo largo de los últimos treinta años, y gracias a la desidia de los partidos nacionales, hemos asistido a un fenómeno de auténtico secuestro de la voluntad popular:

  • primero, una oligarquía para la que el nacionalismo constituye una herramienta perfecta de control social tomó las riendas del poder en Cataluña y el País Vasco y obtuvo del estado la transferencia de aquellas competencias, como Educación, que permitieran perpetuar su posición de predominio.
  • después, o en paralelo, asistimos a la paulatina "abducción" de las correspondientes federaciones territoriales de los partidos nacionales de izquierda: hoy, el PSOE e IU en Cataluña, el PSOE en Galicia o IU en el País Vasco son antes partidos con vocación nacionalista que partidos de izquierda, y el propio PSOE es esclavo en toda España de una alianza estratégica con el nacionalismo que es lo único que le permite mantener al PP alejado del gobierno.
  • el PP, por su parte, no supo, no pudo o no quiso plantear una oposición frontal a ese proceso paulatino de deslegitimáción de la nación española, y contribuyó de hecho activamente a consolidar la supremacía ideológica del nacionalismo en lugares como Galicia, donde ahora se están pagando las consecuencias.
  • en la actualidad, asistimos a una ofensiva en toda regla contra el Estado y la Constitución desde tres regiones que representan sólo el 25% de la población, pero cuyos diputados ponen y quitan gobiernos en esa España de la que se busca, al menos teóricamente, la separación.

Evidentemente, ni la mayoría de los gallegos, ni la mayoría de los catalanes, ni siquiera la mayoría de los vascos, respaldan esa estrategia callada de demolición constitucional, pero la realidad es que los votantes de izquierda de esas tres regiones se han convertido, gracias a la complicidad de PSOE e IU, en garantes involuntarios del poder de una casta que ha hecho del nacionalismo su modo de vida.

Al día siguiente de las elecciones, comenté que asistiríamos a un nuevo engaño, consistente en esgrimir como amenaza el referéndum prometido por Ibarreche, para finalmente colarnos de rondón un estatuto para el País Vasco similar al de Cataluña, que mientras tanto sería convalidado por un Tribunal Constitucional que hace mucho tiempo que dejó de tener la Constitución como referencia de sus actos. Hace dos días, el periódico El País confirmaba que ésa es, precisamente, la intención del PSE: nuevo estatuto vasco a cambio de la no realización del referéndum.

¿Cuál es el resultado que nos espera? Pues algo peor que una eventual independencia de esas regiones falsamente independentistas: hacia lo que vamos es hacia la implantación de un "federalismo asimétrico" que no es otra cosa, en la práctica, que la consagración de España como colonia controlada y parasitada por una cleptocracia amparada en el nacionalismo, que sabe jugar con las miserias de los partidos nacionales para seguir fagocitando los recursos que necesita para subsistir.

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