AGLI

Recortes de Prensa    Martes 9 Diciembre 2008

Lucha ideológica
Separatismos y democracia
En tiempos de Aznar, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo atacaba directamente a la ETA, pero también –a un plazo más breve que largo– a los separatismos que han vivido de ella; con razón se alarmaron en extremo y se subieron por las paredes
Pío Moa Libertad Digital 9 Diciembre 2008

Dice Gustavo Bueno, con razón, que los partidos separatistas plantean un conflicto parecido al de un Estado extranjero que quisiera apoderarse de regiones españolas. Podemos recordar, entre otras cosas, que durante la guerra civil los secesionistas vascos y catalanes no sólo trataron con nazis y fascistas italianos, sino también con Francia e Inglaterra, a quienes propusieron crear una especie de protectorado desde el río Ebro a los Pirineos.

Por consiguiente, el conflicto no tendría más solución que la violenta, sea a través del juez o de forma directa; una violencia que han utilizado ampliamente los secesionistas mediante el terrorismo –especialmente el de la ETA– del que se han servido y con el cual han colaborado sistemáticamente.

Sin embargo el problema es más amplio: también existen en la democracia partidos abiertamente antidemocráticos como son no sólo los separatistas, sino también los marxistas, nacionalsocialistas o asimilados, islamointegristas, colaboradores del terrorismo, etc. La democracia puede y debe tolerarlos mientras no se vuelvan demasiado potentes y agresivos, y por tanto peligrosos para la libertad de todos o para la integridad nacional. Llega un momento en que, por esa razón, la tolerancia se vuelve suicida.

La cuestión radica en evitar llegar a esos extremos, y esto sólo puede lograrse mediante una labor activa de denuncia y crítica de tales opciones, de modo que se mantengan siempre en un nivel poco dañino. Sin embargo, en España no se produjo contra ellas una "lucha ideológica" a fondo, en la que llevamos un retraso de veinte años. Es más, la única denuncia un poco amplia y efectiva se ejerce contra el nazismo, un fenómeno de un pasado lejano, limitado a pequeños grupos y con muy pocas probabilidades de repetirse, aunque no deba bajarse la guardia. No se practica, en cambio –o no con la energía y sistemática precisas– contra estos otros totalitarismos mucho más vigentes y amenazadores. Es una situación grotesca, porque a nadie le cuesta nada hoy "condenar" el nacionalsocialismo, empezando por los héroes del tiro en la nuca y sus animadores secesionistas, paramarxistas "rojos" como el Gobierno actual y similares. Todos muy "anti nazis".

En tiempos de Aznar, que cometió graves errores pero iba mejorando cada año, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo atacaba directamente a la ETA, pero también –a un plazo más breve que largo– a los separatismos que han vivido de ella; con razón se alarmaron en extremo y se subieron por las paredes. Parecía el comienzo de una rectificación del rumbo nefasto tomado en estos asuntos ya por Suárez, pero por influencia del pro etarra Cebrián y otros semejantes (esto no tiene que ver con el hecho de que Zapo esté haciendo tragar al académico sus regañinas del principio) se ha producido el proceso inverso: el sector antidemócrata y pro etarra del PSOE se ha hecho con el poder y hemos vuelto a una situación cada vez más crítica, mientras el partido de la oposición, con Rajoy, en vez de ejercer de dique, se ha añadido a la corriente socavadora de la democracia española.

Así están las cosas por el momento.

Detención y relevo de etarras
Que no le quepa la menor duda a Rubacalba de que mientras su Gobierno permita que ETA se siga financiando a través de ANV y, sobre todo, los terroristas mantengan la convicción de que el Estado volverá a "dialogar", a Iriondo no le faltarán sustitutos.
EDITORIAL Libertad Digital 9 Diciembre 2008

Una operación conjunta de la policía francesa y española ha vuelto a asestar este lunes un duro golpe a ETA con la detención en Gerde de tres terroristas, entre los que se encuentra Aitzol Iriondo Yarza "Gurbita", lugarteniente de "Txeroki" y supuesto jefe "militar" de la banda terrorista desde que este fuera detenido hace sólo tres semanas. Iriondo es, además, sospechoso de ser el autor material de los disparos que causaron la muerte de dos guardias civiles en Capbretón en diciembre de 2007 y de estar implicado en el asesinato del concejal socialista de Lasarte Froilán Elespe y del empresario vasco Ignacio Uría.

De las detenciones, poco más comentario se puede añadir, que no sea felicitar a nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y subrayar su capacidad operativa, injustamente cuestionada por culpa del Gobierno de Zapatero que, durante un tiempo, la mantuvo neutralizada en pro de un proceso de diálogo y de paz con la banda terrorista.

En este sentido, sí cabe comentar el mensaje que el ministro Rubalcaba ha enviado a los pistoleros: "No sé si algún terrorista está pensando sustituir a Iriondo, lo que sí sé es que desde este mismo momento estamos buscándole". Que no le quepa la menor duda al ministro del Interior de que mientras su Gobierno permita que ETA se siga financiando a través de las subvenciones públicas a ANV y, sobre todo, los terroristas sigan teniendo la convicción de que los socialistas, tarde o temprano, volverán a buscarles para negociar con ellos el fin de la violencia, a Iriondo no le faltarán sustitutos, como no le han faltado a ninguno de sus antecesores.

