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Recortes de Prensa    Viernes 5 Diciembre 2008

La del 78
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 5 Diciembre 2008

A estas alturas de la farsa, nadie que se respete intelectual y moralmente puede sentir la más mínima emoción al hablar de la Constitución de 1978. ¿Quién no supo desde el comienzo que la aceptación del concepto de «nacionalidades» lo era tácitamente del reconocimiento de las otras «naciones», sus lenguas «propias», sus futuros aparatos estatales y el fin de la concepción unitaria de España?

La clase política partió hace treinta años de una inmensa reserva mental que ha ido administrando, a lo largo de estas tres décadas, en función de los más bastardos intereses partidarios. Se sabía que la lista de competencias estatales a las comunidades tendría un límite, y que estaríamos necesariamente abocados a la definición de un nuevo modelo de Estado. Un paso que, por cierto, terminó dando Zapatero y siendo aceptado por Rajoy. Con reticencias, pero encantado por lo que podía favorecerle al PP en comunidades como la valenciana. Y ahí estamos: en el cumplimiento de esta nueva e inmensa farsa. La aprobación del Estatuto catalán dejó reducida la Constitución a una carrera de obstáculos. De trampas, en realidad. De violencias institucionales. ¿Quién desconocía el hecho de que el Partido Socialista y sus socios carecieran del quórum que les exige la Constitución a la hora de introducir modificaciones en ésta? ¿Quién no es consciente de la violencia institucional que ha sido utilizada hasta la fecha a la hora de manejar la composición del Tribunal Constitucional del que depende todo el proceso? ¿Quién no sabe que lo que se juega tras cada una de las posibles modificaciones de los miembros del Tribunal es sencillamente la aceptación de la inconstitucionales del Estatuto que, por si acaso, había sido sometido al referéndum popular?

Al llegar a este punto los padres de la Constitución tendrían que haber sido muy torpes si no hubieran comprendido que la solución del 78 fue tan consoladora a corto plazo como comprometedora para el futuro de la Nación. Al dejar abierto el modelo de Estado a merced de las rapaces fuerzas partidarias el resultado no podía ser menos siniestro de lo que hemos podido vivir.

Una democracia incompleta
La partida de cartas de Azpeitia, donde un nuevo jugador sustituye al asesinado Uría muestra esa nueva complicidad hacia los terroristas que el proceso de negociación ha favorecido.
EDITORIAL Libertad Digital 5 Diciembre 2008

Es sólo una imagen pero describe mejor que muchas disertaciones la enfermedad moral y democrática que sufre buena parte de la población vasca. Decía Hume que ningún régimen político puede sostenerse sin el apoyo de la población; del mismo modo, ninguna banda terrorista puede sobrevivir durante varias generaciones si carece del apoyo, o al menos de una cierta complicidad, de diversos sectores de la ciudadanía.

En el País Vasco ese soporte ideológico y social al terrorismo lo proporciona el nacionalismo o, como mínimo, una parte sustancial de él, que siempre ha considerado a los etarras como unos muchachos descarriados y radicales ("los chicos de la gasolina" de Arzalluz) que, pese a todo, luchaban por sus mismos ideales.

Sobre esa vergonzosa indiferencia hacia el terror, se ha ido construyendo, además, una estrategia política que, de nuevo, el ex presidente del PNV resumió en aquella célebre metáfora del árbol y las nueces. Ya no se trataba sólo de que los etarras fueran unos chiquillos confusos sino que, además, podían ser útiles a la causa común del llamado "nacionalismo democrático"; sólo había, por lo visto, que aguantar lo suficiente.

Por eso resulta tan complicado acabar con ETA. La serpiente siempre encuentra cobijo y alimento para reproducirse en una parte de la sociedad que ha mamado desde la cuna el odio hacia España y el discurso militar de "opresores", "invasores" y "enemigos".

Hubo una llama de esperanza con el espíritu de Ermua, esto es, la rebelión cívica contra el terrorismo y sus cómplices. La indecencia etarra en el asesinato de Miguel Ángel Blanco despertó las conciencias de muchos vascos que, por primera vez, plantaron cara a la bestia. Tal fue la reacción social, que el PNV vio peligrar el árbol del que tantas nueces había recogido y firmó al poco tiempo el Pacto de Estella para conceder legitimidad institucional a los socios de ETA y arrinconar a los constitucionalistas.

Pero la mascarada nacionalista no consiguió dinamitar la deslegitimación ciudadana de la banda terrorista, tal y como se reflejó en la ejemplar unidad que PP y PSOE protagonizaron durante aquellos años en el País Vasco y que culminó en unos elecciones de 2001 que los no nacionalistas habrían ganado en caso de presentar listas conjuntas.

Al día siguiente de los comicios, sin embargo, PRISA, a través de Cebrián, decidió que el enemigo común no debía ser ETA, sino el PP. Rota la unidad de los demócratas, todas las demás componendas, como el Pacto Antiterrorista, presentaban una inestabilidad inherente que se ha revelado tan pronto como Zapatero tomó el poder y quiso, en nombre de una falsa paz, capitalizar electoralmente la rendición ante ETA y extirpar a la derecha de la escena política.

Lo más grave de este proceso, sin embargo, no fue sólo que los terroristas recuperaran la esperanza de obtener un precio político por la paz, sino que a los ojos del nacionalismo, ETA recuperó buena parte de la legitimidad que había perdido tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Al fin y al cabo, la banda se convirtió en un interlocutor válido –de igual a igual– con el Gobierno español, Otegui pasó a ser, de la noche a la mañana, un "hombre de paz" y ANV volvió a tener representación en los municipios.

De esos polvos vienen estos lodos. La partida de cartas de Azpeitia, donde un nuevo jugador sustituye al asesinado Uría –al modo en que los regímenes totalitarios hacían desaparecer a los disidentes de las fotografías–, muestra esa nueva complicidad hacia los terroristas que el proceso de negociación ha favorecido.

Ciertamente, poco puede hacerse a corto plazo para volver a desprestigiar a ETA entre la población nacionalista. No todos los años se produce una explosión de indignación similar a la de Ermua; pero ello no nos debe hacer caer en el pesimismo. Los gestos –como cuando Regina Otaola o César Velasco, ex delegado del Gobierno, izan la bandera española en Lizartza o en el Parlamento vasco en claro desafío al régimen de miedo abertzale– al final importan y las detenciones de terroristas los exponen ante sus seguidores como lo que son: unos locos criminales.

Las democracias no se constituyen para que prevalezca los deseos de la mayoría, sino porque se consideran que son el mecanismo más eficiente para limitar el poder del Estado y defender los derechos individuales. Y, precisamente por eso, allí donde esos derechos son sistemáticamente violados ante la pasividad de una Administración negligente tampoco puede decirse que exista una democracia.

Sin instrumentos para combatir el terrorismo o sin capacidad de usarlos, la democracia desaparece. Bajo esta premisa, difícilmente puede señalarse que en España exista una democracia plena, mientras ETA siga campando a sus anchas entre las institucionales y, sobre todo, la sociedad vasca; algo que conviene recordar cuando estamos a punto de celebrar el trigésimo aniversario de la Constitución.

Portada de El Mundo
El retrato de la maldad
Un hombre asesinado y sus amigos siguieron jugado a las cartas. Ahora, es menester que "escribamos", cada uno desde su perspectiva, sobre esos millones de miradas que no ven en la foto de abajo nada que tenga que ver con el envilecimiento humano.
Agapito Maestre Libertad Digital 5 Diciembre 2008

¿Qué es la maldad? La maldad es lo que está delante de nosotros. Lo que hemos visto tantas veces, contestaba Marco Aurelio. Quien no quiera verla es un imbécil o un malvado. Ayer estaba al alcance de quienes mirasen la portada del periódico El Mundo. Dos grandes fotos ocupaban parte de esa primera página. Mientras que la foto de arriba se repetía en las portadas de casi todos los diarios, la de abajo era única, excepcional, una foto para la historia de la infamia y la crueldad. Esa página contiene un retrato de las barbaries de nuestra época. Una pintura moral de las inmoralidades del hombre aterrorizado de una España indolente y falsamente democrática. Esa portada ya ha pasado a la historia de la tragedia española.

La foto de la parte superior, la repetida, es dura, pero casi habitual en un país sometido a la tortura de los criminales de ETA; se trata del cadáver de un hombre, Ignacio Uría Mendizábal, que yace en el suelo en torno a un charco de su propia sangre. Es el reflejo de un cuerpo torturado. Una dignidad maltratada. Pisoteada. La foto de la parte inferior, sin embargo, es más amable a primera vista: se trata de un grupo de hombres, la cuadrilla del finado, que juega una partida de cartas. Son los "amigos" de la víctima que, como si nada hubiera sucedido, juegan a cartas unas horas después del asesinato. El puesto vacante de la víctima ha sido ocupado por uno de sus "amigos". Ese grupo de "valientes" ha entrado por derecho propio en la galería de retratos de los hombres indignos de España. Hacen, simulan y engañan a su propia maldad, a su falta de conciencia moral, de que el terrorismo no va con ellos. Terrible.

Es la pintura perfecta de la inmoralidad del nacionalismo. Han asumido el terror como cosa de ellos. Como algo de todos. Normal. La partida continúa. Falso. Hay un antes y un después de esa foto. Mientras que la de arriba refleja a un hombre asesinado por unos criminales, la otra recoge la imagen de unos hombres muertos en vida. Indignos de ser considerados ciudadanos. Son otra cosa. Son marionetas del terror. No son las únicas. Están por todas partes. Sospecho que cientos, miles y, seguramente, millones de hombres hubieran hecho lo mismo que esta "cuadrilla" de amigos. Son millones de marionetas del terror. He ahí los efectos "inmorales" del terrorismo. La abyección y la bajeza de los hombres son tratadas como algo cotidiano, o peor, pasan desapercibidas. El envilecimiento lo cubre todo. El terrorismo está ganando.

Yo mismo tuve ocasión de ver, casi de tocar, esta mentalidad esclava del terrorismo, cuando mostré indignado a un grupo de periodistas la portada de El Mundo en la medianoche del miércoles al jueves. Sucedió en la redacción madrileña de una Cadena de Televisión. Me entregaron la portada de El Mundo y sentí indignación. Grité. Quienes estaban a mi lado, miraron la fuente de mi rabia, pero sólo alcanzaron a decir tópicos: "Es que tienen que seguir viviendo", "la foto del muerto yacente puede herir la sensibilidad de sus familiares", etcétera. Nadie de los presentes fue capaz de gritar: "Esos tipos que juegan a las cartas están aterrorizados y envilecidos o son unos hijos de puta". ¡Cuánta barbarie! Época de terrorismos, de horizontes sañudos e inmorales. Dicho está casi todo en esas fotos: un hombre asesinado y sus amigos siguieron jugado a las cartas. Ahora, es menester que "escribamos", cada uno desde su perspectiva, sobre esos millones de miradas que no ven en la foto de abajo nada que tenga que ver con el envilecimiento humano. Con la desaparición de la dignidad de unos ciudadanos que quizá no quieran llamarse españoles.

Esos tipos que juegan una partida de tute son muy parecidos a los individuos de una tribu descrita por un etnólogo del siglo II a. de C., Agatarquides, un gran sabio griego preocupado por la tragedia del sufrimiento humano, que halló un grupo de individuos incapaces de sentir compasión ante el dolor de sus cercanos. Para Agatarquides eran seres tan extraños como para nosotros. Los seres apáticos ante el asesinato de sus hijos y esposas, de sus amigos y conocidos, de sus vecinos, no pueden dejar de ser calificados como extraños. Están en el límite de la humanidad. Son peores que bárbaros. ¿Cómo llamar a una persona que no se conmueve ante el dolor de los demás? No lo sé; pero sí tenemos su foto. Están en la portada de El Mundo. Refleja una enfermedad social muy grave. El problema, sin embargo, no termina en los retratados, sino en quienes observan la foto con la misma apatía que los amigos del empresario de Azpeitia.

