AGLI

Recortes de Prensa    Martes 13 Mayo 2008

San Gil y la deriva del PP
Desde estas mismas páginas ya advertimos de "una posible rebelión de quienes no se juegan la vida en el País Vasco para caer precisamente 'simpáticos' a los nacionalistas".
EDITORIAL Libertad Digital  13 Mayo 2008

La decisión de María San Gil de abandonar el equipo encargado de redactar la ponencia política para el congreso del PP, por "diferencias de criterio fundamentales" sobre su contenido, no hace sino confirmar la nueva estrategia de acercamiento a los nacionalistas de la que es máximo responsable Mariano Rajoy.

En estas mismas páginas ya indicamos que esa apuesta "suicida y nihilista" de Rajoy sería "la decisión más nefasta que haya tomado el dirigente popular en toda su carrera política", al tiempo que advertimos de "una posible rebelión de quienes no se juegan la vida en el País Vasco para caer precisamente "simpáticos" a los nacionalistas".

Dada su condición de referente moral tanto para sus compañeros de partido como para sus votantes, la decisión de la presidenta del PP vasco supera en trascendencia incluso a los abandonos de Zaplana y Acebes. Esperemos que la catarata de muestras de solidaridad que ya ha recibido la valiente política vasca sirva, sobre todo, para impedir esa deriva acomodaticia, y al tiempo suicida que más que combatir políticamente, pretende adaptarse a la España plurinacional y aconstitucional que impulsa ZP.

Por mucho que el resto de los ponentes corrieran a limar algunos de los aspectos más inadmisibles de la ponencia, la credibilidad que María San Gil es demasiada como para que pueda tener éxito un mero maquillaje de última hora destinado a hacer pasar por exagerada o integrista su justificada discrepancia. Por otra parte, esa nueva postura de acercamiento hacia los nacionalistas contra la que se ha rebelado San Gil fue adelantada por varios medios de comunicación, sin que lo desmintiera –todo lo contrario– ningún dirigente. De hecho, esa deriva ya la delató, entre otros, el propio Rajoy al decir, poco después de las elecciones, que había que "evitar que el PSOE se convierta en refugio de los recelos que pueda provocar el PP en algunos territorios".

En lugar de fijarse en los votantes que el PSOE perdió en beneficio del PP o de UPyD, Rajoy se fijó en el trasvase de voto nacionalista a Zapatero, y en lugar de insistir en convertir al PP en el refugio de los recelos que causa y puede causar aún en mayor medida en el futuro la deriva nacionalista de Zapatero, Rajoy anticipó una estrategia de acercamiento a los nacionalistas que no sólo supone una traición a los principios, sino un estéril y suicida intento de competir con Zapatero en "simpatía" hacia los nacionalistas.

A la falta de consistencia intelectual e ideológica de muchos dirigentes del PP empeñados en caer simpáticos a sus adversarios, se les ha unido, en definitiva, los errores estratégicos de una sociología política típicamente arriolana que considera al electorado como algo fijo y asignado, insensible a la influencia de las ideas cuando se explican con claridad y orgullo. Eso, por no hablar de ciertas élites mediáticas condescendientes al acercamiento del PP al PNV y CiU que ponen más el acento en la divisoria derecha-izquierda que en la que separa a los nacionalistas de los que ni lo son ni quieren ser sus compañeros de viaje.

Esperemos que el desembarco de San Gil, que sobre todo es un alegato moral, sirva para que el PP recupere el rumbo perdido, para que así no tenga que ser el desembarco de los votantes el que provoque esa catarsis que nunca podrá lograr un congreso a la búlgara.

María San Gil
Toque de retirada en el PP
Todo ocurre como si en la Génova a medio renovar se hubieran convencido de que el futuro sólo será suyo si compiten con Zapatero por el afecto de la tribu nacionalista.
Cristina Losada Libertad Digital 13 Mayo 2008

Hay quien dice que la política es el arte de lo posible. Puede ser. Pero hay quien interpreta que la política consiste en adaptarse lo más posible. ¿A qué? A lo que en cada momento parezca más oportuno y conveniente, por decirlo con el latiguillo de Rajoy, para alcanzar el poder. Las "diferencias de criterio fundamentales" que han motivado el rechazo de María San Gil al texto de la ponencia política del Congreso del PP tienen que ver con ese posibilismo, que hablando en plata se llama oportunismo. Y es que el oportunismo del PSOE zapaterino ha encontrado su réplica en el principal partido y, pronto, gran ministerio de la oposición.

Todo ocurre como si en la Génova a medio renovar se hubieran convencido de que el futuro sólo será suyo si compiten con Zapatero por el afecto de la tribu nacionalista. Pues él ha cosechado tan buenos resultados entregándose a ella y hasta usurpando parte de su agenda, esperan esos linces recolectar también algunos frutos si, al menos, sonríen, se modulan, se muestran dialogantes, son comprensivos, y susurran algún que otro cariño identitario. Pero allí donde Zeta se da el banquete, ellos no recogerán ni las migajas.

De estas señales de giro que parpadean en el vehículo popular se deduce que sus conductores o no entienden la naturaleza de los nacionalismos o no entienden la naturaleza de la mayoría de sus votantes. Y, en realidad, no son excluyentes. Pero el quid de la cuestión se halla más a ras de suelo. El PP quiere gobernar, como cualquiera, y no se le ha ocurrido mejor cosa que hacerse un cambio de imagen a gusto de quienes residen en su antípoda en el asunto esencial que hoy está en juego. Como justificación, el mal menor. Igual que se prestó a reformas estatutarias para que no fuesen tan anticonstitucionales, el PP se dispone a proyectarse como el piloto menos delirante del proceso de disgregación acelerado desde La Moncloa.

