AGLI

Recortes de Prensa    Domingo 7 Septiembre 2008

La lengua del fariseo
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ www.elcorreogallego.es 7 Septiembre 2008

Que sólo el veintipico por ciento de los alumnos que llegan a la ESO tengan el gallego como lengua habitual no es un dato facilitado por el Club Financiero de Vigo, Galicia Bilingüe, o cualquier otro ente o persona sospechosos. El porcentaje no forma parte de un complot destinado a minar la normalización, como pudiera creerse, sino que procede de fuentes fiables.

Lo suministra el Instituto de Ciencias da Educación de la Universidade compostelana, a petición del Consello da Cultura Galega, dos instituciones de confianza en la materia. La cifra es sorprendente, pero todavía lo es más la conclusión a la que llegan los autores y patrocinadores del trabajo. ¿Conclusión? Más bien se trata de un férreo apriorismo contra el que nada pueden los estudios objetivos sobre la realidad.

De acuerdo con el dato, el ochenta por ciento de los chavales que ingresan en la ESO estarían siendo en parte escolarizados en un idioma que no es el suyo. Pueden escandalizarse lo que quieran los fariseos del lugar, pero la realidad es que para esos alumnos el gallego viene a ser una lengua adoptiva o postiza. De acuerdo, esa situación se debe a antiguas opresiones, a penosas persecuciones, es culpa de Isabel y Fernando y producto del franquismo. ¿Y qué?

Se puede estar de acuerdo en que esa injusticia histórica hay que vengarla, mediante políticas activas de recuperación del idioma perseguido y prohibido, siempre y cuando esas políticas no ignoren lo que pasa en la calle, y no antepongan la ideología a la pedagogía, que es lo que se hace en las conclusiones expuestas por los amigos del Instituto y el Consello da Cultura.

Para ellos, es preciso profundizar más y más con la normalización, como si fuera una plataforma petrolera. Es decir, que no hay que adaptar la política lingüística que se sigue en la escuela al dato que nos dan, sino que son los niños no normalizados, el ochenta por ciento, los que tienen que amoldarse a lo que dicte la política lingüística. ¿Para qué gastar esfuerzos en estos estudios, si los dogmas son inamovibles?

La radiografía que se nos presenta va más allá. Nos dice por ejemplo que abundan los profesores de gallego que fuera de las clases le hacen el caldo gordo a los Reyes Católicos hablando en castellano, y que vuelven a ser mayoría los escolares que en su entorno familiar tampoco recurren al gallego. Pero es inútil. Todo eso, en vez de animar una reflexión cauta, sin tópicos, sobre la normalización, sirve para reclamar más controles, más medidas, más severidad contra esta sociedad que no se deja.

Apena ver a gente tan ilustre convertida en rehén de ese tipo de ideología mistificadora a la que Carlos Marx dedicó brillantes páginas. Se refería él a esa ideología que, en lugar de servir para entender mejor la realidad circundante, la disfraza, la oculta, la camufla con los propios prejuicios. Aquí hemos grabado en las tablas de la ley de la nueva Galicia autogobenada que la normalización es un ídolo al que hay que sacrificar todo, incluso el sentido común.

El sentido común dice que si la sociedad gallega lleva tiempo oponiendo una resistencia pasiva a la normalización, no hay que reñirle como si fuese un niño malo, sino procurar entenderla. Se está haciendo lo contrario. Los normalizadores se parecen al que entra en la autopista en dirección contraria, y se sorprende de la cantidad de coches que circulan equivocados.

Pan, cebolla y subvenciones
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 7 Septiembre 2008

¿ESTÁ funcionando el Estado de las Autonomías? A juzgar por los envites que recibe el Estado español, no demasiado. Pero tampoco las Autonomías parecen satisfechas. Mejor dicho, algunas de ellas lo están, pero otras no hacen más que quejarse. ¿Y saben ustedes cuáles son? Pues aquellas donde los nacionalistas llevan la voz cantante. Lo que autoriza a preguntar: ¿es el nacionalismo un freno al desarrollo?

La respuesta es afirmativa si nos fiamos de dos informes recién publicados por prestigiosas instituciones: la Asociación Catalana de Sociología y el Club Financiero de Vigo. La primera depende del Instituto de Estudios Catalanes, nada sospechoso de anticatalanismo, el segundo incluye firmas tan sólidas como todas las caxias y bancos gallegos, Unión Fenosa, Pescanova y los fabricantes de conservas. Y, por una vez, los gallegos son más explícitos que los catalanes: el plan de la Xunta para forzar el uso del gallego en la enseñanza, la administración y el comercio puede frenar el desarrollo de Galicia de mil maneras, desde la atención al cliente a los trámites administrativos, pasando por la dificultad de contratar fuera profesionales de prestigio que contribuyan al desarrollo del país. «Toda política lingüística que apele al imperativo tiene el riesgo de fracasar», advierte el informe, que aboga por el bilingüismo que prevalecía hasta ahora, con igualdad entre gallego y castellano, y libertad para elegir uno u otro en la enseñanza, los trámites administrativos y los rótulos.

Sin tanta crudeza, como exige el «oasis» catalán, su Asociación de Sociología describe la «perplejidad y confusión» en que se encuentran hoy los catalanes ante el hecho de haber dejado de ser el «motor» de España para situarse detrás de otras comunidades, como Madrid o Navarra. Advirtiendo que el «mirar a Europa no sirve, ya que para competir allí hay que tener detrás un estado cómplice». «No es que hayamos perdido el tren -añade-, pero estamos en los últimos vagones». Sobre las causas, el informe es ya más vago, diciendo sólo que «Cataluña se ha dormido en los laureles, creyéndose el centro del mundo». ¿Pero no es esa precisamente la esencia del nacionalismo, creerse el ombligo el mundo? Durante las últimas décadas, Cataluña ha volcado todo su empuje, capacidad de innovación y potencia económica en su proyecto nacionalista, con representaciones en el exterior, selecciones «nacionales», publicaciones, cursos, etcétera, mientras se le caía la casa dentro. Nada de extraño que otras autonomías la adelantasen. No hablemos de Galicia si sus socialistas siguen los dictados de sus socios nacionalistas. Si el País Vasco mantiene su alto nivel es gracias al generoso «cupo», que le permite no dar nada y recibir mucho del resto de España. Aunque sufre una ruina peor: la de ETA.

Servirán estos informes para corregir la deriva nacionalista en Cataluña y Galicia? Temo que no. El nacionalismo, como el amor, mantiene lo del «contigo pan y cebolla». Lo malo es que nuestros nacionalistas exigen que España les subvencione. Y hasta ahora, de una forma u otra, lo hemos hecho.

El tronco y las ramas
MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas ABC 7 Septiembre 2008

NO resulta fácil explicar el Estado de las autonomías. En mis clases de la Universidad tuve que advertir a los alumnos que era una manera nueva de organización territorial del Estado, distinta de las hasta ahora ensayadas en los sistemas de descentralización de los poderes públicos. Luego, en el Tribunal Constitucional, intenté que la fórmula española no fuese considerada como una especie de federalismo. Pero en un sector de la doctrina (así como en ciertos ámbitos políticos) se afirma que el Estado Federal es nuestra meta, hacia la que ahora caminamos de modo imparable.

Se recuerda, con el fin quizás de suavizar el tránsito, que son varias las organizaciones denominadas federales. En los Estados Unidos de América, por ejemplo, el federalismo inicial se transformó en un federalismo dualista (1880-1940) y últimamente se habla allí de un federalismo cooperativo. ¿Cuál sería nuestro modelo? No pueden olvidar los defensores del Estado Federal para España que Presidentes norteamericanos tan distintos como Eisenhower, Kennedy o Johnson se vieron obligados a intervenir militarmente en diferentes Estados miembros (nuestras Comunidades Autónomas), poniendo bajo su mando a las «Guardias Nacionales» (policías autonómicas), en los momentos críticos de disturbios o de obstrucción a la aplicación de las leyes. Y este control del poder central sobre todo el territorio nacional fue ya consagrado en leyes de los siglos XVIII y XIX. El texto de la ley de 29 de julio de 1861 -valga como ejemplo- es claro y terminante: «Siempre que en razón de impedimentos o combinaciones ilegales... a juicio del Presidente se hiciese impracticable la aplicación de las leyes de los Estados Unidos por el cauce corriente de los procedimientos judiciales...» el Presidente «podrá convocar legítimamente a las milicias de cualquiera o de todos los Estados, y emplear aquellas fuerzas navales y terrestres de los Estados Unidos que considere necesarias para lograr la fiel ejecución de las leyes de los Estados Unidos». Y la ley de 20 de abril de 1871 aumenta todavía más los poderes del Presidente.