Uría y la sombra de Leizarán
Lorenzo Contreras Estrella Digital 5 Diciembre 2008

El asesinato del empresario Ignacio Uría en Azpeitia (Guipúzcoa), a manos o zarpas de ETA, ha recibido parecidos enfoques críticos desde diversos observatorios políticos y periodísticos. De entre todos esos puntos de vista destaca, en el orden humano, la circunstancia de que el empresario, en un clima de amenaza acentuada por la reciente detención de 'Txeroki', jefe de los comandos "militares" de la banda, se moviera libremente y sin escolta de protección en plena ofensiva etarra contra su empresa por las obras del Tren de Alta Velocidad Vasca. Por añadidura, también como nota humana, o más bien inhumana, el hecho de que sus compañeros de timba, que le esperaban para la partida de mus en el restaurante al que la víctima se dirigía, continuaran jugando en una escalofriante exhibición de "normalidad".

Estos dos datos no hacen sino enmarcar anecdóticamente una tragedia cuyo fondo, al margen de oportunismos de aniversario constitucional y reciente detención de 'Txeroki', se relaciona con la necesidad etarra de afirmación de su terror en un momento en que el llamado AVE vasco replantea la posibilidad de repetir los resonantes chantajes de Lemóniz y Leizarán. El caso de Lemóniz pudo disfrazarse en la estrategia de ETA como algo de alto interés ecológico antinuclear. La autovía de Leizarán era un asunto diferente. Aquí jugaba menos la ecología y más un sistema de mejora viaria en la que Madrid y el Ministerio de Fomento proyectaban una presencia hiriente para la banda terrorista.

En esa ocasión, el gran error político de las autoridades vascas y navarras fue modificar el trazado que había de comunicar San Sebastián y Pamplona. Ciento sesenta atentados y cuatro asesinatos triunfaron sobre la capacidad de resistencia democrática. El mundo etarra, cuando más desacreditado estaba el argumento de un imaginario "desastre ecológico", se inventó no se sabe bien qué fantásticos planes estratégicos de la OTAN contra los países del Pacto de Varsovia. Nada menos, por extraño que parezca. ETA se aferraba, como también lo hace ahora, a la ocasión de una nueva prueba de fuerza reafirmadora de su eterna amenaza.

Fue aquélla, según los testimonios de entonces, una victoria que sirvió a ETA para forzar una etapa de "negociación y diálogo" que alternara, después del desastre que para la banda supuso la captura de su cúpula dirigente en la localidad francesa de Bidart, la violencia terrorista con los tanteos de mediación susceptibles de implicar no sólo al Gobierno español, sino también a las organizaciones internacionales. En el escenario surgió el grupo títere denominado Elkarri, dirigido por un tal Jonan Fernández, concejal batasuno de Tolosa. Y la banda, como suele ocurrir, ganó tiempo para sus nuevas estrategias combinatorias de la acción y de la espera.

Ahora, tras el asesinato del empresario de Azpeitia, parece haberse consolidado un proyecto de mayor esfuerzo terrorista. El empresariado tiene una difícil palabra que pronunciar, siempre con derecho al miedo, que, como suele decirse, es libre, tal vez lo único libre que va quedando en la zona. La incógnita es saber si esos temores van a determinar una modificación del proyecto de la llamada 'Y' vasca, a la manera de lo ocurrido con Leizarán. El Gobierno, como de costumbre, hace alarde de palabrería. Se apoya en los últimos éxitos policiales para advertir sobre sus planes de dureza represiva y anuncia, contra toda evidencia de hechos anteriores, que los terroristas se pudrirán en las cárceles. Lo que más bien se pudrirá, desgraciadamente, es la capacidad de sostener con éxito una interminable guerra contra el crimen y el chantaje, alternados con el juego doble o triple de las organizaciones nacionalistas vascas, empezando naturalmente por el PNV y su competidor en ambigüedades, el PSE de Patxi López.

El silencio cómplice
Editorial ABC 5 Diciembre 2008

SI el terrorismo de ETA sólo se sustentara en la actuación criminal de sus integrantes, hace tiempo que la acción policial habría acabado con esta organización terrorista. ETA habría tenido el mismo fin que la mayoría de sus homólogos violentos, como las Brigadas Rojas, la Baader Meinhof y otros grupos criminales de similar catadura. Hasta el IRA -se han cumplido ya diez años de los acuerdos de Viernes Santo- se ha visto obligado a abandonar la violencia sin haber conseguido políticamente más que una tímida autonomía para Irlanda del Norte, bajo soberanía de Gran Bretaña y con el control directo del Gobierno de Londres. Incluso contando con esa bolsa de votantes contumaces del entramado batasuno, ETA podría estar ya derrotada, y siempre que desde el Estado no se hubieran cometido torpes intentos de negociación política. Pero ETA perdura más de lo razonable porque su terrorismo encuentra el apoyo eficaz y decisivo del silencio cómplice y cobarde de una parte de la sociedad vasca que, aunque no vote las listas de ETA y no comparta su violencia, es incapaz de rebelarse por pura dignidad contra la dictadura del miedo. Pocos minutos después del asesinato de Ignacio Uría, los vecinos ocultaban su rostro o emitían lamentos tan vagos que hacían dudar de si la muerte de este empresario había sido accidental o a tiros; o directamente seguían en sus actividades de ocio como si nada relevante hubiera sucedido. Y, en efecto, esto es lo que aparenta la narcotización de la sociedad vasca ante el terrorismo, que las muertes que causa ETA están ya asimiladas de antemano con un pacto de silencio y de encubrimiento sociales. El problema es que hay una parte de los ciudadanos vascos que está dispuesta a convivir con ETA.

La normalización de su violencia es el principal aliado de los terroristas -y la coartada histórica del nacionalismo para rentabilizar el «conflicto»-, porque inhibe la capacidad moral de la sociedad vasca para darse cuenta de que esta situación de derechos y libertades violados constantemente es intolerable. Ahora, junto a la enésima invocación de la eficacia policial y la fuerza de la ley para acabar con ETA, y si realmente existe voluntad de cambiar las cosas, hay que aspirar a una clara inversión de la tendencia histórica del País Vasco, dominada por la eficacia del terror, la estafa victimista del nacionalismo y por el desistimiento de quienes, sin ser nacionalistas, sólo pretenden parecerse a estos o convertirse en sus complementos. Basta analizar la hipócrita decisión de Eusko Alkartasuna y de Aralar de romper la coalición de gobierno municipal con ANV en Azpeitia para comprobar hasta qué punto la relación del nacionalismo vasco con ETA y sus testaferros carece de sentido ético y se somete a simples cálculos de conveniencia táctica.

Es cierto que el País Vasco necesita un cambio político, pero no es el que reclama el PNV para aprovecharse nuevamente del terror de ETA, sino el que permita poner a prueba en la sociedad vasca una alternativa no nacionalista. Muchos de los terroristas que están en las filas de ETA no han conocido otra cosa que gobiernos nacionalistas, educación nacionalista, cultura nacionalista y una democracia tan generosa que hasta 2002 no empezó a depurarse con la ilegalización de partidos terroristas. El vivero de ETA es hoy el miedo de la sociedad vasca y las limitaciones que el nacionalismo impone a los ciudadanos vascos, con desastrosas consecuencias en la calidad moral y democrática del conjunto de la sociedad. Por eso es necesario que los partidos no nacionalistas ambicionen algo más que disputar al PNV, en el mejor de los casos, el gobierno de la comunidad autónoma y compartan el objetivo de instaurar definitivamente el sistema democrático en el País Vasco, con sus principios y valores, porque después de treinta años de vigencia de la Constitución el régimen de libertades y derechos que establece es una utopía para miles de ciudadanos perseguidos.

Gomorra
IGNACIO CAMACHO ABC 5 Diciembre 2008

ESE silencio viscoso de Azpeitia, esa falsa y espesa normalidad atravesada de recelos, ese miedo denso, esas miradas torvas, esa inmóvil partida de cartas en la mesa del muerto, esas nueve personas solitarias concentradas en repulsa del crimen, son el retrato de una sociedad enferma, infectada del virus de la indiferencia por el sufrimiento ajeno. Una mezcla pringosa de cobardía y desapego, una profunda insensibilidad, una hosca ausencia de sentimientos, un deshumanizado hábito de abulia que hace años que domina el paisaje moral del País Vasco, cubierto por la bruma gris de la intimidación, el sometimiento y la desconfianza.

Sólo en Sicilia, o en Calabria, o en Nápoles, se palpa una atmósfera así; territorios donde la Cosa Nostra, la N´dranghetta o la Camorra imponen la ominosa sordina de la anuencia y la resignación, la ley oscura del acatamiento y la sospecha. Lugares donde la violencia se apodera de la escena común con una espiral coactiva de sumisión a la sangre, donde nadie se siente seguro porque acechan en cualquier parte los ojos ocultos del crimen, la vertiginosa mirada de vidrio de la muerte. Esa Gomorra que Roberto Saviano ha descrito con tan escalofriante certeza, con sus culpables connivencias forzosas y sus silencios ahogados en rabia, con el siniestro tableteo de las armas en calles de ventanas atrancadas, con su puñado de justos acorralados dándose unos a otros el débil calor del coraje; esa simbólica ciudad sin Estado humillada bajo una amenaza innombrable y omnipresente, degradada por el rencor y la culpa, habita en Euskadi bajo la indolencia displicente y temerosa de testigos que no recuerdan, de vecinos que no hablan, de amigos mudos, ciegos y sordos de las víctimas que se parapetan en el escudo de una baraja de tute para esconderse de su propia renuncia a la dignidad y al valor. Sólo que en el País Vasco todo ese universo de miseria moral palpita bajo una espesa capa de odio, un encono político y civil administrado por una macabra tribu de brujos crecidos ante la impunidad de su desafuero.

Es la gran obra del nacionalismo: una sociedad encogida, amedrentada, desfallecida, desarticulada de otro resorte que no sea la complicidad y el miedo. Durante treinta años, los nacionalistas han dejado crecer esa semilla torva de exclusión y han permitido que los hechiceros del terror hiciesen el trabajo sucio de extinguir todo atisbo de resistencia o de arrojo. Han estigmatizado a los discrepantes y santificado una sucia equidistancia entre víctimas y verdugos para levantar en el barro de la ruina civil una lúgubre y hedionda barraca de poder. Y se han acomodado en ella hasta tal punto que ni siquiera se rebelan cuando incluso a ellos mismos les toca pagar el tributo de sangre impuesto por los nigromantes cuyo delirio han azuzado con coartadas, excusas y casuismos.

Nueve justos, nueve, se plantaron a cuerpo limpio en la calle de Azpeitia la noche que mataron a Ignacio Uría, mientras sus compañeros de café proseguían sin inmutarse la partida de naipes. A los habitantes de la sórdida Gomorra vasca ya no les conmueve siquiera la caída de uno de los suyos. Y acaso estén tan muertos como él, pero no lo saben... todavía.

