AGLI

Recortes de Prensa    Domingo 8 Junio 2008

No nos silenciarán
Editorial El Correo 8 Junio 2008

No es la primera vez, porque la verdad, en cualquiera de sus formas, da lo mismo impresa que en imagen o hablada, es el principal enemigo de una banda que sólo sabe de violencia y de muerte, que ha hecho de la destrucción su único y estéril discurso. ETA no tiene mayor oponente que quien contrarresta sus mentiras, sus mensajes totalitarios y sus falacias criminales y los comparte con la sociedad a la que desea dominar y anular. La realidad es su gran enemigo y contra ella pone bombas, intentando perpetuar un engaño que le permita sobrevivir. Y en esta lucha que ya tiene perdida, la información es la mejor munición contra su totalitarismo, el conocimiento es el valor supremo a defender. Una tarea en la que llevamos años empeñados, compartiendo un espacio de integridad con otros medios y muchos ciudadanos, convertidos todos en objetivos de sus acciones criminales por resistir, por oponernos a su pretensión de acabar con la democracia en nuestro país.

No ha sido la primera vez que ETA atenta contra EL CORREO, y cada vez que lo ha hecho nos hemos reafirmado en nuestros principios y hemos redoblado nuestro compromiso con la sociedad vasca, a la que nos sentimos orgullosos de pertenecer. Y hoy sentimos, más que nunca, la obligación de defender el derecho a informar y ser informado, y la exigencia, como cualquier ciudadano de este país, de plantar cara al terror, de levantar un dique de dignidad frente a la banda terrorista. La bomba contra nuestras instalaciones en Zamudio no parará nuestra rotativa ni mucho menos pondrá mordaza a nuestra voz, la que habla por la boca de cientos de miles de vascos que lo único que anhelan es el fin de ETA.

Retirar la venda
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 8 Junio 2008

Como si se tratara de un paciente que se ha sometido a una operación de cirugía plástica, llega el momento de ir retirando las vendas para comprobar el resultado de la cirugía territorial a la que ha sido sometido el modelo de Estado autonómico durante la pasada legislatura por prescripción de José Luis Rodríguez Zapatero y sus socios nacionalistas. El tratamiento prometió efectos rejuvenecedores y vigorizantes, eliminar arrugas y trazar nuevos contornos para que todos nos sintiéramos cómodos y recuperásemos la autoestima perdida en el lejano recuerdo de una Transición a la que se acusaba de timorata e inauténtica. Pues bien, va llegando la hora de comprobar la verdad de las promesas alentadas, ese momento en que enfrentados al espejo hay que juzgar el acierto de la decisión y de quienes la han ejecutado.
De momento hay indicios que deberían generar cierta preocupación. El chusco episodio de la tubería que se pone y se quita para abastecer de agua a Barcelona según haya sequía o caigan chuzos de punta -magnífico ejemplo de planificación, por cierto- y la polémica que lo ha acompañado parecen un primer testimonio del ruido de baronías y de cómo éste se va a convertir en el sonido que identifique la política española. A este respecto, un destacado medio de comunicación nada hostil al Gobierno se lamentaba hace pocos días en su editorial afirmando que lo peor de esta historia de aguas de Barcelona ha sido el «espectáculo de solidaridad quebrada basada en particularismos que resultan indefendibles».

Significativo también es que el ex presidente Felipe González, más que recomendar, haya instado al Gobierno y a los dirigentes autonómicos de su partido a aplazar la negociación del nuevo modelo de financiación -condicionado por los compromisos de ingresos, inversiones y bilateralidad con Cataluña- teniendo en cuenta el coste de la crisis económica sobre las finanzas públicas y el nuevo marco de relaciones -o más bien de confrontaciones- derivado de las revisiones estatutarias. En esta posición de González, explicada extensamente en un artículo, parece haber tanto una recomendación de prudencia -ya que desconocemos la profundidad y duración de la crisis económica- como una expresión de desconfianza hacia la capacidad de generar consensos del nuevo modelo territorial que más bien incentiva la confrontación del todos contra todos, con el Gobierno de espectador calculando la factura en votos de cada uno de sus movimientos y un Estado que debe fiarlo casi todo a la improbable voluntad de cooperación de las comunidades autónomas.

Abogar por que se aplace la discusión de un nuevo modelo de financiación autonómica significa pedir que no se retire el vendaje para que no quede en evidencia una configuración del Estado que, lejos de la armonía que se predicaba como resultado de las reformas estatutarias, ha agudizado las distorsiones, las asimetrías y las distancias que separan a sus componentes. El ex presidente no debe de encontrar muy convincente ese lenguaje de autocomplacencia que habla de un país más unido y más solidario. Seguro que a González no se le ha pasado por alto que si no hay nuevo modelo de financiación seguirá vigente el del Gobierno del PP aprobado unánimemente por las comunidades autónomas hace más de dos legislaturas, así que hay que pensar que tiene buenas razones para obsequiar a Aznar y a Rato con semejante homenaje.

Muchos años de prosperidad económica han llevado a creer que la política era poco más que un divertimento sin incidencia en la realidad que discurría por vías propias. Ahora ya no. Los poderes públicos son interpelados por sectores sociales que en épocas de escasez y dificultad piden soluciones. La solidez del marco institucional que parecía accesoria adquiere una importancia desconocida desde hace tiempo a la hora de afrontar las exigencias de la crisis. Y es en este contexto, cuando la política vuelve a importar, en el que hay que ver si flota el artefacto creado en la legislatura anterior a partir de la deconstrucción del Estado autonómico.
No se trata sólo de que sea constitucional. Hace falta que sea eficaz. A cualquiera se le ocurren muchas cosas que pueden hacerse sin infringir ley alguna y que sin embargo son disparatadas, estúpidas o insanas. De modo que la futura sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán podrá validar el texto como una de las opciones constitucionalmente posibles, pero dejará intacto el problema de su acierto político. La doctrina que el Tribunal ha venido preparando -la sentencia del 12 de diciembre a propósito del Estatuto valenciano- parece anticipar una consideración en conjunto favorable de la norma catalana.

La mayoría -mínima pero mayoría al fin y al cabo- de los magistrados ha acogido la tesis de que la Constitución deja el modelo de Estado en manos de los estatutos e insufla nuevos aires a la interpretación del Estado de las Autonomías como un modelo indefinidamente abierto a lo que resulte del poder 'estatuyente' de las comunidades autónomas que éstas pueden ejercer mediante sucesivas revisiones de sus estatutos. Éstos, según el Tribunal, no tienen prácticamente restricciones en cuanto a las materias que pueden regular -ahí están los cientos de artículos generados por la facundia del legislador estatutario autonómico- y pueden incidir en competencias reservadas al Estado sin que por ello esas disposiciones sean necesariamente inconstitucionales; al decir del Tribunal, serán válidas pero ineficaces, ya que la norma estatal, en materia de su competencia, desplaza a la autonómica que invade la nebulosa esfera de poder del Estado aunque no por invadir terrenos ajenos la disposición autonómica sea nula. No puede sorprender que los cánones del federalismo se queden pequeños para entender la evolución de nuestro Estado y que sea cada vez más frecuente -por necesaria- la utilización de categorías confederales para describir el curso que ha tomado la organización estatal.

