AGLI

Recortes de Prensa    Domingo 6 Julio 2008

La corbata o la lengua. Cuestión de prioridades
Santiago Abascal elsemanaldigital 6 Julio 2008

El uso o desuso de la corbata se ha convertido en el gran debate nacional. La cortina de humo de Bono no permite ver el
drama de lo que ocurre con la lengua común y sus hablantes.

Que Bono reprendiera al ministro descorbatado Sebastián por acudir sin la prenda en cuestión al Congreso se ha convertido en la comidilla nacional. Que tal asunto adquiera una descomunal relevancia podría ser comprensible en un país liberado de
graves crisis. Ese país no es España. Que la crisis económica, el deterioro institucional, y la madre del cordero de las
crisis; la nacional, con la persecución lingüística asociada, cedan el protagonismo mediático a la patochada de la corbata
dice mucho de nosotros y de quien ha organizado la marimorena: el presidente del Congreso de los Diputados.

Bono era hasta ahora un hombre preocupado por las cuestiones nacionales, bestia negra –dialéctica- de los nacionalistas y
defensor de todas las causas perdidas –durante las últimas décadas- por los ciudadanos españoles.

Pues bien, quien fuera el defensor de las libertades patrias y de la españolidad de España es hoy solo, una vez sentado en
su elevado sillón, un defensor de las corbatas.

Nada sabemos de las últimamente inexistentes posiciones de Bono sobre lo que a los españoles importa. Nada sobre su apoyo al manifiesto en defensa de la lengua común. Nada sobre su opinión respecto a las posiciones filonacionalistas catalanas de Zapatero en materia lingüística. Nada sobre la imposición lingüística en las escuelas de gran parte de España, en los comercios vascos y catalanes. Ya nada oímos a Bono sobre aquello que antes le atribulaba. Nada le oímos sobre la psicopatía nacionalista que permanentemente nos amenaza.

Ahora Bono, desde su asiento del Congreso, se dedica al corazón y a la garganta, sin importarle que más de media España tenga un nudo permanente en la misma.

Porque lo cierto es que hay problemas más graves en España y en el hemiciclo: el primero que algunos quieren convertir la
cámara baja en una torre de babel lingüística para después derribarla. El segundo; que muchos diputados no creen en la
soberanía nacional española. O peor aun; son enemigos declarados de la misma. Y, paradojas de la vida, algunos de ésos –muy educados ellos- sí llevan corbata.

Pero claro, ya ha dicho Zapatero que no hagamos bandera de la lengua. Por eso, Bono hace bandera de la corbata.

«No podemos ceder nada en nuestros derechos lingüísticos»
TULIO DEMICHELI ABC 6 Julio 2008

MADRID. En su ensayo «Lenguas fieramente humanas», el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto reflexiona sobre la naturaleza de los nacionalismos y las consecuencias de sus políticas educativas y lingüísticas. Y así, afirma: «Oscurecida la idea de España como nación, reacios a identificarse en una historia común, los españoles y sus
políticos han inventado una manera de comulgar más atractiva que la de las religiones o las ideologías: la exaltación
regional, la resonancia folclórica de un designio descentralizador que desborda los grises fines de la pura reflexión
administrativa. Hay en todo ello un anarquismo centrífugo y consumista que se mueve entre la plaza del pueblo, El Corte
Inglés y la televisión».

Enseguida apunta que los «gobiernos locales de izquierdas y derechas han descubierto en el regionalismo un anzuelo barato que lanzar a los ríos electorales, e inmunes al ridículo han montado orgullosos los carnavales y bailes de disfraces de sus
reinos de taifas, a los que se ha pretendido dotar de conciencia histórica».

Más tarde señala que el «error de la Transición de Suárez, que luego nadie pondría empeño en reparar, fue entregar a las
Comunidades Autónomas la palanca ideológica de la historia, renunciando el Estado al principal instrumento de nacionalización del imaginario y formación de ciudadanos... En manos regionales, un sistema educativo aparentemente neutro dejó de hacer ciudadanos españoles para hacer catalanes, vascos, andaluces, valencianos, gallegos..., pero en ocasiones, a costa de convertir en antagónicas dichas identidades. Y siempre con la ayuda de una gigantesca manipulación de los libros de texto, a mayor gloria de la Consejería de Educación, encargada de supervisarlos. Los nacionalismos, a pesar de su esencialismo, tuvieron muy claro desde siempre que sus naciones no podían darse por sentadas sino que habían de construirse. Recuérdense los constantes llamamientos de Jordi Pujol a «hacer Cataluña» o los de Arzalluz «primero hacer pueblo, luego la independencia»».

Luego lamenta que «durante los últimos años la debilidad del Estado ha dejado indefensos a millones de ciudadanos, residentes en Cataluña, País Vasco, Galicia, Baleares y Valencia permitiendo a sus autoridades regionales exhibir como «normalización» lingüística lo que, en realidad, es un deseo de homogeneización contraria al pluralismo social. El término contiene un elemento coactivo evidente: describe un proceso forzoso de planificación cultural implacable que moldea la realidad simulando querer dotarla de normalidad». Pero con la «normalización» se transparenta la «decidida voluntad de que la lengua autóctona ocupe todos los ámbitos de la vida oficial y social de la región, relegando al castellano a un papel secundario de vehículo de comunicación con el resto de España... Al normalizarse una lengua, se establece un proceso automático de exclusión de la otra. Quien habla la lengua normalizada se ve recompensado; quien no la usa habitualmente, se ve castigado, marginado». Y es un proceso caro, porque «las cruzadas lingüísticas de los nacionalistas arrasan con los presupuestos. La Generalitat catalana invertirá este año en Política Lingüística 42 millones de euros, el doble que en 2007, mientras que Baleares gastará más de seis y la Xunta gallega alrededor de 23. Dinero público para que no se hable en castellano».