ETA y la lógica brutal del chantaje
Roberto Blanco Valdés La Voz 5 Diciembre 2008

La última vez que vi la escena -que se repite en el cine, en la literatura y en la vida- fue en una reciente película, de factura prodigiosa, del joven de 84 años Sidney Lumet: Antes de que el diablo sepa que has muerto. Hacia el final del metraje un matón amenaza a dos hermanos, que han cometido un crimen, con revelar a la policía todo lo que sabe si no le entregan a cambio de su silencio 10.000 dólares. Uno de los hermanos se muestra partidario de pagar, pero el otro le replica de inmediato: «Si lo hacemos ahora, deberemos pagar toda la vida». Es la lógica brutal del chantaje, que conocen hasta los niños en cuanto tienen edad suficiente para montar en bicicleta. Los pistoleros de ETA basan todos sus crímenes en esa lógica perversa: desde el cobro de exacciones mafiosas (eso que los etarras, sus amigos y algunos periodistas inmorales siguen llamando «impuesto revolucionario») hasta los atentados con los que tratan de presionar al poder público para que haga o no haga ciertas cosas.

ETA sometió, en su día, a un verdadero cerco la obra de la central nuclear de Lemóniz, con asesinatos (como el del ingeniero José María Ryan) incluidos y, cuando las autoridades pararon la construcción de la central, los mafiosos hicieron una muesca en sus pistolas y anotaron una victoria en el haber de su empresa criminal. Luego vino la autovía de Leizarán, convertida también en objetivo prioritario de un grupo terrorista que volvía a demostrar estar más preocupado por su delirante visión identitarista del respeto al medio ambiente que por el respeto a la vida y la libertad de las personas. En Leizarán los pistoleros ganaron otra vez al conseguir que se variara, para contentarlos, el trazado de la autovía previsto inicialmente.

No es extraño, por tanto, que ETA vuelva ahora a asesinar con la esperanza de que, a base de poner muertos encima de los planos de la obra de la llamada Y vasca, sus responsables acepten de nuevo lo que ya aceptaron previamente: que ETA imponga su voluntad «en materia de infraestructuras» a punta de pistola.

Ha estado muy bien, por eso, el presidente del Gobierno al proclamar que la Y vasca se acabará según las previsiones. Ese es el único mensaje que se les puede enviar a los etarras. Si además la afirmación de Zapatero de que los terroristas pasarán en prisión el resto de su vida fuera una indicación sincera de que no se volverá en ningún caso a negociar con ETA -lo que sería tanto como quitarle la llave de la cárcel que en cualquier pacto imaginable seguro ganaría- habríamos eliminado de raíz la lógica del chantaje que está detrás de las acciones terroristas: aquella según la cual ETA solo dejará de matar cuando se le dé todo lo que pide. Es decir, nunca.

«Pero si era de aquí, y de toda la vida»... No obstante, los parroquianos habituales callaban ante la tragedia
La partida
Alfonso USSÍA La Razón 5 Diciembre 2008

La basílica de Loyola hace de frontera entre Azpeitia y Azcoitia. Valle triste, más aún en los inviernos adelantados. El presbítero Astarloa, en su «Apología de la Lengua Bascongada» escribe de las lunas frías. La de diciembre, «lotasillá», es la del mes que se detiene; la de enero, «urtarillá», la del mes de las aguas; la de febrero, «Otsaillá», la del mes de los lobos o del frío, y la de marzo, «jorraillá», la del mes del escardio. El paisaje del norte de España es melancólico y apesadumbrado en los inviernos, y el del valle de Loyola, más triste que ningún otro. Como la grandiosa basílica de Ignacio, que encoge de austeridad los ánimos. Ignacio Uría cantaba en su coro. Azpeitia tiene un alcalde proetarra de ANV, y gobierna con el apoyo de Eusko Alkartasuna -el partido del consejero de Justicia Azkarraga-, y Aralar, lo del navarro Zabaleta. Ignacio Uría era un empresario afiliado al PNV. Sus amigos le decían «gorría», por el tono enrojecido de su piel.

A los setenta y un años, trabajaba, visitaba sus obras, cantaba en el coro y comía diariamente en un restaurante inmediato a su empresa, y después jugaba a las cartas con un grupo de amigos. La empresa de Ignacio Uría construía un tramo del Tren de Alta Velocidad en tierras vascas, proyecto al que se opone la ETA que mata y la ETA que gobierna algunos ayuntamientos. El de Azpeitia, sin ir más lejos. Un objetivo fácil, y dos disparos mortales cuando acudía a la cafetería a jugar con su cuadrilla al tute. Ignacio Uría era muy querido en Azpeitia, y en la cafetería y el restaurante no creían que lo hubiesen asesinado. «Pero si era de aquí, y de toda la vida»¿ No obstante, los parroquianos habituales callaban ante la tragedia. Los etarras gobiernan Azpeitia, las palabras se oyen, y los miedos crecen. Además, muy probablemente, algunos de los presentes eran votantes de ANV, es decir, de la ETA.

«Pero si era de aquí, y de toda la vida»¿ Eso sí se atrevieron a decirlo, como si no ser de allí y de toda la vida justificara los asesinatos. Así está de podrida una buena parte de la sociedad vasca. No se valoraba el hecho terrible del crimen de un hombre honrado y bueno, sino el asombro de que hubiera sido asesinado «siendo de allí y de toda la vida». Y entonces, sus compañeros de partida, hicieron lo que parece que puede considerarse normal en aquellos ambientes. Ignacio Uría no podía jugar esa tarde al tute porque lo habían asesinado. Su cadáver se hallaba a pocos metros de la cafetería, y el silencio de los corderos, la cobardía de los mansos, imperaba en el local. Un parroquiano habitual fue invitado a ocupar el sitio de Ignacio, «que era muy simpático, se reía mucho, vaya si se reía». Sensibilidad popular. Todos con la cabeza gacha y la prudencia en sus bocas. El juez había ordenado el levantamiento del cadáver y los de la cuadrilla ocuparon, con el sustituto de Ignacio Uría, la mesa de juego. E hicieron lo que todo ciudadano sensible y valiente lleva a cabo cuando acaban de asesinar a un amigo y compañero diario de juego. Barajar las cartas, repartirlas según lo reglamentado y comenzar la partida. Muy cálido y cariñoso, pues.

No es el Ave lo que ETA ataca
Irene Lozano Estrella Digital 5 Diciembre 2008

La sociedad vasca se siente más conmovida que de costumbre: hay tiros en la nuca y tiros en la nuca. ¿Por qué han matado a Ignacio Uría, nacido en el caserío Azkune, en el valle del río Urola, cuyas aguas vascas discurren vascamente desde su nacimiento en el monte Aizkorri hasta su desembocadura en Zumaya? ¿Por qué a un guipuzcoano de pura cepa, con su linaje baserritarra, y en el corazón de Euskadi? ¿Por qué, si era nacionalista el reguero que su sangre dejó en la acera?

Una perplejidad repugnante invade el ánimo vasco. Y provoca reacciones impulsivas: de repente, Eusko Alkartasuna (EA) descubre con quién había pactado en el Ayuntamiento de la pequeña Azpeitia. Al parecer los problemas políticos se comprenden mejor cuando asesinan a tu vecino. Por eso ETA persiste. Lleva muchos años tratando de hacerles entender a los vascos que su amenaza puede volverse contra cualquiera de ellos, pero ¡no puede matarlos a todos! Es necesaria una cierta capacidad de abstracción en los ciudadanos; deben entender que Uría era sólo un instrumento para hacer llegar su mensaje: ni la pureza de sangre salvará a los desobedientes.

¿Se atenúa así el estupor? Cuando se ve nítidamente que los terroristas indultan a quienes escuchan con atención sus dictados, se comprende que lo molesto para ETA no es la infraestructura, sino esas gentes que no se someten. No hay que seguir adelante con el proyecto porque sea "una infraestructura fundamental de este país", como ha asegurado Ibarretxe. Es mucho más lo que está amenazado. La mayoría de nosotros hubiera desaconsejado a Rosa Parks quedarse sentada en aquel asiento de autobús que debía ceder a un blanco, según dictaban las leyes estadounidenses en los años cincuenta. Ella se negó a obedecer al conductor, contra todo sentido práctico. Podría haber pensado que, al fin y al cabo, no estaba exhausta, que con aguantar media hora más de pie llegaría a su casa, donde tendría tiempo para descansar. Sin embargo, precisamente porque disputaba algo nimio, su empecinamiento mostraba con claridad que era la justicia lo que estaba en juego, y no un asiento.

La empresa de Uría era adjudicataria de las obras del AVE vasco, pero podía haber recibido la concesión para instalar farolillos en las fiestas patronales de Azpeitia, y haber muerto por ello, si a ETA, en su ventolera ecologista, le diera por combatir la profusión de bombillas, que tanto repercuten en el calentamiento global. Aunque la dimensión de la 'Y' vasca como infraestructura no sea insignificante, no es una línea férrea lo que ETA ataca, ni siquiera el desarrollo de la Comunidad Autónoma Vasca, ni el progreso técnico. Es la libertad.

Si salen, como probablemente hagan, los vascos de su estupefacción, quizá esta vez no haya una deserción similar a la protagonizada por la mayor parte de los técnicos de Lemóniz tras el asesinato del ingeniero Ryan, sino un apretar los dientes, echarse dos guardaespaldas a los hombros y seguir adelante, no tendiendo traviesas, sino construyendo el 'no' al terrorismo: es la gran obra pública que la sociedad vasca tiene pendiente.

Arzalluz también se equivocaba
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 5 Diciembre 2008

ETA no acaba de asesinar a dos policías «españoles», como en Cap Breton. Acaba de asesinar a un empresario vasco que a sus 71 años seguía en el tajo y jugaba diariamente la partida con sus amigos, en vez de jugar al golf en cualquier rincón mediterráneo. Él prefirió seguir en su pueblo, pese a estar gobernado por la marca blanca que ETA había conseguido durante las últimas negociaciones. Pero Ignacio Uría se sentía seguro por nacionalista y por haber dedicado su vida a hacer más grande, próspera y moderna su tierra. No fue bastante. Había desobedecido a la banda y eso le condenaba a muerte.

¿Comprenden ahora los vascos lo que les espera si triunfa ETA? El exilio, la cárcel o la tumba para el que no siga sus instrucciones. El nacionalismo como religión y ni rechistar siquiera. ¿Es esto lo que quiere ese segmento gris de la sociedad vasca que, sin apoyar abiertamente a ETA, asume sus postulados básicos y le presta apoyo moral, coartada política y dinero más o menos voluntario?

Pues esto es lo que está en juego. Si la sociedad vasca, incluido su gobierno, está dispuesta a combatir por todos los medios legales a ETA o respalda implícitamente sus tesis. Si sigue diciendo que el suyo es un «problema político». Si sigue creyendo que «Euskadi está subyugado a España», en vez de ser ellos los que están subyugados a ETA. Si sigue «explicando» los motivos de los terroristas. Si sigue considerando «mártires» a sus presos. Si sigue, en fin, alimentando al monstruo en su seno. Pues mientras no haya un cambio total de dirección, mientras el gobierno y el pueblo vasco no se echen a la calle para proclamar «¡No más asesinatos en nuestro nombre!», la banda terrorista continuará asesinando, pese a todos los descabezamientos que sufra en Francia y en España.

Lo que demuestra que Zapatero no era el único que se equivocaba al negociar con ella. También se equivocaba Arzalluz al decir «Unos sacuden el árbol y nosotros recogemos las nueces». No. Recogen balas, no nueces, del árbol que plantaron. El odio, las mentiras, la permisividad que han creado es el caldo de cultivo que permite a ETA recuperarse de todos los golpes que recibe y devolverlos con creces, pues los terroristas no se andan con bromas, matan. Matan no sólo españoles, matan también a los vascos que no se pliegan a sus consignas.

