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Recortes de Prensa    Miércoles 2 Julio 2008

La lengua de nuestros derechos
BENIGNO PENDÁS, Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 2 Julio 2008

MUCHOS son ignorantes. Algunos, sectarios. También los hay oportunistas, tal vez la gran mayoría. En casos patológicos, coinciden las tres condiciones. Los peores, no obstante, son los resentidos. Lo mismo que en otras facetas de la vida, no cabe con ellos un debate racional. Me refiero, ya saben, a los que deciden, impulsan, promueven, alientan o consienten en algunas Comunidades Autónomas una política de discriminación hacia la lengua común de todos los españoles. Somos 440 millones de hablantes. Tenemos un tesoro: la segunda lengua de comunicación internacional; una asignatura optativa que gana créditos en los planes de estudios; un idioma útil para la relación -fugaz, pero significativa- entre el turista agobiado por la intendencia y su interlocutor en la recepción del hotel o en el aeropuerto de destino. Hay estudios recientes muy valiosos sobre el atlas geopolítico de nuestra lengua y sobre su proyección socioeconómica en la era global. Todo va bien, con una salvedad: ciencia, tecnología, apuesta por la red... Un reto para la próxima generación. Una vez más, las anteriores han dado un paso de gigante: nacimos premodernos y vamos a morir posmodernos, cuando Dios así lo disponga. Nos favorece, supongo, la querencia contemporánea por el poder «blando». Jugamos bien, ya se nota, en deportes, en cultura, en construcción mediática de la realidad. Damos lecciones de adaptación al Espíritu de la Época. Ya era hora. Sin embargo, persisten algunos rasgos atávicos. Quizá no tienen remedio.

Nos quedan aldeanos inasequibles al desaliento en nombre de sus falsos dioses paganos. «Pagus», es decir, aldea.

Nacionalismo historicista y de corte romántico, aplastado en las sociedades desarrolladas por el peso de la razón ilustrada.

Aquí se creen modernos, absurda paradoja. Hablan, a veces mal, hermosas lenguas periféricas que los demás españoles sentimos también como propias. Muy a su pesar, me temo. Llaman «normalizar», horrible verbo, a buscar una revancha ridícula a estas alturas del tiempo histórico. Lo peor es la persecución del castellano. Lengua española oficial del Estado, dice el artículo 3 de la Constitución. Idioma de alcance universal que gana fuera las batallas culturales que pierde en casa. Si no fueran compatriotas, lo más fácil sería decir que es «peor para ellos». Cometen una terrible injusticia con esa entelequia que dicen amar por encima de todas las cosas. A los muchos males del sistema educativo, añaden otro todavía peor. Si tampoco hablan español, ¿qué va a ser de estos niños en la sociedad global? Llegará el día en que las subvenciones no sean suficientes y se agoten las plazas de traductores de la lengua regional. La nómina de los filólogos amenaza con la quiebra del presupuesto autonómico mejor dotado. Así perdemos todos, pero no les importa: sólo van a lo suyo.

Lengua y nación. Volvemos al túnel del tiempo. Herder fue el teórico más conocido. Por fortuna, está perdido en la letra pequeña y menos gloriosa de la historia de la teoría política. Una legión de poetas, no siempre inspirados. Estudiosos del folklore, los mitos, las tradiciones; esto es, el Espíritu del Pueblo, vieja tesis de la escuela antigua. Dicen que son modernos, pero les faltan los requisitos básicos: Ilustración, positivismo, constitución normativa. Por ahí fuera suelen ser muy de derechas, con tendencia incluso a ser «ultras». Valgan como ejemplo los nacionalistas flamencos, aunque no son los únicos.

Aquí, en cambio, llevan disfraz de izquierdistas. Todos sabemos por qué, nos conocemos demasiado. Controlan su territorio autonómico y desvarían en cuanto les dejan. Tapan la ineficacia bajo el manto ficticio de la causa seudonacional. Utilizan a los oportunistas y se dejan utilizar por ellos. Casi siempre miramos para otro lado, por desidia o por hastío, a veces por conveniencia. Conducen a su comunidad hacia el desastre cultural. Nos obligan a sufrir en lugar de disfrutar por el éxito colectivo llamado Transición. Campeones de Europa, incluso... Les gustaría secuestrar nuestra alegría natural como españoles. Menos mal que no pueden. El castellano ganará con absoluta certeza esta batalla desigual. Sin embargo, personas de carne y hueso, padres abrumados, adolescentes perdidos, son víctimas de una mezcla singular entre dogmáticos y ventajistas. España, como el elefante de Kipling, no es consciente de su propia capacidad. Si empezamos por decir la verdad, habremos dado un gran paso adelante.

Defendamos, pues, la lengua de nuestros derechos. El título, como es notorio, remite en su parte sustancial a un libro espléndido del maestro García de Enterría, precisamente su discurso de ingreso en la Real Academia Española. Dicho sea de paso: sería muy positivo escuchar a la docta corporación con un parecer mesurado y razonable, como es propio. Estudia allí nuestro distinguido jurista la lengua de los derechos, esto es, la traducción en conceptos de ese milagro de la civilización que llamamos Estado constitucional. Aquí y ahora, el español es la forma más noble de la lucha por el Derecho.

Que nadie haga trampas. Catalán, vascuence, gallego, cualquier otra expresión de la cultura española, nos pertenecen a todos. Son grandes lenguas en cooperación con el castellano. Dejan al descubierto sus límites cuando actúan con pretensión excluyente y discriminatoria. Da igual que el Gobierno nacional o autonómico necesite unos cuantos votos de ciertos socios radicales. La postura de unos pocos desleales que viven en un centímetro cuadrado no debe alterar el futuro de un idioma que aborda el siglo XXI en el mejor momento de su brillante historia. Cosas de la vida. El Manifiesto y sus secuelas me pillan muy lejos. Hablo en sentido literal, no metafórico. Ahora conozco un poco más de Islandia que hace unos días. Sabía lo mismo que ustedes: saga, geyser, volcanes, elfos y un poco de los vikingos. Hermoso país, desde luego. Suena muy armónica la lengua natural de los trescientos y pico mil islandeses. No le falta tradición literaria y es muy recomendable leer a su premio Nobel, Halldór Laxness. Pero todos, sin una sola excepción, hablan un inglés fluido, producto de la escuela y de la televisión. No es su lengua propia, claro está, como sucede con el castellano en toda España. La diferencia es muy significativa.

Llegamos al Manifiesto. Hacen mucho ruido y despiertan conciencias dormidas. No es nueva la denuncia que allí se formula.

El PP lo ha dicho con frecuencia; antes, durante y después del congreso de Valencia, para que nadie discuta. Los medios de comunicación independientes lo tienen claro desde el primer día, como saben de sobra los lectores de ABC. Hay asociaciones valientes y entusiastas y padres luchadores que han llevado su problema hasta el ámbito jurisdiccional. Esta vez tienen más repercusión, no hace falta que les cuente por qué. Curiosa la copia, una vez más, del modelo francés. Con una variante singular: allí los intelectuales desengañados apoyan -todavía- a Nicolás Sarkozy. Aquí parece que no. En todo caso, es lo de menos. Una causa justa no necesita razones adicionales para su defensa. Escriben muy bien los autores del documento, como era fácil suponer a la vista de las firmas. Han logrado adhesiones en muchos lugares. Exigen a los partidos que tomen postura. Dicen la verdad: por tanto, sean bienvenidos al gremio. Gracias y enhorabuena, más allá de preferencias subjetivas o intereses particulares. Ojalá tengan éxito. Por si acaso sirve de algo, yo también me adhiero públicamente al Manifiesto

Vivir en castellano
Editorial ABC 2 Julio 2008

TODOS los cargos públicos del Estado o de las comunidades autónomas juran o prometen cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes como requisito previo a la toma de posesión de su cargo. Así pues, desde el presidente del Gobierno hasta la última autoridad territorial tienen una responsabilidad para que se cumpla en su plenitud el artículo 3 de la Norma Fundamental: el castellano es la lengua española oficial del Estado y todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. Ha llegado la hora de utilizar los instrumentos propios del Estado democrático para que las normas se apliquen con rigor en la realidad social. Los ciudadanos tienen derecho a relacionarse con cualquiera de las administraciones públicas en castellano y, en su caso, en la lengua cooficial correspondiente. Los padres tienen un derecho fundamental a elegir libremente la educación de sus hijos en la lengua común, sin sufrir por ello coacciones de ningún tipo o sin que la opción que se les otorga teóricamente sea inexistente en la práctica. No sólo está en juego la vertebración territorial, sino también los derechos inalienables de la persona, que son el fundamento del orden jurídico y la paz social.

ABC ha defendido siempre estos principios elementales y se congratula de que el reciente Manifiesto, hecho público por un grupo de intelectuales, haya alcanzado notable repercusión. La portada de hoy refleja con la excepcional sutileza y la genialidad del maestro Mingote -secundado en páginas interiores por Martinmorales, Julio Cebrián, Máximo, Puebla, José María Gallego, Idígoras y Patxi- el compromiso de este periódico centenario con la defensa del tesoro cultural que constituye la lengua española, pero también con las libertades públicas que configuran la seña de identidad de nuestro Estado de Derecho. Todos los españoles tenemos que poder vivir en plenitud en la lengua común, cualquiera que sea el lugar de residencia, desde la escuela primaria a la atención médica, pasando por el rótulo de los establecimientos, la redacción de contratos o la solicitud de una autorización administrativa. En nombre de una falsa «normalización», determinadas comunidades autónomas imponen la exclusión del castellano de manera discriminatoria para muchos miles de ciudadanos, al tiempo que se empobrece el bagaje cultural de las generaciones futuras. Más allá de las conveniencias partidistas, ha llegado el momento de exigir a los responsables políticos una actuación inequívoca en defensa de la legalidad y del sentido común. Las cosas han ido demasiado lejos y resulta ya imprescindible evitar que esta situación inaceptable se consolide por la fuerza de los hechos.

La lengua común es un activo de primer orden para la historia y la cultura de nuestro país. Su repercusión universal es hoy día una feliz realidad que nos permite afrontar con expectativas muy favorables la sociedad global propia de nuestro tiempo.

La demanda en el plano internacional crece de forma imparable mientras que algunos dirigentes autonómicos practican una política sectaria sin que el Gobierno haga nada por evitarlo. Las instituciones culturales tienen una ocasión de oro para hacer efectiva su razón de ser, desde la Real Academia Española al instituto Cervantes. Los ministerios competentes en materia de Educación y Cultura deben analizar con todo rigor la situación y poner en marcha los recursos jurídicos pertinentes. El departamento de Administraciones Públicas tiene aquí una magnífica oportunidad para ejercer sus funciones de coordinación. El propio Ministerio para la Igualdad debería ampliar su programa de actividades más allá del género, porque estamos ante un caso patente de una de las discriminaciones prohibidas por el artículo 41 de la Constitución. El PP ha manifestado claramente su postura y sería deseable que también el PSOE y otros partidos de ámbito nacional -o, simplemente, respetuosos con la legalidad y el sentido común- hagan llegar a los ciudadanos su opinión al respecto. El Estado de Derecho tiene instrumentos suficientes para que los poderes públicos dejen de actuar de forma arbitraria.

España, el español, los españoles
TOMÁS CUESTA ABC 2 Julio 2008

EL manifiesto en favor del español que ha impulsado un grupo de notables y suscitado una adhesión sobresaliente, ha sido acogido, por parte del Gobierno, con el despecho de un marido al que le han puesto los cuernos. Zapatero ya ha dejado entrever que sus autores han hinchado el perro y que el problema, si lo hay, es opinable; la crisis, relativa y la alarma social un simulacro de emergencia.¡Cuándo no es fiesta! El señor presidente y sus compinches periféricos se han ido por las ramas filológicas y pretenden amansar las aguas bravas represándolas en el ámbito académico. Que menudo papelón, dicho sea de paso, ha desempeñado la Academia limpiándole las botas al poder, tal cual le corresponde a la muy docta institución; o sea, con la lengua. La cosa es refugiarse en las mentiras sin matices y en las verdades vuelta y vuelta, ni demasiado crudas, ni demasiado hechas. Parlotear sobre los síntomas y no atajar la peste.

La lengua común -o sea, el español, los remilgos ofenden- no necesita que nadie la defienda; se defiende a sí misma de la embestida ciega de los liliputienses. Lo que se encuentra en riesgo es el común, el patrimonio inmenso que constituye nuestra herencia, el que han abaratado una cuadrilla de usureros. Lo que se extingue es el estado de derecho. Es el fantasma de la libertad, en resumidas cuentas, el que saca la lengua después del linchamiento. Nuestra lengua común se haya muy por encima de los que la torturan y de los que la vilipendian. El español es un billete hacia el futuro que atraviesa fronteras y sobrevuela océanos. España, sin embargo, pese a los fuegos de artificio, pese al rotundo sarpullido de las hazañas balompédicas, puede ser, de aquí a nada, letra muerta. Esa es la tragedia que intentan soslayar los que se acogen a la literalidad del manifiesto. Ahí es donde late el corazón de la tinieblas. Ahí es donde duele.

