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Recortes de Prensa    Sábado 22 Marzo 2008

Ofensiva de ETA, derrota de ETA
Ignacio Cosidó Libertad Digital 22 Marzo 2008

El atentado mortal contra dos guardias civiles en Francia hace escasos meses, el asesinato de Isaías Carrasco a dos días de las recientes elecciones y el coche-bomba detonado este viernes frente al cuartel de la Guardia Civil en Calahorra muestra claramente la voluntad de ETA de lanzar otra ofensiva terrorista; una más de su larga historia. Esta ofensiva criminal debe tener una respuesta contundente del conjunto de la sociedad española, una respuesta que debe conducir a la derrota de definitiva de esta banda terrorista. Para lograr este objetivo resulta imprescindible recuperar la voluntad política de derrota de la banda y, para ello, habrá que redefinir y aplicar de nuevo la estrategia antiterrorista pactada entre los dos grandes partidos que han salido fortalecidos en el nuevo parlamento que comienza ahora su andadura. Ha quedado demostrado que esa estrategia conjunta para la derrota de ETA es la única eficaz.

Para recuperar esta estrategia de derrota de ETA, lo más urgente e importante es que Rodríguez Zapatero lance un mensaje nítido y firme a la banda terrorista de que por mucho sufrimiento que puedan causar jamás volverá a sentarse con los asesinos en una mesa de negociación para dialogar sobre sus objetivos políticos. Cercenar toda esperanza a los terroristas de poder alcanzar sus delirios totalitarios es el primer paso de toda estrategia que pretenda de verdad la derrota de los asesinos. El proceso negociador de la pasada legislatura ha abierto a ETA la expectativa de una salida negociada a su imaginario "conflicto político". Mientras no se acabe con esa expectativa de negociación política será muy difícil doblegar la voluntad criminal del enemigo. Para ello es imprescindible que, una vez pasadas ya las elecciones generales, Zapatero sea consciente de su error y cercene definitivamente cualquier posibilidad de negociación en el futuro.

En segundo lugar, la derrota de ETA debe volver a situarse como el objetivo prioritario del Gobierno. No es un buen síntoma que en las primeras declaraciones tras las elecciones el presidente del Gobierno no mencionara la lucha contra el terrorismo entre las prioridades de su próximo mandato. La estrategia de dar ya por derrotada a la banda terrorista y de tratar de minimizar sus acciones mediante una respuesta política de baja intensidad es falaz y profundamente contraproducente. La sociedad española debe ser consciente de que nuestra democracia tiene aún una asignatura pendiente en la derrota de ETA. Esa conciencia le ayudará a estar movilizada para apoyar a un Gobierno que tiene la responsabilidad que liderar al conjunto de la sociedad hasta alcanzar esa inaplazable meta: hay que derrotar a ETA.

Esta renovada determinación de derrotar a ETA necesita tener su plasmación inmediata en una firme decisión del Gobierno para acabar con todas las zonas de impunidad para los cómplices del terrorismo. Es necesario que quienes amparan, justifican o apoyan de cualquier forma el terrorismo vuelvan a quedar a la mayor urgencia fuera del juego democrático. Es imprescindible acabar con la tibieza que en este campo caracterizó a Zapatero en la anterior legislatura y sustituirla por una firme determinación que impulse todos los mecanismos de nuestro Estado de Derecho para expulsar definitivamente a los asesinos y sus cómplices de todas nuestras instituciones democráticas.

Necesitamos recuperar la unidad democrática para luchar contra el terrorismo; lo necesitamos para derrotar a esa banda de criminales. ETA, como hace siempre, va a intentar en este nuevo periodo político que sus acciones criminales generen división en la sociedad española. La primera obligación de las fuerzas políticas es cercenar cualquier resquicio de desunión por el que los terroristas pretendan introducir su cuña asesina. Esto exige, en primer lugar, que el nuevo Gobierno restablezca su relación con los colectivos más representativos de las víctimas de terrorismo, para lo que hace falta algo más que gestos y buenas palabras. Sólo una rectificación profunda de la errática política antiterrorista de la anterior legislatura y una voluntad manifestada en hechos para reconciliar al conjunto de las víctimas del terrorismo podrán curar las profundas heridas abiertas en esa relación.

En esta línea, es preciso recuperar el Pacto por la Libertades y contra el Terrorismo entre el PSOE y el Partido Popular. Hay que recuperarlo porque ese pacto pretende la derrota de ETA. Zapatero debe abandonar su anterior intención de sustituir este pacto por un nuevo acuerdo con las fuerzas nacionalistas y radicales que han salido, además, sumamente debilitadas del último proceso electoral. Recuperar este pacto entre los dos grandes partidos nacionales es imprescindible para que los terroristas entiendan que no tiene ninguna esperanza de negociación gobierne quien gobierne en España y también para restablecer la cohesión social que España necesita para hacer frente a esta nueva ofensiva terrorista.

Hay que fortalecer nuestro Estado de Derecho para dar una respuesta más eficaz al desafío que ETA pretende lanzarnos. Es cierto que ETA sigue sumida en un estado de gran debilidad, gracias fundamentalmente al esfuerzo realizado por las fuerzas de seguridad en su implacable lucha contra los terroristas, pero es verdad también que los últimos atentados muestran, lamentablemente, su capacidad para seguir matando y su renovada determinación de seguir haciéndolo. Tenemos aún un camino que recorrer para mejorar la coordinación antiterrorista en la lucha contra ETA; debemos impulsar nuevas reformas legislativas que nos permitan una lucha más eficaz contra ETA y contra sus cómplices políticos, mediáticos y financieros; debemos potenciar las capacidades de Policía Nacional y Guardia Civil para lograr este objetivo. Es mucha la tarea que aún debemos realizar para culminar ese gran anhelo colectivo que supone la victoria definitiva de nuestra democracia sobre ETA.

Para todo ello, el Gobierno encontrará al Partido Popular donde siempre ha estado. En la condena firme y rotunda de toda acción terrorista. En la cercanía y solidaridad permanente con las víctimas. Apoyando toda acción que en el marco de nuestro Estado de Derecho redunde en un más eficaz combate contra el terrorismo. En la oposición contundente a toda negociación política con los terroristas. Y en la voluntad de recuperar el consenso que España necesita para lograr el gran objetivo de derrotar definitivamente a ETA.
Ignacio Cosidó es candidato del Partido Popular al Congreso de los Diputados por Palencia.

Batalla electoral por Cataluña
Barcelona, ciudad abierta
Emilio Campmany Libertad Digital 22 Marzo 2008

Es tópico entre los analistas el constatar que "sin contar los votos de Cataluña, el PP habría ganado las elecciones". Es verdad. De ahí deducen que los populares no ganarán hasta que mejoren notablemente sus resultados en aquella comunidad. Creen que los excelentes resultados del PSC son consecuencia de su escora nacionalista. Ergo, el PP necesita, para mejorar en Cataluña, adoptar posiciones más cercanas al catalanismo. Están convencidos de que es precisamente la pátina nacionalista la que ha permitido a los socialistas catalanes hacerse con el Gobierno de la Generalidad y entregarle el de la nación al PSOE de Zapatero en 2004 y en 2008.

Esta conclusión es fruto de un prejuicio, el de creer que los catalanes, tanto si son de izquierdas como si son de derechas, son muy nacionalistas.

No es así. La escasa participación en el referéndum del estatuto, el crónico abstencionismo en las elecciones autonómicas y la escasez de debate político demuestran que en Cataluña no hierve ningún sentimiento nacionalista que condicione la vida política de la comunidad. La realidad es otra, similar a ésta sólo en apariencia.