Hay que reconocer que en horas bajas como estas, le asalta a uno la tentación de soltar todo en banda y decir: «Venga, que nos dejen en paz de una vez, que se queden con sus asesinos, y allá se las arreglen». Pero luego piensa en tantos hombres y mujeres como Ignacio Uría, que aguantan allí, jugándose literalmente la vida, perdiéndola muchas veces, y se dice que no podemos hacerles eso, que tenemos la obligación de quedarnos, como lo hacen ellos. Con la confianza que da el saber que, a la larga, los malnacidos no se han salido nunca con la suya si las personas honradas han sabido hacerles frente. Pues el progreso es eso: hacer frente a los criminales.

Órdago a muerte
CARLOS HERRERA ABC 5 Diciembre 2008

TENGO por cierto que de haber muerto de una insuficiencia cardíaca o de un derrame cerebral, los amigos de Ignacio Uría habrían suspendido su partida de mus y acompañado los restos del compañero desaparecido de la forma más ceremoniosa posible. Algún cántico sentimental habría acompañado su último adiós y una gravedad insalvable marcaría la expresión durante los próximos días de quienes compartieron tardes y tardes de amarracos, de tute, de póquer o de remigio. Pero Ignacio no ha muerto como consecuencia de un fallo multiorgánico o de una larga enfermedad. Ha muerto mediante el plomo asesino que ha dejado en las cunetas a casi mil personas en lo que va de cuatro décadas a esta parte. Lo ha matado la ETA. Entonces la cosa cambia: hay que aparentar que ellos no van a poder con nosotros, que todo sigue igual, que la vida continúa. Otro se sienta en su sitio y se pone a barajar y repartir, a cuatro reyes sin señas, yo soy mus, yo hasta ahí, pares sí, juego no.

Me recordaba ayer el gran Santiago González algún ejemplo de esa conducta tan propia de todos estos años según la cual es mejor mirar hacia otro lado y hacer como que no nos hemos dado cuenta de que la sangre corre un poco más allá. A los pocos, muy pocos metros del lugar en el que yacía un policía recién asesinado discurría una carrera ciclista: los aficionados asomados a la valla no dejaron de jalear a los corredores sin querer percatarse que debajo de aquella sábana ensangrentada se encontraba el cuerpo de un hombre muerto unos minutos atrás. Tan cierto como que hay constancia fotográfica de ello: Antxon Urrusolo la incluyó en su extraordinaria y valiente exposición «En Pie de Foto». En Salvatierra, 1980, una pareja de terroristas asesinó a tres guardias civiles de tráfico gracias al chivatazo del cura párroco de la localidad -condenado posteriormente por ello- y en el juicio narró la viuda de uno de ellos que su marido fue rematado después de que algunos vecinos le hicieran saber a gritos a los asesinos -cuando estos huían- que aún estaba vivo y que tan sólo había sido herido en un brazo. Que aún se movía. Para esa mujer, los asesinos no habían sido sólo dos.

Azpeitia es hoy la síntesis y el reflejo de la enfermedad moral que asola la sociedad vasca, largamente diagnosticada y denunciada. E incluso asumida. Una parte de los trabajadores de la empresa de Uría, los afiliados al sindicato LAB, la correa de ETA con el mundo laboral vasco, se han negado a manifestarse en protesta por la muerte de su patrón. ¿Qué más podemos esperar? La falta de compromiso, el adocenamiento, la incapacidad para rebelarse, el haber somatizado la muerte como un paisaje más, ese querer seguir con la vida normal como si nada hubiera pasado constituyen los síntomas de una pandemia cruel, pavorosa, casi cómplice. Creer que, por no mirar la gangrena, ésta ya no existe, es el primer paso para padecerla mañana, para ser el nuevo cadáver sobre el adoquinado de las calles. Vendrán a por todos nosotros y nos cogerán jugando al tute o al mus, envidando a chica o contando treinta y uno.

No tengo por qué dudar de la emoción que pudieran sentir los musolaris ante la falta del amigo de todas las tardes, pero sí dudo de la capacidad de percepción del mensaje que transmiten. Ellos, y todos los que se esconden, no quieren entender que nos han lanzado un órdago a muerte a todos, sin ver las cartas: ello supone estar a un paso de perder la partida. Y en el órdago no nos va un puñado de garbanzos y la cuenta de los pacharanes. Primero nos va la vida. Y, antes que la vida, la dignidad, sin la cual es mucho más penoso transitarla.
www.carlosherrera.com

Una normalidad absurda
ANA IRIBAR El Correo 5 Diciembre 2008

Es difícil mantener la calma y, sobre todo, contener la rabia y la indignación cuando ETA ha vuelto a matar, y lo ha hecho además en un pueblo gobernado por ANV. Porque conozco esa execrable normalidad que acompaña a cada atentado no sólo en el País Vasco, sino también en el resto de España. Me sigue impresionando escuchar a los vecinos del asesinado relatar lo ocurrido, y no verles la cara, no soporto ese miedo que les hace esconderse; ese miedo y ese desprecio hacia el sufrimiento de los demás. Me llena de hastío escuchar una vez más las palabras de condena de nuestros responsables políticos, escuchar a nuestro presidente del Gobierno decir que los etarras se pudrirán en la cárcel, escuchar al lehendakari llamar valientes a los empresarios vascos.

Me llena de asco saber que la familia de Ignacio Uria comparte vecindario con los chivatos y los encubridores, me llena de dolor y de rabia comprobar que año tras año, atentado tras atentado, la historia se repite sin que nada cambie. Yo me pregunto: ¿Tenemos los vascos derecho a la 'Y', a la alta velocidad? ¿Cómo se entiende que se construya una carretera escoltando a los trabajadores? Cada vez que circulo por la autovía que une Pamplona con San Sebastián, pienso en los tres asesinados por ETA. ¿Tenemos derecho al progreso en estas infames condiciones? ¿Cuándo vamos a tener líderes políticos de verdad que asuman la responsabilidad de combatir el terrorismo?

Porque la democracia vasca es una mentira, la empatía vasca es otra gran mentira y hasta que no reconozcamos todos el problema nada va a cambiar, nada, para nuestra desesperación, nuestra frustración permanente ante líderes frívolos e incapaces. Exijo que se dé prioridad a derrotar a ETA en todos sus frentes, porque por mucha carretera estupenda que tengamos, por mucha infraestructura moderna que construyamos, seguiremos siendo la vergüenza de Europa.

Precisamente había preparado una intervención para una universidad en Madrid y había escogido el episodio que marcó mi compromiso contra ETA. Curiosamente, tiene que ver con otra gran infraestructura vasca, la nunca operativa central nuclear de Lemóniz. El 29 de enero de 1981 José María Ryan era secuestrado por ETA. José María era el ingeniero jefe de la central nuclear de Lemóniz, en Vizcaya, una central que nunca llegó a funcionar y con un historial de atentados y víctimas terrible. ETA pide a cambio de su liberación el desmantelamiento de esta central nuclear. Ocho días después, aparece su cadáver con un tiro en la nuca, los ojos vendados, maniatado, al borde de un camino forestal. Tenía 39 años. Mujer y cinco hijos. Los medios entonces mencionan a la «organización militar ETA», autora del crimen, en esto hemos mejorado sustancialmente; pero en sus declaraciones anónimas, lo cual sigue siendo igual de repugnante, los compañeros de Ryan se refieren a él como «un euskaldun de toda la vida». Vamos, 'uno de los nuestros', uno de los que nadie en el pueblo sospecha que pueda ser objetivo de ETA. Uno de los que nunca se 'mete en política' -como si defender la democracia y la vida de todos fuera política-. La palabra 'terrorismo' no aparece en ninguna de las líneas que he vuelto a leer.

Yo estudiaba entonces COU, tenía 17 años, y la fotografía de esta víctima en un blanco y negro sobrecogedor, su historia, me impactaron profundamente; tanto fue así que participé por primera vez en una manifestación en San Sebastián, con una compañera de clase, y recuerdo muy bien los insultos de quienes nos observaban desde las aceras, las piedras que volaban sobre nuestras cabezas. En el instituto apenas hubo espacio para el debate, no creo recordar que se interrumpieran las clases como sucedía cuando se apresaba a algún terrorista o fallecía alguno de los asesinos mientras manipulaban explosivos. Pero me consta que se produjo la primera huelga en el País Vasco por una víctima del terrorismo.

Tengo que admitir que aún sabiendo lo que sucedía a mi alrededor, tomé consciencia del problema del terrorismo por aquella noticia y muy especialmente por aquella fotografía que recogieron todos los medios de comunicación. Fue aquella imagen en blanco y negro la que me impulsó no sólo a tomar conciencia, sino a movilizarme por primera vez contra el terrorismo, pero también por las víctimas, por su inocencia, su soledad, su vulnerabilidad frente al monstruo del terrorismo. El nacionalismo se defendía en los medios de las acusaciones de ETA de su último comunicado, y no dedicaba una sola línea a la víctima. El poder, en este caso, el nacionalismo vasco gobernante, ignoraba una vez más a la víctima. El lehendakari estará en una manifestación ajeno a su responsabilidad, como un vasco más, aunque no lo es, es el responsable de todos nosotros, es nuestro presidente, y no puede esconderse entre la, espero, multitud, insisto, escondido entre los suyos. Es como la camorra, a veces la familia terrorista mata incluso a sus propios miembros del clan, por eso la indignación hoy entre el mundo nacionalista es tristemente mayor.

Un medio de comunicación nos mostraba ayer una interesante partida de cartas, la que jugaba a diario Ignacio Uria. Volvió a jugarse. Sin él, pero estoy segura de que ya habrán encontrado repuesto. Allí, la vida sigue, con o sin Ignacio, con o sin atentado. Para qué inmutarse. Tú puedes ser el próximo, así que callandito a casa, y ni un comentario en las tiendas, en el trabajo, o con algún vecino en el ascensor de tu casa, sólo con los que conoces muy pero que muy de cerca, vamos, tu madre o alguien así. Con el resto nunca se sabe. A mí misma me sucede. En algunas tiendas conmigo hablan los dueños, pero en cuanto entra alguien, enmudecen.

Cuando era joven, debería decir más todavía, no fue mi entorno escolar o educativo, ni el social, ni siquiera el familiar, mucho menos el político, el que despertó mi interés por el problema del terrorismo y por las víctimas del terrorismo, antes de serlo yo misma; no vino nadie a mi casa a buscarme y pedir mi solidaridad por la causa, como tampoco sucederá con los demás. En mi caso, fueron los medios de comunicación los que sirvieron de espejo neutro, opaco, para acercarme a la realidad. Hoy esa información se ha tornado opinión en la mayoría de los casos y no sé muy bien cuál es su percepción. Los barómetros y las encuestas siguen mostrando a una sociedad preocupada por el terrorismo, contraria a la negociación y que apoya a las víctimas. O debería decir que ha tomado partido por las víctimas como si fuéramos un frente anacrónico abierto.