Colocar en la picota los vergonzosos atropellos que se perpetran a diario en el nombre del verbo, es una noble empresa y bienvenidos sean aquellos que se suman a los que llevan décadas clamando en el desierto. Nunca es tarde si la dicha llega y ha llegado la hora de amartillar los argumentos y apretar el gatillo dialéctico. Sin circunloquios, sin amagos, sin sacarina, sin pamemas. «Par délicattese j´ai perdu ma vie...», dejó escrito Rimbaud desde el torreón del genio. ¿Habremos de perder esta batalla por hacer uso -y abuso- de la delicadeza? «Al pa, pa i al vi, vi», pregonaba el difunto Eduardo Tarragona con el acento montaraz que se gastan en Lérida. Las cosas claras y el chocolate espeso. Resistir, a la postre, es insistir. Y volver a insistir. E insistir de nuevo. Así que insistiremos. Si el español se ve menoscabado es porque España está contra las cuerdas. Es porque hay territorios en los que la Carta Magna es una Carta Mínima devuelta al remitente. Es porque hay españoles que cumplen con la ley y la ley, sin embargo, no cumple con ellos. Es porque hay españoles que tienen que elegir entre la rendición sin condiciones y la celda de aislamiento. Es porque hay españoles que han de serlo a medias por no acatar los dogmas de la Santa Madre Aldea.

Acudir al rescate de la lengua común es negarse a pasar por el desolladero. Es soportar el coro de las «naciones oprimidas» interpretando a voz en cuello la eterna cantinela. ¡Pero si el castellano -gimen- es una fortaleza y no hay manera humana de conseguir hincarle el diente! (Ellos sabrán, que se han quedado sin colmillos -y sin muelas del juicio- en el intento). Y que nos den la murga con la historieta del pez grande que se zampa al pequeño. Y que remuevan el mondongo del secular resentimiento. Y que les corten un traje a la medida a los fachas de estreno con el pellejo que arrancaron a los fachas de siempre. ¿Qué dirán si aparece el nuevo manifiesto que muchos tienen ya en la punta de la lengua? «En defensa de la libertad». La libertad a bocajarro y sin ningún aditamento.

Y después del Manifiesto, ¿qué?
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 2 Julio 2008

Ha coincidido la aparición del ensayo de Fernando García de Cortázar, titulado «Lenguas fieramente humanas» («El Noticiero de las Ideas») con el lanzamiento del Manifiesto por la Lengua Común. Debo confesar que si la reflexión del historiador ha provocado mi plena adhesión, el Manifiesto me ha hecho ponerme en guardia, a pesar de que por él discurran las ideas que vengo defendiendo hace muchos años en relación con las políticas lingüísticas. El primero de los textos me dejó en la melancolía, pero no me creó nuevas frustraciones, que es lo que cabe esperar de una acción política montada sobre los personalismos y abandonada a la improvisación. Porque, ¿para qué podría valer este manifiesto si no es para frenar y reconvertir las políticas lingüísticas que vienen imponiéndose en el País Vaso, Galicia, Cataluña y Baleares desde hace más de tres décadas?

Cuando entre todos hemos permitido el pudrimiento de un problema tan grave para la libertad y la convivencia, un manifiesto es una acción muy barata, demasiado cómoda y posiblemente inútil. Ni las conciencias pueden satisfacerse con una firma, ni los ciudadanos deber ser utilizados para el mercadeo de los exhibicionistas de lo obvio ni se puede llegar a contradicciones tan insoportables como colaborar con los mismos partidos que tienen la responsabilidad de haber creado tanta mierda... Por supuesto, en casos como este son obligadas acciones de intervención.

Hace unos días aludí a la liquidación del bilingüismo que supuso la «normalización» del catalán. Hoy quiero recordar que cuando Krutwig colocó el arma del idioma junto a las pistolas cabía ya imaginar que la erradicación del castellano iba a producirse en paralelo a los asesinatos de ETA. Entonces habría sido necesario el Manifiesto, pero, para algunos de los firmantes de este, eran tan adorables los nacionalistas y los etarras estaban tan justificados por el propio «terrorismo estructural de la Nación española»...

Y aún hoy, ¿acaso no es una broma siniestra reivindicar el derecho al castellano y, al tiempo, defender los pactos con los nacionalistas periféricos?

García de la Concha
El director de la Academia y el manifiesto
García de la Concha, desde el punto de vista de la profundización de la democracia a través de la defensa de la lengua común, no es nadie. No tiene discurso político. No ha hecho acción política alguna digna de mencionarse.
Agapito Maestre Libertad Digital 2 Julio 2008

Mal, muy mal, rematadamente mal me parece que Víctor García de la Concha, director de la Real Academia de la Lengua España, no firme el manifiesto a favor del castellano. Pésima me parece su excusa. El manifiesto le ha dado la oportunidad de "reivindicarse" como defensor del castellano, pero él ha renunciado a la petición por no sé que excusa ridícula. Ha perdido una buena ocasión de defender como ciudadano lo que ha sido incapaz de hacer como director de la Academia de la Lengua. El primer cargo burocrático de la Academia, conocido por ser un hombre presto a aprovechar cualquier resquicio público o privado para colgarse alguna medalla, no se ha atrevido a firmar este manifiesto. Ha perdido su gran oportunidad, sin duda alguna, quien pasa por ser uno de los grandes oportunistas de la institución académica. Lo siento.

Este hombre que debería dimitir, entre otras razones, porque jamás ha denunciado que más de un tercio de la población española no pueda educarse en su propia lengua; y, si lo ha hecho, cosa que dudo, no ha tenido éxito alguno. Haría bien en dejar a otro su puesto. Visto su fracaso es difícil que otro lo haga peor. Pero estoy convencido de que este mal burócrata se agarrará fuertemente al sillón, porque no sabe hacer otra cosa que mala burocracia, o sea, defender de boquilla el castellano, mientras que millones de españoles no pueden hablarlo.

Detrás de la actitud de Víctor García de la Concha, sin embargo, hay un motivo, o mejor, una pasión, que le impide no sólo firmar este manifiesto sino también dimitir de su cargo. La doble negativa de este burócrata obedece a una pasión, desgraciadamente, compartida con millones de españoles. En realidad, excepto unos pocos, la mayoría de la población está sometida a ese sentimiento cruel. Quizá ayuden a descubrir esa pasión las siguientes preguntas: ¿Quién es políticamente Víctor García de la Concha? Quizá un adaptado. Quizá. ¿Qué hay detrás de esas sonrisitas para las fotos? Quizá miseria política y blandura intelectual. Quizá. ¿Qué podemos esperar los ciudadanos de este individuo que no desean enfrentarse a Rodríguez Zapatero y sus correligionarios en los medios de comunicación? Poco, muy poco, nada.

García de la Concha, desde el punto de vista de la profundización de la democracia a través de la defensa de la lengua común, no es nadie. No tiene discurso político. No ha hecho acción política alguna digna de mencionarse. No ha hecho jamás nada que no sea utilizar para su propio beneficio la institución de la que es director. Pero ninguna de las respuestas, por buenas que sean, a esas preguntas más o menos coherentes, conseguirá aclararnos su negativa a firmar el manifiesto. Creo que el comportamiento de este burócrata responde, sencillamente, al ambiente que se respira en todo el país. Sí, sí, la pasión que está determinando los comportamientos de la mayoría de los españoles se llama miedo. España es, hoy más que ayer, el país más miedoso del mundo.

La valentía, o sea, el conocimiento de gente qué sabe atajar racionalmente el miedo escasea por todas partes; por eso, cuando ese bien hace acto de presencia, los burócratas de los partidos lo expulsan de su seno; léase el caso de María San Gil... Pero a lo que íbamos: Víctor García de la Concha no firma el manifiesto porque tiene "jindama". Es incapaz de afrontar el miedo. Si el director de la Academia hubiera tenido un poco de valentía, seguramente habría esgrimido algún argumento de peso a favor o en contra del manifiesto. ¿Quién se va a creer a la altura de esta película que él no firma por principio ningún tipo de manifiesto?

El Manifiesto por la Lengua Común
José Luis Manzanares Estrella Digital 2 Julio 2008

El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. Y las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas comunidades autónomas de acuerdo con sus Estatutos. Hasta ahí, literalmente, el texto de la Constitución española. Cualquier destinatario de nuestra Carta Magna lo entiende. Primero, porque está redactada en castellano, o sea, en esa lengua oficial que compartimos también, de hecho, todos los españoles. Y segundo, porque el texto es de una claridad meridiana. No necesitamos intérpretes que retuerzan su significado según convenga a sus intereses políticos.

Podríamos discutir si el uso oficial de esas otras lenguas en sus respectivas Comunidades ha de extenderse a la Administración del Estado, en particular cuando las últimas decisiones se toman fuera del espacio bilingüe. Lo que nadie podía imaginarse era que unos años después, mediante la pretendida normalización de la llamada lengua propia —como si el castellano no lo fuera asimismo en la mayoría de los casos— y de su monopolio como habla vehicular (camelística expresión de nuevo cuño), estaríamos preocupados por la progresiva marginación de la lengua común.

Pasito a pasito, por vía de concesiones en el tablero partidista, cerrando los ojos ante la evidencia o atendiendo como coartada a lo políticamente correcto, hemos llegado a la triste situación actual. Hoy, un español lo tiene muy difícil en determinadas comunidades autónomas para que sus hijos estudien en castellano, aunque ésa sea su lengua materna o se trate de un funcionario del Estado que regresará a su tierra tan pronto como el escalafón se lo permita.

Se puede defender el patrimonio cultural de las diversas modalidades lingüísticas de España sin caer en un revanchismo que pone el discutido y discutible concepto de nación (Zapatero dixit) por encima de los derechos fundamentales de la persona. Como algunos nacionalistas periféricos proclaman sin el menor tapujo (con una sinceridad que les honra a ellos, pero no a los que vuelven la cabeza para no enterarse), hay quienes tratan de imponer el monolingüismo al servicio del proyecto separatista.

La interesada confusión entre la lengua autonómica y la nación como entidad política con vocación de reconocimiento internacional ha ido ganando terreno con la tolerancia, cuando no la bendición, de quienes ahora se sorprenden por este nuevo “basta ya” de la ciudadanía frente a una política lingüística que no pretende tanto la defensa del catalán o el vascuence o el gallego —a los que nadie ataca— como la desaparición de una seña de identidad española.

MÁS SOBRE EL MANIFIESTO POR LA LENGUA COMÚN
Tan ufana y tan soberbia
Por Ana Nuño Libertad Digital 2 Julio 2008

Es cuento viejo: cada vez que se denuncia públicamente que los ciudadanos españoles no tenemos garantizada en todo el territorio nacional la libertad de elección de lengua en educación, empleo público y relaciones con la Administración, sale a desfilar el viejo correfoc de los agravios comparativos de quienes se arman un lío mezclando churras con merinas. O sea, de quienes piensan que no se puede ser a la vez catalán o vasco o gallego o qualunque y a la vez español, que es lo que somos todos los que pagamos impuestos en este rincón del planeta.
Por historia somos españoles, qué le vamos a hacer. Todos. Me atrevo a afirmar que así lo pensamos también los nacidos al otro lado de cualquier océano, en una de esas "pequeñas Españas" que Unamuno le ensalzaba a la escritora venezolana Teresa de la Parra. Si fuéramos inteligentes, los nacidos en Reus o en Bogotá comprenderíamos que tan general cuan problemática pertenencia no supone desgracia alguna. Al contrario, es una suerte, aun un plus, como dirían nuestras némesis prisaicas y sogecáblicas. Porque ello nos hace partícipes y cómplices y tributarios y beneficiarios de esa trama de afectos que, con fórmula tan certera cuan amorosa, ha dado en acuñar, para definir nuestra a menudo difícil y sin duda problemática pero siempre fructífera convivencia, Arcadi Espada.

En Cataluña, la penosa incapacidad de comprender y aceptar tanto las oportunidades como los fértiles retos de esta común condición ha llevado aun a personas informadas, cultas y sensibles, a caer en la vulgaridad extrema de formular juicios que no van más allá del hecho de puerilmente amenazar, por ejemplo, con que, como mi lengua es de uso más minoritario que la tuya, y sólo por ese hecho estadístico merece más consideración que la tuya, o como tu lengua es de antaño más larga e imperial que la mía, traémela aquí que voy a recortártela. Como si se tratara de eso, y sólo de eso: del tamaño, alcance e influencia de las lenguas. Pongámonos, qué le vamos a hacer, al nivel al que se ha rebajado tanta gente en Cataluña: parece que todo se limita a medir cuál de las dos lenguas mea más lejos.

