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Recortes de Prensa    Domingo 17 Agosto 2008

El Gobierno y la lengua española
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS, DE LAS REALES ACADEMIAS ESPAÑOLA Y DE LA HISTORIA ABC 17 Agosto 2008

CUALQUIERA que lea las informaciones procedentes del Gobierno, leerá mucho de muchas cosas, pero menos de los problemas que a la lengua española crean ciertas Autonomías. Pero, inevitablemente, el nombre de España, que se prefería sustituir por eufemismos, se va filtrando en el público. «España» y no otra cosa gritan los futboleros, los del tenis y los demás. Y un Manifiesto que ha tenido merecido eco (le auguro más) habla sin complejos de «la lengua común de España». Esto empecé a decirlo yo hace tiempo, en vez de «lengua oficial»: es oficial porque es común.

Toda gran nación tiene una lengua común, del origen que sea. He escrito un libro sobre esto. La nuestra es el español. Pero al Manifiesto los medios oficiales y políticos le han prestado el silencio. El público, mucha atención.

Los hechos son innegables. Cada día aparece en los medios más información sobre los que se resisten a que sus hijos estudien en vasco y los envían a Francia, sobre las nuevas leyes catalanas, sobre las multas por anunciar en español, sobre el tener que chamullar el catalán o el gallego para opositar aunque sea a lo más ínfimo. Y se publican cada día estadísticas sobre el rebaje del nivel de la enseñanza, sobre que más del 50 por ciento querrían que se centralizara. Sobre el increíble retraso del Tribunal Constitucional. Etc., etc.

Esto ya lo sabíamos o imaginábamos, pero era como el rey que no tenía camisa, ahora se le hacen fotografías de todos modos. Salen en ellas aspectos no solo míticos, también económicos y políticos del asunto. Doscientos millones para el eusquera, hablado por el 11 por ciento de la población. Concursos a plazas de médicos quedan desiertos, por ejemplo, en Cataluña: los profesionales de fuera no quieren ir. La discriminación del español ha creado un problema para todos.
Gravísimo problema, mucho más que el de que Chaves se cabree o bromee. Y llevamos ya muchos gobiernos que nada hablan de él, Esperanza Aguirre intentó algo y ya vieron. «Aquí no pasa nada», es la frase, la usa hasta la delegada del PP en Cataluña. Y vaya si pasa.

Y hay las guerras entre las lenguas minoritarias. Por ejemplo, para los catalanistas el valenciano es catalán. Sí, claro, en el origen, pero no hoy socialmente, lean nuestro Diccionario. Recuerdo que una vez fui a Palma al Congreso de la Sociedad Española de Lingüístas y llegué tarde por eso de los aviones: los catalanistas ya habían dado de comer a algunos colegas y les habían arrancado aquéllo. Yo lo anulé y puse un papelito, que los que lo quisieran lo firmaran. Íbamos a un Congreso, no a hacerles propaganda.

Poco después -y olvido otras anécdotas-, yo daba una conferencia en Mahón, en español y de mis temas. ¡Tuve más público que Carod-Rovira, que hablaba al tiempo en catalán y de los suyos! Peor aún, en un informe a la Academia de la Historia critiqué eso de quitarle a Mahón su -h- etimológica, pío pío de los catalanistas y sus seguidores socialistas. No volvieron a llamarme a las islas. Viva la libertad de expresión.

Paro aquí, callo. Pero no termino. El pasado 12 de julio -y de ello habló ABC- hice una propuesta a la Academia Española: que se dirigiera al Gobierno pidiéndole que insistiera ante las Autonomías en que «cualquier ciudadano español y en cualquier lugar de España y en cualquier circunstancia estuviera autorizado a usar la lengua común española y a ser contestado en la misma». Tras tres jueves de intenso debate, mi propuesta no fue aprobada. Que había que hacer algo, decían algunos, pero quizá la Academia no era el órgano adecuado y aquello era peligroso, que la Academia había sido atacada hace no sé si 15 años por un escrito semejante.

Tampoco fue rechazada mi propuesta: sólo aplazada, quedó para octubre, ya oirán hablar de ello. No retrocedo. Fue lástima que el honor que yo ofrecía a la Academia, ser la primera, quedara entre dudas. Sí, todo es peligroso en la vida si se quiere hacer algo. También es peligroso no hacer nada. Veremos. El ambiente del español mejora a ojos vistas. Llegará el momento en el que el Gobierno o las Cortes o el Constitucional o el Defensor del Pueblo o las Academias o quien sea tendrá que hacer algo en una situación intolerable, única en el mundo. Sería deshonroso lo contrario. Esperemos a octubre.