Yo quiero defender una vez más, primero, mi frustración por que ETA sigue matando, pero también porque siento que estamos gobernados por líderes incapaces y sin voluntad de trabajar por terminar con el problema del terrorismo; quiero reivindicar nuestro cansancio ante la absurda normalidad con la que se convive en el País Vasco; no puedo imaginar el miedo con el que los trabajadores de la 'Y' vasca saldrán hoy y los demás días a trabajar. Toda mi solidaridad desde aquí para todos los trabajadores del País Vasco. Quiero reivindicar mi independencia, pero también nuestra diversa afiliación política; nuestra necesidad de que se respete a las víctimas en los momentos de mayor dolor para que no se exhiba nuestro sufrimiento, y también cuando nos manifestamos públicamente. Nuestro derecho como colectivo a exigir determinadas actuaciones políticas y a sancionar aquéllas que atentan contra nuestro principio de justicia. Quiero defender hoy más que nunca la memoria de quienes han sido asesinados, sobre todo a Ignacio Uria, desde la dignidad y la coherencia, desde mi compromiso, por pequeño que sea. Y recordar que todos somos necesarios. Especialmente desde la responsabilidad que nos une a nuestros hijos.

Ana Iribar es viuda de Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA en San Sebastián el 23 de enero de 1995.

Una partida de tute, el síntoma de una enfermedad no curada
Alfredo Casquero elsemanaldigital 5 Diciembre 2008

ETA seguirá matando mientras las partidas de tute continúen, tras un asesinato. Como si fuera algo normal, que alguien se desangre en la calle por un tiro en la nuca, como cuando lo terrible se vuelve costumbre, paisaje, cuando el terror torna cotidiano. Esa maldita partida de tute es un reflejo de lo enfermizo de la sociedad vasca. Hablan de las buenas gentes de la comunidad vasca (me niego a llamar país a una región española). Pero esas buenas gentes continúan jugando a las cartas cuando alguien muere. Aunque sea de los suyos. Es fingir que la muerte no ha venido, es fingir que alguien puede morir por decisión de otro. Es mirar a otro lado, cambiar de acera cuando cruza una víctima, o negarse a celebrar un funeral por un familiar asesinado, y permitir que las calles se ensucien con el nombre de asesinos, y dejar que en las instituciones la voz de los que han matado a Ignacio Uría suene con la misma legitimidad. Es el silencio cómplice de tantos años de las buenas gentes, de aquellos que son incapaces de llorar con la muerte inmediata, y han de seguir jugando a las cartas, porque el miedo les impide realizar otra cosa. Es ese miedo el que ha convertido a las provincias vascas en un lugar en el que no hay libertad, en el que no hay democracia, aunque nadie quiera ver la realidad y se empeñen en disfrazar de verde la oscuridad con la que ETA les envuelve.

Son también las palabras del presidente de la comunidad, acerca de la muerte de un vasco. Como si a los otros vascos que han muerto, los verdaderamente vascos porque son también españoles, no hubiera que protegerles con ese mismo manto de pertenencia. Y es esa búsqueda hipócrita de la paz, cuando no hay guerra. Y es ese canto baldío a un derecho inexistente, y esa nauseabunda equidistancia, y esa calculada estrategia electoral.

ETA desaparecerá el día en que el PNV abandone el gobierno. El día en que esos que llaman buenos, miren a los ojos del muerto, aunque no sea de los suyos, el día en que una partida cartas no trate de borrar un asesinato cometido por un vasco malnacido.

Las condenas de siempre no sirven, las palabras oportunas de los líderes se quedan viejas, nada más ser pronunciadas. Esa unidad pretendida es vacía, si no hay un objetivo claro. Ninguna negociación más señor Zapatero. Ningún cálculo más señores políticos. Sólo la ley, contra ellos. Toda la fuerza de la ley. Ningún atisbo de ETA en ningún rincón de nuestra tierra, la vasca, (es mía también porque es española). Ya se perdió el primer día para acabar con ETA. Mientras los discursos se pronuncian, y los actos de condena se repiten ETA continúa en los ayuntamientos. Esa debe ser la unidad de los políticos. Acabar con ETA, con sus apoyos, con sus dobles, con todo lo que tenga relación con los asesinos.

La otra unidad, la que sale en los periódicos y repiten en las televisiones, tiene la duración de una partida de tute. Y la misma eficacia.

Crimen en Azpeitia
Charo Zarzalejos  Periodista Digital 5 Diciembre 2008

Ahora ha sido Azpeitia, a la sombra de la Basílica de Loyola, cuna de San Ignacio y muy probablemente de quien o quienes durante un tiempo han hecho las tareas de seguimiento previas y necesarias para conseguir un atentado certero. Bastaron cuatro horas y maldad suficiente para segar la vida de un ciudadano, Ignacio Uria cuya empresa tenia el encargo de desbrozar unos cuantos kilómetros para la famosa "Y" vasca. En cuatro horas robaron un coche, maniataron a su dueño, vigilado siempre por un terrorista mientras los otros dos acudieron por caminos no habituales, a su macabra y criminal cita. Esperaron lo justo y sin temblarles el pulso dieron tres tiros, mortales de necesidad. Luego el silencio. "Algo le ha pasado a Ignacio" dijo la dueña del bar en el que la víctima acudía todos los días a echar su partida.

"Algo le ha pasado a Ignacio" y los terroristas desanduvieron el camino, soltaron a su rehén y quemaron el coche. En Azpeitia, silencio y conmoción. En el bar, la partida continuaba como han continuado en otras ocasiones las fiestas patronales con un cadáver caliente, también obra de ETA. Apenas si hay nada nuevo. Los que nunca han condenado continúan sin hacerlo y de trescientos trabajadores de la empresa , cien, del sindicato LAB, se han quedado en silencio. No han condenado y es probable que ni siquiera se hayan conmovido. Mientras quede un rescoldo, un solo rescoldo de silencio cómplice, ETA interpretará que no está sola.

Antes ha sido Lemoniz y luego Leizarán y en ambas ocasiones ETA ganó la batalla. Se cerró la central y se cambió el trazado. La cesión de Leizarán se llamó "San Lorenzo". En ambas ocasiones, antes de acudir al tiro en la nuca, se produjeron movilizaciones porque ETA tenía un apoyo sonoro. Ahora se han ahorrado el previo entre otras razones porque su capacidad movilizadora ha descendido sustancialmente y han ido directamente al crimen. Saben los terroristas que eso asusta y que para amedrentar a muchos basta con matar a uno. Y hoy, en el País Vasco ha vuelto el miedo.

Ayer, en el Congreso hubo unanimidad a la hora de la condena. El ambiente en la Cámara baja era de una cierta desolación. "Vienen tiempos duros", musitaban sus señorías. Al mediodía el Presidente del Gobierno y el líder de la Oposición abandonaban juntos la capilla ardiente. Gestos de unidad que tienen un efecto balsámico para una sociedad cansada y escéptica y que en el caso del País Vasco encuentra acomodo en el silencio de los cobardes, y en ese otro silencio -que también lo hay- que hunde sus raíces en el miedo y en el escepticismo.

Tambien hay palabras, muchas ya sabidas, retóricas y obligadas. Pero no puede ser llorar y sin solución de continuidad sacar a relucir "el conflicto". No puede ser que el bar no se cierre de inmediato ni que la partida continúe. No puede ser que quien gobierne en el País Vasco no haya tenido como prioridad la derrota de ETA. Y para derrotarla no basta con condenar sus métodos, sino que hay que desmarcarse de sus fines, de los permanentes lamentos y trabajar de manera activa para que los terroristas y quienes les apoyan o se callan ante el horror que generan , se sientan solos y bichos raros entre los demócratas.

Mezclar, como en ocasiones se hace, nacionalismo democrático con terrorismo, además de injusto es un profundo error de diagnóstico, pero ¿sería mucho pedir al nacionalismo democrático que renunciara a sus legítimos objetivos hasta tanto ETA perdure?. Esto lo propuso Ardanza y le mandaron a presidir Euskaltel para que no pronunciara discursos semejantes. ¿Es mucho pedir que allí donde se pueda se pongan en marcha mociones de censura para desbancar a ANV de los ayuntamientos en los que esto sea posible?. No hay que engañarse, ETA no se despeina con los discursos ni con las manifestaciones. Solo le duelen los golpes policiales y solo entiende el lenguaje de los hechos. Todo sería hoy distinto si desde el propio País Vasco la consigna hubiera sido "a por ellos", con la ley en la mano, sin atajos. Pensar en lo que hubiera podido ser y no ha sido es caminar hacia la melancolía. Mejor creer que quizás aún se está a tiempo de recuperar el tiempo perdido y que ETA ha sabido aprovechar en forma de crímenes y permanentes chantajes. Vienen tiempos duros y ante ellos solo cabe tanta firmeza como la que tiene ETA para perseverar en su estrategia. Si los terroristas no se cansan, nosotros, los demócratas, menos. Y eso hay que demostrarlo.

Charo Zarzalejos.

No se entiende
José Antonio VERA La Razón 5 Diciembre 2008

Hay cosas que difícilmente se pueden entender, hablemos del País Vasco o de Alemania. No es normal, por mucho que se quiera aparentar normalidad, que los compañeros de mus del asesinado Ignacio Uría prefirieran seguir jugando a las cartas como-todos-los-días pese a saber que uno de los miembros habituales de la mesa, y también de la partida, acababa de ser asesinado. No es normal que en Azpeitia, el lugar el crimen, nadie diga nada, ni haga nada, ni se rebelen contra lo sucedido, pese a que todos dicen con asombro que esta vez «han matado a uno de los nuestros», como si matar a los demás, a los que no son «nuestros», estuviera más justificado.

No se entiende, por ser absolutamente inhumano, que la gente de Guipúzcoa, o al menos parte de ella, intente aparentar naturalidad con relación a algo que no es normal ni natural, y que además indigna lógicamente a cualquiera que comprenda que uno puede morir en accidente o por enfermedad grave, pero no como consecuencia de la acción de unos tipos desgraciados que deciden un día pegarte dos tiros y volarte la cabeza. La vieja frase «mataban a los judíos, pero no importaba, porque eran judíos», empieza a cobrar demasiada actualidad en el País Vasco.

Nadie se ocupa de que asesinen a éste o aquél, dado que «no es mi problema», es siempre un problema de los demás, algo que les ocurre a los policías porque son policías, a los políticos del PSOE o el PP porque son del PSOE o el PP, o a los empresarios que no pagan el impuesto porque no pagan el impuesto. Pero como sólo les sucede a ellos, nunca a nosotros, nunca «a los nuestros», no nos ocupamos ni nos preocupamos más de lo necesario.

Y en esas estamos. En esas andamos. Probablemente, más por miedo que por otra cosa. Más por necesidad que por militancia. Más por evitar problemas que por convicción. Pero es terrible verlo como yo ayer en San Sebastián. Y comprobar que ocurre así desde hace años.

Malas perspectivas
Rosas en el mar
Regresan los infaustos cursillos del INEM, camelo que Felipe González se sacó de la manga para estabular a los jóvenes y maquillar las cifras del paro. Muchas veces pensé que ninguna otra generación tendría que pasar por lo mismo.
Antonio Golmar Libertad Digital 5 Diciembre 2008

Nada mejor que pedir opinión a un tiburón de Wall Street para que el pesimismo dominante se torne alegría y buen rollo:

– Sufriremos una década perdida, pero no ocurrirá nada irremediable a menos que los gobiernos intervengan demasiado. Además, las crisis son el mejor caldo de cultivo de las buenas ideas. Sólo quienes sean capaces de ofrecer algo realmente útil y provechoso a los demás triunfarán. La chatarra ideológica heredada de nuestros mayores y que nos hace luchar en batallas que no son las nuestras acabará donde debe, en la planta de desguace de la historia.
– ¿Y qué pretendes hacer tú mientras tanto?
– Buscarme un trabajo en Washington. Allí no quedan chatarreros.

