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Recortes de Prensa    Miércoles 6 Agosto 2008

El Manifiesto por la Lengua Común, ¿última oportunidad de concordia?
Luis Miguez Macho elsemanaldigital 6 Agosto 2008

Pocas veces en nuestro país una declaración pública había concitado el alto número de adhesiones de gente de la calle (la mía entre ellas) y de intelectuales de diversas tendencias políticas que está registrando el Manifiesto por la Lengua Común, difundido por diversos periódicos nacionales de papel y electrónicos, así como por la UPyD de Rosa Díez y el Partido de la Ciudadanía de Albert Rivera. Todo un síntoma de que en España hemos logrado crearnos un gravísimo problema con el peculiar régimen de cooficialidad lingüística que se aplica en algunas Comunidades autónomas.

El Manifiesto persigue la defensa del español como lengua común y de los derechos individuales de sus hablantes; ello le ha atraído las críticas de los nacionalistas que, atribuyendo a los demás sus propios prejuicios, lo consideran absurdo y demagógico porque el español no está en peligro en nuestro país y, por tanto, no necesitaría de protección alguna. También se le han puesto reparos desde la trinchera opuesta debido a la identidad de algunos de sus promotores y firmantes, a los que se acusa de haber ayudado a provocar, de manera activa o pasiva, el problema que ahora denuncian.

Pluralidad lingüística y lengua nacional común
Para abordar la cuestión que plantea el Manifiesto, lo primero es reducir a sus justos términos nuestro habitual complejo autocomplaciente de que "Spain is different". Desde luego, no lo es en la pluralidad lingüística, ya que, aunque muchas personas no sean conscientes de ello, casi todas las naciones de nuestro entorno lo son. Siempre se ha puesto a Portugal como ejemplo de lo contrario, pero hace ya años que en el país vecino se ha dotado de un cierto reconocimiento oficial al mirandés, una variante del viejo romance asturleonés que se habla en la localidad de Miranda do Douro.

También es general el hecho de que, en las naciones plurilingües, una de esas lenguas asuma el estatus de lengua oficial común, sin perjuicio de que, en esto, como en todo, existan excepciones bien conocidas (Suiza, Bélgica). El proceso histórico a través del cual una lengua llega a convertirse en nacional varía de país a país; factores políticos, económicos y culturales (de prestigio literario, sobre todo) se combinan en diferentes proporciones según los casos.

Por lo que respecta al castellano, quizá haya sido el filólogo Juan Ramón Lodares, desgraciadamente fallecido en accidente de tráfico en el año 2005, quien mejor haya contribuido a explicar al gran público ese proceso, a través de su trilogía El paraíso políglota (Taurus, 2000), Gente de Cervantes (Taurus, 2001) y Lengua y Patria (Taurus, 2002). No es éste el momento de exponer con detalle las tesis del autor citado; baste apuntar que, pese a lo que la propaganda nacionalista se empeña en difundir, el castellano se convirtió en lengua franca de modo espontáneo ya en la Edad Media, y sólo después empezó a ser promocionado políticamente como lengua española común.

En este punto a mí, como cultivador del Derecho público, me corresponde poner de relieve un importante matiz. En el Antiguo Régimen, a los monarcas les interesaba, cómo no, el contar con una lengua común en la que dirigirse y ser entendidos por todos sus súbditos, por evidentes razones de simplificación y eficacia en el ejercicio del poder, y por eso las monarquías absolutas, especialmente en la época del Despotismo Ilustrado, tendieron a la uniformización lingüística. Sin embargo, ello chocaba con el pluralismo inherente al sistema organicista propio del Antiguo Régimen, de manera que esa evolución estuvo lejos de completarse en países como España o Francia.

Lo que significa la lengua común
Igual que en otros muchos campos, fue el Estado constitucional nacido de la Revolución francesa y de las Revoluciones liberales del siglo XIX quien intentó terminar lo que el absolutismo dejó a medias. Para el Estado constitucional liberal, la lengua común no era sólo un expediente de racionalización del ejercicio del poder, sino un presupuesto del propio sistema; la supremacía de la voluntad general, plasmada en leyes generales y abstractas, presupone la discusión pública, libre y racional de los representantes de la nación en el Parlamento, y difícilmente puede haber una discusión de ese tipo sin lengua común. Así surgió lo que el profesor Eduardo García de Enterría ha denominado gráficamente la "lengua de los derechos", en la que éstos se formulaban y luego se podían reclamar frente al Poder.

No es casualidad que una de las pocas tareas prestacionales que el Estado liberal asumió directamente y desde sus inicios fuese la de la instrucción pública, para romper el monopolio que tenía la Iglesia en este ámbito y formar a los ciudadanos en los principios del nuevo sistema. Generalización de la educación obligatoria y difusión de la lengua común marcharon indisolublemente unidas durante todo el siglo XIX, dentro de un programa progresista al que se oponían los sectores contrarrevolucionarios y reaccionarios.

Paradójicamente, para la delicada sensibilidad de las modernas sociedades pluralistas avanzadas, siempre atenta a no herir la susceptibilidad de las minorías o de las tendencias que encajan en la corrección política, lo que hicieron los progresistas decimonónicos en el terreno lingüístico era poco menos que un genocidio cultural. Y no cabe duda de que consentir la pérdida de modalidades lingüísticas seculares supone un empobrecimiento cultural, y que es justo reconocer y tutelar los derechos de los hablantes de las mismas.

La plasmación de esta nueva sensibilidad la encontramos en el artículo 3 de nuestra vigente Constitución. Este precepto, tras declarar que la lengua española común, el castellano, es la lengua oficial del Estado y establecer que todos los españoles tenemos el deber de conocerla y el derecho a usarla, permite la cooficialidad de las demás lenguas españolas en las respectivas Comunidades autónoma y proclama que "la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección".

Del respeto y protección de las lenguas cooficiales a la exclusividad lingüística
Pero los constituyentes cometieron dos errores jurídicos fatales cuyas consecuencias estamos pagando amargamente hoy: el primero, no haber incluido el derecho a usar la lengua común entre los derechos y libertades que se pueden exigir ante todos los Poderes públicos directamente sobre la base de la propia Constitución; el segundo, no haber atribuido al Estado competencias específicas para desarrollar ese derecho y el correlativo deber de conocer el castellano. Por consiguiente, mientras las Comunidades autónomas pueden recibir a través de sus Estatutos de Autonomía competencias exclusivas sobre el régimen de las lenguas regionales en sus territorios, como así ha sucedido, el Estado tendría que buscar subterfugios jurídicos si algún día quisiese legislar sobre la lengua común.

Es precisamente la forma en que las Comunidades autónomas con lenguas cooficiales han hecho uso de sus competencias lo que nos ha llevado a la situación que denuncia el Manifiesto por la Lengua Común. ¿Cómo se puede entender, por ejemplo, que en esas Comunidades autónomas las instituciones y los organismos del Estado respeten escrupulosamente lo que supone la cooficialidad, con rotulaciones y formularios bilingües (piénsese en casos como los de la Agencia Tributaria o el Registro civil), mientras que la Administración regional y la local (¡y las Universidades públicas!) utilicen de manera exclusiva la lengua regional cooficial?