Tantos españoles parece que nada quieren saber de España. «Es demasiado tarde», me dijo alguien. Pero algo va cambiando, nunca es tarde para las cosas justas. Para decir la verdad. «Amigo es Platón, más la verdad», dijo Aristóteles.
España, la España de romanos y godos y cristianos y de la nación moderna se ve mejor cuando salimos fuera. Desde América, incomprensible sin España, como ésta lo es sin ella. Ahora mismo acabo de ver en ella nuestro lujoso románico, llevado desde Segovia y otros sitios, en The Cloisters. Y España se ve en Países Bajos. Y en Italia, Grecia, donde están nuestras raíces. Y en cualquier sitio a donde van nuestros futboleros, nuestros mejores embajadores hoy.

Vengo de la isla de Samos, en el Egeo: los samios fueron, con Coleo, en el 638 a. C. si no recuerdo mal, los descubridores de España. Vinieron luego griegos, romanos, los demás: por todo Oriente están Trajano, Adriano y tantos otros. Pues bien, un samio que se había movido por Tartesos dedicó a Hera, la diosa guerrera (tampoco estas son invento nuevo) un peto de caballo en bronce con Gerión, el monstruo de las tres cabezas, vencido por Hércules, se puede ver en el Museo. Por Hércules, el que levantó las Columnas y sostuvo el cielo, el que se llevó, golosamente, no sólo las vacas de Gerión, también las manzanas de oro del jardín de las Hespérides.

O sea: griegos y romanos, hicieron de nosotros una nación. Esa nación existe.

Pero es mal tratada como tal nación. Porque no sólo tiene, junto a otras lenguas particulares, muy dignas de respeto, una lengua general maltratada, igual que su literatura, siempre en rebaja. También tiene una historia. Y una tradición, todo maltratado en los planes de enseñanza. Vean, vean lo que escribí en ABC en marzo de 2007 sobre el plan que expone el BOE para la ESO. Las cosas importantes hay que repetirlas.

No hay propiamente en esos planes Historia de España. Hay cosas generales, pero no la unidad de España bajo los godos, ni la invasión musulmana, ni la reconquista. Ni una visión clara de su unificación bajo los Reyes Católicos ni del papel de España al lado del Imperio Romano-Germánico, ni apenas de la conquista de América. Todo vago, confuso, lejano. Parece como si nuestro país sienta vergüenza. Hay que salir fuera, mirar desde fuera, para saber lo que fue y significó España, significa todavía. Porca miseria.

Y no voy a abrumarles con mi gran tema en ABC: el tema de las lenguas clásicas, que formaron nuestra cultura y la de Europa y que, desde el 70, van en picado con unos y otros gobiernos. Ya los partidos ni las citan. Resistimos, tenemos a nuestro lado gente entusiasta, siempre es posible un cambio que ponga las cosas en su sitio. Ahora, cuando voy a Múnich a una reunión sobre el Thesaurus, la gran empresa latina internacional, casi callo por vergüenza.

Y en tanto aquí seguimos haciendo, entre otras cosas, el Diccionario Griego-Español, el más grande y al día del mundo. Para el futuro y para todos, intentamos no perder la esperanza.

Algún remedio llegará. El más urgentemente necesario, ahora, es el que está pidiendo a gritos la lengua española. En favor de todos. Sus obcecados, arbitrarios enemigos, son los que más tienen que perder.

FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS
de las Reales Academias Española y de la Historia

Contramanifiesto idiomático
Manuel Molares do Val Periodista Digital 17 Agosto 2008

Catalán, gallego y vasco no se estudiaban durante el franquismo, pero se hablaban, aparecían en libros y periódicos, y se censuraban sólo si atacaban al régimen o a la moral de entonces: como ocurría con el castellano,

Decir lo contrario es mentir. Los grandes escritores, como el catalán Plá, o el gallego Cunqueiro utilizaban constantemente ambos idiomas: eran afines al régimen. En vasco, que carecía de literatura, publicaban panfletos religiosos y coplillas.

Ahora, maestros --ya no pueden llamarse nacionales--, catedráticos y prácticamente todos los funcionarios regionales tienen que hablar las leguas autonómicas si quieren trabajar en comunidades con idiomas reconocidos distintos del castellano.

Intelectuales, científicos y profesionales de toda España y Latinoamérica que han hecho recientemente un manifiesto a favor del bilingüismo están recibiendo una dura contestación, en un elaborado por algunas personalidades de esas zonas.

Quienes defienden la libertad de uso de la lengua común sólo alertan sobre su exclusión de todas las actividades oficiales o públicas en varias comunidades en las que la población es perfectamente bilingüe, pero que ahora tratan de llevar al monolingüismo.

El contramanifiesto de los nacionalistas autonómicos, al contrario, acusa a los autores del primer manifiesto de “atacar” al derecho a vivir en idiomas no castellanos, cuando la demanda que plantean es solamente de libertad para usar ambos idiomas.

Además, los nativos de las autonomías en las que proscriben el castellano para la actividad pública, pueden estudiar y trabajar sin restricciones en la España castellanohablante, como hacen muchos hijos de los nacionalistas más excluyentes.