Difícil de creer que de las cenizas de la recesión pueda surgir un Fénix libertario. Demasiado ocupados procurando no desasirse de la tabla de salvamento, por muy podrida que esté, para organizar la rebelión.

En España, mientras ETA asesta su penúltimo golpe a la libertad de todos, el Gobierno y las Comunidades Autónomas engrasan el arma infalible para prevenir los focos de resistencia. Regresan los infaustos cursillos del INEM, camelo que Felipe González se sacó de la manga para estabular a los jóvenes, maquillar las cifras del paro y llenar las arcas de las organizaciones sindicales y empresariales. Muchas veces pensé que ninguna otra generación tendría que pasar por lo mismo. Lo suyo sería una autopista de 10 carrilles directa al estrellato, la emancipación, la realización personal y el goce sin fin gracias a los fondos de pensiones, la neurociencia, los 40 tipos diferentes de café disponibles en Starbucks y el ligue a través de internet. Vivirán deprisa, pero no morirán jóvenes. Ahora me los imagino haciendo cola en la oficina de empleo para solicitar plaza en los cursos que los chupatintas de la CEOE o los liberados sindicales hayan diseñado para ellos. ¡Qué planazo!

Incluso la ciencia-ficción, otrora refugio de inconformistas y emboscados de variado pelaje, parece haberse tornado sombría. Este año, los ganadores del premio Prometeo, concedido anualmente por la Sociedad Futurista Libertaria a las mejores obras liberales de ficción, han sido dos relatos truculentos cuya acción transcurre respectivamente en una Gran Bretaña fascista y en la República Popular Italiana. El galardón "Salón de la Fama" ha recaído sobre La naranja mecánica, cuya versión cinematográfica pasará a la historia como una de las principales causas de suicidio y conducta antisocial en los años 70 y 80 del siglo pasado. Si no la entendimos entonces, dudo mucho que lo vayan a hacer ahora. Tal vez algunos lo hayan hecho ahora. Demasiado tarde.

No sé de dónde van a surgir esas nuevas y brillantes ideas que nos saquen del desánimo y la decepción, ese estado de bancarrota del alma que espera demasiado, que dijo el filósofo Eric Hoffer. Quizá ese haya sido nuestro problema, nuestro trágico error. Nos extendieron un cheque sin fondos para conquistar un mundo feliz, pero se les olvidó darnos las armas.

– La libertad, la libertad, derecho de la humanidad –arengaba ufano el joven iniciado al paso de la multitud que se arremolinaba en las inmediaciones del templo.

Un sabio harapiento que pasaba por allí camino del bosque le espetó:
– Es más fácil encontrar rosas en el mar.

‘A todos los que la presente vieren y entendieren’: Hay que reformar la Constitución
Carlos Sánchez El Confidencial 5 Diciembre 2008

“A todos los que la presente vieren y entendieren, sabed:
Que las Cortes Generales han aprobado y Yo vengo en sancionar la siguiente Ley”.

Encabezamiento de la Constitución Española de 1978

El riesgo de que facciones políticas se apoderaran del Gobierno fue una de las principales preocupaciones de los padres fundadores de la Constitución americana. James Madison llegó a advertir de ese peligro. Temía que determinadas élites políticas usaran la ley fundamental para defender sus propios privilegios en lugar del interés general. Y Alexis de Tocqueville, durante su célebre viaje americano, llegó a observar que los ciudadanos tendían a convivir con sus gobernantes de una manera casi patológica.

Comprobó que los votantes preferían un cierto paternalismo que les eximía de tomar sus propias decisiones en lugar de avanzar hacia el autogobierno, lo que a priori era más coherente con la figura del hombre libre dueño de su destino, tan ensalzada en aquellos días. Estamos, sin duda, ante un principio fundamental de la filosofía moral de la que se deriva todo el ordenamiento constitucional. Lo que les interesaba a los primeros constitucionalistas era formar hombres de bien que, al mismo tiempo, actuaran como buenos ciudadanos, el ideal socrático.

¿Cumplen ambos preceptos la Constitución española? ¿Evita la Carta Magna la formación de oligarquías partidistas que actúan en interés propio? ¿Fomenta, al mismo tiempo, la participación ciudadana en la cosa pública? No parece que eso sea exactamente así. En el primer caso, las resistencias a modificar la Carta Magna de 1978 ponen de manifiesto la existencia de una oligarquía de partidos que no parece dispuesta a dilapidar sus privilegios en aras de perder su capacidad de control sobre la actividad de la clase política. Las listas cerradas son un buen ejemplo de ello. Un sistema abierto rompería el monopolio del poder que alternativamente se reparten gobierno y oposición. Al mismo tiempo, la ausencia de mecanismos que fomenten el debate público cercena la capacidad de influencia de los actores sociales en las decisiones del poder político. La inexistencia de consultas populares sobre asuntos de especial transcendencia (nada que ver con el referéndum ilegal de Ibarretxe) es una buena prueba de ello.

Si a esto se une el hecho de que -en el caso español- se ha instalado en el debate social una especie de necrofilia política difícil de entender, el resultado no puede ser otro que una calidad de la democracia manifiestamente mejorable. Lo de la necrofilia política no es un juicio de valor. Es, más bien, una constatación. Los medios de comunicación andan estos días celebrando el trigésimo aniversario de la Carta Magna, pero en lugar de mirar hacia el futuro identificando ineficiencias constitucionales o posibles soluciones para crear un mundo mejor, se dedican a analizar las tripas del pasado como Indiana Jones buscaba el templo maldito. El reciente debate entre Santiago Carrillo y Manuel Fraga en televisión es una buena de ese ejercicio de arqueología política rayana en la necrofilia. Que al final se enzarcen sobre Paracuellos dice mucho sobre la altura intelectual y el sentido de la oportunidad del debate político.

Reformas por la puerta de atrás

Reformar la Constitución para hacerla mejor, sin embargo, se presenta hoy como algo más que una necesidad. No para liquidar el texto de 1978 -sin duda uno de los grandes hallazgos de la democracia española por su capacidad para crear consensos tras una dictadura y una dolorosa Guerra Civil- sino para hacerlo más fértil, y, sobre todo, más creíble para una generación cada vez más desapegada de la cosa pública. En su lugar se ha optado por modificar la Constitución por la puerta de atrás: reformando los estatutos de autonomía aplicando la vieja estrategia de los hechos consumados. No hay Tribunal Constitucional que se atreva a derogar los aspectos esenciales de una Ley Orgánica aprobada por el Parlamento de la nación y sancionada posteriormente en referéndum por los ciudadanos, como es el caso del Estatut de Cataluña.

Y no es que la Constitución del 78 no necesite reformas. Todo lo contrario. Ahí van algunas sin ánimo de ser exhaustivos.

En primer lugar, el Estado debería recuperar competencias en materias como el urbanismo y el suelo, dos caras de una misma moneda que inexplicablemente los magistrados del Constitucional se encargaron de hurtar a la Administración general del Estado. Buena parte de los problemas de hoy proceden de aquella desdichada sentencia que de la noche a la mañana hizo a los municipios propietarios únicos de un bien de carácter general. Convirtiendo en papel mojado el artículo 47 de la Constitución, que establece la obligatoriedad de que los poderes públicos regulen “la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.

La Constitución, además, debería ser reformada para evitar que, por la vía de los hechos, se rompa la unidad del mercado interior, algo cada vez más frecuente por la hemorragia legislativa de los parlamentos regionales, que han convertido la unidad de mercado en un puzle con 17 casillas.

Hay que reformar, igualmente, el sistema electoral, ampliando el número de diputados para reforzar la proporcionalidad del sistema evitando la sobrerrepresentación de los partidos nacionalistas; pero, al mismo tiempo, garantizando listas abiertas que responsabilicen a los diputados y senadores de sus actos políticos. Y en este sentido, parece de otra época el texto constitucional que determina que los actos de los diputados son inviolables. El voto de los inmigrantes con al menos cinco años de estancia legal en España serviría, igualmente, para mejorar la calidad del sistema democrático, aunque sus países de origen no hayan suscrito tratados de reciprocidad. Los sujetos de los derechos cívicos son los ciudadanos y no los estados.

Educación obligatoria y gratuita desde los cero años
La reforma de la Constitución, de la misma manera, debería reforzar el papel coordinador del Estado en materia de Sanidad y de Educación, especificando que la enseñanza básica “obligatoria y gratuita” está garantizada desde los cero años, y no desde los tres años, como sucede ahora en términos reales. Tutelando de forma efectiva el funcionamiento del sistema sanitario, tal y como proclama la Carta Magna.

Habría que incluir, igualmente, la supresión de la figura del ‘instituto armado’ en clara referencia a la Guardia Civil, intensificando su integración con la Policía Nacional con el objetivo de maximizar su eficacia.

El tratamiento de la Corona es, sin lugar a dudas, uno de los más anacrónicos de la carta constitucional. Se entiende que a la salida del franquismo los constituyentes optaran por reforzar la figura del Rey como garante del sistema democrático. Pero 30 años después, la Corona debe ceñirse a su papel de símbolo de la unidad de España, lo que debería significar su alejamiento de las ‘cosas terrenales’. En particular, cediendo la jefatura de las Fuerzas Armadas al Presidente del Gobierno, máxima expresión del poder político. En esta línea, parece desfasado el artículo 56, que establece que la figura del Rey “es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”, una redacción, como se ve, de otro tiempo. Como el hecho de que se prefiera al varón antes que a la mujer en la línea sucesoria, el sapo que cada mañana se debe tragar Bibiana Aído, ministra de Igualdad.

La reforma más profunda de la Constitución, sin lugar a dudas, tiene que ver con el Título VIII, el mismo que regula el funcionamiento de las regiones. Pese a sus deficiencias manifiestas (como hasta los propios constituyentes reconocen), sirvió para arrancar el proceso autonómico, pero hoy está completamente superado por la realidad. Habría que partir de la situación actual para configurar un nuevo espacio de relaciones entre las regiones y la administración central, asegurando que se cumpla lo que establece el artículo 138, que determina -pásmense a la vista de los sistemas forales- que “las diferencias entre los Estatutos de las distintas Comunidades Autónomas no podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales”. ‘Toma del frasco, Carrasco’, que diría el clásico.

Las luchas fraticidas entre los partidos mayoritarios por colocar a sus adláteres podría mitigarse ampliando el plazo de permanencia de los magistrados del Constitucional a 15 años, frente a los 9 actuales; mientras que parece obvio que habría que establecer un sistema menos rígido para cambiar el texto constitucional, lo que desde luego no tiene nada que ver con recuperar el viejo vicio de los españoles de darse garrotazos esgrimiendo las leyes fundamentales. La rigidez en la reforma ha llegado al absurdo que una disposición derogatoria recuerda todavía que no son válidos ni el Fuero del Trabajo de 1938 ni el de los Españoles, de 1945. Como se ve, una antigualla histórica que la clase política se niega a reformar. ¿Por qué será?