En este sentido, es una vergüenza que, incluso en la actual "fase de confrontación" entre el Gobierno de Zapatero y ETA –así la bautizó Rubalcaba al concluir ETA su tregua–, el Ejecutivo se siga negando a aplicar contra la subvención "indirecta" de ETA la misma legislación que le permitió la disolución del Ayuntamiento de Marbella.

En cuanto a la intacta esperanza que los terroristas depositan –y no sólo ellos– en ese engañabobos del "final dialogado de la violencia", ahí está la no derogada resolución parlamentaria que permitiría, tal y como ocurrió en el pasado, "ir a buscar a los terroristas", pero no para sentarlos en el banquillo como dice ahora Rubalcaba, sino en un mesa de diálogo.

No queremos que el pasado nos amargue una buena noticia como la de hoy. Pero tampoco queremos que ninguna felicidad presente nos oculte el riesgo futuro que entraña olvidar que el efecto disuasorio de las detenciones se extingue si no va acompañada de la certeza de un cumplimiento integro de la pena. Un certeza que no forjan, sino que destruyen, los todavía no repudiados "procesos de paz" en los que los representantes del Gobierno se dedican a buscar a los sucesores de los Iriondos para negociar, como mínimo, la impunidad de sus antecesores.

Otro golpe al terror
EDITORIAL El Correo 9 Diciembre 2008

La detención de Aitzol Iriondo y de otros cinco presuntos activistas y colaboradores de ETA, en una operación conjunta de la Guardia Civil y de los servicios policiales franceses, se convirtió ayer en un golpe certero contra la banda terrorista, tres semanas después de que fuera arrestado su número uno, Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki'. Ambas operaciones demuestran que no sólo era necesario para la estrategia antiterrorista fijarse como objetivo el descabezamiento de la trama etarra; también era posible lograrlo. El mito de la imbatibilidad de ETA se ha sustentado durante décadas sobre ese otro supuesto que sería su infinita capacidad de reproducción. Aun tratándose de una organización con recursos para perpetuarse, tanto desde el punto de vista del dictado al que continúa sometiendo al conjunto de la izquierda abertzale y del amordazamiento de sectores nada desdeñables de la sociedad vasca como en lo que se refiere a la captación y encuadramiento de los pocos efectivos fanatizados que requiere para mantener su actividad terrorista, hace tiempo que comenzó a atisbarse la posibilidad de que el Estado de Derecho puede acabar acorralando a ETA hasta conducirla al desistimiento y la desaparición, o a reducir a la insignificancia su poder de coacción. Un horizonte que requiere optimizar la cooperación entre las autoridades españolas y las francesas para impedir que la banda terrorista pueda recuperarse de tan importantes detenciones y empujarla hacia una situación insostenible para sus integrantes.

Como ocurre con cada nuevo atentado de ETA, el asesinato de Inaxio Uria suscitó el lógico temor a que la banda terrorista pudiera reactivar su macabro operativo. Además, la renuencia de las formaciones nacionalistas a descabalgar a ANV de la Alcaldía de Azpeitia y la manifestación convocada para el domingo en la localidad vizcaína de Durango por la plataforma anti-TAV, sin condenar previamente el asesinato del empresario guipuzcoano, devolvían a la sociedad a los peores tiempos de la cruel desfachatez terrorista. Una desfachatez que se hacía patente estos días en muchas paredes del País Vasco, donde los apologistas de la violencia han colocado los recurrentes mensajes en los que los victimarios tratan de aparecer como víctimas para así eludir el reproche moral generalizado por la muerte de Uria. La detención en Gerdes del presumible nuevo número uno de ETA representa, en este sentido, una doble buena noticia. Por una parte, porque agudiza la debilidad orgánica en que se mueve la banda terrorista. Por la otra, porque envía a sus seguidores, pero también a quienes por interés o por comodidad basan sus argumentos en la facticidad etarra, el inequívoco mensaje de que la acción policial está tomando la delantera a la política dominante en Euskadi.

Entre dos treguas
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 9 Diciembre 2008

Aitzol Iriondo, 'Gurbitz', y Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', guipuzcoano el primero, vizcaíno el segundo, han tenido una trayectoria muy parecida en las filas de ETA. Entraron en la banda hace diez años, coincidiendo con el final de la tregua de Lizarra. Como peones de la banda ayudaron a romper aquel alto el fuego, pero el tiempo y la captura de las sucesivas promociones de jefes les convirtieron en capataces de la cuadrilla y como tales fueron ellos, en compañía de otros como ellos, los que decidieron la ruptura de la última tregua, la más reciente.

No son ni más sanguinarios ni menos que otros dirigentes etarras, simplemente habían asumido que para conseguir sus objetivos políticos era más eficaz el uso de las armas y con ellas han hecho lo que han podido, que es, afortunadamente, mucho menos de lo que hicieron sus antecesores. No ha sido por falta de ganas, sino porque quienes combaten el terrorismo han hecho su trabajo mucho mejor que los propios terroristas.