Resultado: las personalidades más brillantes de los 500 millones de los españolhablantes no pueden obtener puestos públicos entre los seis millones de catalanes, 2,8 gallegos y 2,1 vascos, que son quienes se empobrecen, aunque los hijos de sus élites políticas siempre tendrán salida.

El fantasma de la bilateralidad
POR GERMÁN YANKE ABC 17 Agosto 2008

El presidente de la Junta de Extremadura dijo el pasado jueves, con cierto enfado, que la Generalidad de Cataluña, en la negociación de la financiación autonómica, está pretendiendo un «nuevo modelo de Estado» más que un nuevo sistema de financiación. Parece pasmado Guillermo Fernández Vara de que, ante esta cuestión, se busque lo que a su juicio es «una reforma de la Constitución sin necesidad de reformarla». Y parecería lógico el pasmo del político extremeño -y de otros dirigentes autonómicos socialistas que subrayan lo mismo aunque con menos énfasis- si no resultara, a estas alturas, un tanto ingenuo.

Todo eso se quería hacer con la reforma del Estatuto de Cataluña. Fue un texto elaborado allí con criterios nacionalistas (asumidos por los socialistas catalanes) que pretendía establecer, sin ocultarlo demasiado, otro «modelo de Estado» con el argumento de que el establecido en la Constitución y desarrollado desde entonces había quedado obsoleto. Fue asimismo un texto retocado en algunos de sus excesos, pero no en su objetivo primordial, en el Congreso de los Diputados con el asentimiento de los socialistas, aunque algunos lo hicieran a regañadientes y con rabia. Ahí están, recogidos en el texto vigente, el pasmoso principio de bilateralidad y, tras él, para una comunidad autónoma, una suerte de derecho de ser tenida en cuenta, previamente, en el establecimiento de políticas generales. Así que ahora, mientras el Tribunal Constitucional no se pronuncie, el Gobierno de Cataluña esgrime su posición como si la reforma del «modelo de Estado» y la de la Constitución «sin necesidad de reformarla», fueran un hecho. Fernández Vara debería añadir una cierta cuota de arrepentimiento político al enfado, comprensible, del momento. Lo que los suyos pensaron, en el mejor de los casos, que era un mal menor para recabar apoyos políticos y presupuestarios, se ha convertido en lo que realmente era: un mal mayor. Una negociación bilateral que convertía la bilateralidad en principio, que modificaba de hecho el modelo de Estado y la Constitución «sin reformarla», y que, además de sustituir derechos individuales por territoriales, desplazaba a los demás, incluidos los extremeños.

La situación actual tiene dos caras además de dos posiciones encontradas. Una de ellas, la discusión actual en la que el Gobierno de Montilla, socialista también, pretende imponer un acuerdo particular -bilateral, insisto- mientras Zapatero adopta una posición de supuesta dignidad enarbolando el papel del Estado, la solidaridad, el acuerdo multilateral de financiación, etc. Para salir del paso, el presidente arguye que el Estatuto de Cataluña fija un plazo de dos años, ya cumplido, para un acuerdo en la Comisión Mixta Estado-Cataluña, pero no para un determinado acuerdo. La otra cara del asunto es que todo es posible por un Estatuto en el que los dos contendientes de ahora (socialistas y socialistas catalanes apoyados por nacionalistas) estuvieron de acuerdo diciendo, además, que suponía un pacto para muchos decenios.

Paradoja legal
A esa paradoja formal se añade la legal. Si el Gobierno argumenta subrayando que «un acuerdo» no es el «acuerdo» que quiera la Generalidad, tampoco podrá negar que se establece en el Estatuto «un» acuerdo bilateral junto al lógicamente multilateral de la financiación autonómica. Es decir, que se da carta de naturaleza a una competencia autonómica que, consecuentemente, determina políticas generales o puede convertirse, como es el caso, en un palo en las ruedas con las que se pretende que estas avancen. El pasmo y el enfado de Fernández Vara, y de otros con él, debería ser más con lo que hicieron, o dejaron hacer, que con los interlocutores catalanes del Gobierno que, al menos, han manifestado claramente sus supuestos presupuestos y sus evidentes intenciones entonces y ahora. Solbes, el muro de contención hasta la aparición directa del presidente en el escenario de la discusión, dijo aquello de que la propuesta del Estado, consistente con el Estatuto, debe serlo también con la Constitución. Es un buen modo de mostrar que, junto a la buena voluntad, estamos en el reino de la confusión.

Si estas graves discrepancias son los lodos de antiguos polvos, no debe olvidarse que el Estatuto de los líos es de 2006 y aún estamos pendientes de la resolución del Tribunal Constitucional. Al margen de la patética situación del Tribunal, la lentitud aumenta los problemas. Recordemos que los socialistas como Vara se oponen también al recurso previo de inconstitucionalidad. ¿Es sólo de Montilla y sus conmilitones la responsabilidad de lo que está ocurriendo?