La ideología progresista cede, al cabo de dos siglos, al peso de la regresión hacia míticos orígenes. Salvación contra progreso
Mito del siglo XXI
Gabriel ALBIAC La Razón 5 Diciembre 2008

ETA está en guerra contra los trenes de alta velocidad. Porque corroen la intemporal patria. Es una inflexión crucial: la de una apuesta clara contra el progreso. El «progreso» es muy joven. Aún, en la primera mitad del siglo XVIII, era una incógnita que abre debates cuyo modelo es el ensayo de 1749 en el cual Rousseau afronta la pregunta de la Academia sobre si ciencias y artes aportan, o no, mejora moral. Y a partir de la revolución de 1789, «progreso» se trueca en santo y seña para entrar en el nuevo mundo: la sociedad y el espíritu humano avanzan hacia el perfeccionamiento; material como moral. Sólo Freud, en los inicios letales del siglo XX, denunciará lo infantil de esa nueva religión, asentada sobre el trono vacante de la providencia divina. Es la gran ilusión de las sociedades modernas; como lo fue el Paraíso para las tradicionales. Pero «ilusión», anota Freud, es sinónimo de delirio. De Lessing y de Condorcet tomará el siglo XIX los cánones de esta doctrina de la salvación en un futuro perfecto. De la cual harán catecismo todos los apocalípticos posteriores a 1848. Poniendo las semillas de la tempestad europea en el siglo veinte.

Desde entonces, «progreso» y «progresista» han sido invocaciones de la inminente salvación. Al cabo, nada de las matanzas que devastarán el continente entre 1914 y 1945 se entiende sin esa certeza de ir a cruzar el umbral de un mundo nuevo. De esa religión se ha nutrido la retórica insurreccional durante dos siglos. Y el discurso del «terror» no fue, al cabo, otra cosa que su paradigma. Hiperbólico, si se quiere; caricaturesco, en el límite. Pero hipérbole y caricatura dan una verdad profunda de aquello que distorsionan.

Algo esencial se rompió aquel 11 de septiembre de 2001, en el cual los últimos epígonos del terrorismo europeo percibieron la irrupción de una religión política sin precedentes: el terror como apuesta regresiva, como apuesta esencial por el retorno salafista a los primeros años del Islam, que predica el yihadismo. Y es verdad que, ante esa certeza de que el Bien yace en el tiempo puro del Profeta, sólo caben dos actitudes: la apuesta por la imperfecta sociedad democrática, en la cual, bien que mal, nos es permitido vivir; o bien la sumisión a la voz del Dios que exige destruir todo cuanto no haya sido dictado por el plan inalterable de su Libro. Para el último terrorismo progresista europeo había llegado el instante crítico de desaparecer o musulmanizarse.

Lo fascinante en la ETA del último decenio es la limpieza con la cual el cambio de modelo es culminado. Siempre existieron en su interior tentaciones regresivas, ligadas a la tectónica llamada de la madre patria. Pero eran secundarias, respecto de un progresismo izquierdista muy convencional. Quienes hoy sentencian los trenes de alta velocidad, como atentado del progreso contra la primordial herencia de la sangre, puede que no lo sepan, pero han cruzado ya su rubicón político. En el desasosiego con el cual abre el siglo su vértigo, no cabe ya más terror que el reaccionario. Es el mito del siglo XXI: salvación contra progreso.

PUDO SER "DETERMINANTE" PARA LA VICTORIA DE GOIRIZELAYA
Abascal denuncia que "cientos de jóvenes" votaron con el ilegal DNI vasco en la UPV
Las votaciones con el ilegal DNI vasco podrían suponer la impugnación de las elecciones en la UPV, según Abascal. En su opinión, los sufragios pudieron haber sido "determinantes" para la victoria de Goirizelaya.
EFE Libertad Digital 5 Diciembre 2008

En una nota, el parlamentario vasco Santiago Abascal ha calificado de "irregularidad muy grave" que se permitiera a estos estudiantes emitir su voto porque dicho carné "no está oficialmente validado".
Abascal ha denunciado que este hecho –que la Universidad pública vasca, consultada por Efe, ha rehusado comentar– "vulnera la legislación electoral básica y el reglamento universitario, que deja claro que la identidad debe realizarse con el carné universitario o un documento oficial de identidad emitido por la Administración Pública".

El parlamentario del PP ha considerado que los votos de los alumnos que se identificaron con el llamado DNI vasco "podrían considerarse indocumentados y nulos sus votos", por lo que -ha dicho- podría plantearse una impugnación del resultado y la repetición de las elecciones.

Además, ha destacado que, debido a lo ajustado de los resultados (en el voto estudiantil, el rector electo, Iñaki Goirizelaya, se impuso a Marisol Esteban por 832 sufragios), "los votos de los indocumentados han podido ser determinantes". Además, denunció que se detectaron "presiones de radicales" e "irregularidades" en la jornada electoral.
El catedrático de Ingeniería Telemática Iñaki Goirizelaya fue elegido este jueves nuevo rector de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) con el 52,25 por ciento de los votos, al superar a la otra candidata, la catedrática de Economía Aplicada Marisol Esteban, que obtuvo el 47,75 por ciento.

«Hay que echar ya a esa gentuza»
María del Mar Blanco insta al Gobierno a ilegalizar ANV. La hermana de Miguel Ángel Blanco aboga por que el fin de ETA llegue «con la memoria y la justicia»
Roberto D. Gómez La Razón 5 Diciembre 2008

MADRID- La presidenta de la de la Fundación Miguel Ángel Blanco, María del Mar Blanco, acudió ayer en la Universidad Juan Pablo CEU de Madrid a una mesa redonda sobre «información, víctimas y terrorismo», donde defendió la idea de «echar» a los miembros de ANV de los 43 ayuntamientos vascos que actualmente gobiernan, y afirmó que «el fin de ETA no debe llegar de cualquier forma, sino con la verdad, la memoria y la justicia». Blanco dio su pésame a la familia de Ignacio Uría, asesinado por ETA el pasado miércoles, y acusó al actual Gobierno de Rodríguez Zapatero de haber provocado, en su anterior legislatura, una «estafa constitucional al haber dialogado con la banda terrorista». «Este hecho dividió a nuestro Estado y eso es lo que busca ETA», dijo.

La hermana de Miguel Ángel Blanco, asesinado por la banda terrorista, recordó también que «después de cuarenta años luchando contra ETA, no hemos conseguido vencerla» y animó a la sociedad española a «seguir luchando contra el terrorismo porque con el Estado de Derecho vamos a ganar y a conseguir que cesen en su intento de dialogar con los demócratas». También acudió a la mesa la presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco, Cristina Cuesta, quien aseguró sentirse «avergonzada» por el último atentado de ETA y explicó que «Ignacio Uría era un empresario nacionalista, asesinado por la banda para paralizar la construcción de la `Y¿ vasca». Cuesta se refirió al miedo de los vascos definiéndolo como «enfermedad vasca», y dijo que «el PSOE propició un parón en el camino para derrotar a ETA aprobando el diálogo y permitiendo que 43 ayuntamientos estén gobernados por la antigua Batasuna». A la mesa redonda asistieron además, José Antonio García, presidente del Asociacion Víctimas del Terrorismo; Esther Sáez, víctima del 11-M; y Ángeles Domínguez, presidenta de la Asociación Víctimas del 11-M, quienes, también, condenaron el atentado de Ignacio Uría.

Miles de personas en toda España plantan cara a ETA
S. Suárez La Razón 5 Diciembre 2008

MADRID- La lluvia incesante que se desató ayer por la mañana en Azpeitia no movió a ninguno de los cientos de ciudadanos concentrados en el exterior de su Ayuntamiento contra ETA. No fueron los únicos. Miles de personas en toda España se echaron a las calles. Decenas de concentraciones recorrieron los ayuntamientos españoles. Guardaban silencio. Manifestaban su repulsa contra los terroristas por el asesinato del empresario Ignacio Uría. El Congreso, el Senado y las instituciones autonómicas también rindieron homenaje al fallecido.

Ciudades vascas como Bilbao y San Sebastián también condenaron el atentado. Decenas de bilbaínos se concentraron por la mañana frente al Consistorio de Bilbao. Tras finalizar el acto, el alcalde del municipio, Iñaki Azkuna, aseguró que «la prioridad» es «la unión de los demócratas para luchar contra los asesinos de ETA». De esta forma, trasladó el «total apoyo» de la sociedad a los empresarios porque «es momento de cerrar filas», informa Efe.

Por su parte, el municipio de San Sebastián protagonizó otra concentración de alrededor de un millar de personas. No quisieron faltar a la cita víctimas directas de los terroristas, como María Ángeles Romero, viuda del ex edil socialista de Mondragón asesinado por ETA Isaías Carrasco, y el ex consejero vasco José Ramón Recalde, quien sobrevivió a un atentado. «Espero que de una vez por todas los terroristas tomen conciencia de que tienen perdida toda la partida», dijo éste último.

También estuvieron presentes los concejales del Ayuntamiento menos su alcalde, Odón Elorza, que se encontraba en Madrid, en donde se guardó silencio desde la Puerta del Sol, Cibeles, la Asamblea de Madrid, las organizaciones empresariales y sindicales y todos los ayuntamientos.

Más concentraciones tuvieron lugar en Navarra -en las que participaron desde representantes del Gobierno foral y de instituciones públicas, hasta del ámbito de la Universidad y de Colectivos sociales-, en Málaga -el Parlamento autonómico de Andalucía también mostró su solidaridad reunido en Antequera, donde celebraba el 30 aniversario del pacto autonómico-, en Santiago de Compostela, en Alicante -cuya alcaldesa, la popular Sonia Castedo, recordó que el aniversario de la Constitución española «tiene que hacer a la sociedad más fuerte»-, o en Cataluña -la plaza barcelonesa de Sant Jaume acogió la máxima representación de los políticos catalanes-. Además, las concentraciones convocadas por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) se extendieron a Ceuta y Melilla, donde un centenar de personas, entre las que se encontraba una treintena de escolares, recordaron a la víctima mortal de ETA. La AVT, por su parte, organizó otra concentración en Bilbao, al cierre de esta edición. Pero las condenas a la banda terrorista traspasaron la frontera de España.

Bajo una intensa agua nieve, más de cien eurodiputados españoles condenaron el atentado en Bruselas, en un acto convocado conjuntamente por el PP y el PSOE. Al término de los cinco minutos de silencio que guardaron, desplegaron una pancarta que rezaba: «Por la libertad para la derrota de ETA». Por su parte, el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández-Vara, enfatizó que «la Policía, el Gobierno, la Guardia Civil y los jueces son los que tienen que poner fecha en el calendario al final de todo asesino».

Tribunales
Condenado a un año y medio de cárcel por menospreciar a víctimas ETA en internet
La sección tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha condenado a año y medio de cárcel a Xabier Rezola por menospreciar e insultar en un foro de internet a víctimas de ETA, entre ellas a los dos guardias civiles asesinados en Capbreton (Francia) el 1 de diciembre del año pasado.
Madrid - EFE La Razón 5 Diciembre 2008

En su sentencia, el tribunal condena también a Rezola a pagar una multa de 2.850 euros por un delito de ofensa a la bandera nacional, ya que aparecía una imagen de ésta ardiendo acompañando a sus insultantes comentarios, aparecidos en el foro "Asturias de mis amores" desde finales de 2007 hasta febrero de 2008.

En el juicio, celebrado el pasado 3 de noviembre, el acusado mostró su arrepentimiento por esos comentarios y explicó que los hizo en "un momento personal difícil", porque acababa de morir su padre, y para irritar a otros miembros del foro que le enviaron mensajes "despectivos" hacia el pueblo vasco, "no porque pensara lo que decía".

Sin embargo, la Sala no tiene en cuenta ese arrepentimiento porque no se ha probado en la vista que el acusado padeciera en esos momentos "un trastorno nervioso, debilitador de sus aptitudes", que le hubiera ocasionado "una disminución de su capacidad de entender y querer" y, por tanto, "de la culpabilidad".

