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Recortes de Prensa    Sábado 30 Agosto 2008

Georgia y los soberanistas
POR BENIGNO PENDÁS, PROFESOR DE HISTORIA DE LAS IDEAS POLÍTICAS ABC 30 Agosto 2008

HAY demasiados Estados en el mundo. Antes era un club selecto. Apenas una docena en los tiempos de Westfalia. Mucho más cerca en el tiempo: el 1 de agosto de 1914, al empezar la Primera Guerra Mundial, los autores más rigurosos aceptaban a 43 Estados como miembros de la comunidad internacional. A saber, 21 europeos y otros tantos americanos, además de Japón; en un segundo nivel, China, Persia, Siam y acaso Etiopía o Liberia. A día de hoy, el número de miembros de pleno derecho en Naciones Unidas supera los 190. Las desigualdades de población son abrumadoras, desde los más de 1.300 millones en la República Popular China hasta los casi 50 que no alcanzan el millón de habitantes. Lo mismo ocurre con la superficie. La antigua Unión Soviética superaba los 22 millones y medio de kilómetros cuadrados, aunque la actual Federación Rusa se ha quedado sólo en 17 millones. Canadá y Estados Unidos pasan de 9, Brasil de 8, Australia de 7... En el extremo opuesto, eligiendo al azar, Nauru cuenta con 21 kilómetros cuadrados, Barbados con 430, Singapur con 590... Rusia está dispuesta a contribuir a la degradación de la estatalidad. Termino con las cifras: Abjasia tiene 216.000 habitantes y Osetia del Sur apenas 66.000. El disparate salta a la vista.

Las identidades falsas contribuyen a crear problemas. No son naciones, ni territorios con personalidad propia, sino -en particular, Osetia- regiones controladas por mafiosos dispuestos a enriquecerse a costa del conflicto. Muchos, por cierto, son siloviki, igual que Vladímir Putin, esto es, antiguos burócratas del servicio de inteligencia. Gente sin escrúpulos, que sabe hacer dinero pero no crear riqueza. Antes, el negocio se llamaba «Ciudad de la Vida Socialista», como en la novela de Soljenitsin: recuerden al desdichado personaje que el lector conoce cuando le quedan 3.653 días de condena en el campo de concentración. Ahora, el asunto se disfraza de «espacio post-soviético». El Kremlin rompe la tregua olímpica y sigue a lo suyo. Añoranza de la Unión Soviética, no nos engañemos. No se trata, claro, del ámbito ideológico, porque el comunismo fue un desastre de tal calibre que nadie lo echa de menos. Otra cosa es la condición perpetua en la hegemonía euroasiática, desde el monje Filoteo de Pskov y la idea de Moscú como tercera Roma, liberadora de los pueblos eslavos.

El pretexto siempre es el mismo. Todo nacionalismo necesita territorios irredentos. Ucrania y Bielorrusia forman parte constitutiva del imaginario patriótico. El Cáucaso es una zona histórica de influencia. Georgia está gobernada por otro populismo imprudente, dispuesto a dar marcha atrás al proceso zarista de rusificación completado por el propio Stalin. Es curioso: el tirano nacido en Gori era una criatura del centralismo sistemático impuesto por Alejandro III. Así se escribe la historia.

Rusia no está en condiciones de ser un gigante a escala global, pero sigue siendo una potencia regional. Mal vecino para la Europa occidental, y tal vez algún día para China. A Washington ahora le importa menos. Retirados los «neocons» a sus cuarteles de verano, ya no se trata de exportar democracia sino de defender con inteligencia el interés nacional. Vuelven los «realistas» estilo Henry Kissinger, si es que alguna vez se habían ido. Incluso «Condi» Rice retorna a sus orígenes con un largo artículo en una revista de prestigio. La actitud de la declinante Administración Bush en la crisis de Georgia está más cerca del minimalismo que del activismo de la primera etapa en Irak. De ahí esa primera acción indirecta a través del «amigo» en la región, esta vez la Unión Europea bajo el mandato del hiperactivo Sarkozy. Visto el resultado, ha tenido que movilizar a la OTAN y acelerar el acuerdo con Varsovia y Praga. Cumplido su objetivo, el Kremlin sale fortalecido.

También en las relaciones internacionales juega el factor psicológico. Mucho más, por supuesto, en una época determinada por la construcción mediática de la realidad. Acaso el problema le llegue por esta vía indirecta, si se confirman ciertos indicios de barbarie genocida. Ni siquiera una dictadura fría y distante puede ser indiferente ante el Espíritu de la Época. ¿Influencia en las elecciones americanas? Georgia trae al primer plano la política internacional en su aspecto más ingrato para la retórica universalista. Está claro a quién benefician los aires de Guerra Fría. Acaso los rusos tienen algo que decir sobre la opción entre demócratas y republicanos...

Ya saben: será el primer martes después del primer lunes de noviembre. Extraña fórmula, pero no arbitraria, al servicio de una vieja sociedad de granjeros con tiempo limitado para cumplir sus compromisos políticos. Las librerías están repletas de obras efímeras sobre Barack Obama y John McCain. Se habla de sus «confesiones» públicas. Egoísta, uno; infiel sin excesos, el otro. ¿Quién ganará? Obama, cómo no, es el favorito de los medios, de los progresistas convencionales y de los americanos que hablan con europeos. Por tanto, cuidado con la impresión que recibe el viajero en sus contactos con ambientes urbanos, universitarios, incluso empresariales. Hay también una América profunda, fiel al espíritu de los pioneros, una tierra de frontera vertebrada en torno al motel y la estación de gasolina. Un buen consejo. No hagan ustedes pronósticos fáciles ni se dejen llevar por impresiones superficiales. En ABC escriben buenos conocedores de la realidad social y política en los Estados Unidos: todos están de acuerdo en reclamar prudencia... Lo cierto es que falta mucho partido por jugar. Ahora llegan las convenciones de unos y de otros, el impacto de los candidatos a vicepresidente, una campaña larga y terriblemente difícil. Cualquier cosa es posible. En todo caso, las imágenes de tanques rusos tienen una influencia en el imaginario colectivo que no favorece precisamente una visión multilateral y cosmopolita de las relaciones internacionales.

