AGLI

Recortes de Prensa    Lunes 21 Julio 2008

Los radicales, contra el manifiesto
El manifiesto concede unos derechos a los hablantes del catalán o el gallego que los nacionalistas niegan a quienes se expresan en castellano. Si eso es extremista, la postura de Durán se sale del espectro político.
EDITORIAL Libertad Digital 21 Julio 2008

Han tenido que pasar décadas para que nuestros izquierdistas patrios –no todos, pero sí algunos notables– se dieran por enterados de lo que los liberales llevaban denunciando desde el principio: el uso del idioma para separar por parte de unos poderes públicos cuyo objetivo a largo plazo era y es separarse de España. Este abuso ha partido de la concepción netamente totalitaria de conceder derechos a idiomas para así hurtarlos a los únicos que pueden disfrutar de ellos, que son los ciudadanos. Los gobernantes de aquellas regiones, violando sus propias leyes si era necesario, han hurtado a los castellanohablantes de la posibilidad de educar a sus hijos en su idioma, compartido por 400 millones de seres humanos, o la de emplearlo para comunicarse con los servicios públicos.

Es por esa realidad por la que se escribió el manifiesto por la lengua común que ha recibido tantas invectivas por parte del nacionalismo carca, especialmente del catalán. Durán ha sido el último, tildándolo de "expresión extremista del nacionalismo español". Se ve que la sección más radical de ese imaginario nacionalismo es tan tibia que firma un texto en el que se dice que "en los parlamentos autonómicos bilingües podrán emplear indistintamente, como es natural, cualquiera de las dos lenguas oficiales", que reconoce la posibilidad de emplear los idiomas cooficiales como lengua vehicular (si bien no exclusiva, como se hace ahora) o que admite el "derecho a ser atendido institucionalmente en las dos lenguas oficiales". Es decir, que concede unos derechos a los hablantes del catalán o el gallego que los nacionalistas niegan a quienes se expresan en castellano. Si eso es extremista, la postura de Durán se sale del espectro político.

En cualquier caso, casi peor es la demagógica reacción de Zapatero, aduciendo que firmaría cualquier texto que "defendiera al castellano, sí, pero también al catalán". Esa forma de intentar quedar por encima del bien y del mal no es más que una sangrienta burla contra quienes defienden sus derechos contra la aplastante maquinaria estatal. En primer lugar, el manifiesto defiende los derechos de los castellanohablantes, no del idioma en sí, que como tal no puede tener derechos. Y quienes hablan catalán no necesita ser defendidos en ningún manifiesto, porque ya están más que correctamente atendidos por sus instituciones autonómicas. Como presidente del Gobierno español, Zapatero tiene la obligación de defender los derechos de sus ciudadanos, de todos. Si las administraciones autonómicas los pisotean, como es el caso, debe ponerse al lado de quienes sufren ese abuso, no de quienes lo perpetran.

Pero no, a Zapatero lo que le gusta es inventarse derechos inexistentes para luego designarse a sí mismo como ese tipo tan simpática que "amplía derechos de ciudadanía". Los de verdad los desprecia, claro. Es lo que tiene ser progre.

11-M
Lo que no nos explica la sentencia del Supremo
Resulta extraño que por parte del Poder Judicial no se inste a reabrir la investigación, dado que los resultados de la sentencia sólo son un esbozo de lo que podría constituir una sentencia definitiva sobre el caso.
Gabriel Moris Libertad Digital 21 Julio 2008

Como víctima del atentado del 11-M no puedo resistirme a hacer algún comentario respecto a la sentencia dictada por el Tribunal Supremo sobre el mayor atentado terrorista de nuestra historia y de la de Europa comunitaria. He de confesar que no esperaba nada importante. La historia reciente del proceso del 11-M no nos permite ser optimistas: instrucción orientada a sustentar una versión de los hechos tan irracional como interesada, sentencia de la Audiencia Nacional en la misma línea, si bien con matices importantes –la ausencia de móvil y de instigadores– y actitudes de todos los poderes, públicos y mediáticos, propicias al silencio, al olvido y al pasar página de una masacre que ya ha dado sus frutos. Y sobre todo, de una masacre que puede originar quebraderos de cabeza a todo un Estado de Derecho. Todo el mundo, incluso el pueblo que sufrió el crimen, está por que es mejor "no meneallo y no enmendallo".

En la misma línea ha ido la sentencia del Tribunal Supremo. Aunque, eso sí, con algunos detalles. Se ha intentado salvar la cara de una justicia dependiente y manipulada por el poder político. No obstante, por mucho que se esfuercen, ya resulta difícil cambiar una realidad y una imagen que el propio Poder Judicial se ha ido ganando a pulso y día a día. Si recordamos lo que fueron la investigación policial, la instrucción sumarial, la investigación de responsabilidades políticas y la sentencia de la Audiencia Nacional, la del Tribunal Supremo no ha roto la línea del tristemente famoso proceso judicial. No podía ser de otra forma. Sin embargo, y dado que algo tenía que hacer este estamento judicial, creo que algunos detalles podrían ser síntoma de que lo que mal empieza mal acaba.

El Tribunal Supremo pone fin de forma explícita a las informaciones falaces e interesadas en asociar los atentados a la guerra de Irak y a Al Qaeda. Con ello, creo que se presta un buen servicio tanto a la lógica de los acontecimientos como a las futuras investigaciones. Creo que las alusiones a ETA, exculpándola de toda vinculación con el 11-M, no han sido corroboradas. Claro que, al no haberse investigado su participación, no podía ser sujeto en la sentencia. El carácter islamista queda en entredicho al absolver a los tres imputados que parecían tener alguna vinculación con grupos religiosos, uno lugarteniente de "El Chino" y otro militante del PSOE, para más señas.

Los cadáveres de Leganés también han sido indultados. No podía ser de otro modo. ¿En qué cabeza cabe que una sentencia recaiga sobre un cadáver? Sin embargo, me sorprende lo que se ha sentenciado sobre Bouchar, el hombre que según nos cuentan abandonó el edificio de Leganés en el que se encontraron los cadáveres que ahora han indultado. Otro de los aspectos relevantes de la sentencia es el que se refiere a los instigadores. Al parecer un atentado de esta naturaleza y de estos niveles, tanto logísticos como técnicos, no ha necesitado cerebros que lo conciban, lo planifiquen, lo ejecuten y eliminen todas las huellas y pruebas de su crimen. Desde el sentido común, nadie podría imputar esas funciones a los tres condenados con relación a los hechos.

Sin entrar en el número de personas que participaron en la ejecución y la logística del atentado –que no se ha esclarecido– creo que hay otros aspectos en el entorno de la sentencia que nos deberían ayudar a reflexionar. En primer lugar, la unanimidad de los partidos políticos para pasar página de un atentado que, aunque no se recoge oficialmente, tiene todo el aspecto de ser de origen político. Lo lógico sería que se pusieran de acuerdo en investigar y no en impedir la investigación. En segundo lugar, resulta extraño que por parte del Poder Judicial no se inste a reabrir la investigación, dado que los resultados de la sentencia sólo son un esbozo de lo que podría constituir una sentencia definitiva sobre el caso. También resulta insólita la actitud que respecto a la sentencia mantienen la mayoría de los medios de comunicación. Buena parte de ellos presumen por enésima vez de que las historias que nos cuentan han resultado definitivamente confirmadas. A pesar de lo mucho que insisten, los que esto afirman saben que mienten. No es cierto y les consta. Por fortuna, otros medios, quizás los más próximos a los ciudadanos, han manifestado su voluntad de continuar investigando. Quiera Dios que llegue el día en que sean muchos más los ciudadanos que decidan preguntar por lo que no se nos ha explicado. Sólo así se podría impedir que una nueva masacre sirva para alcanzar lo que no se podría lograr por vías democráticas.

11-M
Contundencia indolente
La sentencia del Supremo sobre el 11-M seguramente es definitiva, especialmente para quienes se conforman con la reducción de la justicia a la facticidad del poder, pero está lejos, muy lejos, de asemejarse a un Estado de Derecho.
Agapito Maestre Libertad Digital 21 Julio 2008

"Es un caso de injusticia terrible. Pasará a la historia como un caso de los "crímenes" de la Justicia" más flagrantes de la historia reciente española." Eso fue exactamente lo que me dijo un extraordinario jurista español, cuando le fui a contar cómo habían expulsado de su cátedra a un profesor de la universidad española a través de una sentencia del Tribunal Constitucional de la que fue ponente una famosa socialista. El reconocido administrativista, que conocía el caso tan bien como muchos otros de sus colegas que se habían preocupado del asunto –no en balde se habían publicado más de 200 artículos sobre el caso–, me reconoció que apenas podía hacerse nada ante tamaña injusticia. Si hubiera conocido antes el asunto, lo habría incluido en su libro que estaba a punto de salir publicado sobre los casos más injustos de la justicia española del último siglo.

Les cuento esta pequeña historia personal para que no crean que uno habla desde la cátedra y sin experiencia de vida. Por supuesto, no creo en modo alguno que para hablar del derecho y la justicia en España haya que haber pasado previamente por un infierno semejante, pero reconozco que aclara mucho los conceptos a quien tenga que hablar sobre el sufrimiento que acarrean determinadas sentencias. Cuando uno ha pasado, o simplemente ha intuido, el dolor que puede crea el llamado "derecho" y la "justicia", entonces las cosas se ven de otra manera. Es la experiencia de la nada, nada, nada de San Juan de la Cruz. El sufrimiento que el ámbito del derecho en general, y la justicia en particular, han infligido en los últimos tiempos sobre los españoles es de tal dureza que deberíamos tomarnos con tranquilidad escéptica lo que salga de los tribunales de Justicia.