La sucesión de un dirigente como 'Txeroki' que durante los últimos años ha controlado todos los resortes del poder en ETA era ya un problema para la banda que necesitaba tiempo para que el relevo estuviera a la altura del relevado. El arresto de quien representaba ese relevo multiplica el problema de la organización terrorista.

La clave del éxito de Bidart no fue sólo que el 29 de marzo de 1992 se detuvo a los tres integrantes de la cúpula etarra a un tiempo. Eso nada más ya era la mejor operación antiterrorista realizada hasta ese momento. Pero es que, además, unas semanas más tarde se arrestó a quienes tenían que sustituir a los capturados en Bidart. A la banda le costó muchísimo tiempo recuperarse del doble golpe en el terreno operativo, pero en el terreno de la moral de los terroristas la recuperación nunca llegó del todo.

Fue entonces cuando, por vez primera, asumieron la idea de que podían ser derrotados policialmente, cuando se dieron cuenta de que el enemigo podía conseguir la «victoria militar», aquella que hasta entonces no se les había pasado por la cabeza.

El doble arresto en cuestión de semanas de Aspiazu e Iriondo va a ser importante en el terreno operativo, el de la materialización de los atentados, pero más todavía en el campo de la moral de los etarras. Todos los debates y elucubraciones que los etarras han venido haciendo durante el último año sobre la compartimentación interna, la estanqueidad de las diferentes estructuras, sobre la seguridad ante todo, sobre la creación de una nueva ETA se han quedado en papel mojado después del doble golpe propinado por la Guardia Civil y la DCRI francesa (los servicios de información de la policía). Eso tiene que doler incluso a los terroristas más insensibles.

Asesinato en Azpeitia
Espectros silenciosos
Han pasado años mirando para otro lado y no se desvía la mirada del crimen sin justificarlo. Lamentan entonces que se asesine a uno del pueblo y que daba puestos de trabajo. Con la que está cayendo, hay que ver lo mal que eligen a las víctimas.
Cristina Losada Libertad Digital 9 Diciembre 2008

Tras un suicidio moral prolongado y asistido, sobrevino la muerte. Ocurrió el deceso hace mucho tiempo, pero una y otra vez ha de ser representada la defunción. Va en ello la supervivencia. No está garantizada, por supuesto, pero si estás moral y civilmente muerto, al menos puedes albergar la esperanza. Y, junto a otros espectros silenciosos, podrás seguir con tu rutina, haciendo como que nada pasa. Es el tributo necesario, aunque no el único, que ha da pagarse. Y claro que se paga. Ése como todos los demás.

Los compañeros de tute de Ignacio Uría decidieron echar su partidita poco después de que ETA lo asesinara a pocos metros, sin conciencia alguna de que su acción causaría algún escándalo en una España que sólo se conmociona a fogonazos. A fin de cuentas, lo que ellos hicieron forma parte de la normalidad. No se han desviado de las pautas socialmente acordadas, tácitamente pactadas, unánimemente seguidas, salvo por aquellos, unos pocos, que se empeñan en seguir vivos, gente a la que se le muestra el camino de salida, pues crispa y empeora la situación.

Hasta los familiares de las víctimas han de ser espectros. Doloridos, naturalmente, pero sin expresión. Esta vez, cumplen. Son "de aquí". Ni uno de ellos menciona a la banda que perpetró el asesinato. Nunca hay que señalar y, además, para qué. Los empleados del muerto se cuidan de manifestar su "no estamos de acuerdo" desde su condición trabajadora y nacionalista. Vaya por delante la pertenencia a la tribu, pues el desacuerdo con el asesinato roza el límite de lo autorizado.

Carecen de fibra moral para condenar. Han pasado años mirando para otro lado y no se desvía la mirada del crimen sin justificarlo. Lamentan entonces que se asesine a uno del pueblo y que daba puestos de trabajo. Con la que está cayendo, hay que ver lo mal que eligen a las víctimas. Y el obispo Uriarte se pregunta si ése es el camino para la liberación que ETA promete, revelando de tal modo por qué esa senda continúa abierta: se acepta como fuerza política a una organización criminal.
Si sólo estuvieran atenazados por el miedo, como suele decirse, suscitarían esos ciudadanos comprensión o compasión. Pero se ha amalgamado en ellos la complicidad política con el temor. Voluntariamente pagan el tributo.

Victorias sin alas
José Javaloyes Estrella Digital 9 Diciembre 2008

Sólo la renuencia del Gobierno a desalojar de los ayuntamientos que gobiernan a los etarras de ANV -por tanto escrúpulo ahora como falta de escrúpulo legal y consideración política se tuvo para aposentarlos en la legalidad- empalidece el contento ciudadano y el brillo policial por la detención tan inmediata de Aztiol Iriondo, que había relevado al tal 'Txeroki' en el vértice de la pirámide terrorista. Un sujeto sobre quien también gravita la hipótesis, señalada anoche por el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, de que sea él, como 'Txeroki', uno u otro, quien ordenara el asesinato de Ignacio Uría en Azpeitia.