Desde los primeros años de la transición, una buena parte del electorado catalán cree que su bienestar depende directamente de la oportunidad que tenga el Gobierno de la Generalidad de chantajear al de Madrid. Tal convicción no es tanto fruto del egoísmo como del victimismo que los nacionalistas han inoculado a la sociedad catalana. Por eso, cuando gobernaba CiU, lo importante para muchos no era quién ganara, sino que no lo hiciera por mayoría absoluta. Ahora que el PSC ocupa la Generalidad, lo que importa ya no es que nadie alcance la mayoría absoluta, sino que ganen los socialistas a toda costa porque, lo hagan con más o menos escaños, la Generalidad podrá continuar su acostumbrado chantaje a un PSOE que no puede prescindir de los votos del PSC. Así pues, la clave de la victoria del PSC en Cataluña el 9 de marzo no es haberse convertido al catalanismo, sino el doble hecho de controlar el Gobierno de la Generalidad y constituir un poder independiente en el seno del PSOE.

Tal y como puede fácilmente apreciarse, reunir estas condiciones no está al alcance del PP de Cataluña. Puede, sí, hacerse más independiente de Génova, pero mientras no forme parte del Gobierno de la Generalidad no podrá chantajear al que pudiera presidir Rajoy.

El desafío al que hacen frente los populares en Cataluña no es pues el de convencer a nadie de que ellos son tan nacionalistas como el que más, que es algo que no les servirá de nada. El verdadero desafío es demostrar cuán equivocados están los catalanes que creen que su bienestar y progreso dependen de la capacidad de chantajear al Gobierno de España que tenga el de la Generalidad.

No es tan difícil hacerlo. Llevamos casi treinta años de chantajes, primero de CiU y ahora del PSC, y Cataluña, lejos de enriquecerse en términos relativos, se ha empobrecido. No hace falta compararse con Madrid, donde el ser la sede del Gobierno de la nación puede parecer una ventaja, sino que basta hacerlo con Valencia. ¿Por qué Valencia, con condiciones estructurales muy similares a las de Cataluña, pero sin victimismo nacionalista, sin partidos que corten el bacalao en Madrid y sin vocingleros separatistas, ha sido capaz de crecer bastante más que la propia Cataluña?

Esta es la pregunta que el PP tiene que formular a sus potenciales electores allí. El día que consiga explicar que afirmarse como españoles, todos iguales ante la ley, además de ser noble y respetable, genera riqueza y bienestar en vez de la pobreza y el atraso que trae el nacionalismo, sus resultados mejorarán lo que merecen.

Congreso popular
Invertir la rueda dentada
José Enrique Rosendo Libertad Digital 22 Marzo 2008

Decía en mi artículo anterior que el problema fundamental que tiene que resolver el PP en el congreso de junio no es el de si le corresponde realizar una oposición más o menos complaciente con el PSOE, más o menos centrista o liberal-conservadora. La cuestión radica en preguntarse por qué la izquierda es, desde el punto de vista ideológico, la gran vencedora de esta etapa política que arranca con la Constitución de 1978.

En efecto, si analizamos con detenimiento estos últimos treinta años, observaremos que el debate político en este país ha sido monopolizado en la práctica por la izquierda y las fuerzas nacionalistas que, de modo progresivo pero eficaz e incesante, vienen imponiendo un modelo social, político y económico a nuestro país sin que el centro-derecha haya podido construir un discurso alternativo capaz de superarlo.

En una primera ola progresista, durante los gobiernos de UCD, España se dotó de un sistema autonomista sin un contorno claro que limitara futuras reivindicaciones nacionalistas; adoptó una política fiscal descaradamente socialdemócrata y cimentó los complejos de una derecha que se travestía como "de centro", quizá por no ser capaz de proyectar sus muchas diferencias con una dictadura que tenía también bastantes componentes intervencionistas y obreristas propios de la izquierda.

En la segunda oleada, correspondiente a los gobiernos de González, el PSOE penetró ferozmente en la administración pública, desarrolló un amplio abanico de normas de izquierda en educación, pensiones, economía y Justicia. Y la tercera oleada, aún inacabada, es la que estamos viviendo con Rodríguez Zapatero.

La raíz de esta problemática debemos buscarla en la calle y no sólo en el Congreso de los Diputados. Los socialistas y los nacionalistas han tejido, con temprana premeditación, un complejo entramado de organizaciones sociales que se movilizan, con bastante eficacia, para plantear ideas y consignas que poco a poco van calando en la población hasta permitir, cuando la fruta está madura, la iniciativa política en las instituciones.

De este modo, movimientos como el abortista, el de objeción de conciencia, el ecologista, el de la legalización del consumo de drogas, el feminista, el de gays-lesbianas o incluso los de defensa de la lengua autóctona (recuerden Omnium Cultural en Cataluña), han servido primero para agrupar alrededor suya, con una tenacidad a prueba de años, a grupos de activistas que han hecho mucho más ruido mediático que el que inicialmente les correspondía por su predicamento social; y con posterioridad han ido consolidando cambios legislativos y acciones de gobierno encaminadas a satisfacer sus demandas.

Claro que este proceso habría quedado inconcluso o incluso abortado si el centro-derecha, una vez accede al poder, hubiera sido coherente con el rechazo en origen que opuso a este tipo de oleadas progresistas y por tanto las hubiera derogado o modificado. En cambio, lo que han hecho los gobiernos moderados ha sido mantener intactas esas leyes y políticas, de modo que las han consolidado. Es decir, han cumplido con su parte de la famosa "rueda dentada".

El retorno posterior al poder de la izquierda-nacionalistas, una vez consolidadas sus medidas anteriores, sirve para abordar nuevas medidas de transformación social y política conforme a sus principios ideológicos. Ahí tenemos ahora la ley de memoria histórica, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la Educación para la Ciudadanía o los nuevos estatutos autonómicos, que conforman ya la tercera oleada progresista desde 1978.

Así las cosas, el Partido Popular debe formular una estrategia que supere esta espiral. Entenderán, por tanto, que no se trata de oponerse con vehemencia a la labor del Gobierno socialista. Erosionar al adversario puede conllevar el acceso al poder de nuevo, pero no conducen necesariamente a que las ideas liberales y conservadoras logren un predominio político en un nuevo ciclo. Para ello es necesario reformular un discurso capaz de articular a amplios sectores sociales dispuestos a movilizarse para sustituir esa extraordinaria maquinaria "progresista" por otra "liberal".

En el fondo, el PP no tiene que decidir cuánto admite de los postulados socialistas para así rascar votos en el centro; sino que debe proyectarse, con nitidez, como un partido no socialista, como una alternativa moderada pero radicalmente distinta al PSOE.

De hecho, el éxito de su nueva estrategia política no radicará sólo en que el PP gane las próximas elecciones, sino en que además sea el PSOE quien adopte a partir de entonces el papel de rueda dentada sobre las políticas liberal-conservadoras.

Esta última legislatura ha demostrado que hay un cuerpo social dispuesto a dar la batalla por las ideas y los valores, aunque más movilizados por ciertos líderes de opinión que por la propia voluntad coherente de un partido que, no lo olvidemos, debiera ser el mecanismo democrático que incardine la participación política de los ciudadanos, en este caso de los liberales y de los conservadores.

A eso, precisamente, es a lo que tienen que responder los dirigentes y los militantes del PP en junio.

ETA QUIERE COBRAR
Carlos Salvador Armendáriz Periodista Digital 22 Marzo 2008

Eta vuelve a aparecer en esta Semana Santa atentando, previo aviso, en Calahorra.
Nada de lo que atañe a la actividad criminal de Eta se produce sin un porqué. Nada se improvisa. Ni en el tiempo, ni en el modo, ni en el lugar. Todo lo que hace Eta sigue un racional y diabólico plan de destrucción de la convivencia en España hábilmente trazado y milimétricamente ejecutado. Si en esta ocasión el verdadero objetivo de Eta hubiera sido el de matar no habría avisado previamente.