El Tribunal Constitucional, en la situación lamentable en la que se encuentra, ha armado una doctrina que consagra la provisionalidad como un elemento definitorio de la Constitución y el Estado. Esta suprema contradicción se sitúa en las antípodas de las recomendaciones que el Consejo de Estado hizo en su informe sobre una posible reforma constitucional, olímpicamente ignorado por el Gobierno que lo encargó. Volviendo a nuestro paciente, el intérprete supremo de la Constitución -el Tribunal Constitucional-, cuando dicte su sentencia sobre el Estatuto catalán será el que le retire definitivamente los vendajes y dejará expuesto el resultado hoy incierto y preocupante de una cirugía de dudosa destreza que puede tener en el País Vasco su extravagante continuidad.

La inmersión hace del castellano una lengua coloquial
Los profesores relatan cómo se maltrata al español en las comunidades bilingües
En las aulas de Baleares, Galicia, Cataluña y el País Vasco es raro encontrar un examen en castellano sin faltas ortográficas.
E. Villar / I. Moneo La Razon 8 Junio 2008

MADRID/Vitoria- Alberto lleva un cuarto de siglo dando clase de Historia en colegios de Barcelona. Y unos cuantos años leyendo exámenes y trabajos en «catañol», como él llama al ¿idioma? en el que escriben sus alumnos. «Ya he tirado la toalla con las faltas de ortografía, aunque algunas son realmente ofensivas. Pero si descontase puntos por cada una que me encuentro, no aprobaría casi nadie», se lamenta. Y como él, otros muchos profesores en Baleares, Galicia o el País Vasco, convertidos en una especie de «cancerberos» del español en las aulas por el simple hecho de seguir dando la clase en castellano. LA RAZÓN les ha preguntado por su experiencia justo ahora que se cumplen tres décadas de la implantación de la inmersión lingüística, por mor de un Decreto que regulaba la incorporación del catalán en el sistema educativo de esta Comunidad.

¿Tan grave es la enfermedad que padece nuestra lengua? El último síntoma detectado, hace sólo unos días, es un clásico: «Los países desenvolupados», escribió un estudiante de la ESO de Barcelona. Es decir, ni «desarrollados» ni «desenvolupats». Eso en Historia. En Física, Marita Rodríguez, profesora de ESO y Bachillerato, aporta más ingredientes para este potaje lingüístico del despropósito: los verbos que acaban en «aba» se escriben con «v». Las sustancias químicas «canvian» de estado (a medio camino entre el «canvi» y el «cambio», para no desmerecer a nadie). Los cuerpos sufren «fregamento» (ni fregament ni rozamiento), tienen «massa» y se rigen por una «lei». De las tildes, ni rastro: «Han desaparecido».

Si lo de Alberto y Marita es el «catañol», lo que escriben los alumnos de Paloma, profesora de música en un colegio pontevedrés, es «galeñol». O algo así. «La ??y?? no la ponen ni por casualidad. Las palabras ??hai?? y ??rei?? están a la orden del día. Y hace poco una alumna pretendía convencerme de que en español se dice ??cunca?? del río», afirma. Y lo mismo en Baleares y en el País Vasco. «Escriben ??acerca?? y la preposición ??a?? con ??h??. Seis de cada diez utilizan mal el verbo ??haber?? y en casi todas las redacciones encuentro alguna falta», se queja una profesora de Bachillerato, que advierte de que a sus alumnos, a punto de ir a la Universidad, les cuesta entender un «planteamiento abstracto». «A mí me dicen que hablo raro», admite. Un ejemplo: «Una alumna me preguntó por el significado de ??inmanente??. Le pedí que buscase algún vocablo similar que conociese. Se le ocurrió ??permanente?? y le dije, bien, qué significa, y me respondió que rizarse el pelo». A juicio de estos profesores -la mayoría de los cuales pidió que no se mostrase su verdadero nombre por miedo a represalias- el gran problema es que, al desaparecer el castellano «culto» de las escuelas, a los alumnos se les está condenando a usar esta lengua sólo de forma coloquial.

Un gueto castellanoparlante
Lo explica Julián Ruiz, profesor de Lengua Castellana en Calviá (Baleares): «Todos sabemos cambiar de registro cuando hablamos con los amigos, los padres o cuando leemos el editorial de un periódico, pero ellos no son capaces de leerlo o hacer un razonamiento filosófico en castellano, porque no dominan el registro culto».

Y no sólo eso, sino que, según explica J., un psicólogo que da clases en un instituto catalán, «el tajo entre unos y otros es cada vez mayor, porque los castellanoparlantes optan por pasar de aquellos libros que no entienden y que no tienen nada que ver con la realidad de la calle». «Hace unos años no había manera de que escribieran bien en catalán, pero dominaban el castellano. Ahora es al revés», explica Marita Rodríguez. Su compañero Alberto remata: «Les insisto en que no pongan tantas burradas, pero les da igual».

LA ALARGADA SOMBRA DEL INSPECTOR
Todos los profesores coinciden en que muchos compañeros han transigido en dar clase en la lengua autonómica por miedo a la temida visita del inspector de la consejería de Educación de las diferentes comunidades, convertido, afirman, en un «comisario político».

«Lo más común es trabajar con el material didáctico en gallego, por si viene el inspector, y dar clase en español -dice Adrián Fernández, profesor de Filosofía de La Coruña-, lo cual provoca situaciones delirantes».

«A los que tienen plaza ganada en los centros escolares, les crea mal ambiente, y a los interinos les condiciona hasta que no tienen más remedio que ceder», afirma Jorge Arturo Muñoz, profesor de Filosofía en Palma de Mallorca.

«Los que optan por el español lo hacen sin pregonarlo», añade su colega Julián Ruiz, profesor de Castellano en Calviá. Allí, el 90 por ciento de la población es castellano parlante, pero los tres institutos dan todas las clases completamente en la lengua mallorquina.