¿Qué pretende Rusia? El sistema autoritario plantea un doble objetivo. Hacia el exterior, es un desafío fácil contra la democracia americana, distraída en la campaña electoral, y contra la Unión Europea, atrapada en sus propias incoherencias. Kosovo, como es notorio, empieza a pasar factura. Hacia el interior, es un gesto populista para compensar el fracaso evidente de un régimen opresivo. Una sociedad acostumbrada desde hace siglos al despotismo se conforma con muy poca cosa. Si prosperan las nuevas entidades, serán el modelo típico de Estado fallido, cuyo único objetivo ha descrito gráficamente algún autor: deterring América, es decir, crear un estorbo artificial ante el despliegue del hegemón contemporáneo. Casualidad o no, debe ser una forma de recordar los treinta años bien cumplidos desde la invasión de Praga por las tropas soviéticas disfrazadas bajo el ropaje poco creíble del Pacto de Varsovia. ¿Guardan en la memoria, al menos los veteranos, aquella letra de John Lennon y Paul McCartney, nada menos? Cuando recuerdo a las chicas de Moscú, de Ucrania o de Georgia... I´m back in the USSR. Pues eso debe ser... Lección a efectos domésticos. Extraña época en que las provincias quieren ser Estados, se diluye el genuino poder soberano y sólo ganan los pescadores en río revuelto. Georgia como síntoma, por si hace falta alguno para alentar aventuras soberanistas. Un obstáculo más para la política del sentido común. A pesar de todo, la verdad es más fuerte que la mentira. Volverá el tiempo en que sólo existirán Estados auténticos y Naciones acreditadas. Es cuestión de paciencia y realismo.
BENIGNO PENDÁS
Profesor de Historia de las Ideas Políticas

Críticas interesadas
Aznar
Aznar no calibró bien el entorno y los cimientos sobre los que sustentaban el esfuerzo y el riesgo: no tenía detrás ingleses de 1940, sino españoles de 2003 que, por supuesto, son –o somos– bien distintos.
Serafín Fanjul Libertad Digital 30 Agosto 2008

El diario El Mundo (28.08.08) ha realizado una entrevista a J. Mª Aznar. En ella, el anterior presidente del Gobierno afirma unas cuantas cosas que no huelga recordar, por sabidas que sean: con frecuencia, en nuestro país afirmar lo obvio resulta sorprendente y hasta heroico y, desde luego, el infractor que osa hablar arrostra la condena, cuando no la persecución, de timoratos y mangantes, invariables sostenedores de la sinrazón convertida en verdad oficial. Una vez más, unas declaraciones de Aznar provocan una marejada virtual, menos real que interesada y engordada artificialmente por tirios y troyanos.

Papanatas, papaxoubas y papamoscas se lanzan por enésima vez a cerrar la boca al vallisoletano: es un testigo demasiado incómodo, dentro y fuera del PP. Y, total, sólo ha dicho que encontró la economía en ruinas, que a la ETA hay que asfixiarla, que el PNV es desleal con España, que el PSOE actuó canallescamente entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 (el adverbio lo pongo yo), que Pujol es un político inteligente y serio del cual discrepa en varios asuntos, que la reunión de las Azores confirió a España un papel internacional perdido hace dos siglos… Es decir, está oficiando de portavoz a la fuerza – no pidió la entrevista, se la pidieron– de la mayoría de los votantes del PP, ya que la actual dirección de su partido no se moja ni en la ducha y aspira a un angelical traspaso de poderes, cuando Rodríguez, camino de Damasco o de Doñana, caiga del coche blindado y comprenda cuánta bonhomía y cuánto amor anidan en el tierno abrazo que Rajoy le brinda cada día. Alguna vez llegará el milagro, la transmutación, la ósmosis perfecta entre PSOE y PP y se comprobará por vía empírica algo que también sabemos: cuán intercambiables, de partido a partido, son algunos dirigentes políticos. Pero no Aznar.

Este hombre hace rabiar por desentonar, renunciando a presentarse a un tercer mandato cuando estaba en la cresta de la ola y por tanto por mantener lo prometido ("Es un hombre de palabra", ha dicho Pujol subrayando el valor pedagógico del gesto); yéndose del Gobierno sin haber metido la mano más que en sus bolsillos (¿se imaginan la que habrían montado Prisa y el PSOE de oler el más mínimo atisbo de corrupción?); y habiendo intentado conseguir un lugar de primera línea para España, algo que los progres aborrecen porque los deja a la intemperie ante su propia insignificancia y miseria: es mucho más divertido ensañarse con los almerienses descalzos y piojosos de los cincuenta, como hacía J. Goytisolo, próximo Premio Cervantes (apunten). Pero tal vez Aznar no calibró bien el entorno y los cimientos sobre los que sustentaban el esfuerzo y el riesgo: no tenía detrás ingleses de 1940, sino españoles de 2003 que, por supuesto, son –o somos– bien distintos.