Concluye su ensayo recordando a Azaña, para quien «los únicos hombres firmes en sus deberes son los que no ceden en sus
derechos. Con mayor razón, tampoco podemos nosotros ceder nada en nuestros derechos lingüísticos frente a quien considera más importante el color de una bandera, hecha de nacionalismo cultural y manipulación política, que el color de la ciudadanía».

Paradojas terminales
José García Domínguez Libertad Digital 6 Julio 200

Tiempos grotescos, los nuestros. Los obreros españoles celebrando con júbilo y alborozo que la lengua propia del pueblo catalán haya sido proscrita en todos los ámbitos normativos de la existencia.

Extraña época ésta que nos ha tocado vivir. Tiempo absurdo, delirante, de paradojas terminales. He ahí el esperpento gramático-identitari o del que sin sonrojo aparente de nadie aún se llama a sí mismo Partido Socialista Obrero. Ése que acaba de reunir en cónclave a los presuntos proletarios de Andalucía y Extremadura con tal de que festejaran por todo lo alto que a sus iguales de Hospitalet y el Bajo Llobregat les hayan prohibido estudiar en el idioma materno de Pepe Montilla.

De ellos, de los que emigraron a Cornellà y de los que se quedaron en Iznájar, dejó escrito Jordi Pujol en su día: “El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido (…) es, generalmente, un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual (…) A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España”.

Como es fama, habría de ser el mismo autor de ese párrafo nunca enmendado ni repudiado, el viejo señorito del cortijo catalán que los acogió con desprecio, quien inventase la “inmersión lingüística” para aculturizar a sus hijos. Y ellos, quizá para demostrarle al patrón que no se equivocó entonces al juzgarlos de modo tan severo, felices y agradecidos, le dan las gracias, hoy. Ahora, con medio siglo de retraso, como si también fuera cierta la intuición pujoliana de que el servilismo atávico lo llevan inscrito en el ADN.

Tiempos grotescos, los nuestros. Los obreros españoles celebrando con júbilo y alborozo que la lengua propia del pueblo catalán haya sido proscrita en todos los ámbitos normativos de la existencia. No el idioma del Poder, el del Dinero, el de la elite de los medios de comunicación, el del éxito social y, huelga decirlo, el del señor obispo de la Diócesis. Sino el único, genuino y distintivo de los catalanes pobres; o sea, el castellano.

Estúpidos aliados de sus sepultureros, los han embelesado con una falacia de cuento de hadas, la fantasía de que cuando existe una barrera social (la “normalización” del catalán no es otra cosa), la solución es pasar todos al otro lado de la valla. Como si esa valla no se hubiera puesto ahí, precisamente, para que ellos no ensuciaran jamás la moqueta de los salones del Poder con sus suelas raídas.

Peripatética época, la nuestra, con el Tío Tom berreando con todas sus fuerzas contra el Manifiesto abolicionista.

José García Domínguez, uno de los autores del blog www.heterodoxias. net.

Vamos a contar mentiras... patrióticas
Xoán Xulio Alfaya Periodista Digital 6 Julio 2008

Manuel Bragado trabaja en Edicións Xerais de Galicia desde 1990, desempeñando las funciones de director de ediciones
(1990-93) y director general (desde enero de 1994 hasta la actualidad). No creo que se le pueda pedir imparcialidad a una
persona tan dependiente a nivel económico y empresarial de la imposición coactiva del gallego a toda la población de Galicia, Galiza, Nazón de Breogán, Naçom de Breogám o como decidan llamarle sus enterradores. El pueblo llano le llama Galicia, si mis oídos no me engañan.

Trataré de enumerar las frases más falsas o tendenciosas de su artículo en el Faro de Vigo de hoy, domingo, 6 de julio de
2008, que reproduzco al final del mío para que puedan comprobar que no miento ni exagero. Dice el Sr. Bragado, director de Edicións Xerais de Galicia (sus palabras van en negrita):

1º El Sr. director de Edicións Xerais de Galicia empieza así su artículo, "Un grupo de diecisiete escritores, en su mayoría
miembros del grupo Unión, Progreso y Democracia": Bien, ya tenemos identificado al enemigo: el "grupo" (no el "partido", ojo) Unión, Progreso y Democracia, liderado por Rosa Díez cuya foto con un balazo en la frente circula por Internet sin que la justicia tome medidas. En cualquier país civilizado eso sería incitación al homicidio y castigado como tal. Aquí, no, por
supuesto. Por si acaso, el director de Edicións Xerais de Galicia le echa más gasolina al fuego, no vaya a ser que se apague.

2º El Sr. director de Edicións Xerais de Galicia habla de "pequeños grupos castellanófonos": Ni tan pequeños ni tan
castellanófonos. Un "pequeño grupo" que logra llenar al completo el teatro García Barbón de Vigo no me parece tan pequeño; un "pequeño grupo" (Galicia Bilingüe) que logra reunir más de 70.000 firmas en condiciones muchas veces "difíciles" exigiendo la derogación del Decreto 124/2007 y reclamando que se reconozca la igualdad de derechos de todos los ciudadanos de Galicia, independientemente de la lengua que prefieran utilizar, no me parece tan pequeño. Eso, Sr. director de Edicións Xerais de Galicia, es confundir su deseo con la realidad. El número de padres a favor de elegir el modelo lingüístico de enseñanza por parte de los padres y/o alumnos es, al menos, el 81%. (Encuesta realizada por Sondaxe del 14 al 29 de febrero de 2008. Instituto Sondaxe, S.L. C/ Donantes de Sangre, 5, 1º. 15004 Coruña. Tlfno: 981 167 300). La mayoría de los gallegos queremos libertad de idioma, no castellanofonía. Y la mejor garantía para libertad es el respeto al bilingüismo real de la población, nunca la imposición coactiva, la discriminación positiva ni la política de subvenciones.