Mucho peor que esta chorrada de parvulario: hay catalanes que piensan que las lenguas, ectoplasmas desprendidos de sus usuarios pero sin los cuales no existirían, son sujetos de derechos y deberes, cuando cualquier hijo de vecina sabe que sólo los ciudadanos, de cuerpo entero, son los únicos depositarios y plenos sujetos de lo uno y de lo otro. Hecho éste, el del acceso del ciudadano al reconocimiento pleno de sus deberes y la obligación sin cortapisas de asumirlos, que es el único garante de su existencia plena ante la ley, y condición previa de la definición de un ámbito de libertades públicas donde sus congéneres, no reductibles a éste o aquel otro retazo de su anatomía cultural –por lo general heredada o impuesta por otros–, son plenamente capaces de disfrutar de la libertad de definir y garantizar su futuro y el de sus hijos. En suma, su mundo y el del porvenir.

Casi nada: ésta es la única utopía incruenta de la que hemos sido capaces de dotarnos, y además tiene la virtud de ofrecerse a nuestro cotidiano alcance. Jaime Gil de Biedma (a quien, lo recuerdo de pasada, los compañeritos comunistas del PSUC, cuyos continuadores aplauden hoy con denuedo las políticas identitarias catalanas, le negaron carné de afiliado y militancia por ser homosexual) remataba uno de sus mejores poemas (una sextina perfecta, además) con claridad meridiana: "Que sea el hombre el dueño de su historia".

Pues de eso se trata, y de eso va el Manifiesto por la Lengua Común. Aquí, en Cataluña, se ha visto acompañada su divulgación por la habitual marcha alegórica de nuestros castradores cuentacuentos. Tan rancia, tan antigua como las Danzas de la Muerte medievales. Como no es la primera vez, y como una ya está cansada de fingir que el ciudadano de a pie y el poderoso o el político al que se ve obligada a pagar el sueldo son la misma humana cosa, la tendencia es a desentenderse del barullo. Ya se lo harán, unos y otros. O no, pero qué más da. Una seguirá poniendo su DNI de contribuyente a Hacienda al pie de lo que sea justo y necesario, y después a vivir, que son dos días, y hasta bastante menos a estas alturas.

Pero esta vez me dice la vocecilla de pagadora de impuestos que hay algo en el desfile de siempre que desentona aun más de lo habitual. Son dos acordes disonantes intercalados en la melodía que invariablemente, en modo Mayor, nos imponen en sus desfiles patrios los guardianes de las esencias medievales. Quienes los han introducido, una vez más y para no variar, son los eternos guardias civiles de la lengua catalana. Con mando y plaza. Se comprende fácilmente por qué: hasta este reciente manifiesto, todas las denuncias de la minoración o castración del derecho de los ciudadanos a vivir oficialmente en una de las lenguas oficiales de Cataluña han tenido su origen en esta comunidad. No sin razón, desde luego: la clase política en este rincón de España lleva treinta años haciendo de la lengua su principal arma de destrucción masiva para desbrozar el terreno sobre el que construir (y especular y lucrarse de lo lindo con ello) una identidad nacional tan homogénea como ficticia. Ésta es la particularidad, la auténtica seña de identidad del nacionalismo catalán. El fet diferencial catalá.

La primera disonancia es una rutina, y espero poder explicar por qué; la segunda, aunque también tradicional, es intolerable y denunciable, pues lleva racismo por nombre e intenciones. Vayamos por partes.

La primera disonancia es un acorde de séptima dominante. Según el contexto, puede operar aun como una disonancia constructiva, capaz de aportar color y nervio musicales a algún que otro género musical. Por ejemplo, a la brasileña bossa nova. Pero en contexto mozartianamente clásico como el de la Constitución del 78, la verdad es que la séptima dominante suena fatal.

Mi modesta hipótesis es que los eternos turiferarios del modo Mayor catalán esta vez no han reparado en que el más reciente manifiesto no tiene por objeto la denuncia de la larga serie de conculcaciones de derechos ciudadanos que en las últimas tres décadas le ha sido impuesta en Cataluña a la mayor parte de la ciudadanía, muy a su despecho. Por vez primera, lo que se hace o persigue es transmitir como una urgencia a los ciudadanos de toda España (y no sólo a los de Cataluña) la denuncia del impedimento, por parte de los poderes públicos, y no sólo en Cataluña, de que los ciudadanos puedan libremente ejercer el derecho de escolarizar a sus hijos no en urdu, farsi o beréber (o en rumano o en serbocroata o en polaco o en inglés), sino en la lengua común de todos los españoles, sean cuales sean sus orígenes y lengua materna familiares.

Pero esta vez, ciegos al contexto peninsular (a "the wider picture", que habría dicho Henry James), nuestros aguerridos entonadores de "El Virolai", "L'Estaca" y, claro está, "Els Segadors" se han puesto inconscientemente a mear fuera de tiesto. Es lo que tienen los pilotos automáticos: para los nacionalistas catalanes, la conjunción sintáctica de "manifiesto" y "lengua" basta para ponerlos a salivar, en plan perrito de Pavlov. Lástima por sus papilas gustativas, pero este manifiesto trasciende la bella y barroca colina de Montserrat. Esta vez, y por primera, más españoles que los que desde hace tres décadas padecemos los patéticos rigores de la Cataluña de diseño nacionalista han comprendido que también a ellos les afectan los anacronismos de su trasnochado Ancien Régime.

La koiné castellana que con tanta razón reivindica el reciente manifiesto, una vez más conviene recordar que es patrimonio común de todos los hispanohablantes, y no sólo de los nacidos en España. Es, en efecto, eso: una koiné. Pero no por mor autoritario y consuetudinario de los Reyes Católicos o los Austrias o los Borbones, sino porque así lo ha querido la historia; la lengua que desde hace al menos cinco siglos a diario trajinan y hablan y escriben y moldean a su antojo, digan o hagan lo que se les antoje sus monarcas y dignatarios, los habitantes del País Vasco y Cataluña, de Galicia y Andalucía, de las islas Canarias y de más de quince naciones hispanoamericanas. Esta koiné es hoy la que comparten más de 400 millones de descendientes de una prolongada, a ratos cruenta pero siempre estimable, "trama de afectos", en la que se han mezclado y a la que han enriquecido otras culturas y lenguas, desde la judía y la arábiga hasta la guaraní, la caribe y la gitana. Por cierto: también éste es su "hecho diferencial", dos palabros con los que a los nacionalistas catalanes les encanta llenarse la boca, y además es único entre las koinés europeas.

Zapatero.La dichosa "trama de afectos", pues, incorpora variados morituri te salutant, es cierto, y, vista desde un ángulo más metafórico que atemporal, también incluye más de una alegoría de las mentadas Danzas de la Muerte. Pero esa trama, nos guste su diseño o no, existe, y es absurdo negar su existencia, tejida durante siglos por quienes no han tenido más voz que ésa, la de la lengua con que saludan el nacimiento de sus hijos, aprenden y ejercen sus oficios, despiden a sus muertos y, ocasionalmente, deploran el destino que les ha tocado en suerte vivir. De hecho, éste es uno de los pocos ámbitos en que la tan trajinada "memoria histórica", tan prostituida en la anterior legislatura por el nieto del capitán Lozano, tiene plena justificación y vigencia. En el caso de España, afirmar que su vigencia y vigor es consecuencia de una "imposición" no pasa de ser una metáfora muerta: todas las lenguas perviven o sobreviven y hasta mueren, y ni la gramática de Nebrija, o la de Pompeu Fabra, ni los dictatoriales edictos de Francisco Franco, o de Jordi Pujol, son capaces de impedir o propiciar su supervivencia.

En el fondo, nada de esto tiene la menor importancia. Las lenguas nacen, existen y mueren. ¡Joder, si el griego de Homero y el latín de Virgilio murieron, ¿por qué no han de morir algún día el español de Cervantes y el catalán de Ausiàs March?! Uno de los textos más luminosos de George Steiner, en After Babel, es un relato de ciencia (y política) ficción. Imagina Steiner que existen extraterrestres; ítem más, imagina que descubren la Tierra y deciden analizarla científicamente, como lo haría un equipo de biólogos y físicos del MIT; valga decir, reduciendo a parámetros esenciales y constantes las complejas y variadas manifestaciones de la realidad terrícola ofrecida a su observación.

¿Qué conclusiones sacarían de sus sesudas observaciones? Lo más probable es que, del análisis de los datos recopilados, dedujeran que la vida en la Tierra puede explicarse con el manejo de tres, a lo sumo cuatro variables, operativas en diversos dominios. Tipos de sangre. Linajes y parentesco. Formas de organización socioeconómica. Pero el hipotético equipo de investigadores extraterrestres descubre la capacidad lingüística de los humanos, y llegado a este punto se declara impotente para integrar ese fenómeno en lo que representa un esquema generalmente uniforme. Los atónitos extraterrestres deciden entonces controlar el experimento, ciñéndose a un análisis sincrónico y desechando, por ejemplo, los monumentos de lenguas extintas. Aun así, estiman en más de un millar las lenguas que los humanos son capaces de prohijar en el corto espacio de un puñado de centurias.

¡Joder!, piensa, con razón, alguno de nuestros racionales extraterrestres: ¿por qué se complican la existencia estos seres, por otro lado tan ecónomos en el manejo de sus parámetros vitales? Pues eso: habría que empezar por facilitar a nuestros Branchadell y Jordi Sánchez (lo siento por el acento originario, noi), a los Antoni Puigverd y Baltasar Porcel –por no mencionar las capas inferiores del Pleistoceno, siempre ocupadas por fósiles políticos, de Pujol a Montilla, pasando por Maragall– un mapa de la evolución de la especie, more lingüística.

Porque resulta que la segunda disonancia que ha trompeteado alegremente por los pasillos de los espacios de opinión catalanes en apenas una semana, desde que se hizo público el mentado manifiesto, es bastante menos amena: las quintas paralelas casi siempre lo son. Pero entonadas a capella, a veces logran fundirse en el entorno armónico. Hacía tiempo, la verdad, que no oía estos acordes, muy frecuentados en el periodo romántico de los gobiernos de CiU. El caso es que han vuelto a resonar en Cataluña, y con renovados bríos, tras la divulgación de este último manifiesto. A pesar, ya se ha dicho, de que por primera vez la intención de la denuncia excede los límites de la Marca Catalana.

Ese rancio virolai, hacía unos años que no lo oíamos resonar. Desde que Heribert Barrera publicó sus memorias, hace ocho años. Pues bien: una de las virtudes del recién nacido manifiesto consiste en haber desvelado lo que siempre, siempre subyace al rechazo de lo español desde el nacionalismo catalán: el racismo más puro y duro. No exagero, y eso que soy dada al género barroco-caribeño. Aquí está don Baltasar Porcel, por ejemplo, en su columna de hace cuatro días en La Vanguardia:

Si en Estados Unidos aumenta [la presencia del castellano], es en general entre las capas social y culturalmente bajas.

Si por un lado su vasta demografía le asegura fuerza y expansión, a la vez se trata mucho de individuos de relativa formación, de países de modesta economía, de creación científica e innovación tecnológica escasas.

[El castellano] no actúa como conducto de una esencial expresión cultural propia y clave en la civilización, como el alemán, el francés o la novelística rusa del XIX. Incluso en literatura España ha sido precaria a partir del siglo XVII, la generación del 98 apenas trascendió el ámbito local, ¡nadie ha traducido ni al gran Baroja!

Incluso Antoni Puigverd, cabeza culta e ilustrada y bien amueblada, como dicen los galos, se desliza por la misma pendiente, resbaladiza por impregnación de sebos raciales. Eso sí: sabe invertir la carga de la culpa, y acusa a los autores del manifiesto de "complejo de superioridad", no sin antes endilgarles el machadiano "desprecia cuanto ignora".