Se trata de una manifestación más de la asimetría que aqueja a nuestro sistema político, en el que determinadas minorías, las de carácter nacionalista, consiguen siempre imponer a los demás lo que ellas no están dispuestas a cumplir. Por no hablar, claro, de las vergonzosas sanciones a comerciantes por rotular en la lengua común, impropias de un régimen democrático.

Sin embargo, lo peor es lo que está ocurriendo en la educación, donde el servicio público creado por el liberalismo decimonónico se usa para revertir la tarea de alfabetización en la lengua común que aquél se propuso. Hay quien pensará que esto es lógico, porque los nacionalistas de hoy, como los liberales de ayer, están inmersos en un proceso de "construcción nacional", pero las diferencias son demasiado evidentes para que se puedan pasar por alto.

O convivencia razonable o fractura austrohúngara
La instauración de la nación política liberal sobre la base de las grandes naciones históricas occidentales conllevó la ruptura de las ataduras estamentales y corporativas del Antiguo Régimen, incluidas las fronteras interiores, y la creación de sociedades abiertas de ciudadanos política y económicamente activos. En cambio, la "construcción nacional" de nuestros nacionalistas es un proceso regresivo que pretende configurar sociedades cerradas, formadas por clientelas cautivas de los Poderes políticos locales, en una vuelta al caciquismo de la Restauración, corregido y aumentado.

O esto se rectifica en el sentido apuntado por el Manifiesto por la Lengua Común, o España camina hacia una fractura social como nunca había conocido en su historia, ni siquiera en la II República y en la Guerra Civil. El modelo belga que admiran los nacionalistas, de exclusividad de las lenguas regionales en las respectivas Comunidades autónomas, es inviable en nuestro país, porque en España, a diferencia del caso de Bélgica, desde hace siglos existe una lengua común que es ya tan propia de esas regiones (es decir, de sus ciudadanos) como las lenguas surgidas en ellas.

En este contexto, la alternativa al equilibrio razonable entre la primacía constitucional de la lengua común y el respecto y protección de las demás modalidades lingüísticas que propone el Manifiesto es una rebelión ciudadana que nos lleve a una segregación de las personas en comunidades separadas por razón del idioma dentro de las regiones con régimen de cooficialidad lingüística, como única forma de garantizar el respeto de los derechos individuales de quienes prefieren la lengua común. Porque, obviamente, son estos derechos y la función constitucional de la lengua común los que están en peligro hoy en España y no el español, lengua universal de cultura que no necesita que nadie la defienda.

Entonces no estaríamos en Bélgica, donde la exclusividad lingüística tiene una base territorial, sino más bien en el extinto Imperio Austrohúngaro justo antes de hundirse, tal como ha profetizado uno de los promotores del Manifiesto, el profesor Francisco Sosa Wagner, en el libro escrito con su hijo Ígor El Estado fragmentado. Modelo austrohúngaro y brote de naciones en España (Trotta, 2007). Triste y desgraciado final para el régimen político nacido de la Transición.

Nacionalistas catalanes
¿Qué tiene Esquerra a favor de los murcianos?
¿Qué hay de esa leyenda que dice que los separatistas odian el pan tumaca por anticatalán, ya que lo inventaron las peonás murcianas a pie de obra en la Cataluña del desarraigo, mojando la hogaza payesa en lo que habían traído de la huerta del Segura?
José Antonio Martínez-Abarca Libertad Digital 6 Agosto 2008

Estoy preocupado por la actual deriva moderantista de los nacionalistas catalanes, que la toman con los extremeños y olvidan completamente a los murcianos. ¿Qué les hemos hecho los murcianos a los de Esquerra y a los de ICV para que no nos tengan ya presentes en sus blasfemias y sus racismos, tan pintorescos? ¿Qué hay de esa leyenda que dice que los separatistas odian el pan tumaca por anticatalán, ya que lo inventaron las peonás murcianas a pie de obra en la Cataluña del desarraigo, mojando la hogaza payesa en lo que habían traído de la huerta del Segura subidos en aquel tren que los mismos catalanistas llamaban, cínica pero acertadamente, "transmiseriano"? Como murciano, exijo mi derecho a ser insultado por los nacionalistas catalanes igual que todo extremeño de vecino. Los extremeños nos tocamos todos.

¡Pero si hasta en las películas de la escuela de Barcelona salían una especie de andaluces palmeros con la rumba peretiana a los que se insultaba como "mursianos", o sea, como lo peor de lo peor, peor incluso que ser de Iznájar, Córdoba, si es que eso cabe en cabeza humana! La única explicación plausible que se me ocurre al actual prestigio de Murcia en el imaginario colectivo de Esquerra, de ICV, de CIU, del PSC y hasta de ciertos sectores del PPC es que en mi comunidad autónoma periférica nos hemos vuelto ricos y ya no necesitamos robar excesivamente en las buchacas del sr. Puig, el sr. Suñé o el sr. Tardá, que es mi friki favorito de entre todos los de Esquerra, que tienen mucho más que ver con los otakus que hacen quedadas para suicidarse colectivamente que con la política. O nos hemos vuelto ricos o al menos estos tipos creen que lo somos. Algo de eso hay cuando desde la Generalidad catalana convidan a Murcia a unirse a su nuevo sistema de financiación, que dicen que nos favorece. Pero, ¡si yo creía que le estaba quitando el pan directamente de debajo del brazo del sr. Puigcercos, mientras iba a ponerlo en la boca de sus hijos, que no sé si tiene! Y no puedo decir que no experimentara una especie de perverso placer, como murciano de los de antes. ¡Qué nostalgia, perversa también, me producen los extremeños!

Parece harto sospechoso que de repente los que son de la misma parroquia que el presidente Montilla o de la señora Manuela de Madre hayan quedado fuera de los insultos oficiosos de los blogs. Como si nadie los hubiese estado manteniendo gracias a la generosidad catalana mientras Franco no terminaba de echarlos de su lugar de origen andaluz hacia Cataluña. Será porque ahora hay un andaluz que mantiene a algún que otro catalanista bien o mal nacido, pero desde luego bien colocado. "Cómo reluce/ la plaza de sant Jaume/ como reluce/ cuando suben y bajan/los andaluces." Y los pijoapartes. Todos menos los extremeños. ¡Apadrinemos a un niño extremeño para que, como los murcianos, un día se gane el olvido del sr. Suñè, el sr. Puig y de todos estos independentistas rumbosos!
abarca@libertaddigital.tv

Muerte de Solzhenitsin
Poder y sociedad civil
La crítica a ese tipo de "inteligencia" es la otra gran aportación del bueno de Solzhenitsin a la cultura democrática de este tiempo nublado. Un tiempo que nos sobrecoge, casi nos amordaza, cuando tememos decir lo obvio.
Agapito Maestre Libertad Digital 6 Agosto 2008

La identificación o confusión de la esfera del poder con el ámbito de la sociedad civil fue la muerte de la libertad, de la vida ciudadana, en la URSS. Ese fue el modelo de referencia de la izquierda mundial durante décadas. Por desgracia, esa equiparación sigue siendo el estro ideológico de la izquierda española. El principal crítico literario de esta identidad ha muerto. La desaparición de Alexander Solzhenitsin debería de ser un buen motivo para pensar su legado para la cultura universal, especialmente para la cultura democrática en tiempos de oscuridad. Hay dos críticas, dos extensas y brillantes razones de este autor que nunca tendrían que olvidarse a quienes están llamados a crear bienes en común por un lado, y a todos los que persistan por seguir viviendo en libertad.