Criticar a un político a posteriori y resaltar sus errores –o los que se toman por tales– cuando los efectos de sus decisiones ya se han producido es uno de los ejercicios más baratos y cómodos que se pueden dar en el mundo: ¿quién intuía que los terroristas islámicos atinarían con tal puntería en la línea de flotación de este barco de caguetas? ¿No se acuerdan ya del "Comando Dixán", ja, ja, qué risa? ¿Qué culpa tiene Aznar de que los americanos realizaran la invasión de Irak con una insuficiencia de medios manifiesta para sofocar cualquier veleidad de resistencia? Porque no nos engañemos, fuera de la izquierda –que sólo atiende a su sectarismo y su bolsillo–, la población, la gente, los españoles que el 14-M no votaron al PP (multitud) siendo sus votantes habituales, sólo veían que la guerra, en contra de lo previsto, se había alargado un año y se agarraban inconscientemente a la miserable sugerencia de aquella pancarta de Barcelona que tanto regocijaba a sus portadores: "Las bombas lanzadas sobre Irak estallan en Madrid".

Y todavía hoy, entre periodistas de derechas y bien de derechas, sigue siendo un lugar común dar por condenada de antemano la intervención en Irak antes de cualquier argumento, de cualquier dato o reflexión: hay que estar en la pomada, a bien con los colegas que dicen lo mismo. Aznar se equivocó y punto, este hombre vino a estropearnos el pasodoble con sus sueños heroicos, qué lata de Empecinado, con lo sosegada y sabrosa que es la siesta abrazados a una hermosa almohada pacifista…

En otras ocasiones lo hemos sostenido por extenso y lo reiteramos: respecto a Irak, Aznar hizo lo que debía. Y no es poco tratándose de un presidente español. Había razones poderosas, amén de nuestro interés nacional: acabar con un tirano y una tiranía repugnantes (los cuatro comunistas que restaban por aquí ni sabían que Saddam Husein había exterminado a sus correligionarios de allá de formas espeluznantes); iniciar un proceso de democratización en los países de Oriente Próximo; combatir el terrorismo islámico, con una cruda advertencia a Irán (que, por cierto, se encuentra entre Irak y Afganistán). Pero lo más importante es que entre las consideraciones y problemas de los españoles de 2004, la guerra de Irak, objetivamente, no se hallaba ni entre los veinte primeros conflictos y motivos de preocupación. Las bombas desataron el pánico, voces mezquinas relacionaron Irak con los atentados y sobrevino la estampida.

Quizás nunca se sepa la verdad verdadera, no la judicial, que es de chiste, pero entre tanto se culpa a José María Aznar de todo, en bloque. Y se pretende que ni hable. Y, sin embargo, si algo podemos reprochar a Aznar (en el plano político, no en el personal, claro) es no haberse postulado para una tercera presidencia: él no habría perdido las elecciones de 2004. Ni con atentados.

Lecturas, visiones y decoloraciones.
3/ Vicky, Cristina, Barcelona y algunas películas más

Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 30 Agosto 2008

La última película de Woody Allen no es muy, muy buena pero está muy bien. Se pasa un rato agradable viéndola, no provoca alteraciones graves en nuestra visión del mundo, las dos actrices americanas brillan, Penélope arrasa y Bardem no estorba. La ciudad, sin embargo, no aparece. Tampoco aparece Woody, pero eso es harto comprensible, ya que su mera presencia estropea cualquier película... Lo de Barcelona es más raro, porque ya ha acreditado su valor escenográfico en muchas películas, españolas o extranjeras. Me vienen a la memoria Profession reporter de Antonioni, con Jack Nicholson y María Schneider; la archibarcelonesa Fanny Pelopaja (Andreu Martín y Vicente Aranda); y la ramblera Ocaña, retrat intermitent, pero hay cien o doscientas más. Invito a los lectores del blog a recordarlas y a compararlas con ésta cuando se estrene, o sea, ya. Nunca algo se anunció tanto y se vio tan poco.

Sinceramente, no entiendo el por qué. Claro que tampoco entiendo por qué Oviedo se limita a la entrada al Hotel Reconquista y a una finquita en lo verde, con tres planos de pre-románico asturiano que parecen impuestos y cedidos por la Consejería de Turismo. En realidad, casi todo son interiores o entradas a interiores, que podían haberse rodado en el hotel Santo Mauro de Madrid o en cualquier otro con lujo, aligustre y sin carácter. Es posible que el productor y brujo visitador de la Moncloa Jaume Roures haya rodado una versión para Cataluña y en catalán donde aparezca la Barcelona actual y hagan cameos, por orden de importancia institucional, políticos, titiriteros, tevetreros y otras “patums” tripartitas; y que, aparte, para ganar dinero, haya hecho otra versión para el resto del mundo en la que lo catalán brilla por su ausencia. No lo sé. Los meandros y oasis cerebrales de los millonarios de extrema izquierda me resultan incomprensibles.

Por ejemplo, he visto unas declaraciones de Roures en las que cuenta lo difícil que le ha resultado que las multinacionales, por supuesto norteamericanas, hagan una versión doblada al catalán de su película, porque no entienden algo “tan normal”. A lo mejor creen, en su ignorancia, que como lo normal en Cataluña desde que empezó el cine sonoro es ver las películas en español, lengua materna de la mayoría de los catalanes y que entienden todos (aunque el nacionalismo prohiba su uso escolar e institucional) es absurdo gastar dinero en otra versión para el mismo público. Pero no hay problema: pagas y lo entienden. Vamos, entienden que les pagas y allá tú con tu dinero y tus normalidades o normalizaciones, por decreto o a tocateja.