Ceguera perpetua
Editorial El Correo 17 Agosto 2008

El último comunicado de ETA refleja el intento de los terroristas de volver a hacerse presentes en medio del acorralamiento policial y judicial que soportan, plasmado en la reciente desarticulación del 'complejo Vizcaya'. Para ello han recurrido de nuevo a la coacción impresa y a un delirante lenguaje exculpatorio a fin de cerrar filas en torno a una violencia capaz aún de hacer daño, pero cada vez más debilitada.

El pronunciamiento de la banda etarra no deja ni un resquicio de duda sobre cuáles siguen siendo sus intenciones, que no son otras que proseguir con los atentados contra una legalidad que tilda de 'extranjera' obviando que es la misma que viene respaldando la inmensa mayoría de los vascos y la única que ampara sus derechos como ciudadanos. Perpetuados en sus ciegas ensoñaciones, los terroristas se permiten endosar a las fuerzas de seguridad las consecuencias del artefacto colocado contra las instalaciones de EL CORREO en Zamudio, en un ejercicio de escapismo particularmente despreciable cuando toda la responsabilidad corresponde de modo exclusivo, como si fuera preciso recordarlo, a quienes hicieron estallar la bomba atentando contra la vida y la seguridad de 50 trabajadores.

Junto a ello, ETA trata de justificar con argumentos igualmente disparatados los tres atentados perpetrados contra empresas vinculadas a las obras del Tren de Alta Velocidad. Su bárbaro menosprecio reitera la amenaza a una infraestructura esencial, que debería llevar a quienes discrepan del trazado, especialmente dentro del propio Gobierno vasco, a modular el cariz de su oposición al mismo. Una vez más, el fanatismo etarra interpela al conjunto de la sociedad a sentirse concernida por la intimidación que los terroristas pretenden ejercer sobre los legítimos representantes de la ciudadanía, sobre aquellos que garantizan la libertad de expresión frente a la mordaza de la violencia y sobre los empresarios que ayudan al desarrollo de Euskadi sobreponiéndose a la sombra coactiva de quienes atentan y matan. Por ello, las renuencias del Ejecutivo de Ibarretxe a admitir que las obras del TAV se han convertido en objetivo prioritario para ETA suponen un lamentable desistimiento en la imprescindible deslegitimación política y social que exige el final definitivo de la banda terrorista.

La derrota posheroica de ETA
PEDRO OLIVER OLMO PROFESOR DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA EN LA UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA (UCLM) El Correo 17 Agosto 2008

Derrotar a ETA. A pesar de la fuerte resonancia militar de la palabra derrota, la derecha española ha conseguido presentarla con rasgos de civilidad democrática que, por paradójico que parezca, deberíamos asumir como si fueran moralmente superiores a los que valoran el diálogo y la no violencia. Con esa palabra se está utilizando el mismo código militarista que desde siempre ha gustado utilizar a la propia ETA para autodefinirse como organización militar. Y no cabe duda de que al éxito último de ese tipo de lenguaje también ha contribuido la persistente y sin embargo decadente capacidad operativa de ETA, un hecho que, después de la matanza terrorista del 11-M, se ha ido haciendo cada vez más inexplicable e insoportable (¿quién no tuvo en 2004 la ilusión de ver a ETA sumida en la perplejidad y autodisolviéndose?). Espoleados por la necesidad de persistir frente a una estrategia estatal que busca su derrota material (policial, judicial y punitiva), los actuales dirigentes de ETA están obviando que ya han sido derrotados por el alcance del profundo cambio sociocultural que han experimentado las sociedades occidentales, un proceso de transformación en el que está plenamente instalada la muy rica y acomodada sociedad vasca, aunque en ella se sigan dando fenómenos de violencia política.

Una de las más genuinas expresiones de ese cambio cultural puede encontrarse en la conformación de una mentalidad posheroica que desapasiona el campo de la conflictividad política, incluyendo el que sigue dinamizando la propia ETA. De esa manera se explica que entre sus propios apoyos sociales de última hora esté cundiendo con cierta ansiedad el deseo de verla disuelta (no derrotada en el sentido policial de la palabra, pero sí disuelta). La mentalidad posheroica del 'entorno de ETA' estaría anhelando el fin de la lucha armada, mientras que al mismo tiempo, con los valores clásicos de la mentalidad heroica que se forjó en los ciclos de conflictividad de los años sesenta del siglo XX, esa misma gente no quisiera ver a ETA militarmente derrotada. Toda derrota deja un regusto de contradicciones.