Por eso, ni creí que la primera sentencia sobre el 11-M aclarase asuntos clave del atentado terrorista ni tampoco ahora considero que la sentencia del Supremo cierre nada sobre el particular. Los cierres, en todo caso, son políticos e interesados para el único actor beneficiado de la masacre: el PSOE. Si la primera sentencia era enmarañada y torticera, la segunda ofrece una "contundencia indolente" de la que tenemos que precavernos. En efecto, bajo la apariencia de mesurada y limitada, por ser una "mera" sentencia de casación, creo que "legitima" y que confirma dudas y errores que estaban en la primera.

¿Hay novedades de la sentencia del Tribunal Supremo con respecto a la anterior? Claro que las hay y, a veces, significativas, sobre todo para el caso de uno de los que se consideraban autores intelectuales y también para los que han sido absueltos después de pasar unos años de condena. Pero no es eso ahora lo que más me preocupa, aunque lo analizaré en otra ocasión, sino en la obsesión por elevar a absoluto esa decisión judicial. Me parece que previo a esa evaluación es menester bajar del pedestal a la institución del Derecho. Por eso, me afirmo en una idea del Derecho, por otro lado, extraída de los grandes juristas españoles que no pasa del "racionalismo escéptico". En verdad, creo que excepto algún dogmático sin cura, resulta difícil hallar juristas honestos en España que no reconozcan que el Derecho, desde el punto de vista científico, no pasa de ofrecer a la sociedad un aleve saber, o doctrina precaria, incapaz de asentar las bases de una sociedad con cuajo moral. Tampoco, desde el punto de vista de la seguridad, conseguirá asegurarnos una seguridad contingente; y, por supuesto, la legitimidad jurídica siempre está amenazada desde la óptica filosófica o explicativa de sí misma. Por lo tanto, quien le conceda demasiado a la institución del Derecho caerá fácilmente en la melancolía, o peor, en el absolutismo totalitario que le concede a ese saber la última y, a veces primera palabra.

En fin, quien se haya tenido que ver alguna vez con la justicia española, o sencillamente quien analice la historia reciente de nuestros tribunales de justicia, se topará con la auténtica realidad, a saber, la falta de rigor, sensatez y sentido común de miles de sentencias, que son más propias de sociedades desquiciadas y regímenes políticos convulsos que de una democracia de baja calidad como se tiende a interpretar la nuestra. Por eso, precisamente, se equivocan quienes quieren cerrar con esa sentencia el mayor atentado terrorista de la historia de España. En otras palabras, la sentencia del Supremo, sobre el 11-M seguramente es definitiva, especialmente para quienes se conforman con la reducción de la justicia a la facticidad del poder, pero está lejos, muy lejos, de asemejarse a un Estado de Derecho en permanente construcción.

La derecha acomplejada
Gonzalo Sichar Minuto Digital 21 Julio 2008

No es ningún secreto el complejo que sufre la derecha española de tener que justificarse una vez tras otra que no son “fachas”. Este comportamiento les lleva a no saber distinguir lo “facha” de lo español. El PP está remando hacia el “viaje al centro” después de su último congreso. Olvida que ya con Aznar decían que realizó este viaje al centro distanciándose de la derecha de su fundador, uno de los ministros censores de Franco, Manuel Fraga Iribarne. Y si con Aznar ya hubiesen llegado al centro, como decían, ¿por qué ahora un nuevo viaje al centro? Una simple reflexión nos llevará a pensar que fue porque alguien lo tuvo necesariamente que apartar del centro. Y quién ha llevado el timón del PP en los últimos cuatro años… el mismo que ahora les reconduce, de nuevo, hacia el “centro reformista”.

Este PP enfatiza en su espíritu liberal, a pesar de que tiene comportamientos también de partido conservador, como su oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo. Centro reformista, dicen. Y como tienen que demostrar que ya no son de derechas, sus complejos les llevan a acercarse a los nacionalistas, como durante la transición los falangistas antifranquistas se daban de tortas contra Fuerza Nueva para demostrar que eran falangistas pero no “fachas”, el PP volverá a “hablar catalán en la intimidad” (o a pecho descubierto).

Ya expresé en otro artículo de este mismo diario mi sorpresa de que algunos considerasen que el PP se moderaba cuando se acercaba a partidos nacionalistas, excluyentes y por tanto nada moderados. Pero lo que me ha dejado de piedra es que Alicia Sánchez Camacho, recién estrenada como presidenta del PP de Cataluña, se niegue a firmar el Manifiesto por la Lengua Común. No hay discriminación del castellano en Cataluña, alega. Si fuera así por qué el libro “Extranjeros en su país”, donde el diputado de Ciutadans Antonio Robles denuncia eso que ella dice que no pasa, no se puede encontrar más que en una librería en toda Cataluña. Y esa única librería me ha pedido como editor que no la nombre, por temor a represalias. En la presentación de este libro en Barcelona el pasado 11 de julio (presentado por el eurodiputado Vidal-Quadras, ¿algún otro del PPC se habría atrevido?), acudieron 200 personas y se vendieron casi 100 ejemplares, o sea que demanda hay. No está en las librerías por decisión política, no comercial. Los libreros nacionalistas no quieren ver ese libro ni en pintura, y los no-nacionalistas no se atreven a exhibirlo.

En una ciudad española donde los letreros de los escaparates pueden leerse en catalán y en inglés pero no en castellano, sí hay discriminación no sólo de la lengua sino de las personas que la hablan. La defensa de los débiles y de los perseguidos no suele ser una norma habitual en la derecha, de modo que por esa parte entiendo que Sánchez Camacho no proteja a los catellanohablantes, pero la defensa de la españolidad al menos antaño era uno de los pilares de la derecha. Quizá cuando la derecha no tenía complejos, para bien y para mal.

* Gonzalo Sichar es adjunto al coordinador de Unión Progreso y Democracia (UPyD) en Málaga

El PSC y el nacionalismo
Congresos catalanes
Los socialistas ostentan todos los niveles de poder que afectan a un catalán, y los medios se han rendido a la evidencia. El último elemento decorativo para disipar cualquier recelo era la aceptación de Cataluña como nación.
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 21 Julio 2008

El de la Esquerra presentó formas más plurales que los siguientes gracias al carácter asambleario de la formación. Los partidos españoles están lejos de cumplir las exigencias constitucionales de estructura y funcionamiento interno democráticos. Subyacieron dos grandes cuestiones, una de liderazgo y otra táctica: una, quién será el candidato independentista a la presidencia de la Generalidad (papel que ansía Carod, aun dejando de ser cabeza orgánica); dos, qué hay que hacer con el tripartito: romperlo ya o mantenerlo vivo, es decir, forzar elecciones anticipadas o unir definitivamente su suerte a la del PSC a riesgo de que este siga ganando votos (millón y medio obtuvo en generales) y los republicanos sigan perdiéndolos (con menos de trescientos mil se quedaron).

El del PPC fue un desastre sin paliativos. Una larga campaña interna enfrentó a dos hombres con grandes diferencias personales e insignificantes diferencias ideológicas. Juntos representaban a la inmensa mayoría del partido, quedando la alternativa Nebrera como un insignificante peligro. Y entonces, en el último momento, llegó la cacicada de Génova, la imposición de una candidata que tuvieron la humorada de llamar "de consenso". Daniel Sirera se lo pensó un poco más que Fernández, pero acabó cometiendo el error de ceder tras insoportable presión del aparato nacional. Muchos de sus partidarios no le siguieron, abuchearon a Ana Mato junto con los nebreristas y, a la hora votar, o no aparecieron o lo hicieron por aquella candidata que, de insignificante, pasó a reunir más del cuarenta por ciento de apoyos.

El de Convergència fue un congreso a la búlgara, con porcentajes vergonzosos cercanos al 100 % para el candidato, pese a algún voto de castigo a su equipo. Lo más significativo fue el esfuerzo por conciliar lo inconciliable: se postuló un Estado propio y a la vez, se renunció a él. El "soberanismo no independentista" de la formación es una contradicción en los términos. Soberanismo viene de soberanía, y soberanía implica Estado propio. La razón del imposible cóctel es obvia: tratar de pescar en el caladero de la Esquerra mientras se mantiene la apariencia de "centralidad" y moderación.

El del PSC ha confirmado que la vacua pero obsesiva "centralidad" catalana ya no es de CDC. En generales, los socialistas catalanes obtuvieron más del doble de votos que los convergentes. A la vista de tales resultados, insistir en que se es casa gran del catalanisme, como sigue haciendo Mas, o seguir vendiéndose como el pal de paller de Cataluña mueve a risa. Los socialistas ostentan todos los niveles de poder que afectan a un catalán, y los medios se han rendido a la evidencia. El último elemento decorativo para disipar cualquier recelo era la aceptación de Cataluña como nación, lo que no es nuevo, aunque lo parezca. En mi carné del PSC del año 80 ya venía esa superstición.
Juan Carlos Girauta es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Congreso del PSC
La opa
Nucleares, sí, gracias; laicidad, ni mentarla; orgullo gay, el justito; eutanasia, ni en broma; et caetera. Vaya, que le dicen al observador inadvertido que se trata de un discurso de David Cameron ante el grupo parlamentario de los tories, y cuela.
José García Domínguez Libertad Digital 21 Julio 2008

Con el Tripartito consolidado y convertido en la opción estratégica de la izquierda nacionalista –la única realmente existente, por lo demás – , y la sucursal local del Partido Popular transformada de nuevo en el apéndice menor de CiU que ya fuera en tiempos de Piqué, el PSC se apresta a lograr su objetivo político más ambicioso: invadir el espacio político del pujolismo. Se trata de ocupar aquella famosa centralidad transversal que garantizó a los nietos de Cambó la hegemonía indiscutible y un poder omnímodo dentro del Oasis durante los veintitrés interminables años de su hégira. Así, como quien no quiere la cosa, a lo tonto, Montilla acaba de presentar una auténtica opa contra los restos del naufragio del catalanismo conservador, tal como el domingo reconocía un conspicuo convergente en La Vanguardia.