3º El Sr. director de Edicións Xerais de Galicia añade que tras el "Manifiesto por la lengua común" "se esconde la peligrosa mecha de la prepotencia, de la intolerancia, de la exclusión y de la antipatía (por utilizar palabras 'cordiales' que no aparecen en el vocabulario de estos inquisidores): Palabras las suyas no tan "cordiales" cuando nos califica de
"inquisidores" a quienes nos limitamos a exigir libertad e igualdad de derechos para todos los ciudadanos de Galicia. Además, los firmantes del Manifiesto encienden la peligrosa mecha "de la prepotencia, de la intolerancia, de la exclusión y de la antipatía". Joder para la "cordialidad" del Sr. director de Edicións Xerais de Galicia.

4º El Sr. director de Edicións Xerais de Galicia sigue hablando de denuncias victimistas y argumentos falaces, pero no dice
cuáles. La verdad es que me gustaría saber qué tiene de victimisma y de argumento falaz el exigir que las leyes reflejen el
parecer y los deseos de la mayoría de los gallegos.

5º El Sr. director de Edicións Xerais de Galicia añade que el uso del castellano no estuvo ni está minusvalorado ni marginado ni discriminado en ninguna de estas comunidades autónomas (se refiere, evidentemente, a Cataluña, País Vasco y Galicia): A esto tendrían que responderle los miles de padres que buscan un colegio en castellano en el País Vasco y Cataluña (y dentro de poco en Galicia, si no nos oponemos con firmeza) o a quienes solicitan un documento en la lengua común de todo el Estado en las oficinas de la administración autonómica (pagada por todos, ojo). Sería bueno que el director de Edicións Xerais de Galicia se bajase de la nube utópico-identitaria y se pusiese en contacto con la realidad de la ciudadanía de la comunidad gallega. Se llevaría una sorpresa no muy agradable para sus intereses económico-empresariales.

6º El Sr. director de Edicións Xerais de Galicia sigue diciendo que la lengua del país [¿ahora ya no le llaman 'lengua
propia'?] es considerada una rareza de aldeanos o de excéntricos militantes nacionalistas: Sr. Director, no desprecie usted a
los "aldeanos" de los cuales orgullosamente descendemos la mayoría de los gallegos. Los raros no son ellos, que hablan en su lengua habitual, sino los militantes nacionalistas, por cierto algunos bastante excéntricos [recordemos lo de las lápidas en
gallego por si Galicia sufriese un ataque nuclear], que convierten el idioma en un arma política y en un elemento de división
ciudadana. La RAE define "lengua" como "sistema de comunicación verbal y casi siempre escrito, propio de una comunidad
humana". Lo que rechazamos los denominados en el citado artículo como "inquisidores" y "castellanófonos" es justamente la
utilización política del idioma gallego, su conversión en arma política y elemento de lucro y promoción de unos pocos, así
como de empobrecimiento de la mayoría. ¡Ya me dirán dónde van a encontrar trabajo fuera de Galicia los alumnos que salgan de las galescolas como no sea de peón de albañil! Los políticos ya se encargan de que sus hijos aprendan castellano, inglés, francés y lo que haga falta. El problema es el de las clases sociales más desfavorecidas que tienen que apechugar con lo que les echen los de arriba sin decir ni pío, como siempre. ¡Ay, estos marxistas de salón!

7º En el artículo del Sr. director de Edicións Xerais de Galicia no podía faltar el mito un pelín sofisticado de que el
gallego es, nada menos, que el ADN de nuestra convivencia y comunicación en libertad. Los que se dedican a amenazar de
muerte, destrozar coches de "españolistas", reventar actos democráticos, insultar y llenar Galicia o Galiza (vaya usted a
saber) de pintadas debe ser que se olvidaron en casa del ADN de la convivencia y la comunicación en libertad. Y a quienes les permiten coaccionar la libertad de los gallegos, ídem de ídem. ¡Ay, qué ADN tan escurridizo que nunca está donde más falta hace!

8º Acaba su artículo el Sr. director de Edicións Xerais de Galicia con la cagadita de la paloma: esta interesada guerra
lingüística de los pequeños grupos castellanófonos. O sea que los señores feudales del galleguismo, los que nos quieren
imponer la "lengua propia" por cojones a todos los gallegos, a nuestros hijos, a la administración pública, a la empresa
privada, al pequeño comercio y si cuadra hasta a la intimidad sexual y reducir el castellano al ámbito privado [a ser posible
del pensamiento], somos los interesados en la "guerra lingüística".

El verdadero problema es que si en Galicia existiese libertad de idioma, Edicións Xerais de Galicia tendría dos opciones: 1ª) Publicar en gallego y castellano o 2ª) Ver drásticamente disminuidas sus ventas, centradas fundamentalmente en el ámbito de la enseñanza, y probablemente cerrar el negocio.

He aquí el origen de muchos "patriotismos".

Gamoneda y el manifiesto ´savaterino´
LUÍS ARIAS ARGÜELLES-MERES La Opinión 6 Julio 2008

Malestar infinito me producen las cazas de brujas, que en este país tienen solera legendaria, pues no han perdido su
ensamblaje con el espíritu inquisitorial. Es ese dedo que acusa y delata, esa bocaza que denuncia, ese ruin y cobarde
chivatazo que se susurra con apestoso aliento. Es una actuación que fermenta en basureros donde florece la escoria humana.
Gamoneda podrá parecernos un poeta más o menos excelso, resulta claro y hasta perogrullesco. Pero es de una mezquindad
nauseabunda que se le reproche la supuesta admiración que Zapatero tiene por su obra. A Suso del Toro podremos considerarlo mejor o peor novelista, igual de claro y perogrullesco que lo anterior. Pero no hay derecho a restregarle su simpatía, mucho más explícita que la del poeta, hacia el presidente del Gobierno. Bien es verdad en este último caso que su última hagiografía en torno a la vida y milagros del actual jefe del Ejecutivo español produce cierto sonrojo. Pero, aun así, es muy libre el escritor gallego de proclamar todo lo alto y claro que quiera sus filias y fobias en lo político.