Bien es cierto que Roures tendrá que justificar ante las altas autoridades normalizadoras del catalanismo por qué su película, con Barcelona en el título, es una españolada de tomo y lomo, de arriba abajo, de principio a fin, de las de toda la vida y de las de ahora mismo, de las de Merimée hasta Almodóvar o de las de Almodóvar hasta Merimée. La canción, floja para mi gusto, que hace de tema musical de la película, es en castellano. La música que en Barcelona y Oviedo escuchan todos al caer la noche es... flamenco. El tema sin letra más repetido, es “Entre dos aguas”, tan barcelonés; y otro de los mejores “El concierto de Aranjuez” del maestro Rodrigo, que más catalán y más normal no cabe. Se produce el absurdo de que una de las chicas que dice que llega a Barcelona porque le interesa lo catalán, el idioma que luego estudia es el español; ni que se hubiera hecho de Ciudadanos. En fin, los mejores momentos de la película, a cargo de Pe, son en español castizo y en clave almodovariana. En realidad, podría decirse que Roures ha producido una buena película de Almodóvar dirigida por Woody Allen. Y quizás la desaparición de Barcelona sólo se debe a que la ciudad propia de la españolada moderna es... Madrid.

Devoluciones autonómicas
POR M. MARTÍN FERRAND ABC 30 Agosto 2008

ASEGURA La Vanguardia que «Solbes se empecina en su oferta de financiación sin un guiño a Cataluña». Ni Baltasar Gracián, cuando escribió El Político, fue tan devoto de Fernando el Católico como lo es ahora de José Montilla y su tripartito el veterano rotativo catalán. Es un efecto más, y también deformador, del sistema autonómico. El exceso de proximidad calienta los amores entre el poder político y el contrapoder periodístico y, en busca de la simbiosis, se genera una suerte de promiscuidad que, recelosa «de Madrid» -algo próximo al mal absoluto-, anula el sentido crítico de la prensa y engrandece en demasía a los líderes de cercanías que, en su territorio y en su jugo, reencarnan a los caciques que, desde siempre y en todos los territorios españoles, nos han chupado la sangre, el progreso y la alegría.

No seré yo quien se convierta en defensor de Pedro Solbes, que ya nos fabricó una crisis hace quince años; pero, visto con ojos menos apasionados que los de los colegas catalanes, el vicepresidente del Gobierno no se empecina, persevera. La constancia es una virtud opuesta a la contumacia. Solbes, eso es cierto, no le hace ahora un guiño a Cataluña; pero, ¿por qué había de hacerlo? Después de un sarampión de bilateralidad, uno de los grandes errores políticos de José Luis Rodríguez Zapatero, reverdece la idea de la multilateralidad. No puede ni debe haber Autonomías de primera y de segunda y, aunque los hechos demuestren que también existen de tercera, es bueno entender que lo graciable no entra en los márgenes de rigor que cabe exigirle al Estado y entra en las obligaciones de un Gobierno.

Lo que le pasa a Solbes es que, como resulta normal cuando decaen los ingresos del Estado y crece el gasto público, no le cuadran las cuentas. Especialmente si trata de atender los compromisos frívolos y demagógicos que -con cara de bueno, como conviene a las malas acciones-, por sí y ante sí, adquirió su presidente. En la última campaña electoral el líder que ríe se sacó de la manga una mentira de 400 euros por barba y eso le añade profundidad al agujero. Como se la añade el nou Estatut con el que estableció compromiso, ahora le reclaman y la caja no puede atender.

Zapatero desgasta al PSOE con el incumplimiento de sus promesas electoreras y falaces, pero eso no empecina a Solbes. Le deja pánfilo y contrito frente a unos Presupuestos imposibles de cerrar a gusto de todos. Tendría que declararse entre los gobernantes autonómicos una epidemia de sentido común capaz de convencerles de que el porcentaje presupuestario que le corresponde a cada uno, sumado al de los otros dieciséis, no puede pasar de cien. Ya le decía Gracián a El político que la heterogeneidades étnica y lingüística eran la gran fatalidad nacional; pero eso no cuadra los Presupuestos ni, mucho menos, los balances. Además, Solbes no puede dar lo que no tiene.

Inteligencia de seguridad interior
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ El Correo 30 Agosto 2008

DIRECTOR DEL INSTITUTO DE PSICOLOGÍA DE LA VIOLENCIA

A rnaldo Otegi abandona hoy la prisión de Martutene... ¿Será vigilado por los servicios de información e inteligencia? A raíz de lo ocurrido con la excarcelación de Ignacio de Juana Chaos se ha desatado un debate jurídico sobre los ingredientes penales a incluir en la condenas judiciales a terroristas. La pena accesoria de alejamiento de la víctima y la vigilancia del terrorista una vez ha sido puesto en libertad son las propuestas que más están siendo consideradas. De ser incorporadas ambas a una ley no serían de aplicación ni a Iñaki de Juana ni a ninguno de los terroristas que actualmente cumplen condena, debido a la irretroactividad de las normas penales en tanto no beneficien al reo.