Viejo y nuevo nacionalismo
Por Benigno Pendás, Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 8 Junio 2008

LOS españoles hablamos siempre de lo mismo. A veces flaquean las fuerzas para responder al eterno plan Ibarretxe, ahora disfrazado de consulta popular. Como es notorio, la propuesta es ilegal e ilegítima. La historia se repite, pero cambia de naturaleza. Incluso la tragedia deriva en comedia: lo decía Marx, ya saben, a propósito del viejo y el nuevo Napoleón, tío y sobrino. Al margen de los criminales de ETA, el nacionalismo reduce su nivel a la dialéctica vulgar. Sin embargo, el desafío está ahí y conviene refrescar los argumentos para combatirlo. Volvemos al túnel del tiempo. La aventura soberanista se construye sobre una base ficticia: un País Vasco concebido como comunidad imaginaria, sueño metafísico, paraíso que limpia de adherencias el territorio sagrado. Es un nacionalismo rancio, ya superado hace tiempo por la teoría y la práctica de las libertades individuales. Sólo cabe la analogía con los Balcanes, último refugio de las tribus excluyentes. Un político en horas bajas huye hacia el abismo para reforzar una causa perdida. Si juzgamos por su precedente, el plan deja aislado al País Vasco respecto del conjunto de España, de la Unión Europea y de la sociedad internacional. Vulnera, por supuesto, la Constitución española. También ofende a la República francesa y desconoce las reglas del juego comunitario europeo. Es contrario al ordenamiento internacional, porque apela a un sedicente «derecho a decidir», sucedáneo de la autodeterminación que sólo está reconocida para situaciones coloniales. Por favor, no nos obliguen a reproducir la resolución 2625 (XXV) de Naciones Unidas, «biblia» del proceso descolonizador, que anula cualquier pretensión separatista en un Estado multisecular. Oportunistas y manipuladores degradan a la propia comunidad que dicen amar por encima de todo porque la rebajan a un puesto muy inferior al que merece. Un fraude en toda regla.

Si los nacionalistas son infatigables, también debemos serlo nosotros. Sabemos que no tienen límites, salvo aquellos que seamos capaces de imponer en nombre de la razón democrática. Habrá que decir la verdad una y mil veces. Con sus luces y sus sombras, como todos los demás, España es una realidad histórica indiscutible, percibida dentro y fuera como una unidad desde tiempo inmemorial. Ha jugado un papel de primer orden en la historia universal, incluso como protagonista en el «nomos» de la tierra que todavía nos rige. Aporta una lengua y una cultura al nivel de las mejores y, desde hace treinta años, un impecable modelo constitucional.

¿Cómo van a ser modernos los nacionalistas románticos y seudohistoricistas? ¿Cómo va a ser «centralista» quien defiende el Estado más descentralizado de Europa? ¿Acaso no es democracia la igualdad ante la ley derivada de la voluntad popular? ¿Van a darnos lecciones quienes pretenden privilegios, abogan por una sociedad estamental premoderna y magnifican a los ídolos de la tribu desde el egoísmo insolidario? Es triste, peo habrá que repetir las evidencias una y mil veces sin caer en el desaliento y la nostalgia. Las falacias confunden durante un tiempo. Más aún, como dice un personaje de «La República» de Platón, «parece que seduce todo cuanto engaña». Paciencia, pues, y sentido de la responsabilidad. Tal vez ha pasado ya lo peor del viejo nacionalismo. Eso sí, habrá que afrontar uno nuevo, como proclama el título de evidente raíz orteguiana.

¿Recuerdan? Martes, 1 de febrero de 2005. Congreso de los Diputados, sede de la legitimidad democrática. Monólogos yuxtapuestos. Excursión del lendakari al corazón de las tinieblas en busca de las fuentes de una soberanía inexistente. Nosotros y ellos, eterno victimismo, y esa imagen tan deseada desde su trampa retórica: PSOE y PP contra «el pueblo vasco». Zapatero, socialista posmoderno: pensamiento débil y defensa compulsiva del poder. Rajoy, brillante aquel día: mañana, igual que hoy, diremos «no» a la ruptura de España. Ibarretxe consiguió mantener a la gente con el ánimo en suspenso. Por eso volvió a casa satisfecho, descontada de antemano la votación contundente. Tres años largos después... Una derrota en las urnas planea sobre el régimen del PNV. De ahí las maniobras internas y las salidas de tono. Algo ha cambiado. Esta vez, la visita ritual a La Moncloa suscitó un interés muy limitado. Puro trámite burocrático. Es probable que ocurra lo mismo con la sesión parlamentaria en Vitoria. No hace falta ser adivino: ganará con el apoyo de ETA en su disfraz actual; luego, habrá recurso y suspensión automática. A partir de ahí, discurso maniqueo y a esperar la secuela electoral. Lo tenemos muy visto. La sociedad española, mucho más vertebrada de lo que algunos desean, exige firmeza absoluta del Gobierno y de la oposición. Incluso cuando a Zapatero le recuerden Loyola y a Rajoy le presionen con cuestiones de imagen. Aquí no hay problema, porque la inmensa mayoría compartimos la defensa de la España constitucional.

El plan que ahora renace refleja una profunda deslealtad. Repasemos el texto pretérito. Provoca una fractura irreparable en la sociedad vasca. Impone un centralismo autonómico que desconoce la tradición genuina de los territorios históricos: un decreto de nueva planta para las instituciones propias de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa, sometidas a la ley de las mayorías coyunturales en el Parlamento de Vitoria. Intervencionismo económico, con amenazas de planificación, muy lejos de la trayectoria dinámica y competitiva del sector empresarial. Expulsión del territorio, en sentido literal, de la Administración del Estado. Ruptura de cualquier sentimiento común con el resto de España, frente a la opción mayoritaria a favor de la doble pertenencia. Piezas de caza mayor. Ante todo, el poder judicial, seña de identidad del Estado de Derecho. La ruptura de la unidad jurisdiccional supone un retroceso de dos siglos, hasta el Estado absolutista, en la lucha contra las inmunidades del poder. Consecuencias muy graves para la igualdad ante la ley. ¿Serían los fiscales en aquella comunidad menos celosos y diligentes en la persecución de ciertos delitos? ¿Atenderían allí los jueces a pautas ajenas al principio de legalidad? ¿Habría litigantes de primera y de segunda, delincuentes con privilegios, Administraciones públicas menos controladas cuando actúen de forma arbitraria? Quiebra del Estado de bienestar. ¿Puede mantenerse la solidaridad si se destruye el principio de unidad de caja en la Seguridad Social? ¿Habría restricciones al libre establecimiento y circulación de personas y de bienes? ¿Es tolerable el privilegio, «ley privada» en sentido etimológico, en una sociedad que debe afrontar los retos del siglo XXI? Otra profecía sencilla. El precedente anticipa el resultado de esa negociación «sin exclusiones», previa al referéndum diferido a 2010 que sugiere la pregunta capciosa.