María San Gil representa el discurso nacional y anti-nacionalista en el lugar donde hacerlo raya en la heroicidad. Cooptarla para redactar una ponencia política que el aparato de su partido quería derivar hacia el tacticismo de la simpatía con los nacionalistas sólo puede interpretarse como un intento de utilizarla de avalista para hacer presentable el cambio de rumbo. Su salida significa que el PP ha dado el toque de retirada de las posiciones que había pregonado como su punto fuerte. "Nos podemos entender con los nacionalistas sin cambiar nuestro discurso", dice el nuevo valor del partido, González Pons. Claro, todo malabarismo verbal es posible. El modelo: Zetapé. El mismo a quien Rajoy reprochó que no tuviera una idea de España.
Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Arrepentimiento de Z
La financiación autonómica y la unidad de España
En lo demás, Zapatero deberá manejar la situación con mucho tiento y aprender la lección para evitar cometer errores de semejante magnitud en el futuro, porque lo que hay en juego transciende a las cantidades de dinero público que pueda recibir cada auton
Emilio J. González Libertad Digital 13 Mayo 2008

El Gobierno, con sus promesas, compromisos y propuestas en materia de financiación autonómica, se ha metido en un charco muy peligroso que jamás debió ni siquiera plantearse pisar. Los asuntos relativos con esta materia, cuando no se tratan con la delicadeza y corrección que requieren las circunstancias, acaban por estallarle en el rostro a quien se aproxima a ellos de forma imprudente, y el Ejecutivo de Zapatero lo ha hecho. Primero se comprometió con el tripartito catalán a publicar las balanzas fiscales de las distintas comunidades autónomas, luego dio el visto bueno al artículo del Estatuto catalán que pedía que el Estado destinara a inversiones en Cataluña el mismo porcentaje que la economía catalana representa en el total nacional y ahora se las ve y se las desea para salir de una trampa en la que se ha metido él solito sin que nadie le forzara a hacerlo.

La cuestión de las balanzas fiscales es extremadamente peligrosa. Cada cual las calcula según más le conviene, como acaba de denunciar el Instituto de Estudios Económicos, con lo cual será difícil ponerse de acuerdo en el método a seguir porque, sea cual sea el que se elija, que siempre será por criterios políticos, habrá alguien que se sienta agravado.

Pero eso no es lo peor. Lo peor es el riesgo que suponen semejantes estrategias para la unidad de España. Siempre que una región siente que paga más de lo que debe, que los territorios atrasados de un país están viviendo a su costa, vienen las tendencias centrífugas. Bélgica prácticamente se partió hace unos años como consecuencia del sentimiento reinante entre los flamencos acerca de que los valones estaban viviendo a su costa. La Liga Norte italiana nació y cosecha sus apoyos electorales gracias a ese mismo sentimiento en unas regiones que ya en la década de los sesenta conocieron serias tendencias separatistas como consecuencia de ese mismo motivo. Y los partidos que gobiernan Cataluña desde 2003 están utilizando esa misma estrategia para respaldar unas posiciones a medio camino de la independencia.

Por ello, el Gobierno jamás debería haber aceptado la propuesta de publicar dichas balanzas, no porque haya que ocultar realidad alguna, sino porque solo sirven para alimentar mitos nacionalistas basados en hechos que, hoy por hoy, no se dan. ¿Por qué pretende el Ejecutivo de la Generalitat que Cataluña está financiando a las regiones más atrasadas de España cuando más del 10% del presupuesto catalán procede del fondo de suficiencia, un fondo que financia el propio Estado? Desde luego, cuando la Generalitat habla de balanzas fiscales siempre se cuida muy mucho de recordar semejante dato, sobre todo porque las únicas autonomías que aportan dinero a dicho fondo son Madrid, Navarra, Baleares y La Rioja.

Después está la cuestión del modelo en sí. En Cataluña cuentan con que el Gobierno va a cumplir su compromiso, recogido en el nuevo Estatut respaldado por el PSOE de Zapatero en el Parlamento nacional, de destinar el 18% de la inversión pública a la región, el mismo porcentaje que representa la economía catalana en el total nacional. Pero ahora que llega la hora de la verdad, donde Zapatero dijo digo, ahora dice Diego.

Y es que dentro del propio Partido Socialista las voces discrepantes que surgieron entonces pero no tuvieron el valor de respaldar con votos parlamentarios sus críticas al nuevo Estatut, ahora dicen bien alto lo que antes se callaron para no provocar la caída del Gobierno de Zapatero, que el modelo catalán rompe el sistema de solidaridad interterritorial, uno de los pilares sobre los que se construye cualquier Estado moderno. Entre esas voces está del presidente tanto del PSOE como de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, quien en su momento criticó el modelo catalán pero no hizo que los parlamentarios socialistas andaluces votaran en contra del mismo. En cambio, ahora que Andalucía necesita dinero a manos llenas, entre otras cosas para cubrir las multimillonarias pérdidas de sus empresas públicas, Chaves dice lo que calló hace dos años y hace valer todo su peso político dentro del PSOE para frenar lo que nunca debió aprobarse.

Todo ello ha colocado a Zapatero en una posición política muy difícil. El presidente catalán, José Montilla, amenaza con riegos políticos si no se cumple el contenido del Estatut en materia de inversión estatal, y no hay que ser muy listos para presuponer a qué riesgos se refiere. Chaves, por su parte, no da su brazo a torcer porque se juega mucho, entre otras cosas, la supervivencia del sistema de estómagos agradecidos, de control sobre la sociedad a través del presupuesto regional, que ha mantenido a los socialistas andaluces en el poder durante tantos años.

Y Zapatero ahora no ve más salida que la lógica, la que siempre ha estado ahí y que debería haberse tomado desde un principio: el acuerdo con el PP para este tema, una de las grandes cuestiones de Estado en las que el presidente debería haber contado con la oposición. Uno se acuerda de Santa Bárbara cuando truena, y ahora que se avecina una tormenta muy seria en el campo de la financiación autonómica el Ejecutivo se acuerda del PP. Más vale tarde que nunca porque la posición del Partido Popular, en este caso, debería ser la de mantener un modelo basado en la solidaridad interterritorial, como pilar básico de la construcción de la España contemporánea. En lo demás, Zapatero deberá manejar la situación con mucho tiento y aprender la lección para evitar cometer errores de semejante magnitud en el futuro, porque lo que hay en juego transciende a las cantidades de dinero público que pueda recibir cada autonomía.