Me duele que Gamoneda tenga que explicarse públicamente acerca del manifiesto savaterino del que al final decidió
desmarcarse. Me ofende en grado sumo que se le reconvenga, por parte de muchos que son incapaces de leer con mínima
sensibilidad un poema, la supuesta vinculación que hay entre él y el presidente de Gobierno, vinculación que algunos llegaron a insinuar como causa principal de su obtención del Premio Cervantes. Y, aún así, resulta que querían exhibirlo. Resulta que hasta "el poeta de Zapatero" dispuesto estaba a firmar el manifiesto savaterino. Es esa eterna debilidad que siente nuestro reaccionarismo por los conversos y renegados, siempre que el último bandazo se incline del lado de ellos, claro. Con la mayor generosidad del mundo, llenan de elogios a gentes que pertenecieron a grupos terroristas y a otros que militaron en la extrema izquierda, y, sin embargo, reprochan a un conocido cantautor asturiano, que lleva muchos años siendo progre, que en su juventud le dedicase una canción al dictador. Moraleja: los bandazos son buenos o malos dependiendo de por dónde vaya su deriva. ¡Hay que ver, hay que ver!

Resulta pavoroso que alguien tenga que dar públicas explicaciones de por qué firma o no un manifiesto, pues se diría que tal
conducta es consecuencia de ese espíritu inquisitorial del que venimos hablando. El no estar de acuerdo con los bien
pensantes no puede obedecer a convicciones íntimas, por muy discutibles que sean, siempre ha de responder a motivos arteros, a clientelismos, a intereses bastardos.

Y, de otro lado, me asombra que Savater actúe ahora de esta guisa. ¿Acaso en la época felipista no existía este problema
lingüístico que ahora denuncia en Cataluña? ¿Acaso en el momento en que apoyó al PSE en el País Vasco las cosas marchaban mejor para la lengua castellana que ahora? ¿Se estará haciendo mayor don Fernando y lo que ahora hace obedece en no pequeña parte a que es otra generación, más joven que la suya, la que ahora gobierna este país? ¿Así de orteguiana podrá ser parte de la explicación del asunto? ¿Quién sabe?

Coincido al cien por cien con algo que escribió Gamoneda sobre este asunto. Reivindicar el derecho de los padres a que sus
hijos reciban enseñanzas en castellano en cualquier parte del territorio español es total y absolutamente razonable y
legítimo. Ahora bien, hacer de este manifiesto una especie de caza de brujas contra aquellos que no han querido suscribirlo
resulta inaceptable. Es muy llamativo que la máxima autoridad de la Real Academia Española haya decidido dar explicaciones en la prensa por no haber firmado el manifiesto de marras.

Y en no pequeña parte de la opinión publicada se relaciona este manifiesto con los postulados políticos del partido que
preside doña Rosa Díez. ¿Habrá que concluir que la otrora dirigente socialista y candidata a la secretaría del PSOE no haya
considerado hasta el momento la existencia de ese problema lingüístico? ¿Es que no lo hubo hasta ahora?

Hay un libro que publicó hace muchos años don Federico Jiménez Losantos, que se ha vuelto a editar en más de una ocasión: Lo que queda de España. En él, se habla de este problema lingüístico que ahora aborda el manifiesto savaterino. ¿Es de recibo que un pensador que se considera de gran talla haya tardado tantos años en percatarse de un conflicto como el que ahora se denuncia?

¿Qué queda de aquel Savater que admiraba a García Calvo y a Cioran? ¿Qué fue de aquel "intelectual" rompedor que, como dije hace poco, no encontró grandes motivos para criticar lo mucho que tuvo de nefasto el felipismo? Lo tengo escrito hace mucho tiempo: este señor viene a ser el Ramoncín de las letras hispánicas. De lo más heterodoxo pasó a formar parte de aquella intelectualidad que estaba encantada con el felipismo, y, de un tiempo a esta parte, no sabemos a dónde llevará su deriva.

Todo lo cual no es óbice para recordar, también una vez más, lo admirable que resulta su valentía ante el terrorismo vasco.
Gamoneda y el manifiesto savaterino. El poeta asturleonés se ve en la necesidad de dar explicaciones de su desmarque del
famoso manifiesto. Se diría que, para algunos, la calidad de su obra puede verse en entredicho por ello. Y, sin embargo,
parece que no toca preguntarse acerca de la categoría del señor Savater como ensayista y como pensador. ¿Es ello justo?
¿Dónde está, entre sus numerosísimos títulos, un ensayo de Savater sobre España y sus lenguas que nos arroje al respecto
tanta luz como la que en su momento aportaron, por ejemplo, Unamuno y Américo Castro?
¡Ése sí que sería un gran manifiesto!

Qué bien se habla español en Colombia
POR ÁNGEL EXPÓSITO, DIRECTOR DE ABC 6 Julio 2008

Dos noticias nos han llenado los periódicos esta semana: el idioma español e Ingrid Betancourt. Y ambos temas se dan la mano porque da gusto oír a la recién liberada hablar en un castellano tan normal como literario. ¿Se acuerdan de aquella pequeña también colombiana, Omaira, que a punto de morir ante las cámaras de televisión se expresaba con un español inalcanzable incluso para nosotros? Pues es lo mismo. Mi colega Rodríguez Lafuente me da una serie de datos apabullantes: nueve de cada diez hispanohablantes están al otro lado del Atlántico; de los 400 millones que nos entendemos así, sólo el 5 por ciento utilizamos el sonido «c»; ya se habla más español en México y Estados Unidos que en España. Como dicen los expertos, el español es más moderno que el castellano. Deberíamos clamar por no perder la perspectiva generacional de esta cuestión. Y es que como dicta el proverbio chino: «Cuando el dedo señala a la luna, el imbécil mira al dedo».