Los juristas están de acuerdo en considerar que no es necesario legislar adicionalmente acerca de las penas de alejamiento de los terroristas respecto de sus víctimas, puesto que esa medida ya puede dictarla cualquier juez. Lo que PSOE y PP están analizando es si debiera introducirse en la tipificación penal como una obligación que los jueces tengan que dictar de manera inherente a una condena por terrorismo. En todo caso, lo cierto es que bajo el Código Penal actual un juez puede decretar una pena de alejamiento de la víctima de hasta cinco años para un criminal que haya cometido un delito grave. Hay que preguntarse si cinco años son suficientes. Y esta pregunta es independiente de si el criminal ha avanzado en su proceso de reinserción, puesto que el alejamiento es una medida para incrementar la seguridad de la víctima. En los supuestos de violencia de género el alejamiento se implanta antes de la pena para disminuir el riesgo de la mujer ante la inminencia de la amenaza que supone el agresor, que como sabemos en determinados casos ni siquiera se arredra por el alejamiento impuesto. Sin embargo esa seguridad no es la única que proporciona una medida de alejamiento. En los crímenes violentos, prohibir el acercamiento a la víctima de su agresor o terrorista busca impedir una re-victimización que sacudiría de nuevo la integridad psicológica del ciudadano directamente afectado por la acción violenta. Por tanto, en los alejamientos post-internamiento el bien jurídico protegido es la integridad personal de la víctima.

La otra propuesta que está sobre la mesa de este verano es la vigilancia del terrorista una vez que ha cumplido su condena. La vigilancia post-condena es un planteamiento común a muchos de los crímenes violentos o sistemáticos. Tanto violadores como agresores sistemáticos, terroristas o criminales organizados son objeto de reflexión recurrente sobre si el Estado tiene derecho a someterles a algún tipo de control una vez que han cumplido la pena que les fue impuesta por sus crímenes. La suposición de fondo más general es que la pena es una deuda que el criminal contrae con la sociedad a causa de una conducta delictiva, y que una vez saldada esa deuda puede considerarse al criminal como un ciudadano reinsertado. De entrada es una suposición que presume una identificación neta entre el proceso jurídico y el proceso psicológico. Es decir, que si aceptamos eso de la deuda es porque entendemos que la condena por sí misma tiene efecto terapéutico, que simplemente por cumplir la sentencia en prisión un criminal violento habrá dejado de serlo. Como sabemos, en muchos casos así será pero en otros no. Aunque pretendemos que así sea, prisión y reinserción no son equivalentes.

Y ahí no acaba la cosa. Sumado al argumento de que la prisión significa la reinserción y la pena salda la deuda social del criminal, existe otro razonamiento de, digamos, filosofía democrática en contra de las vigilancias post-condena de los delincuentes. Ese razonamiento implica que el Estado no tiene porqué vigilar a un ciudadano libre. El axioma de partida es que una persona que ha sido privada de libertad por un delito y ha cumplido su condena se reintegra de nuevo a la sociedad rehabilitado en todos sus derechos constitucionales. Desde luego es un precepto necesario si aceptamos que el fin de la pena es la reinserción de los delincuentes, la conversión del ciudadano-criminal en un ciudadano integrado. Con la sanción penal, la sociedad no busca retribución, no tiene como fin la venganza, sino curar moralmente al individuo desviado. Así, privado el delincuente de algunos de sus derechos durante la condena, al finalizarla es un ciudadano pleno como otro cualquiera. Es un planteamiento de muy buena voluntad y que la inmensa mayoría de los demócratas suscribimos, aunque perfectamente ilógico en muchos delitos violentos. Ilógico, de entrada, porque los primeros sospechosos de un delito sexual son precisamente quienes ya han cumplido condena por un delito sexual; ilógico porque el predictor más consistente de la violencia es haber ejercido violencia previa; ilógico porque un buen número de delincuentes organizados tienen un interminable historial penitenciario; ilógico porque en ciertas modalidades de delitos como el terrorismo las cárceles actúan a modo de centros de reclutamiento de nuevos agresores o de adoctrinamiento de quienes ya están condenados por serlo. De manera que el argumento filosófico es válido, pero no para todas las expresiones graves de criminalidad. Esos tipos de ciudadanos que han sido delincuentes tienen alguna probabilidad de continuar representando una amenaza aún cuando abandonan la prisión, incluso sobre todo cuando han abandonado la prisión.

Esa naturaleza de amenaza que puede significar un riesgo para la sociedad es, a mi modo de ver, el carril conceptual por donde hay que pensar las medidas post-condena. Y no necesariamente tienen que ser planteamientos penales los que ofrezcan una solución, sino también administrativos, de policía administrativa. Existen multitud de amenazas que están siendo prevenidas a través de regulación administrativa y multitud de ciudadanos que están siendo vigilados incluso antes de delinquir, principalmente sin llegar nunca a delinquir. El sistema de prevención del blanqueo de dinero es un ejemplo de lo primero y la hacienda pública de lo segundo. En el mismo sentido, los agentes del Centro Nacional de Inteligencia no son fuerza de policía pero tienen el mandato de prevenir amenazas casi siempre graves. El CNI desarrolla su labor preventiva fuera del sistema penal, aunque está sometido a control judicial cuando investiga colisionando algún derecho fundamental.
os franceses tienen una palabra, 'renseignements', que significa investigación con propósito de inteligencia. En Francia, dos direcciones de inteligencia encuadradas en el Ministerio del Interior acaban de fusionarse. Los Renseignements Généraux, que tanto y tan bien se han involucrado contra ETA, y la Dirección para la Vigilancia del Territorio se han unificado bajo la denominación de Dirección Central de Inteligencia Interior. Ambas por separado y ahora integradas constituyen un verdadero servicio de inteligencia de seguridad interior; ambas también son departamentos de la policía nacional. Los británicos tienen un servicio de inteligencia interior que no es policial, el MI5. El FBI norteamericano, por su parte, es el prototipo de agencia de seguridad con poderes investigativos policiales frente al crimen que al mismo tiempo ejerce de servicio de inteligencia ante amenazas de seguridad interior. Todos ellos son los encargados de prevenir aquello que pueda constituirse en riesgo para la seguridad del Estado. En España no tenemos una agencia o dirección con poderes operativos de inteligencia de seguridad interior, compartiendo esa labor el CNI y los servicios de información de las fuerzas de seguridad del Estado, policías autonómicas incluidas.