Zapatero primero, Juan Carlos segundo y Rajoy el último
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 11 Mayo 2008

Vibrante artículo, como todos los suyos, de Agapito Maestre en LD sobre "los socialistas y el Rey", que, según dice, no significa exactamente lo mismo que "el Rey y los socialistas". La frase última parece aclarar todo equívoco: "Juan Carlos I, el Rey de la España confederal y asimétrica, está no menos que Rajoy a las órdenes de Zapatero." Tres piezas, pues, compondrían el cambio de régimen constitucional y nacional español: la Jefatura del Estado, la Presidencia del Gobierno y la Jefatura de la Oposición. Al Ejecutivo, se añaden el Poder Legislativo y el Poder Judicial (CGPJ, Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional) en manos de los dos partidos políticos mayoritarios, PSOE y PP. Así que desde el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923 no habrá habido en España un cambio de régimen tan unánimemente respaldado, si no coreado, por todas las instituciones diseñadas para resistirlo, combatirlo reciamente y, tal vez, derrotarlo.

Lo que no acaba de convencerme del todo en el análisis de Agapito es una cierta minusvaloración del origen franquista de la magistratura –en el sentido romano del término– de Juan Carlos I, "sucesor de Franco a título de Rey". Creo que tanto el segundo como el tercer lado de este triángulo escaleno, cuyo lado mayor es sin duda el del PSOE, asumen su menguada condición precisamente porque se consideran hijos políticos de la dictadura o incapaces de contrarrestar la propaganda política de la Izquierda al respecto. Aunque trajeran la democracia mediante la reforma política del régimen y en contra del modelo rupturista que promovía el antifranquismo, tanto de izquierdas como de derechas. Aunque sea el Rey el símbolo internacional de aquel cambio de régimen que tantos aplausos cosecha todavía hoy. Aunque el PP también sea parte esencial en la legitimación de cualquier cambio de la forma de Estado en España. La pérdida de memoria de Adolfo Suárez es símbolo y acicate para estos cambistas de régimen, que a diferencia de los golpistas del 23-F, no quieren echar a un Gobierno a la fuerza y poner patas arriba o entre paréntesis al régimen, sino algo más profundo y más sutil: cambiar el Estado y jubilar a la Nación con la anuencia de todos los implicados.

Hay semejanzas escalofriantes con el cambio de régimen de 1975 a 1977, desde el carácter piramidal e inducido de la transformación hasta el masivo respaldo popular, por vía de inacción más que de acción, a una continuidad aparente y una mutación total. Pero en lo que respecta a los medios de comunicación y a los que en ellos se expresan, creo que estamos entre lo que podríamos llamar la aclamación de los sepultureros del liberalismo canovista en 1923 y lo que Gramsci, por esos mismos y mussolinianos años, llamó "intelectual colectivo", llamado a conquistar sin violencia física la "hegemonía" social a través del control de los "aparatos ideológicos de Estado". Hay dos símbolos de ese cambio de régimen: la Educación para la Ciudadanía y la dictadura televisiva de las cadenas dominadas por la izquierda y los nacionalistas, que son todas las nacionales de gran audiencia y que tienen en la telebasura su abono y en los telediarios su fruto. Al dictado de este poder, no por encubierto menos cierto, se produce un fenómeno terrible, tan simbólico como real y tan cultural como político: la persecución del español como lengua vehicular en la enseñanza y en toda la función pública.

En las últimas elecciones generales, el candidato del PP, Mariano Rajoy, hizo cuestión de principio y bandera electoral de la oposición a las multas y demás pruebas de la persecución del castellano. Casi media España estuvo con él. Pero apenas se vio derrotado, él dejó de estar con esa media España. Ha sido el último en incorporarse a esta liquidación por derribo de la nación española como base de su régimen político, cualquiera que sea. Pero esta España de Zapatero I, que aspira a seguir coronando Juan Carlos, aún no llega a confederal y ya pasa de asimétrica. Despótica y caótica, juntera y separatista, está llamada a ser, al modo masónico mexicano, una dictadura perfecta sólo matizada por la corrupción. De Bayona a Perpiñán y de Torrejón a Coslada: aquí yace.

El Rey y Zapatero
La ilegitimación
No fue un golpe de estado republicano el que derribó en 1931 a la monarquía, sino un golpe de estado monárquico, dado por la camarilla del Rey y el Rey mismo contra su propio sistema y sus propios votantes. Parece que la historia tiende a repetirse.
Pío Moa Libertad Digital 13 Mayo 2008

Un Gobierno se ilegitima cuando incumple la ley, aunque gane las elecciones. Así lo hizo el Frente Popular, lo hizo Hitler o lo está haciendo el Gobierno actual. Por la vía de los hechos consumados y de las intrigas con los separatistas y terroristas, está convirtiendo a España en una confederación, liquidando la nación española y la Constitución. Ni más ni menos.

En este contexto, Juan Carlos ha tomado partido por el Gobierno golpista: el actual jefe del Ejecutivo, a su juicio, "sabe muy bien hacia qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas. Tiene profundas convicciones. Es un ser humano íntegro." ¿Qué ha inducido a Juan Carlos a un compromiso tan claro, ilegitimador para él mismo, para su papel neutral y equilibrador aun si no se tratase de un Gobierno golpista? Cuando las grandes movilizaciones y protestas contra la política del Gobierno, el Rey no dijo palabra, y se aceptó, en general, que su silencio podía responder a una concepción, algo exagerada dadas las circunstancias, pero comprensible, de su neutralidad en las contiendas políticas. En cambio ahora no tiene ningún escrúpulo en respaldar al Gobierno, saltándose por completo los principios de su función.

El movimiento de Juan Carlos resulta aún más extraño por cuanto el Gobierno nada tiene de monárquico. Su jefe, en las ceremonias oficiales, procura dejar claro, con el lenguaje de los gestos, su distanciamiento y hasta falta de respeto con relación a la corona. Porque Zapo se siente republicano y porque el Rey viene del franquismo, como la democracia, y ello le ilegitima, según implica claramente la ley de memoria histórica. ¿Quizá Juan Carlos –por otra parte de vida privada tan vulnerable– está tratando a la desesperada de preservar la monarquía sometiéndose a las exigencias de quienes sin ambages se proclaman "rojos", "enterradores de Montesquieu" e identificados con el Frente Popular? ¿De quienes planean, antes o después, acabar con la monarquía? Es una posible explicación, que, por supuesto, no justifica nada y mucho menos legitima tales actos.

No fue un golpe de estado republicano el que derribó en 1931 a la monarquía, sino un golpe de estado monárquico, dado por la camarilla del Rey y el Rey mismo contra su propio sistema y sus propios votantes. Parece que la historia tiende a repetirse.