El PSOE, en el limbo
POR GERMÁN YANKE ABC 6 Julio 2008

Se trataba, después del triunfo electoral de marzo, de celebrar el Congreso del PSOE en el paraíso, pero se ha quedado en el
limbo. Un limbo, por cierto, con un diablo artificial incluido porque no deja de sorprender, cuando el partido gubernamental
reflexionaba -en teoría- sobre sí mismo, que haya prestado tanta atención a su opositor, el Partido Popular, como si
estuviéramos al final de la legislatura, con las elecciones a la vista, en vez de en el comienzo de ella. Parte fundamental
de la estrategia del PSOE, precisamente para estar en el limbo, es meter presión a la derecha para que esté constantemente
justificándose.

Al parecer, para el dirigente socialista José Blanco es preciso, para concretar su posición, que el PP tenga dos almas
enfrentadas. De ahí la insistencia en el chiste sobre un hipotético Mariano y otro teórico Rajoy. Y al presidente le hace
falta, para que la «aceleración del cambio» tenga interés, un PP presentado como reaccionario y escondido tras unos símbolos nacionales de los que se adueña. De ahí que, enfrentado ante la reclamación de defensa del español, vuelva por donde solíamos y achaque a la derecha la apropiación indebida de la lengua española del mismo modo que, desde su punto de vista, hizo en el pasado con la bandera. No son solo detalles dialécticos: se va avanzar tan poco durante el congreso que hay que subrayar el enemigo: «no nos van a detener» dice Rodríguez Zapatero y corean los suyos.

¿Que se va a avanzar poco? Esa es la impresión a pesar de las apariencias. Avanza poco el PSOE como partido que se reorganiza en torno a lo que resulte más cómodo al secretario general, que es el criterio más evidente de los cambios en la dirección, incluida la regencia delegada de Blanco y el ascenso de Leire Pajín. Avanza poco desde el punto de vista ideológico: la adaptación del socialismo al mundo cambiante y globalizado parece quedar arrumbada por el empeño en crear un mundo a su imagen y semejanza. La reflexión que en este sentido hizo el laborismo británico con la Tercera Vía de Blair, o con el Nuevo Centro de Gerhard Schröder, la más reciente y convulsa de la izquierda italiana, la que está haciendo -un tanto melancólica- el socialismo francés a partir de las interesantes aportaciones del alcalde de París y otros, o la que se vivió en el PSOE desde el particular Bad Godesberg de Felipe González son ajenas a este congreso. No hay en el limbo tiempo para estas cosas.

Avanza poco el PSOE, del mismo modo, cuando tiene que ceder, en la política lingüística a la que hizo referencia Rodríguez
Zapatero el primer día, al «partido hermano» de Cataluña. Ser partido gubernamental, a veces, impide ser un partido soberano.

De todos modos, el entusiasmo del presidente en «avisos» a la derecha tiene tanta trampa como precisan mistificaciones porque el debate, en el que se esperaba también la voz del PSOE, no está entre la lengua española y la promoción de las lenguas regionales, sino entre la libertad o la coacción en el uso de una y las otras.

El limbo es el territorio de los eufemismos -como los inventados para evitar la palabra «crisis»- y de las comisiones de
estudio, que es un modo tradicional de no sumergirse en la realidad, al menos para resolverla. El PSOE ha introducido,
después del optimismo antropológico, una suerte de optimismo «ético» según el cual el análisis serio de los graves problemas con los que nos enfrentamos es, asómbrense, «un pecado». Si piensa que eso es progresista, debería repasar el optimismo obligatorio impuesto por todos los dictadores, Hitler y Stalin incluidos en la nómina. Como se trata de ser optimistas, y por ello felices, todo queda en estudio: desde la reforma de la legislación sobre el aborto a la energía nuclear.

Y se lanzan redes sobre lo que, en todo caso, necesita una reflexión que el PSOE no ha hecho, como la «laicidad» o la «eutanasia», presentados también como sucedáneos de otras cosas, para no abordar los retos urgentes a los que debería atender el partido aunque con ello saque un poco del limbo a su Gobierno.

No se trata de exigir que se hable de economía para impedir que se haga de aborto, laicidad o eutanasia. Ya se sabe que sobre la crisis es mejor para el PSOE el silencio. Se trata de que queda sepultado el gran cambio, el que llevaría de la primera Transición no a la segunda, sino a la democracia.

«¿Qué aporta al género si hablamos euskera o español?»
POR ALBERTO LARDIÉS. VITORIA ABC 6 Julio 2008

La última ocurrencia del lendakari, Juan José Ibarretxe, la de imponer el euskera en los comercios imitando lo que sucede en
Cataluña, no ha causado gran entusiasmo entre los comerciantes, sino todo lo contrario. En la mayoría de lugares del País
Vasco, como en Vitoria, la lengua que se habla en la calle es el castellano, y no el euskera. Por ello, a los miembros del
sector no les hace gracia tener que rotular y prestar servicio en la lengua vernácula con la amenaza de una multa de 500
euros para quien no cumpla el designio. ABC consulta a comerciantes de la capital de Álava y del País Vasco sobre el asunto.

La calle Francia es uno de los lugares comerciales más importantes de la ciudad. Atestan la rúa decenas de tiendas de lo más variado: ferreterías, bazares, joyerías, bares, zapaterías, farmacias o panaderías. En todas se da una curiosa coincidencia que, cuando menos, no casa muy bien con la iniciativa del Ejecutivo vasco: en ninguna hay ni rastro de rótulos en euskera. En una modesta tienda de calzado cuyo nombre conviene no recordar (por el bien de los dueños) ubicada en la citada calle, la dependienta no está de acuerdo con la situación que se plantea. «Todo el mundo entiende los carteles ahora, y no hay problema con nadie, es una tontería cambiar lo que está bien», sostiene mientras cobra, en castellano, un par de zapatos a una señora.