Da igual: carpetovetónicos nacionalistas o catalanistas finos de los barrios altos de Barcelona o Girona, todos viven presos del mismo espejismo letal. Todos confunden uso social de las lenguas con utilización política del catalán. Saben pertinentemente que en Cataluña se impone oficialmente desde hace casi tres décadas una sola lengua, el catalán, en áreas que son de competencia exclusiva del Gobierno, es cierto, pero que financiamos todos los catalanes, sea cual sea nuestra lengua (en realidad, sean cuales sean nuestras lenguas), y también el resto de los españoles, con su trabajo e impuestos. Muchos de los cuales, a pesar de financiar involuntariamente las políticas públicas catalanas, se ven obligados a renunciar a vivir en Cataluña, porque estarían encantados de que sus hijos aprendieran catalán, cómo no, pero también desearían que sus hijos pudieran escolarizarse en su lengua materna. O porque saben, si son universitarios, que ya pueden tener la mejor formación y media docena de títulos acreditativos, que si no demuestran que dominan el catalán, de poco les servirán sus competencias profesionales.

La imposición de una lengua única desde la Administración del Estado catalán en todos los ámbitos de la vida pública, ya pueden los de siempre, con su acostumbrada mala fe, seguir repitiendo como loritos que es cosa de España y sus designios imperiales; la realidad, desde hace décadas, es justamente la contraria: obsesionados con la imposición del uso social de una sola de las lenguas catalanas, y buscando sacar réditos políticos de la amalgama entre su uso social e institucional, los nacionalistas catalanes llevan esas mismas décadas no sólo conculcando los derechos de los catalanes (de todos, insisto: no sólo de los que tienen el castellano como lengua materna), sino empobreciendo al país que tanto dicen estimar.

El mejor resumen de las consecuencias de esta política de Ancien Régime, contraria al respeto de los derechos ciudadanos, puede leerse en este fragmento de un reciente artículo de Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional en una de las universidades catalanas, que un día, asombrado de que a sus clases, impartidas en catalán, no se asomara ningún estudiante europeo con beca Erasmus, inició el siguiente diálogo, del que extrajo las inevitables conclusiones:

"¿Los alumnos Erasmus que van a sus países conocen el holandés y el sueco como para entender a los profesores en clase?". Sonriendo, me respondieron que obviamente no, casi ningún erasmus tenía idea del holandés o sueco, pero más de la mitad de las clases se impartían en inglés dado que los profesores procedían de países muy diversos y el inglés se había convertido en la lengua vehicular común. Me sentí bastante ridículo y provinciano al escuchar esta respuesta. Debía dar por supuesto que las autoridades universitarias de estos países eran personas cultas e inteligentes, preocupadas por el conocimiento y no por el vehículo en el que se trasmite, interesadas en atraerse a los mejores profesores, aunque hubiera que ir a buscarlos más allá de las estrechas fronteras de sus países.

En fin: por todo esto, y lo que no cabe en este artículo, me sumo a mis compañeros de Libertad Digital y llamo a los españoles sensatos y de buena fe a firmar el Manifiesto por la Lengua Común.

Milagro en Comillas
M. MARTÍN FERRAND ABC 2 Julio 2008

LA primera vez, hace ya mucho tiempo, que le escuché al presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, la idea de convertir la vieja e inmensa Universidad Pontificia de Comillas en un Centro Internacional del Español tuve la sensación de que se trataba, como dicen los pasiegos viejos, de una sinjundia. Algo sin mayores fundamentos. Se demuestra, una vez más, que la realidad nace de los sueños, que son ellos los que la generan y engrandecen. Cuando ayer, al caer la tarde, Sus Majestades los Reyes llegaron al Palacio de Sobrellano, el que fue residencia de los marqueses de Comillas, para presidir el Patronato de la Fundación que acometerá la titánica tarea de convertir un seminario abandonado en un centro académico de proyección internacional, tuve la sensación gozosa de que todo es posible si se hace lo imposible para que lo sea.

Como las casualidades existen, no es raro que coincida una acción cívica, como la promovida por el Manifiesto por la Lengua Común -del que la Real Academia no quiere saber nada-, con un acto oficial y solemne como el que los Reyes presidieron en Comillas. Como para subrayarlo y poner en evidencia la mínima dimensión de algunos de nuestros líderes políticos, la Ejecutiva del PSC, la estructura que arma la vaciedad del president José Montilla, ha expresado su rechazo al Manifiesto, un paso más allá que no suscribirlo. «Rompería, dicen los socialistas, el actual modelo de inmersión lingüística». Una no querida, pero brillante, forma de ponerse en evidencia y dar valor a un Manifiesto que sólo pretende algo que la Constitución prescribe y los nacionalismos proscriben.

Las obras que ya se realizan en la vieja casa cántabra de los jesuitas, trasladada a Madrid en sus esencias y despoblada por falta de vocaciones, son alegóricas del esfuerzo que merece el idioma común, el que sin menosprecio de ningún otro de los idiomas españoles nos permite entendernos con quinientos millones de personas en todo el mundo. ¿De dónde habrá salido el desvarío separatista según el cual para ser mejor catalán, vasco o gallego conviene ignorar el castellano? En hermosa y contradictoria alegoría, el grandioso proyecto que ayer pusieron en marcha los Reyes de España se cimienta en la obra que culminó el segundo marqués de Comillas, Claudio López Bru, que nació en Barcelona y sirvió de anfitrión en Comillas -en sus días, tierra de Castilla- a muchos de sus paisanos, a sus amigos y socios americanos y a cuantos, sin pretender jibarizar sus almas, saben que hablando un mismo idioma se entienden las gentes más distintas. Un arquitecto catalán, Joan Martorell, hizo los planos después remodelados por otro catalán, Lluis Doménech i Montaner, de la vieja Universidad que será pronto Centro Internacional del Español. Algo simbólico, deseable y feliz, aunque le irrite a Montilla y sus compañeros de cuadrilla y tripartito.

Mi manifiesto por la Lengua

ANTONIO BURGOS ABC 2 Julio 2008

ESTE artículo es en realidad una firma. Una rúbrica de adhesión al Manifiesto por la Lengua Común. Movido no sólo por las voces de alarma que sobre nuestro idioma han dado notables creadores y pensadores, o mis admirados académicos don Francisco Rodríguez Adrados o don Gregorio Salvador, sino por alguien más cercano y a quien me debo con mayor deuda: por Isabel, mi mujer. Todas las mañanas, mientras desayunamos entre gatos y periódicos, leyendo las ilustres firmas de adhesión, Isabel me acompaña el café con una ración de rabitos de pasas:

-¿Te has adherido ya al Manifiesto por la Lengua?
Así, desde hace una semana, una mañana y otra. Y le respondo siempre igual: que mañana sin falta voy a hacerlo, «para lo mismo repetir mañana». Hasta que ayer, paseando con ella al atardecer por las orillas andaluzas de la mar atlántica llamadas de antiguo Playas de Castilla, me encontré con un letrero del Gobierno que es el que, más que sus reiteradas recordaciones, mueve mi urgencia para sumar mi voz a las que gritan para defender la supervivencia de nuestro tesoro común de la lengua.

Es un letrero que, igual que los americanos plantaron su bandera en Iwo Jima, acaban de poner como señal de victoria gubernamental en la playa de Matalascañas. Como para señalar que hasta allí, cerca de Doñana, donde veranean gratis total los sucesivos presidentes, han llegado las vanguardias de la modernidad y del progreso. Iba plácidamente paseando por la playa, con el sol a punto de depositar su moneda de oro en la alcancía del horizonte, cuando me di de cara con el espantoso letrero del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. Con unas letras así de grandes, aunque esté feo señalar, decía algo enigmático:

«Sostenibilidad de la Costa y del Mar».

¡Toma castañas! ¿Pero qué es esto, Dios mío de mi alma, de la Sostenibilidad de la Costa y del Mar? ¿Que el mar se está hundiendo, y tenemos que sostenerlo en brazos los veraneantes, como en la vieja copla de campanilleros iba San Cristóbal con el Niño Jesús? ¿O es ese «sostener» mantener económicamente la costa y el mar, que la han puesto de peaje y que para bajar a la playa hay que pagar entrada? Porque sostener de sostén, de lencería fina, de sujetador femenino, vamos, con tanta dominga al aire playero no creo yo que sea.

Pero seguí leyendo y allí fue donde me persuadí, si convencido no estuviera, de la urgente necesidad de la defensa de nuestra lengua. No en Cataluña y en las Vascongadas solamente, que también. Al castellano hay que defenderlo muy especialmente en Castilla la Nueva, en Castilla la Vieja y en esta Castilla la Novísima que es Andalucía. Defenderlo de los progres cretinos, de los Ministerios de Igual Da, del libro de estilo de los periódicos, de los contenidos curriculares, del Ripalda de la Inquisición de lo políticamente correcto. Porque ¿saben qué resulta que anunciaba el enigmático cartelón de la«Sostenibilidad de la Costa y del Mar»? ¡Pues que van a hacer obras en el paseo marítimo de Matalascañas, joé! Sí, como estamos en tiempos de crisis y hay que ahorrar, se van a gastar 3 millones de euros en la sostenibilidad dichosa: el cartelón lo pone.

Cuando en los venideros fines de semana las hordas y las turbas, igual que en «Los Duros Antiguos», pongan la playa igual que una feria, las masas votantes del PSOE, ¿entenderán qué puñetas es la Sostenibilidad? Para ellos, como si lo hubieran puesto en catalán, «Sostenibilitat», o en vascuence «Sostenibikoa». Estamos llegando a un punto de degradación del español con esta jerigonza progre que pronto habrá que escuchar a los políticos con auriculares de traducción simultánea e ir por la calle con diccionario. ¿Qué más da que obliguen a hablar en catalán, en gallego o en vascuence por ahí, o que me digan aquí «visibilidad lésbica», «conciliación docente-laboral» o «inferiorización de la mujer», si en el fondo es lo mismo, desprecio del castellano?

Y como estaba en las viejas Playas de Castilla, pensé que peor que la inmersión lingüística en los otros idiomas peninsulares son estas obligatorias y ridículas ahogadìllas que a cada hora nos dan con la depravación de nuestro hermoso castellano, hecho jerigonza ininteligible y lengua iniciática de los imbéciles.

La lengua, señores...
AGUSTÍN GARCÍA CALVO El País 2 Julio 2008

La escritura, la cultura, la organización gubernativa, la escolar, las leyes, las opiniones, ésas sí que tienen dueño; y el dueño es el de siempre: el jefe, sus secretarios, sus sacerdotes, la persona que se cree que sabe lo que dice.

Y ésos ya se sabe lo que quieren o necesitan: quieren ordenar el mundo, el mapa, las poblaciones; es el juego terrible de niños grandes, malcriados y simplones, que ha venido arrasando tierras y torturando gentes desde el comienzo de la Historia, en nombre del Ideal; y así siguen queriendo, por ejemplo, que España sea una, que los Estados Unidos sean uno, que Cataluña sea una, que Euskal Herria o Galicia sean una cada una... Da lo mismo: el caso es someter al ideal a todos, dentro de las fronteras que les toquen: que todos sean uno.

Por medio de la escritura y de la escuela, el Poder ha utilizado una y otra vez las lenguas o idiomas para ese fin: tomando en bloque una variedad simplificada del idioma correspondiente, y sin entrar para nada a la maquinaria de la lengua, ha logrado por ley (pero siempre a través de la escuela y la escritura) imponer hasta cierto punto un idioma uniforme dentro de las lindes que los avatares de la Historia le hayan repartido a esa forma de Poder; así impuso Roma en el vasto territorio del Imperio la unidad lingüística, para apenas un par de siglos, mientras los pueblos volvían a hacer de las suyas y deshacían el latín en dialectos innumerables; y hazañas parecidas se han dado luego, en territorios más o menos amplios, como, por ejemplo, la conversión del hebreo, una lengua muerta, en idioma, relativamente uniforme, del Estado de Israel.

En aquello que iba siendo Europa hace unos ocho siglos, los hombres cultos, que hablaban diferentes idiomas o dialectos como lengua cotidiana, trataron de mantener, y mantuvieron durante unos cinco siglos, una lengua común, el latín resucitado por escrito, no sólo para las disputas escolares y científicas, sino también para los tratos internacionales. Pero ya, entre tanto, los Estados modernos, el Español, el Francés, el Inglés, se habían establecido, y preferían volver a repetir, cada cual en su ámbito propio, la empresa del Imperio: la unificación de los varios idiomas y dialectos bajo el mismo ideal; una lengua una para el Estado uno; y en la misma idea les han seguido todas las naciones de cuño estatal, chiquitas o mayores, que tratan de dividirse el mapamundi.

Cierto que el que una lengua, relativamente uniforme, ocupe vastos espacios, tiene sus ventajas, no sólo para los trámites comerciales y administrativos, sino para que, por ejemplo, esta andanada contra los tratantes de lenguas le llegue a más gente que si la escribiera en sayagués; pero la cuenta de lo que con eso gana la denuncia de la mentira en contra de lo que gana la difusión de la mentira, ¿quién, señores, me ayudará a echar esa cuenta?