Secuestro de la gente real en nombre de una comunidad ficticia. Todo eso con el objetivo de convocar elecciones a corto plazo bajo el señuelo de la resistenmuchos lectores oscilan entre el hastío y la indignación. Sin embargo, ahora más que nunca, el viejo nacionalismo identitario agota sus últimos recursos. La España constitucional debe superar este desafío con la verdad por delante y no ofrecer sucedáneos de reforma estatutaria con apariencia legal.Todos nos entendemos. Si el socialismo posmoderno toma el relevo... Mejor afrontar los problemas por su orden. Por ahora, rechazo absoluto a una propuesta contraria a la democracia constitucional y al interés general. Después, ya veremos. Sí, a ratos cuesta trabajo mantener el ánimo... Muchos, por fortuna, no tenemos problemas de identidad. Así nos queda tiempo -más bien poco- para vivir. Es una suerte no ser nacionalista.
BENIGNO PENDÁS
Profesor de Historia de las Ideas Políticas

Nuestras falsas democracias
Francisco Rubiales Periodista Digital 8 Junio 2008

Llamamos "Democracia" a nuestro sistema político porque, en teoría, se inspira en aquella "Democracia" que floreció en Atenas, en el siglo V antes de Cristo, pero, en realidad, no existe semejanza alguna entre un sistema y otro, hasta el punto de que la utilización actual del término "Democracia" para denominar al sistema que nos gobierna es una auténtica "usurpación" cuyo único objetivo es robar para el actual sistema el prestigio y la imagen del régimen que inventó Pericles en Atenas.

Cuando afirmamos que "no existe ni una coincidencia" entre un régimen y el otro no exageramos sino que decimos una pura verdad científica. Allí mandaba el pueblo (demos), aquí los partidos; aquello era una verdadera democracia, mientras que esto es una partitocracia. Allí los cargos duraban poco, algunos un sólo día, y se sorteaban entre los ciudadanos, mientras aquí pueden durar legislaturas y hasta vidas enteras, mientras que el sorteo ha sido eliminado porque no interesa a los partidos. Allí las exigencias éticas y los controles de todo tipo a los electos eran terribles, mientras que aquí sólo se les exige obediencia y lealtad al lider y ni siquiera podemos exigir a nuestros representantes que sepan idiomas o que tengan estudios y principios morales. Allí se entendía la democracia como el gobierno de los ciudadanos y el sistema se basaba en los controles que la asamblea establecía para que los electos no se corrompieran, mientras que aquí ni existe la asamblea, ni los ciudadanos pueden controlar a los electos, ni los electos deben responder ante los ciudadanos.

En la democracia griega, todo cargo electo perdía su representación en el momento en que la asamblea dejaba de confiar en él, pero aquí los electos son inamovibles y entienden que, al haber sido elegidos por una legislatura, los ciudadanos tienen que soportarlos, hagan lo que hagan, durante todo ese periodo.

Pero lo más grave es que si uno analiza los textos clásicos (Tucídides, Jenofonte, Aristóteles, Platón y otros), descubre que el sistema griego era furiosamente "amateur", mientras que el nuestro es cada día más "profesional, con gente acostumbrada a "vivir de la política" que es capaz de hacer cualquier cosa con tal de no abandonar los privilegios y ventajas del cargo. El sistema griego estaba ideado para evitar que ocurriera precisamente lo que ocurre en nuestras falsas democracias actuales: que el poder dejara de ser del "pueblo" (demos) y pasara a ser controlado por los poderosos (oligo), que la democracia se transformara en oligocracia.

Para evitar la temida oligocracia, los griegos crearon un ferreo sistema de controles basado en cargos elegidos por sorteo, que tenían una duración muy corta y con los electos pagados por la comunidad y vigilados muy de cerca por el pueblo para que se mantuvieran pulcros.

Cuando los filósofos de los siglos XVII y XVIII idearon la democracia moderna, quisieron "copiar" el sistema griego y establecieron controles teóricamente férreos, también para evitar la oligocracia. Aquellos controles eran, entre otros, una sociedad civil fuerte, separada del gobierno y bien articulada, con poder suficiente para servir de "contrapeso" al Estado; la separación estricta de los poderes básicos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) que debían ser independientes y vigilarse mutuamente; unos partidos políticos situados a mitad de camino entre el pueblo y el gobierno y una prensa libre y crítica autorizada por la ciudadanía para que ejerciera control y fiscalizara a los poderes públicos.

Hoy no queda en pie ni uno sólo de aquellos antiguos controles. Los partidos políticos los han dinamitado y nuestra democracia es ya una auténtica oligocracia de partidos y políticos profesionales: la sociedad civil está invadida por el gobierno y por los partidos, que controlan a sus grandes pilares (universidades, medios de comunicación independientes, sindicatos, fundaciones, asociaciones, cajas de ahorro, etc.) a través de subvenciones y contratos, cuando no con sillones de políticos sentados en sus consejos y patronatos; los poderes básicos del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) están ferreamente controlados por los partidos, que ni siquiera se ruborizan a la hora de nombrar magistrados o de imponer a los parlamentarios electos la lealtad al partido por encima de la lealtad a los electores; los partidos políticos han dejado de estar "a mitad de camino" y se han incorporado al Estado, abandonando al pueblo; la mayoría de los medios de comunicación están bajo control del poder político o, lo que es peor, han tomado partido por uno u otro bando, abandonado al ciudadano; por último, el papel de la ciudadanía ha quedado devaluado y el ciudadano señor de la democracia griega, es apenas un fantoche en nuestras falsas democracias modernas, sin capacidad de exigir a los electos y sin poder para ejercer controles ciudadanos, que han sido suprimidos, sin que la colectividad pueda ya ni siquiera castigar a los políticos corruptos, que siempre encuentran cobijo y amparo en sus formaciones políticas.

Si esto es una democracia, que venga Dios y lo vea.
FRM
Voto en Blanco

Los jueces no tienen vecinos
Los jueces no tienen vecinos
POR IGNACIO CAMACHO ABC 8 Junio 2008

LA presidenta del Tribunal Constitucional tenía una vecina que tenía un fontanero que tenía una hija que era amiga de la vecina. La amiga de la vecina tenía otra hija que tenía un padre que tenía un problema con la madre de su hija. La vecina le contó a la presidenta los problemas de su amiga, le pasó un informe y le dio su teléfono. Y sin más cuitas ni preámbulos, la cuarta autoridad del país se leyó los papeles y llamó a la amiga de su vecina para interesarse por su congoja como si en vez de presidir el más alto tribunal de España fuese la encargada de un centro de atención de mujeres maltratadas.