Operación de gran calado doméstico que, además, emprende con la tranquilidad de saber que la jugada le saldrá gratis total: Los votos que en ese reposicionamiento pudiera perder por la izquierda se quedarán en el zurrón de sus dos pequeños satélites, ya huyan los sufragios disidentes hacia los neocomunistas de Saura o recalen en los brazos de la Esquerra. Y en cuanto al flanco opuesto, el de la derecha españolista, simplemente, ese riesgo potencial ha desaparecido del escenario tras el burdo aterrizaje de Camacho en Barcelona.

Cubierta la retaguardia, en su expedición de conquista hacía el territorio político, moral y estético del partido de los tenderos, el PSC tiene muchísimo que ganar y nada que perder. Por lo demás, sólo en esa clave parricida cabe entender las inopinadas conclusiones de su congreso: Mucho informe sobre infraestructuras; mucho canto a la obra pública; nucleares, sí, gracias; laicidad, ni mentarla; orgullo gay, el justito; eutanasia, ni en broma; et caetera. Vaya, que le dicen al observador inadvertido que se trata de un discurso de David Cameron ante el grupo parlamentario de los tories, y cuela.

Se comprende, pues, que el nerviosismo de los "xenófobos de mierda" –Joan Ferran dixit– ante semejante operación de acoso y derribo los haya empujado a violar la más importante de las leyes no escritas de Matrix. Y es que el estricto canon preventivo de la corrección política catalana prohíbe afear los destrozos gramáticos, fonéticos y sintácticos que la charnegada agradecida comete a diario contra la lengua de San Pompeu Fabra; no fuera a ser que los provocadores a sueldo de Madrid aprovecharan el patético asunto con tal de romper nuestra idílica "cohesión social". Que, no obstante, Convergencia se haya atrevido a abrir esa peligrosísima –para ellos – Caja de Pandora sólo indica una evidencia: el asunto de la opa va en serio.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Encerrona del PSC a Zapatero
Pablo Sebastián Estrella Digital 21 Julio 2008

El PSC-PSOE de Montilla se ha enganchado, con tonos desafiantes ante las narices del líder Zapatero, como furgón de cola del último tren de la nación soberana, catalana y vasca, en cuya cabecera ya están el PNV de Ibarretxe, y CiU de Mas —con Duran Lleida en coche cama y plácidamente dormido—, pidiendo ambos autodeterminación, con lo que ya tenemos otra legislatura al ritmo de tambores confederales, por más que desde el PSC nos digan que ellos sólo tocan marchas federales, pidiendo, para empezar, la reforma de la Constitución.

Y al tiempo que le advierten a Zapatero que este PSC está por encima del PSOE y del Gobierno, mientras exhiben —por indicación de Maragall— los 26 diputados que tienen en Madrid, exigiéndole, como prenda e impuesto revolucionario federal, la revisión a su favor de la financiación autonómica, en menoscabo de las Comunidades más débiles. Y señalando Montilla con el dedo acusador a su secretario general al decirle eso de “tú votaste a favor del Estatuto”, para culparle, si llegara el caso, de toda reforma o anulación que pudiera introducir el Tribunal Constitucional, al que por lo visto el PSC sólo acata si les da la razón.

Y esto lo hace Montilla, un líder endeble y acomplejado por su condición de charnego y mal hablador del catalán, ante Zapatero porque sabe que, al margen del talante, la sonrisa, la “zeta”, y el marketing y la propaganda que protege la verdadera y liviana identidad del presidente, su líder en el PSOE está en uno de sus peores momentos, porque se enfrenta a una crisis económica que ha negado durante los últimos dos años y que está causando estragos en la sociedad. Crisis que se complicará con el ingrediente de un renovado debate confederal —como se le complicó la negociación con ETA al unirla al nuevo Estatuto catalán—, como el que Zapatero creía superado, pero que reverdece, una y otra vez, al hilo de sus inolvidables palabras de: “Apoyaré en Madrid lo que apruebe el Parlamento catalán” y “La nación —española— es discutida y discutible”.

El discurso de Aznar, en el congreso valenciano del PP, maltratando, ante todos los militantes, el liderazgo y la renovación del PP liderada por Rajoy fue sólo una anécdota de un político irresponsable y dañino que está fuera de la vida pública y de la realidad, comparado con la encerrona de Montilla a su secretario general, en asuntos que no sólo son competencia del PSC-PSOE, sino que afectan al gobierno de la nación, a la estabilidad territorial y a la cohesión nacional. Ese peligroso juguete con el que tanto se divirtió Zapatero en la pasada legislatura y que se vuelve contra él, apuntándole a la cabeza, como un agresivo y fatal bumerán.

Menudo trágala le ha organizado el PSC a Zapatero en pleno delirio de la crisis económica. Y eso que se adelantó José Blanco para regalarles los oídos y garantizarles que el idioma castellano seguirá siendo postergado y maltratado en Cataluña, en menoscabo de los derechos fundamentales de los hispanoparlantes, y hacer un poco el payaso a base de agredir al PP y a su líder, Rajoy. El mismo con el que Zapatero quiere negociar, el próximo miércoles en la Moncloa, pactos de Estado, sobre justicia, Autonomías, la economía y la política exterior, mientras desde su partido lo tratan como un vulgar crispador, y no como el líder de la oposición.

A José Blanco —como a Caldera—, Zapatero le dio una patada hacia arriba pero lo suficientemente moderada como para que no llegara a ministro. Y, ahora, al vicesecretario general del PSOE —que ridículamente se compara con Alfonso Guerra, que fue vicepresidente del Gobierno y vicesecretario—, se ha quedado para “vestir santos”, y decir ocurrencias como el portavoz del partido. El malo de una película en la que el único bueno es Zapatero. Blanco, perdido el control de la organización, quedó reducido a insultador oficial del PP. Basta repasar sus últimas declaraciones, en las que no hay el menor discurso o idea políticas, sino infantiles descalificaciones del PP y unos chistes de mal gusto, con los que se gana el sueldo y la posición.

Naturalmente, en este país donde la mentira forma parte de la vida política, ni Zapatero ni Blanco reconocerán que Montilla les ha tendido una trampa y una encerrona que debilita, más si cabe, los problemas de estabilidad del Gobierno nacional, que, si tiene problemas con sus compañeros del PSC, ya se pueden imaginar lo que les espera con PNV y CiU, en un tiempo en el que nadie, ante las próximas citas electorales, querrá aparecer de la mano del Gobierno y del partido que tienen su parte de culpa, importante, en esta galopante crisis de la economía, por no decir la verdad y despreciarla desde hace dos años. Y lo que es peor, ahora sus compañeros del PSC amenazan y señalan con el dedo a Zapatero, con cuestiones de fondo que tienen que ver con algo tan importante como la cohesión nacional.

Cataluña o el epicentro político
José Antonio Zarzalejos Estrella Digital 21 Julio 2008

En el contexto de la llamada cuestión territorial, Cataluña plantea un desafío al conjunto de España muy superior, tragedias irreversibles causadas por el terrorismo al margen, al del País Vasco. La tensión segregacionista en Cataluña nace con fuerza, no tanto con la derogación en 1714 por Felipe V de los fueros catalanes con los Decretos de Nueva Planta, sino más bien a finales del siglo XIX con el Romanticismo nacionalista, fuertemente vinculado a la lengua y a la cultura propias. Luego ofrece episodios muy agudos durante todo el primer tercio del siglo XX, estalla en plena II República —la declaración del Estado catalán en 1934— y, ya en la democracia, logra la revisión del sistema estatutario derivado de la Constitución de 1978 e incorpora en el 2006 el concepto de nación en el preámbulo de su nuevo Estatuto.

La diferencia entre Cataluña y el País Vasco se ha comprobado en el XI Congreso del PSC, celebrado el pasado fin de semana, y consiste en que los socialistas participan —a su manera y desde la izquierda— de ese concepto transversal y teorético del “catalanismo”. Los vascos no tienen un concepto semejante porque no hay “vasquismo” socio-político, sino sólo un esquema simple y hostil: nacionalismo y no nacionalismo (¿constitucionalismo?). Aquellos —los catalanes— no basan su identidad diferenciada en los elementos étnicos ni en mitologías exorbitantes como los nacionalistas vascos, sino en las posibilidades de cohesión de una lengua romance con una masa crítica de casi diez millones de hablantes y en una voluntad actual de sus partidos por profundizar en un autogobierno que CDC formula en términos soberanistas y el PSC en federalistas.

Entre los unos y los otros hay diferencia, pero el problema es el mismo: la Constitución establece un modelo estatal unitario autonómico, con un concepto tradicional de la soberanía —poder único que reside en el pueblo español como sujeto político— y un sistema competencial determinado. Alterar cualquiera de estos grandes vectores constitucionales requiere ineludiblemente, no de una reforma constitucional convencional, sino de la apertura de un auténtico proceso constituyente.