Por un lado, nadie como este hombre, en la segunda mitad el siglo XX, ha sido capaz de enseñar que la idea de revolución es peor que una ilusión. Es una perversidad. Su venenosa raíz es la creencia en un punto de ruptura radical entre el pasado y el futuro. Existe un momento absoluto –no importa que se lo sitúe en el tiempo– en el que se libera el sentido entero de la historia. Lenin, Stalin y Hitler fueron defensores a ultranza de ese momento tan cruel tanto para el pasado como para el porvenir y, sobre todo, para quienes hallan su sentido en el presente. Aunque con fórmulas políticas diferentes, Hugo Chávez en Venezuela y Rodríguez Zapatero en España participan de esa macabra idea que ha llevado a millones de seres humanos al silencio, a perder la libertad o, sencillamente, a la muerte.

La Segunda Transición, el cambio de régimen constitucional dirigido con precisión y contundencia por el revolucionario Zapatero obedece a esa creencia profunda de una sociedad que remite todas sus actividades a un denominador común: el Partido, en este caso el PSOE, o peor, su Secretario General. El único. ¿O es que acaso alguien cree que Zapatero actúa por delegación del PSOE? Este partido desapareció hace mucho tiempo para dar lugar a un régimen Egócrata. Sí, sí, la sociedad patrocinada por los socialistas está lejos del despotismo clásico, al fin y al cabo despotismo político, y se aproxima cada vez más a la figura del "gran benefactor" social, que hace visible lo que para cada individuo es invisible.

Él es, por encima de cualquier otra consideración, el encargado de actualizar las potencias y fuerzas de la sociedad incubadas por la historia. Todos tenemos que confiar en el optimismo de Zapatero. Él sólo está acabando con ETA y los nacionalistas a fuerza de someterse a sus principios secesionistas. Él sólo nos sacará de la crisis económica. Él reúne a la patronal y los sindicatos y le concede una entrevista a la oposición, para indicarle el camino a seguir, el único camino, el suyo. El presidente Zapatero, el gran Egócrata, habla con todos y nadie le replica. Excepto unos pocos, los medios de comunicación lo siguen sin críticas mayores. Zapatero descansa en Doñana y nadie mueve una pestaña para protestar por la excarcelación de De Juana Chaos...

Vivimos, en fin, ese momento trágico que señala el fin de la distinción entre el poder político y el poder de la sociedad civil, pero nadie quiere hacerse cargo de esa cruel tragedia. En realidad nadie quiere oír hablar de la muerte de la democracia, aunque todos vamos en cortejo a enterrarla. El oficiante es Zapatero. Por supuesto, los primeros en callar son los intelectuales que se llaman a sí mismos de izquierda, absolutamente insensibles a estos argumentos. La crítica a ese tipo de "inteligencia" es la otra gran aportación del bueno de Solzhenitsin a la cultura democrática de este tiempo nublado. Un tiempo que nos sobrecoge, casi nos amordaza, cuando tememos decir lo obvio. Lo evidente. Eso que grandes hombres de nuestra época, como Solzhenitsin, denunciaron con valentía y brillantez: el intelectual llamado a sí mismo de izquierda es un fanático. Un peligro público.

He aquí un testimonio de Johnson, uno de los más finos historiadores de Occidente, que ha recogido con finura esa crítica de Solzhenitsin a la llamada "inteligencia" de izquierda: "Si la decadencia del cristianismo creó al fanático político moderno –y originó sus crímenes–, la evaporación de la fe religiosa en las personas cultas dejó en la mente de los intelectuales de Occidente un vacío que fue colmado fácilmente por la superstición secular. No existe otra explicación para la credulidad con que los científicos, acostumbrados a evaluar las pruebas, y los escritores, cuya auténtica función era estudiar y criticar a la sociedad, aceptaron por su valor aparente la más torpe explicación estalinista. Necesitaban creer, deseaban que se los engañase."

El PNV se suma a mover el árbol
Vicente A. C. M. Periodista Digital 6 Agosto 2008

La portavoz del Gobierno de la Comunidad Autónoma del país Vasco, manifiesta “desconocer” el texto de la carta que se le atribuye al etarra de Juana Chaos. Pues le respondo que consulte a los diferentes medios que la han publicado, entre ellos el GARA y se informe de como la AVT ha puesto una denuncia por enaltecimiento del terrorismo. Lógicamente el original puede que haya desaparecido como prueba física. No creo que la mantengan como una reliquia. Pero en ningún caso, Sra. Azkárate, eso es “construir” pruebas para inculpar al etarra. Ya se encarga el solo de mantener su postura de arenga a sus camaradas y al terrorismo como medio de lograr sus fines.

La hipocresía de estas afirmaciones no me sorprende. Ya desde la época del Sr. Arzallus, se manifestaba lo de “unos mueven el árbol y otros recogen las nueces”. Por lo que se ve ahora también el PNV se ha sumado a esto de mover y no solo recoger. Además decir que se “construyen” pruebas es una acusación muy grave y que no puede ser pasada por alto. Nada menos que es acusar de un delito de manipulación o falsificación de pruebas con el fin de inculpar a una persona siendo inocente.

Por mucho que la Sra. Azkárate quiera hacer de abogada incondicional del etarra, debe saber que ya cuenta con la inestimable ayuda de Batasuna y todos sus abogados, entre ellos la de la Sra. Jone Goiricelaia, que velan, como la propia Justicia de España, por mantener intactos los derechos de este asesino terrorista. Mejor haría en preocuparse por los derechos de las víctimas y la falta de libertad en su Comunidad autónoma. Mejor haría en preocuparse en acatar la Ley y no consentir la insumisión reiterada de su Presidente el Sr. Ibarretxe, su Gobierno y Parlamento a la Constitución de España y a las sentencias de sus Altos Tribunales.

Tras las manifestaciones de esta portavoz, ya no puede haber ningún género de duda sobre de qué lado se ha posicionado el Gobierno Vasco y sus dirigentes. Su pretendida democracia acaba cuando equipara a verdugos con sus víctimas. Su orgullosa equidistancia es solo una pose que no se corresponde con sus actuaciones. Los fondos de ayuda son siempre para el mismo lado y nunca en defensa del acoso al que se ven sometidas las víctimas y todos aquellos que no comparten los ideales nacionalistas secesionistas.

La verdad es que en esta joven democracia de España, los ciudadanos tenemos que asistir perplejos a esta evidente muestra del mas rastrero y ruin de los comportamientos. Y además, comprobar que el Gobierno de la Nación, sigue con una actitud remisa y ambigua. Todo ello en un intento de garantizarse su permanencia en el poder, aún a costa de transigir con cuantas exigencias le vengan del lado nacionalista.

En la Comunidad Autónoma del País Vasco desde hace tiempo no se está “construyendo”, sino destruyendo la convivencia y fomentando un caciquismo nacionalista excluyente, Sra. Azkárate. Dejen de mover el árbol.