Sobre la idea de que no falten muertos sobre la mesa para forzar una nueva negociación con el Gobierno, la máquina etarra no sólo no se había enfriado tras la detención del anterior dirigente, sino que tomó más temperatura que la de crucero para forzar un nuevo "proceso de paz".

Ahí está, abierto y entero, el pasaporte parlamentario para el desgraciado episodio anterior, concluido con el atentado contra la Terminal 4 de Barajas. Y lo lógico es que a esa base para las expectativas etarras, a la autorización para negociar, no debieran quedarle muchos días de vida. Aunque, mientras tanto, ahí permanecen empoltronados los de la nueva Batasuna en los ayuntamientos vascos. Más sostenidos por la permanencia de la autorización parlamentaria para negociar que por los supuestos impedimentos legales para desalojarlos.

Si está aparentemente convenido desde el plano oficial que sólo las acciones policiales son capaces -con la volcada colaboración francesa de ahora- de ir cortando las cabezas de la hidra etarra, ¿qué hace el hemisferio parlamentario gobernante -socialistas, nacionalistas y comunistas- que no revocan la autorización aquella para la "vía política", que consiste justamente en lo contrario de lo que ahora con la boca pequeña se conviene.

No cabe simultanear en tales términos una cosa con la otra, la acción policial con el tratamiento político inerme del viejo tumor terrorista en el nacionalismo vasco. Un cáncer con el mismo ADN ideológico que el que tenía el terrorismo catalanista de Terra Lliure. La solución suficiente para el problema etarra es incompatible, prácticamente imposible, mientras subsista sobre el papel esa torpe especie de "estatus de régimen" que es propio de esta Moncloa y de la confederación de taifas alineados contra la otra mitad de España en el Congreso de los Diputados... Lo mismo que subsiste la autorización que éste librara para el portentoso fracaso de la negociación, así rige y continúa la exclusión del otro hemisferio español instituida en el Pacto del Tinell.

Por todo eso, porque la carta para la negociación la conservan en la manga los de la memoria histórica, no puede llegar la correspondiente satisfacción nacional ante la brillante ejecutoria de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Es preciso disuadir a ETA, quitarle todo horizonte, rompiendo ese papel del Congreso en que envuelve su esperanza de un botín político con la sangre de sus víctimas. Hay que poner alas políticas a las victorias policiales contra el terrorismo.

Una buena noticia en la niebla
P. Sebastián Estrella Digital 9 Diciembre 2008

La captura en Francia del nuevo jefe de ETA, Aztiol Iriondo, a pocas horas del asesinato del empresario Ignacio Uría y de la repugnante exhibición de absentismo y apatía de amplios sectores del nacionalismo vasco tras el vil asesinato, constituye una excelente noticia y un atisbo de esperanza en la lucha contra la barbarie etarra. Y esperemos que un acicate para quienes en el País Vasco esperan la verdadera unidad de los demócratas frente al terror y que todo ello favorezca un cambio de Gobierno y alianzas políticas en las elecciones autonómicas vascas de la próxima primavera.

La caza de Iriondo ofrece, por otra parte, la impresión de que las Fuerzas de Seguridad tienen tendido un cerco sólido en torno a la dirección de ETA y que la banda, en las actuales circunstancias, difícilmente se podrá mover sin ser detectada. Lo que no impide que algunos comandos o pistoleros a su aire sigan matando, como lo hicieron recientemente en Azpeitia, pero sin el apoyo logístico de otras veces y sin una experimentada dirección al frente de la banda, tras las recientes capturas de los primeros responsables de la organización, 'Txeroki' entre ellos. Por cierto, ¿qué hace 'Josu Ternera'?

Decimos que estamos ante una buena noticia en medio de la niebla que nos invade por doquier en este treinta aniversario de la Constitución, lleno de nostalgia y autocomplacencia, y deslucido por la cruda realidad española, empezando por el crimen de Uría, siguiendo por la gravedad de la crisis de la economía y las tremendas cifras del paro, y continuando por la resaca del deterioro de la cohesión nacional, en la que el último esperpento público del diputado Tardá, pidiendo la "muerte al Borbón" y calificando como "corrupto" al Tribunal Constitucional, constituye otro de esos ejemplos de la deriva que están tomando algunos partidos políticos como ERC, socio del PSC-PSOE en el Gobierno catalán, que nada tiene que envidiar a otros del País Vasco como EA y Aralar, con indignas y calculadas ambigüedades ante el reciente crimen de Azpeitia.

En segundo plano, pero a rebufo y prestos a recoger las nueces del nogal que otros agitan o patean, aparecen partidos que debieran ser responsables y coherentes con su pretendida condición de demócratas, como el PNV, con un Ibarretxe agotado y sin credibilidad, y CiU, con un Artur Mas que ahora amenaza con otro referéndum ilegal como el fracaso en el País Vasco si el Tribunal Constitucional recorta el Estatuto catalán como debiera, lejos de los insultos y de las amenazas de todo tipo que recibe.