En fin, lo que el Poder, nacional, autonómico, universal, quiere hacer con las lenguas y la gente, eso cualquiera, si se deja sentir, lo sabe. Algo de vergüenza da que hombres doctos y esclarecidos confundan en un trance como éste los manejos unificatorios de una u otra administración con la máquina, desconocida y libre, de la lengua. Pero tampoco eso debe extrañarnos demasiado, sabiendo y sufriendo, como sufrimos, lo que es la condición de la Cultura y la de la Persona.

Agustín García Calvo es catedrático emérito de Filología Clásica de la Universidad Complutense de Madrid

Antonio Mingote: «Hay que atajar ese desastre estúpido e imbécil de la barbarie nacionalista»
ANTONIO ASTORGA. MADRID ABC 2 Julio 2008

El genial e inagotable talento de Antonio Mingote ilustra en la portada de ABC el «talante» nacionalista de acoso al castellano: tres tipos -agitando una ikurriña, una señera y una bandeira galega- «planean una protesta (los tres en español) por llamar los españoles al español idioma común, solo por crispar, porque los españoles crispan...». La sensibilidad de don Antonio expresa en esos magistrales trazos lo que es imposible resumir en palabras. Hoy le damos la voz a ellos, los dibujantes, para que hablen sobre el Manifiesto por la Lengua Común: «Por supuesto que lo he firmado -principia Mingote-.

Vale la pena adherirse porque es un tema gravísimo que se está tomando con mucha ligereza. Todo lo que se haga en ese sentido es poco. Hay que atajar ese desastre estúpido e imbécil de la barbarie nacionalista. La cosa es tan idiota por parte de los que atacan al castellano que, por su peso, por el natural orden de la cosas, acabará diluyéndose. Llegará un momento en el que no tendrá ningún sentido. Es un ataque feroz de unos imbéciles que trabajan en contra de sus pueblos».
José María Gallego también se une, como el maestro. ¿Su motivo?: «Copie cualquier frase de Cervantes para ser humilde...», concede.

Máximo se enteró del Manifiesto porque «venía en todos los periódicos que leo». Y lo firma: «El artículo tercero de la Constitución -explica el sabio- describe, prescribe y garantiza que el castellano es el idioma común de los españoles. Y al Constituyente no se le ocurrió que pudiera ser atacado. El artículo tercero aplica el mismo respeto y protección a las demás lenguas españolas. Así pues, no parece que sea necesario bordear la redundancia. Ahora bien, si personas sabias y principales dicen que hay que legislar sobre el asunto con más justicia y precisión, ¿quién soy yo para dar la nota? Adhiérome, pues, con la salvedad de que las lenguas suelen campar por libre y los hablantes no digamos».

Pachi & Idígoras matizan que «todavía no nos hemos adherido. En principio parece razonable. Lo estudiaremos. Leeremos las respuestas de los otros humoristas de esta encuesta, que son más sabios que nosotros». Y colorean: «Parece razonable, y evidente, que la lengua en la que todos se entienden sea utilizada por las instituciones para que todos se entiendan. Parece que el manifiesto aboga por la protección institucional de todas las lenguas del Estado, y también esto nos parece acertado.

Cuantas más lenguas conozcan las personas, más rico será su pensamiento. Creemos que una de las funciones de los políticos es garantizar la libertad, entre ellas, claro, la lingüística. Algunos de los promotores del manifiesto son sabios». A Julio Cebrián le parece muy bien el manifiesto: «Soy un gallego que adora y habla gallego, idioma musical, pero me eduqué en el castellano. Todas las mañanas leo el Quijote. Mis ídolos son Velázquez y Cervantes. Adoro a Quevedo, a Calderón de la Barca, y el Barroco, que son mitos para mí. El castellano es algo extraordinario, respetando las demás lenguas. Soy un patriota constitucional, y no tengo inconveniente en adherirme».

Importunado en su merecido descanso veraniego, José Manuel Puebla es tajante: «Sí, estoy con el manifiesto. Hay que ser muy catetos para marginar en una región española al segundo idioma más hablado del mundo (sin contar con el chino, que sólo lo hablan ellos)». Y Francisco Martín Morales le secunda: «Me uno al Manifiesto. Es muy bueno que exista una opinión pública, una fuerza ciudadana que cuando los políticos no toman cartas en el asunto reivindiquen lo que es lógico: que la lengua española no se tiene que marginar. Es bueno que ese movimiento no quede subestimado por ningún caciquito autonómico».

¿Este Manifiesto puede generar algún tipo de rechazo por parte de aquéllos que defienden las lenguas autonómicas? Pachi & Idígoras son escépticos: «Seguro. Cualquier asunto encontrará a alguien que lo rechace. Nos extrañaría lo contrario. Hay profesionales en rechazar». Les solicitamos un diagnóstico del castellano, y alzan sus lápices: «Se está fortaleciendo en algunos países y en determinadas zonas de España se va debilitando. Resulta paradójico. Somos partidarios de que las personas se entiendan entre sí. Cualquier iniciativa al respecto nos parece adecuada y cualquier medida para potenciar cualquier lengua, bienvenida -o «benvingut», que es palabra bien bonita-. Si es la lengua en la que nos podemos entender todos, mejor que mejor. A nosotros, que por desgracia no entendemos el catalán, nos hicieron en una tele de Barcelona una entrevista en esa lengua y respondimos un tanto al azar, sin saber muy bien qué preguntaban. Esas situaciones son absurdas y no veo cómo se puede defender así ningún idioma». Sobre la tropelía de que en Cataluña se multe a quienes no rotulen en catalán los carteles de sus locales, Pachi & Idígoras ironizan con salero andaluz: «Aquí, en Torremolinos, Benalmádena, ha habido establecimientos con rótulos en inglés, y a nadie se le ocurrió, afortunadamente, multar a los propietarios. Seguro que los gobernantes de Cataluña pueden esgrimir un buen puñado de razones para multar a los que no rotulan en catalán, pero no se nos ocurre ninguna superior a la de tener libertad para escribir en la casa de uno como estime oportuno».

Y Puebla cree que iba siendo hora de «que reivindicáramos nuestra lengua común. A la chita y no tan callando se recortan libertades y se utiliza la lengua local como medio de exclusión. Podemos seguir impasibles ante la impotencia de unos padres que no pueden matricular a sus hijos en castellano, pero tampoco deberá de sorprendernos cuando miremos en algún mapa de España: Comuna Autónoma de... Las lenguas oficiales deben convivir con la común, los ciudadanos de a pie saben bien cómo hacerlo, pero su clase política no demuestra estar a la altura. No tardará en salir algún lumbreras nacionalista que proponga la promoción a destajo de la natalidad a ver si así se consigue seguir el modelo chino y llegan a ser el cuarto idioma».

Quienes no se adhieren al manifiesto por la lengua común son Julio Rey y Ricardo. Julio Rey explica: «Creo que sinceramente no está amenazado el castellano. No veo esa agresión, entonces ese manifiesto para mí es innecesario en estos momentos». Y Ricardo añade: «Lo he leído, y lo que más me llamó la atención es que tiene una falta de ortografía: lingüístico sin acento. No me puedo adherir a algo que tiene una falta de ortografía... si defiende la lengua. Para mí, se está utilizando políticamente, y no veo esa amenaza como para que sea algo prioritario ahora».

DEFENSA DEL CASTELLANO
Aragonés se suma al Manifiesto: 'Hay que defender a capa y espada nuestra lengua'
EL MUNDO 2 Julio 2008

MADRID.- El seleccionador nacional de fútbol, Luis Aragonés, expresó a EL MUNDO su respaldo al Manifiesto por la Lengua Común, el documento en defensa del derecho al uso del castellano promovido por 18 intelectuales y que en ocho días ha conseguido ya la adhesión de más de 84.000 personas. El presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, y el periodista José María García son otras de las figuras más destacadas del mundo del deporte que en las últimas horas se han sumado a la iniciativa.

Luis Aragonés expresó a este diario su total respaldo a la iniciativa en defensa del castellano, de la cual dijo estar al tanto pese a haber pasado fuera de España las últimas semanas. "Yo soy español y soy un defensor del español totalmente. Soy de Madrid y el madrileño chuleta me encanta, tengo una hija casi de Sevilla y me encanta el andaluz; me gusta cualquier lengua, pero creo que hay que defender a capa y espada la nuestra", afirmó el seleccionador nacional, un día después de regresar a España tras ganar la Eurocopa de fútbol y en mitad de los festejos por el triunfo [durante la jornada la Selección fue recibida por los Reyes y por el presidente del Gobierno].

También con rotundidad, Alejandro Blanco expresó a este diario su respaldo al Manifiesto por la Lengua Común. "En un mundo cada vez más globalizado, sin fronteras y con mercados abiertos es fundamental la comunicación y el entendimiento; y el español hace que millones de seres humanos en todo el planeta nos entendamos en una misma lengua, además de ser una de nuestras señas de identidad", afirmó el presidente del COE.

En la misma línea se pronunció el periodista José María García, quien aseguró sentirse "total y absolutamente identificado" con el Manifiesto por la Lengua Común. "Lejos de cualquier asunto que se ha dicho de politización, esto es algo que nos atañe a todos. Nuestra lengua es como nuestra bandera, la lengua de España y la bandera de España. Respeto todas las otras lenguas, soy asturiano y me encanta el bable, pero la prioridad absoluta es la lengua española", afirmó.

El mundo del deporte ha recibido con gran aceptación la iniciativa en defensa del castellano. Las declaraciones de apoyo al Manifiesto de Aragonés, Blanco y García se suman a las de otras destacadas figuras, entre ellas, Óscar Pereiro, Javier Imbroda, Manuel Martínez, Abel Antón, Gregorio Manzano, Enrique Cerezo o Pedro Delgado. Al margen de las figuras públicas, el Manifiesto por la Lengua Común sigue sumando adhesiones de ciudadanos particulares.

El acoso al castellano
Ocho años por una factura en español
La imposición del gallego genera un aluvión de denuncias contra la Xunta. Lograr que el recibo de la basura llegue en castellano supone casi una década de pleitos. Más de 700 ciudadanos se han quejado formalmente por la discriminación lingüística que sufren.
Ernesto Villar La Razón 2 Julio 2008

A Xosé, pagar el suministro de agua o el servicio de recogida de basuras no le duele más que al resto de los españoles. Lo que más quebraderos de cabeza le ha costado es conseguir algo tan elemental como que le envíen los recibos en castellano. Ni más ni menos que ¡ocho años! de peleas con el Concello de Pontevedra, tres denuncias ante el Valedor do Pobo (el Defensor del Pueblo gallego) y otra ante el Defensor del Pueblo estatal. Ahora quiere conseguir lo mismo con el Impuesto de Bienes Inmuebles. Después, si le quedan fuerzas, plantará cara a aquellos organismos que se niegan a atenderle en uno de los dos idiomas oficiales de Galicia, desde el Servicio de Salud hasta la Universidad de Vigo o la Escuela de Idiomas de esta ciudad.

Xosé, en realidad, no se llama Xosé. Es uno de los más de 700 ciudadanos anónimos que en el último año han vencido el miedo y han enviado sus quejas a la asociación Galicia Bilingüe para denunciar la discriminación lingüística que sufren por el simple hecho de pretender expresarse o ser atendidos en castellano. Y es sólo el principio. Sus casos, desalentadores muchos de ellos, demuestran que la cruzada por el bilingüismo se libra en Galicia en todos los campos, desde la basura hasta los libros de texto, pasando por las ventanillas de información o incluso los muertos. He aquí algunos ejemplos.

Morirse en gallego
Uno de los denunciantes, un gallego que lleva dos décadas viviendo en Madrid, se queja de que cuando acudió a Hacienda a cumplimentar la documentación sobre el impuesto de sucesiones al fallecer su padre sólo encontró impresos en la lengua autonómica. Peregrinó por varias delegaciones de la Agencia Tributaria, pero sus súplicas se rechazaron, incluso pese al argumento de que el impreso debía entregarlo en Madrid. Que aprendan gallego en la capital...

Doble rasero
Una de cada tres quejas se refiere al trato que da a sus clientes la Xunta. Abundan las referidas al Servicio de Salud («¡hasta la tarjeta sanitaria está en gallego, y yo la necesito para otra comunidad!», se quejan algunos) y a organismos como el Consello de Cultura Galega, donde, según una denuncia escrita, se despachó a uno de los empleados con un «usted no tiene derechos lingüísticos» cuando pidió un texto en castellano. El premio gordo se lo llevó un contribuyente que fue respondido con un «ten a obriga de falar galego» («tengo la obligación de hablar gallego») cuando suplicó ser atendido en español. La sorpresa llegó cuando reclamó un impreso y escuchó la petición que esa misma funcionaria hizo a una compañera. «Tere, neniña. ¿Tienes por ahí los impresos para solicitar ayuda...? Gracias, ya le digo al señor que pase por ahí», replicó en perfecto español.