Tras el federalismo dualista, a partir de 1941 la jurisprudencia del Tribunal Supremo establece que las medidas económicas necesarias para hacer frente a las crisis no pueden acomodarse a las autonomías locales. Renace la opinión del juez Holmes, se abandona la interpretación dualista y la norma que regula las relaciones entre los Estados y la Unión es el artículo VI, sección 2, de la Constitución: «Las leyes de los Estados Unidos... serán la ley suprema del país».

O sea, que un Estado federal que funcione correctamente no admite ahora la insumisión de las autoridades de uno de sus componentes ni la inaplicación de las leyes de la Federación.

Mis reparos al Estado federal, en el horizonte español, se apoyan en el difícil encaje del mismo, por no decir cabida imposible, en la Constitución de 1978. Pero no adopto una postura de rechazo total. Tal vez con un federalismo auténtico quedarían fuera de la escena pública ciertas declaraciones y actitudes retadoras de políticos de las Comunidades Autónomas. Se ofrece en estos momentos un espectáculo que asombra a los observadores extranjeros, especialmente a los que viven en Estados federales.

La Constitución Española de 1978 establece que «la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado» (art. 1.2). La autonomía de las Comunidades Autónomas no es soberanía. Así lo viene proclamando el Tribunal Constitucional. En nuestro ordenamiento jurídico-político, por tanto, se sitúa un poder fundamental, cuyo titular es el soberano pueblo español, donde tienen su origen los restantes poderes, que tienen la condición de poderes derivados.
El símil del árbol me ha servido para dar una idea clara de las competencias de las Comunidades Autónomas. Las atribuciones de éstas son como las ramas que brotan del tronco. La savia circula desde las raíces, pero a través del tronco. Si se corta una rama termina secándose.

El tronco de nuestra Constitución se forma con la prevalencia de las normas del Estado sobre las de las Comunidades Autónomas y con el carácter supletorio del derecho estatal, «en todo caso» (art. 149.3). Además, y en la línea de los Estados Federales mejor estructurados, con una larga tradición democrática, «si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general» (art. 155.1).

La Constitución Española de 1978 formalizó jurídicamente una realidad compleja. Fue el Estado de las Autonomías. Pero la Constitución no admite un combinado de partes cada una de ellas con poderes originarios. No es un sistema compuesto el que los españoles decidimos instaurar. Realidad compleja, pero no compuesta. Igual que el árbol que es el resultado de un tronco y varias ramas. La soberanía, el poder originario, reside en el pueblo español. Ninguna de las fracciones de este pueblo posee poderes soberanos. Los que oponen resistencia a la obediencia debida son los rebeldes. En los Estados Unidos de América -modelo para los federalistas- no se toleran.

La igualdad formal de los Estados miembros en el sistema federal no satisface a algunos de los que se lamentan de la presente situación española. Se sueña con un «federalismo asimétrico» sin tener en cuenta que una cosa es la igualdad formal, principio respetado en los Estados Federales, y otra cosa es la igualdad real, imposible de mantener en países de diversos desarrollos económicos, además de varias evoluciones demográficas y culturales.

Nuestro árbol, como cualquier otro, puede ser talado y almacenado. Una Constitución distinta puede aprobar un día el pueblo español. Pero que nadie se equivoque invocando los sistemas federales por ahí vigentes.

Si centramos la atención en Europa, la suerte de los Estados federales es parecida a la de sus homónimos del otro lado del Atlántico. Nadie pone en duda el carácter simbólico de la Confederación helvética, tanto por su antigüedad como por la solidez de la unión. Sin embargo, esta Confederación no ha quedado al margen del movimiento que impulsa a todos los Estados federales hacia el reforzamiento del poder central.

Los analistas del régimen suizo apuntan a tres factores que han consolidado el centralismo en los últimos tiempos: las crisis económicas, la evolución de las ideas relativas a las funciones económicas y sociales del Estado, y, con gran impacto, las guerras mundiales de 1914 y 1939.

En Alemania, y a pesar del rótulo «República federal», el recuerdo del régimen de Weimar condicionó mucho a los constituyentes de 1949 para establecer disposiciones protectoras del poder central.

No es el federalismo, en suma, lo que daría a las ramas del árbol una vida con más autonomía. El respeto a las autoridades e instituciones centrales arraiga y se consolida por doquier. Es el signo del siglo XXI. España no ha de ser diferente.

Ibarretxe oye voces
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL El Correo 7 Septiembre 2008

Es sabido que el nacionalismo clásico oye voces. Pero son voces difusas que vienen de los ancestros del pasado filtrados por el tiempo y la arcilla húmeda de la tierra que pisamos. Sólo unos pocos están capacitados para interpretarlas y elaborar poesía y narraciones épicas para divulgarlas en el pueblo. Las voces del pasado reconocen la realidad del presente y vienen para denunciarlo y cambiarlo. El caso de Ibarretxe es distinto. Desde el 98, cuando fue nombrado lehendakari por primera vez, Ibarretxe ha ido construyendo muros que le han encerrado en un mundo circular que él sólo habita.

Ha abandonado peligrosamente la realidad. Habita un mundo personal, único. Sólo se tiene a sí mismo como guía y cuando dirige la mirada a su interior oye las voces verdaderas. Sólo él es capaz de ver la senda del futuro. Él es personaje ideal para una novela psicológica. Sería interesante narrar los vericuetos y laberintos de su mente por los que día a día se ha ido diluyendo la realidad para instalarse, ya definitivamente, en un mundo personal imaginado y creado en torno a Ajuria Enea.

La usurpación de la realidad es tan radical que uno duda, se siente inseguro en un primer momento porque es difícil imaginar un abandono tan absoluto. Cuando el 1 de septiembre vemos a Ibarretxe decir que va a denunciar al Estado español por violación de derechos humanos, en una declaración que quería ser solemne, uno se tiene que frotar repetidamente los ojos para admitir que está viendo un 'Teleberri' normal. Con Ibarretxe ya no se puede discutir ni debatir de asuntos políticos; él habita un mundo diferente. Ya no es cuestión de si estamos o no de acuerdo con él. Desde su altura el mundo real es demasiado alejado y vulgar. Las voces son mandatos perentorios que periódicamente nos comunica al pueblo.

No hace ni quince días de que, con la rotundidad de un profeta, manifestaba que no se imaginaba que el Tribunal Constitucional pudiera anular la consulta. Que no conocía ningún argumento legal ni político para impedir su consulta. ¿A cuantos años luz de Euskadi ha construido su mundo para no oír tanta protesta, incluso entre los suyos? Ahora, con la misma rotundidad, dice que va a denunciar al Estado español porque anula su consulta.

Ibarretxe ha anulado la política. Ha enterrado las instituciones políticas tan laboriosamente construidas por las democracias occidentales durante dos siglos. Están él y el pueblo. Son los dos únicos sujetos políticos que habitan en su mundo imaginado. Entre medio no hay nada; únicamente instrumentos para la realización de la voluntad popular que sólo él interpreta.

Utiliza la palabra democracia sólo para anular, menospreciar y evitar las instituciones democráticas. En el melodrama que está escribiendo Ibarretxe a nuestra costa, el hecho de que su consulta sea ilegal es casi una insignificancia, una nadería.

Insisto, no tiene importancia si estamos de acuerdo con él o no. El problema grave es que ni siquiera podemos discutir con él: habitamos mundos paralelos. La cuestión, que a estas alturas debiéramos empezar seriamente a analizar, es que Ibarretxe ha abandonado el sistema democrático. Sería una cosa menor si no fuera que Ibarretxe es nuestro lehendakari. Un lehendakari que no reconoce la legalidad constitucional ni el Estatuto. Que pone la voluntad por encima de cualquier norma legal. Una vez dijo la 'boutade' de que la constitución de los vascos era el Fuero. Me gustaría saber cuál es la legalidad por la que se siente legitimado él en su función de lehendakari de los vascos. La respuesta es obvia y a la vez gravísima; no existe esa legalidad. La única legitimación que reconoce es la voluntad popular directa. El pueblo y él. Y entre los dos crearán una nueva legalidad para la Euskadi del futuro.