San Gil contra Rajoy
Germán Yanke Estrella Digital 13 Mayo 2008

Al anunciar María San Gil que abandona el equipo de redacción de la ponencia política para el próximo congreso del PP, este partido ha recibido en plena línea de flotación un torpedo mucho más dañino que cualquier debate previo sobre nombres, primarias, causas de la derrota electoral, etc. La paradoja es que no sabemos exactamente cuáles son las “diferencias de criterio” de la presidenta del PP del País Vasco con el texto de la citada ponencia: nada se explica en la escueta nota que anuncia su abandono y nada se ha dicho al respecto durante todo el lunes ya que María San Gil, después de hablar con Mariano Rajoy según algunas fuentes, canceló una comparecencia pública para dar a conocer su punto de vista.

Así que algunas de las voces de apoyo que recibió ayer la dirigente popular vasca parecían fiarse de ella más allá de sus palabras, lo que es, por cierto, un dato significativo porque María San Gil se ha convertido en un símbolo del PP en las circunstancias tan dramáticas que vive ese partido en el País Vasco. Un cierto aire de fe en la persona o de confianza en el argumento de autoridad, incluso antes de que se formule, ha habido en las declaraciones de Esperanza Aguirre (“estoy segura de que tiene sus razones”, ha dicho instando después a la “reflexión” de la dirección del PP) y de Ana Botella (achacando el abandono a que “no se estarán garantizando los principios del partido”). Algo más sobre el fondo de este asunto dijo ayer Jaime Mayor Oreja, que ha estado siempre detrás de María San Gil (en su nombramiento, en la negativa a la candidatura alternativa de Loyola de Palacios, en el apoyo a su política en el País Vasco). Según Mayor Oreja, San Gil tiene “razones poderosas” porque el PP, en vez de centrarse en políticas sectoriales, tiene que responder a la pregunta de si es o no irreversible lo que el eurodiputado llama “la segunda transición”, es decir, las políticas sobre la nación y los pactos con los nacionalistas del presidente Rodríguez Zapatero. Pero ésta es la pregunta de Mayor Oreja y seguimos sin saber, en medio del ruido y la algarabía, qué dice exactamente la ponencia que se presenta hoy sobre el asunto y qué quería incluir, quitar o cambiar la discrepante.

¿Piensan los que se ha apresurado a ponerse del lado de María San Gil que el canario José Manuel Soria y la senadora Alicia Sánchez Camacho son sospechosos de traicionar, o en todo caso de no garantizar, los “principios” del PP? ¿O que ellos dos y Mariano Rajoy van a cambiar la política de ese partido sobre la reforma de los estatutos de autonomía, o en concreto sobre el recurso contra el de Cataluña? ¿O que van a modificar la política antiterrorista que han venido defendiendo? ¿O que se proponen pactar con los nacionalistas que defienden el derecho de autodeterminación? Si fuese así, sin existen esas dudas, la crisis de confianza en el presidente del PP desborda todo lo imaginable.

Pocas horas antes de que San Gil anunciara su portazo, José Manuel Soria había dicho que la ponencia defendía el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo para “derrotar” sin paliativos a ETA. El propio Mariano Rajoy, antes de todo este ruido, señaló que el PP mantenía el recurso contra el Estatuto de Cataluña y seguía defendiendo los fundamentos con los que había sido presentado. Él mismo, y otros dirigentes del PP, se han mostrado abiertamente en contra de los planes de Ibarretxe e incluso han reprochado al Gobierno que, para negarse a ellos, abra otras vías de negociación con el PNV. Sí dijo Soria, preguntado por el tono de la oposición a los nacionalismos, que era algo que correspondía a cada partido en las diferentes comunidades autónomas y que, en Canarias, les habían ido bien los pactos con Coalición Canaria. ¿Está la discrepancia en una cuestión de tono, de la beligerancia verbal del enfrentamiento político? Sería tan absurdo como presentar ahora a Mariano Rajoy como el amigo del PNV, el que quiere incluso el acuerdo que no está dispuesto a suscribir José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero hay en el PP una corriente de opinión que pretende otra cosa. A través de las fundaciones que dirigen Alejo Vidal Quadras y Santiago Abascal (uno de los dos únicos compromisarios populares en Álava que no ha apoyado la candidatura de Rajoy) se ha venido pretendiendo que el PP formalice su negativa a cualquier acuerdo con el PNV y CiU (como si esto no estuviera sujeto a las circunstancias o a las posiciones de esos partidos, que no son inamovibles), que reforme la Constitución para la recuperación de competencias por el Estado, que eleve incluso el tono del enfrentamiento con los nacionalistas, que al mismo tiempo se tienda a acuerdos con el PSOE para lograr estos objetivos y se les zahiera como traidores, etc. Jaime Mayor Oreja parece estar en esta onda, aunque no haya explicado bien hasta el momento qué sea eso de la “segunda transición” después de que Aznar diera carta de naturaleza a lo que también llamó “segunda transición”. En medio de la silente discrepancia de San Gil se podría pensar que ella y quienes le apoyan defienden ideas similares. ¿Puede ser? Sería hasta divertido que Ana Botella tema ahora por los principios del PP cuando fue Aznar el que arrumbó a Vidal Quadras porque convenía a su entendimiento con Pujol. Y que Esperanza Aguirre, en el fragor de la batalla, olvidara que ya se mostró partidaria, según cómo, claro, como todos, de entenderse con los nacionalistas. Y que Abascal no reparara en que Jaime Mayor Oreja negociaba con el PNV la investidura de Aznar en 1996.

Pero vuelvo a las declaraciones de Soria porque no se entiende muy bien que una cuestión estratégica —entenderse según y cómo y según con qué nacionalistas— tenga que estar en una ponencia política de un partido. ¿Cree que alguien va a poner en cuestión sus pactos con Coalición Canaria? Parece absurdo. Pero él ya adelantó a los medios de comunicación que su partido pretendía cambiar las relaciones con los nacionalistas, lo que no deja de sorprender cuando el PNV está como está y CiU pretende, antes de hablar de autodeterminación, que se renuncie al recurso contra el Estatuto. Que el PP tiene problemas en el País Vasco y Cataluña es una evidencia, y le ha costado —junto a otras cosas— las elecciones de marzo, pero a quien debe dirigirse con otras maneras y un discurso más eficaz es a los votantes de esas comunidades, y no a los nacionalistas que se empeñan, incluso tras los varapalos electorales, en ser sus legítimos portavoces.