A ningún servicio de inteligencia exterior se le ocurre solicitar autorización judicial en su país para intervenir una línea telefónica en el extranjero. Los servicios de inteligencia operan con reglas distintas cuando se enfocan hacia el exterior sobre ciudadanos ajenos o hacia el interior de sus fronteras sobre ciudadanos propios. En todas las legislaciones, salvo las derivadas del derecho británico, los servicios de policía y las agencias de inteligencia de seguridad interior necesitan un mandato judicial para quebrar derechos fundamentales de los ciudadanos. Ninguna legislación impide, por el contrario, que los servicios de seguridad monitoricen sin tocar derechos constitucionales a individuos que representan amenazas, requiriendo si acaso sospechas sustentables de que un individuo o grupo vigilados representan un riesgo. En todo caso, ya hay jueces que autorizan a quebrar motivadamente el derecho fundamental para prevenir un riesgo a la seguridad nacional, aunque no necesariamente constituya un crimen tipificado.

O Solbes o Zapatero
POR JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 30 Agosto 2008

HAY una cosa que, por traidor que sea este mundo, no puede hacerse: sostener una cosa y la contraria. Pero es lo que viene haciendo el gobierno Zapatero y, además, de forma cada vez más descarada. Defiende la negociación bilateral con Cataluña incluida en el nuevo estatut, y una negociación general con todas las autonomías. Sostiene que tenemos la economía más boyante de Europa, y presenta cifras del deterioro más rápido de la misma. No acepta que haya crisis, pero admite que todos los índices económicos son negativos. Y, o una cosa u otra. O estatuto catalán o constitución. O Zapatero o Solbes. Porque lo que viene sosteniendo el presidente no encaja con lo que sostiene el vicepresidente, aunque ambos hablan y actúan como si encajara.

En esta dualidad, no hay duda de que quien tiene razón es Solbes. La financiación autonómica hay que negociarla con todas las autonomías, no con una sola, si quiere mantenerse el principio de solidaridad, e incluso el de Estado cohesionado. Las autonomías, por otra parte, deben gestionar mejor sus recursos, en vez de limitarse a pedir cada vez más del Gobierno central. Pues si éste no se caracteriza precisamente por su austeridad, las autonomías son un modelo de despilfarro, en cargos, viajes, publicaciones, televisiones, festejos y, bastantes de ellas, representaciones en el exterior, que sólo sirven a los familiares o amigos que las ocupan. Sólo con que recortasen esos gastos verían aumentar de forma considerable los recursos disponibles para inversiones mucho más productivas, como la educación, las obras públicas o las ayudas a las empresas. Sí, la razón económica está con Solbes. Pero quien manda es Zapatero, que sólo ve la razón política. Y si Solbes creyese de verdad en lo que dice, tendría que haber votado contra el estatuto catalán cuando se presentó en el Congreso, cosa que no hizo. Lo que hace dudar de su sinceridad antes, ahora o las dos veces.

¿Qué pretende el gobierno Zapatero con este doble juego? A estas alturas le conocemos de sobra para poder decir que persigue lo que ha perseguido siempre ante una crisis: ganar tiempo, dar largas al asunto, marear la perdiz, prometer lo que no puede dar, decir si y no al mismo tiempo. En una palabra: mentir a todos, en espera de que ocurra cualquier cosa, que baje el petróleo, que los Estados Unidos o la Unión Europea se recuperen, que sobrevenga un milagro que le saque del atolladero en que se ha metido. ¿No se salvó por los pelos del tremendo error que representó la negociación con ETA y todo lo que la acompañó, desde la reaparición de los seguidores de la banda en los ayuntamientos vascos a la huelga de hambre de De Juana? Pues, ahora, escapar lo mismo, ayudado por la suerte y la mala memoria de los españoles. Lo malo es que los números no se borran y son más tozudos aún que los etarras. Bueno, lo verdaderamente malo es que nosotros, no Zapatero, vamos a pagar sus falsos cálculos. Aunque algo de culpa tenemos, ¿no?

El experimento de Zapatero
Editorial ABC 30 Agosto 2008

LA comparecencia del vicepresidente económico del Gobierno, Pedro Solbes, en el Congreso para explicar la gestión del Ejecutivo en la negociación de la financiación autonómica, cumplió el propósito de desactivar un compromiso incómodo para Rodríguez Zapatero y ganar tiempo, aunque no se sepa bien para qué. Solbes fue rocoso en la reiteración de los mensajes ya conocidos. A eso fue al Congreso, pero al mismo tiempo que privaba de cualquier novedad al discurso del Gobierno, demostraba su incapacidad -la suya y del equipo al que pertenece- para ofrecer alternativas al laberinto creado por el jefe del Ejecutivo con el Estatuto de Cataluña. La cuestión principal sobre la que gira la financiación autonómica no es de cifras ni de criterios de reparto, sino estrictamente política, porque se refiere a la alteración del modelo de Estado.