Irrumpe en la conversación otra clienta que dice poseer una confitería y una panadería y que parece un tanto indignada con el
asunto. «Mi marido y yo no tenemos ni idea de hablar en vasco, decimos «agur» a algunas personas porque nos hemos
acostumbrado, pero es imposible que lo aprendamos para atender a la gente», afirma Luisa, antes de apostillar que «si me
pongo ahora a estudiarlo, para cuando lo aprenda tengo que jubilarme». Sobre las ayudas anunciadas por el Gobierno vasco para que los comercios se adapten poco a poco, Luisa también se muestra inflexible: «No quiero ayudas ni nada, sólo quiero llevar mis negocios como me dé la gana».

Sonrisas
En Wan Long, un bazar regentado por ciudadanos chinos, se enteran de la iniciativa por ABC y sonríen cuando se les pregunta por su puesta en práctica -tal vez es que no dan crédito o es que no entienden la explicación-. Y lo cierto es que viendo sus dificultades para expresarse en castellano, pedir a estos incansables trabajadores que además aprendan euskera en nombre de «los derechos lingüísticos de los consumidores» se torna en broma de mal gusto.

En las calles principales que separan la plaza del Atrium del casco medieval tampoco se encuentran rótulos en euskera, salvo alguna excepción, como todos los edificios oficiales del Ejecutivo vasco. Los menús del día de los restaurantes están sólo en castellano, al igual que casi todos esos carteles tan habituales en estas fechas que llaman la atención sobre las «rebajas», los «descuentos» o las «liquidaciones». Las mayores muestras de bilingüismo en los establecimientos las ofrecen los restaurantes de comida oriental y las cervecerías británicas. La enorme mayoría de las conversaciones que se escuchan en la calle son en castellano. En una administración de lotería situada en los alrededores del Parlamento vasco y la Catedral
nueva, cerca de la plaza del General Loma, tampoco comparten la propuesta, sobre todo en lo referente a atender en euskera a los consumidores. «No sé si nos afecta esta historia o sólo es para tiendas; yo desde luego no tengo problema en poner los
carteles también en euskera, pero de ahí a tener que hablarlo por obligación...», indica la dependienta.

Casi a las afueras de la ciudad se encuentra el Boulevard, el típico macro-centro comercial que aglutina muchas y muy
diversas tiendas, desde las de ropa más conocidas y consumidas hasta las de electrónica e informática pasando por los
supermercados y cines. Allí dentro, los rótulos escritos en euskera son minoría, aunque son más que los de las tiendas del
casco urbano, tal vez por seguir la línea de los carteles «bilingües» que indican la salida -«irteera»- las rebajas
-«beherapenak»- o las estancias del lugar. En cualquier caso, los trabajadores siguen la tónica del rechazo a la imposición.
«El que quiera rotular o atender en euskera, que lo haga, y el que sólo quiera hacerlo en castellano, lo mismo. Como hasta
ahora, que cada uno haga lo que quiera en su casa», dice un camarero.

«¿Para qué va a servir eso? ¿Qué aporta al género si hablamos en euskera o español?», ironiza una dependienta de una tienda de ropa. No obstante, hay opiniones para todos los gustos. Un compañero de la dependienta señala estar completamente de acuerdo con la idea de Ibarretxe, «porque así se conserva nuestra lengua». Su compañera vuelve a la carga: «¿Derechos lingüísticos del consumidor? ¿Y los derechos de los comerciantes?», cuestiona la dependienta.
Además de estos testimonios, esta misma semana la asociación de consumidores de Vitoria «Gasteiz on» mostró a los medios su rechazo a la idea porque el plazo de cuatro años para adaptarlo es demasiado corto y porque será muy difícil llevarlo a cabo.

Academia
POR JON JUARISTI ABC 6 Julio 2008

YO profeso cariño a la Real Academia Española. Es un invento de inspiración francesa que no le ha venido mal al castellano, todo lo contrario. Pertenece al orden del diseño cartesiano de la nación, que trajeron consigo los Borbones y contribuyó decisivamente a convertir el desmadre de la España postimperial en una comunidad política más o menos homologable con nuestro vecindario europeo. Si el archiduque Carlos hubiera ganado la Guerra de Sucesión, hoy no tendríamos selección española de fútbol ni, lo que es peor, una figura como Luis Aragonés en el panteón de los héroes de la Patria.

Todos los escritores hemos despotricado de la Academia en nuestra juventud, con impía sinrazón (una de las soflamas más
antiacadémicas que recuerdo la escribió el hoy venerable académico Pere Gimferrer cuando era poeta novísimo). Que los jóvenes la zarandeen, creo yo, fortalece y prestigia a la institución, porque aquéllos envejecen y mueren sin haber llegado, en su mayoría, a ocupar un sillón con letra, y la Academia permanece y publica ediciones revisadas del Diccionario.

A la Academia la tienen frita últimamente, desde el Gobierno y desde la Oposición, exigiendo unos que admita los neologismos paranoicos de Bibiana Aído, si no a la propia Bibiana como animal de compañía, y otros, que se sume a los manifiestos de la izquierda antinacionalista. Y, claro, a su dirección, como diría mi ex ministra socialista favorita, me la ponen en un membrete.

Me parece que la Academia es hoy uno de los ámbitos menos castizos de la cultura española, cosa que el personal no entiende y, por eso mismo, se escandaliza. Al contrario que las academias e institutos de las lenguas periféricas de España, la Española no se propone encabezar procesos de normalización lingüística ni suscribir campañas de rotulación vernácula en los grandes almacenes. Le pasa un poco lo que a las aristocracias en tiempos democráticos: conservan algunas funciones, más o menos relacionadas con la pureza de la tradición ganadera y vitivinícola, pero no la de dirigir al pueblo en armas. Por mera prudencia, la nobleza europea ha ido ausentándose de los ejércitos y de las castas políticas desde la Revolución Francesa (o desde un poco antes, según Tocqueville). Con la Real Academia Española ha sucedido otro tanto.