La educación, lo peor
La mitad de las quejas se refieren a la enseñanza, desde las reprimendas que reciben los escolares por usar el español hasta las denuncias de que se les baja la nota por no expresarse en la lengua de Rosalía de Castro. Más costoso le ha resultado a una estudiante de Vigo que pidió a su universidad un certificado de estudios para trasladarse a Oviedo. El centro se negó a redactarlo en español. Tuvo que pagarse de su bolsillo -80 euros- la traducción. Y todo porque en Asturias no «falan galego».

«No se puede traducir»
Tampoco logró una traducción un empresario vigués que pidió a la Cámara de Comercio de su ciudad un documento en español. «La Lei Galega de Cámaras especifica que el gallego es la lengua de comunicación», fue la respuesta.

Galicia Bilingüe suma ya más de 700 casos de discriminación lingüística
ABC 2 Julio 2008

VIGO. Además de las 70.000 firmas recogidas en papel en la Comunidad Autónoma gallega y del millar de socios y colaboradores con los que cuenta Galicia Bilingüe, más de setecientos ciudadanos se han dirigido a la asociación a lo largo de los últimos doce meses, a través de su página web y el correo electrónico, para denunciar otros tantos casos de discriminación lingüística y solicitar asesoramiento para enfrentarse a la política impositiva de la Administración gallega en este terreno.

Erradicar el castellano
Si bien la mayor parte de las denuncias, alrededor de la mitad, se refieren al Decreto que regula el uso del gallego en la enseñanza y otro treinta por ciento se ciñen al trato de la Xunta de Galicia a los administrados, la casuística es enormemente variada y permite deducir no sólo que el castellano ha sido prácticamente erradicado de la mayor parte de los organismos públicos, sino que la imposición cae a menudo en situaciones absurdas y que incluso rayan el ridículo.

Muchos padres narran las dificultades con que se encuentran sus hijos al no poder estudiar en su lengua materna, la negativa de los profesores a permitirles cualquier uso del idioma castellano, el rechazo que provoca en la dirección de muchos centros educativos cualquier solicitud de los progenitores para ser informados en español o las escasas garantías que evidencia el limitado dominio del castellano culto por parte de los alumnos si necesitan trasladarse a cualquier otra parte del Estado, fuera de Galicia, a continuar con sus estudios.

Las quejas por la desaparición del español se reproducen en numerosos organismos públicos al margen de la Administración educativa, instituciones en las que toda la documentación oficial está únicamente en gallego y cuyos trabajadores aducen que éste es su único idioma de referencia, sin tener ninguna obligación de usar el castellano aunque así lo demande el ciudadano.

Los centenares de personas que se han dirigido a Galicia Bilingüe para demandar orientación sobre cómo enfrentarse a los problemas derivados de la imposición y la discriminación lingüística, señalan también a esta asociación como el único canal que han encontrado para expresar su frustración, pues en la Administración sólo hallan vías de protesta para los casos de dificultades para el uso del gallego, nunca del español.

Deberes corregidos: Hay numerosos padres o madres que protestan ya no porque los alumnos tengan los libros o reciban sus clases en gallego, sino porque sus deberes son continuamente tachados por estar en español o sus notas sufren notables rebajas por utilizar este idioma. El hecho contrasta con el caso de dos hermanas denunciado por un profesor. Ambas son gallegohablantes y, tras la correspondiente consulta, a este docente se le dejó que permitiera a las dos jóvenes expresarse en su lengua aunque la asignatura se impartía en castellano.

Estudiante colombiano: Una pareja inmigrante, de Colombia, cuenta cómo se desplazó a Galicia buscando, entre otras cosas, una mejor educación para su hijo, un joven con notable capacidad de aprendizaje, especialmente en materias como matemáticas y ciencias. Profesores y alumnos relegan al muchacho a un tercer plano por su condición de castellanohablante.
Consejo de Cultura Gallega: Según una denuncia escrita, este organismo despachó a uno de sus empleados con un ilustrativo «usted no tiene derechos lingüísticos» cuándo éste demandó el texto de una encuesta en castellano.

Hacienda: Un gallego que lleva dos décadas residiendo en Madrid necesitó presentar la documentación para el impuesto de sucesiones al morir su padre. Vio con sorpresa que no existían impresos en castellano.

Así en Barcelona como en Valencia
La elegida es Alicia Sánchez Camacho, que perdió todo el crédito que había podido reunir en los últimos años como portavoz de Interior en el Congreso cuando colaboró con Soria y el simpático Lassalle en el intento de desacreditar a María San Gil.
EDITORIAL Libertad Digital 2 Julio 2008

La querencia búlgara del aparato de Génova no se está limitando al congreso nacional. Ya le hicieron una jugarreta a Carmelo Barrio para imponer un "candidato de consenso" en el País Vasco y ahora pretenden hacer lo propio en Cataluña. Rajoy quiere en las comunidades autónomas gobernadas por los nacionalistas líderes regionales completamente leales a él y que puedan cambiar de discurso según interese en Génova, sin que nadie dé ni la más mínima muestra de disenso.

Ana Mato y Javier Arenas se han puesto manos a la obra y tras "aconsejar" públicamente lo deseable que sería sustituir un congreso con varias alternativas por una candidatura única han pasado de la palabra a la acción. La elegida es Alicia Sánchez Camacho, que perdió todo el crédito que había podido reunir en los últimos años como portavoz de Interior en el Congreso cuando colaboró con Soria y el simpático Lassalle en el intento de desacreditar a María San Gil. Porque Camacho formaba parte del trío que redactó la ponencia y dio con el presidente del PP canario una rueda de prensa en la que negó que hubieran existido presiones para retirar las aportaciones de la todavía presidenta del PP vasco. Una mentira que acaba de verse generosamente recompensada.

Tanto Alberto Fernández Díaz como Daniel Sirera se han avenido a esta bulgarización del congreso del PP catalán, convirtiendo un hermoso ejercicio de democracia interna que tenía ilusionados a muchos militantes –tanto catalanes como del resto de España– en una nueva muestra del desprecio que se siente en Génova por los cientos de miles de españoles que pertenecen al PP. Si alguno quiso ver en la aceptación durante el congreso de un sistema un poco más abierto y democrático para la elección de los compromisarios y la presentación de candidaturas, a estas horas seguramente se haya desilusionado.

Desgraciadamente, debemos dar la razón a Rajoy de que el PP no ha cambiado, al menos en esto. El gallego ha optado por un aznarismo sin Aznar en el que sea él quien disponga quienes dirigen los destinos del partido en las distintas comunidades autónomas, al menos en las que no existe un líder fuerte y consolidado. Desgraciadamente, y al contrario que el anterior presidente del PP, no lo hace para modernizar el partido y retirar a viejas glorias que pudieran objetar al ideario liberal-conservador con el que obtuvo el poder, sino para carecer de dificultades cuando opte por traicionar los principios del partido.

Aznar explicó en el congreso de Valencia que primero venía la defensa de las ideas propias y luego, si se da el caso, los pactos. Carecer de principios claros por los que luchar lleva a renunciar de entrada a las mejores bazas para la negociación. Los nacionalistas pueden frotarse las manos: el principal escollo político que tenía el PUC, el Partido Unificado Catalanista, parece en vías de suicidarse. Queda el otro, el del fútbol. Rezando están para que España no gane el próximo Mundial de Sudáfrica.

Congreso del PPC
Nebrera, la candidata del nacionalismo
Se pregunta Montserrat Nebrera: "¿Cuál sería el candidato que más le interesaría al tripartito y a CiU que saliera de estas elecciones [entiéndase congreso del PPC]?" La respuesta es obvia: Montserrat Nebrera.
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 2 Julio 2008

Se pregunta Montserrat Nebrera: "¿Cuál sería el candidato que más le interesaría al tripartito y a CiU que saliera de estas elecciones [entiéndase congreso del PPC]?" La respuesta es obvia: Montserrat Nebrera. Lo que a CiU y el Tripartito, es decir, al tetrapartito, es decir, al establishment político de Matrix, le convendría por encima de todo es que el PPC se ajustara a la posición de Nebrera respecto al Manifiesto por la Lengua Común, que se resume en esta supuesta refutación: "El castellano se defiende solo."

La señora Nebrera todavía no se ha enterado de que la filosofía del Manifiesto, aquello que lo hace invulnerable al viejo y avieso argumentario nacionalista, es precisamente que no se trata de defender el castellano (porque el castellano no está en peligro, porque el castellano –oh, ah– se defiende solo) sino los derechos de las personas. Y si a estas alturas de la película no ha pillado la trama, o bien no quiere pillarla, o bien sus entendederas no dan de sí, hipótesis que descarto desde ahora mismo.

Imagínense lo que nos depararía Nebrera: cuando el PP por fin se ha definido en materia lingüística (como siempre lo han hecho, por cierto, Sirera y Fernández), cuando está arropado por importantes medios de comunicación de masas (El Mundo como promotor, pero también Tele 5, de momento) y un sinfín de personalidades, cuando todo permite fijar el debate en sus justos términos, como algo transideológico, como un asunto de derechos... de pronto va y se desdice allí donde el nacionalismo más ha avanzado en la conculcación de derechos en materia lingüística, en la comunidad donde resulta imposible escolarizar a un niño en castellano, donde la lengua común se ha borrado de la vida pública.

Jugada maestra: aquí tienen ustedes a su líder en Cataluña (qué más quisiera ella, pero sigamos con la hipótesis) desmintiendo sus postulados. ¿Por qué? Porque ella sí es catalana, vive en Cataluña y sabe que todo eso del Manifiesto son cuentos chinos de centralistas alérgicos a la diversidad, etc. Por eso Nebrera es la candidata del nacionalismo para presidir el PPC. Porque es la única que se avendría al montaje.

La manía de Génova con la candidatura única es prueba concluyente de su deriva. Antes de que Ana Mato empezara a enredar por tierras catalanas, el PPC podía presumir de funcionamiento democrático: ahí estaban las tres candidaturas frente a la vergüenza búlgara de Valencia. El contraste era excesivo para los marianistas, y urdieron aquella broma de que "todo el mundo" quería una candidatura única. Es la trola más bestia que he oído en mucho tiempo, pues absolutamente nadie quería una candidatura única aparte del aparato de Génova.

Respecto al desprecio con que la candidata Nebrera se refiere a Libertad Digital, que sirva de escarmiento a los compañeros que, sabe Dios por qué, quedaron hechizados con su vacío ideológico.
Juan Carlos Girauta es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Congreso del PPC
Alicia en el País de las Maravillas
Diríase que esta Camacho representa el perfecto sucedáneo semidesnatado de Pilar Rahola elaborado para consumo exclusivo en el mercado local. Vaya, que da el perfil para encabezar el gran viraje hacia Guatepeor con el que sueña don Mariano.
José García Domínguez Libertad Digital 2 Julio 2008

Aún con la resaca del alarde vúlgaro, ahorita nos toca a los polacos otra sesión triple de democracia orgánica, adhesiones incondicionales al mando y besamanos por bulerías. Para más señas, este fin de semana. Y como no nada hay en este valle de lágrimas que no resulte definitivamente empeorable, parece que ni siquiera arribista tan inodoro, insaboro e insípido como el difunto Dani (Sirera) se le antoja bastante maula al gallego con tal de garantizar que el PPC se disuelva para siempre en el paisaje catalanista.

Así, la venganza del chinito, la señal inequívoca de que el apparatchik nombrado por Acebes para sustituir a Piqué habría de correr idéntica suerte que su mentor, llegó con la designación de los senadores autonómicos. Entonces, contra toda lógica mesocrática, la muy versátil Alicia Sánchez Camacho se alzaría con el escaño de senador del Reino que ya saboreaba el bisoño Sirera. Señal de humo que, por lo demás, ya indicaba a quienes supiesen leerla por dónde habrán de ir los tiros en el inminente aquelarre catalán.

Nadie se asombre, pues, de que, si Javier Arenas lo permite y el inmaculado editor del Avui no lo impide, la tapada de "consenso" llamada a pastorear la segura extinción del partido en Cataluña responda por Alicia Sánchez Camacho. La heroica tribuna Camacho que, sólo unas horas después de que un comando de ocho nacionalistas encapuchados asaltara y destrozara el aula de la Universidad de Barcelona donde imparte sus clases Francisco Caja, dio en gritar ante las cámaras de TV3: "¡Fueron los fascistas! ¡Fueron los fascistas!". Huelga decir que la cándida Alicia pretendía denunciar con sus berriditos no a los agresores de Caja, sino al tribunal militar que, seis décadas atrás, condenara a muerte al sedicioso Lluís Companys.