Introducir esa estrategia —que no doctrina— en la ponencia es, en el fondo, reconocer un complejo ante los nacionalistas. Serían ellos, tras ser mejor tratados, los que avalarían el cambio (necesario a todas luces) del PP y no sus votantes y los sectores del centro a los que la estrategia de la crispación no ha gustado.

El absurdo al que se ha llegado con esta nueva batalla en el PP, más grave que las anteriores porque afecta a nervios muy sensibles del partido, tiene, en este caso, dos causas. Una, personal, porque los más cercanos a María San Gil se quejan del trato recibido incluso habiendo conseguido que la mayoría de sus propuestas se incluyan en la ponencia y de las gestiones mediadoras de quien no estaba en su redacción, el diputado José María Lasalle. El PP vasco, aunque haya errado, lo que no tiene, ciertamente, es complejos, y no debe ser plato de gusto tener que analizar la situación, incluso esos errores, con quienes dan tanta muestra de complejos, que ni son simpáticos ni responden a una ideología. Y tener que hacerlo, además, al margen de un presidente del partido que siempre mostró su apoyo al PP vasco y que incluso quiso colocar a María San Gil como número dos en su candidatura electoral en Madrid.

De otro, la propia situación de Rajoy, debilitado con todo lo que ha venido sucediendo desde el 9 de marzo, ajeno al parecer a encontronazos que debería tener controlados personalmente. Le convendría, si puede, salir del atasco por elevación, es decir, con una clara y contundente declaración política, con la formulación de su proyecto político —que en esta hora de crisis no puede ser “lo que decida el congreso”— y el reforzamiento de su posición rodeándose de quienes puedan encarnarlo seriamente. Si hay dudas y desconfianza, a Mariano Rajoy le corresponde disiparlas.

El terror que no cesa
Editorial El Correo 13 Mayo 2008

ETA reapareció ayer con dos nuevos atentados que corroboran su enloquecido objetivo de perpetuarse en el terror. Una bomba lapa hacía explosión, al filo de las diez de la noche, en los bajos de un vehículo camuflado de la Ertzaintza en Barakaldo. Sólo el azar quiso que el artefacto estallara antes de que dos agentes la ocuparan, lo que habría tenido fatales consecuencias para ellos. Por la mañana, las amenazas que la banda venía lanzando desde 2004 en comunicados y documentos internos contra el Tren de Alta Velocidad, oportunamente secundadas por los planes de la izquierda abertzale para «entorpecer» el avance de un proyecto mayoritariamente respaldado por la sociedad vasca, se concretaron la madrugada de ayer en Hernani.

El ataque con explosivos contra dos excavadoras de una empresa concesionaria de las obras de la 'Y' ferroviaria, unido a la rapidez con que la banda terrorista asumió públicamente su autoría, marcan un grave salto adelante en una estrategia contra esta infraestructura que, hasta el momento, se había nutrido de sabotajes y cortes de servicio. Instituciones, partidos y ciudadanos deben ser conscientes a partir de ahora de que no nos enfrentamos a una oposición al uso, que en el pasado ha podido y querido esconderse detrás de movilizaciones más o menos bienintencionadas y supuestamente inspiradas en la defensa del medio ambiente. El atentado de Hernani no sólo ha dañado dos excavadoras, sino que aspira a comprometer el éxito de un proyecto vital para el desarrollo económico y la cohesión social de Euskadi.

Los terroristas tienen que saber que la sociedad vasca avala el trabajo de la Ertzantza, comprometida con la salvaguarda de las libertades de todos los ciudadanos, y que nunca cejará en la denuncia de la barbarie. En cuanto al TAV, las instituciones vascas, con el Gobierno de Vitoria a la cabeza, deben deslegitimar con prontitud y claridad los falsos argumentos en los que el terror pretende amparar su lucha contra el progreso. Y garantizar la seguridad de los trabajadores y la integridad de los medios materiales que participan en la 'Y' ferroviaria.

El desgarro del PP
TONIA ETXARRI El Correo 13 Mayo 2008

María San Gil ni se va del PP ni se ausentará del congreso, pero a Mariano Rajoy se le ha roto la cadena del partido por el eslabón más fuerte. Porque la férrea San Gil, que es mucho más que un icono en el País Vasco y una referencia en toda España, no quiere, como otros, quitarle la silla al presidente del PP, ni siquiera pide, como otros, destinos más cómodos fuera de Euskadi; tan sólo quiere mantenerse en su línea de oposición dura al nacionalismo porque no sirve, como otros, para defender una línea y su contraria sin que se le mueva la ceja de sus principios.

Por eso, su 'plante' se veía venir a partir del momento en que comenzaron los debates en el seno de la ponencia política, integrada por el canario José Manuel Soria, la catalana Alicia Sánchez Camacho y la propia San Gil. La líder vasca se ha apeado del documento por no identificarse con los postulados que estaba publicitando su compañero Soria, que abogaba por el acercamiento del PP a los nacionalistas y que no tenía nada que ver con lo que estaba defendiendo ella.

El concepto y la definición de España, así como el análisis de la situación política tras el contagio que el nacionalismo vasco ha propagado en otros nacionalismos periféricos, la ausencia de crítica al PSOE tras una legislatura de contemplación de los nacionalismos, así como las dificultades para hablar del rechazo a la negociación con ETA han enfrentado al líder canario y a la dirigente vasca, pero la crisis ha estallado por algo más profundo.

No se trata de un pulso entre Soria y San Gil. Se trata de una percepción, por parte de la presidenta del PP vasco, de que Rajoy quiere reconducir su partido hacia actitudes más centradas y amables a fin de recuperar votos. El presidente del PP tuvo en su mesa los dos textos, que él mismo calificó de «antagónicos», pero no fue capaz de tomar una resolución. Delegó en su delfín Lasalle que terminó redactando un texto que recogía todas las reflexiones de la dirigente vasca.