Cómo explicarle a este buen hombre que la democracia occidental es un conjunto de normas, procedimientos y valores que forman un todo indivisible para que la democracia real pueda vivir? ¿Cómo podemos decirle que la 'voluntad popular' es sólo una metáfora meticulosamente normativizada para cerrar la puerta al demagogo o al totalitario, para que no anulen la democracia misma? La democracia es un sistema político complejo que mantiene un equilibrio inestable que hace posible la libertad de los ciudadanos. Pero esto es muy poco atractivo para el profeta que guía a su pueblo.

En Euskadi llevamos tantos años deslegitimando el Estado constitucional que el concepto mismo de la democracia ha sido abandonado en el vacío. En Euskadi la democracia es traje que cada uno se hace a su medida, y ya no tenemos ni idea de lo que es. No queremos reconocer una verdad fundamental; sin Estado constitucional la democracia no existe; no puede existir ni ha existido. Pero el nacionalismo, al no reconocer el Estado constitucional, ha lanzado a la democracia al espacio exterior de la política.

Durante años el nacionalismo institucional ha actuado con doble personalidad. Reconocía el Estado constitucional pero no le otorgaba legitimidad. Hacía suyas las instituciones constitucionales, pero afirmaba que no era lo que quería, y añadía: 'Tenemos paciencia para esperar'. Ha tenido que venir Ibarretxe para agarrar el problema por los cuernos. Ha subido a la montaña más alta de Euskadi, y como los antiguos bocineros de las Juntas Generales, ha dicho: El Estado constitucional no es nuestro. No es ésa la democracia que queremos nosotros.

Ha hecho una raya clara y nos grita: Hasta aquí hemos llegado. En adelante haremos nuestra propia democracia. Pero al abandonar el Estado constitucional de forma rotunda abandona también las instituciones políticas que lo forman, y ha quedado colgando de la nada.

Ibarretxe se ha convertido en presidente sin Estado. No hay nada que limite su actuación política. Y la democracia es precisamente eso: límites, controles. Cuando ha abandonado el Estado constitucional ve que entre él, en la cima de la montaña, y el pueblo no hay nada. No hay una legalidad que guíe y limite sus actuaciones. Habita un limbo sin legalidad. Sólo está él. Y mira en su interior cómo conducir a su pueblo. En momentos de duda, se aleja y oye voces interiores que le guían. Luego vuelve otra vez al pueblo y con mano firme indica el camino a seguir.

El País exige solo juristas progres en el TC y CGPJ.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 7 Septiembre 2008

Las homilías editoriales dominicales de El País, cuando no son meros artefactos bélicos de la II Guerra Interprogres aun en curso, son un delicioso muestrario de las ansias progresistas de izquierdas por dominar, controlar, dirigir y guiar absolutamente toda la sociedad española y a veces hasta la norteamericana, cosa esta última un tanto ridícula. En estos editoriales, exentos de belicismo interprogre, El País ejerce su papel de faro y guía ideológico del progresismo de izquierdas e imparte doctrina con su viejo y bien elaborado estilo siempre cimentado en el derecho laico divino que poseen para decirnos lo que debemos o no debemos hacer, para establecer lo que está bien o está mal y sobre todo para marcar las líneas maestras de la ingeniería de almas, cosa esta última que hacen con clara fruición.

Hoy pregonan para su público y universal conocimiento las directrices que se deben seguir en el nombramiento de jueces y juristas para los cargos correspondientes en el Tribunal Constitucional y en el Consejo General del Poder Judicial. Quien solo lea los titulares del editorial y repase someramente su contenido, sea cual sea su adscripción ideológica o sus querencias políticas pensará que los chicos de PRISA derrochan ecuanimidad, altura de miras, criterios súper democráticos, precisos diagnósticos de los males que corroen a nuestra justicia, equilibradas y justas recomendaciones de los pasos a seguir y sobre todo equidistancia en sus propuestas de los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP.

Pero si el editorial de El País se lee teniendo en cuenta el historial de sus autores, de su maestría en manipular hasta sus propias palabras para que no se note el sesgo que tienen, ya la cosa adquiere otro color. El título y subtitulo lo firmaríamos casi todos los españoles, porque dice: “No son cargos políticos. El CGPJ y el TC deben renovarse con juristas solventes y con independencia de criterio “. Ese titular dice lo que dice, y es no solo magnífico sino que uno sale echando leches a buscar un sombrero para ponérselo y ya poder decir que ante tan magistral y equilibrada propuesta uno no tiene otro remedio que quitarse el sombrero. Pero claro, si se hace uno la pregunta sobre qué juristas son independientes en criterio y con solvencia pronto se cae del guindo.

Se pasa todo el editorial exponiendo la gravedad de que se elijan a esas personas por criterios ideológicos o de afinidad política, algo que todos aplaudimos nada más leer la propuesta prisáica. Propone en cambio, que los candidatos sean “personas con acreditada solvencia jurídica e independencia de criterio y que hayan demostrado una inequívoca sintonía con los valores constitucionales a lo largo de su trayectoria profesional y pública”.

Una sutil maniobra lleva a crear la impresión de que esos señores solventes y con criterio independiente jamás podrán ser quienes no son progresistas porque el progresismo no es una afinidad política sino una sintonía con los valores constitucionales de la que carecen quienes no tienen la tal sintonía. Y son progres porque ya se encarga el editorial de dejar bien claro que las malas prácticas las ha hecho el PP, que quien quiere colocar a un diputado miembro de su partido en el CGPJ es el PP, que es también el PP quien quiere promocionar a una juez cuyo único trabajo como juez fue la instrucción de lo del ácido bórico, a todas luces una actuación partidista pepera. También queda claro que ha sido el PP y solo el PP quien ha sometido a ambas instituciones a un desgaste brutal utilizándolas para oponerse a Zapatero. No se habla en ningún momento de que el PSOE haya cometido tales vilezas, aunque ahí está la historia de la etapa felipista, ni que vaya a proponer a gentes de su cuerda que los propone y de mucha cuerda, ni que quiera utilizar esas instituciones para sus intereses partidistas que las utiliza a mansalva, de donde se deduce que el PSOE se esforzará en nombrar personas independientes, de reconocido prestigio y que no sean partidistas pro PSOE porque solo serán progresistas concienciados y un progresista concienciado de izquierdas no es jamás partidista.

¡Que malo es el PP!, bueno yo diría que los del PP no es que sean malos, es que son zopencos tirando a zotes de cuidado y el PSOE se la va a dar con queso y encima les creará cargo de conciencia por haber aceptado el queso. Y por supuesto que a nadie le cabe ya la menor duda de que el Aznar tiene la culpa de todos los males de la justicia en España y de los que no tiene la culpa es el responsable.

Si fuese verdad lo que El País parece que propone hasta yo me pondría a aplaudir de aquí a Navidad, pero el sectarismo les puede. Habrá que esperar a que aparezca alguien que le lleve la contraria a estos políticos del PP y del PSOE y realmente haga lo que hay que hacer para dejar de mangonear política y partidariamente en esas dos instituciones, pero muy mucho me temo que yo no lo veré. En la práctica tal para cual aunque siempre los del PSOE han sido más pícaros y desvergonzados para salirse con la suya y dejar a los tontolabas del PP como unos pringaillos.

Austeridad
IGNACIO CAMACHO ABC 7 Septiembre 2008

SI el padre de Bibiana Aído fuese diputado en Cortes, o incluso parlamentario autonómico, habría tenido que sufrir la congelación de su sueldo, pero como sólo es un enchufado de la Diputación de Cádiz -los enchufados de toda la vida se llaman ahora asesores- se lo ha podido aumentar en unos tres mil euros. El bloqueo de las nóminas de los altos cargos es una medida razonable de solidaridad con los ciudadanos que sufren la crisis, aunque se trate de un mero gesto simbólico; la política necesita de ciertos simbolismos de ejemplaridad. Pero la austeridad no es un maquillaje táctico ni un detalle coyuntural: es, o ha de ser, un principio que parte de la convicción moral de no malgastar el dinero de los contribuyentes, y requiere una aplicación universal en todos los estamentos de la Administración pública. La austeridad no es un ejercicio oportunista, ni siquiera un método de gestión; es una categoría política inseparable del concepto de honestidad democrática.