Al fondo de todo esto aparece el Gobierno de Zapatero muy debilitado y pidiendo a gritos una remodelación o crisis, como la que anunciábamos en estas páginas el pasado viernes -y que luego han confirmado otros medios, el diario El Mundo en el día de ayer-, siguiendo las inquietudes y rumores que se escapan desde el PSOE y el palacio de la Moncloa, a la vista de la falta de empuje y credibilidad del equipo de Zapatero y del cambio radical que se ha producido en los últimos meses por causa de la crisis que a punto está de abrir una gran fractura social, por causa del imparable crecimiento del paro.

El Gobierno se ha quemado en ocho meses -muchos de sus ministros ya lo estaban desde la pasada legislatura- y no sirve ni tiene cohesión para hacer frente a los graves problemas de toda índole que tiene planteados. Y además tiene ante sus narices varias citas electorales -País Vasco, Europa y Galicia-, donde los ciudadanos podrían dar su voto de castigo si Zapatero no hace gala de un nuevo impulso, ofreciendo un equipo renovado que dé algo de confianza y de esperanza, incluso a sus propios militantes y votantes. Y no digamos al conjunto de los españoles. Y si el presidente decide aplazar el cambio de Gobierno, o su remodelación, corre el riesgo de que la crisis del Ejecutivo se la hagan desde fuera de la Moncloa, desde su partido y por el clamor ciudadano y el empuje de la oposición, aunque este último está por ver porque causa asombro que, al día de hoy, el PP no haya planteado en el Congreso de los Diputados la recusación del vicepresidente Solbes, y que esté perdiendo el tiempo y la pólvora con asuntos llamativos pero de menor cuantía como son los casos del alcalde de Getafe, Pedro Castro, o del diputado Tardá.

La batalla política del año 2009, al margen de su calendario electoral, se va a presentar en dos frentes: en el económico y en el autonómico (sobre todo si el Tribunal Constitucional actuara de una vez, y como debiera, frente al Estatuto catalán). Es decir, están de por medio la cohesión social y también la cohesión nacional. Dos asuntos de calado que el Gobierno de Zapatero arrastra desde la pasada legislatura. Y menos mal que se ha recuperado la unidad frente al terrorismo, y que hoy tenemos noticias tan buenas como la captura del criminal Iriondo, porque si eso no fuera así, este fallido festejo de la Constitución habría tenido lugar en el peor de los momentos vividos en esta demasiado larga transición.

Joan Tardà
Dinamitar la democracia
Las democracias ni pueden convivir ni mucho menos acostumbrarse a estos fanatismos desestabilizadores; especialmente, cuando el, hoy por hoy, primer partido de España colabora activamente con ellos en las distintas Administraciones.
Ignacio Villa Libertad Digital

La última machada del independentista catalán Joan Tardà no es una fanfarronada más. Cuando desde un partido como Esquerra Republicana de Cataluña se insiste en los ataques hacia todas las instituciones democráticas es que ciertamente quieren salir del sistema. Sin embargo, conviene recordar que Tardà y sus conmilitones disfrutan –a las mil maravillas– de ese sistema que tanto critican; cobran sus sueldos del contribuyente español y viven de manera muy acomodada con unas libertades defendidas por las instituciones que vilipendian.

Si de verdad fueran personas íntegras, lo tendrían muy fácil. Si no les gusta el trabajo del que viven, deberían abandonar sus cargos públicos y volver a sus ocupaciones anteriores. Carod Rovira, Puig, Tardá, Benach, Puigcercos, Ridau o Huget son algunos de los que, por sus constantes improperios e insultos contra España, deberían pensar en renunciar a sus cargos.

Sin embargo, son una banda política que desprecia los intereses de los ciudadanos, que apuesta por estirar de la cuerda hasta romperla y que pretende dinamitar la convivencia y la libertad de los españoles (incluida la de los catalanes). El ejemplo más reciente es, desde luego, el grito de Tardà de "¡Muera el Borbón!" entre las carcajadas y chirigotas de las juventudes de su partido (poca o ninguna esperanza nos queda de una regeneración democrática de ERC desde sus bases).

Con todo, debería quedar claro que las democracias ni pueden convivir ni mucho menos acostumbrarse a estos fanatismos desestabilizadores; especialmente, cuando el, hoy por hoy, primer partido de España colabora activamente con ellos en las distintas Administraciones.
Los nacionalistas viven a costa de las instituciones que pretenden destruir. Como digo, nadie les obliga a dedicarse a la política; si no les gusta, que se marchen y todos tan contentos. Pero resulta ya urgente que dejen de utilizar los mecanismos que pone a su alcance la democracia para acabar con ella.

Otro golpe a ETA
Editorial ABC 9 Diciembre 2008

ES una excelente noticia la detención en el sur de Francia del nuevo jefe del aparato «militar» de ETA, Aitzol Iriondo, lugarteniente y sucesor de «Txeroki» al frente de los pistoleros de la banda terrorista, así como de otros dos etarras de larga trayectoria y notable influencia en las decisiones actuales de la organización. Una vez más, la eficacia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la colaboración hispanofrancesa han demostrado cuál es la única vía para acabar con esta lacra social que disfraza el crimen puro y duro con una falsa reivindicación política en forma de nacionalismo identitario. Como es evidente, sobra cualquier expresión de euforia y no proceden las frases lapidarias sobre la debilidad de ETA o la proximidad de su final, después de que la pasada semana los terroristas cometieran otro vil asesinato en Azpeitia y demostraran que su capacidad operativa sigue existiendo.