Zapatero no ha leído a Solzhenitsin, y se le nota
Alexandr Solzhenitsin ha muerto dejando un gran legado intelectual. Vladimir Putin lo ha convertido en ideólogo del futuro de Rusia, pero la izquierda española siempre lo ha despreciado.
Pascual Tamburri elsemanaldigital 6 Agosto 2008

El escritor ruso Alexandr Solzhenitsin murió este domingo en su casa de Moscú a los 89 años de edad. Recibió el premio Nobel de Literatura en 1970 y fue el mayor poeta, novelista y pensador ruso del siglo XX. Su vida resume los dramas de la Rusia soviética y postsoviética, víctima del comunismo. Matemático de formación, luchó por su país como oficial en la Gran Guerra Patriótica, en la que fue condecorado. Sin embargo, la censura interceptó una crítica a Stalin en su correspondencia y fue condenado a más de una década de reclusión en los campos de concentración del Gulag.

Esa experiencia marcó su vida. Además de su poesía, describió los campos de concentración soviéticos en Un día en la vida de Iván Denisovich (1962), El primer círculo (1968) y Archipiélago Gulag. Solzhenitsin ganó su fama en Occidente cuando empezó a ser políticamente posible denunciar los crímenes del estalinismo. Su fama creció cuando convino dejar clara la violencia genocida inherente a todo el régimen soviético y al socialismo real, cosa que la izquierda jamás ha perdonado al escritor ruso. Y sin embargo él, exiliado en Occidente desde 1974 a 1994, jamás fue un partidario acrítico del liberalismo capitalista, cuyas debilidades, en su opinión tanto históricas como espirituales, analizó también en los quince últimos años de su vida, ya de regreso en Rusia.

Las culpas de la izquierda...
Para una mayoría de la izquierda europea Solzhenitsin ha sido durante décadas un escritor innombrable. El terror totalitario soviético fue ignorado, negado o minimizado por los comunistas siempre y por los socialdemócratas a menudo. Para ellos, Solzhenitsin no dejaba de ser un reaccionario, un fascista o un agente del imperialismo yanqui, según conviniese. Después, sutilmente, se admitió una parte de la verdad, pero se quiso descargar en el "personalismo stalinista", salvando la pureza de intenciones y obras de Lenin.

Solzhenitsin descubrió y demostró más allá de toda duda que el terror asesino de decenas de millones de seres humanos no es un error evitable sino una parte esencial de todo sistema marxista. Hoy pocos fanáticos dudan del demostrado acierto de Solzhenitsin, pero muchos de los hombres y mujeres que dirigen la izquierda rechazaron hace no muchos años las irreprochables conclusiones de Solzhenitsin sobre el régimen cuya primera víctima fue el pueblo ruso. Es de temer que Zapatero no leyese a tiempo el Archipiélago Gulag, aunque no deja de ser una pequeña venganza histórica que el hoy Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior, el socialista Javier Solana, haya lamentado el fallecimiento de Solzhenitsin y destacado que, con su obra, el escritor ruso "contribuyó a cambiar el curso de la historia". Más vale tarde y mal que nunca, compañeros.

… y los olvidos de la derecha occidental
Solzhenitsin sirvió, sin duda, a Occidente en la Guerra Fría. Él jamás amó una patria distinta de su Rusia aplastada por el Gulag, pero indudablemente su verdad era útil para derrotar al comunismo, que se descalificaba con sus hechos. Y no es que Occidente fuese generoso con Solzhenitsin y otros disidentes: los crímenes comunistas fueron negados hasta que empezó la Guerra Fría, y después fueron exhibirlos sólo en la medida en que eran útiles armas arrojadizas. Sólo una parte de la verdad contada por Solzhenitsin convino a los liberales occidentales.

Porque el escritor fallecido siempre creyó que Rusia debía ser liberada de su esclavitud, pero no al precio de otra. La democratización, ruina y descomposición presididas por Boris Yeltsin merecieron sus más aceradas críticas, porque la teórica libertad económica trajo a Rusia debilidad y pobreza. Solzhenitsin defendió siempre el orgullo y la grandeza de Rusia, así que no por denunciar el marxismo como un error sin excusa dio por buena cualquier otra respuesta. Y es que el liberalismo no es la única verdad, y convendría que los líderes de la derecha occidental leyesen toda la obra de Solzhenitsin y no sólo las críticas a la URSS.

Entre otras cosas, eso les vendría bien ante la nueva realidad del mundo. Un mundo en el que, no por casualidad, Vladimir Putin tiene mucho que decir. El mismo Putin que entregó el año pasado a Solzhenitsin el Premio del Estado, el más prestigioso de Rusia.

Nacionalistas catalanes
Dos tontos muy tontos
Se acabó cualquier posibilidad catalana de explicarse sin ruido. Algún día habrá que echar las cuentas de todo lo que el nacionalismo ha hecho perder a las personas reales que habitamos el ente fantasmagórico de sus desvelos.
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Agosto 2008

Los comentarios blogueros del asaltapiscinas no merecen el eco que se les da, pero el hecho es que lo tienen. Entre sus insultos, campañas de boicot y demás basura, le está haciendo un flaco servicio a Cataluña, lo que no tiene nada de raro. Nadie ha hecho mas daño a la Cataluña de la democracia que los nacionalistas, y lo de ahora constituye un ejemplo precioso. Cuando parecía que por fin se iba a discutir sobre los dineros de las autonomías en términos racionales, técnicos, despojados de demagogia, una avalancha de material de desecho, ruinas de resentimiento, largas mentiras, odio primorosamente incubado por el cuarto de siglo de "nacionalismo moderado", ignorancia y prejuicios, viene a ocasionar el estropicio.

Note el lector que, hace muy poco, las fuerzas políticas catalanas habían alcanzado una especie de acuerdo. Ello incluía al PPC, instalado en una posición coherente: negociación para una adecuada financiación catalana sin perjuicio de mantener su oposición al Estatut. ¡Cómo no iba a estar el PPC a favor de las mismas reivindicaciones que apoyaban los populares que gobiernan la Comunidad Valenciana! Tenía todo el sentido del mundo señalar las deficiencias del actual sistema, que no repetiré por haberlas tratado ya en estas páginas, y a la vez denunciar las insalvables contradicciones de Zapatero-Solbes y su, digamos, estrategia de la improvisación. Si no pensaban respetar el Estatut, ¿por qué lo impulsaron? Si hoy se llenan la boca con la solución de conjunto, ¿por qué antes impusieron la bilateralidad? Si son incapaces de cumplir unos compromisos en los que, además, no creen, ¿por qué demonios los convirtieron en ley orgánica? Etc.

Son preguntas retóricas. La respuesta es evidente: porque había que marginar al PP pintándolo como anticatalán a cuenta de su oposición y recurso al tan "razonable" Estatut. Y porque, como se vio en las recientes generales, ciertas mentiras producen unos réditos electorales formidables. No olvidemos que el PSOE ganó las elecciones en Cataluña. Las ganó mintiendo, es decir, declarándose dispuesto a lo que jamás tuvo intención de hacer. Ahora el PSOE tenía un enorme problema: todo el espectro político catalán (con el PPC dentro, repito) le estaba sacando los colores. "Te quiero mucho, José Luis, pero prepárate", vino a decirle Montilla al presidente.