Y es que no está la civilización occidental como para que los académicos puedan esperar comprensión desde el poder político, mande quien mande. ¿Se imaginan al director de la Real Academia explicándole a la ministra de la Igualdad que el español es una lengua policéntrica en la que no cabe dar curso oficial, así, por las buenas, a un indigenismo tartesio como fistro o a un idiotismo mentecato como miembra, sin reunir antes el pleno de la Federación de Academias de la Lengua Española, incluida la Guineana, de reciente creación? Y es que los políticos, de esas cosas tan complicadas, no saben nada.
Hace algunos años, asistí, en la sede de la Real Academia, a un banquete vegetariano en honor de la entonces primera dama y hoy presidenta de la República Argentina. El anfitrión, don Víctor García de la Concha, anunció que se serviría un vino de la Rioja, cuna del castellano, y la señora Kirchner aplaudió emocionada: «¡Qué detashe tan conmovedor y fraternal! ¡Un vino argentino!». Pues bien, nadie me negará que, si Bibiana Aído fuera una maceta, doña Cristina sería un bosque frondoso.

 Así y todo, a ver quién es el guapo que le explica a semejante lumbrera lo del español como sistema policéntrico.
La única maniobra seria para implicar a la Real Academia Española en la contención de los nacionalismos lingüísticos se debió al genio combinado de don Ramón Menéndez Pidal y don Alfonso XIII, que crearon, bajo el Directorio de Primo de Rivera, dos sillones nuevos para los curas Azkue y Alcover, los que más guerra daban con la normalización del eusquera y del catalán, respectivamente. Pero, entonces, hasta los nacionalistas tenían cierto sentido reverencial de la cultura. No parece censurable que la RAE trate de preservar su virginidad política en esta época de infame behetría, que diría Jovellanos.

Ramón Rodríguez:
"Ni las lenguas ni las comunidades ni las culturas tienen derechos por encima de las personas"
 Periodista Digital 6 Julio 2008

Es uno de los 18 intelectuales promotores del Manifiesto por la Lengua Común. Actualmente vive en Alemania pero, aun
así, el eco de los problema del idioma traspasa fronteras. Ramón Rodríguez, en una entrevista de David Sanz para El Mundo, cuenta cómo desde Alemania son incomprensibles algunos de los problemas que padecen los españoles para poder utilizar el castellano.

¿Ve la cuestión lingüística como un problema político?
Las cuestiones lingüísticas siempre tienen un aspecto político. En nuestro caso, la larga discriminación política de los
hablantes de las lenguas hoy cooficiales exigía una reparación. Pero, como dice el Manifiesto, una vez lograda, la
sobreprotección de las lenguas está produciendo la discriminación de los ciudadanos en sus derechos civiles.

No es admisible que un ciudadano no pueda recibir enseñanza pública en castellano, que es lengua oficial, o que el
conocimiento de la lengua vernácula sea valorado de manera exorbitante en los baremos oficiales. Ni las lenguas ni las
comunidades ni las culturas tienen derechos por encima de las personas.

¿Ha conocido casos de discriminación por el uso del castellano?
Sí. Pero lo importante no son los casos individuales, sino las estructuras y las leyes que tienen la obligación de proteger
el ejercicio de las libertades individuales y eso es lo que no está ocurriendo con los últimos giros de tuerca del
nacionalismo en la enseñanza y la administración pública.

¿Desde el punto de vista académico, cómo cree que puede afectar las carencias de castellano o el monolingüismo en el
desarrollo académico de los jóvenes?
Ya lo estamos viendo. Recientemente he podido comprobar que el manejo del castellano escrito es notablemente inferior en
algún estudiante que ha cursado todo el Bachillerato en otra lengua (el catalán, en este caso). Lo más decisivo, sin embargo,
es que el predominio creciente de las lenguas cooficiales en las universidades actúa como una barrera a la movilidad, y eso
es una pena.

Estudien gramática, señoras y señores
POR FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS, DE LAS REALES ACADEMIAS ESPAÑOLA Y DE LA HISTORIA ABC 6 Julio 2008

LA ministra Aído se ha ido un poco de la lengua con ese invento de «las miembras». Es parte del invento feminista, que hasta apoyan algunos hombres: intentan, y a veces lo consiguen, suplantar al verdadero creador y mantenedor de la lengua, el pueblo español.

El invento es más o menos esto: todo nombre substantivo tiene o debe tener, creen las promotoras del invento, una variante
masculina en -o y una femenina en -a; y esas marcas de género son interpretadas como marcas de sexo. De macho y hembra,
hablemos claro.

Esta es la teoría, bien diferente, muchas veces, de la lengua común, la que hablamos. En esta, a veces ello es así, el lobo y
la loba marcan género y sexo. Pero a veces no, la zorra y el murciélago indican indiferentemente el macho y la hembra, igual
el zorro, la rata, el ratón. Son los nombres epicenos. Ni -o es exclusivamente masculino, ni -a es exclusivamente femenina. Y
mil palabras en -n, -r, -s, por ejemplo, pueden ser o masculinas o femeninas y marcar sexo o no. Exclusivamente femenino,
indicando al tiempo sexo, es el sufijo -esa (duquesa, princesa), un sufijo griego, ya ven.

En fin, dentro de lo humano, el crear una variante de hombre y otra de mujer, es mil veces innecesario, puro engorro.
En español, como en casi todas las lenguas indoeuropeas de Europa y Asia que conservan los géneros masculino y femenino (los han perdido, entre otras, el inglés), esos dos géneros poco tienen que ver con el sexo: la -o y la -a pueden ser no sexuales (el banco y la banca, el barco y la barca). Y las cejas, los labios, las espaldas, los miembros (¡!), y sus singulares, son de hombres y mujeres, también, a veces, de animales de cualquier sexo.