No puede hablar de austeridad un Gobierno que aumenta un 15 por ciento su nómina de altos cargos, ni un presidente que tiene más de 600 «asesores» de confianza. No existe austeridad posible en instituciones que derrochan cientos de millones en gastos superfluos o directamente suntuarios. La austeridad está reñida con el dispendio oficial en propaganda, publicaciones, viajes, comidas y transportes en vehículo oficial. Y con el incremento de organismos, empresas, consejos, televisiones regionales y locales y demás entes administrativos que proliferan en ministerios, autonomías, ayuntamientos y diputaciones. Y con la multiplicación geométrica del personal contratado discrecionalmente en cientos de departamentos sin otro mérito que el de la proximidad con el poder o el parentesco de sangre o de ideología.

La austeridad es la racionalización del gasto para atender las necesidades ciudadanas. Justo lo contrario de lo que ocurre cuando se suben el salario los asesores de una Diputación mientras falta presupuesto para arreglar escuelas en los pueblos de esa provincia. O cuando se cubre el déficit de un canal autonómico mientras se regatea en la construcción de un centro de salud. O cuando se cambian los uniformes femeninos del Ejército mientras la Policía se queja de falta de munición para sus armas de reglamento. O cuando se reforman y amplían los palacios de gobierno mientras languidece la construcción de vivienda protegida. O cuando se utilizan aviones y helicópteros para los desplazamientos oficiales mientras se cierran líneas férreas y se escatiman fondos para la red de carreteras.

La austeridad es una actitud de conciencia, que obliga al dirigente político a preguntarse por qué dispone de privilegios que los contribuyentes no sólo no tienen, sino que financian con sus impuestos. La austeridad, en fin, es un concepto ético que parte de la idea de que la política no es un bien de consumo ni disfrute, ni siquiera una profesión, sino una actividad temporal de servicio público que se prostituye al convertirse en el gueto de una casta blindada por su propio sindicato de intereses.

El PSE tilda de «sectaria» la reforma educativa de Ibarretxe
Vitoria La Razón 7 Septiembre 2008

El secretario general del PSE de Álava, Txarli Prieto, aseguró que su partido tendrá entre sus objetivos de la próxima legislatura modificar la reforma de los modelos lingüísticos que plantea el Departamento de Educación en el caso que mantenga su contenido «sectario» y sea aprobada sólo con el apoyo del tripartito y el Partido Comunista de las Tierras Vascas. «No durará nada impuesto, sectario y radical», dijo, informa Vasco Press.

Prieto consideró «grave» que el consejero Tontxu Campos insista «en evitar el consenso, la despolitización, el respeto del derecho de los padres a elegir la lengua en la que estudian sus hijos, el establecimiento de un trilingüismo real y entender la lengua como un medio para aprender. En lugar de asumir estos valores, parece que intenta que el euskera siga siendo fuente de conflicto y un arma arrojadiza entre vascos». «Se está buscando que el euskera provoque rechazo, hartazgo y división. No es de recibo que la lengua vasca se quiera usar como elemento de confrontación y división, y todo el mundo sabe que a la fuerza ni se aprende ni se enseña», añadió el dirigente socialista.

Ex jefes de ETA presos se unen a la revuelta contra la dirección y admiten la «derrota»
JAVIER PAGOLA MADRID ABC 7 Septiembre 2008

«El autodenominado colectivo de presos políticos vascos se ha convertido en un explosivo en mal estado, caducado, que puede estallar en las manos de ETA en cualquier momento». Así describe un experto en la lucha antiterrorista el creciente malestar detectado entre esos individuos, y que se ha acelerado tras la decisión de los actuales cabecillas etarras de dinamitar la tregua sin contar con ellos. El último episodio de esta escalada lo protagoniza el documento firmado por varias decenas de estos reclusos, en el que se critica la «lucha armada» por razones tácticas, que no éticas.

La decisión de hacer saltar por los aires el denominado «proceso de paz» está pasando factura a la banda, tanto en lo que se refiere a su capacidad operativa como a la retaguardia, incluido el «frente de makos». Los presos se sienten traicionados, porque la decisión de dinamitar la tregua se adoptó a sus espaldas, y abandonados, porque el regreso al terror aleja considerablemente el horizonte de libertad.

En ello coinciden los distintos expertos antiterroristas consultados, que subrayan que, por primera vez, este descontento entre los presos tiene distintos focos y, además, cada vez implica a un mayor número de antiguos dirigentes, que aún conservan su influencia. Askatasuna, descabezada, se muestra incapaz de sofocar tantos frentes.

Lo cierto es que la carta enviada en agosto de 2004 por varios ex cabecillas presos -Francisco Múgica Garmendia, «Pakito»; Ignacio Arakama Mendía, «Makario»; Iñaki Bilbao Beaskoetxea, «Iñaki de Lemona»; Carlos Almorza Arrieta, «Pedrito de Andoain», Kepa Solana y Koldo Aparicio- a la cúpula etarra, en la que se abogaba por el fin de la «lucha armada» y su sustitución por la «lucha institucional», parece haber tenido el efecto dominó que tanto temían los actuales dirigentes etarras. Las perspectivas suscitadas entre los reclusos por el inicio del denominado «proceso de paz» puso en suspense la llamada a la insurrección de «Pakito», pero la vuelta a las armas no ha hecho sino reactivarla, con más impulso.

En efecto, en noviembre de 2007, el ex jefe de ETA José Luis Álvarez Santacristina, «Txelis», y el antiguo responsable del «servicio de espionaje» etarra -la red sarea-, Kepa Pikabea, «Lartun», arremetían contra la dirección etarra por haber dinamitado la tregua y haberlo hecho, además, a espaldas del colectivo de presos. En una carta distribuida en las cárceles anunciaban su decisión de desertar. A ello se suma el tenso debate mantenido a principios de verano del pasado año entre varios antiguos dirigentes de ETA recluidos en prisiones de Francia, a través del cruce de mensajes. En ellos atacaban con dureza a la actual cúpula por la mala administración de la tregua.

Impulsada probablemente por estos movimientos, en los últimos meses se viene gestando otra rebelión de consecuencias aún imprevisibles, que de momento parece haber enganchado a varias decenas de presos de diferentes cárceles.

Enfrentamiento
El epicentro de esta última revuelta ha sido la cárcel de Córdoba, pero no es el único foco, y se inspira en el mencionado documento impulsado por «Pakito». En el centro penitenciario andaluz el debate fue más que tenso. De un lado, etarras como José Luis Urrusolo Sistiaga, «Langile», jefe del «comando Madrid» en su etapa más brutal; Carmen Guisasola Solozábal, «Gorda», sanguinaria pistolera del «comando Vizcaya»; Íker Casanona, dirigente de Ekin; Antxón Sasiaín, antiguo responsable de Batasuna, y el etarra Álvaro Arri Pascual defendieron la conveniencia de abandonar la actividad terrorista. En el frente opuesto, Igor Portu Jaunena, asesino de la T-4; Harriet Iragi, pistolero del «comando Andalucía», o Fernando García Jodrá y Nerea Bengoa Ziarsola, ambos del «Barcelona», abogaban por la continuidad del terror hasta que la «acumulación de fuerzas» lleve al Gobierno de turno a sentarse en la enésima mesa de imposición.

Los etarras que refrendan el abandono del terror han conseguido difundir su iniciativa en otras cárceles, a través de familiares o abogados de confianza que se mueven al margen de las directrices que intentan imponer los letrados-comisarios que trabajan para Askatasuna.

En el centro penitenciario de Puerto III la propuesta de firmar el finiquito de la «lucha armada» parece haber tenido buena acogida, al ser apoyado, en principio, por reclusos como José Javier Zabaleta Elósegi, «Baldo», ex máximo cabecilla etarra; Jesús Arkauz Arana, «Josu de Mondragón», antiguo jefe del «aparato militar»; José María Dorronsoro; el infanticida Henry Parot y el asesino en serie del «comando Gohierri Kosta» Juan Antonio López Ruiz, «Kubati». Sobre este último las fuentes consultadas se muestran reticentes, ya que durante su ya larga estancia en prisión ha compaginado conatos de rebelión con muestras de sumisión a los dirigentes, hasta el punto de ser designado en algún momento negociador suplente.