Más bien habría que hablar de sustitución del modelo autonómico del Estado por otro de tipo confederal, a partir un estatuto autonómico -no de una reforma constitucional- que implanta una relación bilateral entre el Estado y Cataluña. Por eso, Solbes no aportó nada nuevo salvo la certificación de que los temores por la incidencia del Estatuto catalán en las políticas de cohesión y solidaridad no sólo eran ciertos, sino que se quedaban cortos. Si fuera sólo problema de dinero, la solución sería más sencilla. Pero tras las reivindicaciones financieras está la nueva relación singular entre el Estado y Cataluña, ese experimento del que tanto Zapatero como el resto del Gobierno eran muy conscientes cuando dieron su visto bueno al Estatuto catalán.

Ahora, el Gobierno se comporta como si el presidente del Gobierno no hubiera asumido compromisos políticos con los partidos catalanes y como si no hubiera un Estatuto que establece, para perjuicio del conjunto de España, una relación diferenciada entre el Estado y Cataluña. La bilateralidad que defienden los nacionalistas catalanes no es un invento. Es el precio que gustosamente pagó Rodríguez Zapatero para asegurarse el apoyo político de los partidos catalanes nacionalistas.

El problema se lo encuentra ahora, cuando tiene que poner sobre el papel las consecuencias del nuevo modelo de Estado, algo que sobrepasa la representatividad política de Solbes, y emplaza de lleno al jefe del Ejecutivo. Es evidente que, aisladas de este contexto, las apelaciones del vicepresidente económico al pacto multilateral, a la solidaridad y a la última palabra del Estado en caso de que no haya acuerdos, son perfectamente defendibles y plausibles. Pero tienen un contexto que no se puede eludir y que hace que resulten contradictorias con las decisiones políticas tomadas por su propio Gobierno, con las que se ha hecho una derogación del Estado autonómico en Cataluña. Solbes se equivoca: con el Estatuto de Cataluña, el Estado no tiene ya la última palabra y es precisamente lo que con tan airada insistencia están recordando continuamente el tripartito catalán y CiU.

No ha hecho falta que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre el Estatuto de Cataluña para que afloren sus incompatibilidades con el modelo de Estado unitario, basado en la solidaridad y la igualdad. Ya está demostrada la inconstitucionalidad de facto del Estatuto, en la medida en que su sistema de financiación no encaja en la estructura constitucional del Estado de las autonomías. Cuando el PSOE caricaturizaba las críticas del PP y de expertos constitucionalistas poniendo en su boca el tosco argumento de que «España se rompe», estaba queriendo obviar el riesgo cierto que ahora se está produciendo. España no se rompe, pero su Estado está sufriendo una desaceleración política evidente, alimentada por la nula visión nacional de las decisiones de Zapatero en la anterior legislatura. El Gobierno vive al día. Su prioridad hasta el jueves pasado fue evitar que Rodríguez Zapatero diera cuenta de su responsabilidad política por impulsar un cambio de Estado que está dañando gravemente la estabilidad institucional y el sentimiento de solidaridad nacional. El problema de Zapatero es que no podrá garantizarse permanentemente la impunidad política que pretende.

El "Estatut" y el "Titanic"
Fermín Bocos Periodista Digital 30 Agosto 2008

Mientras Zapatero se distrae con el senderismo televisivo, el ministro de Economía suda tinta china intentando, en vano, cuadrar el balance de los compromisos presupuestarios del Estatuto de Cataluña. El embarque que apareja la pretendida "bilateralidad" -añorado Camelot de los nacionalistas de toda la vida y últimamente, también de los socialistas catalanes, sus nuevos compañeros de viaje- envenena los sueños de Pedro Solbes.

Al ministro le quita el sueño y a Cristóbal Montoro, la voz de guardia este verano en el PP, le ha resuelto el guión: los nacionalistas -dice- le están pasando factura a Zapatero por la frivolidad con la que decidió apoyar un Estatuto que, de hecho, si el Tribunal Constitucional no lo enmienda, convierte a España en un Estado confederal. Como si España fuera Suiza.

Y así ha empezado el curso: reclamando dineros al Gobierno de un país que por obra de la crisis económica atraviesa por un momento muy delicado: el déficit del Estado creció en julio hasta alcanzar la colosal cifra de ¡9.965 millones de euros!, casi un punto del PIB y tenemos más deuda externa que Egipto en tiempos de aquel ludópata que fue el rey Faruk.

¿Tienen en cuenta ésta situación los diputados nacionalistas que exigen pasar por caja antes de fin de año? Parece que no. Aquí cada uno va a lo suyo. Pasa lo de aquel camarero del "Titanic" que seguía discutiendo un aumento de sueldo con el jefe de comedor cuando, cizallado por el iceberg, el barco nave orzaba ya hacia el abismo.

Y ,en eso estamos. Extraviado el principio de solidaridad, la lucha política, en su última expresión, se reduce a cálculos y maniobras apropiadas para asegurar la eliminación de émulos o enemigos.

Rajoy aprovecha la crisis para debilitar a Zapatero y el Gobierno se desacredita solo intentando restar importancia a los parámetros más alarmantes de la situación: el último conocido, el del paro. Subió hasta el 11% -cuatro puntos más que en el resto de Europa. ¿Tendrán en cuenta todos estos datos los nacionalistas y dejaran de apremiar tanto a la hora de pasar por caja?