Al revés: algún órgano propio del sexo femenino termina en -o, es bien notorio, y hay órganos masculinos en -a (no vamos a
decir el pollo aunque el inglés diga the cock).

Ignacio Bosque me decía que en la Sintaxis que prepara la Academia cientos de páginas insisten en que sexo y género son cosas diferentes.

Y la marca del sexo en nuestra lengua, a través de los géneros, es irregular y deficiente. El masculino puede llevar -o o -a
y marcar o no marcar el sexo, uno u otro sexo. Hay el niño y la niña, sí, y aquí la concordancia (el artículo y el adjetivo)
subrayan el género, que indica sexo en este caso, en otros no. Pero los niños implica los dos sexos, suma de niños y niñas.
En el artista y la artista, el poeta y la poeta, solo la concordancia define género y sexo.

Y hay las mil palabras que vienen de la tercera declinación latina y no tienen género sino con ayuda de la concordancia
(el/la estudiante, pero los estudiantes). A veces se ha introducido, secundariamente, un femenino con -a (la jueza, pero la
gente en general prefiere la juez). Ven el complejo panorama.

Complejo panorama que viene de una compleja historia, imposible explicarla aquí: hay que aceptar sin más lo que nos ha
traído, solo mínimos retoques pueden introducirse, véase luego. No este. Miembro viene del latín membrum, del género neutro, el que no marca «ni lo uno ni lo otro». Resto, los neutros, de una época arcaica en que la lengua tenía un género animado y uno inanimado. Este último se conservó a veces cuando, en fecha posterior, el animado se escindió en masculino y femenino: a veces sexuales, a veces no, no es fácil averiguar por qué. Pero con toda clase de irregularidades en lo formal y lo semántico.

Una parte de estos nombres que llamamos masculinos no eran ni sexuales ni genéricos. Tienen dos sentidos. Uno general,
heredado, así el niño en sentido general: la vecina ha tenido un niño, no indicamos el sexo, los niños (= niños + niñas) en
plural. Otro sexual, el niño por oposición a la niña. Son dos usos que hacen mal los gramáticos llamando a ambos «masculino».
O sea, no es que el masculino «invada» al femenino, es que hay un masculino general, indiferente al sexo, y un masculino
sexuado, que históricamente procede de una polarización frente al sexo femenino.

Este es el nuevo género-sexo que se creó: el femenino fue el verdadero invento, el punto de partida para oponerle un
masculino. En el tercer milenio antes de Cristo. Perdura en español y en muchas lenguas.

Pero fue una sexualización solo parcial. Si ahora alguien cree que todo masculino es macho y que a cada uno hay que oponer, inventándolo si es preciso, un femenino-hembra, está sexualizando la lengua, llevando el sexo a todas partes: a donde la lengua, muchas veces, no lo lleva. Crea Desigualdad (todo es macho o es hembra), la lengua a veces mantiene la Igualdad, ignorando el sexo.

El español y otras lenguas han heredado un estado antiguo, en el que masculino y femenino a veces nada tienen que ver con el sexo. Y en el que no existe regularidad formal para expresar el masculino o femenino ni, menos, el macho y la hembra.
Esto ocurre en español y en casi todas las lenguas indoeuropeas de Europa. Salvo en las que, como el inglés, eliminaron en un momento dado su masculino y femenino medievales (el sexo lo marca ahora raramente mediante recursos nuevos). Y como el inglés no tiene género gramatical, la palabra gender no indica nada gramatical y queda libre para especulaciones sexuales. Aquí en España llaman género, incorrectamente, al sexo, maltraduciendo gender. Ya sé que el género es difícil: el que quiera entenderlo, que estudie gramática, el que no, que hable simplemente nuestra lengua. Esta conserva cosas surgidas en otras edades y que hemos de aceptar como hechos crudos. La creación de esa oposición masculino/femenino, muy compleja, en el tercer milenio antes de Cristo, dejó vivas formas que no entran en la oposición de género ni menos en la de sexo.

No hagamos una nueva regulación pansexualista, con el macho y la hembra reflejándose siempre en la lengua con formas
regulares. ¡Qué obsesión! Esto no es así. Y lejos de llevar a la igualdad, lleva a una visión de la lengua y el mundo
escindida siempre en dos sexos. Sin embargo, a veces el macho y la hembra son simplemente humanos.

No cometamos este error, no inventemos un nuevo esperanto.

Pero la lengua no es inmutable, digámoslo por si es un consuelo. Cuando la evolución social ha hecho crecer el papel de las
mujeres en ciertos sectores, junto al uso genérico no sexual tiende a crearse uno sexual: la ministra, la secretaria. No sin
problemas: muchas mujeres prefieren ser llamadas médico y no médica, poeta y no poetisa. Y no se pueden crear a tontas y a
locas femeninos que la sociedad no reclama.

Ni negar el uso no sexual, común, y sustituir los funcionarios por los funcionarios y las funcionarias, esto es tonto e
inútil, destroza la economía de la lengua. Es grotesco.

Más podría añadir. En todo caso, miembra no cabe en el esquema del cambio, no hay base social alguna. Los miembros de un partido o grupo son hombres y mujeres, forman simplemente un conjunto, ese masculino no es machista. No sean tan susceptibles por un malentendido, señoras. No se puede improvisar sin base social y sin conocimientos.

Lean gramática antes de hacer prédicas, Sras. y Sres. No juzguen ni decidan tan deprisa, no va a seguirles nadie. En la
jungla del género y en la del sexo, solo en parte la misma, no introduzcan especies raras, plantas artificiales e
innecesarias. Un estorbo más bien. Puro sexismo.

FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS
de las Reales Academias Española y de la Historia

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