En el lenguaje político se habla de derrota en un sentido mucho más estricto y material. Tras la ruptura de la última tregua, la palabra derrota se ha convertido en el concepto fetiche del discurso anti-ETA. Ninguna formulación de la política antiterrorista puede admitirse si no contempla rotundamente la derrota de ETA como objetivo y lo defiende como algo indiscutible. Sin embargo, eso no siempre ha sido así. De hecho, durante la pasada legislatura hablar de derrota era poco menos que un estorbo. Que las cosas hayan cambiado, aunque la propia ETA lo provocara con su terco y suicida rechazo del proceso de paz, ha sido un gran triunfo de la derecha española. En realidad, el Estado español nunca se había planteado seriamente como posibilidad la derrota policial de ETA. Desde la UCD hasta el PSOE de Felipe González, a pesar de que se impulsaran tácticas de 'guerra sucia', todos los estrategas de la lucha anti-ETA asumían que sólo podrían golpearla materialmente y debilitarla políticamente, pero al final, de una u otra forma, tendrían que llegar a algún tipo de negociación política que solucionara definitivamente el largo y sangriento conflicto vasco. El cambio de esa estrategia de presión llegó cuando, tras la reacción social por el asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997, el entonces ministro de Interior, Mayor Oreja, logró crear en el PP la ilusión de que era posible la derrota policial de ETA y, de paso, el fin de la hegemonía del nacionalismo democrático en el País Vasco. Así se impuso la estrategia de la derrota. Y, más aún que una estrategia se creó un marco cultural que lograba presentar a su oponente -el diálogo- como sinónimo de entreguismo.

A esto último parece haberse apuntado también el presidente Zapatero si hemos de creer su rechazo a cualquier otra experiencia de diálogo con ETA. Pero nadie puede saber si, después de tantos años de provocar terribles daños y a su vez ir sufriendo grandes desgastes, ETA sucumbirá a una estrategia antiterrorista que al fin cree en su derrota material. Para sostener esa duda se tiene en cuenta la importancia de sus apoyos sociales y que todavía no se han abordado buena parte de los contenciosos sobre los que ETA sustenta su insistente intención de seguir existiendo. Sin embargo, aunque ETA no haya sido derrotada materialmente, aunque siga siendo una organización armada que resiste a la acción del Estado, es un artefacto simbólico que se ha quedado fuera de sus propias coordenadas culturales. ETA emite señales que desde hace tiempo no sintoniza la mayoría y que cada vez entienden menos las gentes con pensamiento radical, incluso las que alguna vez compartieron sus lenguajes revolucionarios. ETA utiliza un código heroico que ya no puede entender una sociedad eminentemente posheroica.

Así las cosas es imaginable un final cruento y también un final autodirigido por la propia ETA. Cuando eso ocurra podremos calibrar el alcance de su derrota posheroica como referente histórico y cultural, analizando su ubicación en la construcción del recuerdo social, o sea, en la forma de recuperar su memoria histórica. Es algo que ya se está viviendo -la batalla del MLNV por dignificar el relato de su propio pasado-, pero se agigantará cuando ETA haya desaparecido de la escena. Si observamos este mismo fenómeno en la España actual, el que se desarrolla a través de múltiples iniciativas favorables a la recuperación de la memoria histórica de la Guerra Civil y el franquismo, vemos que, aunque hay muchos agentes sociales implicados 'desde abajo', en España se está intentando construir desde arriba una memoria histórica que pueda llegar a definirse como 'memoria democrática' de todos los españoles. Con la vara de medir que imponen los actuales parámetros de legitimidad democrática, sólo es posible recuperar de forma unitaria sujetos colectivos indefinidos, como 'los españoles', 'los vascos', 'los catalanes', 'los progresistas' o 'los demócratas'. Se recuperará también, aunque con polémicas, a algunos otros que mantienen una gran relevancia social, como 'los socialistas' y 'los católicos', o los 'nacionalistas democráticos'. Sin embargo, no se podrá recuperar para la memoria oficial ni a 'los anarquistas', ni a 'los rojos', ni a 'los separatistas'. Ni siquiera a 'los republicanos'. Y, en la atmósfera cultural de una sociedad posheroica que no valora las pasiones ideológicas de antaño, jamás se podrá incorporar a la centralidad de la memoria dominante a sujetos colectivos que en otro tiempo fueron admirados por muchos, como 'los brigadistas' o 'los guerrilleros', menos aún a 'los terroristas'.