Es posible que esta renovada presión sobre los desgastados materiales constitucionales de 1978 tenga más un sentido táctico que estratégico con el fin de que el PSC logre esa “centralidad” que en Cataluña le permite dirigir un Gobierno tripartito de izquierda heterogénea suficiente para dejar a CiU en la bancada de la oposición. Pero esta adhesión socialista catalana a la reforma federal de la Constitución contiene un enorme riesgo y remite a la historia, sabia maestra, que enseña que Cataluña es el epicentro de la política española. Ya lo señalaron en su momento los grandes intérpretes de la nación española como Ortega y Gasset (España invertebrada) y Salvador de Madariaga (España y, sobre todo, Memorias de un federalista), que detectaron allí el terreno en el que la política española debía trabajar con más ahínco y perseverancia. Desde hace casi un siglo las cosas, aun cambiando mucho, lo han hecho poco: los dos partidos nacionales comprueban —no sin alguna desolación— que la victoria socialista y el fracaso popular en las últimas elecciones generales se cuajó en el Principado; que es allí en donde el bilingüismo es un fenómeno real y que sólo en Cataluña prácticamente todo el arco parlamentario participa de un espíritu segregacionista que se cree con fuerzas y ocasiones para alterar la naturaleza del Estado actual y transformarlo en federal asimétrico (PSC) o confederal (CiU).

Tras estas formulaciones políticas late una de naturaleza económica que, a mi juicio, con notable torpeza por su carácter innecesario, ha quedado patente con la publicación de las balanzas fiscales —aportación de los territorios al Estado y retorno del gasto estatal a las distintas Comunidades— que, sin resolver ni descubrir nada, ha contextualizado una reclamación coral de los partidos catalanes para abordar con superioridad moral —al menos en apariencia— la negociación de la financiación autonómica que mañana se ha de sustanciar en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. La propuesta de financiación autonómica que ha planteado Solbes —un tanto confusa e inconcreta pero muy amplia— tiene pocas posibilidades de prosperar, y más aún después de los Congresos de CDC y del PSC, que van mucho más allá de la participación en este o aquel impuesto y alcanzan a cuestionar el modelo de Estado. De este desafío formulado desde el epicentro de la política española —Cataluña— tendrán que hablar igualmente Zapatero y Rajoy porque preocupa y ocupa bastante más que la tosquedad de Ibarretxe y de su abracadabrante segunda versión de su plan independentista.

Desbarrar con la barretina
José Javaloyes Estrella Digital 21 Julio 2008

¿Es el mismo partido el PSOE que el PSC? Entre la “E” de uno y la “C” del otro hay algo más que una simple modalidad —federal— de organización, vista la petición de los socialistas catalanes. Su petición de una reforma federalista de la Ley Fundamental española para que quepan cosas en ella de naturaleza supraconfederal —que incluso exceden los mismos límites del modelo helvético y de la propia fórmula puertorriqueña del Estado Libre Asociado, como es el caso de institucionalizada representación internacional…—, esa petición resulta pretensión desaforada, al margen de toda medida constitucional.

Nada de seny (ponderación) y todo de rauxa (enloquecimiento). Es la demencia nacionalista llevada hasta sus últimas consecuencias en el orden de las pretensiones partidistas. Aunque cierto es, y así deba reconocerse, que lo ahora demandado resulta del todo congruente con las propuestas del presidente Rodríguez durante el arranque de su primer mandato como presidente del Consejo. Justo cuando dijo que sacaría adelante cuanto facturara políticamente el Parlamento catalán, o cuando arrancó con aquello de que “nación es un concepto discutido y discutible”. Siempre, claro está, que no se trate de la idea de nación referida a Cataluña.

La cosa va bastante más allá del hecho de ignorar que la Constitución de 1978, con la que se estableció el Estado Autonómico”, es una Ley materialmente federal si se comparan los gastos presupuestarios de la Administración Central con los conseguidos por las Administraciones Autonómicas, tomando como referencia la relación proporcional existente en este mismo sentido, en el caso de USA, entre el Gobierno Federal y los propios de los Estados de la Unión. Y ello sin tener en cuenta al punto a que se ha llegado en España en las competencias de todo orden transferidas a las Autonomías más allá de la idea de gasto. Algunas de tan capital importancia como la Enseñanza y la cooficialidad de los distintos idiomas regionales. Hay una visión finalista del Estado Autonómico que lo entiende como punto de llegada, como meta, y otra indefinidamente continuista, como modelo abierto, sin techo y sin tope de progresión. Como si la Constitución de 1978 fuera la línea de salida hacia no se sabe qué destino de disgregación del Estado.

De federalismo real y material vamos más que servidos los españoles, tanto por las insuficiencias sistémicas de nuestra Constitución —advertidas en sus dictámenes al respecto por el Consejo de Estado—, como por lo que ha sido la práctica política de las transferencias llevadas a efecto por los distintos gobiernos. Algo que incluye, explosivamente, la conjunción diabólica de tales insuficiencias en la estructura constitucional con las prerrogativas que concede la Ley Electoral a los partidos nacionalistas. Ello conduce a que la estabilidad parlamentaria se consiga, por vía de la negociación con los nacionalismos, a expensas de la estabilidad constitucional.

Lleva esta práctica aberrante a la desmedulación progresiva del Estado. Y de esta manera, aunque la idea y la realidad de España subsisten, su esqueleto estatal queda sometido a proceso de osteoporosis que un mal y no lejano día le conducirá a rodar por los suelos con la cadera rota.

Se dirá entonces que tampoco pasa nada, pues el significado España se suple con los preservados significantes suyos —Bandera, Corona, etc.—. Y entre tanto, desde el Consejo de Ministros del mismo partido que segrega por amitosis federal hipótesis y modelos de fragmentación como el del PSC de Cataluña, se seguirá también con la flatulencia semántica, especialmente con eso del ya manido recurso del “Gobierno de España”, acuñado para las últimas elecciones.

Ante la mirada oblicua de la sobrina/nieta de Lenin entronizada en Ferraz, el PSOE, arrollado por la crisis económica, desbarra con la barretina —“cien años de honradez y otros tantos de Renaixença— para asegurarse, mediante el dominio de la “Marca” de Cataluña y el pacto con el nacionalismo pequeñoburgués, el prorrogado control del crepúsculo del Estado. Ya menos confederal que cantonal.

jose@javaloyes.net

Siembra de terror
EDITORIAL El Correo 21 Julio 2008

La banda terrorista ETA dio inicio ayer en Cantabria a su siempre previsible campaña estival de atentados violentando con sus bombas, una vez más, la tranquilidad y el sosiego de los cántabros y de los miles de ciudadanos vascos que acostumbran a disfrutar del descanso en la vecina comunidad. Los cuatro artefactos que los terroristas hicieron estallar en Laredo y Noja provocaron la inquietud y la airada indignación de una sociedad que está más que harta de la bárbara prepotencia con la que los etarras señalan sus objetivos y reivindican después cada ataque incluyéndolo en el consabido listado. Los activistas del terror se ven en la necesidad de agrupar sus incalificables crímenes como si sumarlos concediera algún sentido a sus macabras actuaciones; como si el patetismo fundamentalista de sus actos adquiriera así una dimensión estratégica.

Las cuatro bombas que ayer explotaron en Cantabria fueron una buena muestra del desprecio que los terroristas sienten hacia la vida y la libertad de los demás ciudadanos; de su obstinada pretensión de hacerse valer mediante la perpetuación de la violencia. Pero esos cuatro artefactos reflejaron también la extrema debilidad de una trama que es capaz de golpear cuando puede y donde puede, pero no cuando quiere y donde quiere. Es capaz de perturbar la paz en dos lugares de veraneo, pero en ningún caso puede resquebrajar la voluntad democrática de todo un país que sólo espera su definitiva desaparición. Ayer el mal tiempo atenuó las consecuencias que hubiesen causado los atentados de ETA en un domingo soleado, frustrando probablemente las expectativas que los terroristas habían depositado en el eco directo de las explosiones. Pero las intenciones que los etarras rubricaron en Laredo y Noja obligan a las fuerzas y cuerpos de seguridad a extremar la vigilancia para prevenir nuevos atentados en los días y las semanas venideras. Y obliga igualmente a instituciones y partidos a proseguir, con más fuerza aún si cabe, en la denuncia y la condena del terror, invitando a los ciudadanos a disfrutar del verano sin dejar de exteriorizar por ello la repulsa que les merece toda acción terrorista. Entre otras razones porque será así como la lógica preocupación por la persistencia de la amenaza etarra continuará cediendo terreno a la certeza de una pronta victoria democrática sobre el terror.

La campaña veraniega de bombas de ETA merece una respuesta
Elsemanaldigital  21 Julio 2008

Todos los veranos la banda terrorista ETA emprende una campaña de bombas en lugares de veraneo con la doble finalidad de hacerse notar en un momento en el que cientos de miles de personas de todas las nacionalidades visitan nuestro país y de perjudicar los intereses del sector turístico, fundamental para la economía española. Esta campaña se ha acabado convirtiendo en una lamentable tradición, tan repetida como ineficaz en la consecución del objetivo de espantar el turismo.

Este año ha sido Cantabria, la Comunidad costera vecina al País Vasco, la elegida por los terroristas para poner las primeras bombas, que, afortunadamente, no han producido daños personales ni materiales de entidad. También la localidad vizcaína de Guecho, otro objetivo frecuente de los criminales, ha sufrido un ataque a una sucursal bancaria, igualmente de escasa consideración.

Durante el domingo, en el que han ocurrido los atentados, el único miembro del Gobierno que ha considerado oportuno valorar lo sucedido ha sido el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien ha asegurado que cada vez transcurre menos tiempo "entre el día en que un malhechor de ETA pone una bomba" y su ingreso en prisión, por lo cual "la mejor forma de asegurarse una estancia en prisión" en España es ingresar en la banda terrorista.