Eta, a bombazo limpio, llama a las puertas del gobierno de Zapatero una vez más.
En este caso, como tantas veces, el miedo, la repulsa, la condena, sólo pretenden provocar el hartazgo social y el desistimiento que nos lleven nuevamente a la rendición firmada en Loyola. (Hoy, gracias al último número de la revista “Tiempo” conocemos en toda su extensión, los términos del acuerdo político que fraguaron, Batasuna, PSE y PNV en Loyola en octubre de 2006).

¿Ha renunciado el gobierno de Zapatero al contenido de este acuerdo, ha rectificado algo de lo que allí se acordó, ha repudiado esta “vía de solución del conflicto” como lo llaman ellos, ha pedido perdón públicamente por su traición? Si no es así el acuerdo sigue en vigor. Y lo que allí se reconoció, lo que allí se cedió, lo que allí se aceptó, y lo que allí se quiso hacer seguirá orientando el compromiso político del gobierno socialista. No seamos ingenuos. También Eta lo sabe.

Lo cierto es que Zapatero ha ganado las elecciones, y con ese aval, Eta vuelve a llamar a las puertas de su nonnato gobierno para recordarle lo firmado, y enseñarle nuevamente el camino macabro de la negociación.

“!En la pasada legislatura pactamos Loyola, sin siquiera hablar de dejar las armas, ahora -como comprenderás José Luis-, nos toca subir la oferta!” dice Eta.

… Mientras el PNV, el gran triunfador de la negociación política con la banda (El PNV no ha sufrido apenas la violencia terrorista en estos 40 años y ha gestionado, sin bajarse del coche oficial, el éxodo de miles de ciudadanos vasco provocado por eta, en beneficio propio) se prepara para plasmar en un nuevo estatuto secesionista lo pactado entre el Presidente Zapatero y Eta. “¡ José Luis!, pregunta Urkullu: ¿no me vas a decir ahora que lo que le aceptaste a Batasuna en Loyola, se lo vas a negar a la sociedad vasca impidiendo una reforma del Estatuto que consagre, el reconocimiento de Euskal Herria, el derecho a decidir, la territorialidad, el órgano común con Nafarroa o la eurorregión vasca, tal como quedamos?”

Eta y PNV juntos una vez más. El árbol y las nueces. Pacta y tendrás la paz. ¿Hablamos?
Alguien, en la prensa local navarra, habló de abstenerse ante la investidura de Zapatero. Si el “Trío de Loyola” -Imaz, Eguiguren (el hombre de Z en la negociación) y Otegui- son los que van a traernos definitivamente la paz, en esta nueva legislatura, igual no hace falta ni que vayamos a votar, ¿democracia para qué?

Por cierto el texto del acuerdo de Loyola dice que, junto al PSE-EE-PSOE también, PSN-PSOE firmó el acuerdo a finales de 2006. Me llama la atención el nulo interés periodístico que en nuestra comunidad ha tenido esta reveladora información. Por parte del PSN-PSOE se nos ha mentido mucho y bien. ¡Qué oportuna resultó la manifestación!

(Nota: Recomiendo vivamente la lectura íntegra del texto del acuerdo de Loyola. Por favor léanlo. Y, una vez leído, pregúntense si ha resultado o no rentable el terrorismo nacionalista vasco)

Guerra de Irak
La derrota como victoria
José María Marco Libertad Digital 22 Marzo 2008

Las celebraciones mediáticas del quinto aniversario de la guerra de Irak han venido a demostrar, por si alguien no se había enterado, que la guerra la han ganado quienes se opusieron a ella. La afirmación va en contra del sentido común y de la realidad. La guerra se empezó a ganar cuando se destruyó el régimen filonazi de Sadam Hussein y se liberó a los iraquíes del déspota.

La guerra se ha continuado ganando después, a pesar de todos los esfuerzos en contra de la alianza entre terroristas islamistas y progresistas occidentales, cuando se ha ido consiguiendo reducir la violencia, restablecer la normalidad en muy amplias zonas del país y empezar a considerar incluso la posibilidad de una retirada ordenada de una parte de las tropas.

En los países europeos, esta retirada no se produjo hasta muchas décadas después de la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Ahora en cambio se pide que la retirada sea lo más rápida posible, casi inmediata, como lo decidido y preconizado por Rodríguez Zapatero antes de dejar de ser el presidente accidental.

Parece que hasta que el territorio iraquí no sea abandonado no se cumplirá de modo definitivo la victoria de quienes han celebrado en estos días el inicio de la guerra como el principio de un desquite largamente esperado, sobre todo tras el colapso del socialismo real, consecuencia a su vez de una ofensiva moral, cultural e ideológica protagonizada por los cristianos creyentes, los liberales y los conservadores en buena parte del mundo, en particular en los países anglosajones y sobre todo en Estados Unidos.

Así que la demostración de que Estados Unidos ha sido derrotado en Irak es imprescindible para seguir construyendo la imagen de un progresismo en alza. Allí encalló, en este mito que hemos visto elaborarse bajo nuestros propios ojos, todo lo que se oponía a la marejada progresista. Para ello se borra, al estilo de Fernando VII cuando volvió a España tras la Guerra de Independencia, estos últimos cinco años. Estos días hemos vuelto, literalmente, al 19 de marzo de 2003. Se falsifica descaradamente la realidad, hablando de las atrocidades cometidas, por ejemplo, en Abu Ghraib (¿pero de qué atrocidades se está hablando?). Se silencian las cometidas por el régimen de Sadam Hussein, como apenas se habla de las fosas de enterramientos que siguen apareciendo. Se olvida la naturaleza misma de la guerra, rápida y con mínimas bajas civiles. Se da carpetazo a los avances políticos y al retroceso de Al Qaeda.

Y, ni qué decir tiene, se deja en una discreta penumbra el respaldo de la ONU, votado por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, a la presencia de tropas extranjeras en Irak. Esta es la guinda del pastel amasado durante estos años y servido en estos días: la nueva capacidad del progresismo para decir una cosa y hacer la contraria desvela su auténtica naturaleza. Puede que no todos lo crean, pero la mayoría debe llegar a estar convencida de que las contradicciones no existen, que se puede hacer simultáneamente una cosa y la contraria, que se ha disuelto la realidad misma.

Otra política nacional de la Comunidad de Madrid
Álvaro Vermoet Hidalgo Libertad Digital 22 Marzo 2008

Esta legislatura pasada tuvo como protagonista nacional al Gobierno de la Comunidad de Madrid y a su Presidenta, Esperanza Aguirre, por sus políticas liberales y nacionales, a contracorriente con el Gobierno de Zapatero: desde la primera bajada de impuestos autonómica hasta el cheque escolar de 0-3, pasando por la reivindicación del espíritu nacional español nacido en el levantamiento del pobre pueblo español el 2 de mayo de 1808.

La gran prueba de hasta qué punto la Comunidad de Madrid ha representado un modelo de gobierno alternativo al de Zapatero estos cuatro años es el hecho de que sus políticas más innovadoras y liberales han sido imitadas después por el resto de las autonomías del PP. Y todo esto sin necesidad de un nuevo Estatuto. Pues bien, parece que esta legislatura Madrid va a seguir siendo “la capital y el corazón” de la Nación española o, al menos, la referencia de gobierno del PP, y el último ejemplo ha venido precisamente de la mano de Educación para la Ciudadanía.

El esquema ha sido el de siempre: Madrid tiene la iniciativa y el resto le siguen. La diferencia, ojo, es que el Gobierno de Esperanza Aguirre anunció que admitiría las solicitudes de objeción de conciencia antes del 9-M, mientras que otras regiones como Valencia prefirieron esperar a después de las generales. Pero lo principal es celebrar que parece que todas las CC.AA. populares aplicarán la doctrina del TSJA (aplicable a nivel nacional porque se refiere a derechos fundamentales) y admitirán las objeciones de conciencia, si bien parece que Castilla y León no tiene muy claro dónde está, qué hacer o a dónde ir.

No se trata de una gran oportunidad para las familias objetoras, pues quien objeta, objeta, haya o no amparo de la Administración (a ver si sólo se va a objetar ahora donde gobierna el PP que es precisamente donde menor riesgo de adoctrinamiento hay).