Situación similar
En el vecino centro de Puerto I la situación es similar. Apoyan el fin del terror y su sustitución por la «lucha institucional» reclusos como Carlos Almorza, «Pedrito de Andoain»; Jesús Amantes Arnaiz, «Txirlas», y Santiago Arróspide Sarasola, «Santi Potros».

En la cárcel de Huelva, Ignacio Bilbao Beaskoetxea lo ha asumido por cuanto supone un refrendo al documento que suscribió con «Pakito». El asesino en serie Jesús María Zabarte Arregi, «Carnicero de Mondragón», y Antonio Troitiño, coautor de la matanza de Hipercor, no lo han rechazado. Como tampoco se han opuesto, de momento, antiguos cabecillas como Isidro Garalde, «Mamarru»; Juan Luis Aguirre Lete, «Itsuntza»; Miguel Ángel Gil Cervera, «Kurika», o Juan María Insausti Múgica, «Karpov». En Jaén, lo suscribe José María Arregi Erostarbe, «Fiti», quien junto a «Pakito» y «Txelis» completó el colectivo «Artapalo». Lo rechaza en este mismo centro penitenciario, por el contrario, Matin Sarasola, el otro asesino de la T-4.

Las fuentes consultadas creen que si no ha llegado ya, el documento está a punto de ser distribuido también entre los etarras recluidos en cárceles de Francia.

En las diferentes prisiones se observa, como una constante del debate, la pugna entre los etarras condenados a penas milenarias por sus muchos crímenes, que están ya hastiados después de tantos años en prisión, y los pistoleros de nueva generación, que aún llevan poco entre rejas y les queda en las venas el «ardor gudari». Es la paradoja. Los cabecillas en las etapas más sanguinarias, los pistoleros con más crímenes, son los que apuestan por el abandono de la «lucha armada», porque aún no ven cercano el horizonte de su libertad y sólo confían en salidas personales previa desaparición del terrorismo. En el lado opuesto están aquellos etarras de última generación. Su inexperiencia les llevó a ser detenidos, en muchos casos, antes de matar, y en otros, con poca trayectoria tras de sí, por lo que confían en que sus condenas no serán tan largas. Se permiten, pues, mantener la ortodoxia. El tiempo dirá hasta cuándo.

Así las cosas, la propuesta no está inspirada en razones éticas, en un arrepentimiento público por el mal causado, sino en el reconocimiento de la «derrota militar». «Nuestra estrategia político-militar ha sido superada por la represión del enemigo, nunca en la historia de esta organización nos hemos encontrado tan mal», concluyen quienes ahora abogan por el abandono de la «lucha armada».

«Tampoco se podía esperar mucho más de ellos», apuntan los medios consultados por ABC que , no obstante, consideran que para el Ejecutivo de Zapatero sería suficiente una rebelión en las cárceles sustentada en criterios de oportunismo, y no en principios éticos. El objetivo, al fin y al cabo, es provocar una deserción masiva en el «frente de makos» que dejaría a la banda más vulnerable, si cabe.

De hecho, la última revuelta iniciada en la cárcel de Córdoba es, en parte, consecuencia de un minucioso trabajo realizado en el «frente carcelario» por el Ejecutivo de Zapatero, conocedor del malestar que entre los presos etarras había provocado la decisión de la banda de hacer saltar por los aires el «proceso de paz». Y consciente también de que la inexperiencia de los últimos cabecillas, que han llevado a ETA «al peor momento de su historia», ha ido generando una mayor indisciplina en las cárceles. Especialmente en aquellos presos que estuvieron al frente de la banda en los momentos de mayor capacidad operativa. ¿Cómo un «Mamarru», «Josu de Mondragón», «Baldo» o «Fiti» van a obedecer una orden de «Txeroki» para que realicen una huelga de hambre o un «chapeo» en su celda?

Movimientos de Interior
En una primera fase, los emisarios de Moncloa informaron a los presos del plan que tenía ultimado el Gobierno para trasladarlos progresivamente al País Vasco y Navarra, y que la salvajada de la T-4 frustró. En una segunda, los funcionarios transmitieron a varios presos el mensaje, para que se lo transmitieran al resto, de que un pronunciamiento inspirado en el documento de «Pakito», siempre y cuando recibiera el apoyo de un número importante de reclusos, y de forma nítida, sería tenido muy en cuenta por el Gobierno para replantearse su política penitenciaria. No se exigía arrepentimiento, sino rechazo claro a la actividad terrorista y una apuesta por la vía política.

Con todo, las fuentes consultadas por ABC han mostrado su temor al hecho de que la prematura filtración de los movimientos iniciados la cárcel de Córdoba puedan abortar la operación. Existen precedentes, ya que cuando se airean antes de tiempo los conatos de rebelión, muchos presos, por temor, tienden a cerrar filas.

La Rioja reconoce el derecho de los padres a objetar a Educación para la Ciudadanía
EP ABC 7 Septiembre 2008

MADRID. La Rioja ha sido la primera Comunidad Autónoma en reconocer el derecho de los padres a objetar al conjunto de las asignaturas que engloba el término «Educación para Ciudadanía», de forma que los alumnos afectados quedan formalmente exentos de asistir a las clases de estas asignaturas y de ser evaluados de las mismas.

Según explicaron las asociaciones «Profesionales por la ética» y «La Rioja, educación en libertad» en una nota de prensa, el pasado viernes la Consejería de Educación empezó a notificar a los padres objetores las resoluciones en las que la Administración presidida por el popular Pedro Sanz rectifica su anterior postura, en la que se declaraba incompetente para declarar directamente este derecho.

Ahora, la Consejería acepta expresamente, sin dejar a un lado algunas cautelas formales, que el derecho a la objeción de conciencia a la asignatura ha sido directamente reconocido y amparado por los Tribunales de Justicia, motivo por el que acoge la solicitud planteada.

La Rioja es, junto con Andalucía, Aragón y, recientemente Castilla-La Mancha, una de las cuatro comunidades en las que se han dictado fallos judiciales favorables a la objeción de conciencia a «Educación para la ciudadanía».

En concreto, La Rioja acumula 21 sentencias en las que el Tribunal Superior de Justicia ha dado la razón a los padres, al declarar que la nueva asignatura impone una concepción moral e ideológica que supera los límites constitucionales y que, por lo tanto, oprime la libertad de conciencia de los padres de los alumnos.

«Un compromiso valiente»
Las resoluciones conocidas el viernes han sido recibidas con gran satisfacción por el movimiento objetor a «Educación para la Ciudadanía», así como por la plataforma de padres «La Rioja educa en libertad», que considera que la decisión de la Consejería implica un compromiso «claro y valiente» con los derechos fundamentales de los ciudadanos y con la libertad de educación.

Desde «Profesionales por la Etica», una de las entidades nacionales que apoya la objeción de conciencia de los padres, también han valorado muy positivamente las resoluciones del Gobierno riojano, puesto que, a su parecer, representan un avance fundamental desde el punto de vista de los derechos cívicos.

La Xunta supera ya las 400 objeciones de conciencia recibidas frente a EpC
ABC El PP ha pedido la comparecencia de Sánchez Piñón en O Hórreo
E. AMADO/AGENCIAS SANTIAGO ABC (Galicia) 7 Septiembre 2008

El registro de la Xunta superó ayer las cuatrocientas objeciones de conciencia recibidas por parte de padres contrarios a la asignatura Educación para la Ciudadanía (EpC). La plataforma Galicia Educa en Libertad, que agrupa a varias asociaciones de padres de alumnos de la práctica totalidad de ciudades gallegas, presentó ayer en el registro de San Caetano 180 nuevas alegaciones a la asignatura. También solicitaron ante la Administración una reunión con Emilio Pérez Touriño, presidente de la Xunta.

Jesús Lorenzo, uno de los portavoces de la plataforma, aseguraba ayer en una rueda de prensa en Santiago de Compostela que los componentes de Galicia Educa en Libertad se acogen a motivos de índole moral para rechazar la asignatura y reivindican su derecho a «elegir dónde educar a nuestros hijos».

Con las objeciones presentadas ayer, el registro de la Administración gallega contabilizan más de 420 negativas por cláusula de conciencia en Galicia. Para Lorenzo, el adoctrinamiento moral implícito en las bases de la asignatura «se aleja de los valores cristianos e insiste en la intromisión en la intimidad de los menores desde un punto de vista sexual».