ué deparará el futuro a la memoria histórica de ETA? Dependerá de cómo se resuelva el conflicto vasco, pero, incluso en el mejor de los horizontes posibles -imaginemos un proceso soberanista exitoso y no violento- el recuerdo que ETA va a dejar será odioso y perdurable. Quienes quieran dignificar la memoria histórica de ETA tendrán que emplearse a fondo. Los monumentos que construyan los defensores de la memoria de ETA siempre quedarán revestidos de una simbología heroica extemporánea, mientras que a las autoridades estatales y autonómicas no les será difícil convertir en 'lugares de la memoria democrática' las calles y los parajes que han sufrido atentados. Los historiadores académicos seguirán construyendo una historiografía que pone énfasis en el carácter terrorista de ETA, y está muy claro que el relato que se haga sobre el pasado violento del conflicto vasco, aunque se enfríen mucho los análisis y se considere el dolor desde todas las perspectivas, nunca podrá obviar el recuerdo de las víctimas, sobre todo el de las más inocentes y el de muchas que fueron asesinadas de forma absolutamente inexplicable, por ejemplo, cuando el Gobierno español se ofrecía para dialogar. Según se vaya consolidando este ambiente cultural que no entiende de razones heroicas para matar por motivos políticos, la narrativa de las muertes absurdas provocadas por ETA empañará cada vez más su propia memoria histórica, e incluso el recuerdo de sus caídos. El absurdo perdurará y vencerá a la épica. A estas alturas, y por si el tren del diálogo volviera a pasar cerca, ETA debería proyectarse hacia el futuro y preguntarse si no será más difícil conllevar los efectos culturales de su derrota posheroica que las consecuencias políticas de su derrota 'militar'.

Soljenitsin y Milena Jèssenska o de Auschwitz a Pekín
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 17 Agosto 2008

Después de unos cuantos días privado de Internet y sin otra actividad intelectual que la de leer libros que, en circunstancias normales, nunca habría leído, me entero de la muerte de Soljenitsin. Recurro a la hemeroteca mediática habitual y veo la noticia tratada con ese estilo, típico del periodismo veraniego, que resume en pocas líneas la incuria literaria, la ignorancia intelectual y un iletrado y despectivo puntapié político. Parece difícil tratar a alguien tan sólido y trascendente como el autor de “Archipiélago Gulag” de forma tan ligera e intrascendente, pero no lo es; casi todos los “cocodrilos” y obituarios precocinados lo han hecho. ¿Y cabe obviar tantos asuntos políticos esenciales, fatalmente asociadas al nombre y a la obra de Soljenitsin? Por supuesto. La generación que vino al mundo hace casi veinte años, cuando cayó inesperadamente el Muro de Berlín, que es el símbolo de todo lo que Soljenitsin combatió durante décadas, está abocada a una ignorancia casi perfecta.

Pero la epidemia de amnesia no afecta sólo a los jóvenes. Cuando van a cumplirse veinte años del hundimiento de la URSS, el régimen totalitario más letal de todos los tiempos, hay una especie de gigantesco consenso universal en borrar su significado. Y toda la obra de Soljenitsin, singularmente el “Archipiélago”, es justamente eso: el empeño en establecer el significado profundo de una tragedia, la del triunfo macabro del comunismo. Los cien millones de muertos producidos por esa ideología política y lo que intelectualmente no es menos grave: el fracaso, aún hoy vigente, de la resistencia anticomunista. Por eso “Archipiélago Gulag” es elegía e historia, poesía y política, sentimiento y pensamiento. Y por ser todo eso y por serlo en grado eminente, hemos de reconocer que ese gran intelectual llamado Soljenitsin ha muerto, políticamente hablando, en el más absoluto de los fracasos. Cuando a nadie parece importarle el comunismo y, menos aún, combatirlo.

Nada prueba mejor esa voluntad de olvido político e intelectual que la apertura de los Juegos Olímpicos en Pekín a mayor gloria mediática del régimen comunista, el más vasto y cruento de cuantos han sobrevivido a la caída del imperio soviético. Podría argüirse, en términos posmodernos, que la propaganda económica y la legitimación política que para la dictadura china suponen los Juegos son sólo una prueba de esa especie de continua celebración mediática en que se ha convertido lo que antaño llamábamos realidad, vertiginosamente suplantada por su imagen. Sin embargo, creo que, en términos morales, esta apoteosis televisada del siglo XXI es sólo una actualización del deporte más antiguo de la Historia: el de mirar hacia otro lado, no sea que la conciencia se interponga en el camino de la supervivencia. Soljenitsin es de los pocos que se negaron a no ver lo que estaba a la vista. Pero se negó tanto que hasta su muerte le ha acompañado el rencor que la mayoría superviviente y triunfante reserva a la minoría insoportablemente derrotada.

Pero la verdadera minoría es el individuo, y pocas veces lo he visto tan nítida y trágicamente dibujado como en el caso de Milena Jessenská, cuya biografía por Margarete Buber-Neuman (“Milena”, Ed. Tusquets) leía estos días atrás, cuando, convertido en robinsón tecnológico, no me enteraba ni de la muerte de Soljenitsin. Yo sólo conocía a Milena por ser una de las novias inconclusas de Kafka, ese genio poco compatible con el sexo que le dedicó formidables y tristísimas cartas de amor. No sabía de su tersa, tensa, feroz juventud praguense, de su bohemia paternamente asediada en la Bohemia pastoreada por el Imperio Austrohúngaro, de esa especie de adolescencia perpetua que fue su forma irrevocable de maduración. Tampoco sabía de su éxito como periodista de Sociedad y, luego, o tal vez antes, de Política. Ni de sus hombres, deslumbrados al principio pero despóticos o indiferentes después. Ni de sus mujeres, sobre todo de su último y precioso amor, Margarete Buber-Neuman, autora de unas memorias escalofriantes y publicadas en España como “Deportada en Siberia” y “Prisionera de Stalin y de Hitler”.