Pero el arreglo llegó demasiado tarde ya que, al mismo tiempo, Soria seguía declarando públicamente que el PP iba a apostar por hacer política de alianzas con los nacionalistas. Por eso el 'plante' de María San Gil ya no tiene vuelta atrás. A María la apoyan Antonio Basagoiti y Mari Jose Usandizaga, Carmelo Barrio, Abascal, Urquijo y Astarloa. Pero tiene sus detractores, que ven preocupados el negro futuro electoral que les espera en el País Vasco como el tótem de María se tambalee.

Tanto Esperanza Aguirre como Ana Botella piden a la dirección del partido que reflexione porque si María San Gil abandona ha tenido que ser por una dejación de principios que convendría analizar. Pero Rajoy dice que el único error que ha podido cometer él es no haber estado encima de la ponencia política. ¿Qué otra cosa más importante se supone que tiene que atender el presidente de un partido en vísperas del congreso de la redefinición?
t.etxarri@diario-elcorreo.com

EDITORIAL
La retirada de María San Gil debe hacer reflexionar a Rajoy
Elsemanaldigital 13 Mayo 2008

Ningún proceso de renovación de un partido político tras una derrota electoral es pacífico ni sencillo. Casi siempre implica jubilar a personas que han hecho mucho por el partido y que han sido su cara visible durante largo tiempo, y adaptar el mensaje y a veces también las ideas a una evolución de la sociedad con la que no se ha conseguido conectar lo suficiente.

Así está ocurriendo en el PP, y una reflexión que pocos se hacen es que resulta preferible pasar por este trago recién celebradas las elecciones y no mediada la legislatura o con los siguientes comicios generales a la vuelta de la esquina. Por eso lo que está haciendo Mariano Rajoy es a todas luces oportuno en estos momentos. Cosa distinta es si el líder de los populares acierta en la manera en que conduce el proceso.

El sacrificio de relevantes dirigentes del partido y su sustitución en los puestos claves por personas que hasta ahora se hallaban en segunda fila es una decisión arriesgada, pero que cabe justificar por la necesidad de renovar la imagen del PP y abrir el paso a una nueva generación. No obstante, puede ser discutida, y de hecho lo está siendo, porque una renovación tampoco tiene por qué suponer prescindir indiscriminadamente de políticos de gran veteranía que todavía están en disposición de aportar mucho al partido y a España.

Pero el punto más delicado es, sin ninguna duda, la modernización del mensaje del partido, ya que no afecta sólo a expectativas o ambiciones personales, sino a la propia esencia de lo que aquél significa para la sociedad española. Desde esta perspectiva, la noticia de que María San Gil ha decidido retirarse de la elaboración de la ponencia política del próximo Congreso Nacional del PP, por discrepancias al parecer insalvables con el texto que se está preparando, es una llamada de atención que no debería ser desoída.

La firme actitud frente a los nacionalismos disgregadores e insolidarios ha sido en los últimos años un signo de identidad del PP, que le ha costado perder el poder en sitios donde había ganado, incluso holgadamente, las elecciones. Es también, sin embargo, uno de los motivos principales por los que tantos millones de españoles le siguen votando.

Que por intentar elevar a regla general las circunstancias especiales de una Comunidad Autónoma como Canarias, la única donde el PP gobierna con los nacionalistas, se pongan en cuestión los principios del partido no parece de recibo. Alejando a dirigentes como María San Gil, que representan para la opinión pública lo mejor y lo más digno no sólo del PP, sino de toda la clase política española, ni se ganarán votos, ni se hará a los nacionalistas menos desleales; probablemente sólo se logrará favorecer a las opciones como la de Rosa Díez, que, sin compartir otros valores del centroderecha europeo, sí tienen clara la defensa de la unidad de España y de la igualdad entre todos los españoles.

PP, estrategia y principios
Editorial ABC 13 Mayo 2008

LA decisión de María San Gil de renunciar a suscribir la ponencia política del próximo congreso nacional del PP marca un punto de inflexión en el proceso abierto por Mariano Rajoy tras las elecciones generales del 9 de marzo. San Gil no pertenece a la clase dirigente del PP que estaba llamada a ceder el paso a nuevas caras en el proceso de renovación de su partido. Tampoco estaba en discusión su protagonismo ni su discurso en el PP vasco. Por el contrario, su presencia entre los redactores de la ponencia política era una muestra de confianza de Rajoy en sus criterios y una apuesta clara de su continuidad en la primera línea de la actividad del PP. Estas circunstancias, unidas al sentido de la responsabilidad que siempre ha caracterizado a San Gil, inducen a pensar que en el seno del PP está cuajando un estado de incertidumbre e inquietud que resulta incomprensible a la vista de los resultados electorales.

Habrá que esperar a que María San Gil concrete las razones para dar este paso y escenificar tan públicamente una desavenencia que le resultaba insuperable.

Si la cuestión que plantea San Gil es la necesidad de clarificar la opción estratégica de la relación con los nacionalistas -cuestión que no se aborda en la ponencia política, que queda tal como redactó la presidenta del PP vasco-, el problema al que se enfrenta el principal partido de la oposición tiene que ver más con la falta de recursos internos para evitar que los acontecimientos se descontrolen y que se generen polémicas cuando de lo que se trata es de reforzar la unidad interna.

Resulta inverosímil que, dada la trascendencia de la ponencia política en un congreso como el de junio, nadie estuviera al corriente en la dirección del PP de la preocupación de María San Gil, no tanto por la redacción final del documento -que no cuestiona ningún principio del PP-, sino porque su renuncia contribuye a generar dudas innecesarias y hasta injustas sobre la futura táctica de aproximación a los nacionalistas. Sin embargo, el reciente desapoderamiento de la Secretaría General, eficazmente dirigida desde 2004 por Ángel Acebes, explica esta insólita ausencia de un centro neurálgico de coordinación en el PP, donde empieza a cundir la impresión de que las decisiones se improvisan.