Y justo entonces llegan dos tontos muy tontos y le sirven a Zapatero en bandeja la indignación extremeña. El uno los presenta como pedigüeños desarrapados; el otro los tilda de mal nacidos. Se acabó cualquier posibilidad catalana de explicarse sin ruido. Algún día habrá que echar las cuentas de todo lo que el nacionalismo ha hecho perder a las personas reales que habitamos el ente fantasmagórico de sus desvelos.
Juan Carlos Girauta es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Muerte de Solzhenitsin
Desoladoras unanimidades
Y es que a pesar de los cien millones de trabajadores asesinados que ha dejado tendidos en las cunetas de la Historia, el comunismo sigue ocupando un lugar preferente en la memoria sentimental de la izquierda.
José García Domínguez Libertad Digital 6 Agosto 2008

Con desoladora unanimidad la prensa toda, tanto la de derecha como la de izquierda, igual la "seria" que la rendida al burdo tremendismo que parece exigir internet, ha coincidido a la hora de calificar la muerte de Solzhenitsin. Así, la feliz alianza entre la conveniencia política de los unos y la simple pereza de los otros ha llevado a tratar al autor de Archipiélago Gulag no como a un enemigo implacable del comunismo, la cosmovisión antihumanista que combatió a lo largo de toda su vida, sino al modo de un personaje apenas discrepante de los modales primarios de cierto José Stalin.

Es más, de hacer caso a todas esas necrológicas publicadas en los periódicos españoles, cabría concluir que el carácter singular de la figura de Solzhenitsin procede únicamente de haber coincidido con, por ejemplo Mao Tse Tung o Trotski en el rechazo a la línea política del camarada Koba. Una disidencia circunscrita a la figura del antiguo seminarista georgiano que dejaría a salvo de la quema tanto a la elaboración teórica de Marx y Engels como a Lenin y a todos los demás dirigentes revolucionarios que ejercieron su dominio antes y después del "paréntesis" estalinista.

Con aquel lúcido pesimismo tan suyo sentenció Revel poco antes de morir: "Ha caído el Muro, pero sólo en Berlín, no en las mentes". Se refería, precisamente, a eso, a la grave enfermedad moral que sufren hasta los plumillas de guardia en agosto; a ese tabú tan firmemente arraigado entre los creadores de opinión europeos que proscribe enturbiar el ideal inmaculado de la utopía comunista, apelando a la muy empírica evidencia sanguinaria del socialismo real; al contrasentido lógico –aunque no político– que habilita a un progre para gritar alegre e impunemente: ¡Abajo Fidel Castro! al tiempo que le prohíbe, so pena de ser expulsado a las tinieblas exteriores de la reacción y el fascio, exclamar:¡Abajo el comunismo!

De ahí la necesidad imperiosa para la socialdemocracia de recurrir constantemente a la balsámica coartada estaliniana, ese cordón sanitario elaborado a base de tinta de calamar retórico que le permite mantener a salvo del contagio con la verdad el recuerdo colectivo del comunismo. Y es que a pesar de los cien millones de trabajadores asesinados que ha dejado tendidos en las cunetas de la Historia, el comunismo sigue ocupando un lugar preferente en la memoria sentimental de la izquierda. Razón de que sus principios doctrinales continúen gozando hoy de una escandalosa absolución ética entre los herederos de sus cenizas electorales, algo simplemente inimaginable en el caso de sus dos hermanos gemelos en la común causa del liberticidio planetario: el nazismo y el fascismo.
Sí, Solzhenitsin habrá muerto, pero Juan Benet está más vivo que nunca.

José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

La hora del Tribunal Constitucional
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 6 Agosto 2008

LA galopante crisis económica ha relegado la crisis constitucional, no menos grave por afectar a los mimbres del Estado, a un segundo término. Nos hallamos ante la abierta rebeldía de varias de las comunidades más ricas y poderosas frente al Gobierno central y la propia Constitución.

En el País Vasco, el lendakari ha echado un pulso a ambos al anunciar un referéndum sin tener el poder ni el derecho de convocarlo. Las medidas tomadas para impedirlo no le han hecho cambiar de plan. Dos trenes marchando por la misma vía en direcciones opuestas es la mejor imagen del escenario.

En Cataluña, el Gobierno de la Generalitat impone una norma educativa que no respeta el español como lengua común en su territorio, rebajándolo al nivel de lengua extranjera. No contento con ello, incumple el decreto ley que establece una tercera hora semanal de español en las comunidades bilingües. Y para completar la faena, ignora la sentencia de su propio Tribunal Superior al respecto.

Su excusa, si excusa puede haber para tan flagrante y reiterativa violación de la normativa legal, es que lo dispuesto en su nuevo estatuto tiene mayor validez jurídica que todo lo que pueda venir del ordenamiento constitucional, del gobierno de la nación y de sus propios tribunales. No hace falta ser un jurista para darse cuenta de la barbaridad, no exenta de chulería, que encierra tal actitud. Pero es el resultado de la luz verde de Zapatero a las Comunidades Autónomas en los nuevos estatutos, algo así como dar a un alcohólico la llave de la bodega. El desafío catalán es incluso más peligroso que el vasco, al estar acaudillado por un socialista, que ya advirtió al presidente que, entre él y Cataluña, preferiría Cataluña, lo que, aparte de una amenaza, es otra barbaridad, pues Cataluña es España, o al menos eso creemos millones de españoles, no pocos catalanes entre ellos. Pero a tal extremo de confrontación y desmadre nos ha llevado la nueva ordenación territorial en marcha.

Que el gobierno Zapatero es incapaz de detener esta conversión del Estado de las Autonomías en un Estado de las Soberanías está a la vista. Sólo el Tribunal Constitucional puede hacerlo, reconduciendo ambos casos a los cauces legales, al tiempo que se reivindica a sí mismo de su nada brillante trayectoria como garante de que la misma ley rija en todo el territorio nacional y de que todos los españoles tengamos los mismos derechos y los mismos deberes. ¿Restituirá el TC la primacía de la Constitución y de las disposiciones gubernamentales sobre cualquier norma que pueda emerger de los estatutos autonómicos, eliminando en estos lo que no se ajuste a aquéllas? Eso espero, pero, triste es decirlo, no estoy totalmente seguro, tan avanzado está el proceso degenerativo, iniciado y conducido por el actual gobierno.

Como les decía al principio, la crisis constitucional es mayor que la económica. Lo que ocurre es que no afecta al bolsillo. Pero afectará. ¡Vaya si afectará!

La pena perpetua
IGNACIO CAMACHO ABC 6 Agosto 2008

NO hay de qué preocuparse: algunos asesinos de ETA, concretamente los de los guardias civiles de Capbreton, van a tener que enfrentarse a una petición de cadena perpetua. En Francia, claro, donde matar a un agente del orden tiene esas lamentables consecuencias penales, que ya sufre, por cierto, algún otro etarra por tirotear a un gendarme. Pero como todo el mundo sabe, Francia no es un Estado de Derecho en el que se respeten las garantías judiciales ni se practique el principio de reinserción, sino un atávico sistema inspirado en la Revolución de 1789, que como también es sabido, constituyó un notable retroceso democrático en el orden histórico.

En España, como sí somos una democracia realmente avanzada, los asesinos en serie salen a la calle a los pocos años y sin arrepentirse, para convivir en paz y libertad con sus víctimas y repararles los cristales en el piso de abajo, y no hay manera de introducir la cadena perpetua revisable en una Constitución sin posibilidad de enmienda, que por cierto es otro sistema de evolución jurídica propio de naciones políticamente infradesarrolladas como Estados Unidos. En el colmo de la osadía autoritaria, el Gobierno de Aznar decidió alargar hasta cuarenta años de íntegro cumplimiento las penas por terrorismo, novedad que alcanzará por primera vez a los autores del atentado de Barajas, en diciembre de 2006. Todos los demás terroristas que cometieron sus crímenes antes de la citada reforma irán saliendo de presidio en buena edad para reírse de los deudos de sus víctimas, incluso aquellos a los que se ha aplicado la ingeniería jurídica llamada «doctrina Parot» para evitar una excarcelación demasiado escandalosa. Somos un país estupendo, de gentes y leyes alegres y confiadas, bonancibles y optimistas. La sal de la tierra.