En ellas la “pequeña prusiana” de Milena cuenta sus años de comunista fervorosa (viaja de Alemania a la URSS en 1933) su decepción política y su “depuración” carcelaria en la URSS: su marido, histórico dirigente comunista alemán, es detenido y seguramente asesinado; ella, enviada a Siberia en 1937. Pero Margarete es entregada en 1940, junto a otros alemanes antinazis, por Stalin a Hitler, en uno de los delicados “obsequios caníbales” auspiciados por el Pacto germano-soviético. Redeportada en Ravensbruck, conoce allí a Milena, ya gravemente enferma pero con toda la fuerza y la elegancia sacrificial que definieron su existencia. Pasión, emoción, conmoción, redención: todo en su amoroso encuentro es una desdicha apenas matizada; también una dicha de infinitos matices. Yo no he leído historia tan austera y tan desbordadamente digna como la del amor de estas dos mujeres.

¿Pero qué caracterizaba a Milena? ¿Qué es lo que maravillaba y preocupaba a cuantos la querían? ¿Qué es lo que admira en esa mujer que, cuando los nazis toman Praga, manda un mensaje a todos sus amigos judíos diciendo “yo no os abandonaré”? Por definirlo en una frase: hacer lo que no le convenía. Podríamos decir que Milena siempre tuvo motivos para subordinar su seguridad a su libertad. ¿Los buscaba? ¿Tropezaba con ellos? Sin desestimar la fatalidad de los países y las épocas, hay gente que es capaz de no tropezar nunca, ni siquiera con lo que busca, y otra que busca, busca y busca, pese a que tropieza, tropieza y vuelve a tropezar. Milena pertenecía a esta última especie. Soljenitsin, también.

Ninguno de los dos, tan diferentes, merece el olvido. Tampoco la superficialidad. Leo en un blog muy estimable de la Red Liberal que Soljenitsin fue “anticomunista a fuer de antiliberal”. Yo no sé si Milena era liberal, aunque estoy seguro de que no habría entrado nunca en el Cato Institute Tampoco sé si las minúsculas sectas académicas liberales consideran a Soljenitsin uno de los suyos. Supongo que no. Lo que sí sé es que el amor a la libertad se mide por lo que uno es capaz de sacrificar por ella. Y que, antes de medir, conviene medirse un poco para no descomedirse del todo. Por cierto, que en las objeciones “post mortem” a Soljenitsin no he leído un solo reparo o crítica severa al “Archipiélago”. ¿Es que se da por irrebatible o es que se ha renunciado a leerlo? Temo lo segundo. Pero con la misma ligereza que nos absuelve de lo importante, la apisonadora mediática nos suministra un motivo de debate, no precisamente trivial. La noticia vio quizás la luz junto a la polémica inauguración de los Juegos Olímpicos y pasó inadvertida, al menos que yo sepa. Resulta que el campo de concentración de Auschwitz va a tener que cerrar porque no tiene los 60 millones de euros anuales que precisa su mantenimiento. Y bien: ¿Qué habría dicho al respecto Milena Jessenská? ¿Qué habría escrito Soljenitsin? ¿Y qué deberíamos hacer, o decir que haríamos, los asoleados liberales españoles?

Los populares de Madrid dicen que el PSOE es cómplice de la represión del castellano en Cataluña, Galicia y Baleares
ABC 17 Agosto 2008

MADRID. Los socialistas han hecho buenos a los nacionalistas más radicales con sus políticas lingüísticas. Esa es la principal conclusión que señaló ayer David Pérez, portavoz del grupo popular en la Asamblea de Madrid, para quien el Partido Socialista «no es en absoluto ajeno a la persecución que sufren los ciudadanos que quieren hablar o educar a sus hijos en castellano en comunidades como Cataluña, Baleares o Galicia», informa Ep.

Del mismo modo, Pérez aseguró que es el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el que ampara «la represión lingüística y permite que muchos padres sean privados del derecho a elegir la lengua de enseñanza».

«Zapatero ha tomado partido»
El dirigente del PP madrileño dijo, además, que «Zapatero ha tomado partido en la lucha desigual entre quienes sufren la persecución lingüística y quienes la practican: Ha tomado parte por quienes imponen políticas represivas y discriminatorias y ha dado la espalda a sus víctimas, familias que sufren el acoso y la discriminación».