Se trata una oportunidad para mejorar la calidad de la enseñanza. Sí porque si una de nuestras críticas a Educación para la Ciudadanía es que quitaba espacio a las asignaturas de verdad, he aquí una propuesta que ayudaría a mejorar los resultados de los alumnos: ¿no sería de gran provecho académico que en cada colegio las familias objetaran en bloque y que las horas de EpC se utilizaran para refuerzo y avance en matemáticas o en inglés? ¡Vamos, digo yo!

Rio Cabe
Vidas (y muertes) nada paralelas
Serafín Fanjul Libertad Digital 22 Marzo 2008

El mismo día en que conocíamos el asesinato de monseñor Paulos Faray Raho, arzobispo caldeo de Mosul, a manos de terroristas islámicos, un tribunal berlinés reconocía el derecho de los alumnos musulmanes que estudian en colegios de la ciudad a disponer de un oratorio en sus respectivos centros. El desequilibrio, en el trasfondo, entre una y otra noticia me recordó de inmediato aquella milonga argentina (¡Ayjuna, pucha, la vida / qué cosa más despareja! / Unos deshacen terrones, / otros van como en bandeja.). Y sí, en efecto, el trato con guante blanco que en Occidente se dispensa a los mahometanos contrasta crudamente con las acciones recíprocas que nos dedican.

Lo de guante blanco no es una metáfora pobre o un dicho gastado, es verdad literal: los moros presos en Guantánamo reciben los ejemplares del Corán de que se sirven a través de vigilantes rigurosamente enguantados para no contaminar tan sagrado texto por el contacto con manos infieles y pecadoras. En las cárceles españolas, el régimen de privilegio y trato especial para los detenidos musulmanes circula entre la excepción cultural y el pánico suscitado por un grupo de delincuentes numeroso, cohesionado e inmisericorde, con los demás y con sus propios miembros. Dan más miedo que la ETA, vaya. Pero no nos circunscribamos a los muslimes encerrados o a las mandangas y collonería del sistema penitenciario español.

Si defendemos la libertad y la igualdad básica de todos los seres humanos –como es el caso–, resulta obvio que eso vale también para los musulmanes; mas rebasando la interminable lista de casos concretos, vemos cómo la suma de anécdotas, nada divertidas, se convierte en categoría y de qué manera la falta de actos recíprocos similares hace de la relación de Occidente con el islam un banco de sólo dos patas, por supuesto las que sostenemos y pagamos nosotros.

La desigualdad es tan escandalosa que los estados occidentales, por aquello de su carácter aconfesional o laico, renuncian y aceptan omitir toda reclamación o contrapartida del otro lado con el pretexto de su propia condición neutral en materia religiosa. Un argumento intachable en el plano jurídico –y del cual se benefician a mansalva los musulmanes que viven entre nosotros– pero que, en la práctica, es mero escapismo y cobardía. No por casualidad es Estados Unidos el único país occidental que alguna vez –más bien en forma asistencial o de socorro ante hechos consumados de barbarie contra las personas y las creencias– formula alguna protesta o gestión diplomática aislada para salvar la vida (cuando aún es tiempo) de algún ingenuo que apostató del islam, o por facilitar la huída hacia tierras más libres de alguien que ya no soportaba la teocracia enquistada en su sociedad de origen.

La solución de este desequilibrio no consiste en recortar libertades y derechos a los musulmanes por aquí acampados, sino en exigir y obtener de la otra parte una igualdad de trato para los cristianos, hoy por hoy inexistente. Ni siquiera en la época colonial la Iglesia católica se atrevió a lanzarse al proselitismo en serio en el norte de África: tras un intento, en el siglo XIX, fracasado por el temor del Gobierno francés de provocar disturbios políticos, sobre todo en Argelia y Túnez, el asunto durmió el sueño de los justos hasta que, en nuestros días, pastores evangélicos –más osados o menos acomplejados que los católicos– han iniciado una tímida labor de acercamiento y penetración religiosa, a sabiendas de los riesgos físicos que corren, ellos y sus eventuales adeptos. Pero lo más grave no es la prohibición de la libertad religiosa en los países musulmanes, con serlo mucho, sino la naturalidad con que los gobiernos de por acá aceptan una situación tan desigual.

Correlato inevitable de lo anterior es el actual panorama, en que han trasplantado la presión desde sus países (seguros e inasequibles para otras religiones) a los nuestros, donde gozan de toda clase de facilidades para su expansión, empezando por los presupuestos del Estado. Algún caso –el español– reviste características especialmente bufas, tanto por la ignorancia de los políticos y asesores correspondientes en asuntos islámicos, como por el designio de Rodríguez de arrinconar – y a ser posible liquidar – al catolicismo utilizando el islam como una de las puntas de lanza en el ataque.

Sin embargo, nuestras gracias y desgracias no constituyen el problema central, sino la presión –inadmisible, pero ya con frutos– que ejercen sobre nuestra sociedad, pretendiendo imponer sus creencias como eje y fiel de la balanza en nuestros comportamientos, por ejemplo en el terreno de la libertad de expresión: desde la fetua contra Salman Rushdie hasta el aquelarre (con asesinados incluidos) por el erudito y discreto discurso del Papa en Ratisbona; desde la bronca organizada a escala planetaria (con más asesinatos) por los dibujos de un periódico danés a la pretensión, ya enunciada, de que Rodríguez implante la censura de prensa en temas relativos al Islam; desde el asesinato de Theo Van Gogh hasta la exitosa persecución contra Ayaan Hirsi Ali. Pero insistimos: lo más grave no reside en las pretensiones de los musulmanes, por absurdas que sean, sino el terreno claudicante, blandito y dubitativo que encuentran.

Del mismo modo que Ayaan Hirsi fue desposeída del escaño parlamentario y de su nacionalidad holandesa y hubo de refugiarse en Estados Unidos, ahora un diputado holandés no sabe qué hacer con un documental que ha producido sobre el Corán: ninguna televisión se atreve a emitirlo, actitud que relativiza y matiza mucho la cobardía –reconocida y probada– de la sociedad española. Pero el mal de muchos no consuela nada: por el contrario, corrobora cuán difícil y largo es el camino que debemos recorrer los europeos para defender y mantener la libertad en nuestras tierras, una libertad que tanto costó conquistar y que la inhibición y el miedo colectivos, o los intereses de unos pocos que trapichean a gran escala con los moros, están poniendo en serio peligro.

Soldados españoles en Kosovo
Manuel Molares do Val Periodista Digital 22 Marzo 2008

Ojala que ningún serbio de Kosovo dañe a alguno de los 620 militares españoles destacados en su territorio como fuerza de interposición junto con tropas de otros países de la OTAN.

Ojala. Si ocurriera, como estuvo a punto de pasarle a un guardia civil que resultó herido leve, posiblemente el crimen quedará impune: difícilmente podrían juzgar al autor de acuerdo con leyes internacionales justas.

Porque los españoles en ese territorio de 2,15 millones de habitantes y doble superficie que Cantabria están en una provincia que es parte de Serbia para la ONU, y que se ha convertido ilegalmente en país independiente a principios de marzo. Aunque haya sido reconocido por Estados Unidos y numerosos países de la OTAN.

Pero no por España, Rusia, y otras naciones con minorías secesionistas. Ahora, esas fuerzas extranjeras ya no están allí al amparo de la resolución 1224 de las Naciones Unidas, de 10 de junio de 1999, que las envió para evitar enfrentamientos interétnicos en esa parte de Serbia. Las tropas fueron a pacificar una provincia, no a inventar un nuevo país.

Y mientras el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no cambie su estatus, Kosovo sigue dependiendo del gobierno de Belgrado, aunque su población albanesa, la mayoría, haya ejecutado unilateralmente la secesión.