Resultó que la amiga de la vecina tenía un perfil moral dudoso que no venía en los papeles y estaba siendo investigada por inducir el asesinato del padre de su hija. Y que la Guardia Civil escuchaba sus conversaciones telefónicas, en las que de pronto alguien dijo que era María Emilia Casas, la cuarta magistratura del Estado. El respingo del agente de servicio debió ser de aquí te espero; la Guardia Civil está bastante curada de espantos, pero no tiene costumbre de encontrarse a presidentes del Constitucional hablando con sospechosos de asesinato.

Lo mismo le ocurrió a la juez encargada del caso, que decidió remitir las cintas de la bienintencionada charla al Supremo, cuyos jueces no han hallado indicios penales en la conducta de la señora Casas. Un alivio para la moral pública: resulta de lo más tranquilizador saber que la persona que dirige el Constitucional no está involucrada en la pesquisa de un crimen. Pero los magistrados del Supremo no tienen la función de dilucidar si una persona capaz de una conducta tan imprudente y poco sensata está capacitada para presidir el órgano de mayor responsabilidad jurídica de la nación.

Ésa es una decisión que en un sistema de opinión pública corresponde evacuar al conjunto de la sociedad democrática, y desde luego a la propia interesada, de cuya alta competencia cabe presumir el criterio suficiente para saber que se ha quedado en situación poco airosa. En cualquier país razonablemente articulado en su ética civil, la dimisión constituiría un trámite inmediato en un caso semejante. En el nuestro, la higiene democrática resulta un asunto extravagante y secundario frente la correlación de fuerzas y tendencias políticas -¿no estamos hablando de jueces?- ante el pleito del Estatuto de Cataluña.

Pero no es la bilateralidad confederal, ni el rango de nación, ni los presuntos derechos colectivos de las autonomías lo que ha quedado en entredicho, sino la idoneidad de una alta magistrada del Estado capaz de ofrecer su asesoría espontánea a la hija del fontanero de una vecina, esté o no imputada de homicidio inducido. Y si resulta aceptable, admisible o tolerable que le diga sin mayor cautela que la llame «si decide recurrir en amparo». Porque el amparo de un tribunal no se puede administrar por razones de vecindario. Y porque si atiende con tanta solicitud el ruego de una conocida existen razones para temer que escuche en primer tiempo de saludo el de un presidente -o vicepresidenta- del Gobierno.

Efemérides sangrientas
Efemérides sangrientas
POR M. MARTÍN FERRAND ABC 8 Junio 2008

Muy pronto, en julio, se cumplirán cincuenta años desde que José Manuel Jarabo Pérez Morris, un chico bien y calavera, se llevara por delante a cuatro personas, entre ellas una mujer embarazada. Fue un asesinato horrible que mereció las primeras páginas de los periódicos de la época. El Caso, un semanario de sucesos creado por Eugenio Suárez, batió entonces, con más de medio millón de ejemplares vendidos, el récord de la prensa en España y hasta que el tristemente célebre Jarabo fuera ejecutado un año después, para cumplir la sentencia de los tribunales -la última aplicación del garrote vil-, no pasó día sin que ocupara un lugar dominante en las conversaciones de las gentes. Imaginemos que el Ayuntamiento de Madrid, que en su día tuvo el garbo de dedicarle un monumento al mismísimo Lucifer -ahí está, en el Retiro- hubiera decidido, dada la incuestionable popularidad de Jarabo, dedicarle una calle o perpetuar su memoria consagrándole una plaza. ¿Verdad que resulta imposible incluso en la hipótesis más descabellada?

Ayer se cumplieron cuarenta años desde que, en Villabona, Guipúzcoa, un etarra, Txabi Etxebarrieta, que falleció en el intento, asesinara para tratar de escapar de un control al guardia civil José Pardines Arcay, el primer servidor del orden público eliminado por ETA. Dentro de unos días, en agosto, también habrán pasado cuarenta años del primer asesinato premeditado por la banda terrorista vasca, el del comisario Melitón Manzanas. En el tiempo transcurrido, las víctimas de tan afamado como perverso grupo asesino han sido muchas, cerca del millar, y los efectos sociales, económicos y políticos de su macabra existencia resultan estremecedores para un observador distante, indignantes para un español cualquiera y -¿patológicamente?- comprensibles para un buen número de vascos, tantos como los que han tenido que huir de su propia tierra, que llegan a votar con fervor a siglas que representan y amparan tan singular barbarie.

Contrapongo efemérides tan distintas como la del asesino Jarabo y la de los asesinados Pardines y Manzanas para resaltar el disparate que supone que unas cuantas decenas de municipios del País Vasco glorifiquen la memoria de otros tantos asesinos etarras dándole su nombre a algunas de sus calles. Si, un suponer, la calle madrileña de Apodaca, en la que Jarabo estuvo mucho tiempo de pensión, hubiese recibido el nombre del asesino no sería necesaria la actuación de ninguna Sección de la Audiencia Nacional, ni de la Tercera ni de la Cuarta, para deshacer el entuerto. Los mismos chavales del botellón y el graffiti de Barceló y Dos de Mayo hubieran arrancado tan ignominiosas placas. Además de la Justicia, que es un caos, lo que falla en el País Vasco, entre el miedo y el interés, es la Sociedad. Tristemente, es más fácil cambiar de ropones que de vecinos.

ROSA DÍEZ, EN EL ANIVERSARIO DE "PLATAFORMA PRO"
"Los terroristas reciben dinero e información que les permite tener a tiro a los demócratas"
La diputada Rosa Díez ha celebrado este sábado el primer aniversario de "plataforma Pro", germen de UPyD, el partido al que ahora representa en el Congreso gracias a los votos recabados el pasado 9-M. En su discurso, Díez ha exigido a Zapatero que cumpla su palabra y reúna a los partidos para hablar de ETA, y que emplee todos los mecanismos para echar a ANV de las instituciones. También ha recordado, en alusión al desafío de Ibarretxe, que "no cabe más autonomía" en la Constitución.
Agencias Libertad Digital 8 Junio 2008

Rosa Díez ha hecho estas declaraciones durante un mitin organizado por su partido en San Sebastián para celebrar el primer aniversario de la constitución de la "Plataforma Pro", de la que surgió Unión Progreso y Democracia.

Durante su intervención, la líder de UPD ha recordado que Zapatero anunció en su investidura "que iba a poner de acuerdo a todo el Parlamento" y que "iba a hablar con todos los partidos democráticos para hacer un acuerdo contra ETA", a pesar de lo cual las formaciones todavía están "esperando" a que les llame, mientras "sólo se ha reunido con quien ha lanzado un reto al Estado de Derecho: con el lehendakari, Juan José Ibarretxe".