Estas declaraciones pueden considerarse un mensaje dirigido no sólo a la cantera etarra, sino también a los propios presos de la banda que, según informaciones difundidas desde el entorno gubernamental estos días, estarían debatiendo sobre el abandono del terrorismo. Sin embargo, coinciden con un momento en el que la sensibilidad social no se contenta ya con condenas muy insuficientes en relación con el sufrimiento causado por los criminales.

En este sentido, el caso De Juana Chaos se ha convertido una vez más en la piedra de toque de una política penal que necesita ser reconsiderada en profundidad desde una perspectiva que ponga en primer plano la satisfacción de la deuda de Justicia y de reconocimiento que el Estado y la sociedad tienen adquirida con la víctimas del terrorismo por el hecho de serlo. Por eso lo que se espera oír del ministro del Interior es un compromiso para emprender las reformas legislativas necesarias para garantizar penas reales verdaderamente proporcionadas a la gravedad de los delitos, y para proteger a las víctimas frente a humillaciones como la de tener que vivir a dos pasos de sus verdugos o pasear por calles dedicadas a los criminales.

En realidad, quien debería pronunciarse es el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cuya actitud respecto del terrorismo desde que fracasó el extraviado "proceso del paz" que le ocupó buena parte de la pasada legislatura es de un mutismo difícilmente comprensible. La excusa de que a los terroristas no hay que darles protagonismo no vale siempre ni para todo; lo menos que se puede esperar y exigir de un jefe del Ejecutivo es que lidere la lucha contra el terrorismo, también de manera simbólica asumiendo personalmente las iniciativas precisas.

¡No es difícil acabar con ETA!
Jesús Salamanca Minuto Digital 21 Julio 2008

El grupo de sádicos del País Vasco, dedicado al terrorismo urbano, ha vuelto a alterar la vida de los españoles. Las localidades cántabras de Noja y Laredo han comprobado cómo se las gasta el grupo criminal etarra y cómo quiere tener su parte de protagonismo en los medios de comunicación durante la aburrida época estival.

Nos decía hace poco un amigo que en vez de llamarse ETA, debería llamarse grupo terrorista GAFE (Grupo Armado de Fanáticos de Euskadi). Sea como fuere, y se llamen como queramos llamarlos, el caso es que este grupo socialista, terrorista y abertzale no está dispuesto a dejar las armas. Ni siquiera aunque sus presos se lo exijan, como así lo han hecho; sobre todo desde que hace tiempo comprueban que los cabecillas salen de la cárcel enseguida y algunos presos defendidos por Askatasuna no verán la calle hasta que tengan casi setenta años. Tanto esa organización, como Etxerat, se embolsan cuanto pueden para ETA, mientras que a los que dicen defender ven cómo se pudren en los ‘hoteles gratuitos’ del Estado.

Se impone la necesidad de atar corto a esta gente y avanzar hacia la legalización del cumplimiento íntegro de las penas. No hay que descartar a corto plazo la cadena perpetua. Incluso, vayamos más lejos, en un Estado aconfesional (¡Ojo, no es lo mismo que laico!) habría que plantearse con seriedad la pena de muerte para casos de terrorismo, violencia doméstica y pederastia. Si alguien desea llevarse las manos a la cabeza está en su derecho de hacerlo, pero o cogemos el toro por los cuernos o la sociedad civil acabará pagando los platos rotos. Esos son temas mucho más urgentes y de más enjundia que la política socialista a favor del aborto que, por cierto, cada vez interesa a menos gente seria.

ETA ha abierto un proceso de discusión sobre el futuro de la organización terrorista. Y una vez que el Ministerio del Interior ha formado ‘el trío arbitral’ para hacer un seguimiento, seguramente ETA se habrá ‘partido los ejes’ con semejante estupidez. Y es que, cuando un Gobierno no hace nunca nada serio, en el momento de intentar hacerlo bien acaba montando un circo que suele ser objeto de mofa y escándalo.

¿A dónde quiere llegar ese grupo de seguimiento creado por el Ministerio de Alfredo Pérez? ¿O pretende demostrar que el comisario, Manolo Risco, es experto en terrorismo? No debería perder el tiempo Rubalcaba, pues Risco es a la seriedad contra ETA, lo que Evaristo (Risto) a la elegancia, la amabilidad, el talante y el saber estar.

Los tres funcionarios del grupo no parecen convencer a nadie. Ni siquiera se gustan entre ellos. Y menos mientras esté entre ellos el comisario de la Policía Nacional sobre el que recaen todas las sospechas de los chivatazos en el asunto de la extorsión de ETA. El juez Garzón podrá decir cuanto le plazca, pero el hecho de que siga esperando el tema tan tapado y bien tapado el asunto, las sospechas son cada día mayores.

En este momento es muy fácil acabar con ETA, si se controla a quien menea el árbol y a quien recoge las nueces. Mientras ETA busca el independentismo con las bombas y amenazas, el PNV sigue extorsionando a la sociedad vasca y amenazando a la sociedad española. El nacionalismo es un retraso ancestral; es un avance de cangrejo impedido; es una estupidez con la bandera arrastrando y un incordio amarranado para la evolución de cualquier sociedad desarrollada como la española.

Sea como fuere, nuestro temor antes o después se verá confirmado. Al tiempo. En temas de ETA, y visto lo visto estos años de atrás, sobre todo mientras duró la tregua-trampa con la que nos engañó el Gobierno, Garzón nos ofrece menos seguridad y confianza que un infante a la puerta de un colegio con una escopeta de cañones recortados. Lo dicho nos recuerda un pensamiento de Platón que nosotros adaptamos al momento y a los hechos. Y es que los mentirosos y tramposos, a quienes se les ve la oreja rojilla, habituados a mentir y a engañar, son tolerados en la sociedad como un mal cada vez más innecesario.

ETA y la encrucijada de Zapatero

Es en estos momentos cuando los españoles podrán juzgar a los socialistas por sus hechos y comprobar si sus promesas de firmeza valen lo mismo o más que los reiterados engaños y enredos en torno a la crisis económica.
EDITORIAL Libertad Digital 21 Julio 2008

Como lleva ocurriendo hace décadas, tras el último desafío del PNV a España y su atajo inicial por parte del Tribunal Constitucional, ETA, que a través del PCTV apoyó la iniciativa secesionista de Ibarretxe, vuelve a intentar amedrentar a los españoles y a tratar de torcer la voluntad del Gobierno mediante una campaña de terror. Los peores augurios, una peculiar aportación terrorista al separatismo en el momento en que éste más lo necesita, se han cumplido.

Los últimos atentados coinciden además con dos hechos que han provocado el escándalo y la indignación de la opinión pública. La inminente liberación de De Juana Chaos y la próxima de Arnaldo Otegi. Esta vez el Gobierno parece haber escuchado las demandas de la población y de la oposición y en principio está dispuesto a tomar y proponer las medidas legales que impidan que la salida a la calle de los terroristas y sus cómplices se convierta en una humillación para sus víctimas. Todos estos hechos ponen al Ejecutivo de Zapatero ante una complicada situación: una nueva ofensiva de ETA y su entorno para lograr del PSOE lo que ya consiguiera en la pasada legislatura, el torcimiento del Estado de derecho en aras del mal llamado proceso de paz

Las manifestaciones del Gobierno de los últimos meses tuvieron como objetivo demostrar a la ciudadanía que la política de Rodríguez Zapatero había cambiado y que ya no habría más concesiones ni negociaciones con los terroristas, y que además el PSOE no consideraba a ETA un interlocutor político válido. Sin embargo, es en estos momentos cuando los españoles podrán juzgar a los socialistas por sus hechos y comprobar si sus promesas de firmeza valen lo mismo o más que los reiterados engaños y enredos en torno a la crisis económica.

A este respecto, es preciso señalar que los primeros cien días de la segunda legislatura de Zapatero no podían haber sido más aciagos. A la sombra alargada de la recesión hay que sumar la pugna de poder en el seno del Ejecutivo entre Solbes y Sebastián y los nuevos retos planteados por los separatistas en distintas comunidades autónomas. Las bombas de ETA no son sino el triste colofón de unos meses que serán recordados como uno de los periodos de peor gobernabilidad de la democracia española.

Ante Zapatero, la oportunidad de contestar a los terroristas como cabe esperar, usando a las Fuerzas de Seguridad del Estado y animando a la Justicia a investigar las tramas de financiación y entrenamiento de los terroristas, o bien empeorando aún más la situación general de España flaqueando de nuevo ante los totalitarios. Lo primero sería lo normal en un Estado democrático. Lo segundo confirmaría que nada de lo que pueda decir el presidente del Gobierno merece la confianza de los ciudadanos, muchos de los cuales inician sus vacaciones inquietos por la enésima escalada de terror de ETA. Por si esto fuera poco, en el horizonte las próximas elecciones autonómicas vascas, ante las que es más que probable que los terroristas ya hayan diseñado una táctica para conseguir presentarse a los comicios. La guerra contra ETA tiene muchos frentes que el Gobierno no debería descuidar. Esperemos que al menos en este asunto aún le quede sentido de la responsabilidad.

ETA, nuestra tormenta de verano

Miguel Angel Rodríguez Estrella Digital 21 Julio 2008

Es casi una macabra tradición desde hace tres décadas. Llega julio. Termina la Liga y concluye el curso escolar. Empiezan las vacaciones. Y con ellas la “campaña” veraniega de ETA. Cuatro bombas en localidades turísticas de la costa de Cantabria son su particular arranque de la temporada 2008.

En esta ocasión no hubo que lamentar heridos. Sólo daños materiales por las dos explosiones producidas en la playa de Laredo —uno de los lugares más turísticos de la región— y las ocurridas en la playa de Ris y el campo de golf de Noja.