Así, la sentencia declara probado que Rezola, utilizando el pseudónimo de Eneko Haritza, envió mensajes despectivos hacia las víctimas del terrorismo al foro "Asturias de mis amores" a raíz del asesinato de los dos guardias en Capbreton, sobre los que emitió comentarios insultantes.

Los insultos de Rezola, al que se considera autor de un delito continuado de menosprecio a las víctimas "en atención a la dispersión diaria de correos", también se dirigieron a Irene Villa o Miguel Ángel Blanco, entre otras víctimas.
En cuanto a la ofensa a la bandera, explica que no se puede entroncar la imagen de este símbolo ardiendo con el ultraje a la bandera porque este tipo delictivo "define una situación más física que la derivada de una grabación, reflejo de la bandera en trance de combustión".

Una campaña en la Red, capitaneada por Sopena, para negar que la sociedad vasca "está enferma"
 Periodista Digital 5 Diciembre 2008

Es seguro que de haber muerto Ignacio Uría de una insuficiencia cardíaca o de un derrame cerebral, en lugar de asesinado por ETA, los amigos habrían suspendido su partida de mus. Síntoma de una sociedad enferma. No obstante, ya ha comenzado en la Red una campaña, liderada por Enric Sopena, para los que denuncian lo que allí sucede y las vilezas morales son manipuladores.

La foto de El Mundo de la partida de cartas, tras el asesinato de uno de los que debería de estar sentado en esa mesa, ha traído cola. La imagen de lo que es una sociedad podrida. Ignacio Uría no ha muerto de un fallo cardíaco, y dice Carlos Herrera en ABC:

"Lo ha matado la ETA. Entonces la cosa cambia: hay que aparentar que ellos no van a poder con nosotros, que todo sigue igual, que la vida continúa. Otro se sienta en su sitio y se pone a barajar y repartir, a cuatro reyes sin señas, yo soy mus, yo hasta ahí, pares sí, juego no".

Esta sociedad enferma, no obstante, tiene a los que se sitúan frente a los que denuncian esti tipo de anormalidades. En Internet ya han comenzado a movilizarse. Desde Lokarri, "Red ciudadana por el acuerdo y la consulta", denuncian "Pedro J. y El mundo: manipulación y mentiras."

"Matan a Uria...pero la partida continúa". Según ellos un ejemplo de decrepitud moral de la sociedad vasca, tal y como ha dicho hoy Pedro J. en la COPE (podéis leerlo en El Plural).

Siguen jugando a cartas como homenaje a Ignacio Uria, sin más. El propio reportajillo de El Mundo sí reconoce, en páginas interiores, bien lejos de la portada, que las lágrimas se asoman a los ojos de sus compañeros y el ambiente desolador que reinaba en la cafetería en la que jugaban. Ya veremos si mañana esta explicación de los amigos de Uria aparece en El Mundo.

Desde que Rosa Diez afirmase, después de perder las elecciones autonómicas de 2001, que esa era la demostración de que la sociedad vasca tenía una enfermedad moral, no dudan en utilizar cualquier excusa para seguir con la misma cantinela.

¿Cómo no? Ya ha aparecido Enric Sopena y su diario digital, gran defensor del "proceso de paz" de Zapatero, al que debemos que ETA esté sentada en las instituciones y cobrando dinero público para cometer sus asesinatos.

Recuerda este digital, tras la publicación de la fotografía:
El editorial del diario insiste en este mensaje apuntando que la imagen de los jugadores de tute "ilustra mejor que mil palabras el ambiente de esa localidad gobernada por ANV" y que éstos siguieron actuando tras el asesinato "como si nada hubiera sucedido". Concluyen que "la falsa normalidad forma parte de los elementos que han llevado a la atrofia moral de parte de la sociedad vasca".

Para Sopena no hay una sociedad enferma.
En Azpeitia sí se produjeron ayer numerosos gestos de solidaridad, de condena y de repulsa con los asesinos. Los dos concejales de Eusko Alkartasuna (EA) decidieron desvincularse ayer de ANV, cuyo apoyo dió la alcaldía a la formación abertzale, y renuciaron a sus responsabilidades de gobierno, según informa El País. Además, el pleno municipal aprobó con los votos en contra de ANV una "condena rotunda" del asesinato.

Inmoralidades que cuenta con observadores como Sopena y los que le acompañan en su comentido de ver normalidad en el País Vasco.

El Tribunal de Estrasburgo confirma la prohibición del velo islámico en las escuelas
Redacción Minuto Digital 5 Diciembre 2008

Parece que la libertad se impone poco a poco en Europa. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha deshechado un recurso interpuesto por dos jóvenes musulmanas francesas que fueron expulsadas de su escuela por negarse a quitarse el velo durante las clases de gimnasia.

Francia, defensora de la laicidad en las escuelas estatales, aprobó en 2004 una ley que prohibía a los alumnos llevar símbolos religiosos a clase tras una década de debate sobre las jóvenes musulmanas que acuden a clase con pañuelo.

“El tribunal consideró que el propósito de la restricción del derecho de las solicitantes a manifestar sus convicciones religiosas fue para adherirse a los requerimientos del secularismo en las escuelas públicas”, dijo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Las dos jóvenes fueron expulsadas en 1999, cuando tenían 11 y 12 años.

Después de que los tribunales franceses fallaran en su contra, se querellaron ante el tribunal europeo alegando que su escuela había violado su libertad religiosa y su derecho a la educación.

El tribunal, con sede en la ciudad francesa de Estrasburgo, rechazó ambos recursos por el voto unánime de los siete jueces.

El cuerpo afirmó que la escuela había hecho todo lo posible para equilibrar los intereses de las jóvenes con el respeto al modelo laico de Francia, y que su expulsión había sido consecuencia de su negativa a respetar las normas de las cuales habían sido informadas en su momento.

También señaló que habían podido continuar su educación con clases a distancia.

El debate sobre el velo ha dividido Francia, que se encuentra entre su profundo apego al laicismo y la de tener la principal población musulmana de Europa.

También ha planteado interrogantes sobre la manera en que la influencia del Islam está cambiando Europa.

 

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Artur Mas
Ya está de más
Artur Mas es historia, y los medios del oasis así lo explicarán en el justo momento en que Montilla invierta lánguidamente el pulgar.
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 5 Diciembre 2008

Artur Mas no ha dimitido por la presunta pirula fiscal del padre. Sin embargo, está fatalmente tocado, aunque es posible que él mismo no lo sepa. La estrella Borrell se apagó por bastante menos. Cierto es que en Matrix cabe ignorar sine die la fea verruga en la punta de la nariz de la bella. También se puede reprogramar al personal y trocar una mancha en timbre de orgullo, o convertir la justa denuncia de un abuso en reprensible vileza. Recuerden la Banca Catalana.

Pero, para desgracia de Mas, las circunstancias no son las de entonces. CiU ya no es dueña del imaginario, carece de poder efectivo, el futuro no le pinta bien, ha perdido su tupida red clientelar porque estas cosas hay que regarlas a menudo, y ahora quien riega se llama Montilla o se llama Carod. Y desde noviembre de 2003, el PSC y los independentistas están conjurados para dejar en los huesos a Convergència, a ser posible, con la colaboración de Unió, siempre dispuesta a practicarle una buena succión al socio que de antiguo parasita.

Podrá callar la prensa que el jefe de la oposición está desnudo. Podrá no dar la noticia, omitir la lista de Liechtenstein. No importa. Artur Mas ya está en manos de los socialistas, que vuelven a manejar los resortes del Estado con el sentido de la oportunidad y con el sentido instrumental y patrimonial que caracterizaron los años ochenta. Ahora sin contrapeso en la Plaça de Sant Jaume, mandada en ambos lados por un PSC capitaneado a su vez por el más fuerte en plaza: el temible y eficacísimo apparatchik José Montilla, honorable presidente de la Generalitat, señor de un partido que roza la mitad del voto catalán, aliado estratégico de la Esquerra, repartidor último de las subvenciones a la prensa, dueño del DOG (el BOE catalán), comisario máximo de las cacicadas del CAC, gran capitán de los batallones populares del Baix Llobregat, impasible, paciente, pétreo. Y blindado. No deja más flanco descubierto que aquel que puede perder al atacante: su origen, su catalán precario, su nombre de pila sin catalanizar. ¿Va CiU a hacer oposición desde el racismo?

Artur Mas es historia, y los medios del oasis así lo explicarán en el justo momento en que Montilla invierta lánguidamente el pulgar. Lo que sucederá, por ejemplo, si tras una sentencia del Constitucional adversa al Estatut, el hijo de Arturo Mas se quiere subir a la parra del referéndum, de las elecciones anticipadas o de cualquier otra capitalización de un descontento que él mismo viene atizando de forma preventiva.
Juan Carlos Girauta es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

El PP catalán pone en marcha una impactante campaña bajo el lema: ¿Bitxo raro?
Redacción Minuto Digital 5 Diciembre 2008

La campaña se difundirá fundamentalmente a través de las redes sociales, como el Facebook, Tuenti y Youtube, con lo que el PP quiere crear una comunidad de personas en Internet en defensa de la libertad y la democracia que propugna la Constitución.

Parece que el PP catalán le ha ganado por la mano a los separatistas en Cataluña y se ha lanzado con una impactante campaña titulada ‘¿Bicho raro?’ en la que se defiende, frente a la exclusión separatista, la Constitución, el bilingüismo, la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos y el hecho de poder sentirse catalán y español.

Aprovechando el 30 aniversario de la Constitución, los populares han creado una página web en la que se enlaza con un vídeo de Youtube presentando la campaña. En él, diferentes personas preguntan si son ‘bichos raros’ porque les gusta la gente que vive en Cataluña “sin importar dónde han nacido” o porque se emocionaron cuando la selección española de fútbol ganó la Eurocopa.

Mezclando las frases en castellano y en catalán, se preguntan si son raros porque hablan indistintamente ambos idiomas, y porque no tienen ningún problema “en hablarle a cada uno en el idioma que quiere escuchar”.

Los protagonistas de la campaña opinan que el Govern “no atiende los problemas de verdad y se dedica a malgastar el dinero de todos”, y defienden una educación “en libertad” donde los padres puedan escoger lo que quieren para sus hijos.

“Porque me gusta vivir en una España y en una Catalunya abiertas. ¿Crees que por eso soy un bicho raro?”, concluyen.

En un comunicado, el partido explicó que pretende mostrar que los nacionalistas intentan “crear conflictos de cuestiones que no lo son, mientras se deja de prestar atención a los verdaderos problemas de los ciudadanos”, como el paro, la crisis y la educación.

La campaña se difundirá fundamentalmente a través de las redes sociales, como el Facebook, Tuenti y Youtube, con lo que el PP quiere crear una comunidad de personas en Internet en defensa de la libertad y la democracia que propugna la Constitución.

El bilingüismo impuesto de PP
Nota del Editor 5 Diciembre 2008

Si Vd. es bilingüe políticamente correcto, es decir, que conoce la lengua  regional ( lengua "propia" según la voluntad de muchos profesionales de la política de todos los partidos) y además conoce la lengua  la española (lengua impropia a tenor del entre paréntesis anterior), común de todos los españoles y parte de los extranjeros, entonces este anuncio es para Vd. y el PP es su partido.

Si Vd. cree que al mezclar en un anuncio la lengua regional y la lengua española le están imponiendo la lengua regional, le están haciendo perder el tiempo, están tratando subliminalmente de indoctrinarle sobre la bondad de la lengua regional y de la insuficiencia social de la lengua española, entonces, el PP no es su partido (tampoco UPN, Ciudadanos, UPyD, menos aún el PSOE y todos los demás).

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