En este contexto tan radiante no se ha ponderado lo suficiente la templanza de las víctimas, que con su generosidad moral han evitado que el drama terrorista se convirtiese en un conflicto civil a la irlandesa, ni la grandeza de una sociedad que ha sido capaz de depurar no ya cualquier sentimiento de venganza sino incluso un siniestro episodio de terrorismo de Estado. Antes al contrario, los familiares de los asesinados, únicos condenados aquí a la pena perpetua del desconsuelo, parecen constituir para algunos un grupo histérico propenso a la queja y al agravio, hipersensible ante el avance democrático que supone la pronta puesta en libertad de los asesinos de sus parientes.

En Italia, donde vive, los amigos de Teresa Jiménez Becerril, la hermana del asesinado Alberto, suelen preguntarle con asombro si su familia «no hizo nada», lo que ya se sabe qué quiere decir en boca de un italiano. Y no, ni nadie ha hecho nada ni nadie tiene intención de hacerlo ni nadie permitiría que nadie lo hiciera. Gracias a Dios. Pero precisamente por eso, por esa superioridad ética y ese sufrimiento silencioso, sería conveniente que nuestros legisladores tuviesen en cuenta la necesidad de que las penas de crímenes execrables estuviesen a la altura del daño causado. Para que, además de la tranquilidad moral de «no haber hecho nada», las víctimas no se queden al menos con la sensación de que les toca hacer el primo.

El asesino De Juana y el sentido popular de la justicia
Roberto Blanco Valdés La Voz 6 Agosto 2008

La salida de la cárcel del etarra De Juana Chaos ha abierto un profundo y lógico debate en la opinión pública española: el de si es justo que un sujeto responsable de 25 asesinatos sea puesto en libertad tras permanecer 21 años en prisión y cumplir tan solo una ínfima parte de su pena.

Con una increíble falta de sensibilidad hacia las víctimas, el Gobierno y los sectores intelectuales que lo apoyan han respondido a quienes han criticado la excarcelación del despiadado criminal echando mano de una doble línea argumental: constatando lo evidente (que las leyes están para cumplirse) y caricaturizando a los que se han indignado por que esas leyes produzcan tan escandaloso resultado.

Sobre lo primero nada hay que decir, salvo quizá que la innegable afirmación de que no hay Estado de derecho que pueda subsistir sin la aplicación recta de las leyes resulta perfectamente compatible con el reconocimiento doloroso de que las leyes producen a veces manifiestas injusticias.

Ello desplaza el debate, como es obvio, hacia la propia justicia de esas leyes, que ahora ha querido defenderse a través de una gran superchería: la consistente en poner en boca de los críticos cosas que los críticos no dicen. Pues la inmensa mayoría de los que han censurado la excarcelación de De Juana no lo han hecho para exigir que el etarra se pudra en la prisión, se le aplique la ley de fugas, se le mutile o se le destierre en un desierto.

No señor, los enemigos de ese producto químicamente puro del nazismo que es De Juana -entre los que están todas las víctimas sufrientes de «su lucha»- se han limitado a proclamar que un sistema penal en el que un criminal condenado a más de 3.000 años de prisión puede salir en libertad tras pasar en la cárcel 21 es un sistema injusto, que debería haber sido reformado desde hace mucho tiempo, cuando se vio con claridad que tales hechos iban a producirse con frecuencia. Pues nada hay más falso que esa afirmación de que las penas no tienen más función que la rehabilitadora. Las penas deben servir, desde luego, para reinsertar a los reclusos, pero también para punir sus fechorías. ¿Por qué, si no, el asesinato se castiga más que el hurto y la violación más que el allanamiento de morada?

Ha sido, de hecho, esa temeraria imprevisión de las Cortes, tan temporalmente dilatada como políticamente injustificable, y no el sentido popular de la justicia -casi nunca desviado hacia la exigencia de venganza- la culpable de que haya hoy millones de españoles espantados al ver a De Juana Chaos salir en libertad y animar a sus «compañeros» a seguir esa «lucha» patriótica que llevó al etarra a cometer 25 asesinatos, cuatro más que los años que, al final, ha estado encarcelado.

Ambiente tórrido
TONIA ETXARRI El Correo 6 Agosto 2008

Bajo la densidad del aire sahariano que nos invade estos días, anida el ambiente caldeado que ha dejado la excarcelación del preso de ETA De Juana Chaos, cuya actitud, a pesar de no haber sido visto ni oido desde que salió de la cárcel debidamente escoltado, sigue levantando ampollas. La reacción a su puesta en libertad ha sido, sin embargo, desigual en todo el espectro político, poco contundente en algunos representantes, poco diligente en la Fiscalía General y prácticamente inexistente en el Gobierno vasco; cuya portavoz prefería ayer hablar de la ley de consulta del lehendakari.

Se podría pensar que la calima está causando estragos en aquella población que parece tener sangre de horchata cuando hay que abordar los problemas de frente. Pero no. Nada que ver con el soplo del desierto. Estamos respirando el ambiente que el entorno de ETA ha ido creando en los escenarios de las fiestas populares, entre la pasividad de unos y la comprensión de otros. Después de los golpes policiales recibidos, la banda necesita mantener el ánimo de sus seguidores valiéndose de la agitación y propaganda.

Y están en ello. Cualquiera que se haya dado una vuelta por las localidades que celebran sus festejos patronales se habrá percatado del despliegue publicitario sobre ETA. No se recordaba tanta intensidad desde hace años. Parece como si los terroristas hubieran decidido recuperar el lema 'Jaiak eta borroka' (fiestas y lucha) de la época en que los de Batasuna se definían a sí mismos como «alegres y combativos».

La gente calla y los alcaldes de los pueblos no borran las pintadas. Y así logramos ofrecer una imagen la mar de sugerente del País Vasco en plena crisis turística. La carta de De Juana, en la que homenajeó al líder de ETA fallecido, 'Txomin' fue leída por una 'fan' en una zona 'liberada' por los simpatizantes de ETA. Una especie de 'ghetto' en pleno centro donostiarra al que no pudieron acceder ni la Prensa ni la Policía.

En Vitoria, Celedón tuvo que atravesar entre la multitud junto a grupos que portaban pancartas con proclamas a ETA. Eso, a plena luz del sol. Después de que cayera la tarde, los encapuchados de turno atacaron la Subdelegación del Gobierno en Álava, convencidos seguramente de que, con su ataque terrorista, habían hecho «cosillas por la liberación de Euskal Herria» como le llegó a explicar el huído Borrero a su propio padre.

En la otra cara de la moneda aparece la diligencia del juez que está investigando si De Juana, con su carta, incurrió o no en delito de enaltecimiento del terrorismo (el Tribunal Supremo condenó en su día a Otegi por haber dicho que 'Argala' tenía una gran visión de futuro). La rapidez del partido de Rosa Díez pidiendo a la Fiscalía que actuase ha sido muy tenida en cuenta por las víctimas del terrorismo. Ayer, el alcalde Odón Elorza, con otros representantes municipales, rendía homenaje a quienes sufrieron el zarpazo de este ex preso de ETA, cuyo paradero se supone que forma parte del secreto mejor guardado.