En lo tocante a este punto, el portavoz de Galicia Educa en Libertad defendió la potestad de los padres a impedir que alguien diga a sus hijos «lo que se debe o no hacer en la intimidad, y menos en términos de que homosexualidad o transexualidad». También rechazaron los implicados en el colectivo la tendencia excesiva a mostrar puntos de vista feministas, hasta el punto de que la asignatura negaría «diferencias biológicas entre el hombre y la mujer».

Ante la previsible negativa de la conselleira Laura Sánchez Piñón, conselleira de Educación, a dar el visto bueno a las objeciones -como ya ocurrió con todas las anteriores-, los miembros de la plataforma están dispuestos a recurrir ante el Tribunal Superior de Justicia de Galicia. si procede, y de forma sucesiva, interpondrían recursos ante el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional. Si fuese necesario, aseguran los miembros del colectivo, llegarían hasta la Corte Europea de Derechos Humanos. De las 44.500 objeciones presentadas hasta el momento en España, la resolución se aprobó en 36 ocasiones.

En el transcurso del acto en que se presentaba ante los medios de comunicación, el pasado 5 de julio, la plataforma denunció que las direcciones de algunos centros docentes habían amenazado a los padres con propósito de objetar con el suspenso en la materia de EpC si sus hijos no asistían a las clases. En determinados cursos de Secundaria, los que implican un cambio de ciclo, los estudiantes no podrían promocionar al suspender una materia.

EL ESPEJO DEL 'FIN DEL MUNDO'
Editorial El Mundo 7 Septiembre 2008

Por inaudito que parezca, es un lugar en el que no se puede estudiar en la lengua oficial del Estado. Por extraño que pueda resultar, es un lugar en el que tampoco se utiliza la lengua oficial del Estado en las señalizaciones en las vías públicas y en el que sus ciudadanos más aguerridos y activos con la causa local se dirigen a las multinacionales para reclamarles que etiqueten sus productos en la minoritaria lengua vernácula. ¿Se trata de Cataluña? Pues sí y no, porque si bien este tipo de dislates son lamentablemente habituales aquí, nos referimos a las Islas Feroe, cuya política lingüística comparamos hoy con la de Cataluña en nuestro suplemento Crónica.

El hecho de que en toda Europa este tipo de absurdos se produzcan sólo en estos dos lugares y en Groenlandia es revelador del grado de disparate alcanzado por los nacionalistas catalanes. Sobre todo, porque mientras las Islas Feroe son un archipiélago del Círculo Polar Artico, habitado por un pueblo tribal de apenas 50.000 personas, con idiomas oficiales minoritarios y a 1.300 kilómetros de la metrópoli, Cataluña -en cambio- está en el corazón de la Unión Europea y forma parte intrínseca de una nación con la que comparte una historia común y una lengua que hablan 400 millones de personas. De hecho, es evidente que mientras los feroeses que se niegan a aprender danés pierden la capacidad de entenderse dentro de Dinamarca, los catalanes que se niegan a aprender español renuncian al tercer idioma del mundo.

El grado de insensatez de las políticas lingüísticas en Cataluña se aprecia pues con toda su enormidad cuando buscamos su parangón en el exterior. De hecho, en ninguno de los territorios de la UE con tantas o más singularidades identitarias que la de Cataluña, la presión nacionalista ha logrado dar apariencia de «normalidad» a unas políticas de inmersión caracterizadas por su sesgo totalitario y por la supeditación del interés general al tribalismo.

En el caso del feroés, como en el catalán, la reivindicación de la lengua y su progresiva imposición en la escuela, en la administración, en las comunicaciones públicas y en las rotulaciones han nutrido al separatismo local. Sin embargo, en contra de lo que sucede en las escuelas catalanas, en las remotas Feroe se estudia y se valora el castellano por ser una gran herramienta para viajar y desarrollarse profesionalmente. Los nacionalistas catalanes deberían contemplarse en el caso feroés como en un pequeño aunque nada condescendiente espejo. Y que digan si están satisfechos de practicar la misma política que quienes se consideran a sí mismos habitantes del «fin del mundo».

INMERSION A LA CATALANA EN LAS ISLAS FEROE
A punto de comenzar el curso escolar, viajamos a este remoto lugar del Atlántico Norte. Con Groenlandia, es el único del mundo con un modelo lingüístico similar al catalán. Pero no todo es igual que en Cataluña
MARIA RAMIREZ. Enviada especial a Torshavn (Islas Feroe) El Mundo  7 Septiembre 2008

Una de las primeras mañanas del curso escolar, en un valle excavado por un glaciar en mitad del Atlántico Norte, más de una veintena de estudiantes de instituto aprenden a conjugar el verbo hablar. El ejercicio del día de su clase de castellano, en un libro de texto ilustrado con un torito y una botella de Tío Pepe, dice: «En España hablamos español, pero en Cataluña hablan catalán, en el País Vasco hablan vasco y en Galicia hablan gallego. Pero todos hablan también español».

Los alumnos tienen facilidad ante una lengua que se lee como se escribe a diferencia de la suya materna, el feroés, descendiente del antiguo nórdico de los vikingos y que hoy sobrevive gracias a unas 50.000 personas concentradas en un archipiélago de 18 islas -entre ellas, una donde sólo vive una familia o un atolón deshabitado- que pertenecen desde hace más de seis siglos a Dinamarca, pese a su aislamiento natural, forzado por tormentas árticas que hacen palidecer a las tropicales.

«Aprendemos español porque es muy práctico para viajar y para trabajar. Lo hablan 400 millones de personas en el mundo», explica Etna (en feroés, Buena Suerte). La dicharachera estudiante repite el interés de un idioma mayoritario y global, si bien ella ha sido educada en la estricta y constante reivindicación de uno de los más minoritarios del planeta. El feroés escrito nació en el siglo XIX como reacción ante la dominación danesa, que hasta 1948 reprimió la enseñanza y el culto en el habla tradicional de pescadores y ganaderos.

Después de preguntar por el último partido Real Madrid-Valencia, los jóvenes del mayor colegio de la principal isla, Streymoy, observan a las dos periodistas con extrañeza -su posición remota y las inclemencias los han mantenido aislados de la inmigración y casi del turismo- y, a pesar de que la distancia entre Dinamarca y el archipiélago sea de 1.300 kilómetros, preguntan, muy intrigados: «¿Cómo han sabido de la existencia de las Feroe?»

No tienen complejos sobre su menudencia, ensalzada hasta por el autor nacional, William Heinesen, que comienza su obra maestra, Los músicos perdidos, con la descripción de un narrador que observa la Tierra y se fija en «una mota de polvo en el suelo de un salón de baile» que resulta ser las Feroe. Los amigables feroeses describen a menudo su país como «migajas», «en mitad de la nada» o «el fin del mundo». El planeta habitado hacia el Polo casi termina, o comienza, aquí, en laderas verdísimas adornadas por cascadas rebosantes y sin un solo árbol o arbusto que interrumpa los valles entre sinuosos brazos de mar que separan las islas, conectadas por túneles submarinos.

La perplejidad de los estudiantes aumenta al escuchar que su colegio tiene algo en común con cualquier catalán, más que ningún otro en Europa. Entre otras cosas, paradójicamente, que los feroeses estudian más horas a la semana de español, es decir una lengua extranjera, que de danés, la oficial de su Estado.

Las Feroe y Groenlandia son el único ejemplo en un país miembro de la UE de regiones con el mismo modelo educativo de inmersión lingüística introducido en Cataluña: el feroés y el groenlandés, como el catalán, son las lenguas de enseñanza principales y sólo reservan algunas horas al danés, el idioma oficial de todo el territorio. A diferencia de Cataluña, las tierras del Atlántico Norte están a millares de kilómetros de la madre patria, tienen hasta moneda propia y ni siquiera son parte de la UE. En 1973, cuando Dinamarca entró en la Comunidad Europea, estos territorios con amplio margen de autonomía eligieron quedarse fuera para evitar que pescadores sureños pudieran faenar en sus aguas. Los feroeses también temen ahora que los reparos europeos interfieran en su rito centenario de caza de ballenas, acorraladas cada vez que llegan a uno de sus puertos y conducidas por pescadores y voluntarios hasta que encallan y las matan en un festín colectivo.