Musa durante años del showman separatista Xavier Sala i Martín, quizá de ahí, de las malas compañías, el que nuestra Alicia no tenga ningún problema en abrazar la nacionalidad del País de las Maravillas cuando los focos que la iluminan son los de alguna televisión doméstica, ante las que más de una vez no se ha privado de confesar que su país es Cataluña; eso, a pasar de que su continente sea África (los orígenes familiares de la camaleónica Camacho nos remiten a Ceuta), dato entrañable que suele hurtar a la audiencia.

En fin, estomagante cóctel elaborado a partir de un batido de incontinencia verbal, inconsistencia ideológica, eclecticismo moral y un bote a granel de estridencia estética, diríase que esta Camacho representa el perfecto sucedáneo semidesnatado de Pilar Rahola elaborado para consumo exclusivo en el mercado local. Vaya, que da el perfil para encabezar el gran viraje hacia Guatepeor con el que sueña don Mariano.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Salir del armario de la libertad en territorio comanche
Xoán Xulio Alfaya Periodista Digital 2 Julio 2008
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No soy ni fui nunca aficionado al fútbol, pero me gusta compartir la alegría de la gente cuando celebra un triunfo deportivo y por eso he visto la final de la Eurocopa por la TV y la llegada del equipo español a la Plaza de Colón, así como la entusiástica, cariñosa, simpática y masiva acogida que tuvieron nuestros jugadores.

No salí a la calle agitando ninguna banderita española ni la até a la antena de radio de mi coche porque aunque no me avergüenzo de ser español y españolista en todos los sentidos posibles de la palabra, no me gusta ir por la vida llamando la atención.

La celebración del triunfo de la selección española en la Eurocopa tuvo su apoteosis en Madrid, pero se celebró hasta en el último rincón de España, incluidos los dos territorios comanches por excelencia, Cataluña y País Vasco. En Bilbao (como se puede apreciar en la imagen) no abundaron las banderas españolas por si las moscas identitarias, que son jodidas, pero al menos la gente pudo salir a la calle sin problemas. En San Sebastián la policía autonómica cargó contra los seguidores que celebraban jubilosa y pacíficamente el triunfo de la selección española en una calle céntrica. ¿Por qué? Porque "habían recibido órdenes de arriba".

"Arriba" debe ser un lugar mítico y misterioso como Comala, Macondo o algún lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. Un personaje de la novela de Juan Rulfo describe Comala como un lugar que "está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija [manta]". Así como en Comala no soplaba ni una brisa de aire fresco, en "Arriba" está prohibida cualquier alegría que no tenga su origen y raíz en la utopía identitaria. No se puede celebrar nada que no esté pasado por la censura totalitaria de la utopía. Por eso las alegrías de "Arriba" tienen un deje de tristeza y ceremonia fúnebre. Quienes las viven, procuran hacerlo en privado y a escondidas, ahora que se habla tanto de salir del armario.

Salir del armario de una orientación sexual secularmente prohibida no debe resultar tarea fácil, pero salir del armario de la libertad en territorio comanche todavía es peor, pues puede acarrear terribles consecuencias para quienes se atreven a hacerlo. Una carga policial, aunque duela, es lo de menos, lo peor son otros sustos que se suelen dar por la espalda o bajo el coche y que llevan directamente al cementerio.

Ojalá llegue el día en que todos los españoles podamos salir del armario de la libertad sin sufrir palizas ordenadas desde "Arriba", ni sustos de muerte por detrás, por debajo, por babor ni por estribor, y gocemos de los mismos derechos y libertades y no surjan nuevas religiones laicas y nuevas inquisiciones identitarias que con la católica, que duró desde 1478 hasta 1834 (más de tres siglos y medio), ya hemos quedado servidos para lo que nos queda de existencia.

A ver si va a resultar que el problema de este país es su adicción a las inquisiciones y si le falta el chute, le entra el mono.

Actualidad tiene nombre de mujer
Lorenzo Contreras Estrella Digital 2 Julio 2008

María San Gil ha dado el portazo definitivo. Ha pedido la baja en el PP vasco. Pasa de ser presidenta de esta formación a convertirse en una ilustre Doña Nadie en el turbulento mundo del Euskadi separatista, que a veces se “alivia” con la colaboración colateral del PSE-PSOE. Queda, eso sí, inscrita en el santoral de los mártires políticos vascos, sólo que a ella quien la ha crucificado ha sido su partido bajo la égida de Mariano Rajoy.

Estaba previsto que la dirigente daría la espantada, sin caer en seducciones de elogios hipócritas tendidos como trampas por quienes más hicieron y más desearon verla desaparecer. Primero la humillaron con la adulteración de su ponencia —previa al Congreso del PP en Valencia—, que había pretendido transformar la crítica a la política nacionalista en una oferta de problemática amistad. Luego, cuando ya había renunciado a su cargo en el partido y se había negado a participar en el congreso, supo que su vacío organizativo había sido cubierto por la hermana de Miguel Ángel Blanco, el asesinado concejal de Ermua. Era una bofetada comparativa, una cruel e innecesaria demostración de que nadie, y menos ella, era imprescindible en una formación política. Previamente, cuando se plantó contra la “absolución” del PNV en la citada ponencia, alguien desde Génova, 13 lanzó aquello de “¿esta tía no sabe que el partido (PP) ha cambiado?”.

María San Gil no estaba en condiciones de resistir la ofensiva del marianismo cambiado de signo. Su situación no podía compararse con la de Esperanza Aguirre. Cuando a la presidenta del PP y de la Comunidad Autónoma madrileña le sugirió Rajoy que para ella estaba también abierta la puerta de salida, la respuesta de doña Espe fue un “tururú” espectacular. Estas armas de desafío y desprecio no podían quedar al alcance de María San Gil, cuya reacción fue únicamente el uso del digno adiós. Un adiós sin palabras. Pura ausencia.

En política, como en todo, las mujeres están de actualidad. Al Ministerio de Defensa, tras su parto, ha vuelto Carmen Chacón (Carme para los catalanes) con sus baterías políticas recargadas. Ha anunciado que va a relevar a toda la cúpula militar, incluido el presidente (el Jemad) Félix Sanz, un jefe extremadamente cómodo hasta ahora para Zapatero, que además podría usar de su facultad para reservarse la destitución o el mantenimiento.

Es posible que Félix Sanz se haya perjudicado a sí mismo cuando ha dado a conocer en círculos militares la honda preocupación que le embarga ante la expectativa del referéndum que el lehendakari Ibarretxe prepara para hacer aprobar su famoso “plan B”, cuyo significado no puede ser otro que el planteamiento de la autodeterminación del País Vasco. Si el hasta ahora Jemad ha filtrado un mensaje crítico, la inmediata ha sido, por la vía de la recién parida ministra, el anuncio de su relevo. El alto militar cree, según fuentes fiables, que este reto de Ibarretxe no se debe tolerar. Posiblemente no se tolere. Pero Zapatero, previo encargo a la señora Chacón, se ha apresurado a limpiar la cúpula castrense de cualquier asomo de disidencia.

Así pues, entre María San Gil, Esperanza Aguirre y Carme Chacón se reparten un trozo del pastel de la actualidad. Volviendo a la primera de estas damas se podría citar el rumor que empieza a abrirse paso en los círculos políticos. La ex presidenta del PP vasco, según esa versión o tal vez mera habladuría, es perfectamente compatible con Rosa Díez, la flamante líder del nuevo partido Progreso y Democracia y ella misma disidente del PSE después de haber ocupado un escaño en el Parlamento Europeo. Rosa Díez podría haberle dirigido a su amiga una invitación para incorporarla a las filas de la formación que encabeza.

II Escuela de Verano de la Fundación DENAES, para la Defensa de la Nación Española
Fundación DENAES 2 Julio 2008

Estimados Amigos:
Mediante este boletín os informamos de que aún permanece abierto el plazo de matrícula para la II Escuela de Verano de la Fundación DENAES, la cual tendrá lugar -como sabéis- en Santander entre los días 18 y 19 de este mes de julio.
Inaugurarán el curso D. Santiago Abascal y D. Ricardo Garrudo, presidente y vicepresidente de la Fundación DENAES, junto al Alcalde de Santander D. Íñigo de la Serna.

Entre los conferenciantes figuran personalidades de tanto nivel y prestigio intelectual como los historiadores y catedráticos Fernando García de Cortázar y Ricardo Martín de la Guardia; destacados políticos como Carlos Iturgaiz Angulo o Albert Ribera; altos representantes de la Judicatura, como el magistrado Enrique López; activos luchadores contra la inmersión lingüística promovida por los nacionalismos, como Jorge Campos o Pablo Gay-Pobes; o periodistas y escritores como José Javier Esparza, Jesús Laínz y Félix Villalba. La categoría de los intervinientes añadirá pues, si cabe, mayor atractivo a las jornadas.

En nuestra página web podéis encontrar información sobre el programa y otros aspectos del curso. Para ampliar dicha información o aclarar dudas, podéis remitiros además directamente a nuestros teléfonos:
942 213042 / 628585607
Atenderá la Srta. Lourdes.

El acoso al castellano
El Gobierno vasco impone el euskera en los comercios
A los decretos que establecen que esta lengua sea la principal de la enseñanza se suma ahora otro sobre «los derechos lingüísticos de las personas consumidoras y usuarias».
Iker Moneo La Razón 2 Julio 2008

VITORIA- El Gobierno vasco extenderá la imposición del euskera al comercio. A los decretos que establecen que esta lengua sea la principal de la enseñanza o una premisa para la concesión de licencias a las radios se suma ahora otro sobre «los derechos lingüísticos de las personas consumidoras y usuarias». El objetivo de esta norma es que en un plazo máximo de cuatro años los establecimientos del País Vasco atiendan en euskera.

El decreto aproboda ayer por el Consejo de Gobierno, y que entrará en vigor cuando se publique en el BOPV, obligará a los comercios de más de 10 empleados a contar al menos con uno que sea euskaldun. Asimismo, las grandes empresas de servicios básicos (transporte, telefonía, gas?), públicos o de más de 400 metros cuadrados tendrán que etiquetar y emitir toda su información en las dos lenguas cooficiales de la comunidad. Según explicó la portavoz del Ejecutivo de Vitoria, Miren Azkarate, «se darán ayudas» para que el comercio pueda adaptarse progresivamente a los objetivos lingüísticos que establece el decreto. «No prevemos que vaya a haber problemas para cumplirlo», añadió. Pero también contempla la posibilidad de fijar sanciones en caso de que no se cumplan las metas previstas. A la espera de conocer los detalles de una norma que hoy será presentada en San Sebastián, el popular Iñaki Oyarzabal consideró que la «imposición del euskera es contraproducente» y en este caso «atenta contra la libre empresa». Además, anunció que el PP llevará al Parlamento vasco una proposición no de ley para pedir la retirada del decreto y estudiará «si cabe recurso».

la extensión de la lengua vasca
2.000 comercios vascos deberán atender y rotular en euskera y castellano
Para adaptarse a esta situación, las empresas tendrán entre dos y cuatro años
AITOR ALONSO SAN SEBASTIÁN El Correo 2 Julio 2008

El decreto aprobado por el Gobierno vasco para garantizar la utilización del euskera en los grandes establecimientos comerciales de la CAV afectará a unos 2.000 locales, según los cálculos avanzados por el viceconsejero de Política Lingüística, Patxi Baztarrika y el viceconsejero de Comercio, Rodrigo García. Esta cantidad supone el 6,5% de todos los establecimientos vascos, pero también el 35% de la cuota de mercado en Euskadi y el 45% de la superficie total de venta.
Baztarrika y García han comparecido en San Sabastián para explicar los pormenores del decreto avanzado ayer por la portavoz del Gobierno vasco, Miren Azkarate. Han recordado que la norma pretende garantizar el derecho de los ciudadanos a ser atendidos en euskera, una "lengua que es cooficial", han apuntado. "No se trata de arrinconar el castellano ni marginarlos, sino de dar cumplimiento a las previsiones legales de garantizar que quien quiera ser atendido en euskera pueda serlo".

El decreto afectará únicamente a las grandes empresas de distribución, aquellas con un volumen de personal superior a los 250 empleados, una facturación de más de 50 millones de euros anuales y con al menos 15 empleados de atención al público. Entre sus obligaciones, se les exige rotular en ambas lenguas, facilitar toda la documentación en bilingüe (contratos, facturas, etc…) y estar en disposición de atender al público en euskera, aunque el decreto no establece de forma explícita cómo debe cumplirse este objetivo.