El cambio de estrategia del Ejecutivo, desde la negociación a la persecución, es un hecho constatable, sobre cuya base se sustenta el acuerdo de fondo entre PSOE y PP en una lucha antiterrorista que ha demostrado su eficacia en el pasado. También resulta evidente que la etapa de negociación y la falsa «tregua» declarada en su momento por ETA han servido a la banda para recuperar fuerzas y rehacer sus comandos operativos. En ese sentido, el mal ya está hecho y lo que ahora procede es recuperar el tiempo perdido en la lucha policial, como se refleja en las brillantes detenciones de ayer, sumadas a las que han tenido lugar en los últimos meses.

Por desgracia, ETA tiene una capacidad notable para reproducirse y encajar los golpes que le asesta el Estado de Derecho. Es fácil, sin duda, asesinar a un ciudadano indefenso y sin escolta que desarrolla con toda naturalidad su vida cotidiana. En todo caso, no hay que engañarse sobre la realidad de los hechos, porque la organización sigue recaudando fondos, alentando espacios de supuesta «resistencia» social y determinando la estrategia de sus brazos pseudopolíticos de cara a las próximas elecciones autonómicas.

La lucha contra ETA aún será larga, sin duda, pero lo esencial es la perseverancia en los medios y la convicción de la sociedad española y los responsables políticos de que el único destino que aguarda a los terroristas es la derrota definitiva y sin eufemismos. Cada vez son más evidentes los efectos positivos de la cooperación policial entre la Gendarmería francesa y las Fuerzas de Seguridad españolas, dejando ya atrás de forma irreversible los tiempos del «santuario» y la base de operaciones para los criminales en territorio francés. Cuando las cosas van por buen camino, los resultados llegan tarde o temprano y, desde esta perspectiva, existe una relación de causa- efecto entre la voluntad política de perseguir a ETA y el número e importancia de las detenciones practicadas desde hace algún tiempo.

El perfil «duro» que los expertos atribuyen a los etarras capturados ayer, en especial a Iriondo, es fiel reflejo de la reacción de la banda ante el cerco político y policial. La única respuesta al acoso es causar más daño en forma de asesinatos y chantajes, lanzando así un mensaje interno frente a cualquier tentación de pacto o de «solución política». Por tanto, hay que estar preparados para una lucha en la que no se puede bajar la guardia en ningún momento. Es cierto, por supuesto, que estos golpes en la propia cúpula de la banda debilitan a la organización y dificultan la transmisión de sus instrucciones sanguinarias. El Estado de Derecho cuenta con toda la fuerza que le otorga la legitimidad democrática para luchar contra un grupo de criminales cuya voluntad no podrá prevalecer frente a una abrumadora mayoría social. Las detenciones de ayer suponen otro paso en la buena dirección, que invita a seguir adelante sin desviar el rumbo a través de aventuras inútiles e inadmisibles.

Se insiste en lo importante que era cambiar el callejero borrando los nombres relacionados con el Antiguo Régimen
Después de...
César VIDAL La Razón 9 Diciembre 2008

Con eso de que este año cumplía la Constitución treinta años, he estado revisando, más por interés histórico que artístico, el cine español de la Transición. Poco sorprenderá si digo que lo mejor es la trilogía de Garci comenzada con «Asignatura pendiente» -durante las tres décadas siguientes generalmente lo mejor ha sido también de Garci- y que no pocas de aquellas películas resultan ahora verdaderamente espantosas. Sin embargo, ha habido un documental que me ha llamado poderosamente la atención. Se trata de una película que se tituló «Después de¿» y que se dividió en dos partes llamadas respectivamente «No se os puede dejar solos» y «Atado y bien atado».

Adelanto que la cinta es abiertamente tendenciosa y que resulta muy discutible que transmita una imagen de la Transición que se acerque a lo histórico. Sin embargo, contemplarla ahora resulta altamente recomendable. De entrada, aparecen recogidos en ella todos los tópicos de la extrema izquierda de la época. La UCD -que fue el partido que pilotó la Transición- sólo aparece mencionada para convertirse en objeto de vapuleo sin que se consigne un solo logro positivo de su gobierno.

Se hacen numerosas referencias a la necesidad de desenterrar los cadáveres de los republicanos y de levantarles monumentos porque sí, ya entonces se hizo y el documental lo muestra. Se insiste en lo importante que era cambiar el callejero borrando los nombres relacionados con el Antiguo Régimen porque eso también se llevó a cabo hace más de treinta años. Se insulta con auténtica vesanía a un pobre sacerdote cuyo único pecado es toparse con una turba de energúmenos de izquierdas. Se defiende el aborto como derecho de la mujer -aunque no son pocas las gentes de la calle que se horrorizan ante su mención- con los argumentos más endebles que imaginarse pueda. Se insiste en el peligro terrible que representa un partido como Fuerza Nueva lo que demuestra la categoría profética de la izquierda.