Por contra, según Pérez, tanto el Gobierno de la Comunidad de Madrid, como el grupo Parlamentario popular en la Asamblea y los Ayuntamientos madrileños en los que gobierna el PP se han sumado al manifiesto común, para que «todos los ciudadanos, cualquiera que sea el lugar del territorio donde vivan, tengan el derecho a utilizar la lengua común de todos y la posibilidad de que sus hijos, si así lo desean, puedan ser educados en la lengua común».

Asimismo, recordó que en la Constitución española se reconoce que «el castellano es la lengua española oficial del Estado y que todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla».

El parlamentario popular se preguntó, a su vez, si es normal que el PSOE promueva y permita programas lingüísticos «como los que sufren miles de personas en Galicia o Cataluña, un ejemplo de comunidades autónomas donde se erosionan las libertades al impedir que los padres puedan elegir en qué lengua educan a sus hijos, de lo que Rodríguez Zapatero es máximo responsable».

Falta de obras
Este no fue el únicio tema que trato ayer David Pérez, quien también arremetió contra la falta de obras en la Comunidad de Madrid. En concreto, hizo referencia a los «constantes accidentes» que tienen lugar en la A-1, a la altura de El Molar.
Precisamente el pasado viernes el primogénito del rey Simeón de Bulgaria, Kardam de Bulgaria, resultó herido muy grave tras salirse de la vía el coche que conducía en el kilómetro 42 de la también conocida carretera de Burgos, a su paso por este municipio sentido Madrid, un punto negro que ya se ha cobrado varias víctimas.

ROSA DÍEZ ABOGA POR UN ESTADO "MÁS FUERTE"
"El mayor problema de España con la crisis es un Gobierno que niega su existencia"
Rosa Díez ha apostado por "reformar la Constitución" para crear un "Estado más fuerte", capaz de hacer frente a los nuevos problemas de "cohesión e igualdad" planteados en "la sanidad, la justicia o la financiación", como fórmula para afrontar la crisis. Además, Díez ha criticado la negociación con ETA, en la que Zapatero siguió el criterio de pactar con "partidos que nunca han querido la derrota" de los terroristas.
Europa Press Libertad Digital 17 Agosto 2008

La parlamentaria en el Congreso de los Diputados y fundadora del partido Unión, Progreso y Democracia (UPyD) ha defendido sus propuestas para hacer frente a la crisis en las jornadas que organiza estos días en Valencia Unificación Comunista de España bajo el título "¿Qué hacer ante la crisis?", según informaron fuentes del partido en un comunicado.

Díez sostuvo que su partido "exige un Estado fuerte" y que para ello, es necesario "reformar la Constitución, no porque el modelo esté caduco sino porque hay que actualizar aquellos artículos que defienden la cohesión, la igualdad". Sobre esta cuestión, criticó que en España existen "17 modelos educativos" un problema que extendió a "la sanidad, la justicia o la financiación".

Rosa Díez aseguró que "cuando todos los ciudadanos no tienen los mismos derechos en todos los territorios, ya no hablamos de derechos sino de privilegios" y que "el problema no es que Zapatero tome medidas más o menos acertadas o que sean ocurrencias", lo que consideró un "problema" y acusó al Estado de "tener cada vez menos recursos para intervenir en lo fundamental".
En referencia a la situación económica, la parlamentaria afirmó que ésta concentra tres problemas como son "el déficit exterior, una elevada inflación y la dependencia energética", y recordó que España encabeza a los países europeos en paro y en dependencia energética.

Sobre la influencia de su formación en la política nacional, la fundadora de UPyD sostuvo que "tenemos un problema de déficit democrático que se plasma en los medios de comunicación", tras lo que se cuestionó "¿cómo es posible hacer una democracia sin información fehaciente si todos los dirigentes políticos y los medios de comunicación han decidido una forma de hacer política?".

Tras lo que consideró que, si en estas condiciones, "obtuvimos mas de 300.000 votos, quienes quieren callarnos tienen razones para hacerlo". Díez aseguró que "hace falta que cuando en el Parlamento, Zapatero haga un discurso muy de izquierdas para justificar la expulsión de inmigrantes, hace falta que haya alguien que le diga que eso es una vergüenza" y recordó que, en la pasada legislatura "tomó dos decisiones políticas estratégicas, una sobre el terrorismo y la otra sobre el modelo territorial".

Por último, en relación lo que Díez llamó "el final dialogado del terrorismo", denunció que el Gobierno central, en su primera legislatura, "hizo un pacto para acabar con ETA con aquellos partidos que nunca han querido la derrota de ETA". Sobre la cuestión de la agenda territorial, consideró que "sucedía lo mismo" puesto que afirmo que "para reformular el modelo territorial, pactaron con aquellos partidos que no creen en el Estado".

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