Díez ha admitido que el Gobierno "ha cambiado" su discurso en materia antiterrorista, pero ha recordado que todavía "no ha hecho nada diferente de lo que hizo en la legislatura anterior en la que rompió el Pacto de Estado por las Libertades y Contra el Terrorismo" que, a su juicio, ha sido "el único que ha tenido éxito para provocar la derrota de ETA".

Ha lamentado además que el Gobierno socialista "ni siquiera utilice todos los instrumentos del Estado de Derecho para expulsar a ETA de las instituciones" pues, según ha dicho, "no utiliza la Ley" con este fin.

"Cuando lo haga y deje de mandar a los partidos políticos a hacer mociones éticas o de censura y utilice el artículo 61 de la Ley de Bases de Régimen local para disolver los ayuntamientos del País Vasco y Navarra gobernados por la filial de ETA, diremos que el Gobierno socialista ha cambiado de política", ha sentenciado.

Ha sido en este punto en el que han llegado las palabras más duras de Rosa Díez. Según ha dicho, lo que ahora ocurre con ANV en las instituciones es que "los terroristas están recibiendo dinero e información que les permite tener a tiro a los demócratas".

Además, Díez criticó que los socialistas vascos, el principal partido de la oposición en el País Vasco, planteen también hacer un referéndum. "Hablan de hacer un referéndum de otra manera, pero un referéndum. Le cogen la iniciativa al lehendakari, como si el problema de Euskadi fuera tener más autonomía y no más libertad, que es lo que nos falta", denunció.

El "ensimismamiento" del Gobierno
La dirigente de UPD ha recalcado asimismo que, a su juicio, "no cabe mas autonomía en la Constitución Española" porque los vascos tienen "todo lo que cabe" en la Carta Magna "y más", y ha explicado que es esto lo que lleva a los nacionalistas a hablar "de autodeterminación".

Ha reprochado también al PSOE que "niegue la evidencia" de la crisis económica y gobierne "contra la realidad" de una forma "ensimismada e irresponsable", creyendo que "hay que dar buenas noticias, aunque sean falsas, porque así ha ganado las elecciones y piensa que lo que hay que hacer es seguir así".

La consulta de Ibarretxe reaviva el debate sobre la necesidad de un frente nacionalista
Las direcciones de PNV y EB ven «inviable» una unidad de acción abertzale, alentada por Joseba Egibar y destacados dirigentes de EA
OLATZ BARRIUSO o.barriuso@diario-elcorreo.com El Correo 8 Junio 2008

BILBAO

«Algunos estigmatizaron o convirtieron en un tabú que pueda haber un mínimo entendimiento entre nacionalistas. Sobre determinados principios ese entendimiento es imprescindible». Así se expresaba el presidente del PNV de Guipúzcoa, Joseba Egibar, en una entrevista publicada hace una semana por este periódico, en la que, a renglón seguido, reconocía que de la fallida experiencia de Lizarra se podían extraer «conclusiones positivas» y no sólo «errores». Las palabras del líder del GBB generaron cierta alarma en los sectores más templados del PNV, que no ocultan su preocupación -o, más bien fastidio- ante la posibilidad de que Egibar, secundado por EA, intente forzar de nuevo el debate en torno a la acumulación de fuerzas abertzales, apoyado en el rechazo que la consulta de Ibarretxe suscita entre las consideradas como formaciones constitucionalistas.

Temen que el burukide guipuzcoano insista en abanderar una especie de 'Lizarra bis', ya sea en clave de gran coalición electoral pro derecho a decidir -una opción que, a día de hoy, parece totalmente descartada- o bien mediante algún tipo de movimiento de concentración nacionalista. Una segunda opción que podría girar en torno a plataformas o manifiestos, en respuesta al muro legal con el que, con seguridad, se topará la propuesta soberanista del lehendakari si finalmente el Parlamento vasco le da su visto bueno.

«Eso está seguro en su cabeza», comenta un dirigente peneuvista, convencido, como buena parte de su partido, de que la «obsesión» a corto o medio plazo de Egibar pasa por articular un frente electoral abertzale -que, aun sin existir y pese a tener casi nulas posibilidades de prosperar, se ha dado en llamar 'Euskal Herria Bai'- que disputase a cara de perro la Lehendakaritza al PSE. Se reviviría de esa manera un esquema de bloques similar al que dio una victoria incontestable a Ibarretxe en 2001. No obstante, según todas las fuentes consultadas en las tres fuerzas del tripartito, esta opción es hoy por hoy completamente inviable.
No parece que se vaya siquiera a poner sobre la mesa de cara a la próxima cita con las urnas. Algo que sí sucedió en vísperas de las pasadas elecciones generales de marzo, cuando el líder guipuzcoano logró llevar al Euzkadi buru batzar, aunque sin mayores consecuencias, una discusión que ya había sido zanjada meses atrás por su presidente, Iñigo Urkullu.

Tanto la dirección del PNV como los máximos responsables de EA y EB rechazan de plano esa posibilidad, lo que augura un nulo recorrido a la hipotética alianza electoral, que ni siquiera ha sido debatida en los órganos internos de las fuerzas del tripartito. De hecho, José Luis Bilbao -que contaba con el respaldo previo de Urkullu y del 'aparato' peneuvista en Vizcaya- ya reprochó en su célebre conferencia de abril a Egibar, sin citarle, que diese prioridad a la concentración de siglas y a «la defensa grandilocuente de la patria» sin «pararse a pensar en cómo es hoy la sociedad».

Aquella intervención del diputado general vizcaíno provocó un auténtico terremoto interno en el partido y aceleró los movimientos de Ibarretxe y sus socios en favor de la consulta, que obligaron de inmediato al EBB a cerrar filas en torno a su proyecto para no provocar una fractura irreparable.

La única salida
Pero la apelación a aparcar la transversalidad -el principal legado de Josu Jon Imaz- en favor de los «acuerdos entre afines» ha resurgido con fuerza ante la eventual prohibición del plebiscito del 25 de octubre. Los defensores de la unidad nacionalista lo interpretan como un nuevo 'portazo' a la soberanía de las instituciones vascas que exige una respuesta de mayor calado político que la mera batalla electoral.

Además de Egibar, los dos principales líderes de EA -su presidente, Unai Ziarreta, y el consejero Joseba Azkarraga- defienden la necesidad de «tejer alianzas entre quienes creemos en una Euskal Herria independiente». Así lo dijo ayer mismo el propio líder de Eusko Alkartasuna en Vitoria. Paradójicamente, hoy por hoy esta formación se inclina por concurrir en solitario a las urnas.