Incluso asistimos a una sucesión de apologistas poco enmascarados de ETA que lo mismo dicen que es lógico que la gente no lamente el asesinato de policías que insisten en que no hay razones para tener miedo en las Vascongadas. ¡Cómo será la cosa que algún dirigente socialista vasco se sorprende y queja de que ETA asesine a militantes de izquierdas dando a entender que otros asesinatos hasta cierto punto se pueden entender! Y, por supuesto, contemplamos a un Pujol diciendo que los catalanes son una nación, a políticos vascos que defienden el Estatuto de Guernica en un acto donde se celebra alegremente el asesinato de Carrero y a andaluces señalando que todos los problemas desaparecerán en su región cuando Andalucía sea una nacionalidad.

Con la excepción de los dislates de corte nacionalista, todos y cada uno de esos aspectos desaparecieron con la Transición por la simple razón de que la extrema izquierda fue despreciada por los votantes y el PSOE optó por un mensaje más moderado. Lo terrible es que ese avance maduro y sensato se ha disuelto como un azucarillo con ZP. El presidente del Gobierno se halla ideológicamente donde estaba hace más de treinta años la izquierda más fanática y montaraz, precisamente la que fue desapareciendo para bien. Desde luego, no es para lanzar las campanas al vuelo cuando se piensa que, gracias a ZP, hemos retrocedido tres décadas y todavía sigue gobernando.

Si su objetivo es el Rey, o sea, el Borbón, pasa a llamarse Tardán y hay que mandarle, o bien ante el juez, o bien ante el director de un psiquiátrico
Juan Tardán
Alfonso Ussiá La Razón 9 Diciembre 2008

El diputado independentista catalán Joan Tardà, que más que de diputado tiene aspecto de portero de discoteca de medio pelo en Bagdad, ha pedido a gritos la muerte de un tal Borbó. Será un vecino o un pariente con el que no se lleva demasiado bien. En el Partido Popular lo han interpretado como afrenta al Rey. Pero el Rey se apellida Borbón, y al que desea la muerte Tardà se llama Borbó. No puede ser el mismo. Los apellidos no se cambian al gusto del consumidor. Si así fuera, el berrido de Tardà sería un delito. Unir un apellido con una incitación a la muerte de su portador es una incitación al asesinato, y si el anhelado fiambre es el Rey, al Partido Popular le sobran motivos para exigir al fiscal que actúe contra el aforado Tardà, socio de los socialistas, por otra parte.

El fundador de este periódico, Luis María Anson, se apellida igual en Madrid, que en Barcelona que en La Coruña, es decir, Anson. No es Anson en la Castellana y Ansó en las Ramblas. En tal caso, Ramón Calderón, Presidente del Real Madrid, sería en Cataluña Ramó Calderó, y el retrato de Goya a la condesa de Chinchón, se convertiría en el retrato a la condesa de Chinchó, que suena fatal. La familia Botín, en la sede del Banco de Santander en Barcelona, sería la familia Botí, y Juan Luis Cebrián se quedaría en Cebriá. En justa correspondencia, también los españoles no catalanes tendríamos derecho a adaptar los apellidos de Cataluña en versión mesetaria. Tardán en lugar de Tardà, Mirón por Miró, Dalín por Dalí, Cambón por Cambó, y visitaríamos con inusitado interés la localidad de Vilanova y Geltrún, dejando al pobre Geltrú para el arrastre.

Por ello, no considero que Tardà haya delinquido deseando la muerte de ese desconocido Borbó, que tan mal le cae. Pero -insisto-, si se tratase de la versión catalanista de Borbón, entonces el probable delincuente sería Tardán, que además de ser un salvaje merecería el procesamiento por cursi, siendo digno acreedor a llevar en el cuello, sobre su aparentemente poco higiénica camisa negra, una bufandilla de piel de leopardo de la razón social «Papiolas y Pirretas», que no son apellidos de fácil traducción, como Laporta, que claramente es Lapuerta, y no por ello vamos a empeñarnos en llamarlo así. Tardà y Borbó o Tardán y Borbón.

Lo que no vale es jugar a uno sí y el otro no. Si lo que ha pedido Tardà a sus jóvenes e incondicionales partidarios es la muerte de Borbó, para mí que el tal Borbó haría bien en no salir solo al cine con su mujer y en contratar a un fornido guardaespaldas. Si el objetivo de Tardà es el Rey, o sea, el Borbón, pasa a llamarse Tardán y hay que mandarle, o bien ante el juez, o bien ante el director de un hospital psiquiátrico cualquiera, a Tardán, no a Borbón, que está muy bien donde está según una abrumadora mayoría de españoles, catalanes incluidos, claro. De eso se trata. De averiguar quién es Borbó para que se cuide muy mucho de pasear solo por las calles de Barcelona, no vaya a toparse con la banda de Tardà. Y si es Borbón, y se deduce que el Rey es el que tiene que morir para que Tardán se ponga cachondo, además del fiscal tendría que intervenir Zapatero y cortar por lo sano con unos socios independentistas, que además de odiar a España piden a gritos la muerte del Rey. En una «n» está la solución.

Órdagos en Azpeitia
Manuel Molares do Val Periodista Digital 9 Diciembre 2008

Cuando unos terroristas matan a quien era compañero de cuadrilla y de mus cotidiano desde hace décadas, los seres con sentimientos humanos suelen expresar ira y dolor.