Por tanto, desde principios de marzo las tropas españolas pasaron de la legalidad a una ilegalidad que invita a numerosos serbios a sentirse legitimados para recuperar su territorio, incluso violentamente.

El levantamiento de los serbios contra las tropas de la OTAN podría verse como defensa de la integridad nacional, motivo de beligerancia aceptado por el Derecho Internacional.

Feo asunto: si las tropas españolas sufren daños, sus atacantes no deberían ser juzgados, y si responden matando serbios, tendrían que sentirse como criminales.

La mayoría silenciosa es irrelevante si está acobardada y paralizada
Periodista Digital 22 Marzo 2008

Las lecciones de la historia son con frecuencia increíblemente simples. Solía tratar con un hombre cuya familia pertenecía a la aristocracia alemana antes de la Segunda Guerra Mundial. Eran propietarios -cuenta Paul E. Marek- de un gran número de industrias y empresas grandes. Le pregunté cuántos alemanes eran Nazis de verdad, y la respuesta que dio se me ha quedado impresa y desde entonces guía mi postura hacia el fanatismo.
http://www.israelnationalnews.com/Articles/Author.aspx/512

"Muy pocas personas eran verdaderos Nazis", dijo, "pero muchos disfrutaban del retorno del orgullo alemán, y muchos más estaban demasiado ocupados para preocuparse. Yo era uno de los que simplemente pensaba que los Nazis eran un puñado de locos. De esa manera, la mayoría simplemente se cruzó de brazos y dejó que sucediera todo. A continuación, antes de poder hacer algo, ellos tenían las riendas y nosotros habíamos perdido el control, y el final del mundo se había presentado. Mi familia lo perdió todo. Yo terminé en un campo de concentración y los Aliados destruyeron mis fábricas".

Una y otra vez se nos relata por parte de expertos y tertulianos que el islam es la religión de la paz y que la gran mayoría de los musulmanes simplemente desea vivir en paz. Aunque esta afirmación insustancial puede ser cierta, es completamente irrelevante. Es una vaguedad insignificante encaminada a hacernos sentir mejor y concebida para reducir de alguna manera el fantasma de fanáticos que causan destrucción por el mundo en nombre del islam.

El hecho es que los fanáticos dirigen el islam en este momento de la historia. Son los fanáticos los que se manifiestan. Son los fanáticos los que emprenden cualquiera de las 50 guerras activas en todo el mundo. Son los fanáticos los que masacran sistemáticamente a los cristianos o los grupos tribales de África y los que están gradualmente tomando el control de todo el continente en una oleada islámica. Son los fanáticos los que revientan, decapitan, asesinan o ejecutan los crímenes de honor. Son los fanáticos los que toman el control de mezquita tras mezquita. Son los fanáticos los que extienden fanáticamente las lapidaciones y las ejecuciones con la horca de las víctimas de violación y los homosexuales. El hecho demostrable y difícil es que "la mayoría pacífica" es "la mayoría silenciosa", y está acobardada y paralizada.

La Rusia comunista se componía de rusos que simplemente querían vivir en paz, pero los comunistas rusos son responsables de la muerte de alrededor de 20 millones de personas. La mayoría pacífica fue irrelevante. La enorme población de China también era pacífica, pero los comunistas chinos lograron matar a unos sobrecogedores 70 millones de personas. El individuo japonés medio antes de la Segunda Guerra Mundial no era un sádico fanático de las guerras. Pero Japón se abrió camino a base de matanzas y carnicerías por todo el sureste de Asia en una orgía de muerte que incluyó el asesinato sistemático de 12 millones de civiles chinos -- asesinados la mayoría a través de la espada, la hoja o la bayoneta. Y quién puede olvidar Ruanda, que colapsó por completo en una carnicería. ¿No podría decirse que la mayoría de los ruandeses eran "pacifistas"?

Las lecciones de la historia son con frecuencia increíblemente simples y obvias; pero, con todos nuestros ejercicios de raciocinio, con frecuencia pasamos por alto las ideas más básicas y sencillas. Los musulmanes pacifistas han pasado a ser irrelevantes gracias a los fanáticos. Los musulmanes pacifistas han pasado a ser irrelevantes a través de su silencio. Los musulmanes pacifistas se convertirán en nuestro enemigo si no se pronuncian, porque, al igual que mi amigo de Alemania, despertarán un día y descubrirán que los fanáticos dirigen su futuro, y el final del mundo habrá comenzado.

Los alemanes, los japoneses, los chinos, los rusos, los ruandeses, los bosnios, los afganos, los iraquíes, los palestinos, los somalíes, los nigerianos, los argelinos pacifistas y muchos otros pacifistas han muerto a causa de que la mayoría pacífica no se pronunció hasta que era demasiado tarde. En cuanto a nosotros, contemplando mientras todo se desenvuelve, tenemos que prestar atención al único grupo que cuenta: los fanáticos que amenazan nuestro estilo de vida.

MANIFIESTO POR LA REFORMA DE LA ACTUAL LEY ELECTORAL
Francisco Rubiales Periodista Digital 22 Marzo 2008

La necesidad de reformar la Ley Electoral española se convierte en clamor entre los demócratas españoles, empeñados en romper la resistencia de los dos grandes partidos políticos del país, el PSOE y el PP, unidos por las ventajas y privilegios que obtienen de esta democracia que ha sido convertida, a traición, en una sucia oligocracia de partidos. Difunde y propaga esta exigencia de los demócratas.

Un cada vez más extenso grupo de ciudadanos considera una urgente necesidad democrática reformar la actual Ley Electoral.

No es de justicia que a Izquierda Unida le cueste cada escaño 481.520 votos y a UPyD 303.535 votos, mientras que al PNV le cuesta solamente 50.541, a Nafarroa Bai 62.073, al PSOE 65.470 y al PP 66.470 votos.

No es justo que IU, tercera fuerza política en número de votos, tenga 2 escaños y CIU, con 200.000 votos menos, obtenga 10 diputados.

No es justo que UPyD, quinta fuerza política en número de votos, alcance únicamente 1 asiento en el Parlamento y el PNV, también con menos votos, consiga 6 escaños.

Este sistema adultera la voluntad de los ciudadanos emitida en las urnas, escamotea la representatividad y proporcionalidad de un sistema multipartidista como el español y burla el deseo de gran parte de los votantes que observan como su voto no vale nada en virtud de una Ley Electoral caduca.

Por tanto:
Exigimos a las dos grandes formaciones políticas españolas una profunda reflexión sobre el tema desvinculada de sus intereses partidistas, coyunturales y electorales.

Reclamamos que escuchen las voces que se alzan en la sociedad representando a una mayoría deseosa de un cambio que permita que el voto de todos los ciudadanos tenga el mismo valor.

Demandamos una reforma de la actual Ley Electoral, por injusta y alejada del principio "Un ciudadano, un voto".

POR UNA REFORMA DE LA LEY ELECTORAL.
UN CIUDADANO, UN VOTO. http://www.firmasonline.com/1Firmas/camp1.asp?C=1273
Existe un "Manifiesto de Córdoba", convertido en una campaña de recogida de firmas, cuyo contenido es el siguiente:

A.A.: "A las más altas instituciones del Estado español"
Lo que tenemos:
Listas bloqueadas y cerradas confeccionadas por las élites de los partidos.
Los candidatos sólo responden ante quienes les colocan y no ante los ciudadanos.
Políticos profesionales vitalicios.
Injusto reparto de escaños que concede una desmesurada influencia a los partidos nacionalistas/ separatistas.
Abismal lejanía entre los políticos y los ciudadanos.
Total impunidad de los políticos ante los incumplimientos de las promesas o programas electorales.

Lo que pedimos:
Un cambio profundo en el sistema de representación que propicie una mayor libertad del individuo a la hora de elegir a sus representantes.
Que quien aspire a un cargo político demuestre una independencia económica previa, producto de su esfuerzo personal, que acredite su voluntad de anteponer el interés general al suyo personal.
Limitación de los mandatos: que nadie pueda estar más de 8 años ostentando un cargo político.
Mayor cercanía de los políticos a los ciudadanos para la mejor recepción de las demandas y necesidades de los individuos.
Exigencia de responsabilidad a los políticos por parte de sus electorales ante los incumplimientos de las promesas y programas electorales.