La impresión general es que la entente tradicional PNV-EA podría reeditarse si Ibarretxe es finalmente el cabeza de cartel. «Ponernos de acuerdo entre abertzales es nuestra única salida como pueblo, y de hecho, la única vez que se nos tomó en cuenta fue cuando unimos fuerzas en el año 98», apuntan fuentes cercanas a la dirección de EA, convencida de que la negativa de José Luis Rodríguez Zapatero a aceptar una negociación bilateral con Ibarretxe sobre el estatus vasco ha «agotado la vía del acuerdo con el Estado español».

Pero estos movimientos en favor de una reedición del experimento de Lizarra -que propició una tregua inmediata de ETA y la exclusión 'de facto' de los no nacionalistas- se leen en los propios partidos vascos e incluso en medios de la lucha antiterrorista como un mero señuelo electoral, ante la previsión de que la izquierda radical no pueda concurrir bajo ninguna sigla a las próximas autonómicas. De hecho, la apuesta por el frente soberanista no sólo se topa con la firme oposición de la potente organización del PNV en Vizcaya, sino con un contexto político netamente diferente al que propició el acuerdo de Estella en el 98.
Para empezar, ni la ETA de hoy ni la izquierda abertzale, con toda su mesa nacional encarcelada, son las mismas de entonces y la unidad de acción sindical ELA-LAB en la que se enraizó aquel pacto es hoy impensable, máxime tras la sustitución de Rafa Díez Usabiaga por Ainhoa Etxaide, encuadrada en los sectores más duros. La banda del detenido 'Thierry' y sus sucesores no estaría en estos momentos en disposición de explorar ese tipo de escenarios y los sectores más moderados del mundo de Batasuna, que podrían ser proclives a buscar una salida de ese tipo, se encuentran en franca minoría.

ANV y los ayuntamientos
De hecho, parece difícil de imaginar un escenario de convergencia de intereses del nacionalismo democrático y la izquierda radical a corto plazo, en un momento en el que la dirección peneuvista ya ha mostrado su disposición a colaborar con el PSE-EE para desalojar a ANV de los ayuntamientos. Precisamente, fuentes peneuvistas interpretan los primeros movimientos de Egibar en contra de la moción de censura en Mondragón como un intento de no volar los puentes con el entramado radical.

Además, hay quien cree en el tripartito que se está vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. En otras palabras, que tanto Ibarretxe como el presidente del GBB y EA están dando por sentado el apoyo de EHAK a la consulta el próximo 27 de junio sin argumentos de peso para fundamentar esa suposición. «Si no respaldan el proyecto de ley el partido se acaba en el primer tiempo. ¿Por qué iban a forzar el segundo y la prórroga?», se preguntan los más escépticos. Estos mismos medios creen que la izquierda abertzale busca provocar el máximo desgaste posible en el PNV para forzar su salida del poder y la alternancia en favor del socialista Patxi López. «Si a alguien está mirando ahora ese mundo es al PSOE. Saben que con el PNV ahora no pueden negociar nada y que con los socialistas, en cambio, llevan mucho camino andado».

Ayer, sin embargo, EHAK prefirió mantener la incógnita. Su portavoz en el Parlamento vasco, Nekane Erauskin, no quiso desvelar el sentido de su voto en el pleno del próximo viernes 27 y se escudó en un lacónico «todas las opciones están abiertas».

ATENTADO EN la rotativa en ZAMUDIO
ETA hace estallar una bomba contra EL CORREO
EL CORREO  8 Junio 2008

BILBAO

ETA atenta esta madrugada, sin aviso previo, contra la rotativa de este diario en Zamudio con un artefacto que derribó 40 metros de fachada
No causó heridos, aunque 50 empleados trabajaban en las instalaciones

ETA ha atacado esta madrugada a EL CORREO con una potente bomba compuesta por cinco kilos de explosivo, colocada en el exterior de la fachada del edificio de rotativas, en la localidad vizcaína de Zamudio. La explosión tuvo lugar a las tres de la mañana y no causó heridos pese a que en el momento del estallido medio centenar de trabajadores se encontraban en el local terminando la edición del domingo. Los etarras no realizaron ningún tipo de aviso previo, por lo que fue la suerte la que evitó una desgracia.

Según las primeras investigaciones, los terroristas colocaron la bomba en el muro exterior, en la zona trasera del edificio. Para ello tuvieron que superar una de las vallas de seguridad que rodea el edificio. A las tres y cinco de la mañana, el artefacto explosivo hizo explosión. La onda expansiva destruyó un zócalo de hormigón de más de un metro de grosor que protege la fachada y derribó alrededor de cuarenta metros cuadrados del muro del edificio. Asimismo, destruyó parte del tejado del inmueble. Varios pabellones industriales situados en las inmediaciones quedaron también afectados por la potente detonación con la rotura de cristales y pequeños daños en obra civil. Las empresas afectadas fueron Padel y Tubos Larrondo.

Los trabajadores abandonaron al instante las instalaciones, sin que en ese momento se supiera que es lo que había sucedido. Una patrulla de la Ertzaintza que a esas horas atendía un accidente de tráfico y que escuchó la detonación fue la primera en acercarse hasta la zona. De manera inmediata se fueron acercando vehículos de urgencia, tanto de los bomberos como de la Policía autónoma.

Evidencias
Los agentes acordonaron la zona. En ese momento, la edición del periódico ya estaba paralizada al haber quedado desalojado el edificio. La Ertzaintza comenzó a realizar una inspección preliminar del área destruida con el objetivo de descartar que hubiera más artefactos explosivos en la zona.

Dos horas después de la deflagración, alrededor de las cinco y diez de la mañana, la Policía vasca permitió que los operarios regresaran a las instalaciones. Los artificieros de la Ertzaintza, que confirmaron la existencia de un artefacto, aunque ante la falta de luz suspendieron las labores de recogida de evidencias y anunciaron que continuarían la investigación a lo largo de la jornada. Por el momento se desconoce la cantidad de explosivo utilizada así como el tipo de bomba que emplearon los terroristas para atacar el periódico.

A las cinco y diez de la mañana la edición recuperaba el funcionamiento y continuaba la tirada de periódicos. La alcaldesa de Zamudio, la peneuvista Sorkunde Aiarza, se acercó hasta el edificio de EL CORREO ya que había escuchado la explosión desde su domicilio.

El atentado se corresponde con el ‘modus operandi’ que ha empleado el ‘comando Vizcaya’ en los últimos meses. El grupo es el que ha llevado la campaña terrorista de la banda en Euskadi desde el pasado mes de agosto, cuando inició sus atentados con la colocación de una bomba en el cuartel de la Guardia Civil de Durango, sin realizar ningún tipo de aviso previo. No es el único ataque en el que no ha avisado de la inminente explosión de una bomba pese a que se trataba de edificios ocupados. En septiembre, en este sentido, hizo estallar una bomba colocada en el interior del recinto de la comisaría de la Ertzaintza en Zarautz.