Para adaptarse a esta situación, las empresas tendrán entre dos y cuatro años, y podrán beneficiarse de una línea de ayudas públicas que se aprobará este mismo año con una cuantía de 600.000 euros anuales en total. Las ayudas tendrán cuatro años de duración. Baztarrika ha enfatizado que quedan fuera de estas medidas todo el pequeño comercio y que se trata de una normativa "que va a parecer escasa a unos y demasiado exigentes a otros pero que creemos que tiene los pies en el suelo y que es pragmática y realista".

CON LA APROBACIÓN DE UN NUEVO DECRETO
El Gobierno vasco exigirá ahora a los comerciantes que atiendan en vascuence
El Gobierno vasco ha dado una vuelta de tuerca más en su política de inmersión lingüística. Primero llegó la imposición del vascuence en la Administración, en la Sanidad e incluso en los colegios, y ahora ha sido el turno de los comercios. Según informa El Mundo, el Ejecutivo de Ibarretxe ha preparado un decreto que obligará a estos establecimientos a que atiendan en vasco con el pretexto de cumplir el "derecho de los consumidores a recibir información en euskara y castellano". Mientras, el Manifiesto por la Lengua Común en defensa del español sigue sumando miles de adhesiones.
Libertad Digital 2 Julio 2008

Esta es una medida más a favor de la inmersión lingüística llevada a cabo por el Gobierno vasco. Primero fue la administración pública, más tarde la Sanidad y hace apenas dos semanas se anunció que a partir del 2009 sólo se pueda estudiar en vasco. Y ahora ha llegado el turno de los comerciantes. Además se prevén sanciones a quien no cumpla esta normativa llevada a cabo por la Consejería de Comercio y la de Política Lingüística.

El Gobierno vasco dará a conocer este miércoles el decreto por el cual los comercios tendrán un plazo de uno a cuatro años para que la plantilla de estos establecimientos atienda en vascuence a los consumidores. De hecho, en el texto aparece el "derecho de los consumidores a recibir información en euskara y castellano". Sin embargo, habrá establecimientos cuyo plazo de adaptación sea de apenas un año.

De este modo, Miren Azkarate, portavoz del Ejecutivo de Juan José Ibarretxe, subrayó que el objetivo de dicho decreto es que se pueda utilizar "cualquiera de las dos lenguas oficiales en sus relaciones con empresas y establecimientos que operan en Euskadi". La política nacionalista no aclaró en su comparecencia si los negocios tendrán la obligación a tener al menos un dependiente que entienda esta lengua. Aunque es previsible que así sea, ya que esto mismo ocurre ya en Cataluña y Baleares.

De todos modos, la adaptación será muy complicada ya que el uso del vasco en empresas de más de 100 trabajadores es ínfimo y en otros tipos de empresas la lengua cooficial es siempre menos utilizada que el castellano.

EL DECRETO, "PURO FASCISMO"
Basagoiti pide que "den ejemplo" y "dimitan los cargos del PNV que no sepan vasco"
El nuevo decreto del Gobierno vasco que obligará a los comerciantes a atender en vascuence ha sido calificado como "puro fascismo" por el popular Antonio Basagoiti. Y es que la ofensiva nacionalista que pretende conseguir la inmersión lingüística ha afectado ya a la Administración, la Sanidad, la Educación y ahora ha llegado el turno al comercio. Por todo esto, el popular ha instado al Ejecutivo de Ibarretxe a que "predique con el ejemplo" y haga "dimitir a los cargos públicos del PNV que no sepan euskera, ya que van a obligar a un pobre hombre a saber euskera para trabajar en una tienda".
Europa Press Libertad Digital 2 Julio 2008

El presidente del PP en Vizcaya, Antonio Basagoiti, ha afirmado que el decreto lingüístico aprobado por el Gobierno vasco que obligará a atender en vascuence en comercios y empresas es "puro fascismo" debido a que "se intenta que la gente hable lo que le manda un político"."Pretenden que en este país se tenga que hablar en una tienda, una empresa privada o en la casa de uno lo que se le ocurra a un lehendakari", sentenció el popular.

De este modo, Basagoiti instó a los promotores del decreto, PNV, EA y EB, a que "prediquen con el ejemplo" y "mañana o pasado a más tardar, hacer dimitir a los cargos públicos del PNV que no sepan euskera, ya que van a obligar a un pobre hombre a saber euskera para trabajar en una tienda".

Para el líder popular vasco, la ciudadanía "cada día está más harta de las imposiciones del euskera y de que se imponga el totalitarismo con este idioma". Por ello, ha querido animar a empresarios y comerciantes porque, a su juicio, "este decreto a cuatro años puede que no se haga nunca". "Para un País Vasco que quiere ser próspero y crecer" es "más importante hablar inglés y castellano" porque el vascuence "debe ser una lengua a cuidar, mantener y proteger, pero no servir para pegarle en la cabeza con ella a nadie", subrayó el candidato a la presidencia del PP vasco.

El idioma de las guarderías
El reglamento de las escuelas municipales establece que la lengua empleada en cada aula será la que utilice la mayoría del alumnado.
M. M. A CORUÑA. La Opinión 2 Julio 2008

Las escuelas infantiles municipales se declaran bilingües y se comprometen a respetar la lengua materna que emplee cada niño, aunque, cuando el profesor se dirija al grupo, empleará el idioma mayoritario entre el alumnado. El Ayuntamiento refrenda el bilingüismo de sus guarderías en el reglamento de estas escuelas, la primera normativa que aprueba para regular el funcionamiento y la organización de estos centros.

Un artículo completo de esta norma, que la Corporación local aprobará inicialmente el lunes para someterla a trámite de alegaciones, se refiere en exclusiva al uso del idioma en estas aulas. Bajo el título de "carácter bilingüe", el reglamento declara que "las escuelas infantiles municipales deben ser bilingües, de forma que todo el personal tenga las competencias necesarias para expresarse adecuadamente en castellano y en gallego. La lengua vehicular de la enseñanza debe adaptarse a las necesidades personales de cada niño, respetando su lengua materna y garantizando el cumplimiento de lo establecido en las normas autonómicas sobre el uso del gallego en el sistema educativo". Cuando la relación del profesor no sea con un niño, sino con todo el alumnado de una clase, "deberá respetarse la lengua materna mayoritaria, garantizando como objetivo final que los alumnos adquieran las competencias necesarias en las dos lenguas oficiales de la comunidad autónoma".
Hasta ahora, cada una de las seis escuelas infantiles del Ayuntamiento se regía por las bases de los concursos convocados para adjudicar el servicio en concesión administrativa. Ahora, la Xunta exige que estos centros educativos cuenten con un reglamento de organización y funcionamiento, que, en el caso de A Coruña, el Ayuntamiento prevé que entre en vigor a lo largo del mes de septiembre.

Además de los aspectos lingüísticos, el texto municipal da rango normativo a la gestión de las escuelas por empresas privadas a través de concesión administrativa, es decir, el Ayuntamiento renuncia a llevar con sus propios medios y personal las guarderías, tanto las actuales como las dos ya previstas en Mesoiro y el Agra.

El reglamento también recoge aspectos como los derechos y deberes de los alumnos y sus padres como usuarios de las escuelas infantiles municipales, y del personal de los centros; el horario escolar; y la organización de las
aulas. En este capítulo, se establece que las clases con alumnos de hasta un año de edad tendrán ocho plazas; de uno a dos años, trece; y de dos a tres, veinte.

Comillas impulsa la enseñanza del español
El Rey respalda el centro para estudiar e investigar la lengua
EVA LARRAURI - Comillas El País 2 Julio 2008

El Rey presidió ayer por vez primera una reunión del Patronato de la Fundación Comillas, impulsada por el Gobierno de Cantabria para la creación de un centro de enseñanza del español de alta calidad en el antiguo Seminario Mayor de la localidad cántabra. Don Juan Carlos destacó la participación en el proyecto de todas las Administraciones públicas y de la iniciativa privada en torno al español porque "contribuirá a promover la excelencia y la formación en la lengua y las culturas hispánicas".

La Fundación Comillas fue creada en 2005 con el objetivo de ofrecer cursos de lengua española, fundamentalmente dirigidos a profesores y profesionales que desarrollen sus actividades en ámbitos hispanohablantes.

El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, recibió a los Reyes en el palacio de Sobrellano, en Comillas. Además de los ministerios de Cultura, Educación y Asuntos Exteriores y el Gobierno de Cantabria, en el patronato están representados Caja Cantabria, la Fundación Marcelino Botín, La Caixa y Telefónica y las Universidades de Cantabria, Menéndez Pelayo y la UNED. La presidencia del Rey supuso, en palabras de Revilla, "el espaldarazo definitivo a un proyecto de Estado", vinculado a la promoción del español, "el mayor patrimonio del país". Los patronos privados reiteraron su compromiso con la iniciativa de promoción de la lengua española. El presidente del Banco Santander, Emilio Botín, subrayó la importancia de crear el centro que incentiva la fundación desde el convencimiento de que el español es "un activo de enorme valor".

Botín defendió que en la actual coyuntura de desaceleración económica la lengua puede convertirse en "una palanca importantísima" para impulsar la competitividad. Según sus cálculos, el español supone el 15% del PIB. Desde el palacio de Sobrellano se veía ayer el majestuoso edificio del Seminario Mayor, coronado por grúas, todavía en plenas obras de rehabilitación para albergar el centro de investigación y estudio de la lengua española. La fundación prevé comenzar las actividades de enseñanza reglada en octubre de 2009.

polémica lingüística
PSOE y BNG alaban la decisión de desistir de las acciones judiciales por el topónimo

El PP pide explicaciones a Losada por su cambio de postura y sobre los costes que han tenido los litigios
La Voz 2 Julio 2008

El alcalde, Javier Losada, ha decidido poner fin a los litigios judiciales en los que el Ayuntamiento defendía como único topónimo oficial la versión castellana. Este decreto, del que se dará conocimiento en el pleno del próximo lunes, ha causado satisfacción entre los miembros del gobierno local, mientras que el PP pide a Losada que explique su cambio de actitud después de tantos años defendiendo la L del topónimo y el coste económico que esta lucha judicial ha supuesto para las arcas municipales.

La portavoz del grupo municipal socialista, Carmen Marón, indicó que la decisión es en cumplimiento «de la palabra dada por el alcalde en su primera toma de posesión de respetar la legalidad vigente y de una ley aprobada por todos los grupos». Añadió que, de todas formas, coloquialmente cada uno puede usar el topónimo tanto en gallego como en castellano.

Por su parte, el portavoz de los nacionalistas y primer teniente de alcalde, Henrique Tello, indicó que está «moi satisfeito de que teñamos conseguido dar este paso, moi fundamental para a normalización dunha situación que foi instrumentalizada con fines electorais e que supuxo un gasto enorme para todos os coruñeses con cargo ás arcas municipais».

La concejala de Mocidade e Normalización Lingüística, Ermitas Valencia, aseguró ayer que la decisión supone «dar por finalizado un proceso co que nós nunca estivemos de acordo» y, en cierta medida, también un ejemplo para aquellas empresas, organismos o asociaciones que siguen utilizando el topónimo de forma incorrecta. Indicó que quedan por corregir otros topónimos en el callejero («como avenida de Arteijo ou río Jallas») para cumplir la legalidad vigente. La edil de Cultura, María Xosé Bravo explicó ayer que desistir de las acciones judiciales supone poner fin también a «unha sangría de gasto de cartos públicos». Añadió que el gobierno local pretende «cumplir coa legalidade» y defender «o único topónimo lexítimo».

Desde el Partido Popular entienden que la decisión de Losada pone en evidencia «la falta de criterio» sobre un tema que fue bandera del PSOE durante muchos años, al que ahora renuncia «por mantenerse en su sillón de María Pita». Explicaron que este cambio es un ejemplo más «de la falta de liderazgo y de la falta de credibilidad de un regidor que un día defiende una idea y al día siguiente la contraria», y también «del peaje que pagan PSOE y BNG» para continuar gobernando: «Losada ha tenido que renunciar a la 'L' y tendrá que apoyar la imposición del gallego en la ordenanza municipal, y Tello mira para otro lado en temas que criticó agriamente durante años», como el Papagayo, Nostián, el plan urbanístico en el Agra del Orzán o San Pedro de Visma. También consideran que Losada debe explicar por qué durante años como teniente alcalde lideró, junto a Francisco Vázquez, la defensa de la «L» en el topónimo, y ahora cambia de postura sin justificar esta decisión ante los ciudadanos. «El regidor tiene que explicar cuánto nos ha costado este litigio y las consecuencias que tiene esta renuncia».

Por su parte, Unión Coruñesa se mostró a favor de la cooficialidad de las dos formas del topónimo.
 

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