Lo que debiera ser una democracia se ha convertido en una partitocracia corrupta, que roba a los ciudadanos la soberanía que les corresponde, mantenida por una oligarquía política, institucional, financiera, empresarial y mediática, dejando fuera a la inmensa mayoría de ciudadanos, eliminando así su libertad. Y, si no hay libertad, no hay democracia.
Voto en Blanco www.votoenblanco.com

ATRIBUYEN EL ATENTADO AL GRUPO VIZCAYA
El coche-bomba de Calahorra estaba cargado con setenta kilos de explosivos
Joan Mesquida ha cifrado en 70 kilos la cantidad de explosivos de la que estaba compuesta la bomba que ETA hizo estallar este viernes en Calahorra. Según el mando único, "aún es pronto para determinar la composición" del artefacto. Responsables de la lucha antiterrorista atribuyen el atentado a tres etarras que podrían formar parte del "grupo Vizcaya". Entre ellos se encontrarían Jurdan Martutegi y Arkaitz Goikoetxea.
EFE Libertad Digital 22 Marzo 2008

En declaraciones en el hospital comarcal de Villajoyosa (Alicante) tras visitar a un agente de la Policía Nacional herido esta madrugada al ser disparado por dos delincuentes en Benidorm, Mesquida ha explicado que todavía "es pronto para determinar la composición" del explosivo.

Ha añadido que ahora los expertos proceden a analizar el contenido de las cámaras de vigilancia de la zona donde se produjo el atentado y a seguir "otras líneas de investigación", aunque parece ser que "fueron varios individuos" los que participaron en la colocación del coche-bomba.

También se ha referido a la pareja dueña del vehículo utilizado por ETA para cometer el atentado, hallada por la policía autónoma vasca en un monte de Álava, y ha apuntado que "han aportado algo de información", aunque ha evitado ofrecer más detalles.

Un atentado del "grupo Vizcaya"
Fuentes de la investigación habían avanzado a Efe que la bomba estaba compuesta por entre sesenta y cien kilos de explosivo. Las fuerzas de seguridad creen que el grupo Vizcaya, el más activo desde el fin de la tregua, es el responsable de la colocación del coche-bomba junto al cuartel de la Guardia Civil.

Las cámaras de seguridad han grabado al terrorista que aparcó el coche-bomba, pero los investigadores creen que en esta acción le pudieron acompañar otros dos etarras, que formarían parte de la infraestructura de ETA en Vizcaya, que parece "consolidarse" como estable.

Las fuerzas de seguridad consideran que este grupo sería el autor de más de la mitad de las acciones de la banda desde el fin de la tregua y que opera no sólo en Vizcaya, ya que, según fuentes de la lucha antiterrorista, podría haber participado también en otras acciones en Guipúzcoa y Logroño.

Las fuerzas de seguridad creen que este grupo estaría integrado por Jurdan Martitegi y Arkaitz Goikoetxea, que contarían con el apoyo de una red de miembros de ETA no fichados por la Policía. La imagen de Martitegi, quien tiene una altura cercana a los dos metros, aparece desde finales del pasado mes de febrero entre las fotografías de los terroristas más buscados.

Cientos de ciudadanos arropan en silencio a la Guardia Civil y a los vecinos de Calahorra
Efe. Calahorra/Logroño. El Confidencial 22 Marzo 2008

Cientos de ciudadanos han guardado hoy cinco minutos de silencio en la Plaza del Ayuntamiento de Calahorra para arropar a la Guardia Civil y a los vecinos afectados por los destrozos que ocasionó ayer el coche-bomba de ETA. El alcalde de Calahorra, Javier Pagola, acompañado del resto de la Corporación, asistió a este acto, al que también acudió el obispo de la diócesis riojana, Juan José Omella, y centenares de ciudadanos.

Al término de la concentración silenciosa, Omella ha destacado que ha querido "estar junto a los calagurritanos en la sede de la diócesis para participar de su dolor y malestar profundo por este atentado terrorista que, gracias a Dios, no ha causado víctimas humanas aunque sí importantes destrozos materiales". El obispo ha pedido a Dios que "desaparezca esta lacra terrible que es el terrorismo" y ha rogado que "la convivencia y la paz vuelvan a la ciudad".

Por su parte, el alcalde de Calahorra, Javier Pagola, además de resaltar la "serenidad mostrada por todos los vecinos ante un momento duro y complicado para todos", se mostró satisfecho de la magnífica respuesta de la Guardia Civil, la Policía Local y los Bomberos, que "evitaron la existencia de daños personales".

Pagola, quien ha visitado hoy la zona afectada por la explosión, ha recordado que se retiran cristales, marcos y todos los elementos de peligro de las viviendas de la zona, "con el objetivo de facilitar el acceso de los ciudadanos lo antes posible a sus casas, al menos en todos aquellos casos que se pueda". Además el alcalde ha explicado que "se está realizando un peritaje estructural de los dos edificios más afectados por la explosión y por ello todavía es pronto para ver qué casas se van a poder ocupar y cuándo van a poder regresar los vecinos".

Más de un centenar de ciudadanos en Logroño
En Logroño más de un centenar de ciudadanos han condenado hoy en silencio el atentado cometido ayer por ETA en el cuartel de Calahorra y han mostrado su apoyo y solidaridad a la Guardia Civil. Al acto, celebrado en la Plaza del Ayuntamiento, asistió el alcalde de Logroño, Tomás Santos, acompañado por varios miembros de la Corporación, el presidente del Parlamento regional, José Ignacio Ceniceros, y el delegado del Gobierno en La Rioja, José Antonio Ulecia.

Además acudió el fiscal superior de La Rioja, Juan Calparsoro, el secretario general del PP de La Rioja, Carlos Cuevas, y en representación del Gobierno de La Rioja los consejeros Javier Erro, Juan José Muñoz y Luis Alegre.

"Respaldo total" y "solidaridad y gratitud"
Santos, en representación de los grupos municipales del Ayuntamiento de Logroño, manifestó el "respaldo total", así como su "solidaridad y gratitud", a todos los miembros de la Guardia Civil y todos los Cuerpos de Seguridad del Estado que "cada día desempeñan un papel clave en la lucha contra el terrorismo".

El alcalde de Logroño ha insistido en que "los terroristas deben saber que todos los españoles estamos unidos frente a ETA, y para ello es necesario demostrar que todas las fuerzas políticas luchamos con determinación y sin fisuras para derrotar a los terroristas". En declaraciones a los medios de comunicación, Santos ha explicado que ayer se puso en contacto con el alcalde de Calahorra, Javier Pagola, para transmitirle la "solidaridad" de todos los logroñeses y ponerse a su disposición para lo que fuese necesario.

Por su parte, el secretario general del PP de La Rioja, Carlos Cuevas, ha insistido en que fue "casi un milagro" que ayer no hubiese daños personales, después de ver todos los destrozos materiales que ocasionó el coche-bomba.