Por otro lado, en cuanto a la cuestión de fondo, el PP no puede plantearse -y Rajoy no lo ha planteado- un acercamiento a los nacionalismos más radicales de la democracia, como son los que existen actualmente en el País Vasco y Cataluña. Sería un error que el PP se alineara con la idea de que sin nacionalistas no puede gobernar y despreciara el argumento contrario: el de que si los nacionalistas no se moderan, no podrán contar con el PP y quedarán a expensas del PSOE, como ha sucedido en Cataluña con CiU. Hay límites en el PP que ninguna redefinición de estrategias puede franquear. Y uno de ellos es el pacto con nacionalismos separatistas. La propia historia del PP da razones para no entrar en especulaciones con los nacionalistas. Ahora es fundamental para los populares construir un discurso acorde con su naturaleza de partido nacional, capaz de atraer y movilizar a ciudadanos que votan nacionalismo por inercia o que eligen al PSOE como segunda opción electoral.

El PP necesita un tiempo muerto para ponerse en orden y recapitular errores y aciertos. La última discusión es el síntoma de un debate de mayor trascendencia: qué PP se está fraguando para el futuro y cuál es la opción política con la que, después de junio, va a contar la derecha liberal y conservadora española. Tan injusto es pensar que esta situación se endereza con la renuncia de Rajoy como temerario es insistir en que no pasa nada. Está pasando, es grave y Rajoy, que sigue mereciendo un margen de confianza, puede y debe tomar las riendas de un proceso que él ha puesto en marcha, con toda legitimidad, pero que se está yendo de las manos.

Fuera de cobertura
Fuera de cobertura
POR IGNACIO CAMACHO ABC 13 Mayo 2008

MARÍA San Gil es de las pocas personas de la política cuyo infinito coraje le ha granjeado el derecho a llevar siempre razón, incluso aunque se equivoque. Por eso su aparatoso portazo a la ponencia política de ese PP sin brújula aparente es la imagen de un patente vacío de poder, un estado de catalepsia colectiva en el que no parece haber nadie capaz de coser un desgarro, apagar un fuego, recomponer un desencuentro o, simplemente, atender una llamada. Vacante y sin suplencia el sillón de Ángel Acebes, encerrado el líder en un autismo sorprendente y dedicado el resto a una trifulca conspirativa cuyo encarnizamiento no ofrece el menor signo de remitir, el partido del centroderecha español vive una crisis de oquedad en la que cualquier conflicto, trastorno o percance se convierte en una herida casi terminal por la que se escapa a borbotones la mínima cohesión exigible en una organización de esa escala.

Por profunda que sea, que no lo es, la discrepancia de San Gil con el borrador de línea estratégica elaborado por sus compañeros de ponencia, o por confusa que se halle ante posibles consejos malintencionados o desestabilizadores, su probada lealtad y su acendrado sentido de la responsabilidad le habrían contenido a la hora de hacer pública una clamorosa espantada si alguien se hubiese molestado en tratar de reconducir sus diferencias por un razonable cauce de entendimiento.

Da la sensación, sin embargo, de que su agobio ante la posibilidad de ver despreciada su combativa dedicación antinacionalista ha podido caer en un vacío de incomprensiones, y que en su alarmada preocupación ha encontrado demasiadas puertas cerradas y demasiados teléfonos fuera de cobertura. Y esto es lo inadmisible, lo incongruente, lo lamentable, más allá de la razón de fondo que pueda o no asistir su queja: que una referencia esencial, un activo tan valioso, un emblema tan caracterizado como el que representa esta mujer intachable pueda quedarse con la impresión de haber sido desoída, inatendida o hasta maltratada por el silencio, la indiferencia o la apatía de una cúpula ensimismada y ausente.

Está el PP como para permitirse nuevas desafecciones, como para dar pábulo a más dudas. Sobre todo si afectan al núcleo de su posición estratégica, a la condición clave de proyecto nacional que lo ancla en el imaginario político de gran parte de la sociedad española. María San Gil no es, al respecto, una militante cualquiera. Su nobleza y su denuedo frente a la sinrazón excluyente del nacionalismo la han transformado en un símbolo indispensable de la resistencia moral que no puede ser siquiera minimizado. Si Rajoy planea alguna clase de inflexión en el discurso colectivo del partido, a lo que tiene todo el derecho, ha de desarrollarla implicando en ella a quienes han comprometido su esfuerzo y arriesgado su vida por el proyecto. Sin dar lugar a ninguna clase de malentendidos, con exquisito cuidado para articular consensos, integrar discrepancias y componer criterios. Y con el teléfono abierto para escuchar, liderazgo obliga, incluso lo que no le guste oír.

Los desamparados
POR HERMANN TERTSCH ABC 13 Mayo 2008

CUANDO aún la mayoría le llamaba Bambi, lo consideraban una anécdota en la historia de la España democrática y, en expresión poco exacta, le llamaban «presidente por accidente» -no fue precisamente un accidente-, algunos ya advertimos que los españoles deberían tenerle más respeto pero, ante todo, más miedo a este hombre de insólito talante para destruir todo lo que considere obstáculo para sus planes. La lista de las víctimas en la irresistible ascensión de este Arturo Ui leonés aumenta sin cesar desde el comienzo de la primera legislatura. Ahora, dos meses después de confirmar que ha llegado para quedarse, ya se hacen patentes las consecuencias del insólito éxito de este narciso y sentimental tóxico cuya adicción al poder tiene ribetes shakesperianos.

La destrucción de su propio partido como organización democrática está prácticamente consumada -se zanjará su congreso en verano, cuando las organizaciones locales pasen a ser burócratas sin poder político alguno-. Y parece que va a poder cobrarse incluso antes la pieza deseada de la demolición del principal partido de la oposición. Si en la primera legislatura no se cumplió su voluntad de expulsar del sistema al PP no se cumplió -gracias en gran parte a la movilización de organizaciones ciudadanas- ahora puede que le baste y sobre con cuatro meses para ver cómo se divide el partido de la oposición entre quienes se resisten y quienes se resignan a integrarse en ese nuevo régimen en el que la hegemonía moral e intelectual (?) de la izquierda se convierta en ley. Y quienes se opongan a la misma en fascistas y delincuentes.

Por supuesto, esta desgraciada deriva no se debe sólo al virtuosismo del presidente, ni a la indolencia de los españoles, ni a la disolución continua de valores que orquesta el poder con toda su batería mediática y cultural (?). La interiorización de su mensaje y su papel dominante por parte de políticos de la derecha comienza a sugerir la creación de un partido para jugar siempre en el campo marcado por el izquierdismo sectario y el nacionalismo.