Una vez más, los terroristas atacan como más daño pueden hacer. Amedrentando al turismo que tan importante es para nuestra cada vez más titubeante economía. Desde 1979 han matado a seis personas y herido a varias decenas con artefactos explosivos detonados en la época estival. En la memoria reciente destaca el verano del 2002, cuando dos personas fueron asesinadas, o el del 2004, con ocho atentados en zonas de gran afluencia turística.

Tras las explosiones, el presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, invitó al lehendakari a pronunciarse públicamente para “deslegitimar política y socialmente al terrorismo y colaborar en su derrota”. Mucho pedir quizá para un Gobierno que, hasta hace apenas unos días, seguía planteando referéndums y medidas que no hacen otra cosa que alentar a aquellos que creen que la independencia del País Vasco es verdaderamente factible.

De hecho, el Gobierno de Ibarretxe sigue en la misma línea a pesar de las bombas. Minutos después de la última detonación, el ejecutivo autonómico expresó en un comunicado que “la sociedad vasca no va a permitir que ETA decida el futuro político de este país, porque nos corresponde única y exclusivamente a nosotros, al conjunto de personas que vivimos y trabajamos en Euskadi, decidir cómo queremos ser y cómo queremos vivir”. Habría que preguntar al lehendakari a quién se refiere exactamente cuando dice “este país”, y si la decisión que piensan tomar los que “viven y trabajan en Euskadi” pasa por las urnas. Me da la impresión que sí.

La crisis y el Estatut pasan factura en el bosque de La Moncloa
Antonio Jiménez elsemanaldigital 21 Julio 2008

Como fruta madura, ya ácida y desagradable al paladar, caen a diario los datos negativos que revelan el alcance y calado de la crisis económica que hasta Solbes reconoce ahora que es mas grave y compleja que la del 93-94. Cuatro meses después de los últimos comicios que ganó Zapatero con propuestas como la de los 400 euros tan ineficaces como populistas y demagógicas y eslóganes gratuitos como el de situar a España en la Champions League de la economía, empiezan a advertirse las consecuencias del maquillaje abusivo utilizado para ocultar la realidad .

La ensoñación del presidente empeñado en pintarnos, antes por interés electoral y en estos momentos por simple incompetencia a la hora de buscar soluciones, un panorama económico ajeno a terremotos financieros como el causado por la suspensión de pagos de Martinsa Fadesa y los siguientes por llegar, empieza a pasarle factura a su imagen y a las expectativas electorales del PSOE. En Galicia, próxima cita con las urnas, los populares trabajan convencidos en una victoria que podría ser por mayoría absoluta si el gobierno social nacionalista de Pérez Touriño-Quintana no adelanta a otoño las elecciones y las convoca en marzo de 2009 cuando los efectos de la crisis sean más evidentes y alarmantes debido, en gran medida, a la inacción de Zapatero que a día de hoy sigue ciego y sordo ante las alarmas rojas que diariamente encienden los indicadores económicos.

La economía española sufre, por un lado, la imprevisión de una legislatura en la que el Gobierno se cruzó de brazos y se dedicó a vivir de la renta heredada del anterior ejecutivo popular , por otro, una parálisis consecuente con la actitud indolente de Zapatero obcecado en transmitir un optimismo impostado que se estrella con la percepción pesimista de la situación que mayoritariamente expresan los ciudadanos en las encuestas. La próxima semana se verá con Rajoy en La Moncloa y mientras el líder de la oposición insiste en que la entrevista debe centrarse en buscarle salidas a la crisis, Zapatero quiere imponer una agenda al margen de la economía y referenciada principalmente en la renovación del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial como si los problemas de la justicia fueran más acuciantes y prioritarios que los económicos.

En este escenario previo a la recesión nos encontramos, además, con el añadido de otro frente abierto por Zapatero en la anterior legislatura y que ahora amenaza con convertirse en fuente de agravio y conflicto entre las comunidades que más aportan a la caja común y las que son receptoras netas, dado el temor expresado por éstas últimas a salir perjudicadas del nuevo modelo de reparto que quiere imponer Cataluña con el visto bueno de Comunidad Valenciana y Baleares en un momento en que hay mucho menos para repartir y las arcas públicas se alejan del superávit de los últimos años para acercarse al déficit inevitablemente asociado con el paro y la recesión. De aquellos polvos del Estatut, impulsado irresponsablemente por Zapatero y el PSOE, cuyo presidente Manuel Chaves lo justificó afirmando que "lo que es bueno para Cataluña también lo es para Andalucía", son estos lodos. Otra factura más que tendrá que lidiar Zapatero por su imprudente y frívolo proceder durante el primer mandato.

ZP y RJ pactaran enterrar la cispación y a la oposición.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 21 Julio 2008

Cuando tus contrarios dicen de ti que eres un zote sin serlo pero asumes que lo eres porque si tus adversarios imperiales lo dicen igual es verdad, es que eres un zote de tomo y lomo. Si eres un partido político del que tus rivales, detentadores de la verdad absoluta indubitable e indiscutible, dicen de ti que tu labor de oposición es pura crispación antipatriótica y disruptiva y tu vas y te lo crees, no solo es que tu partido es un partido de cobardes sino de miedicas que se asustan cuando les hablan del tío del saco o se creen, porque se lo digan los de la progresía de izquierdas conservadora, que si se masturban no solo les saldrán granos sino que irán al infierno laico de cabeza.

En estos últimos años, la izquierda toda, hilada en cordón sanitario anti PP forrado de pacto del Tinel, ha ido recitando un mantra burdo y grosero repetido hasta las arcadas que dice “El PP no hace oposición, solo genera crispación”, y los poquitacosa del PP se achantan, agachan la cerviz y se arriman a sus oponentes para pedir árnica puestos de hinojos como inferiores que son musitando en una especie de acto de contrición con palabras del tipo “Seremos buenos y no crisparemos más, oh gran Zapatero, faro luz y guía de nuestro nuevo derrotero político, seremos a partir de hoy como tu nuevo Partido de los agricultores polacos, y como prueba de nuestro arrepentimiento observa que ya no hablamos en la COPE del savonarola cojo y solo lo hacemos en la SER del gran dios laico Polanco y altavoz de la verdad revelada por ti Zapatero, grande entre los grandes, magnánimo y virtuoso dirigente y regidor de nuestros destinos”

Si interiorizas, asumes y te crees las mentiras propaladas sobre ti por la agit-prop de tu adversario eres ya un zombi por control remoto dirigido por tus oponentes. Eso le ha pasado al PP, que va a formalizar con Zapatero en la próxima visita ad limina que hará Rajoy al mini vaticano de la iglesia laica progre conservadora, la muerte y el enterramiento de la crispación y con ello de la oposición.

El País, ideólogo oficial de la iglesia laica progre, y que últimamente solo ejerce de tal en los días de alto el fuego de la II Guerra Interprogres lo ha bordado hoy con esa maestría periodística y falaz que solo el es capaz de enhebrar. Sobre la visita ad limina y de rendición de pleitesía de RJ a ZP publica un artículo que titula:

“Zapatero y Rajoy, preparados para un gran acuerdo que excluye la economía.
El jefe de la oposición busca la imagen de hombre de Estado contra el voto anti-PP”

Pero en portada no lo titula así, aprovecha para lanzar el mensaje de que por fin Rajoy va a oficializar el enterramiento de la crispación y la conversión del PP en el Partido de los corderos silentes y para ello titula en primera: “Zapatero y Rajoy ofrecen un pacto para enterrar la crispación”

Si como la progresía ha venido reiterando, la oposición que hacía el PP era pura crispación y ahora van a enterrar la crispación, El País está proclamando subliminalmente que se va a enterrar a la oposición y que lo que surgirá de la visita será otra cosa, un partido satélite y teledirigido por la izquierda conservadora, que además de genuflexo no va a volver a ser crispador.

Y la técnica que utilizarán los socialistas ya la ha desvelado Pepe Blanco, a poco que alcen la voz los del PP en algo, les amenazan con volver a reprocharles agriamente que han vuelto a la crispación y eso hará que no se desmanden los corderos del PP y se mantengan en el redil multicultural y polipartidista de la progresía, pero sin tener carnets de progres. Por el contrario, si se portan como es debido, si no alzan la cerviz, si no dicen ya nunca más que Zapatero miente, entonces ya nos anticipa El País cual va a ser el caramelito para el perrito faldero de Rajoy, le van a llamar siempre y a partir de la visita “hombre de estado”. Como ven, nihil novum sub sole, es el mismo truco que empleaba Felipe González con Fraga, cuando le decía que le cabía todo el estado en la cabeza y le nombró Jefe de la leal oposición.

El voto que por tres veces he dado al PP lo perdieron hace ya unas semanas y no lo volveré a repetir, con este acto de cobardía política y estulticia solemne perderá el PP el respeto que le tenía. Si algo he aprendido en mi vida es que votar a un partido tipo Partido polaco de agricultores es no solo un acto se servilismo sino de estulticia y servil no quiero ser aunque lo de estulto ya no lo puedo asegurar.

Documentación
Imagen de la portada de El País con el titular sibilinamente subliminal y que nada tiene que ver con el titular del artículo al que apunta.