Las investigaciones policiales han permitido identificar a dos de los ‘liberados’ que están dirigiendo el grupo. Los etarras son Jurdan Martitegi y Arkaitz Goikoetxea, procedentes ambos de la’kale borroka’. El análisis de sus ataques ha revelado que cuentan con una red de colaboradores ‘legales’, no fichados, en Vizcaya y en Guipúzcoa.

Polémica entre el Gobierno balear y Air Berlín por el empleo del catalán
Xoán Xulio Alfaya Periodista Digital 8 Junio 2008

La irresponsable eliminación del español por parte de los nacionalistas identitarios empieza a crear problemas a nivel internacional. El presidente de Air Berlín, Joachim Hunold, lo expresa claramente:

«Hoy el castellano ya no es una lengua oficial».
«Hay pueblos en Mallorca en los que los niños ya no hablan en castellano; en las escuelas, el castellano es una lengua extranjera más».
«¿Les tengo que dar cursos de catalán por decreto a mis empleados? ¿Y los que vuelan a Galicia o al País Vasco querrán que nos dirijamos en gallego o en vasco? ¿Es que ya no hablan en castellano?».
«...la partición de España en nacionalismos regionales es un retorno a los mini estados medievales. Hasta ahora pensaba que vivíamos en una Europa sin fronteras».

Por mucho que el Gobierno Balear y la Generalidad de Cataluña pongan el grito en el cielo, Joachim Hunold tiene más razón que un santo y simplemente se limita a denunciar el callejón sin salida en que se ha metido España por culpa de su debilidad ante las exigencias de los nacionalismos, debilidad que, dicho sea de paso, tiene su base en el artículo 2º de la Constitución que mezcla dos conceptos contradictorios entre sí: "la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles" y "el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran".

La unidad presupone la igualdad y ésta es incompatible con la asimetría que establece la expresión "nacionalidades y regiones", es decir, comunidades de primera (o nacionalidades) y comunidades de segunda (o regiones). El llamado “Estado de las Autonomías” es formalmente unitario pero en la realidad funciona como una federación muy descentralizada de comunidades autónomas, cada una de ellas con diferentes niveles de autogobierno. Las diferencias dentro de este sistema se deben a que el proceso de traspaso de competencias del centro a la periferia fue pensado en un principio como "un proceso asimétrico", que garantizase un mayor grado de autogobierno sólo a aquellas comunidades que buscaban un tipo de relación más federalista con el resto de España –comunidades autónomas de régimen especial– (Andalucía, Comunidad Vasca, Cataluña, Galicia y Navarra). El resto de comunidades autónomas –comunidades autónomas de régimen común– dispondría de un menor autogobierno.

No creo que la desigualdad y la asimetría puedan dar lugar a la unidad. ¿Quién nos va a sacar ahora de este callejón sin salida? En fin, creo que estamos inmersos en un proceso de desintegración del Estado en el que todos saldremos perdedores.

Los españoles somos así de ineptos.

Olvido de las víctimas, culto a los verdugos
POR ALBERTO LARDIÉS ABC 8 Junio 2008

VILLABONA (GUIPÚZCOA). La localidad donde comenzó la barbarie etarra hace 40 años es uno de los feudos tradicionales de Batasuna y sus sucesivos disfraces. Por ello hoy en Villabona, en las faldas del monte Uzurre y junto al río Oria, en la Guipúzcoa más verde y profunda, casi nadie recuerda a Pardines, asesinado en una carretera de las afueras. Sin embargo, en las calles se rinde culto los terroristas y sus secuaces.

Como en el resto de España, en esta localidad de unos 5.000 habitantes se celebraron elecciones municipales el 27 de mayo del año pasado. ANV fue el partido más votado y obtuvo seis concejales. El PNV se quedó con cinco, otro fue para el PSE y el último para la coalición Aralar-IU. La alcaldesa es María Isabel Arrieta, de la última marca de Batasuna. Lo curioso es que esta dirigente ya fue concejal del pueblo en la legislatura 1999-2003 en el seno de Euskal Herritarrok y luego formó parte de una plataforma ilegalizada en las municipales de 2003. Así, pese a que siempre ha defendido el mismo discurso ha ido pasando de la legalidad a la ilegalidad.

A unos dos kilómetros del centro del pueblo, muy cerca del lugar donde se produjo el crimen, junto a una antigua fábrica de yeso, hay un paseo por donde se mueven los vecinos más entrados en años. La mayoría opta por el mutismo y alguno que recuerda con nitidez lo sucedido no quiere hablar del asunto. El lógico olvido por el paso del tiempo se agrava por el miedo. Un hombre robusto y de gesto sonriente que admite conocer el hecho lo deja claro antes de seguir su camino:

«Yo de esos temas no estoy muy informado».
Otros dos ancianos tampoco se muestran comunicativos al respecto. «De eso hace mucho», sostienen. Es una señora la que se aviene a indicar el que según ella es el punto exacto donde el etarra Francisco Javier Etxebarrieta -quien junto a su hermano tiene una calle dedicada en Lejona- disparó contra el agente de la Guardia Civil. «Lo recuerdo perfectamente, nosotros vivimos cerca. Llegó mi marido diciendo que habían matado a un guardia. Hubo mucha confusión, ya sabe cómo son estas cosas», afirma.

En el casco urbano de Villabona sí hay lugar para otro tipo de recuerdo, ya que el sello proetarra es omnipresente. La Calle Mayor y sus alrededores se merecen un lugar destacado en el conjunto de infamias cotidianas que inundan el País Vasco y Navarra. Los carteles y pintadas de apoyo explícito a ETA son incontables. Hay numerosos «goras» a la banda terrorista -y en todos los casos se destaca la vertiente militar con «m»-, varios anagramas del hacha y la serpiente, distintas frases a favor del terrorismo como el habitual «jota ke», pintadas a favor de Batasuna y carteles de lo más variopinto. Entre ellos destaca ese en el que aparece tumbado en una cama Igor Portu, el etarra que denunció supuestas torturas tras se detenido como autor, junto a Martín Sarasola y otros miembros del «comando Elurra», del salvaje atentado de la T-4 en el que murieron Carlos Palate y Diego Estacio.

La «decoración» de la calle es la misma que la que se puede ver en la plaza del Ayuntamiento. En la Casa Consistorial sólo cuelga una vieja ikurriña descolorida, pero no falta al lado el típico cartel que solicita que los presos de ETA vayan a las cárceles vascas. Además, la fachada está «aderezada» con varias pintadas: en una se colocan las siglas del PSOE en una diana, en otra se puede leer «PNV español» y en otra, sin duda reciente, pone «Gora Ino», en referencia a la alcaldesa de Mondragón, Ino Galparsoro.
 

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