Siempre nos quedará Estrasburgo
César Vidal www.cesarvidal.com Libertad Digital 6 Agosto 2008

Desde lejos y en verano, España parece una especie de manicomio en el que los locos más encanallados y peligrosos se hubieran hecho con la dirección del centro.

El calor es espantoso y, para remate, parece que no va a haber manera de dar de comer a todos porque los psicópatas que dominan el centro se han gastado todo y además se niegan a ver que las despensas están vacías. Sin embargo, da lo mismo.

Claro que ésa es la impresión a miles de kilómetros de distancia. En el interior, por supuesto, la gente está encantada con gente como Solbes al que le importa una higa el déficit que ha creado por segunda vez, como ZP que ha decidido engañar por enésima vez al jefe de la oposición o como el bachiller Montilla que desborda en nacionalismo a la misma Convergencia y Unión. Quizá lo más triste sea contemplar a Rajoy en papel de suave Mimosín. No ha conseguido que ZP reconozca la pésima situación económica por la que atraviesa España, pero, eso sí, vamos a tener pacto para el Tribunal Constitucional y el Consejo general del poder judicial.

Bien me gustaría equivocarme, pero si ZP está contento seguro que es porque la independencia judicial se deja otro pedazo de consideración. Eso en el supuesto de que siga existiendo. Todo parece indicar que el cambio de régimen – como en 1868, como en 1931 – va a contar con el apoyo de una parte de la derecha y que, por lo tanto, se convertirá en una siniestra realidad. Y digo lo de siniestra porque sabido es que siempre que en la Historia de España la derecha se ha hecho a un lado para dejar que los antisistema liquidaran un régimen el resultado ha sido catastrófico. Sobre ese trasfondo, la decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de darle la razón al juez Gómez de Liaño resulta un faro en medio de las brumas más espesas. En España, poderes como el PSOE y PRISA celebraron su condena, condena, eso sí, dictada por instancias tan elevadas como el Supremo y el Constitucional. Recuerdo incluso como en el descanso en una tertulia televisiva tuve que escuchar a un progre de medio pelo diciendo que había que “defender a PRISA porque era un grupo mediático muy importante”.

Me sorprendió entonces en mi inocencia aquel comentario, pero luego entendí muchas cosas. Por ejemplo, que el sujeto en cuestión anduviera en toda la zarabanda de desenterrar cadáveres de la guerra civil. Quizá pensaba encontrar su conciencia entregada mucho atrás al servicio chupamedias de los más poderosos. Sea como sea, lo cierto es que ahora el tribunal europeo ha dejado claro que Gómez de Liaño fue juzgado sin la menor garantía de imparcialidad. Algo así como esas películas en las que, a finales del s. XIX, un negro de Alabama es juzgado por haber violado a una blanca y todos los miembros del jurado que examina su caso son blancos.

En las películas, el negro siempre acaba bailando al extremo de una soga o tiroteado al intentar huir. Aquí la justicia se ha impuesto y la única pena es que Jesús Polanco no lo haya visto todavía en este mundo ya que donde se encuentra ahora este tema le resultará, con certeza, cosa menor. Si acaso PRISA, un buen sector del PSOE y Gallardón lo lamentarán, aunque a saber… Lo dicho. Si ZP y Mimosín pactan el desastre judicial no debemos caer en el desánimo. Siempre nos quedará Estrasburgo.

DEFIENDE SU DERECHO A LA CRÍTICA
Leguina dice que Zapatero ha adoptado “abundantes decisiones erróneas y peligrosas”
El ex diputado socialista y primer presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, considera que José Luis Rodríguez Zapatero ha adoptado "abundantes decisiones estratégicas erróneas y peligrosas". Entre ellas cita “abrir el melón territorial” u “ocurrencias carísimas”, como el cheque-bebé. También le reprocha que haya marginado a "toda una generación de socialistas".
EFE Libertad Digital 6 Agosto 2008

Leguina realiza estas afirmaciones en una entrada en su blog de internet, con la que se despide de sus lectores hasta septiembre y responde a los comentarios recibidos por sus "escritos críticos con el nuevo PSOE que dirige Rodríguez Zapatero".

"Lo hago para defenderme de los forofos que se dedican a propalar -desde el seno de mi propio partido- insultos e infamias sobre mi persona, que van desde 'franquista' hasta 'enfermo de Alzheimer'" y "también lo hago para distanciarme de quienes quieren usarme como ariete contra el PSOE", explica el ex diputado socialista en este texto, que figura en su blog desde el pasado día 31.

Tras asegurar que "la crítica constructiva no existe, pues es una forma sutil de sometimiento o de elogio", Leguina subraya: "Rodríguez Zapatero ha sacado del baile interno (no hablo de listas electorales) a toda una generación de socialistas a la que pertenezco y no estoy dispuesto a aplaudir la jugada". "Jugada que, por cierto, el secretario general parece querer repetir con sus conmilitones de lo que se llamó 'Nueva Vía'", añade el ex dirigente socialista.

A continuación, Leguina subraya: "creo -como muchos compañeros del PSOE- que durante la primera legislatura de Zapatero hubo abundantes decisiones estratégicas erróneas y peligrosas, como fue abrir el melón territorial, que no se sabe adonde nos puede llevar, y no pocas ocurrencias, algunas carísimas".

Entre estas "ocurrencias", destaca "la de los 2.500 euros por cada niño nacido" o "las opas fallidas impulsadas desde el Gabinete Económico de la Presidencia".

"Criticar estas y otras decisiones sólo puede hacer bien -argumenta Leguina-, coincidan esas críticas o no con las de la oposición, cuya navegación durante la anterior legislatura fue, simplemente, de risa (subirse al carro de la conspiración en torno al 11 de marzo, jalear el griterío de los obispos y el de la AVT, etc)".

El ex presidente del Gobierno regional madrileño se niega asimismo "a admitir que los partidos nacionalistas periféricos (todos ellos independentistas) puedan ser considerados de izquierda y que criticarlos sea una actitud de derechas".

Leguina lamenta además que los inconvenientes de decir lo que piensa no acaben en las críticas que recibe "de los afines", ya que a ellas se suman "los aplausos" que le dedican "los 'aprovechateguis' de la acera de enfrente, los de UPyD (Rosa Díez)" -que, según subraya, utilizan sus escritos "como si fueran suyos"- y algunos medios informativos.

“Por favor háblame en catalán”
Redacción Bilbao Minuto Digital   6 Agosto 2008

La cadena de supermercados Bon Preu ha distribuido entre sus trabajadores 2.500 chapas con el mensaje “Por favor háblame en catalán”. El grupo de distribución de Osona dispone de 111 establecimientos de las marcas Bon Preu, Esclat y Orangutan. La adhesión de esta empresa a la campaña, promovida por la Plataforma por la Lengua, el Consorcio para la Normalización Lingüística, la Fundación Jaume Bofill y la Secretaría de política lingüística de la Generalitat, tiene como objetivo que se haga uso de la lengua catalana “siempre que sea posible”. Bon Preu pretende fomentar que los trabajadores no catalanohablantes se acostumbren a hablar en catalán para mejorar el aprendizaje. Los empleados llevan la chapa de manera voluntaria durante su jornada laboral.