Artículo de El País al que apunta el titular anterior. Zapatero y Rajoy, preparados para un gran acuerdo que excluye la economía. El jefe de la oposición busca la imagen de hombre de Estado contra el voto anti-PP

La bisagra de siempre
IGNACIO CAMACHO ABC 21 Julio 2008

CIEN días de ejercicio dan para ver que este Gobierno sigue siendo tan ineficaz como en el anterior mandato para resolver los problemas, aunque ha mejorado su ya brillante habilidad para elaborar políticas gestuales -sobresaliente en tal aspecto para la ministra Chacón- y huecas retóricas de diseño. Es decir, más de lo mismo, en román paladino, nada que no supiésemos. La gran novedad de esta legislatura consiste en que, pese a haber incrementado su mayoría electoral, en votos y escaños, el Gabinete de Zapatero es más débil que antes, más frágil en su estructura parlamentaria, porque su crecimiento se produjo a costa de sus aliados soberanistas y de izquierda. De manera paradójica, la victoria del presidente le ha dejado más solo, más vulnerable y con menos capacidad de maniobra para encontrar socios que validen su todavía inédita actividad legislativa.

En estos momentos, la estabilidad del Gobierno está, en la práctica, en manos de Convergencia i Unió, la misma bisagra tradicional que sirvió a González y Aznar para apuntalar sus precarias mayorías relativas. Una bisagra que gira y se engrasa con partidas de fondos públicos. Y va a tardar en comprobarlo lo que tarde en presentar los próximos presupuestos, en cuya tramitación le esperan los nacionalistas catalanes -a los que se solía llamar «moderados» antes de que se echaran al monte del soberanismo- con la hucha petitoria presta. Para que Zapatero fuese viendo lo que le aguarda, se han preocupado en estos tres meses de hacerle perder unas cuantas votaciones, aprovechando que el nuevo perfil del PP permite aproximaciones utilitarias sin tener que comerse las actas del notario al que Artur Mas visitó un par de años atrás. Los gestos han sido claros: esta legislatura tiene la duración que quieran los señores de CiU. Como antes, como siempre. Sólo que ya no hablan, como Pujol, de la gobernabilidad de España, sino de la suficiencia de Cataluña.

Y el presidente lo sabe. Por eso ha tenido que hocicar con las balanzas fiscales, y por eso ha mandado al tío Pedro (Solbes) a hacer nuevos sudokus con la financiación autonómica. Las alharacas reivindicativas de Montilla son sólo cortinas de humo destinadas a parecer que las concesiones financieras y de inversión que el Gobierno tendrá que hacer a Cataluña serán triunfos del PSC y no de sus adversarios. Pero las cosas son como son. Ni Montilla ni su partido, por mucho que presuma de independencia, van a hacer caer jamás a un Gobierno socialista. CiU sí puede. Vaya si puede.

Y como antes, como siempre, la duración del Gobierno va a tener un precio y una factura. Expulsado del poder en Cataluña, el nacionalismo necesita hacerse valer en Madrid para mantener su crédito. Montilla se ha puesto a manotear y hacer aspavientos amenazadores -«quien bien te quiere te hará llorar»- para que parezca que es él quien arranca la pasta, pero el calvario de Solbes empieza en septiembre, cuando se tenga que sentar a negociar el presupuesto de 2009. No lo hará con Montilla, sino con Duran i Lleida y sus colegas. Y éstos no quieren lágrimas, sino dinero. Todo este gimoteo de déficits fiscales y demás zarandajas no es más que la preparatoria de una cuenta de agravios que sólo se zanja echando mano a la cartera.

Céntrense ustedes, por favor
EDURNE URIARTE ABC 21 Julio 2008

Que un socialista aconseje centrismo al PP es algo así como Ibarretxe recomendando moderación a Artur Mas. Y no es que a Mas no le convenga la moderación sino que no está Ibarretxe como para dar consejos de ese tipo a nadie. Tampoco los socialistas y menos los catalanes, como Miquel Iceta, el último incorporado al club de los consejeros del centrismo, justamente un día antes de presentar el decálogo de principios del PSC catalanista y europeísta, que no español ni mucho menos españolista.

Para centrismo del recomendado por Iceta, el que necesitaría el PSOE para reconducir la radicalización del PSC. Si es que ello fuera posible y si Zapatero tuviera, además, voluntad de hacerlo. Que no tiene, porque él mismo alentó en la pasada legislatura la conversión nacionalista del PSC para llegar a lo que ahora acaba de certificar su XI Congreso. A la reivindicación de una reforma federalista de la Constitución que difícilmente se diferencia de las exigencias nacionalistas. O que no se diferencia en nada, más allá de la terminología.

No es cierto, como alegaba ayer Montilla con ese aire de impostada moderación con el que se ha entregado a los radicales del PSC, que se trate del mismo federalismo de siempre del PSOE. El tradicional federalismo de la izquierda española salida del franquismo era una reivindicación de descentralización. De lo que luego llegó a ser el Estado de las autonomías. Federalismo era lo mismo que autonomismo, como lo es, por otra parte, para una buena parte de los expertos en Ciencia Política.

Desde la consolidación del Estado de las autonomías, este federalismo del PSC es una radicalización del autonomismo, una reivindicación de nación catalana y de poder político propio que se acerca más al independentismo que al autonomismo. Federalismo significa superación del autonomismo.

Que nos explique Montilla qué diferencia hay entre la «estructura institucional plural del Estado federal» que propone el PSC y lo que reivindican el PNV o CIU. Que no hay referéndum de autodeterminación de por medio. Pero el resultado es muy parecido. Mientras lo logran, aconsejan centrismo al PP.

Si el inmigrante vota
Oscar Rivas Minuto Digital 21 Julio 2008

Los inmigrantes podrán votar en España. Lo anticipó el Gobierno del PSOE a través del compañero de pupitre de Zapatero, el Sr. Alonso, y lo confirmaron sus camaradas de partido en su pasado congreso de la muerte. Ya tardaban. Pero era cuestión de tiempo; tarde o temprano tenían que quitarse la máscara. Antes que después, los socialistas verían la necesidad de amortizar la exagerada demagogia que han vertido en torno a la cuestión inmigrante. ¿De qué habría servido sino el abundamiento en el rollo solidario; las interminables homilías loando las bondades del multiculturalismo; recordándonos la impagable aportación de la inmigración al desarrollo de nuestra nación? ¿Qué hubiera sido de España sin los “nuevos ciudadanos”? ¿Quién sino el racista o el xenófobo podía humanamente oponerse a la llegada de quienes únicamente deseaban alcanzar una vida mejor?

El discurso resultaba tan sesgado emocionalmente como carente de rigor, pero ahí precisamente residía su verdadero peligro: lejos de apelar a la razón succionaba el corazón. Tanto que a fuerza de repetirlo; de martillear nuestros tímpanos había logrado penetrar en miles de mentes. Hasta el punto de privarlas de la última gota de autonomía. Hasta el punto de eliminar los últimos residuos de pensamiento propio, y por ende, de libertad. Pero así es como hace fortuna el pensamiento único; el pseudo intelectualismo barato de Zapatero y su camada de manipuladores. Siempre encuentra incautos que hagan dogma de fe de sus mentiras. Es su particular ensayo sobre la ceguera. Pues dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver. Y eso es lo que parecía haberle sucedido a muchos de nuestros compatriotas que, o no veían, o no querían ver una realidad que, ahora sí, comienza a escupirles en la cara. Sobretodo, a los más desfavorecidos; a quienes se ven obligados, no ya a convivir con abismos culturales poco predispuestos a integrarse, sino también a competir por unos derechos sociales de los que antes disfrutaban y que ahora acaparan quienes se benefician de la discriminación positiva, o sea, los inmigrantes.

Este es el terreno que en los últimos años ha venido abonando el PSOE. Con sus regulaciones masivas, con su pasividad en los controles fronterizos, y no sin la connivencia silenciosa de una derecha que, solo en la última campaña comenzó a articular un discurso que sintonizaba con el sentir de la calle, la izquierda ha demostrado su reconocido dominio en el arte de la ingeniería social. Mientras el PP asumía sus complejos con sonrisa complaciente, el PSOE se dedicaba a diseñar un mapa electoral a su capricho. De manera paciente, pero no menos sibilina, allí donde las urnas rechazaban su presencia, allí el gobierno “depositaba” inmigrantes por doquier. Al punto de que hoy son las comunidades gobernadas por el PSOE las que menos padecen el rigor masivo de la inmigración. Contrariamente a lo que sucede en aquellas regiones en las que el PP cuenta con mayores índices de apoyo. Como coloquialmente se suele decir, mucha prédica y poco ejemplo. Pero así es el PSOE, persigue lo que quiere hasta conseguirlo, sin reparar en los costes, y mucho menos escatimando medios. Sin reparar en las vidas humanas que se quedarían en el mar; en los problemas de toda índole que generaría la llegada masiva de inmigrantes. Poco importaba. El PSOE quería votos al precio que fuera y los tendrá, le pese a quien le pese.