ENTREVISTA: CINE - Entrevista
La pistola y el 'txangurro'
Ángel S. Harguindey El País 22 Marzo 2008

Manuel Gutiérrez Aragón muestra en Todos estamos invitados el miedo cotidiano en el País Vasco. “Es difícil gozar de placeres razonables mientras a algunos se les niega el derecho a la razón”. Óscar Jaenada y José Coronado protagonizan el filme, que inaugurará el Festival de Málaga

Manuel Gutiérrez Aragón (Torrelavega, Cantabria, 1942) presentará el 4 de abril, en Málaga, Todos estamos invitados, una película brillante, inteligente, sobre un tema escabroso y polémico que el realizador sitúa sin contemplaciones: “Durante el rodaje de Visionarios (2001) en pequeñas localidades del País Vasco y de Navarra vi lo que era la vida cotidiana para algunos, llamémosles disidentes del…, no sé cómo llamarlo, ¿del Régimen vasco? ¿Del statu quo? Bueno, en Euskal Herria se vive bien, la gente suele ser hospitalaria, abierta… Me vino a visitar un amigo al rodaje, se quedó en mi mismo hotel de montaña, en un lugar fantástico, con paisajes únicos, con ese lustre de historia antigua… El dueño le dijo a mi amigo: ‘No hace falta que cierre la puerta de la habitación, aquí la gente es honrada. Al que no se mete en nada, no le pasa nada’. Es curioso que ese tipo de frases, tan oídas en el País Vasco, en vez de tranquilizarnos nos produce un verdadero estremecimiento. Porque ésa es la raíz de cualquier dictadura.

Ya en el rodaje de Todos estamos invitados, algún transeúnte que lo contemplaba te decía alguna palabra amable, o alguna observación: ‘Ya era hora de que hicieran una película sobre esto…’. Pero al hablar bajaba la voz. ¡A estas alturas! Era una actitud refleja; el temor a que le oyera alguien que pudiera luego denunciarle a los batasuneros. Me recordaba algunas situaciones vividas en la dictadura de Franco… En fin, las violaciones de los derechos hay que denunciarlas cuando se debe y mientras se pueda, lo demás es historia. Hoy hay gente en el Partido Popular que anima a defender la Constitución, las libertades en el País Vasco… Muy bien. Pero incluso las ideas más nobles pueden utilizarse en forma de porra para darle en la cabeza al discrepante. Ya me hubiera gustado a mí que defendieran lo mismo en el franquismo, con su presidente Manuel Fraga a la cabeza, que estaba entre los liberticidas”.

Se trata, pues, de un filme sobre una situación actual en un país real en el que determinados ciudadanos son amenazados, chantajeados y, en ocasiones, asesinados (el último caso ha sido el de Isaías Carrasco, ex edil de Mondragón) por defender ideas contrarias a las que los iluminados consideran verdades únicas y absolutas. Pero Todos estamos invitados, con Ángeles González Sinde como coguionista, muestra sobre todo el miedo, consciente o inconsciente, de una parte de la ciudadanía vasca que opta por mirar hacia otro lado cada vez que se consuma la amenaza. Más que una denuncia, la película describe un comportamiento colectivo aberrante, y lo hace sin demagogia ni maniqueísmos. No hay lugar para el confortable esquema de los biempensantes.

Gutiérrez Aragón ha realizado hasta la fecha 17 largometrajes, ha sido guionista en tres más, ha dirigido teatro en varias ocasiones e incluso escribió y dirigió una obra teatral. A ello hay que sumar una adaptación para la televisión del Quijote, una serie de documentales en Andalucía y prepara una serie documental con diversas voces musicales y cinematográficas de Cuba y España. Pero volvamos a Todos estamos invitados, filme del que son protagonistas Óscar Jaenada y José Coronado.

PREGUNTA. ¿Qué le motiva a escribir y realizar Todos estamos invitados?
RESPUESTA. Que hay situaciones que no admiten ambigüedades o neutralidad. ¿Qué me llevó a militar en el partido comunista? Pues el que era muy difícil, en el franquismo, quedarse en casa disfrutando de la lectura de Sartre mientras ahí fuera se negaban todas las libertades. Y hoy, en plena democracia, también es difícil gozar de placeres razonables mientras a algunos conciudadanos nuestros se les niega el derecho a la razón. Desde la simple amenaza, al terror.

P. Ese tono o atmósfera permanente en su filme…, ese mirar constantemente hacia otro lado cada vez que se produce una amenaza, un atentado o un asesinato, salvo honrosas excepciones, remite un poco a lo que debió ser la Alemania del Tercer Reich: nadie, al parecer, era consciente del Holocausto. Incluso la tamborrada final podría subtitularse “la noche de los tambores largos”. Y aún más terrible es el hecho de que quienes se comportan así parecen no ser responsables de su actitud, ni se lo plantean. Es como si el subconsciente colectivo se bloqueara ante situaciones indefendibles.
R. Sí, si le digo la verdad, mi impulso para hacer la película no es ni ETA ni la situación política ni nada de eso. Mi primer impulso es hacerla sobre la gente que mira para otro lado mientras otros —no importa si pocos o muchos— son amenazados y perseguidos o asesinados. Y no importa que los amenazados sean pocos o muchos, porque, una vez admitido el principio, ya es sólo cosa de ponerse a ello. Y además sirve de advertencia a todos. En fin, eso es el fascismo.

P. ¿Qué tiene más importancia en su película, el testimonio o la ficción? El tono narrativo del filme es fundamentalmente descriptivo, antropológico. Lo que Ignacio Fernández de Castro llamó en su día “la demagogia de los hechos”.
R. No, no, Todos estamos invitados es ante todo una película, una ficción. Es más, utiliza sucesos ocurridos en fechas distintas… Hay una síntesis entre hechos diversos y situaciones diversas que no puede permitirse el cine documental. Por eso no se precisa en qué fechas concretas ocurre la película. Ocurrió ayer, hoy… está pasando ahora mismo. En el cine las cosas ocurren mientras se contemplan, como en la música en directo. Yo insisto en que Todos estamos invitados no es un documental, y que conste que se han hecho documentales muy buenos. Asesinato en febrero (2001) o Perseguidos (2004), de Eterio Ortega y Elías Querejeta, son obras fundamentales. Claro que, en el caso de mi película, muchos de los diálogos y de las escenas son reproducción de diálogos y escenas que ocurrieron en realidad. Así, lo de la carta amenazante con la copia de la llave de la casa en que vive Xavier (José Coronado) o el diálogo de Xavier y Francesca (Vanessa Incontrada) cuando ella dice: “He oído un disparo” y él contesta: “Sí, un disparo… a mí”. Son diálogos que se produjeron en la realidad. Pero no por eso son diálogos documentales. De todas maneras, eso que dice es verdad: la película es más descriptiva de unos hechos que una construcción dramática al uso. En eso creo que se diferencia también de alguna de mis películas.

P. Ya, pero incluso en filmes tan estremecedores como Asesinato en febrero, tan suciamente programado por la televisión del PP en Madrid en vísperas de las elecciones del 14 de marzo de 2004 en aquella enloquecida manipulación del Gobierno de Aznar tras los atentados del 11-M, sobre el asesinato de Fernando Buesa y de su escolta Jorge Díez Elorza, ninguno de quienes recuerdan el hecho lo califican de “asesinato” ni hablan de “asesinos”, es como si determinadas palabras no existiesen o el terror fascista estimulara el uso de sinónimos.
R. La corrupción del lenguaje. Se llama “conflicto”, como señala Savater —bueno, Savater o cualquier persona racional—, a lo que es el chantaje del terror.

P. En su película, y siempre dentro de ese enfoque descriptivo o didáctico, el personaje del cura resulta especialmente despreciable por adoptar deliberadamente esa siniestra actitud ante lo que ocurre. Es de un fariseísmo tan perverso como fácilmente comprobable en buena parte del clero y la jerarquía eclesiástica vasca.
R. Por una vez, voy a defender a la Iglesia vasca. Tenga usted en cuenta que la represión franquista afectó también al nacionalismo vasco, al democrático y al totalitario. De esa igualdad de represión a unos y otros han venido no pocos equívocos heredados en la época democrática. ¿Se acuerda usted de cuando nosotros, en el franquismo, llamábamos a los chicos de ETA valerosos luchadores por la libertad de Euskadi? Aquí hay para todos. Recuerde usted también que muchos de los hoy perseguidos por ETA colaboraron en publicaciones abertzales. Nadie tiene obligación de ser profeta, pero por lo menos hay que tener memoria.