El hispanista Elliott critica a quienes «pretenden construir naciones de manera artificial»
JUAN CARLOS ROJO ABC 6 Agosto 2008

SANTANDER. El hispanista John Elliott, catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Oxford, alertó ayer en Santander, donde participa en un seminario organizado por la UIMP, de los nuevos problemas que acechan a España. Y entre éstos citó «la creciente polarización que se está fraguando en esta sociedad», la controversia territorial y que «el estrechamiento de miras de ciertos sectores de esta sociedad está rechazando la convivencia con otras partes de la península ibérica». Un camino, señaló, totalmente opuesto al pluralismo y la tolerancia, que el historiador contempla como solución a muchos de los problemas de España.

Elliott fue más allá e invitó a superar la «cortedad de miras que lleva al ensimismamiento, consecuencia de ciertas obsesiones culturales y lingüísticas que son más contraproducentes que beneficiosas», que muchas veces están basadas en precedentes históricos artificiales. Y criticó también la arbitrariedad con la que ciertas corrientes «pretenden construir naciones de manera artificial, se olvida la capacidad y necesidad que todos tenemos de poseer varias lealtades». De modo que, a su juicio, cualquier ciudadano pueda reconocer al tiempo su pertenencia a una comunidad autónoma, un país y a Europa.

Acompañado por los miembros de la Fundación José Ortega y Gasset, Mira Milosevich y José Varela Ortega, el prestigioso hispanistas quiso recordar a «la gente que quiere rechazar la idea de España» que «había una idea de España casi desde el siglo XV».
El PSOE rechazó las reformas legislativas que mantendrían a De Juana en la cárcel
Redacción Minuto Digital Bilbao 6 Agosto 2008

Rubalcaba alaba ahora la reforma del Código Penal de Aznar que permite que los etarras cumplan al menos 40 años de pena. En rueda de prensa ha dicho que confía en que al jefe del comando Vizcaya, Arkaitz Goikoetxea, detenido el pasado día 22, le sea aplicada la pena máxima que, en España, es de 40 años por actos de terrorismo.

Goikoetxea, tiene ahora 28 años, y Rubalcaba ha asegurado que cuando salga a la calle tendrá 68 años. Además, y a diferencia de lo que ha ocurrido con el caso de Iñaki de Juana Chaos -a quien se le aplicó el Código Penal de 1973, que nunca se reformó tras la derogación de la legislación franquista sobre terrorismo- , a Goikoetxea se le podrá imponer una pena accesoria que le impida convivir cerca de sus víctimas, una medida que ya recoge el Código actual. “El Código Penal no es retroactivo”, ha dicho Rubalcaba para explicar el motivo por el que De Juana, tras quedar en libertad, ha podido regresar a su vivienda ubicada en el barrio donostiarra de Amara, en cuyas cercanías residen varias víctimas de la banda terrorista.

Pero cuando el PP reformó el Código Penal en 2003 para garantizar que los terroristas al menos cumpliesen 40 años de prisión y no sucediese lo que ha pasado con De Juana Chaos, el PSOE no se mostró precisamente entusiasmado con aquella reforma. (recordemos que debido a que ni Felipe González ni Adolfo Suárez afrontaron dicha reforma, De Juana ha podido saldar con tan solo 21 años de prisión el asesinato de 25 personas).

Los catalanistas llaman mal nacidos a los extremeños
Redacción  Bilbao Minuto Digital  6 Agosto 2008

Los extremeños comen caliente gracias a los catalanes. Esta estupidez sólo se le podría ocurrir, -¿a quien si no?- a un diputado de ERC. Y si no agradecen a los catalanes tamaño favor, ya saben el dicho popular español, son unos mal nacidos. Esta es la teoría que expone en su blog el ex diputado de ERC Juan Puig, que ha salido en defensa de tal Luis Suñé y su majadería de publicitar la campaña de los independentistas catalanes de SOS-Extremadura. Para Puig los extremeños, son unos “mal nacidos” por no reconocer la solidaridad catalana, y el tal Suñé es “víctima de una campaña fuera de lugar, chapucera, amenazadora” que “deja en evidencia una clara falta de gratitud de las autoridades extremeñas hacia la excesiva solidaridad catalana”.

Como cabría esperar de, como diría Josep Pla, un tronado de ERC, el blog de Puig es un compendió de disparates, que van desde afirmar que los ciudadanos de la Rioja o Extremadura superan en calidad de vida a los catalanes, –será porque son afortunados al no tener que aguantar nacionalismos medievales- debido al expolio fiscal que sufre Cataluña, hasta ataques a Air Berlín, insistiendo en comparar la aerolínea con Goebbels y, por supuesto, cantando orgulloso las bondades del boicot del aspirante a conseller en cap o algo así, Laporta.

Puig también critica al alcalde de Mérida, que en un calentón al parecer llamó hijo de puta al tal Luis Suñé. Exige disculpas al alcalde extremeño “¿A qué esperas para disculparte por haber insultado a la madre de Luís Suñé y, con ella, a todas las madres de Cataluña?”.

Pero ojo, no caigamos en la trampa de los separatistas, que con estas provocaciones lo que desean es promover el odio entre las regiones de España y destruir la cohesión nacional. Fomentando la animadversión del resto de españoles hacía lo catalán, que identifican con catalanismo –cuando son dos cosas bien diferentes- alimentan su discurso victimista y aspiran a apoderarse de la representatividad de los catalanes, abriendo un abismo de antipatía entre Cataluña y el resto de los regiones de España.

Y lo que representa España, por encima de tarugos como Puig o Suñé, o ladinos arribistas como Laporta, es precisamente la capacidad de progresar juntos gracias al esfuerzo de unos y otros. La iniciativa empresarial catalana, la demanda comercial y el trabajo extremeño, sería el tópico que podría representar lo bien que funciona eso del esfuerzo común que se resume en ese concepto que tan poco gusta sacar a colación hoy en día y que se llama patria.

No se puede pasar por alto que entre 1986 y 1995 el PP llevó al Congreso nada más y nada menos que 9 iniciativas legislativas para favorecer el cumplimiento integro de penas por terroristas. El PSOE se negó a sacar adelante todas ellas. José Luis Rodríguez Zapatero, que actuó de portavoz socialista, en 1991, en el debate de una iniciativa del PP en este sentido, donde el PSOE votó en contra, tachó la iniciativa de “reaccionaria” y pidió al PP que no se sumara a tendencias “que parecen volver a los postulados vigentes después de la II Guerra Mundial, en cuanto a política criminal”. Y Maria Teresa Fernández de la Vega, siendo Secretaria de Estado de Justicia, aseguraba que no creía en el cumplimiento íntegro de la pena porque “pretende retroceder 200 años para aplacar los supuestos deseos de venganza”.

Por fin en 2003, gobernando ya PP, se consiguió la reforma. Entonces, vigente el Pacto Antiterrorista, el PSOE sí votó a favor, no sin antes recalcar su apuesta por la reinserción. López Aguilar entonces decía: «Hay que afinar con la reinserción porque es una conquista de nuestro régimen de garantías y libertades. El mensaje de Aznar de cumplir 40 años porque sí no es aceptable tal cual. Debe haber un cauce para la reinserción del etarra que tenga el coraje de abandonar a ETA».

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