Si el gobierno socialista ha depositado tantas energías en implantar masivamente una inmigración que hace una década era prácticamente inexistente; y todo en pro de la consecución de su voto, es porque sabe que su apoyo será mayoritario. Tampoco parece casual que haya elegido este preciso momento para anunciar la propuesta; y que ni siquiera se molesten en ocultar sus prisas por hacerla efectiva –la cifran para las autonómicas y municipales de 2011-. Sumida como está España en la peor crisis de las últimas décadas, parece lógico que Zapatero asuma los mayores costes electorales. De ahí que no haya tardado en solicitar consenso para llevar a cabo la exigible reforma electoral; un consenso que el PP ya les ha brindado, aunque con una condición: la reciprocidad. Una condición, si me lo permiten, tan irrelevante como carente de peso específico, pues ¿dónde está la reciprocidad si por cada español que vote en Ecuador aquí lo harán cien ecuatorianos? De cualquier manera –ya lo verán- será cuestión de tiempo que el PP se baje los pantalones. De hecho no faltan quienes, como Esperanza Aguirre, ya se han apresurado a dar su beneplácito a la propuesta. Nada extraño, habida cuenta que el discurso de la presidenta de la comunidad de Madrid es uno de los más proclives al fenómeno inmigratorio dentro del PP. No en vano, se desplazó hace un año a Ecuador para solicitar mano de obra. ¿Sinceridad o mero electoralismo? Sea la razón que fuere, se equivoca ella y los que piensan como ella. Ya lo advirtió Lenin “Los burgueses nos proporcionarán la soga con la que les ahorcaremos” Y tanto que lo harán. Cuestión de tiempo

"SI ALGUNA LENGUA CORRE PELIGRO ES EL CATALÁN"
Duran ve en el manifiesto una "expresión extremista del nacionalismo español"
Una nueva voz se ha sumado a quienes atacan el Manifiesto por la Lengua Común, que defiende el derecho de los ciudadanos a utilizar y ser educados en castellano. El portavoz de CiU en el Congreso ha tachado el documento de "expresión extremista del nacionalismo español" y ha llegado a pedir a los catalanes que no lo suscriban. Este domingo Zapatero también se ha referido a la iniciativa. Según ha dicho, él sólo firmaría un manifiesto que "defendiera al castellano y también al catalán".
Agencias Libertad Digital 21 Julio 2008

En la clausura de la XV Escuela de Verano Manuel Carrasco i Formiguera organizada en Gerona, Duran ha dicho que el manifiesto persigue fines puramente "políticos" y no hace "ningún favor al castellano", ya que lo que hace es exacerbar los ánimos y generar entre algunos un rechazo a la lengua castellana.

Tras palabras como éstas, Duran ha pedido a los catalanes que reaccionen de manera "serena" y no caigan en el juego, ha dicho, de los promotores del manifiesto. "Somos muy conscientes de la importancia del castellano, somos muy afortunados. Pero si alguna lengua corre peligro no es el castellano sino el catalán", ha agregado.

Duran ha asegurado que el manifiesto representa un "exponente del nacionalismo lingüístico que identifica la unidad política de España con la unidad lingüística". "No nos dividirán, que es lo que en el fondo quieren y es lo peor que nos podría pasar", ha proclamado Duran, en defensa de la "cohesión social" de Cataluña.

El manifiesto de Zapatero
También se ha referido este domingo al manifiesto José Luis Rodríguez Zapatero. Como Duran, ha interpretado que la iniciativa es en defensa del castellano sin precisar que lo que hace es defender los derechos de los castellanohablantes en todos los puntos de España.

En la clausura del Congreso del PSC, ha puesto a su partido en Cataluña de "buen ejemplo" en su "manera de convivir con otras lenguas" y ha añadido que él sí firmaría un manifiesto que "defendiera al castellano, sí, pero también al catalán". "A ese manifiesto me apunto, al manifiesto que incluye a todos", ha añadido.

El Manifiesto por la lengua común, una agresión genocida
bye bye spain l 21 Julio 200

“Quien paga la gloria del castellano son los catalanes”. “Por razones prácticas, catalanes, vascos, etc., usan el castellano en sus relaciones con el resto de los españoles o con los extranjeros que no entienden el catalán”.

La aparición del Manifiesto por la lengua común y su enorme repercusión ha desatado los nervios de los nacionalismos españoles, que del este al oeste llaman a rebato y se declaran víctimas de una persecución genocida.

El Manifiesto por la lengua común no dice una sola palabra acerca de limitar los derechos de quienes hablan las lenguas regionales, ni ese es su objetivo. El texto recoge tan solo una vieja reivindicación de cada día más ciudadanos: la libertad. También en el ámbito de la lengua.

Frente a motivo tan contundente como difícilmente rebatible cuando va acompañado de tantas denuncias y de tantas evidencias, los nacionalistas que seguimos padeciendo en España no tienen respuesta. Y por ese motivo inventan agravios por doquier y se autoproclaman víctimas (otra vez).

Hasta la fecha, las reacciones etnicistas a la publicación del Manifiesto por la lengua común se pueden agrupar en cuatro modalidades, a cual más insólita y falaz: la denuncia de un supuesto genocidio, el saqueo económico que acompañaría al lingüístico, la inexistencia de la lengua española y/o su carácter tiránico.

Recurramos tan solo a personas a las que cabría suponer calificadas. Huyamos de provocadores y de páginas de internet subvencionadas y en manos de racistas on line . Vayamos a los especialistas, a las universidades, a los escritores más laureados:

1. El blinguismo es genocida, por lo tanto hay que erradicar el español.
* Albert Pla es lingüista:

“Aquel paraíso bucólico del bilingüismo que tanto han celebrado nuestros políticos como un modelo de tolerancia y enriquecimiento mutuo, se está transformando en una UVI donde una lengua, la nuestra, yace enchufada a toda clase de tubos. Nos han vendido este bilingüismo social -que nunca puede ser simétrico- como el camino hacia la plena normalidad del catalán, sin que, misteriosamente, hiciera falta hacer retroceder al castellano.

“Una auténtica normalización exigiría al castellano deshacer parte del camino de imposición represiva que lo ha llevado a ser nuestra lengua común. Normalizar el catalán quiere decir hacerlo otra vez necesario, y esto sólo será posible cuando el castellano tenga un peso parecido al del inglés en Holanda.

“Los Savater y De Azúa son como unos conquistadores que tras robar a sangre y fuego el territorio a los indígenas y cerrarlos en reservas, declaran que a partir de ahora las fronteras son sagradas. Los firmantes del Manifiesto abonan un imperialismo genocida que merece el más profundo desprecio. Salvemos o perdamos la lengua, los catalanes deberemos tener la suficiente memoria histórica para no contaminarnos nunca de un nacionalismo tan fanático y destructivo.” Albert Pla, Agonia al paradís .

* Josep Gifreu es catedrático de comunicación en la universidad Pompeu Fabra:
“El modelo constitucional de coexistencia lingüística en el Estado español, pactado bajo el rumor de los sables a la Transición y sancionado por la Constitución de 1978, parece agotado. Los grandes beneficiarios de los privilegios otorgados al castellano quieren más. Predican sin piedad el darwinismo lingüístico. La gente del Manifiesto por una lengua común son viejos militantes de la causa nacionalista española. Estamos ante la enésima iniciativa contra la paz lingüística. El Manifiesto da por sabido y por supuesto que hay una lengua común al Estado.

"Ante esta ofensiva general contra el catalán, hace falta plantearse un horizonte nuevo, que garantice al catalán un futuro sin atentados ni incendios constantes. El nuevo modelo lo tienen inventado y aplicado en Bélgica, en Suiza o Quebec: es la vía de la oficialidad única de una lengua en su territorio histórico. El catalanismo político tiene aquí su talón de Aquiles: declarar el catalán lengua oficial. Oficial en el Estado español, oficial en Europa y única oficial en su territorio.”Josep Gifreu, Català, llengua oficial .

2. La lengua española la pagan los “expoliados” que hablan las lenguas regionales, como desmuestran las balanzas fiscales.
* Enric Vila es periodista y uno de los referentes del nacionalismo:

“[¿Quien paga el castellano?] Curiosamente, los países de lengua catalana. Las balanzas fiscales demuestran que somos una gente cojonuda porque no sólo nos podemos pagar una cultura universal, sino dos. Pero también demuestran que, ni la democracia ni la UE, nos han movido de 1714. Todavía hoy, tras haber sufrido todas las políticas posibles de explotación, quien paga la gloria del castellano son los catalanes. Todavía hoy, sin los países vencidos el 1714, Madrid no se podría permitir su España de la Lengua Común. La historia demuestra que ha habido una confusión, y que somos esclavos de España pero no españoles.” Enric Vila, Qui paga el castellà?

3. En España no existe una lengua común.
* Albert Rossich es el director del Institut de Llengua i Cultura Catalanes de la universdad de Gerona:

“Al exigir el conocimiento del castellano como lengua oficial obligatoria, la Constitución reconoce implícitamente la inexistencia, o por lo menos la fragilidad, de esta comunidad de lengua. Se podrá argüir que común significa tan sólo que, por razones prácticas, catalanes, vascos, etcétera, usan el castellano en sus relaciones con el resto de los españoles (o con los extranjeros que no entienden el catalán). En este supuesto, lengua común no significaría lengua compartida, sino tan sólo interlengua, lengua de comunicación.

“Pero el mismo razonamiento se vuelve contra el español si lo trasladamos a una escala superior. Como el castellano en España, hoy el inglés se ha convertido, de facto, en la lengua a la que se recurre en las comunicaciones entre hablantes de lenguas distintas. ¿Sería aceptable que, siguiendo la misma lógica, la Constitución europea prescribiera algún día a todos los ciudadanos comunitarios la obligación de conocer el inglés y negara esta prerrogativa al castellano en su territorio, con el argumento de que el conocimiento del inglés hacía innecesaria la obligatoriedad de la lengua española?” Albert Rossich, Igualdad lingüística en España ( La Vanguardia , 01.07.08)

4. El español es una lengua de tiranos.

* Melcior Comes es escritor, ganador del último Premio Josep Pla:
“Catalunya ha sido el motor económico de España durante los últimos dos siglos. Si es verdad que la lengua perfila la manera de pensar, hay que concluir que el español conduce a sus hablantes a decir bobadas, mentiras o extravagancias sin fundamento. Además, ¿quien quiere pertenecer a la España horrorosa que pintan en sus libros y artículos los mejores escritores españoles: Javier Marías, Muñoz Molina, Millás, el viejo Delibes o el difunto Cela? ¿Quién? La lengua española suena a tambor y a resorte de navaja.” Melcior Comes, La navalla espanyola .

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