P. Ya, pero usted no sitúa en su contexto las actitudes personales. En este año de 2008 se cumplen los 30 de la Constitución española, es decir, llevamos tres décadas de convivencia en un sistema democrático, nada que ver con los tiempos y las leyes de los de Franco, Carrero Blanco, Alonso Vega o Arias Navarro. Sin embargo, aún quedan ciudadanos que parecen no admitirlo.
R. Hay lugares en que la Constitución parece secuestrada por esos ciudadanos que dice usted. Pero la amenaza de ETA, con ser grave, enmascara otro hecho también grave: la desaparición en la Comunidad Vasca de los símbolos y actitudes comunes al resto de los españoles. Día a día, de forma aislada, pequeña, aparentemente irrelevante… pero continua. No es una opción libre, sino amparada por la intimidación. Al final se conseguirá aparentar que las cosas se rompieron por una decisión consciente y no es así. En realidad, lo que no se ha roto no haría falta pegarlo.

P. ¿En qué momento de la historia reciente de ETA se empieza a preparar la película?
R. El guión se empezó a escribir antes de la tregua. Se recopilaron escenas, nos asesoramos con José María Calleja… Luego, en el verano de 2006, llegó la tregua decretada por la banda terrorista. Pero no por eso se modificó el guión. Sí es verdad que algunas reflexiones del personaje de Xavier con su novia, que es psicóloga, versan sobre si es posible superar el miedo, olvidarlo, o no… Pasean por la playa de Ondarreta, un día soleado de otoño, y charlan sobre si será posible enterrar alguna vez el miedo, las amenazas, el horror. Y bromean sobre que los psiquiatras se dedican a desenterrar los recuerdos, y que hay recuerdos insoportables. Había esperanzas durante la negociación con ETA. Ahora, el miedo, la amenaza, la persecución, el asesinato han vuelto. Si la tregua no modificó el guión, tampoco lo hizo la ruptura de la tregua. Fíjese, cuando empezamos a rodar la película, esa misma mañana, me desayuné con la noticia de que ETA había robado un centenar de pistolas en Francia. Así que nadie, en el entorno en el que yo me movía en San Sebastián, se hizo muchas ilusiones sobre la clase de tregua en la que se vivía.

P. ¿Cómo se tomó la determinación de rodar en San Sebastián? ¿Tuvieron problemas al rodar en la Parte Vieja de la ciudad, lugar habitual de protestas?
R. Se pensó mucho si era conveniente rodar en el País Vasco o no. Al final, se optó por rodar allí. Debo decir que tuvimos toda clase de facilidades y que prácticamente no hubo incidentes. Un día, una manifestación por la liberación de De Juana Chaos atravesó el rodaje. Estábamos en la Parte Vieja, pero ellos estaban en lo suyo y nosotros en lo nuestro. Más terrible, la verdad, era encontrarte con verdaderos amenazados por las calles, con sus escoltas, en medio de la alegría de los bares y el bellísimo fondo del Cantábrico.

P. Según parece, hubo gente que se negó a participar en la película…
R. Algunos establecimientos, algunas sociedades nos negaron los locales. Y algún actor me contestó diciendo: “Jo, Manolo, es que yo vivo aquí”. Sí, hay miedo.

P. ¿Hubo rechazos por motivos políticos?
R. Algunos motivaron su rechazo en posiciones ideológicas: les parecía que la película justificaba las tesis del Partido Popular sobre la violencia. Pero no es mi intención enjuiciar la política de ningún partido. La política da muchos más bandazos que los relatos fílmicos o literarios. Tampoco es que yo quiera hacer películas sub specie aeternitatis, pero un argumento como el de Todos estamos invitados es inevitablemente dependiente del aquí y ahora.

P. Según eso, ¿hay distintas maneras de ver la película?
R. La película tiene una manera distinta de verse si se estrena con un atentado reciente, o si hay tregua, o si ha pasado determinada cosa. El cine tiene un valor simbólico innegable. Parece que todo está hecho adrede. O como respuesta a algo, aunque ese algo aún no hubiera ocurrido cuando se hacía la película.

P. La historia del etarra desmemoriado ¿de dónde sale?
R. Es una historia que me contó Juan Mari Bandrés hace tiempo. La verdad es que me pareció una historia irresistible: un militante de ETA que es herido en la cabeza mientras participa en un atentado y que, al recuperarse de sus heridas, no recuerda quién es. Unos le dicen que es un valeroso gudari, y otros un ciudadano normal y él no sabe a qué carta quedarse. Compañeros, madre, médicos le intentan arrastrar hacia un lado u otro, cada uno tira de él hacia la violencia militante o hacia la integración social. Curiosa historia, ¿verdad? Juan Mari Bandrés, al que yo conocía poco, había participado en el juicio al etarra amnésico. Dicho sea de paso, Juan Mari me trató muy amablemente, me invitó a su casa y me dio algunos datos. La verdad es que Bandrés me pareció un tipo formidable, aunque la historia real del etarra me la desmitificara un poco. No, claro, no utilizo el nombre verdadero del ex etarra. Por cierto, con el nombre que le puse al personaje, Josu Jon, me ocurrió una cosa pintoresca. Yo le puse el nombre de Josu Jon sólo porque me sonaba bien. Pues bueno, hubo muchas suspicacias respecto a que se llamara Josu Jon (como Imaz, ex presidente del PNV) y varias personas se mostraron recelosas de mis verdaderas intenciones. La paranoia está servida.

P. Explique la elección de Óscar Jaenada para el papel de Josu Jon.
R. Desde el principio pensé en Óscar para el papel del etarra. Simplemente porque me gusta mucho como actor. Óscar se metió muy dentro del personaje, como acostumbra. Fue a sitios, digamos, conflictivos, y se juntó con gente bastante… problemática. Llegué a sentir cierto temor por él. Un personaje de etarra no es como un personaje de camarero o de oficinista. En fin, un actor que arriesga siempre es digno de admiración.

P. Usted insiste en que el guión agrupa casos diversos, épocas diferentes, y me señala una y otra vez que en la película no se precisa una época determinada. ¿Por qué tomó este camino?
R. A veces, para pintar un rostro, o una escena, se distorsiona el espacio. El cine puede distorsionar el tiempo. En la película hay situaciones que no se suelen dar juntas. Pero ya ve, lo que creo que he conseguido es darle a todo un aire de pesadilla.

P. ¿Por eso en el filme figuran dos secuencias de sueños?
R. Que no se distinguen mucho de la realidad.

P. ¿Me puede decir algo del tema gastronómico? En la película hay varias comidas y cenas, y alguna termina en amenaza o asesinato.
R. Eso, en cambio, hay que apuntarlo en el lado realista de la película. Algún asesinato se ha producido al entrar o salir de un restaurante o bar de pinchos. Nuestro cocinero fue Xavi Gutiérrez y la preparación de los platos, real como la cocina misma. Por cierto, estaban muy buenos. La gastronomía es casi como una religión en el País Vasco, y ya sabe usted que la religión y la muerte siempre están muy cerca. Pero, en fin, esperemos que llegue un día en que la sombra de la pistola no se proyecte sobre el plato de txangurro.

Añadamos como colofón el último de los menús que se muestran en el filme, cocinado en directo durante el rodaje: Piparras. Jamón. Pimientos de Guernika. Tostas de angulas. Cocochas en salsa verde. Bacalao al pilpil. Lubina al horno. Solomillitos con foie. Tejas de Tolosa. Un alarde de civilización, placer y cultura que nada tiene que ver con los fundamentalistas de las bombas-lapa y las pistolas.

Todos estamos invitados se estrena, fuera de concurso, el viernes 4 de abril en el Festival de Málaga y el 11 en los cines. Dirección: Manuel Gutiérrez Aragón. 2007. Guión: Manuel Gutiérrez Aragón, Ángeles González Sinde. Intérpretes: Óscar Jaenada, José Coronado, Iñaki Miramón, Vanessa Incontrada. 95 minutos.

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