Claus Reistrup, antiguo profesor de francés del instituto y actual portavoz del Ministerio de Educación, mira con desdén la mole de cemento gris sesentera del colegio, una excepción en el entorno rural a las afueras de Torshavn, «la capital más pequeña del mundo». Para muchos, es un icono familiar. Este afable y canoso danés que se mudó hace tres décadas a las islas por amor de su mujer feroesa saluda a cada paso a ex alumnos de varias generaciones que han pasado por allí, educadas en la conciencia de que su pequeño paraíso es transitorio si no se esfuerzan en defenderlo.

«No puedes dar la lengua por descontada o se debilita y acabas perdiéndola», explica el director, Mikkjal Helmsdal, que también estudió en esta escuela. Después de trabajar en el Consejo Nórdico en las islas Aland, el reducto de minoría sueca en Finlandia, que las Feroe miran a menudo como modelo, volvió a casa y ahora se encarga de 640 alumnos. La mayoría son perfectamente trilingües en feroés, danés e inglés, aunque se empieza a cuestionar si la enseñanza secundaria necesita incluir el danés, abrumadoramente presente en la televisión, Internet o los menús de los móviles. «Somos sus clientes, debería ser la obligación de los fabricantes producirlos en feroés», comenta el director.

EXODO A TIERRA FIRME
Las paredes rojizas del instituto, que será demolido en los próximos años para proteger el valle, están decoradas con coloreadísimos cuadros prestados por el Museo de Arte feroés, que reparte obras por ministerios, bancos o escuelas para promocionar la activa cultura local. En el corcho de la abigarrada sala de profesores, una viñeta recuerda la primera causa de desvelo en las islas, el éxodo hacia la tierra firme (más del 85% de los que terminan el colegio estudian fuera y, de ellos, apenas vuelve el 40%). El chiste, en feroés, muestra una trampa con un queso cerca de la ratonera bajo el título: «Bondades de la capital».

Los estudiantes son todos blancos y de rasgos semejantes -la inmigración se reduce a un par de rumanos-, uniformados con sus leggings, sus iPods y algún mechón teñido de rosa fucsia, pero tienen cada vez más ansia por salir a un mundo donde mezclarse y practicar los idiomas que más les entusiasma aprender, el inglés, el francés o el español. Por mucho apego al idioma natal, no hay palabra feroesa que pueda sustituir a la popularidad de cool [guay, en inglés] en las aulas. Incluso el danés parece minoritario y la facilidad políglota por la complejidad de su propio idioma es motivo de orgullo. «Estuve un año en Argentina y los daneses no aprendían nada», asegura, en inglés, Davur i Dali, uno de los pocos estudiantes dispuestos a quedarse en las Feroe mientras pueda viajar y no dedicarse a la pesca, «que es para gente con poca formación».

El debate sobre la lengua y su desarrollo es constante, obsesivo y guiado por un instituto de la universidad encargado de crear palabras nuevas, como «arroba» o «helicóptero», para evitar la invasión de las voces inglesas y, sobre todo, danesas. Cualquiera puede proponer un nuevo vocablo e inscribirlo en un registro en Internet, donde permanece unos años hasta que se incorpora a la lengua común, con el beneplácito de las autoridades lingüísticas, acusadas de islandizar artificialmente su idioma para que pierda cualquier influencia del danés.

Aunque la hostilidad hacia el antiguo enemigo dominador es hoy muy suave, el recuerdo de humillaciones pasadas se ha transmitido a los jóvenes nacionalistas. Maryann Olsen, profesora de danés y de otras varias asignaturas en un colegio de formación profesional, confiesa que algunos de sus alumnos no quieren aprender la lengua cooficial (el danés) porque la consideran «imperialista». Algunos treintañeros explican, desafiantes, que cuando están «en Dinamarca» no hablan más que inglés.

PARECIDO AL EUSKARA
«La discusión de la lengua está muy viva. Si escribo un artículo, no importa cuál sea el tema, la mayoría de las llamadas que recibo son sobre la lengua», explica Heini Gaard, el joven y animoso director de la edición del fin de semana de Dimmalaetting, el principal diario de las Feroe. Gaard es moderado en el debate sobre la independencia o la identidad cultural, aunque sea uno de los feroeses que ha vuelto a las islas después de una década entre Copenhague y otras capitales escandinavos, lo que, en tiempos de éxodo, es casi una toma de posición.

Parece algo harto de la controversia sobre el purismo lingüístico «de casi todos los días». Una noche, un profesor creyó conveniente llamarle a su casa para protestar porque había utilizado la expresión en feroés «atravesó la puerta» y quería recordarle que «sólo se puede atravesar el umbral de la puerta; si atraviesas la puerta, te das en la cabeza». «No sabía de qué iba el artículo. Lo leyó entero y no tenía ni idea de qué trataba. Lo único que notó es que ese término se utilizaba de manera incorrecta... Y pensó que estaba bien llamarme a casa en plena noche», explica Gaard.

A diario, la mayoría de los comentarios en las tres o cuatro páginas de Opinión se refieren a la lengua, que indigna sea por el uso incorrecto de términos o por el veto de algunas de las antiguas palabras de la tradición oral, descartadas porque tal vez se parecían al danés o no encajaban con la unificación y construcción de la lengua, un proceso parecido al del euskera. La aceleración creativa hace que ahora los mayores, o casi cualquiera que se ausente unos años, ya no reconozcan su propia lengua.

«Hay palabras que se han usado durante 100 años en las Islas Feroe y ya no son correctas. Es muy duro decirle a una persona anciana "tú no hablas feroés". La lengua es una parte de la persona y decir: "tu idioma no es correcto" es como decir "tú, como persona, no eres correcta», se queja SjúrÐur Skaale, líder del mayoritario e independentista Partido Republicano, que impulsa ahora una nueva Constitución que aspira a definir la fórmula de la autodeterminación, y uno de los dos parlamentarios que representa a las Islas Feroe en el hemiciclo nacional de Copenhague.

Skaale, locuaz y energético, habla un fluido español, gracias a sus viajes a Sudamérica y al año que pasó de intercambio en la Universidad Complutense de Madrid. Entonces, hizo amigos en el País Vasco, muy interesados en su reivindicación. «Hay mucha más tensión política y violencia allí, pero las cuestiones fundamentales son muy parecidas, sobre la independencia o sobre la lengua», explica en su oficina, en el último piso de una antigua farmacia que luce una buena colección de The Economist junto a un ordenador de mesa, cuya pantalla muestra la imagen más enviada estos días en las Feroe, la de un líder socialdemócrata disfrazado en el póster de la película El último mohicano después de haber dimitido porque el Gobierno local no puede cumplir con su personal promesa electoral de la construcción de otro túnel submarino.

HACIA LA INDEPENDENCIA
Con sus amigos vascos, hablaba mucho de lengua, la pieza clave de cualquier reivindicación de autonomía. «Cuando tienes una identidad cultural clara, es más fácil conseguir la independencia», argumenta, crítico con algunos dictados de los guardianes de la lengua, aunque consciente de que el idioma es la raíz de su causa, que, según él, se debilita cada vez que el Gobierno central hace concesiones. «También se hace en España: dar al País Vasco y Cataluña más competencias para crear una sensación de poder y hacer la demanda de independencia más débil», asegura.

Su oficina está a pocos metros de la residencia del alto comisario danés, Dan Knudsen, un discreto funcionario que lleva más de una década viviendo en las islas y que la prensa indígena apenas conoce. Aunque está casado con una feroesa, no se atreve a hablar en la lengua local delante de sus hijos y sus amigos, muy exigentes con la precisión y el acento de su idioma, cuyos cambios también ha sufrido la mujer de Knudsen. Después de estudiar y trabajar en Dinamarca (incluso él habla del país al que pertenecen las Feroe como si fuera otro) durante 12 años, la vuelta de su esposa fue traumática al encontrarse una lengua que, en parte, desconocía. «Cualquier cosa que suene a islandés se acepta, pero en cuanto hay sólo una brizna de danés no se considera feroés adecuado», explica el comisario, con tono bajo y tranquilo.

Está acostumbrado a sentarse en silencio en el Parlamento local -una casita de madera blanca que afirma ser sede del hemiciclo más antiguo del mundo- y a no votar ni hablar a no ser que le pregunten expresamente. Es la versión deliberadamente opuesta de sus predecesores, cuyos retratos, de serios militares uniformados, están colgados en la entrada, recuerdo del pasado de un poder ejercido de modo colonial. En un momento de afirmación, el discreto enviado confiesa que la lucha constante por el feroés hace las cosas «bastante difíciles», porque incluso los feroeses de su oficina tienen problemas para traducir todos los documentos oficiales por la imprecisión de algunas equivalencias. «Alguna gente piensa que se ha ido demasiado lejos», susurra, convencido de que los isleños siguen construyendo «barreras» mientras en el mundo entero se derriban.