Cada vez son más los españoles que votaron a la única opción capaz de impedir el nuevo régimen de Zapatero, casi media España, que se sienten profundamente desamparados en su patria, en unas regiones porque son hostigados por los Gobiernos socialistas y nacionalistas, en otras porque sus gobiernos no socialistas son tratados por Z como «provincias traidoras».

Este desamparo, no lo duden, es mayor desde el domingo. La palabras del Rey elogiando a Z como no hizo nunca con ninguno de sus predecesores son para muchos que siempre contaron con su amparo un jarro de agua fría. Quienes han sido y son difamados y vilipendiados por el presidente y sus afines por tener creencias, lealtades, convicciones y valores firmemente anclados en la Constitución del 78 no pueden entender este elogio desmedido. Bien que lo calificara como «alguien que sabe hacia que dirección va y por qué y para qué hace las cosas». Pero definirlo como «hombre recto» e «íntegro» ofende a quienes conocen sus mentiras y sufren la guerra cultural sectaria del inquilino de la Moncloa.

Partidos
La dirección del PP rectifica y asume las ideas de San Gil
Apoyo unánime a la dirigente vasca, en contra de una estrategia de pactos con el nacionalismo.
La exclusiva de LA RAZÓN provocó los recelos de San Gil
El PP vasco y catalán mostraron a este periódico su rechazo a la iniciativa
Carmen Morodo - Madrid La Razón 13 Mayo 2008

La redacción de la ponencia política que se debatirá en el congreso del PP de junio ha ido acompañada de una más que dura batalla interna, tal y como adelantó este periódico. Y, al final, ya ni siquiera importa que el texto del documento recoja las ideas por las que ha peleado la presidenta del PP vasco, María San Gil, ponente del mismo.

Ésa no es la cuestión, sino que la clave está en que San Gil se ha convertido en la voz de un sector del partido que no sólo rechaza cualquier cambio en la estrategia, sino que desconfía de la actitud de futuro de la dirección que salga del congreso. Diga lo que diga el texto que se someterá a discusión en el cónclave de junio.

El problema de fondo está en las formas, en la gestión de este asunto por parte de Génova y en la división de opiniones dentro del PP sobre si para mejorar electoralmente en sus dos agujeros negros, el País Vasco y Cataluña, hay que cambiar la estrategia en estas comunidades y en lo que afecta a la relación con los nacionalistas.

Sobre la mesa no ha habido ni hay ninguna modificación del discurso de fondo, pero sí una diferencia de planteamientos, en algunos casos formales, de cara al futuro. De acuerdo con el cambio estratégico están dirigentes del círculo de confianza en el que se está apoyando Rajoy en este periodo congresual. Entre ellos, algunos «barones» y miembros de su gabinete como Pedro Arriola o José María Lasalle. El pasado jueves 24 de abril, y a raíz de una información de LA RAZÓN que daba cuenta del debate interno sobre la relación con los nacionalismos, San Gil telefoneó a Rajoy para preguntarle por una reunión de éste con otro de los ponentes políticos, que se había producido el lunes de esa semana. Rajoy y Soria habían estado despachando juntos por espacio de una hora.

Ante el enfado de la dirigente vasca por las filtraciones de esa conversación y por la interpretación que se estaba haciendo del sentido de la ponencia, el «número uno» le negó que se hubiera entrevistado con Soria. San Gil, en cualquier caso, le adelantó su total desacuerdo con la propuesta del dirigente canario y le comunicó que le haría llegar un borrador propio de ponencia.

Así fue. De tal manera que Rajoy se encontró encima de la mesa con dos documentos, el de San Gil y el de Soria. Su respuesta fue encargar a uno de sus hombres de confianza, al diputado José María Lasalle, que se hiciese cargo de la situación, buscara un acuerdo y diese forma al texto final. A partir de ahí la crisis se aviva por las formas y las correcciones introducidas, llegando a su cénit el mismo viernes, día en el que San Gil ya amenaza con marcharse de la ponencia.

La dirigente vasca habló el viernes con el presidente de su partido y éste le dio su palabra de que se cambiaría todo y de que se incluirían todas sus peticiones en referencia a España, a la defensa de la idea de la libertad y a la relación con los nacionalistas. También habló con Lasalle. Pero a lo largo del fin de semana percibió que de nuevo se estaban produciendo movimientos que contradecían la palabra dada por el «número uno», y de nuevo se puso en contacto con Lasalle el domingo, después de enterarse de que éste planeaba introducir unos artículos sobre Cataluña bastante polémicos.

Cuando todo aparentaba estar ya cerrado, después de un más que tenso tira y afloja, un teletipo de Soria, en el que defendía que el PP debía tener margen para establecer su relación con el nacionalismo en cada una de las autonomías, fue la gota que colmó el vaso y que desencadenó el comunicado de San Gil desvinculándose de la ponencia política. Sin marcha atrás posible, sobre todo en tanto que Rajoy no reconozca el error de uno de sus colaboradores.

En esta decisión pesa también todo el proceso de elaboración del borrador de la ponencia, en el que ha habido discusiones sobre si bastaba con aludir a un pacto antiterrorista no escrito -al final, tal y como exigía San Gil, se incluye una referencia expresa al Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo- o sobre hasta dónde debía llegar la disposición al diálogo con el nacionalismo.

Parece ser que en un momento dado a San Gil se le llegó a advertir de que tenía que asumir que se estaba en un momento en el que había que cambiar el discurso político porque, en otro caso, nunca se volverían a ganar unas elecciones. También se le reprochó las derrotas electorales en el País Vasco. La dirigente del PP vasco está muy afectada por todo lo ocurrido. Cree que a estas alturas, y después de todo lo que le ha costado que se recojan determinados planteamientos, lo importante ya no es la ponencia, sino si se pone en práctica y si el tiempo confirma que la intención es hacer una interpretación sesgada de su contenido. Su voluntad es seguir colaborando con su partido, desde la defensa de sus ideas.

Partido de centro y liberal, enseñanza en castellano e igualdad real
El PP se define en su ponencia como un partido de centro, reformista y liberal. En ella defiende la enseñanza en castellano, la igualdad real, la oferta de pactos de Estado al Gobierno y al resto de las fuerzas políticas con representación en el Parlamento y la vigencia de sus valores. También se compromete con una sociedad cohesionada y solidaria.

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