El puzzle autonómico convierte en inoperante la tarjeta sanitaria digital
Acceso denegado al historial clínico
La disparidad de los sistemas informáticos impide conocer los datos médicos de los pacientes entre las distintas autonomías Cataluña y País Vasco, las más retrasadas en el proceso de centralización
La información médica de un enfermo sólo está disponible para los facultativos de su propia comunidad autónoma.
M. Poveda La Razón 30 Agosto 2008

Madrid- El estado de salud del profesor Jesús Neira empeoró tras la paliza que recibió por defender a una mujer maltratada porque los primeros médicos que le atendieron no tuvieron en cuenta que tomaba una medicación anticoagulante (sintrom), que le hacía más propenso a sufrir hemorragias, como la cerebral que le llevó al estado de coma.

El ministro de Sanidad, Bernat Soria, declaró unos días después que si Neira hubiera llevado «una tarjeta sanitaria electrónica, con su historia clínica digital incorporada» los médicos hubieran sabido que era un paciente con ese riesgo. Pero la realidad en España es que con una Sanidad transferida, es decir, con unas comunidades autónomas que poseen plena potestad para poder hacer y deshacer en temas sanitarios, se encuentra, no obstante, con 17 proyectos individuales de historia clínica digital, muchos de ellos diferentes y, por lo tanto, resultan incompatibles (o «interoperables», como se denomina en el argot técnico) entre sí.

Las autonomías pioneras trazaron cada una su propio modelo de historia clínica y desarrollaron unos sistemas informáticos propios. Andalucía, País Vasco, Comunidad Valenciana y Cataluña tienen digitalizada toda la información médica de sus ciudadanos, que cualquier médico de la región puede consultar, pero si el paciente viaja más allá de los límites de su región, su historial se queda en casa.

Para poner un poco de orden en este amalgama de proyectos, el Ministerio decidió definir unas directrices comunes y ser el garante de un nodo central, «un gran servidor desde el que intercambiar la información», como lo definen. Sólo faltan por integrar la información cuatro comunidades: Andalucía, Comunidad Valenciana, Cataluña y País Vasco y estas dos últimas son las que más retrasadas van, confirman desde Sanidad.

Precisamente, las cuatro pioneras tienen que hacer ahora un nuevo esfuerzo en lo que se refiere al campo de la tecnología para poder convertir sus sistemas informáticos y que, de esta manera, los informes puedan ser «leídos» desde cualquier otro punto de España.

Programa piloto
A la espera de que se terminen de integrar, en octubre, el Ministerio pretende llevar a cabo un programa piloto con ocho comunidades autónomas, una especie de «ensayo general» con media España para ver en el día a día las posibles ventajas que traería el poder acceder desde un simple ordenador a la información de cualquier paciente de España o bien intercambiar dicha información con médicos de otras zonas del país. Cataluña, Castilla y León, Murcia, La Rioja, Comunidad Valenciana, Cantabria, Andalucía y Baleares son las comunidades que han sido escogidas para participar en esta experiencia.

Un plazo de tres años
Y el siguiente reto ya se vislumbra en el horizonte. El próximo mes la Unión Europea firmará un proyecto con 11 de sus países, entre ellos España, para integrar las historias clínicas de medio continente en un plazo de tres años. «La idea es que cada país pueda utilizar su propia tecnología para no tenerlo que modificar absolutamente todo, pero el verdadero reto es que todos los sistemas de que dispongan sean interoperables entre sí», explican desde Sanidad.

VIDAL QUADRAS CRITICA LOS GUIÑOS DE RAJOY AL BNG
VIDAL QUADRAS: "Lo nuestro, ¿tiene cura o debemos entregarnos a la desesperación?"
Vidal Quadras no comparte la idea de Rajoy y Fraga de dialogar con el BNG. Confiesa que no ha logrado entender por qué su partido quiere mantener conversaciones "con los independentistas suevo-celtas de cara a la conformación de una mayoría parlamentaria estable". Semejante hipótesis, dice, "legitima a una fuerza separatista radical prestándole gratuitamente un aura de respetabilidad que no se merece". Un panorama que lleva al europarlamentario del PP a preguntarse: "Lo nuestro, ¿tiene cura o debemos de entregarnos directamente a la desesperación?".
Libertad Digital 30 Agosto 2008

En las páginas del diario La Razón, Alejo Vidal Quadras vuelve a denunciar el viraje estratégico del Partido Popular. El veterano político asegura que "hay misterios que no se resolverán nunca" y encuadra en ellos los deseos de Manuel Fraga y Mariano Rajoy de dialogar con el Bloque Nacionalista Gallego. "Yo me he esforzado de verdad en entender los elementos lógicos, conceptuales, estratégicos y tácticos sustentadores de la apertura a la posibilidad de mantener conversaciones", asegura, pero inmediatamente agrega: "Confieso que no lo he logrado".

Desde su "limitada perspectiva", continúa, "la mera admisión de tal contingencia revela una inseguridad en la victoria que debilita peligrosamente ante los ciudadanos populares gallegos. En opinión del eurodiputado, "semejante hipótesis legitima a una fuerza separatista radical prestándole gratuitamente un aura de respetabilidad que no merece".

En su columna en el rotativo de Planeta, Vidal Quadras insiste en que "la mera idea de que la disposición a negociar con gentes instaladas en el más disparatado extremismo le hace parecer a uno como moderado centrista, revela un desenfoque muy preocupante en dirigentes políticos de probada inteligencia y experiencia".

"Díganme, por favor, lo nuestro ¿tiene cura o debemos entregarnos directamente a la desesperación?", concluye.

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