«Tal vez si eres residente aquí tienes tu propia idea de cómo es el mundo», dice, aunque luego, algo arrepentido por la confesión, insiste en que se trata de su opinión personal y no de la posición oficial como alto comisario, que repite la postura del Gobierno de que «depende de los feroeses decidir sobre su propio futuro», incluso hasta la independencia, si la quieren. En la «tierra del quizás», bautizada así por los británicos, ocupadores durante la Segunda Guerra Mundial, por la provisionalidad de un carácter marcado por el tiempo cambiante y la pesca, la opinión pública está partida casi por la mitad sobre la conveniencia de crear un nuevo Estado.

Los republicanos insisten en que, con la independencia, «se abren más puertas de las que se cierran» y podrían defender sus ritos balleneros o sus derechos pesqueros en la OMC, además de crear «una marca». «Si preguntas en Europa, mucha gente ha oído hablar de Liechtenstein o de Andorra, pero muy poca de las Islas Feroe. Cuando tienes tu propio Estado, es mucho más fácil venderte», sostiene Skaale. A diferencia de las comunidades españolas, los feroeses aspiran a rechazar el dinero del Estado y su objetivo ahora es reducir al mínimo lo que queda del subsidio danés, que hoy representa unos 80 millones de euros. Los unionistas insisten en que no es tan fácil romper seis siglos de Historia y que, después de todo, la ciudad más grande de las Islas Feroe es Copenhague, donde viven más feroeses que en la capital isleña. El debate en contra o a favor de Dinamarca está obsoleto, según Kaj Leo Johannesen, líder del Partido Unionista. «Nuestra juventud está globalizada. Ahora ya no espera Dinamarca allí afuera, sino el mundo», dice.

INTERNET: LA SALVACION
Pese a la férrea política para la conservación de su lengua -no hay carteles bilingües y el danés es sólo un derecho de los ciudadanos para dirigirse a la Administración Pública raramente utilizado y que no se ha empleado en el Parlamento local ni una sola vez en el último medio siglo a no ser en boca del comisario de Copenhague-, el feroés no tiene los recursos para competir con el doblaje de las películas o la traducción de la literatura universal.

Cada día, la televisión pública emite una hora de dibujos animados y algún informativo, pero eso es todo lo que puede permitirse en islas donde la recepción, incluso de la radio, tiene pocas décadas. De hecho, dada la mala cobertura radiofónica, los feroeses hablaron durante generaciones un peculiar danés, perfecto en la escritura, acostumbrados a la lectura compulsiva, pero con una fonética distinta, al escuchar poco la lengua oral.

El debate sobre cómo afectará la globalización, la inmigración o incluso el contacto con los otros a su cultura y a su lengua es tema de conversación habitual. La esperanza de algunos profesores o políticos es que Internet, que los ha conectado con el mundo -hay más acceso por persona a la Red que en el resto de Dinamarca-, sea ahora su salvación. El Ministerio de Educación promueve acuerdos para que universidades escandinavas o británicas impartan clases a distancia a sus jóvenes y así retenerlos con la excusa de la familia o la calidad de la plácida y lenta vida.

En un colegio profesional a las afueras de Torshavn, alrededor de una mesa de madera clara con dulces y café salidos de la cocina atravesada por el paralelo 62 -la Tierra termina en el 66, con el Círculo Polar Artico-, profesores y alumnos se cruzan en mitad del eterno dilema sobre qué es el aislamiento y la soledad.

«EN MITAD DE LA NADA»
«Es mejor no estar en algún sitio perdido en mitad de Europa, rodeados de millones de personas... Aquí estamos todos cerca», dice Birgir Mortensen, profesor y consejero de barba blanca y aire desenfadado que bromea muy a menudo con los alumnos. Janus Nordberg, un fornido profesor de Economía de pasado pescador, critica la resistencia a tener más relación con Dinamarca o a entrar en la UE. «Lo de los pescadores españoles ya no tiene sentido. No podemos seguir con esta situación de "en mitad de la nada". Este es un sitio remoto y muy sensible con la cultura, pero se pueden conseguir excepciones. No podemos cerrar los ojos», rebate Nordberg, enseguida animado por la conversación.

Al antiguo profesor de francés del instituto del glaciar, Claus Reistrup, le gusta enseñar Kirkjubour, un pequeño pueblo al sur de Streymoy considerado el corazón histórico de las Feroe y antigua sede del arzobispado. Delante de la granja donde han vivido 17 generaciones de una familia, acompañada sólo por plácidas ovejas negras y algún visitante a una pequeña iglesia de madera donde se conserva la primera Biblia en islandés, se encuentran los restos de la catedral medieval, una estructura de piedra sin techo que en el oscuro interior aún conserva los restos de las caras sagradas esculpidas en cada esquina.

Ahora está en plena operación de incierto rescate para salvarla de los efectos del mar que bate su tierra y de la lluvia ácida que ha carcomido sus muros hasta dejarlos blancos y descoloridos, hundidos en el fango. Reistrup suspira al mirarla, o eso parece. Sus frases terminan, de vez en cuando, en una lacónica aspiración que pertenece a la lengua feroesa y los locales suelen incorporar también al inglés. Por fin, dice: «¡La lluvia ácida ha llegado a las Feroe! Los feroeses aún piensan que están en medio de la nada y que no les afecta el resto del mundo. Pero ya no es verdad. Ya no existe... en medio de la nada».

Canada dry (I)
ARCADI ESPADA EL MUNDO   7 Septiembre 2008

Impecablemente envuelto, terso y puntual, aquí está sobre el mostrador de la recepción del Saint Pierre, en cuanto llego, el libro esperado, el libro de mi hermano en la fe, Mordecai Richler, Oh Canada ! Oh Québec ! Requiem pour un pays divisé, escrito en 1992, en inglés, of course, y que voy a leer en francés, porque así entenderé algo y porque hace más daño. Las primeras páginas las mojo en el café como si fueran los melindros de Carner. Estos idiotas de Montreal se gastaron diez mil dólares de la época en cambiar todas las señales de tráfico de la ciudad que llevaban la palabra Stop, y la sustituyeron por Arrêt. Aparecen dos renglones más abajo los policías de la lengua, mejor el somatén, encarnados en la odisea domincial de un tipo que recorre las calles de la ciudad detectando rótulos en inglés, y apuntándolo con una caligrafía cuadrada. Oh, oh, lo que voy a disfrutar, y mi pena es que Richler esté ya muerto y no pueda ir a abrazarle al L’Express, que era tanto de su gusto.

La cuestión es que he llegado a Québec, ville, al fin tú y yo frente a frente. La ciudad tiene un gran interés, desde cualquier punto de vista. Subo rápidamente al Château Frontenac. Con su barra circular y sus ventanales abiertos al río San Lorenzo aquí hay uno de los bares más hermosos que he visto en mi vida. La plaza está muy animada. Una larga procesión de parejas, fieramente vestidas de gala, desciende hasta el muelle. Se escuchan himnos y gaitas, tan agradables. Desconcertado por el recibimiento me acerco a un hombre, que trastea con una blackberry en smoking, él.

–Monsieur, qu est-ce que

–Meilleur en anglais, si’l vous plait.
Ah, ah, meilleur en anglais. Casi me da un vahído. Pero todo queda explicado y confirmado enseguida. La gala esta organizada por la Royal Air Force canadiense, y dentro de poco van a zumbar los cazas por el cielo, exhibiéndose. Ah, ah, me adviene de pronto una gran paz interior. Inglés, blackberrys y militares. Abajo las casitas de mary poppins. Viva Canadá Dry.

Ceno en La Utopía, meramente gastro. He tenido que venir aquí, con estos peligros, para poder comer carne. Un pedazo de buey ahumado de la granja Eumatimi, formidable, solemne, dental. Como estoy en pleno jet lag ya es de mañana. En el Saint Pierre, agradabilísimo, voy a dar cuenta inmediata de un desayuno inglés, con huevos pochados, muffins, cheddar y frutillas. Antes de dejarlo, una observación de campo, obtenida del Square Phillips de Montreal y del propio Saint Pierre: esto es una Francia sin bidet.

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