Pero en Azpeitia, y poco después de que unos etarras acribillaran este miércoles a Ignacio Uría Mendizábal, sus camaradas de tute reaccionaron rehaciendo la cuadrilla con otro vecino y continuaron echándose órdagos al mus.

Se explicaron tras conocer el escándalo montado con la fotografía en la que aparecían jugando: que querían expresar que ETA que no cambia sus vidas.

Sí. Dada la estructura sociológica actual de Azpeitia y otros pueblos de mayoría nacionalista, uno piensa que posiblemente ese gesto se debió a que el muerto habría hecho igual si hubieran matado a otro: el tute es tan adictivo que ninguna ausencia de un compañero debe privarnos de nuestras dosis de órdagos.

En ese pueblo de 14.054 habitantes parece haber pocos sentimientos humanos. Lo prueba que lo gobierna ANV, partido de los asesinos etarras, aunque el gobierno de Rodríguez Z lo defendía hace poco como democrático.

Hay demasiadas personas traicionando su verdadera identidad con el veneno filoterrorista: Azpeitia fue ennoblecida por Fernando IV de Castilla en 1310 y proclamada luego “noble y leal villa”.

Allí nació Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas que tanto españolismo militante impusieron –como cuenta el libro canónico “Jesuitas en Campaña”-- hasta que en 1965 nombraron Prepósito General a Pedro Arrupe.

La foto de la cuadrilla de Ignacio Uría jugando tras el asesinato muestra rostros pétreos, fríos, que resultarán más cínicos aún cuando ETA mata a quien no es "uno de los nuestros”, que diría Martin Scorsese al retratar algunas familias de Little Italy, el barrio que fue sucursal neoyorquino de Corleone.

Este muerto era "uno de los nuestros", y cuando ETA asesina nadie deja de jalear órdagos: la banda también está formada por algunos de los nuestros.

Degenerando
IGNACIO CAMACHO ABC 9 Diciembre 2008

SENTADO en su escritorio en una lluviosa tarde de puente festivo, el columnista siente la tentación de escribir sobre Tardá, ese agitador de saldo, destemplado y un poco patancete, que anda por ahí dando «mueras» a los Borbones mientras sus bizarros conmilitones queman ejemplares de la Constitución que les permite una barata performance presuntamente subversiva. Pero en la arrogancia propia de su oficio, el columnista intuye que los tipos como Tardá ni siquiera sirven para construir con ellos un artículo decente sin contaminarse de su propia mediocridad anodina, de la alharaca vulgar con que tratan de camuflar su simpleza. Ya hemos caído casi todos en la facilona sugestión de glosar el exabrupto del alcalde de Getafe, cuya pedestre zafiedad ha dado pie a un torrente de ingenio literario; no conviene dar la impresión de que hemos adelantado las rebajas. Y, como dicen los americanos, si te pones a discutir con un ignorante corres el riesgo de que no se aprecie la diferencia.

Así que el columnista prefiere preguntarse por las razones que hacen posible que los tardás de turno, con sus anoréxicos currícula sin estudios ni méritos cívicos, puedan llegar a sentarse en el Congreso de los Diputados, en un proceso de degradación intelectual de la política que afecta a la esencia misma de la representación democrática -es decir, a la conexión entre los ciudadanos y sus portavoces institucionales-, al valor de la dirigencia pública y al papel de intermediación que ejercen en ella los partidos políticos. La cuestión de fondo vendría a ser la de cómo la ilustre y cosmopolita escena pública catalana, la que alumbró a Tarradellas y a Pujol, a Piqué y a Solé Tura, a Miquel Roca y a Maragall, ha acabado encontrando en la política local o comarcal -Tardá era concejal en Cornellá, donde casualmente el Honorable Montilla fue alcalde- un vivero de próceres con que orlar su nomenclatura justo en el momento de mayor capacidad competencial del poder autonómico. Gente como el jardinero Benach, el tuneador de audis; como el Carod coronado de espinas y tomador de cafés en Perpignan, o como aquel Joan Puig que en cuatro años no hizo cosa mejor que bañarse en una piscina. A más autogobierno, menos calidad política; he ahí una ecuación sobre la que convendría interrogarse. Salvo que uno se conforme con la estrafalaria explicación con que relataba su ascenso social aquel banderillero que llegó a gobernador civil: degenerando.

Una interpretación de pesimismo melancólico podría zanjar el asunto con la vieja sentencia churchilliana de que cada pueblo tiene el gobierno que en cada momento se merece, pero quizá fuese pertinente profundizar un poco. Y entonces, degenerando, degenerando en el proceso que conduce desde la nada hasta la cúpula misma del sistema, habría que llegar a cierta emotiva y esclarecedora declaración que formuló en su día el paradigma contemporáneo del optimismo antropológico: «Sonsoles, no sabes cuántos cientos de miles de españoles podrían ser presidentes». El columnista, que piensa que un pesimista es sólo un optimista bien informado, concluye que esta sentencia explica el estado de cosas como un verso de Neruda: claro como una lámpara, simple como un anillo.
 

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